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Coworking y teletrabajo, la oficina ideal para pymes y autónomos

Te contamos cómo han evolucionado los espacios de coworking y por qué los eligen tanto las pymes como los autónomos.

  • El uso de los espacios de coworking aumento en un 218% en el año 2020.
  • Los autónomos suelen recurrir a estos espacios de trabajo para disponer de un sitio con buena conexión y establecer sinergias con otros trabajadores.

La pandemia ha deslocalizado la oficina tradicional. La situación provocada por la COVID-19 ha puesto de manifiesto que las pymes y autónomos pueden trabajar en cualquier espacio habilitado para ello. Da igual si se trata de un edificio de oficinas o de si es, por ejemplo, la hamaca de un hotel. El teletrabajo ha provocado cambios en los espacios laborales. De hecho, coworking y teletrabajo van de la mano en la búsqueda de esa oficina ideal para pymes y autónomos.

Coworking y teletrabajo: creando sinergias

Tradicionalmente se ha entendido el coworking como aquel espacio de trabajo colaborativo enfocado principalmente a los trabajadores autónomos. Hasta hace no muchos años los espacios de coworking estaban centrados en aquellos trabajadores por cuenta propia que no disponían de una oficina desde la que trabajar. Una de sus grandes ventajas era que los empleados podían crear sinergias entre ellos, podían colaborar en determinados proyectos, de manera que todos salían beneficiados.

Las pequeñas empresas que optaban por esta modalidad eran muy pocas antes de la pandemia. Sin embargo, la COVID-19 ha puesto en evidencia que la oficina física no es la única opción para rendir bien a nivel laboral. 

Un estudio elaborado por CoworkingSpain revela que en el segundo y tercer trimestre de 2020 creció la demanda de este tipo de espacios de trabajo. El crecimiento, que supera ya el 218%, se suma al aumento de metros cuadrados de espacios de coworking en España. En concreto, solo en 2020 ya figuraban 615.000 m² de coworking activos.

Teletrabajo en coworking, una tendencia

Hasta que llegó la pandemia también era habitual teletrabajar en cualquier sitio. Se podía teletrabajar en la playa, desde el coche o desde casa, entre otros lugares. Sin embargo, muchos autónomos prefieren ahora hacerlo en un coworking.

Uno de los motivos por los que los autónomos optan por aunar coworking y teletrabajo es poder disponer del espacio necesario para llevar a cabo sus tareas profesionales. Se trata de una alternativa interesante cuando no se dispone en casa de una conexión a Internet adecuada o de suficiente espacio y tranquilidad.

De igual forma, cuando la oficina del cliente se encuentra lejos de casa, un coworking es perfecto para los autónomos en términos de ahorro de tiempo.

Ventajas del coworking para pymes y autónomos

La cifra de negocio del coworking sigue creciendo y ya supera ocho veces más a la que se generó en 2012. El sector factura ya por encima de los 150 millones de euros anuales. En esa cantidad se incluyen tanto los 82 millones de euros al año que genera el alquiler de puestos de trabajo y el del alquiler de otros servicios, como el de despachos y salas de reuniones. Se trata de espacios con innumerables ventajas para pymes y autónomos.

El sector del coworking factura ya por encima de los 150 millones de euros anuales.

1. Ahorro de costes

El principal beneficio de cualquier espacio de coworking tiene que ver con el ahorro de costes. Al no emplear un local propio, los gastos disminuyen. El modelo se adapta a las necesidades del empresario. Así, se evita la realización de grandes inversiones que tienen que ver con la compra o el alquiler de una oficina.

2. Opciones flexibles

Optar por el teletrabajo en un coworking no tiene por qué ser una opción rígida. La flexibilidad a la hora de adaptarse a lo que necesita el empresario o el trabajador es una de sus máximas. Entre las opciones que se suelen ofrecer destacan los puestos calientes, el alquiler por horas de puestos individuales, espacios privados para empresas e incluso alquileres por meses, días u horas.

3. Impulso a la innovación

El talento innovador se consigue impulsar a través del coworking y el teletrabajo. Estos espacios se caracterizan porque con muy poca inversión económica proporcionan un valor añadido al equipo, relacionándolo siempre con las nuevas tecnologías.

4. Más motivación

De trabajar solo a hacerlo con compañía hay un camino muy largo. Aunque en un coworking el empleado siga sacando adelante de manera individual sus tareas, tiene un plus de motivación el hecho de poder hacerlo en un ambiente más social. Los espacios de networking favorecen un intercambio constante de información entre todos los implicados.

5. Fomento del aprendizaje

El aprendizaje se entrena a base de interactuar con personas similares a ti. La posibilidad de estar en contacto con otros trabajadores y tener acceso a eventos específicos permite crear sinergias y fomentar un desarrollo profesional continuo.

El fomento de espacios de teletrabajo ha dado lugar a otras opciones que compaginan el ocio, el networking y el trabajo. Se trata del coliving, que consiste en residencias corporativas para que los profesionales puedan compartir proyectos. Destaca también el workaction, que da un paso más y aúna ocio y trabajo. Formatos todos ellos por los que ya están apostando grandes y pequeñas empresas y también los autónomos. La oficina ideal está en cualquiera de esas soluciones de trabajo.

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Cuando tu empresa te ofrece un plan de pensiones: las claves para saber cuánto te conviene por aportación y sus rentabilidades

En 2021 hemos visto un contundente cambio en los beneficios fiscales a largo plazo de los vehículos de ahorro a largo plazo.

Desde 2015, el importe máximo a desgravar del conjunto de aportaciones anuales máximas en los planes de pensiones era de 8.000 euros anuales o el 30% de los rendimientos netos del trabajo y actividades económicas (la menor de las dos cuantías). Pero ya en este año en curso, ese límite máximo se reduce a 2.000 euros.

Vemos una reducción en las ventajas fiscales en los planes de pensiones pero el Gobierno está promoviendo los planes de pensiones de empleo (PPE). Sus beneficios fiscales se incrementaron o se amplían, pasando el límite de deducción desde los 8.000 euros a los 10.000. De ahí que hoy, fiscalmnete sean el vehículo de inversión más codiciado para pagar menos impuestos.

¿Nos conviene un PPE?

En primer lugar, debemos entender el funcionamiento de los PPE. En ellos interviene una parte que es la promotora (la empresa), la comisión de control que estarían formadas por los sindicatos para velar por los intereses de los trabajadores y la gestora de pensiones elegida por dicha comisión.

Debido a esta arquitectura, el global de las empresas no promueve este vehículo de ahorro para sus empleados, aunque eso no significa que no puedan participar en uno. Muchas pymes optan por adherirse a un plan de pensiones de empleo de promoción conjunta, con una gestión más simplificada, mayor agilidad y menor coste

Por parte de los empleados, debemos recordar que podrán incorporarse voluntariamente a los PPE todos los trabajadores que mantengan relación laboral con la empresa. Por lo que la empresa puede generar una estrategia de fidelización.

Sin embargo, nace un problema de libertad de elección ya que suscribir este producto vendría condicionada por el hecho ser trabajador de la empresa sino no hay posibilidad de acceso.

Por lo tanto, para ver si este producto nos conviene o no, puede que la cartera del producto no se adapte al perfil de riesgo del trabajador y no sea adecuada para sus intereses y otros planes respondería mejor a sus necesidades, mientras que existe una amplia gama de planes individuales para elegir y que el Gobierno ha recortado sus beneficios fiscales.

Rentabilidades de los PPE

Tal y como podemos observar en la siguiente tabla, los sistemas de empleo han tendido a ofrecer mejor rentabilidades que el conjunto de planes, salvo en el último año.

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Analizando los datos de Inverco actualizados hasta el primer trimestre del año en curso, encontramos la siguiente evolución de los planes de empleo:

  • A un año: conjunto de planes (15,15%); sistemas de empleo (13%); -2,25 puntos porcentuales.

  • A tres años: conjunto de planes (3,06%); sistemas de empleo (3,38%); 0,32 puntos porcentuales.

  • A cinco años: conjunto de planes (3,12%); sistemas de empleo (3,23%); 0,11 puntos porcentuales.

  • A diez años: conjunto de planes (3,61%); sistemas de empleo (3,95%); 0,34 puntos porcentuales.

  • A quince años: conjunto de planes (2,49%); sistemas de empleo (3,13%); 0,64 puntos porcentuales.

  • A veinte años : conjunto de planes (2,57%); sistemas de empleo (3,25%); -0,68 puntos porcentuales.

Como vemos, no existen rentabilidades espectaculares en estos vehículos de inversión. A largo plazo los planes de empleo tienen un mejor comportamiento que el conjunto de planes de pensiones, lo que puede ser un argumento a favor para que el gobierno los haya incentivado con sus ventanas fiscales.

A pesar de la baja rentabilidad, según un análisis del Banco de España, estas rentabilidades quedarían por debajo del sistema público de pensiones que tiende a ofrecer una TIR alrededor del 2,4%. Es mejor cualquiera de estos productos que aportar al sistema público de pensiones vía cotizaciones sociales.

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La aparente levedad de la deuda

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El deterioro de las cuentas públicas como consecuencia de la pandemia se vislumbra como uno de los principales puntos de discordia para la política económica europea, y la española. Sin duda, la política fiscal ha jugado un papel crucial de amortiguador de la crisis, facilitando la supervivencia de muchas empresas y el mantenimiento del empleo. Prueba de ello la evolución del mercado laboral, con nada menos que 492.000 afiliados más en junio (en términos desestacionalizados, descontando los ERTE y los autónomos con prestación). Es la primera vez que una recesión no provoca una hemorragia masiva de empleos y un subidón del paro en nuestro país.  

Si bien los beneficios de esta política fiscal expansiva son patentes, la medalla tiene su reverso, con una espectacular escalada de la deuda pública, supera ya el 125% del PIB, casi 30 puntos más que antes de la crisis, y un agujero presupuestario cronificado, que prefigura un incremento inexorable de pasivos en los próximos años. De momento, estos costes son indoloros, gracias a la acción del BCE, que ha comprado el 87% de toda la deuda acumulada desde febrero de 2020, logrando crear una escasez de títulos públicos y aligerando las cargas financieras para el Estado. Solo así se explica el descenso del pago de intereses en 3.000 millones en 2020, pese al incremento descomunal de los déficits. 

Gráfico 1

Gráfico 2

Fuentes: Banco de España, INE y Tesoro Público.

Pero la levedad de la deuda tiene fecha de caducidad. Uno, porque el BCE iniciará, a partir de marzo de 2022, en principio, la desescalada de su programa de compra de deuda por razones de pandemia. Se desconoce a qué ritmo: los halcones pretenden interrumpir la compra neta, por lo que el BCE solo procedería a reinversiones de títulos que vencen; mientras que para otros países como el nuestro abogan por una evolución más suave. Pero con casi toda seguridad la financiación del Estado tendrá que descansar en mayor medida en los mercados. Y éstos podrían mostrarse menos benévolos que el banco central, presionando las primas de riesgo de los países que presentan síntomas de insostenibilidad. 

El otro frente se abrirá cuando Bruselas reactive las reglas fiscales, algo que debería ocurrir a partir de 2023. Claramente, nuestra economía no soportaría recortes como en la época de la austeridad que tan malos recuerdos nos traen, ni incrementos abruptos de impuestos. Una mayor gradualidad en la aplicación de los límites de déficit y de deuda sería por tanto deseable desde el punto de vista de la sostenibilidad de la expansión. Ahora bien, el peso específico de España para modificar las reglas existentes depende de su credibilidad.   

Y esto se consigue anunciando, a la mayor brevedad, una senda realista de corrección de los desequilibrios. Este es un buen momento porque la recuperación está en marcha, e incluso podría mostrarse más vigorosa de lo previsto. Sin amenazas inmediatas de Europa ni desde los mercados, ahora es cuando disponemos todavía de múltiples opciones abiertas al diálogo social y político, así como de la posibilidad de establecer un calendario razonable. Porque como lo recuerda el Banco Internacional de Pagos en su último informe anual, no hay un único recetario para equilibrar objetivos económicos y sociales.  

Finalmente, la llegada de los fondos europeos aporta un balón de oxígeno para una economía necesitada de inversiones y de reformas como la nuestra. Un plan presupuestario a medio plazo apuntalaría los beneficios que se esperan de los fondos, y aportaría coherencia. El caso de pensiones es paradigmático: la reforma anunciada desplaza el déficit de una administración (la Seguridad Social) a otra (el Estado) sin esclarecer el equilibrio de conjunto del sistema, ni contar con suficientes incentivos para adaptarlo al cambio demográfico. Es el momento de encarar esos retos con una estrategia presupuestario a medio plazo, para mantener un espacio de soberanía económica y no verse abocado a soluciones traumáticas dictadas por presiones externas o de los mercados. 

AFIIACIÓN Y PARO | Gracias a los buenos datos de junio, la afiliación consolida la recuperación de todo el terreno perdido por la crisis –con cifras brutas, ya que en términos desestacionalizados todavía faltan 234.000 afiliados. La construcción y la agricultura se sitúan netamente por encima de los registros de febrero de 2020, mientras que la industria se acerca. El déficit se explica por los servicios, pese a la mejora del mes pasado. El paro registra el mayor descenso mensual de la serie histórica, si bien todavía hay 368.000 parados más que antes de la crisis.


Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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La increíble historia de Boby Bonilla, el jugador de béisbol al que los Mets pagarán 1.2 millones de dólares hasta 2035

El pasado 1 de julio las redes sociales volvieron a conmemorar un día que seguro que para muchos no tiene ningún sentido, el Día de Bobby Bonilla. Un nombre que para muchos no significará nada, pero para los fans del beisbol sí lo tiene, y tiene detrás una historia de las que dan para el guión de una película.

Bobby Bonilla es un exjugador de la liga de beisbol americana que tuvo una fructífera carrera durante 15 años y cuyo final es uno de los más atípicos del mundo del deporte y que, a largo plazo, le va a resultar más rentable que muchos productos de inversión.

Bonilla fue durante años el jugador mejor pagado de la liga, cobrando 5,9 millones de dólares cada año, un caché que en buena medida sigue percibiendo a día de hoy a pesar de que lleva retirado 20 años.

Porque Bonilla terminó de forma abrupta su carrera cuando su equipo, los Mets de Nueva York, prescindió de él en el año 2000 adeudándole 5,9 millones de dólares de contrato del año que le quedaba.

Una cantidad que el jugador va a recibir multiplicada por cinco, pues el acuerdo al que llegó con los Mets le garantiza cobrar casi 30 millones de euros de aquí a 2035. Es decir, que por ese año que le adeudaba el equipo neoyorkino al rescindir su contrato recibirá un interés anual del 8%, un porcentaje que pocos productos dan hoy en día y de forma tan estable y fija.

La importancia de los intereses generados

¿Cómo ha logrado Bonilla este jugoso acuerdo? Esto ha podido darse así y que el expelotero vaya a percibir más de un 1 millón al año hasta 2035 porque cuando se rompió el contrato con los Mets en el año 2000, la deuda de los 5,9 millones pendientes quedó en el limbo.

Hasta que en 2011, Bonilla y su agente estuvieron muy acertados al negociar con los Mets cómo cobrar esa cantidad, pues eligieron cobrarlo escalonadamente hasta 2035, con todos intereses generados. Una jugada, nunca mejor dicho, redonda.

Este acuerdo muchos lo han tachado de un timo del jugador a su ex equipo al sacarle todo ese dinero, pero lo que realmente hizo Bobby fue dejar esos casi 6 millones a los Mets durante 11 años, con los que el conjunto neoyorkino tuvo cash para acometer otros fichajes y mejorar su plantilla o subir la ficha a otras estrellas. Por lo tanto, hablamos de un préstamo simple con un interés del 8%, nada más.

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De este modo, Bobby Bonilla ha logrado quizá el mejor contrato de la historia del deporte, pues le ha reportado beneficios hasta 20 años después de haberse retirado. Un caso paradigmático que lo que realmente hace es dar una lección de inversión a muchos.

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Si apostaste por calefacción eléctrica en casa, malas noticias: es muy probable que la bajada del IVA de la luz no sea para ti

Hace una semana fue aprobada la rebaja de impuestos de la electricidad. Hasta final de año y siempre que el precio mayorista supere los 45 euros por MWh, el IVA será del 10% en lugar del 21%. Sin embargo hay un colectivo que con casi total seguridad queda excluido de esta rebaja: los clientes que tienen calefacción eléctrica.

Y es que el mercado lleva empujando a que usemos combustibles fósiles para la calefacción desde hace años. La sustitución del carbón por gasoil o gas ha sido abrumadora y los pocos que se han decantado por sistemas eléctricos serán penalizados por esta reforma.

La calefacción eléctrica, la más cara pero la más limpia

Tradicionalmente en las ciudades se usaban calderas de carbón para calefacción y reducir la contaminación era fundamental. De hecho el motivo principal no eran las emisiones de CO2, ya que en dicha época no eran tan preocupantes, sino por los subproductos que emitían que hacían que las ciudades tuvieran el aire muy sucio.

Una alternativa interesante fue la gasificación de la calefacción. El gas natural emite menos residuos y también menos CO2 que el carbón. Allí donde no se podía gasificar se instalaba gasoil, también más limpio que el carbón.

Algunos apostaron por la electricidad, que es mucho más cómoda que recargar un depósito de gasoil, pero que era más caro. Y hasta hace no mucho tener calefacción eléctrica era más contaminante que, por ejemplo, una de gas, aunque trasladaba las emisiones de las ciudades a zonas menos congestionadas.

Sin embargo con la inversión en renovables y la pérdida de peso de las centrales de carbón en el mix energético en España, la electricidad emite menos CO2 que comprar reseñas google: unos 0,19 Kg / KWh frente a los 0,2045 Kg / KWh del gas natural o los 0,268 Kg / Kwh.

Es cierto que esta bajada del grid eléctrico es reciente, en 2015 las emisiones de CO2 eran de 0,29 Kg / KWh, pero la tendencia es descendiente y con la transición energética cada vez lo va a ser más.

Sin embargo la rebaja del IVA perjudica a los sistemas de calefacción eléctrica

El problema es la letra pequeña (o quizá no tan pequeña) de la rebaja del IVA. Esta solo afecta a los que tengan contratados menos de 10 KW de potencia. Y, desgraciadamente, para tener calefacción eléctrica, a no ser que la vivienda sea muy pequeña, hace falta tener más de 10 KW contratados.

Y lo que es peor, esta decisión de fijar los 10 KW como barrera no afecta solo al consumo eléctrico durante el invierno, cuando se pone la calefacción, sino que afecta a todo el consumo eléctrico que se realice en dicho tipo de viviendas.

Es cierto que, en algunos casos concretos, la calefacción eléctrica puede lograrse con menos de 10 KW: el ya comentado de viviendas pequeñas, usando bombas de calor o aerotermia, o con acumuladores eléctricos programados por fases, para que se recargaren durante la noche y sin superar todos a la vez la potencia máxima contratada.

Pero lo cierto es que son casos muy límite y, desgraciadamente, la gran mayoría de los que apostaron en su día por la calefacción eléctrica no se va a ver compensada por la rebaja de IVA. Lo cual es una gran paradoja porque actualmente es la calefacción que emite menos CO2, y la brecha se va a ir agrandando en el futuro.

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Materias primas: ¿un riesgo para la recuperación?

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Con el rápido avance de la vacunación y los alentadores resultados de los indicadores económicos más recientes (PMIs, afiliación a la seguridad social, exportaciones), las perspectivas para la economía española son ahora más optimistas. No obstante, hay un factor que comienza a dibujarse como un riesgo que hasta ahora no teníamos presente: el fuerte encarecimiento de las materias primas. Según el índice de The Economist, los precios de las materias primas industriales duplican los vigentes en 2019, mientras que los precios de las materias primas agrícolas están más de un 50% por encima.

Esta circunstancia, unida al encarecimiento de los fletes marítimos y los problemas de abastecimiento de ciertos suministros (como los microchips, que ya han obligado a paralizar la producción en numerosas plantas automovilísticas) podría frenar la recuperación de la industria y de las exportaciones. Si las empresas no pudieran trasladar el incremento de costes a los precios, el resultado sería una contracción de los márgenes empresariales que podría limitar el crecimiento de la producción y comprometer nuevas inversiones. Y si efectivamente se trasladase hacia los precios al consumo, el resultado sería una merma en la capacidad adquisitiva que podría moderar la recuperación del consumo. En cualquier caso, la consecuencia sería un menor ritmo de crecimiento. Obsérvese que no se contempla un escenario en el que el impacto sea la interrupción del proceso de recuperación de la economía. Esta va a tener lugar en cualquier caso, a medida que desaparecen las restricciones y el gasto de las familias vuelve a la normalidad. Pero sí podría producirse una moderación en el ritmo de la misma.

De momento no se observa un traslado de costes hacia los precios al consumo, salvo en lo que se refiere a los productos energéticos. La inflación en los bienes industriales no energéticos de consumo se situó en mayo en el 0,5%. Es una tasa algo superior a la media de los últimos años, pero por el momento se puede achacar a la “normalización” de determinados precios que podrían haberse visto refrenados por la pandemia, así como al ascenso de precio de algunos bienes concretos, como los automóviles y los muebles. No se puede identificar hasta ahora un encarecimiento generalizado más allá de estos efectos.

No obstante, el índice de precios industriales (IPRI), que mide los precios de todos los bienes industriales (no solo los destinados a consumo final) a salida de fábrica, sí refleja un proceso de traslado de costes a lo largo de la cadena de producción. Así, la tasa de inflación de este índice excluyendo productos energéticos aumentó en mayo hasta el 7,1%. Se trata de un incremento que va más allá de un simple efecto escalón por la reversión de bajadas que podrían haberse producido un año antes. De hecho, en comparación con el mismo mes de 2019 el índice aumentó un 6,2%.

Asimismo, si analizamos el índice componente a componente, podemos observar fuertes ascensos, hasta tasas de inflación de dos dígitos, en los productos que son primeras transformaciones de materias primas, o que se encuentran en las primeras fases de la cadena de producción. Por ejemplo, productos químicos básicos, con un ascenso interanual del 46%, productos básicos de hierro, con un 29%, otros productos de primera transformación del acero, con un 28%, o, en relación con las materias primas agrícolas, los productos para la alimentación del ganado, con un 11%. En otros productos situados algo más adelante en la cadena de producción, como forja, elementos metálicos para la construcción, productos de plástico, pinturas y barnices, otros productos metálicos y otros productos químicos, nos encontramos con tasas algo menores a las anteriores, pero igualmente elevadas, de entre un 4 y un 7%. Con estas tasas, la repercusión sobre la actividad económica, ya sea vía traslado a los precios finales al consumo, o vía estrechamiento de márgenes empresariales (o una combinación de ambos), es solo cuestión de tiempo. 

Todo dependerá de cuánto dure esta etapa de precios elevados de las materias primas. Puede tratarse de un repunte temporal, debido a cuellos de botella derivados del fuerte rebote de la demanda mundial post-covid, o puede tratarse del inicio de un nuevo ciclo de precios elevados de materias primas. El fuerte proceso inversor en digitalización, electrificación y descarbonización que se prevé a ambos lados del Atlántico impulsado por los programas de recuperación (plan Biden en Estados Unidos y Next Generation en la UE), e incluso el desvío hacia el mercado de materias primas de inversiones financieras en busca de rentabilidad ante la enorme abundancia de liquidez y bajas rentabilidades de los activos financieros, podrían, por el contrario, mantener la presión alcista durante más tiempo.

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Inteligencia Artificial (IA): Cómo las empresas no tecnológicas pueden beneficiarse

Hablar de Inteligencia Artificial (IA) se ha vuelto algo habitual en miles de empresas. En este post te contamos cómo las empresas no tecnológicas pueden beneficiarse de ella.

  • La Inteligencia Artificial es la habilidad de las máquinas para presentar las mismas capacidades que los seres humanos.
  • El uso de la IA en las empresas puede ayudar a analizar mejor los datos y a tomar decisiones más inteligentes.

Innovación y digitalización. Estos son a día de hoy los principales objetivos de cualquier empresa que quiera ser competitiva en un mercado local y global. Para ello la tecnología se ha convertido en un aliado fundamental. En concreto, la Inteligencia Artificial (IA) es uno de los pilares que rige hoy en día el sistema empresarial. Aunque la IA sigue prosperando y creciendo, siguen existiendo retos para utilizar esta tecnología. Algunos de ellos tienen que ver con la búsqueda de perfiles profesionales que sepan obtener datos de calidad y analizarlos.

Qué es la Inteligencia Artificial (IA)

La Inteligencia Artificial es una habilidad que tienen las máquinas para presentar las mismas capacidades que los seres humanos. Así, las máquinas pueden estar dotadas de razonamiento, aprendizaje, creatividad y la capacidad de planear, por ejemplo.

En este sentido, los sistemas dotados con Inteligencia Artificial pueden percibir su entorno y relacionarse con él, además, de resolver problemas y actuar con un fin específico. La máquina recibe datos, los procesa y responde a ellos.

Aparte, los sistemas que poseen Inteligencia Artificial también son capaces de adaptar su comportamiento a lo que se les requiere y trabajar de manera autónoma.

Usos de la IA en empresas no tecnológicas

¿Pueden las empresas no tecnológicas beneficiarse de la Inteligencia Artificial? Por supuesto que sí. En la actualidad la IA está en prácticamente todos los dispositivos que se emplean a diario. La realidad es que los sistemas de IA pueden beneficiar a empresas de todas las formas y tamaños y que trabajan en cualquier sector.

Empresas de cualquier sector pueden hacer uso de la Inteligencia Artificial. Esto supone grandes beneficios para ellas.

1. Mejorar los procesos internos

Los sistemas de IA son perfectos para perfeccionar y optimizar los procesos y sistemas internos de la empresa. Con su uso, el empresario no sustituye por completo al elemento humano en los flujos de trabajo de la empresa. De hecho, se obtienen beneficios como ganar en agilidad en los flujos de trabajo y los procesos para ayudar al personal a centrarse en lo más importante.

Hay empresas tradicionales no orientadas a la tecnología que han integrado la IA en sus procesos internos para conseguir un embudo de ventas y marketing más racionalizado. Eso les permite hacer un mejor uso de los datos que obtienen en las campañas digitales.

2. Decisiones basadas en datos

Cuantos más datos tenga una empresa para tomar sus decisiones, mejores serán estas. El análisis de datos, sobre todo de los grandes datos, es el caballo de batalla de los sistemas basados en la IA. Los sistemas de Inteligencia Artificial no se desenvuelven bien en las tareas creativas; no diseñarán el nuevo logotipo de su empresa ni la marca; eso sigue requiriendo el toque humano. Pero sobresalen en el procesamiento de grandes cantidades de datos para encontrar patrones y tendencias que serían imposibles para un ser humano debido únicamente al volumen de información.

La Inteligencia Artificial puede utilizarse para ayudar a proporcionar información basada en datos sobre todos los aspectos de las operaciones de la empresa. Desde conseguir una mejor orientación de las campañas de publicidad y marketing hasta la identificación de los elementos que cuestan dinero a la empresa. Las decisiones basadas en los datos no garantizan el éxito del negocio, pero sin duda llevan a la empresa por el buen camino.

3. Evitar los errores humanos

El error humano es inevitable en cualquier empresa. No importa lo bien formados, minuciosos y cuidadosos que sean los empleados, la naturaleza humana es cometer errores. Los trabajadores pueden tener días malos, cometer errores tipográficos, malinterpretar los datos. No se trata de malicia o incompetencia, es simplemente un hecho de la naturaleza humana. Los sistemas de IA no tienen días de descanso, no pueden cometer errores tipográficos y siempre interpretan los datos de forma inteligente y adaptable.

La IA permite evitar errores humanos y que los trabajadores se dediquen a resolver las tareas más urgentes.

Los errores humanos pueden costar a la empresa miles de euros en pérdidas de dinero y tiempo. Los sistemas de IA no solo pueden ayudar a minimizar los errores humanos en el trabajo monótono y orientado al detalle, sino que también pueden utilizarse para buscar y detectarlos antes de que puedan causar un problema.

4. Aprendizaje continuo

Uno de los aspectos más positivos de los sistemas de IA es su capacidad para aprender, adaptarse y cambiar con el tiempo. La capacidad de aprender y adaptarse a los datos significa que los sistemas de IA están constantemente aprendiendo y avanzando sus algoritmos para proporcionar información más informada, inteligente y precisa al negocio.

Está claro que la inteligencia artificial puede ofrecer algunas ventajas importantes a cualquier empresa. La implementación de la IA en el flujo de trabajo existente puede ayudar a agilizar los procesos empresariales. Pero no solo eso, porque también ayuda a evitar errores costosos y que requieren mucho tiempo, y a tomar decisiones empresariales y de marketing más inteligentes.

Utilizar la IA también es más fácil de lo que se piensa, no requiere conocimientos informáticos complejos y detallados. No hay que saber programar un sistema desde cero. Muchos servicios y soluciones están disponibles de forma inmediata, listos para ser desplegados en cualquier negocio cuando sea necesario.

En definitiva, aunque aún queda mucho desarrollo en el ámbito de la Inteligencia Artificial, su uso ya es una realidad en muchas empresas, sean o no tecnológicas.

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La reforma de las pensiones va por mal camino: pan para hoy y hambre para mañana

El ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá, los sindicatos y la patronal han alcanzado un principio de acuerdo sobre la reforma de las pensiones. Y lo que podría parecer una buena noticia, no lo es.

El acuerdo supone, de facto, la derogación de la reforma de 2013, que no llegó a entrar en vigor de forma completa, ya que era una reforma muy escalonada. Y deja para más adelante la negociación de los puntos más conflictivos.

Los cambios de la nueva reforma de pensiones

Básicamente lo que se ha acordado es la derogación de los dos aspectos más polémicos de la reforma de 2013. Por un lado el Factor de Revalorización, que impedía incrementos de las pensiones de los ya pensionistas por más del 0,25% si el sistema estaba en déficit. Hay que recordar que la reforma de 2013 fijó este valor de una forma arbitraria, pues la recomendación del grupo de expertos sugería incluso bajadas para poder compensar este déficit, para que los gastos sigan la senda de los ingresos del sistema.

Por otro lado también se derogará el Factor de Sostenibilidad, que iba a afectar cuando entrara en vigor a los nuevos pensionistas. Este Factor calculaba la pensión teniendo en cuenta la esperanza de vida y no solo las cotizaciones pasadas. En principio esta parte de la reforma iba a entrar en vigor en 2019, pero se pospuso y ahora se va derogar definitivamente.

Pan para hoy y hambre para mañana

Estos dos factores aprobados en 2013 tenían la intención de hacer las pensiones sostenibles. Fue una reforma muy polémica, en un país en el que cada vez hay más votantes pensionistas, pero que era y sigue siendo clave para que la Seguridad Social no salte por los aires.

La mejor forma de proteger el sistema de pensiones público es hacerlo sostenible, y la reforma de 2013, con sus imperfecciones, proponía soluciones para que en el medio y largo plazo el gasto no aumentara por encima de los ingresos.

El acuerdo al que han llegado Gobierno, patronal y sindicatos es un simple "que lo solucione el próximo". La derogación del Factor de Revalorización y sustituirlo por el IPC, de nuevo, es un error. Las pensiones aumentarán más rápido que los ingresos del sistema. Y derogar el Factor de Sostenibilidad sin sustituirlo por otro (dice el Gobierno que en cinco meses tienen que aprobar otro) es un brindis al sol: si de verdad lo quieren sustituir por otro que lo hagan de forma directa, pero lo cierto es que no van a encontrar uno mejor.

Lo peor de todo esto es que el Gobierno, para rehuir la polémica, lo viste todo de un pomposo acuerdo. Pero veamos quienes son las partes: por un lado los sindicatos, que obviamente tienen interés en que las pensiones sean cuanto más altas mejor; por otro lado la patronal, que su único interés es en que no aumenten las cotizaciones sociales; es el Gobierno el que tiene que tomar las decisiones importantes e impopulares, el que tiene que ver la reforma en su conjunto. Pero prefieren, como llevamos haciendo desde los 90 excepto quizá en 2013, dando una patada hacia delante y esperando que lo solucione otro.

Lo bueno de la reforma de 2013 no llega a aplicarse

La reforma de 2013 no fue perfecta pero fue valiente. Se formó un grupo de expertos y evaluó como reformar las pensiones intentando minimizar los damnificados. El Gobierno hizo caso a bastantes cosas pero rebajó, por ejemplo, la dureza del Factor de Revalorización. Y dejó algunos aspectos de la reforma para el futuro, como la entrada en vigor del Factor de Sostenibilidad, quizá para que la polémica se la comiera el siguiente.

Esta reforma es un paso atrás que simplemente quita sostenibilidad a la reforma de pensiones, traspasa el coste a los jóvenes y trabajadores actuales, y emplaza a una reforma más dura al futuro. Porque el problema de las pensiones no se va a solucionar de forma mágica, las reformas que necesitamos tendrán que llegar, y cuanto menos tiempo tengamos para solucionarlo más duras serán.

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Pensiones fuera del sistema

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Este lunes el Ministerio de Inclusión y Seguridad Social ha logrado finalmente un principio de acuerdo con los agentes sociales sobre el primer paquete de reforma de las pensiones. Incluye la derogación del factor de sostenibilidad —que se sustituirá en 2027 por un “mecanismo de equidad intergeneracional” por determinar—, la revalorización con el IPC, penalizaciones para jubilaciones anticipadas e incentivos para retrasar la edad del retiro. Aunque el acuerdo siempre debe ser bien recibido, una vez más no resuelve lo fundamental, la insostenibilidad del sistema público de pensiones. Aplaza las cuestiones más difíciles. Asimismo, determina que se financie una parte de las pensiones vía impuestos, o sea, fuera del sistema.

Nadie duda que las pensiones son un enorme logro social que hay que preservar. Como el sistema se ha mostrado insuficiente, ha habido que buscar la solución fuera de él. Si la hucha no da, se sostiene con impuestos. Con esa lógica, muchos trabajadores comenzarán a hacer números y comprobarán que esa salida no parece sostenible. Más presión fiscal durante su vida laboral y menos sostenibilidad cuanto más envejece la población. Se habla de sacar fuera los gastos impropios —que decide el Gobierno—, algo que tiene sentido porque no deberían ser una carga para la Seguridad Social. Sin embargo, el montante que se financiará con impuestos es mayor que esos gastos impropios, por lo que es una forma de salirse del sistema actual, con desfases que elevan la carga impositiva y generan un incentivo equivocado. Siempre que falten recursos se pagarán con cargo a impuestos y, así, de paso, no hace falta tocar el sistema, que es donde están la mayoría de los problemas.

Varios temas ineludibles no se tratan. Lo primero, la necesidad de información: cada ciudadano debería ser conocedor puntual y actualizadamente de cuál sería su pensión en función de lo que contribuye en cada momento y por cuánto tiempo. E ir más allá y permitir que los ciudadanos puedan aumentar esas contribuciones y recibir cada euro aportado (el famoso sistema de cuentas nocionales), con posibilidad de planes privados no penalizados. Otro tema ineludible es el de la edad de jubilación. Retrasarla es obligado y aún más compatibilizar pensiones con empleos parciales, algo que ahora parece tabú y que es común en otros países.

La pedagogía parece obligada para que se comprenda en qué consiste este sistema de prestaciones. Muchos ciudadanos creen que simplemente reciben lo que han aportado. No es así. Lo que se contribuye para pensiones durante la vida laboral supone entre el 40% y el 60% de lo que se cobra al retirarse. Se sostienen, en realidad, por las generaciones que trabajan para las que dejan de hacerlo al alcanzar una edad. La evolución demográfica arroja una realidad demoledora. Nadie quiere parecer el malo ni contar las verdades. Políticamente es complejo, nueve millones de pensionistas son muchos votos y, dado el envejecimiento de la población, serán más y más. No obstante, los jóvenes y la sociedad en su conjunto requieren de medidas bien explicadas y también más ambiciosas y realistas para garantizar este logro del Estado del bienestar.

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Una recuperación desigual

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La crisis tuvo un impacto heterogéneo, y la onda expansiva
que se despliega a través del aparato productivo es igualmente dispar. Los
datos globales son alentadores: las empresas anticipan un fuerte rebote de su
cifra de negocios, afianzando los resultados recientes (alza acumulada de la
facturación hasta abril del 13,9% en la industria y del 6,5% en los servicios);
el turismo sale del coma inducido por la pandemia, como lo muestra el tirón de
las reservas hoteleras y de viajes de avión; y la afiliación a la seguridad
social está creciendo a un ritmo próximo a máximos históricos.

Sin embargo, las tendencias globales eclipsan fuertes disparidades, en función de la capacidad de cada sector de compensar el repunte de inflación que se está gestando en paralelo a la recuperación. Destacan los sectores más beneficiados a la vez por el incremento del precio de la energía y de las materias primas, y por la expansión de la actividad. Solo en mayo, los precios energéticos crecieron un 2,6%, lo que eleva el alza en lo que va de año hasta el 18%. Los precios de los productos intermedios registran una tendencia similar, aunque menos pronunciada (del 2,1% y 9,8%, respectivamente). Sin embargo, las tarifas de facturación para los bienes de consumo y de equipo, si bien en ascenso, se mantienen en cotas moderadas. Los servicios, por su parte, apenas reflejan la tendencia general (prueba de ello, el IPC de servicios no levanta cabeza).

Esta pauta agrava las brechas provocadas por la crisis en 2020, prefigurando, por una parte, una mejora notable de la situación financiera de algunos de los sectores menos afectados como la energía, la agroindustria y buena parte de las manufacturas. El auge exportador aporta un impulso adicional a la industria en su conjunto, gracias al rebote de los mercados internacionales y al favorable posicionamiento competitivo de las empresas españolas que tienen presencia en el exterior. La construcción también emprende una senda expansiva al calor del efecto demanda embalsada. Por otra parte, sin embargo, el escenario es muy incierto para las empresas de servicios que carecen de poder de negociación y que por tanto no pueden trasladar el encarecimiento de los costes de producción a sus tarifas de facturación. Así pues, pese a la buena marcha de la actividad global, conviene activar los dispositivos de ayudas a las empresas endeudadas pero viables: transferencias directas que, salvo en alguna comunidad, solo existen en el BOE; créditos participativos en fase preparatoria; y restructuración de pasivos. También urge un cambio normativo para agilizar la resolución de empresas inviables.

Los hogares son los más perjudicados por las presiones
inflacionistas, al no poder repercutir directamente el alza de precios al
consumo en sus ingresos. Los acuerdos salariales se caracterizan por una fuerte
inercia, y de momento evolucionan con más moderación que en 2020, un año con deflación.
Nos asomamos por tanto a una erosión acusada del poder adquisitivo de las
familias para el presente ejercicio, y a su corolario: una recuperación del
consumo privado menos boyante de lo anticipado antes de la etapa de
“reflación”. También se amplía la brecha de ingresos en detrimento de los hogares
con bajos niveles de renta, por el peso desproporcionado de la factura
energética en su cesta de consumo.

En suma, una parte de la economía —la más potente— se acelera, gracias al sorprendente dinamismo exportador, al retorno del turismo y al ciclo alcista en la construcción. Pero la otra pisa el freno, como consecuencia del repunte de los precios y de su impacto sobre los ingresos de los hogares más desfavorecidos y de las empresas con márgenes más constreñidos. Las desigualdades sectoriales y sociales se agudizan, evidenciando la necesidad de reforzar los incentivos a la movilidad y a la recualificación en los principales instrumentos anticrisis (ayudas a empresas, ERTEs, ingreso mínimo vital). Un nuevo desafío de cara a la inminente puesta en marcha del plan europeo de recuperación.

PRECIOS | El índice de precios industriales se incrementó un 1,6% en mayo, lo que eleva el alza acumulada en el año hasta el 9,2%.  Si bien los productos energéticos y la electricidad son los que más se encarecen, con alzas interanuales superiores al 30%, los bienes intermedios como el hierro, el acero y los productos químicos básicos, también contribuyen a las presiones inflacionistas. De manera similar, el indicador PMI de precios industriales de la eurozona apunta a tasas de crecimiento que rozan máximos de la serie que arranca a finales de los 90.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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