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El consejo de administración de BBVA ha decidido proponer a Jordi Montalbo Todolí como nuevo consejero independiente en la próxima Junta General Ordinaria de Accionistas, un movimiento que encaja en el proceso de renovación periódica del máximo órgano de gobierno del banco. La entidad ha comunicado esta decisión a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), detallando que el nombramiento se someterá a votación junto a otros puntos clave de gobierno corporativo.
La propuesta se produce tras la salida de la consejera independiente Lourdes Máiz, que abandona su puesto después de haber alcanzado el periodo máximo de doce años previsto para mantener dicha condición. Con este relevo, el banco busca reforzar el perfil técnico del consejo en ámbitos como la auditoría, la gestión de riesgos y el negocio asegurador, áreas en las que Montalbo acumula más de tres décadas de experiencia.
Convocatoria de la Junta General de Accionistas
Según la documentación remitida a los supervisores, BBVA celebrará su Junta General Ordinaria de Accionistas previsiblemente el 20 de marzo en segunda convocatoria, tras fijar una primera convocatoria para el día 19. La entidad prevé que sea en esa segunda fecha cuando se reúnan los accionistas para decidir sobre el nombramiento de Montalbo y el resto de asuntos incluidos en el orden del día.
El encuentro tendrá lugar en Bilbao, en el Palacio Euskalduna, a partir de las 12 horas, manteniendo así la tradición de celebrar la cita anual con los accionistas en la capital vizcaína. En esa sesión se someterá a aprobación el nombramiento de Jordi Montalbo como consejero independiente en sustitución de Lourdes Máiz, quien sale del órgano tras agotar el plazo máximo de permanencia como independiente establecido por las recomendaciones de buen gobierno.
La entidad presidida por Carlos Torres Vila ha subrayado que la incorporación de Montalbo pretende aportar un mayor peso técnico al consejo en materias especialmente sensibles para un gran banco europeo: supervisión de riesgos, control interno y evaluación de la calidad de los estados financieros. Esta propuesta se acompaña de varios puntos adicionales vinculados al capital, la política de remuneraciones y la estructura del propio consejo.
Desde el punto de vista del gobierno corporativo, la junta servirá también para revisar la composición del órgano y la continuidad de otros consejeros, asegurando que se cumplen los criterios de diversidad, independencia y experiencia fijados por la normativa bancaria europea y por las recomendaciones de los códigos de buen gobierno.
Quién es Jordi Montalbo: perfil y trayectoria profesional
Jordi Montalbo Todolí (España, 1965) está licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Barcelona y cuenta, además, con una especialización técnica como actuario de seguros en la misma institución. Esta combinación de formación económica y conocimiento actuarial le proporciona una base especialmente útil para la supervisión del negocio financiero y asegurador.
A lo largo de su carrera, ha desarrollado la mayor parte de su trayectoria profesional en Deloitte, entre 1990 y 2022, una de las grandes firmas internacionales de servicios profesionales. Dentro de esta compañía se especializó en la auditoría de entidades financieras y aseguradoras, lo que le permitió conocer de cerca la estructura de riesgos, la regulación y las buenas prácticas de control interno del sector.
Durante su etapa en Deloitte, Montalbo ocupó puestos de máxima responsabilidad vinculados al negocio asegurador y financiero. Entre otros cargos, fue socio responsable del área de seguros en España, socio de auditoría y seguros para servicios financieros y co-líder de la auditoría del sector seguros en la región de Europa, Oriente Medio y África (EMEA). Estas funciones le situaron al frente de equipos internacionales y de proyectos complejos, obligándole a coordinarse con supervisores y grandes grupos financieros.
Además de su experiencia en la firma de servicios profesionales, ha participado en diferentes programas de formación y desarrollo tanto en España como en el extranjero, reforzando su conocimiento de los estándares internacionales de información financiera y de las exigencias regulatorias aplicables a los bancos europeos. Este perfil, a mitad de camino entre lo técnico y lo estratégico, es el que BBVA quiere incorporar a su consejo.
La entidad destaca que el profundo conocimiento de Montalbo sobre la gestión de riesgos, la auditoría y la regulación financiera encaja con las necesidades actuales del consejo, en un momento en el que los grandes bancos afrontan un entorno de supervisión más exigente, mayores requerimientos de capital y una creciente atención al control de riesgos operacionales y tecnológicos.
Nombramiento condicionado a la supervisión del BCE
Como sucede con todos los consejeros de entidades consideradas de importancia sistémica, el nombramiento de Jordi Montalbo está sujeto a la verificación del Banco Central Europeo (BCE). El supervisor deberá confirmar que el candidato cumple los requisitos de idoneidad exigidos para el desempeño del cargo, tanto en términos de experiencia como de honorabilidad y ausencia de conflictos de interés.
Este proceso de evaluación, conocido en el sector como “fit and proper”, es una condición indispensable para que la designación pueda hacerse efectiva tras la votación de la junta. Solo una vez obtenida la autorización del BCE, el acuerdo adoptado por los accionistas tendrá plena validez y Montalbo podrá incorporarse al consejo con plenas funciones.
La exigencia de esta validación responde a la normativa bancaria europea, que refuerza el papel de los supervisores en el control de quién se sienta en los órganos de gobierno de las grandes entidades. El objetivo es garantizar que los consejeros cuentan con la experiencia, dedicación y conocimientos necesarios para vigilar adecuadamente la estrategia y los riesgos asumidos por el banco.
En este contexto, BBVA considera que el bagaje técnico y la trayectoria internacional de Montalbo aportan un plus de solidez al órgano de gobierno, especialmente en lo relativo a auditoría interna, interpretación de estados financieros complejos y revisión de marcos de control.
La propuesta se enmarca, además, en la renovación gradual de los consejeros independientes, mecanismo habitual en los grandes bancos europeos para evitar una excesiva permanencia en los cargos y fomentar la entrada periódica de nuevos perfiles.
Salida de Lourdes Máiz y renovaciones en el consejo
La incorporación de Jordi Montalbo se produce en sustitución de Lourdes Máiz, que abandona el órgano tras alcanzar doce años como consejera independiente, el límite máximo habitual para este tipo de posiciones según las recomendaciones de buen gobierno. La entidad ha expresado su reconocimiento por la “valiosa contribución” de Máiz durante su etapa en el consejo.
Junto a este relevo, BBVA propondrá la reelección de varios consejeros que actualmente forman parte del órgano. En concreto, la entidad someterá a la junta la continuidad de Sonia Dulá, Raúl Galamba y Ana Revenga como consejeros independientes, así como la reelección de Carlos Salazar como consejero externo. Con ello, el banco busca mantener un equilibrio entre estabilidad y renovación.
Estas propuestas permiten conservar la experiencia acumulada en el consejo en ámbitos como los mercados internacionales, las políticas de desarrollo, la regulación y la gestión empresarial, a la vez que se incorpora un perfil fuertemente especializado en riesgos y auditoría. De esta manera, la composición del órgano intenta cubrir un abanico amplio de competencias.
El enfoque de la entidad responde a los criterios establecidos por la normativa europea de gobierno corporativo, que pone el acento en la diversidad de conocimientos, la independencia y la evaluación periódica de la idoneidad de los consejeros. Mantener un número relevante de consejeros independientes se considera clave para asegurar una supervisión efectiva de la alta dirección.
En conjunto, la entrada de Montalbo y la renovación de varios consejeros apuntan a reforzar la capacidad del órgano para supervisar los riesgos, validar la estrategia y representar los intereses de todos los accionistas, en un momento en el que el sector financiero europeo encara retos de rentabilidad, transformación digital y regulación.
Emisión de CoCos y otras operaciones sobre capital
Más allá de los cambios en el consejo, BBVA aprovechará la junta para solicitar la autorización de una emisión de bonos contingentemente convertibles (CoCos). El banco plantea obtener el visto bueno de los accionistas para poder emitir, durante un periodo de hasta cinco años, valores eventualmente convertibles en acciones por un importe máximo agregado de 8.000 millones de euros.
Este tipo de instrumentos, habituales en grandes entidades europeas, se utilizan como una herramienta flexible de gestión de capital. Suelen computar como recursos propios de nivel adicional y están diseñados para absorber pérdidas en escenarios de tensión, contribuyendo a reforzar la solvencia del banco en línea con los requerimientos regulatorios.
Además, la entidad solicitará a la junta autorizar la adquisición derivativa de acciones propias, ya sea de forma directa o a través de sociedades del grupo. Esta autorización suele concederse con límites y condiciones concretas en cuanto a precios, plazos y volumen máximo de títulos que pueden recomprarse en el mercado.
Ligado a esa capacidad de recompra, el banco también someterá a votación una posible reducción del capital social por un importe máximo equivalente al 10% del capital vigente en la fecha del acuerdo, mediante la amortización de las acciones propias adquiridas con esa finalidad. El consejo de administración quedará facultado para ejecutar la reducción total o parcialmente, en una o varias operaciones, o para no llevarla a cabo si las condiciones no son favorables.
Este conjunto de medidas, recompra de acciones y reducción de capital, suele interpretarse como una forma de gestionar la estructura de capital y de mejorar la rentabilidad por acción para los accionistas, siempre que se mantengan los niveles de solvencia exigidos por los supervisores. No obstante, su eventual ejecución estará condicionada al entorno de mercado, a las necesidades de capital del grupo y a la evolución del negocio.
Remuneración variable y documentos anuales
Otro de los puntos relevantes del orden del día será la autorización de un nivel máximo de remuneración variable de hasta el 200% del componente fijo de la retribución total para un colectivo concreto de empleados cuyas funciones tienen un impacto significativo en el perfil de riesgo de BBVA y de su grupo. Esta propuesta se sitúa dentro del marco regulatorio europeo sobre bonus en el sector financiero, que exige la aprobación explícita de los accionistas para determinados niveles de variable.
En paralelo, la junta deberá pronunciarse sobre el informe anual sobre remuneraciones de los consejeros correspondiente al ejercicio 2025, documento en el que se detallan las políticas, importes y criterios de retribución aplicados al órgano de administración. Este informe, de carácter consultivo en muchos casos, sirve para que los accionistas evalúen la política salarial del banco y su alineación con los resultados y la asunción de riesgos.
También está previsto que se sometan a aprobación las cuentas anuales individuales y consolidadas de BBVA del ejercicio 2025, junto con los correspondientes informes de gestión de la entidad y de su grupo. Junto a ellos, la junta examinará el estado de información no financiera consolidado, que recoge datos sobre cuestiones ambientales, sociales y de buen gobierno, en línea con las exigencias normativas europeas.
La entidad llevará igualmente a votación la reelección de EY como auditor de cuentas de BBVA y de su grupo consolidado para el ejercicio 2026, con el objetivo de dar continuidad al trabajo de revisión externa de los estados financieros. La permanencia de la misma firma auditora, dentro de los límites temporales marcados por la regulación, se interpreta como una apuesta por la estabilidad y el conocimiento acumulado de la entidad.
Todos estos puntos, desde las cuestiones de retribución hasta la aprobación de informes financieros y no financieros, forman parte del paquete habitual de acuerdos que los grandes bancos europeos presentan en sus juntas anuales y que resultan esenciales para garantizar la transparencia ante los mercados y los reguladores.
Con la propuesta de nombrar a Jordi Montalbo como consejero independiente, la renovación parcial de su órgano de administración y el amplio conjunto de decisiones financieras y de gobierno corporativo que se someterán a voto, BBVA afronta su próxima junta general como una cita clave para ajustar su estructura de poder, reforzar sus capacidades técnicas en el consejo y dotarse de margen de maniobra en materia de capital, retribuciones y supervisión, en línea con las exigencias regulatorias y las expectativas de los inversores en el mercado europeo.
El debate en torno a la inmigración es uno de los más relevantes de nuestros tiempos, marcados por la irrupción de la cuestión identitaria como línea de fractura. La realidad, sin embargo, es más compleja de lo que se desprende de la polarización de la opinión, al menos desde el punto de vista de la economía española.
Además de aportar el grueso de la fuerza laboral –el año pasado, más del 80% de los nuevos activos fueron extranjeros o doble nacionales –, la inmigración ha ido de la mano de un desplazamiento del empleo de los españoles hacia ocupaciones de mayor valor añadido, que son también las mejor remuneradas. ¿Coincidencia, o causalidad?
En el periodo 2021-2024, el crecimiento del empleo entre los españoles, además de intenso, se concentró exclusivamente en tres categorías ocupacionales: los directivos y gerentes; los técnicos y profesionales científicos; y los técnicos y profesionales de apoyo. En estas ocupaciones, el salario medio se sitúa un 57% por encima de la media nacional. A la inversa, el número de ocupados españoles ha descendido en el resto de las ocupaciones, particularmente las “elementales” que ofrecen salarios un 38% por debajo de la media, de modo que los empleos de esta categoría dependen por completo de la mano de obra extranjera.
No es fácil determinar el grado de causalidad entre el shock poblacional y el tipo de ocupaciones que desempeñan los españoles. Son muchos los factores que influyen, independientemente de la inmigración, entre otros la elevación del nivel educativo entre la población española y sus derivadas en términos de preferencias hacia determinados tipos de empleo. Otro factor es la persistencia de barreras y de desincentivos a la colocación de parados con perfiles similares a los de muchos extranjeros que, sin embargo, se han incorporado con éxito al mercado laboral.
Ahora bien, en Italia, donde el número de activos extranjeros ha crecido la mitad que en España en los últimos tres años, el fenómeno de desplazamiento de la mano de obra nativa ha sido de menor envergadura que en España. A la inversa, Alemania comparte la misma pauta de concentración del empleo autóctono en ocupaciones de mayor contenido tecnológico, en paralelo con el fuerte impulso recibido de la mano de obra extranjera. No parece, además, que la inmigración haya lastrado los salarios de manera generalizada –un resultado conforme a muchos estudios–. Incluso en un sector intensivo en empleo inmigrante como la construcción, los costes laborales se incrementaron un 10% en España y un 18% en Alemania, frente al 13% de Italia.
La inmigración ha podido dinamizar la cadena de suministros de los sectores de alto valor añadido. Actividades intensivas en fuerza laboral foránea como la logística, el transporte o los servicios administrativos, constituyen eslabones esenciales del tejido productivo de los servicios profesionales y de la industria especializada. Dicho de otra manera, sin la inmigración, la economía española hubiera respondido vía precios, más que vía producción, al tirón de los servicios o de la construcción.
No obstante, la inmigración por sí sola no resuelve los principales retos estructurales, entre los que destacan la baja productividad, la debilidad de los salarios y, por ende, la estrecha base de financiación de las pensiones —puede incluso que, a largo plazo, el efecto composición que entraña la inmigración agrave el déficit estructural del sistema, a falta de medidas correctoras—. En todo caso, estos beneficios dependen de la capacidad de integración de la población extranjera y de su perfil competencial. Dicho perfil ha resultado ser favorable en el periodo reciente, por su coincidencia con las necesidades de contratación de algunos de los sectores más pujantes. Pero esa coincidencia puede no reproducirse en el futuro, evidenciando la necesidad de una política más selectiva que en el pasado, en paralelo a un esfuerzo de integración como el que promete la regularización.
EMPLEO | En 2025, por tercer año consecutivo, los afiliados a la Seguridad Social de nacionalidad extranjera ocuparon en torno al 41% de los nuevos empleos creados. Esta cifra contrasta con los porcentajes que representaron a lo largo del periodo 2014-2022, inferiores al 30% e incluso al 20%. Por sectores, destaca la hostelería, donde el 75% de los nuevos afiliados fueron extranjeros, junto al comercio, con un 72% y la construcción, con un 65% –porcentaje, no obstante, muy inferior al 90% del año anterior–, además del sector agrícola, donde cae el empleo total, pero aumenta el extranjero.
Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.
La personalización del cliente B2B debe ser escalable, eficiente, con visibilidad total y control del proceso.
La personalización ya no es una opción para los clientes B2B, es un requisito necesario para elegir a determinados proveedores. Incluso los grandes fabricantes de coches cada vez personalizan más sus vehículos, según las necesidades de sus clientes.
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Conoce errores frecuentes al escalar la personalización y los beneficios que te puede reportar.
Los clientes B2B esperan que comprendas su sector, su modelo operativo y sus prioridades, y que adaptes tu propuesta a sus necesidades. El reto principal para las empresas se centra ahora en cómo ejecutar esa personalización sin bloquear la operativa, aumentar costes o perder control interno del proceso.
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Por qué la personalización en B2B es clave para el nuevo cliente
El nuevo cliente B2B no se comporta como un comprador individual. Opera en entornos complejos, donde se deben tomar rápidas decisiones, existen objetivos de negocio cruzados y presión por resultados a corto y medio plazo. En este contexto, la personalización aporta beneficios en diferentes niveles:
Relevancia: adaptar mensajes, propuestas y procesos a la realidad concreta de cada cliente aumenta la probabilidad de éxito comercial.
Confianza: demostrar conocimiento profundo del sector, la normativa y las necesidades del cliente fortalece la relación.
Reputación: la personalización genera recomendaciones y fortalece la marca en entornos B2B competitivos.
Eficiencia: reduce fricciones por problemas en productos estandarizados que no se adaptan a las necesidades del cliente.
Fidelización: clientes que perciben que se anticipan a sus necesidades tienden a renovar contratos y mantener relaciones a largo plazo.
Escalar la personalización no solo mejora la eficiencia operativa, también tiene un efecto directo sobre la relación con tus clientes ya que perciben a sus proveedores como socios estratégicos.
Retos a superar: personalizar sin fragmentar la organización
En entornos B2B complejos, como la industria o proyectos internacionales la personalización mal gestionada puede generar:
Procesos distintos para cada cliente que dificultan la estandarización.
Caos al intentar personalizar todo sin priorizar ni analizar la rentabilidad.
Excepciones constantes en precios, contratos o facturación que aumentan la carga operativa.
Dependencia de perfiles clave en ventas u operaciones que pueden bloquear la operativa.
Falta de coherencia entre lo que se vende y lo que se ejecuta, generando desalineación y pérdida de visibilidad financiera.
Las consecuencias son conocidas, se sabe lo que se debería hacer, pero no cómo ejecutarlo sin fricción y sin perder eficiencia y control.
Para escalar la personalización hay que superar estos retos. No se trata de hacer muchos productos distintos, sino de definir qué se puede personalizar, hasta donde se puede llegar y bajo que reglas.
Saber qué personalizar es tan importante como saber cómo gestionarlo sin descontrolar la operación.
Escalar la personalización vs. hiperpersonalización
No todas las adaptaciones al cliente generan valor. Es importante diferenciar:
Escalar: crear patrones replicables, procesos integrados y medir el impacto operativo y financiero.
Hiperpersonalizar: soluciones únicas no escalables y excepciones frecuentes que generan caos operativo y dificultan la trazabilidad.
Hay que procurar no excederse la escalar la personalización, ya que hiperpersonalizar puede ser peor incluso que vender productos estandarizados.
Hoja de ruta para escalar la personalización en B2B sin perder el control
Para personalizar sin perder el control te proponemos la siguiente hoja de ruta. Empieza paso a paso, y cuando te des cuentas serás un experto en personalización y habrás catapultado a tu organización a la liga de campeones.
Paso 1. Definir el alcance de la personalización en B2B
Antes de decidir qué personalizar, es fundamental comprender dónde se genera valor real y dónde la personalización puede aportar más beneficios sin perder eficiencia. Esto permite canalizar recursos, priorizar clientes estratégicos y mantener control operativo.
Qué personalizar:
Configuraciones de productos o servicios para clientes estratégicos.
Propuestas comerciales y condiciones económicas ajustadas a cada cliente.
Gestión de pedidos complejos o recurrentes.
Facturación y contratos adaptados a regulaciones locales.
Servicio de postventa y soporte técnico especializado.
Qué evitar para no personalizar sin criterio:
Adaptaciones de bajo impacto o solicitadas de manera puntual que no sean escalables.
Procesos internos que generan duplicidad de trabajo y errores.
Mini-ejemplo: Un cliente solicita un embalaje especial para pedidos recurrentes. Se analiza si es replicable para otros clientes del mismo segmento antes de aprobarlo, evitando excepciones ad hoc.
Diferenciar valor estratégico de ruido operativo es clave para escalar sin perder eficiencia.
Paso 2. Diseñar un modelo eficiente y replicable
Para que la personalización sea consistente y escalable, es necesario establecer reglas claras que guíen la toma de decisiones y permitan replicar patrones que hayan tenido éxito. Esto reduce la dependencia de individuos clave y mantiene la coherencia operativa.
Elementos clave para diseñar el modelo:
Catálogo de configuraciones permitidas y sus combinaciones.
Reglas de negocio documentadas y compartidas entre áreas.
Flujos de validación estandarizados, evitando decisiones ad hoc.
Análisis periódico para convertir modelos de éxito en estándares futuros.
Mini-ejemplo: Una empresa documenta el éxito de una personalización para un cliente estratégico de un sector. Con cambios mínimos se pueden ofrecer productos personalizados a clientes de otro sector diferente.
La clave de la personalización está en poder escalarla con mínimas variaciones manteniendo la eficiencia operativa.
Paso 3. Integración operativa con tu ERP
Integrar la personalización con un ERP 360º como Sage X3 asegura que todas las áreas compartan información, manteniendo una visibilidad total y un férreo control financiero.
Beneficios de la integración con tu ERP:
Gestionar configuraciones avanzadas de productos y servicios de manera estructurada.
Integrar condiciones comerciales personalizadas que se trasladan automáticamente a producción
Tener trazabilidad total de todo el proceso.
Mantener control de pedidos complejos y contratos específicos por cliente.
Soportar diferentes modelos operativos.
Garantizar visibilidad financiera en tiempo real, lo que permite el control de márgenes.
Automatización de todo el proceso trasladando en tiempo real datos a la contabilidad financiera y analítica.
Además del ERP, otras tecnologías como el CRM, la analítica de datos y la IA facilitan la integración de la personalización.
Mini-ejemplo: Con Sage X3, una empresa industrial automatizó la adaptación de pedidos complejos según cada cliente, reduciendo errores y tiempo de procesamiento.
La tecnología adecuada convierte la personalización en escalable, controlable y medible.
Paso 4. Definir métricas para medir el éxito de las personalizaciones
Definir métricas permite evaluar la eficacia de la personalización y detectar áreas de mejora. Las métricas deben cubrir eficiencia operativa, rentabilidad y satisfacción del cliente.
Indicadores clave o KPIs:
Tiempo medio de preparación de ofertas y propuestas.
Número de excepciones operativas por cliente o segmento.
Rentabilidad por cliente o segmento.
Incidencias de facturación o ejecución.
Grado de adopción de configuraciones estándar por clientes similares.
Índices de satisfacción de clientes segmentados.
Reducción de tiempos de respuesta y entrega.
Incremento de retención y fidelización de clientes estratégicos.
Medir permite ajustar y mejorar continuamente la personalización sin perder control.
Mini-ejemplo: Al medir el tiempo de preparación de ofertas, una empresa detectó que algunas configuraciones personalizadas duplicaban el esfuerzo y ajustó sus reglas para optimizar la eficiencia.
Definir métricas permite conocer qué personalizaciones tienen éxito para poder escalarlas.
Paso 5. Identificar y gestionar riesgos
Como todo proceso, la personalización no está exenta de riesgos. Analizar riesgos antes de escalar permite anticiparse a problemas operativos, financieros y culturales.
Riesgos principales:
Operativos: procesos paralelos, sobrecarga, falta de estandarización.
Financieros: erosión de márgenes, errores de facturación, escasa rentabilidad.
Organizativos: dependencia de expertos, conflictos internos, resistencia al cambio.
Culturales: la tecnología y los procesos no son suficientes si la organización no comparte la misma visión.
Mini-ejemplo: Al detectar riesgos financieros, una empresa implementó alertas automáticas en Sage X3 para validar márgenes antes de aprobar pedidos especiales, reduciendo pérdidas potenciales.
Anticipar riesgos permite escalar la personalización de forma segura y sostenible.
Paso 6. Plan de comunicación interno y externo
La personalización escalable requiere una alineación interna focalizada en el cliente de todas las áreas involucradas en la personalización. Una comunicación estructurada evita fricciones y expectativas incorrectas.
Tipos de comunicación:
Interna: debe clarificar qué se puede personalizar, cómo se decide y qué herramientas se utilizan.
Externa: su objetivo debe ser comunicar a los clientes la personalización como un valor estructural y sostenible, no como una concesión puntual.
Mini-ejemplo: Se envía una guía interna a ventas y operaciones con casos de personalización aprobados, evitando solicitudes ad hoc que bloqueen el flujo.
La alineación entre ventas, operaciones y finanzas es esencial para que la personalización no genere fricciones internas.
Ejemplo práctico de aplicación de los seis pasos
Una empresa industrial con operaciones en varios países y clientes heterogéneos aplicó la hoja de ruta:
Alcance: priorizó configuración, condiciones y facturación para mejorar margen y eficiencia.
Diseño: se crean reglas replicables por segmentos, minimizando decisiones ad hoc.
Integración ERP: unificación de ofertas, pedidos y facturación con trazabilidad y control financiero.
Definición de métricas: se mide la satisfacción de los clientes con los productos personalizados.
Gestión de riesgos: se definen alertas automáticas para evitar sobrecostes en las personalizaciones.
Comunicación: se hace una campaña en redes sociales para mostrar los éxitos en la personalización.
Costes y beneficios de escalar la personalización en B2B
Antes de invertir tiempo y recursos en personalización, conviene analizar el retorno de la inversión (ROI). Escalar la personalización implica costes en tecnología, formación y ajustes de procesos, pero los beneficios superan ampliamente la inversión cuando se ejecuta correctamente.
Beneficios medibles:
Eficiencia operativa
Mayor rentabilidad por cliente
Visibilidad y control financiero
Mejora la imagen corporativa
Clientes fidelizados
Costes a considerar:
Implementación de tecnología y ERP.
Formación.
Resistencia al cambio.
Tiempo de análisis y documentación de patrones replicables.
Mini-ejemplo: Un fabricante industrial que integró Sage X3 y un CRM complementario pudo reducir errores de facturación en un 40%, automatizar las adaptaciones de pedidos y aumentar la rentabilidad por cliente en un 12%.
El ROI de la personalización escalable no solo se mide en eficiencia, también en clientes satisfechos y márgenes protegidos.
Escalar la personalización en entornos B2B complejos no es simplemente un desafío operativo, supone la consecución de una ventaja competitiva estratégica. Al definir el alcance, diseñar un modelo eficiente y replicable, integrar tecnología como Sage X3, medir resultados y alinear cultura y comunicación, las empresas pueden ofrecer experiencias personalizadas sin comprometer eficiencia ni control.
El éxito no depende solo de la tecnología, sino de un enfoque sistemático que combine procesos claros, KPIs precisos y aprendizaje continuo. Aplicando esta hoja de ruta, la personalización deja de ser un riesgo y se convierte en un motor de crecimiento sostenible al fidelizar clientes y conseguir rentabilidad, eficiencia y control.
La personalización escalable convierte la complejidad del cliente B2B en una ventaja competitiva medible y controlada.
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El Banco Central Europeo ha consolidado el tipo de interés en el 2% y encadena ya cinco reuniones seguidas sin cambios en el precio oficial del dinero. La institución que preside Christine Lagarde mantiene así su apuesta por la prudencia, en un momento en el que la inflación se ha situado por debajo del objetivo pero el contexto global sigue plagado de incertidumbres.
Lejos de precipitarse hacia nuevos recortes, el Consejo de Gobierno ha optado por prolongar la pausa monetaria y esperar a que los datos confirmen que la desinflación es sostenible y compatible con la estabilidad de precios a medio plazo. La consigna que sale de Fráncfort es clara: decisiones «reunión a reunión» y sin comprometerse con una senda de tipos predeterminada.
Los tres tipos oficiales del BCE se mantienen sin cambios
En la primera cita del año, el Consejo de Gobierno ha decidido dejar sin variación los tres tipos de referencia de la política monetaria de la zona euro. La facilidad de depósito, que se ha convertido en el principal ancla de la estrategia del BCE, permanece en el 2%, mientras que el tipo de las operaciones principales de financiación se sitúa en el 2,15% y la facilidad marginal de crédito en el 2,40%.
Estos niveles se mantienen desde la última bajada de tipos, aplicada en junio del año pasado, cuando el BCE dio por concluido un ciclo de ocho recortes consecutivos que redujo el coste oficial del dinero en 200 puntos básicos. Desde entonces, el banco central ha preferido comprobar con calma cómo se transmite esa relajación monetaria a la economía real antes de volver a mover ficha.
En su comunicado, la institución señala que la actual configuración de los tipos es consistente con una política monetaria todavía restrictiva, suficiente para mantener la inflación bajo control pero sin estrangular el crecimiento. Varios analistas consideran que un tipo de depósito en el entorno del 2% constituye un nivel «neutral», que ni impulsa ni frena de forma agresiva la actividad económica.
El mensaje oficial insiste en que cualquier ajuste futuro se basará en una lectura exhaustiva de los datos, incluyendo la evolución de la inflación general y subyacente, la dinámica de salarios, las condiciones de crédito y la intensidad con la que las anteriores decisiones de tipos se están filtrando a la economía.
El BCE, además, recuerda que no se siente atado a ningún calendario y que no hay un compromiso previo con nuevas bajadas o subidas. Esta flexibilidad, recalca el Consejo de Gobierno, es clave para reaccionar con rapidez si el panorama inflacionista o de crecimiento diera un giro inesperado.
Inflación por debajo del 2% y menor presión en los servicios
Uno de los datos que más peso ha tenido sobre la mesa es la caída de la inflación de la eurozona hasta el 1,7% interanual en enero, según las estimaciones preliminares de Eurostat. Se trata de la lectura más baja desde 2024 y se sitúa ya por debajo del objetivo simétrico del 2% que guía el mandato del BCE.
Buena parte de esta moderación responde a la corrección de los precios de la energía, que registraron un descenso en torno al 4% en términos interanuales, favorecidos por el efecto base tras el repunte del año anterior y por un contexto de materias primas energéticas más calmado. También contribuyen factores como el abaratamiento de algunas materias primas agrícolas y la normalización de las cadenas de suministro.
Más relevante a ojos del banco central es el comportamiento de la inflación subyacente, que excluye los componentes más volátiles como energía y alimentos. Este indicador se ha moderado hasta cotas algo superiores al 2%, con una desaceleración visible en los servicios, tradicional refugio de presiones inflacionistas tras la pandemia y muy vinculado a la evolución de los salarios.
Distintas casas de análisis, como Oxford Economics y otros centros de estudios europeos, interpretan las cifras de enero como señales de un entorno inflacionista mucho más benigno. Prevén que el crecimiento de los salarios nominales se siga enfriando, en un mercado laboral que comienza a mostrar algo más de holgura de la que sugerían las tasas de paro agregadas.
Las últimas proyecciones internas del BCE apuntan a que la inflación general podría situarse ligeramente por debajo del 2% en los próximos ejercicios. Para 2025 y 2026 se barajan medias anuales próximas al 2% o incluso algo inferiores, mientras que la inflación subyacente se mantendría algo por encima de ese umbral, todavía condicionada por el ajuste gradual de los salarios y de los precios en el sector servicios.
Euro fuerte, comercio global y riesgos geopolíticos
Más allá de los precios, el BCE reconoce que la apreciación del euro se ha convertido en un elemento central del debate monetario. La moneda única ha ganado terreno frente al dólar hasta niveles no vistos desde 2021, lo que abarata las importaciones de bienes y materias primas para la zona euro, reforzando las presiones desinflacionistas.
Este movimiento del tipo de cambio tiene una doble cara: por un lado, contiene el encarecimiento de las importaciones y contribuye a moderar la inflación; por otro, puede actuar como freno para los exportadores europeos al encarecer sus productos en el exterior, precisamente cuando el crecimiento global se enfrenta a vientos en contra por las tensiones comerciales.
Christine Lagarde ha reiterado que el BCE no tiene un objetivo explícito para el nivel del euro, pero admite que la divisa es un factor relevante en el análisis de la inflación y la actividad. Varios miembros del Consejo de Gobierno, así como gobernadores nacionales, han reconocido en las últimas semanas que la evolución del tipo de cambio será uno de los elementos a vigilar de cara a las próximas decisiones.
Al mismo tiempo, el banco central subraya que las perspectivas están marcadas por una elevada incertidumbre en el ámbito de la política comercial y las tensiones geopolíticas. La posible intensificación de conflictos, la introducción de nuevos aranceles o cambios bruscos en las cadenas de suministro podrían presionar de nuevo al alza los precios de la energía o de determinados bienes intermedios.
Lagarde ha dejado claro que, aunque el escenario central apunta a una inflación contenida o incluso algo por debajo del objetivo, existen riesgos en ambas direcciones: sorpresas a la baja derivadas de la apreciación del euro o de un frenazo de la demanda, y posibles repuntes ligados a la energía, a las materias primas o a nuevos cuellos de botella en la oferta.
Una economía que resiste con bajo paro y gasto público al alza
Pese a la desaceleración del ciclo, el BCE insiste en que la economía de la eurozona sigue mostrando capacidad de resistencia. El crecimiento es modesto, pero positivo: los últimos datos de Eurostat sitúan el avance del PIB en torno al 0,3% trimestral a finales de 2025, y los pronósticos para los próximos años hablan de tasas anuales cercanas al 1%.
Entre los factores que sostienen la actividad destaca el bajo nivel de desempleo en muchas economías del área del euro, así como la solidez de los balances del sector privado tras los años de política monetaria y fiscal expansiva. Este colchón financiero, especialmente en empresas y hogares con menor carga de deuda a tipos elevados, reduce la vulnerabilidad ante las condiciones financieras más tensionadas.
También tiene un papel relevante la ejecución gradual del gasto público en defensa e infraestructuras, que se ha incrementado en varios Estados miembros en respuesta a las nuevas prioridades de seguridad y a las necesidades de modernización de la economía europea. Estas inversiones, aunque no compensan por completo la debilidad de otros componentes de la demanda, proporcionan cierto apoyo al PIB.
Los últimos datos de crecimiento han sido algo mejores de lo esperado, con países como España registrando tasas de avance superiores a la media de la zona euro, mientras que otras grandes economías, como Alemania o Italia, muestran ritmos más contenidos pero alejados de una recesión profunda. Este cuadro mixto refuerza la percepción de una recuperación cíclica lenta, pero sin grandes sobresaltos por ahora.
Varios analistas apuntan a que, en este contexto, la mayoría de los miembros del Consejo de Gobierno consideran que la combinación actual de tipos estables y crecimiento moderado valida la estrategia de cautela. El banco central entiende que ya ha hecho buena parte del trabajo restrictivo y que ahora se trata más de calibrar cuánto tiempo debe mantenerse ese nivel de tensión monetaria.
Estrategia de «esperar y ver» y horizonte de tipos para 2026
El consenso entre economistas e inversores es que el BCE se siente cómodo con una estrategia de «esperar y ver». La institución repite que sus decisiones serán dependientes de los datos y se tomarán en cada reunión, sin dar una orientación explícita sobre el momento o la magnitud de las futuras bajadas.
Casas de análisis como Vanguard, Pimco o distintas firmas europeas de inversión consideran probable que el tipo de depósito permanezca en el 2% durante buena parte de 2026, salvo que se produzca un giro claro en las previsiones de inflación o un shock severo sobre el crecimiento. El listón para un cambio de rumbo se percibe alto y requeriría señales contundentes de que la inflación se instala de forma persistente por debajo de la meta.
Otros expertos matizan que, si se materializa un escenario de inflación general estabilizada en torno al 1,5%-1,7% y una subyacente en áreas cercanas al 2%, podrían abrirse las puertas a recortes adicionales de pequeña magnitud. En cualquier caso, subrayan que, si hay un próximo movimiento, lo más plausible sería una bajada y no una subida, al menos en el corto plazo.
El calendario de reuniones para 2026 ya está fijado, con citas clave en marzo, abril, junio, julio, septiembre, octubre y diciembre. No obstante, el BCE evita asociar de antemano estas fechas a decisiones concretas sobre los tipos y recuerda que sus previsiones macroeconómicas actualizadas, especialmente las de inflación, serán las que marquen el tono de las discusiones.
En paralelo a la gestión de los tipos, el banco central continúa con la reducción gradual de su balance mediante la no reinversión de los bonos que vencen en los programas de compras (APP y PEPP). Este proceso, aunque ordenado y predecible, añade cierto endurecimiento adicional a las condiciones financieras, al retirarse parte del apoyo extraordinario que se desplegó durante la crisis sanitaria y los episodios de tensión en los mercados.
Efectos sobre crédito, inversión y ahorradores
La combinación de tipos en el 2% y un balance en reducción se ha trasladado al encarecimiento del crédito a empresas y hogares respecto a los mínimos de años anteriores. Los bancos han endurecido sus criterios de concesión y la demanda de financiación se ha enfriado, especialmente en segmentos como las hipotecas y los préstamos a largo plazo para inversión empresarial.
Desde la óptica de los mercados financieros, las expectativas de tipos relativamente bajos y estables tienden a favorecer los activos de riesgo, como la renta variable, mientras que en los mercados de bonos se observa una cierta estabilización de las rentabilidades tras el ajuste previo. Bonos emitidos en fases de tipos más altos siguen resultando atractivos para los inversores que buscan rentas periódicas.
Para los ahorradores, el entorno actual implica que las remuneraciones de los depósitos bancarios y cuentas de ahorro no volverán, de momento, a los niveles más elevados vistos cuando el BCE inició el ciclo de recortes. No obstante, el tipo de referencia en el 2% sigue ofreciendo más margen que en los años de tipos negativos, permitiendo cierto retorno, aunque modesto, en productos de bajo riesgo.
Los prestatarios, por su parte, se benefician de un coste del dinero claramente inferior al vigente antes del giro a la baja en los tipos. Hipotecas a tipo variable y préstamos de consumo referenciados a índices ligados a la política monetaria del BCE han visto aliviada su carga financiera en los últimos trimestres, lo que reduce el riesgo de morosidad y libera parte de la renta disponible de los hogares.
El BCE, aun así, se muestra atento al equilibrio entre control de la inflación y apoyo a la actividad. Un endurecimiento excesivo podría terminar lastrando de forma innecesaria el crecimiento y el empleo, mientras que una relajación prematura pondría en riesgo la credibilidad del objetivo de estabilidad de precios. La línea que separa ambos riesgos es estrecha, y de ahí la insistencia en avanzar con cautela.
Tras varias reuniones sin cambios y con una inflación que se ha colocado incluso por debajo del objetivo, el BCE se mantiene en una posición de vigilancia activa, confiado en la resistencia de la economía europea pero consciente de que la apreciación del euro, las tensiones geopolíticas y la evolución del comercio mundial pueden alterar el panorama con rapidez; por ahora, el 2% se consolida como el punto de equilibrio elegido para navegar este tramo del ciclo, a la espera de que los próximos datos confirmen si la fase actual de pausa se prolonga o da paso a una nueva etapa de bajadas graduales.
Banco Sabadell ha cerrado el ejercicio 2025 con un beneficio neto atribuido de 1.775 millones de euros, una cifra que supone ganar algo menos que un año antes pero que mantiene al grupo entre las entidades más rentables del sistema financiero español. El resultado llega, además, en pleno cambio de ciclo interno y tras superar la opa lanzada por BBVA, que marcó buena parte de la narrativa del sector el año pasado.
A pesar de esta ligera caída, la entidad insiste en que, si se dejan fuera los extraordinarios contabilizados en 2024, el beneficio habría avanzado un 3,4% interanual. El banco vincula esta evolución a la mejora de la calidad del riesgo, al recorte de provisiones y al empuje del negocio en España, donde el crédito y los recursos de clientes han seguido aumentando a buen ritmo.
Beneficio, rentabilidad y política de retribución
El ejercicio se salda con un beneficio de 1.775 millones, un 2,8% menos interanual, afectado por los 109 millones de impactos extraordinarios registrados en 2024 que ya no se repiten. Sin ese efecto de base, el resultado neto muestra un avance moderado, apoyado en el crecimiento de los volúmenes y en la reducción de las dotaciones por riesgo de crédito.
En términos de rentabilidad, el banco ha llevado su RoTE (rentabilidad sobre el capital tangible) hasta el 14,3%, avanzando hacia la meta del 16% fijada para el final del Plan Estratégico 2025-2027. Esta mejora llega pese al descenso del margen de intereses derivado del entorno de tipos más bajos, compensado en parte por mayores comisiones y un control estricto de los costes.
En el capítulo de solvencia, la entidad sitúa su ratio CET1 fully loaded en el 13,65%, que queda en el 13,11% una vez se descuenta el reparto del exceso de capital entre los accionistas. Esta posición implica una generación orgánica de capital de 196 puntos básicos a lo largo de 2025 y se traduce en un colchón holgado sobre los requisitos regulatorios, con una ratio de capital total cercana al 18,23% y un MDA buffer de casi 400 puntos básicos.
El gran titular para el inversor está en la retribución: el Consejo ha dado luz verde a un programa de recompra de acciones de hasta 800 millones de euros, ya autorizado por el Banco Central Europeo. Este paquete se compone de 365 millones con cargo a las ganancias de 2025 y otros 435 millones procedentes del capital acumulado por encima del 13% CET1, y está previsto que arranque el 9 de febrero.
Si se suma esta recompra a los 700 millones ya repartidos en dividendos en efectivo a cuenta de 2025 y al pago de 0,50 euros por título como dividendo extraordinario ligado a la venta de TSB, el banco calcula que distribuirá alrededor de 4.000 millones de euros a sus accionistas en un intervalo de 12 meses. En términos de mercado, esta cifra equivale aproximadamente a una rentabilidad cercana al 9% sobre la capitalización bursátil actual.
Plan estratégico y relevo en la cúpula
La elevada remuneración al accionista se enmarca en el Plan Estratégico 2025-2027, con el que Sabadell se ha comprometido a devolver a sus dueños unos 6.450 millones de euros en ese trienio, cerca del 40% de su valor bursátil. La dirección ha reiterado que, a partir de 2026, el dividendo ordinario en efectivo por acción será superior a los 0,20 euros abonados en 2024, sin contar pagos especiales.
El consejero delegado saliente, César González-Bueno, ha subrayado que el banco vuelve a cumplir los compromisos asumidos con el mercado, lo que permite mantener intactas las guías del plan. En sus palabras, el proyecto se apoya en fundamentos de negocio sólidos y un equipo centrado en la ejecución, con el foco puesto en la rentabilidad y en una remuneración recurrente y atractiva para el accionista.
En paralelo a la presentación de resultados, el Consejo ha oficializado un cambio de calado en la primera línea directiva. Tras acordar su salida de mutuo acuerdo, González-Bueno cederá el testigo a Marc Armengol, hasta ahora responsable ejecutivo de TSB. El relevo está previsto para mayo, una vez se celebre la junta de accionistas y se reciba el visto bueno del BCE.
El banco destaca del nuevo máximo ejecutivo su perfil tecnológico y experiencia en transformación digital, rasgos que encajan con la siguiente fase del plan estratégico, en la que el uso de datos, la automatización y la inteligencia artificial ganarán peso. La salida de González-Bueno se produce tras un ciclo que la propia entidad califica de “apasionante y exitoso”, marcado por la reestructuración del grupo, la limpieza del balance y la defensa frente a la opa de BBVA.
En bolsa, la reacción inmediata del mercado ha sido de recogida de beneficios: el título llegó a caer alrededor de un 4%-5% en la sesión de resultados, en un contexto de correcciones generalizadas en la banca española tras varios meses de fuerte revalorización. Algunas casas de análisis atribuyen el ajuste al menor ritmo de actividad comercial al cierre del ejercicio y a unas previsiones para 2026 que califican de conservadoras, y al nuevo mapa del precio objetivo de la banca española.
Margen de intereses, comisiones y eficiencia
En la parte alta de la cuenta de resultados, Sabadell registró en 2025 ingresos del negocio bancario (margen de intereses más comisiones netas) de 6.221 millones de euros, lo que supone un descenso del 2,5% respecto al ejercicio anterior. El banco encadena así un año de ajuste tras el pico de beneficios derivado del fuerte repunte de tipos en 2023 y 2024.
El margen de intereses se situó en 4.837 millones de euros, con una caída del 3,7% interanual en el grupo y de algo más del 6% si se excluye TSB. Esta contracción responde, según la entidad, al impacto de los menores tipos de interés en la zona euro y a la normalización de la contribución de la cartera hipotecaria y del crédito a tipo variable, parcialmente compensada por el mayor volumen de préstamos y la gestión del coste de los depósitos.
Frente a esta presión sobre el margen puro, la palanca de las comisiones ha jugado a favor. Las comisiones netas alcanzaron 1.384 millones de euros, con un incremento del 2% a nivel grupo y del 3,6% sin contar la filial británica. El aumento se explica sobre todo por los ingresos vinculados a la gestión de activos, los fondos de inversión y los seguros, con un último trimestre especialmente fuerte por la estacionalidad de las comisiones de éxito.
La gestión de costes ha mantenido el tono de disciplina de los últimos años. Los gastos totales se situaron en 3.100 millones de euros, apenas un 0,5% por encima de 2024, lo que permite contener la ratio de eficiencia del grupo en el entorno del 49,3% incluyendo amortizaciones. Este dato indica que la mitad aproximada de los ingresos se destina a costes operativos, nivel que se considera razonable en comparación con otros bancos europeos de tamaño similar.
Si se amplía el foco a todos los ingresos, el margen bruto se redujo alrededor de un 0,8%, hasta algo más de 6.280 millones de euros, mientras que el beneficio antes de impuestos, favorecido por la caída de las provisiones, avanzó en torno a un 3,5%, hasta situarse cerca de los 2.600 millones.
Impulso comercial y crecimiento del crédito
Más allá de la cuenta de resultados, el banco subraya el dinamismo de la actividad comercial, sobre todo en España. El conjunto del grupo cerró 2025 con un crédito vivo de 160.708 millones de euros, un 2,4% más interanual. Si se excluye TSB, la inversión crediticia se eleva a 119.615 millones, con un avance del 5,4% frente a un año antes.
En el mercado doméstico, la cartera hipotecaria aumentó un 5,2%, hasta 39.800 millones de euros, en un entorno todavía marcado por tipos relativamente altos para las familias. El negocio de crédito al consumo mostró un comportamiento aún más dinámico, con un saldo de 5.400 millones y un crecimiento del 17,8% interanual, reflejando un mayor apetito de los hogares por financiar compras y proyectos personales.
El segmento de préstamos y créditos a empresas también mantuvo la senda de crecimiento, aunque a un ritmo más moderado: la cartera se situó en torno a 44.800 millones de euros, un 2,4% más que en 2024. Este avance se apoya tanto en pymes como en compañías de mayor tamaño, con un enfoque selectivo para preservar la calidad del riesgo.
En medios de pago, el banco registró un avance de la facturación de tarjetas del 6%, hasta superar los 26.600 millones de euros, mientras que el volumen gestionado a través de datáfonos y TPVs creció un 2% en el año, hasta casi 58.000 millones. Estas cifras apuntan a un uso cada vez más intensivo de los pagos electrónicos por parte de particulares y comercios.
Los recursos de clientes exTSB alcanzaron los 184.692 millones de euros a cierre de diciembre, con un incremento del 6,4%. En el conjunto del grupo, los recursos se situaron alrededor de 224.921 millones, un 4,3% más, repartidos entre depósitos en balance y productos de ahorro e inversión fuera de balance.
Depósitos, productos de inversión y recursos de clientes
En el pasivo, los recursos de clientes en balance del grupo sumaron 172.265 millones de euros, con un crecimiento del 1,6% interanual. El principal motor han sido las cuentas a la vista, que ascienden a unos 143.400 millones y aumentan un 3,7%, impulsadas por la captación de nuevos clientes y por el mantenimiento de saldos operativos de particulares y empresas.
En sentido contrario, los depósitos a plazo se redujeron hasta 28.476 millones de euros, un 8,3% menos interanual. Este descenso no responde tanto a salidas de dinero del banco como al trasvase hacia productos fuera de balance, fundamentalmente fondos de inversión, seguros de ahorro y soluciones de gestión de patrimonios, que ofrecen un potencial de rentabilidad superior en el actual contexto de tipos.
El total de recursos de clientes fuera de balance alcanzó los 52.656 millones de euros al cierre del año, lo que supone un incremento del 14% respecto a 2024. La entidad destaca la buena evolución de los fondos de inversión, con suscripciones netas positivas, junto con el crecimiento de los seguros comercializados y el desarrollo del negocio de banca privada y asesoramiento.
Esta reconfiguración de la estructura de pasivo, con más peso de los productos de inversión, encaja con la estrategia de impulsar las comisiones recurrentes y diversificar las fuentes de ingresos, al tiempo que permite optimizar el coste de la financiación y sostener la rentabilidad en un entorno de tipos menos favorables.
De cara al presente ejercicio, la entidad confía en que el impulso de los volúmenes de crédito y de los productos de ahorro e inversión se traduzca en un mayor crecimiento de ingresos una vez se diluya el efecto negativo de la caída de tipos sobre el margen de intereses, algo que, según el banco, debería apreciarse sobre todo a partir de la segunda mitad de 2026.
Provisiones, riesgo y calidad del balance
Uno de los puntos que más subraya la dirección es la mejora de la calidad del activo y la reducción del coste del riesgo. En 2025, las dotaciones a provisiones disminuyeron un 23,5% interanual, apoyadas en una caída significativa de los activos problemáticos y en la menor entrada de nueva morosidad.
El coste del riesgo de crédito se situó en 21 puntos básicos a nivel grupo y en 24 puntos básicos si se excluye TSB, cifras que reflejan un entorno de impagos contenido. El coste de riesgo total, que además de crédito incluye otros conceptos como provisiones por litigios o deterioros de activos no financieros, se redujo hasta los 31 puntos básicos en el grupo y 37 puntos exTSB.
La ratio de morosidad del grupo descendió hasta el 2,37%, desde niveles cercanos al 2,8% un año antes, y la cobertura de los activos dudosos (stage 3) con el total de provisiones aumentó hasta el 63,8%. Si se deja fuera a TSB, la ratio de mora queda en torno al 2,65% y la cobertura sube hasta cerca del 69,5%, reforzando el colchón ante posibles deterioros futuros.
En términos absolutos, el saldo de activos problemáticos (NPAs) se redujo en 877 millones de euros en la comparativa interanual, de los que 725 millones corresponden a posiciones catalogadas como stage 3 y unos 150 millones a activos inmobiliarios problemáticos. A cierre de diciembre, los NPAs se situaban en torno a 4.803 millones, con 4.119 millones en activos dudosos y unos 684 millones en adjudicados inmobiliarios.
La entidad sostiene que esta evolución ha cambiado el perfil de riesgo del banco, que hace unos años era mucho más sensible a las turbulencias macroeconómicas y ahora muestra una exposición más diversificada y con mayor nivel de coberturas. De hecho, el propio equipo gestor considera que la mejora de los activos ha sido uno de los elementos de transformación clave del grupo en los últimos ejercicios.
Capital, solvencia y generación orgánica
En el ámbito del capital, Sabadell remarca que continúa generando recursos propios de forma orgánica a ritmos elevados, lo que le permite al mismo tiempo financiar el crecimiento del crédito y sostener una política de retribución al accionista muy exigente.
La ratio CET1 fully loaded, tras considerar el reparto del exceso de capital, se mantiene en el 13,11% a final de 2025. Si se mide antes de distribuciones, alcanza el 13,65%. Durante el año, el banco ha generado 196 puntos básicos de capital de manera orgánica, con un incremento de 20 puntos básicos en el último trimestre.
El conjunto de ratios regulatorias sitúa a la entidad con un nivel de solvencia holgado frente a los mínimos requeridos. La ratio de capital total ronda el 18,23%, lo que deja un margen de seguridad (MDA buffer) de unos 391 puntos básicos, suficiente para absorber potenciales shocks sin poner en riesgo la capacidad de pagar cupones y dividendos.
Este colchón de capital es, precisamente, el que posibilita lanzar una recompra de acciones de 800 millones de euros y anunciar una distribución global de 6.450 millones en el trienio, sin comprometer los objetivos internos de solvencia ni las exigencias del supervisor europeo.
El director financiero, Sergio Palavecino, ha destacado que las dinámicas de negocio y de balance permiten autofinanciar el crecimiento del libro de crédito y, a la vez, mantener una remuneración competitiva al accionista. A su juicio, la combinación de mayor rentabilidad futura, generación de capital y disciplina en costes coloca al banco en buena posición para alcanzar sus metas de RoTE y solvencia dentro del marco temporal previsto.
TSB, resultados y venta al Santander
El ejercicio 2025 ha sido también el último año completo con TSB dentro del perímetro del grupo. La filial británica cerró el ejercicio con un beneficio neto individual de 259 millones de libras, lo que representa un incremento del 24,7% frente a 2024. En términos de contribución al grupo, aportó 318 millones de euros, un 25,6% más que en el ejercicio anterior.
En la cuenta de resultados de TSB, el margen de intereses creció un 7,2%, hasta 1.056 millones de libras, impulsado por el negocio hipotecario y la gestión del pasivo, mientras que las comisiones se redujeron un 15,5%, hasta cerca de 77 millones de libras, en parte por cambios en la estructura de tarifas y por un entorno competitivo intenso en el mercado minorista británico.
Los costes totales de la filial descendieron alrededor de un 2,6%, hasta situarse por debajo de los 750 millones de libras, reflejando el impacto de los planes de eficiencia y la digitalización de procesos. Este ajuste, junto con el crecimiento del margen de intereses, explica el fuerte repunte de su beneficio.
En el plano corporativo, Sabadell cerró con Banco Santander la venta de TSB por 2.650 millones de libras a fecha 31 de marzo de 2025. A esa cantidad se le suma el incremento del valor neto contable tangible (TNAV) generado desde entonces, que ya alcanza los 154 millones de libras y que se añadirá al precio final en el momento en que se formalice la operación, previsiblemente en el segundo trimestre de 2026, una vez obtenidas las autorizaciones regulatorias pendientes.
El banco ha vinculado a esta transacción un dividendo extraordinario de 0,50 euros por acción, que, como se ha mencionado, se integrará en el paquete total de 4.000 millones de euros a abonar a los accionistas en un plazo de un año. Será, además, el cierre de una etapa en la que el negocio británico ha pasado de ser uno de los focos de riesgo de la entidad a convertirse en un activo rentable por el que otro gran banco europeo paga una prima relevante.
Con la salida de TSB, Sabadell orientará su perímetro hacia un modelo más centrado en España y con una presencia internacional limitada, fundamentalmente en mercados como México, donde la entidad mantiene una actividad más reducida, y en ciertos negocios especializados que no requieren una red física amplia.
Objetivos y previsiones para 2026
Mirando al futuro inmediato, el banco mantiene las grandes líneas de su Plan Estratégico 2025-2027. Para 2026, anticipa un RoTE recurrente del 14,5% en el perímetro sin TSB y un crecimiento del margen de intereses superior al 1%, una vez se estabilice el impacto de los tipos y el empuje de los volúmenes se traslade de forma más directa a la cuenta de resultados.
La entidad espera también un avance de las comisiones de un dígito medio, apoyado en la mayor penetración de productos de inversión y seguros entre su base de clientes, y un aumento de los costes de alrededor del 3%, ligado en buena parte a inversiones en tecnología, talento especializado y proyectos de transformación digital.
En materia de riesgo, el banco proyecta para 2026 un coste de riesgo total en el entorno de los 40 puntos básicos, lo que implicaría un nivel aún manejable, aunque ligeramente por encima de los mínimos de 2025. La dirección considera que este punto de partida es compatible con el mantenimiento de una ratio de morosidad contenida y con coberturas elevadas.
Entre los objetivos operativos, Sabadell aspira a aumentar la actividad comercial en España por encima del ritmo del mercado en la mayoría de los segmentos, consolidar su posición en financiación de empresas y consumo, elevar la cartera de crédito de forma selectiva y seguir afinando la estructura de costes para preservar la eficiencia.
La entidad confía en que la combinación de crecimiento orgánico del negocio, disciplina en el riesgo, eficiencia operativa y generación de capital permita cumplir con la meta de un RoTE del 16% al final del plan, manteniendo al mismo tiempo una retribución elevada y sostenible para los accionistas.
Con un beneficio de 1.775 millones, una rentabilidad del 14,3% sobre el capital tangible, un programa de recompra de 800 millones y el compromiso de repartir 6.450 millones hasta 2027, Banco Sabadell afronta la nueva etapa post-opa y post-TSB apoyado en un balance más saneado, una base de negocio en España que gana tracción y una agenda clara en materia de digitalización y eficiencia, mientras el mercado evalúa si las guías ofrecidas encajan con las elevadas expectativas generadas por el ciclo alcista de la banca.
BBVA ha cerrado el ejercicio 2025 con el mayor beneficio de su historia, impulsado por el tirón del crédito, el aumento de los ingresos recurrentes y una rentabilidad situada en la parte alta del sector europeo. La entidad deja atrás el episodio de la opa fallida sobre Sabadell apoyándose en unas cuentas que baten todas sus marcas previas.
El grupo consiguió un resultado atribuido de 10.511 millones de euros, lo que supone un avance del 4,5% en euros corrientes frente a 2024 y del 19,2% a tipos de cambio constantes. Estos datos consolidan una senda de varios años de crecimiento sostenido del beneficio, respaldada por una base de clientes en expansión, mejora de márgenes y disciplina de costes.
Evolución del negocio y récord en los márgenes
El motor de estas cifras ha sido el fuerte dinamismo de la actividad. El crédito a la clientela avanzó un 16,2% en términos constantes, con ganancias de cuota en la mayoría de los mercados en los que opera el banco. Este mayor volumen, especialmente en segmentos de mayor rentabilidad, ha permitido elevar la capacidad de BBVA para sacar partido a su balance.
En la parte alta de la cuenta de resultados, el margen de intereses alcanzó 26.280 millones de euros, con un incremento cercano al 14% a tipos de cambio constantes, apoyado en los principales mercados del grupo. El margen de intereses sobre activos totales medios subió hasta el 3,27% en el cuarto trimestre, frente al 3,17% de un año antes, reflejando una mejora en la rentabilidad de los activos.
Las comisiones netas sumaron 8.215 millones de euros, con un crecimiento de doble dígito en términos constantes gracias, sobre todo, a los medios de pago y a la gestión de activos. La combinación de margen de intereses y comisiones llevó los ingresos recurrentes hasta 34.496 millones, un 14,1% más que en 2024.
El margen bruto se situó en 36.931 millones de euros, con un avance del 16,3% a tipos de cambio constantes. Este repunte permitió absorber sin problemas el aumento de los gastos, mantener lo que en la jerga del sector se conoce como mandíbulas positivas y mejorar la eficiencia del grupo.
Los gastos de explotación ascendieron a 14.332 millones de euros, tras crecer en torno a un 10% en términos constantes, impulsados por mayores costes de personal, tecnología y actividades comerciales. La fortaleza del margen bruto compensó este incremento y se tradujo en una ratio de eficiencia del 38,8%, mejorando más de dos puntos porcentuales frente al año anterior.
Como resultado de todo lo anterior, el margen neto alcanzó los 22.599 millones de euros, un 20,4% por encima del registrado en 2024 y el nivel más alto alcanzado por la entidad. Esta evolución, junto con la contención del riesgo, ha sido clave para el nuevo récord de beneficios.
Riesgo, solvencia y calidad del balance
El crecimiento del negocio vino acompañado de un aumento de las dotaciones por deterioro de activos financieros, que sumaron 6.073 millones de euros, un 15,5% más que el año anterior. El incremento se concentra principalmente en las carteras minoristas, coherente con el fuerte avance del crédito.
A pesar de ese mayor esfuerzo en provisiones, los indicadores de calidad del activo muestran una foto sólida. El coste de riesgo acumulado cerró en el 1,39%, mientras que la tasa de mora se situó en el 2,7% y la cobertura alcanzó el 85%. En España, el coste de riesgo se redujo hasta el 0,34% y la morosidad bajó al 3,1%, con una cobertura del 67%.
En términos de capital, el banco mantuvo un ratio CET1 fully loaded del 12,7% al final del ejercicio, por encima del rango objetivo de la entidad, situado entre el 11,5% y el 12%, y claramente por encima de los mínimos regulatorios. Esta posición permite a BBVA combinar crecimiento orgánico, retribución al accionista y programas de recompra.
La entidad resalta también la evolución del valor contable tangible por acción más dividendos, que aumentó a doble dígito, reflejando la creación de valor para los accionistas más allá del beneficio contable. Todo ello en un ejercicio condicionado por la política monetaria del Banco Central Europeo y por la corrección del precio del dinero tras las subidas previas de tipos.
Dividendo histórico y programa de recompra
Con cargo al resultado de 2025, BBVA propondrá el mayor dividendo en efectivo de su historia. En total, la entidad prevé distribuir 0,92 euros brutos por acción, íntegramente en metálico, lo que supone un desembolso de unos 5.249 millones de euros, un 31% más que la remuneración en caja correspondiente a 2024.
De esa cantidad, el banco ya abonó 0,32 euros por acción en noviembre como dividendo a cuenta. El pago complementario previsto es de 0,60 euros por acción, pendiente de la aprobación de los órganos sociales y programado para abril de 2026. La política de distribución se sitúa en torno al 50% del beneficio atribuido.
Además del dividendo, el grupo ha puesto en marcha un plan extraordinario de recompra de acciones por 3.960 millones de euros. El primer tramo, de 1.500 millones, ya estaba ejecutado en torno al 43% a finales de enero, según la información remitida al mercado. La entidad mantiene su compromiso de regresar al accionista el exceso de capital que supere la parte alta de su rango objetivo.
La combinación de dividendos y recompras supera los 9.200 millones de euros, una cifra que sitúa a BBVA entre los bancos europeos con una política de retribución más intensa. Pese a ello, el ratio CET1 se mantiene confortablemente dentro del rango definido por la entidad.
España y México, pilares del beneficio del grupo
Por áreas geográficas, España y México concentran la mayor parte del beneficio. En el mercado doméstico, BBVA España registró un resultado atribuido histórico de 4.175 millones de euros, con un crecimiento del 11,3% frente al año anterior gracias al aumento de los ingresos recurrentes, la estabilidad de los costes y menores saneamientos.
En España, la nueva producción de crédito creció alrededor del 8%, con especial intensidad en las empresas de mayor tamaño, el sector público y las compañías medianas. El margen de intereses avanzó en torno a un 3%, las comisiones crecieron en una proporción similar y los gastos se redujeron ligeramente, lo que se tradujo en una mejora de la eficiencia local.
México se mantuvo como el principal motor de resultados del grupo, con un beneficio atribuido en el entorno de los 5.264 millones de euros. El crédito en este país aumentó a ritmos de un dígito alto, con avance en el negocio minorista y en el segmento de consumo, mientras los ingresos recurrentes siguieron creciendo gracias al margen de intereses y a las comisiones.
El área de banca mayorista y resto de negocios, que incluye la actividad de Corporate & Investment Banking y otras operaciones internacionales, contribuyó con alrededor de 627 millones de euros, beneficiándose de la financiación de proyectos y de la actividad corporativa en Europa, Estados Unidos y Asia.
Clientes, digitalización y apuesta por la inteligencia artificial
Más allá de las cifras puras, BBVA subraya que su estrategia pasa por una visión radicalmente centrada en el cliente. Esta orientación ha permitido al banco mantener posiciones de liderazgo en la valoración de sus usuarios, medida a través del índice Net Promoter Score (NPS), en la mayoría de los mercados donde opera.
Durante 2025, la entidad incorporó 11,5 millones de nuevos clientes, de los cuales aproximadamente dos tercios llegaron a través de canales digitales. La base de clientes activos supera ya los 80 millones a nivel global, con una penetración creciente de la banca móvil y de los servicios en línea.
La innovación y la inteligencia artificial ocupan un lugar central en el plan estratégico. El banco ha desplegado ocho iniciativas principales basadas en IA, entre las que destaca su asesor digital Blue, herramientas de apoyo para gestores, soluciones de automatización de procesos y aplicaciones específicas para riesgos y desarrollo de software.
En este terreno, BBVA ha sellado una alianza estratégica con OpenAI con el objetivo de acelerar la adopción de estas tecnologías, mejorar la personalización de la oferta y reforzar la eficiencia interna. La entidad considera que estas capacidades serán clave para competir en los próximos años y para seguir ampliando la base de clientes digitales.
Paralelamente, el grupo ha mantenido un fuerte impulso en sostenibilidad. En 2025 canalizó 134.000 millones de euros en negocio sostenible, un 44% más que en 2024, y el negocio transfronterizo de empresas creció un 20% en euros constantes, consolidando el papel del banco en la financiación de proyectos alineados con la transición energética y el desarrollo sostenible.
Rentabilidad, mercado y perspectivas
En términos de rentabilidad, BBVA se situó de nuevo entre las entidades más rentables de Europa. La rentabilidad sobre el capital tangible (ROTE) fue del 19,3%, mientras que la rentabilidad sobre fondos propios (ROE) se aproximó al 18,5%. El banco aspira a mantener estos niveles, o incluso superarlos ligeramente, en el ejercicio 2026.
La entidad reconoce, no obstante, que el comportamiento de la acción en Bolsa tras la publicación de resultados ha sido exigente. Parte del mercado ha acusado el impacto de mayores provisiones, de una evolución algo más contenida de algunas filiales y del nuevo contexto de tipos de interés en la zona euro.
Desde la dirección se insiste en que el banco está “en su mejor momento” y bien posicionado para cumplir sus objetivos a medio plazo. Entre las metas anunciadas figuran mantener una rentabilidad en torno al 20%, preservar o mejorar la eficiencia, sostener un crecimiento de ingresos de un dígito alto y seguir distribuyendo el exceso de capital mediante dividendos y recompras.
De cara a 2026, las previsiones internas apuntan a un crecimiento adicional del crédito en los principales mercados, con avances de alrededor del 5% en España y de un dígito alto en México. El banco también anticipa que la inversión en tecnología y datos seguirá aumentando, si bien espera que la mejora de los ingresos compense estas partidas.
En este contexto, BBVA prevé que la eficiencia del grupo se mantenga por debajo del 40% y que los indicadores de riesgo continúen en niveles sólidos, apoyados en una gestión prudente y en herramientas de análisis cada vez más sofisticadas.
El cierre de 2025 deja a BBVA con un beneficio récord, una rentabilidad sobresaliente y una retribución al accionista sin precedentes, apoyado en el crecimiento del crédito, la solidez de los márgenes y una estrategia que combina digitalización, inteligencia artificial y sostenibilidad. Con una posición de capital sólida y una base de clientes en expansión, la entidad encara 2026 con el reto de volver a superar sus propias marcas en un entorno competitivo y de tipos de interés en plena transición.
El banco francés BNP Paribas ha cerrado 2025 con un incremento notable de sus beneficios y una revisión al alza de sus metas de rentabilidad para los próximos años. En un contexto de tipos de interés todavía favorable en la eurozona, la entidad consolida su posición entre los grandes grupos financieros europeos y ajusta su plan estratégico con una mirada puesta en 2028.
Lejos de limitarse a presentar unas cuentas positivas, el grupo aprovecha la inercia del ejercicio 2025 para endurecer sus propias exigencias internas, especialmente en términos de rentabilidad sobre el capital tangible (RoTE) y de eficiencia de costes. El nuevo marco de objetivos llega acompañado de un ambicioso programa de ahorro y transformación de sus funciones de soporte.
Beneficio neto al alza y crecimiento de los ingresos en 2025
Durante el ejercicio 2025, BNP Paribas obtuvo un beneficio neto atribuido de 12.225 millones de euros, lo que se traduce en una subida del 4,6% frente al año anterior. Este avance se apoya en un comportamiento sólido de sus principales líneas de negocio, tanto en banca minorista como en actividades de mercados y servicios financieros especializados.
La cifra de negocio del grupo, equivalente a sus ingresos totales, alcanzó los 51.223 millones de euros, con un incremento interanual del 4,9%. Este repunte de la facturación refleja, en buena medida, el entorno de tipos de interés estructuralmente más elevados en Europa, que continúa favoreciendo los márgenes de intermediación de la banca tradicional.
En paralelo, las dotaciones destinadas a cubrir el riesgo de crédito se situaron en 3.350 millones de euros, un 11,7% más que en 2024. Este aumento de las provisiones responde a una gestión prudente del balance en un escenario todavía marcado por la incertidumbre económica, aunque con señales de estabilización en la calidad de los activos en varias geografías europeas.
Dentro de ese total, 795 millones de euros correspondieron al cuarto trimestre de 2025, lo que supone, en cambio, una reducción del 9,5% frente al mismo periodo del año anterior. Este descenso en la recta final del ejercicio sugiere cierta normalización del coste del riesgo tras los ajustes más intensos de años previos.
Un cuarto trimestre récord impulsa la revisión de objetivos
El tramo final del año resultó especialmente favorable. Entre octubre y diciembre de 2025, BNP Paribas registró un beneficio neto atribuido de 2.972 millones de euros, cifra que representa un salto del 28% respecto al cuarto trimestre de 2024. Esta aceleración en el último trimestre ha sido clave para reforzar la confianza del banco en su hoja de ruta a medio plazo.
En cuanto a los ingresos trimestrales, la entidad alcanzó los 13.113 millones de euros, un 8% más que en el mismo periodo del ejercicio precedente. La combinación de mayor volumen de actividad, una estructura de tipos favorable y el efecto de las medidas de eficiencia ha permitido mejorar de forma notable la rentabilidad de las operaciones.
El consejero delegado, Jean-Laurent Bonnafé, subrayó que el grupo firmó un cuarto trimestre “récord” con unos resultados operativos muy sólidos. Sobre la base de estas cifras y del entorno de tipos, el máximo responsable de la entidad confirmó que el banco mantiene sus metas para 2026 y, además, eleva el listón de rentabilidad fijado para 2028.
Esta combinación de crecimiento de ingresos, control de costes y prudencia en provisiones ha permitido a BNP Paribas reforzar su narrativa ante inversores y reguladores europeos, presentando un perfil de riesgo contenido y una capacidad elevada para generar capital de forma orgánica de cara a los próximos ejercicios.
Metas financieras para 2026: rentabilidad y crecimiento sostenido
En el marco de su plan estratégico vigente, BNP Paribas mantiene su objetivo de alcanzar un RoTE del 12% en 2026. Esta referencia de rentabilidad sobre el capital tangible se considera un umbral competitivo dentro del sector bancario europeo, donde la presión regulatoria y las exigencias de capital suelen limitar los retornos.
Además, el banco sigue apuntando a un crecimiento anual compuesto del beneficio neto superior al 7% en el periodo 2024-2026. Este ritmo, que se apoya tanto en el impulso de los ingresos como en los planes de ahorro, sitúa a la entidad en una posición de crecimiento moderado pero sostenido en el conjunto del sector europeo.
En paralelo, la entidad prevé que su cifra de negocio crezca a una tasa media superior al 5% anual en ese mismo tramo 2024-2026. Esta proyección contempla un escenario en el que la actividad económica en Europa se mantiene en expansión modesta, sin descartar episodios de volatilidad derivados de factores geopolíticos o de cambios en la política monetaria.
La combinación de estos objetivos de ingresos y beneficios persigue consolidar un modelo de banca diversificada, con presencia relevante en varias geografías europeas, y reforzar el peso de actividades con mayor valor añadido, como la gestión de activos, los servicios de banca corporativa y de inversión o las soluciones de financiación avanzada.
Revisión al alza de la rentabilidad y la eficiencia para 2028
Mirando más allá de 2026, BNP Paribas ha decidido endurecer sus propias metas para el horizonte de 2028. La entidad eleva su objetivo de RoTE a un nivel “superior al 13%”, por encima de la referencia anterior, que se situaba exactamente en el 13%. Este matiz refleja la confianza del grupo en su capacidad para seguir mejorando la rentabilidad apoyándose en la eficiencia y en el crecimiento orgánico.
Junto a ese aumento en la meta de rentabilidad, el banco prevé ahora una ratio de eficiencia de costes inferior al 56%, frente al 58% que manejaba en su plan previo. La ratio de eficiencia mide la relación entre los gastos operativos y los ingresos, de modo que una cifra más baja implica una mayor capacidad para transformar ingresos en beneficios.
Esta revisión al alza de las metas de rentabilidad y al recorte de la ratio de costes sitúa a BNP Paribas entre las entidades que aspiran a liderar la banca europea en términos de eficiencia, un terreno donde la presión tecnológica y la competencia de nuevos actores digitales es cada vez más intensa.
El banco confía en que, a medida que avance el plan de transformación iniciado en 2022, la mejora de procesos y la digitalización permitan seguir rebajando el peso relativo de los gastos de estructura, especialmente en las funciones de soporte y en aquellas actividades más intensivas en recursos administrativos.
Plan de transformación y ahorro de costes: el otro pilar de la estrategia
Uno de los ejes centrales de la hoja de ruta del grupo es el programa de transformación estructural de sus funciones de soporte, destinado a reforzar el impacto de las iniciativas de eficiencia operativa que se vienen aplicando desde 2022. Este plan incluye, entre otros aspectos, la simplificación de procesos internos, la automatización de tareas y una mayor integración de herramientas digitales.
Según ha explicado la entidad, las medidas implementadas hasta 2025 generaron 800 millones de euros en ahorros de costes recurrentes, superando las previsiones iniciales, que apuntaban a 600 millones. Este diferencial positivo confirma que el despliegue de las iniciativas de eficiencia está evolucionando mejor de lo esperado.
De cara a los próximos años, BNP Paribas espera que las acciones adicionales previstas para 2026 aporten otros 600 millones de euros en ahorros. Si se cumplen estas estimaciones, el volumen total de recortes de costes recurrentes entre 2022 y 2026 alcanzaría los 3.500 millones de euros, claramente por encima de los 2.900 millones inicialmente proyectados.
Este esfuerzo de racionalización de gastos no solo pretende mejorar la cuenta de resultados, sino también reforzar la capacidad del banco para seguir invirtiendo en áreas clave como la tecnología, la ciberseguridad, la sostenibilidad y el desarrollo de nuevos productos financieros adaptados a las necesidades de empresas y particulares en Europa.
Todo este proceso de transformación se está llevando a cabo, según el grupo, buscando un equilibrio entre eficiencia y mantenimiento de la calidad del servicio, con especial atención a la red de clientes en mercados como Francia, Bélgica, Italia y otros países del entorno europeo donde BNP Paribas mantiene una fuerte presencia.
Perspectivas de crecimiento del beneficio entre 2025 y 2028
Apoyado en el avance de los ingresos y en la mejora de la relación coste-beneficio, BNP Paribas ha revisado también al alza sus expectativas de crecimiento del beneficio neto para los próximos años. La entidad se marca ahora como objetivo un crecimiento medio anual del beneficio neto atribuido superior al 10% en el periodo 2025-2028.
Este ritmo de avance supone un salto significativo respecto al 7% previsto para el intervalo 2024-2026, lo que refleja el impacto esperado de las medidas de eficiencia adicionales, la consolidación de los negocios más rentables y el mantenimiento de un entorno de tipos de interés todavía favorable, aunque con cierta normalización progresiva.
Con este nuevo listón, el banco aspira a reforzar el atractivo de su perfil de inversión frente a otros grandes actores financieros europeos, en un momento en el que el mercado sigue premiando a las entidades capaces de generar rentabilidades sostenidas sobre el capital con una volatilidad contenida.
Desde la perspectiva de los reguladores y supervisores europeos, la combinación de mayores beneficios, provisiones prudentes y ahorro de costes contribuye a consolidar una posición de solvencia robusta para el grupo, algo especialmente relevante en un contexto marcado por exigencias de capital más estrictas y por la aplicación plena de los estándares de Basilea.
En definitiva, la entidad francesa encara los próximos años con un plan financiero más exigente pero respaldado por los resultados de 2025 y por un proceso de transformación interna que ya está dejando huella en la cuenta de resultados. Si se cumplen las previsiones, BNP Paribas avanzará hacia un nivel de rentabilidad y eficiencia que la situaría en la parte alta del ranking de la gran banca europea.
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