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El desafío de los planes de pensiones en las empresas españolas ante el horizonte de jubilación


Planes de pensiones corporativos

A día de hoy, la jubilación es un tema que quita el sueño a más de uno. A pesar de que se habla mucho del ahorro para el futuro, lo cierto es que en España los sistemas de ahorro colectivo que impulsan las empresas apenas llegan a una cuarta parte del tejido productivo. Esta situación, que parece haberse quedado congelada en el tiempo desde hace casi una década, pone de manifiesto una realidad incómoda: dependemos demasiado de la hucha pública y nos falta ese colchón extra que en otros países vecinos es lo más normal del mundo.

No es solo una cuestión de falta de ganas por parte de los trabajadores, sino que hay todo un entramado de barreras económicas y culturales que frenan el desarrollo de estos planes. Mientras que en el resto de Europa la cobertura es mucho más amplia, aquí nos encontramos con que solo un pequeño porcentaje de la población activa cuenta con el apoyo de su empresa para ir guardando algo de dinero de cara al retiro, lo que a la larga podría traducirse en una pérdida de calidad de vida importante cuando llegue el momento de dejar de trabajar.


Ahorro para la jubilación en el trabajo

Si echamos un vistazo a los datos más recientes, vemos que el panorama es bastante desigual según a qué se dedique la empresa. El sector financiero, por ejemplo, es el que más se pone las pilas, con más de un 60% de sus compañías ofreciendo estos beneficios. En el otro lado de la balanza tenemos al transporte y la logística, donde apenas un 17% de las entidades facilita este tipo de ahorro a su plantilla. Esta disparidad deja claro que no todos los trabajadores tienen las mismas facilidades para complementar su futura pensión pública.

Lo curioso es que, aunque el interés por estos productos ha crecido tras la pandemia, la realidad práctica sigue estancada en ese 27% de empresas. Es llamativo que, dentro del grupo que sí ofrece planes, una de cada tres compañías dispone de varios tipos de planes de pensiones, adaptándose a los diferentes perfiles de sus empleados. Sin embargo, para la gran mayoría de los asalariados españoles, el concepto de plan de empleo sigue siendo algo que suena bien pero que no ven reflejado en sus condiciones laborales.

La comparativa con Europa y el peso de la demografía

Cuando nos comparamos con nuestros vecinos europeos, la diferencia es más que evidente. En España, solo el 15% de la gente que trabaja tiene un plan de este tipo, mientras que la media europea se sitúa en el 28%. Esta distancia nos pone en una situación de vulnerabilidad, ya que dependemos casi exclusivamente de la pensión del Estado. Los expertos advierten que, con el envejecimiento de la población, el sistema público va a estar cada vez más tensionado y la tasa de reemplazo en la jubilación podría sufrir recortes en el futuro.

Futuro de las pensiones en las empresas

Las proyecciones para el año 2050 no son precisamente para tirar cohetes. Se espera que el gasto público en pensiones ronde el 17% del PIB, una cifra altísima que obligará a hacer ajustes. Por eso, fomentar el ahorro desde la empresa no es solo una buena idea, sino una necesidad para evitar que la brecha entre el último sueldo y la pensión sea un abismo. Actualmente, las empresas que sí aportan suelen destinar, de media, un 3,6% del salario del trabajador a estos fondos, una cantidad que se considera un buen punto de partida pero insuficiente si se empieza tarde.

Obstáculos y posibles soluciones para las empresas

Muchos directivos señalan que no es que no quieran ayudar a sus empleados, sino que se topan con muros difíciles de saltar. El principal problema es el compromiso financiero a largo plazo, que en un contexto de costes laborales al alza, asusta a muchas pymes. Además, casi la mitad de los responsables empresariales piden a gritos mejores incentivos fiscales para que les salga a cuenta conformar un plan de pensiones a la medida. Sin una ayuda clara por parte de la administración, es difícil que el número de empresas participantes crezca de forma notable.

Otro punto clave es la educación financiera. Existe todavía mucho desconocimiento sobre cómo funcionan estos productos y las ventajas que tienen tanto para la empresa como para el trabajador. A menudo, se ven como algo complejo o solo para altos directivos, cuando la realidad es que más del 60% de estos planes se dirigen a toda la plantilla. Mejorar la transparencia y explicar bien los beneficios de la retribución flexible o las aportaciones mixtas podría ser el empujón definitivo que necesita el sector para despegar de una vez por todas.

La sostenibilidad de nuestro modelo de bienestar a largo plazo depende de que seamos capaces de integrar estos sistemas de ahorro de forma natural en nuestra cultura laboral. Con un horizonte demográfico donde habrá más jubilados que nunca, reforzar el ahorro complementario desde el puesto de trabajo se convierte en una herramienta fundamental para que el retiro no suponga un bache económico, asegurando que las generaciones venideras tengan un respaldo sólido más allá de la hucha común del Estado.


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El IPRI apunta al aumento de las presiones inflacionistas tras el inicio del conflicto en Oriente Próximo

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Evolución histórica desde 2000 a 2025

El índice de precios industriales (IPRI) informa de la evolución de los precios de los bienes industriales a la salida de fábrica, a lo largo de toda la cadena de producción, es decir, tanto de bienes destinados a consumo final como de bienes intermedios, productos semielaborados o bienes de capital, por lo que es un indicador de las presiones inflacionistas por el lado de la oferta o de los costes.

En la evolución histórica de este indicador se aprecian tres etapas (gráfico de la izquierda). En la primera, desde el año 2000 hasta 2012, tuvo lugar un crecimiento intenso, del 45,4%, superior al registrado por la media de la eurozona, lo que apunta a una pérdida de competitividad. En una segunda etapa, desde 2012 hasta 2019, el índice mantuvo una notable estabilidad, tanto en España como en general en el conjunto de la eurozona. Finalmente, en el último periodo, desde 2019, los precios industriales crecieron con vigor hasta 2022, para después bajar levemente en 2023 y 2024, y mantenerse relativamente estables en 2025, patrón muy similar al del resto de la eurozona, con un crecimiento acumulado al final del periodo con respecto a 2019 del 41,3%, por encima de la media europea.


No obstante, en esta última etapa, a diferencia de lo sucedido en la primera, el peor desempeño del IPRI en España procedió de tan solo cinco de las 24 ramas que integran las manufacturas –productos derivados del petróleo, otros equipos de transporte, papel, bebidas y alimentación–, lo que matiza la conclusión en cuanto a pérdida de competitividad que podría extraerse en una primera lectura.

Evolución desde el inicio del conflicto en Oriente Próximo

La tendencia ligeramente descendente que venía registrando el índice desde 2022 se ha visto truncada por el estallido del conflicto en Oriente Próximo. Desde ese momento, los precios industriales han iniciado una trayectoria fuertemente alcista, debido al encarecimiento de los productos energéticos, de las materias primas y de otros bienes intermedios como consecuencia de la interrupción de las cadenas de suministro por el bloqueo del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz.

Así, en el caso de España, este índice ha pasado de registrar una tasa de crecimiento de -7,1% en febrero al 3,1% en marzo, intensificándose, hasta el 8,4% en abril, por encima de la media de la eurozona (gráfico de la derecha). El repunte se observa en prácticamente todos los componentes del índice, siendo además el diferencial con respecto a la media europea desfavorable para España en la mayoría de ellos.

Cabe destacar el fuerte crecimiento de los precios en el sector de derivados de petróleo, cuya tasa interanual en abril se situó en el 70,1%. También la rama de electricidad y gas, que alcanzó una tasa del 5,8%, desde un -28,1% en febrero. En cuanto a la industria de la alimentación, su tasa ascendió desde un -0,2% hasta un 0,5%.

Esta evolución reciente pone de manifiesto la existencia de presiones inflacionistas generalizadas por el lado de la oferta, derivadas del aumento de costes. Además, estas son mayores en España que en la media de la eurozona, lo que, de mantenerse, como sucedió en etapas anteriores, podría implicar una pérdida de competitividad. También es interesante mencionar la evolución de este indicador concretamente en la industria de la alimentación, por su potencial impacto en la cesta de la compra de los consumidores: aunque su subida es más contenida, también apunta a un aumento de las presiones inflacionistas en el sector, que en algún momento pueden acabar trasladándose a los precios finales al consumo.

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El euríbor puede haber tocado techo

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La tasa de inflación de la eurozona aumentó en mayo hasta el 3,2%, lo que supone un ascenso de 1,3 puntos porcentuales con respecto a la tasa registrada en febrero, antes del inicio de la guerra en Oriente Próximo. Si el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz empieza a normalizarse en las próximas semanas, los precios de los productos energéticos no seguirán escalando, pero se mantendrán en niveles elevados, al igual que los de otras materias primas, tensionando los costes de producción. Se espera, por tanto, que las tasas de inflación de los alimentos y de otros componentes sigan ascendiendo durante un tiempo.

En lo inmediato, el índice de precios industriales –un importante indicador de presiones inflacionistas por el lado de la oferta– ha experimentado recientemente fuertes repuntes en la mayoría de los países del área. También la encuesta PMI de manufacturas de mayo reporta notables subidas en los precios de los insumos y crecientes problemas en las cadenas de suministro, así como la intención de las empresas de trasladar los mayores costes hacia los precios de venta a sus clientes.

Con este panorama, es prácticamente seguro que el Banco Central Europeo elevará los tipos de interés en su reunión de esta semana hasta el 2,25%, y los mercados descuentan, al menos, otra subida de tipos en julio. No está claro si habrá una subida adicional, ya que la probabilidad con la que los mercados la descuentan sube o baja en función de los altibajos en las negociaciones entre EE. UU. e Irán. El endurecimiento de la política monetaria en un contexto como el actual, en el que la inflación procede de un shock de oferta, tiene por objeto trasladar un mensaje de compromiso firme con el objetivo de inflación, y evitar que las expectativas con respecto a la misma se “desanclen” y se pongan en marcha efectos de segunda ronda. Por eso una de las variables que la autoridad monetaria vigila más estrechamente son los salarios.


Las subidas de tipos que se dan por seguras, hasta el 2,5%, ya están plenamente incorporadas en el euríbor a un año –índice de referencia para las hipotecas–, que desde hace varias semanas se mantiene estable, con pequeños altibajos, en torno al 2,8% (gráfico), el nivel más elevado en año y medio. Si el conflicto no se prolonga más allá de junio, este índice habría tocado techo en dicho nivel, pudiendo incluso iniciar una tendencia descendente después del verano, si la inflación no da sorpresas negativas, puesto que ya se empezarían a descontar bajadas de tipos en algún momento a lo largo de 2027. Si el conflicto se prolonga, el impacto inflacionista sería más severo, pero, en general, se asume que las subidas de tipos no llegarían muy lejos, ya que el propio shock de oferta tendría un efecto fuertemente contractivo sobre la economía. En ese caso el euríbor a un año seguiría ascendiendo hasta quizás el 3%, aunque en tal escenario el panorama sería enormemente incierto y todo se volvería más impredecible.

Este artículo se publicó originalmente en el diario La Vanguardia.

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El Bono Sevilla regresa para impulsar el comercio local con descuentos en alimentación y hostelería


Bono Sevilla para el comercio local

El Ayuntamiento de Sevilla ha puesto de nuevo en circulación una de las iniciativas más esperadas por los vecinos para dar un respiro a la economía familiar. El programa de descuentos, conocido popularmente como Bono Sevilla, busca dinamizar las ventas en los negocios de barrio y fomentar que el gasto de los ciudadanos se quede en el tejido comercial de la propia ciudad, especialmente en un momento donde el coste de la vida sigue apretando.

Esta edición llega con novedades importantes que facilitan que el ahorro llegue a más gente en su día a día. A diferencia de años anteriores, la medida no solo se centra en tiendas de ropa o complementos, sino que se ha abierto el abanico a la alimentación y la hostelería, permitiendo que los vales se utilicen para llenar la despensa o para disfrutar de una comida en familia en los establecimientos que se han sumado a la red oficial.

Funcionamiento del sistema de bonos y ahorro generado


Ahorro con el Bono Sevilla

El mecanismo es bastante sencillo y directo para el consumidor. Por cada bono que se adquiere, el usuario paga 15 euros, pero a la hora de pasar por caja en la tienda, ese mismo vale tiene un valor real de 25 euros. Esto supone que el consistorio subvenciona 10 euros por cada unidad, lo que se traduce en un descuento del 40% en cada compra mínima requerida, una cifra nada desdeñable para los que buscan optimizar su presupuesto mensual.

Aunque el lanzamiento sufrió un pequeño traspié y tuvo que retrasarse 24 horas por problemas técnicos en la plataforma de venta, el interés no ha decaído. Finalmente, la venta se activó el miércoles 3 de junio, permitiendo que miles de sevillanos se hicieran con sus códigos QR. Es fundamental tener en cuenta que para aplicar el descuento, el ticket de compra debe ser de al menos 25 euros; si el importe es inferior, el sistema no permite validar el bono, obligando al usuario a completar la cifra con algún artículo extra.

Cada persona mayor de edad y empadronada en la capital puede hacerse con un máximo de cinco bonos, lo que permite alcanzar un ahorro acumulado de 50 euros si se canjean todos de forma correcta. Para quienes decidan agotar su cupo, la inversión total será de 75 euros para obtener un poder de compra de 125 euros en los comercios locales adheridos, algo que viene de perlas para afrontar los gastos previos a las vacaciones de verano.

Requisitos y plazos para no perder la inversión

Comercio local en Sevilla

Para poder participar en esta campaña, existen unas reglas del juego muy claras que conviene no pasar por alto. Los interesados deben ser mayores de 18 años y figurar en el padrón municipal de Sevilla. Además, es obligatorio que los datos introducidos durante la compra coincidan con el DNI del titular, ya que los bonos son nominales y no se permite la reventa ni el traspaso entre diferentes personas.

En cuanto al calendario de uso, los vales están operativos para ser canjeados desde el 9 de junio hasta el 11 de julio. Si a alguien se le pasa la fecha y se queda con los bonos en el bolsillo, no habrá posibilidad de reembolso, perdiéndose tanto la ayuda pública como los 15 euros invertidos inicialmente por el ciudadano. Por ello, se recomienda echar un ojo al listado de negocios participantes con antelación para planificar las compras antes de que expire el plazo.

  • Ser mayor de 18 años y estar empadronado en la capital hispalense.
  • Adquirir los bonos a través de la web oficial habilitada por el consistorio.
  • Presentar el código QR en formato PDF o impreso en el momento del pago.
  • Asegurarse de que el establecimiento está adherido antes de realizar la selección de productos.

Establecimientos adheridos: del supermercado al restaurante

La gran novedad de este año es la inclusión de sectores que antes quedaban fuera o tenían una presencia testimonial. Ahora es posible usar el Bono Sevilla en supermercados de proximidad de cadenas conocidas como Día o Covirán, lo que permite un ahorro directo en productos básicos y frescos. Del mismo modo, locales de comida para llevar y establecimientos de hostelería se han sumado a la iniciativa, ofreciendo una ventaja competitiva a los bares y restaurantes de los barrios frente a las grandes superficies.

Con una inversión total que supera el millón de euros para este ejercicio, el Ayuntamiento espera que esta inyección de liquidez genere un movimiento económico de casi tres millones de euros en la ciudad. El delegado de Comercio ha destacado que este dinero va a parar directamente a las cajas de los pequeños empresarios de los once distritos, ayudando a mantener vivos los locales que dan identidad a cada zona de Sevilla y fomentando un consumo más responsable y cercano.

El éxito de la convocatoria se refleja en la rapidez con la que se suelen agotar estos cheques-descuento cada vez que salen a la venta. Esta medida, que combina el apoyo al comerciante con un alivio real para el bolsillo del vecino, se consolida como una herramienta eficaz para estimular la actividad económica local durante las semanas previas a la temporada estival, dejando además la puerta abierta a una segunda campaña similar prevista para el mes de diciembre.


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Sacyr da un giro a su estrategia y premiará a sus accionistas con dos dividendos en efectivo


Accionistas de Sacyr analizando dividendos

Las cosas están cambiando en el seno de una de las constructoras más potentes de nuestro país. Sacyr ha decidido que ya es hora de recompensar la fidelidad de sus accionistas de una forma más directa y tangible, dejando a un lado los cromos del ‘scrip dividend’ para centrarse en el dinero contante y sonante. Durante la última Junta General de Accionistas, la empresa ha dado luz verde a una remuneración que supone un soplo de aire fresco para quienes tienen títulos de la firma, confirmando que la salud financiera de la casa permite estos movimientos.

No se trata de un anuncio aislado, sino que forma parte de una hoja de ruta muy bien trazada. Manuel Manrique, que sigue al frente de la presidencia, ha dejado claro que la intención es cumplir a rajatabla con el Plan Estratégico que se marcaron hace tiempo. La idea de fondo es repartir un mínimo de 225 millones de euros en caja entre los ejercicios de 2025 y 2027, y con lo aprobado este jueves, el camino parece estar más que despejado para lograrlo sin demasiados sobresaltos.

Calendario y cuantías de los nuevos pagos


Sede corporativa y finanzas de Sacyr

Para que nadie se pierda con las cuentas, la cifra mágica es de 0,15 euros brutos por cada acción. Este montante no llegará de golpe al bolsillo del inversor, sino que se ha estructurado en dos fases muy claras. La primera de ellas, y la más jugosa, consiste en un abono de 0,10 euros por título que se hará efectivo el próximo mes de julio. Para la segunda parte, habrá que esperar un poquito más, concretamente hasta enero de 2027, cuando se repartirán los 0,05 euros restantes para completar el total prometido.

Si echamos un ojo al calendario más inmediato para el pago de julio, hay varias fechas que conviene tener marcadas en rojo. El viernes 26 de junio será el último día en el que las acciones coticen con derecho a recibir el dinero, mientras que el lunes 29 ya se negociarán ‘ex-date’. Tras los trámites habituales de liquidación, será el miércoles 1 de julio cuando el dinero aterrice finalmente en las cuentas de los beneficiarios. Es un salto notable respecto a los 0,045 euros en metálico que se repartieron el año anterior, lo que demuestra que la empresa está ganando músculo.

Un futuro donde el agua será la gran protagonista

Pero en la Junta no solo se ha hablado de dinero inmediato, sino de hacia dónde va el barco. Sacyr está tan satisfecha con cómo van las cosas que se va a permitir el lujo de adelantar un año su próximo ciclo estratégico. Después de que pase el calor del verano, los responsables de la firma se pondrán manos a la obra para diseñar el plan que cubrirá el periodo 2027-2030. Manrique ya ha soltado alguna que otra pista, asegurando que la división de Agua va a ser el auténtico motor diferenciador de la compañía en los años venideros.

Este enfoque hacia el sector hídrico no es casualidad, ya que buscan mercados más estables y estratégicos. El consejero delegado, Pedro Sigüenza, que ya se mueve como pez en el agua en su cargo, destacó que han conseguido un récord histórico en su cartera de proyectos, rozando los 67.425 millones de euros. Esto es posible gracias a que llevan dos años seguidos logrando cinco adjudicaciones de concesiones por ejercicio, algo que no se ve todos los días en el sector de la construcción y las infraestructuras.

Balance de activos y gobernanza interna

En cuanto a las cuentas generales, la empresa ha sacado pecho por su gestión en el mercado internacional. Un hito relevante ha sido la venta de tres activos en Colombia por una cifra que supera los 1.500 millones de dólares, logrando una valoración por encima de lo esperado inicialmente. Además, el hecho de haber obtenido el ‘rating’ de grado de inversión por parte de Morningstar les da una tranquilidad extra a la hora de buscar financiación y seguir creciendo en mercados de habla inglesa como Canadá o Australia.

Por otro lado, la Junta también ha servido para poner orden en el Consejo de Administración. Se ha dado el visto bueno a la renovación de varios consejeros clave, como Demetrio Carceller, María Jesús de Jaén y Joaquín Güell. Con estos movimientos, Sacyr mantiene un equilibrio interesante: la mitad de sus consejeros son independientes y la presencia femenina alcanza el 43%, cumpliendo con creces los estándares modernos de buen gobierno corporativo que tanto se miran ahora en el IBEX 35.

La hoja de ruta de la compañía parece estar más que consolidada gracias a una cartera de concesiones que aportará 19.000 millones durante su gestión y un valor de activos que ya supera los 4.000 millones de euros. Con el dividendo en efectivo ya asegurado para los próximos meses y la mirada puesta en un modelo de negocio más diversificado geográficamente, la firma encara su nueva etapa estratégica con optimismo. Los accionistas han dado su respaldo total a una gestión que prioriza la generación de flujo de caja y la reducción de la incertidumbre, sentando las bases de lo que será el Sacyr de la próxima década.


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