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Los bancos ya no podrán subir el límite de tus tarjetas sin pedirte permiso


Tarjetas de crédito y normativa de consentimiento

Durante años, muchos usuarios se han encontrado en el buzón tarjetas de crédito que nunca habían pedido, subidas de límite automáticas o líneas de financiación activadas casi sin darse cuenta. Esa forma de operar, muy extendida en el sector, ha impulsado el crédito fácil, pero también ha dejado a miles de hogares atrapados en deudas difíciles de manejar.

Con el nuevo anteproyecto de Ley de Contratos de Crédito al Consumo impulsado por el Gobierno de España, ese escenario da un giro importante: las entidades financieras ya no podrán emitir tarjetas de crédito ni aumentar el límite disponible si el cliente no lo solicita de forma clara y no presta su consentimiento expreso y previo. El objetivo es reforzar la protección de los consumidores y cortar de raíz prácticas que alimentaban el sobreendeudamiento.

Fin a las tarjetas y ampliaciones de límite no solicitadas

El texto legal establece de manera tajante que se prohíbe cualquier concesión de crédito al consumo que no haya sido pedida antes por el cliente y aceptada de forma explícita. Esto incluye tanto la emisión de nuevas tarjetas de crédito como cualquier incremento unilateral del límite en las tarjetas ya contratadas.

Hasta ahora, era habitual que los bancos incluyeran tarjetas en paquetes de cuentas o servicios, o que lanzaran campañas internas en las que se ampliaban los límites coincidiendo con épocas de mayor gasto, como verano o Navidad. En muchas ocasiones, el consumidor solo se enteraba del cambio cuando revisaba el extracto o intentaba hacer una compra de mayor importe.

Con la nueva norma, esa operativa queda vetada: ni tarjetas nuevas, ni líneas de crédito adicionales, ni subidas de límite podrán activarse si el titular no ha dado una autorización verificable. El consentimiento deberá quedar registrado —ya sea por escrito, mediante firma digital o a través de canales que permitan acreditar la aceptación— para que la entidad pueda demostrar que ha actuado conforme a la ley.

Conviene subrayar que la prohibición va más allá de lo que ya recogía la Ley de Servicios de Pago, que se centraba en no enviar instrumentos de pago no solicitados salvo en casos de renovación. Ahora el foco se sitúa en el propio crédito asociado a la tarjeta, cerrando cualquier margen a que se genere deuda sin una decisión consciente del usuario.

Ofertas comerciales sí, activaciones automáticas no


Cliente revisando oferta de tarjeta de crédito

La nueva regulación no impide a los bancos seguir haciendo ofertas de financiación. Las entidades podrán continuar enviando propuestas de tarjetas preautorizadas, simulaciones de préstamos o mensajes dentro de la app bancaria, pero esas ofertas no podrán convertirse en crédito real sin un paso adicional: la aceptación clara e inequívoca del cliente.

El Ministerio de Economía ha insistido en este matiz: la actividad comercial no se prohíbe, lo que se veta es la activación automática de productos que supongan endeudamiento. En la práctica, el banco podrá seguir diciendo “tienes hasta X euros preconcedidos”, pero no podrá poner ese dinero a disposición del consumidor hasta que este confirme que quiere contratarlo.

Para el usuario, esto supone recuperar el control sobre su nivel de exposición al crédito. Desaparecen las ampliaciones silenciosas de límite y las líneas que “aparecen” asociadas a una tarjeta o a una compra financiada sin que haya una solicitud expresa. Cualquier nuevo crédito deberá ser una decisión meditada y no el resultado de una casilla marcada sin leer o de una promoción agresiva.

En consecuencia, las entidades se ven obligadas a revisar sus procesos internos: tendrán que adaptar sus sistemas de contratación, reforzar los mecanismos de verificación del consentimiento y documentar de forma exhaustiva la aceptación del cliente, algo que también tiene implicaciones legales en caso de conflicto.

Nuevo marco para la financiación al consumo y el “buy now, pay later”

El anteproyecto no se limita a las tarjetas. La futura Ley de Contratos de Crédito al Consumo transpone dos directivas europeas y extiende el alcance de la regulación a un amplio abanico de productos: préstamos personales, microcréditos, créditos rápidos, pagos fraccionados e incluso las fórmulas de buy now, pay later (BNPL), cada vez más habituales en el comercio electrónico.

Esto significa que cualquier empresa que financie compras a plazos —ya sea un banco tradicional, una plataforma digital o un comercio que ofrece fraccionar el pago— deberá ajustarse a las nuevas obligaciones si quiere cobrar intereses. En muchos casos, las compañías que no sean entidades financieras reguladas tendrán que canalizar esa financiación a través de intermediarios supervisados por el Banco de España o renunciar a aplicar intereses.

La intención del Ejecutivo es evitar que se consolide un “submundo” del crédito al margen de los controles habituales. El auge de soluciones BNPL, que permiten pagar en varios plazos con apenas unos clics, ha despertado preocupación entre los reguladores europeos por el riesgo de endeudamiento silencioso, especialmente entre los consumidores más jóvenes.

Al incorporar estos productos al paraguas de la ley, se exige que el cliente reciba información clara sobre costes, plazos y consecuencias de impago antes de aceptar. También se refuerzan los criterios de concesión responsable, de modo que el prestamista tenga que valorar la capacidad real de pago del consumidor y no limitarse a aprobar crédito de forma casi automática.

Límites al coste del dinero y control de las tarjetas revolving

Uno de los bloques más sensibles de la reforma es el relativo al coste del dinero en el crédito al consumo. La ley introduce límites explícitos al tipo de interés y a determinados cargos asociados a este tipo de tarjetas. Además, se fijan topes al coste de los descubiertos bancarios y se refuerzan las obligaciones de transparencia: las entidades deberán proporcionar simulaciones realistas de cuánto tardará el consumidor en saldar la deuda y cuánto pagará en total si opta por distintas modalidades de pago.

Estas tarjetas funcionan como una línea de crédito que se renueva automáticamente y en la que el cliente suele pagar una cuota mensual fija. En la práctica, los intereses aplicados pueden ser tan elevados que la deuda se prolonga durante años y aumenta la morosidad, aunque el usuario lleve tiempo abonando recibos, lo que las convierte en un producto de alto riesgo para quienes tienen menos conocimientos financieros.

Con la nueva norma, se establecen límites explícitos al tipo de interés y a determinados cargos asociados a este tipo de tarjetas. Además, se fijan topes al coste de los descubiertos bancarios y se refuerzan las obligaciones de transparencia: las entidades deberán proporcionar simulaciones realistas de cuánto tardará el consumidor en saldar la deuda y cuánto pagará en total si opta por distintas modalidades de pago.

El objetivo es que el cliente pueda comparar, entender y valorar el impacto real del crédito antes de firmar. Para ello, la ley exige que la información sea presentada de forma sencilla y comprensible, alejándose de la letra pequeña que tradicionalmente ha acompañado a estos productos.

Este refuerzo de la transparencia se enmarca en un contexto en el que los tribunales ya han declarado nulos numerosos contratos de tarjetas revolving por considerar usurarios sus intereses. El nuevo marco pretende adelantarse a futuros conflictos y evitar que la vía judicial sea la única forma de corregir abusos.

Papel reforzado del Banco de España y supervisión de nuevas figuras

Otra novedad relevante es la ampliación del perímetro de supervisión del Banco de España. El organismo no solo vigilará la actuación de bancos y entidades financieras clásicas, sino también la de compañías y plataformas que concedan crédito al consumo, incluidas las digitales que operan exclusivamente en Internet.

De esta forma, se intenta reducir el espacio para modelos de negocio que ofrecían financiación sin un control exhaustivo. Los proveedores de crédito alternativos, como algunas fintech o comercios que financiaban compras directamente, deberán adaptarse a las exigencias en materia de información, evaluación de solvencia y gestión de riesgos.

La norma también obliga a que las empresas que quieran impulsar ventas mediante financiación al consumo recurran a intermediarios financieros regulados si desean aplicar intereses. Si no lo hacen, podrán seguir ofreciendo pagos aplazados, pero sin cobrar un precio por el crédito, lo que limita la rentabilidad de este tipo de servicios y reduce el incentivo a promover deuda de forma agresiva.

Además, se refuerzan los canales de reclamación del cliente: si se concede un crédito o se amplía un límite sin consentimiento, el usuario podrá acudir a los servicios de atención al cliente del banco y, en caso de no obtener respuesta satisfactoria, elevar la queja al Banco de España, que tendrá más herramientas para sancionar conductas irregulares.

Impacto para los consumidores: más control y menos sorpresas

Para el ciudadano de a pie, la principal consecuencia de esta reforma es sencilla de resumir: ningún banco podrá aumentar su capacidad de endeudamiento sin contar con él. Ni tarjetas que llegan a casa sin explicación, ni límites que se disparan a golpe de campaña comercial, ni créditos asociados a una compra sin que queden meridianamente claros.

A partir de la entrada en vigor de la ley, si una entidad quiere ofrecer una nueva tarjeta o una ampliación de límite, tendrá que solicitar una autorización expresa, ya sea mediante la app, por escrito, con firma digital o a través de una gestión telefónica cuya grabación quede guardada. Sin ese paso, la operación no podrá formalizarse.

Este cambio también otorga al consumidor más argumentos a la hora de reclamar. Si recibe una tarjeta no solicitada, puede exigir su cancelación inmediata sin coste y denunciar el envío ante los organismos competentes. Si detecta que su límite ha subido sin haberlo pedido, puede pedir que se restituya y que se revisen las condiciones del crédito asociado.

En paralelo, la reforma encaja con los esfuerzos por mejorar la educación financiera de la población. Al obligar a que el cliente tome una decisión consciente cuando contrata crédito, se fomenta una mayor reflexión sobre la conveniencia de endeudarse, el impacto de los intereses y la planificación de los pagos.

El resultado es un entorno en el que el crédito al consumo sigue siendo una herramienta disponible, pero en el que la iniciativa recae en el usuario y no en la estrategia comercial de la entidad. Para muchos hogares, esto puede marcar la diferencia entre utilizar la tarjeta como apoyo puntual o convertirla en la puerta de entrada a una deuda crónica.

Todo este paquete de medidas configura un nuevo escenario en el que la banca española y europea deberá adaptar sus prácticas a un estándar más exigente de transparencia y responsabilidad, mientras que los consumidores ganan margen para decidir qué nivel de crédito asumen y en qué condiciones. El crédito al consumo no desaparece, pero deja de ser algo que “aparece” casi sin avisar para convertirse en un producto que exige una decisión deliberada y bien informada por parte de cada cliente.


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La reactivación de la inversión y el fuerte crecimiento de las importaciones caracterizaron la evolución del PIB en 2025

CNTR, IVT 2025

Según cifras provisionales
avanzadas por el INE, el PIB creció un 0,8% intertrimestral en el cuarto
trimestre de 2025, siendo el mayor crecimiento de todo el año. Los resultados
de los dos primeros trimestres se han revisado una décima a la baja cada uno de
ellos.

En el último trimestre, el
consumo privado y la FBCF mantuvieron el elevado ritmo de crecimiento del
trimestre anterior, mientras que el consumo público frenó su avance hasta un
0,1%. Esto, unido a la variación de existencias, dio lugar a una reducción de
la aportación de la demanda nacional al crecimiento en cinco décimas
porcentuales, hasta 0,9 puntos, mientras que la contribución del sector
exterior aumentó desde -0,7 hasta -0,2 puntos.

Dentro de la FBCF, destacó la
aceleración de la materializada en vivienda, que avanzó un 2,9%
intertrimestral, así como en productos de la propiedad intelectual, con un
2,5%.  Otros componentes desaceleraron su
crecimiento, concretamente, la FBCF en bienes de equipo se ralentizó hasta un
1,2%.

Las exportaciones avanzaron un
0,8% intertrimestral, impulsadas por los servicios no turísticos, y, en menor
medida, los servicios turísticos, ambos en aceleración con respecto al
trimestre precedente. Las de bienes prolongaron su debilidad, con un avance
nulo, tras la caída registrada el trimestre anterior. En cuanto a las
importaciones, mantuvieron la tónica de elevado crecimiento observado durante
todo el año, con un ascenso del 1,4%, distribuido por todos sus componentes.

Resultados anuales

El crecimiento del PIB en el
conjunto de 2025 fue del 2,8%, lo que supone una desaceleración de siete
décimas con respecto al crecimiento observado en 2024.

Destacó la aceleración del
consumo privado y, especialmente, de la inversión, tanto en construcción como,
sobre todo, en bienes de equipo, mientras que el consumo público moderó su
crecimiento. Así, la demanda nacional incrementó su contribución al crecimiento
del PIB hasta 3,6 puntos porcentuales.

Las exportaciones totales
aceleraron su crecimiento en dos décimas hasta el 3,4%, como consecuencia
fundamentalmente del fuerte impulso de las de servicios no turísticos, que
registraron un extraordinario ascenso del 10,9%. Las de servicios turísticos se
ralentizaron notablemente hasta el 4,6%, mientras que las de bienes continuaron
mostrando una gran debilidad. Uno de los elementos más destacables del
ejercicio fue la intensa aceleración de las importaciones, que registraron un avance
del 6,3%, dando lugar a una aportación negativa del sector exterior al
crecimiento del PIB de -0,8 puntos porcentuales, que más que compensó la mayor
aportación de la demanda nacional.

En suma, en 2025 las exportaciones de servicios turísticos y el consumo público aminoraron su papel como motores del PIB en comparación con ejercicios anteriores, mientras que la FBC y las exportaciones de servicios no turísticos acrecentaron su aportación, al tiempo que las importaciones detraían más crecimiento (gráfico 1).


Por el lado de la oferta, el mayor crecimiento se registró en el sector de la construcción, con un 5,6% anual, por encima del observado el año anterior. Los servicios de las AA.PP., así como los servicios de mercado, se desaceleraron, excepto la rama de actividades profesionales.

Empleo, productividad y costes
laborales unitarios

El número de personas ocupadas en
términos de la Contabilidad Nacional aceleró su crecimiento en 2025 hasta un
2,7% anual, aunque el número total de horas trabajadas creció solo un 2,1%,
como consecuencia de la caída de las horas trabajadas por ocupado, que se
redujeron un 0,7%, en descenso por tercer año consecutivo.

El crecimiento de la productividad por ocupado fue prácticamente nulo, y aún se encuentra ligeramente por debajo del nivel prepandemia, mientras que la productividad por hora trabajada avanzó un 0,7%, situándose un 2,4% por encima del nivel de 2019.

Los Costes Laborales Unitarios crecieron un 4,1% en 2025, continuando la senda de intensos crecimientos observados en los últimos años. Por su parte, el Excedente bruto de Explotación por unidad producida aumentó un 0,9%. Las aportaciones de cada uno de estos componentes al deflactor del PIB –cuyo crecimiento anual fue del 2,9%– fueron de 2,1 y 0,4 puntos, respectivamente, a lo que se suman 0,4 puntos de contribución de los impuestos netos unitarios (gráfico 2).

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Las entrañas del ciclo expansivo

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Tras batir la barrera simbólica del 10% de tasa de paro, la economía española afianza su buen momento con una aceleración del ritmo de crecimiento en el último trimestre del año pasado. En el conjunto del ejercicio, el PIB habrá avanzado un 2,8%, el doble de la media de la eurozona. Incluso descontando el aumento de la población, fruto del fenómeno migratorio, el avance del PIB per capita –variable que mejor aproxima el progreso material del país— se habrá acercado al 2%.


¿Es sostenible el ciclo expansivo? La cuestión sigue siendo debatible, si bien en este plano también hay buenas noticias. Uno, porque el motor interno funciona a pleno rendimiento pese a la desaceleración del consumo público, variable esta última que lideró el inicio del ciclo expansivo y cuya aportación es ahora limitada. Dos, el consumo privado y la inversión han tomado el relevo del gasto corriente de las administraciones. Destaca la inversión residencial, la más relevante para abordar el grave déficit de vivienda que asola nuestra sociedad. Y tres, los socios europeos levantan cabeza, incluso Alemania empieza a dar señales de recuperación, de modo que los mercados europeos –principal destino de nuestras exportaciones– podrían salir de su letargo y así compensar los aranceles y otras turbulencias globales.

De manera general, la economía se ha diversificado, lo que ha traído consigo una menor dependencia de los sectores tradicionales como el turismo y el ladrillo. Sorprende el dinamismo de las ventas en el exterior de servicios no turísticos (consultoría, servicios profesionales tecnológicos y financieros, logística, etc.), con un avance a doble dígito. Y el bucle de creación de empleo, consumo e inversión de los hogares ha ganado tracción, compensando el menor impulso de la política fiscal y su corolario de reducción del déficit público. La prima de riesgo está en mínimos.

Persisten, no obstante, grandes desafíos, la debilidad de la productividad siendo el más relevante: el PIB por hora trabajada se incrementa a un ritmo ligeramente superior a la media del anterior ciclo expansivo (con una subida del 0,6% en los tres últimos años en términos promedios, apenas una décima más que en el periodo 2015-2019). Sigue siendo el caso que la economía crece a base de sumar mano de obra, y en menor medida por mejoras de eficiencia. Este modelo, por su estrecha dependencia de la incorporación de nueva fuerza laboral, tiene el inconveniente de tensionar las infraestructuras, desde la sanidad al transporte de cercanías, pasando por la red eléctrica. También pone de manifiesto el déficit de vivienda y aviva la sensación de desconexión entre la macroeconomía y el día a día de la ciudadanía.             

La pérdida de competitividad es otra tendencia que evidencia
las limitaciones de la actual pauta de crecimiento. La inflación supera la
media europea, lo que trae consigo un encarecimiento relativo de los costes de
producción, erosionando la ventaja competitiva de la que bebe el momento dulce
de la economía española. Las importaciones se han disparado, al tiempo que las
exportaciones de bienes se estancan y que desciende la inversión directa
extranjera. Dicho de otra manera, el motor exterior ya no sostiene el
crecimiento, si bien no hay nada que temer en lo inmediato, a tenor un superávit
externo sostenido por los servicios.

Con todo, el buen dato de PIB prefigura una revisión al alza
de las previsiones de crecimiento para este año. De momento no se vislumbran
graves desequilibrios macroeconómicos, contrariamente a lo que ocurrió en todos
los anteriores ciclos expansivos desde la entrada en las instituciones europeas.
En esta ocasión el eslabón débil radica en la dificultad para acometer las reformas
necesarias para elevar la productividad, repartir sus beneficios y desatascar
la inversión empresarial. La oportunidad está en la economía, y el factor
limitativo en la falta de consenso político.   

INMIGRACIÓN | La llegada de población extranjera se ha acompañado de una mejora del bienestar material, medido por el PIB per capita. Desde 2019, la población total se ha incrementado un 4,7%, más del doble que en el resto de la eurozona, un diferencial que se explica únicamente por la inmigración. En el mismo periodo, el PIB per capita ha avanzado un 5,1%, es decir, siete décimas por encima de la media europea, gracias a la relativamente rápida incorporación de la mano de obra extranjera en el mercado laboral español.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Waymo prepara una macro ronda de financiación con una valoración cercana a los 110.000 millones


Waymo financiacion movilidad autonoma

Waymo, la empresa de conducción autónoma integrada en el grupo Alphabet, se prepara para una de las mayores rondas de financiación recientes en el sector tecnológico. Según diversas informaciones, la compañía estaría ultimando una inyección de capital de gran tamaño que busca apuntalar su liderazgo en el mercado de los robotaxis y acelerar la expansión de sus servicios.

Fuentes conocedoras de las negociaciones citadas por Bloomberg y Reuters apuntan a que la operación situaría a Waymo con una valoración cercana a los 110.000 millones de dólares, un salto muy significativo frente a cifras anteriores y que consolidaría a la filial como uno de los activos más valiosos dentro del conglomerado de Alphabet, dueño también de Google.

Una ronda de unos 16.000 millones con fuerte peso de Alphabet

De acuerdo con las filtraciones publicadas por distintos medios financieros, Waymo tendría como objetivo captar alrededor de 16.000 millones de dólares en esta nueva ronda. La estructura del acuerdo daría un protagonismo destacado a Alphabet, que actuaría como principal respaldo económico de su filial de movilidad autónoma.

Las informaciones coinciden en que la matriz aportaría aproximadamente 13.000 millones de dólares directamente a Waymo, asumiendo el grueso de la financiación. El tramo restante procedería de un grupo reducido pero muy relevante de inversores institucionales, interesado en posicionarse en un sector que muchos consideran estratégico para la próxima década.

Entre esos socios externos figuran fondos de capital riesgo de primer nivel como Sequoia Capital, DST Global y Dragoneer Investment Group, que ya cuentan con un largo historial en grandes operaciones tecnológicas. Su entrada refuerza la idea de que el mercado sigue viendo un fuerte potencial de crecimiento en los servicios de transporte autónomo, a pesar de las dudas regulatorias y los desafíos de seguridad que arrastra la industria.

Las conversaciones, según las fuentes citadas por Bloomberg, se mantienen en el ámbito privado y podrían ajustarse en importe y condiciones hasta el cierre definitivo de la ronda. No obstante, la cifra de 16.000 millones y la valoración cercana a los 110.000 millones se repiten de forma consistente en los distintos reportes, lo que apunta a que el diseño de la operación estaría muy avanzado.

Salto de valoración: de 45.000 a cerca de 110.000 millones


Waymo valoracion mercado robotaxis

La nueva operación representaría un salto muy notable respecto a la anterior ronda de inversión de Waymo. En octubre de 2024, la compañía había sido valorada en algo más de 45.000 millones de dólares, en una financiación que también fue encabezada por Alphabet y que ya entonces situaba a la empresa entre los líderes del sector.

Si se confirma la horquilla que manejan ahora los inversores, Waymo habría más que duplicado su valoración en un intervalo de tiempo relativamente corto. Detrás de este aumento se encuentran varios factores: el avance tecnológico de su plataforma de conducción autónoma, el crecimiento progresivo del número de trayectos realizados y el interés del mercado por modelos de negocio basados en flotas de robotaxis.

Además, Bloomberg ya adelantó en diciembre que la filial de Alphabet estaba explorando levantar en torno a 15.000 millones de dólares con un valor de mercado superior a los 100.000 millones. Las cifras que ahora trascienden, ligeramente superiores, sugieren que las expectativas de los inversores se habrían ido ajustando al alza a medida que avanzaban las conversaciones.

La velocidad con la que se ha revalorizado Waymo encaja con una tendencia más amplia en el ámbito de la movilidad autónoma: los grandes actores buscan reforzar su posición antes de que el mercado madure, asumiendo fuertes desembolsos iniciales con la vista puesta en una explotación comercial más intensiva en los próximos años.

Waymo, pieza clave en la carrera global por los robotaxis

Waymo nació como el proyecto de coche autónomo dentro de Google y, desde 2016, opera como una unidad diferenciada bajo el paraguas de Alphabet. Hoy es uno de los nombres más consolidados en el segmento de los servicios de robotaxi, un área en la que compite con otros desarrolladores de conducción autónoma tanto en Estados Unidos como en Asia y, cada vez más, con la mirada puesta en Europa.

En la actualidad, la compañía es descrita en los reportes como el único operador en Estados Unidos que ofrece servicios de robotaxi de pago sin conductores de seguridad ni asistentes a bordo de forma regular. Su flota supera los 2.500 vehículos, desplegados principalmente en determinadas áreas urbanas donde el marco regulatorio y la infraestructura permiten operar este tipo de servicios.

Waymo asegura haber completado ya más de 20 millones de viajes con sus vehículos autónomos, una cifra que utiliza como argumento para defender la madurez de su tecnología y la solidez de su modelo operativo. Este volumen de trayectos sirve también para alimentar sus sistemas de aprendizaje automático, que requieren ingentes cantidades de datos reales de conducción para seguir afinando la toma de decisiones del software.

La compañía insiste en que su estrategia pasa por una “excelencia operativa centrada en la seguridad y el liderazgo tecnológico”, tal y como ha transmitido en los comunicados remitidos a medios como Reuters y Bloomberg. Aunque evita comentar detalles sobre transacciones financieras concretas, el mensaje oficial subraya su intención de consolidar una oferta de movilidad autónoma capaz de responder a una demanda que consideran creciente.

Seguridad, regulación y la mirada puesta en Europa

La expansión de los robotaxis no está exenta de controversias. Las autoridades estadounidenses han abierto investigaciones recientes tras incidentes puntuales que han reavivado el debate sobre la seguridad de los sistemas de conducción sin conductor humano. Uno de los casos mencionados por los reguladores fue el atropello de un menor cerca de un colegio en Santa Mónica (California), con lesiones leves, pero suficiente para volver a situar en el centro del foco público a la tecnología de Waymo.

Este tipo de sucesos refuerza la presión sobre las empresas del sector, obligadas a demostrar que su tecnología puede convivir de forma segura con peatones, ciclistas y el tráfico tradicional. Para Waymo, que se presenta como un actor especialmente volcado en la seguridad, cualquier investigación supone un recordatorio de que la aceptación social del vehículo autónomo es tan importante como los avances técnicos.

En el caso europeo, la evolución de Waymo se sigue con atención, aunque la compañía todavía no opera de forma comercial en las principales capitales del continente. Aun así, los movimientos de financiación de esta magnitud tienen implicaciones directas para el mercado europeo: los reguladores comunitarios, los fabricantes y las empresas de movilidad observan cómo la inversión privada accelera el desarrollo de tecnologías que, tarde o temprano, llamarán a la puerta de las ciudades de la UE.

En España y en otros países europeos, el marco legal para el uso de vehículos autónomos en vías públicas sigue siendo más restrictivo que en algunos estados de EE. UU., aunque se han ido dando pasos para abrir espacios de prueba controlados y proyectos piloto. Una empresa con el músculo financiero y tecnológico de Waymo podría convertirse, a medio plazo, en un socio relevante para operadores de transporte público, ayuntamientos o consorcios de movilidad que quieran explorar el modelo de robotaxis en entornos urbanos.

El gran volumen de capital que Waymo está a punto de asegurar indica que la carrera por la movilidad autónoma entra en una nueva fase, marcada por la necesidad de escalar operaciones, cerrar alianzas estratégicas y dialogar de forma más intensa con reguladores tanto en Estados Unidos como en Europa.

Un mensaje contenido de Waymo y el silencio de Alphabet

En las comunicaciones trasladadas a la prensa, Waymo ha optado por no confirmar ni desmentir los detalles financieros que se han filtrado a través de Bloomberg News y otros medios. La compañía se limita a remarcar que no comenta “asuntos financieros privados”, manteniendo una línea de comunicación prudente mientras las negociaciones continúan.

En su lugar, el discurso oficial pone el foco en la trayectoria de la empresa: más de 20 millones de viajes realizados, una estrategia centrada en la seguridad y el empeño en consolidar un liderazgo tecnológico que le permita responder a la “enorme demanda de movilidad autónoma” que aseguran estar observando en los mercados donde ya operan.

Alphabet, por su parte, no ha respondido inmediatamente a las solicitudes de comentarios realizadas por las agencias de noticias. El grupo mantiene así su tradicional discreción en torno a las operaciones internas de sus filiales, especialmente cuando las conversaciones de financiación no se han cerrado de manera definitiva.

Aun sin declaraciones detalladas por parte de la matriz, la magnitud de la aportación que se baraja —unos 13.000 millones de dólares— confirma que Waymo es uno de los proyectos estratégicos dentro del conglomerado. La compañía se ha convertido en un laboratorio avanzado para tecnologías de inteligencia artificial aplicada al transporte, un campo con aplicaciones potenciales que trascienden el simple servicio de robotaxi.

En conjunto, las informaciones disponibles dibujan el perfil de una empresa que encara una fase de expansión respaldada por grandes volúmenes de capital, en un momento en el que la movilidad autónoma busca dar el salto desde los proyectos piloto y los servicios limitados hacia operaciones más amplias y, previsiblemente, más presentes en la vida cotidiana también en mercados como el español y el europeo.

Todo apunta a que la nueva ronda de financiación de Waymo, con unos 16.000 millones de dólares en juego y una valoración cercana a los 110.000 millones, marcará un punto de inflexión en la consolidación del negocio de los robotaxis, reforzando el liderazgo de la filial de Alphabet y acelerando una competencia global donde la seguridad, la regulación y la capacidad de desplegar flotas a gran escala serán determinantes, también para el futuro de la movilidad en Europa.


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