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El descuelgue europeo con una mirada española

Con
la proliferación de barreras comerciales entre las grandes potencias y la
reorganización de las cadenas productivas propiciada por la sucesión de crisis,
se abre una nueva etapa de la globalización. Y de momento Europa no parece
encontrar la respuesta adecuada al nuevo contexto. Además del declive relativo
de su posición económica en el mundo, la reglobalización exacerba las
disparidades entre los países miembros, y conviene por tanto entender la especificidad
de España ante estos cambios.

Las
señales de un deterioro europeo son inequívocas, si bien no son irreversibles y
en el caso de España se compensan en parte por el buen desempeño de sus
intercambios en el mercado único. Además de un crecimiento anémico, la economía
europea arrastra una pérdida de dinamismo de sus exportaciones. La cuota de
mercado de las empresas europeas en el comercio mundial de bienes se ha
reducido en un punto porcentual en tan solo cuatro años, mientras que EE UU consigue
mantener su posición y China escala 1,5 puntos (con datos de la OMC para 2019 y
2023). Las exportaciones de servicios apuntan a un mejor comportamiento, pero no
compensan la fragilidad de los sectores industriales.

La sensación de desacoplamiento es aún más acusada si nos fijamos en la Inversión Extranjera Directa, con un retroceso notable de los flujos de entrada de capital productivo en las empresas europeas (la desinversión en concepto de IED roza los 100.000 millones en los dos últimos años, contrastando con una entrada media anual de 478.000 millones en el periodo 2015-2019). A la inversa, el capital productivo fluye hacia las otras dos grandes potencias, si bien en el caso del gigante asiático se aprecia un frenazo importante.

G1

No solo la Unión Europea está siendo menos atractiva para la inversión de empresas de países terceros, pero es que además las corporaciones europeas reorientan parte de sus inversiones hacia destinos extracomunitarios. Así pues, comparando los flujos de entrada y de salida de inversión directa, se deduce que Europa se ha convertido en gran máquina de exportación de ahorro para invertirlo en el tejido productivo de los otros bloques comerciales. Este desvío del ahorro europeo se eleva a 2,6% del PIB europeo, siendo esto más o menos el volumen de recursos que necesita la UE, según estimaciones de Bruselas, para adaptar su economía a los grandes desafíos de nuestros tiempos.  

La posición de España respecto de los intercambios extracomunitarios se asemeja a la del conjunto de la UE. Sin embargo, afortunadamente en nuestro caso el deterioro se ha compensado con la mejora competitiva dentro del bloque europeo: las exportaciones ganan peso en el Mercado Único, el saldo de la balanza externa con el resto de la Unión es cada vez más favorable, y la inversión directa en empresas españolas desde otros socios comunitarios se ha afianzado. Prosigue, no obstante, el déficit de inversión nacional, en parte por factores internos, pero también por las incertidumbres del entorno europeo.

Para
España, el riesgo más inmediato proviene de la erosión del Mercado Único
generada por la multiplicación de ayudas de Estado y de otras posibles
iniciativas de aquellos socios comunitarios que se han visto más afectados por
la reglobalización. Pero conviene reconocer que nadie dispone ya de la
masa crítica para salvarse por sí solo: el principal reto radica en la
construcción de una respuesta común a los desafíos globales. La unión
financiera, con una armonización fiscal del impuesto de sociedades, es una
alternativa que facilitaría la reinversión del ahorro europeo. Otra opción consistiría
en la creación un presupuesto común de inversión, siguiendo los pasos del
programa Next Generation pero gestionado desde Bruselas. Las elecciones
europeas son una oportunidad para debatir estas y otras vías de solución ante
un statu quo perjudicial para la economía europea y su modelo social
único en el mundo.

VEHÍCULO ELÉCTRICO | Según la asociación europea de fabricación de automóviles, los vehículos eléctricos o híbridos representaron el 48,1% de las matriculaciones totalizadas en 2023. Prácticamente uno de cada cinco de estos vehículos provenía de China, un porcentaje que podría seguir creciendo a tenor del diferencial de precios, en el entorno del 25%, incluso después de la aplicación a las importaciones de un arancel del 10%. La Comisión estudia la posibilidad de elevar el arancel hasta el 25%. Entre tanto, algunos constructores del país asiático han anunciado proyectos de fabricación en España y Hungría. 

INDICADORES DE COYUNTURA DE LA ECONOMÍA ESPAÑOLA

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Así es cómo la tecnología está impactando en tu capacidad de concentración en el trabajo

  • ¿Sabes que en 2023 se alcanzaron los 97 millones de nuevos usuarios de internet en el mundo? Esto representa el 66,2% de la población mundial. 
  • Pero ¿cómo repercute la tecnología en el trabajo?, ¿hasta qué punto afecta a nuestra habilidad para enfocarnos en una tarea y ser productivos? 

La integración de la tecnología en el entorno laboral ha sido una de las transformaciones más significativas de las últimas décadas. Con motivo del Día Mundial de Internet, que se celebra el 17 de mayo, consideramos importante explorar cómo estas herramientas tecnológicas están influyendo en la productividad y la concentración laboral, especialmente en el contexto empresarial.

¡COMPARTE! La tecnología puede impulsar tu productividad, pero ¿sabías que también puede ser una fuente constante de distracciones en el trabajo? ¡Descúbrelo aquí!

En la era digital actual, la tecnología se ha convertido en una extensión de nuestras capacidades laborales. No obstante, su impacto en nuestra forma de trabajar tiene dos facetas: 

  • Por un lado, facilita y agiliza los procesos porque permite automatizarlos
  • Por otro lado, puede convertirse en una fuente constante de distracciones mientras trabajamos, estudiamos o hacemos otras tareas que requieren una concentración profunda. 

CONTENIDO DEL POST

La importancia de la tecnología en el trabajo

Con el término tecnología en el trabajo nos referimos a cualquier herramienta digital diseñada para mejorar la eficiencia laboral. Esto incluye multitud de elementos como: 

  • Software de gestión de proyectos, de clientes o de aspectos como los recursos humanos, la contabilidad o el marketing. 
  • Plataformas de comunicación en tiempo real o por correo electrónico. 
  • Dispositivos conectados a internet (smartphones, tablets u ordenadores portátiles).
  • Inteligencia artificial. Merece un apartado por separado debido a su importancia y a la posibilidad que da de realizar tareas con exactitud si recibe la orden adecuada. Puede analizar grandes volúmenes de datos en segundos y permite tomar decisiones informadas. 

La tecnología tiene una doble faceta en el trabajo: por un lado, impulsa la productividad con la automatización de tareas, por otro, es fuente de distracciones constantes. 

La productividad laboral mide la eficiencia con la que las personas que trabajan en una organización realizan tareas para producir bienes o servicios. 

Finalmente, la concentración laboral se refiere a la capacidad de mantener el foco en esas tareas sin distracciones.

Impacto de la tecnología en la productividad

Según un estudio de la Universidad de California, solemos dedicar unos 12 minutos a una tarea antes de que nos interrumpan, y se tardan unos 25 minutos en volver a concentrarse en la tarea. En el trabajo esto supone mucho tiempo perdido en acciones que se pueden evitar. 

El Workplace Distraction Report de Udemy, por otro lado, señala que las conversaciones con compañeros (80%) y el ruido de la oficina (70%) son las mayores distracciones. En el caso de los jóvenes el smartphone es la número dos. 

Todas estas distracciones tecnológicas provocan: 

  • Reducción de la productividad y de la eficiencia. 
  • Agotamiento mental. 
  • Aumento del estrés y de la ansiedad. 
  • Dependencia de la tecnología, fuera y dentro del trabajo. 

Estrategias para mejorar la concentración en el trabajo debida al uso de la tecnología

Las herramientas tecnológicas han demostrado ser cruciales para mejorar la comunicación y la eficiencia de las personas y de las organizaciones. Pero también suponen un desafío en relación con la capacidad de concentración, tal y como hemos visto. 

La conectividad implica que los trabajadores sean frecuentemente interrumpidos por correos electrónicos, mensajes instantáneos y alertas de redes sociales. Estas son las estrategias que se pueden seguir para evitar esas distracciones: 

  • Implantación del Deep Work. Se pueden establecer bloques de tiempo de trabajo sin interrupciones en los que se deben silenciar las notificaciones de redes sociales, correos o llamadas. 
  • Fomento de actividades no tecnológicas. Las personas necesitamos periodos de descanso y desconexión en los que no haya tecnología. En las empresas se pueden fomentar el deporte o alguna actividad de team building que no se relacione con la tecnología.
  • Meditación. Una forma de entrenar la concentración consiste en practicar la meditación y en especial la atención plena (mindfulness).  
  • Utilizar temporizadores. Es una manera de definir plazos de tiempo para concentrarse en tareas o para descansar, hacer deporte o comer, durante la jornada. 
  • Escuchar ruido blanco. Es un tipo de ruido que se pueden escuchar con auriculares y que ayuda a la concentración y a evitar distracciones. 

El impacto de la tecnología en la productividad y la concentración laboral es notable en la actualidad. Mientras que las herramientas digitales ofrecen oportunidades sin precedentes para mejorar la eficiencia, también requieren que gestionemos mejor nuestras interacciones con ellas para evitar que se conviertan en distracciones y en elementos que aumenten el estrés. 

Por lo tanto, el equilibrio entre la adopción tecnológica y la gestión eficaz de las distracciones es clave para maximizar los beneficios de la tecnología en el lugar de trabajo.

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Últimas noticias de la IA: simbiosis y escalabilidad

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La inteligencia artificial (IA) lleva años en muchos foros y conversaciones, pero de forma casi ubicua desde que se popularizaron los chats conversacionales basados en esta tecnología. A pesar de su impacto, es solo una fase temprana de su potencial de desarrollo, en el que el siguiente paso es trascender su papel de mera herramienta para convertirse en una extensión de la mente humana, dando lugar a una era de simbiosis entre humanos y tecnología que promete transformar radicalmente la economía global. No se trata de crear replicantes al estilo Blade Runner, ni de perder la creatividad e iniciativa humana. El concepto de IA simbiótica busca amplificar nuestras capacidades cognitivas y creativas y generar un impacto económico considerable en todas las industrias, donde la escala, como comentaremos más adelante, parece determinante. Es un nuevo salto para una productividad marchita, tan de largo esperado.

En el ámbito económico, la IA simbiótica está revolucionando la forma en que trabajamos y producimos. Imagine un entorno laboral donde los trabajadores están equipados con dispositivos de IA que no solo les ayudan a realizar tareas específicas, sino que también mejoran su capacidad para tomar decisiones informadas y resolver problemas complejos. Incrementa la productividad y abre nuevas oportunidades para la innovación y la colaboración laboral. También asistentes virtuales, como por ejemplo los que trabajarán en estrecha colaboración con profesionales de la salud para mejorar el diagnóstico y el tratamiento de enfermedades, o los que ayudarán a los inversores a tomar decisiones financieras más inteligentes. La IA es la parte de la actividad productiva que más crece y, por ello, para no quedarse atrás en las futuras fuentes de crecimiento económico y bienestar, hay que embarcarse en su desarrollo.

Si bien ofrece oportunidades emocionantes para mejorar la productividad, la creatividad y la eficiencia en el lugar de trabajo, la IA simbiótica también plantea una serie de riesgos y desafíos que deben abordarse de manera proactiva para garantizar un desarrollo equitativo y sostenible. Es fundamental repensar la educación y la formación laboral para garantizar que los trabajadores estén preparados para los empleos del futuro. También abordar las preocupaciones sobre la concentración de poder económico en manos de unas pocas empresas tecnológicas dominantes, asegurando que la IA simbiótica beneficie a toda la sociedad de manera equitativa. Lo que pasa es que la escala es determinante para este desarrollo y, cuanto más grandes, más potencial hay: una suerte de monopolio natural.

Otro de los riesgos más significativos asociados con la IA simbiótica es el aumento de la automatización del empleo, que podría conducir a la pérdida de puestos de trabajo en sectores tradicionales y a la polarización del mercado laboral. Esto podría exacerbar la desigualdad económica y social, dejando atrás a aquellos que carecen de las habilidades necesarias. Es fundamental implementar políticas de reconversión laboral y protección social para garantizar que todos los trabajadores puedan beneficiarse de las oportunidades que ofrece la IA simbiótica.

Además, existe el riesgo de que la IA simbiótica amplifique las disparidades existentes en términos de acceso y uso de la tecnología. Las comunidades marginadas y los países en desarrollo podrían quedarse rezagados si no tienen acceso a la infraestructura y la formación necesarias para aprovechar plenamente el potencial de la IA simbiótica. Para evitar un desarrollo desigual, es crucial invertir en infraestructura digital y programas de alfabetización tecnológica que promuevan la inclusión y la equidad en el acceso a la IA simbiótica. Además de abordar los riesgos, es fundamental trabajar hacia un desarrollo de la IA que sea ético y centrado en el ser humano. Esto significa garantizar la transparencia y la rendición de cuentas en el diseño y el uso de los sistemas de IA, así como salvaguardar la privacidad y la autonomía de los individuos. También implica evitar la discriminación y el sesgo algorítmico, asegurando que la IA simbiótica promueva la igualdad de oportunidades y el respeto por la diversidad.

Es conveniente insistir en que un desarrollo verdaderamente significativo y simbiótico depende del modo en que se alcanza la escalabilidad y la concentración. Va a ser uno de los ejes fundamentales de los próximos años. Se ha podido comprobar en nuestro país, en estos días, ante la opa primero “amigable”, ahora hostil, del BBVA al Sabadell, por la preocupación por la excesiva concentración.

Sin embargo, se viene abogando desde hace tiempo por el aumento del tamaño de la empresa española, que parece uno de los lastres para una mayor productividad, algo que será inevitable si nuestras empresas tecnológicas quieren competir a escala europea o global. Todos los sectores donde la información y la IA juegan un papel central se van a mover en ese debate entre productividad y aumento del tamaño, o sea concentración.

No será un equilibrio fácil, pero hay que prepararse, ya que es lo que viene: más y más escala. Europa, tan rezagada en comparación con las grandes tecnológicas estadounidenses y chinas, ha lanzado su Airbus de la IA, un consorcio entre países europeos para desarrollar un gigante tecnológico capaz de competir globalmente, tal y como ocurrió en la década de los ochenta con el constructor de aviones. Se llama Gaia-X, de la que se va a hablar en los próximos tiempos, y con la que se debe ganar escala en este contexto de la IA. Que no quede solo en eso, y en unos años pase a ser un competidor global más.

Este artículo se publicó originalmente en el diario Cinco Días

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Las compraventas de viviendas se recuperan al inicio de 2024

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Estadística de Transmisiones de Derechos de la Propiedad | Marzo 2024


En 2023 las transacciones de viviendas interrumpieron la trayectoria ascendente que habían mantenido los años anteriores. El número de compraventas registró una caída de casi el 10% como consecuencia fundamentalmente de la subida de tipos de interés. Al mismo tiempo, los hogares aprovecharon el incremento de su renta disponible y la recuperación (parcial) de su capacidad adquisitiva para reducir su deuda de forma intensa. 

No obstante, la solidez de los balances de los hogares, el nivel relativamente elevado de su tasa de ahorro, la bonanza del mercado laboral y la expectativa del inicio del ciclo de bajadas de tipos de interés, hacían presagiar un cambio de tendencia al alza en 2024. 

Los datos del primer trimestre, en principio, parece que así lo confirman: el número de transacciones aún es inferior a la del mismo periodo del año pasado, pero aumentó en torno a un 5% con respecto al trimestre anterior (con cifras corregidas de estacionalidad), lo que supone el primer incremento trimestral en los últimos seis trimestres (gráfico 1). Así, la recuperación se ha iniciado incluso antes de lo esperado. Por otra parte, el crecimiento también se observa en el crédito nuevo para la compra de vivienda, que ya empezó a repuntar en los últimos meses de 2023 (gráfico 2).

El euríbor a un año cerró el mes de abril en un 3,70%, por debajo del 3,75% de un año antes, lo que supone el primer descenso interanual desde septiembre de 2021. Esta referencia, la más relevante en el mercado hipotecario español, ya comenzó a descender en torno a noviembre de 2023, anticipándose a los recortes de tipos por parte del BCE que ya comenzaban a descontarse, y se espera que continue a la baja a lo largo de todo el año, impulsando la continuación de la recuperación del mercado inmobiliario.

Con respecto al precio de la vivienda, aún no se dispone de datos relativos al primer trimestre de este año, pero probablemente las subidas, que no se detuvieron en 2023 —solo se ralentizaron— habrán continuado.

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La bajada de tipos de interés

Parece que el Banco Central Europeo iniciará la disminución del precio oficial del dinero en su próxima reunión del 6 de junio. Nunca se sabe. Son decisiones que dependen de los datos hasta el último minuto pero todo apunta a que sí. Incluso se habla de que un segundo descenso de tipos para la reunión del 18 de julio. De manera consecutiva. El BCE comenzará ese proceso sin que la Reserva Federal estadounidense lo haga. Tras meses en que se especulaba que la Fed iba a iniciar los descensos de tipos antes, lo ha ido posponiendo ante la fortaleza de la economía americana y la resistencia aún existente —aunque cada vez menor— de la inflación a volver a su nivel de referencia, el 2%.

Los banqueros centrales de ambos lados del Atlántico parecen convencidos —casi confiados— en sus últimas declaraciones de que la inflación evolucionará favorablemente. Esa confianza parece más consolidada en la zona euro que en Estados Unidos, que quiere esperar un poco más antes de bajar tipos. También el Viejo Continente tiene una coyuntura macroeconómica más débil, por lo que le vendrá muy bien un estímulo monetario en forma de abaratamiento del precio oficial del dinero. El crecimiento de los salarios europeos se está desacelerando, lo que probablemente es compatible con las proyecciones de remuneraciones futuras del factor trabajo y de la inflación que maneja ahora el BCE, y por eso, es más probable que comiencen pronto los descensos de tipos.

El cierto desacople en las decisiones de los dos
principales bancos centrales —Fed y BCE, que no bajarán a la vez— habrá que
seguirlo de cerca, por las consecuencias sobre los mercados cambiarios y los
flujos de capitales. La economía estadounidense, a pesar de algún dato suelto
de empleo que no es tan favorable, sigue cerca del pleno empleo y creciendo con
fuerza. Las noticias de las empresas tecnológicas y sus potentes inversiones en
inteligencia artificial son uno de los grandes pilares que sustentan esa
bonanza y deberían azuzar a la adormecida Europa, donde parece que vamos mucho
más rezagados en esas inversiones. Esa vitalidad empresarial, junto a tipos de
interés más elevados allí, pueden apreciar el dólar y encarecer algunas de las
importaciones europeas más importantes, como el petróleo y gas. No es que esa
evolución de las divisas necesariamente vaya a generar una nueva ronda de
inflación en Europa pero habrá que estar muy atentos.

El que disminuyan los tipos no significa que no vayamos a continuar un tiempo —más de lo imaginado hace dos años— con niveles elevados, superiores al 3%. Aunque las empresas y familias notarán un alivio, aun estarán lejos de las benignas condiciones financieras existentes antes de 2022. El futuro entorno de tipos más bajos también ayuda a entender los movimientos corporativos en el sector bancario como el que estamos viendo entre BBVA y Sabadell, primero “amigable” y ahora hostil. Lo que pase con el precio oficial del dinero va a ser determinante hasta finales de 2025.

Este artículo se publicó originalmente en el diario La Vanguardia.

Gracias por leer La bajada de tipos de interés, una entrada de Funcasblog.

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El impulso de la inmigración

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Una de las claves del dinamismo que mantiene la economía española contra vientos y mareas reside en la incorporación de mano de obra extranjera, siendo este un factor favorable que, sin embargo, también pone de manifiesto las deficiencias de nuestro modelo productivo. Desde el primer trimestre de 2022, el número de ocupados originario de otros países o con doble nacionalidad se ha incrementado más de un 20%, casi doce veces más que el crecimiento de la ocupación entre los españoles.


Incluso teniendo en cuenta la sobrerrepresentación de los trabajadores inmigrantes en sectores con niveles de productividad inferiores a la media, su contribución a la economía es innegable, aportando más de la mitad del avance del PIB registrado estos últimos dos años. Esta es además una estimación conservadora, basada en una extrapolación mecánica de la contribución del empleo a la economía, bajo la hipótesis de fungibilidad perfecta entre mano de obra autóctona y foránea. El supuesto es poco realista: en los sectores poco atractivos para los españoles o que se enfrentan a fenómenos de escasez, la actividad se sustenta en parte gracias a los no nacionales.   

La inmigración obedece
sobre todo a motivos laborales, como lo refleja la composición por edad, siendo
la franja de entre 25 y 54 años la más representada. Por otra parte, la tasa de
ocupación de la población de origen extranjero es prácticamente la misma que la
española, a diferencia del déficit de empleo que padecen los inmigrantes en la
mayoría de los países europeos. La brecha es particularmente pronunciada en
Alemania, con una diferencia de tasa de ocupación entre población nacional y
foránea superior a 11 puntos, y en Francia con casi 7 puntos. La importancia de
América Latina como origen de la mayoría de inmigrantes contribuye a explicar
la relativa facilidad de su integración en el mercado laboral.

Todo ello sirve también a
frenar el envejecimiento poblacional, con efectos relevantes para el sistema de
pensiones. La población extranjera cuenta con 5,6 ocupados por cada persona de
más de 65 años (en Francia, país con una inmigración más arraigada, la ratio es
solo de 3). En comparación, la población española registra 2 ocupados por cada
persona mayor de 65 años. La relativa facilidad con que la población inmigrante
encuentra un puesto de trabajo es coherente con un estudio reciente de la OCDE
que evidencia un impacto favorable en la hacienda pública para el caso de
España: según estas estimaciones, los ingresos que aporta la incorporación de extranjeros
en concepto de impuestos y cotizaciones sociales excederían el gasto que
ocasionan, particularmente en la sanidad pública.

Frente al impacto
inmediato, a todas luces positivo desde el punto de vista económico, la
inmigración también exacerba algunos de los principales retos estructurales. El
más visible es el desequilibrio en el mercado de vivienda que se cierne como un
cuello de botella sobre la economía española. La inmigración, por sí sola,
también podría reforzar el sesgo “aditivo” de nuestro modelo productivo, basado
en la incorporación de fuerza laboral barata relativamente al coste del capital,
pudiendo por tanto actuar como un desincentivo a la inversión en equipamiento. Si
bien la contratación de personal extranjero sirve para aliviar los problemas de
escasez de mano de obra que han aparecido en algunos sectores, también hace
menos urgente la mejora de las políticas de formación o la intermediación
laboral. Tampoco soluciona la debilidad de la productividad, ya que la sobre
cualificación de los trabajadores extranjeros es aún más acusada que para los
autóctonos, redundando en una pérdida de capital productivo.

La paradoja es que la
entrada de mano de obra extranjera está aportando dinamismo a la economía
española, al tiempo que modera la sensación de urgencia para afrontar los
grandes desafíos de inversión, paro estructural y productividad.          

EMPLEO | La ocupación se ha incrementado en 1 millón de personas en los últimos dos años, de las cuales 350.000 son españolas, 536.000 extranjeras y el resto personas con doble nacionalidad (comparando la EPA del primer trimestre de 2022 y 2024). Los perfiles educativos han mejorado durante este periodo para los tres grupos poblacionales, si bien las diferencias son todavía notables: algo más de la mitad de los ocupados españoles han alcanzado un nivel de educación superior, frente al 28% de los extranjeros y el 36% en el caso de los doble nacionales.   

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Una operación audaz sobre el tablero

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En el tablero de ajedrez de las finanzas españolas, la OPA hostil de BBVA a Banco Sabadell de este jueves parece una jugada agresiva, también legítima. Es semejante a un audaz “jaque” en medio de una partida de ajedrez. Ha puesto en alerta a todo el mercado. La propuesta, aunque valora las acciones de Sabadell en un 18% por encima de su precio de cierre anterior al anuncio, ha sido percibida por el banco objetivo como una subestimación significativa de su valor y futuro potencial. La propuesta trae un cierto déjà vu casi cuatro décadas más tarde del intento del Banco de Bilbao en su opa hostil a Banesto, que no fructificó.

El mercado también tuvo sus dosis de anticipación de la beligerancia en estos días, con correcciones para el BBVA y subidas para el Sabadell. Asimismo, muchos analistas ya consideran que la estrategia puede ser “lose-lose” para ambos bancos (pérdidas para todos) a medio plazo. Esta estrategia del BBVA parece poner de manifiesto una situación parecida al “todo o nada” característico del ajedrez cuando se intensifica la hostilidad entre los jugadores. La falta de una oferta que incluya efectivo plantea un nivel de incertidumbre mayor que podría dificultar el interés de algunos accionistas de Sabadell.

Las reacciones del mercado y del gobierno también van a jugar su papel en esta partida. La oposición gubernamental por las potenciales repercusiones negativas sobre la competencia en el sistema financiero y la cohesión territorial, añade nuevos obstáculos a una operación ya difícil de por sí. Las opas hostiles en el sector bancario suelen tener muchos efectos, algunos en dirección contraria. Los beneficios esperados en términos de reducción de costes y eficiencia operativa a menudo se ven contrarrestadas por los desafíos de integración en un clima menos cooperativo, como el que ahora se plantea entre BBVA y Sabadell. Otro aspecto destacado es la importancia del entorno regulatorio. En mercados con regulaciones bancarias más estrictas, como la española, las opas hostiles son menos frecuentes y generalmente involucran una supervisión más rigurosa, lo que puede disuadir a las entidades a lanzar ofertas no solicitadas. El BCE advirtió ayer que tendría que aprobar la operación. Más cautelas.

Los accionistas
del Sabadell tendrán que sopesar si la prima ofrecida justifica ceder el
control de su banco. Históricamente, incluso cuando las ofertas hostiles son
financieramente atractivas, pueden fallar debido a la resistencia cultural, la
lealtad a la marca del banco objetivo y el temor a la pérdida de identidad
corporativa. En este caso, el Sabadell parece contar con una fuerte marca e
identidad corporativa, además de haber mejorado sus números notablemente en los
últimos dos años.

Este movimiento no solamente redefine las estrategias de fusiones y compras. También pone a prueba las normas y expectativas sobre las que manejar estas operaciones de gran escala para todos los participantes, incluyendo el gobierno, el supervisor y la sociedad. El español es un mercado tradicionalmente conservador, pero las jugadas audaces como la del BBVA sacuden el tablero de ajedrez y cualquier resultado es posible.

Este artículo se publicó originalmente en el diario Cinco Días

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Desbloqueando el poder de la IA: estrategias para pymes

La IA puede aplicarse en las diferentes áreas y departamentos de las pymes, así como en la cadena de valor.

  • La implementación de la inteligencia artificial en los negocios precisa de una estrategia y de una serie de pasos para evitar errores.
  • La utilización de la IA en las pymes requiere de un código ético para su adecuado uso y de una gobernanza del dato.

Inteligencia artificial (IA). Está es quizá una de las palabras que más se oye en el ámbito empresarial en los últimos meses por su irrupción y potencial para optimizar la actividad y beneficios de las compañías. Y no solo de las grandes. También de las pequeñas y medianas empresas porque, a diferencia de lo que se piensa, la IA tiene numerosas ventajas y beneficios para las pymes. Solo hay que conocer todo lo que puede hacer, tener formación para saber cómo implementarla de la mejor manera posible y elegir bien la herramienta más adecuada. 

La selección de la aplicación o solución con IA es fundamental. Es cierto que la inteligencia artificial cabe aplicarla a todas las áreas o departamentos de las pymes y a su cadena de valor. Entre sus principales impactos positivos destacan: 

  • una mayor eficiencia operativa
  • una mejor experiencia de cliente 
  • y una optimización en la toma de decisiones

Las herramientas de IA tienen además la particularidad de que los resultados se observan de forma inmediata, aunque también hay impactos que se perciben en el medio y largo plazo. Esto ayuda a que la inversión realizada en este tipo de tecnología tenga un rápido retorno. De todos modos, se nota de manera más intensa en el medio y largo plazo. No obstante, todo dependerá de cada una de las pymes y de la solución implementada. 

¿Y cómo puedes aplicar la IA a tu negocio? ¿Qué hay que tener en cuenta? En este artículo, te damos todas las claves para hacerlo con éxito. 

CONTENIDO DEL POST

Principales usos de la IA en las pymes 

No hay área, departamento o proceso en el que no pueda emplearse la IA, aunque es más habitual, al menos de momento, en una serie de usos. Estos son los principales que debes tener en cuenta, aunque hay muchos más:

Creatividad

La IA permite generar ideas y contenidos creativos e innovadores. Esto es de ayuda para las publicaciones en redes sociales, blogs corporativos o para que ofrezcas experiencias únicas a los clientes o usuarios. Un dato importante es que, al ser generadas con inteligencia artificial, son más difíciles de copiar o plagiar.

Ahorro 

Otra de las grandes ventajas de su uso en las pymes es la capacidad de ahorrar tiempo y costes por la automatización de todo tipo de procesos en la empresa, incluyendo el área de producción. 

Clientes 

La IA hace más fácil que las pymes se diferencien de su competencia porque es más sencillo adaptar productos y servicios a los clientes o usuarios. Esto te facilita conectar con ellos y fidelizarles. Además, gracias a herramientas como los chatbots, puedes dar atención 24 horas durante los 365 días del año. En sectores, como por ejemplo la restauración, ayudan en la labor de las reservas y cancelaciones.

Productos 

La inteligencia artificial ayuda a las pymes a hacer diseños de productos o prototipos de forma más rápida y sencilla. Con esto, se reducen costes porque no se desperdician materiales por equivocaciones como sucede con la moda, lo que impacta a su vez en un ahorro de costes. Así, es posible iterar a gran velocidad para lanzar nuevos productos ganando en eficiencia.

Análisis 

Una de las grandes ventajas para las pymes es que la IA tiene capacidad de analizar e interpretar grandes volúmenes de datos. Esto repercute en una toma de decisiones más eficiente al basarse en información fiable, observar patrones e identificar posibles tendencias.

Pasos previos para implementar la inteligencia artificial con éxito

Para que te beneficies de las ventajas de la IA, es importante que tengas claro una serie de pasos previos y posteriores para que el uso de herramientas y soluciones se haga de forma exitosa. Estos son las pautas que puedes seguir:

  1. Objetivos: el primer paso es que las pymes definan bien qué quieren conseguir con la IA. Es decir, especificar los objetivos, sopesando los puntos fuertes y débiles o posibles problemas a surgir durante su utilización. 
  1. Datos: es especialmente importante que las pequeñas y medianas empresas sean conscientes de los datos que necesitan para emplear la IA de cara a utilizar aquellos precisos y de calidad. Esto lleva a su vez a tener que establecer medidas para su seguridad, de gobernanza del dato y criterios éticos para su empleo. 
  1. Implementación: las pymes tienen que desarrollar el proyecto con la IA sin perder de vista que es precisa la integración con el sistema u otras soluciones que ya empleen. Tras esa fase, ya se tiene vía libre para comenzar las pruebas. En este proceso, es clave comenzar poco a poco para ir validando y corregir posibles errores. Una vez superado y todo correcto, ya se escala. 
  1. Medir: la aplicación de la IA en las empresas de nada sirve si no se hacen mediciones y monitorizaciones, preferentemente, en tiempo real. Esto facilita detectar posibles mejoras a incorporar, hacer un control de la eficiencia para su mayor optimización y conocer posibles alertas y errores en segundos para corregir de manera rápida.

Antes de utilizar la IA en la pyme, es necesario definir los objetivos a conseguir y seleccionar los datos a utilizar para conseguir un buen resultado.

Alrededor de la IA se han desarrollado numerosas herramientas para pymes. Un motivo por el que es fundamental elegir aquella que mejor se adapte. ¿Qué puedes encontrar? Aquí van algunas: 

  • Sistemas RPA: especialmente concebidos para la realización de trabajos manuales que suelen conllevar mucho tiempo.
  • Sage Copilot: esta herramienta integral para pymes pone el foco en aplicar la IA en áreas como la contabilidad, finanzas y gestión de equipos. También contribuye a agilizar la toma de decisiones, convirtiéndola en más inteligente, gracias a su capacidad de detectar errores y generar informes con contenido práctico y exclusivo en función de la selección de los datos. Igualmente, facilita la automatización de los flujos de trabajo. 
  • Herramientas de IA aplicada con sistemas de entendimiento del lenguaje natural: efectúan el análisis de audio y texto.
  • Soluciones de machine learning: realizan predicciones y detectan incidencias, entre otras ventajas. 
  • Chatbots: idóneos para conversaciones en tiempo real.

Son solo algunas de las herramientas que puedes utilizar en tu negocio. Además, la mayoría de ellas no tienen un alto coste económico. Es otra de las ventajas de la IA en las pymes. Y es que esta tecnología ha contribuido a democratizar los avances para que no se queden solo en las grandes compañías y las pequeñas también puedan beneficiarse y competir en el mercado. 

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Madres muy especiales

La convicción de que las labores de crianza de los hijos carecían en España de su merecida consideración social originó, hace aproximadamente un siglo, la iniciativa de homenajear un día al año a las madres. Lanzada desde la sociedad civil —y no desde el sector empresarial ni desde la Iglesia o los poderes públicos—, esta iniciativa se fue institucionalizando en las familias, hasta que, a mediados de los años sesenta, se “oficializó” su celebración en el primer domingo de mayo. Hoy seguimos celebrando el Día de la Madre, cuya notoria dimensión comercial no debería hacer olvidar su origen social ni la satisfacción que reportan a muchas madres las felicitaciones y manifestaciones de aprecio que reciben en esta fecha.

Si bien en España, como en buena parte de las sociedades económicamente más avanzadas, los hombres se han ido involucrando cada vez más en la crianza de los hijos, las mujeres continúan manteniendo el protagonismo en esta ocupación. Así lo evidencian las estadísticas de uso del tiempo: en todos los países europeos, ellas dedican más horas diarias a las actividades de cuidado físico, supervisión y acompañamiento de los hijos. Sin poner en cuestión que la realización de estas actividades procura incontables experiencias gratas, a nadie se le oculta que también requiere mucho esfuerzo y absorbe una gran cantidad de tiempo, un recurso limitado cuyo valor (y precio) tiende a aumentar en nuestra época.

La crianza de los hijos puede entenderse como un proceso con dos componentes fundamentales: la protección y la capacitación para la autonomía. El peso relativo que a lo largo del proceso adquiere este segundo componente depende, en gran medida, de la edad los hijos y, también, del estilo educativo de quien cría, pero, en general, la capacitación para la autonomía va progresando a buen ritmo en los primeros años de vida, hasta que los hijos alcanzan la independencia para manejarse en los diferentes entornos que conforman su mundo. De hecho, es habitual medir los logros de la crianza en función del grado de autonomía que alcanzan los hijos en cada fase de desarrollo; es decir, de lo que aprenden a hacer “solos” (utilizar los cubiertos para comer, desplazarse andando, asearse, ponerse el cinturón de seguridad en el coche o salir de casa sin compañía adulta, por poner solo algunos ejemplos). Esos éxitos evolutivos de los hijos, junto con la perspectiva de que, en un periodo de tiempo razonable, conseguirán la plena autonomía en todos los ámbitos de su vida, incluido el económico, proporcionan un aliciente precioso para dedicar, día tras día, recursos de todo tipo a las costosas tareas de la crianza.

Sin embargo, hay muchas madres que carecen de esa perspectiva —o, si la albergan, saben de las grandes dificultades para que se haga realidad— porque sus hijos padecen discapacidades o trastornos con un nivel de afectación tal que los convierten en permanentemente dependientes. Aunque no contemos con estadísticas que las cuantifiquen, podemos aproximarnos al número de esas madres a partir de la Base Estatal de Personas con Valoración del Grado de Discapacidad. En 2022 había 171.231 menores de 18 años con un grado de discapacidad del 33% o superior (Gráfico 1). Aunque las limitaciones pueden ser muy diferentes según la naturaleza y gravedad de las discapacidades, una parte significativa de esos niños y jóvenes necesita atención y cuidados continuados para realizar algunas, muchas o todas las actividades de la vida diaria. Verosímilmente precisa ese tipo de atención y cuidados el grueso de los casi 16.000 que tenían reconocido un grado de discapacidad de 64% a 74%, y todavía con una probabilidad más alta, los cerca de 14.000 valorados con un grado de discapacidad superior al 74%. Una hipótesis muy prudente estimaría en 35.000 el número de madres que en España prestan cuidados intensivos y permanentes a menores con discapacidad, cifra que podría duplicarse si se incluyera a las que atienden a hijos mayores de edad con graves discapacidades (solo las personas entre 18 y 34 años con un grado de discapacidad del 75% o superior se aproximaban a 41.000 en 2022). En muchos de esos hogares en los que viven estos niños y jóvenes, las madres y los padres comparten, junto con otros miembros de la familia, las tareas de acompañamiento y apoyo que la discapacidad impone, pero son ellas quienes, también en estas familias, suelen asumir la principal carga de los cuidados. No es infrecuente que, para poder hacerlo, renuncien a su empleo o reduzcan su jornada laboral, lo que implica una disminución de los ingresos del hogar, que las muy modestas asignaciones del Estado por hijos con discapacidad están lejos de compensar.

Los días de estas decenas de miles de madres, laborables y festivos, están estructurados por las necesidades de alimentación, aseo, desplazamientos y terapias de sus hijos. Entre estos hitos de su agenda van encajando otras actividades domésticas y familiares, en particular, la crianza y educación de otros hijos cuando los hay. La intensidad de su dedicación cuidadora, ejercida sobre todo en el hogar, contribuye a reducir la visibilidad de estas madres, a las que apenas se las escucha en el espacio público. Su voz se la arrogan a menudo representantes políticos y sociales bien intencionados, pero desconocedores de la gran diversidad de experiencias concretas que constituyen el día a día de estas mujeres y de sus necesidades específicas. La discusión sobre la inclusión de los menores con discapacidad en centros educativos ordinarios, avivada precisamente estos días a propósito de la reconvención de la ONU a España por no haber reducido el número de quienes asisten a aulas y centros específicos de educación especial, ofrece un buen ejemplo de esta arrogación. “Te invito a vivir un día en la vida de mi niño y luego me dices a mí, mirándome a los ojos, que lo vuelva a llevar al aula ordinaria en la que ya estuvo”, escribe en X una maestra de educación infantil —defensora de la “educación pública y de calidad”, como indica en su perfil (@larotesmeyer)— con un hijo afectado por parálisis cerebral.

Esas madres discretas, prácticamente olvidadas en los
debates sobre feminismo, maternidad y familia, se entusiasman con cada éxito
evolutivo de sus hijos, por pequeñito que sea, y se ilusionan con cada avance médico
o técnico que pueda mejorar su existencia. Pero también albergan temores que ni
imaginamos, como el de que alguna dolencia aguda (una simple infección o,
incluso, una indigestión) altere el frágil equilibrio fisiológico de sus hijos,
o el de enfermar ellas mismas y no poder hacerse cargo de ellos.

Puestos a pensar, seguro que muchos lectores conocen a alguna de esas madres tan especiales; yo, a Christina, Ana, Marta y Natalia, que no escatiman tiempo ni energía en el cuidado de Mateo (parálisis cerebral), María (síndrome de Down), Mathias (síndrome del espectro autista) y Hugo (disfasia). Ellas —y, también, Igor, Pablo, Johan y José Luis, sus parejas— merecen siempre, además del afecto personal de quienes las rodeamos, admiración y reconocimiento social, y señaladamente, en el Día de la Madre.

Esta entrada fue publicada originalmente en el diario El Mundo

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Los nuevos datos sobre el número de alumnos por docente en España y su efecto en el aprendizaje

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El Ministerio de Educación, FP y Deportes publicó el 24 de abril los datos de “Enseñanzas no universitarias. Estadística del profesorado y otro personal. Series”. En el gráfico 1 se puede ver la evolución del profesorado en enseñanzas no universitarias por titularidad del centro en España. Enseñanzas de Régimen general no universitarias incluye educación infantil, primaria, secundaria (ESO, Bachillerato y FP Media), y FP Superior. Se puede observar que el número de docentes en España ha aumentado desde los 758.594 docentes en el curso 2021-22 a los 768.798 en 2022-23, máximo histórico. Es un aumento de 10.204 profesores y profesoras ( 1,3%). Desde el curso en el que se produjo el cierre de los centros educativos por el Covid, el de 2019-20, ha habido un incremento de 43.713 docentes en España ( 6,0%), un aumento que se ha extendido tanto a la red de centros púbicos ( 7,3%) como en los concertados y privados ( 2,8%). Se revierte así el periodo entre los cursos 2011-12 y el 2017-18, unos años en donde el número de docentes en centros públicos se mantuvo por debajo de los 495.322 alcanzados en 2010-11.


El aumento del número de docentes y el comienzo del descenso de matriculados que ha llegado ya a la educación infantil y primaria ha permitido continuar y acentuar la disminución en la ratio de los alumnos por profesor equivalente a tiempo completo. La serie histórica publicada por el Ministerio de Educación, FP y Deportes comienza en el curso académico 2011-12 con 12,1 alumnos por docente en el conjunto de los centros, con 11,1 en los públicos y 15,2 en los concertados y privados. Esta ratio aumentó en los dos primeros cursos académicos, coincidiendo con los ajustes presupuestarios. A partir del curso 2014-15 se ha producido una disminución constante de esta ratio en los centros educativos tanto públicos como concertados y privados en España. Esta tendencia se ha intensificado desde el cierre de los centros educativos durante el Covid, en 2019-20, con una reducción significativa que ha llevado la ratio alumnos por profesor en España a 11,3 en el conjunto de los centros educativos no universitarios, 10,2 en los públicos y 14,3 en los concertados y privados.


En el cuadro 1 se puede observar la ratio alumno por docente en España en comparación con la UE y la OCDE (Informe Español de OCDE: Education at a Glance 2023). Se puede comprobar que la ratio es más baja en España que en la OCDE. En educación Primaria nuestro país tiene 12 alumnos por docente, por los 15 de la OCDE y la UE-25. También en la ESO, siguiente columna, disponemos de una ratio (11) más baja que la de la OCDE (13) o UE.25 (12). En Bachillerato, España tiene 11 estudiantes por profesor, por debajo de los 14 de nuestro entorno. Las diferencias se amplían en las dos FP, FP Media (9 en comparación a 15 en la OCDE y 14 en la UE-25) y FP Superior (11 frente a 16 en la OCDE y 13 en la UE-25). Las ratios de alumnos por profesor también son más bajas en España en los estudios universitarios.


El efecto de la ratio alumnos por clase en el aprendizaje

El aumento del número de docentes y la disminución de la natalidad está conduciendo a una reducción de la ratio alumnos por profesor en España, que se traducirá en una bajada también de la ratio alumnos por clase. La investigación en economía de la educación (por ejemplo, aquí) muestra que la disminución del tamaño de la clase aumenta el aprendizaje de los estudiantes. La reducción de la ratio de alumnos por clase mejora el aprendizaje de los alumnos, incrementando su rendimiento académico y reduciendo la probabilidad de repetir curso. Un trabajo en elaboración del Profesor José Montalbán (Universidad de Estocolmo) y coautores muestra que reducir el número de estudiantes por clase disminuye las disrupciones en el aula y aumenta la satisfacción de docentes y alumnos. El efecto es significativo en primaria y centros de difícil desempeño. Estos resultados están en línea con la mayor rentabilidad de intervenciones tempranas y con los estudios que también concluyen que los efectos son más fuertes y se estiman con mayor precisión en los estudiantes más jóvenes.

Disminuir el tamaño de las clases mejora el aprendizaje, aunque el impacto es moderado considerando el alto coste presupuestario que implica. Existen otras estrategias educativas con una relación coste-beneficio más favorable que la reducción del número de alumnos por clase. Un incremento del 10% en el gasto de diversas políticas educativas puede resultar en un aumento del aprendizaje siete veces mayor que el efecto de una disminución del 10% en el tamaño de las clases. Una opción podría ser implementar esta reducción de manera selectiva y focalizada en los niveles educativos iniciales, como Infantil y Primaria, donde las intervenciones tempranas de alta calidad son particularmente beneficiosas y los buenos hábitos se forman desde temprano. La reducción en el número de alumnos por clase tiende a beneficiar más a estudiantes de familias desfavorecidas o de bajo nivel educativo, provenientes de entornos familiares poco estructurados, pertenecientes a minorías o que presentan déficit en su rendimiento académico (Green e Iversen, 2022). Por ello, resulta más efectivo focalizar las disminuciones en la ratio de alumnos por clase en centros educativos de zonas desfavorecidas o que atiendan a un mayor número de alumnos con dificultades de aprendizaje, ya que estos estudiantes se benefician más de una atención más personalizada por parte de los profesores. Esta estrategia subraya que la capacidad del docente para manejar la clase se ve comprometida cuando los estudiantes son disruptivos o requieren apoyo adicional, por lo que los beneficios de reducir el tamaño de la clase son más notorios en ambientes con un mayor número de estudiantes con dificultades para seguir las clases o con problemas de comportamiento (Cabrales y Sanz, 2024). Alternativas como las tutorías en grupos pequeños o programas de recuperación escolar ofrecen una relación coste-beneficio mucho más alta que una reducción general en el tamaño de las clases.

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