BBVA bate récord de beneficio y refuerza dividendo y recompras
BBVA ha cerrado el ejercicio 2025 con el mayor beneficio de su historia, impulsado por el tirón del crédito, el aumento de los ingresos recurrentes y una rentabilidad situada en la parte alta del sector europeo. La entidad deja atrás el episodio de la opa fallida sobre Sabadell apoyándose en unas cuentas que baten todas sus marcas previas.
El grupo consiguió un resultado atribuido de 10.511 millones de euros, lo que supone un avance del 4,5% en euros corrientes frente a 2024 y del 19,2% a tipos de cambio constantes. Estos datos consolidan una senda de varios años de crecimiento sostenido del beneficio, respaldada por una base de clientes en expansión, mejora de márgenes y disciplina de costes.
Evolución del negocio y récord en los márgenes
El motor de estas cifras ha sido el fuerte dinamismo de la actividad. El crédito a la clientela avanzó un 16,2% en términos constantes, con ganancias de cuota en la mayoría de los mercados en los que opera el banco. Este mayor volumen, especialmente en segmentos de mayor rentabilidad, ha permitido elevar la capacidad de BBVA para sacar partido a su balance.
En la parte alta de la cuenta de resultados, el margen de intereses alcanzó 26.280 millones de euros, con un incremento cercano al 14% a tipos de cambio constantes, apoyado en los principales mercados del grupo. El margen de intereses sobre activos totales medios subió hasta el 3,27% en el cuarto trimestre, frente al 3,17% de un año antes, reflejando una mejora en la rentabilidad de los activos.
Las comisiones netas sumaron 8.215 millones de euros, con un crecimiento de doble dígito en términos constantes gracias, sobre todo, a los medios de pago y a la gestión de activos. La combinación de margen de intereses y comisiones llevó los ingresos recurrentes hasta 34.496 millones, un 14,1% más que en 2024.
El margen bruto se situó en 36.931 millones de euros, con un avance del 16,3% a tipos de cambio constantes. Este repunte permitió absorber sin problemas el aumento de los gastos, mantener lo que en la jerga del sector se conoce como mandíbulas positivas y mejorar la eficiencia del grupo.
Los gastos de explotación ascendieron a 14.332 millones de euros, tras crecer en torno a un 10% en términos constantes, impulsados por mayores costes de personal, tecnología y actividades comerciales. La fortaleza del margen bruto compensó este incremento y se tradujo en una ratio de eficiencia del 38,8%, mejorando más de dos puntos porcentuales frente al año anterior.
Como resultado de todo lo anterior, el margen neto alcanzó los 22.599 millones de euros, un 20,4% por encima del registrado en 2024 y el nivel más alto alcanzado por la entidad. Esta evolución, junto con la contención del riesgo, ha sido clave para el nuevo récord de beneficios.
Riesgo, solvencia y calidad del balance
El crecimiento del negocio vino acompañado de un aumento de las dotaciones por deterioro de activos financieros, que sumaron 6.073 millones de euros, un 15,5% más que el año anterior. El incremento se concentra principalmente en las carteras minoristas, coherente con el fuerte avance del crédito.
A pesar de ese mayor esfuerzo en provisiones, los indicadores de calidad del activo muestran una foto sólida. El coste de riesgo acumulado cerró en el 1,39%, mientras que la tasa de mora se situó en el 2,7% y la cobertura alcanzó el 85%. En España, el coste de riesgo se redujo hasta el 0,34% y la morosidad bajó al 3,1%, con una cobertura del 67%.
En términos de capital, el banco mantuvo un ratio CET1 fully loaded del 12,7% al final del ejercicio, por encima del rango objetivo de la entidad, situado entre el 11,5% y el 12%, y claramente por encima de los mínimos regulatorios. Esta posición permite a BBVA combinar crecimiento orgánico, retribución al accionista y programas de recompra.
La entidad resalta también la evolución del valor contable tangible por acción más dividendos, que aumentó a doble dígito, reflejando la creación de valor para los accionistas más allá del beneficio contable. Todo ello en un ejercicio condicionado por la política monetaria del Banco Central Europeo y por la corrección del precio del dinero tras las subidas previas de tipos.
Dividendo histórico y programa de recompra

Con cargo al resultado de 2025, BBVA propondrá el mayor dividendo en efectivo de su historia. En total, la entidad prevé distribuir 0,92 euros brutos por acción, íntegramente en metálico, lo que supone un desembolso de unos 5.249 millones de euros, un 31% más que la remuneración en caja correspondiente a 2024.
De esa cantidad, el banco ya abonó 0,32 euros por acción en noviembre como dividendo a cuenta. El pago complementario previsto es de 0,60 euros por acción, pendiente de la aprobación de los órganos sociales y programado para abril de 2026. La política de distribución se sitúa en torno al 50% del beneficio atribuido.
Además del dividendo, el grupo ha puesto en marcha un plan extraordinario de recompra de acciones por 3.960 millones de euros. El primer tramo, de 1.500 millones, ya estaba ejecutado en torno al 43% a finales de enero, según la información remitida al mercado. La entidad mantiene su compromiso de regresar al accionista el exceso de capital que supere la parte alta de su rango objetivo.
La combinación de dividendos y recompras supera los 9.200 millones de euros, una cifra que sitúa a BBVA entre los bancos europeos con una política de retribución más intensa. Pese a ello, el ratio CET1 se mantiene confortablemente dentro del rango definido por la entidad.
España y México, pilares del beneficio del grupo

Por áreas geográficas, España y México concentran la mayor parte del beneficio. En el mercado doméstico, BBVA España registró un resultado atribuido histórico de 4.175 millones de euros, con un crecimiento del 11,3% frente al año anterior gracias al aumento de los ingresos recurrentes, la estabilidad de los costes y menores saneamientos.
En España, la nueva producción de crédito creció alrededor del 8%, con especial intensidad en las empresas de mayor tamaño, el sector público y las compañías medianas. El margen de intereses avanzó en torno a un 3%, las comisiones crecieron en una proporción similar y los gastos se redujeron ligeramente, lo que se tradujo en una mejora de la eficiencia local.
México se mantuvo como el principal motor de resultados del grupo, con un beneficio atribuido en el entorno de los 5.264 millones de euros. El crédito en este país aumentó a ritmos de un dígito alto, con avance en el negocio minorista y en el segmento de consumo, mientras los ingresos recurrentes siguieron creciendo gracias al margen de intereses y a las comisiones.
El área de banca mayorista y resto de negocios, que incluye la actividad de Corporate & Investment Banking y otras operaciones internacionales, contribuyó con alrededor de 627 millones de euros, beneficiándose de la financiación de proyectos y de la actividad corporativa en Europa, Estados Unidos y Asia.
Clientes, digitalización y apuesta por la inteligencia artificial

Más allá de las cifras puras, BBVA subraya que su estrategia pasa por una visión radicalmente centrada en el cliente. Esta orientación ha permitido al banco mantener posiciones de liderazgo en la valoración de sus usuarios, medida a través del índice Net Promoter Score (NPS), en la mayoría de los mercados donde opera.
Durante 2025, la entidad incorporó 11,5 millones de nuevos clientes, de los cuales aproximadamente dos tercios llegaron a través de canales digitales. La base de clientes activos supera ya los 80 millones a nivel global, con una penetración creciente de la banca móvil y de los servicios en línea.
La innovación y la inteligencia artificial ocupan un lugar central en el plan estratégico. El banco ha desplegado ocho iniciativas principales basadas en IA, entre las que destaca su asesor digital Blue, herramientas de apoyo para gestores, soluciones de automatización de procesos y aplicaciones específicas para riesgos y desarrollo de software.
En este terreno, BBVA ha sellado una alianza estratégica con OpenAI con el objetivo de acelerar la adopción de estas tecnologías, mejorar la personalización de la oferta y reforzar la eficiencia interna. La entidad considera que estas capacidades serán clave para competir en los próximos años y para seguir ampliando la base de clientes digitales.
Paralelamente, el grupo ha mantenido un fuerte impulso en sostenibilidad. En 2025 canalizó 134.000 millones de euros en negocio sostenible, un 44% más que en 2024, y el negocio transfronterizo de empresas creció un 20% en euros constantes, consolidando el papel del banco en la financiación de proyectos alineados con la transición energética y el desarrollo sostenible.
Rentabilidad, mercado y perspectivas

En términos de rentabilidad, BBVA se situó de nuevo entre las entidades más rentables de Europa. La rentabilidad sobre el capital tangible (ROTE) fue del 19,3%, mientras que la rentabilidad sobre fondos propios (ROE) se aproximó al 18,5%. El banco aspira a mantener estos niveles, o incluso superarlos ligeramente, en el ejercicio 2026.
La entidad reconoce, no obstante, que el comportamiento de la acción en Bolsa tras la publicación de resultados ha sido exigente. Parte del mercado ha acusado el impacto de mayores provisiones, de una evolución algo más contenida de algunas filiales y del nuevo contexto de tipos de interés en la zona euro.
Desde la dirección se insiste en que el banco está “en su mejor momento” y bien posicionado para cumplir sus objetivos a medio plazo. Entre las metas anunciadas figuran mantener una rentabilidad en torno al 20%, preservar o mejorar la eficiencia, sostener un crecimiento de ingresos de un dígito alto y seguir distribuyendo el exceso de capital mediante dividendos y recompras.
De cara a 2026, las previsiones internas apuntan a un crecimiento adicional del crédito en los principales mercados, con avances de alrededor del 5% en España y de un dígito alto en México. El banco también anticipa que la inversión en tecnología y datos seguirá aumentando, si bien espera que la mejora de los ingresos compense estas partidas.
En este contexto, BBVA prevé que la eficiencia del grupo se mantenga por debajo del 40% y que los indicadores de riesgo continúen en niveles sólidos, apoyados en una gestión prudente y en herramientas de análisis cada vez más sofisticadas.
El cierre de 2025 deja a BBVA con un beneficio récord, una rentabilidad sobresaliente y una retribución al accionista sin precedentes, apoyado en el crecimiento del crédito, la solidez de los márgenes y una estrategia que combina digitalización, inteligencia artificial y sostenibilidad. Con una posición de capital sólida y una base de clientes en expansión, la entidad encara 2026 con el reto de volver a superar sus propias marcas en un entorno competitivo y de tipos de interés en plena transición.
BNP Paribas eleva su beneficio y ajusta al alza sus objetivos de rentabilidad
El banco francés BNP Paribas ha cerrado 2025 con un incremento notable de sus beneficios y una revisión al alza de sus metas de rentabilidad para los próximos años. En un contexto de tipos de interés todavía favorable en la eurozona, la entidad consolida su posición entre los grandes grupos financieros europeos y ajusta su plan estratégico con una mirada puesta en 2028.
Lejos de limitarse a presentar unas cuentas positivas, el grupo aprovecha la inercia del ejercicio 2025 para endurecer sus propias exigencias internas, especialmente en términos de rentabilidad sobre el capital tangible (RoTE) y de eficiencia de costes. El nuevo marco de objetivos llega acompañado de un ambicioso programa de ahorro y transformación de sus funciones de soporte.
Beneficio neto al alza y crecimiento de los ingresos en 2025
Durante el ejercicio 2025, BNP Paribas obtuvo un beneficio neto atribuido de 12.225 millones de euros, lo que se traduce en una subida del 4,6% frente al año anterior. Este avance se apoya en un comportamiento sólido de sus principales líneas de negocio, tanto en banca minorista como en actividades de mercados y servicios financieros especializados.
La cifra de negocio del grupo, equivalente a sus ingresos totales, alcanzó los 51.223 millones de euros, con un incremento interanual del 4,9%. Este repunte de la facturación refleja, en buena medida, el entorno de tipos de interés estructuralmente más elevados en Europa, que continúa favoreciendo los márgenes de intermediación de la banca tradicional.
En paralelo, las dotaciones destinadas a cubrir el riesgo de crédito se situaron en 3.350 millones de euros, un 11,7% más que en 2024. Este aumento de las provisiones responde a una gestión prudente del balance en un escenario todavía marcado por la incertidumbre económica, aunque con señales de estabilización en la calidad de los activos en varias geografías europeas.
Dentro de ese total, 795 millones de euros correspondieron al cuarto trimestre de 2025, lo que supone, en cambio, una reducción del 9,5% frente al mismo periodo del año anterior. Este descenso en la recta final del ejercicio sugiere cierta normalización del coste del riesgo tras los ajustes más intensos de años previos.
Un cuarto trimestre récord impulsa la revisión de objetivos
El tramo final del año resultó especialmente favorable. Entre octubre y diciembre de 2025, BNP Paribas registró un beneficio neto atribuido de 2.972 millones de euros, cifra que representa un salto del 28% respecto al cuarto trimestre de 2024. Esta aceleración en el último trimestre ha sido clave para reforzar la confianza del banco en su hoja de ruta a medio plazo.
En cuanto a los ingresos trimestrales, la entidad alcanzó los 13.113 millones de euros, un 8% más que en el mismo periodo del ejercicio precedente. La combinación de mayor volumen de actividad, una estructura de tipos favorable y el efecto de las medidas de eficiencia ha permitido mejorar de forma notable la rentabilidad de las operaciones.
El consejero delegado, Jean-Laurent Bonnafé, subrayó que el grupo firmó un cuarto trimestre “récord” con unos resultados operativos muy sólidos. Sobre la base de estas cifras y del entorno de tipos, el máximo responsable de la entidad confirmó que el banco mantiene sus metas para 2026 y, además, eleva el listón de rentabilidad fijado para 2028.
Esta combinación de crecimiento de ingresos, control de costes y prudencia en provisiones ha permitido a BNP Paribas reforzar su narrativa ante inversores y reguladores europeos, presentando un perfil de riesgo contenido y una capacidad elevada para generar capital de forma orgánica de cara a los próximos ejercicios.
Metas financieras para 2026: rentabilidad y crecimiento sostenido
En el marco de su plan estratégico vigente, BNP Paribas mantiene su objetivo de alcanzar un RoTE del 12% en 2026. Esta referencia de rentabilidad sobre el capital tangible se considera un umbral competitivo dentro del sector bancario europeo, donde la presión regulatoria y las exigencias de capital suelen limitar los retornos.
Además, el banco sigue apuntando a un crecimiento anual compuesto del beneficio neto superior al 7% en el periodo 2024-2026. Este ritmo, que se apoya tanto en el impulso de los ingresos como en los planes de ahorro, sitúa a la entidad en una posición de crecimiento moderado pero sostenido en el conjunto del sector europeo.
En paralelo, la entidad prevé que su cifra de negocio crezca a una tasa media superior al 5% anual en ese mismo tramo 2024-2026. Esta proyección contempla un escenario en el que la actividad económica en Europa se mantiene en expansión modesta, sin descartar episodios de volatilidad derivados de factores geopolíticos o de cambios en la política monetaria.
La combinación de estos objetivos de ingresos y beneficios persigue consolidar un modelo de banca diversificada, con presencia relevante en varias geografías europeas, y reforzar el peso de actividades con mayor valor añadido, como la gestión de activos, los servicios de banca corporativa y de inversión o las soluciones de financiación avanzada.
Revisión al alza de la rentabilidad y la eficiencia para 2028
Mirando más allá de 2026, BNP Paribas ha decidido endurecer sus propias metas para el horizonte de 2028. La entidad eleva su objetivo de RoTE a un nivel “superior al 13%”, por encima de la referencia anterior, que se situaba exactamente en el 13%. Este matiz refleja la confianza del grupo en su capacidad para seguir mejorando la rentabilidad apoyándose en la eficiencia y en el crecimiento orgánico.
Junto a ese aumento en la meta de rentabilidad, el banco prevé ahora una ratio de eficiencia de costes inferior al 56%, frente al 58% que manejaba en su plan previo. La ratio de eficiencia mide la relación entre los gastos operativos y los ingresos, de modo que una cifra más baja implica una mayor capacidad para transformar ingresos en beneficios.
Esta revisión al alza de las metas de rentabilidad y al recorte de la ratio de costes sitúa a BNP Paribas entre las entidades que aspiran a liderar la banca europea en términos de eficiencia, un terreno donde la presión tecnológica y la competencia de nuevos actores digitales es cada vez más intensa.
El banco confía en que, a medida que avance el plan de transformación iniciado en 2022, la mejora de procesos y la digitalización permitan seguir rebajando el peso relativo de los gastos de estructura, especialmente en las funciones de soporte y en aquellas actividades más intensivas en recursos administrativos.
Plan de transformación y ahorro de costes: el otro pilar de la estrategia
Uno de los ejes centrales de la hoja de ruta del grupo es el programa de transformación estructural de sus funciones de soporte, destinado a reforzar el impacto de las iniciativas de eficiencia operativa que se vienen aplicando desde 2022. Este plan incluye, entre otros aspectos, la simplificación de procesos internos, la automatización de tareas y una mayor integración de herramientas digitales.
Según ha explicado la entidad, las medidas implementadas hasta 2025 generaron 800 millones de euros en ahorros de costes recurrentes, superando las previsiones iniciales, que apuntaban a 600 millones. Este diferencial positivo confirma que el despliegue de las iniciativas de eficiencia está evolucionando mejor de lo esperado.
De cara a los próximos años, BNP Paribas espera que las acciones adicionales previstas para 2026 aporten otros 600 millones de euros en ahorros. Si se cumplen estas estimaciones, el volumen total de recortes de costes recurrentes entre 2022 y 2026 alcanzaría los 3.500 millones de euros, claramente por encima de los 2.900 millones inicialmente proyectados.
Este esfuerzo de racionalización de gastos no solo pretende mejorar la cuenta de resultados, sino también reforzar la capacidad del banco para seguir invirtiendo en áreas clave como la tecnología, la ciberseguridad, la sostenibilidad y el desarrollo de nuevos productos financieros adaptados a las necesidades de empresas y particulares en Europa.
Todo este proceso de transformación se está llevando a cabo, según el grupo, buscando un equilibrio entre eficiencia y mantenimiento de la calidad del servicio, con especial atención a la red de clientes en mercados como Francia, Bélgica, Italia y otros países del entorno europeo donde BNP Paribas mantiene una fuerte presencia.
Perspectivas de crecimiento del beneficio entre 2025 y 2028
Apoyado en el avance de los ingresos y en la mejora de la relación coste-beneficio, BNP Paribas ha revisado también al alza sus expectativas de crecimiento del beneficio neto para los próximos años. La entidad se marca ahora como objetivo un crecimiento medio anual del beneficio neto atribuido superior al 10% en el periodo 2025-2028.
Este ritmo de avance supone un salto significativo respecto al 7% previsto para el intervalo 2024-2026, lo que refleja el impacto esperado de las medidas de eficiencia adicionales, la consolidación de los negocios más rentables y el mantenimiento de un entorno de tipos de interés todavía favorable, aunque con cierta normalización progresiva.
Con este nuevo listón, el banco aspira a reforzar el atractivo de su perfil de inversión frente a otros grandes actores financieros europeos, en un momento en el que el mercado sigue premiando a las entidades capaces de generar rentabilidades sostenidas sobre el capital con una volatilidad contenida.
Desde la perspectiva de los reguladores y supervisores europeos, la combinación de mayores beneficios, provisiones prudentes y ahorro de costes contribuye a consolidar una posición de solvencia robusta para el grupo, algo especialmente relevante en un contexto marcado por exigencias de capital más estrictas y por la aplicación plena de los estándares de Basilea.
En definitiva, la entidad francesa encara los próximos años con un plan financiero más exigente pero respaldado por los resultados de 2025 y por un proceso de transformación interna que ya está dejando huella en la cuenta de resultados. Si se cumplen las previsiones, BNP Paribas avanzará hacia un nivel de rentabilidad y eficiencia que la situaría en la parte alta del ranking de la gran banca europea.
La recaudación de IRPF de 2025 superará los 160.000 millones

En el conjunto de países occidentales de la Unión Europea (UE-12), la recaudación fiscal aumentó en promedio un 26,0% desde 2019 hasta 2024. España se sitúa en el grupo de cabeza (35,4%) tan solo por detrás de Portugal (37,3%) y casi al mismo nivel que Países Bajos (35,5%) (gráfico 1). En el extremo opuesto se encuentran Alemania (20,5%), Francia (15,9%) y Finlandia (14,9%). Este ranking está relacionado con la evolución del IRPF al ser este el pilar de los sistemas tributarios. Como muestra el gráfico 2, la recaudación de IRPF creció en España un 47,5%, ocupando la segunda posición tras Países Bajos, que registró un crecimiento del 59,9%, ambos muy por encima del promedio del 30%.
Esta tendencia fuertemente alcista se mantuvo el pasado año. Nuestra previsión sitúa la recaudación de IRPF para 2025 en Territorio Común en una cifra próxima a los 148,0 miles de millones de euros. Esa cifra es compatible con la previsión de AIReF de 161,8 miles de millones para todo el territorio español (incluyendo territorios forales de País Vasco y Navarra), lo que supone un crecimiento de la recaudación del 11,8%, similar a los incrementos de 2021 y 2022. De cumplirse estas previsiones, la recaudación de IRPF habría aumentado entre 2019 y 2025 entre un 65% y un 70%. Este crecimiento es fruto de la evolución del empleo y los salarios, así como de los efectos de la inflación sobre la recaudación.
Gracias por leer La recaudación de IRPF de 2025 superará los 160.000 millones, una entrada de Funcasblog.
Leer másKicillof y Cuattromo sellan convenios de leasing con 13 municipios bonaerenses
El Gobierno de la provincia de Buenos Aires volvió a apoyarse en la banca pública para apuntalar la gestión de los municipios. En un acto celebrado en La Plata, el gobernador Axel Kicillof encabezó la firma de nuevos convenios de leasing con intendentes de distintos signos políticos, con el objetivo de reforzar la capacidad operativa de los distritos en plena tensión fiscal.
Mediante estos acuerdos, los municipios podrán incorporar maquinaria, vehículos y equipamiento clave para obras y servicios locales por un monto superior a $6.871 millones. La iniciativa se enmarca en la Línea Municipios de Provincia Leasing, una herramienta financiera del Banco Provincia pensada para facilitar la renovación de bienes de capital sin exigir grandes desembolsos iniciales.
Un acto transversal con intendentes de 13 distritos bonaerenses
La firma de los convenios tuvo lugar en el Salón de los Acuerdos de la Casa de Gobierno, en La Plata, donde Kicillof estuvo acompañado por el presidente del Banco Provincia, Juan Cuattromo, y por la titular de Provincia Leasing, Valeria Dallera. En la mesa se sentaron jefes comunales de 13 municipios de la provincia de Buenos Aires, provenientes de espacios políticos diversos.
Los acuerdos alcanzan a los distritos de Azul, Cañuelas, Capitán Sarmiento, Carmen de Areco, Coronel Dorrego, General Belgrano, Las Flores, Morón, Quilmes, Ramallo, Saladillo, Salto y Tigre. En todos los casos, el financiamiento estará destinado a equipamiento para obra pública, servicios urbanos y áreas estratégicas como salud.
Entre las firmas del peronismo se encuentran Nelson Sombra (Azul), Iván Villagrán (Carmen de Areco), Eva Mieri (Quilmes), Mauro Poletti (Ramallo), Lucas Ghi (Morón), Ricardo Alessandro (Salto), Julio Zamora (Tigre) y Marisa/Mariana Fassi en el caso de Cañuelas, donde se menciona a la intendenta con leves variaciones en el nombre de pila pero siempre aludiendo a la misma jefa comunal.
Por el lado de la UCR, participaron el intendente interino de Saladillo, Alejandro Armendáriz; el jefe comunal de Coronel Dorrego, Juan Carlos Chalde; y el interino de General Belgrano, Juan Pablo Apella. Desde el espacio PRO-libertario, se sumó la intendenta de Capitán Sarmiento, Fernanda Astorino Hurtado, reforzando la idea de que el programa está abierto a municipios de distintas fuerzas.
Kicillof remarcó durante el acto que se trata de “una herramienta fundamental para que avancen las obras que le traen bienestar a nuestro pueblo” y subrayó que la banca pública bonaerense seguirá al servicio de los municipios que necesitan modernizar su parque de maquinaria y sus bienes de capital para responder a las demandas cotidianas de los vecinos.

Cómo funciona la Línea Municipios de Provincia Leasing
El núcleo de estos acuerdos es la Línea Municipios de Provincia Leasing, gestionada por la sociedad Provincia Leasing, perteneciente al Grupo Banco Provincia. Esta herramienta facilita que los gobiernos locales financien hasta el 100% del valor de los bienes que necesitan, sin recurrir a compras al contado que presionen sus presupuestos.
El esquema contempla plazos de hasta 48 cuotas, lo que permite a las comunas distribuir el costo del equipamiento en el tiempo y adecuar las cuotas a sus flujos de ingresos. A través de esta línea, los municipios pueden adquirir equipos de salud, maquinaria vial, equipos de construcción y vehículos de distintos tipos, desde utilitarios y camiones hasta unidades específicas para servicios públicos.
Según detallan desde el Banco Provincia, alrededor del 71% de los bienes incorporados por esta vía se destina a obra pública y prestación de servicios urbanos. Esto incluye, por ejemplo, maquinaria para mantenimiento de calles, camiones recolectores de residuos, equipamiento para alumbrado, herramientas para obras hidráulicas o vehículos para mejorar la logística municipal.
El presidente del Banco Provincia, Juan Cuattromo, explicó que, aun en un escenario económico complejo, la entidad mantiene su compromiso de acompañar a los gobiernos locales con soluciones financieras que les permitan sostener y ampliar su capacidad de gestión. A su juicio, este tipo de instrumentos ayudan a que los municipios no queden paralizados por la falta de recursos iniciales para renovar flotas o incorporar maquinaria pesada.
La propia Provincia destaca que no se trata solo de un mecanismo financiero, sino de una política pública de apoyo a la gestión municipal. El objetivo es que las comunas, independientemente de su tamaño o color político, puedan disponer de los bienes necesarios para mantener la infraestructura, garantizar servicios esenciales y acompañar proyectos de desarrollo local.
Alcance del programa y evolución en los últimos años
Los convenios firmados en este último acto se inscriben en un programa que viene ganando peso dentro de la estrategia del gobierno bonaerense. Solo durante 2025, la Línea Municipios de Provincia Leasing brindó asistencia a 62 distritos por un total que supera los $38.000 millones, orientados a la compra de equipamiento de toda clase.
Si se observa el período completo de la actual gestión provincial, las cifras muestran un uso extendido de esta herramienta: 102 municipios bonaerenses han accedido a distintos tipos de bienes de capital mediante esquemas de leasing con el Banco Provincia. Esto implica que más de tres cuartas partes de los distritos de la provincia ya se han servido de este mecanismo para renovar o ampliar sus recursos materiales.
En la práctica, los bienes financiados se traducen en mejoras visibles en la vida cotidiana: desde ambulancias y equipamiento médico para reforzar los sistemas de salud locales, hasta máquinas para el mantenimiento de caminos rurales, vehículos para la recolección de residuos o equipos de construcción para pequeñas obras de infraestructura.
Los intendentes que participaron del último encuentro en el Salón de los Acuerdos remarcan que este tipo de financiamiento permite evitar demoras prolongadas en la ejecución de proyectos, algo especialmente relevante en contextos en los que la inversión nacional en obra pública se ve recortada o sujeta a incertidumbre.

Un instrumento clave en un contexto económico desafiante
Las nuevas firmas llegan en un momento en el que las finanzas provinciales y municipales están bajo presión por la caída de recursos de origen nacional y el ajuste del gasto público. Desde la administración bonaerense señalan que la combinación de menores transferencias y recesión golpea con fuerza la capacidad de inversión de las provincias y, en particular, de Buenos Aires por su dimensión económica y demográfica.
En este escenario, el gobierno provincial sostiene que la banca pública cumple un papel de amortiguador, ya que permite canalizar financiamiento hacia las administraciones locales cuando otras fuentes se encarecen o directamente se retraen. Los convenios de leasing se presentan como una de las vías para evitar el deterioro del equipamiento y de los servicios municipales en plena etapa de restricciones presupuestarias.
Durante el acto, tanto Kicillof como Cuattromo insistieron en que la banca pública bonaerense seguirá disponible para respaldar proyectos municipales vinculados a infraestructura, salud y servicios urbanos, procurando que los compromisos financieros sean compatibles con las realidades fiscales de cada distrito.
El énfasis en la continuidad de la obra pública y el mantenimiento de servicios esenciales aparece como una constante en los mensajes oficiales. La idea de fondo es que, pese a la coyuntura económica adversa, los municipios cuenten con herramientas para seguir atendiendo demandas básicas de la población sin tener que postergar indefinidamente inversiones necesarias.
Con esta nueva tanda de acuerdos de leasing, el Ejecutivo bonaerense refuerza una política que combina financiamiento accesible, transversalidad política y foco en la gestión local. La apuesta pasa por dotar a los municipios de los recursos materiales imprescindibles para sostener obras, servicios y proyectos de desarrollo, apoyándose en el rol activo del Banco Provincia y de Provincia Leasing como brazos financieros al servicio de los gobiernos locales.
Santander da un salto en EEUU con la compra de Webster Bank por 12.200 millones
Banco Santander ha movido ficha en Estados Unidos con una de las mayores operaciones corporativas de su historia reciente. La entidad presidida por Ana Botín ha alcanzado un acuerdo para adquirir Webster Financial Corporation, matriz de Webster Bank, por 12.200 millones de dólares, con el objetivo de reforzar de forma decidida su presencia en el mercado norteamericano y ganar tamaño en la banca minorista y de empresas.
La compra de Webster llega en un momento en el que el grupo español encadena beneficios históricos —14.101 millones de euros en 2025, el mayor resultado jamás registrado por un banco español— y después de varias operaciones relevantes en Europa, como la adquisición de TSB en Reino Unido y la venta parcial de su negocio en Polonia. Con este movimiento, el banco acelera el giro del foco de crecimiento hacia Estados Unidos y el noreste del país, un área que la propia Botín había señalado en distintas ocasiones como prioritaria.
Detalles de la operación y precio pagado

Según la documentación remitida a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), el banco español valora Webster en 12.200 millones de dólares, unos 10.100-10.300 millones de euros al cambio actual. La contraprestación asciende a 75 dólares por acción de Webster, estructurada en dos tramos: 48,75 dólares en efectivo y 2,0548 acciones de nueva emisión de Santander en forma de American Depositary Shares (ADS) por cada título de la entidad estadounidense.
Este precio supone una prima aproximada del 14% sobre el valor medio ponderado de las acciones de Webster en los tres días previos al anuncio, cuando cotizaban en torno a 65,75 dólares. Tras hacerse pública la operación, la reacción en bolsa ha sido dispar: los títulos de Webster repuntaron alrededor de un 9%, mientras que las acciones de Santander que cotizan en Nueva York sufrieron caídas de más del 6%, reflejando el típico ajuste de mercado ante una gran adquisición pagada en parte con capital propio.
El esquema de pago combina aproximadamente un 65% en efectivo y un 35% en acciones nuevas de Santander, lo que obliga a una ampliación de capital relevante. La entidad cifra este aumento de capital en torno a 3.500-3.700 millones de euros, dependiendo de la cotización de sus títulos. Pese a ello, el banco insiste en que el uso de su exceso de capital y la generación futura permitirán mantener una posición holgada en solvencia.
En términos de valoración, el precio abonado implica pagar alrededor de 6,8 veces el beneficio estimado para 2028 de Webster una vez incorporadas las sinergias de costes, y aproximadamente 2 veces su valor contable tangible a cierre del cuarto trimestre de 2025. El grupo calcula que el retorno sobre el capital invertido rondará el 15% y que la operación aportará un incremento del 7%-8% al beneficio por acción del grupo en 2028.
Impacto en capital, solvencia y financiación
La entidad subraya que la compra de Webster se afrontará principalmente con excedente de capital y la propia generación de recursos del grupo. Santander cerró 2025 con una ratio de capital de máxima calidad CET1 del 13,5%, por encima del rango objetivo del banco, situado entre el 12% y el 13%. Tras la ejecución de la operación, la entidad calcula que esta ratio se situará en torno al 12,8% y volverá a superar el 13% en 2027, manteniéndose en la parte alta de su banda de referencia.
La aportación de Webster equivale a cerca del 4% de los activos totales de Santander, por lo que la compra se enmarca dentro de la estrategia de adquisiciones complementarias, conocidas en el sector como operaciones bolt-on, diseñadas para acelerar el crecimiento orgánico sin tensionar de forma excesiva el capital. En este contexto, la entidad también cuenta con el colchón generado por desinversiones recientes, como la venta de una participación mayoritaria en su filial de Polonia, que le reportó miles de millones en recursos y plusvalías.
Desde la óptica de la financiación, la integración de Webster mejorará el perfil de fondeo en Estados Unidos. El grupo espera que la ratio de préstamos sobre depósitos en ese mercado se sitúe cerca del 100%, frente al 109% actual, gracias a la sólida base de depósitos de alta calidad que aporta el banco adquirido. Esa mejora en el equilibrio entre crédito y ahorro debería traducirse en una reducción del coste de financiación del negocio estadounidense.
Una de las claves del mensaje lanzado al mercado es que esta adquisición no alterará los planes de retribución al accionista. El consejo ha confirmado sus objetivos de devolver a los inversores, entre 2025 y 2026, alrededor de 10.000 millones de euros mediante dividendos y recompras de acciones, a lo que se suma un programa adicional de recompra de 5.000 millones aprobado recientemente. De hecho, Ana Botín ha defendido que la ampliación derivada de la compra de Webster se verá compensada, en términos de creación de valor, por esas recompras.
Posición de Santander en Estados Unidos tras la compra

Estados Unidos se ha consolidado en los últimos años como uno de los principales motores de beneficio del grupo. En los últimos ejercicios, la filial norteamericana ha registrado crecimientos relevantes en resultado neto y rentabilidad, apoyada en el negocio de financiación al consumo, especialmente en el segmento de crédito para automóviles, y en la expansión de su actividad de banca de inversión.
Con la integración de Webster, Santander pasará a estar entre las diez mayores entidades de banca minorista y de empresas de Estados Unidos por volumen de activos, y se colocará entre las cinco principales por depósitos en los estados clave del noreste del país, donde quiere concentrar su crecimiento. El grupo calcula que, tras la operación, su balance conjunto en ese mercado alcanzará aproximadamente 327.000 millones de dólares en activos, con unos 185.000 millones en préstamos y 172.000 millones en depósitos.
La región noreste —con estados como Connecticut, Massachusetts, Nueva York o Nueva Jersey— representa un área de alto poder adquisitivo y fuerte densidad de clientes particulares y empresas. En palabras de la propia Botín, el peso económico de esta zona es comparable al de “todo Reino Unido”, lo que justifica la apuesta del grupo por crear un gran banco regional en lugar de buscar, por ahora, una presencia física homogénea en todo el país.
La operación también se alinea con el despliegue de Openbank, la plataforma de banca digital de Santander, que desembarcó en Estados Unidos en 2024. Mientras que Openbank se dirige sobre todo a un público digital y a la captación de depósitos online, Webster aporta una red consolidada de oficinas y una fuerte relación con clientes locales, lo que permite al grupo combinar canales físicos y digitales en un mercado especialmente competitivo.
En el horizonte regulatorio, la integración de Webster acercará a Santander al umbral fijado por la Reserva Federal (FED) para ser catalogado como banco de “exposición significativa” en Estados Unidos —conocido como nivel III—, un estatus que se alcanza al superar los 250.000 millones de dólares en activos en el país. Este escalón implica mayores exigencias regulatorias, pero también refuerza el posicionamiento de la entidad entre los grandes actores del sistema financiero norteamericano.
Quién es Webster y por qué encaja en la estrategia del grupo

Webster es un banco estadounidense con una larga trayectoria, fundado en 1935 y con sede en Stamford (Connecticut). Su actividad se centra en la banca minorista y de empresas, así como en determinados nichos especializados como los servicios financieros para el sector sanitario. La entidad está especialmente bien posicionada en mercados con rentas altas y en la financiación de compañías de tamaño medio, segmentos considerados estratégicos por Santander.
La franquicia estadounidense de Santander, por su parte, se ha apoyado históricamente en la financiación al consumo, sobre todo en la división de crédito para automoción, y en los últimos años ha ampliado su presencia en banca de inversión. El encaje entre ambos bancos se considera muy alto: Webster aporta una base de depósitos diversificada y de calidad, una red de clientes empresariales y una eficiencia operativa destacada, mientras que Santander suma alcance internacional, músculo tecnológico y capacidad de producto.
De acuerdo con las cifras facilitadas por el grupo, Webster se encuentra entre las entidades más eficientes y rentables de su segmento en Estados Unidos. Esta característica es clave para las aspiraciones del banco español, que quiere elevar la rentabilidad de su negocio en el país y acercarla a los niveles de sus mejores franquicias a nivel global.
La adquisición de Webster se suma a otras operaciones previas con las que el grupo ha ido ajustando su perímetro. En Europa, la compra de TSB en Reino Unido y la venta de un amplio porcentaje de su filial en Polonia muestran un patrón claro: rotar activos, desprenderse de negocios menos estratégicos y reforzar su presencia donde ve más potencial de crecimiento rentable, entre ellos Estados Unidos y México, mercados que la propia Botín había mencionado como prioritarios desde hace años.
Desde el banco se insiste en que la transacción no altera la estrategia de crecimiento orgánico, sino que la acelera, al tiempo que permite capturar oportunidades adicionales de ingresos y mejorar el mix de negocio en uno de sus mercados clave. Hasta el cierre efectivo de la operación, tanto Santander como Webster seguirán operando de forma independiente, sin cambios en cuentas, oficinas o servicios para los clientes de ninguna de las entidades.
Sinergias, eficiencia y objetivos de rentabilidad

Más allá del aumento de tamaño, una de las grandes bazas de la operación reside en las sinergias de costes y en la mejora de la eficiencia. Santander calcula ahorros recurrentes cercanos a los 800 millones de dólares, equivalentes a aproximadamente el 19% de la base de costes conjunta de ambas entidades en Estados Unidos. Estos ahorros procederán de la integración de estructuras centrales, la unificación de plataformas tecnológicas, la renegociación con proveedores y la optimización de procesos.
En términos operativos, la base de costes agregada de los negocios combinados, que ronda actualmente los 4.451 millones de dólares, se reduciría gradualmente hasta situarse en torno a 3.500 millones en un plazo de tres años. Para lograrlo, el grupo prevé un coste de reestructuración cercano a 1.600 millones de dólares, destinado a cubrir ajustes organizativos, integración de sistemas y otros gastos asociados al proceso de fusión.
El objetivo es que la ratio de eficiencia del negocio en Estados Unidos —que mide la relación entre gastos e ingresos— se sitúe por debajo del 40% en 2028, un nivel que colocaría a la entidad combinada entre las más destacadas del país en términos de control de costes. Paralelamente, Santander aspira a que el retorno sobre el capital tangible (RoTE) de su franquicia estadounidense alcance el 18% en ese mismo horizonte temporal.
Estas metas forman parte de una estrategia más amplia del grupo, que persigue un RoTE global superior al 20% en 2028. La dirección considera que la compra de Webster es “estratégicamente clave” para llegar a esa cifra, tanto por la contribución directa del negocio estadounidense como por la mejora del perfil de riesgo, rentabilidad y financiación del conjunto del banco.
En paralelo, la entidad insiste en que la operación se ha diseñado manteniendo una disciplina estricta en la asignación de capital. El uso de exceso de capital, combinado con la generación orgánica y un tamaño de adquisición limitado en relación con el balance total, permite al grupo sostener su política de dividendos y recompras sin tener que renunciar a otros proyectos de crecimiento en Europa o Latinoamérica.
Gobernanza, integración y equipo directivo en EEUU
La reorganización del equipo directivo en Estados Unidos es otro de los elementos relevantes de la transacción. Tras el cierre de la compra, Christiana Riley seguirá actuando como country head de Santander en Estados Unidos y consejera delegada de Santander Holdings USA (SHUSA), manteniendo la máxima responsabilidad sobre la estrategia y la supervisión del negocio del grupo en el país.
El actual consejero delegado de Webster, John Ciulla, pasará a dirigir Santander Bank NA, la entidad que aglutinará todos los negocios de Webster y que se integrará en la estructura del grupo. A su lado, Luis Massiani, director general y de operaciones (COO) de Webster, asumirá el mismo cargo tanto en SHUSA como en Santander Bank NA, con la misión de liderar el proceso de integración y coordinar la unificación operativa de ambas entidades.
La idea del grupo es preservar en buena medida el equipo gestor de Webster y aprovechar su conocimiento del mercado local, especialmente en la banca minorista y de empresas del noreste estadounidense. El banco ha señalado que quiere asegurar la continuidad de las relaciones con clientes y comunidades, un elemento sensible cuando se producen fusiones de entidades regionales con fuerte arraigo.
En cuanto a la estructura corporativa, la sede actual de Webster en Stamford está llamada a convertirse en un centro corporativo clave dentro de la red de localizaciones estratégicas de Santander en Estados Unidos, que incluye también plazas como Boston, Nueva York, Miami o Dallas. De esta forma, el grupo refuerza su presencia física en un corredor económico muy relevante del país.
Para el diseño y ejecución de la operación, Santander ha contado con el asesoramiento financiero de Centerview Partners, Goldman Sachs y Bank of America Europe DAC. En el plano jurídico, la entidad se ha apoyado en Davis Polk & Wardwell LLP como despacho de referencia en Estados Unidos y en Uría Menéndez como asesor legal en España, un tándem habitual en las grandes transacciones del grupo.
La transacción está sujeta a las autorizaciones regulatorias habituales en operaciones de este tipo y al visto bueno de los accionistas de ambas entidades. El calendario manejado por Santander sitúa el cierre definitivo en el segundo semestre de 2026, momento a partir del cual comenzarán a materializarse progresivamente las sinergias de costes e ingresos previstas.
El acuerdo para hacerse con Webster consolida a Banco Santander como uno de los grandes actores europeos con mayor presencia en Estados Unidos y refuerza su estrategia de combinar crecimiento orgánico y adquisiciones selectivas en mercados clave. La entidad sale de un año con resultados récord, mantiene su política de remuneración al accionista y, al mismo tiempo, apuesta por una operación que le permitirá ganar escala, mejorar su eficiencia y elevar la rentabilidad de su negocio en el mayor mercado financiero del mundo, especialmente en el noreste estadounidense, donde aspira a ser un referente en banca minorista y de empresas.
Los bancos ya no podrán subir el límite de tus tarjetas sin pedirte permiso
Durante años, muchos usuarios se han encontrado en el buzón tarjetas de crédito que nunca habían pedido, subidas de límite automáticas o líneas de financiación activadas casi sin darse cuenta. Esa forma de operar, muy extendida en el sector, ha impulsado el crédito fácil, pero también ha dejado a miles de hogares atrapados en deudas difíciles de manejar.
Con el nuevo anteproyecto de Ley de Contratos de Crédito al Consumo impulsado por el Gobierno de España, ese escenario da un giro importante: las entidades financieras ya no podrán emitir tarjetas de crédito ni aumentar el límite disponible si el cliente no lo solicita de forma clara y no presta su consentimiento expreso y previo. El objetivo es reforzar la protección de los consumidores y cortar de raíz prácticas que alimentaban el sobreendeudamiento.
Fin a las tarjetas y ampliaciones de límite no solicitadas
El texto legal establece de manera tajante que se prohíbe cualquier concesión de crédito al consumo que no haya sido pedida antes por el cliente y aceptada de forma explícita. Esto incluye tanto la emisión de nuevas tarjetas de crédito como cualquier incremento unilateral del límite en las tarjetas ya contratadas.
Hasta ahora, era habitual que los bancos incluyeran tarjetas en paquetes de cuentas o servicios, o que lanzaran campañas internas en las que se ampliaban los límites coincidiendo con épocas de mayor gasto, como verano o Navidad. En muchas ocasiones, el consumidor solo se enteraba del cambio cuando revisaba el extracto o intentaba hacer una compra de mayor importe.
Con la nueva norma, esa operativa queda vetada: ni tarjetas nuevas, ni líneas de crédito adicionales, ni subidas de límite podrán activarse si el titular no ha dado una autorización verificable. El consentimiento deberá quedar registrado —ya sea por escrito, mediante firma digital o a través de canales que permitan acreditar la aceptación— para que la entidad pueda demostrar que ha actuado conforme a la ley.
Conviene subrayar que la prohibición va más allá de lo que ya recogía la Ley de Servicios de Pago, que se centraba en no enviar instrumentos de pago no solicitados salvo en casos de renovación. Ahora el foco se sitúa en el propio crédito asociado a la tarjeta, cerrando cualquier margen a que se genere deuda sin una decisión consciente del usuario.
Ofertas comerciales sí, activaciones automáticas no

La nueva regulación no impide a los bancos seguir haciendo ofertas de financiación. Las entidades podrán continuar enviando propuestas de tarjetas preautorizadas, simulaciones de préstamos o mensajes dentro de la app bancaria, pero esas ofertas no podrán convertirse en crédito real sin un paso adicional: la aceptación clara e inequívoca del cliente.
El Ministerio de Economía ha insistido en este matiz: la actividad comercial no se prohíbe, lo que se veta es la activación automática de productos que supongan endeudamiento. En la práctica, el banco podrá seguir diciendo “tienes hasta X euros preconcedidos”, pero no podrá poner ese dinero a disposición del consumidor hasta que este confirme que quiere contratarlo.
Para el usuario, esto supone recuperar el control sobre su nivel de exposición al crédito. Desaparecen las ampliaciones silenciosas de límite y las líneas que “aparecen” asociadas a una tarjeta o a una compra financiada sin que haya una solicitud expresa. Cualquier nuevo crédito deberá ser una decisión meditada y no el resultado de una casilla marcada sin leer o de una promoción agresiva.
En consecuencia, las entidades se ven obligadas a revisar sus procesos internos: tendrán que adaptar sus sistemas de contratación, reforzar los mecanismos de verificación del consentimiento y documentar de forma exhaustiva la aceptación del cliente, algo que también tiene implicaciones legales en caso de conflicto.
Nuevo marco para la financiación al consumo y el “buy now, pay later”
El anteproyecto no se limita a las tarjetas. La futura Ley de Contratos de Crédito al Consumo transpone dos directivas europeas y extiende el alcance de la regulación a un amplio abanico de productos: préstamos personales, microcréditos, créditos rápidos, pagos fraccionados e incluso las fórmulas de buy now, pay later (BNPL), cada vez más habituales en el comercio electrónico.
Esto significa que cualquier empresa que financie compras a plazos —ya sea un banco tradicional, una plataforma digital o un comercio que ofrece fraccionar el pago— deberá ajustarse a las nuevas obligaciones si quiere cobrar intereses. En muchos casos, las compañías que no sean entidades financieras reguladas tendrán que canalizar esa financiación a través de intermediarios supervisados por el Banco de España o renunciar a aplicar intereses.
La intención del Ejecutivo es evitar que se consolide un “submundo” del crédito al margen de los controles habituales. El auge de soluciones BNPL, que permiten pagar en varios plazos con apenas unos clics, ha despertado preocupación entre los reguladores europeos por el riesgo de endeudamiento silencioso, especialmente entre los consumidores más jóvenes.
Al incorporar estos productos al paraguas de la ley, se exige que el cliente reciba información clara sobre costes, plazos y consecuencias de impago antes de aceptar. También se refuerzan los criterios de concesión responsable, de modo que el prestamista tenga que valorar la capacidad real de pago del consumidor y no limitarse a aprobar crédito de forma casi automática.
Límites al coste del dinero y control de las tarjetas revolving
Uno de los bloques más sensibles de la reforma es el relativo al coste del dinero en el crédito al consumo. La ley introduce límites explícitos al tipo de interés y a determinados cargos asociados a este tipo de tarjetas. Además, se fijan topes al coste de los descubiertos bancarios y se refuerzan las obligaciones de transparencia: las entidades deberán proporcionar simulaciones realistas de cuánto tardará el consumidor en saldar la deuda y cuánto pagará en total si opta por distintas modalidades de pago.
Estas tarjetas funcionan como una línea de crédito que se renueva automáticamente y en la que el cliente suele pagar una cuota mensual fija. En la práctica, los intereses aplicados pueden ser tan elevados que la deuda se prolonga durante años y aumenta la morosidad, aunque el usuario lleve tiempo abonando recibos, lo que las convierte en un producto de alto riesgo para quienes tienen menos conocimientos financieros.
Con la nueva norma, se establecen límites explícitos al tipo de interés y a determinados cargos asociados a este tipo de tarjetas. Además, se fijan topes al coste de los descubiertos bancarios y se refuerzan las obligaciones de transparencia: las entidades deberán proporcionar simulaciones realistas de cuánto tardará el consumidor en saldar la deuda y cuánto pagará en total si opta por distintas modalidades de pago.
El objetivo es que el cliente pueda comparar, entender y valorar el impacto real del crédito antes de firmar. Para ello, la ley exige que la información sea presentada de forma sencilla y comprensible, alejándose de la letra pequeña que tradicionalmente ha acompañado a estos productos.
Este refuerzo de la transparencia se enmarca en un contexto en el que los tribunales ya han declarado nulos numerosos contratos de tarjetas revolving por considerar usurarios sus intereses. El nuevo marco pretende adelantarse a futuros conflictos y evitar que la vía judicial sea la única forma de corregir abusos.
Papel reforzado del Banco de España y supervisión de nuevas figuras
Otra novedad relevante es la ampliación del perímetro de supervisión del Banco de España. El organismo no solo vigilará la actuación de bancos y entidades financieras clásicas, sino también la de compañías y plataformas que concedan crédito al consumo, incluidas las digitales que operan exclusivamente en Internet.
De esta forma, se intenta reducir el espacio para modelos de negocio que ofrecían financiación sin un control exhaustivo. Los proveedores de crédito alternativos, como algunas fintech o comercios que financiaban compras directamente, deberán adaptarse a las exigencias en materia de información, evaluación de solvencia y gestión de riesgos.
La norma también obliga a que las empresas que quieran impulsar ventas mediante financiación al consumo recurran a intermediarios financieros regulados si desean aplicar intereses. Si no lo hacen, podrán seguir ofreciendo pagos aplazados, pero sin cobrar un precio por el crédito, lo que limita la rentabilidad de este tipo de servicios y reduce el incentivo a promover deuda de forma agresiva.
Además, se refuerzan los canales de reclamación del cliente: si se concede un crédito o se amplía un límite sin consentimiento, el usuario podrá acudir a los servicios de atención al cliente del banco y, en caso de no obtener respuesta satisfactoria, elevar la queja al Banco de España, que tendrá más herramientas para sancionar conductas irregulares.
Impacto para los consumidores: más control y menos sorpresas
Para el ciudadano de a pie, la principal consecuencia de esta reforma es sencilla de resumir: ningún banco podrá aumentar su capacidad de endeudamiento sin contar con él. Ni tarjetas que llegan a casa sin explicación, ni límites que se disparan a golpe de campaña comercial, ni créditos asociados a una compra sin que queden meridianamente claros.
A partir de la entrada en vigor de la ley, si una entidad quiere ofrecer una nueva tarjeta o una ampliación de límite, tendrá que solicitar una autorización expresa, ya sea mediante la app, por escrito, con firma digital o a través de una gestión telefónica cuya grabación quede guardada. Sin ese paso, la operación no podrá formalizarse.
Este cambio también otorga al consumidor más argumentos a la hora de reclamar. Si recibe una tarjeta no solicitada, puede exigir su cancelación inmediata sin coste y denunciar el envío ante los organismos competentes. Si detecta que su límite ha subido sin haberlo pedido, puede pedir que se restituya y que se revisen las condiciones del crédito asociado.
En paralelo, la reforma encaja con los esfuerzos por mejorar la educación financiera de la población. Al obligar a que el cliente tome una decisión consciente cuando contrata crédito, se fomenta una mayor reflexión sobre la conveniencia de endeudarse, el impacto de los intereses y la planificación de los pagos.
El resultado es un entorno en el que el crédito al consumo sigue siendo una herramienta disponible, pero en el que la iniciativa recae en el usuario y no en la estrategia comercial de la entidad. Para muchos hogares, esto puede marcar la diferencia entre utilizar la tarjeta como apoyo puntual o convertirla en la puerta de entrada a una deuda crónica.
Todo este paquete de medidas configura un nuevo escenario en el que la banca española y europea deberá adaptar sus prácticas a un estándar más exigente de transparencia y responsabilidad, mientras que los consumidores ganan margen para decidir qué nivel de crédito asumen y en qué condiciones. El crédito al consumo no desaparece, pero deja de ser algo que “aparece” casi sin avisar para convertirse en un producto que exige una decisión deliberada y bien informada por parte de cada cliente.















