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Golive: “Sage X3 nos da un mayor control en la gestión de proyectos”

Sage X3 es mucho más que un ERP, y desde Golive, animamos a nuestros clientes a que lo comprueben. Descubre en este post cómo un solo programa puede controlar todo un negocio que trabaja por gestión de proyectos   

  • El crecimiento de una empresa genera la necesidad de contratar un software que sea capaz de controlar fases, colaboradores, presupuestos y facturas de cada uno de sus proyectos. 
  • ¿Quieres saber cómo una consultora experta en soluciones tecnológicas como la nuestra ha ayudado a la empresa Nabegos a contratar un software ERP adaptado a sus necesidades

¿Imaginas una tecnología capaz de controlar todos los procesos de tu negocio?  

Ya existen programas capaces de cubrir todas estas necesidades (y muchas más) en un solo software. Por supuesto, estamos hablando de los programas ERP, un sistema de planificación de recursos empresariales basado en tecnología punta con el que hemos conseguido ayudar a muchas empresas a atar esos cabos sueltos que surgen a medida que crecen  

¡Comparte! Descubre el caso de éxito de Nabegos con el software Sage X3  

Por qué recomendamos Sage X3 a una empresa como Nabegos 

Nabegos ofrece soluciones globales de creación y construcción para todo tipo de espacios comercialesSus servicios incluyen diseño, fabricación y montaje y equipamiento audiovisual, y desarrollo de experiencias interactivas. Todo ello, como es lógico, hace necesario que cuenten con tecnología que disponga de una gestión financiera, de producción y de cadena de suministro rápida y flexible.  

Nuestro principal objetivo es ayudar a las empresas a que su maquinaria interna funcione a la perfección. En el caso de Nabegosles mostramos un sistema de planificación de recursos empresariales eficaz, o lo que es lo mismo, un ERP potente y que evita errores en la gestión de proyectos  

En Golive contamos con amplia experiencia como implantador de ERP. Recomendamos Nabegos Sage X3 por su capacidad para gestionar proyectos, ya que les permitía tener un mayor control de cada una de sus fases ahorrando tiempo y costessu necesidad fundamental.   

Para Golive, Sage X3 es un software de gestión que aporta mayor control en la gestión de proyectos.

Crecimiento empresarial y ERP: un binomio inseparable 

Una de las razones de la expansión de Nabegos es que están junto a sus clientes durante todas las fases de cada proyecto. Eso genera confianza en ellos y han conseguido acabar provocando ese “wow” en las personas que pasean por las instalaciones comerciales.   

del mismo modo que sus clientes están asistidos en todo momento por sus servicios, era imprescindible dotarles de una herramienta que les asistiera a ellos de cercaen todo momento y adaptada a su filosofía de trabajo  

Cuando las empresas crecen, también lo hacen los retos  

En Golive tenemos muy presente que cuando una empresa se desarrollatambién deben hacerlo paralelamente las herramientas que la asisten. Y la realidad es que Nabegos no contaba con un ERP adecuado que le ayudara a gestionar el rápido crecimiento que estaban experimentando  

Sus comienzos fueron humildes. En 1979, se especializaron en el diseño y amueblado de instalaciones comerciales, pero, poco a poco, empezaron a crecer, convirtiéndose en proveedores imprescindibles para el sector retail  

Ecrecimiento que la empresa ha vivido durante los últimos años les ha generado la necesidad de realizar un cambio en su sistema de gestiónBuscaban una herramienta que fuera capaz de gestionar de manera óptima todos sus proyectos Y, por fin, la han encontrado  

En Golive sabemos que cuando una empresa se desarrolla, también deben hacerlo paralelamente las herramientas que la asisten. 

Beneficios de contar con un ERP  

Desde Golive, hemos conseguido transmitir una gran confianza y amplios conocimientos sobre los ERP, y con el objetivo de hacer crecer a Nabegos, les construimos una solución sobre Sage X3. Ellos analizaron profundamente el mercado de las herramientas asistentes, pero acabaron decantándose por el software que les ofrecíamos, ya que se adaptaba 100% a sus necesidades.    

Pero, además de aportar una idea clara de los márgenes que se obtienen en cada uno de los trabajos y permitir desarrollar nuestras actividades en un entorno amigable, intuitivo y fácil de utilizar, ¿cómo está ayudando Sage X3 a desarrollar un negocio que trabaja por gestión de proyectos?  

  1. Aporta control sobre las fases y las actividades, las personas que colaboran, los tiempos, los materiales, así como los presupuestos y facturas asociadas a cada proyecto.  
  2. Agiliza las transacciones en las compras, la producciónel almacenamiento ventas, atención al cliente o la gestión financiera, facilitando el desarrollo.  
  3. Proporciona, en el momento en que se desee y de forma instantánea, un conocimiento detallado de los costes y el rendimiento de cada fase de cualquier proyecto, pero también a escala global.   
  4. Se adapta a las necesidades de la empresaofreciendo acceso seguro a los datos de esta a través de la nube o móvil, pudiendo trabajar desde cualquier punto del mapa.   
  5. Sus opciones de configuración son flexibles, por lo que pueden cubrirse los procesos específicos.  
  6. Permite realizar operaciones, tanto en la nube como en el centro de datos de la empresa, mantienen un control integral de su estrategia TI. 

En este post, Golive nos cuenta cuáles son los beneficios de trabajar con un software de gestión empresarial ERP.

¿Qué debe tener en cuenta una empresa que trabaja por proyectos y que quiere implantar un ERP?  

Cuando Nabegos decidió dejar atrás la gestión que llevaba a cabo, desde Golive les transmitimos la confianza suficiente como para que tuvieran en cuenta nuestro criterio. Decidieron elegirnos como partnerademás de por nuestra amplia experiencia en ERP, por nuestro gran conocimiento en Sage X3La clave está en que, desde el primer momento, nuestra cercanía y seguimiento son constantes.    

Si trabajas por proyectos y tienes una empresa en fase de crecimiento debes de tener en cuenta, a la hora de sustituir un sistema de planificación de recursos empresariales, los siguientes factores:  

  • Tener bien definidos tus procesos 
  • Realizar un estudio general sobre qué ERP se adapta mejor a tu negocio 
  • Mentalizarte sobre la inversión que necesitarás hacer en términos económicos, de adaptación del trabajo y de tiempo.  

La llegada de Sage X3 a Nabegos fue todo un acierto y, día a día, crecen aportando el valor añadido que sus clientes necesitan. 

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El que avisa no es traidor: Soros advirtió a Trump del desastre socioeconómico que sus políticas estarían a punto de traer

George Soros, un personaje controvertido donde los haya, sin embargo, no se puede negar que se caracteriza por un especial (y en alguna ocasión fehacientemente impasible) olfato para los negocios. El caso es que, seamos fan o detractor del inversor y autodenominado filántropo de origen húngaro, lo innegable es que su opinión es una opinión a tener al menos muy en cuenta en cuanto a lo que se trata de la siempre inescrutable tarea de vislumbrar el futuro panorama económico que viene.

Y como tal, nos hacemos eco de unas declaraciones que hizo hace tan sólo unas semanas sobre el negro panorama que entonces él veía que se cernía sobre la asimétrica economía de EEUU, y en especial por las que considera contraproducentes políticas económicas del siempre polémico y categórico presidente Trump. Lamentablemente, ahora la debacle económica ya patente que ha traído la crisis del Coronavirus ha eclipsado ya todo posible error de bulto en cualquier política económica fallida de cualquier mandatorio, proveyendo una suerte de aministía electoral que a algunos les viene “de perlas”. Pero a pesar del reciente giro de nuestras economías, las predicciones de Soros siguen siendo de plena actualidad.

Pero… ¿Quién es ése George Soros para decir esto y que le tengamos que dar algo de credibilidad?

Soros Advierte A Trump Del Desastre Socioeconomico Que Sus Politicas Estan A Punto De Traer 3

George Soros es un “especulador” de origen húngaro de casi 90 años, que emigró en los años 50 del siglo XX a EEUU, y que actualmente reside en Nueva York. Y que conste que digo “especulador” en la acepción más clásica e inculpatoria del mercado que a veces busca tan sólo “cabezas de turco”. Como muestra del odio que despierta entre ciertos sectores ultraderechistas, Soros recibe muy habitualmente amenazas, e incluso ha llegado a recibir paquetes-bomba en su propio domicilio, demostrando que ser “cabeza de turco” en la era de la propaganda es una profesión de (muy) alto riesgo. El hecho es que el afamado inversor se ha ido reconvirtiendo con la edad en sus auto-calificaciones a filántropo, y como parte de ello se cuenta entre esos generosos donantes que hay en EEUU a favor de múltiples causas, y que para algunos sectores tan sólo pretenden purgar sus culpas, mientras que para otros demuestran su verdadera vocación más humanista, ejercida merced a los ceros de sus cuentas bancarias.

Sea como fuere, el hecho es que Soros es hoy en día uno de los hombres más ricos del mundo, estando en la celebérrima lista de Forbes, y con varias decenas de miles de millones de dólares en su patrimonio. Lo cierto es que el origen más oneroso de la fortuna de Soros proviene de un capítulo especialmente siniestro de la Historia económica, y más concretamente de la Historia europea. Corría el año 1992, y por entonces el Euro era todavía un mero proyecto de paridades entre las monedas nacionales europeas, que se habían ligado por un mecanismo cambiario que fuese haciendo converger sus pares de cotización hacia el objetivo final de una moneda única. Así, las autoridades europeas de los diferentes países, y en especial sus bancos centrales con sus reservas de divisas y de moneda nacional, mantenían las cotizaciones en una estrecha banda que asegurase una futura unión monetaria en unos márgenes previamente acordados por todos los mandatarios, en lo que acordaron como un conjunto de paridades justas para todos.

Pero Soros hizo una fuerte apuesta especulativa en los mercados contra la Libra Esterlina, invirtiendo buena parte de su fortuna contra la paridad de dicha divisa frente a la todavía virtual moneda común. Apostó muy fuerte, realmente fuerte, tanto que el Banco Central de Inglaterra no pudo mantener el pulso de Soros, al cual siguió parte del mercado, y el mecanismo cambiario de la Libra saltó literalmente por los aires. En el convulso proceso, el Banco de Inglaterra perdió millones en depreciadas libras con las que trataba de mantener desesperadamente su tipo de cambio, mientras que Soros dio “el golpe del siglo” y multiplicó por mucho sus millones en tan sólo unas horas de lucha encarnizada en los mercados de divisas. De esta manera, la Libra Esterlina nunca llegó a formar parte del Euro, y sobrevivió como la única moneda nacional cuya maniobra monetaria de fusión con el resto de monedas europeas fue abruptamente abortada por terceros.

Pero en un mundo como el actual en el que la democracia y los regímenes de libertades están en franco retroceso, como (casi) todo país del tablero mundial que se precie, y a pesar de que Estados Unidos se está resistiendo a ello con uñas y dientes (en especial por su reputada prensa líder en el mundo, y muy especialmente la salmón), inevitablemente cada autócrata o “wanna-be” de autócrata tiene su bestia negra particular, que le viene muy bien como “cabeza de turco”. Ésta no es más que otra forma de implementación de aquel siniestro concepto de “Enemigo único”, acuñado por la propaganda de Goebbles, y cuyo “Manual de propaganda” es el libro de mesilla de todos (todos) nuestros líderes políticos, por mucho que no lo reconozcan públicamente. Y esto último no lo digo por decir, ni porque haya visto esas mesillas de noche, sino que lo digo con total conocimiento de causa, ya que, como podrán leer en esta interesante entrevista, fue dicho por un reputado consultor de estrategia política del más alto nivel, que trata de sus estrategias políticas absolutamente con todos los presidentes de partidos nacionales.

En el caso del presidente Trump, del que sólo el discurrir de los acontecimientos acabará por revelar si efectivamente es uno de esos (todavía) “wanna-be’s” de autócrata, su “Enemigo único” personal es el socorrido George Soros, al que puede llegar a culpar en algún momento de cualquier mal económico que aqueje la economía de EEUU, siempre dejando entrever las oscuras tramas conspiranoicas en las que acusa a Soros estar involucrado, y evitando hacer una a veces esencial auto-crítica de sus a menudo contraproducentes políticas económicas tan categóricamente enarboladas. No será un servidor el que rompa una lanza a favor de George Soros, pero igualmente no romperé tampoco ninguna a favor de un Trump al que todavía no he visto hacer un solo acto de contrición (jamás), y que un día es perfectamente capaz de afirmar un mantra económico diametralmente opuesto al que dijo el día anterior, y que cuando la prensa económica libre de EEUU se lo espeta, ni se digna a contestar y les tacha inmediatamente enrocándose en que son socorridas “fake news”. La verdad puede ser muy incómoda, así que habrá que recurrir a otras opciones como aquel orwelliano lema de “Y la mentira se convirtió en verdad”.

¡Qué panorama tenemos cuando para saber quién lleva la razón nos vemos abocados a elegir entre la credibilidad de Soros o la de Trump! Menos mal que todavía tenemos a la magnífica prensa económica estadounidense para dilucidar entre uno u otro en cada caso (o entre ninguno de los dos), porque si es por lo que ellos mismos nos cuentan, para cuando supiésemos la verdad ya tendríamos la economía presa de los intereses de cualquiera de ambos, o de las todopoderosas multinacionales que también tienen buena parte de culpa en que ahora no tengamos otra opción más que tratar de refundar el capitalismo, y devolverlo a esos ciudadanos a los que nunca debió de abandonar, y para los cuales el “American Dream” es sólo un sueño hecho añicos (y por cierto, a día de hoy es mucho más alcanzable en esa Europa a la que Trump también suele denostar). Pero en el tema de hoy, de alguna manera el lector tendrá que elegir entre uno y otro en uno de los habituales duelos Trump-Soros, y aunque como siempre la elección final en el ring se la dejamos a cada lector, simplemente vamos a tratar de ponerles sobre la mesa datos objetivos, razonamientos coherentes, y argumentos válidos. El resto corre de su propia cuenta.

Lo que Soros advierte (o más bien advertía) a Trump desde el otro lado del ring sobre su política económica…

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Pero historias, especulaciones y “enemigos únicos” aparte, aquí el hecho relevante es el olfato de Soros. Ya entonces, Soros era una voz muy escuchada en el mercado, cuyos movimientos muchos vigilaban celosamente para intentar replicar, y así arañar a las bolsas, divisas y materias primar algo de la rentabilidad que habitualmente conseguía Soros con facilidad. Como entonces, ahora Soros sigue siendo un inversor muy seguido tanto por defensores como por sus críticos, y lo que no se le puede negar es que, al menos de economía y de mercados, sabe un rato, a pesar de para qué y cómo lo utilice luego. Sin entrar en la controvertida y eterna polémica, aquí hemos querido simplemente hacernos eco de sus recientes declaraciones.

En el otro lado del ring tenemos a un presidente Trump del que sus siempre férreos defensores afirman que es incuestionable el boom económico sin precedentes que ha traído a EEUU tras la Gran Recesión. Sin pretender en ningún caso posicionar al lector, por congruencia con la hemeroteca de un servidor, sí que me considero en la necesidad de recordarles cómo desde aquí hemos analizado que algunos de los factores más destacados como incontestables para esgrimir el boom económico de Trump, si se analizan con detenimiento, no resultan verdaderamente ser tales. Entre esos datos alternativos podemos hablar de cómo el supuesto pleno empleo de EEUU no es tal ni de lejos, cómo Trump ha catapultado con su rebajas fiscales (que lo fueron mayormente sólo para los ricos) el déficit federal hasta límites insostenibles, cómo la factura de su política de “America first” que auspició la guerra de aranceles en realidad la está pagando el consumidor estadounidense, o cómo la tan cacareada reducción del déficit comercial no ha traído a la economía de EEUU los espectaculares beneficios que Trump tan visceralmente auguró.

Pero credibilidades, discursos políticos, intereses inversores, y titulares de los medios aparte, mantengamos la mente lo más aséptica posible para afrontar con las ideas limpias una nueva batalla dialéctica entre Trump y una de las voces económicas más escuchadas. A pesar de que las políticas económicas de Trump no estén siendo ni mucho menos todo lo que él tan pasionalmente prometió en campaña, todo debate debe ser afrontado desde la creencia de que, en esta ocasión, puede perfectamente llevar la razón sin que deba influenciarnos más de lo debido el histórico que cada uno tiene entre sus antecedentes. El tema es que Soros hizo una serie de declaraciones y advertencias durante una cena informal, que tuvo lugar durante la última reunión del World Economic Forum en Davos. Las advertencias de Soros en términos generales vaticinaban un revés económico producto de las erróneas políticas económicas de Trump, augurando que el magnate no saldría indemne de cara a las próximas elecciones de finales de 2020. La primera advertencia concreta era que Trump se estaba dedicando a exprimir a la economía estadounidense, y que como resultado, no es ya que fuese a sobrevenir una crisis, es que Soros preveía toda una calamitosa debacle.

La segunda advertencia de Soros es que la tendencia bursátil claramente alcista instalada en el mercado desde hace años (mucho antes incluso de que Trump llegase al Despacho Oval, por cierto) es que el sobrecalentamiento de una economía no se puede mantener en ebullición de manera indefinida, y que en algún momento acaba por pasar factura. Soros acusaba al equipo económico de Trump de habérselas ingeniado para sobrecalentar una economía que ya era boyante. Y para hacer el deleite de los seguidores más acérrimos de las teorías “contrarian”, estas declaraciones las hizo Soros precisamente en el contexto de un mercado que hace unas semanas todavía marcaba nuevos máximos históricos, coronando así el ciclo alcista bursátil más largo de la Historia Económica de los Estados Unidos.

Soros decía que Trump no llegaría indemne a las elecciones de 2020

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Y es precisamente en los tiempos en lo que veía Soros que el asunto muy probablemente le acabaría explotando a Trump entre las manos, puesto que, en el momento de hacer las declaraciones, ya afirmaba que si Trump hubiese sido de mantener hasta las elecciones una situación que Soros ya considera insostenible muy probablemente Trump habría tenido su re-elección asegurada. Pero parece ser que ha habido un error de cálculo en los plazos estimados, y el riesgo detectado por Soros era que el boom con sabor a requemado no iba a poder ser mantenido tantos meses adicionales, y que la economía le estallaría antes a Trump entre las manos. También hay que decir aquí, como una demostración más de nuestro rigor y vocación objetiva, que casualmente Soros es uno de los super donantes a la causa política del partido demócrata, que aquí todo tiene sus “particularidades”.

Pero intereses y causas políticas aparte, Soros cita en algunas de sus advertencias temas que objetivamente son un desastre económico, y cuyo único responsable es Trump y sus políticas económicas. La advertencia en la que desde aquí más de acuerdo estamos con Soros es la que se refiere al galopante e insostenible déficit estadounidense, producto del letal dúo del magnate Trump, en el que han confluido la merma de ingresos por sus generosas rebajas fiscales con un gasto federal que sigue estando desbocado. Soros respalda así la opinión de múltiples economistas que atribuyen el boom de las bolsas casi exclusivamente a los efectos del alza de los beneficios corporativos, que no es más que el resultado de los recortes de impuestos a las empresas, en vez de ser debido a otros motivos más tradicionales e infinitamente más sanos como era el incremento de la productividad de las empresas.

Al mismo tiempo, Soros advierte de que la administración Trump se ha lanzado de (y sin) cabeza a seguir aprobando multimillonarios presupuestos federales o incrementos muy relevantes del gasto militar. Y como todos aquí sabemos sumar y restar, ya saben el porqué de ese déficit que es insostenible, que se ha catapultado en el último año en torno a un 40% desde que las rebajas fiscales de Trump entraron en vigor, y que está a punto de alcanzar la inconcebible cifra del billón (español) de dólares. Desde aquí no intentaremos juzgar otras advertencias más subjetivas de Soros, pero va a ser que ésta es objetivamente una siniestra realidad de la economía estadounidense.

Soros admite también que el curso de la guerra comercial con ese otro “Enemigo único” de Trump (con este hombre es que vemos hecha realidad la paradoja de tener múltiples “Enemigos únicos”) que es China, y cuyo desarrollo más reciente alberga motivos para cierto optimismo económico. Y simplemente me tomo la licencia aquí de verter un comentario ciertamente subjetivo: observen el nivel de “practicidad” que puede aportar una guerra tan socialmente mediática como es ésta, que se puede cambiar de rumbo fácilmente de la noche al día a golpe de Tuit, con unos mercados que reaccionan casi instantáneamente. No será por las nuevas herramientas que inventa el ser humano, oigan: ya a golpe de click.

Pero no todas las palabras de Soros fueron en tono salmón, también hubo críticas de afilado corte personal

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Y para terminar, Soros se despachó a gusto repartiendo “más tortas que un panadero” a diestro y siniestro. Entre sus críticas no faltó acusar literalmente al presidente chino Xi Jinping de estar explotando en su favor las evidentes debilidades de airado presidente Trump, además de que está usando tecnologías disruptoras y emergentes como la inteligencia artificial para llegar a ejercer un control total sobre su población, esa inteligencia artificial que alimenta otras tecnologías igualmente distópicas como la realidad aumentada que ya utiliza en sus labores de hiper-vigilancia la policía china, y que por otro lado en Europa han visto muy claro que hay que lanzarse a ser pioneros en el mundo y regular antes de que sea demasiado tarde para los derechos de los ciudadanos europeos. Pero tampoco han faltado en las palabras de Soros piropos con tintes personales para Trump, habiendo dicho de él que “es un hombre estafador y narcisista, que quiere que el mundo gire en torno a sí mismo”. A lo que Soros añadió que “cuando su fantasía de convertirse en presidente se hizo realidad, ese narcisismo fue a más, convirtiéndose en una enfermedad maligna”.

Desde aquí, los lectores más habituales ya saben la línea editorial que mantenemos tanto respecto al cuasi-autócrata presidente Trump como a la siniestramente distópica china, pero tras todo lo anterior y las declaraciones de Soros de hace unas semanas, en la escena socioeconómica ha irrumpido con fuera ese Coronavirus del que desde estas líneas fuimos una de las alertas salmón más tempranas en este país, y que indudablemente si algunos dirigentes nos hubiesen escuchado en su momento, hoy no estaríamos como catastróficamente estamos. Pero el hecho es que, si las advertencias de Soros eran ciertas, la realidad que dibujaba mostraba un presidente Trump que necesitaba desesperadamente que la macroeconomía le diese de alguna manera la razón en las efervescentes expectativas de crecimiento económico a espuertas que prometió tan visceralmente, y que se suponía que llegarían con su enarbolada guerra comercial y el descenso del déficit comercial, cosa que claramente no estaba ocurriendo.

Aunque el desempeño económico de EEUU medido estrictamente por su PIB ha sido innegablemente bueno, sin embargo dista mucho de aquellas promesas de subidas espectaculares, lideradas por una industria manufacturera nacional que nos vendía que iba a despegar literalmente como un cohete, pero que se quedó mayormente en tierra. En los últimos tiempos, y conforme los datos macroeconómicos iban siendo publicados, Trump fue virando hacia ejercer una clara injerencia sobre las instituciones económicas independientes del país, tras lo que Greenspan auguró por la llegada de los tipos sub-cero también a EEUU, y que incluso provocaron un desesperado manifiesto por parte de cinco expresidentes de la FED defendiendo la necesidad de que la Reserva Federal no debe ejercer subyugada bajo el control político.

Este autodestructivo movimiento de injerencias en la política monetaria del país podía venir ya escondiendo la razón por la cual Trump necesitaba como el beber mantener la economía en boga aunque fuese a base de sobrecalentamiento, y así le pedía agresiva y recurrentemente que bajase los tipos a toda costa e ignorando cualquier dato macroeconómico que no le interese. No hace falta recordar el gran peligro de inducir un sobrecalentamiento económico, pero que aunque en los plazos medios y largos siempre acaba siendo muy dañino, en los cortos siempre da un último empujón que podía suponer darle un balón de oxígeno a Trump de cara a las elecciones presidenciales de 2020.

¡Qué oportuna le ha resultado a Trump la crisis del Coronavirus para su inasumible y comprometida política salmón y la sombría situación económica que él mismo ha creado en EEUU! Desde luego, los hay con suerte, porque ahora ya verán cómo muy oportunistamente la causa de todos los males económicos que, con el Coronavirus como detonante, van a estallar en EEUU van a ser culpa exclusivamente del que Trump denomina ya como revelador preámbulo “El Virus chino”. Se demuestra así una vez más cómo los políticos más viscerales y que más gritan no tienen porque estar siendo más sinceros, y que muchas veces tan sólo tratan de nublarnos con pasiones nuestro espíritu crítico. De la misma manera, a la vez muy a menudo acaban escudándose en que alguien presionó la espoleta de la granada de mano, para que no nos fijemos en el tortuoso camino que nos ha traído ya muy lisiados hasta el mortífero campo de batalla mismo… Al tiempo.

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Ahora pasando ya a un plano más global y general, y a la vista de las guerras mediáticas, de las manipulaciones masivas, del juego de intereses ocultos, de los enfrentamientos de cara al público que por detrás urden maquiavélicos planes mundiales… todo hace más premonitoria que nunca aquella frase orwelliana de que “y la mentira se convirtió en verdad”. El mundo es un lugar muy siniestro, pero muy muy muy siniestro, y lo realmente preocupante es que cada vez lo es más. Se avecinan tiempos oscuros, en los que la única luz que nos dejarán para iluminar será la de la sesgada cerilla que encienda aquel que más interés (y poder) tiene en la realidad que nos quiere mostrar. Orwell se quedó muy corto en sus predicciones socioeconómicas de la distópica novela 1984 y aquel Gran Hermano que, en vez de ponérnoslo como modelo del que huir despavoridamente, han parodiado en la parrilla televisiva hasta casi hacerlo uno más de la familia, como para que nos vayamos acostumbrando a tenerle cerca escuchándolo todo. Una vez más, queda demostrando cómo la realidad siempre supera a la ficción. Estoy deseando estar equivocado.

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El último golpe del Gobierno contra las empresas: Permiso retribuido y se encarece el despido

Estamos en pleno estado de alarma y, en los últimos días, hemos conocido diferentes medidas que están poniendo en el punto de mira al tejido empresarial español que está sufriendo una pérdida devastadora de ingresos fruto de las restricciones impuestas.

Estamos en una situación excepcional, nunca vista. El gobierno no tomó las medidas de prevención cuando eran necesarias para no saturar la capacidad del sistema sanitario. Por ello, hoy, una vez colapsado el sistema sanitario, a medida que pasan los días, vemos que el gobierno se va sacando de la manga, nuevas medidas cada vez más restrictivas que tendrán un serio impacto económico.

Todo ello añade una dosis de incertidumbre mayor. El gobierno de coalición de PSOE-Unidas Podemos, no solo ha sido tardío en las medidas de prevención, sino que ha sido un constante goteo de "nuevas medidas" que no invitan precisamente a la confianza de los agentes económicos del país.

Más restricciones: Trabajadores "no esenciales" se quedan en casa y aparece la figura del permiso retribuido recuperable

El Gobierno va imponiendo medidas más restrictivas sobre la marcha para tratar de frenar la propagación del virus. Ayer, el gabinete aprobó medidas de cierre más estrictas qué llevarán a que todos los trabajadores no esenciales deben de permanecer en sus casas del 30 de marzo al 9 de abril.

Y ¿cómo podemos identificar a los "trabajadores esenciales"? Este decreto debería haberse publicado en el BOE a lo largo del día de domingo, pero se ha publicado a 30 minutos de empezar el lunes, lo que ha impedido a las empresas tener una mínima capacidad de reacción a partir de hoy. Y es que muchos sectores, especialmente industriales, no pueden detenerse de un momento para otro sin un aviso previo dentro de un plazo razonable.

En este real decreto se identifican como trabajadores esenciales aquellos que intervienen en la cadena de suministro de bienes de primera necesidad (alimentos, bebidas, alimentación animal, productos higiénicos, medicamentos), en empresas de entrega a domicilio en la hostelería, en servicios de transporte, en servicios de seguridad, en empresas de servicios financieros (bancos, seguros y empresas de inversión), en telecomunicaciones, vinculados a la Justicia (abogados, procuradores) y en servicios de limpieza, mantenimiento, reparación de averías urgentes y vigilancia.

Debido a la tardanza, se permitirá una moratoria para que puedan cesar la actividad el resto de empresas y ajustarse a las medidas decretadas.

Yolanda

A la poste, no solo se está impidiendo a muchas empresas producir sino que este decreto tardío regula un "permiso retribuido recuperable" para el personal laboral por cuenta ajena, de carácter obligatorio y limitado en el tiempo durante los días 30 de marzo y 9 de abril.

Durante estos días se establece un permiso que conllevará a los trabajadores a conservar el derecho de retribución que les hubiera correspondido de estar prestando los servicios sin modificación alguna. En contraprestación, las horas no trabajadas se recuperarán desde el día siguiente a la finalización del Estado alarma hasta el 31 de diciembre de este año.

Es sorprendente este tipo de medidas dirigidas a muchas empresas que no están produciendo y, por lo tanto, no están ingresando. Se les dice que soporten los costes laborales y que, en un plazo hasta finalizar el año se recuperarán esas horas, suponiendo que en un futuro inmediato exista una producción para vincular esas horas perdidas.

Bajo la escusa de proteger el empleo, las empresas afrontarán más dificultades

En relación con el despido, hemos visto modificaciones importantes. Mediante Real Decreto-ley 9/2020, de 27 de marzo se ha producido un encarecimiento del despido, de facto. La nueva medida nos dice que no será justificado el despido por causas relacionadas con el COVID-19. Recordemos que por causas objetivas el despido tiene un coste de 20 días por año trabajado con un máximo de 12 mensualidades.

Por lo tanto, si la empresa necesita despedir debe acudir a un despido improcedente que supone un coste de 33 días por año trabajado con un máximo de 24 mensualidades. Puede parecer que encareciendo el coste de despido, las empresas no despedirán y así se protege el empleo, pero es una premisa falsa.

De hecho, España se ha caracterizado históricamente por un alto coste de despido manteniendo una tasa de desempleo estructural del 17%. Y los países que apuestan por el "despido libre" como Estados Unidos o Dinamarca, raramente alcanzan tasas de desempleo superiores al 10%.

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El problema existente es que llevar a las empresas a sumar un coste despido mayor, significa menor capacidad de flexibilización ante la situación de parálisis, en pleno hundiminto de los ingresos. Si no puedes afrontar los costes de despido, los costes laborales que se suman al resto de costes fijos consumen el capital de la empresa hasta llevarla a la quiebra... Y es ahí donde se pierden todos los puestos de trabajo.

El Gobierno trabaja bajo una premisa un tanto inverosímil y es que una vez desaparezcan las restricciones, la economía se recuperará a los niveles previos sin que nada esto hubiera pasado. No obstante, los indicadores adelantados, como la encuesta de gerentes de compras, ya están reflejando una caída de la economía muy superior a la que vimos en la crisis de 2009. Y los primeros análisis de los departamentos de reserch de los grandes bancos nos muestran escenarios devastadores.

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Por ello, a estas medidas se suma diferir el pago de impuestos, no su reducción. Vienen malos tiempos para ser una empresa, y el gobierno no está haciendo otra cosa que poner todos los palos a las ruedas para maximizar la extinción de empresas una vez finalicé el estado de alarma.

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Coronabonos made in BCE

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La
brecha que se ha abierto a propósito de la respuesta que debería dar Europa a
la crisis pandémica amenaza con llevar al traste los esfuerzos de cada país
para evitar un desplome prolongado de sus economías, con consecuencias
impredecibles para el proyecto europeo. Sin embargo, no basta con lamentar la
falta de consenso. Apelar vagamente a una mayor coordinación o a ideales
europeos de solidaridad, reiterarán a unos en su posición inicial sin convencer
a los más recalcitrantes. Es el momento de la concreción, porque sin un
análisis preciso del impacto de la inacción y un examen realista de las
opciones de cambio, solo conseguiremos el impasse.

Las medidas emprendidas por cada país, incluido España, van en la buena dirección, si bien habrá que calibrarlas y ampliarlas a medida que la magnitud del shock se va precisando. Se trata de mantener el aparato productivo en respiración asistida gracias a ayudas a la liquidez de las empresas, al mantenimiento del empleo y a los colectivos más desfavorecidos. De modo que, cuando se suavice la crisis sanitaria y el confinamiento de la población, las empresas estén en condiciones de reanudar la producción. Si esto se consigue, el desplome anticipado de la actividad que podría contraerse en cerca del 10% durante el primer semestre, dará paso a un rebote durante la segunda parte del año que dejaría la contracción del PIB en torno al 3% para el conjunto del 2020. El crecimiento pasaría a terreno positivo, hasta cerca de esa cifra, en 2021. 

Gráfico 1

El
punto débil de este escenario en forma de “U” reside en la financiación del
agujero presupuestario que necesariamente se agravará, porque el plan de choque,
unido a la parálisis transitoria de la economía, redundará en una severa reducción
de la recaudación y un incremento del gasto. También se anticipa una escalada
de la deuda, por la acumulación de déficits y porque el Estado no tendrá más
remedio que asumir pasivos de empresas al borde del colapso, para así prevenir
un contagio a todo el sistema financiero como ya ocurrió en 2011-2012. Todo ello
hace temer presiones sobre las primas de riesgo, que anularían efectividad a
los planes de choque nacionales.

Gráfico 2

El propio Mario Draghi aboga por una política acomodaticia de financiación de los desequilibrios presupuestarios generados por la crisis del coronavirus, de modo que el impacto sea transitorio en la medida de lo posible.

De
ahí la propuesta de varios países, entre otros España, de emitir “coronabonos”,
es decir títulos de deuda mutualizados para cubrir los costes de la pandemia. Esta
es una opción tajantemente rechazada por los nórdicos, que constatan que los
países del sur de Europa no han aprovechado la expansión para sanear sus
cuentas públicas. Si bien no les falta razón, el caso es que el virus se
extiende por todo el continente y que economías como la alemana no son tampoco
inmunes ante lo que acontece en el resto. Alemania exporta el 14,3% de su
producción a otros países europeos, y el 6,7% en total a España, Francia e
Italia (gráfico). En el caso de Holanda, las proporciones alcanzan el 43,7% y
12,1%, respectivamente. Una parálisis de los intercambios comerciales sería
letal para buena parte del tejido productivo de esos países, porque estamos en
un mundo interconectado.  

Ante este debate estéril que podría eternizarse, la salvación podría venir una vez más del BCE. Frankfurt ha dado a entender que podría flexibilizar por un tiempo limitado –todo lo que dure la crisis sanitaria– los límites nacionales a su programa de compra de deuda. De ser así, y de lograr comunicarlo a los mercados, esta iniciativa podría facilitar la financiación de las medidas de choque, algo especialmente relevante para España. Paradójicamente, se trataría de una mutualización implícita de las deudas nacionales. Unos eurobonos que no dicen su nombre.  


Fuentes de los gráficos: Funcas (estimaciones) y Eurostat.

Artículo publicado originalmente en el diario El País.

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economia-digital-en-tiempos-de-pandemia-(ii).-el-credito-social-(social-scoring)

Economía digital en tiempos de pandemia (II). El crédito social (social scoring)

China ha anunciado el final de
confinamiento, lo que significa que, a partir del próximo 8 de abril, se
permitirá a los ciudadanos de Wuhan viajar fuera de la ciudad. Sin embargo,
para poder salir al espacio público los habitantes de Wuhan tendrán que mostrar
un código QR “verde” en sus teléfonos móviles que certifique que no tienen un
riesgo algo de contagio. Por el contrario, si su código QR de salud es amarillo
o rojo, tendrán limitación de movimientos o deberán mantenerse en cuarentena.
Todos los ciudadanos chinos están clasificados en a través de estos códigos de
color que se asignan utilizando no solo su estado de salud, sino también su localización
y movimientos pasados.

No es una película de ciencia
ficción: está pasando hoy, a ocho horas de vuelo de nosotros, y puede ser
nuestro futuro inmediato. No es descabellado pensar que, cuando empecemos a
relajar las medidas de aislamiento social, la mejor la forma de hacerlo podría
pasar por subordinar las nuevas normas a las probabilidades de contagio, a la
vulnerabilidad de los colectivos e incluso a análisis coste-beneficio. Veamos
un ejemplo: es probable que muchas actividades se liberalicen pero que, a pesar
de ello y mientras haya riesgo de contagio, no se retomen las clases
presenciales en la Universidad, puesto que las ganancias de volver a abrir las
aulas, una vez rediseñados los cursos este año para impartirlos a distancia, no
compensarían los riesgos. De igual forma, la regulación de las residencias para
mayores debería ser muy restrictiva, dada su vulnerabilidad a la enfermedad.
Pero aunque podamos tener argumentos para discriminar entre actividades y
colectivos, hacerlo a nivel individual de acuerdo con un sistema de evaluación
opaco (basado en un análisis ingente de datos) implica un salto cualitativo.  

Este sistema de evaluación
social no es nuevo en China, ni está restringido al estado de salud. En 2018, Pekín
promulgó una ley que parece inspirada en la orwelliana novela 1984, o en Un mundo feliz de Huxley, permitiendo a las autoridades públicas
establecer un sistema de crédito social. Esta norma facultaría a las
autoridades a emplear toda la información que tienen sobre el comportamiento de
los individuos (utilizando bases de datos públicas, datos de redes sociales,
miles de cámaras, sistemas de reconocimiento social…) para “puntuarles” y servirse
de la evaluación para premiar y castigar. Los individuos con “buena reputacion”
tendrían acceso prioritario a los servicios públicos, mientras que aquellos con
una baja puntuación podrían encontrarse con obstáculos para obtener una plaza
de guardería o un visado para viajar. No está claro el grado de implementación
de este sistema crédito social. En
este articulo
se afirma que, aunque podría
extenderse su uso en el futuro, de momento solo se habría llevado a cabo un
estudio piloto en Rongcheng, un gran ciudad a 800 kilómetros de Pekín. Más allá
de la realidad china, es interesante reflexionar sobre un sistema de crédito
social y sus posibles implicaciones para situaciones excepcionales como la que ahora
vivimos.

Lo que sí funciona en toda China es un sistema privado de puntuación de pagos electrónicos, Alipay, del grupo de Alibaba. En este caso, lo que se evalúa es la solvencia del individuo y parece que goza de gran aceptación en el país, porque ha permitido la expansión del crédito. En realidad, es un sistema que podría implantarse en Europa si las grandes empresas digitales como Google, Amazon y Facebook se introducen no solo en el mercado de medios de pago sino en el de crédito. Estas empresas tienen una potencial ventaja competitiva (además de su enorme liquidez) dado que pueden usar toda la información que tienen de sus usuarios para identificar su nivel de solvencia, reducir el riesgo y, con ello, expandir la oferta de crédito. El sistema de puntuación de Alipay señaliza el nivel de solvencia, además de funcionar como un sistema de fidelización (premia el uso) y un potente sistema de incentivos para garantizar el pago de las deudas. Los riesgos que un sistema así presenta son, al menos, del mismo tamaño que sus ventajas. ¿Es ético y permisible utilizar información de nuestras redes sociales para estimar nuestra solvencia? ¿Cómo afectaría a nuestra comunicación, a nuestro comportamiento? ¿Cómo podemos impugnar dicho índice cuando pensemos que no estemos de acuerdo con su evaluación?

«De hecho ya contamos con algo muy cercano a un sistema de crédito social: el carné por puntos. Este sistema, apoyado por cámaras, radares y sistemas de vigilancia convencionales, determina si podemos o no conducir. Su implementación tuvo un gran éxito en la reducción de las infracciones de tráfico y cuenta con un alto grado de aceptación social».

Juan José Ganuza

En una situación como la actual, la implementación de un sistema de crédito social podría implicar que nuestro comportamiento social –cómo reciclamos, pero también cómo cumplimos las medidas de aislamiento social– fuera observado por cientos de cámaras, incluso desde drones, e inferido de todos los datos que las administraciones puedan tener de nosotros. La información sobre nuestro comportamiento se resumiría en un índice, que podría ser empleado por las administraciones para asignar servicios y por las entidades privadas, por ejemplo, para dar empleo. Da miedo. Incluso con garantías judiciales sobre la objetividad de un índice así, muy posiblemente sólo una pequeña fracción de la ciudadanía lo aceptaría en nuestro país; nuestros imperfectos sistemas de vigilancia y multas serían mejor valorados.

Sin embargo, los incentivos al comportamiento
prosocial que generaría tal sistema serían inmensas. Esto seguramente es
importante para el reciclaje, pero puede ser crucial para el control sanitario si
la pandemia se extiende en el tiempo y la salud general depende de controlar
comportamientos incívicos. Si lo pensamos, de hecho ya contamos con algo muy
cercano a un sistema de crédito social: el carné por puntos. Este sistema,
apoyado por cámaras, radares y sistemas de vigilancia convencionales, determina
si podemos o no conducir. Su implementación tuvo un gran éxito en la reducción
de las infracciones de tráfico y cuenta con un alto grado de aceptación social.

Las virtudes o los defectos de un sistema de créditos social dependen de su diseño –de cómo se ponderan los distintos comportamientos en el índice–, de la transparencia en su construcción, de los objetivos que se persiguen, de las garantías judiciales sobre el uso de los datos … El nobel Jean Tirole presentó en la Digital Economics Conference de Toulouse su artículo Digital dystopia, en el que reflexionaba precisamente sobre el diseño óptimo de un sistema de crédito social en la era digital. Tirole concluye que, para promover el comportamiento prosocial, la forma en que se construye el índice debe ser muy transparente y sus metas han de ser muy explícitas (téngase en cuenta que, potencialmente, un sistema como este podría aprovecharse para, por ejemplo, castigar la disidencia política).

Por último, uno de los capítulos
más interesantes de la serie británica Black Mirror titulado Nosedive (En España, “Caida en picado”) exploraba una aterradora versión descentralizada del
crédito social que podría tener lugar al margen de la decisiones políticas que
adoptemos: una red social, como muchas de las que conocemos, en la que los
individuos evalúan constantemente la interaccion con otros individuos, es tan
dominante que la puntuación obtenida por los usuarios determina sus relaciones
sociales, incluso sus oportunidades económicas. El capitulo transmite dos
mensajes inquietantes. El primero: cómo este sistema de crédito social se convierte
en el centro de la vida de la protagonista; y, en segundo lugar –una conclusión
más interesante desde el punto de vista económico–, que el sistema genera
muchas desigualdades, ya que pondera más las valoraciones de los individuos mejor
puntuados (lo que da lugar al titulo del capítulo: una vez perdida la
reputación social es difícil recuperarla).

En conclusión, los sistemas de
vigilancia masiva y crédito social generan muchos problemas éticos y por ello
se encontraban en nuestro catálogo de pesadillas futuristas. Sin embargo, son
sistemas muy potentes para generar incentivos a un comportamiento prosocial.
Los comportamientos incívicos son socialmente costosísimos en tiempos de
pandemia. Por ello, si esta se alarga, no debería sorprendernos que algún país
decidiese hacer realidad la distopía e implementar alguna versión de estos
sistemas de control social.

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antes-del-coronavirus-la-economia-espanola-ya-sufria

Antes del Coronavirus la economía española ya sufría

Cuando empiecen a publicarse los datos económicos del mes de marzo y los correspondientes al primer trimestre del año y del semestre, empezaremos a cuantificar la magnitud del deterioro por el parón de las empresas que sufre España.

El gobierno tratará de vendernos que estos datos son frutos de la realidad excepcional en la que vivimos. No obstante, lo cierto es que si hacemos una revisión del histórico más reciente, bajo la batuta del Gobierno de Sánchez, ya habíamos experimentado un grave deterioro económico.

Este shock económico nos afectará al bolsillo y nos viene en un momento de debilidad, y no ha sido una debilidad caída del cielo, sino por méritos propios... No hemos apostado por mantener el crecimiento económico ni el buen ritmo de creación de empleo.

La ruptura del crecimiento económico

Antes del COVID-19, las previsiones económicas no eran buenas. El FMI pronosticaba un crecimiento para la economía española del 1,6%, el mismo nivel que el conjunto de las economías avanzadas. El problema era que se trataba del país de las economías avanzadas que había experimentado la revisión más negativa, dos décimas frente al anterior pronóstico.

España estaba desacelerando su crecimiento económico, se revisaban negativamente las expectativas de crecimiento en un contexto inicial en el que la expectativa del crecimiento global se aceleraba. Si el mundo creció un 2,9% en 2019, para este año se esperaba un crecimiento del 3,3%.

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Lamentablemente España se descolgaba... Si el crecimiento económico español fue del 2% en 2019 desde el 2,4% del año anterior, para este año, se esperaba un avance del 1,6%. Curiosamente, se esperaba que el mundo crecería cuatro décimas más y, para España, se esperaba cuatro décimas menos y con revisiones a la baja.

La razón por este menor empuje de la economía española venía dada por una confluencia de factores tanto externos como internos.

Veíamos que el sentimiento empresarial en el sector privado seguía siendo históricamente bajo, debido a la preocupación existente por las relaciones comerciales entre la Unión Europea y el Reino Unido. A ello, había que añadir la política arancelaria de los Estados Unidos.

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Su situación empresarial ya era delicada en 2019. Según el Banco de España, en los nueve primeros meses de año anterior el Resultado Ordinario Neto de las empresas caía un 1%, el primer descenso visto desde 2012.

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Con la crisis provocada por el parón empresarial, es comprensible que esta confianza se deteriore aún más y que las empresas estén optando por adoptar posturas neutrales en lo que se refiere a la inversión, mientras esperan a ver cómo se desarrolla la crisis. A medida que pasan los días del confinamiento, echan mano de los ERTE para controlar los costes laborales con el hundimiento de los ingresos y que estaría afectando alrededor de 500.000 trabajadores.

En el plano interno, persistía una profunda incertidumbre sobre el diseño futuro de las políticas económicas y, en particular, sobre los elementos necesarios para reanudar el proceso de consolidación fiscal, en la medida en que hemos visto que el Gobierno de Sánchez como ha sido incapaz de sacar adelante unos Presupuestos.

A pesar de ello, no ha vacilado en promover Decretos para un mayor gasto público como el incremento de las pensiones o el salario de los funcionarios, sin obtener la correspondiente contrapartida de mayores ingresos.

El desastre en el mercado laboral

Lo peor del gobierno de Sánchez ha sido dentro del mercado laboral, ya que ha conseguido revertir el buen dinamismo conseguido en el descenso del desempleo y los datos dinámicos en los afiliados de la Seguridad Social.

En los años de crecimiento económico, nos habituamos a fuertes descensos en el desempleo. En febrero el paro registrado fue de 3.246.047. El problema venía dado por la quiebra del dinamismo. Si en los años anteriores de crecimiento, veíamos tasas de caídas desde el 5% hasta casi el 10%, el dato interanual en el mes de febrero se quedó en un pobre 1,31%.

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El número medio de afiliados al Sistema de la Seguridad Social durante el mes de febrero había alcanzado la cifra de 19.250.229. Se trataba del mejor dato en la cifra de ocupados registrada en la serie de los meses de febrero.

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Pero, de nuevo, hay que analizar los datos desde el punto de vista dinámico. El último dato interanual del mes de febrero nos mostraba una afiliación en la Seguridad de 361.757, un avance positivo del 1,92%. Pueden parecer cifras satisfactorias, pero se trata de la peor evolución desde 2014.

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En este caso, el problema fue minusvalorar las repercusiones reales de la subida del salario mínimo. En 2019 se apostó por una subida del salario mínimo interprofesional (SMI) del 22,3% hasta los 900 euros. Y este año, ignorando las consecuencias de esa subida, de decretó un avance del 5,5% hasta los 950 euros.

Según los datos del INE, estas medidas han incidido en un aumento del coste laboral. El coste laboral aumentó un 2,3% en tasa anual en el cuarto trimestre de 2019 y se situó en 2.755,15 euros por trabajador.

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Por supuesto los sectores menos productivos son los más perjudicados cuando se eleva artificialmente el coste de un factor productivo. Como ejemplo tenemos el sector de la agricultura, en los últimos 12 meses, el desempleo de este sector ha descendido en 676 personas, un 0,44% sobre el total.

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el-bce-saca-su-‘bazooca’-contra-el-coronavirus:-750.000-millones-adicionales-para-manipular-el-mercado-de-deuda

El BCE saca su ‘bazooca’ contra el coronavirus: 750.000 millones adicionales para manipular el mercado de deuda

La epidemia por el COVID-19 está hundiendo las perspectivas de la economía mundial en las proyecciones macroeconómicas que desarrolla el personal del Banco Central Europeo (BCE). Como ya podíamos imaginar, la conclusión es que este año la actividad global será notablemente inferior a las previsiones anteriores.

Debido a este cambio brusco en las perspectivas económicas, hemos visto en estas semanas una volatilidad en los mercados financieros disparada, subidas en las primas de riesgo y hundimientos bursátiles impulsados por un pánico inversor en el que se están descontando los menores flujos futuros en la actividad empresarial de las empresas cotizadas.

Ante este panorama, ayer, el BCE dirigido por Christine Lagarde mostró la artillería pesada para iniciar la compra de activos temporales de valores del sector público y privado y tratar de contrarrestar la realidad reflejada en los mercados durante las últimas semanas. Este nuevo programa de compra de emergencia pandémica tiene un volumen de 750.000 millones de euros y las compras se impulsarán hasta finales del año 2020.

El programa cubrirá todos los activos elegibles bajo el programa actual de flexibilización cuantitativa, deuda pública y corporativa, y se extenderá a documentos comerciales de suficiente calidad crediticia, incluyendo la deuda del gobierno griego.

Pero lo más llamativo de todo es que el BCE considerará aumentar sus límites autoimpuestos. El BCE podrá comprar deuda con un vencimiento de tan solo 70 días (anteriormente quedaba establecido hasta un año), y no se aplicará un límite para comprar no más del 33% de la deuda de ningún país en circulación.

Con estas medidas para intervenir el mercado secundario de deuda, hubo un giro en las expectativas de los inversores, con caídas en las primas de riesgo por la caída de las rentabilidades de la deuda. El caso más extremo lo tenemos en Grecia con una caída de más de 200 puntos básicos para los bonos a 10 años de Grecia, pasando de una TIR del 4% a un nivel ligeramente inferior al 2% y reduciendo la brecha entre la deuda de las economías más fuertes de la Eurozona.

Grecia

Intervenir hasta romper los límites

Si sumamos las medidas impulsadas por la autoridad monetaria europea juntamente a las ya establecidas durante 2020, veremos una intervención total de 1,1 billones de euros, el mayor monto anual de un programa. Este monto habrá que añadirlo a los casi 5 billones de activos acumulados en compras.

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No es la primera vez que vemos actuar el BCE de un modo plenamente intervencionista, pero sí es la primera vez en el que se pretende romper las reglas previamente establecidas.

Aventurarse en el mercado de papel comercial es una novedad para la institución, pero la medida más cuestionada sería elevar los límites establecidos al comienzo del programa en 2015, porque abordaría las preocupaciones de que el banco central violaría la ley de la Unión Europea al financiar a los gobiernos.

Hasta la fecha, el nivel límite del 33% de los bonos en circulación se había acercado al emisor de bonos de referencia Alemania y algunos países más pequeños. Rompiendo el límite, se pretende centrar su estímulo donde más se necesita y extenderlo por el tiempo que se desee.

No está claro que esta acción pueda llevarse a cabo porque hay detrás desafío legal, debido a que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea señaló específicamente estos umbrales en un fallo de 2018 cuando argumentó que el BCE no estaba incumpliendo una prohibición de financiamiento monetario.

Un mercado de deuda 'fake'

En un escenario de no intervención en el mercado de deuda, aquellos países que entrañan mayores riesgos en relación a sus altos niveles de deuda pública y la evolución de sus respectivos déficits son castigados con mayores intereses por la emisión de su deuda.

De este modo, se establece una clara relación entre intereses y riesgo. Aquellos países que ven imposible financiarse en los mercados por los altos intereses exigidos, deben ajustarse a su realidad financiera cuadrando ingresos y gastos en favor de la estabilidad presupuestaria. Por lo tanto, los mecanismos de mercado permiten una clara identificación de los riesgos subyacentes de los emisores.

Pero el problema existente es que la autoridad monetaria europea ya hace tiempo que ha olvidado los fundamentos del mercado, y pretende rizar el rizo, cada vez más, para mantener la percepción de los riesgos de manera aislada.

Todo ello ha creado una burbuja financiera sin precedentes en el mercado de renta fija, tanto pública como privada, que queda patente en los bonos con rentabilidades nominales negativas y, por ello, se busca una huida hacia adelante rompiendo los límites.

Se anhela que ante los shocks externos como el que estamos viviendo la actualidad, aquellos países identificados como más arriesgados por su elevada deuda pública acumulada y sus déficits públicos contantes, no se les tenga en cuenta su situación. De ahí parte la propuesta de los eurobonos para difuminar aún más los riesgos contraidos.

El problema existente de todas estas medidas cada vez más intervencionistas, es la falta de credibilidad que pueda tener un mercado excesivamente manipulado y cada vez más vulnerable ante un shock económico. Por ello, durante el mes de marzo hemos vuelto a presenciar como las rentabilidades de los bonos europeos de la periferia han escalado fuertemente.

Riesgo

La situación es complicada, si al activo de bajo riesgo se le elimina la rentabilidad ( o se le imputa una rentabilidad negativa), obviamente los gobiernos carecen de incentivos para acometer medidas de responsabilidad presupuestaria, se disfraza la realidad con una burbuja de deuda, y se empuja a los inversores busquen cada vez activos más arriesgados para mantener la rentabilidad de sus carteras y protegerse de la inflación, por muy baja que está sea en la actualidad. Y que las inversiones se canalicen al elevado riesgo, sin un respaldo de fundamentales.

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el-papel-del-isv-en-el-exito-de-la-adopcion-de-la-innovacion-tecnologica-por-el-cliente-final

El papel del ISV en el éxito de la adopción de la innovación tecnológica por el cliente final

Analizamos el papel del independent software vendor (ISV) en la innovación tecnológica, todo lo que ofrece al cliente final y a la empresa desarrolladora. 

  • El ISV constituye un último eslabón de la cadena con el cliente final 
  • Además, los ISVs hacen que las soluciones que recibe el cliente se parezcan a un “traje a medida”, pero sin sus inconvenientes 

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Las grandes soluciones de software suponen para las empresas una oportunidad de acceder a herramientas tecnológicas que les ayuden a desarrollar su actividad de forma más eficiente y a abordar mejor su transformación digital. 

No obstante, muchas veces, las compañías tienen una forma de trabajar concreta y requieren de una adaptación o desarrollo a medida. Y es aquí cuando es clave el papel del ISV en el éxito de la implantación de la nueva solución tecnológica para el cliente final. 

El ISV aporta su conocimiento de un sector para ayudar a adaptar un programa a otra empresa o sector concreto 

Los ISV (desarrolladores de software independientes, por sus siglas en inglés) son empresas que son capaces de desarrollar sus propias soluciones de software adaptándolas, en muchos casos, a las necesidades de un cliente concreto. Así, un desarrollo de ERP se hace pensando en las necesidades de industrias de todo tipo, pero no tendrá las mismas una empresa que fabrica calzado que otra que está en el sector de la hostelería, por ejemplo. 

¿Qué es un ISV?  

A la hora de adoptar una solución tecnológica, una empresa tiene diferentes opciones. La primera de ellas es acudir a un desarrollador que haga un programa a su medida. Por poner un ejemplo cotidiano, sería como ir al sastre para que nos confeccione un traje. Esto tiene varios inconvenientes: 

  • Los costes son excesivos para muchas empresas. 
  • Los tiempos de desarrollo son demasiado prolongados. 
  • En ocasiones, nos obliga a estar atados con este desarrollador del que dependemos para actualizaciones, mantenimiento, etcétera. 

La segunda opción es acudir a una solución estándar, si necesitamos un CRM o un ERP contratamos esta herramienta que ya está desarrollada y empezamos a trabajar previa parametrización de los procesos empresariales. Sería similar a acudir a una tienda y elegir un traje de los que ya tienen en venta. 

La tercera opción sería intermedia entre las otras dos: utilizamos un software estándar, pero la complementamos con herramientas o módulos que se adapten a las necesidades concretas de nuestra empresa. Es aquí donde el papel de los ISV es clave, ya que se encargará de crear las soluciones necesarias para que esta herramienta se adapte a nuestra empresa y no al contrario. 

Los ISV son uno de los grandes motores de la innovación tecnológica. Averigua el por qué.

Por decirlo de otra manera: el desarrollador de software independiente se encarga de añadir funcionalidad y nuevos procesos a un software ERP o CRM estándar como los que desarrolla SAGE, o incluso adecuar y acercar un programa a un sector concreto (lo que se conoce como una adaptación a sectores verticales) para que responda mejor a las necesidades de una compañía, a la normativa y protocolos que tiene que cumplir, etcétera. 

¿Qué valor ofrece el ISV al cliente final? ¿Y a la empresa desarrolladora?  

El ISV es muchas veces el último intermediario entre el cliente final y la empresa que desarrolla una solución estándar como puede ser Sage 200cloud o Sage X3, que aporta al cliente en su versión estándar funcionalidad para sectores concretos como comercios, fabricación, distribución al por mayor o construcción. Ya que puede crear pequeños programas o add-ons que constituyan soluciones específicas para cada cliente y que se adapten a la filosofía de su empresa o ayude a integrarse con otras soluciones. 

El ISV es quién mejor conoce al cliente final y en el que confían para implantar la herramienta elegida 

En este sentido, da una respuesta para tener algo próximo a ese traje a medida que deseamos, sin los inconvenientes antes comentados de costes, tiempos de desarrollo o dependencia de un desarrollador concreto. 

Es por ello por lo que una compañía que ofrece soluciones contables, ERP, CRM o software para la gestión de recursos humanos tiene certificado un importante ecosistema de ISV. Además, de este modo, si en algún momento los caminos de empresa e ISV se separan, otros pueden continuar su trabajo. 

Para la empresa desarrolladora son un pilar muy importante, ya que llegan donde ellos no pueden, ofreciendo la personalización que muchas pequeñas y medianas empresas requieren para contratar estos productos. De otra forma, no habrían contratado este tipo programas. 

La empresa desarrolladora será tan apreciada por el cliente como lo sea el ISV. Su importancia es mayor que la de un integrador, que también puede crear pequeños programas para ofrecer una solución a la implantación de un software en una empresa. La diferencia entre unos y otros suele estar en el volumen de programas que crean para el cliente final, que, en el caso del integrador, suele ser mucho menor. 

El ISV como último eslabón de la cadena con el cliente final  

Es en este punto donde el ISV ofrece al cliente final la tranquilidad de tener soluciones para sus necesidades, puesto que en muchos casos se crean a medida para él. Estos programas personalizados se pueden aplicar a varios clientes del mismo sector o al mismo tipo de empresas. Estar certificado como ISV de una gran empresa da acceso a una amplia cantidad de clientes que demandan estas personalizaciones. 

Así, si una solución planteada para un cliente concreto ha funcionado bien, no es raro que otro de este mismo sector busque tener este programa. Y esto, hoy en día, en un mundo de soluciones que son on premise, híbridas o por suscripción, es básico. No en vano, el ISV puede ayudarnos a decidir de forma más fácil cuál es la más adecuada para nosotros o qué soluciones se plantean para cada necesidad en concreto. 

Los ISV son el último eslabón en una cadena de innovación. Descubre cómo llega su trabajo al cliente final.

El ISV es quien mejor conoce al cliente, lo que le permite también acelerar los procesos de implantación. Cuenta con experiencia del trabajo realizado anteriormente para otros clientes similares, que tienen una problemática local, por lo que la labor de consultoría va guiada por otros trabajos previos y no es raro que se ofrezcan soluciones que el cliente final muchas veces ni siquiera se ha planteado, por desconocimiento. 

Para la empresa final es una gran tranquilidad. Son conscientes de que están tratando con alguien experto y cercano que sabe lo que se trae entre manos; que ya ha implantado y creado programas con éxito para otras empresas y que no solo va a darnos una herramienta mejor para nuestro día a día, sino que también tiene experiencia sobre el programa que quiere adquirir. 

En resumen, de lo que hablamos es de que son capaces de ofrecer un resultado más eficiente para el empresario final. Esto supone un rápido retorno de la inversión, sobre todo porque la aceleración del proceso de consultoría e implantación, así como menores costes en la adaptación y creación de pequeños programas a medida, suponen un gran ahorro en el gasto, no solo monetario, también en horas invertidas en su manejo durante el día a día. 

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BCE: ahora las empresas

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Tras un comienzo casi nefasto hace diez días con unas declaraciones inoportunas de su presidenta, Christine Lagarde —que la
dejan tocada para un futuro—, el Banco Central Europeo cambió de rumbo la
semana pasada. Esta crisis precisa contundencia (se está haciendo) pero también
que alcance a pymes, autónomos y familias. Rock and roll monetario para
todos.

El BCE sacó la artillería pesada con el Programa de Compra de Emergencia Pandémica (PEPP por sus siglas en inglés) de bonos por 750.000 millones hasta diciembre de 2020. Señal clara de apoyo a la deuda soberana de países como Italia y España, que están sufriendo más, al menos inicialmente. El segundo paso fue la mayor flexibilidad concedida a las entidades financieras en el uso del capital. Podrán utilizar reservas ya existentes por un montante de 120.000 millones para absorber pérdidas o financiar hasta 1,8 billones de euros. La flexibilidad será total para los créditos con garantías públicas. El tercer paso fue disminuir las exigencias de provisiones de los créditos morosos cubiertos con avales públicos y suavizar los planes para reducir la tasa de morosidad. Otro paso que no puede olvidarse es la coordinación entre bancos centrales con los acuerdos de líneas swap para garantizar la liquidez.

«Mientras que para las grandes empresas el BCE ha sido capaz de proporcionar liquidez […], esta financiación casi directa del banco central no existe para las pymes y autónomos, que son precisamente los más damnificados por la crisis. Una situación excepcional donde la financiación escasea requiere medidas excepcionales e innovadoras, también de parte de la autoridad monetaria».

Santiago Carbó

¿Se puede hacer algo más? Creo que sí. Mientras que para las grandes empresas el BCE ha sido capaz de
proporcionar liquidez comprando los bonos que emiten —y que incluso
ahora se podría flexibilizar algo para dar más liquidez a este sector de mayor
tamaño—, esta financiación casi directa del banco central no existe para las
pymes y autónomos, que son precisamente los más damnificados por la crisis. Una
situación excepcional donde la financiación escasea requiere medidas
excepcionales e innovadoras, también de parte de la autoridad monetaria. Sobre
todo, durante episodios de crisis de liquidez como la que sufren muchas pymes y
autónomos solventes que no pueden, por problemas de caja temporales, pagar a
sus proveedores para seguir funcionando.

Una opción innovadora para convertir esta deuda a
corto plazo en una de largo plazo sería utilizar técnicas de titulización para
que la autoridad monetaria amortigüe el impacto de la crisis de liquidez en
estas sociedades. Una posibilidad sería que los proveedores pudieran obtener
liquidez de sus deudas a corto —reconocidas en forma por ejemplo de letras de
cambio— de una institución financiera con respaldo público (el ICO o el Banco
Europeo de Inversiones, por ejemplo) que empaquetaría decenas de miles de estas
deudas creando unos ABS (Asset Backed Securities, valores respaldados por
activos) que podrían utilizar para obtener liquidez a largo plazo del BCE.

El banco central ya ha empleado estos instrumentos en los últimos años para inyectar liquidez. Para minimizar el riesgo moral de estas operaciones, se podría limitar con un conjunto de condiciones objetivas a sectores claramente identificados como los más afectados por la crisis, a sociedades que obtuvieron beneficios en 2019, y por supuesto a deudas recientes originadas antes del impacto de la COVID-19. Son vías adicionales para que el tremendo esfuerzo fiscal y monetario fluya a todas las capas de la actividad económica y la sociedad.

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Los que nos cuidan en la crisis del coronavirus (I): el sector de la sanidad

El ministro de Sanidad, Salvador Illa, anunció el pasado jueves la contratación pública de más de 50.000 sanitarios para reforzar los hospitales y los centros de salud en España: facultativos sin plaza o ya jubilados, médicos internos residentes (MIR) en sus últimos años de formación e, incluso, estudiantes de Enfermería y Medicina próximos a acabar sus carreras van a ir engrosando el colectivo de personal sanitario que trata y cuida a los afectados por el coronavirus. Se incorporan a un sector cuyo volumen de empleo en 2019 ya superaba al existente en cualquier otro momento de nuestra historia.

Los datos que ofrece la Encuesta de Población Activa (EPA) son concluyentes: el número de ocupados en el sector de actividades sanitarias en 1986, cuando se creó el Sistema Nacional de Salud, era de 395.000;  en el año 2000 había aumentado hasta 633.000, y en 2019 rozaba 1.117.000[1]. Por tanto, como se observa en el Gráfico 1, desde comienzos de este siglo hasta 2019, los ocupados en el sector de la sanidad casi se han duplicado. Además, a diferencia de lo ocurrido con el empleo total, el estallido de la crisis económica no cambió la tendencia al alza del empleo en este sector. 

Gráfico 1

Complementariamente, el Gráfico 2 permite apreciar que, durante el mismo periodo, el peso de la ocupación en este sector respecto a la ocupación total del país creció considerablemente. A principios del siglo, los ocupados en el sector de la sanidad apenas representaban el 4% de todos los ocupados en España, mientras que en el año 2019 la cifra se acercaba al 5,7%. Esa evolución alcista se aprecia asimismo al centrar la atención en quienes trabajan como médicos y personal de enfermería (dentro de este sector[2]): el Gráfico 3 así lo refleja, mostrando de igual modo que el personal de enfermería ha consignado un mayor avance que el médico.

Gráfico 2[3]

Gráfico 3

El incremento de la ocupación en el sector sanitario ha venido de la mano del envejecimiento del colectivo de ocupados. Tal como se comprueba en el Gráfico 4, la disminución del peso de los jóvenes (16-34 años) es casi simétrica respecto al aumento del peso de los mayores (55 o más años). De hecho, el peso de estos últimos se ha triplicado en dos décadas, pasando del 8% al 24%. Del Gráfico 4 se desprende asimismo que todos los grupos de edad han ido confluyendo en su porcentaje de participación en la ocupación del sector. Lógicamente, este proceso ha provocado la elevación de la edad media de los ocupados, como evidencia el Gráfico 5: si en el año 2000 se situaba en 39,9 años, en 2019 alcanzaba 44,2 años (45,0 entre los hombres, y 43,8 entre las mujeres). Con todo, en los dos últimos años la ocupación en el sector de la sanidad se ha rejuvenecido, mientras que en el conjunto del resto de sectores seguía envejeciendo.

Gráfico 4

Gráfico 5

La evolución de los datos en la EPA también pone de manifiesto la
consolidación de las mujeres en el sector sanitario. En 2019, las ocupadas en él
ascendían a 809.000, mientras que el número de ocupados (varones) se situaba algo
por debajo de 308.000. El Gráfico 6 ilustra esta diferencia, permitiendo
de nuevo observar que, en contra de lo que a menudo se afirma, la ocupación en
el sector de las actividades sanitarias quedó bastante protegida de las
convulsiones del empleo provocadas por la crisis económica. En efecto, la
ocupación de los varones no solo no sufrió pérdidas, sino que consiguió crecer
entre 2008 y 2014; en cuanto a la de las mujeres, se estabilizó prácticamente durante
esos años críticos, para retomar a partir de 2014 la trayectoria anterior de
fuerte crecimiento.

Aunque en el conjunto de las actividades sanitarias la proporción mujeres/hombres se ha mantenido bastante estable a lo largo del periodo (oscilando desde 2004 a 2019 en torno a 250 mujeres por cada 100 hombres), el Gráfico 7 muestra también el extraordinario cambio que se ha verificado en el colectivo de todos los médicos que están ocupados. En el año 2000, por cada 100 médicos varones había 65 médicas; en 2019, el número de mujeres que ejercían esta profesión por cada 100 hombres que también lo hacían, ascendía a 131. Esta evolución indica palmariamente que en la élite de las ocupaciones sanitarias se ha producido un “vuelco femenino”.

Gráfico 6

Gráfico 7

En definitiva, la situación de la sanidad española en estos momentos es crítica, pero conviene tener muy presente que nunca antes hemos contado en España con tantos efectivos en el sector de actividades sanitarias como en la actualidad. El volumen de los ocupados en él ha crecido significativa y continuamente desde que comenzó el siglo. Como los ocupados en otros sectores, también los que integran el sector de la sanidad han asistido a un aumento de su edad media, pero este envejecimiento ha avanzado a menor ritmo. Más significativo ha sido, sin embargo, el avance de las mujeres en la que es considerada la profesión central de este sector, la de los médicos: en 20 años, ellas han duplicado su proporción respecto a sus compañeros.


Adenda: Sanidad pública y privada/temporalidad

Tras la publicación de nuestra entrada “Los que nos cuidan (I): el sector de la sanidad”, hemos recibido algunas indicaciones sobre el interés que podría tener conocer la contribución de las administraciones públicas y de las empresas e instituciones privadas al aumento de la ocupación en el sector de la sanidad. En esta adenda aportamos datos relativos a la evolución de la ocupación según la naturaleza (pública o privada) del empleador. Incluimos también un gráfico con la evolución de la temporalidad en el sector de la sanidad, desagregando asimismo los asalariados públicos y privados.  

Gráfico 1

Del gráfico A se desprende que el aumento de los asalariados que trabajan en el sector de la sanidad responde tanto al incremento de contrataciones públicas como privadas. Entre el año 2000 y el 2019, el número de ocupados públicos en el sector de la sanidad pasó de 427.000 a 675.000, mientras el número de ocupados privados pasó de 163.000 a 353.000. Por tanto, en números absolutos crecieron más los asalariados públicos, pero en proporción aumentaron más los asalariados privados (117% vs. 76%; con todo, los que más aumentaron porcentualmente fueron los ocupados por cuenta propia). A la vista de la evolución de las cantidades de ocupados se constata un crecimiento casi continuo de los tres colectivos (asalariados públicos, asalariados privados y empleados por cuenta propia). En cuanto a la curva que refleja el total de ocupados en el sector de la sanidad, se aprecia su casi continuo crecimiento de 2000 a 2011. A partir de 2011 cayó el empleo público durante dos años al ritmo del 3,5% anual, pero rápidamente el sector público recuperó el ritmo de crecimiento anterior a la crisis.

Gráfico 1

En cuanto a la temporalidad de los ocupados se observa que el sector de la sanidad ha cambiado de posición relativa a partir de la crisis de 2007. Mientras en la fase previa de expansión económica los ocupados del sector de la sanidad tenían una media de contratación temporal 5 puntos menor que la totalidad de los asalariados, a partir de 2007 les han superado en temporalidad.

Llaman particularmente la atención las distintas evoluciones observables en el sector público y privado. En los primeros tres años del siglo ambas tasas de temporalidad se hallaban muy cercanas (en torno al 25%), pero a partir de 2003 la temporalidad de los asalariados públicos no paró de crecer hasta 2008, mientras que la de los asalariados privados decreció. En todo el periodo, el empleo público en la sanidad ha crecido en 78.000 contratados fijos y en 160.000 temporales, mientras las empresas e instituciones sanitarias privadas han contratado en una proporción inversa: 156.000 fijos y 35.000 temporales. Por ello, mientras que en 2000 los asalariados públicos y privados del sector de la sanidad ostentaban la misma temporalidad (un 24,8%), en 2019 la de los que trabajaban en la sanidad privada había descendido más de 3 puntos (21,2%), mientras que la de los empleados en la sanidad pública había aumentado 15 puntos (40,0%).


[1] Conviene aquí hacer una aclaración entre los conceptos “sector” y “ocupación” en la EPA. Los sectores se refieren a la actividad fundamental que realizan las empresas y organizaciones. En cambio, las ocupaciones se refieren a las tareas concretas que realiza cada “persona ocupada”. Por ejemplo, en un hospital (que es una empresa del sector de la sanidad) trabajan mayoritariamente los profesionales de ocupaciones sanitarias, pero también otros empleados que desarrollan tareas de gestión, administración y recepción, de cuidado mental, de limpieza, etc. Por tanto, todos ellos forman parte del sector de la sanidad. En 2019 (EPA I-IV), el 78% del sector de la sanidad estaba compuesto por personal sanitario (médicos: 23%; enfermeras: 18%; auxiliares: 14%; técnicos: 13%; otros sanitarios: 10%). Del restante 22%, la mayor parte (seis de cada diez) eran administrativos. Por otra parte, fuera del sector de la sanidad hay muchas personas que ostentan ocupaciones sanitarias. De hecho, de todos los que en 2019 trabajaban en ocupaciones sanitarias, el 31% no lo hacía en el sector de la sanidad. Llama, por ejemplo, la atención que en cuatro subsectores de actividades residenciales (no incluidos en el sector de actividades sanitarias) la proporción de ocupaciones sanitarias sea mayoritaria: destaca, en particular, el subsector de la “asistencia en residencias para mayores y discapacidad física”, cuya proporción de sanitarios en 2019 era la misma que la existente en el sector de la sanidad: 69%.

[2] Véase la nota 1.

[3] En la comparación entre ambas evoluciones se puede contrastar la diferencia de efectos a los que han dado lugar los cambios en las clasificaciones oficiales de los sectores de actividad (CNAE 2008) y de las ocupaciones (CNO 2011).

Fuente de los gráficos: EPA desde el I/2000 hasta el IV/2019.

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