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Qué es un asiento de apertura y cómo se hace


El asiento de apertura da inicio a todo el ciclo contable

De todos los asientos contables que existen en el libro de contabilidad el asiento de apertura es el primero y más importante de todos. Se trata de los registros que se recogen en el inicio de un ejercicio sobre la situación económica y financiera de una empresa en ese determinado momento. Sin el asiento de apertura no sería posible el inicio de períodos en contabilidad, en el libro mayor ni cualquier otro registro de contabilidad económica de la empresa.

El asiento de apertura da inicio a todo el ciclo de contabilidad de una empresa cuya duración es de un año. A partir de él, quedan registradas cada una de las operaciones económicas que el negocio desarrollará durante este periodo. En la mayoría de las empresas suelen coincidir con el año natural, iniciándose el 1 de enero y terminando el 31 de diciembre. En él va a recogerse cada carga o haber, es decir, ingresos y gastos. Dada esta situación, el asiento de apertura no puede contener gastos ni ingresos. En cierto modo, el asiento de apertura es el que le da comienzo al libro mayor porque una vez realizado el asiento deben transferirse los movimientos al libro. Para entender cómo constituirlo e iniciarlo continúa leyendo este artículo que hemos dedicado.

Constitución del primer asiento inicial


en el asiento de apertura se anotan activos y pasivos en los apartados debe y haber

El asiento inicial sería el primer asiento de apertura que se realiza al comenzar una empresa, es decir, al crear/nacer un nuevo negocio. Existen dos situaciones en las que un asiento de apertura debe realizarse, y este sería el primer caso.

En este nuevo primer asiento van a reflejarse todas las aportaciones que realizan los socios que la constituyan. Cuentan todos los activos y pueden ser tanto económicos como inmuebles, terreno, mobiliario. Toda esta parte se anota dentro del apartado «debe» y luego en el «haber» el capital social, conforme se han hecho las escrituras de constitución de la empresa.

Todos los gastos derivados de la constitución de la empresa como los impuestos, se registran como el patrimonio neto después de haberse constituido el asiento de apertura inicial. Después de estos asientos podrán continuarse anotando todos los gastos propios derivados de la actividad, como facturas, salarios, impuestos, así como ingresos de las ventas o servicios que se ofrezcan.


Pasado el año natural y llegando al fin del ciclo contable se debe hacer el asiento de cierre. En él deben anotarse las cuentas para dejarlas en saldo cero. De este modo se podrá iniciar el nuevo asiento de apertura del siguiente ejercicio traspasando los antiguos valores al nuevo. Siguiendo la misma tónica, anotando en las cuentas del «debe» el activo y en el «haber» el pasivo.

El asiento de apertura de una empresa ya constituida

El primer asiento contable que se realiza para cada ejercicio es el asiento de apertura. Viene después del asiento de cierre, que es el último asiento contable que se realiza al finalizar el ejercicio.


existen programas informaticos para realizar las operaciones de contabilidad y asientos contables

El asiento de apertura se realiza siguiendo el mismo método que en el caso anterior, pero partiendo de una empresa ya creada. Los datos de los que se puedan disponer pueden variar de un caso a otro, pero suelen ser por tres casos. El primero es realizando el traspaso de los valores del asiento de cierre al asiento de apertura. En el segundo caso con el balance que se tenga del ejercicio anterior o en un tercer caso incluso cuando haya una inexistencia de datos.

Ejemplo de asiento de apertura

Vamos a hacer un ejemplo hipotético de asiento de apertura de una empresa a la que llamaremos «finanzas 521 SL». Tras terminar el asiento de cierre del último ejercicio procedemos a iniciar el asiento de apertura para el nuevo ciclo contable. En el balance que teníamos al finalizar el año podemos tener por ejemplo las siguientes partidas:

  • Activo: Maquinaria 3.000 euros. Dinero 500 euros. Clientes 600 euros. Existencias 800 euros.
  • Pasivo: Capital 1.000 euros. Reservas de 400 euros. Deudas de 800 euros.

Todas las partes del activo se anotarían primero en el apartado «debe», luego a continuación en el «haber» seguirían anotándose en orden descendente (pues sería la continuación) los pasivos anteriormente descritos.

Como se comentó anteriormente, el asiento de apertura puede iniciarse por primera vez si se acaba de constituir la sociedad. En este caso suelen ser unos datos muy sencillos ya que no hay balance inicial y suelen ser caja o bancos (por las aportaciones que hagan los diferentes socios). También podemos encontrarnos en el caso de una empresa ya existente con un programa de contabilidad. En este caso el propio programa estará automatizado y al cierre del anterior ciclo iniciará el asiento de apertura. En el caso que lleve esta contabilidad otra persona hay algo más de trabajo y es importante tener cerradas todas las cuentas para luego iniciar el asiento de apertura.

En la práctica, no existirá un desglose general como «maquinaria» o «clientes», pues fue la idea para simplificar. Normalmente existirá una ficha para cada cliente, así como un desglose para los diferentes activos que tenga la empresa.


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Los estados, al rescate

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Con el colapso de la actividad en sectores de enorme peso en nuestra economía como el turismo, la hostelería y el transporte, muchas empresas han contraído un volumen ingente de préstamos que las sitúa al borde de la insolvencia. Según estimaciones derivadas de la central de balances, una de cada siete empresas, que dan empleo a cerca de dos millones de personas, está sobreendeudada.

Gráfico 1

Gráfico 2

Fuentes: Banco de España y previsiones Funcas.

Conviene por tanto recordar que una de las principales lecciones de anteriores crisis es que el exceso de endeudamiento del sector privado puede lastrar la economía durante un tiempo más o menos largo, y provocar un estancamiento prolongado del nivel de vida. Las empresas sobreendeudadas no solo se resisten a añadir más pasivos a sus deteriorados balances, sino que incluso cuando la recuperación está en marcha prefieren dedicar sus ingresos a devolver préstamos en vez de invertir. Los bancos centrales intentan sin éxito paliar la situación abaratando los créditos, sin que esas empresas respondan a los incentivos. Prueba de ello, las dos décadas perdidas por Japón.

Por otra parte, ese contexto de abundancia de liquidez es propicio a nuevas burbujas financieras y a la proliferación de actividades de baja productividad que solo se mantienen con dinero barato y bajos salarios.

Por tanto, el statu quo entraña muchos riesgos. La solución, sin embargo, no puede consistir en aceptar como un mal necesario la quiebra de las empresas sobreendeudadas. Los negocios no son responsables de las restricciones aplicadas como consecuencia de la pandemia —tampoco los trabajadores que dependen de ellos—. Además muchos son viables y podrán reanudar su actividad cuando aparezca un antivirus efectivo. Ante una perspectiva tan preocupante, ha sido acertado prorrogar el periodo de devolución de los créditos concedidos por el ICO con avales públicos, y en adaptar los procedimientos de concurso de acreedores.

No obstante, esto no resuelve el problema de fondo, que es la falta de ingresos empresariales y su corolario, la elevación inexorable de las necesidades de financiación del tejido productivo. A corto plazo, la situación se aliviaría con la aportación de transferencias directas a negocios en dificultad por razones vinculadas a la pandemia, sobre todo pymes y autónomos que son las más vulnerables. Las grandes ya tienen acceso al fondo de solvencia para corporaciones estratégicas, dotado con 10.000 millones.

En Alemania, por ejemplo, el Estado compensa el 75% de las pérdidas incurridas por empresas afectadas por las restricciones impuestas en las últimas fechas para frenar los rebrotes —plan “ayuda de noviembre”—, dotado con 10.000 millones. El Gobierno francés, siguiendo los mismos pasos, acaba de crear un fondo de solidaridad para empresas y autónomos que cubre el 80% de las pérdidas generadas por los confinamientos de la segunda ola. Y el ejecutivo italiano prevé en su presupuesto para 2021 ayudas por 4.000 millones en condiciones similares. En todos los casos, se imponen límites a las transferencias, de forma que las pequeñas unidades productivas son proporcionalmente las más beneficiadas.

Además, Bruselas ha dado el visto bueno a esta estrategia, siempre y cuando los dispositivos estén acotados en el tiempo y que se focalicen en las empresas más perjudicadas por los cierres administrativos. Por la misma razón, la Comisión aboga por la extensión de las políticas de apoyo al empleo y al desarrollo de nuevas cualificaciones, todo el tiempo que dure la pandemia.

Si bien el agujero presupuestario se agravará, las medidas serían susceptibles de prevenir una pérdida adicional de tejido productivo, tras un 2020 que nos sitúa en posición desfavorable en Europa ante una posible recuperación. Además, muchas de las empresas sobreendeudadas han recibido créditos del ICO avalados por el Estado. A falta de ayudas, podrían suspender sus pagos, acrecentando el desequilibrio de las cuentas públicas a medio o largo plazo. El coste para Hacienda es por tanto ineludible. Asumirlo sin demora tendría enormes ventajas económicas y sociales.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Personas y empresas

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Para paliar los devastadores efectos económicos de la covid, algunos países han enfatizado más las ayudas a las familias necesitadas y otros, las destinadas a la actividad empresarial. No son incompatibles, ya que en el corto plazo era necesario el apoyo a los hogares sin ingresos o muy disminuidos –tuvieran trabajo o no– y conjuntamente las acciones para empresas que permitan mantener la actividad y el empleo, tanto en el corto como en el medio plazo, lo que redunda en el bienestar personal.

En nuestro país, la mayor parte de los apoyos públicos a empresas se han canalizado a través de los ERTE y de los avales del ICO, que han supuesto un esfuerzo financiero notable. Aunque todo es mejorable, han funcionado bien, logrando aminorar notablemente las repercusiones sobre el empleo, mantener la liquidez de las empresas y la salud de la cadena de pagos de la economía. Ante la persistencia de la pandemia, estos dos ejes de actuación deberían mantenerse –únicamente para empresas y actividades viables– al menos, hasta finales de primavera de 2021. Sin embargo, en España se echa en falta una mayor contundencia de ayudas públicas directas a las empresas, como ha sucedido en otros países. Es, además, más perentorio, por la gran importancia cuantitativa de pymes y autónomos en nuestro tejido productivo y el mayor peso de sectores como el turismo, hostelería y restauración, tan impactados por la pandemia en sí y por las medidas restrictivas de confinamiento y cierre de locales. España ha concedido solamente un montante de alrededor del 4% del PIB en ayudas directas, muy por debajo de otros países europeos como, por ejemplo, Alemania, con una cifra por encima del 10%, o de Estados Unidos. Además, esos países han reforzado recientemente las transferencias directas a empresas –a fondo perdido– ante los nuevos confinamientos y cierre de actividades.

«No se debe caer en la falacia de que apoyar más con transferencias a las empresas impide ayudar a las personas. Es, más bien, al contrario, reforzar la resiliencia de las empresas ahora, sustenta a las familias y sus empleos».

Satingo Carbó

El Fondo Monetario Internacional junto a Rating Trust Corporation, entre otras recomendaciones, reiteró la semana pasada la necesidad de reforzar programas de apoyo a empresas viables y grupos poblacionales vulnerables. Gastar mucho más hoy, pero ojo, con un plan de vuelta al rigor presupuestario –donde menos creíbles somos como país– tras la pandemia. Es importante, además, que se refuercen los incentivos para después de la crisis, como sustentar en todo lo posible la actividad empresarial con futuro, para salir de la crisis y mantener y a crear empleo. Y hacerlo de forma más decidida con transferencias directas, que son las que aumentan la necesaria resiliencia empresarial en tiempos de incertidumbre. También en las ayudas directas a familias sería necesario incluir estímulos más potentes a la búsqueda de trabajo tras la crisis. Una recuperación económica con un menor peso de contribuyentes –sean personas físicas o jurídicas– y mayor de los dependientes del sector público, nos dejaría en una situación de gran dificultad.

No se debe caer en la falacia de que apoyar más con transferencias a las empresas impide ayudar menos a las personas. Es, más bien, al contrario, reforzar la resiliencia de las empresas ahora, sustenta a las familias y sus empleos hoy y también cuando esta pesadilla pase.

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Masas Patrimoniales

Explicación de qué son las masas patrimoniales

Todos los elementos patrimoniales de una empresa pueden agruparse en masas, en segmentos según la naturaleza financiera que ocupan. Cada una de estas partes que comparten características en común pueden agruparse en masas patrimoniales más grandes, de las que existen principalmente tres grandes masas. Estas principales tres masas patrimoniales que existen son la de los activos, la de los pasivos, y la del patrimonio neto.

En este artículo vamos a ver cómo quedan fraccionadas cada una de estas partes. De modo que tener agrupada cada masa patrimonial, nos llevará a tener un mayor control en saber a que se han destinado los fondos, qué beneficios se obtienen, o los pagos pendientes.

El Activo y sus Masas Patrimoniales

El balance de situación trata de definir el valor de una empresa a partir de sus tres grandes masas patrimonionales

El activo representa todos los bienes y derechos que la empresa posee, todo aquello de lo que es propietaria. Va desde el mobiliario de oficina, a terrenos, efectivo o dinero en el banco, licencias de explotación, patentes o equipos informáticos. El listado es largo, y dentro de la gran masa patrimonial del activo se divide en dos partes, el activo corriente y el no corriente.

  • Activo Corriente: También llamado circulante, el activo corriente es una de las dos masas patrimoniales dentro de los activos que contiene los elementos que aseguran el funcionamiento de la empresa en el día a día. Son de corto plazo, y su posesión es inferior a un año. Estos recursos son o bien para ser consumidos, como las materias primas, o para ser vendidos, como el producto final. Estas inversiones son de funcionamiento, y los activos corrientes pueden ser clasificados en 3 tipos. Las existencias, el realizable y el disponible.
  • Activo no Corriente: También llamado fijo, el activo no corriente es dentro de las masas patrimoniales de los activos la que contiene los elementos que se mantengan en la empresa por un plazo superior a un año. En ellos podemos encontrar todos los activos que permiten que la empresa pueda mantener su capacidad productiva. Sin inversiones destinadas a ser permanentes, y no se contempla la venta de estos elementos. Los activos no corrientes están agrupados en 3 bloques. El inmovilizado intangible, el inmovilizado material y las inversiones financieras de largo plazo.

El Pasivo y sus Masas Patrimoniales

El pasivo es una de las 3 principales grandes masas patrimoniales en la que se incluyen todos los gastos y deudas. Es decir, si el activo acaba reportando todas las ganancias a la empresa, el pasivo es su antítesis. Normalmente estos pasivos tienen carácter de obligaciones de pagos actuales y futuras fruto de operaciones financieras pasadas. Según la naturaleza del activo puede agruparse en otras dos masas patrimoniales, la de los pasivos corrientes y los no corrientes.

Las masas patrimoniales pretenden agrupar los diferentes patrimonios de una empresa que comparten características comunes y homogéneas

  • Pasivo Corriente: Engloba todas esas deudas o pagos que la empresa debe afrontar en un periodo inferior a un año. También se contabilizan en los pagos a proveedores, acreedores, impuestos derivados de la actividad.
  • Pasivo no Corriente: Todas aquellas deudas o créditos y demás obligaciones con vencimientos superiores a un año. Usualmente frutos de operaciones de inversión y expansión o inicio del negocio. También pueden entrar dentro de esta masa patrimonial pagos a proveedores que tengan vencimientos de largo plazo, superiores a un año.

El Patrimonio Neto

También llamado fondos propios, esta formado por el capital que han aportado los socios y las reservas que la empresa ha podido ir acumulando a lo largo de los años. Es una partida del balance que representa todos los recursos con los que cuenta la empresa. Para poder calcularlo basta con restar todos los pasivos a los activos de una empresa. Tras obtener la diferencia, se obtiene la última de las 3 grandes masas patrimoniales que una empresa puede albergar, la del patrimonio neto.

Si quieres profundizar más acerca de lo que es el patrimonio neto hay un link donde hace poco hablamos de manera larga y tendida. En este artículo podrás encontrar un mayor detalle de como los activos y los pasivos permiten determinar la salud financiera de una empresa.

El Balance de Situación gracias a las Masas Patrimoniales

El balance de situación es la muestra del estado contable económico y financiero de una empresa determinado en un momento. En vistas de que las masas patrimoniales y el valor irá fluctuando con el tiempo (y más a más largo plazo), el balance de situación intenta expresar el valor total de la empresa en una fecha dada.

Las tres grandes masas patrimoniales son el activo, el pasivo y el patrimonio neto

Tiene por objeto organizar el valor de patrimonio diferenciando las diferentes Masas Patrimoniales. Es configurado a partir de una agregación de la información contable de un período económico. Esta información aparece en los documentos de registro continuo, que son el libro diario y el libro mayor.

El objetivo que persigue el balance de situación es la de sintetizar todas estas masas patrimoniales. Consta de dos partes, la de las inversiones o activos, y finalmente la del patrimonio neto más pasivo. Sin embargo son agrupadas en las 3 grandes masas patrimoniales anteriormente explicadas, la de los activos, los pasivos y el patrimonio neto.


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Solvencia

La solvencia viene determinada por la capacidad de afrontar los futuros pagos de deuda

La solvencia se usa como un indicador dentro de los estados contables de una entidad. Puede ser tanto de una empresa, una persona jurídica o de una persona física. Trata de definir la capacidad económica que se tiene para afrontar las obligaciones económicas. Para saber que capacidad se tiene, se busca una relación que determina cuántos activos se tienen en relación con el pasivo. Dicha relación pasa por dividir los activos totales que se poseen en relación con el activo.

No hay que confundir con el ratio de autonomía financiera o disponer de liquidez. La solvencia persigue la capacidad para afrontar los futuros pagos mientras que el ratio de autonomía financiera persigue la capacidad que tiene una empresa o persona para endeudarse. Por otro lado la liquidez tampoco se trata de un ratio que haya salido de algún sitio, pero popularmente suele confundirse mucho disponer de dinero con ser solvente. Así pues, la solvencia es un buen indicador para analizar patrimonialmente o financieramente una empresa. Para entenderlo más de cerca, este artículo va a girar entorno a la solvencia y a explicar cómo calcularla y de qué manera podemos interpretar este indicador.

Cómo se calcula la solvencia

El ratio de solvencia se obtiene de dividir los activos entre los pasivos

El cálculo que debe hacerse para determinar el nivel de solvencia de una empresa es bastante sencillo. Por un lado hay que sumar todos los activos, y luego dividir dicho valor entre la suma de todos los pasivos. Veámoslo mejor con un ejemplo:

  • Activos: Total de 350.000 euros.
  • Pasivos: Total de 200.000 euros.
  • Activos / Pasivos: 1.75 de nivel de solvencia.

Como podrás observar, obtener este indicador es algo sencillo, sin embargo es importante determinar qué nivel de solvencia es el adecuado. Tanto por si es por tu economía personal, si eres el dueño de una empresa, o eres un inversor interesado en depositar tu confianza y quieres tener una variable fiable y objetiva de análisis.

Cómo interpretar la solvencia para una inversión

Vivimos en un mundo altamente competitivo donde nadie quiere quedarse atrás. Existen empresas que llegan a producir los suficientes beneficios como para no tener que endeudarse o hacerlo mínimamente. Sin embargo el caso de la mayoría de las empresas empuja a realizar nuevas inversiones, muchas veces solicitando nuevos créditos, y es aquí donde el ratio de solvencia puede indicarnos hasta qué nivel puede endeudarse. Cómo dato, siempre puede acompañarse esta información con el ratio de autonomía financiera que anteriormente hemos hablado.

Qué niveles son adecuados

Ser solvente no es lo mismo que disponer de liquidez

Una empresa con un ratio más bajo que el 1.75 que hemos dado en el ejemplo anterior, por ejemplo que tuviera 1.2, significaría que su nivel de solvencia es más bajo. Es decir, que su capacidad de adquirir nuevos créditos, o crear nuevas infraestructuras, pagar más salarios, etc., estaría más limitada. Podemos definir y es algo ampliamente aceptado que un nivel de solvencia adecuado estaría a partir de 1.5. Todo lo que fuera inferior a 1.5 sería una solvencia más débil, y cuanto más baja más lo sería.

Sin embargo, no todas las industrias se mueven del mismo modo, y hay algunas donde los niveles de deuda suelen ser más bajos y otras más altas (cómo el mundo de la construcción, por ejemplo).

Cómo tener en cuenta el histórico del nivel de solvencia de una empresa

Un ratio de solvencia acompañado de los ratios de los años anteriores pueden servir cómo guía para la inversión. Es bastante usado en el análisis fundamental, y un nivel de solvencia determinado y sostenido en el tiempo puede ser interpretado de varias maneras.

En el caso de que la empresa siga creciendo, es decir, su Patrimonio Neto vaya incrementándose de manera sostenida con el tiempo y además mantenga su nivel de solvencia es buena señal. Puede ser, entre otros factores, que el equipo directivo tenga definida una buena estrategia y mantenga un equilibrio en sus estados contables que sean muy estables a lo largo de los años.

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Ratio de Autonomía Financiera

Si por el contrario su solvencia se mantiene sin embargo su Patrimonio Neto desciende, es posible que sus acciones también desciendan. De no ser así, y sus acciones se mantengan, es posible que los inversores o bien no hayan reparado en la pérdida de valor o existen otros planes estratégicos. Este punto hay que investigarlo por cuenta propia, cada empresa un mundo (como suelo decir).

Por otro lado, sobra decir que una continua pérdida del nivel de solvencia en una empresa no es buena señal, sobretodo si es sostenida, o que un incremento constante es algo bueno. Hay que asegurarse de que la empresa hace uso de esos activos, es decir, quiere seguir creciendo. El escenario ideal (o al menos uno de ellos) sería ver una empresa con niveles de solvencia que crecen, y que eventualmente pueden disminuir al hacer ampliaciones, y que continúa luego recuperando el nivel de solvencia, y así sucesivamente también.

La insolvencia Compra reseñas para Google.

Existen dos tipos de insolvencia, la de flujo de efectivo y la de balance

Este terreno pantanoso es al que nadie le gustaría llegar, también conocido como bancarrota o quiebra. La insolvencia es al contrario de la solvencia, la incapacidad de poder afrontar los pagos de dinero adeudado. Existen dos tipos de insolvencia, la de flujo de caja/efectivo y la de balance.

La insolvencia de flujo de caja o efectivo es cuando una empresa o persona no dispone de liquidez para afrontar los futuros pagos, pero sí dispone de suficientes activos. Esta situación normalmente se resuelve negociando con el acreedor las formas de pago. Usualmente el deudor dispone de cosas valiosas, como propiedades, máquinas, algún coche, etc., y el acreedor puede esperar a recibir los pagos. Esa demora suele penalizarse de alguna manera, por lo que puede implicar a parte del pago final de la deuda alguna multa o por el estilo.

La insolvencia de balance se produce cuando todos los activos de una empresa son incluso insuficientes para afrontar el pago final de la deuda. Normalmente, esta situación se contempla antes de que se produzca el siguiente pago, en la que ya se contempla que no habrá forma de poder pagar ni los siguientes pagos ni mantener ningún tipo de actividad. Antes de que esta situación se produzca, suele optarse por mantener la actividad (por los beneficios que reporta). Finalmente, tanto acreedor como deudor pueden negociar esta situación y aceptar una pequeña pérdida, o negociar una nueva deuda o forma de pago que permita mantener la actividad.

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El perímetro de las ayudas

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Pocos dudan que, ante la gravedad de la segunda onda de la
pandemia, los efectos negativos sobre la actividad económica y
empresarial se van a prolongar —al menos, hasta bien entrado 2021—, y
las ayudas a las empresas habrá que mantenerlas y / o reforzarlas.
Proliferan las decisiones de confinamiento de distintos formatos y
cierre de locales de ocio, bares y restaurantes en muchos países de la
UE. Parece lógico alargar los programas de apoyo aprobados desde marzo.
En particular, a las empresas. Compra reseñas para Google.

Fue, sin duda, adecuada la prórroga hasta finales de junio de 2021 del Marco Temporal de ayudas en la UE para apoyar a las empresas que sufran pérdidas significativas en su volumen de negocios. A escala nacional, habrá que redoblar también esfuerzos, desde extensión de avales a ayudas fiscales e, incluso, recapitalización de empresas solventes. En esta segunda ola, como he venido insistiendo, habrá que ser más selectivo para que sean las empresas viables las únicas que reciban el sustento necesario para pasar lo que queda de pandemia. Hay que cerrar el grifo a las actividades que no sobrevivirían en escenario alguno. Aquí surgen dos grandes preocupaciones. La primera es la cantidad de recursos que de los que dispondrá el Estado español para poder mantener las ayudas con la potencia necesaria para aminorar el impacto económico. En la primera ola se comprobó el menor recorrido de las medidas aprobadas en España. Ahora, a pesar de las ayudas europeas —que en todo caso tardarán en llegar y con otros fines, además—, se puede volver a sentir la falta de contundencia de esos apoyos. Ha sido nuestra peor situación en las finanzas públicas —responsabilidad nuestra y solo nuestra— la que explica esa menor fuerza de las ayudas. Sin embargo, es en el contexto comparativo donde surge mi segunda preocupación. Es inquietante que la extensión del Marco Temporal de Ayudas de la UE cree divergencias competitivas aún mayores en la UE. En primavera quedó patente que ese “hacer la vista gorda” sirvió principalmente para que países como Alemania, Holanda o algunos de los nórdicos reforzaran a sus grandes empresas con fondos públicos, otorgando una ventaja competitiva no siempre fundamentada en una mayor productividad sino en el paraguas de papá Estado. España debe ser vigilante para que las ayudas en la UE se aprueben y articulen en torno a la recuperación. Ese y solo ese debe ser perímetro de las ayudas. No deben ser para apoyos artificiales a empresas no viables en países con mejores cuentas públicas.

Entramos
ahora en una nueva fase de economía que, empleando el término escuchado
hasta la saciedad estos días, podríamos denominar “perimetral”. No solo
tendremos la desgracia de una escasa circulación entre países sino
también, en España, de muchas medidas distintas y no sincronizadas. Esos
perímetros heterogéneos en tiempo e intensidades tendrán —según los
expertos sanitarios— impacto limitado en el control de la pandemia y,
desde el punto de vista económico, obligarán a acciones más duras y
retrasarán la recuperación, además de hacerla más desigual si no hacemos
nuestros deberes en la UE.

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Ratio de Autonomía Financiera

Como calcular el ratio de autonomía financiera

La autonomía financiera es la capacidad que tiene una empresa o persona de no depender del dinero de nadie para satisfacer sus propósitos. Las ratios económicas nos sirven como una gran herramienta de contabilidad para analizar estados económicos que de entrada podrían ser «complejos». Así con un sólo vistazo podemos ver que tan conveniente o favorable es lo que se esté calculando. Para este caso y artículo, vamos a explicar todo sobre la ratio de autonomía financiera.

Tras haber leído el artículo, vas a tener una completa noción acerca de qué es la ratio de autonomía financiera, cómo calcularla y las implicaciones que tiene para una empresa. Gracias a esta ratio, las decisiones que puedan tomarse pueden ser más ajustadas cuanto mayor es la ratio. Por el contrario, menos decisiones se consideran que se pueden tomar si el grado de autonomía financiera es más bajo. También sirve como una herramienta para según que empresas para calcular que tan bien optimizados están los recursos propios frente a la deuda. Para comprenderlo en su totalidad, no dejes de seguir leyendo hasta el final.

¿Qué es el ratio de autonomía financiera?

El ratio óptimo de autonomía financiera es de 0'8 o superior

El ratio de autonomía financiera trata de definir la dependencia que tiene una empresa de sus acreedores, es decir, de a quiénes les debe dinero, la deuda. Este cálculo pasa por determinar los fondos propios que posee una empresa en relación a su deuda. En consecuencia, la ratio nos da una relación con su capacidad de endeudarse. Cuanto mayor es esta ratio mayor es la capacidad de la empresa en su supervivencia en el futuro, sobretodo teniendo en cuenta que en algún momento pueden plantearse escenarios de incertidumbre. Un buen ejemplo sería el entorno actual que estamos atravesando donde la pandemia pone a prueba estas ratios. Las empresas con un buen ratio de autonomía tienen más probabilidades de salir menos perjudicadas que aquellas cuya ratio no era muy favorable antes de los problemas que puedan suceder.

Hay quién usa los términos «Patrimonio Neto» para decir «Fondos propios», no importa. Lo importante es que tanto si usamos unas u otras palabras nos vengamos a referir a lo mismo. En este caso, para saber los fondos propios hay que restar al total de los activos el total de los pasivos (deuda).

Fórmula para calcular el ratio de autonomía financiera

El ratio de autonomía financiera es la relación entre patrimonio neto entre la deuda total de una empresa

Cómo hemos comentado anteriormente, es una relación entre los fondos propios y la deuda. La fórmula se calcula dividendo los Fondos Propios del total de Pasivo (deuda) tanto a corto como a largo plazo. El número resultante es la ratio de autonomía financiera. Para poder entenderlo mejor, vamos a exponer un ejemplo con dos empresas que imaginemos son de un mismo sector. Por ejemplo, empresas que se dedican al transporte de personas.

  1. En el primer caso, nos encontramos con una empresa cuyo fondos propios en total ascienden a 1.540.000 euros. Su deuda total asciende a 2.000.000 euros. Esto significa que sus fondos propios lo dividimos entre su deuda, es decir, sus pasivos, obtenemos 0,77. Este seria el ratio de autonomía financiera.
  2. Para el segundo caso, tenemos una empresa cuyo tamaño es menor y cuenta con unos fondos propios de 930.000 euros. Luego tenemos que su deuda total asciende a 240.000 euros. Tras dividir los fondos propios entre su deuda obtenemos que tiene un ratio de autonomía financiera de 3,87.

Para este caso y ejemplo, he pretendido poner un caso algo «sonado», el del segundo ejemplo. Por un lado, veríamos como la ratio de la segunda empresa es mucho más elevada, del 3’87. Es más estable económicamente, de eso no cabe duda. Sin embargo, podría seguramente crecer mucho más, pero todo ese potencial sólo existiría de manera latente, no lo estaría aprovechando.

¿Cómo interpretar la ratio?

Una ratio baja indica que la empresa está demasiado endeudada

De manera general, se dice que una empresa dispone de una buena autonomía financiera cuando más de la mitad de sus recursos provienen de sus propios fondos. Pero para tener una idea, el número mínimo de esta ratio que se espera que tenga una empresa debe ser 0’8 o superior. Una ratio entre 0’7 y 1’5 «suele» ser lo más usual y además el valor más óptimo.

Por un lado la empresa tendría liquidez y recursos para afrontar difíciles momentos. Puede que estos momentos no sean muy complicados, pero bajar la guardia y confiarse en exceso no suele llevar buenos resultados. Por otro lado, no estaríamos hablando de endeudamientos muy grandes, lo que significaría que tiene una buena autonomía financiera y en caso de necesidad o inversiones no pondría mucho en riesgo su supervivencia. Por eso mismo, tener o intentar mantener una ratio elevada, es muy importante, ya que representa un signo de fortaleza y estabilidad.

Como dato, hay que añadir que no existe una ratio de autonomía financiera universal y aplicable a todas las empresas. Cada sector es distinto, y dependerá no sólo del campo en el que se esté trabajando, sino también de la competencia y los objetivos empresariales presentes de cada momento.

¿Cómo afecta un incremento de deuda en la ratio?

Teniendo en cuenta los ejemplos de las dos empresas expuestas anteriormente, podríamos ver qué tanto más podría endeudarse la segunda empresa. Vamos a verlo en perspectiva. De solicitarse 1 millón de euros para inversiones y/o compra de activos, el valor de la empresa aumentaría desde sus 1.170.000 euros (sus activos antes de descontar la deuda para saber el patrimonio neto) a 2.170.000 euros.

La deuda aumentaría hasta los 1.240.000 euros (los 240.000€ más los 1.000.000€ extras). Su patrimonio neto se mantendría en 930.000€. Esto significa que su ratio de autonomía financiera pasaría a ser de 930.000 € dividido entre 1.240.000 € sería 0’75. Casi igual, que el caso de la primera empresa.

Evidentemente este cálculo es simple con números redondos, y en la realidad las comisiones e impuestos derivados de los pasivos y la adquisición de activos habrían que descontarse del activo total. Pero en lo que se refiere a la optimización de funcionamiento económico, podemos ver que ahora la segunda empresa a casi doblado su tamaño. Por ende, su facturación será mayor y su flujo de caja operativo aumentará, permitiéndole crecer más que antes. A la par, todavía dispondrá de recursos propios para afrontar algún difícil momento, pero el ratio de autonomía muestra que endeudarse más podría comenzar a ser peligroso y no sería recomendable.


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Viaje al epicentro de la crisis

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El elevado endeudamiento de las empresas como consecuencia de la crisis y la persistencia de un importante número de personas en expedientes de regulación temporal de empleo son —junto con el control sanitario de la pandemia— los principales desafíos a los que se enfrenta la economía española en los próximos meses. Para intentar suavizar el impacto de la primera ola pandémica sobre el aparato productivo y el empleo, la política económica desplegó un ambicioso plan de urgencia, con ingentes inyecciones de crédito (mediante el ICO) y una movilización sin precedentes de ERTE. Este cortafuego, que logró contener el cierre de empresas y los recortes de plantilla, era lo adecuado para un shock transitorio.

Sin embargo, la incapacidad de controlar los rebrotes de coronavirus y su corolario, la perspectiva de una recuperación truncada, plantean un escenario inédito. Porque muchas empresas se han endeudado sobremanera hasta el punto de alcanzar la insolvencia técnica, que se produce cuando los pasivos superan los activos y los ingresos no crecen. Los datos de la central de balances muestran que más de siete de cada diez empresas se enfrentaron a problemas de liquidez en el primer semestre. Además, una de cada seis compañías soporta unos pasivos que más que duplican el patrimonio neto. Su supervivencia depende de una hipotética recuperación de las ventas y de las condiciones de refinanciación de la deuda a medida que va venciendo.

Gráfico 1

Gráfico 2

Fuentes: Banco de España y Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones.

Asimismo, por definición los ERTE están concebidos para reducciones temporales de actividad —el dispositivo nació en el norte de Europa como apoyo a sectores, como la construcción, que se enfrentaban a las inclemencias del invierno—. Pero, en un contexto tan incierto e impredecible como el actual, la probabilidad de regresar al puesto de trabajo disminuye, ya sea porque la empresa de origen no es viable o que las personas trabajadoras se desmotivan o disminuye su empleabilidad. Los datos de septiembre, que apuntan a una reducción minúscula del número de perceptores de la prestación, muestran que esos riesgos se están materializando.

«Lo que está en juego ahora mismo es la supervivencia del tejido productivo […], la clave está en mejorar el diseño de las medidas existentes, una tarea mucho más compleja que la gestión de nuevos fondos».

Raymond Torres

Esta situación plantea una disyuntiva. Si los dispositivos se prolongan sin grandes cambios, para así proteger a los colectivos más vulnerables, se incrementa el riesgo de cronificación de la insolvencia y de paro de larga duración. Pero un recorte provocaría cierres en cascada de negocios, incrementos de morosidad bancaria y una escalada abrupta del desempleo, ensombreciendo las perspectivas de recuperación y agravando las desigualdades sociales.

El camino pasa por la adaptación de los dispositivos temporales existentes y, bajo esa premisa, su extensión durante todo el tiempo que sea necesario, de modo que las inyecciones generalizadas de liquidez vayan dando paso a ayudas a la capitalización selectiva de empresas con pérdidas pese a ser viables y a la reestructuración de las que no tienen un futuro garantizado. En cuanto a los ERTE, la puesta en marcha de un dispositivo de recolocación, formación y reciclaje en contrapartida a las transferencias monetarias parece ineludible.

Los fondos europeos no responden a esta urgencia. Porque lo que está en juego ahora mismo es la supervivencia del tejido productivo, y las inversiones financiadas —según se espera— por Bruselas en digitalización y transición ecológica no tienen ese objetivo. Además, la clave está en mejorar el diseño de las medidas existentes, una tarea mucho más compleja que la gestión de nuevos fondos.

Así lo ha entendido el Gobierno italiano, que acaba de anunciar su plan de recuperación con un interesante conjunto de medidas de recapitalización de empresas y “activación” de personas en riesgo de exclusión social. Nuestro punto de partida es menos desfavorable en términos de finanzas públicas y capacidad de crecimiento. Todo empieza por reconocer la magnitud del riesgo incrementado de insolvencia que se cierne sobre la economía española. Junto con el control de los rebrotes, esa sería una fórmula más potente que las ayudas europeas para darle luz al otoño y reanudar la recuperación.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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El control horario de los trabajadores

No voy a hablar de normativa de control horario, ni en las valoraciones políticas o empresariales al respecto, puesto que no es el interés de este medio ni el mío propio.

Partimos de la necesidad del control horario de los trabajadores, en primer lugar por motivos normativos, pero también con motivo de gestionar adecuadamente los activos de nuestro negocio.

Creo que esta puede ser la clave de muchas empresas a la hora de gestionar el control horario de sus trabajadores. Debo indicar que cuando hablo de trabajadores no me refiero sólo a empleados, sino a trabajadores de todo tipo, es decir:

  • Empleados que pueden estar contratados a jornada completa.
  • Empleados que pueden estar contratados a jornada parcial.
  • Autónomos dependientes.
  • Autónomos contratados por obra o servicio.

No tengo ninguna duda de que las modalidades de trabajo se han visto alteradas para siempre por la situación que vivimos actualmente, y que esto no es temporal. Por este motivo, un control horario en la nube va a ser cada vez más necesario.

Un control que prefiero llamarlo gestión, porque en realidad lo que nos debe permitir es la gestión de turnos o gestión de disponibilidad de nuestro personal para las actividades que realizados más estables, para los picos de trabajo, etc.

Las tipologías de las bajas desde el punto de vista de gestión también pueden ser muy importantes en estos tiempos por lo que implica de compromiso de las empresas con sus trabajadores. Yo no creo en una empresa que tiene números trabajando para ella, sino que tiene personas de las que se ocupa. Y la gestión de los motivos de sus ausencias, protección de datos mediante, puede ser una oportunidad para la empresa para demostrar su compromiso con el trabajador.

Recuerdo cuando llegamos a tener cerca de cien clientes simultáneos con un equipo de 25 personas en tiempos de Social Media Factory, la mayoría contratadas por obra o servicio, que una de mis preocupaciones era saber si algún trabajador no había podido hacer sus tareas un día determinado. No podía saberlo hasta el final del día en el que repasaba el cuadrante de trabajo realizado (una aplicación propia que rastreaba las redes sociales), porque no teníamos oficina y todo era teletrabajo.

Si puedo saber si un trabajador «ha fichado», ya sé que va a ejecutar las tareas correspondientes para ese día. Si veo a que «no ha fichado», puedo asignar el trabajo a otro compañero y no pasa nada. Pero para esto hace falta un sistema de gestión, de control horario o como lo queramos llamar.

Ni que decir tiene la complicación de los turnos de sustitución del verano, para cuadrar necesidades de clientes con disponibilidad de personal, etc.

En definitiva, ves que para mi el control horario de los empleados es más una gestión de tareas de trabajadores. Y cada vez más, vamos a trabajar por tareas, y no por tiempo aunque lo sigamos llamando control horario.

Publicado por Ignacio de Miguel

Fundador de Loogic. Especializado en soluciones técnicas sobre WP y Ecommerce. Autor del libro InnovaPYME y sé feliz Ver todas las publicaciones de Ignacio de Miguel

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Renovación de empresas

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Los datos de coyuntura turística publicados esta semana muestran la debacle de una perturbación vírica. También conocemos, aunque sea más anecdótico, cómo parte del sector sobrevive con nuevos canales de comercialización online, turismo de interior y otras opciones a las que las circunstancias obligan. La pandemia acelera los procesos de destrucción y creación empresarial. En un entorno proclive al gasto y la financiación, Gobierno, sector financiero y empresas se sitúan ante la encrucijada de ver dónde estaban antes de marzo y a dónde ir a partir de ahora. Antes de la covid-19 se esperaba una corrección cíclica que se habría manejado de forma más o menos controlada. Pero la epidemia ha desatado la furia de un shock de oferta y demanda de grandes proporciones en solo tres o cuatro meses.

El bofetón quizás no deja reconocer que hace tiempo que sobrevuela la necesidad de una renovación productiva guiada por la innovación, la digitalización y nuevas referencias energéticas. Está claro que hay que destinar fondos a tapar agujeros, pero muchos más —la mayoría, si es posible— a impulsar al que innova o se reinventa. Schumpeter reinterpreta la máxima shakespeariana de que “no basta levantar al débil, hay que sostenerlo después” para dirigir la mirada también al que propone una nueva fortaleza para la economía. La lección más dura a la que nos enfrentamos es dejar caer aquello con escaso o nulo futuro. Aunque no ocurrió en todos los sectores, en España, hace 10 años, se entendió a la fuerza que una parte del sector de la construcción debía salir del mercado y que los que quedaban debían reinventarse, por ejemplo, hacia la obra pública o la licitación internacional. Ese proceso pasa ahora con otros negocios (y llegará al turismo). Los recursos públicos (deuda, ayuda europea) y privados (financiación bancaria) deben emplearse para apoyar nuevas estructuras y proyectos empresariales competitivos y de alta demanda. Podemos seguir debatiendo de ello 10 años o ponernos las pilas, organizarnos y acumular recursos en los sectores pujantes. La pandemia ofrece oportunidades también.

«Es pertinente preguntarse si en España procederemos al habitual reparto administrativo del pastel o si propiciaremos verdaderos proyectos de renovación empresarial. No hay que abandonar turismo o construcción u otros servicios asociados. Pero sí renovarlos, reinventarlos».

Santiago Carbó

Hay que intentar transitar rápido el camino que va del puente a la lanzadera. Gobierno y bancos han tendido pasarelas para aquellos con dificultades transitorias por el confinamiento y la caída de la demanda. Algunos no han llegado a cruzarlas y otros lo han hecho replanteando sus formas y canales de comercialización. Es hacia ahí donde fundamentalmente deberían ir los recursos mientras se logra un mayor control sanitario. En otros países europeos también acontecen estos desafíos, pero las industrias que fueron punteras y sufrían cierto declive aprovechan un aluvión de recursos públicos para reorientarse en la nueva economía (como la automoción en Alemania).

Es pertinente preguntarse si en España procederemos al habitual reparto administrativo del pastel o si propiciaremos verdaderos proyectos de renovación empresarial. No hay que abandonar turismo o construcción u otros servicios asociados. Pero sí renovarlos, reinventarlos y complementarlos con otros, mientras se propician actividades de la nueva economía.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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