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¿Es el piso de la playa una horrible decisión financiera?

Tener un apartamento en la playa es algo que hacen muchas familias españolas y posiblemente la aspiración de casi todas las que no lo tienen. Según sus gustos y capacidades, no es raro que tengan o quieran tener un piso en lugares como Benidorm, Nerja, Torremolinos, Salou, La Manga, etc. Poder ir a un sitio a pasar el veraneo casi gratuitamente. No obstante hay quien opina que es una malísima decisión. Que ese dinero estaría mejor empleado en inversiones o gastado en otro tipo de experiencias de vacaciones.

Recientemente en un hilo de Twitter con consejos sobre finanzas personales se hace la siguiente cuenta, coste del apartamento 300.000 euros, uso 15 días anuales durante 40 años, coste total, 500€/noche. Sale más barato un hotel de cinco estrellas. Dando a entender que sale más a cuenta ir a un hotel que tener un piso en la playa. Y mejor que viajes mucho.

En realidad estas cuentas están mal hechas, para empezar porque es posible encontrar apartamentos de dos o tres dormitorios en la playa en una búsqueda rápida en lugares populares como Benidorm, Marina D’Or, Torremolinos o incluso en Marbella por 200.000 euros o menos. También porque no incluyen los costes de mantenimiento (entraremos en ello un poco más adelante), en tercer lugar porque el uso de los pisos de la playa puede ser incluso mayor y en cuarto lugar porque el valor del piso de la playa por ser vivienda muchas veces tiende a incrementarse con el tiempo.

El coste de un apartamento de la playa

Piso Playa Coste

¿Cuánto cuesta tener un apartamento en la playa? Puede que en estos tiempos de cuarentena, incertidumbre nos hayamos planteado que puede ser una mejor idea emplear el dinero en una vivienda y tener las vacaciones resueltas. ¿Por cuánto nos va a salir?

Existen dos costes asociados a esto, por un lado tendríamos el coste de oportunidad de tener dicho dinero invertido en algo más rentable. Por ejemplo la media histórica del S&P500 entre 1958 y 2018 fue de un 8% de rentabilidad, que probablemente un apartamento de playa no nos va a dar la misma rentabilidad. Es decir, que suponiendo conservadoramente un 6% de rentabilidad descontadas comisiones, para una vivienda de 200.000 euros, estamos renunciando a una rentabilidad anual de 12.000 euros. Con la mitad de esta cantidad se suelen poder unas buenas vacaciones para una familia. Es decir, que comprar reseñas google positivas, seguramente esta no sea nuestra mejor opción.

En segundo lugar tenemos los costes de la vivienda. Estos pueden superar fácilmente los 2.000 euros según la prensa, y según he preguntado a un propietario está de acuerdo. Tenemos que considerar el IBI, la Comunidad de Vecinos (que es más alta si tiene instalaciones como pistas deportivas y piscina), las cuotas de agua, electricidad (y tal vez gas), seguro de hogar y mantenimientos varios que puedan surgir. Es probable que todos los años haya que hacer un mínimo mantenimiento en la vivienda, electrodomésticos que dejen de funcionar, un grifo roto, etc.

También hay que incluir la atribución de rentas que incrementa nuestra base imponible en el IRPF al no ser nuestra vivienda habitual y que a poco que valga incrementará lo que paguemos de impuestos todos los años.

Un apartamento de playa da un servicio distinto al de otro tipo de vacaciones

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El servicio de tener un apartamento de playa es distinto. Se puede llegar y usar en cualquier momento sin tener que reservar, se puede usar varios meses al año si nuestra ocupación se puede hacer a distancia, si tenemos vacaciones más largas (caso de maestros, por ejemplo) o si estamos jubilados.

Si vivimos en lugares como Zaragoza o Lérida tenemos la costa de Tarragona a una distancia corta en coche o los habitantes de Sevilla tienen la costa onubense a una distancia razonable en coche que les permite hacer uso de una vivienda de vacaciones todos los fines de semana del verano si así lo desean.

Muchas veces se piensa, mejor se podría estar viajando. Bien, viajar está sobrevalorado para muchas personas. Hay personas que no consideran que viajar es bueno per se, sino que prefieren vacaciones más tranquilas. Incluso puede suceder que guste tener relación con los vecinos que van todos los años al mismo lugar. Incluso pueden apreciar que sus hijos tengan amigos de la playa y sean más independientes.

Quizás para familias sea donde más se aprecian las virtudes. Un apartamento de playa permite una mayor libertad para familias con los hijos o incluso con mayores, por ejemplo. Se pueden seguir dietas más complicadas si se prepara la comida en casa (veganas, celiacas, etc) y a coste de lo que nos preparamos la comida en casa, no a coste de restaurante.

Es decir, al menos en lo que al mantenimiento se refiere, un apartamento de la playa es lo que en economía se denomina un “sunk cost” o coste hundido. Un coste que no se puede recuperar, pero una vez hecho el uso adicional del mismo tiene un coste decreciente.

Un piso de playa no es la mejor inversión, pero tampoco la peor inversión posible

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¿Es una mala inversión un piso de la playa? Probablemente no es la mejor, de hecho si queremos lograr la independencia financiera estaremos hablando de una de las peores. Pero tampoco es la peor si se hace uso de la misma. La inversión en una vivienda muchas veces se acaba recuperando con el tiempo. En general los bienes raíces tienden a subir de precio, frente al dinero empleado en un hotel de cinco estrellas que seguramente no se va a recuperar de ningún modo.

La tendencia en España a invertir en ladrillo y la tradicional desconfianza en los productos financieros, hace que muchos se hayan planteado siempre depositar sus ahorros en inversiones inmobiliarias (no es el único país donde sucede esto). Y para muchos ¿qué mejor que una inversión que además permite su disfrute y permite reducir el gasto en vacaciones?

También es posible, aunque tiene riesgos y depende de la regulación local y de la comunidad autónoma, alquilar la vivienda cuando no se esté usando y a cambio tener menos uso de la misma. De ese modo se le sacaría rendimiento adicional a la inversión que no sea la revalorización de la vivienda, o al menos se cubrirían los gastos de mantenimiento de la misma.

Personalmente creo que si un apartamento en la playa no es la mejor inversión posible (y no tengo intención de adquirir uno), si es cierto que me parece que con sus ventajas e inconvenientes, hemos visto en España muchísimas peores opciones de inversión y las seguiremos viendo en los próximos años anunciadas como la próxima gran idea.

Pregunta a los lectores ¿les parece tan mala inversión una vivienda de vacaciones? ¿O quizás opinen que merece la pena simplemente alquilarla cuando les hace falta y tener el dinero invertido en otro tipo de inversión?

En El Blog Salmón | Un MBA pésimo en tu curriculum es una señal de que eres una persona que toma malas decisiones, entrevista a Duncan Chapple e Invertir en vivienda no es malo

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Si el gobierno aprueba la mochila austríaca en España ¿qué cambiaría para el trabajador en despidos?

Los problemas estructurales del mercado laboral español parecen no resolverse nunca, caracterizado por un elevado desempleo estructural y una alta temporalidad. Hoy el desempleo se encuentra con una tasa el doble de la europea con el 15,98% de paro. Y los mismo sucede con los niveles de temporalidad, en España uno de cada cinco ocupados en España tenía un contrato temporal y en Europa supone uno de cada diez.

Somos el país europeo con el peor mercado laboral con diferencia. A pesar de la última reforma laboral que consiguió traducir el crecimiento económico en creación de empleo, medidas como la subida al SMI han supuesto un severo impacto para la reducción del desempleo y el problema de la dualidad del mercado laboral persiste mientras no se ponga el foco en el coste del despido.

Temporary Contracts By Eu Member States In 2019 And In 2020 In Of Total Employment

Pero la reforma del Partido Popular no hizo nada para reducir el abismo entre los trabajadores temporales y los trabajadores con contratos indefinidos. Los primeros son baratos de contratar y despedir, y gozan de relativamente pocos beneficios frente al blindaje de los indefinidos, lo que significa que los empleadores tienen un fuerte incentivo para depender en gran medida de la mano de obra temporal para cubrir cualquier brecha en la dotación de personal.

Esto puede ayudar a mantener bajos los costes salariales en el corto y medio plazo, pero tiene desventajas a largo plazo. Las empresas tienden a invertir menos en la formación de su personal temporal, lo que reduce la productividad. Para los trabajadores, mientras tanto, un contrato temporal significa menos salario y más inseguridad, lo que los hace menos propensos a gastar e invertir ellos mismos.

Para eliminar las diferencias hay que entrar se en la base del problema: el elevado coste del despido. Entre los países desarrollados, España abarca el mayor coste de despido para trabajadores con más de 10 años de antigüedad en la empresa, con una indemnización que llega a las 28,6 semanas concretamente.

Si una empresa consiguiera eliminar el coste del despido, en momentos de altas dificultades económicas, deja de despedir al trabajador que sale más barato sino aquéllos menos productivos. Pero, en la situación actual, si la empresa quiere despedir, busca los que suponen un menor coste, independientemente de sus niveles de competencia dentro de la empresa. De ahí que en las crisis la temporalidad baje, se despide la estructura productiva más fácil de liquidar.

Y es que dada la antigüedad de muchos trabajadores en una empresa, su despido podría no solo comportar altas tensiones de liquidez en momentos de dificultades sino precipitar su quiebra. De ahí, que se prefiera realizar contratos temporales para atender a las eventuales necesidades de flexibilidad propias de cualquier negocio y que no haya una predisposición a contratar.

Debido a esta situación enquistada, el Banco de España está pidiendo corregir la desigualdad de los trabajadores temporales frente a los indefinidos con un sistema que una la rebaja a la mitad del coste por despido con la implantación de un fondo de capitalización individual nutrido por las empresas, pero implantado con ayuda del Estado y los fondos europeos, la conocida como mochila austriaca.

Llevar a la mitad el coste despidos significaría que si actualmente se paga por un despido procedente 20 días de salario por año trabajado con un máximo de 12 mensualidades, se pagaría 10 días por año trabajado. En el caso de despido improcedente, hoy se pagan 45 días por año trabajado limitado a 42 meses, y de aplicarse la voluntad del BdE iríamos a 22/23 días por año trabajado.

La idea de la mochila austríaca ¿qué cambiaría?

La mochila austriaca se introdujo en 2003 como parte de una reforma laboral más amplia. En concreto, fue el intercambio acordado socialmente para la eliminación del sistema existente de indemnizaciones por despido. La reforma sustituyó un sistema convencional de indemnizaciones por despido por un sistema de cuentas de ahorro individuales. El sistema es financiado por los empleadores mediante un pago mensual no gravado del 1,53% del salario bruto. Comprar reseñas google.

En caso de despido, los trabajadores tienen la opción de recibir una indemnización con cargo a sus cuentas de ahorro o llevar su saldo acumulado al siguiente empleo. En el momento de la jubilación, los trabajadores pueden reclamar un pago en efectivo o convertir sus derechos en una renta vitalicia. Esta reforma de la ley de indemnización por despido ha recibido la atención internacional como ejemplo de medida de derecho laboral que apoya las transiciones laborales.

Aprovechando la actual situación de España que recibirá unos recursos europeos a cambio de reformas, el BdE cree que sería adecuado aprovechar ese contexto para que nos financen la transición de la mochila austríaca.

El dinero europeo serviría para mitigar parcialmente del sobrecoste que deberían sufragar las empresas durante esta transición hacia el nuevo esquema debido a que se mantendrían los derechos del natación de los contratos vigentes.

Pensemos que si la mochila en austríaca se implantará, ese nuevo modelo sería financiado partir de las cotizaciones de las empresas, eso supondría un sobrecostes en los primeros años de vigencia del sistema debido a que se deberían de abonar simultáneamente las nuevas cotizaciones y las indemnizaciones por despido acumuladas bajo el esquema previo para introducción de este mecanismo.

La idea contemplada es que durante los primeros años tras la introducción de la mochila austriaca, las administraciones públicas vayan pagando los costes de transacción a través de la subvención de una fracción de creciente. Lo mejor de todo es que este fin estaría dentro de las líneas contempladas dentro del programa europeo que indica que las reformas financiables con fondos deben ayudar la potencia de crecimiento o mejorar la sostenibilidad económica o medioambiental. La implantación de la mochila austríaca uno de los ejemplos posibles.

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Los precios que vienen

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En España se observa un creciente número de reservas en turismo y hostelería desde el fin del estado de alarma. Si la vacunación mantiene su ritmo y las cosas no se tuercen con mayores contagios, todo apunta a un verano con fuerte demanda interna y externa.

La creciente pujanza del consumo ha avivado el temor a un proceso inflacionario. El IPC de abril de la UE publicado esta semana se elevó al 2%. En EE UU llegó al 4,2%, una cifra no vista desde hace muchos años y que ha preocupado a muchos analistas. La inflación podría situarse por encima del objetivo de los bancos centrales (2%) en los próximos trimestres en los países que se recuperen más rápido, eurozona incluida. Hay un sesudo debate sobre si las autoridades monetarias deberían revisar los principios de estabilidad de precios para reflejar condiciones macroeconómicas muy diferentes de las existentes hace 20 años, cuando se fijó ese nivel.

Vuelve la inflación, pero a un mundo diferente. No ha habido espacio para la reflexión sosegada. Los bancos centrales combaten la pandemia en infinidad de frentes, vigilan la estabilidad financiera y afrontan nuevas demandas sociales de sostenibilidad medioambiental y reducción de desigualdades. Su agenda se ha agrandado desde la crisis financiera global.

«Los fundamentos de una economía crecientemente digital, competitiva y con un mercado de trabajo con vulnerabilidades deberían conducir a una vuelta a la inflación cerca del nivel objetivo».

Santiago Carbó

¿Debería preocupar el repunte de la inflación? El crecimiento de los precios —sobre todo en EE UU— puede alargarse en el tiempo conforme la recuperación y el “gasto embalsado” durante la pandemia se conviertan en consumo e inversión real. Los cuellos de botella en los suministros internacionales de materias primas y componentes tampoco ayudan. Sin embargo, hay serias dudas de que la presión al alza sobre los precios sea estructural. Hay fuerzas subyacentes que probablemente frenarán en el medio plazo las subidas de precios. Entre ellas, la situación del mercado de trabajo, que tras la pandemia no apunta a un crecimiento de salarios. La tecnología disruptiva, asimismo, da acceso a muchos bienes y servicios con costes y precios más baratos y a una creciente competencia que no facilita aumentos de márgenes en circunstancias de demanda fuerte, como parece avecinarse. Paradójicamente, para los países que no se adapten tanto a ese cambio puede haber subidas de precios con escaso crecimiento económico.

Pueden darse momentos de nervios con repuntes inflacionarios próximamente. Requerirán temple y acierto de los bancos centrales. Sin embargo, los fundamentos de una economía crecientemente digital, competitiva y con un mercado de trabajo con vulnerabilidades deberían conducir a una vuelta a la inflación cerca del nivel objetivo. Lo que también aplicaría a las expectativas sobre variaciones de tipos de interés, donde es difícil esperar cambios significativos en el futuro cercano.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Día de Internet: Tendencias digitales que están marcando el 2021

El Día de Internet tiene como objetivo celebrar las TIC y acercarlas a todos los sectores de la sociedad. También es una gran oportunidad para reflexionar sobre el presente y el futuro de las tendencias relacionadas con Internet.

  • Conoce las principales tendencias digitales en el Día de Internet, cómo las tecnologías han cambiado nuestra forma de trabajar y qué podemos esperar de ellas en el futuro.
  • El 5G es un importante avance que disparará el uso de otras tecnologías como la nube, la inteligencia artificial o la realidad virtual.

El Día de Internet conmemora los avances y los beneficios de las TIC en la sociedad. Es un día para sopesar el alcance de estas tecnologías y hacia donde se dirigen. Por eso, es la ocasión perfecta para analizar las tendencias digitales que están marcando este año.

El teletrabajo ha hecho que acceder a una conexión de banda ancha sea imprescindible. Por eso, el acceso a la red en las zonas rurales es una de las mayores preocupaciones que se abordan en el Día de Internet. Desde hace años, el Día de Internet es también una oportunidad para reclamar mejores conexiones en todo el territorio.

Con el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, el gobierno de España prevé invertir 2.000 millones de euros hasta el año 2025 para el despliegue de 5G, sobre todo en zonas rurales.

El despliegue de redes 5G es una prioridad para el Gobierno, como se recoge en la nueva Ley General de Telecomunicaciones. ¿Pero qué características tiene esta tecnología? ¿Y qué ventajas supone para la sociedad y para las empresas?

Sage

El Gobierno prevé alcanzar un 100% de cobertura de banda ancha (100Mb/s) en 2025 con el Programa de Extensión de la Banda Ancha de Nueva Generación (PEBA‐NGA).

5G: el nuevo motor de la transformación digital

El 2021 va camino de convertirse en el año del 5G. Aunque su distribución arrancó en 2018, la red de nueva generación está ahora mostrando su potencial con el despliegue masivo por parte de las operadoras.

El 5G es la respuesta a nuevas tecnologías que requieren un modelo de conectividad más rápido y de mayor calidad. Si el 4G ayudó a impulsar los servicios de vídeo o música, el 5G da soporte a las plataformas basadas en la nube, a la inteligencia artificial y a la realidad virtual o aumentada.

Las redes de alta velocidad, por tanto, son clave para la transformación digital. De ellas depende el futuro de tecnologías como la nube, IA o el IoT (“internet de las cosas”).

El 5G permite utilizar de manera eficiente herramientas y servicios basados en la nube. Esto supone una gran oportunidad de crecimiento para las empresas.

La nube, una pieza fundamental en el Día de Internet

La nube es uno de los avances más importantes de los últimos años. Para muchas empresas, y también para individuos, ha supuesto una enorme mejora de la seguridad de sus datos. Pero no es la única ventaja. Los servicios basados en la nube permiten:

  • Reducir costes en infraestructuras de almacenamiento y equipos.
  • Escalar fácilmente las herramientas y soluciones según las necesidades de la empresa.
  • Tener acceso a los datos desde cualquier lugar y en tiempo real.
  • Colaborar desde diferentes plataformas y dispositivos, algo imprescindible para trabajar en remoto.
  • Externalizar servicios de manera más rápida y sencilla.

La nube ha permitido a las empresas seguir operando con normalidad en tiempos de COVID-19. Sin embargo, el verdadero potencial de esta tecnología todavía está por llegar.

En concreto, en 2021 hemos visto un auge de la “nube híbrida”. Este tipo de tecnología busca unificar y consolidar diferentes entornos virtuales, como varias nubes públicas y privadas. De esta forma, es posible escalar con rapidez e incorporar una sola herramienta de gestión unificada.

IoT: el internet de las cosas

No podemos hablar del Día de Internet sin mencionar el IoT o Internet of Things. Este término se utiliza desde hace años para denominar a las cosas que pueden conectarse a internet para interactuar entre ellas. Un ejemplo claro sería una casa domotizada, donde existe una “comunicación” entre las bombillas y los sensores de luz, por ejemplo.

Esta mega tendencia tiene un papel cada día más importante en nuestras vidas. Con la situación global, el desarrollo de las tecnologías IoT han ayudado a trabajar desde casa de manera más eficiente.

El Día de Internet no solo hace referencia a las redes de ordenadores. En cambio, los coches, algunos electrodomésticos, juguetes o cualquier dispositivo digital pueden compartir información a escala global.

El IoT en el trabajo

El trabajo en remoto es la nueva normalidad para muchas empresas. Otras, en cambio, están empezando a optar por un modelo híbrido. Sea como sea, el IoT nos puede ayudar a gestionar nuestro día a día.

Por ejemplo, los asistentes inteligentes como Alexa son un claro ejemplo de IoT. Estos asistentes virtuales se utilizan en muchas oficinas en casa para programar tareas y gestionar mejor los tiempos. Sin duda, es una tendencia que seguirá creciendo en los próximos años.

La realidad aumentada o la realidad virtual son otras tecnologías que podemos usar en nuestro día a día en el trabajo, con soluciones como Virtual Stage de Microsoft.

El internet de las cosas también se aplica en sectores donde la presencialidad es imprescindible. En la industria manufacturera, se utiliza para controlar el funcionamiento de las máquinas y el estado de las instalaciones. De esta forma, el personal puede intervenir en tiempo real ante cualquier incidencia.

En definitiva, el 5G, unido al avance del IoT, la nube y otras tecnologías, prometen seguir cambiando nuestra forma de trabajar y de vivir.

La transformación digital se dirige hacia una experiencia cada vez más conectada y global. Sin embargo, para lograrla, es esencial mejorar el acceso a las redes, sobre todo de alta velocidad, en todos los sectores y territorios.

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El despertar de la inflación

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Tras haber permanecido en hibernación en las economías avanzadas durante más de tres décadas, la inflación hace su gran retorno en pleno debate de la salida de la crisis pandémica. El despertar es particularmente precoz en EEUU, con un IPC de abril por encima del 4% que está quitando el sueño a la Reserva Federal. De este lado del Atlántico la onda alcista llega con menos presión, pero el cambio de ritmo es abrupto: en España el IPC se incrementó en abril un 2,2%, casi un punto más que en marzo, y en un país tan sensible a esta cuestión como Alemania, el índice se acelera hasta el 2%.

Por si fuera poco, diferentes indicadores apuntan a un encarecimiento adicional de la cesta de la compra, al menos a corto plazo. Las empresas registran una escalada de costes de todo tipo de suministros importados, a la vez que la escasez de componentes tecnológicos provoca cuellos de botella en sectores clave para la economía española como el automóvil. La factura de la energía también tiende a subir. El incremento del IPC se debe a la subida de los precios de la electricidad y de los carburantes. Pero, habida cuenta de las tendencias recientes y de factores estacionales, la inflación podría superar el 3% en Europa en los próximos meses. El corolario es una pérdida de poder adquisitivo para hogares y empresas.

Gráfico 1

Gráfico 2

Fuentes: INE y Ministerio de Economía.

La clave está en cómo
reaccionarán los bancos centrales, una cuestión vital para nuestro país que
depende de las generosas compras de deuda pública por parte del BCE. Mucho depende
de la cronificación del repunte de la inflación, es decir de la transmisión de
las presiones externas a los precios internos. De momento, el riesgo es
reducido: los salarios están contenidos por el miedo a perder el puesto de
trabajo que se ha extendido en un contexto de paro elevado; y las empresas
españolas no pueden fácilmente trasladar el incremento de costes de importación
a sus tarifas de facturación. Por tanto, lo más probable es que, a corto plazo,
los agentes absorban el shock. El comportamiento de la inflación
subyacente (estancada en abril en España y muy reducida en Alemania), parece
avalar esta tesis. Y motivar la aparente impasibilidad del BCE.   

Sin embargo, desde EEUU nos llega un mensaje distinto. Allí aparecen síntomas (todavía confusos) de sobrecalentamiento, como la escasez de personal en los sectores más pujantes. Además, el intenso rebote de la economía y el multibillonario plan Biden prefiguran una presión adicional sobre los precios. En un reciente desliz, la Secretaria del Tesoro Janet Yellen evocó la posibilidad de una salida de los estímulos monetarios. Si bien el anuncio fue desmentido, los ahorradores han reaccionado ante esa eventualidad, exigiendo una remuneración más elevada de los bonos públicos.

El resultado se va contagiando a Europa, por la interconexión de los mercados. El tipo de interés del bono español de referencia (con vencimientos a 10 años) supera el 0,5%, lo que contrasta con los valores negativos de inicio de año. Se trata de un nivel todavía muy reducido, pero revelador de expectativas orientadas al alza. A largo plazo, no le vendría mal a la economía española un poco más de inflación, si bien ésta debería proceder de una dinámica acompasada de precios y costes internos —y no como ahora, de factores externos que restan fuelle a la recuperación—. La inflación es un mecanismo potente y poco traumático para reducir el peso de la deuda que se cierne sobre nuestro país. Naturalmente, los tipos de interés acabarían por incorporar el alza de la inflación, elevando las cargas financieras para el Estado. Pero ese coste sería limitado frente al enorme beneficio que aporta la erosión del valor real de los pasivos, fruto de la inflación. Pese a todo ello, está por ver si los halcones que vigilan están dispuestos a soportar incrementos de IPC por encima del objetivo del 2% durante un tiempo prolongado.


IPC | El índice de precios al consumo se incrementó un 1,2% en abril, lo que equivale al 2,2% respecto a un año antes. Esta evolución, que ha provocado un diferencial desfavorable frente a la eurozona por primera vez desde 2018, se debe al encarecimiento de los productos energéticos. Según las previsiones de Funcas, el mantenimiento de fuertes presiones alcistas sobre los costes de los suministros importados, junto con el fin del efecto escalón derivado de la pandemia, debería redundar en una inflación superior al 2% hasta finales de año, en ocasiones rozando el 3%.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Los reguladores están consiguiendo domar la gig economy de Uber y Glovo pero… tiene sus riesgos

La gig economy, o la economía de esos “bolos” que solían ser los trabajos temporales del mundo de la música, nació al calor de la economía digital, creció con la falta de una regulación específica, y… ahora debe asistir a su metamorfosis para reinventarse empresarialmente, y dar a luz a una nueva crisálida readaptada a las nuevas “condiciones ambientales”.

Y es que una vez que diversos estados se han lanzado con determinación a regularla, a la gig economy no le queda otro remedio más que cumplir con esa legislación de cuyos agujeros se venía aprovechando, y que ahora han tapado con pintura gruesa.

La gig economy nunca debió llegar a ser una economía laboralmente basada en recuelos legales

Los Reguladores Estan Consiguiendo Domar La Gig Economy De Uber Y Glovo Pero Tiene Sus Riesgos 1

Hay que empezar exponiendo cómo, a pesar de ser un error muy común, gig economy y economía colaborativa no son lo mismo. Como bien se expone en este post, economía colaborativa es aquella que se enfoca en la compartición vía las nuevas tecnologías de bienes infrautilizados, bien sea para monetizarlos, o incluso aunque esto último no se haga. Un ejemplo de ello sería Blablacar, un servicio en el cual alguien que quiera viajar en coche se apunta por un reducido precio a un viaje que algún conductor ya tiene planificado realizar con ese mismo trayecto, y para el que rellena plazas vacías a cambio de compartir gastos. Y luego está la gig economy, que sí que está merecidamente en el centro de la polémica laboral, y en la que una serie de empresas de nuevo cuño, y también con la tecnología más moderna por plataforma, articulan su base de trabajadores y los ingresos que producen en base a gigs (recuerden: “bolos”); es decir, en base a encargos muy concretos y acotados para los que se subcontrata al trabajador, habitualmente como autónomo. Uber, Cabify, Glovo o Deliveroo son sólo algunos de los mejores exponentes de esta nueva forma de actividad empresarial.

Tras los matices anteriores, ya en concreto sobre esa gig economy de la cual Uber&cía son el mayor estandarte, pues hay que decir que, independientemente de capas de barniz, del estético lacado, o de pinturas que recubren, si una cosa es cierta es que la gig economy no debería haber llegado hasta el callejón sin salida en el que ella sola se ha metido. Y es que estas empresas como Uber, Glovo y compañía han llegado al punto no retorno, al menos no sin su punto de doloroso, por el cual buena parte de su estructura y de su rentabilidad pivotan ya sobre un modelo de contratación que puede ser “alternativo”, pero que en el fondo ha acabado explotando lo obsoleto de la legislación laboral, al menos en lo que a la nueva economía se refiere.

Y es que estas empresas podían contar con miles de “colaboradores” que se encargaban de realizar la producción de la empresa, pero que ninguno de ellos pertenecía realmente a la plantilla. No era el caso de tipos de trabajos que justificasen tener que recurrir a formas laborales pensadas para otras casuísticas (y para otros tiempos), pues el hecho es que la propia estructura de las empresas de la gig economy estaba compuesta por una minoría de trabajadores en servicios centrales, y la práctica totalidad de los trabajadores que producen contratados como autónomos.

Este abuso de la figura legislativa y laboral del autónomo retorcía y explotaba la legislación país a país, y deformaba el concepto que la legislación laboral definió para otras necesidades y usos más acotados y menos masivos. Desde luego, innovadora o explotadora, lo innegable es que de alguna manera la gig economy “desnaturalizaba” la legislación laboral. Pero éste no es un carro al que desde estas líneas nos subamos ahora de forma oportunista al calor de los recientes movimientos legislativos en diversos países. De hecho, fuimos en este medio de los primeros en traerles un análisis de cómo esos abusos legislativo-laborales podían estar tocando a su fin, como de hecho finalmente ya ha acabado por ocurrir. Ahora bien, independientemente de que pueda ser merecido a ojos de algunos, ¿Ese punto y aparte de la gig economy es el que debería ser, o debería haber sobrevenido con otra forma corpórea, y sobre todo con otro espíritu de contrarreforma?

De California a España, el batacazo legal de las empresas de autónomos está acabado por llegar

Los Reguladores Estan Consiguiendo Domar La Gig Economy De Uber Y Glovo Pero Tiene Sus Riesgos 4

Hay que reconocer que España se ha lanzado hace tan sólo unos días a tratar de ser pionera en lo que a la regulación de la gig economy se refiere, y hemos visto cómo hemos sido uno de los primeros países en el mundo en poner coto a ciertas prácticas. Pero aquí hay que introducir dos matices muy importantes. El primero es que nuestros dirigentes cortoplacista y efectistamente se han limitado precisamente a “poner coto”, que no a regular verdaderamente. Y en segundo lugar, pioneros realmente sólo lo han sido por la noticia y por ser los primeros en darla anunciándola a bombo y platillo, pero la realidad es que apostaban sobre seguro.

En España han podido simplemente acelerar el paso para poder presumir de titular, pero haberlo hecho sólo ante la certeza de que otros ya iban por ese camino, y que estaban además muy cerca de llegar a la misma meta. Han podido ver la oportunidad de una medalla que ya venía deambulando por el mundo desde hace trimestres, y que les venía muy bien para su marketing nacional, y lo que hay que reconocerles sí que es que han sabido reaccionar rápido y ser los primeros en ponerse esa medalla que andaba circulando por el mundo sin nombre todavía. Por una vez, nuestros dirigentes han conseguido ser legislativamente ágiles, así que, si no lo conseguimos casi nunca en otros casos, pues debe de haber sido por una mera cuestión de prioridades (o de interés).

Porque lo cierto es que ese apostar sobre seguro no lo estamos diciendo por decir. La gig economy llevaba tiempo en el centro de la diana de legisladores de todo el mundo, y en especial de los países más desarrollados que eran sus mayores mercados, pero donde explotaban sin pudor sus legislaciones laborales más obsoletas. Y esto era así incluso en la meca del capitalismo que vio nacer a la mayoría de estas empresas gig. En los últimos trimestres había iniciativas legislativas para “acomodar” la economía gig en el tejido empresario-laboral por todo Estados Unidos, con acalorados debates dispersos por todo el país. En ciudades de referencia como la misma Nueva York llevan tiempo dándole vueltas al tema por diversos motivos, pero era California el estado punta de lanza que más claro lo tenía desde hace tiempo, y que más y más decididamente había venido avanzando en este sentido), a pesar de lo lento de su ritmo. Puede ser que sea precisamente en California donde dirigentes de terceros países hayan podido ver que la apuesta socioeconómica estadounidense para con la gig economy era una apuesta segura, puesto que hace unas semanas ya se podía tener claramente la certeza de lo que en California iba a ser una realidad en muy poco tiempo para estas empresas.

Como les decía, esta regulación de la gig economy estaba en marcha desde hace tiempo incluso en EEUU, pero era así incluso a pesar de que este nuevo sector había conseguido hacer un trasvase de ingresos masivo de economías dispersas por todos los países del mundo, como el sector del taxi u otros, hacia empresas y consejos de administración estadounidenses. Y eso es también una clara transferencia de poder económico, además de beneficios. Y a pesar de que obviamente EEUU era en este sentido un gran beneficiario de la gig economy, incluso allí ya estaban en la senda de ponerles coto en sus “estiramientos” de la legislación laboral, lo cual allí habrá supuesto una lucha mucho más encarnizada que aquí contra intereses creados y geoestrategias nacionales. Muy probablemente de ahí que en EEUU hayan tardado lo suyo en lograr “meter en vereda” a la gig economy, y de que nosotros hayamos podido adelantarles tan fácilmente (por la izquierda, me temo).

Por tanto, el movimiento legislativo español, más que una apuesta de futuro, ha sido una mera apuesta sobre seguro tras la estela de los pasos de otros, que ya venían dando desde hace tiempo, pero que han sido más lentos en lograr aprobar. A uno le hubiera gustado que las cosas hubiesen sido de otra manera, y que España hubiese sido líder de verdad, aportando innovación laboral por sí misma, y no meros “encorsetados” laborales a la estela de que otros ya estaban cosiendo, que de innovadores más bien tienen muy poco (por no decir nada). Simplemente porque se imaginen hasta qué punto la generalización de un nuevo paradigma gig estaba cantada, en Wall Street las empresas más emblemáticas de este tipo de nueva economía ya han empezado acusar la nuevo escenario, y éste se está ya descontando dándolo por (casi) supuesto.

Porque no cometan el error de pensar que esta evolución bursátil sería sólo uno de esos pánicos viscerales e infundados de los corrillos de inversores: la reacción está muy fundada, y de hecho hasta la propia Uber está provisionando reservas para hacer frente de alguna manera a nuevos costes relacionados con el tema. Y es que el “mordisco” a sus beneficios puede acabar siendo muy relevante, independientemente de que éste pueda ser distinto en cada país que les regule de una manera u otra. Pero sea como fuere, en cualquier país tener empleados como tales en plantilla es infinitamente más caro, mucho más que subcontratar trabajos al por mayor y simplemente pagar por un servicio: la bolsa también lo sabe y, como (casi) siempre, se limita a cotizar la nueva realidad de estas empresas.

Pero haber regulado más bien “por las bravas” también tiene sus riesgos

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Pero haber regulado más bien “por las bravas” también tiene sus riesgos, y uno de los principales es que el mercado tenga que “comerse con patatas” una regulación laboral que no le sirve, porque no se adapta a la nueva realidad que ha traído el surgimiento sector. Y eso es un riesgo, pero ya saben que hay una amenaza inherente a todo riesgo que es la que puede materializarse, y que en este caso no sería sino un descenso de actividad, una pérdida de pujanza económica, y un peor servicio a los ciudadanos. ¿Lograremos que todo esto sea compensado por los beneficios (y la justicia) de “meter en vereda” a la economía gig? Sólo el tiempo lo dirá, pero el hecho es que si hubiese sido hecho de otra forma, lo que ahora ya tendríamos sería la certeza de unos beneficios que pesarían más en la balanza, y que además serían tangibles desde casi el primer día de vigencia de la ley.

Otro de los riesgos ciertos viene precisamente por el supuesto afán de protagonismo del que podrían estar pecando nuestros políticos en España. Y es que ser los primeros en lanzarnos a regular algo tan disruptivo, por mucho que pueda ser una apuesta segura, también tiene los riesgos de poder equivocarnos al optar por ser nosotros los que inventemos el futuro por delante de otros con infinitamente más capacidad de tracción que España en solitario (no ha sido en este caso ni siquiera de la mano de Bruselas, al menos no en su forma final).

Que una superpotencia se lance a ser la primera en regular todo un nuevo sector de la nueva economía, si bien sigue teniendo sus riesgos, tiene una sensiblemente menor probabilidad de error, y parte de ello es porque puede que otros le sigan y que sea la generalización lo que no les ponga en clara desventaja competitiva, en especial cuando la mayor parte de estas empresas son estadounidenses, como les decía. Pero que un país como España, con sólo 47 millones de habitantes, se lance en solitario a legislar un sector de dimensión internacional, sin siquiera esperar a que haya un marco más definido al menos por parte de la justicia europea, pues no acaba de tener mucho sentido. En nuestro caso, lo riesgos son mayúsculos, y no parecen lograr compensar a los posibles beneficios socieoconómicos, a no ser que éstos hayan podido ser meramente políticos y a golpe de titular.

Porque otros de los riesgos no son ya de carácter socioeconómico, ni geoestratégico, ni tan siquiera empresarial. Otro de los riesgos más relevantes de este tipo de regulaciones alumbradas es que de dimensión casi hasta personal, lejos de solucionar el problema de la falta de una regulación específica adaptada a las necesidades y la casuística del sector, pueden agravarlo con la imposición de lo que ya podría ser una mala regulación. Y es que por ejemplo muchos de los propios autónomos se quejan agriamente de esta nueva legislación, y dicen que les perjudica gravemente porque les reduce ostensiblemente los ingresos que venían percibiendo hasta el momento por parte de las empresas de la gig economy. Si los propios supuestos beneficiarios son algunos de los que más se quejan del nuevo marco regulatorio, pues mal vamos. Va a ser que a este tema hacía falta darle alguna que otra vuelta más antes de lanzarse al ruedo.

No obstante, como en todo, también hay cosas evidentemente buenas en esta regulación “a la española” que se ha hecho de la gig economy en nuestro país. Desde que la nueva economía es economía, los lectores habituales de estas líneas ya saben como un servidor siempre ha abogado por que no se podía dejar que el mundo de la tecnología, por ser un mundo de evidente futuro, fuese dejado de la mano para que acabase imperando la ley de la jungla. Al final ha acabado siendo así, y donde hace ya unos cuántos años que les anticipamos en un análisis lo que estaba por venir con las grandes tecnológicas omnipotentes y sus intereses.

Ahora ya vemos como aquel debate que anticipamos, y en el que los dirigentes europeos han sido visionariamente pioneros a pesar de las graves acusaciones iniciales por parte de Trump que sólo ahondaron en que EEUU nos fuese a la zaga, ha acabado por llegar, y que incluso en EEUU ya están viendo cómo se pueden trocear gigantes como Google, Amazon u otros para proteger la libre competencia, la salud de los mercados, y a los propios consumidores. Y en todo esto, la valkiria europea danesa, Magrethe Vestager, merece una mención especial por méritos propios: ella es la mejor garante de ciertos derechos socioeconómicos de los consumidores y de los ciudadanos europeos, a pesar de las agrias críticas que se vertieron contra ella por lo que ha sido una de sus luchas más vocacional y convencidas.

Y es que ese punto bueno que les citaba de la legislación laboral gig alumbrada primero en España es que obliga a añadir transparencia al sector, y a restarle parte de esa opacidad y de esa concentración de poder en la que tan bien se mueven prácticamente todos los gigantes de la nueva economía. Porque en España se obliga a estas empresas a que compartan sus todopoderosos algoritmos de distribución de trabajo entre los riders. Éste es un punto clave, de justicia laboral, de igualdad de oportunidades, y de justa competencia, puesto que de ello dependen los ingresos de miles de trabajadores. Y lógicamente, en ello estaban de acuerdo gobierno, sindicatos y patronal, como no podía ser de otra forma ante la oscuridad en la que repartían su carga de trabajo las plataformas del sector.

También deben compartir la empresas gig con actividad en España cómo se gestiona el reparto de las primas entre sus trabajadores. Es de justicia que, independientemente de que haya reglas para que la empresa pueda maximizar sus beneficios y su producción, que éstas sean claras e iguales para todos los que producen para ella, puesto que esto supone todo un mercado dentro del mercado gig, y como tal le aplican las mismas reglas de igualdad de oportunidades, justa competencia, y transparencia donde sea necesario para que ese submercado funcione lo mejor posible para todas las partes (que no sólo para la empresa gig). Este último punto era una de las reivindicaciones más recurrentes de los propios riders, que no solían saber ni a qué atenerse con certeza, y a veces se sentían víctimas de la arbitrariedad.

El "feliz" cambio tenía que llegar sí o sí, pero… ¿Ha llegado en la forma correcta, o tal vez sólo en el momento “oportuno”?

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Porque, independientemente de la buena o mala implementación, lo que está meridianamente claro es que la economía gig no podía seguir campando a sus anchas, haciendo y deshaciendo a voluntad, y además produciendo un agravio comparativo para con otros sectores en los que las empresas hacen frente a la carga de tener trabajadores en plantilla y con otras cotizaciones sociales infinitamente más gravosas. ¡Cuántas otras empresas soñarían con conseguir una estructura laboral de este estilo, con pocos gastos fijos y sin vinculaciones contractuales laborales! ¿Por qué los demás no y las gig sí? La legislación laboral, como la fiscal, puede gustar más o menos, pero la realidad es que debe ser justa y tratar a todos por igual dentro de lo posible. Todos debemos ser iguales ante la ley, también las empresa, y si la ley no gusta, lo que hay que hacer pues es votar para cambiarla. Y es que las asimetrías (especialmente las más “rompedoras”) nunca producen un conjunto equilibrado ni armónico, ni en las artes plásticas, ni en las legislaciones, ni tampoco en la socioeconomía como conjunto.

Ahora bien, tampoco se puede negar la necesidad de evolución de la propia legislación, algo inevitable para adaptarse a un mundo siempre cambiante (también en lo laboral). Y es que lo verdaderamente malo de la situación a la que ha llegado ahora la gig economy es que nuestros dirigentes hayan desaprovechado la ocasión de oro que se nos ha presentado para modernizar el mercado laboral y adaptarlo a los nuevos tiempos. Eso sí que habría puesto a España a la cabeza mundial en cuanto a innovadora y disruptiva legislación, porque lo que hemos visto no ha sido sino simplemente forzar a que la gig economy se mida por la misma vara de medir legislativa que ya fuera diseñada para el mundo laboral de los años 70 del siglo XX. Involución frente a evolución, ésa ha sido la ecuación en la que ha acabando pesando más para nuestros dirigentes el primer operando de la marcha atrás del cangrejo, frente a la posibilidad del salto hacia delante de la rana.

Pero hemos acabado teniendo lo que hemos tenido, y desde aquí simplemente hay que acabar advirtiendo que hay que tener en cuenta que la pintura gruesa bien puede tapar las grietas de la pared, pero lo hace sólo durante un tiempo: el tiempo justo que la pintura tarda en secarse, las inclemencias del tiempo hacen que se vaya pelando, y que de nuevo acaben aflorando todavía con peor aspecto las mismas grietas que se trataban de tapar. Una pared con grietas no hay que simplemente limitarse a parchearla, ni tampoco prohibir por decreto las inclemencias del tiempo pretendiendo ilusamente que así que ninguna pared llegue a agrietarse.

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Lo que hay que hacer en estos casos es repararlas de forma profesional y competente para que puedan durar otras tantas décadas del paso del tiempo. Y que además lo hagan cumpliendo su función: ser muros de carga que den estructura y sustenten todo el edificio socioeconómico. De todas maneras, tampoco sé a qué viene tanto revuelo, si en un poco más de tiempo serán drones sin derechos laborales los que nos traigan nuestro pedido hasta la puerta de casa, o coches autónomos los que nos lleven a la otra punta de la ciudad. Ésta es sin duda una polémica y una legislación de mucho titular, pero de muy poco recorrido.

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Así se puede valorar una vivienda por Internet sin necesidad de contratar un tasador

¿Cuánto vale tu piso? ¿Y el que quieres comprar? ¿El precio está ajustado? Hoy en día existen muchas empresas que nos permiten valorar una vivienda desde nuestro sofá, sólo hay que meter los datos. No tiene mucho más misterio ni dificultad. Algunos requieren registro, pero otros simplemente ofrecen la valoración de la vivienda.

Algunas empresas incluso llegan a hacer ofertas por el inmueble. Es decir, se comprometen a comprar esa vivienda por el precio ofertado con la idea de revenderla en un corto periodo de tiempo. Es cierto que no van a dar el mejor precio, pero si necesitamos hacer una venta rápida pueden ser una buena opción.

Transparentando el mercado inmobiliario

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El mercado inmobiliario tiene dos problemas. El primero es la heterogeneidad del mismo. Prácticamente no hay dos viviendas iguales. Incluso dentro del mimo edificio, tenemos una mayor o menor cercanía a las instalaciones públicas, mejor ventilación u orientación. También tenemos un mejor o peor estado de conservación, no es lo mismo una vivienda reformada que una que hay que reformar o que una que se reformó hace diez años.

El segundo problema es la transparencia. No es fácil saber lo que vale una vivienda. Algunos propietarios simplemente piden precios tan altos por la misma porque no la quieren vender. Otros ofrecen precios muy bajos simplemente porque necesitan hacer la venta con urgencia cuando podrían obtener más cuando vendieran a mejor precio. Otros compradores usan lo que les ha llegado de que han vendido un piso similar al suyo por X, y piden más o menos según crean que su vivienda es mejor o peor.

Cuando se utiliza una agencia inmobiliaria, estas suelen conocer mejor o peor el mercado, y saben lo que pueden pedir. Pero esto no sucede siempre. A veces el propietario dice X, y no pueden salir de ahí. No obstante, pedir una valoración a una agencia (por muy gratuita y sin compromiso que sea), suele requerir un coste de tiempo. Será más precisa que la que nos de una aplicación web, pero no tan rápida.

Estos valoradoresde vivienda no resuelven el primer problema, pero sí ayudan, y mucho, con el segundo. Desde hace unos años tenemos a nuestra disposición saber lo que vale una casa.

Servicios online de valoración de vivienda (lista no exhaustiva)

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Proporcionamos una serie de servicios que permiten valorar cualquier vivienda, no obstante, no nos podemos hacer responsables. Por ejemplo hemos probado a valorar el mismo inmueble en algunos de ellos, y cada uno nos da un valor diferente. Lo cuál es normal si no utilizan la misma fuente de datos. Eso sí, los valores proporcionados son relativamente parecidos.

  • BBVA: interesante al no requerir registro o proporcionar el e-mail
  • Kutxabank: tampoco requiere registro o proporcionar el e-mail
  • Trovimap: tampoco requiere introducir más datos que la propia dirección de la vivienda a valorar
  • Casavo: Hacen ofertas para comprar la vivienda en 7 días, con el objetivo de vender la vivienda por un precio mayor, requiere proporcionar los datos
  • Compropiso: también hace ofertas sobre la vivienda con el objetivo de revenderlas a corto plazo, all igual que el anterior, require proporcionar los datos de la vivienda
  • Tiko: nos pedirá los datos, pero se comprometen a comprar la vivienda en pocos días
  • Solvia: la inmobiliaria anteriormente de un banco también tiene una herramienta de valoración, pero obliga a proporcionar los datos
  • Housell: esta inmobiliaria ofrece valoraciones instantáneas y gratuitas, pero requiere introducir los datos del usuario
  • Idealista: la herramienta del portal inmobiliario, requiere registro en la aplicación. Interesante por los datos que manejan del mercado inmobiliario.
  • Valoración.es: requiere los datos, también nos permite contactar con un tasador profesional
  • Vivienda2: sólo lo ofrece para Madrid y requiere proporcionar los datos del usuario
  • Housefy: también requiere los datos del usuario para proporcionar una valoración de la vivienda

Pregunta a los lectores, ¿han usado estos servicios? ¿Les parecen fiables? ¿Creen que mejoran la transparencia del mercado inmobiliario?

En El Blog Salmón | comprar reseñas google

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el-coste-real-de-un-jubilado-que-vive-cada-vez-mas-es-mucho-mas-que-el-de-la-pension-que-recibe,-asi-se-calcula

El coste real de un jubilado que vive cada vez más es mucho más que el de la pensión que recibe, así se calcula

Cuando valoramos la cuestión del coste de los jubilados, únicamente tiende a valorarse la pensión percibida, es decir la renta monetaria que ofrece la Seguridad Social a este colectivo por el hecho de abandonar la vida laboral. Pero hay más, mucho más.

En primer lugar, en España tenemos una población de 9,3 millones de personas con una edad superior a los 65 años. Teniendo en cuenta que somos 47,3 millones de habitantes, la tercera edad supone el 19,6% de la población. Si ahora uno de cada cinco españoles tiene 65 años o más, en 2050 se prevé que este grupo de edad suponga uno de cada tres, es decir, más de 17,5 millones de personas, siendo el verdadero desafío para los Estados de las economías desarrolladas.

Hoy, en nuestros pensionistas gastamos el 12,6% del PIB, unos niveles muy parecidos a la media de la UE situada en 12,7%. Pero todo ese gasto no se destina para los jubilados sino que el 85,5% se destinan a pensiones contributivas y el 1,5% para no contributivas.

La pensión media mensual de jubilación es de 1.186,87 euros, que por catorce pagas se traduce en una renta anual de 16.616,18 euros. Desde el punto de vista de las pensiones de viudedad, obtienen una renta media de 738,66 euros, que por catorce pagas supone 10.341,24 euros.

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Si tememos en cuenta que los pensionistas jubilados son 7,3 millones y aquellos que reciben una pensión de viudedad son 1,7 millones, tenemos un gasto anualizado de 121.000 millones y 17.600 millones. En total, 138.600 millones pata atender a nueve millones de personas de más de 65 años (una media de 15.400 euros).

Pero existen otras rentas, en este caso rentas en especie. El más evidente el coste del sistema sanitario consecuencia de las dolencias propias del paso de los años.

En España, antes de la pandemia, el gasto consolidado fue de 69.744 millones en la sanidad pública. Sobre PIB representa el 5,6% y por habitante sería 1.486 euros anuales.

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Sin embargo, en cuestiones sanitarias, la media puede ser tramposa por la distribución irregular en la asignación del gasto. El 5% de los usuarios participa en la mitad del gasto sanitario y nuestros mayores son los principales usuarios de la red de sanidad pública.

La tercera edad sobrepondera en el gasto sanitario porque a medida que la edad aumenta, adquiere mayor relevancia el gasto en atención hospitalaria y el gasto en fármacos (por debajo de los 65 años predomina la atención primaria). Veríamos pues alrededor de 2.500 euros del gasto sanitario dedicado a la población de más de 65 años. Imputado ambos costes, la renta percibida alcanzaría los 18.900 euros. Comprar reseñas google.

Además, la edad dorada adquiere ciertos beneficios en los desplazamientos que son imputables al resto de usuarios. A través de los descuentos de los precios públicos a través de la concesión de subvenciones del Imserso en el área de atención a mayores, también Renfe cuenta con notables descuentos a partir de 60 años y, aunque depende de las diferentes autonomías, la red de transporte público es uno de los servicios en los que los descuentos ofrece ya que pueden alcanzar hasta el 90%.

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el-pago-por-autovias-es-solo-el-principio,-las-pensiones-se-comeran-todo-el-presupuesto

El pago por autovías es solo el principio, las pensiones se comerán todo el Presupuesto

Llevamos unas semanas en que la mayor polémica del Gobierno es la propuesta de establecer un pago por las autovías que hasta ahora eran gratuitas. Las excusas son que el mantenimiento de la red vial tiene un coste importante ya que tenemos una de las redes de carreteras y autopistas más extensas de Europa (y seguramente la más extensa por población, pues somos un país grande en tamaño pero muy despoblado) pero lo cierto es que es una excusa.

El coste de mantener la red se paga de sobra por el impuesto especial de hidrocarburos (unos 12.000 millones de euros, cuando el mantenimiento y déficit de inversión es inferior a dicha cifra). Lo cierto es que lo que tiene España es un agujero general en sus cuentas.

El déficit estructural

Y es que recientemente la Airef ha señalado que el déficit estructural aumentará en 2024 hasta el 4,6%, frente al 3,5% de 2019, antes de la pandemia. No hay que olvidar que en 2024 se supone que la economía habrá recuperado ya el nivel de 2019 y sin embargo tendremos más déficit.

Esto implica que el gasto del Estado sube por encima de los ingresos y que para evitarlo el Gobierno tiene que recaudar más. Por eso no paramos de ver globos sonda en España para aumentar la recaudación, como por ejemplo la eliminación de la tributación conjunta o la eliminación de algunos tipos de IVA reducidos.

Las autopistas como excusa para tapar otros agujeros

Y ojo, que quizá el establecimiento de peajes en la autopista sea buena idea, siempre y cuando sea un impuesto finalista, es decir, se use lo recaudado para el mantenimiento de la red vial. Pero esto no es así, ya se está hablando de cubrir el déficit de mantenimiento de años previos con peajes de 4 céntimos por kilómetro. Y cuando se cubra este déficit de inversión la recaudación tendrá superávit y no se bajará el peaje, sino que se usarán los excedentes para otras cosas.

Esta y otras subidas de impuestos nos la van a vender siempre como finalistas, porque suena mejor: para fomentar la participación de la mujer en el mercado de trabajo eliminarán la desgravación de la tributación conjunta, para el mantenimiento de las carreteras, peajes, para hacer la recaudación de IVA más progresiva eliminamos tipos reducidos, etcétera. Pero lo cierto es que el objetivo es tapar otros agujeros.

¿La razón de todo? Las pensiones

¿Y de dónde viene todo este déficit? De las pensiones. Por estas páginas lo llevamos diciendo muchos años, las pensiones se están comiendo poco a poco todo el Presupuesto del Estado.

Y no hay más que mirar los datos para ver que estamos en lo cierto al comprar reseñas google. En el año 2000 las pensiones representaban el 28% de los Presupuestos Generales del Estado. En 2019 eran ya el 40%. Y esto ante un número de trabajadores que no ha subido con tanta fuerza y por tanto en esos años la Seguridad Social ha entrado en déficit y ahora todas las medidas están encaminadas a sacar parte del gasto de la Seguridad Social a otros apartados y elevar impuestos.

Estamos, por tanto, ante una tendencia que viene desde hace mucho tiempo. Y que va para largo si no se acometen reformas de calado en las pensiones, en la línea de la reforma de 2013. Mientras no se hagan veremos nuevos impuestos y nuevos copagos donde hasta ahora no lo habíamos visto, aparte de disminución de gasto otros aspectos: servicios públicos deteriorados (trámites que antes eran ágiles y ahora se eternizan; falta de policía en zonas rurales...), copagos en educación (todavía no lo hemos visto pero vendrá), copagos en sanidad (esto tardará más porque los pensionistas tienen prioridad política y usan mucho la sanidad), y un largo etcétera.

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Códigos QR: ¿Cuál es su impacto en las empresas y en los consumidores en la era digital?

Tras la pandemia, la apuesta por lo digital y por la sostenibilidad han llevado al despegue definitivo de algunas funcionalidades tecnológicas.

  • Una de ellas es el aumento en el uso de los códigos QR, cada vez más normalizado en la comunicación entre consumidores y empresas.
  • En este artículo, te contamos qué es un código QR así cómo cuáles son sus beneficios.

Los códigos QR son una funcionalidad cuyo uso puede permitir a una empresa modernizarse al mismo tiempo que se concede un mayor protagonismo al cliente. Y es que la modernización a través de la digitalización y la sostenibilidad, y el protagonismo del cliente a través de la innovación y la mejora de su satisfacción, son factores diferenciadores (especialmente en tiempos de pandemia).

¿Pero en qué consiste el código QR?

Se trata de un facilitador cada vez más presente en nuestro día a día. También es un buen ejemplo de cómo la tecnología está a nuestro servicio: pone a nuestra disposición una funcionalidad tan innovadora, completa y sencilla que nos permite compartir, en una pequeña tarjeta de visita, un gran conjunto de información y acceder inmediatamente al portal web de una marca, al menú de un restaurante o a la información de una factura.

En un primer momento, esta funcionalidad fue empleada por la industria del automóvil para identificar los vehículos. Posteriormente, su presencia pasó a ser habitual en las líneas de producción para identificar, por ejemplo, componentes, lo cual permitió aumentar la eficacia de la trazabilidad de los productos y reducir el tiempo del proceso productivo. Hoy en día, gracias a su carácter práctico, el código QR se usa a menudo en líneas de producción, puntos de venta, marketing y publicidad, entre otros.

Sin embargo, se distingue especialmente por dos características: por un lado, es un facilitador para gestionar las interacciones y, por otro, con la aparición de los smartphones, pasó a poder leerse rápidamente en estos dispositivos, ya que basta con apuntar la cámara al código QR para explorar nuevos contenidos.

Podemos ver esta interactividad, por ejemplo, en aplicaciones como WhatsApp, que usa un código QR para controlar el acceso a través del ordenador.

El caso de Ticket BAI

Incluso las administraciones públicas están haciendo eco de las ventajas que presenta esta tecnología, adoptándola para nuevos proyectos y sistemas. El caso más destacado y transversal hasta ahora es la iniciativa del gobierno del País Vasco junto con las tres diputaciones forales, con el sistema Ticket BAI. Esto obligará a que todas las facturas emitidas deban contener un código QR, de tal forma que el consumidor podrá escanearlo y comprobar que la empresa a quien ha comprado el bien o servicio, ha declarado el importe correspondiente a la Hacienda foral.

Cuáles son los beneficios de uso de los códigos QR

La oportunidad de utilizar códigos QR como motor de modernización, innovación y satisfacción del usuario o el cliente comporta una serie de beneficios de los que conviene tomar conciencia.

  • Para el consumidor
    • Simplifica la operación de compra
    • Total transparencia en la operación de compra, sin que sea obligatoria la identificación del número de contribuyente para la obtención de los beneficios fiscales inherentes
  • Para el sujeto pasivo (emisor de factura, vendedor…)
    • Transparencia en el documento, que pasa a ser exclusivo, ya que mantiene un número de registro único
    • Reduce el tiempo en el proceso de venta
    • Oportunidad de innovar y promover la facturación sin papel y/o la facturación electrónica, lo que permite reducir gastos
    • Reducción del consumo de papel, que posibilita la reducción de la huella ecológica, contribuyendo a la sostenibilidad
  • Para el asesor
    • Reduce el riesgo de documentos no justificados
    • Oportunidad de desempeñar un papel consultivo en el asesoramiento de las opciones a adoptar y en el intercambio de información

Además, debido a la pandemia del COVID-19, y al cambio de estilo de vida influido por la tecnología, su impacto ha puesto de manifiesto la oportunidad de su uso. Algunos ejemplos destacados son:

  • Se ha producido una aceleración del comercio electrónico.
  • Los desplazamientos de los consumidores son cada vez más limitados.
  • Los consumidores han pasado a desconfiar del papel por temor a la transmisión del virus, lo cual ha acelerado la adopción de sistemas digitales.

Teniendo en cuenta esta realidad, dejar que el consumidor  decida qué tipo de facturación prefiere (sin papel, electrónica, en papel) puede ser una experiencia positiva. Bien por la novedad que supone o por la atención al cliente.

En definitiva, los tiempos difíciles exigen flexibilidad y resiliencia. Y, sobre todo, innovar en el uso de las funcionalidades y herramientas que la tecnología nos puede ofrecer para nuestro día a día.

Libro Blanco Ticket BAI

Descárgalo en  PDF para descubrir:

  • Qué es Ticket BAI y a quién afecta.
  • Cómo impacta al negocio y cómo


    puedes empezar a prepararte.

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