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Escollo inesperado en el camino de la recuperación

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La demanda que se había embalsado como consecuencia de la
crisis empieza a abrir sus compuertas, facilitando la remontada del gasto de
las familias que han sobreahorrado. El indicador de ventas de detalle se
afianzó en marzo, situándose ya un 6% por encima de su nivel prepandemia. Además,
las expectativas están orientadas al alza, como lo muestra el incremento de los
pedidos industriales. La mejora empieza a notase incluso en el sector de
servicios.

Sin embargo, el panorama se ve ensombrecido por un escollo inesperado: la aparición de cuellos de botella provocados por la escasez de suministros, especialmente en los segmentos de componentes tecnológicos y de metales. La cotización de algunos de los materiales clave para la transición energética y digital, como el cobre, el aluminio o el níquel, escala hasta niveles muy superiores a los valores registrados antes de la crisis. Así pues, el índice sintético de metales del Banco Mundial se situó en abril un 35% por encima de la media de 2019. Los microchips, por su parte, baten records históricos. Este componente vertebrador de un sistema productivo cada vez más digitalizado se encareció un 25% en el primer trimestre, y se espera un crecimiento adicional cercano al 20% en el segundo, según TrendForce, un analista del sector. Por otra parte, la intensificación del tráfico internacional de mercancías provoca retrasos en el abastecimiento y un encarecimiento de los fletes marítimos.

Gráfico 1

Gráfico 2

Fuentes: Markits Economics, Freightos Baltic Index y Banco Mundial.

Para la economía española todo ello redunda en costes de
producción al alza.  El índice de precios
industriales de importación subió un 6% en marzo, y el indicador PMI de costes
apunta a fuertes tensiones tanto en la industria como en los servicios. En
sectores como la automoción, que se enfrenta a tarifas de venta constreñidas, surgen
fenómenos de ruptura de suministros que provocan la ralentización de las
cadenas de producción y dificultan la transición hacia el coche eléctrico.

Por otra parte, el crecimiento exógeno de los costes se
refleja en la inflación, que se acerca al 2% tanto en España como en el resto
de la eurozona. De momento el componente subyacente del IPC se muestra inmune, porque
las empresas españolas contienen sus precios, en un entorno ferozmente
competitivo. Asimismo, los salarios apenas reaccionan, por la situación del
mercado laboral.  

Esos factores seguirán comprimiendo la inflación, salvo cambio
de tendencia de las expectativas —nunca descartable habida cuenta de la
importancia de la psicología en las decisiones de los agentes—. Mucho depende de
la persistencia de los cuellos de botella. En el caso de los metales, la oferta
tiende a reaccionar con rapidez, por la diversificación geográfica de la
producción. El Banco Mundial prevé, por tanto, que los precios de esos recursos
deberían moderar su crecimiento en los próximos meses, antes de normalizarse a
la baja en 2022. Otra cosa es lo que suceda con los componentes tecnológicos, caracterizados
por una oferta concentrada en unas pocas industrias del este asiático (sobre
todo Taiwan, Corea del sur, Japón y en menor medida China).

Tanto la UE como la administración Biden, fuertemente dependientes de esos proveedores, anunciaron en fechas recientes sendos proyectos de revitalización del sector. Sin duda el esfuerzo es meritorio, teniendo en cuenta la prosopopeya en materia de digitalización del Next Generation. Pero existen dudas acerca de la capacidad de mitigar las brechas de abastecimiento a corto plazo, y de recomponer una cadena de valor que, al menos en el caso de Europa, acusa la falta de visión estratégica de Bruselas.

Con todo, lo más probable es que los cuellos de botella
frenen la actividad en algunos sectores, sin comprometer gravemente la
recuperación de conjunto que se espera para la economía española en los
próximos meses. Veremos. De cara al futuro, el plan de recuperación ofrece una
oportunidad de acercamiento entre el sueño de liderar la revolución tecnológica,
y la realidad del tejido productivo.      


INDUSTRIA | El índice de producción industrial (IPI) se incrementó en marzo un 0,4%, y se sitúa ya a poca distancia del nivel precrisis (-2%). La recuperación está a un tris de completarse en el segmento de bienes de consumo y de los bienes intermedios, mientras que la producción de bienes de equipo sigue acusando el impacto de la crisis en la inversión empresarial. La fabricación de automóviles se resiente de los problemas de suministro, con una caída mensual del 6,6%. En abril, la cartera de pedidos registra un repunte intenso, afianzando la mejora en el IPI.  

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Todo el trabajo que «se ha perdido» en el mundo por la pandemia. Y sí, puede suponer un efecto dominó

Si algo fue difícil de medir, en parte por la terrible novedad, y en parte porque a determinados políticos mundiales tampoco les interesaba en absoluto tener sonrrojantes cifras de calidad, ha sido las estadísticas de la afectación de la pandemia, donde realmente por ejemplo en España todavía “oficialmente” no sabemos a ciencia cierta ni cuántos muertos llevamos por el COVID-19. Pero hay otro tipo de cifras econométricas que también está resultando harto difícil de interpretar para tratar de dilucidar la gravedad de la otra gran pandemia de nuestro tiempo: la pandemia socioeconómica, esa que ya les advertimos el 3 de febrero de 2020 que irrumpiría a nuestro mundo junto con el virus para degenerar gravemente nuestras vidas y nuestras socioeconomías.

Pues bien, en ese plano económico, resulta casi imposible conocer el impacto real de la pandemia sobre el empleo en forma de destrucción real. Pero por mucho que las estadísticas del empleo puedan resultar engañosas si no se saben leer entre líneas, por mucho que los políticos jamás vayan a admitir la gravedad extrema por la que están pasando nuestra socioeconomía, y por mucho que tampoco sepamos a ciencia cierta ni cuántos nuevos afectados laboralmente tenemos padeciendo los estragos del COVID-19, algo se puede dilucidar.

Y para ello, como siempre, contra las sombras de las cifras econométricas poco precisas, contra las palabras vagas, contra los que eluden las preguntas más incómodas, pues tenemos en nuestra mano los datos objetivos, las cifras contrastables, y los argumentos coherentes. Así se combaten los procesos de destrucción socioeconómica, sean fortuitos o provocados: ciencia económica contra inconsciencia decimonónica.

Del ERTE al ERE, acabando con el PIB, y pasando por el teletrabajo: aquí se está destruyendo empleo a espuertas más allá de las cifras “oficiales”

Todo El Trabajo Que 22se Ha Perdido 22 En El Mundo Por La Pandemia 2

Pues bien, como les decíamos, hoy por hoy la tasa de desempleo está en todos los telediarios casi a diario, pero por muy nefasta que ésta sea, realmente no alcanza ni de lejos a la realidad de todo el empleo que se está destruyendo en términos reales. Obviamente hay que empezar por hablar de los ERTES, esa suerte de situación de desempleo temporal que desde aquí fuimos los primeros en proponer como herramienta idónea para un evento masivo y coyuntural como era la pandemia. El problema es que la mala gestión pandémica ha hecho que la pandemia tenga en países como España mucho menos de coyuntural y mucho más de enfermedad crónica. Así, aparte de todos los innumerables nuevos parados (alrededor del millón, que se dice pronto), en España tenemos alrededor de medio millón más de trabajadores en situación de ERTE, que no cuentan como desempleados por estar en un limbo econométrico. Y lo peor es que esos trabajadores en situación de ERTE siguen siendo a día de hoy tantos cientos de miles como ya eran el pasado verano: la cifra no cede, y va tomando toda la apariencia de haber tocado ya un nivel de carácter crónico con tintes estructurales.

Estos ERTEs son una auténtica bola de nieve que nadie sabe bien como deshacer, y que tampoco nadie quiere que acabe por llegar ladera abajo al pueblo del valle e impacte en la delegación del gobierno, lo cual les forzaría a contabilizar todos esos nuevos parados finalmente, evidenciando así la crisis en toda su crudeza y toda la magnitud del descomunal desastre. Y desde aquí siempre hemos abogado por que la mejor gestión económica de cualquier crisis es dejar de barrer debajo de la alfombra escondiendo las vergüenzas, y que lo mejor siempre es levantar la sábana y mostrar con transparencia la gravedad del paciente, para poder a partir de ese punto justificar y aplicar la terapia de choque más eficaz para lo muy avanzado de la enfermedad. Pero no, aquí algunos dirigentes mundiales optan no sólo por no permitir valorar correctamente el estado de salud del afectado, sino incluso por coger y empezar a amontonar directamente cadáveres socioeconómicos en el armario, como si en un futuro no fuesen a empezar a apestar toda la estancia.

De hecho, en el primer trimestre la bola de nieve de los ERTEs ya ha empezado a estallar, y las cifras de EREs ya han empezado a repuntar con inusitada fuerza, revelando la gravedad de una situación sin mucha salida. Por supuesto que una tercera cifra que ha venido evidenciando la magnitud del desastre es la contracción del PIB, que en el caso de España hemos estado lamentablemente entre los líderes mundiales más deprimidos. Pero no queda ahí la cosa de la realidad más realista de la destrucción de empleo más real, que estamos padeciendo entre telediarios que sólo hablan de recuperación y de la lluvia de millones de Europa, de la que realmente se debería estar hablando en términos de la solución de “escopeta con un solo tiro” que tenemos para matar a la bestia de la crisis y sólo gracias a la gran solidaridad de nuestros hermanos europeos. Y el hecho es que tras los ERTEs, los EREs, y el PIB, la cuarta cifra laboral en discordia son las horas de trabajo destruidas por la pandemia. Incluyendo en la ecuación esta tercera variable ahora sí que podemos llegar a ser capaces de apreciar en toda su extensión este proceso de destrucción laboral masivo.

Las horas de trabajo destruidas por la pandemia: el último en llegar de los cuatro jinetes del Apocalipsis

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Para tratar de arrojar algo de luz sobre esta cuarta cifra de evidencia de la crudeza de la crisis en forma de desempleo, les saco a colación la siempre interesante Guía del Mercado Laboral 2021 de la consultora de RRHH Hays que aporta algunas cifras muy reveladoras. Para empezar, el Coronavirus ha hecho que la jornada laboral del “españolito” medio se incremente en un 54% de los casos, mientras que un 42% la ha mantenido estable, y un 4% ha visto una reducción de las horas que trabaja. Pero lo interesante no viene en lo anterior, sino en que el informe evidencia que sin embargo paradójicamente las horas extra se han reducido, aumentando hasta el 60% la proporción de empleados que acaba trabajando más de lo estipulado en su jornada pero sin cobrar por ello. Además, un 58% de los trabajadores que han visto incrementarse su jornada laboral lo atribuye directamente al teletrabajo.

Los datos objetivos desde luego que aportan mucho en el artículo de hoy, pero realmente este es un tema que ya les pusimos de relieve cuando analizamos el tema del teletrabajo recientemente, y exponiendo que no sólo es un problema estrictamente empresarial (que mayormente lo es), sino que también hay una dimensión de carácter inevitablemente más personal. El hecho es que, dados los datos anteriores, si ha habido un alargamiento de la jornada laboral, pero sin embargo éste no ha venido acompañado de un incrementos de las horas extras trabajadas, ya directamente nos vamos a uno de esos escenarios econométricos de luces y sombras en los que hay que encender la linterna. Y es que las horas trabajadas fuera de horario puede que sean horas durante las cuales usted haya trabajado duramente, pero econométricamente esas horas literalmente no existen.

Y lo que es peor: puede que econométricamente no existan, pero están ahí y ejecutan factor trabajo sí o sí. Ello quiere decir que, si con esas horas de trabajo “alargadas” (que no extras) usted está ejecutando más trabajo de forma importante, eso significará que habrá otros empleados que no será necesario contratar para ejecutar con luz y taquígrafos esas horas laborales, que en su naturaleza “alargada” no acaban por salir a la luz. Es decir, aunque inevitablemente sea un imponderable porque no hay datos objetivos disponibles, dado el cómputo tan relevante de horas “alargadas” que podemos estar viendo actualmente en nuestras socioeconomías, tenemos que por ahí se está destruyendo también empleo o, en el mejor de los casos, dejándolo de crear. Y este es un cuarto dato del mercado laboral muy a tener en cuenta cuando pasa de un cierto margen de seguridad en su “contención”, y que solo apunta a que se está destruyendo mucho más trabajo también por esta otra vía, al menos del que aflora a la luz de las estadísticas corporativas y macroeconómicas.

Las horas trabajadas que se vaporizan: “aquí hay tomate” del de verdad, y no sólo de simulacro gore con Ketchup va la cosa

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De hecho, fijándonos en otro tipo de estadísticas alternativas, podemos observar cómo parece que se confirma que detrás de las cifras más aparentes tenemos el mismo escenario de destrucción de trabajo por la cuarta vía. Como publicó La Vanguardia, en 2020 el funesto COVID-19 hizo esfumarse al 3% del empleo, pero al mismo tiempo hizo desaparecer de las cifras oficiales nada más y nada menos que el doble de horas trabajadas. Como ven, “aquí hay tomate”, al menos mucho más del que parecía. Con ello, el paro “oficial” se catapultó hasta el 16%, dejando un reguero de 600.000 ocupados menos, incluso contando con la mejora de final de año. Las cifras “oficiales” más superficiales dejaron por el camino una terrible destrucción de nada más y nada menos que 622.600 puestos de trabajo (y recuerden que eso es sólo lo “aparente”), haciendo saltar por los aires la buena racha de creación de empleo en la que veníamos instalados desde 2013. Casualmente, y como bien apuntaba La Vanguardia, ese hundimiento de las horas de trabajo de un 6% está mucho más en línea con las previsiones de decrecimiento del PIB correspondientes al año 1 de la pandemia. Pues va a ser que esas cifras sí que van a estar revelando mucho mejor la crudeza de la pandemia, al menos en términos de destrucción de empleo real (que no “visual”).

Y eso sin contar con las personas que están disponibles para trabajar sin estar haciéndolo, pero que debido a la pandemia no han podido ponerse manos a la obra con su sufrida búsqueda de un nuevo empleo. Entre octubre y diciembre este (a)colectivo laboral alcanzó un volumen de nada más y nada menos que 933.000 ciudadanos, y decimos (a)colectivo laboral porque macroeconómicamente no contabilizan tampoco como desempleados, sino como simplemente inactivos. Sólo vienen a ser más cifras que siguen apuntando a que la situación laboral y del (des)empleo es todavía mucho peor de lo que las cifras “oficiales” están mostrando de forma tan parcial, y que el “dramita” que nos pintan algunos en los televisivos seriales de los Telediarios, en realidad es todo un “dramón” a pie de calle.

Y no quedan ahí las malas noticias (¡Ojalá!). Como ya les hemos venido analizando en diversos artículos desde la irrupción de la pandemia, ésta se ha venido cebando especialmente con las clases más desfavorecidas, un motivo que explica el porqué de que las bolsas hayan experimentado unas subidas tan fuertes con la que teníamos encima. En su momento lo vinimos analizando especialmente acerca del mercado laboral de EEUU por sus implicaciones de estabilidad social al haber allí menores coberturas sociales y peores redes de contención social, pero el hecho es que la siniestra tendencia ha acabado por evidenciarse también en otros lugares, sin ir más lejos en la propia España.

En el conjunto de 2020 la crisis ha golpeado en España con mucha más dureza a los trabajadores más humildes, arrojando que dos tercios de los empleos vaporizados se correspondieron a trabajadores con contratos temporales, tan precarios ya de por sí. Por otro lado, otra estadística muy dolorosa y descorazonadora es que el número de hogares con todos sus integrantes en situación de desempleo creció en casi 184.000 más (y recuerden que este dato no son personas, sino hogares con varias personas dentro), con lo que ya el cómputo total se sitúa cerca de los 1,2 millones. Casi nada. Y siguiendo con la precarización del empleo de los menos favorecidos, las estadísticas siguen haciendo saltar las lágrimas (que no los colores de algunos), con una destrucción del empleo que se ensaña especialmente sobre todo con los menores de 25 años, y todavía con más violencia con quienes ni siquiera han cumplido la veintena, que han visto desaparecer para siempre el 40% de los puestos de trabajo de este rango de edad. Si esto es “una España más social”, que baje quien sea (del púlpito) y lo vea.

En el conjunto del mundo, las estadísticas también tienen lo suyo de dramático

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Según publicasen en “Visual Capitalist”, volviendo al tema de la destrucción de horas de trabajo, los datos a nivel mundial también han de ser calificados de todo un drama. En términos globales, el funesto COVID-19 ha tenido un impacto sobre las horas trabajadas cuatro veces más severo que el que causase la crisis subprime en 2009. Y eso contando con que aquella crisis ya fue terrible se mirase por donde se mirase; pues bien: ésta es todavía peor, y lo va a seguir siendo como nuestros gobernantes sigan sin saber hacerla coyuntural, en vez de permitir que se vaya cronificando. Eso sí, en este sentido llama la atención cómo en esos “vacunados” Estados Unidos que no han exportado ni una sola vacuna al resto del mundo disfrutan de un rebote en el crecimiento del PIB vigoroso, al menos mucho más que la doble recesión que atenaza a una Europa que sin embargo ha exportado en torno a la mitad de las vacunas que se han producido en suelo europeo.

En la misma tendencia que la vista en España, y salvando la diferencias en intensidad, a nivel mundial los beneficios empresariales se han desplomado en muchos sectores, al tiempo que una mayoría de empresas han optado por tratar de evitar despedir a sus empleados. Está claro que las empresas han confiado en lo coyuntural de la crisis, y que quieren retener a sus plantillas a la espera de que la tempestad amaine. Pero ello no ha evitado que un 64% de las empresas hayan llevado a cabo una reducción salarial, de horas, o hayan prescindido de trabajadores de formar temporal. Todo ello ha tenido como resultado que en 2020, y comparativamente con el cuarto trimestre de 2019, las horas trabajadas a nivel global se hayan reducido un noqueante 8,8%. Para ser globales, esta cifra es muy muy muy relevante, demostrando la globalidad del efecto devastador que la pandemia está teniendo sobre buena parte de las economías del planeta, aunque algunos países (y no miro a nadie) “se lleven la palma” (que no las palmas). Ese 8,8% de despeñe de las horas trabajadas tiene obviamente su derivada en términos de empleo, y equivale a la destrucción de nada más y nada menos que 255 millones de empleos. De nuevo: casi nada, y es que esta crisis pandémica está batiendo todas las marcas (a peor).

La intensidad de esa destrucción de horas trabajadas, también en términos globales muestra una mayor severidad en ciertas regiones, como son la Europa del sur, también el sur pero de Asia, y América en general, pero con mucha mayor intensidad en el Caribe. El nexo común a todas estas socioeconomías es la dependencia del turismo y de la hostelería como motores de su economía, unas actividades económicas que prácticamente han sido borradas del mapa socioeconómico por el Coronavirus. España en concreto se sitúa en términos de esa destrucción de horas trabajadas en la posición 32 de 188, con una reducción “oficial” del 13.2%, y compartiendo cartelazo con países tan avanzados como Cabo Verde o Georgia. Pero los vendedores del clásico consuelo de perdedor de "mal de muchos, consuelo de tontos" siempre podrán agarrarse a que Italia y Portugal son países desarrollados que también salen muy mal parados en la clasificación: de hecho, peor que España (al menos en lo “oficial”).

Pero con Italia y Portugal paramos de contar países desarrollados entre las primeras posiciones del despeñe, porque el resto de países que lideran la funesta lista son como para necesitar seguir desarrollándose antes de poder ser calificados como países plenamente desarrollados. Y no como nosotros, que podríamos estar subdesarrollándonos a pasos agigantados, y corremos el riesgo cierto de poder llegar a dejar de ser avanzados de seguir instalados en esta terrible tendencia de destrucción socioeconómica, que nuestros gobernantes ya han demostrado ser totalmente incapaces de revertir. Y a ello no sólo estaría contribuyendo su manifiesta incapacidad para hacer una correcta gestión preventiva de la pandemia, única fórmula demostrada de éxito como en Mongolia o Corea del Sur, sino que también hay que tener en cuenta la ultima tendencia ejecutiva imperante en nuestro país. Esta tendencia consiste en recurrir a la más terrible omisión del deber de gobernar, y pasar a dedicarse a abstenerse de legislar en un desesperado intento que parece intentar dejar que simplemente las culpas recaigan sobre otros.

Al igual que en lo epidemio-preventivo, también en lo económico la clave está en tener buenos gestores

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Lo de gestionar correctamente la pandemia parece que no está entre las prioridades de algunos, entre otras cosas porque ya advertimos que ahora la prioridad número uno deberia ser rediseñar un plan de vacunación que hace abundantemente aguas por varias vías, y aquí nadie hace nada en este sentido. Y no sólo eso, sino que además hemos de asistir atónitos a ver cómo, en vez de invertir una mínima fracción del injustificado dispendio de 53 millones de Plus Ultra en una vacuna española innovadora y realmente necesaria, pues va y otra "genialidad" de nuestros gobernantes ha sido decidir dejar morir el estado de alarma, sin diseñar ningún tipo de mecanismo legal alternativo que dé cobertura legal unificada y homogénea a las autonomías para seguir combatiendo la pandemia.

El resultado, como no podía ser de otra forma, ha sido todo un caos legal monumental en el país, donde cada Tribunal Superior de Justicia autonómico se ve abocado a ir haciendo la guerra por su cuenta. Y es que la pandemia NO ha acabado aquí ni mucho menos, y nuestros gobernantes tienen la obligación moral y profesional de seguir gestionándola por muy desagradecido que sea, y no dejar que se sucedan terroríficas escenas como las presenciadas en Madrid ante la impotente mirada de la policía y de las autoridades locales. Todo este caos podemos acabar pagándolo muy muy muy caro; sí, otra vez, por si las manifestaciones y eventos multitudinarios de Marzo de 2020 no fueron suficientes para aprender una lección tan vital, que deberíamos llevar grabada a fuego hasta que los nieles de vacunación garanticen la ansiada inmunidad de rebaño.

Todo apunta a que, si antes ya importaba más bien poco ese pueblo que sin embargo está permanentemente en boca de algunos, parece que aquí ahora nada importa ya especialmente tras el resultado de las elecciones madrileñas. Y es que esas elecciones vinieron a demostrar contundentemente que ese pueblo quiere menos palabrería hueca, menos superproducciones mediáticas, y más gestión eficaz de la de verdad. Efectivamente, el pueblo mayormente ilustrado de un país (todavía) desarrollado como es España aún es capaz de exigir a sus gobernantes la que debe ser su prioridad socioeconómica número uno: una buena gestión. Y es que los gobernantes, si algo deben ser, es buenos gestores de lo público, que es algo de todos (y no "de nadie" como decía aquella), y que además legisla sobre todo lo demás.

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Y los políticos que no valgan para gestionar, pues simplemente que se dediquen a otra cosa, y que se busquen otra ocupación (o pasatiempo, según sea el caso) más acorde a sus capacidades, que nadie duda de que tener alguna tendrá todo político, más allá del papel de protagonistas que algunos de ellos tienen en la interminable película que nos proyectan todos los días en los Telediarios. Queremos gestores de películas de acción basadas en hechos tangibles y reales, y no actores que hacen apariciones estelares en la gran pantalla tras efectistas cortinas de humo, ni vendedores de bálsamos milagrosos que nunca acaban curando nada, y que sólo hacen empeorar a los pacientes afectados. Gestores, gestores, y gestores. Pero no lo olviden: no que sean gestores porque hagan grandes gestos “cara a la galería”, sino porque sean competentes y eficaces a la hora de gestionar.

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Estas son las razones por las que invertir en la vivienda habitual es más rentable de lo que suele creerse

La vivienda habitual suele ser donde la mayor parte de las familias españolas tienen su patrimonio, donde más se juegan las castañas. Tiene grandes ventajas y grandes inconvenientes, pero curiosamente es raro encontrar información sobre invertir en vivienda habitual. A pesar de las muchas ventajas que puede tener.

Invertir en la vivienda habitual tiene una rentabilidad adicional a la que tienen otras inversiones, lo que lo hace una inversión más interesante que otras. No obstante también tiene ciertas desventajas que incrementan el riesgo de invertir en este tipo de activos.

No es de extrañar que con las ventajas que tiene, la vivienda haya sido el principal depósito del patrimonio de las familias españolas. Además están las implicaciones no financieras, como las emocionales que acaban unidas al escenario de la vida de cada uno.

Rentables ventajas

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  • Financiación: se puede obtener financiación en unas condiciones espectaculares: si queremos pagar pocos intereses, nada como una hipoteca. No hay más que mirar en la web de cualquier entidad bancaria la diferencia de tipos entre un préstamo personal o para consumo (para comprar un coche, por ejemplo), el de una tarjeta de crédito (si aplazamos los pagos) o el de una hipoteca. La garantía adicional del inmueble mejora las condiciones.
  • Ventajas fiscales: aunque la deducción por los intereses de la vivienda finalizó en 2013, muchas personas todavía la siguen disfrutando. Pero no es esta, sino la Exención por reinversión en vivienda habitual, lo que nos interesa. Si al vender una vivienda habitual reinvertimos las ganancias en menos de dos años en la siguiente vivienda habitual, existe una exención a la tributación por las mismas. Cuando vendemos acciones., si queremos reinvertir hay que pagar impuestos antes. Es cierto que es posible transferir fondos de inversión de una gestora a otra rápidamente, pero no podemos “salir” del mercado temporalmente como se puede hacer con la vivienda habitual.
  • Valor de uso o ahorro del alquiler: posiblemente la más conocida de todas. El motivo por el que los padres aconsejan comprar una vivienda a los hijos, el motivo por el que en España buna parte de la población aspira a tener la casa en propiedad. Dejar de pagar un alquiler y empezar a pagar una hipoteca con el objetivo de que esa cuota mensual nos lleve a la construcción de un patrimonio puede ser una buena idea. Cuando se analiza la rentabilidad de la vivienda y se descarta, habría que considerar el ahorro que se tiene a cambio de no pagar un alquiler. No todo el mundo vive en casa de los padres ni puede plantearse vivir con su pareja o formar una familia en esas circunstancias.
  • Ciclos más lentos y menos acusados: el precio de la vivienda puede bajar, como ya lo demostró la crisis inmobiliaria de 2008 y años posteriores. Pero sus caídas de precio son mucho más suaves que si lo comparamos con la bolsa, cuya volatilidad es mucho más alta. El ciclo de los precios de la vivienda dura más tiempo y sus movimientos son más suaves.
  • Cobertura contra riesgo inflacionario: aunque llevamos desde que entró el euro como moneda legal en España sin un fuerte proceso inflacionario, salvo en productos concretos en épocas concretas, la vivienda en propiedad funciona como cobertura (hedging) frente a la inflación. La Ley de Arrendamientos Urbanos contempla finalización en los contratos de alquiler y su actualización por un índice de precios (habitualmente el IPC publicado por el INE). El valor de uso de la vivienda no se ve afectado por los procesos inflacionarios.

Desventajas que incrementan el riesgo y disminuyen la rentabilidad

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  • Coste de transacción: Hoy en día podemos comprar acciones en EEUU o Japón a un precio de risa, en cambio la compra de vivienda tiene un coste de transacción espectacularmente alto. Escritura Pública (notario), registro de la propiedad, Impuesto sobre Transacciones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados, IVA si la vivienda es nueva, comisión de la agencia inmobiliaria (si usamos una tanto para la compra como para la venta)… Comprar y vender una vivienda tiene un coste espectacular comparado con otras inversiones.
  • Nula diversificación geográfica: invertir en la vivienda habitual implica que vamos a invertir en un único inmueble situado en una zona concreta, cerca de nuestro lugar de residencia.
  • Iliquidez: la inversión en vivienda habitual no es muy líquida, no podemos transformar el capital en dinero en nuestra cuenta corriente en pocos días o incluso horas. Suele ser necesario esperar unas semanas por muy buen precio que hayamos dado.
  • Inversión inicial alta: si comprar una acción nos supone unos pocos euros o si entrar en un fondo tiene unos pocos miles de euros de barrera de entrada (en los que tienen un mínimo), la vivienda habitual suele tener una barrera de entrada bastante alta. Es difícil encontrar viviendas en Madrid o Barcelona por menos de 100.000 euros. Esto nos lleva al punto siguiente, el apalancamiento.
  • Apalancamiento: la inversión en vivienda habitual se suele realizar mediante apalancamiento, es decir, endeudándonos. Como he comentado antes, en unas condiciones excepcionales, pero no deja de ser cierto que la mayor parte de las viviendas lo que están es hipotecadas y endedudadas.
  • Mantenimiento y gastos: Las comisiones de custodia de un bróker suelen ser bastante altos, con una vivienda tenemos que pagar: IBI, tasas de recogidas de residuos, suministro de agua, electricidad y tal vez de gas, reparaciones, comunidad de propietarios (no siempre)….
  • Movilidad geográfica laboral: tener una vivienda en propiedad limita mucho nuestra movilidad geográfica, especialmente si la estamos pagando mediante una hipoteca.
  • Mercado opaco y fragmentado: es muy fácil saber lo que vale una acción de BMW o de Samsung, es casi imposible saber lo que vale una vivienda concreta en el barrio de Triana de Sevilla o en Nous Barris en Barcelona hasta que se cierra la compraventa. Además de que todas las acciones cotizadas de una empresa suelen ser iguales (o divididas en dos o tres emisiones), frente las viviendas, que nunca hay dos iguales (localización, tamaño, tipología, servicios públicos, servicios comunes (si los hubiera), orientación, momento económico, etc. Afortunadamente esto está cambiando desde hace años.

A pesar de sus desventajas, la inversión en vivienda habitual suele ser bastante rentable. Es como la mayor parte de las familias españolas han construido su patrimonio.

Pregunta a los lectores ¿qué más ventajas y desventajas le ven a la inversión en vivienda habitual? ¿Tienen este activo en su cartera?

Más información | AEAT

En El Blog Salmón | Invertir en el mercado inmobiliario en tiempos del coronavirus, pros y contras, Así ha afectado el covid al precio de la vivienda en España, ¿Es el piso de la playa una horrible decisión financiera? y Tengo hipoteca y he logrado ahorrar algo de dinero: las tres opciones posibles para sacar mayor rentabilidad

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Tengo hipoteca y he logrado ahorrar algo de dinero: las tres opciones posibles para sacar mayor rentabilidad

Ahorrar teniendo hipoteca no es fácil, pero muchas personas lo logran, sobre todo cuando han pasado unos años desde la formalización de la misma. Y siempre que se logra ahorrar más allá del típico colchón que hay que tener disponible para imprevistos llega la gran duda: ¿qué hay que hacer con estos ahorros para obtener una mejor rentabilidad?

Existen tres opciones: la primera es invertir dicho dinero; la segunda es amortizar parcialmente la hipoteca manteniendo la cuota y reduciendo plazo; y la tercera es amortizar la hipoteca manteniendo el plazo y reduciendo la cuota. Analizamos las tres posibilidades.

Invertir

Si la rentabilidad de una inversión esperada es superior al coste de la hipoteca, lo lógico es lanzarse a ella. Con los tipos de interés bajos es muy posible que existan opciones de inversión con rentabilidad superior a los costes una hipoteca, pero también es cierto que existe un riesgo.

Realmente es imposible determinar con antelación si una inversión va a ser más rentable que el coste de una hipoteca, pero viendo los años recientes, con los tipos en entornos ultrabajos, se puede ver que muchos fondos de inversión diversificados han logrado batir cómodamente los gastos de una hipoteca.

Hay otro factor a tener en cuenta y es la comodidad de una persona con tener deudas altas. Al final una opción muy recomendable es intentar reducir lo máximo posible las deudas antes de empezar a invertir. Ante imprevistos (como la pérdida de empleo) la deudas van a seguir ahí con certeza y la rentabilidad de la inversión en cambio es una incógnita.

Personalmente creo que antes de invertir es conveniente cancelar cualquier deuda que haya pero es una opción muy personal. Si el hipotecado tiene una alta tolerancia al riesgo entonces invertir los ahorros generados es una buena idea.

También hay que tener en cuenta un punto extra: aunque la desgravación por hipoteca terminó hace casi una década, las hipotecas firmadas antes de enero de 2013 la siguen teniendo. En este caso hay unos máximos a desgravar (9040 euros) y la desgravación es de un 15%, lo cual es una muy buena rentabilidad.

Si se tiene derecho a desgravación y la suma de todas las cuotas del año no supera los 9040 euros, lo mejor es seguir teniendo hipoteca. Y por tanto no merece la pena amortizar. Si se superan los 9040 euros al año lo más conveniente es amortizar reduciendo la cuota hasta llegar a estos 753 euros al mes para maximizar la desgravación y el resto invertirlo.

También existe otro caso en el que invertir es más conveniente que amortizar y es si en el contrato hipotecario existe alguna comisión por amortización parcial. En este caso los tipos suelen ser bajos según la legislación vigente, pero en el caso de las hipotecas a tipo fijo podrían ser relevantes (2% durante los primeros 10 años). En este caso puede que invertir sea una mejor idea, ya que amortizar conlleva unos gastos que nos permiten que incluso unas inversiones más conservadoras (y por tanto con menso riesgo) puedan superar la rentabilidad de amortizar.

Amortizar la hipoteca reduciendo el plazo o reduciendo la cuota

Si el riesgo de invertir es suficiente como para no evaluar la opción de la inversión la otra lógica posibilidad es amortizar parcialmente la hipoteca. Pero dentro de esta opción existen dos formas de hacerlo: reduciendo el plazo o reduciendo la cuota.

Normalmente se suele ofrecer siempre reducir la cuota, pues a los bancos les conviene más y en principio puede parecer que a un particular también: una cuota más baja es más cómoda de pagar, genera menos fricción.

Sin embargo al final genera más intereses. No hay que olvidar que todos los años se pagan intereses por el saldo vivo que quede en la hipoteca y que cuanto menos sea el plazo para la finalización menores serán los intereses a pagar.

Por tanto hay que estudiar dos cosas: la primera es si se está cómodo con la cuota actual o hay estrecheces para llegar a fin de mes. Si la situación es complicada y aunque salga más caro, quizá lo más conveniente es reducir la cuota. Pero si ya se está en un punto donde la cuota es cómoda entonces lo lógico es apuntar a obtener una mayor rentabilidad (es decir, pagar menos intereses) y por tanto lo más acertado es reducir el plazo.

Personalmente, siempre que no haya desgravaciones de hacienda, siempre elegiría primero amortizar reduciendo plazo. No tener deudas da mucha tranquilidad, por bajo que sea el tipo de interés de la hipoteca, y cuanto antes se eliminen las deudas mejor. Esto seguramente proporcione una rentabilidad intermedia entre invertir o amortizar reduciendo cuota pero con mucho menos riesgo.

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Mercado laboral, impuestos y pensiones: estas son las principales medidas económicas del plan de recuperación que España ha enviado a Europa

El Gobierno de Sánchez ha enviado a Bruselas su plan para poder gastar 140.000 millones de euros del fondo de recuperación del coronavirus de la UE. Y es que el dinero no era gratis, nunca lo fue, viene a cambio de reformas.

Recibiríamos 70.000 millones de euros de subvenciones que Madrid planea aprovechar entre 2021 y 2023, el gobierno tiene la intención de obtener una cantidad equivalente de préstamos, en condiciones muy ventajosas, entre 2024 y 2026.

El gobierno ha sido criticado por la falta de claridad sobre las tres reformas más sensibles del plan, que afectan las pensiones, el mercado laboral y el equilibrio fiscal del país. Por ello, vamos a explicar qué está prometiendo Sánchez a Europa.

Mercado laboral: el foco centrado en simplificar y la flexibilidad

Para nadie es una sorpresa afirmar que el mercado laboral español destaca por su alta ineficiencia y dualidad, pues existen desequilibrios profundos que agravan los ciclos económicos y terminan lastrando los aumentos de productividad. Todo ello ha ocasionado un elevado desempleo estructural y juvenil.

España presenta una tasa de temporalidad muy superior a la media de los países de la UE, una alta prevalencia del trabajo involuntario a tiempo parcial, y una elevadísima rotación de contratos de muy corta duración. Todos estos factores llevan a la precarización del mercado laboral, y destaca España en 2020 con una temporalidad del 24%.

Por ello se pide, en primer lugar, la simplicidad de las modalidades contractuales de nuestro mercado laboral. Para que se reduzca la temporalidad es necesario simplificar los tipos de contratos, reduciéndolos a tres (estable, temporal y de formación/prácticas), generalizar la contratación indefinida y devolver al contrato temporal la causalidad que se corresponde con la duración limitada.

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Por otra parte, se apuesta por la flexibilidad pero sin esos contratos temporales: "la reforma debe garantizar que las empresas pueden adaptarse con rapidez a los cambios en el contexto económico, con mecanismos alternativos a la alta temporalidad y el encadenamiento de los contratos de muy corta duración". Esa flexibilidad vendría de la mano de potenciar el uso del contrato fijo-discontinuo para actividades cíclicas y estacionales y reforzar el control de la contratación a tiempo parcial, en especial en lo relativo a la jornada irregular y las horas complementarias.

En tiempos de crisis, esa flexibilidad vendría a proporcionar flexibilidad interna a las empresas y estabilidad en el empleo ante caídas transitorias en la actividad empresarial, con un foco especial en la formación de los trabajadores. Consistente en reducción de jornada o suspensión del contrato por crisis de empresa, permitiría reforzar la inversión en formación de los trabajadores durante los periodos de baja actividad, minimizar el recurso al despido, salvaguardando el vínculo contractual del trabajador con la empresa.

Y, con el fin de cubrir la financiación de las prestaciones y la compensación de las cotizaciones a la seguridad social, en línea con el modelo de otros países europeos, se creará un Fondo tripartito, cuyo funcionamiento será acordado mediante el diálogo social.

Las políticas activas de empleo han sido un verdadero fiasco en España, y a ello se destinan entre 6.100 y 6.500 millones de euros a Políticas Activas de Empleo y, además, el SEPE solo coloca un 2% de los asalariados. Para tratar de solucionar este problema, se buscará identificar los programas servicios e itinerarios más eficaces para hacer una asignación eficiente de los recursos públicos.

Se sugiere incorporar incentivos orientados al cumplimiento de objetivos en la asignación de recursos en la Conferencia Sectorial y en las retribuciones de los responsables de orientar y formar a los demandantes de empleo. Plantea diseñar una estrategia que involucre a los agentes locales, ya que la dimensión local en España es limitada. Propone incorporar al Sistema Nacional de Empleo (SNE) la mejora del acceso a los datos, incrementar su calidad y adecuar la arquitectura tecnológica.

Las subvenciones y bonificaciones a la contratación suponen alrededor del 25% del gasto total en políticas activas del mercado de trabajo. No sirve para mucho y, de ahí, se simplificará los incentivos y los requisitos de las empresas beneficiarias, mejorar los programas de formación y asegurar una mayor coordinación entre todas las administraciones.

Según lo anunciado, no se ataca al coste del despido, uno de los problemas históricos para nuestro mercado laboral. España destaca por ser uno de los países desarrollados con un coste de despido notablemente más alto que la media de los países de la OCDE, lo que dificulta la plena flexibilidad en la dinámica laboral.

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A pagar... Llegan los impuestos

Bajo el eufemismo "modernización del sistema tributario español que permita adecuar este a las tendencias internacionales sobre imposición del siglo XXI", se buscará que el contribuyente medio pague más y el Gobierno ya sabe cómo.

En primer lugar, "lo verde" será la escusa perfecta para que las clases medias españolas paguen más impuestos. Nos dicen que debemos adaptar nuestra sistema fiscal para interiorizar las externalidades medioambientales. Y, de ahí, iríamos a fomentar el uso de energías menos contaminantes. Revisar la fiscalidad del sector aéreo para actuar sobre las emisiones de esos sectores.

En otras palabras, castigar al diésel y pagar un sobreprecio por viajar en avión. De hecho el gobierno buscó esa subida a los 34,5 céntimos desde los 30,7 céntimos por litro, una medida que no prosperó para integrarse en los PGE2021. Y en el sector de la aviación, un estudio de la Fundación Alternativas, próxima al PSOE,c alculaba un coste adicional de 4,47 euros para los viajes de corta distancia, 23,22 euros para media distancia y 41,99 euros para los trayectos de largo alcance ¿el objetivo? Recaudar 1.300 millones de euros.

Existen una gran variedad de impuestos autonómicos sobre residuos y se busca una estrategia nacional para no dar lugar al "turismo de residuos". De ahí nacería el impuesto sobre el depósito de residuos en vertedero y a la incineración, el impuesto que grave los envases de plástico no reutilizable y una modificación del Impuesto sobre los Gases Fluorados de Efecto Invernadero

Por otra parte, las carreteras quedan soportadas por todos los españoles a través de los PGE ¿y si solo pagan quiénes las usen? Ese sería el nuevo enfoque: instaurar un sistema de pago por el uso de la red vial para finales de 2023 o principios de 2024.

Mapa Carreteras De Pago Espana

Además se están estudiando hasta trece beneficios fiscales seleccionados por el grupo de trabajo por su importancia cuantitativa y cualitativa que se realizará a lo largo del período 2021 a 2023. Ya se han modificado los beneficios fiscales de los planes de pensiones en el IRPF, y el tipo reducido de IVA para bebidas refrescantes, zumos y gaseosas con azúcares o edulcorantes añadidos. Vamos a más...

Se estima que una parte importante de las políticas de gasto se instrumentan a través de beneficios fiscales. El conjunto de ellos supone una cuantía próxima a los 60.000 millones de euros (5 puntos del PIB) y cubren un amplio espectro de políticas relativas al fomento del empleo, la provisión de servicios sociales, al complemento de las pensiones, etc.

A partir de aquí, en el primer trimestre de 2022, 2023 y 2024, se presentarán el correspondiente informe y las conclusiones del análisis de los beneficios fiscales analizados en el ejercicio anterior y, en su caso, se tomarán las decisiones de reforma.

Pensiones: Influyendo en el Pacto de Toledo

Las pensiones es el tema que más se ha atascado en la realidad española en los últimos años. Hemos consumido el Fondo de Reserva de la Seguridad Social y ahora el gasto de las pensiones se nutre de los Presupuestos y no sólo de las Cotizaciones Sociales, lo que demuestra la insosenibilidad del sistema, con una alta influencia de os factores demográficos a largo plazo.

Se buscaría una asunción desde el Estado de partidas de gasto que en la actualidad son sufragadas a través de cotizaciones sociales limitando la capacidad del sistema para afrontar el volumen de gasto en pensiones.

Además, se persigue la aproximación de la edad efectiva de jubilación a la edad legalmente establecida. Ahora tenemos el aumento progresivo de la edad de jubilación ordinaria de 65 a 67 años en 2027 (actualmente es de 65 años y 10 meses). Esta reforma de 2011 ya está mostrando resultados pues la edad de jubilación real ha pasado de los 63,8 años en 2010 a 64,1 en 2017, acelerando hasta los 64,6 en 2020. Se modificarian los coeficientes reductores para la jubilación anticipada voluntaria, para incentivar la permanencia en el empleo y eliminar los elementos regresivo.

Jubi

Desde el punto de vista de los ingresos, los autónomos a pagar. El 85% del colectivo lo hace por la base mínima, del resto, menos del 9% lo hace por bases que no superan 1.964,70 euros. La cotización de los trabajadores autónomos de acuerdo con los ingresos reales derivados del desarrollo de su actividad sería el factor clave para condicionar las cotizaciones.

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Riesgos financieros latentes

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Esta crisis ha sido hasta ahora, fundamentalmente, de salud pública y de economía real. La caída del PIB del 0,5% en el primer trimestre nos lo ha recordado. Lo peor de los problemas sociales se ha evitado hasta ahora gracias a los numerosos sistemas de apoyo público, aunque el futuro es incierto en este contexto. Asimismo, aun con posible retardo, existen riesgos financieros latentes importantes. El último Informe de Estabilidad Financiera del Banco de España y los resultados de los principales bancos españoles, conocidos la semana pasada, dan pistas sobre lo que puede pasar en unos meses.

La banca española ha recuperado el tono en sus beneficios en los tres primeros meses del año, tras un 2020 en el que se vieron muy negativamente afectados por las provisiones que se dotaron por la covid. Dieron lugar a fuertes pérdidas —superiores a 8.000 millones de euros— en el conjunto del sector el año pasado. Esas provisiones representaron cautela. Probablemente, el preludio de una morosidad que todavía no ha asomado pero que las principales autoridades supervisoras y analistas dan por seguro que aparecerá. Es buena noticia que los resultados de las entidades financieras hayan mejorado conforme la vacunación avanza. Se atisba una recuperación inminente. Sin embargo, a pesar de la aparente buena evolución de la mora del crédito, hay señales inquietantes que revela el Informe de Estabilidad Financiera.

«Mantener la cautela en la gestión de las entidades bancarias y el sostenimiento de los apoyos públicos parecen necesarios para que no se materialicen buena parte de esos riesgos latentes».

Santiago Carbó

Algunos indicadores adelantados muestran un deterioro que probablemente termine impactando en el sector bancario. La crisis sanitaria está dañando los resultados de las empresas significativamente. Ha crecido en ocho puntos porcentuales el número de empresas con pérdidas en la Central de Balances del Banco de España. Ahora son el 34%. Por otro lado, los préstamos dudosos continuaron descendiendo en 2020 (un 3,8%), si bien en menor medida que en años precedentes (19% en 2019 y 29% en 2020). Eso sí, crecieron en segmentos específicos (por ejemplo, crédito al consumo) y particularmente los créditos en vigilancia especial, indicio claro del riesgo latente.

El importe avalado por los programas ICO se situó en torno a los 88.000 millones de euros y la financiación total concedida a empresas y autónomos en torno a los 115.000 millones. Las empresas que accedieron al programa del ICO presentaban un perfil de riesgo más elevado. Probablemente habrá voluminosas pérdidas que también tendrá que asumir el ICO. Las moratorias concedidas han superado los 56.000 millones, de las que han vencido 22.000 millones de euros en 2020, dejando el volumen vigente en unos 34.000 millones, de los que más del 50% vencen en abril y mayo. Habrá que estar atentos.

Si a este panorama añadimos el fuerte crecimiento de la deuda pública y una situación financiera débil de las familias por la caída de ingresos durante la pandemia, los desafíos financieros son considerables. Mantener la cautela en la gestión de las entidades bancarias y el sostenimiento de los apoyos públicos parecen necesarios para que no se materialicen buena parte de esos riesgos latentes. La clave estará en la fortaleza de la recuperación.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Gestionando la salida de crisis

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La economía está cambiando de tendencia, tras un mal inicio de año evidenciado por el retroceso del PIB en el primer trimestre, un -0,5%. El lento despegue de la vacunación, junto con las inclemencias climatológicas y la contracción de algunos de los principales mercados como el alemán (un sorprendente -1,7%), han pesado sobre el consumo y la construcción.

Se ha echado de menos el plan europeo de recuperación como factor compensador. Las interminables negociaciones entre Bruselas y los estados miembros, así como las trabas surgidas en la aprobación de los fondos (las reticencias vienen ahora del Parlamento de Finlandia), han retrasado la puesta en marcha del plan en el momento que más se necesitaba. Los hechos, es decir, el impulso efectivo ejercido por la política económica, cuentan tanto o más que los anuncios. Así se explica que en la economía americana creciera un 1,6% en el primer tramo del año, al calor del rápido despliegue de los estímulos de la administración Biden, en contraste con el retroceso del 0,6% en la eurozona.

Afortunadamente la aceleración de la campaña de inmunización abre nuevas perspectivas. Las familias empiezan a animarse a gastar: las ventas de detalle crecieron un 3,5% en marzo, una tendencia que podría acelerarse según el repunte del índice de confianza de abril. Además, ante la eventualidad de poder viajar en un horizonte próximo, las reservas hoteleras están saliendo del coma inducido por las restricciones de movilidad (el portal Sojern registra un incremento mensual superior al 12% entre marzo y abril). Y el comercio internacional ya está en órbita de expansión, dopado por el auge de China y EEUU, hasta el punto de generar fenómenos de escasez de suministros industriales y semiconductores. El resultado es un rebote providencial de los indicadores de confianza tanto en la industria como en los servicios, que pasan a terreno positivo por primera vez desde el inicio de la crisis. Esta es una señal inequívoca de la inminencia de la remontada, en consonancia con las tendencias observadas en la afiliación a la seguridad social.

Gráfico 1

Gráfico 2

Así pues, cuando finalmente los fondos europeos estén disponibles, es muy probable que la economía ya haya entrado en fase de crecimiento. Si su vigor fuera insuficiente, sería conveniente priorizar los elementos del plan con efecto tractor inmediato, como la rehabilitación de vivienda o el plan de choque para el empleo juvenil. Pero si la demanda privada ya se hubiera disparado, sería más indicado hacer hincapié en los proyectos de transformación, con impacto sobre todo en el largo plazo, tal el coche eléctrico o la promoción del hidrógeno verde.

Por otra parte, el riesgo de pérdida de tejido productivo como consecuencia de la crisis ha empezado a materializarse. La última EPA registra una caída de la población activa de más de 100.000 personas, que refleja el fenómeno de desánimo y de desconexión del mercado laboral que se cierne sobre los colectivos más vulnerables. El paro juvenil alcanza niveles alarmantes, que prefiguran un impacto duradero de la crisis en términos de empleo y de pérdida de capital humano. Y el supervisor financiero europeo (Junta Europea de Riesgo Sistémico) advierte de un posible “tsunami” de insolvencias de empresas viables. Si bien esta es una amenaza en todos los países europeos, las consecuencias serían particularmente nefastas para las entidades financieras españolas peor posicionadas.

Todo ello apunta a la necesidad de no relajar la guardia ante el riesgo de erosión de capacidad productiva, porque la recuperación por sí sola apenas incidirá en la población activa, el paro de larga duración o los maltrechos balances de las empresas sobreendeudadas. De ahí la importancia de una política fiscal flexible, es decir que responda con celeridad a la incierta evolución de la coyuntura, y la vez preste la debida atención a la prevención de las cicatrices de la crisis.


ESCASEZ DE SUMINISTROS | El encarecimiento de los costes de producción se mantiene como uno de los principales retos de esta fase de salida de crisis. Los precios industriales se incrementaron un 6,3% en marzo, y un 4% sin la energía, como consecuencia de la escasez de suministros importados como los metales y los micro-procesadores. Las empresas apenas pueden trasladar el alza de los costes a sus precios de venta, como lo evidencia la reducción de la inflación subyacente (hasta el 0% en abril) y el débil crecimiento del deflactor del PIB (un 1% en el primer trimestre).

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Trabajo híbrido: el arte de combinar el teletrabajo y la oficina

El trabajo híbrido, que combina presencialidad con teletrabajo, está cada vez más presente en todo tipo de empresas. Descubre sus ventajas y los retos que plantea.

  • El trabajo híbrido va más allá de ofrecer varios días de teletrabajo a la semana. Se necesita una planificación y unas infraestructuras adecuadas para implementarlo.
  • Conoce los principales consejos para adoptar el modelo híbrido de trabajo en tu empresa.

El trabajo en remoto ofrece grandes ventajas para empresas y para empleados, pero también tiene inconvenientes. Muchas compañías buscan la forma de fomentar la productividad y de mejorar la comunicación entre los equipos. La sensación de aislamiento y la falta de motivación son algunos de los problemas que las compañías buscan resolver mediante nuevos protocolos y herramientas digitales.

Para muchos, la solución pasa por volver a la oficina; eso sí, sin renunciar a los beneficios del teletrabajo. Por eso, el trabajo híbrido está ganando más importancia que nunca.

Algunas empresas apostaron por la semipresencialidad desde un principio. Otras, en cambio, se encuentran en plena adopción de modelos que combinan la oficina con el trabajo en remoto. ¿Pero cuáles son exactamente las ventajas de esta modalidad?

Ventajas del trabajo híbrido

El trabajo híbrido tiene como objetivo aprovechar lo mejor del teletrabajo y de la oficina. De este modo, algunos trabajadores dividirán su tiempo entre el hogar y la oficina. Por ejemplo, pueden ir a su puesto de trabajo varios días a la semana o, simplemente, para reuniones ocasionales. Otros, trabajarán siempre en la oficina o siempre desde casa.

Un modelo híbrido bien implementado ofrece múltiples ventajas para los empleados y para la propia empresa. Estas son algunas de ellas:

  • Se adapta a cada situación: Este modelo de trabajo tiene en cuenta las dificultades que puede tener un empleado para desplazarse, así como sus necesidades de conciliación. Esto contribuye a una mejor integración de profesionales con discapacidades.
  • Fomenta la productividad: La flexibilidad permite que cada empleado elija el lugar donde mejor se desempeña. Algunos prefieren la oficina, donde pueden interactuar con sus compañeros. Otros, en cambio, se concentran mejor cuando están solos en casa.
  • Reduce los costes: El trabajo híbrido permite disponer de una oficina más pequeña y asequible. También se reducen los gastos en energía y agua, entre otros. Sin embargo, hay que tener en cuenta los gastos derivados del teletrabajo que la empresa deberá abonar.
  • Promueve el talento global: Una de las grandes ventajas del trabajo híbrido es que rompe las barreras geográficas. Esto permite a la empresa contratar al mejor talento, esté donde esté.
  • Reduce el riesgo de contagios: Por supuesto, hay que tener en cuenta el factor sanitario. Una oficina con menos trabajadores es más segura en tiempos de COVID.

A pesar de sus múltiples ventajas, el trabajo híbrido plantea importantes retos para las empresas. En especial, los departamentos de Recursos Humanos necesitan adaptar sus métodos de reclutamiento y su forma de gestionar el talento.

Evaluar a los empleados por sus objetivos y logros es fundamental para que los trabajadores en remoto no se sientan en desventaja.

Desafíos del trabajo híbrido

El trabajo híbrido requiere una transformación de la empresa, no solo a nivel tecnológico, sino también cultural. Sus principales retos tienen que ver con las diferencias entre ambos grupos de empleados: los que teletrabajan y los que van a la oficina.

La comunicación, la estandarización de procedimientos y la implementación de las herramientas flexibles tienen un papel clave frente a estos desafíos:

Pueden crearse desigualdades

El trabajo en remoto corre el riesgo de tener menor visibilidad que el presencial. Esto podría derivar en desigualdad salarial o en una mayor dificultar para conseguir un ascenso. Las empresas que adoptan este modelo están creando políticas para asegurar la igualdad de condiciones entre ambas modalidades.

La sensación de pertenencia se difumina

El sentimiento de comunidad puede desaparecer para los trabajadores en remoto. Esto afecta directamente a su compromiso con la cultura y los objetivos de la empresa. Por eso, la comunicación corporativa no puede dejarse de lado.

Los trabajadores en remoto pueden sentirse apartados

El departamento de Recursos Humanos se encarga de velar por que todos los equipos se sientan integrados y reconocidos. Es importante crear un ecosistema de colaboración entre los equipos presenciales y en remoto.

En este sentido, la tecnología es una pieza clave en la creación de un ambiente colaborativo.

El trabajo híbrido y la tecnología

La inversión en transformación digital permite sacar el máximo provecho al trabajo híbrido. Los espacios de trabajo inteligentes, así como los programas de videoconferencia o chat ayudan a reducir el espacio entre la oficina y el hogar.

También es importante que los programas sean flexibles, es decir, que faciliten el trabajo tanto en la oficina como en casa. Esto, sumado a la estandarización de procedimientos, facilita la colaboración entre los equipos.

Destacado: Asimismo, invertir en ciberseguridad es más importante que nunca con el trabajo híbrido. La colaboración entre trabajadores en remoto y presenciales puede provocar brechas de seguridad que deben atajarse.

Los programas para la gestión de Recursos Humanos juegan un papel esencial en la implementación del trabajo híbrido. Las soluciones como Sage HR cuentan con todo tipo de herramientas para mejorar la flexibilidad laboral y cumplir con la normativa vigente.

La solución de Sage para Recursos Humanos permite programar y gestionar turnos de trabajo, fichajes, plantillas horarias y mucho más. Además, con Sage HR, el departamento de Recursos Humanos puede trabajar desde casa con la misma eficacia que en la oficina.

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Sinfonía del plan

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Criticar es deporte nacional. Seguramente hay motivos para ello a menudo y en muchas ocasiones una intención constructiva. Para la economía española, el momento es de urgencia. Existe ya un plan que el Consejo de Ministros aprobó esta semana y que será enviado a Bruselas este viernes para su validación, con la vista puesta en que, en verano, lleguen los primeros fondos. Puede que adolezca de falta de concreción, pero, en este momento, tal vez nos baste con unas líneas directrices y, sobre todo, que sea ambicioso. Avanzar en torno a un plan no es una cuestión despreciable por dos motivos. En primer lugar, los criterios de gasto vienen marcados por la UE y son distintos de los habituales, más transformadores. En segundo lugar, el sector empresarial español se ha involucrado para promover “proyectos tractores”. No muy lejos de aquí, otro de los grandes receptores de fondos europeos, Italia, con el muy reputado Mario Draghi a la cabeza, pretende modernizar su país, con un plan que no difiere tanto del español en concreción, pero que identifica sin complejos problemas estructurales sin tapujos. En ambos territorios, la credibilidad y profundidad de la acción va a depender de su control y de reformas aparejadas e incentivos que acompañen al gasto.

El plan supone un movimiento muchas veces ansiado y que la aritmética electoral ha hecho casi imposible hasta ahora: poder incrementar partidas de gasto que los economistas han considerado, hasta ahora, más prioritarias que los políticos (investigación, digitalización, formación o sostenibilidad ambiental) sin que esto vaya en detrimento de los gastos habituales (gasto social y sanitario, por ejemplo). Los porcentajes de gasto son como los colores, van por gustos y según cómo cada cual hubiéramos diseñado el plan. Tal vez hubiera sido preferible poner algo más en I D, que solamente se lleva un 7% del gasto. Esta distribución se puede mejorar aun si las partidas dedicadas a sostenibilidad y digitalización —que son mayoritarias— estimulan la investigación aplicada.

Los grandes enunciados del plan lógicamente suenan bien, aunque habrá que esperar a conocer todos los detalles en unos días. El documento incluye 110 inversiones y 102 reformas. Los llamados “macroplanes tractores” incluyen el coche eléctrico, la rehabilitación de edificios y el 5G, pero también la preservación de recursos hídricos o la economía de los cuidados. Todos y cada uno de ellos deben tener los incentivos adecuados para que el gasto no sea cosa de un día, sino que perduren y generen su propia inercia. Desde la posibilidad de cubrir energéticamente un parque eléctrico de vehículos hasta la cobertura y coste para el ciudadano de acceder al 5G son cuestiones cruciales.

Por último, España no podrá alejarse de las medidas transversales que ya han tomado otros países con los que competimos en todo (Italia, Portugal), que se han adelantado a anunciar una reducción de impuestos a corto plazo y mejores incentivos, como la eliminación de burocracia. Las acciones futuras de política económica deben estar coordinadas dentro y fuera del país para que sean un todo sinfónico y no terminen siendo un collage algo desafinado, con resultados desiguales.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Así es el nuevo consumidor español «mobile first»

La situación global ha acelerado la digitalización de los negocios y, con ello, el surgimiento de un nuevo consumidor español. Te contamos cómo han cambiado los hábitos de consumo en España tras la COVID-19.

  • Más de un tercio de los españoles ha duplicado sus compras online mensuales durante el estado de alarma.
  • Los millennials son el grupo que más compra online, pero la brecha generacional respecto a las generaciones anteriores se está cerrando.

En las últimas décadas, los hábitos de consumo han ido cambiando a favor del ecommerce y de los dispositivos móviles. Pero ha sido la situación global actual la que ha acelerado notablemente esta transformación.

El informe Encuesta del nuevo consumidor español en la era COVID, realizado por Consultoria.io, refleja el auge del ecommerce en el último año. La encuesta recoge que el 76% de los españoles realiza más compras online que antes de la COVID-19. De ellos, el 72% asegura comprar online al menos una vez al mes.

El teléfono móvil es el dispositivo favorito del 80% de los encuestados a la hora de hacer compras online.

Características del nuevo consumidor español

En 2019, solo el 53% de los consumidores realizaba compras desde el móvil (VI Estudio Anual de eCommerce en España). Hoy, el nuevo consumidor prefiere claramente este dispositivo. Por eso, cada vez más negocios online están implementando estrategias con enfoque “mobile first”. Es decir, consideran la versión móvil de la tienda online como la principal.

La optimización de los ecommerce en móvil es muy importante para el nuevo consumidor español. En concreto, estas son las características que más valoran los encuestados:

  • El 70% valora la seguridad de los pagos.
  • El 46%, la facilidad para realizar cambios y devoluciones.
  • En tercer lugar, el 42% valora más la rapidez en el proceso de compra.

El informe también recoge los principales errores que cometen los ecommerce, según los encuestados:

  • El 43% señala la falta de información sobre el producto como el principal error que cometen las marcas.
  • El 41% apunta a los gastos de envío elevados.
  • El 32% señala la falta de atención al cliente.

En un mundo cada día más móvil, los consumidores demandan una experiencia de compra impecable. La rapidez, la seguridad del pago o la atención al cliente son valores imprescindibles para cualquier negocio online.

Los millennials, la cara del nuevo consumidor español

La generación millennial, nacida entre 1980 y 1994, es el gran motor del ecommerce. Según la II Encuesta Anual de los Consumidores Españoles online on de Empathy.co, los millennials son los consumidores que compran con mayor frecuencia en internet. El 33% de este grupo lo hace al menos una vez a la semana.

Su gasto medio semanal se encuentra entre los 50 y los 100€. Asimismo, los productos que más consumen son:

  • Artículos de moda (62%).
  • Electrónica e informática (55%).
  • Ropa y material deportivo (51%).

En general, los artículos de electrónica son los más populares entre todos los grupos de consumidores en España (57%).

Por su parte, la Generación Z (entre 1994 y 2010) es el sector más digitalizado. El 56% de los centennials afirma que compra online con mayor frecuencia que antes de la COVID-19. Sin embargo, su nivel de gasto medio es menor: no llega a los 50€ al mes.

Finalmente, la Generación X y los Baby Boomers se han digitalizado notablemente durante la pandemia, aunque con mayores dificultades. El 87 y 67%, respectivamente, asegura comprar online más que antes de la pandemia.

¡Comparte el dato! El 72% de los consumidores de la Generación X reconoce que seguirá comprando online en los próximos años.

El nivel de consumo en España

La situación económica ha afectado al nivel adquisitivo de gran parte de los españoles. De acuerdo con el último informe Perspectivas del Consumidor de Kantar, el 64% de los españoles cree que podrá mantener su nivel de consumo en los próximos meses. Por el contrario, el 39% cree que debe reducir sus gastos.

Estos datos representan un mayor optimismo respecto al comienzo de la situación sanitaria. La seguridad está volviendo al nuevo consumidor español y esto se refleja también en la confianza respecto a las marcas:

  • El 37% está predispuesto a comprar marcas conocidas debido a la seguridad que transmiten.
  • El 36% se fija principalmente en el precio.
  • El 24% no tiene inconvenientes en probar diferentes marcas.

El nuevo consumidor B2B

Estos cambios de consumo no solo se reflejan en los negocios B2C. También los consumidores de “business-to-business” están transformando sus hábitos.

Según un informe de DHL, en 2025, el 80% de todas las ventas B2B se realizará a través de canales digitales. Se estima que para 2027, el volumen de ventas a través de páginas web y marketplaces alcance los 29,9 billones de dólares.

El informe también recoge una mayor confianza en grandes compras de valor online. El 70% de los compradores estaría dispuesto a gastar hasta 42.600€ a través de internet.

Los millennials toman el 73% de todas las decisiones de compra B2B, según datos de DHL.

En definitiva, el surgimiento de un nuevo consumidor “mobile first” obliga a las empresas a replantear sus estrategias de ventas y marketing. El análisis de datos de los consumidores es fundamental para adaptarse a los nuevos tiempos. De ello depende no solo la continuidad del negocio, sino también la búsqueda de nuevas oportunidades de crecimiento.

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