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Los bancos activan ya el comisionazo: esto exigen para no cobrarte hasta 240 euros por tener una cuenta

Como hemos comentado en diferentes ocasiones, la situación de la banca es precaria y, dadas las dificultades para mantener los márgenes de intereses consecuencia de los bajos tipos de interés, buscan aguantar el negocio vía incremento de comisiones.

Los resultados del ejercicio de los bancos españoles en 2020 se tiñeron de rojo. En concreto, el resultado neto consolidado del conjunto del sistema bancario español fue negativo por un importe cercano a los 8.000 millones de euros, lo que supone un descenso de casi 26.500 millones, frente a los beneficios registrados el año anterior. Hay que matizar en estas pérdidas que las dos primeras entidades realizaron ajustes de sus fondos de comercio por un importe superior a los 12.000 millones de euros en el primer semestre del año, y otros ajustes como los vinculados a activos fiscales.

La realidad de la banca española es que, con los últimos datos en mano, está ofreciendo crédito a la vivienda con un TAE ponderado a todos los plazos del 1,73% en el mes de marzo y del 1,69% en febrero, firmando su mínimo histórico. Por el lado de los depósitos a la vista y a plazo hasta año estamos en el 0,01%-0,02% (sin aplicar comisiones) y para dos años se remunera un tipo del interés del 0,10%.

En el contexto actual, los elevados volúmenes de liquidez unido a la extensión de las condiciones favorables de financiación de las entidades y la ampliación del programa de compras de deuda pública, han contribuido a situar los tipos de interés de los mercados monetarios en niveles mínimos.

Los tipos de interés han descendido tanto que las cuentas corrientes que tradicionalmente eran la vía más barata para captar capital, se remuneran a cero cuando en el mercado mayorista se paga en negativo. La conclusión de la banca es: si no tienes un depósito cuantioso, o una actividad vinculada que compense los servicios financieros y la infraestructura asumida, hay que repercutir un precio al servicio ofrecido.

A los grandes capitales ya se les estaba repercutiendo, al acceder a las TIRs negativas del mercado de deuda (los depósitos bancarios están garantizados hasta 100.000 euros por entidad) ahora van a por los pequeños. Y la situación es perfecta para imponer las nuevas comisiones, un mercado bancario en forma de oligopolio a través de las múltiples fusiones en los últimos años. Coordinarse antes que competir.

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A pesar del mayor peso sobre el activo total que han alcanzado las comisiones netas en los últimos años, como fuente adicional de ingresos, Esta tendencia creciente de las comisiones se ha detenido como consecuencia de
la crisis del COVID-19. Sin embargo, **este año, ante las perdidas ocasionadas, se plantea el "comisionazo".

Comisiones

Durante esta primera parte del año ya hemos visto movimientos por parte de la banca para apretar las comisiones.

Por ejemplo, el Banco Santander carga una comisión de 20 euros al mes, 240 euros al año, desde inicios de este año a los clientes que no cumplen ningún requisito de su programa Santander One: Domiciliando tus ingresos y pagos y adquiriendo un producto de ahorro, financiación o protección.

Pero no fue el primer banco en cobrar 240 euros al año, los clientes del líder del mercado bancario en número de oficinas, Caixabank, deben soportar desde el 1 de octubre del año pasado que por el mantenimiento de sus cuentas se les repercuta por trimestre 60 euros.

Entrando en junio, aquellos que se integran en la Cuenta Expansión del Banco Sabadell pagaran 30 euros si no cumplen las condiciones de la cuenta. En el grupo de pagar 120 euros al año se incorporan dos entidades más: Unicaja y Kutxabank.

Ese importe ya lo habíamos visto previamente en una entidad, ING. En abril optó que los clientes de su producto estrella, la Cuenta Naranja, deben de escoger entre domiciliar su nómina para mantener la cuenta de forma gratuita o bien afrontar una comisión mensual de 10 euros y dejar de percibir la remuneración del 0,01% que actualmente ofrece este producto.

En Bankia podemos encontrar una comisión intermedia entre los grandes bancos y los pequeños: afrontaríamos el pago de 14 euros no cumple con los requisitos de la cuenta Por Ser Tú, sumando 168 euros al año.

BBVA se movería en una línea similar. Para el 15 de junio endurece las condiciones y ya no bastaría con tener ingresos y recibos domiciliados, hay que contactar algún producto de la entidad. Nos encontramos con una comisión de mantenimiento de 40 euros al trimestre (160 euros al año).

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Una economía en disrupción

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El pulso de la recuperación late con más fuerza, e incluso podría sorprender, en consonancia con la mejora de la situación sanitaria y el avance de la inmunización. Pero la mejora global esconde un cambio más profundo: el de una transformación del tejido productivo que conviene anticipar para que la onda expansiva no decaiga prematuramente.

Las brechas
sectoriales conforman la parte más visible de esa transformación, por el
impacto asimétrico de una crisis que ha afectado a las actividades más
dependientes del contacto social. La remontada cambia las tornas, propulsando
la hostelería y el ocio a medida que la movilidad se restablece. Pero más allá
de ese movimiento pendular, se perciben alteraciones estructurales, como la
pérdida de peso del trabajo de oficina: el índice de actividad de servicios
administrativos y auxiliares, tras el fuerte descenso registrado en 2020,
mantiene una senda de declive. El resultado es una contracción del 12% desde el
inicio de la crisis, frente a una caída del 8,4% del conjunto del sector de
servicios. A la inversa, la industria y los servicios asociados a las nuevas
tecnologías cayeron menos que el resto durante la crisis, y ahora lideran la
recuperación, rozando los niveles pre-pandemia, o en algunos casos superándolos
(los servicios destinados a equipos para las tecnologías se disparan un 30%).

La mutación proviene sobre todo de la aceleración generalizada de la revolución digital, sin duda una de las consecuencias más llamativas de la pandemia. Dentro del sector del comercio, por ejemplo, destacan los servicios en línea y de logística, en detrimento de la venta presencial. El sector financiero registra una tendencia similar, propiciada por el cambio de hábitos de los consumidores. Y en todos los sectores permea el discurso de lucha contra el cambio climático, espoleado por la presión de la sociedad civil.

La transformación tecnológica
se adentra en las empresas, que aligeran estructuras jerárquicas innecesarias
ante la horizontalidad de la economía digital. Ésta ejerce como acicate a la
innovación y al talento, independientemente de la posición de cada persona en
el organigrama. Nos asomamos a un proceso acelerado de destrucción y creación
de empresas. Ver el ritmo desbocado de concursos de acreedores.

La participación en las plataformas y las competencias relacionales son cada vez más demandadas, mientras que algunas tareas rutinarias son sustituidas por algoritmos. La polarización del empleo es, por tanto, otra tendencia exacerbada por la crisis, que se traduce en un incremento de las ocupaciones profesionales y técnicas, así como de las del sector del cuidado y de la logística. A la inversa, descienden las ocupaciones administrativas y de operarios industriales. Así pues, el empleo se transforma, pero no escasea: las vacantes se multiplican tanto en España, con incrementos de la afiliación efectiva de 30.000 en marzo y más de 60.000 en abril, como en otras economías avanzadas, en especial EEUU, desmintiendo los agoreros de la robotización.  

Gráfico 1

Fuente: CPB.

Gráfico 2

Fuente: INE y Markit Economics.

La globalización también
experimenta una reconfiguración, marcada por la reorganización de las cadenas
de suministro y el auge de las economías asiáticas que se benefician del boom
de semiconductores. El mercado norteamericano se dispara, mientras que la
eurozona, que representa más de la mitad de nuestras exportaciones, emerge con
retraso. La inflación de costes de producción es otra de las características de
la recuperación global, con repercusiones para nuestra economía: el índice de
precios de importación se incrementó hasta abril un 6,6%, y el indicador PMI de
costes industriales se acerca a máximos de la serie histórica.

Si bien aún es temprano para determinar la envergadura de los cambios tecnológicos y geo-industriales en curso, muchos de los factores que los impulsan parecen irreversibles y entrañan una transformación del conjunto del aparato productivo. Todo apunta, por tanto, a que las palancas del Plan de recuperación que atañen al capital humano, a la movilidad funcional y a la modernización del conjunto del tejido empresarial son más importantes para el futuro del país que el ingente volumen previsto de fondos europeos.

CONFIANZA | Uno de los principales indicadores de confianza de la economía española registra una nueva mejora. El índice de sentimiento económico de la Comisión Europea se sitúa en mayo 8,3 puntos por encima de la media de la serie iniciada en 2000 (un incremento de más de dos puntos con respecto a abril). Si bien el nivel del índice es netamente superior al registro pre-crisis, las expectativas evolucionan algo más favorablemente en Alemania, Francia e Italia. La encuesta también anticipa un repunte de los precios en los próximos meses, en línea con otras estimaciones.


Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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embalajes-y-envios:-que-tipos-existen-y-cuales-son-los-mejores

Embalajes y envíos: qué tipos existen y cuáles son los mejores


opciones de envíos que tenemos las empresas

Cuando tienes un negocio y has de enviar productos a los clientes, no siempre tienes A o B. Es decir, no tienes la opción de enviarlo en una caja o en un sobre. En realidad, hay muchos tipos de embalaje, tanto en las cajas como en el caso de los sobres. Y lo mismo ocurre con las opciones de envío. No solo puedes usar Correos, también tienes muchas empresas de mensajería que se encargan de llevar los pedidos a sus destinatarios.

Si nunca antes te habías parado a pensar en ello y ahora quieres saber qué embalaje puedes utilizar, las distintas formas de utilizarlo, o las opciones que tienes para enviar tus productos, aquí te hablamos a continuación de todas ellas. Así, incluso puedes considerar los envíos como una forma de diferenciación con respecto a la competencia.

Por qué es importante la manera en que se envían los productos


Por qué es importante la manera en que se envían los productos

Cuando una persona hace un pedido por Internet (o por cualquier otro medio que implique recibirlo en su casa u oficina a través de mensajería o por Correos), sabemos que en lo que menos puede fijarse es en el envoltorio. Para ellos lo más importante es lo que hay dentro. Sin embargo, lo cierto es que cuidar esa «primera impresión» que das es tanto o más importante como proteger lo que hay en el interior.

Por eso, a la hora de trabajar con distintos embalajes, es importante encontrar cuál es el más adecuado según el tipo de producto que se quiere enviar; no solo para prevenir que se deteriore, sino también porque puedes crear una sensación de detalle que haga que la persona repita a la hora de comprar de nuevo.

Utilizar cajas de colores, con el logo de la empresa, o incluso cinta personalizada (de color, con el nombre de la empresa, con detalles o imágenes, etc.) pueden ser opciones viables.

El problema es que, a la hora de enviar, siempre pensamos que hay solo dos opciones: sobre o caja. Pero, en realidad, hay muchas más.

Tipos de embalajes para las empresas


Tipos de embalajes para las empresas

Imagina que tienes que enviar un producto. Lo habitual es que pienses en enviarlo en una caja y ya está pero, si es muy pequeño, en lugar de una caja podrías considerar una bolsa, o un sobre. O quizá una caja pequeña. En el mercado de embalajes, hay muchas opciones a escoger. Dependiendo del material, te puedes encontrar con lo siguiente:

  • Palets: Son las opciones más grandes que facilitan el que se puedan mover mercancías pesadas y al mismo tiempo que queden protegidas por todos los lados.
  • Contenedores: es la forma de envío del comercio a gran escala, debido a que hablamos de elementos grandes con una gran capacidad y utilizados para transportar mercancía por tierra, mar o aire.
  • Bolsas: Son bastante económicas, y muchas de ellas suelen venir con plástico de burbujas para proteger lo que hay en su interior. Estas últimas elevan un poco el precio pero dentro de los embalajes, son de las que menos cuestan.
  • Sobres:El caso de los sobres es parecido a lo anterior. Hay de muchos tamaños, con mayor o menor dureza, con plástico de burbujas para proteger lo del interior, etc. Su precio ronda la de las bolsas ya que son muy económicos. La mayoría están hechos de papel de distinto gramaje o bien de cartón (duro o blando, dependerá del grosor).
  • Sacos: Los sacos tienen un tamaño bastante mayor que las bolsas o los sobres, y aunque también pueden estar hechos de papel, lo habitual es que te los encuentres de plástico o de tela. Su objetivo es resguardar lo que haya en su interior, por eso se crean con diferentes capas que, una vez llenos, se cierran.
  • Bolsas inflables: Este embalaje tiene la característica de que se hincha con aire a presión cuando se se cierra, de tal forma que protege los productos para que estos no se muevan en ningún momento. Cuando lo abres, el aire escapa y el producto está intacto. Es más caro que las bolsas normales, debido al sistema que lleva.
  • Cajas: Las cajas son todo un mundo. No solo están las típicas cajas de cartón que recibes, sino que hay otras más duras, cajas térmicas (que aguantan el frío o el calor, cajas modulares (para meterse unas dentro de otras)… Las más baratas son las básicas, que son las que los negocios más utilizan junto con los sobres y las bolsas.

Opciones de envío: ¿cuál es mejor?


Opciones de envío: ¿cuál es mejor?

Una vez que conoces los tipos de embalaje, y las opciones más baratas que puedes escoger, el envío es otro de los puntos importantes a tener en cuenta. Porque no solo existe Correos; también las empresas de mensajería. Y dentro de estas, hay muchas donde escoger (no solo están las más conocidas como Seur, MRW, Correos Express, Nacex, DHL, etc.) sino que hay otras menos conocidas pero que pueden salir muy rentables.

En general, lo que debes tener en cuenta es el destino de los productos que vas a vender. Si estos siempre van a ser nacionales, es decir, envío por el mismo país, puedes optar por empresas que cubran todas las ciudades y que además te hagan un buen precio; pero si tus envíos son internacionales, vale la pena establecer un acuerdo o colaboración con una empresa para que se ocupe tanto de los nacionales como de los internacionales.

¿Cuál es la más barata? Sin duda, Correos. Ten en cuenta que esta empresa tiene la opción de que los autónomos (sobre todo si están dados de alta en determinados epígrafes del IAE) puedan enviar productos a precios más asequibles. Por ejemplo, un libro que podría costarte entre 3 y 7 euros, a un empresario a lo mejor le cuesta enviarlo 30-50 céntimos. Si además queremos certificarlo, la subida no es demasiado elevada.

En cambio, con las mensajerías el precio suele ser más elevado; sobre todo si al principio de tu negocio no tienes muchos pedidos. Si hay un gran volumen de envíos, la empresa ofrece un precio muy asequible, pero normalmente no es como en Correos.

Ahora bien, en ambos casos hay ventajas y desventajas. Por ejemplo, en Correos tienes el problema de que, a menudo, no llegan a tiempo los productos, o se pierden. Mientras que en las mensajerías sí se cumple un tiempo límite para la entrega. Aunque tampoco se está exento de sufrir percances en la mercancía, que se pierda, etc.

Responder a cuál de las dos es mejor es complicado. Como más económica, Correos; como más eficiente, las mensajerías. ¿La mejor opción? Darle a elegir al cliente. De esa forma, este toma la decisión en base al tiempo de espera o al precio que pueda tener el servicio de envío.


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Nuestros abuelos se fueron a la gran ciudad: con la pandemia estamos volviendo a los pueblos

En España, se ha desarrollado una clara tendencia histórica vinculada a despoblación de los pueblos hacia las ciudades. No se trata de una particularidad específica, sino que queda enmarcada en un contexto global existe movimiento hacia la urbanización de las economías avanzadas.

Si consideramos como área rural aquellos municipios que no sobrepasan los 10.000 habitantes, se ha incrementado la tasa de urbanización de 20 puntos porcentuales hasta alcanzar niveles por encima del 80%.

Esto se debe, en primer lugar, al llamado éxodo rural que se inició entre a principios de los cincuenta y la culminación del proceso de industrialización de los años ochenta. Un movimiento estructural de fondo partida de la pérdida de peso económico del sector agrario frente a una mayor industria y servicios. Si en 1950 la tasa de urbanización era del 59,6%, en 1991 se llegó a una tasa del 79,6%.

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Desde la década de los noventa hasta nuestros días, la tasa de urbanización siguió creciendo pero a un ritmo sustancialmente menor. Esta vez solo avanzó dos puntos porcentuales. El factor más importante de esta segunda etapa no haciendo el movimiento migratorio sino más bien el crecimiento vegetativo.

Para entenderlo, el crecimiento vegetativo implicó la pérdida del diez puntos porcentuales de población entre 1997 y 2018 en los municipios rurales, mientras que al mismo tiempo se generó una contribución positiva a cinco puntos porcentuales en los núcleos urbanos.

En consecuencia, los municipios con crecimiento de población negativo entre 2001 y 2018 y con la densidad inferior a 12,5 habitantes por kilómetro cuadrado supone el 42% de los municipios en España. Una cifra que contrasta si analizamos los países de nuestro entorno como Alemania con el 1%, Francia el 7% e Italia en el 4%.

Sin embargo, la pandemia provocada por el coronavirus podría estar alterando esta gran tendencia de fondo. Y es que, según datos del portal idealista, el interés por comprar una vivienda en una localidad con una población inferior a 5.000 habitantes se incrementó 13,2% de este enero hasta agosto de 2020.

Con la pandemia, el mercado inmobiliario se está orientando hacia la búsqueda de viviendas de mayores metros cuadrados, y eso puede implicar vivir a las afueras de las grandes ciudades.

Estos consumidores buscan encontrar el equilibrio entre el acceso a los buenos servicios que ofrecen las ciudades de mayor tamaño con una mayor disponibilidad de una variedad amplia de productos y los costes asociados a los mayores tamaños de las ciudades que pueden implicar la congestión propia en muchos ámbitos como pueden ser el precio de la vivienda o costes asociados como la contaminación.

Es posible gracias a que con la pandemia nos hemos dado cuenta de las grandes posibilidades que ofrece la implantación del teletrabajo con la reducción de costes de desplazamiento entre las ciudades y zonas rurales. Si esta tendencia se implanta, los municipios rurales podrían atraer a una parte de los trabajadores de las ciudades e iniciar un proceso de crecimiento rural a medida que los nuevos habitantes vayan demandando la provisión de determinados servicios.

La clave para volver al mundo rural y que el teletrabajo nos permita la compatibilidad de ambos entornos es la conectividad a través de una adecuada cobertura de banda ancha. Y es aquí donde surgen las dificultades. Específicamente, tan solo el 20,22% de los municipios rurales disponen de una cobertura de 100MB (la cobertura adecuada para una videoconferencia) frente al 83% de los municipios urbanos.

De este dato, el 33,46% de los municipios rurales que hoy no se encontrarían en riesgo de despoblación acceden a esta infraestructura frente al 4,96% de los municipios rurales en riesgo de despoblación

Han habido suaves cambios en el empadronamiento durante el año pasado que pueden describir esta variación demográfica. En 2019, el 40,1% de la población en empadronada en España residía en municipios mayores de 100.000 habitantes y, con los datos de cierre de 2020, hemos visto un ligero descenso que rompe la tendencia histórica hasta situarse en el 39,9% de la población empadronada.

Los extranjeros que tienen la nacionalidad española son el 11,4% y están contribuyendo a esta vuelta al mundo rural. Se aprecia un descenso de una décima de punto porcentual de extranjeros inscritos por tamaño del municipio en las poblaciones de más de 100.000 habitantes y de 50.000 hasta 100.000 para habitantes. Esa décima que pierden ambos grupos de poblaciones las recuperan aquellas poblaciones de menos de 1.000 habitantes y aquellas de 1.001 hasta 10.000 habitantes.

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Enfermar de cáncer en Estados Unidos deja heridos de muerte los ahorros de toda una vida

Uno de esos eternos debates de la esfera socioeconómica es el relacionado con la calidad de los servicios prestados al ciudadano, su eficiencia en costes, y, especialmente polémico, sobre si su gestión es mejor que sea pública o privada. Pero no vamos a entrar en ese clásico debate, más por estéril e ideológico que porque no sea importante para nuestra calidad de vida.

Lo cierto es que el sistema de sanidad privada por antonomasia, el estadounidense, presenta unas fallas abismales. Así, los ciudadanos de aquel país que tienen la mala suerte de contraer un cáncer, arrojan unas fatídicas estadísticas que muestran cómo muchos se quedan mayormente arruinados o con sus finanzas seriamente tocadas, tras haber afrontado la encarnizada lucha con esa mortífera enfermedad.

El cáncer produce metástasis en las finanzas familiares

Enfermar De Cancer En Eeuu Deja Heridos De Muerte Los Ahorros De Toda Una Vida 3

Para interiorizar las líneas que proceden bajo el título anterior, hay que empezar por empatizar mínimamente con la situación extrema por la que pasan la gran mayoría de enfermos de cáncer y sus familiares. Efectivamente, la palabra maldita que nadie quiere ver salir de los labios de su médico es precisamente ésa: "cáncer". Una vez que es pronunciada, no hay vuelta atrás, no hay otra opción más que enfrentarse a ella, y aún así quedar sentenciado incluso a morir en muchos casos (a pesar de ofrecer resistencia). Y tampoco hay vuelta atrás en unas vidas en las que siempre marca vitalmente un introspectivo antes y (ojalá) un después.

Conforme esas fatídicas letras emanan de las cuerdas vocales del especialista médico, la vida del afectado y sus acompañantes van dando un radical vuelco inmediato, sobre el que luego siempre acaban reflexionando acerca de lo efímera que es la vida (tomen buena nota de cara a sus preocupaciones diarias más evitables). A los pacientes de cáncer les resulta especialmente chocante cómo se puede estar como un roble un día, y sin embargo casi al día siguiente ser un languideciente paciente con una experiencia que será muy vital, pero de la que realmente muchas veces ni siquiera sabe si va a acabar saliendo vivo.

Imaginen la situación por la que pasan estos pacientes, que la práctica totalidad de los afortunados y contados supervivientes cambian su forma de ser más intrínseca para el resto de sus días, y pasan a valorar más la familia, a dedicar más tiempo a los hijos y a sus allegados, a centrarse en las cosas realmente importantes de la vida, a no preocuparse antes de tiempo... son cosas de haber visto que la cuenta atrás había empezado, y haberle tocado a uno la lotería de que el reloj al llegar a cero no detonase su genética y mortífera carga metastásica. Así, el superviviente de cáncer suele tener casi siempre muchas ganas de recuperar un tiempo que nunca debería haber llegado a perder. Lamentablemente, muchas veces el ser humano es así: sólo valora lo verdaderamente importante en la vida cuando lo ha perdido (aunque sea sólo por unos meses en el mejor de los casos).

Pero, tras la puesta en escena hospitalaria, volvamos al tema socioeconómico de hoy. Con el preámbulo psicológico-vital anterior, la pregunta indicada es: teniendo en cuenta la alta y cierta probabilidad de ver morir a uno de tus seres más queridos agonizando de cáncer, ¿Quién no dedicaría todo lo que tiene y mucho más a salvar su vida como sea? Prefiero no preguntarles por la respuesta a nivel individual, pero me reconforta que las estadísticas arrojen una gran mayoría que, ante el trance de un cáncer, esa pregunta ni siquiera se la llegan a plantear: directamente no reparan en medios para salvar esa vida sin la que su vida no tiene el más mínimo sentido. Humanamente humano, por fortuna.

Pero tanto si el peor desenlace se materializa como si no, lo cierto es que, en determinados sistemas socioeconómicos como el estadounidense, luego vienen inevitablemente las cuentas pendientes. Efectivamente, esas estadísticas muestran cómo un 42% de los pacientes de cáncer de EEUU pierden en su lucha contra la temible enfermedad todos sus ahorros, acumulados para la jubilación tras toda una vida de esfuerzos económicos. Pero hay más: un 62% reporta haber contraído deudas para sufragar el tratamiento, un 55% debe más de 10.000 dólares, y un 3% está legalmente quebrado. Pero, ¿Qué alternativa tenían cuando los ahorros sin superviviente apenas sirven para nada más que pagar el entierro y lamentarse al pensar si, de haberlos utilizado, tal vez habrías podido salvar a uno de tus seres más queridos?

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El tema es que, en EEUU, las pólizas de salud tienen una claúsula de un máximo de gasto sanitario aplicable al total de la vida del asegurado y que, en caso de ser sobrepasado, es cuando llegan los problemas de verdad, con una cobertura sanitaria que literalmente se seca abruptamente. Lamentablemente, esto ocurre ampliamente en la mayoría de los casos de cáncer, que suelen conllevar un tratamiento largo y costoso, y además en un país en donde la sanidad tiene unos costes desorbitados que alguien tiene que acabar pagando a título individual.

Una vez agotada la cobertura, es el propio paciente el que tiene que acabar sufragando el resto de su tratamiento, aunque sea tan sólo en una parte en el mejor de los casos. Y es que, aún así, hay partes y partes, y copagos y copagos, y lo que toca pagar en EEUU la mayoría de las veces, una vez agotada la cobertura de la aseguradora, arruina a cualquier familia de clase media. A la vista están esos demostrativos porcentajes reales de ciudadanos "sin blanca", endeudados, o arruinados que les citábamos antes.

A la ya de por sí insostenible ecuación socioeconómica, ahora añadan el hecho de que, hoy por hoy, en EEUU las cosas no van tan bien como parece a primera vista macroeconómica, al menos no para ese grueso de la población que es la clase media. De hecho, en aquel país, nada más y nada menos que un 40% de los estadounidenses adultos no tienen suficiente colchón económico para poder permitirse un gasto inesperado de tan sólo 400$, como puede ser una avería del coche, una reparación en casa, o... una factura médica (y esto lo dice la propia FED, para los más incrédulos).

Así pues vemos cómo, además, en la mayoría de los casos, contraer un cáncer allí no es sólo gastarse los ahorros de toda una vida (y quedar condenado a una cuasi-pobreza casi segura en la posterior e inevitable jubilación). En EEUU, caer enfermo de cáncer supone acabar gastándose incluso todo lo que uno no tiene, auto-sepultándose en deudas. Y eso en el mejor de los casos de que te las concedan para un modelo de negocio, la lucha contra el cáncer, de retorno y final más que incierto: lamentablemente, los números son siempre así de fríos y asépticos. Así ven cómo algunas afortunadas veces puede que haya salida para un cáncer, pero lo que casi nunca tiene salida son las finanzas de la familia estadounidense de clase media que lo padece.

El cáncer es una de las enfermedades del siglo XXI más diseminadas y extendidas por los organismos socioeconómicos

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Indudablemente, el cáncer se erige como una de las principales causas de muerte en el presente en los países desarrollados, y las expectativas de cara al progreso del resto del mundo hacen que esta funesta estadística pueda hacerse extensiva en el futuro al resto del mundo, en el que esperemos que la esperanza de vida también vaya alargándose progresivamente. De la mano de estas previsiones, y según podrán leer en el enlace anterior, lo cierto es que la proyección es que en 2030 el número de casos anuales de cáncer diagnosticados en el mundo supere los 20 millones. Una cifra nada desdeñable, especialmente por lo acumulativo que supone que sume inexorablemente más y más casos con cada año sucesivo, y que además sólo promete con ir sensiblemente a más en las subsiguientes décadas, conforme los factores que confluyen en su mayor incidencia vayan progresivamente acentuándose y extendiéndose por más países del globo.

Pero, en los países desarrollados, el panorama cancerígeno es todavía particularmente más sombrío (ya a día de hoy). En un país avanzado como Reino Unido, en los 16 primeros años del siglo XXI el cáncer ya ha matado a nada menos que más de 2 millones de británicos. Desde 2011, en las islas británicas el cáncer ya es la primera causa de mortalidad, habiendo desbancado en ese año a las enfermedades cardiacas. Y como también podrán leer en el enlace anterior, el cáncer además está escalando posiciones en cuanto a tener la dudosa marca de ir matando personas a edades cada vez más tempranas, superando en juventud de los difuntos a los ataques al corazón y también a los de otras enfermedades coronarias.

Efectivamente, el cáncer parece ser la enfermedad del siglo XXI, y eso en principio es una buena noticia porque supone que se van superando enfermedades más primarias, que vienen desatadas por unas condiciones de vida deterioradas, pero igualmente supone un reto de mortalidad creciente a abordar de manera ineludible: no hay edad buena para una muerte que siempre es un evento traumático.

A pesar de las contundentes y mortíferas cifras anteriores, lo cierto es que, como en toda lucha que se libra de la mano de la ciencia, en la lucha con el cáncer se van cosechando prometedores avances. Con una ciencia que afortunadamente va alcanzando increíbles cotas de especialización y avance, estos logros vienen de diversos frentes, tantos como campos científicos hay aplicables al cáncer. Los científicos son plenamente conscientes de que el cáncer mata, y que supone un reto mayúculo para una humanidad a la que afectan nuevas enfermedades conforme se alarga su esperanza de vida, siendo el cáncer una de las de mayor incidencia con el progresivo avance octogenario.

Así pues, en esta vital guerra hay muchos frentes abiertos, tantos como complejo es el cuerpo humano y su biología. Esa complejidad que a veces es un desafiante reto, otras veces supone que tenemos más armas a nuestro alcance. La ciencia y sus avances es lo que realmente nos permite inclinar la balanza de la insuperable complejidad a los mayores medios disponibles. Sigamos invirtiendo en ciencia y, sobre todo, creyendo en ella como fuente de progreso real. Es la mejor alternativa socioeconómica, mal que le pese a esta guerra cibersocial polifacética y mutante, que precisamente basa uno de sus pilares en destruir la sólida confianza occidental en el progreso científico, que ni más ni menos es uno de los pilares más fundamentales que nos ha llevado hasta donde estamos hoy en día. La propaganda científica también esta ahí fuera haciendo de las suyas (aunque realmente no es nada demasiado nuevo, y la batalla contra el cáncer es uno de los campos que mayores y más letales réditos puede darle a los siempre destructivos fines propagandistas.

La propaganda cibersocial de la salud, acabará poniendo sus ojos sobre el cáncer

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Y no crean que cae en el terreno de lo agorero alertar de que la propaganda puede situar como uno de sus nuevos objetivos la desinformación sobre el cáncer, pues ese cáncer ha entrado ya por la puerta grande del atrayente podio de las enfermedades con mayor impacto socioeconómico y tasa de mortalidad. Ya hemos visto los métodos y los resultados que la propaganda ha conseguido en el terreno de la salud, con el agrio ¿debate? de las tesis anti-vacunas en el epicentro de este nuevo y letal campo de batalla de la propaganda. Y los resultados propagandísticos ya han sido muy (pero que muy) tangibles, con un masivo brote de sarampión en EEUU sin precedentes desde hace bastantes décadas, y que vino auspiciado y potenciado por la propaganda anti-vacunas.

Así, volviendo al tema del cáncer y a la contribución de la ciencia a su encarnizada lucha, podemos ver cómo el terreno ganado a la letal y polifacética enfermedad viene enmarcado en diversos campos científicos. Éstos campos van desde el desarrollo de potentes fármacos cuya gran ventaja es su progresiva y mayor focalización en determinados tipos de cáncer, hasta una inmunoterapia que potencia que tu propio cuerpo sea capaz de erradicar las células cancerosas, pasando por los avances en genética. Y recuerden que esta última está intrínsecamente relacionada con el mismísimo origen del cáncer: mutaciones genéticas que hacen que las células cancerosas se reproduzcan sin control.

Y hasta se ha llegado a prometedoras y disruptoras terapias oncológicas en los campos de la nanotecnología, o de una cirujía robótica que puede llegar a ser mucho más precisa que la humana a la hora de extirpar prematuramente el mal de nuestro cuerpo. Va a ser que la ciencia es fuente de progreso verdadero, mal que les pese a los desinformadores cibersociales: ellos lo saben perfectamente, y por eso precisamente se ceban con ella, para doblegar a los países desarrollados. En la lacra cibersocial, internet es el medio de contagio, y los ciudadanos mismos somos las células cancerosas: también en el campo de la salud y, en breve, especialmente del cáncer.

Lo verdaderamente significativo es el acceso de la población a la sanidad como fuente de progreso socioeconómico

Enfermar De Cancer En Eeuu Deja Heridos De Muerte Los Ahorros De Toda Una Vida 6

Pero más allá de la guerra cibersocial, la desinformación sobre la salud, la incidencia del cáncer, y el gran papel que la ciencia puede prestar en su cura, hay otras conclusiones importantes que se pueden sacar del tema de hoy. La principal noticia que les traíamos eran las estadísticas anteriores, que revelaban cómo se arruinan las finanzas familiares de una familia estadounidense de clase media afectada por el cáncer.

Y esto es un tema evidentemente con fuertes implicaciones macroeconómicas, puesto que las estadísticas actuales sentencian que, una de cada dos mujeres estadounidenses sufrirán algún tipo de arruinador cáncer a lo largo de su vida, y en el caso de los hombres será uno de cada tres. Si a ello sumamos que las finanzas familiares son unas para toda la familia, y que si no cae uno, lo más probable es que caiga el otro, tenemos ya la severa dimensión macroeconómica de un terrible problema microeconómico.

Estadísticas como ésas revelan que una cosa es el liderazgo económico, y otra muy distinta es el liderazgo socioeconómico. Efectivamente, EEUU puede que sea el líder económico mundial, pero ello no le evita que se vea sensiblemente relegado en otros importantes índices de progreso socioeconómico, como pueden ser la asistencia sanitaria o el impacto de una enfermedad masiva como el cáncer en la vida de los ciudadanos.

Como decían nuestros abuelos, "lo más importante es la salud", o como decía aquel: "cuando tienes salud, te parece que tienes hasta dinero". Y es que, efectivamente, si uno no tiene salud, ni todo el dinero del mundo puede servirle para mucho; es más, con la noticia de hoy queda claro que, si uno no tiene salud en otros países, lo que le pasa es que no acaba teniendo ni dinero. Es cierto que tener dinero puede ayudar mucho a la hora de tener acceso a medios sanitarios que curen una enfermedad como el cáncer, pero no es menos cierto que las estadísticas son las estadísticas, y la media de EEUU le posiciona claramente en una situación de "necesita mejorar" en el acceso a los tratamientos del omnipresente cáncer por parte de su clase media. El asunto es especialmente grave al valorar que la incidencia del cáncer se puede incrementar sensiblemente conforme envejece la población, puesto que esos ahorros de toda una vida tienen cada vez una mayor probabilidad de ser devorados por la enfermedad justo cuando más los necesitas: una vez jubilado.

Y no podemos pasar por alto una última e importante conclusión. Sin entrar en eternos y estériles debates ideológicos, aquí el problema de la sanidad en USA no pasa por la dicotomía entre lo público o lo privado, sino por que en aquel país su sitema sanitario tiene como mínimo un abismal error de diseño (léase: claúsulas abusivas o costes sanitarios desorbitados), lo que en otros países como España no ocurre. Y la Seguridad Social española no está en absouto exenta de sus grandes problemas, muchos de los cuales a veces tienen que ver más con una mala gestión, y también con los numerosos políticos "infiltrados" a dedo en la gestión diaria de los hospitales: en muchos hospitales llega a haber uno por planta, y sin ninguna formación médica ni sanitaria en gran parte de los casos. ¡Menudo nivelazo de decisiones hospitalarias y sanitarias que deben tomar!

Y por cierto, aunque la calidad asistencial media en España esté a años luz de casos como los afectados por cáncer en EEUU, hay que decir que nuestra sanidad pública ha llegado a sufrir también lo suyo, especialmente con la crisis detonada y acrecentada por la nefasta gestión política del crash inmobiliario español. Por que se hagan idea, el cierre de plantas en algunos hospitales de referencia forzó a la gestión hospitalaria a poner cama con cama a trasplantados con infecciosos, toda una aberración sanitaria cuando uno de los principales tratamientos para evitar el rechazo en los primeros es inmuno-deprimirles, con lo cual se quedan sin defensas ante cualquier agente patógeno como el que portaban los pacientes infecciosos de la cama de al lado.

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Aun con todo ello, las cifras demuestran cómo países como España están en asistencia sanitaria mucho más avanzados que EEUU, y que aquí un (frecuente) problema cancerígeno no nos arruina de por vida. De hecho, a pesar de todo lo mejorable que pueda tener nuestra sanidad, el índice más significativo es que tengamos una de las esperanzas de vida más longevas del planeta, lo cual nos posiciona definitivamente en este sector socioeconómico como toda una potencia mundial. Y esto, inevitablemente, es un importante índice de progreso socioeconómico nacional (y más que lo va a ser): algo hacemos bien de vez en cuando por estos lares, mal que les pese a los que azuzan el descontento popular más visceral y la crítica sistemática a todo lo que demuestre que, en España, también hay cosas en las que somos líderes mundiales, y de las que podemos sentirnos orgullosos como país.

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Externalizar la gestión de los flujos

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Los eventos sucedidos durante los pasados días en la
frontera española de Ceuta tienen un precedente muy reciente al otro lado del
Mediterráneo, aunque, dada la intensidad del último año, parece ya historia
antigua. Durante las semanas en las que la pandemia despegaba en los países
occidentales, el gobierno turco anunció la apertura de su frontera con Europa e
incluso puso autobuses a disposición de los inmigrantes establecidos en el país
para su traslado a los límites con el territorio griego. Decenas de miles de
personas de diversas nacionalidades acudieron a la frontera terrestre con
Grecia o intentaron cruzar por vía marítima, pero fueron frontalmente
rechazados por las autoridades griegas al tiempo que el gobierno heleno
anunciaba la suspensión temporal del procedimiento de asilo. Durante varios
días se sucedieron enfrentamientos violentos en los que las fuerzas de
seguridad turcas llegaron incluso a participar activamente en el derribo de las
barreras físicas instaladas por Grecia en la frontera.

Estas fuertes tensiones se disolvieron al tiempo
que se imponían fuertes restricciones a la movilidad internacional en todo el
mundo debido a la pandemia y concluyeron con la reubicación de los inmigrantes
que se habían desplazado a la frontera. Muchas de estas personas, que habían
abandonado sus casas y trabajos en Estambul tras el anuncio de las autoridades turcas,
acabaron en campos de refugiados.

En aquellos días Turquía fue bastante explícita respecto a sus motivaciones: la demanda de más fondos europeos. Su estrategia partía de la declaración que había firmado con la Unión Europea en marzo de 2016, según la cual Turquía se encargaría de controlar la frontera a cambio de 6.000 millones de euros, la exención de visado para los turcos y el avance en el acuerdo comercial. Ese pacto (en realidad poco formalizado pues se trataba tan solo de una declaración) es similar al que tiene España con Marruecos (menos explícito) en la medida en que consiste en la externalización de un servicio, la gestión de los flujos que se acercan a frontera.

Las estrategias de externalización dentro del ámbito privado (una empresa de informática que externaliza las tareas de limpieza) o del público al privado (la gestión privada de un hospital público) han sido ampliamente estudiadas desde la ciencia económica y la de la gestión pública. Estas dos perspectivas aportan algunas claves que ayudan a entender los costes, beneficios y riesgos de la externalización de la gestión de los flujos que se acercan a las fronteras.

«En los procesos de externalización el éxito depende fundamentalmente de la confianza entre los agentes que intervienen, la claridad de los términos del contrato y que sea posible cumplirlos. No parece que las relaciones Grecia-Turquía y España-Marruecos satisfagan estos tres requisitos».

María Miyar

La externalización suele reportar ventajas en la
medida en que implica la obtención de un servicio a un menor coste que si se
produjera internamente. Este abaratamiento se produce gracias a una mayor
especialización de quien presta el servicio y por la presión a la baja de los
precios que genera la competencia en el mercado. Sin embargo, cuando la gestión
de los flujos se deja en manos de otro país, la disminución del coste se
consigue sobre todo a expensas de la “calidad del servicio”: las garantías y el
trato dispensado a los inmigrantes se reducen sin que el país de destino de la
inmigración tenga que asumir el coste para su reputación.

Existe además otra diferencia radical con las
externalizaciones de servicios a agentes privados: la externalización no se
realiza en un contexto de competencia en el mercado, sino que el tercer país posee
el monopolio en la provisión del servicio. Por lo tanto, goza de una posición
dominante que puede utilizar para presionar al país de destino de la
inmigración.

Estos acuerdos con terceros países son, por lo
tanto, soluciones inestables. El análisis económico ha puesto de relieve que en
los procesos de externalización el éxito depende fundamentalmente de la
confianza entre los agentes que intervienen, la claridad de los términos del
contrato y que sea posible cumplirlos. No parece que las relaciones
Grecia-Turquía y España-Marruecos satisfagan estos tres requisitos. Para ello
sería recomendable que los socios compartieran intereses a largo plazo.
Mientras que los de Grecia y Turquía son cada vez más divergentes, puede que
sea más fácil coordinar los objetivos de España y Marruecos.

Este podría ser un punto de inflexión en el que
España se replantee los costes, beneficios y riesgos de este modelo de gestión
(tanto para el país como para los inmigrantes) y evalúe las alternativas. La
gestión de los flujos migratorios dibuja desafíos muy dispares para los países
de la Unión Europea, lo que dificulta los avances en una política común
operativa. La puesta en común de las experiencias y retos que comparten los
países mediterráneos contribuirá no solo a una mejor comprensión de lo que
sucede, sino también a la posible consolidación de una posición conjunta dentro
de la Unión Europea.

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¿Qué son los bienes públicos?

Esta esta ocasión, dentro de nuestra serie de Conceptos de Economía analizamos qué son los bienes públicos, un tipo de bienes muy especial que no son susceptibles de comprar ni vender en ningún mercado, puesto que tienen la característica de ser ‘colectivos’ y cuyo uso y disfrute puede llevarse a cabo por cualquier ciudadano sin distinción, con independencia de que este deba respetar la jurisdicción aprobada al respecto para protegerlos.

La gestión y/o provisión de los bienes públicos no es exclusiva del Estado, sino que también pueden ser provistos por el sector privado. Un ejemplo de bien público provisto por el Estado sería el alumbrado de las calles, ya que si no se sufragase entre todos los ciudadanos de un municipio, nadie tendría incentivos privados como para poder hacerlo. Y otro de un bien público gestionado por una institución privada sería una señal de radio o unos fuegos artificiales sufragados por una empresa en una convención anual, ya que podríamos disfrutar de ellos sin pagar y sin poseer la invitación para dicha convención.

Los bienes públicos gestionados por el Estado, son una herencia del imperio romano, época de la historia en la que se empezaron a proveer ciertos bienes y derechos públicos como la seguridad ciudadana, la justicia, la gestión del agua y de los terrenos municipales, etcétera.

Características de los bienes públicos

La esencia de un bien público, es decir, la característica que le distingue de otro que no lo sea son dos propiedades, que sea no rival y no excluyente. Que sea no rival significa que el uso y/o disfrute por parte de un usuario adicional no suponga una limitación para el uso y/o disfrute de un usuario que ya hace uso de él, como por ejemplo una señal de radio, que permite a distintos usuarios escuchar la sintonía en el mismo momento.

Un ejemplo de bien rival sería un coche, puesto que cuando lo usa uno de nosotros, otro usuario no puede hacerlo al mismo tiempo, o el consumo de una porción de tarta cuando solo contamos con una, ya que al comerla uno de los comensales, disminuye la cantidad disponible para el resto.

Que sea no excluyente, quiere decir que no es posible discriminar qué usuarios lo disfrutarán y quiénes no mediante los precios, puesto que estos no tienen precio, y cualquier usuario que lo desee puede acceder al uso y disfrute del mismo, con independencia de que estos contribuyan o no a su mantenimiento y/o protección. Algunos ejemplos son el viento, la arena de la playa o el olor de un exquisito pastel al pasar por una panadería.

Los bienes públicos en nuestras vidas

El ejemplo más común de bien público es la defensa nacional, un servicio de protección garantizado y gestionado por el Estado de la nación, que nos protege frente a amenazas externas, bridándonos a todos nosotros el servicio, y para el cuál es muy difícil excluir a un usuario en concreto.

Un ejemplo de por qué no podemos excluir a un usuario en concreto es el siguiente, pensemos en que en nuestro país comienza un conflicto armado contra otra nación, el Estado trataría de protegernos mediante la defensa nacional, defensa que sería prácticamente imposible negar al vecino del tercer piso de un edificio, y proteger al mismo tiempo al resto de los vecinos de la comunidad.

Respecto a este Concepto hay que tener muy claro que no por el hecho de que un determinado bien o servicio lo administre el Estado, se trata de un bien público, solo que estos son gestionados por la administración porque de lo contrario nadie tendría incentivos para hacerlo.

Debiendo distinguirlos de los bienes públicos impuros, bienes que provee el Estado así como instituciones privadas que pueden llegar a limitarse, a reducir su cantidad disponible o a verse mermada su calidad, y que se ejemplarizan perfectamente en la educación. Supongamos que un estudiante asiste a más clases que el resto de los compañeros de su titulación, hecho que no provoca que la cantidad de educación percibida por los demás disminuya, por lo que en principio no hay rivalidad en el consumo, siempre y cuando este hecho sea individual y aislado, pero si este ‘fenómeno’ se extiende, podemos llegar a un punto de masificación de las universidades, y por tanto disminuir la calidad de la enseñanza disponible para el resto.

Una de las confusiones más extendidas al respecto es por ejemplo la Sanidad Pública, un servicio de naturaleza económica privada, y que en cuyo consumo se pueden excluir a determinados usuarios, a la par que es rival, porque si se tienen recursos para hacer una sola intervención quirúrgica no podemos operar a dos pacientes al mismo tiempo. Siendo otro debate el hecho de que este bien sea provisto por el Estado, ya sea por las externalidades positivas que genera, el impacto social, o razones de otro tipo.

Otra cuestión que no siempre queda clara es la confusión entre los bienes públicos impuros y los bienes públicos preferentes, que no son bienes públicos puesto que no reúnen ninguna de sus dos características, siendo más bien bienes de naturaleza privada, algunos ejemplos son la sanidad, la educación, la vivienda o los alimentos. Bienes que generan externalidades positivas a la sociedad, y que si no se gestionasen por el Estado no se podrían proveer en una cantidad óptima por parte del sector privado, constituyendo uno de los ‘fallos de mercado’ más significativos

Principales problemas de sostenibilidad

Los bienes públicos necesitan de una gestión pública y de un estricto mecanismo de control que garantice su uso y disfrute, así como su sostenibilidad. Para garantizar esto último, debe instrumentalizarse un sistema de derecho y de garantías lo suficientemente represivo como para que todos los usuarios del mercado se impliquen en dicha tarea.

Por ejemplo, si no respetamos los bosques, los mares o el medio ambiente, podemos excluir a los futuros habitantes del planeta del uso y disfrute de dichos bienes. Por ello, se debe legislar en este sentido, y garantizar el respeto a las normas en pro de la consecución de este fin.

Otra de las problemáticas más extendidas al respecto es el Problema del Polizón, o ‘free rider’ en la lengua anglosajona, y que reza que es difícil excluir del servicio a quién o quienes no contribuyan al esfuerzo colectivo para su mantenimiento. Un ejemplo, al hilo de esta cuestión sería el uso de las autopistas públicas por parte de aquéllos ciudadanos que no pagan sus impuestos en tiempo y forma, proporcionando un daño económico y de disponibilidad de los recursos públicos a quienes si contribuyen a su financiación.

Este problema supone un ‘daño’ tremendo para los intereses colectivos, porque al esquivar estos usuarios ‘gratuitos’ el esfuerzo colectivo para su financiación o mantenimiento, supone que esta carga no satisfecha incrementará el esfuerzo que los ciudadanos contribuyentes han de satisfacer para garantizar su viabilidad.

Perspectivas, viabilidad y conclusiones

En los últimos años, en la medida que se han ido agudizando los problemas fiscales y presupuestarios de los Estados, han ido tomando impulso ciertas iniciativas en contra de la colectividad de las cargas tributarias, olvidando algunos que las cargas públicas se basan en dos principios, la equidad y la igualdad. No contemplando que aunque no se demanden servicios educativos o sanitarios por parte de algunos usuarios potenciales, todos utilizamos en mayor o menor medida el transporte público, la red de carreteras y la defensa nacional.

Por todo ello, los gobiernos deben promover una gestión a largo plazo y sostenible de los bienes públicos para no caer en este engaño, máxime cuando estos escapan al mercado, y si no se cuidan, pueden llegar a desaparecer.

En El Blog Salmón | ¿Qué es el coste de oportunidad
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Mirando más allá de los impuestos: el ajuste fiscal español también tiene que implicar al gasto público

En mi última entrega en el Blog Salmón esbozábamos un decálogo para tratar de salir de la crisis provocada por el coronavirus sin fracturar los frágiles cimientos en los que se asienta nuestra economía.

Uno de los elementos críticos que destacábamos entonces era el impacto de un gasto público elevado en un contexto de reactivación moderada y menores ingresos tras una caída abrupta de la economía. Tratar de aumentar la presión fiscal de manera generalizada sobre los actores económicos y los ciudadanos para financiar ese gasto podría ahogar nuestra incipiente recuperación. La pregunta que debemos hacernos a estas alturas es, ¿podemos evitarlo?

Números rojos

El caso es que los números rojos de la economía española en 2020 fueron los peores de la Unión Europea, con un 11 % de déficit. Nos siguieron Malta (10,1%), Grecia (9,7%), Italia (9,5%), Bélgica (9,4%), Francia y Rumanía (9,2%). 113.172 millones de euros de exceso de gastos sobre ingresos públicos en el conjunto de las administraciones son una brutalidad. A ello debemos añadir que en su última actualización del cuadro macroeconómico, el Gobierno ha empeorado la previsión de déficit para 2021 del 7,7% de PIB al 8,4%, rebajando el crecimiento estimado en este año al 6,5%, estimaciones que por otra parte están sujetas a enormes incertidumbres, tal y como apuntábamos en un artículo anterior.

Por su parte, el pasado 11 de mayo la Airef estimaba, basándose en la "limitada" información proporcionada por el Gobierno en el Programa de Estabilidad y Crecimiento, el Plan Nacional de Reformas y el Plan de Recuperación, que el déficit estructural podría quedar en el 4,6% en 2024, esto es, por encima de los niveles anteriores a la pandemia (3,5% en 2019). Ello implica que, incluso con una economía en niveles de crecimiento precrisis, nuestra brecha estructural habría empeorado.

Nuestra posición fiscal de partida, en palabras de la Airef, "representa una dificultad añadida a la hora de afrontar los retos de la crisis". Y demos gracias al BCE de que la carga de de nuestra muy abultada deuda se mantenga contenida debido a unos tipos históricamente bajos.

Airef1

Ante esta situación, el Gobierno plantea un incremento generalizado de la carga fiscal que, con independencia de mensajes más o menos confusos, medias verdades, globos sonda, rectificaciones y rodeos varios, afectará a todos los sectores económicos y a todos los ciudadanos en los próximos años. Una subida impositiva que, no olvidemos, acompaña a las servidumbres estructurales que vienen con los Fondos de Recuperación, y a la que nos vemos abocados por (i) tener una posición fiscal más débil en el momento de estallar la crisis, (ii) haber comprometido gastos para la próxima década siendo plenamente conscientes de dicha posición deficitaria y (iii) no contemplar a su vez reformas de calado sobre la necesidad, oportunidad y eficiencia de las numerosas partidas de gasto, claramente revisables, de nuestras administraciones.

Esta estrategia de lanzarnos en su momento por la senda de la expansión fiscal, sin emprender otros ajustes paralelos, se topó de repente con las enormes necesidades sobrevenidas derivadas de la pandemia, de tal manera que ahora nos encontramos en una trampa de muy difícil escapatoria si de verdad queremos retornar con garantías a unas finanzas públicas sostenibles.

Deficit3

Así, mientras otras grandes economías del euro como Alemania, Francia, Italia y Portugal han optado por rebajas fiscales para estimular la recuperación económica, nosotros parecemos abocados a seguir el camino contrario, tal y como hemos venido contando en esta casa (por ejemplo, comprar reseñas google). Algo que va a ser muy complicado de vender a un público demasiado saturado de lemas y promesas.

La apuesta de nuestros responsables económicos resulta bastante clara: fiarlo todo a una reactivación económica rápida que absorba el impacto de la subida fiscal y la traduzca en ingresos inmediatos, contantes y sonantes. De ahí la insistencia en la cuenta atrás hacia el objetivo de vacunación, la apelación a un futuro brillante, y el borrón y cuenta nueva oficial que pretende hacernos olvidar los largos meses de pandemia y su gestión. Una apuesta posible, pero todavía incierta y sobre todo muy arriesgada, pues lo que se está poniendo en juego no es otra cosa que nuestro futuro.

Papel

La buena gestión de nuestros recursos, esa asignatura pendiente

Nuestras administraciones públicas no se han caracterizado en general por su disposición a la sensatez y a la austeridad, entendida ésta como sobriedad y rigor en el gasto. Una disposición que casa muy mal con la naturaleza artificiosa del discurso político, proclive al exceso, a la culpabilización del contrario ideológico y a solucionar los problemas tirando de chequera ciudadana sin análisis previos rigurosos ni evaluaciones posteriores de resultados. Y es precisamente esta falta de consistencia la que hace tan impopular cualquier subida de impuestos, máxime cuando se apela a la responsabilidad e incluso al patriotismo de los contribuyentes.

Hace años escribí una entrada en mi blog personal, en la que formulaba cinco recomendaciones sobre la gestión de los recursos públicos que siguen plenamente vigentes, y mucho más en los tiempos que corren:

1) Cuando cualquiera de las administraciones decida prestar un servicio público (y me refiero a un verdadero servicio público), sus responsables deberían tener en cuenta:

  • Que no se esté prestando ya por otra administración.
  • Que el servicio corresponde exactamente a la necesidad que pretende cubrirse y no a intereses propios o ajenos.
  • Que la relación calidad/precio del servicio a prestar sea la adecuada, y que además se garantice su financiación en el tiempo.
  • Que la entidad que vaya a prestar el servicio esté correctamente dimensionada en infraestructura, medios materiales y personal. Un exceso de tamaño consume recursos financieros innecesarios que podrían emplearse en otros menesteres.

2) Los bienes públicos, obtenidos a través de impuestos, constituyen un verdadero tesoro para nuestra sociedad. Los cargos políticos y los funcionarios deberían tenerlo en cuenta a la hora de manejarlos, y obrar como un cajero cuidadoso con aquellos caudales que no son suyos. Pero también los ciudadanos deben utilizar los bienes y servicios públicos de forma cívica y responsable. Es una cuestión de derechos, pero también de deberes.

3) Los servicios inútiles, accesorios o duplicados deben eliminarse de inmediato. Cuestan mucho dinero, tiempo y esfuerzo, y no rinden utilidad alguna al ciudadano, sólo a las estructuras que los prestan y a los políticos que las dirigen.

4) Cuando una administración contrata, debe elegir siempre el medio más económico. Y como tal no se entiende necesariamente el más barato, sino aquel que resulta más adecuado a las circunstancias del caso.

5) Además de utilidad, la productividad de los medios públicos y de los trabajadores públicos resulta asimismo un factor clave. Si tenemos recursos materiales y humanos ociosos estaremos despilfarrando salarios, intereses del capital público invertido y amortizaciones fijas. Cuanto mayor sea la productividad de dichos recursos menor será el coste de los servicios prestados. Esto es válido para todo tipo de prestación: educación, sanidad, defensa, seguridad, etc. Aquí, la modernización y profesionalización de la carrera pública, la digitalización y la completa revisión de los procesos administrativos tienen mucho que decir.

Como apuntábamos entonces, durante décadas nos hemos contentado con un manejo rutinario y burocrático de nuestros recursos públicos, lo que ha coartado nuestras posibilidades de mejora. Si todas las administraciones públicas trabajaran intensamente en los cinco aspectos enunciados, otro gallo económico nos hubiera cantado ahora.

Y, por cierto, no tenemos que empezar de cero: algunos parecen haber olvidado que la Airef lleva años trabajando de manera muy seria y exhaustiva en la revisión de nuestro gasto público a través de sus spending review. Acordarse de nuestra Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal sólo para justificar futuras subidas de impuestos es un poco presentable "cherry picking". No nos hagamos trampas al solitario, porque al final, siempre acaban pagando los mismos. Como diría el profesor Rodríguez Braun: "usted, señora".

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El tango de las subastas de espectro

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Inspirados por Carlos Gardel y sus “veinte años no es nada”, nos disponemos a cambiar la duración de las licencias de espectro para el futuro desarrollo del 5G de 20 a 40 años. Antes de dejarnos llevar por la melodía del tango, queremos reflexionar sobre las consecuencias económicas de esta medida. Pongámonos en antecedentes. En los próximos meses se va a realizar la subasta de espectro de las bandas de 700 MHz. ¿En que nos afecta? El espectro es la base de las comunicaciones y transmisiones de datos inalámbricos y con ello, del añorado 5G. Por lo tanto, el resultado de la subasta, la asignación del espectro entre los distintos operadores de telecomunicaciones determinará en gran parte la estructura del mercado y las condiciones y precios en las que los futuros servicios de 5G llegarán a los consumidores. Todos los países de nuestro entorno están realizando subastas similares, lo que en sí mismo constituye una buena noticia.

Las subastas se empezaron a utilizar como medio de asignación del espectro en 1994 en EE.UU, y en 2020 dos de los economistas que contribuyeron a diseñarlas (Paul Milgrom y Robert Wilson) recibieron el premio nobel de economía en gran parte por esta contribución. El éxito de esta subasta llevo a que algunos países europeos a utilizarlas en el año 2000 para asignar las licencias 3G, aunque la mitad de ellos (incluyendo España) utilizó un concurso. La experiencia 3G demostró la superioridad de las subastas sobre los concursos (las licencias 4G fueron ya asignadas exclusivamente con subastas), pero también lo importante que es el diseño de las mismas (formato de subasta, número y condiciones de las licencias, precios de reserva, etc..). En la futura subasta de espectro, el único aspecto del diseño que ha alcanzado el debate público son los precios de reserva de las licencias (1.170 millones en su conjunto) que, por otro lado, parece un precio en la media de las recientes subastas de 5G realizadas en Europa.

Los economistas académicos defendemos la legitimidad de la recaudación de las subastas: las licencias crean un oligopolio y las empresas pagan por sus futuras rentas. Existen, además, argumentos teóricos y evidencia empírica de que los precios pagados tienen poco efecto en el comportamiento de las empresas, incluyendo el despliegue de la tecnología, dado que son un coste hundido y como tal no debería afectar sus decisiones para maximizar sus beneficios en el futuro. Nuestra meta debería centrarse en un uso eficiente del espectro —que caiga en las manos de los que tienen mejores planes de negocio— y en que el mercado resultante sea suficientemente competitivo, trasladando la mayor parte del excedente generado a los consumidores. Por ejemplo, puede ser deseable poner un límite menor al espectro que pueden obtener las empresas establecidas (lo que puede reducir la recaudación) con el fin de garantizar la entrada de un nuevo operador que aumente la competencia en el futuro. En este cálculo, la recaudación, sin ser el objetivo primordial del diseño de la subasta, es un interesante beneficio colateral, sobre todo en la situación actual.

Por eso, la decisión sobre la duración de la licencia de 5G no debe evaluarse en términos de su impacto en la recaudación, sino en sus futuros efectos sobre los incentivos a la inversión y a la innovación y la competencia.  Aumentar la duración de las licencias incrementa los plazos para la amortización y genera incentivos a la inversión, y esto es importante dado que se estima que el coste del despliegue del 5G podría alcanzar los 15.000 millones de euros. 

Sin embargo, una excesiva duración de la licencia puede limitar la innovación y la competencia. Es probable que en 20 años el espectro tenga otros usos más eficientes que el 5G (igual que el espectro que ahora se libera proviene de su uso para la TDT).  Puede ser que el mercado de servicios 5G no sea muy competitivo y la falta de espectro se convierta en una barrera para futuros entrantes. Y no se puede confiar en el funcionamiento del mercado secundario para reasignaciones de espectro entre agentes interesados porque en la práctica es inexistente. Dados los beneficios y los costes de aumentar la duración de la licencias, es prudente mirar a nuestro alrededor para encontrar un buen equilibrio. Si lo hacemos, tenemos que calificar el aumento de la licencia a 40 años como mínimo de “audaz”. Todos los países de la UE que han subastado licencias de espectro lo han hecho por un periodo de 20 años o inferior. Más aun, en 2017, antes de esta nueva ola de subastas, hubo una propuesta de la UE para armonizar las condiciones de las licencias de espectro y extender su duración a 25 años o más, que no salió adelante por la oposición explicita de países como Alemania, Holanda, Italia y… ¡España!

Por último, aunque todavía no se conocen todos los detalles de la subasta, las últimas noticias apuntan que el gobierno ha sido sensible a las demandas de las empresas, y con el argumento de impulsar el futuro desarrollo del 5G va a mejorar sensiblemente las condiciones de las licencias sobre las previamente anunciadas: además de aumentar la duración de la licencias, se reducirán las tasas de las futuras adjudicatarias, los precios de reserva, y los compromisos de despliegue y de compartición de infraestructuras. No debería el gobierno dejarse llevar por cantos de sirena, ni asumir hipotecas a 40 años. Es verdad que disfrutamos de una ventaja competitiva en infraestructuras en el sector de las telecomunicaciones, y que el precio de los servicios ha mejorado sustancialmente en la última década. Pero eso no ha sido porque las empresas disfrutaran de grandes márgenes para acometer inversiones, sino por el efecto de la competencia. Preservar un mercado competitivo en el futuro debería ser el principal objetivo de esta subasta.

Este artículo apareció publicado previamente en el diario Expansión.

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Previsiones de primavera

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Funcas ha publicado esta semana una nueva edición del Panel de previsiones, que es una recopilación de las previsiones económicas de veinte instituciones. La media de las tasas de crecimiento del PIB esperadas para 2021 por dichas instituciones se sitúa en el 5,8%. No hay una variación significativa con respecto a la previsión “de consenso” del anterior Panel recopilado en marzo —tan solo un descenso de una décima, muy influido por el reajuste de previsiones de algún panelista, y por una caída del PIB en el primer trimestre mayor de lo anticipado—, siendo lo realmente destacado del actual la revisión al alza del crecimiento esperado para los próximos trimestres.

Gráfico 1

Fuente: Panel de previsiones de Funcas.

Gráfico 2

Fuente: IHS Markit y World Trade Monitor.

Esta mejora de las expectativas está motivada por la aceleración en el ritmo de vacunación y por la positiva evolución de la economía internacional, que se refleja en indicadores como el PMI global, el cual alcanzó en abril el nivel más elevado de la última década, o el dinamismo del comercio internacional, que ya ha superado los máximos anteriores a la pandemia. El encarecimiento de las materias primas, así como la escasez de microchips —hasta el punto de paralizar las cadenas productivas en numerosas plantas automovilísticas—, ponen de manifiesto que la economía mundial se encuentra ya claramente en un punto de inflexión. También la economía española, para la cual los participantes en este Panel prevén un crecimiento cercano al 2% en el trimestre en curso, que se aceleraría hasta superar el 3% en el verano.

Se puede calificar la previsión del 5,8% para el conjunto del año como conservadora: es mayor el riesgo de que se quede por debajo de la realidad, que de que la sobreestime. Todavía persisten importantes incertidumbres con respecto al comportamiento de factores clave en la determinación del resultado final, como la llegada de turistas o el consumo nacional. En cuanto a lo primero, la mayoría de los participantes en el Panel parten de la hipótesis de que en el verano se alcanzará en torno al 40% del nivel anterior a la pandemia, un supuesto que no se puede decir que peque de optimista. Con respecto al consumo, existe una importante dificultad para hacer una predicción, ya que no hay forma de estimar, debido a la inexistencia de precedentes, en qué medida el gasto será impulsado por la enorme bolsa de ahorro acumulado durante el pasado año  —y que probablemente se ha acrecentado en el primer trimestre del actual—. La previsión media de los panelistas para el consumo es un crecimiento del 6,2%, que implicaría el mantenimiento de una tasa de ahorro notablemente por encima de la media de los últimos años. La impresión es que hay un importante margen para un mayor crecimiento. Si, por ejemplo, el turismo fuese 10 puntos superior a la hipótesis central, y el consumo creciera un punto porcentual por encima —nada de lo cual es descartable—, el PIB podría crecer entre siete décimas y un punto más de lo ahora esperado.

Con respecto al próximo año, la
indefinición es aún mayor. La media aritmética del Panel apunta a un
crecimiento del PIB inferior al de 2021, pero los panelistas están divididos
mitad y mitad entre quienes esperan un crecimiento mayor y quienes esperan uno
menor.

Finalmente en cuanto al déficit público, la previsión media es que este año se sitúe en el 8,5% del PIB, una décima más de lo estimado por el Gobierno, si bien aquí existe una gran dispersión en las opiniones. La mayoría de los panelistas esperan un déficit igual o inferior al del propio ejecutivo, al igual que algunas instituciones como el Banco de España o la Airef. Para el año próximo, en cambio, la previsión se sitúa claramente por encima de la oficial, con casi todos los panelistas alineados. La impresión es que, si bien el objetivo para este año es realista, la senda descrita en el Plan de Estabilidad, que apunta un descenso continuado del déficit hasta el 3,2% del PIB en 2024, es inverosímil sin ajustes estructurales de calado.

VIGOR DE LAS EXPORTACIONES | Las exportaciones de bienes registraron un vigoroso crecimiento en marzo, tanto en términos reales como nominales, y se sitúan ya por encima de los niveles previos a la pandemia. Las importaciones también aumentaron con intensidad, aunque menos que las exportaciones. Los bienes de consumo lideraron el ascenso. El saldo comercial total acumulado hasta dicho mes arroja un déficit de 3.300 millones de euros, menos de la mitad del registrado en el mismo periodo del año pasado, aunque el saldo no energético presenta un superávit de casi 2.000 millones. El comercio mundial se encuentra en una fase fuertemente expansiva, reflejo de la recuperación económica global, que añade impulso a la economía nacional.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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