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Aval bancario

Qué es un aval bancario

Hay momentos en la vida en la que, para conseguir algo, como una casa, un coche, o algo de gran valor, la compra requiere de un aval que garantice al vendedor que, pase lo que pase, va a cobrar el precio del bien que pone a la venta. Y por eso, se solicita un aval. Este puede ser personal, o un aval bancario.

Como su nombre indica, un aval bancario es aquel donde la entidad que garantiza el pago (si la persona que debe pagar no lo hace) es el banco. Pero, ¿quieres saber más sobre esta figura? Entonces aquí te explicamos qué es un aval bancario, sus requisitos, cómo solicitarlo y los tipos de avales que existen.

Qué es un aval bancario

Podemos definir un aval bancario como un trámite que se lleva a cabo con el banco donde se ofrece una garantía, en este caso dada por el banco, que responderá en caso de que el avalado (es decir, el cliente) no haga efectiva una obligación hacia un tercero. En otras palabras, el banco responde por nosotros garantizando que, aunque esa tercera persona no cobre de nosotros, sí que tendrá su «dinero» del banco.

Por supuesto, un aval es un riesgo, ya sea para un banco, una empresa o un particular. Muchos lo relacionan con un préstamo, aunque se sabe que no son dos términos similares (sobre todo porque el aval no supone un desembolso económico inmediato, sino que solo se hará efectivo si la persona no se hace cargo de la obligación que debe).

Para que lo entiendas más fácilmente, te ponemos un ejemplo. Imagina que quieres comprar una casa pero no tienes suficiente dinero para hacerlo. Tienes la opción de pedir un préstamo al banco, pero también de que el propio banco te avale. Si optas por esta segunda opción, el banco se convierte en tu aval (aval bancario) para garantizar al dueño de esa casa que, si por algún motivo no puedes pagar, el banco se hará cargo de ese pago.

Ahora bien, esto no lo hace «de manera altruista». En la mayoría de ocasiones hay un contrato de por medio con una tasa porcentual elevada, que es la que actúa como soporte de pago.

Qué se necesita para tener un aval bancario

Qué se necesita para tener un aval bancario

Cómo hemos dicho antes, un aval bancario supone que un banco asuma un riesgo ya que se hace garante en caso de que tú no cumplas con la obligación, principalmente, de un pago. Por eso, aunque las entidades bancarias está predispuestas a conceder este tipo de avales, porque para ellas son muy beneficiosos, se necesita cumplir una serie de requisitos para que acepten.

Para ello, lo primero que debes hacer es formalizar el aval bancario ante un notario. ¿Qué tienes que hacer? Una Póliza de cobertura de garantía bancaria, o bien una Póliza de cobertura para límite de garantías bancarios (cuando son varios).

En realidad se trata de un contrato con tu banco en el que él se compromete a avalarte y a servir de garantía para un tercero en caso de que haya un incumplimiento por tu parte. Pero no solo se queda ahí. También ese documento va a regular las relaciones que tienes con el pago, las comisiones que te piden por ser aval bancario, los intereses y los gastos.

A su vez, un aval bancario debe tener en cuenta 3 informaciones: el importe por el que avala, la duración de ese aval, y las condiciones que se cobran en caso de que haya un impago por parte de la persona obligada al pago.

Tipos de avales bancarios

Tipos de avales bancarios

Dentro de los tipos de avales bancarios, puedes encontrarte con dos tipos que son los más frecuentes. Estos son:

Aval bancario financiero

Se refiere a un aval que tiene como objetivo el pago de una determinada cantidad por parte del banco. Por supuesto, esto no se hará efectivo hasta que la persona falle por sí misma en el pago. Mientras tanto, el banco no tiene que pagar nada.

Aval bancario técnico

Este tipo de avales se refieren a situaciones en las que, cuando hay un incumplimiento de una obligación que no es de pago, el banco se hace cargo de ello.

Para que te sea más fácil de entender, hablamos de situaciones, por ejemplo, ante un organismo público, una administración o incluso una tercera persona. Por ejemplo, puede deberse a una participación en concurso, a una licitación, a ejecuciones de obra, maquinaria, recursos administrativos, etc.

Cómo solicitar un aval

Cómo solicitar un aval bancario

Una vez te decides que la única forma de encontrar un aval es mediante el aval bancario (porque no quieras/puedas usar un aval personal), el siguiente paso que deberías hacer es acudir a tu entidad bancaria para informarte de este tipo de servicio.

La decisión del banco no va a ser inmediata, es decir, primero te van a solicitar todo tipo de documentos para poder estudiar el caso, evaluar el riesgo y ver los beneficios que pueden obtener en caso de que se conviertan en avalistas tuyos. Sin esa información, no van siquiera a prestar atención a tu caso, por lo que es importante que lo lleves todo para ahorrar tiempo; incluida, si es posible, un informe de vida laboral, préstamos si los tienes, bienes materiales, etc.

Tras un tiempo (que puede ser desde unos días a unas semanas o incluso meses), el banco puede aceptar ser el aval bancario. Pero al mismo tiempo impondrá sus condiciones. Por norma general, estas suelen ser de un depósito de entre 3 y 6 meses de lo que has de pagar a esa otra persona en una cuenta que no se pueda tocar hasta que finalice el aval, así como las comisiones o intereses que tendremos por pedir que el banco avale.

Si aceptas, se debe firmar un contrato donde se recoge todo lo anterior. Y listo. Ya tienes aval bancario.

Diferencia entre aval y fiador

Antes de terminar, queremos puntualizar dos conceptos que, en estos momentos, pueden pensar que son iguales, cuando en realidad no es así. Hablamos del aval (o avalista) y del fiador. Ambos tratan de “dar dinero”, pero son muy diferentes entre sí.

Para empezar, un fiador es una persona que responde de otra en caso de que esa otra no cumpla con el pago. El aval hace lo mismo, es decir, garantiza el pago en caso de que la persona obligada no cumpla con ello.

Ahora bien, el aval en sí queda obligado a ese pago en caso de incumplimiento de la persona que debe hacerlo, mientras que el fiador no tiene por qué hacerse cargo del pago mientras no se demande antes al deudor principal.

Por otro lado, aunque los dos términos puedan parecer similares, lo cierto es que ambos actúan en «ligas» diferentes. Un aval es un término mercantilista mientras que fiador es civil.


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Qué es un extracto bancario

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Hay ocasiones en las que te encuentras con una serie de documentos que, a priori, no parecen importantes. Incluso los ves como una pérdida de papel, tiempo y dinero. Sin embargo, estos pueden llegar a ser muy importantes. Es lo que le ocurre al extracto bancario.

Si quieres saber qué es un extracto bancario, qué información te puede ofrecer, las ventajas que te proporciona de cara a contabilidad y algunos otros datos de interés, esta información que te hemos preparado te ayudará a resolver todas tus dudas.

Un extracto bancario se puede definir como aquel documento que el banco envía, bien de forma telemática o por correo postal, en el que se refleja un resumen sobre los movimientos de una cuenta bancaria a lo largo de un mes, así como el saldo disponible de esa cuenta.

En otras palabras, hablamos de un documento en el que se puede ver el movimiento de ingresos y gastos que ha habido en una cuenta bancaria en un periodo concreto de tiempo.

Antes era algo muy común que los bancos enviaran al mes un extracto a sus clientes, a fin de que estos pudieran tener un seguimiento para su contabilidad así como para los ingresos y gastos. Sin embargo, poco a poco esto fue cayendo en desuso, o bien es un servicio por el que se cobra para seguir haciéndolo, de tal manera que muchos han eliminado este envío o bien lo reciben a través de Internet (pudiendo modificar las fechas, tipos de movimientos, etc.).

Qué datos contiene

Qué es un extracto bancario

Cuando pides un extracto bancario, hay mucha información que, si no sabes bien a qué se refiere, te puede abrumar. Sin embargo, es muy fácil de entender. Y es que tendrás 8 puntos diferentes a los que prestar atención. Estos son:

Fecha de emisión

Es decir, la fecha en que el extracto bancario ha sido emitido (impreso, solicitado, etc.). Es importante para así poder controlar los movimientos de un determinado periodo de tiempo.

A fin de saber a qué cuenta bancaria (y persona o empresa) se refiere ese documento que se tiene en las manos.

Código de la cuenta

Hablamos del número de cuenta, de la entidad, oficina y DC. En otras palabras, el código completo de la cuenta o código IBAN.

Fecha de la operación

En este caso te encontrarás con un buen número de ellas, y es que es la fecha en que, ya sea un ingreso o un gasto, se ha registrado en la cuenta bancaria. De ese modo, sabrás cuándo se ha hecho efectivo ese importe (ya sea positivo o negativo).

Concepto de la operación

En este caso te explican a qué ha venido el gasto o el ingreso que se refleja en el extracto. De hecho, a veces es incluso más informativo que la propia fecha o el valor de la operación que se ha llevado a cabo.

Fecha valor de la operación

La fecha de valor, según lo conceptualiza el Banco de España, es el momento en que «comienza a generar intereses un abono en una cuenta corriente o cuando deja de generarlos un adeudo, con independencia del día de la contabilización de la operación o “apunte contable”».

En otras palabras, hablamos de la fecha en que se ha hecho efectiva esa operación.

Importe de la operación

El dinero, positivo (ingreso) o negativo (gasto) que se ha llevado a cabo.

Saldo de la cuenta

Finalmente tendrás el saldo de la cuenta, tanto el anterior, como el que se tiene después de haber hecho un movimiento.

Para qué sirve un extracto bancario

Un extracto bancario no es un mero documento donde se establecen los movimientos de la cuenta (y los cambios de dinero que se tiene en ella), sino que va más allá ya que es muy útil para llevar una contabilidad y un control con respecto a los ingresos y gastos.

Además, a través de este podemos consultar las retiradas de efectivo, los ingresos, los cargos o domiciliaciones, adeudos, comisiones, etc.

Un extracto bancario puede parecer una tontería, pero lo cierto es que tiene muchas ventajas el usarlo, entre ellas, las siguientes:

  • Puedes detectar errores. Gracias a que un extracto bancario te muestra todos los movimientos de una cuenta bancaria, ya sean ingresos o gastos, es la fuente más fiable de lo que ha pasado con tus finanzas y así se puede detectar si ha habido algún gasto o ingreso que no se tuviera en cuenta o no nos acordáramos de él.
  • Puedes confirmar tus ingresos y pagos. Si tienes varios clientes, o varias empresas a las que pagar, con el extracto bancario puedes verificar que efectivamente los ingresos o pagos han sido satisfechos y, de esa manera, olvidarte de ellos (al menos hasta el mes siguiente).
  • Tu contabilidad será más rápida. Porque no tendrás que buscar el pago o el ingreso, tendrás un documento donde se refleje todo de esa cuenta. Si tienes varias cuentas, deberías tener diferentes extractos bancarios que reflejen esa información a fin de cuadrarlo todo a fin de mes (o trimestralmente).

Antes, un extracto bancario solo podía obtenerse acudiendo al banco y solicitándolo en persona. Con el tiempo, este servicio se automatizó, pudiendo obtenerlo a través del cajero automático. Sin embargo, la aparición de Internet y las páginas web, dio un salto más, ya que las personas podían revisar este documento a través de su usuario online en la entidad bancaria.

En la actualidad, tanto esta forma como el uso de la aplicación oficial del banco en el móvil permite realizar este trámite informativo, incluso imprimir el documento para tenerlo físicamente.

Cómo sacar un extracto bancario

Actualmente, sacar el extracto bancario es bastante fácil. Porque puedes acudir a tu oficina del banco y solicitarlo, verlo (y descargarlo) desde la página web de la entidad, mirarlo en la app del móvil o incluso que te lo impriman en un cajero.

Lo bueno es que, si lo miras en la web, podrás escoger un periodo personalizado, algo que, en los otros lugares, no es posible, o tienes que pedirlo expresamente. Además, debes saber que los bancos guardan un registro de todos tus movimientos durante un plazo de entre 5 y 20 años, por lo que más allá de eso no habrá nada.


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Qué es el TIN y la TAE

Qué es el TIN y la TAE

Hay ocasiones en las que podemos confundir los términos financieros, no adrede, sino pensando que son dos conceptos que significan lo mismo o que se malinterpretan (a pesar de ser muy importantes). Eso es lo que le ocurre al TIN y al TAE.

Si quieres saber realmente lo que es el TIN y la TAE, las diferencias entre estos dos conceptos, y aprender por qué son tan importantes y deberías tenerlos en cuenta, entonces este artículo te ayudará a que tengas los conceptos mucho más claros.

Qué es el TIN

Qué es el TIN

A la hora de entender estos conceptos, debes tener en cuenta que hablamos de dos conceptos que se utilizan, sobre todo, cuando se valora y/o se va a pedir un crédito. Por eso son tan importantes, ya que muchos tienen a confundirse, o a no darles la importancia que tienen. Por eso, hay que saber muy bien a qué se refiere cada término.

En este caso, el TIN son las siglas que engloban el Tipo de Interés Nominal. En palabras del Banco del España, el TIN se conceptúa como «Cuando el periodo de tiempo previsto para el cálculo y liquidación de intereses coincide con la forma de expresión del tipo de interés se está utilizando un tipo de interés nominal».

Sin embargo, esta definición no explica demasiado bien a lo que se refiere este término. Para que lo entiendas, el TIN es el dinero que te va a pedir «de más» quien te deje parte de su capital de forma temporal. Por ejemplo, en el caso de un banco, será el interés que te pondrá por prestarte dinero y que tendrás que devolver junto con el resto del dinero que te ha prestado.

Este concepto siempre tiene que ver con un periodo de tiempo (si no se especifica, entonces el periodo de tiempo es anual). Normalmente, se trata de un porcentaje fijo que se pacta con quien va a prestar el dinero, de tal forma que sabes exactamente que, si pides 100 euros, vas a tener que devolver 100 el TIN (que pueden ser 5 euros, 2, 18…).

Cómo calcular el TIN

Calcular el TIN es bastante fácil y no entraña ningún problema. Por eso, te lo explicamos con un ejemplo. Imagina que vas a pedir 100 euros (por ponerlo fácil) y el banco te dice que, por eso, te va a cobrar el 25% del TIN (sin especificar periodo de tiempo). Esto significa que, ese 25% será anual. Es decir, que tendrás que devolverle 100 25%, que serían 125 euros.

Sin embargo, al mes tú no le vas a pagar lo que te corresponda (8,33 euros) más el 25% del TIN, sino que este hay que dividirlo en 12 mensualidades (el año), lo que te deja una cifra de 8,33 euros (préstamo) 2,08 (TIN).

En realidad, el TIN los bancos lo calculan con una fórmula, a fin de después ponerlo a los productos que ellos ofrecen. Esta es:

TIN= Euribor diferencial (este es el que aplica el banco). Esto es lo que dará lugar al «coste efectivo del producto», es decir, a lo que tienes que poner «de más» aparte de lo que pides.

Qué es la TAE

Qué es la TAE

La TAE es en realidad la Tasa Anual Equivalente, un término mucho más «rico», ya que incluye muchos otros datos (más que el TIN). Según el Banco de España, la definición que da sobre este índice es la siguiente: «La T.A.E. es un indicador que, en forma de tanto por ciento anual, revela el coste o rendimiento efectivo de un producto financiero, ya que incluye el interés y los gastos y comisiones bancarias. O sea, que se diferencia del tipo de interés en que éste no recoge ni los gastos ni las comisiones; sólo la compensación que recibe el propietario del dinero por cederlo temporalmente».

En otras palabras, la TAE es en realidad el coste efectivo del préstamo, visto desde un porcentaje del capital prestado. Además, incluye no solo el interés que se aplica, sino también el plazo, comisiones y gastos generados de ese préstamo. Por eso se le dice que da más información al respecto.

La TAE está presenten tanto en productos de ahorro como en productos de préstamos, y en ambos hace lo mismo, es decir, incluir no solo el interés nominal, sino también comisiones y gastos que están relacionados con la operación que se quiere realizar.

Cómo se calcula la TAE

En cuanto a la fórmula matemática para calcular la TAE, esta es algo más compleja que con el TIN. Pero si quieres probar, aquí te la dejamos:

TAE=(1 r/f)f-1

En esta fórmula, r sería el tipo de interés nominal (pero expresado en tanto por uno), mientras que f es la frecuencia (periodo), si es anual, trimestral, mensual…

Qué diferencias hay entre TIN y TAE

Qué diferencias hay entre TIN y TAE

Ahora que tienes algo más claros los conceptos, es posible que se te plantee la duda de las diferencias entre ambos, ya que, hasta ahora, solo sabes que el TIN es un término que da menos datos que el TAE.

El propio Banco de España obligó a las entidades a que, desde 1990, todas las entidades financieras debían publicar la TAE en sus ofertas de productos que lo usaba, con el objetivo de dar toda la información que una persona debe tener en cuenta antes de tomar una decisión.

Pero, ¿tanta diferencia hay entre el TIN y el TAE? Veámoslo:

La forma de calcularlo

Como has podido ver, la forma de calcular el TIN y la TAE son totalmente diferentes. Ya no solo por la fórmula matemática que pueda ser más o menos compleja, sino porque en la TAE hay reflejados más conceptos que en el TIN. Por eso, todo se debe reflejar en el cálculo de esta, aportando al mismo tiempo, más datos (y dando una visión global).

Información

El TIN, por su concepto tan «simple» en realidad es un índice informativo, ya que no refleja la realidad del producto bancario en sí. Este solo expresa un indicador, pero no todo lo demás que influye en el resultado final, como los gastos y comisiones, algo que sí hace la TAE. De ahí que, a la hora de productos bancarios, sea el que realmente nos importe.


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La nueva tecnología bancaria: aplicaciones, adopción e impacto en banca

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El sector
bancario está inmerso en un proceso de transformación tecnológica. Aunque a
lo largo del tiempo se han sucedido numerosos cambios tecnológicos, el actual
proceso de innovación es susceptible de tener un mayor impacto en la actividad
bancaria. El desarrollo de nuevas tecnologías que permiten el análisis masivo
de datos (big data), la inteligencia artificial (IA), la tecnología de
registro descentralizado (blockchain)
y la computación en la nube (cloud computing) empiezan a configurar una
«nueva tecnología bancaria». Su implantación, adopción y uso tiene la capacidad
de alterar la oferta –con bancos más digitales y con la llegada de nuevos
proveedores tecnológicos capaces de ofrecer servicios financieros– y la
demanda de servicios bancarios –con clientes más digitalizados–.

El
cambio en la oferta y la demanda de servicios financieros es fruto del
liderazgo en el gasto tecnológico que protagonizan las entidades bancarias.
Dicho proceso de transformación se caracteriza por estar sometido a una
continua aceleración y por su carácter global. Las estimaciones apuntan a que
este proceso de cambio de la industria bancaria se está acelerando, dado que
las tasas de crecimiento futuras del gasto tecnológico superarán a las
actuales. Utilizando una amplia muestra de entidades bancarias de
Norteamérica, Europa y la región Asia-Pacífico, se observa que los bancos
destinan entre el 7,99% y el 16,15% de su presupuesto a tecnología,
situándose la media en el 11,85%. Se aprecia además una tendencia positiva a
nivel mundial, de modo que los bancos incrementaron un 4,07% la partida
tecnológica en 2018 con respecto al año anterior. Asimismo, la inversión
tecnológica y su tasa de crecimiento parecen retroalimentarse, al observarse
correlaciones positivas entre ambas. De manera que, aquellos bancos que más
invierten en tecnología son también los que más las incrementan.

«La banca líder en la adopción de tecnologías presenta de media un mayor rentabilidad por activo (ROA) y por patrimonio neto (ROE) que la banca denominada menos tecnológica. Asimismo, los bancos con un mayor grado de adopción de las nuevas tecnologías bancarias son capaces de generar más ingresos en relación a su nivel de activos».

Una
parte importante de este gasto, cerca del 26%, se destina a las tecnologías
más innovadoras. Desde el propio sector se identifican cuatro campos como los
más disruptivos: big data, inteligencia artificial, blockchain y
cloud computing. Su uso combinado es lo que se conoce como la «nueva
tecnología bancaria». Su potencial en la oferta de servicios financieros es
muy extenso, aunque el análisis de sus actuales aplicaciones en banca
determina que todas ellas se orientan hacia tres objetivos principales:
fortalecer el posicionamiento competitivo de la entidad ante la llegada de
nuevos competidores, mejorar la experiencia de usuario para ampliar la
capacidad de atraer a nuevos clientes y de retener a los actuales y,
finalmente, ahorrar en costes para mejorar la eficiencia operativa.

La
banca europea destaca a nivel mundial por la adopción de las nueva tecnologías.
Del  análisis textual de las memorias de
las cuentas anuales de las 48 entidades bancarias europeas objeto de los stress-tests por parte del Banco Central
Europeo, para analizar el grado de adopción de nuevas tecnologías entre la
banca europea, se desprende que el 94% de estos bancos hacen referencia al uso
de al menos una de las citadas tecnologías. El porcentaje más elevado de
adopción se corresponde con el uso del big data, seguido de la
inteligencia artificial y blockchain. Este esfuerzo tecnológico del
sector se está produciendo tanto individualmente, donde cada entidad decide y
ejecuta su presupuesto tecnológico de acuerdo con sus prioridades, como a
través de proyectos globales, en los que participan un conjunto de entidades
bancarias (We.trade, Marco Polo, Komgo o Trade Information Network).

¿Cuál es el posible impacto de la adopción de la «nueva tecnología bancaria»? Distinguiendo entre dos grupos de entidades bancarias –aquellas que hacen un uso intensivo de estas tecnologías (bancos líderes en la nueva tecnología bancaria) y aquellas que hacen un uso limitado de las mismas (bancos incipientes en el uso de nueva tecnología bancaria–, se evidencia que existen diferencias entre las entidades en función del grado en que la han adoptado. La banca líder en la adopción de tecnologías presenta de media un mayor rentabilidad por activo (ROA) y por patrimonio neto (ROE) que la banca denominada menos tecnológica. Asimismo, los bancos con un mayor grado de adopción de las nuevas tecnologías bancarias son capaces de generar más ingresos en relación a su nivel de activos. Aunque no pueden inferirse una relación de causalidad, sí parecen existir evidencias a favor de una cierta correlación positiva entre la adopción de las nuevas tecnologías, la rentabilidad bancaria y la capacidad de generar ingresos.


Esta entrada es un resumen del artículo ‘La nueva tecnología bancaria: aplicaciones, adopción e impacto en banca’, disponible en el número 162 de Papeles de Economía Española: La gestión de la información en banca: de las finanzas del comportamiento a la inteligencia artificial

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Fronteras del big data para el análisis económico y financiero en banca

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La irrupción
digital y el avance tecnológico han supuesto una revolución en la sociedad y
en la organización empresarial a la que el sector financiero no es ajeno. Lo
que sigue es el análisis del impacto que el uso de la ciencia de datos y la
inteligencia artificial han tenido en su transformación, en los procesos
internos de las entidad Fronteras del big data para el análisis económico y
financiero en banca

es y en el
servicio al cliente, analizando el marco técnico, competitivo y regulatorio
que delimita la frontera del big data y que será clave en el impacto
sobre la industria de servicios financieros.

El sistema
financiero requiere un extenso y dinámico uso de datos, la principal materia
prima del cambio tecnológico actual. A través de ellos el sector está
cambiando como consecuencia de las nuevas opciones de personalización masiva y
la posibilidad de crear mercados individuales para cada usuario por parte de
múltiples proveedores. La experiencia de otras industrias más avanzadas en el
uso del dato muestra que esta tecnología se ha dirigido menos a diferenciar
precios –aunque sí a reducirlos– y más a proporcionar a los usuarios
información más apropiada, y relevante para sus intereses, concentrándose en
ser más preciso en los objetivos y las recomendaciones al cliente. También
permite una mejor verificación de la información y crear una reputación
digital, clave en el negocio financiero.

«En el sector financiero, la generación de masa crítica alrededor de la información va a ser un elemento de competencia crucial, en el campo de juego que fije la regulación».

Tres son
los pilares para la aplicación de técnicas avanzadas de análisis de datos en
el sector financiero: la ética, la regulación y la gobernanza. Solo la
combinación de estos tres elementos permite generar soluciones de valor
añadido, satisfacer al cliente y merecer su confianza, el pilar imprescindible
sobre el que se seguirá desempeñando la provisión de servicios financieros.
A pesar de las grandes oportunidades que ofrece este nuevo entorno de
abundancia de datos, el uso del big data por las entidades financieras
presenta grandes retos, ya que el dominio de estas técnicas requiere contar
con datos masivos y de calidad, pero también talento humano y tecnología
adecuada, además de disponer de un marco organizativo y tecnológico que
garantice la seguridad y disponibilidad de la información y recursos
necesarios para generar valor añadido sin crear nuevos riesgos.
Adicionalmente, existen muchos otros aspectos técnicos, competitivos y
regulatorios que afectan a la capacidad de las entidades financieras de extraer
valor con estas técnicas. Son todos estos cambios los que deberían permitir
que esta tecnología termine generando un aumento de productividad en el sector
cuando se produzcan todas las innovaciones que se necesitan.

La gestión
del dato está alterando los procesos de creación de valor en el sistema
financiero generando la aparición de nuevos servicios y nuevos actores; y
tiene el potencial de cambiar la estructura de la industria. En otros sectores
se ve una tendencia hacia plataformas, donde el efecto de red es vital. En el
sector financiero, la generación de masa crítica alrededor de la información
va a ser un elemento de competencia crucial, en el campo de juego que fije la regulación.

Las grandes masas de datos disponibles hoy día han supuesto un incremento cuantitativo y cualitativo de la información para el análisis social, económico o financiero, así como para el desarrollo de servicios financieros más personalizados e innovadores o la mejora de los procesos que los soportan. Es por ello que las aplicaciones generadas a partir del uso de la ciencia de datos han aumentado exponencialmente en los últimos años, así como el valor añadido que generan, permitiendo (i) entender mejor el entorno en el que se desarrolla el negocio mediante el análisis de dinámicas sociales o tendencias geopolíticas y sus interconexiones con la economía; (ii) generar nuevos indicadores en alta frecuencia que complementan las cifras publicadas por los institutos oficiales de estadística para predecir el ciclo económico; (iii) ajustar nuestra estrategia y oferta comercial a las condiciones económicas; (iv) ajustar nuestra oferta de servicio a clientes en base al análisis de datos, ofreciéndoles información para tomar mejores decisiones, y (v) mejorar la eficiencia y el control de nuestros procesos.

Es
imprescindible, además, una coordinación entre el sector público y privado
para aprovechar el potencial del big data dado que la información de
instituciones privadas puede ayudar a instituciones públicas a mejorar la toma
de decisiones, la formulación de políticas, los servicios públicos o la
eficiencia de los procesos administrativos, como por ejemplo para analizar el
impacto de desastres naturales (terremotos o inundaciones), estudiar la
evolución de enfermedades o epidemias para conocer mejor su diagnóstico y
tratamientos médicos, entender los patrones de desplazamiento para apoyar la
planificación urbana, la seguridad vial y la gestión del tráfico, así como
la protección del medio ambiente.

El futuro del sector financiero hay que enfrentarlo con decisiones que delimiten el marco de acción, las reglas de competencia entre todos los jugadores posibles, y que garanticen la protección del consumidor y la estabilidad financiera, pero que permitan cubrir las necesidades de los usuarios, respetar las expectativas éticas de las sociedades y conseguir un crecimiento sostenible e inclusivo. Como siempre, pero también como nunca, dado el nuevo papel del uso de los datos masivos.


Esta entrada es un resumen del artículo ‘Fronteras del big data para el análisis económico y financiero en banca’, disponible en el número 162 de Papeles de Economía Española: La gestión de la información en banca: de las finanzas del comportamiento a la inteligencia artificial

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El enorme valor de la información para la banca

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Si tuviéramos el mismo celo por nuestra información del que tenemos por el dinero, entenderíamos mejor las oportunidades y amenazas de nuestro tiempo. 4.000 millones de personas en todo el mundo acceden a servicios online y los financieros y bancarios se encuentran entre los más destacados. La capacidad de procesar datos crece pero lo hace más lentamente que la acumulación de los mismos. Un tuit de un político influyente arrastra a las bolsas en cuestión de minutos. Un cliente puede pagar con una sonrisa. Todo avanza demasiado rápido. El resultado es que quien sea capaz de filtrar la información relevante y usarla para su conveniencia será quien domine la economía y las finanzas. Probablemente también el orden mundial. Al fin y al cabo, si Estados Unidos y China andan a la gresca no es por comercio, ni medioambiente ni derechos humanos sino por superioridad tecnológica, la guerra mundial silenciosa de nuestro tiempo que altera procesos electorales, afecta a los equilibrios en muchos mercados y maneja nuestras opiniones y preferencias sin que muchas veces lo sepamos. Llamémoslo manipulación o verdad instantánea pero es demasiado veloz para aprehenderlo adecuadamente.

En el mundo bancario, la gestión de la información no es sólo una cuestión de demanda y de análisis de las preferencias reveladas. Estas decisiones están también significativamente influenciadas (si no orientadas) por variables de oferta: los medios y canales tecnológicos que las entidades financieras ponen a disposición de los clientes y el modo en que estos responden a sus necesidades. Cómo compartir información y con quién es la variable competitiva fundamental estos días. En una apasionante jornada de presentación de un monográfico de Papeles de Economía Española de nuestra fundación sobre estos temas hace unos días, quedó patente que compartir información va a ser la clave estratégica de la industria financiera en los próximos años. Sin embargo, esto sólo puede lograrse con una comprensión multidisciplinar del tratamiento de los datos. Reconocer las propias limitaciones y buscar nuevas fronteras en los demás.

Es curioso que en muchos servicios, y en banca también, se sigue estando abocado a tomar decisiones muy aceleradas sin poseer todavía los datos y, lo que es más importante, sin procesarlos para darles una verdadera utilidad. Como expresaría el Sherlock Holmes de Un escándalo en Bohemia: “No poseo todavía datos. Constituye un craso error el teorizar sin poseer datos. Uno empieza de manera insensible a retorcer los hechos para acomodarlos a sus hipótesis, en vez de acomodar las hipótesis a los hechos.”

«No puede pensarse sólo en la oferta –quién controla la información y que servicios ofrece– sino si la demanda puede seguirle los pasos a los proveedores a la misma velocidad. Sobre todo cuando empezamos a entender que se observa una racionalidad limitada de muchas decisiones económicas».

Los reguladores tienen mucho que decir sobre cómo articular estos flujos de información. Sabemos que la segunda directiva de pagos europea (PSD2) obliga a las entidades financieras a traspasar la información de los clientes que así lo deseen a terceros proveedores. Esto puede dar una gran utilidad a los consumidores en forma de servicios más amplios y eficientes. También impone desafíos para la privacidad. La gran pregunta es, en todo caso, si otros proveedores no financieros no tienen también información que podría compartirse (las grandes tecnológicas por ejemplo) y que también podría expandir la utilidad y conveniencia de los servicios ofrecidos a los clientes. El campo de juego no es aún equitativo entre banca y nuevos y potenciales proveedores.

Tal vez un problema aún más importante es que no puede pensarse sólo en la oferta –quién controla la información y que servicios ofrece– sino si la demanda puede seguirle los pasos a los proveedores a la misma velocidad. Sobre todo cuando empezamos a entender (aunque estamos lejos de internalizar completamente) que se observa una racionalidad limitada de muchas decisiones económicas, de lo que pueden derivarse lecciones importantes de cultura financiera con implicaciones para la riqueza y la igualdad.

Han sido varios los estudios que han señalado que pueden existir restricciones cognitivas que, combinadas con un nivel reducido de cultura financiera, pueden llevar a la toma de decisiones sobre ahorro o inversión que violan algunos principios financieros básicos. En el bombardeo de información y de canales que dan un acceso ultra-rápido a servicios financieros, existe la idea extendida (como en otros servicios) de que se tiene más confianza en un proveedor cuanto más uso se hace de sus servicios. En un estudio de neuroeconomía que hemos conducido recientemente con científicos de otros campos, lo que los resultados sugieren es que más uso no implica necesariamente más confianza sino más inseguridad.

Seguramente, muchos de lo que usan pocos servicios digitales tendrán otras razones para ello, pero la paradoja es que su actividad cerebral muestra niveles de confianza y seguridad mayores.

En este sentido, sería un error pensar que si los ciudadanos se inclinan más hacia usar más los medios digitales es necesariamente porque confían en ellos. Puede ser exactamente porque necesitan revisar continuamente lo que hacen porque son sus finanzas y les causa inseguridad. Se está seguramente a medio camino entre digitalizar a los españoles financieramente y manejar adecuadamente su confianza. Desde la computación hasta el análisis de actividad neuronal, pasando por un amplio espectro de estudios experimentales, los estudios interdisciplinares están abriendo nuevas vías de comprensión de la generación y gestión de la información y el sector bancario –bancos y clientes– puede beneficiarse enormemente de ello para orientar el cambio.


Esta entrada apareció originalmente en el diario Cinco Días.

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Cuenta profesional: sin comisiones y con más servicios

Una cuenta profesional es un producto que está presente en la oferta de todas las entidades de crédito y que se caracteriza principalmente porque sirve para gestionar el dinero procedente de la actividad profesional de los usuarios. Está destinada a emprendedores, profesiones liberales y trabajadores por cuenta propia y es una forma muy práctica para gestionar los ingresos y gastos de estos perfiles de clientes en un solo producto bancario.

Para comercializar la cuenta profesional los bancos la ofrecen exenta de comisiones y otros gastos en su gestión o mantenimiento. Pero en cualquier caso, es necesario cumplir con una serie de requisitos para su formalización. Una de estas exigencias pasa por aportar unos ingresos profesionales a recibir que sean iguales o superiores a 1.000 euros netos mensuales.

En algunos casos, estas condiciones en la contratación se endurecen con la demanda de domiciliar al menos  tres recibos en el trimestre. Se consideran ingresos válidos en la Cuenta Profesional los que se realicen mediante cheque o transferencia, remesas y TPVs. En ninguno de los casos se permite compatibilizarla con los movimientos personales de cada uno de sus titulares.

Cuenta profesional: ¿como son?

Otra de las particularidades en esta clase de cuentas bancarias es que permiten que cada titular pueda tener suscrita dos cuentas de estas características. Siempre y cuando cumplan con los requisitos de las mismas y avisar a la entidad financiera de este hecho. Mientras que por otra parte, son cuentas que por lo general no cuentan con una remuneración reseñable ya el tipo de interés que reporta apenas rebasa el 0,10 % en el mejor de los casos. Aunque a cambio de contener los gastos desde el momento de su emisión.

Un aspecto que hace inconfundible a este producto financiero es que se puede demandar un talonario de forma gratuita desde donde puedan realizar sus titulares los gastos profesionales. al contratarla, lleva aparejada una tarjeta de crédito o débito totalmente exenta de gastos en su emisión y mantenimiento. Desde donde se podrá retirar dinero en efectivo en los cajeros automáticos. Al igual que, en ciertos casos, de una línea de crédito permanente de hasta 10.000 euros. Con una devolución fija o en porcentaje sobre el total de la deuda, con un mínimo del 3 %.

Mostrar actividad cada trimestre

De todas formas, la cuenta profesional deberá estar activa durante buena parte del año. Es decir, realizar al menos tres movimientos de pago al trimestre. Ya que de no cumplirse este requerimiento impuesto por los bancos será cancelada automáticamente por los mismos. Por otro lado, se trata de un producto que permite evitar descubiertos (hasta 500 euros) en la cuenta. Para que de esta forma, este movimiento no sea penalizado, como por otra parte sucede en otra clase de cuentas bancarias dirigidas a otros colectivos sociales.

También hay que incidir que este formato de cuenta genera otras prestaciones que serán muy beneficiosas para sus titulares. Entre ellas que se pueda acceder a herramientas especialmente habilitadas para los profesionales o emprendedores, como por ejemplo fuentes de financiación especialmente diseñada para satisfacer sus necesidades de liquidez para el mantenimiento de sus negocios. Al igual que un asesoramiento especializado para atender todas las necesidades de tu negocio. Otro de los incentivos que utilizan las entidades bancarias para su comercialización es la aportación de los denominados seguros empresariales. Con primas superiores a 1.000 euros por año y que contempla aquellas coberturas más necesarias para las pequeñas y medianas empresas. Mientras que por último, eliminan los gastos en cheques y pagarés, transferencias y otra clase de productos financieros. En cualquier caso, cada entidad aporta alguna que otra seña de identidad para diferenciarse de la oferta de la competencia.

Beneficios de este producto

En cualquier caso, las cuentas profesionales no es un producto dirigido a todos los perfiles de clientes. Si no que por el contrario van destinado a uno muy bien definido y que se trata de profesionales o trabajadores por cuenta propia que desean tener una herramienta bancaria para desarrollar sus movimientos bancarios. A través de un producto que satisface sus necesidades al aportarles los servicios y prestaciones más idóneos para su actividad profesional. En algunos casos, incluso con la opción de ahorrarse dinero todos los años a través de las comisiones y otros gastos en su gestión o mantenimiento. Que es lo que buscan al fin y al cabo.

Dentro de este contexto general, las cuentas profesionales bancarias es un arma muy eficaz desde donde puedes gestionar su dinero, pagara a sus trabajadores o saldar las cuotas mensuales de sus líneas de crédito. Con una mayor optimización que desde las cuentas corrientes o de ahorro con unos formatos más tradicionales o convencionales. En donde las entidades bancarias ofrecen unos servicios y prestaciones mucho más específicas y destinadas a esta parte del tejido productico de la economía española.

Al igual que otro producto de reciente creación y que muy innovador en su concepción como son las transferencias instantáneas y que son requeridas en buen número de casos por parte de los profesionales o trabajadores autónomos. Y que vamos a explicar con más detalle como son y cuál es un funcionamiento y mecánica. Para que puedas utilizarlos a partir de estos momentos y en función de tus necesidades reales en tu negocio o actividad profesional. Porque están en el mercado bancario desde hace muy poco tiempo y necesitas conocer mejor este modelo de pago.

Transferencias instantáneas

Las transferencias instantáneas se constituyen en una de las soluciones más eficaces cuando se requiere el envío de dinero a terceras personas. No puede olvidarse que las transferencias bancarias es un movimiento muy habitual para realizar pagos, saldar deudas o pagar la cuota de alquiler de la vivienda. Pero un grave inconveniente que tiene esta transacción monetaria es que normalmente suele tardar entre 1 y 2 días hasta que es recibida por el destinatario. Un hecho que crea en algunas ocasiones incidencias muy poco deseadas por parte de los usuarios bancarios.

Para subsanar esta incidencia en las transferencias más convencionales se han diseñado los envíos instantáneos que suelen abreviar la operación en muy pocos minutos. El efecto más inmediato es que el traspaso del dinero se realizará casi en tiempo real. Este es el objetivo principal de las denominadas transferencias instantáneas que son formalizadas a través del sistema TIPS (target instant payment settlement) o lo que es lo mismo, pago instantáneo. De esta forma, el dinero que manden los clientes llegará antes a su destino.

¿Cómo funcionan?

A pesar de lo que pueda parecer desde un principio, este sistema no está desarrollado exclusivamente para operaciones realizadas desde los dispositivos tecnológicos (móviles, tabletas, etc.). Sino que por el contrario, mantiene los canales tradicionales de otros sistemas de envío. Es decir, desde la propia sucursal bancaria o el ordenador personal. Si se escoge esta última opción se tendrá la gran ventaja de que la operación podrá hacerse a cualquier hora del día, incluso en los fines de semana. Ante la necesidad de los clientes de afrontar un pago de cierta urgencia en este periodo de la semana.

Por otra parte, no hay ningún requisito para acceder a este servicio bancario, tan solo acreditarse como cliente de la entidad financiera en donde se tengan depositados los ahorros a través de una cuenta corriente u otros productos de similares características. Este servicio conlleva un coste para las entidades de 0,20 céntimos por euro en cada operación, aunque dependerá de su decisión para que el importe pueda o no recaer en el cliente.

Además presenta una sutil diferencia, respecto a las transferencias consideradas como  tradicionales, y es que no habrá ningún intermediario en este proceso monetario. Para beneficio de ambas partes que estarán en disposición de cumplir con sus objetivos.

Importes de las operaciones

Otro de los aspectos que deben valorarse en las transferencias instantáneas es que existen unas limitaciones en relación a la cuantía de los importes enviados. Este medio de pago permite movimientos a cuenta que pueden llegar a un importe máximo de 15.000 euros. Con el beneficio adicional de que no habrá esperar ninguna notificación en el sentido de que el envío se haya realizado correctamente y ha llegado a su destinatario. Porque en el mismo momento de dar la orden se tendrá constancia de que la operación se ha llevada a cabo con toda normalidad.

Esta es una operación que inicialmente está habilitada para los países miembros de la Unión Europea y por tanto se formalizará en euros. No obstante, no es muy complicado llegar a un acuerdo con los bancos para que pueda producirse en otras divisas internacionales: libras esterlinas, dólares norteamericano o francos suizos. En este caso, exigirá de un aviso al banco para expresar estas necesidades de los clientes y en cuyo caso contará con la aplicación de una comisión por el cambio de moneda que oscila entre el 0,20 % y 1% sobre el importe total de la transferencia, en función de cada entidad financiera. Es decir, es un movimiento que estará penalizado si desea mandar dinero a otros países que no estén situados en la zona euro, como por ejemplo Estados Unidos, Gran Bretaña o México.


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El aumento del crédito al consumo no ha elevado la vulnerabilidad financiera de las familias

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Desde 2014, cuando se inicia la recuperación de la economía española, hasta 2017, el crédito nuevo a los hogares destinado al consumo (y a otros fines no relacionados con la vivienda) creció a tasas relativamente dinámicas –de dos dígitos cada año, excepto en 2016–. En 2018 su crecimiento se ralentizó, y en 2019 prácticamente se estancó.

Gráfico 1

Fuente: Banco de España.

No obstante, pese al vigoroso crecimiento de los años anteriores, el volumen del nuevo crédito concedido a los hogares en 2019 apenas alcanzaba el 44% del otorgado en el punto álgido de la etapa expansiva, en 2007. Por otra parte, el stock de deuda de las familias se ha mantenido a la baja durante todo el periodo comentado, debido a que las amortizaciones de la deuda superaban el volumen del crédito nuevo.

Por estos motivos, no podía considerarse que el intenso crecimiento del crédito al consumo observado especialmente entre 2014 y 2017 supusiera un riesgo desde el punto de vista macroeconómico. No obstante, en algunos momentos despertó cierta preocupación, por el temor a que se pudieran generar focos de vulnerabilidad localizados, especialmente entre los hogares con menos rentas. Así, el Banco de España advirtió en varias ocasiones a las entidades financieras de que vigilaran este tipo de créditos, por el peligro de aumento de riesgos en sus balances (por ejemplo, el Informe de Estabilidad Financiera, mayo 2018).

No obstante, la última Encuesta Financiera de las Familias (EFF) publicada recientemente por el Banco de España, correspondiente al año 2017, parece despejar estos temores. Conforme a dicha encuesta, el porcentaje de hogares que tienen algún tipo de deuda efectivamente creció desde un 49% en 2014 hasta un 53,2% en 2017. Dicho crecimiento tuvo lugar en todos los percentiles de renta, aunque en los más altos el ascenso fue menor. Asimismo, fueron concretamente los créditos personales y las deudas de tarjetas de crédito los tipos de deuda donde se produjo dicho aumento de hogares endeudados, mientras que el porcentaje de hogares con otro tipo de deudas, como hipotecarias, descendió ligeramente.

No obstante, según los resultados de la EFF, el valor mediano de las deudas pendientes descendió para todos los tipos de deuda y para todos los percentiles de renta –excepto para el percentil más alto–, en algunos casos dramáticamente. Así, el valor mediano de la deuda –para el conjunto de hogares y de tipos de deuda– se redujo desde 46.200 euros a 35.000 euros. Y lo que es más importante desde el punto de vista de la posible vulnerabilidad de las familias, el porcentaje de la renta familiar que suponen los pagos por deudas se redujo desde el 18,6% en 2014 hasta el 15,8% en 2017, siendo precisamente los percentiles más bajos de renta los que han experimentado descensos más acusados.

«Desde el inicio de la recuperación hasta 2017 el porcentaje de hogares con deudas aumentó […] Pero el valor de esas deudas se redujo, lo que unido a la bajada de los tipos de interés y también al aumento de la renta familiar por el aumento del empleo, ha dado lugar a un descenso en la carga que supone el pago de esas deudas».

María Jesús Fernández

Otro indicador más relevante aún,
el porcentaje de hogares con deudas cuyo servicio supone más del 40% de su
renta, disminuyó desde el 7,3% del total de hogares hasta el 5,2%, siendo los
tramos más bajos de rentas los que experimentaron una mejoría más acusada. Así,
el porcentaje de hogares con una carga elevada de deuda dentro del percentil
más bajo de renta sufrió una caída desde un 13,6% en 2014 hasta un 9,3% en
2017. En el siguiente percentil más bajo, el descenso fue desde el 10% de los
hogares hasta el 7%.

Es decir, desde el inicio de la
recuperación hasta 2017 el porcentaje de hogares con deudas aumentó, concretamente
con préstamos personales y deudas de tarjetas de crédito. Pero el valor de esas
deudas se redujo, lo que unido a la bajada de los tipos de interés y también al
aumento de la renta familiar por el aumento del empleo, ha dado lugar a un
descenso en la carga que supone el pago de esas deudas. Además, ha supuesto un
descenso sustancial en el porcentaje de hogares en situación de vulnerabilidad
–es decir, de los hogares cuya carga de la deuda es superior al 40% de su renta–,
especialmente entre los hogares de rentas más bajas, que han sido los más
beneficiados por el aumento del empleo.

En conclusión, se puede decir que
el fuerte incremento del crédito al consumo, y de otros tipos de crédito no
relacionados con la vivienda, que tuvo lugar en el periodo estudiado, no ha ido
acompañado de un aumento de la vulnerabilidad financiera de las familias, ni de
la formación, como se temía, de focos de vulnerabilidad localizados entre las
familias de rentas más bajas. Por tanto, tampoco ha tenido lugar una acumulación
de riesgos en los balances de las entidades financieras en estos últimos años.

La última EFF se refiere a 2017,
de modo que no sabemos lo que ha sucedido en 2018 y 2019. No obstante, la
fuerte ralentización en el ritmo de crecimiento de este tipo de crédito en
dichos años –y también del crédito a la vivienda– inducen a pensar que la
situación no ha empeorado. En cualquier caso, conviene recordar que la
vulnerabilidad de los hogares, especialmente en los deciles más bajos de
rentas, sí que podría aumentar si el empleo deja de crecer.

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Año duro para la banca

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La banca parece seguir abocada a realizar una serie de trabajos hercúleos
que lleva acometiendo desde hace una década y, como el héroe griego, trata de
encontrar un entorno más tranquilo en el que recuperar el aliento. El beneficio
neto conjunto de las seis mayores entidades financieras españolas en 2019 fue
de 13.592 millones, un 18,4% menos que en el ejercicio anterior. El sector
puede asumir los condicionantes que afectan negativamente a su rentabilidad,
pero también aspira a un campo de juego en el que haya un nivel de oxígeno
financiero y competitivo razonable.

Entre las cargas que se asumen y de las que cuesta desprenderse destacan las que son herencia de la Gran Recesión. Por un lado, el deterioro de activos, del que buena parte del trabajo parece hecho u ordenado. Por otro lado, la no siempre adecuadamente ponderada distribución de responsabilidades de la crisis y los efectos sobre su imagen. Es éste un problema que, además, convierte al sector, en ocasiones, en blanco de una vindicación política. Asimismo, hay una clara consciencia de que, como la mayor parte de empresas de servicios, los de intermediación financiera tienen que avanzar por la vía de la digitalización, con estructuras más ligeras.

«No se pone en cuestión —ni desde el propio sector— que la reordenación normativa poscrisis tuvo muchos elementos necesarios para restaurar la estabilidad financiera y la confianza a largo plazo. Pero el cumplimiento normativo comienza a alcanzar un peso burocrático con solapamientos y no siempre razonado».

Santiago Carbó

Sin embargo, otro tipo de limitaciones aparecen con una concurrencia e intensidad más controvertida. El cuarto trimestre del pasado año fue un fiel reflejo. Antes de enfilar la recta final del pasado ejercicio la expectativa de gran parte del sector financiero era que los bancos centrales propiciarían un cambio monetario que contribuyera a una mayor normalización. En particular, ir dejando atrás los tipos negativos y las medidas expansivas. No sólo no se produjo, sino que se ha seguido avanzando por la vía de la laxitud monetaria. Según datos del Banco de España, el Euribor siguió en negativo en enero (-0,25%) y hubo un aumento interanual pírrico del crédito a hogares (0,2%) y empresas (0,5%), que venía cayendo desde septiembre (tras haber crecido los 16 meses anteriores) por la caída de expectativas económicas que refrendó el nuevo bandazo monetario.

Otro elemento que aporta peso al vuelo bancario es la regulación. No se pone en cuestión —ni desde el propio sector— que la reordenación normativa poscrisis tuvo muchos elementos necesarios para restaurar la estabilidad financiera y la confianza a largo plazo. Pero el cumplimiento normativo comienza a alcanzar un peso burocrático con solapamientos y no siempre razonado y, sobre todo, parece tener poco sentido hablar de nuevos impuestos especiales para la banca. Además de contribuir tributariamente como el resto de empresas, las aportaciones al seguro común (el fondo de garantía de depósitos) de los bancos son cuantiosas (1.100 millones de euros en 2019).

Justo estaba la banca esperando un año de cierta remontada y la mayor parte de analistas apostaban a una importante recuperación de valor bursátil, cuando la macroeconomía y la inercia monetaria sigue presionando a la baja a corto plazo. La expectativa sigue siendo de mejora a largo plazo pero, en el corto, hay notables obstáculos.

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La banca emite menos créditos a sus clientes

El margen de intereses crece un 2,7% pese al entorno de bajos tipos de interés en Europa. Este es el denominador común en las actuaciones de los bancos durante el primer tramo de este año. En donde también se pone de manifiesto que la concesión de créditos ha disminuido en este periodo por parte de las entidades financieras. Hasta el punto de decrecer su demanda en varios puntos porcentuales respecto al año anterior. En un entorno general en el que los tipos de interés han descendido como consecuencia del abaratamiento en el precio del dinero en la zona euro.

Por primera vez en la historia el tipo de interés en la zona euro está situado en el 0 %. Es decir, no tiene ningún valor y esto se refleja en los resultados empresariales de las entidades financieros que han menguado en sus márgenes de intermediación. Debido a que sus ganancias por este concepto se han resentido sensiblemente. Jugando en contra de su posicionamiento en los mercados de renta variable. Más allá de otra serie de consideraciones de carácter técnico y puede que también desde el punto de vista de sus fundamentales.

Mientras que por otra parte, las imposiciones bancarias a plazo fijo se han visto igualmente mermadas por su baja rentabilidad como consecuencia del abaratamiento en el precio del dinero. Según los últimos datos del Banco de España, un depósito medio a 12 meses en su plazo de permanencia tiene en estos momentos un tipo de interés del 0,13 % aproximadamente. Uno de los más bajos a través de los últimos años y que ha generado que buena parte de los pequeños y medianos inversores hayan optado por otros modelos en la inversión y el ahorro. Como por ejemplo, los fondos de inversión y en algún  que otro caso, la compra y venta de acciones en bolsa.

Bancos: depósitos con menos intereses

Una de las características de este producto financieros en los últimos años es su importante bajada en el interés que aplican los bancos. En donde es muy complicado rebasar el nivel del 0,60 % por depositar el dinero a través de este modelo bancario. Ello ha generado que se haya desviado el ahorro hacia otros modelos más rentables. Aunque conlleven más riesgos en las condiciones de contratación al no estar garantizada ningún retorno fijo todos los años. Dentro de un contexto general en el que prima los estímulos en la suscripción de esta clase de productos financieros, tanto de la renta fija como de la variable.

Mientras que por otra parte, también hay que incidir en que están emergiendo otros productos que son más estimulantes para resguardar los ahorros en un entorno ciertamente complicado para los mercados de renta variable. En donde  hay opciones en que se puede mejorar la rentabilidad, pero a costa de asumir más riesgos en la contratación de estos productos financieros. No en vano, ya hay pocos productos considerados seguros el 100 %, como era el caso de las imposiciones bancarias a plazo fijo. Y este hecho está incidiendo en los resultados empresariales de las entidades de crédito.

Los créditos más baratos que antes

Otro de los aspectos que está incidiendo en el posicionamiento de las entidades bancarias es el menor beneficio que están obteniendo por la concesión de sus créditos. En cualquiera de sus modalidades y formatos: al consumo, personales, hipotecarios o incluso a través de los emitidos a través de las tarjetas de crédito. Hasta el punto de que el precio de sus acciones se han visto afectadas por este escenario que presentan los bancos como consecuencia del abaratamiento en el precio del dinero. En donde el tipo de interés medio que vienen aplicando en estos momentos está situado en una horquilla que va del 6 % al 8 %. Varios puntos porcentuales más bajos que hace unos años, antes de empezar la crisis económica.

Mientras que por otra parte, también incide en que las comisiones y otros gastos en su gestión  o mantenimiento se hayan reducido sensiblemente frente a otros periodos más expansivos desde el punto de vista monetario. Al igual que se ha produce un notable repunte en su demanda, aunque en los últimos meses esta tendencia haya cambiado en los hábitos de los usuarios bancarios, tal y como se desprende de los últimos datos que ha proporcionado el sector bancario. En un entorno muy complicado que ofrece muchas dudas a las pequeños y medianos inversores que hayan tomado posiciones en algunos de los valores de este importante sector dentro de la renta variable nacional.

Contratación de otros productos

Otra de las consecuencias directas de este cambio en los hábitos de los clientes bancarios es el hecho de que los fondos de inversión hayan repuntado en los últimos meses. Porque en efecto, según la Asociación de Instituciones de Inversión Colectiva y Fondos de Pensiones (Inverco) pone de manifiesto que en medio de la elevada incertidumbre que condicionó el comportamiento de los mercados, los Fondos de Inversión redujeron su patrimonio en mayo en 4.500 millones de euros (1,7 % menos que el mes anterior), situándose en 264.492 millones de euros, algo más de 6.977 millones de euros por encima del cierre de 2018 (2,7 % más que en diciembre pasado).

Este descenso patrimonial se debió en su totalidad al mal comportamiento de los mercados, puesto que se registraron suscripciones netas por valor de 414 millones de euros en el periodo. Afectado, tanto a los fondos de inversión de renta variable como a los procedentes de la renta fija. Al igual que desde los formatos alternativos, como por ejemplo monetarios, inmobiliarios o incluso basados en materias primas. Aunque el balance de este año sea claramente positivo para los partícipes de este producto financiero.

Comprar acciones en bolsa

Los pequeños y medianos inversores más agresivos siempre tienen el recurso de decantarse por la compra y venta de acciones en los mercados financieros de renta variable. En un año muy complicado pero que de momento se está saldando del lado positivo. Es un riesgo que debe asumirse para mejorar la rentabilidad de sus ahorros ante los débiles retornos en los productos de renta fija y bancario (imposiciones, pagarés o bonos). Siendo otra de las fuentes de beneficio por parte de las entidades de crédito por las comisiones y gastos que conlleva su contratación.

Aunque cada vez sea más complejo rentabilizar las operaciones al más corto plazo debido a la volatilidad que emergen en los mercados de renta variable. En donde es muy difícil mantener varios días seguidos de subidas pronunciadas. Aunque reparten dividendos entre sus accionistas con una rentabilidad media que se aproxima al 5 %. En cualquier caso, superior a la que ofrecen los productos destinados al ahorro que apenas rebasan niveles del 1 %. En un contexto general en el que cada vez es más complicado asegurarse una mínima rentabilidad al dinero invertido. Y que está llevando a los usuarios a bancarios a solicitar modelos de inversión que son de nueva creación.

Concesión de los créditos

El balance consolidado de los grupos bancarios españoles superó a 31 de marzo de 2019 los 2,6 billones de euros, con un crecimiento del 3,2 % interanual soportado de manera significativa por el incremento de los epígrafes representativos de la actividad típica de la banca comercial minorista. Tanto el crédito como los depósitos de la clientela crecieron por encima del 5 %, mientras que el saldo de los valores representativos de deuda emitidos aumentó en un 9 % interanual.

El crédito a la clientela, por otra parte, alcanzó 1,6 billones de euros hasta marzo, lo que supone un 5,2% más en tasa interanual y representa casi el 60 % del total de los activos del balance. La ratio de morosidad se situó ligeramente por debajo del 4 % tras una reducción de más de medio punto porcentual respecto a la tasa de un año antes, con un nivel de cobertura equivalente al 67,4 % de los activos dudosos, frente al 68,7 % del año anterior.

Los depósitos crecen más del 5 %

Los depósitos de la clientela se situaron por encima de 1,4 billones de euros, un 5,5 % más que en marzo de 2018, con lo que ya representan más del 55 % del total del balance y permiten mantener la ratio de créditos sobre depósitos en el 108 %. Por otra parte, el saldo de los valores distintos de acciones emitidos se ha incrementado en 30.000 millones de euros, un 9,3 % durante los últimos doce meses, hasta un volumen de más de 350.000 millones de euros.

En sentido contrario, la financiación neta captada de bancos centrales y entidades de crédito se ha reducido hasta un saldo neto de 13.000 millones de euros, apenas un 0,5 % del total balance, con una disminución anual de 35.000 millones de euros. A 31 de marzo de 2019, el patrimonio neto se elevó a 192.000 millones de euros, con un incremento anual del 1,7 %. Expresado en términos de coeficiente de solvencia, la ratio de capital de máxima calidad CET1 fully loaded se situó en el 11,3 %, lo que significa 20 puntos básicos más que un año antes.

El crédito a la clientela, por otra parte, alcanzó 1,6 billones de euros hasta marzo, lo que supone un 5,2% más en tasa interanual y representa casi el 60 % del total de los activos del balance. La ratio de morosidad se situó ligeramente por debajo del 4 % tras una reducción de más de medio punto porcentual respecto a la tasa de un año antes, con un nivel de cobertura equivalente al 67,4 % de los activos dudosos, frente al 68,7 % del año anterior.


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