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Demanda y balas de plata

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Llegó la covid-19 y el confinamiento obligó a cerrar la mayor parte de la oferta. Persianas abajo y a esperar. La demanda se hundió en paralelo. Con la vuelta de la actividad hemos comprendido, sin embargo, que es el virus —y no nosotros— el que marca el paso de la economía. Todos los propietarios de negocios saben que es importante permanecer abiertos ya que otro cierre sería catastrófico. Son conscientes también de que, si los rebrotes y el miedo se extienden, la demanda permanecerá muy retraída y sus ventas no les llegarán para cubrir gastos. A muchos ya les sucede. La esperanza común es que llegue la bala de plata que acabe con el virus. Hay motivos para la esperanza. También peligros que evitar y gestionar.

«Sigue habiendo dos modelos, el de controlar y el de confinar. Se quiere encontrar un balance entre economía y salud mientras llega un certero disparo del plateado proyectil. Confiar en la buena voluntad y responsabilidad individual no funciona. Ejercer diferentes grados de control en territorios que se interconectan, tampoco».

Santiago Carbó

La situación actual la marca un número reproductivo básico (número de terceros infectados que puede generar una personada afectada por el virus) que ya viene buena parte del mes de julio superando la unidad. Traducción: el virus se extiende a ritmos similares a los de finales de marzo y abril. Aparentemente con menor fuerza y menos incidencia hospitalaria. De momento. La bala de plata soñada es la vacuna. Llegan noticias alentadoras. En todo caso, la comunidad científica prefiere tentarse la ropa antes de asegurar que pueda acabarse con el coronavirus en un solo golpe. Es más realista pensar en vacunas de incidencia temporal variable y en tratamientos efectivos que permitan una convivencia social e interacción económica más normalizadas. Incluso si llega la vacuna o tratamientos más avanzados habrá una polémica importante sobre dónde, cuándo o cómo implementarlos prioritariamente. Esto puede dar a paso a situaciones sociológicamente lamentables y a desigualdades sociales de consideración.

Hoy por hoy es crucial seguir actuando de manera local. En España, hay muchas balas de plomo propias de cierta efectividad pero no infinitas (ERTE, créditos con garantía pública, moratorias de préstamos y otras) y otra importante munición que llegará —ojalá unida a reformas consensuadas y potentes— desde la UE. Hablar de reconstrucción futura no nos da licencia para dejar que la destrucción se abra paso estos meses. En este punto, cómo se cuentan las cosas es trascendental para actuar. Si cada cual tiene (o cree tener) una información distinta, actuará de forma distinta. Esto pasa hoy en día entre comunidades autónomas y dentro de las mismas. Diferente capacidad de detección, diferente procesamiento de la información, diferente celeridad en la actuación. Umberto Eco, que sabía un poco del valor de la palabra, lo resumía tajantemente: “Toda información es importante si está conectada a otra.” En España, hoy parece estar más desconectada que hace dos meses.

Para la economía, la elección del modelo de
gestión de la pandemia sigue siendo tan simple como dura. Sigue habiendo dos
modelos, el de controlar y el de confinar. Se quiere encontrar un balance entre
economía y salud mientras llega un certero disparo del plateado proyectil.
Confiar en la buena voluntad y responsabilidad individual no funciona. Ejercer
diferentes grados de control en territorios que se interconectan, tampoco.
Demasiados problemas antes del otoño.

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Onyze cierra una ronda de inversión de 250.000 euros

La startup Onyze, que ofrece servicios de custodia e infraestructura para activos digitales a terceras empresas, como Bitcoin y otras criptomonedas; ha cerrado una ronda de financiación de 250.000 euros, en la que han participado inversores privados del sector bancario, tecnológico y legal.

Onyze es una startup con sede en Madrid, fundada por su CEO Ángel Luis Quesada (también CEO de Kubide), Álvaro Alcañiz y Eneko Knörr. La empresa ha construido una tecnología que permite a sus clientes, entre los que hay fondos de inversión, banca y diversas tipologías de empresas fintech, construir sus propios servicios y productos basados en activos digitales de una forma sencilla.

Como dice Ángel Luis Quesada, «nuestro objetivo es permitir a las compañías implementar activos digitales, como Bitcoin, a su portfolio de servicios, sin que esto suponga un dolor de cabeza para sus equipos de producto».


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El desempleo no es del 15,3%, la alfombra de los ERTE y los nuevos inactivos maquilla la dura realidad

Ayer el INE publicó los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del segundo trimestre que son de suma importancia para evaluar cómo está evolucionando el mercado laboral y que nos puede dar una idea del impacto de la pandemia en el trimestre del confinamiento.

En primer lugar, nos observamos que la ocupación se ha reducido en 1.074.000 personas durante el segundo trimestre del año, lo que representa una disminución del 5,46%, dejando la ocupación final en 18.607.200. Esa reducción es histórica, el récord anterior correspondia al primer trimestre de 2008 (-771.000 ocupados).

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Esta reducción está justificada porque se ha producido mayoritariamente un aumento del número de "inactivos" ya que les ha caído encima abandonar el mercado laboral y tener que buscar empleo en una situación de pleno confinamiento, un hecho imposible y de ahí que entren en esta categoría específica y no la de "parados" que pueden buscar activamente empleo. Estas personas inactivas que habrían abandonado el mercado laboral se cuantifican en 1.062.800, 12.000 menos que todo el descenso de la ocupación.

Desde abril hasta junio, vemos que el número de parados ha subido únicamente en 55.000 personas hasta situarse finalmente en 3.368.000, un incremento trimestral del 6,03% y un incremento anual del 4,25%. Aportando estos datos, la tasa de paro final se situaría en el 15,33%, una subida de 0,92 puntos más frente al primer trimestre del año.

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Pudiera parecer un dato positivo... el desempleo sube pero no se dispara en los meses de confinamiento, quizás la crisis no es tan grave. Pero el dato del paro hay que matizarlo y mucho ¿Qué está sucediendo realmente?

Por un lado, valoran como un flujo de "no parados" la pérdida de ocupados pasando a inactivos, aquellos que han abandonado el mercado laboral y el confinamiento les ha impedido buscar empleo. Otros "no parados" son los ocupados que están afectados por ERTE (no están trabajando pero se encuentran dentro de los ocupados). En este último grupo, se aglutina un volumen de 4.706.200, lo que supone un incremento de 2.739.300 frente al trimestre anterior.

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Ambas cifras permiten maquillar la realidad del mercado laboral. Pero si queremos analizar el problema real del paro, deberíamos sumar el total de identificados como parados (3,37 millones), el flujo en este trimestre que han pasado de ocupados a inactivos (1,06 millones) y los ocupados que no han trabajado por el ERTE (4,7 millones).

La cifra resultante es de 9,13 millones de personas que están apartados de la actividad productiva, nuestro stock listo para entrar a producir inmediatamente. Si entenderíamos ese dato como los parados reales, la tasa de paro que es la relación de parados frente a la población activa (21,975 millones) sería del 41,5%, un dato que le separan 26 puntos de la tasa de paro oficial.

La actividad productiva se está destruyendo a marcha forzadas y más allá de la tasa de paro que tal y como está diseñada no permite enfocar la realidad existente en el mercado laboral, podemos poner los ojos en el número de horas efectivas de trabajo realizadas que incluye la toda la pérdida de fuerza laboral. En este caso, se tiene en cuenta el grupo de afectados por ERTE y otros tipos de ausencias como el paro parcial por razones técnicas o económicas, enfermedad, accidente o incapacidad temporal.

Las horas efectivas de trabajo realizadas se han reducido un 22,59% frente al primer trimestre del año. Esta caída de horas efectivas realizadas nos permite entender qué ha sucedido en el mercado laboral este trimestre y anticipar el hundimiento del PIB español en el segundo trimestre alrededor de un 20%. Aunque debemos tener en cuenta que la pérdida de horas será de mayor o menor importancia según la productividad que esté asociada a estas pérdidas.

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5 tendencias en comercio electrónico que vinieron para quedarse (tras el coronavirus)

El comercio electrónico es uno de los pocos sectores que ha salido reforzado tras el COVID-19, asentando importantes tendencias dentro del negocio online.

  • El 60% de la población seguirá demandando productos a través de herramientas digitales tras la pandemia.
  • Este nuevo hábito ya es una rutina entre los usuarios, generando nuevas tendencias y puestos de trabajo dentro del comercio online que te revelamos en este post.

En las últimas semanas, el comercio electrónico ha promediado un 40% más de compradores que en 2019. Y aunque esta tendencia al alza ya se está estabilizando, sin duda, el COVID-19 ha marcado un antes y un después en el consumo online.

¿Cómo ha afectado la pandemia en el comportamiento del consumidor tradicional? ¿Están preparadas las empresas para las nuevas tendencias del negocio online? En este post, te damos todas las respuestas.

La crisis del COVID-19 ha marcado un antes y un después en la forma de entender el consumo online.

Los nuevos hábitos en el consumo tras la crisis

Sin duda, la situación ocasionada por el coronavirus ha empujado al sector online a lo más alto, donde incluso el miedo a comprar por Internet se ha perdido.

La consultora MARCO, en una de sus últimas encuestas, revela que un 60% de los consumidores compra más por Internet. Y en ese porcentaje se encuadran los mayores de 65 años, un colectivo que ha descubierto la comodidad de comprar por Internet y que antes de que estallara la pandemia se mostraba reticente a recurrir a la red como canal de compra.

Asimismo, mientras que en la era “pre-covid” realizar compras online en el sector de la moda o la tecnología estaba normalizado, el hábito tras el confinamiento ha experimentado un crecimiento del 9% en el sector del “Gran Consumo” (comestibles, cuidado personal, etc.) según un estudio de la consultora Kantar.

Todo ello ha conducido al nacimiento de un nuevo consumidor online que, además de buscar la inmediatez, la compra personalizada o canales de pago seguros, también abarca todos los tramos de edad.

El sector del gran consumo online ha experimentado un crecimiento del 9% a raíz de la pandemia.

Las nuevas tendencias del negocio online

1. El blockchain

La cadena de bloques (blockchain), es una tecnología en auge dentro del comercio electrónico. Permite realizar transacciones directas entre usuarios, donde no intervienen intermediarios. De esta forma, se descentraliza la gestión y se facilita a todos los participantes un mismo libro de registro o base de datos.

Esta tecnología se desarrolla sobre plataformas que se comunican mediante redes de pares iguales (P2P) a través de conexiones a Internet y a gran velocidad, ofreciendo a los clientes una mejor experiencia de compra.

Un reciente informe elaborado por AMETIC destaca que la inversión en blockchain en España experimentará un crecimiento sostenido del 54% hasta 2023.

2. Big Data

¿Te suenan las frases “productos que pueden interesarte” o “tu lista de deseos”? El Big Data, un proceso de recolección y análisis de grandes cantidades de información, es el responsable de esta funcionalidad. Dado que el 45% de los consumidores del comercio electrónico prefieren comprar en una página que recomiende productos de manera personalizada, las empresas no pueden ignorar esta estrategia.

En definitiva, los macrodatos son capaces de analizar los hábitos de compra del usuario lanzando ofertas personalizadas que generan consumo compulsivo.

3. Realidad aumentada

La realidad aumentada (AR) está experimentando un brutal crecimiento en el negocio online. Y aunque no es un recurso nuevo en el mercado (Pokémon Go, por ejemplo, alcanzó los 500 millones de descargas tras dos meses en el mercado), tanto el ecommerce como el retail físico se están dando cuenta de su enorme potencial.

Esta tendencia ofrece mensajes mucho más efectivos. Además, aporta un valor añadido: disminuye la tasa de devolución porque se reduce el gap entre la expectativa del producto visionado y el real.

4. Ecommerce en redes sociales

La compra online a través del smartphone gana cada vez más adeptos, convirtiendo a las redes sociales en una plataforma más de comercio electrónico. No es sino a través del teléfono móvil como el usuario suele conectarse a este tipo de plataformas, por lo que comprar por redes como Instagram (que ya cuenta con 1.000 millones de usuarios) era cuestión de tiempo.

5. La sostenibilidad

Actualmente, son cada vez más los consumidores que reclaman que las empresas sean responsables con el entorno, e incluso se informan, antes de comprar, para comprobar si sus políticas son sostenibles. De hecho, según un reciente estudio, el 77% de los usuarios se declaran “eco-selectivos”.

Es fundamental que las empresas entiendan las tendencias online actuales para cubrir las exigencias futuras. Solo así pueden adaptar su estrategia a las necesidades del mercado y marcar la diferencia en el entorno digital.

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Una estrategia para el sector turístico

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La crisis desatada por la covid-19 en el ámbito del turismo va cobrando protagonismo a medida que avanza la temporada veraniega, en la que se suceden preocupantes noticias como la cuarentena recientemente impuesta por Reino Unido a los viajeros procedentes de España. Se trata de una crisis de intensidad y duración mayor que en otros sectores, lo que es un hecho especialmente relevante para un país como el nuestro, en general, y más en particular para determinadas comunidades autónomas.

Funcas celebró el pasado 16 de julio un evento virtual con el doble fin de analizar, por un lado, el importante impacto económico que la pandemia está teniendo sobre el sector y, por otro, reflexionar sobre las posibles estrategias que le permitan afrontar el futuro con garantías. En el acto participaron Aleix Calveras, profesor de la Universitat de les Illes Balears, y Raúl Hernández Martín, director de la Cátedra de Turismo de la Universidad de La Laguna, moderados por Juan José Ganuza, director de Estrategia y Economía Industrial de Funcas.

Aleix Calveras planteó que en el caso del turismo la crisis se manifiesta en cuatro dimensiones que se solapan. Se trata de una crisis de salud pública, combinada con una crisis de movilidad, económica y de cambio en el comportamiento de los turistas. De este modo, la demanda turística se ve afectada por cambios en la renta de los consumidores, en los precios y en las preferencias, junto a un cambio en el marco de seguridad y movilidad. De cara al diseño de políticas, afirmó, es importante tener en cuenta algunas particularidades del sector, como la necesidad de usar un enfoque de demanda, las asimetrías de información, el papel estratégico del transporte, los problemas de gobernanza, la estacionalidad o la segmentación del mercado. En base a estas premisas valoró algunas medidas planteadas por el Plan de impulso para el sector turístico y planteó algunos retos y estrategias para la política turística durante y después de la pandemia.

Para Raúl Hernández, la causa del desproporcionado impacto en el sector es el alto contenido social del consumo y la producción turística (en el transporte, alojamiento, etc.). Y la consecuencia es que, sin tener la pandemia bajo control, bien sea mediante una vacuna, bien mediante la correcta implementación de todas las medidas de la ‘nueva normalidad’ (distancia social, protocolos sanitarios, trazabilidad, etc.), la reactivación turística no será posible: la demanda no despegará por miedo al contagio. Por tanto, según Hernández la estrategia turística debe primar la seguridad sanitaria, lo que implica: (i) reactivación basada en pocos (y elegidos) turistas; (ii) rediseño del producto turístico a nivel de empresas y de destino, con la seguridad sanitaria en mente; y (iii) papel activo de los gobiernos en el control y la supervisión de los protocolos adoptados por lo agentes económicos.

Puede ver aquí la grabación íntegra del seminario Una estrategia para el sector turístico en tiempos de pandemia.

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Cuando una red descentralizada pasa a ser de los delincuentes: se popularizan en las cripto-monedas los ataques del 51%, el atraco al banco

Desde estas líneas siempre les expusimos que la cripto-economía, y en concreto Blockchain y su contabilidad distribuida habían llegado a nuestro mundo para quedarse, y que eran un avance de gran futuro y la forma más robusta existente de defenderse ante los ataques informáticos.

Ahora bien, por mucho que con Blockchain la información esté más a salvo de los bits del lado oscuro, eso tampoco significa que estén totalmente a salvo. Y es que ahora se están popularizando los cripto-ataques del 51%, con los que ni siquiera una red descentralizada es capaz de poder asegurar la veracidad de la información, y por lo tanto no puede mantener a salvo sus cripto-monedas (entre otras muchas cosas).

Las redes descentralizadas siguen siendo la mejor respuesta contra el siempre cierto riesgo de intrusión informática

Cuando Una Red Descentralizada Pasa A Ser De Los Delincuentes Se Popularizan En Las Cripto Monedas Los Ataques Del 51 El Atraco Al Banco 2

Una de las razones que siempre les hemos expuesto por las que las redes descentralizadas pueden ser mucho más seguras a la hora de salvaguardar la información, y mantenerla a salvo de que pueda ser modificada por los ciber-delincuentes es que ningún servidor informático está a salvo de una intrusión desde el lado oscuro de la red. Así, como siempre va a haber un agujero informático aún desconocido por explotar (los famoso “zero-day exploit”), o algún parche de seguridad que no ha sido aplicado que corrija vulnerabilidades ya conocidas, lo cierto es que todo sistema computacional es susceptible de sufrir algún tipo de ataque que comprometa el dinero o la información que alberga.

Por ello siempre nos pareció brillante la aproximación del misterioso Satoshi Nakamoto, por la cual diseñó Blockchain bajo la premisa de que, si no puedes evitar que se puedan meter en tu ordenador, al menos aprovéchate de que es imposible que se metan en cientos de ordenadores a la vez. Así nació su visión de la seguridad informática en las redes distribuidas, con cientos (o miles) de nodos conteniendo la misma información, y que la verificaban unos con otros ante cada nueva transacción. Esto servía inicialmente para garantizar la propiedad de los Bitcoins, pero sirve igualmente para certificar la autenticidad de cualquier otro tipo de dato que se guarde en los bloques de información de la red de contabilidad distribuida en cuestión, como puede ser el historial kilométrico de un coche de segunda mano que pretende usted comprar, la verificación del origen de ese producto de comercio justo y la ausencia de intermediarios que multiplican su margen sin aportar apenas valor, la autenticidad de la propiedad de cualquier activo (incluidas acciones o propiedades) en cualquier contrato de compra-venta, o tantos otros posibles usos de Blockchain que simple y llanamente tienden al infinito.

Pero ahora el nuevo ataque del 51% hace posible un secuestro masivo de las redes centralizadas, haciendo posible un "atraco a la banca"

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Siendo cierto todo lo anterior, nunca se le podrá negar al lado más oscuro de la red y de la tecnología, que ellos van siempre un paso por delante en lo que a innovación se refiere. Y es que el que ese adelanto les reporte onerosos (aunque execrables) beneficios supone todo un acicate para seguir llevando la delantera a autoridades y entidades de todo el mundo. ¡Ay, si estos oscuros seres aplicasen sus capacidades para hacer el bien! Mucho más avanzados estaríamos todos, y ellos más evolucionados personalmente, porque lo que hacen es realmente una muy censurable forma de ganarse la vida a erradicar en cualquier Socioeconomía que aspire a dar unos mínimos estándares de seguridad digital a sus ciudadanos. Sería bonito, pero el hecho es que esos seres de penumbra siempre van a estar ahí, así que los que vivimos en el lado diáfano de la tecnología por lo menos podemos sacar (muy a su pesar) lo poco que pueden aportar de bueno a nuestro mundo: aprender a defendernos de ellos mismos y catalizar su mal-hacer para mejorar nuestra tecnología.

Así, vamos a sintetizar en unas líneas qué es exactamente uno de esos ataques del 51% que citábamos, y que suponen la primera innovación que pone en jaque real a lo que es la cripto-economía y las redes descentralizadas. Como hemos explicado antes, la seguridad de una red descentralizada viene por el hecho de que es muy difícil comprometer la veracidad de su información, ya que hay cientos (si no miles) de nodos descentralizados que entre todos verifican cada transacción. Así, si bien hackear un único servidor puede ser prácticamente un juego de niños para cualquier iniciado, hackear miles de servidores a la vez en teoría es misión imposible… hasta que llegaron estos ataques del 51%, que literalmente secuestran justo el peso específico necesario para darle la vuelta al algoritmo de la red de contabilidad distribuida, y hacer que sean mayoría unos nodos fraudulentos que harán valer la información falsa que interesa colar en el sistema al lado oscuro.

Lo que un ataque del 51% hace exactamente es, aprovechándose de haber conseguido en algún momento acaparar en la red descentralizada en cuestión un 51% de peso, pasan a hacer valer su nuevo poder sobre la información que alberga para evitar que nuevas transacciones puedan conseguir las confirmaciones necesarias para ser ejecutadas debidamente, con lo que conseguirían literalmente congelar la actividad y las transacciones de la red atacada, puesto que las transacciones no lograrían llegar a conseguir de los nodos las suficientes confirmaciones mínimas para que puedan ser validadas en incluidas en uno de los bloques (afortunadamente y merced a Satoshi Nakamoto) inalterables que forman la base de la contabilidad distribuida. Bueno, a priori a cualquier lector esto le puede parece algo malo, pero no letal. Pues no es poco lo expuesto por ahora, porque deben tener en cuenta que las cripto-monedas aspiran a convertirse en un medio de pago masivo, y en ese supuesto escenario un grupo de atacantes con un ataque del 51% conseguiría parar cualquier economía basada en lo cripto: tengan en cuenta que ya hay proyectos de cripto-monedas nacionales anunciados por países como la siempre innovadora monetariamente Suecia.

No obstante, hay que aclarar que por ahora este tipo de ataques no permitirían alterar la información validada en bloques ya cerrados (por ejemplo en Bitcoin se cierra un bloque cada unos 10 minutos), puesto que esto generaría una inconsistencia en la red muy fácilmente detectable, y los usuarios o aplicaciones cliente. Y cuanto más antiguas sean los bloques y sus transacciones, más complicado será para los atacantes revertirlas, hasta que a partir de cierto punto les será totalmente imposible una vez que éstas estén ya “grabadas a fuego” en el propio software de Bitcoin. Un ataque del 51% tampoco permitiría generar nuevos Bitcoins, si bien sí que permitiría a los atacantes evitar que otros nodos puedan cerrar sus bloques, y por lo tanto podrían hacerse con los beneficios en Bitcoins de su capacidad de minado ejecutada durante el transcurso del ataque.

Pero es que el perjuicio potencial de un ataque del 51% es extremadamente grave y no se queda ni tan siquiera en lo expuesto hace un par de párrafos (que no es poco), sino que además, durante el tiempo que los atacantes tienen la red bajo su control, éstos son capaces de revertir cualquier operación que los usuarios hayan podido intentar hacer, comprometiendo a gran escala la veracidad de la información y la fiabilidad de las transacciones ya hechas y que deberían ser en teoría “irrepudiables”. Y el tema es que además esta capacidad de reversión de transacciones ya realizadas permite incluso que los atacantes puedan gastar o cambiar por monedas fiduciarias los mismos Bitcoins/altcoins varias veces (lo conocido como “double-spend”), en lo que es una flagrante violación de las bases más fundamentales (y existenciales) que sustentan la cripto-economía. Imagínese por un momento que Bitcoin fuese hoy por hoy una moneda de adopción masiva, y que unos atacantes tomasen control de la red durante uno minutos durante los cuales con los mismos Bitcoins pudiesen comprar, no uno, sino cientos de pisos, coches, acciones… o todo lo que se precie (nunca mejor dicho) en tokens cripto. ¿A que ahora la cosa ya les va pareciendo muy grave?

¿Pero cómo es posible que los atacantes se hagan con el 51% de los servidores que conforman una red descentralizada si por ejemplo en el caso de Bitcoin eso puede suponer tomar el control de miles de ordenadores a un tiempo? Ahí está ni más ni menos el quid de la cuestión, y es que ese 51% mínimo imprescindible para tomar el control de la red no es en número de servidores, sino en capacidad de cómputo o en capacidad de minado, y en esa ecuación entran pues algunas otras variables que pueden ser explotadas de forma viable y, si los atacantes eligen el momento propicio, les permite el asalto con éxito. Y como mejor demostración, estos ataques del 51% no sólo no llegan a dar sus resultados hoy por hoy, sino que incluso se están volviendo dañinamente frecuentes, y el lado oscuro se las podría ingeniar para en cualquier momento incluso hacerse con la red del propio Bitcoin, que es el estandarte más representativo y la plaza más fuerte del mundo cripto.

Pero lo cierto es que, por el momento, el tamaño de la red es un plus, como ya se desprende de los términos de la seguridad de contar con muchos nodos en los que siempre les hemos hablado desde aquí, al exponerles las grandes ventajas de las redes descentralizadas. Y es que son precisamente los forks los principales responsables de que cada vez sea más barato para los ciber-delincuentes atacar con éxito algunas redes, porque un fork como el de Bitcoin Gold es lo que hacen a algunas monedas especialmente vulnerables a estos ataques. Esto es así ya, que tras el fork, la nueva moneda escindida sigue compartiendo muchas veces base tecnológica y algoritmo con la cripto-moneda madre, pero frente a la cual son de peso específico muy inferior. Ello permite mal-utilizar ese hermanamiento para, aprovechándose de que la capacidad de minado en la moneda madre es muy superior, reutilizarla para atacar a la misma moneda hija con la que comparte algoritmo.

Esto ocurre con Bitcoin y Bitcoin Gold, pero también con Ethereum Classic y Ethereum, y con cualquier fork de una moneda con una red extensa que dé a luz una nueva moneda mucho más reducida en términos comparativos. Así, el “precio”-umbral para que unos atacantes puedan hacerse con una red de cripto-monedas se ha reducido drásticamente, y ascendía hace unos trimestres a 70 millones de dólares en el caso de Ethereum Classic (en aquel momento su capitalización era de 1.500 millones), a sólo 2 millones en el caso de Bitcoin Cash (cuando tenía una capitalización de 16.000 millones), y a unos exiguos 200.000 dólares para Bitcoin Gold (frente a una capitalización de entonces de 786 millones). Como ven, aquí no sólo computa el tamaño de la red atacada, sino que uno de los factores más determinantes (entre otros) es también su diferencia relativa con respecto a su moneda-madre de la que hicieron el fork en su día.

Y buena parte del problema reside en la denominada “Prueba de trabajo” (Proof-of-Work o PoW) de algunas cripto-monedas, que otorga peso en la red a cada nodo en base a la resolución que hace de problemas criptográficos muy complejos con su consiguiente consumo de energía, y que además convierte a estas vulnerables monedas en un cripto-desastre energético que derrocha innecesariamente energía en la época del cambio climático, para el que en su día ya analizamos alternativas viables y de futuro. Este problema va yendo a menos para las cripto-monedas que optan por pasar a un modelo más sostenible de “Prueba de participación” (Proof-of-stake o PoS), como ya hiciera Ethereum en su momento, y que basa el peso relativo de cada nodo en la red en el número de cripto-monedas que posee en cada momento.

Ahora bien, como les decía, el lado oscuro sigue al acecho, y no duden de que en cualquier momento puede atacar también de una forma innovadora a las redes descentralizadas más robustas como las basadas en la PoS, porque de hecho ya hay bibliografía sobre cómo se pueden ejecutar este tipo de ataques del 51% también sobre las redes basadas en PoS: ese salomónico 51% de peso de la red supone en la práctica la principal robustez de una red descentralizada, pero paradójicamente supone a la vez su principal Talón de Aquiles. Además, en última instancia, no olviden que incluso con la PoS el éxito de un ataque del 51% depende estrictamente del dinero que puedas apostar en él, y que una vez hecha la apuesta, el beneficio es oneroso y muy lucrativo, un escenario muy siniestro y plausible cuando ya les analizamos cómo la burbuja de las cripto-monedas fue manipulada por una única mano fuerte muy muy muy oscura.

Los ataques del 51% están hoy a la orden del día, y han hecho ya “de las suyas”, ¿Qué se puede hacer para evitarlos?

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Ya el 30 de Mayo de 2018 sin ir más lejos, un grupo de atacantes tomó el control de la red de Bitcoin Gold, un fork escindido en 2017 de la rama principal de Bitcoin, y que comparte con su cripto-moneda progenitora no pocas características técnicas, lo cual hace que el propio Bitcoin pueda caer en cualquier momento igualmente víctima de uno de estos ataques. En este sentido, no es sólo Bitcoin Gold en exclusiva la red que ha caído (temporalmente) en manos digitalmente sucias, sino que otras redes como Verge han sufrido varios ataques, reportando uno de ellos beneficios al atacante por valor de más de 35 millones de dólares en apenas unos minutos. Y también lo han sufrido altcoins de menos renombre como Monacoin o Electroneum. Ahí es nada, 35 millones (aunque posteriormente fueron recuperados por fortuna). ¿Van entendiendo la ecuación innovación-beneficio que les decía antes que le hace de acicate al lado oscuro para llevarnos la delantera? Estos destructivos ciber-delincuentes se hacen literalmente de oro en unos minutos.

Pero los ataques del 51%, aunque empezaron con fuerza a repuntar hace un par de años, lamentablemente no son ni mucho menos cosa de pasado. De hecho, a finales del pasado Enero, Bitcoin Gold (de nuevo) sufrió otro incidente de este tipo, aunque en esta ocasión el botín de los ciber-delincuentes fue poca cosa en comparación con otros “atracos a la banca” anteriores. En ese mismo sentido, hace tan sólo un par de meses, los cripto-analistas ya alertaban de que Bitcoin Cash estaba de nuevo en el punto de mira de los ataques del 51% debido a la operación de “halving” que llevó a cabo. Y los ataques se han seguido sucediendo, y aunque en la última ocasión el ataque pudo ser minimizado con éxito porque los responsables de Bitcoin Gold llegaron a enterarse de los planes de los ciber-delincuentes, otro ataque más del 51% ocurrió el pasado 11 de Julio, hace poco más de dos semanas. Como ven, el riesgo de este tipo de vulnerabilidad sigue muy presente hoy en día, y nuestros lectores más cripto-entusiastas deben tenerlo muy en cuenta.

Así que ya saben que, para minimizar las probabilidades de que ustedes sufran en sus propias carnes uno de estos “atracos a la banca”, deben valorar que mantenerse en cripto-monedas respaldadas por redes descentralizadas muy extensas es una (relativa) garantía, al igual que lo es no elegir altcoins con una moneda hermana mayor que sea “muy mayor” en términos comparativos. Una última forma de minimizar estos ataques sería elegir también cripto-monedas que hayan elevado sus requerimientos del número de confirmaciones para dar por válida una transacción, pues esto encarece y dificulta directamente el precio del éxito de un ataque del 51%. Lo mismo ocurre con las cripto que tengan por diseño una complejidad cripto-gráfica más elevada. Así que no cunda el pánico, porque aunque en el mundo virtual nadie nunca puede decir que está totalmente a salvo del lado más siniestro de la tecnología, monedas reputadas como Bitcoin o Ethereum siguen siendo relativamente seguras por el momento, y salvo que el I D del lado oscuro no dé con una nueva y disruptiva innovación para sembrar el mal y recoger tokens para sí. Como ven, en el mundo cripto hay que andarse con tanta o más cautela que en los mercados tradicionales, en los que cualquier inversor (especialmente los pequeños) deben estar “ojo avizor” y saber bien en qué valores se meten: con las cripto es más de lo mismo, y siempre en esencial informarse adecuadamente antes de entregar nuestros ahorros fiat en un exchange a cambio de unos cuántos tokens. Recuerden siempre que en este mundo cuesta mucho esfuerzo ganar el finero, como para andar poniéndolo en manos poco confiables.

Porque lo que es una máxima de todo mercado, cripto o tradicional, es que algunos no dudan en tratar de reventar el mercado con fines siempre lucrativos en (por ahora) términos económicos. Lo que subyace detrás es ni más ni menos una censurable naturaleza humana de algunos que sólo quieren vivir a costa del dinero de los demás. Y esto último del “(por ahora) en términos económicos” lo decimos porque no duden de que en el mundo del lado oscuro hay no pocas conexiones fehacientes entre diversos corpúsculos tecno-terroristas y ciertos gobiernos, que se pueden permitir gracias a ellos ser líderes en esa guerra ciber-social con la ya ha quedado patente que están destruyendo occidente, y que no dudarán en usar también la cripto-economía como arma de destrucción masiva contra nosotros si fuese necesario y está a su alcance.

Cuando Una Red Descentralizada Pasa A Ser De Los Delincuentes Se Popularizan En Las Cripto Monedas Los Ataques Del 51 El Atraco Al Banco 5

No lo olviden, como toda herramienta que ha inventado el ser humano desde la noche de los tiempos, lo cripto tiene sus usos muy positivos, pero también sus muy negativos. Y es que entre estos últimos, la cripto-economía también puede ser utilizado como un arma ofensiva, y dada su gran capacidad de causar daños económicos y sistémicos, debemos estar muy muy muy vigilantes para que su avance hacia la adopción masiva vaya pareja a su robustez… Y ni aún así las tenemos todas con nosotros. Hay veces que a uno se le pasa por la mente convertirse en un Amish 2.0, pero la adopción tecnológica es así, depende de la mayoría de la socioeconomía, y si una innovación es adoptada por una mayoría, al final todos debemos elegir entre la adopción forzosa o la exclusión socioeconómica. En muchos casos no acaba habiendo mucha otra elección posible.

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Fin del modelo exportador

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Una de las principales diferencias entre esta crisis y la que se desató hace una década como consecuencia de los desajustes estriba en el contexto internacional. Tras una contracción en 2009, el comercio mundial de bienes y servicios se recuperó y mantuvo una senda expansiva incluso durante los periodos de tensión sobre la solvencia de nuestro país, en 2011-2012. Todo ello, junto con la mejora de la posición competitiva de las empresas, explica que el sector exterior jugara un papel transcendental en la recuperación, tanto en España como en el resto de la eurozona. Así es como la eurozona ha pasado a ostentar el récord mundial de excedente externo, superando incluso a China.

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Pero las tornas han cambiado con la pandemia. La crisis ha agudizado las tensiones proteccionistas entre EE UU y China, mientras que se intensifica el giro en la globalización, por la relocalización de la producción de bienes y servicios considerados como estratégicos, desde países que no presentan garantías de seguridad para los suministros. A esas tendencias previas a la crisis se añaden otras inéditas como el hundimiento del turismo internacional, uno de los pulmones de nuestra economía.

Gráfico 2

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Por otra parte, parece muy improbable que las economías que nos garantizaban jugosos excedentes estén en condiciones de seguir tirando de nuestras exportaciones. Las persistentes incertidumbres en torno al Brexit, junto con la profunda recesión que golpea a Reino Unido, amenazan con hacer tambalear una de las principales fuentes de ingresos para las empresas internacionalizadas. EE UU, otro país con el que mantenemos importantes excedentes, se enfrenta a perspectivas económicas ensombrecidas por los rebrotes víricos. Además, el excedente europeo está en el punto de mira de la administración americana, dispuesta a imponer nuevas sanciones a los productos europeos en cuanto se presente la ocasión. Si bien el candidato demócrata muestra una actitud menos beligerante, un fuerte giro en la política comercial con respecto a los países que más han aprovechado la expansión del mercado americano es poco probable.

Además, la covid-19 se está ensañando con la mayoría de países latinoamericanos, agravando una crisis larvada y que amenaza con desestabilizar a toda la región. Solo en abril, las importaciones latinoamericanas se redujeron un 18%, la caída más intensa entre todas las regiones. África podría conocer la misma suerte a medida que la pandemia se extiende por el continente.

«La recuperación dependerá de la potencia de los estímulos monetarios y fiscales y de la capacidad de los Gobiernos para revertir el pesimismo que se ha extendido entre las familias y las empresas».

Raymond Torres

Parece, por tanto, que en esta crisis la recuperación se tendrá que asentar en los motores internos de crecimiento. La buena noticia es que, en esta ocasión, el BCE ejerce un papel muy destacado manteniendo condiciones de financiación ventajosas para los Estados, y apoyando el crédito al sector privado. Y el reciente acuerdo europeo para la recuperación muestra que Bruselas ha pasado de ser un problema a reconocer la importancia de poner en marcha una política fiscal europea que no sea la mera suma de las políticas emprendidas por cada país.

La mala noticia para la economía es que el consumo, tras un cierto rebote coincidiendo con el final del confinamiento, avanza con lentitud ante el miedo de las familias a un rebrote generalizado y a perder el empleo. Prueba de ello, el indicador europeo de confianza de los consumidores se estancó en julio, manteniéndose en terreno netamente negativo. En el caso de España, los índices de confianza se sitúan incluso ligeramente por debajo de la media europea, algo lógico habida cuenta de los niveles de paro arrastrados con anterioridad a la crisis.

En suma, ante un contexto externo tan deteriorado e incierto, la recuperación dependerá de la potencia de los estímulos monetarios y fiscales y de la capacidad de los Gobiernos para revertir el pesimismo que se ha extendido entre las familias y las empresas. Aquí influyen factores psicológicos y que atañen a la impredecible evolución de la pandemia. Pero la previsibilidad de la política económica, y su adaptación a las circunstancias, también pueden impulsar la confianza de manera determinante.

Fuentes de los gráficos: Eurostat, Banco de España y Funcas.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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El Ibex dominado por la economía del siglo XX

Estados Unidos alberga a 15 de las 20 empresas tecnológicas más valiosas del mundo, Europa tiene una, España ninguna. Y es que los tiempos han cambiado de un siglo a otro.

Si miramos la bolsa española, tuvo un gran éxito en los años noventa, gracias a un sector financiero potente, y la gran expansión de Telefonica y las energéticas. Pero la incapacidad de renovarse ha ido lastrando en los últimos años al Ibex 35.

Pero en la economía del siglo XXI la digitalización abarca una amplia gama de nuevas aplicaciones de tecnología de la información en modelos comerciales y productos que están transformando la economía y las interacciones sociales. Una nueva economía ha brotado que es motor del crecimiento económico y España está viendo pasar.

De hecho, ha mostrado una especial resistencia en tiempos difíciles. Prueba de ello es que en la crisis del COVID-19 hemos visto como el sector tecnológico ha sido capaz ver aguantar estoicamente frente al resto de sectores. Las acciones denominadas "FAANG" -Facebook, Amazon, Apple, Netflix, y Google- han superado significativamente los índices de mercado más amplios gracias a su especial importancia para el consumo en el ámbito doméstico.

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El Ibex de desvaneció junto a la economía del siglo XX

Si pensamos en el Ibex 35 seguramente tengamos en mente seis empresas: Inditex, Santander, BBVA, Telefónica, Iberdrola y Repsol. Estas empresas son las que históricamente han pesado más en el selectivo bursátil español y por lo tanto, su evolución señalado el trayecto del índice español.

No obstante hay que matizar. Fruto de los cambios estructurales de los últimos años, tenemos a Inditex e Iberdrola que lideran y valen 70.000 millones de euros en bolsa, seguidamente tenemos al Santander 35 millones el último lugar cinco empresas que se encuentran alrededor de los 20.000 millones de euros (Endesa, Cellnex Telecom, Telefónica, BBVA y Amadeus)

Y es que la banca ha perdido mucho en estos años en el índice y nuestro selectivo bursátil se ha caracterizado por un excesivo peso de la banca y ha terminado lastrando las cotizaciones. La banca tradicional tuvo una época de esplendor en los años noventa que floreció con la burbuja inmobiliaria, pero actualmente se encuentra de capa caída junto al sector bancario europeo, gracias a la política monetaria ultraexpansiva de tipos de interés al 0%, regulaciones bancarias que impactan con costes regulatorios y la aparición de alternativas financieras identificadas en el ámbito fintech.

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Telefónica es una de las mayores decepciones que nos podemos encontrar en la Bolsa española. La gran teleco por antonomasia, llegó a reflejar un valor bursátil de 110.000 millones de euros antes de la crisis subprime, actualmente debe conformarse con una valoración bursátil de 21.000 millones. Telefónica ha ido perdiendo terreno en los últimos años fruto de la necesidad de atajar las nuevas inversiones como el despliegue de fibra o la adquisición de contenidos que apenas llegan a rentabilizar y le ha supuesto incrementar sus niveles de deuda.

Repsol se ha visto lastrada junto a la cotización del crudo en la última década. Cuando se popularizó la idea del peak oil en el año 2005, la petrolera llegó a valer 36.200 millones de euros en bolsa coma hoy solo 12.500 millones. El oro negro está perdiendo peso en el mix energético mundial y, por ello, las petroleras globales se encuentran en fase de retroceso de las antiguas cuotas de mercado que podían ostentar.

Como podemos apreciar, ninguna de las empresas mencionadas son de referencia en el ámbito tecnológico. En la última década ya han experimentando una pérdida de peso del Ibex 35 que ha llevado a lastrar la cotización del índice.

En el momento presente, el Ibex Total Return, que tiene en cuenta los dividendos repartidos, se encuentra en los 22.000 puntos, unos niveles que los vimos por primera vez en noviembre del año 2006. En otras palabras, casi 15 años más tarde la bolsa española se encuentra en el mismo nivel.

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Europa sin grandes tecnológicas

No solo España es ajena a la gran revolución tecnológica, en Europa practicamente no existen gigantes tecnológicos de referencia mundial. Como mucho podemos contar con la alemana SAP que ha alcanzado una capitalización de mercado de 170.000 millones de euros. Pero si miramos estos números en perspectiva, no es para tanto... la gran tecnológica europea solo equivale a una octava parte de Apple.

En los últimos años Europa no ha sido un terreno fértil para la proliferación de grandes tecnológicas. Todo lo contrario, está buscando negociar la tasa Google en el marco de la OCDE, aunque el gobierno de Sánchezb busca tomar la delantera en este impuesto.

Existen varias razones por la que Europa va rezagado frente a Estados Unidos y una de ellas es la financiación, y más exactamente el tamaño de las rondas de financiación que permite reunir grandes importes para ayudar a aquellas empresas jóvenes a dar el impulso necesario para crecer.

Tenemos un dato interesante y es que las mayores empresas tecnológicas estadounidenses y asiáticas creadas desde el año 2000 recaudaron en promedio aproximadamente 7.300 millones de dólares frente a los 1.600 millones por parte de las salidas a bolsa europeas. La financiación no es solo el único problema para el arranque de las empresas, sino que existe una compleja estructura burocrática y fiscalmente represiva que impide el salto a la gran empresa y desincentiva.

A ello se suma que Europa no es un solo país. Si bien una startup estadounidense puede llegar a 313 millones de personas con el mismo producto, en Europa no podemos. 23 de los 28 países de la UE son más pequeños que el estado de California.

Y en último lugar tenemos idiomas. En los Estados Unidos, una startup puede crear un producto, en inglés, y abrirse a todo el mercado estadounidense y, de hecho, al mercado global. En Europa, no tanto ya que cada país tiene su propio idioma. Por lo tanto, una startup en España no puede expandirse a Alemania sin rediseñar primero su producto, diseñarlo para que sea multilingüe, contratar personal de soporte separado para cada país.

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China recupera espectacularmente su crecimiento tras el Coronavirus… Pero esas cifras esconden abismos

En esta lamentable crisis del Coronavirus, China fue el origen de todo, al ser tanto donde se coció el funesto COVID-19 en un caldo de cultivo político-represivo que sólo propició su proliferación masiva, como por ser donde los primeros confinamientos masivos a nivel mundial llevaron a su economía a sufrir las dentelladas de la bestia socioeconómica más agresiva que hemos visto en el mundo desde hace décadas.

Pero igualmente, tras toda crisis, en algún momento llega una recuperación, sin quitar que sólo sea momentánea entre tanto que no llegue una vacuna que nos permita afirmar con rotundidad que este Coronavirus ha dejado de ser un problema para siempre jamás. Y ya teníamos cifras sobre esa recuperación en los econométricos países occidentales, pero nos faltaban cifras macroeconómicas significativas sobre cómo lo estaba haciendo China, a pesar de que las suyas son siempre cifras fiables sólo relativamente. Ahora ya han llegado los números macro, y aunque la recuperación allí es muy clara, lo cierto es que no es oro todo lo que reluce, y que hay más negras sombras que esperanzadoras luces tras un análisis mínimamente detallado.

El mundo se recupera como puede tras la desolación social y económica dejada por la estela de la destructiva pandemia

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Desde estas líneas fuimos uno de los primeros medios salmón en advertirles ante la debacle sanitaria, social y… económica que se nos venía encima con el funesto Coronavirus, y de hecho en nuestro análisis del 3 de Febrero sobre el tema ya les poníamos sobre la mesa el impacto económico que iba a acabar teniendo todo aquello que se estaba cociendo en China, envuelto entre no poco secretismo y silencio oficial impuesto a base de pura y simple represión informativa y policial. Aunque obviamente entonces nos vimos constreñidos a hacerlo exponiendo la imprevisibilidad de un impacto ciertamente incuantificable por entonces que, en todo caso, desde estas líneas teníamos ya muy claro que iba a ser mayúsculo tanto para China como para el resto del mundo, en lo que ya creíamos que iba a acabar siendo toda una pandemia, como de hecho ha acabado siendo.

Pero tras la crisis, en la cual todavía estamos todos inmersos hasta el cuello (y lo que nos queda), igualmente es nuestro deber más salmón analizar las ulteriores recuperaciones. Ya hicimos lo propio con las cifras que arrojaron los países Occidentales, tanto los de la órbita anglosajona y que se han quedado evidentemente rezagados, como los de la órbita más europea que lideran claramente y con fuerza la recuperación. Pero nos faltaban los datos de la superpotencia que fue el origen de todo, tanto por ser donde se originó el terrible virus, como por haber hecho una nefasta gestión del mismo que, en vez de apoyar a los profesionales médicos que encendieron la luz de alarma cuando se estaba a tiempo de evitar el desastre, optó por represaliarlos, con el resultado de que allí la epidemia se les fue literalmente de las manos, y se acabó convirtiendo en toda una pandemia, en la que hay todavía muchas más cuestiones aún por resolver y aclarar, que respuestas claras y creíbles tenemos en todo este lamentable asunto.

Y China también se recupera con fuerza, publicando unas cifras muy efectistas y aparentes, pero que…

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Como ya presuponíamos, aunque no contásemos con las cifras macroeconómicas adecuadas como para poder analizarlo rigurosamente, la recuperación obviamente también estaba llegando a la desencadenadora China. Y ello era de suponer incluso a pesar de ese nuevo brote que ha tenido lugar en su capital, Pekín, y que alarmantemente no era ni la segunda ola ni una simple mutación del virus originario de Wuhan, sino que era un nuevo Coronavirus que presentaba modificaciones genéticas mayores que lo hacían ser considerado por los expertos como un nuevo Coronavirus, y lo que es peor, también susceptible de desencadenar otra pandemia similar en síntomas y causas de mortalidad a la anterior. Pero ahora ya han publicado en el gigante rojo sus esperadas cifras salmón que, más que tranquilizarnos por mostrar una vuelta a la (nueva) normalidad, lo cierto es que resultan bastante inquietantes por evidenciar que la recuperación china tiene los pies de barro, y que además ese barro está muy muy licuado con salsa agridulce aguada.

Así, las cifras más aparentes publicadas por el gobierno chino muestran una realidad económica en clara recuperación, que va mucho más allá de esas cifras occidentales que simplemente se debaten entre poder recuperar los niveles de actividad previos a la pandemia. Pero en China ya están haciendo alarde de un crecimiento del PIB contundente sobre las cifras que tenían en Abril, y esa recuperación de tasas positivas alcanza una envidiable expansión económica del 3,2% entre Abril y Junio en términos interanuales con respecto al mismo periodo de 2019. La cifra es doblemente significativa, porque no sólo muestra un crecimiento con respecto al año anterior, sino porque además lo hace recuperando el gran terreno perdido y en negativo del trimestre precedente, en el que la asfixiante contracción alcanzó un -6,8% en lo que muy significativamente fue la primera contracción en China desde hace casi medio siglo.

Así, parece que China podría estar dejando atrás lo peor de la crisis económica traída (al menos) por la primera ola de la pandemia… “Parece”… porque si nos paramos a analizar las cifras con detenimiento, la realidad que muestran es radicalmente distinta. Y es que ese crecimiento no es nada sano, y supone tan sólo el resultado de un claro “dopaje” de la economía, por el que le han inyectado crecimiento forzado en vena a base de un gasto disparado en obra pública, principalmente en carreteras y líneas ferroviarias. La primera lectura que se debe hacer de ello debería ser que ese gasto ha tenido que salir de algún sitio, y si bien es cierto que la pandemia es una situación excepcional que requería una acción contundente por parte de los gobiernos de los países del mundo para sostener la actividad y pasar un bache que es temporal entretanto la pandemia remitiese, lo cierto es que la situación de sobre-endeudamiento del gigante chino no hace sino que todo este descomunal gasto extra deba encender todas las alarmas. Porque el tema es que el punto de partida allí ya no era precisamente bueno, sin quitar que tampoco lo fuese en otros países del mundo, pero lo cierto es que las cifras chinas de sobre-endeudamiento están en otra (y estratosférica) órbita.

El crecimiento chino actual es insostenible, y además revela otras grandes debilidades que están aterrorizando a los mercados

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Y es que ese crecimiento chino no es sostenible en absoluto, no sólo por el deterioro de la deuda china que les citaba, sino también por su insostenibilidad en el tiempo a futuro, ya que este nivel de “dopaje” económico ni tan siquiera en la hiper-intervenida China puede ser mantenido mucho más en el tiempo, al menos no sin poner en (todavía) más serio riesgo la contabilidad nacional. Pero es que ya no es sólo el tema del peso extra de la ya pesada losa del endeudamiento chino, es que además las cifras chinas de la recuperación muestran grandes debilidades, especialmente en lo que se refiere a cómo las autoridades económicas del país han fracasado estrepitosamente a la hora de incentivar el consumo interno, su vía de salida de esta crisis que más prometedora podía resultar. Porque lo cierto es que el gasto de los consumidores chinos se ha vuelto muy defensivo (y no es de extrañar), mostrándose relativamente fuerte en productos de primera necesidad, pero extremadamente débil en gastos no esenciales, revelando que también los consumidores chinos son muy reacios a realizar desembolsos que sean aplazables para más adelante, y que están preparándose para tiempos peores. Y si los consumidores dejan de comprar masivamente, no hace falta que les digamos qué ocurre con la economía y con la actividad productiva…

Algunos se preguntarán muy oportunamente que por qué estamos hablando del consumo interno chino, cuando China es un gran exportador en el que su motor más importante viene precisamente del consumo de terceros países. Pues bien, aquí está otra de las abisales debilidades de las cifras económicas chinas publicadas, y es que el parón de la pandemia y la crisis que ha desencadenado en los grandes clientes de China S.A. ha hecho que el consumo externo de productos chinos se haya desplomado, y que a la vista de la evolución de la crisis en muchos países del mundo, no haya mucha previsión de que éste se recupere a corto plazo, poniendo en una situación muy delicada a un gran exportador tan dependiente de terceros como es China. Y eso por no hablar de esa guerra comercial con EEUU que empieza a ser eterna y escaladora, que hoy por hoy está que arde, y que cada día alcanza nuevas y agresivas cotas. Y es que el panorama económico chino tiene en común con el estadounidense el haber llegado a una desoladora situación en la que los desempleados chinos se cuentan también por decenas de millones.

Y aunque es cierto que China tiene cuatro veces la población de EEUU, no es menos cierto que incluso las propias autoridades chinas son plenamente conscientes del gran catalizador que puede suponer el clima fuertemente represivo existente en todo el país. Si bien es cierto que esa durísima represión puede tener cierto efecto retardante inicial, lo cierto también es que convierte aquello en realidad en una auténtica olla a presión donde, si alguien prende la mecha, corren el riesgo cierto de enfrentarse a graves desórdenes sociales con tintes anti-gubernamentales y de consecuencias últimas totalmente impredecibles. Por cierto, algo que es así tal y como ya pasara hasta cierto punto con la ola de indignación popular acaecida tras la muerte por Coronavirus de aquel médico chino, que dio al principio de la pandemia la voz de alarma de forma preventiva, y por lo que las autoridades lo represaliaron y silenciaron, cuando lo que deberían haber hecho es amplificar su voz. Sólo así muy probablemente habrían evitado la pandemia y los miles y miles de muertos que ya nunca volverán a nuestro lado. Además, no sólo en EEUU, sino también en China la pandemia ha exacerbado las diferencias entre pobres y ricos, y son las clases sociales más humildes las que han frenado en seco su consumo, mientras que las más favorecidas siguen manteniendo mayormente intacta su capacidad y voluntad de gasto. Éste es un punto que siempre añade tensión social a cualquier sistema, incluido el chino.

Por último, el creciente superávit comercial chino de los últimos meses, propio de países que crecen económicamente, en este caso resulta obligar a una lectura infinitamente menos esperanzadora, puesto que en este caso se debe casi exclusivamente a que se han desplomado los precios de las materias primas, de las que China es una voraz consumidora. Este efecto “maquillador” además tampoco va a poder mantenerse mucho más en el tiempo, con unos precios de materias primas en clara recuperación tras el shock inicial traído por el parón económico del confinamiento. Así pues, los augurios para la economía china en los próximos meses no son precisamente buenos (como tampoco lo son para no pocos países), y habrá que ver cómo encaja todo esto una población que ya dio claras muestras de gran descontento popular con la gestión que su gobierno hizo de la pandemia, y que ahora puede hacer más de lo mismo con unas cifras de desempleo sostenidas y con un parón económico que muy probablemente va a tener su continuidad. Y el descontento popular en un país de unos 1.400 millones de habitantes puede llegar a traer potenciales e importantes repercusiones para todo el mundo, y es mucha (pero que mucha) tela que cortar empezando por el propio partido comunista chino, incluso a pesar de la represión inclemente que ejercen las autoridades de aquel país, que tampoco sirvió para evitar la convulsa ola de protestas contra ese gobierno que desencadenó el primer Coronavirus de Wuhan y que les citaba ya antes.
La mejor demostración de lo correcto de la lectura que les estamos haciendo hoy de las cifras del crecimiento publicadas por las autoridades chinas es la sentencia de los mercados, que en este tipo de situaciones suele resultar reveladora y concluyente: el dinero es cobarde aquí y también en China, y siempre es el primero en poner “los pies en polvorosa”. Así, las bolsas de Shanghai y Shenzen acogieron estas cifras macroeconómicas con un contundente desplome del 4,8%, que les sumergió en un mar de números rojos en cuanto descontaron los nuevos datos, mostrándose muy atemorizadas por cómo la economía china se ha vuelto extremada y suicidamente dependiente de los estímulos gubernamentales. Porque en China confluyen actualmente dos ríos de aguas muy bravas, y que son el rio de los exportadores que se quedan sin demanda externa, y el rio del tejido productivo al cual también le está fallando el caudal del consumo interno.

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Si a esto le añadimos todo lo que supone el dopaje de insuflar caudal económico a base de estímulos gubernamentales abriendo la presa de las Tres Gargantas, y que ese caudal de subsistencia tiene el claro límite de la capacidad de gasto extra respaldada estrictamente por lo que les quede represado aguas arriba (que cada vez es menos), pues tenemos que ni la tormenta más diluviana podría ser suficiente para paliar la situación. Así, lo que podría acabar sobreviniendo es la tormenta socioeconómica perfecta que podría hacer tambalearse incluso a un régimen totalitario como el del actual sistema chino. Como siempre en el serial socioeconómico, el futuro se nos desvelará en el próximo capítulo, pero vaya por delante que ni el régimen con un control más férreo sobre su población está a salvo de sucumbir bajo los efectos de una grave crisis económica, y es que si el pueblo siente que no tiene nada que perder ni tiene pan que llevarse a la boca, es cuando a menudo opta por derribar todo lo que se le pone por delante. Y eso es algo de lo que ni siquiera China está a salvo.

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Nunca una cumbre europea había generado tanta expectación en lo cuantitativo y, sin embargo, deja un amargo gusto en lo cualitativo. Una UE que menosprecia a sus clásicos parece no tener en cuenta la máxima de Horacio: la palabra dicha no vuelve atrás. En Bruselas se ha dicho mucho y muy feo. Con un nivel de descalificación entre países que deja dos cuestiones claras. La primera, no hay una idea común sobre el proyecto comunitario, ni siquiera parece que existan percepciones compatibles. La segunda, hay una fragmentación manifiesta en materia fiscal, tanto en lo que se refiere a qué es frugalidad como en cuestiones impositivas.

«El irrespirable clima de la cumbre dejaba claro que, con acuerdo o sin él, se habían causado heridas que van a supurar durante mucho tiempo. En un contexto de pandemia y dificultades para el movimiento transfronterizo en la UE, la desconfianza generada lo empeora todo».

Santiago Carbó

Con la emergencia de la covid-19 —que lejos de desaparecer sigue arreciando— parecía que existía un espacio para una nueva percepción de solidaridad. Se ha roto el buen rollo. No se debió llegar a lo sucedido estos últimos días. De un posible plan conjunto —incluso con una suerte de eurobonos— se ha pasado a los cuchillos y a que cada cual saque lo peor de sí. Que exista algo de desconfianza es comprensible. Es un argumento válido para negociar. El problema es que hasta ahora se había mantenido en un plano muy corto: austeros frente a gastosos. Y ese corto alcance ha hecho que países como Holanda fagociten la cumbre y tengan excesivo protagonismo y cerrazón. Sobre todo, porque si se abre la perspectiva, su fiscalidad también es ampliamente criticable. Junto con otros como Irlanda o Luxemburgo, se trata de Estados miembros con un tratamiento impositivo demasiado generoso a las empresas allí residentes y poco compatible con un mercado único competitivo. Muchos lo entienden como deslealtad fiscal, aunque estos países lo definen como libre mercado. La reciente sentencia del Tribunal General de la UE liberando a Apple del pago de 13.000 millones en impuestos en Irlanda terminó por destapar las vergüenzas. Tal vez haya sido también motivo de que estos países defiendan su terreno como gato panza arriba.

El irrespirable clima de la cumbre dejaba claro que, con acuerdo o sin él, se habían causado heridas que van a supurar durante mucho tiempo. En un contexto de pandemia y dificultades para el movimiento transfronterizo en la UE, la desconfianza generada lo empeora todo. Hubo posiciones demasiado enfrentadas desde el inicio de la cumbre. Todos saben que mantener niveles y estructuras fiscales tan distintas es insostenible, pero nadie estaba dispuesto a dar su brazo a torcer.

El orden causa-efecto también se ha adulterado. No se tenía que haber dado pie a que se exigiera tan bruscamente que países como España emprendieran reformas para poder contar con los fondos de recuperación. De acuerdo que es obligación española y de otros países haber planteado reformas hace tiempo. Desde la última crisis —y también obligados— no se han realizado transformaciones de calado para aumentar la competitividad y suficiencia fiscal. Sin embargo, también es necesario que el eje franco-alemán —cuya firmeza es voluble— se plantee cerrar un compromiso fiscal de sostenibilidad para unos y de reglas competitivas fiscales para otros. Y, sobre todo, mucho más respeto entre todos.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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