teletrabajo-(x):-¿como-se-ha-adaptado-el-sector-publico?

Teletrabajo (X): ¿Cómo se ha adaptado el sector público?

Te contamos cómo se ha adaptado el sector público al teletrabajo, así como las ventajas de esta modalidad.

  • La Administración ha tenido que adaptar el Estatuto Básico del Empleado Público a las nuevas condiciones laborales.
  • El teletrabajo ha afectado a 2,5 millones de trabajadores públicos de España.

El sector privado no es el único que ha tenido que adaptarse al teletrabajo. La COVID-19 supuso también un cambio de ritmo para la Administración Pública. Hasta el inicio de la pandemia, en el sector público no se contemplaba otra modalidad de trabajo que no fuera la presencial.

Sin embargo, el confinamiento puso de manifiesto que lo público era más necesario que nunca y que la actividad no podía pararse. Así es como se ha adaptado el sector público al teletrabajo.

Teletrabajo en el sector público: así es la normativa

En octubre de 2020 entró en vigor la normativa que regula el teletrabajo en el sector público.

El Ministerio de Función Pública y Política Territorial llegó a un acuerdo con los sindicatos para desarrollar una regulación específica para el teletrabajo. Durante cinco meses se negociaron los términos. En ese sentido, se pidió que la norma permitiera a la plantilla trabajar a distancia de manera voluntaria tres días a la semana. Los dos días restantes, tendrían que ir a la oficina.

A nivel de la Administración General del Estado, la medida afectó a unas 230.395 personas que trabajan tanto en los ministerios, como en los organismos autónomos y agencias estatales. En total, la regulación del teletrabajo en el sector público ha supuesto la adaptación del trabajo de 2,5 millones de empleados públicos.

Así, las administraciones han tenido que adaptar su normativa para permitir la opción del teletrabajo a sus empleados. El Real Decreto-Ley que se ha aprobado en este sentido les daba un plazo de seis meses para adoptar las medidas oportunas.

Adaptación del Estatuto del Empleado Público al teletrabajo

La norma aprobada incluye una adaptación de la ley del Estatuto Básico del Empleado Público (EBEP). De hecho, la normativa ha supuesto la modificación del artículo 47 del Estatuto Básico del Empleado Público.

Se aplica a unos 2,5 millones de personas, tanto personal funcionario como laboral, de todas las administraciones públicas del país. Aun así, las comunidades autónomas han podido adaptar la norma a sus planteamientos. Pese a que esta reforma se aprobó en octubre de 2020, no ha sido hasta 2021 cuando se han comprobado sus efectos.

Según el Estatuto Básico del Empleado Público, la prestación del servicio mediante teletrabajo tiene que estar expresamente autorizada. Además, es un requisito que sea compatible con la modalidad presencial. Esto no evita que el carácter de esta modalidad sea voluntario y reversible excepto en casos excepcionales que estén bien justificados.

Cumplimiento de la jornada laboral

Asimismo, recoge que el teletrabajo no podrá suponer ningún incumplimiento de la jornada y el horario y de la normativa en materia de protección de datos de carácter personal.

De igual forma, queda en manos de la Administración valorar el carácter susceptible de poder realizarse mediante teletrabajo tareas asignadas al puesto y la formación en competencias digitales.

El teletrabajo no podrá suponer un incumplimiento de la jornada laboral ni del horario aplicable al empleado público.

¿Qué ocurre con la jornada ordinaria de trabajo? Nada. El teletrabajo no supone ningún cambio en ese sentido. La prestación de servicio a distancia mediante la modalidad de teletrabajo no será considerada como ordinaria ni puede ser absoluta. Según lo establecido, será en cada ámbito y en la normativa reguladora que se dicte por cada Administración competente donde se determine la prestación de servicios que puede desarrollarse bajo esta normalidad.

Además de eso, aquellos empleados que presten sus servicios mediante el teletrabajo también tendrán los mismos deberes y derechos, individuales y colectivos que aparecen en el Estatuto. Esto incluye la normativa de prevención de riesgos laborales que resulte aplicable, salvo aquellos que sean inherentes a la realización de la prestación del servicio de manera presencial.

La propia Administración garantizará el derecho a la intimidad y a la desconexión digital de los empleados que estén teletrabajando. De igual forma se garantiza la confidencialidad y protección de datos y será la propia Administración la que facilite a los empleados el material necesario para desarrollar su actividad.

Ventajas del teletrabajo en el sector público

Cabe recordar que el teletrabajo es una modalidad de prestación de servicios a distancia. Gracias a ella, se puede desarrollar el contenido del puesto de trabajo fuera de las dependencias de la Administración. Para ello habrá que hacer uso de tecnologías de la información y comunicación.

Esta modalidad de trabajo supone una ventaja para reducir la expansión de la COVID-19.

Entre las ventajas del teletrabajo en el sector público destaca su potencial para reducir la expansión de la COVID-19. Y es que, el teletrabajo hace posible el uso de medios tecnológicos para realizar tareas a distancia o de manera virtual. Esto supone que no se necesita estar físicamente en las dependencias durante la jornada laboral. Así se pueden mantener la actividad y la prestación de servicios públicos.

Los expertos advierten que aplicar el teletrabajo en el sector público supone una oportunidad para la introducción de cambios en las formas de organización del trabajo. Aportando una mejor prestación de servicios públicos y redundando en el bienestar de los empleados y evitando el síndrome burnout. Se consigue, indican, una Administración mucho más abierta.

El teletrabajo ha venido para quedarse y eso es algo que el sector público y el privado ya están experimentando con éxito.

Teletrabajo en tu empresa

Mucho más fácil de lo que crees.

Teletrabaja con un software de última


generación y eleva tu productividad.

Más información

Leer más
el-efecto-de-la-subida-del-smi-que-no-recoge-el-informe-del-banco-de-espana:-obliga-a-muchas-empresas-a-ser-mejores

El efecto de la subida del SMI que no recoge el informe del banco de España: obliga a muchas empresas a ser mejores

Normalmente cuando se habla de las subidas del salario mínimo interprofesional (SMI) se hace siempre en términos de empleo o en términos de sacar a trabajadores de la pobreza. El último informe del Banco de España no es una excepción: se centra en los efectos de empleo que tuvo la subida del 22% del SMI en 2019.

Y efectivamente las conclusiones son interesantes, ya que esta medida ha tenido un impacto negativo en el empleo. Y, a pesar de la superficialidad con la que se ha hablado del estudio, es de buena calidad, las conclusiones parecen acertadas. Sin embargo hay un efecto que las subidas de SMI no suelen contemplar y es el impacto que tiene en las empresas.

SMI, empleo y pobreza

El debate del SMI siempre va en dos dirección. Los partidarios de sus subidas siempre indican que no puede ser que haya trabajadores pobres, que es necesario elevar el SMI para sacar de este pozo al conjunto de trabajadores que están peor remunerados. Los detractores dicen que expulsan del mercado laboral a los menos cualificados, y que en el caso de España esto es especialmente grave ya que tenemos mucho desempleo.

Sin embargo siempre que hay un problema hay que buscar sus causas: ¿por qué en España hay trabajadores con sueldos tan bajos? Hay países sin sueldo mínimo que funcionan bastante bien, como Dinamarca, Austria o Suecia. El problema que tenemos en España es que hay un tejido de pequeñas y medianas empresas excesivamente grande, que no logran tener una productividad suficiente para alcanzar la rentabilidad necesaria que le permita pagar sueldos más altos.

Es el pez que se muerde la cola: al no tener mucha rentabilidad tampoco puede usar a sus trabajadores de la forma más eficiente para que sean más productivos. Pero la rentabilidad quizá sea suficiente para "ir tirando" y no invertir en mejorar procesos o automatizar tareas que mejoren la productividad.

Y curiosamente, aquí es donde un efecto de segundo orden del SMI podría ser interesante: una subida del SMI puede hacer que las empresas, al no poder pagar sueldos bajos, tengan que ponerse las pilas para ser mejores.

Los efectos de la subida del SMI en la productividad

Si miramos desde el punto de vista de una empresa que tiene trabajadores cobrando el SMI, existen tres salidas ante una subida de dicho salario: una, reducir los márgenes; dos, si estos son escasos, dejar de producir (desaparecer, desmontar líneas de negocio, etc.); tres, mejorar para lograr absorber esta subida sin afectar a los márgenes.

Normalmente se dan una combinación de las tres, pero las dos segundas son fundamentales en el aumento de la productividad: por un lado desaparecen empresas menos competitivas en favor de las mejores. Y por otro empujan a las empresas menos competitivas a serlo o desaparecer. Es un efecto estudiado en otros países y extrapolable a España.

Por tanto aunque el Estado debería incentivar a las empresas a ser más productivas, por el bien de sus trabajadores, pero es un debate aburrido y queda mejor subir el SMI y apuntarse el tanto de que se preocupa de los trabajadores, en la práctica está haciendo lo mismo: con cada subida del SMI está empujando a las empresas a mejorar.

No estaría de más que el Estado, además de empujar ayude: por ejemplo creando planes de formación de trabajadores adecuados a los tiempos e incentivando inversiones. Ayudando, además de arrinconando, para que haya una salida que no sea desaparecer: mejorar.

La subida del SMI de 2019 y los incrementos en la productividad

El gran problema de las subidas del SMI es que, para ver sus efectos, hay que hacer algunos supuestos que luego son bastante debatibles. Al igual que en el informe del Banco de España se hacen algunos supuestos para medir el impacto en el empleo, habría que hacer lo mismo para medir la productividad.

Sin embargo, faltan datos. Ya el propio informe del Banco de España indica que para ir más allá de los efectos en el empleo harían falta datos de la Seguridad Social que no están disponibles. Pero desde luego sería interesante verlo, porque una subida del tal calibre del SMI ha tenido que tener un impacto nada desdeñable en las empresas que hayan podido absorberla.

Leer más
¿que-es-la-elasticidad-de-la-demanda?

¿Qué es la Elasticidad de la Demanda?

La elasticidad de la demanda, también conocida como la elasticidad-precio de la demanda, es un concepto que en economía se utiliza para medir la sensibilidad o capacidad de respuesta de un producto a un cambio en su precio. En principio, la elasticidad de la demanda se define como el cambio porcentual en la cantidad demandada, dividido por el cambio porcentual en el precio. La elasticidad de la demanda puede ser expresada gráficamente a través de una simplificación de curvas de demanda.

Como descubrió el economista francés Auguste Cournot en 1850 (autor de la Loi de debit), la cantidad demandada de un bien (si todo lo demás permanece constante = ceteris paribus) es función de su precio y, por tanto, a menor precio mayor demanda. Alfred Marshall en sus Principios de Economía (1890) desarrolló el tema en forma más detallada.

Relación inversa

elasticidad

Esta relación inversa entre precio y cantidad genera un coeficiente negativo, por eso generalmente se toma el valor de la elasticidad en valor absoluto. La elasticidad de la demanda se expresa como Ed y dependiendo de la capacidad de respuesta a los cambios en los precios, la elasticidad de la demanda puede ser elástica (A) o inelástica (B). Cuanto más horizontal sea la curva de demanda, mayor es la elasticidad de la demanda. Del mismo modo, si la curva de demanda es más bien vertical, la elasticidad de la demanda será inelástica al precio.

De acuerdo a lo que hemos señalado, la elasticidad precio de la demanda se define de la siguiente manera:

formula

En general, la demanda de un bien es inelástica (o relativamente inelástica) cuando el coeficiente de elasticidad es menor que uno en valor absoluto. Esto indica que las variaciones en el precio tienen un efecto relativamente pequeño en la cantidad demandada del bien. Un producto clásicamente inelástico es la insulina. Las variaciones en el precio de la insulina tiene una variación prácticamente nula en la cantidad demandada. Es decir, es insensible o inelástica al precio.

El concepto de “elasticidad”

Cuando la Elasticidad Precio de la Demanda es mayor que uno, se dice que la demanda de este bien es elástica (o relativamente elástica). Una disminución a la baja en el precio de la carne o el jamón serrano genera un impacto en la cantidad demandada. Por ejemplo, si el precio del jamón disminuye en un 5% y la demanda aumenta en un 10% se obtiene (10% / -5% = -2). La elasticidad es igual a 2, en valor absoluto. Nótese que este es un número sin dimensiones.

Son varios los factores que influyen en el mayor o menor grado de elasticidad de un bien. Por ejemplo, el tipo de necesidades. Si es un producto de primera necesidad, su demanda será más bien inelástica; en cambio si es un producto de lujo su demanda será más elástica, dado que un aumento en el precio alejará a algunos consumidores. También afecta la elasticidad la existencia de bienes sustitutos. Si hay buenos sustitutos, la demanda del bien será elástica y se podrá reemplazar su consumo. Al revés, si hay pocos sustitutos, la demanda tenderá a ser inelástica. Un ejemplo clásico de bienes sustitutos y elasticidad es la mantequilla y la margarina. Si la mantequilla sube mucho de precio se podrá reemplazar por la margarina.

Otro factor que afecta es el período de tiempo. La elasticidad tiende a aumentar en el largo plazo porque los consumidores tienen más tiempo para ajustar su comportamiento y adaptarse a los bienes sustitutos. Frente a otros productos, como por ejemplo el petróleo, el consumidor puede reaccionar rapidamente a un alza y disminuir su consumo, pero con el tiempo se adaptará al nuevo precio y volverá a consumir a los mismos niveles, mostrando así una demanda inelástica. Los cigarrillos son un claro ejemplo.

La elasticidad no es una función lineal

Un elemento importante a tener en cuenta es que la elasticidad de la demanda no es la misma a lo largo de toda la curva de demanda, es decir no es una función lineal. Dependiendo del producto es posible que para precios altos la demanda sea más elástica que para precios bajos, como ilustra la siguiente gráfica:

dda lineal

¿Por qué la elasticidad es más pequeña a precios más bajos? Esto se debe a que los niveles del precio y la cantidad demandada afectan los cambios porcentuales. Para un cambio dado del precio, el cambio porcentual es pequeño a un precio elevado y grande a un precio bajo. De manera similar, para un cambio dado en la cantidad demandada, el cambio porcentual es pequeño para una cantidad grande y grande para una cantidad pequeña. Por esto, para un cambio dado en el precio, cuanto más bajo sea el precio inicial, mayor será el cambio porcentual del precio, menor será el cambio porcentual de la cantidad demandada y menor la elasticidad.

La elasticidad precio de la demanda se puede aplicar a una gran variedad de problemas en los que se busca conocer el cambio esperado en la cantidad demandada dado un cambio contemplado en el precio. Para todo tipo de productos es muy importante conocer lo que pasará con la demanda si suben o bajan los precios. Si la demanda es elástica, una disminución del precio puede reportar muy buenos dividendos al aumentar las ventas en un porcentaje mayor al cambio en el precio. Una de las razones para aplicar impuestos adicionales a productos como el petróleo o los cigarrillos es la inelasticidad que tienen estos bienes en el largo plazo. Las personas asumen el precio más elevado y lo incorporan a su comportamiento. Para estos y otros casos,es fundamental conocer la elasticidad de la demanda.

Leer más
la-economia-de-la-salud-publica-en-espana-(ii)

La economía de la salud pública en España (II)

Comparte esta entrada



Este[1] es el segundo de una serie de artículos en la que estamos analizando de forma elemental la Economía de la salud pública en España. La importancia de las actividades y servicios de salud pública no se puede minusvalorar. Se ha estimado que de los 30 años de esperanza de vida ganados a lo largo del siglo xx, 25 se pueden atribuir a medidas de salud pública, tales como mejor nutrición, saneamiento y vivienda, etc., mientras que la asistencia sanitaria a los pacientes individuales habría contribuido con cinco años (Bunker et al. 1994). La vigilancia y control epidemiológico han conseguido contener ciertas epidemias. Las vacunas a lo largo de la historia han disminuido radicalmente morbilidad y mortalidad salvando millones de vidas (Andre et al. 2008) (Hidalgo et al 2013).

Además, estos servicios y herramientas —en particular los de prevención y vigilancia epidemiológica— se han revelado críticos para dar respuesta a la pandemia de la COVID-19, enfermedad infecciosa global nueva que, cuando debuta, nos golpea carentes de los conocimientos necesarios para atajarla, en especial sin vacunas disponibles, ni tratamientos específicos. La mejor respuesta y resultados de los países del Sudeste Asiático y de Alemania (desde luego en la primera ola) seguramente se pueden atribuir al despliegue de unos servicios de salud pública potentes, habiendo sido el tipo y características del sistema de asistencia sanitaria curativa individual relativamente indiferentes a la hora de evitar contagios, hospitalizaciones y fallecimientos (Lobo 2020).

Otra motivación para estudiar la
economía de la prevención y salud pública son las interrelaciones entre pandemias y crecimiento económico. En
esta ocasión no estamos ante una crisis económica que impacta y genera
consecuencias en la salud, sino ante una crisis sanitaria que tiene
consecuencias en la economía de todos los países. En particular, la
incertidumbre y la falta de confianza que genera la progresión de contagios,
hospitalizaciones y fallecimientos paraliza consumo e inversiones, sin que
quepa esperar que la economía se recupere si no se estabiliza la situación
sanitaria. No existe un balance compensatorio entre economía y salud. Los
países que más han contenido la pandemia son los que menos daños económicos han
sufrido y mejor se han recuperado, mientras que los que han respondido con
medidas laxas y han tenido menor éxito en su contención son también los que
peor evolucionan económicamente.

«Las inversiones en herramientas que permiten prevenir la enfermedad pandémica tienen altísimo retorno, lo que obliga a reorientar las prioridades económicas en el futuro hacia la vigilancia epidemiológica, rastreo, detección y seguimiento de contactos, vacunas, etc…».

Félix Lobo y Marta Trapero Bertrán

El FMI en las últimos Perspectivas de la Economía Mundial de abril de 2021 ha estimado una caída del PIB mundial en 2020 del 3,3%, sin precedentes históricos recientes, pero que podría haber sido tres veces mayor de no haber sido por las extraordinarias políticas de apoyo desplegadas. Cutler y Summers (2020) han estimado el coste total de la pandemia en los EE.UU teniendo en cuenta, además de las pérdidas de PIB, los costes sanitarios emergentes (muertes prematuras valoradas a partir del “valor estadístico” de la vida, morbilidad y discapacidad y problemas mentales resultantes) en 16 billones (doce ceros) de dólares, equivalentes al 90% de su PIB en un año. Para una familia media de cuatro miembros el quebranto alcanzaría los 200.000 dólares. Aproximadamente la mitad es pérdida de renta derivada de la recesión y la otra mitad pérdidas por vidas más cortas y menos saludables. En la Gran Recesión la reducción de producción sólo fue de un cuarto. Las distintas publicaciones de Funcas también están prestando gran atención a las consecuencias económicas de la COVID-19, tales como el nº 165 de 2020 de Papeles de Economía Española; SEFO, Spanish and International Economic & Financial Outlook últimos números y el libro de Ocaña et al. (2020), Impacto social de la pandemia en España. Una evaluación preliminar.

Una consecuencia es que las inversiones en herramientas que permiten prevenir la enfermedad pandémica tienen altísimo retorno, lo que obliga a reorientar las prioridades económicas en el futuro hacia la vigilancia epidemiológica, rastreo, detección y seguimiento de contactos, vacunas, etc… En España se ha estimado que la vigilancia epidemiológica de la pandemia tiene una ratio beneficio/coste de 7 a 1 (González López-Valcárcel, y Vallejo Torres 2021).

También hemos de tener presente que en las recesiones económicas los países tienden a reducir los gastos públicos sanitarios debido a las restricciones fiscales. Pero, entre ellos, los gastos en prevención y salud pública cuentan con elevadas probabilidades de ser recortados. Las razones —en circunstancias normales, bien distintas de las de una pandemia— son las siguientes:

  • Prioridad de las personas enfermas que
    requieren tratamiento,
  • Estos gastos tienen poca visibilidad y
    rentas electorales,
  • Producen beneficios difícilmente
    apreciables por cada individuo y sólo afloran a largo plazo, por lo que no
    concentran las demandas de los ciudadanos,
  • No tienen el apoyo de grupos de interés
    ni de organizaciones sindicales o profesionales poderosas.

Estas reducciones de gasto (popularmente recortes) pueden llegar a tener consecuencias negativas a corto y largo plazo en la salud de las personas. Algunas derivan de la propia crisis; otras pueden ser espoleadas por las políticas públicas, como la política de austeridad impuesta por la Unión Europea para responder a la crisis financiera de 2008-2014. Las repercusiones sobre la salud de la contención de los gastos sanitarios durante la Gran Recesión han sido un tema destacado de análisis en años pasados, aunque con conclusiones poco claras (Karanikolos et al. 2015). En España un estudio encontró que la crisis perjudicó a la salud mental de los españoles, pero debido a los trastornos psicológicos causados por el enorme paro, más que por las restricciones de gastos y servicios. Sin embargo, no encontró que la crisis se asociara, a corto plazo, a mayor incidencia de enfermedades crónicas como la EPOC, cardiovasculares, etc. (García-Gómez et al, 2016); (Oliva Moreno et al. 2018). Puede leerse una discusión breve de esta cuestión en Lobo (2017). Todo indica que, además de las trágicas mortalidad y morbilidad, las consecuencias indirectas para la salud de la pandemia van a ser muy superiores a las de la crisis financiera de 2008-2014.

En próximos artículos analizaremos el
nivel, la evolución, los componentes y las características del gasto público en
prevención y salud publica en España según las distintas fuentes disponibles.


[1] Este artículo se basa en el publicado por los mismos autores “El gasto público en servicios de prevención y salud pública en España antes de la COVID-19 (I). Los datos nacionales”, en Cuadernos de Información Económica, nº 280, enero-febrero 2021.

Comparte esta entrada



Leer más
impuesto-minimo-de-sociedades

Impuesto mínimo de sociedades

Comparte esta entrada



Las economías salen poco a poco de la crisis pandémica, y dejan a los Estados un legado de deuda que en España totaliza el 125% de la riqueza nacional, 28 puntos más que antes de la crisis. De momento, ese volumen colosal de pasivos apenas pesa sobre la economía, gracias a la acción de los bancos centrales: la casi totalidad de bonos españoles emitidos desde febrero de 2020 se encuentra en el balance del BCE, mientras que la carga financiera se aligera en consonancia con los bajos tipos de interés. Además, esta semana, Frankfurt reiteró su arsenal ultraexpansivo, en especial el programa de compra de títulos de deuda por razones de pandemia, todo el tiempo que la coyuntura lo requiera.

Sin embargo, la revisión al alza de las previsiones de crecimiento para la eurozona prefigura una inflexión en la estrategia, o al menos en el discurso del BCE, a partir de este otoño —eso sin contar con una cronificación del repunte de inflación, hoy por hoy descartado por Lagarde—. Todo apunta también a que la vigilancia de las cuentas públicas se restablecerá: Bruselas lanza una advertencia a varios países, entre ellos España, acerca de la necesidad de emprender una senda de corrección de los desequilibrios a medida que la economía se recupera.

El impuesto de sociedades
es una de las opciones que baraja el G7 para ajustar los balances presupuestarios
y a la vez limitar la competencia fiscal internacional que se ha desatado para
atraer capital. La iniciativa es saludable, porque las prácticas fiscales de
algunos países han generado una carrera a la baja en la tributación de las
grandes corporaciones, con una pérdida de ingresos globales para las arcas
públicas de entre 82.000 y 200.000 millones de euros anuales, según la OCDE. La
competencia fiscal también genera desigualdades entre sectores y perjudica a
las pequeñas empresas, que no están en posición de arbitrar entre
jurisdicciones, algo nefasto para la propia economía que requiere de innovación
para salir de la crisis y aprovechar el cambio tecnológico. Por otra parte,
ante la erosión de la base recaudatoria del impuesto de sociedades, los Estados
se ven abocados a recurrir a otras fuentes de financiación, o a recortar el
gasto. Una perspectiva que se enfrenta a evidentes resistencias.

Gráfico 1

Gráfico 2

Fuente: OCDE, Tax Foundation y estimaciones Funcas.

Todo ello motiva la propuesta de la administración Biden de fijar una tributación mínima del 15% para el impuesto de sociedades, una iniciativa que ha suscitado gran interés entre las grandes economías avanzadas. Pero hasta ahí el pacto, porque el concepto de “mínimo” no tiene el mismo significado a ambos lados del Atántico. A EE UU le preocupa la deslocalización de sedes empresariales hacia paraísos fiscales, mientras que en Europa la prioridad pasa por que los gigantes digitales —en su mayoría norteamericanos— tributen en función del país donde realizan sus negocios. Este quid pro quo se refleja en las negociaciones en curso en la OCDE, que incorpora ambos conceptos de mínimos: el llamado Pilar I, que prevé un esfuerzo de armonización de tipos impositivos, y el II, que atañe a la tributación en el país donde se realizan los beneficios.

Además, una cosa es la tributación que establece la normativa, y otra la recaudación efectiva: en España y otros países europeos, los ingresos que entran en las arcas públicas en concepto de impuesto de sociedades se elevan a menos de la mitad de lo que se puede anticipar habida cuenta del tipo de tributación (por ejemplo, los ingresos públicos en concepto de impuesto de sociedades rondan el 10% de los beneficios empresariales, mientras que el tipo impositivo alcanza el 25%). Esa brecha refleja la cuasi nula tributación de algunas empresas digitales, y sobre todo la merma de capacidad recaudatoria generada por todo tipo de exoneraciones, algunas de dudosa utilidad económica. Una armonización fiscal, pero en todas sus vertientes, para dar sentido al sistema multilateral y devolver el esfuerzo realizado por los Estados en la crisis.


IMPUESTO DE SOCIEDADES | El impuesto de sociedades ha seguido una tendencia descendente en las últimas cuatro décadas. La tributación media en la OCDE ha pasado del 45% en 1980 hasta cerca del 23% en 2020. La UE ha registrado una evolución similar, con recortes especialmente pronunciados entre 2000 y 2010. En España el impuesto de sociedades se sitúa en el 25%, diez puntos menos que en 2006. Y entre los países de la UE, solo Bulgaria, Chipre, Hungría e Irlanda gravan las sociedades por debajo del umbral del 15% propuesto por EEUU en el G7.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

Comparte esta entrada



Leer más
red-electrica-es-privada-pero-es-un-monopolio:-su-nacionalizacion-y-la-de-las-distribuidoras-tendria-sentido-aunque-no-por-su-impacto-en-la-factura

Red Electrica es privada pero es un monopolio: su nacionalización y la de las distribuidoras tendría sentido aunque no por su impacto en la factura

Últimamente se está hablando de nacionalizar las empresas eléctricas debido a la abultada factura de la luz que estamos soportando. En parte los precios están altos por la reforma de la misma, que entró en vigor el 1 de junio, y por los precios actuales del mercado mayorista (que principalmente tiene que ver con los derechos de emisiones). Sin embargo como hemos visto recientemente, nacionalizar la generación (la parte libre del sector) no tiene mucho sentido.

Sin embargo hay una parte del sector que es un monopolio y es privado y eso no tiene mucho sentido. Los motivos son históricos pero lo cierto es que los monopolios, en general, no tienen motivos para mejorar el servicio, ya que no hay competencia, y no hay incentivos a realizar inversiones necesarias en la red.

La historia de por qué tenemos monopolios privados

En el mercado eléctrico hay dos partes que son monopolios naturales: el transporte y la distribución. El transporte son las líneas de alta tensión que van desde las centrales eléctricas hasta las zonas donde se consume la electricidad. La distribución son las líneas de media y baja tensión que realizan la capilaridad necesaria para llegar a los hogares y empresas.

Las empresas distribuidoras pertenecen a grupos que también se dedican también a la generación y comercialización

El transporte está en manos de Red Eléctrica, que fue una empresa creada en 1985 con contribución de eléctricas públicas (Endesa y ENHER) y otras privadas (Iberduero, Hidroeléctrica Española, FECSA y Unión Fenosa, entre otras) debido a que hasta entonces no había un transporte centralizado.

Después de una salida a bolsa y reducción del capital público, el Estado sigue siendo el accionista de referencia, con un 20% del capital. Así, normalmente es el Estado quien nombra el director general y más o menos se puede decir que es una empresa pública, aunque necesitó de capital privado para lograr adquirir todos los activos necesarios para realizar el transporte en España. Cotiza en bolsa y por tanto necesita presentar beneficios para sus accionistas.

Por otro lado la red de distribución en España está en manos privadas. Son monopolios naturales divididos por zonas. Hay cinco distribuidoras principales en España: Endesa, Iberdrola, Unión Fenosa, Hidrocantábrico y Viesgo. Hay mapas que indican cómo se reparten geográficamente España.

Estas empresas distribuidoras históricamente eran también generadoras y comercializadoras, porque así creció el mercado eléctrico. Aunque la liberalización de 1997 fomentó la separación de la generación, distribución y comercialización lo cierto es que las empresas distribuidoras pertenecen a grupos que también se dedican a las otras tareas.

Infraestructuras públicas

Lo cierto es que tanto en la generación como en la comercialización puede haber competencia, pero en el transporte y la distribución no, ya que son monopolios naturales. Cualquier cliente eléctrico en España puede elegir la comercializadora y consumirá energía eléctrica de los generadores más competitivos en precio, pero obligatoriamente tendrá que pasar por la distribuidora de su zona y usará la infraestructura de Red Eléctrica.

Normalmente cuando hay una infraestructura que es un monopolio, esta suele ser pública. Si es privada tiene que estar fuertemente regulada ya que la tendencia natural, los incentivos de la empresa, es a elevar los precios.

Si miramos la otro tipo de monopolios históricos vemos que el modelo más adecuado es mantener la infraestructura en manos públicas y liberalizar las partes en las que puede haber competencia. Por ejemplo en el modelo ferroviario español se decidió separa la infraestructura (Adif) de la gestión de los trenes (Renfe) y ahora estamos en proceso de liberalización del servicio, pero la infraestructura sigue siendo pública.

Un caso más análogo al de la electricidad es el de las telecomunicaciones. Cuando se privatizó Telefónica se decidió dejar la infraestructura en manos privadas, al contrario que otros países como el Reino Unido (que partió la infraestructura y el servicio).

Lo que en principio fue una decisión discutible (ya que se le impuso una fuerte regulación a Telefónica que siempre generó fricciones con sus competidores y el acceso a su red) ha derivado en una situación interesante, ya que en la actualidad se han desplegado múltiples redes privadas: resulta que lo que en los 90 era un monopolio natural ahora ya no lo es. ¿Puede pasar con la electricidad? En principio no, ya que no hay nuevas tecnologías disruptivas de distribución y transporte como así ha sucedido en las telecomunicaciones.

Los costes regulados

La situación que tenemos es que tanto en transporte como la distribución tiene un impacto importante en la factura eléctrica. La CNMC estudia los costes y aplica unos cargos en la factura eléctrica para compensar este servicio.

Sin embargo este cálculo de costes siempre es polémico. En Red Eléctrica y las distribuidoras siempre existe el incentivo para inflar los costes y existirá una tensión constante con el regulador. El 20% de la factura eléctrica es para cubrir los costes de transporte y distribución.

El sentido de la nacionalización

En un mercado como el eléctrico no parece muy lógico que tengamos empresas privadas gestionando monopolios naturales y con unos ingresos fijados por un regulador. Es cierto que en el caso de Red Eléctrica el Estado es el accionista de referencia, pero podría haber una OPA y quedar en manos de otro accionista que tenga unas intenciones distintas (maximizar beneficios) afectando a la calidad del servicio.

Pero ese no es motivo suficiente para una nacionalización. ¿Cuál es, entonces? La transición energética. En el futuro la red va a cambiar mucho. De tener grandes generadores vamos a una situación donde va a haber muchos pequeños generadores (placas solares y vehículos eléctricos que de vez en cuando vierten a la red). Y las distribuidoras tienen intereses contrapuestos. Por un lado tienen que hacer lo que el regulador les diga, pero siendo además generadores no les interesa este nuevo esquema del mercado y pondrán trabas burocráticas para estos cambios (de hecho ya lo hacen).

La Fundación de Renovables ya habla abiertamente de una nacionalización de las redes para facilitar el escenario de una generación distribuida. También hablan de abaratar la factura, ese 20% que representa 7.000 millones de euros al año. Yo soy más escéptico en cuanto al abaratamiento de la factura, dudo mucho que las redes en manos 100% públicas se logren reducir los costes.

El coste de la oportunidad

Pero por supuesto cualquier movimiento en este sentido tiene que evaluarse en un contexto de dinero no infinito. Nacionalizar el transporte y la distribución tendría un coste que podría rondar los 70-80.000 millones de euros.

¿Podemos permitirnos pagar eso? La razón por la que las redes están en manos privadas es precisamente que en su día no se quería pagar los costes que implicaba la nacionalización y se optó por una red de transporte semi-pública y dejar la distribución en manos privadas.

Sinceramente, una nacionalización es complicada. En un mundo ideal estas dos redes deberían ser públicas, pero tengo dudas de si merece la pena. Puede que la transición energética sea más lenta con trabas burocráticas, pero España está en un momento en el que asumir dichos costes tendría un coste de oportunidad importante.

Es una pena que en los últimos 15 años y por una gestión nefasta del recibo eléctrico nos hayamos gastado más de 100.000 millones de euros entre el déficit de tarifa y un sistema prima de renovables nefasto. Este dinero hubiera sido mejor empleado en nacionalizar las redes y sin embargo estamos como estamos.

Leer más
la-palabra-de-moda

La palabra de moda

Comparte esta entrada



Se empieza a ver la luz al final del túnel de la covid-19 y no es la recuperación —evidente en algunos países— el término económico que más se menciona sino la inflación. Eso sí, la reunión de este jueves del Banco Central Europeo mostró poca preocupación en el medio plazo por el repunte de los precios y dejó claro que el menor tono de crecimiento de la Eurozona le inquieta más. En Fráncfort se sigue hablando de “puente” para la recuperación porque no es tan palpable, como sí lo es en Estados Unidos. No se esperan grandes cambios en la estrategia monetaria —los tipos de interés no cambian por ahora— y se mantiene con intensidad el programa de compra de activos. La autoridad monetaria ratificó que este programa está para lo que haga falta aún durante bastante tiempo.

El BCE no está muy presionado para hacer virajes porque, aunque la inflación de la Eurozona ha aumentado, sigue estando dos puntos por debajo de la de Estados Unidos y la subyacente en el 0,9% en mayo, aún relativamente contenida. Los más halcones presionan para ir anunciando alguna retirada adicional de estímulos, pero no protestan demasiado. No quieren descarrillar la recuperación en sus propios países, aún débil. El retorno a niveles prepandemia del empleo y otros indicadores se producirá más bien en 2022 y, en algunos países, en 2023.

«Tanto el BCE como la Fed han errado en sus previsiones de inflación en los últimos años. Han esperado subidas que no llegaron. Ahora esperan que no aparezcan esas subidas consistentes. Un “que viene el lobo” que ya no asusta».

Santiago Carbó

El mandato de los bancos centrales marca pautas. En la Fed de los Estados Unidos es amplio, aporta flexibilidad. El del BCE es mucho más limitado. Su presidenta se ve obligada a ampliar la dialéctica, incluso a retorcerla. Aunque no ha cambiado el objetivo de inflación, Lagarde ha afirmado que para que haya un cambio en la política monetaria no bastará con que la inflación llegue al 2% de forma “robusta” sino que se mantenga en ese nivel o por encima de forma “consistente”. Es hacer política monetaria con adjetivos. De momento, funciona. A pesar del menor margen de maniobra, el BCE ha ampliado implícitamente o indirectamente ese mandato con la protección de primas de riesgo, el control de temperatura de mercados de deuda o mimando la recuperación.

Los próximos meses son cruciales. Presiones inflacionarias más potentes en el segundo semestre podrían llevar a algunos a preguntarse cosas como “si no cambia la política monetaria ahora ¿cuándo lo hará?”. O a plantearse qué sucederá si, en una recuperación algo desigual en Europa y con potentes estímulos, la inflación se mantuviera elevada durante la segunda parte del año y 2022. ¿Sería un año suficiente para hablar de consistencia en la inflación?

Dos últimos apuntes. Tanto el BCE como la Fed han errado en sus previsiones de inflación en los últimos años. Han esperado subidas que no llegaron. Ahora esperan que no aparezcan esas subidas consistentes. Un “que viene el lobo” que ya no asusta. Asimismo, aunque suene a una dolorosa ironía, el desempleo puede ser aliado de la estrategia del BCE porque con millones de personas que han perdido su trabajo o en riesgo de hacerlo en la Eurozona, un repunte continuado de la inflación parece más improbable.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

Comparte esta entrada



Leer más
¿y-si-los-diamantes-no-fueran-valiosos?

¿Y si los diamantes no fueran valiosos?

Hasta 1870 los diamantes eran algo extremadamente raro, era poco habitual verlos salvo en manos de soberanos. Los pudientes solían conformarse con otras piedras preciosas y semipreciosas para su joyería. Pero después de algunos hallazgos en 1867 , en 1870 se descubrió en Kimberly, Sudáfrica, una gran depósito de diamantes. La gran cantidad de diamantes que se extraían de ahí hizo que se redujera el precio de los diamantes, por lo que los inversores en las minas veían como sus inversiones valían cada vez menos. En 1888, Cecil Rhodes fundó la DeBeers diamond fusionando su empresa con otra. Y todo el mundo cambió. Rhodes llegó a ser tan poderoso que hubo una región de África con su nombre, Rhodesia (actualmente Zambia y Zimbabue).

La nueva empresa (llamada DeBeers en honor a dos colonos holandeses) controlaba prácticamente toda la oferta mundial de diamantes. Con lo cual podía venderlos al precio que se considerase oportuno. No obstante, sufrían un fuerte peligro, y es que al ser valiosos los diamantes cualquier mina que se encontrara serían explotados. DeBeers ha pasado todo el siglo XX trabajando sobre la oferta de los diamantes, pero también sobre la demanda. Normalmente DeBeers distribuía sus diamantes a través de la Central Selling Organization, que diez veces al año, vendía los diamantes a compradores selectos en Londres. Estos a su vez se revenderían en NY, Amberes o Tel-Aviv.

Protegiendo un monopolio

44472215270_731243fe95_o.jpg

Algunos científicos afirman que en Jupiter y Saturno llueven diez millones de toneladas de diamantes al año. Estas piedras se acaban fundiendo en un mar líquido y caliente en los mismos planetas. No obstante si en estos planetas sobran los diamantes, en la tierra parece que no son extraordinariamente escasos sobre la corteza terrestre. Ese era el mayor riesgo que tenía DeBeers, los diamantes eran valiosos, por lo que cualquier yacimiento era interesante de ser explotado. Y si se introducían más diamantes en el mercado, estos bajarían de precio.

En 1902 se descubrió otra mina en Sudáfrica con unos niveles de diamantes equivalentes a los de todas las minas de DeBeers. Sus propietarios al principio no estaban muy interesados en unirse a DeBeers, aunque esto acabó cambiando unos años después.

En 1957, se descubrieron minas de diamantes en Siberia, que aunque tenían diamantes más pequeños que los africanos, podrían haber bajado el precio. DeBeers fue inteligente y capaz de desarrollar un acuerdo con la Unión Soviética y los comunistas, de modo que aceptaron comprarles toda la producción y de este modo hacerles participar en parte del cártel.

En los años 70, debido a la hiperinflación israelí, muchos diamantes se usaron en este país como garantía de préstamos. Muchos comerciantes de este país comenzaron a acumular diamantes con la intención de revenderlos e hizo que subieran los precios de los diamantes. Eso preocupó a DeBeers, ya que podrían bajar el precio. (DeBeers siempre ha intentado que los diamantes no sean revendidos).

En DeBeers para expulsar a los especuladores, preparó una cantidad de diamantes que podrían ser vendidos en cualquier momento (haciendo que los especuladores vieran que los diamantes podrían ser una inversión arriesgada), por otro lado redujo la oferta a los representantes israelíes en un 20%. Al final acabó expulsando a los israelíes del sindicato de diamantes y muchos comerciantes dejaron de tener acceso al círculo de confianza de la CSO. En esta década, uno de cada cuatro trabajadores de la industria de diamantes israelí, acabó perdiendo su trabajo. A DeBeers estos movimientos para proteger su monopolio nunca le han resultado fáciles, no ha sido la primera vez que ha tenido que recomprar cantidades grandes de diamantes simplemente para mantener arriba el precio.

Más adelante, en Australia se descubrieron depósitos de diamantes coloreados (un diamante no es necesariamente transparente). Al venderlos mediante un marketing diferente, no entraba en conflicto con DeBeers, que nunca tuvo a los diamantes coloreados como una parte importante de su estrategia. DeBeers respondió inundando el mercado de diamantes coloreados en los años 90.

También en los años 90, debido al descubrimiento de nuevos yacimientos de diamantes en Canadá hizo que DeBeers se lanzase a copar lo máximo de este mercado, ya que algunas estimaciones mostraban que su cartel finalizaría. Aunque DeBeers extrae diamantes canadienses, también ha llegado a acuerdos con la empresa minera Broken Hill Propietary para que a partir de 1999 vendiera diamantes a través de su CSO.

No obstante, si DeBeers ha llegado a controlar entre el 85 y el 90% de la producción mundial de diamantes, eso ha cambiado bastante en los últimos años. En la actualidad debido a la competencia de nuevos yacimientos se estima que controla entre un 30 y un 40% de la producción mundial. Productores de otras localizaciones del mundo como Australia, Canadá o Rusia, no quieren pasar ya por las manos de DeBeers.

¿Cómo consiguió DeBeers escapar a las leyes antimonopolio de EEUU? Entre otros motivos porque durante décadas no tuvo presencia alguna en EEUU, sólo a través de su agencia publicitaria. Porque si DeBeers ha sido maestra en dominar la oferta, también lo ha sido en manipular la demanda.

Un diamante es para siempre

5287129852_5bb68dd6da_o.jpg

Un diamante es para siempre fue elegido como el eslogan publicitario del siglo XX. Su sencillez es perfecta. Por un lado sirvió para que DeBeers incrementara sus ventas, por otro lado para que los compradores de diamantes no se sintieran interesados en venderlos sino en mantenerlos siempre y reducir el mercado de diamantes. En los años 30 el mercado de anillos de compromiso en EEUU estaba en declive, hasta que a partir de 1938 las campañas que lanzó DeBeers con su agencia publicitaria N.W. Ayer.

En ese momento a las mujeres jóvenes les interesaban elementos como una casa, una lavadora o un coche, comprar un diamante era algo como tirar el dinero. La agencia de publicidad N.W. Ayer tuvo la tarea de cambiar esto, y se centró en la parte del matrimonio.

Desde 1938 la prensa no dejó de contarnos sobre las características de los diamantes (talla, color y tamaño) que se regalaba la realeza, los millonarios, los políticos y los actores de Hollywood. Además se mostraban anuncios de “Un Diamante es Para Siempre”, el eslogan creado por Frances Gerety de la mencionada agencia en 1947. Estos estaban firmados en pequeño por DeBeers, aunque a DeBeers hasta hace poco le importaba poco que su marca fuera conocida, lo que le importaba es que hubiera demanda de diamantes.

Además había anuncios que comparaban los diamantes a obras de arte de Dalí o Picasso, a partir de los años 50 se empezaron a prestar joyas a las asistentes del Derby de Kentucky y de las ceremonias de entrega de los Oscars de Hollywood. En 1951 las ventas se habían incrementado en un 55%.

¿Recordamos como en 1957 DeBeers llegó a un acuerdo con la unión soviética para comprarles toda la producción que además era más pequeña? Se pasó a estimular la demanda bajando el tamaño de los diamantes mostrados en la publicidad de un quilate a un cuarto de quilate, además de inventarse el anillo de la eternidad, que combina varios diamantes pequeños.

En los años 80 para fomentar la demanda se inventó la arbitraria regla de que un hombre debía de gastarse dos meses de sueldo en el anillo de su prometida, algo que se suele contar como si fuera una regla inamovible. Ya en los primeros años 2000 la publicidad empezó a dirigirse a mujeres solteras e incluso casadas, mostrando como los diamantes se los podrían comprar ellas mismas.

Se calcula que en EEUU en 1951 ocho de cada diez mujeres que se casan han recibido uno o más diamantes de regalo. Hoy en día es aproximadamente el 75%. El mercado de los anillos de compromiso en EEUU en 2012 fue de 7.000 millones de dólares.

EEUU no fue el único país donde DeBeers intentó incrementar la demanda de diamantes, sino que iniciaron campañas en países como Japón, Brasil, y Alemania a partir de mediados de los años 60. Posiblemente Japón fue uno de los países donde se tuvo más éxito para popularizar los diamantes, mostrándolos como parte del éxito occidental en la modernización del país. No tuvo tanto éxito en cambio en mercados como Brasil, Alemania, Austria o Italia.

En los últimos años DeBeers ha empezado a lanzar sus propias joyerías, usando su marca que llevaba décadas siendo asociada al nombre de los diamantes, muchas de estas joyerías DeBeers se encuentran en China, este país en 2009 superó a Japón como segundo mayor importador de diamantes.

Los diamantes no son tan valiosos como solemos creer ¿ha probado a vender un diamante?

4824813024_9304d33e05_o.jpg

La pregunta es ¿son los diamantes valiosos? El valor se lo damos nosotros por la escasez. Aunque algunos científicos opinan que debajo de la superficie de la tierra podría haber miles de millones de toneladas de diamantes..

En los años 70 y después algunas publicaciones decidieron comprobar si la percepción pública sobre los diamantes era cierta, algo que resume un artículo de The Atlantic de 1982, ¿Ha probado a vender un diamante? En este mundo de la gemología descubrieron como en una investigación realizada por una publicación de consumidores en Londres (Money Which) en los años 70 en los que había una fuerte inflación, dio un retorno de un 3% a un comprador después de guardarlo durante ocho años.

En 1976 una asociación de consumidores holandesa intentó probar comprando un diamante de 1,42 quilates y venderlo después. Lo ofrecieron a veinte vendedores, diecinueve lo rechazaron, el último lo aceptó comprar a una fracción de lo pagado.

También hubo un escándalo a finales de los años 70 en EEUU en el que mediante tácticas poco éticas se intentó vender diamantes a inversores en EEUU, no obstante cuando estos decidieron abrirlos y ver su valor por parte de expertos, estos determinaron que los diamantes valían menos de por lo que los habían comprado.

En 1978 una señora rica había pagado 100,000 dólares por un collar que había comprado en Tiffany dos años antes para comprar otra joya que le gustaba. Cuando lo intentó revender en Tiffany, les respondieron que tenían la política de no recomprar los productos que vendían y le recomendaron dirigirse a otro joyero de la quinta avenida. Después de que media docena de joyeros declinaran ofrecerle los 100.000 dólares que había pagado, optó por quedárselo. ¿Será quizás por esto por lo que un diamante es para siempre?

En los últimos años esto está cambiando, las grandes joyerías están preocupadas porque los millenials, los más jóvenes, no compran diamantes y demandan productos diferentes. ¿Veremos tal vez el declive de los diamantes en los próximos años?

Pregunta a los lectores ¿cuál es su experiencia con la compra-venta de diamantes?

En El Blog Salmón | Vinilos y diamantes de cenizas y ¿Es el piso de la playa una horrible decisión financiera?

Más información | Luis Cabral, Profesor de la NYU Stern School of Business, PDF, Pricenomics, UpHere

Imagen | lozikiki

Imagen | géry60


Imagen | atkinson000

Imagen | Scottb211

Imagen | PinkMoose

Leer más
la-economia-de-la-salud-publica-en-espana-(i)

La economía de la salud pública en España (I)

Comparte esta entrada



Esta es la primera de una serie de notas en las que vamos a exponer algunas reflexiones y datos sobre la economía de la salud pública en España[1]. Conviene empezar distinguiendo los términos salud pública, medicina preventiva, asistencia sanitaria individual y sanidad pública. La salud pública se define actualmente con una visión muy amplia como “la ciencia y el arte de mejorar la salud de la población mediante los esfuerzos organizados de la sociedad” (Lumbreras Lacarra y Hernádez Aguado 2018). Comprendería las siguientes actividades:

  1. Vigilancia y valoración del estado de salud de la población,
  2. Búsqueda de políticas efectivas,
  3. Promoción de la salud, que intenta fomentar la salud de la población, trabajando con los ciudadanos y las comunidades para que adquieran un mejor control de su salud,
  4. Prevención de enfermedades. Comprendería, en esta visión amplia, cuatro niveles de prevención:
    • primaria  (actuar antes de que la enfermedad aparezca),
    • secundaria  (actuar en fases presintomáticas),
    • terciaria (una vez enfermo, intentar paliar los efectos de la enfermedad),
    • cuaternaria (intentar evitar, reducir y paliar el perjuicio provocado por la intervención médica),
  5. Desarrollo de programas y servicios sanitarios efectivos que protejan la salud,
  6. Evaluación de las políticas, estrategias y servicios de salud pública (ibíd.).

Estas concepciones amplias no se reflejan plenamente en las estadísticas internacionales de gasto en salud pública ya que por razones pragmáticas —precisar bien sus límites— tienen que ser más conservadoras.

La Organización Mundial de la Salud ha definido la salud pública destacando sus contenidos, diciendo que “es el esfuerzo organizado de la sociedad, principalmente mediante sus instituciones públicas, para mejorar, promover, proteger y restaurar la salud de la población mediante acciones colectivas”. (PAHO 2002).

El término medicina preventiva ha sido también tradicionalmente utilizado, aunque por poner el énfasis sólo en la dimensión recién enumerada en el punto 4), seguramente hoy en día es demasiado restrictivo.

En todo caso, debe quedar claro que la salud pública se refiere a actividades organizadas orientadas a la sociedad o grupos sociales y no dirigidas a tratar las enfermedades de los pacientes individuales, que es el objeto de la medicina clínica. También debe quedar claro que la salud pública es una disciplina científica (íntimamente relacionada con la Epidemiología), una práctica profesional y un conjunto de instituciones que desarrollan y prestan servicios de salud pública (Wojtczak 2003).

La prevención es lo más relevante frente a una pandemia. Incluye la vigilancia epidemiológica, es decir, la detección y diagnóstico de infectados, seguimiento de casos a corto y medio plazo (por ejemplo, con estudios serológicos de prevalencia), rastreo de sus contactos, establecimiento y control de cuarentenas y recogida y tratamiento de la información resultante (en inglés se habla de Test, Tracking y Tracing (TTT) para designar las tres primeras actividades).

En cambio, los servicios de asistencia sanitaria individual
diagnostican y tratan las enfermedades de personas concretas, como cuando me
operan de menisco o me cuidan la COVID-19. Idealmente, ambas facetas, salud
pública y asistencia sanitaria individual, deberían ir coordinadas. Su
naturaleza, sin embargo, es distinta.

Desde el punto de vista de la Economía, las actividades de salud pública presentan fuertes efectos externos, e incluso carácter de bienes públicos, por lo que el mercado falla y no pueden ser suministradas con generalidad por empresas privadas, y tiene que ser el Estado el que garantice estos servicios, con independencia de que organice o no un sistema público de asistencia sanitaria individual. De hecho, hay países —sobre todo en vías de desarrollo— con buenos servicios de salud pública y sistemas elementales de asistencia sanitaria individual (Kerala en la India, o Vietnam).

En cambio, la atención sanitaria individual técnicamente es un bien privado que puede ser suministrado por el mercado. Pero, para evitar la flagrante injusticia de que quien no pueda pagarlo no reciba tratamiento o intervenido quirúrgicamente si lo necesita, los Estados del Bienestar sufragan y organizan la asistencia sanitaria individual. En Economía Pública estos bienes, técnicamente privados, que la sociedad decide financiar por razones de equidad se designan como “bienes de mérito” o “merecedores de tutela”.

Para terminar con las precisiones
terminológicas aclaremos que en el lenguaje ordinario, al menos en España,
hablamos de sanidad pública
refiriéndonos al conjunto de servicios de salud pública y de asistencia
sanitaria individual que financia el Estado, pero debe quedar claro que los
primeros los proporciona por razones de eficiencia (cubrir un fallo del
mercado) y los segundos por razones de equidad.

En una próxima nota comentaremos la
importancia económica de las actividades y los servicios de salud pública.


[1]
Se basan en los artículos publicados por los mismos autores “El gasto público
en servicios de prevención y salud pública en España antes de la COVID-19 (I).
Los datos nacionales”
y “El gasto público en servicios de prevención y salud pública en España antes de la COVID -19 (II). Los datos internacionales”, en Cuadernos
de Información Económica, nº 280 y 281, 
enero-febrero y marzo-abril 2021.

Comparte esta entrada



Leer más
jornada-intensiva-en-verano:-5-buenas-razones-para-establecerla-(infografia)

Jornada intensiva en verano: 5 buenas razones para establecerla (infografía)

Con el periodo estival a la vuelta de la esquina, conviene tener claro cómo se regula la jornada intensiva en verano y si la empresa está o no obligada a concederla.

  • Generalmente, la jornada intensiva en verano suele durar del 1 de junio al 30 de septiembre.
  • Descarga la infografía gratuita para conocer las ventajas de contar con jornada intensiva en verano, entre ellas, una mejora de la productividad.

Con la llegada de los meses de verano, muchas empresas deciden establecer para sus trabajadores una jornada intensiva con horarios desde 7 de la mañana a 2 de la tarde o de 8 a 3.

Imaginemos el panorama: un lunes de agosto, rozando o sobrepasando los 40 grados a las 17:00 horas y sentado en la oficina… En esta situación, cualquiera es de todo menos productivo.

Además, el trabajo en verano no es tan llevadero como en otras épocas del año. Con las altas temperaturas y la cercanía de las vacaciones, estamos más cansados, menos concentrados, de peor humor… Por ello, implantar una jornada intensiva puede ser nuestra salvación.


TE INTERESA

Además de con la jornada intensiva, podemos hacer más llevadero el trabajo a nuestros empleados con el teletrabajo. Echa un vistazo a este artículo y conoce cómo mantener su compromiso con el trabajo en remoto.


¿Cómo se regula la jornada intensiva en verano?

El artículo 34 del Estatuto de los Trabajadores es el encargado de recoger el núcleo de la regulación sobre la jornada de trabajo. Sin embargo, no se hace mención a la jornada intensiva en verano. Por tanto, podemos de decir que no existe este término en la ley.

Dicho esto, merece destacar que:

  • Son los convenios colectivoslos encargados de regular esta materia, concretando los meses de aplicación y sus particularidades. La duración de esta dependerá de cada caso: algunos afortunados establecen que será de 1 de junio al 30 de septiembre, otros de 15 de junio al 15 de septiembre, otros solo los meses de julio y agosto, otros solo agosto, etc.
  • En el caso de que no haya convenio o que no se regule en este, serácada organización la que voluntariamente decida la existencia o no de jornada reducida en los meses de verano. En definitiva, no existe obligación por parte de la empresa de aplicar la jornada intensiva en verano.

Pero ¿y qué pasa con las horas de menos que se trabaja? Como sabemos, la regulación de la jornada laboral viene determinada por el número de horas en cómputo anual que hay que trabajar. Por eso, no importa que en verano se hagan menos horas, siempre y cuando en el cómputo anual se ajuste a lo estipulado.

Igualmente, hay casos de empresas que saben que en cómputo anuales realizan menos horas que lo estipulado, pero que lo aplican como beneficio al empleado.

Jornada intensiva en verano, ¿apta para los autónomos?

Si preguntamos a un autónomo sobre su jornada intensiva en verano, seguramente que la gran mayoría nos responda que eso es una “utopía” para ellos.

Y lo cierto es que es bastante difícil que la disfruten. En el mejor de los casos, en el que sus clientes también apliquen la jornada de verano y no pueda trabajar con ellos por las tardes, seguramente aprovechará para poner en orden la facturación, trabajar desde casa, buscar materiales, etc.

He aquí una reflexión que lo explica:

  • Partamos de la base de que muchos de los autónomos terminan trabajando jornadas de hasta 13 o 14 horas. Y aunque es verdad que en la mayoría de los casos notan un descenso de su actividad, no es tan extremo como para aplicar una jornada intensiva.
  • Muchos ni se plantean la posibilidad de decir que “no” a un trabajo. Y es que, al final, irse de vacaciones o decir que no supone dejar de ingresar dinero. Afortunados que puedan teletrabajar lo tienen más fácil, pero otras profesiones, como la de fontanero o electricista, necesariamente tienen la necesidad de ir presencialmente a solucionar el problema.
  • Aquellos autónomos que teletrabajen o los empleados de las pymes podrán resolver cualquier imprevisto estén donde estén siempre que cuenten con soluciones cloud. Sin la obligación de tener que volver a la oficina, sin interrumpir su descanso veraniego, podrán trabajar en la nube realizando las gestiones del negocio que se requiera en todo momento.

¡Comparte! Nuestro post sobre las 5 mejores razones para establecer la jornada intensiva en verano.

Control horario: registrar la jornada intensiva

Desde 2019 es obligatorio el registro de la jornada laboral. Es decir, llevar un control horario, lo que tradicionalmente es conocido como fichaje.

Al igual que cuando disfrutamos de jornada normal, la jornada intensiva también debe ser objeto de registro.

El cómo hacerlo es “bastante” permisivo. Aunque muchas empresas empezaron optando por llevar un sistema de registro en papel, el teletrabajo ha potenciado el uso de aplicaciones y otro métodos digitales.

Sage Control Horario es una solución en la nube para la gestión del tiempo y presencia que nos ayuda al cumplimiento de toda la normativa en relación al registro de jornada.

5 ventajas de la jornada intensiva en verano

Muchos trabajadores se preguntan por qué en su empresa no aplican la jornada intensiva en verano.

Ya sea porque el tipo de negocio es incompatible con esta jornada o por otras razones, nadie duda del amplio abanico de ventajas que acompaña a la jornada intensiva en verano. Estos son los 5 beneficios más destacados.

1. Sirve para conciliar la vida personal, familiar y laboral

La jornada intensiva de verano ayuda a la conciliación de la vida personal y laboral. Al tener las tardes libres, se puede disfrutar haciendo planes con los hijos o aprovechar para recargar las pilas para el resto del año.

Sage

2. Supone un ahorro en costes

Sí, es cierto que el argumento general que exponen las empresas que no fijan jornada intensiva en verano es que sus clientes tienen jornada normal y que ellos tienen que estar al 100% para ellos. Sin embargo, establecerla produce un ahorro para ambas partes.

Los trabajadores dedicarán un menor tiempo de desplazamiento al diluirse la hora punta y la empresa podrá ahorrar en consumo de aire acondicionado, luz, etc.

3. Se reduce el absentismo laboral

Un trabajador que dispone de más tiempo libre está más descansado. La consecuencia lógica es una repercusión positiva sobre su salud. Además, se cubren ciertos aspectos que resultan necesarios como acudir a citas médicas, realizar diferentes gestiones administrativas o bancarias, etc.

4. Mejora el employer branding

La imagen que perciben los clientes de una empresa es fundamental. No obstante, igual de importante será esta percepción de cara a los empleados. Por tanto, una organización que incluya condiciones de horario flexibles tendrá más posibilidades de retener y atraer talento.

5. Aumenta la productividad

Trabajar más horas no es sinónimo de obtención de mejores resultados. Al contrario, una jornada excesivamente larga produce estrés y saturación para el equipo.

Jornada intensiva fuera del periodo estival: ¿es recomendable?

Se establezca en verano o durante todo el año, la jornada intensiva es considerada por muchos expertos como la mejor estrategia para incrementar la productividad y mejorar la calidad de vida de los empleados.

Las consecuencias de adoptar la jornada intensiva son, además, especialmente beneficiosas para las empresas que operan en un mercado tan cambiante como el actual, donde la receta estrella para el engagement laboral es la flexibilización horaria.

Después de analizar pros y contras, las ventajas que puede aportar la jornada intensiva a tu empresa son muchas. ¿A qué esperas para establecerla?

Jornada intensiva en verano

Sage

- Descarga tu copia gratuita


de la infografía

- La jornada intensiva, la solución


para la productividad de la pyme

Descarga gratis la infografía

Leer más

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies