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Cómo realizar un análisis coste-beneficio para un sistema ERP

Te explicamos las claves para realizar un análisis coste-beneficio de la adopción de un ERP. 

  • El ERP es uno de los mejores aliados para el futuro de tu negocio. 
  • El análisis coste-beneficio debe basarse en unas expectativas realistas. A continuación, te contamos cómo hacerlo. 

La Planificación de Recursos Empresariales (ERP) es una propuesta muy atractiva para las empresas que buscan consolidar la información de gestión e introducirla a lo largo de la empresa, pero para introducir nuevas tecnologías, hace falta un plan de negocio para justificar la inversión. 

Según el estudio Pequeña empresas, grandes oportunidades que realizó Sage a finales de 2021, y que ha sido recientemente publicado, las pymes de buena parte del mundo lo tienen claro. El 51 % esperaba incrementar su inversión en tecnología. Y sus objetivos de mejora llegan a todos los rincones del negocio, con clientes, personal y flujo de caja a la cabeza. Por ello, tiene todo el sentido que se planteen soluciones integrales del tipo ERP que aporten coherencia a todo el flujo de datos e información.   

Pero antes de implementar un ERP en su organización, los líderes empresariales deben establecer un argumento económico para defender la inversión. Tanto los gastos de capital como los gastos operativos deben compararse con la rentabilidad esperada de la inversión (ROI) para cualquier compra clave de la empresa. Cuando el retorno de la inversión proyectada supera el coste total de propiedad (TCO), la introducción de un nuevo sistema ERP debe tener un impacto positivo en la rentabilidad, pero hay varias consideraciones que hay que hacer antes de poder llegar a esa conclusión. 

¡TUITÉALO! Seguro que el ERP le conviene a tu empresa. Toma nota de qué costes y beneficios debes tener en cuenta. 

Tener en cuenta los costes 

Debes tener en cuenta desembolsos iniciales con motivo de la adquisición. Además, has de considerar la corriente de pagos que se producirá después con la implementación del ERP en su organización. 

Si hay sistemas existentes disponibles, el trabajo de integración buscará sincronizar las tecnologías. Se producirá una conversión de archivos y una consolidación de la información de gestión. No obstante, la eliminación de los viejos procedimientos y soluciones de legado también puede generar costes e implicar una migración de datos que ocupará tiempo. 

Una vez instalado, deberás considerar los costes de pruebas rutinarias. Son necesarios para garantizar que el usuario se beneficie de la funcionalidad completa. Y, a través del tiempo, algo semejante te pasará con revisiones y actualizaciones periódicas del ERP.  

Por otro lado, tendrás que considerar otros desembolsos, como: 

  • Los de formación del equipo para que se adapte a los nuevos procedimientos.  
  • Una partida para posibles imprevistos

Tener en cuenta los beneficios 

El uso de soluciones de ERP y de procesos de gestión de recursos optimizados trae incontables ventajas:  

  • Ayuda a simplificar los procedimientos
  • Evitarás trabajos duplicados y costes de manipulación manual.  
  • Gozarás de más información en la toma de decisiones.  
  • Controlarás el rendimiento de los distintos departamentos y en toda la organización en su conjunto.  
  • Obtendrás procesos más eficaces y eficientes de toma de decisiones. 
  • En la fábrica, la automatización de tareas manuales aumenta la velocidad de entrega y reduce el error humano.  
  • Los trabajadores clave pueden centrarse en tareas de mayor valor añadido, con una fiabilidad garantizada gracias a sistemas globales que señalan inexactitudes y errores. 

La compra de un sistema ERP debe considerarse como un proyecto a largo plazo que se traduzca en beneficios para tu negocio  

Se podrían enumerar muchas otras, pero la ventaja de los ERP que suele citarse más es que consigue que todas las áreas del negocio se muevan juntas, como un conjunto. Los sistemas ERP hacen que sea más sencillo registrar y reportar datos a través de una serie de elementos tangibles. También facilitan los procesos de seguimiento de negocio y hacen la resolución de problemas más rápida. Con datos claros en las manos de quienes toman las decisiones, las organizaciones pueden establecer expectativas realistas en cuanto a plazos y costes. 

Fijar el nivel de las expectativas 

Los sistemas ERP no cambiarán el rendimiento del negocio de un día para otro. En muchos sentidos, son un facilitador del cambio, en lugar de la solución. Tiene sentido ser conservadores al proyectar los beneficios económicos de los nuevos sistemas y procesos ERP.  

En definitiva, conviene que seas realista.Si a los distintos departamentos de tu negocio les transmites expectativas exageradas, puedes generar frustración. Con ello, solo conseguirás empeorar la percepción del ERP.  Al final, disminuirás la implicación del equipo humano y perderás parte de los beneficios potenciales.  

Es recomendable que elabores un escenario de costes para el peor caso junto con una estimación probable. Además, debes establecer un sólido caso de negocio para la inversión en el ERP, sobre todo cuando el clima económico sea difícil, con presupuestos cada vez más limitados. Esto les da a los objetivos del proyecto un contexto estratégico y te facilitará la decisión de optar por el ERP o no. 

Lograr el máximo valor del ERP 

Si revisas y actualizas los procesos del negocio periódicamente, el retorno de la inversión de la implementación de los sistemas ERP es claro. Llevarás revisiones periódicas de procesos y utilizarás datos cuantitativos. Con los comentarios del personal que participa en la planificación de los recursos, el retorno de la inversión debería superar el coste total de propiedad. 

Como paso previo a la introducción de una solución de Planificación de Recursos Empresariales (ERP), debes tener la inversión justificada. Y eso pasa por un análisis coste-beneficio apoyado sobre expectativas realistas. 

Los sistemas ERP son de gran utilidad para la correcta organización una empresa por diferentes motivos. El empleo de estas herramientas dará grandes resultados y beneficios a largo plazo.  

Nota del editor: Este artículo fue publicado con anterioridad y actualizado a 2022 por su relevancia.

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¿Cuánto tiempo suele pasar entre la última subida de tipos y la primera bajada?

Los bancos centrales están marcando un año de continuadas subidas de tipos de interés para dar caza a una inflación descontrolada. Un hecho que tiene sus consecuencias porque determina las condiciones en el mercado del dinero cuando los bancos comerciales toman prestado o invierten con los bancos centrales.

Los tipos de interés del banco central tienen un efecto en cascada en toda la Eurozona e influyen bruscamente en los tipos que los bancos comerciales ofrecen a los hogares y las empresas. Consecuentemente, las hipotecas, los préstamos para automóviles y las tarjetas de crédito están siendo más caras y menos atractivas.

Basándonos en las previsiones del BCE, la inflación sigue siendo demasiado alta y se mantendrá por encima del objetivo durante un período prolongado. De hecho, la inflación anual en la eurozona alcanzó el 10,7%" en septiembre, un máximo histórico y casi cinco veces el objetivo del 2% perseguido por el BCE. Los tres países bálticos mostraron tasas de inflación superiores al 20%.

Los bancos centrales buscan "estrangular la demanda" encareciendo el precio del dinero. Inflación o recesión, esas son las cartas que tenemos encima de la mesa, y las autoridades monetarias apuestan por contraer el PIB y enfriar la economía.

Todo ese proceso requiere tiempo, que se reduce cuanto más agresivo es en la subida de tipos y se indaga en la restricción de liquidez en el sistema. Una vez empiezan a surtir efecto en la economía real los principales indicadores económicos se deterioran y será en ese punto -si la inflación está atada en corto- cuando se empiece a bajar los tipos de interés.

Muchos están esperando ese momento. Especialmente aquellos con hipoteca a interés variable vinculado al euríbor, que tras la última revisión las hipotecas medias están pagando anualmente hasta 800 euros más. Entonces, ¿Cuánto tiempo suele pasar entre la última subida de tipos y la primera bajada?

Para ello, echemos un vistazo a la Reserva Federal que ya la ha visto de todos los colores, especialmente en la década de los setenta, con elevadas similitudes con el entorno actual por los precios pensionados. En este caso, si valoramos los últimos 50 años de la Fed, el período de tiempo promedio entre el último incremento de tipos de interés en un ciclo y el primer recorte ha sido de 7 a 8 meses.

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Como decimos, el BCE tiene una vida más corta, con el punto de partida en 1999. Aun así, podemos hacer el mismo ejercicio. Los tipos de interés subieron en octubre del 2000 al 4,75% y vimos el primer recorte en mayo de 2001 en siete meses, dejándolos en 4,50%.

Seguidamente, tenemos que dirigirnos al 9 de julio de 2008 cuando, a pesar de los síntomas de debilidad económica, propició su última subida de tipos hasta dejarlos en el 4,25%. Ya en el mes de octubre de ese año vieron el pánico desatado en los mercados y el deterioro económico y bajaron los tipos de interés hasta el 3,75%. Tan solo tres meses en este caso.

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Su última bajada de tipos de interés, antes del pico, la vimos en 2011 al calor de la crisis de deuda. En julio de ese año se subieron los tipos de interés hasta el 1,50%. Y cuatro meses más tarde, en noviembre, los tipos de interés se recortaron hasta el 1,25%.

Como vemos, en las últimas crisis el BCE ha tenido cierta celeridad en bajar los tipos de interés frente a su última subida. No obstante, la situación para esta autoridad monetaria es nueva, una inflación de dos dígitos que hay que frenar.

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Cómo ser menos estúpido y equivocarse menos en decisiones económicas

La enésima debacle cripto, las tecnológicas por los suelos, esquemas piramidales, gurús de mercadillo prometiendo oro... Es una jungla económica ahí fuera y cualquier mala elección puede significar la ruina. Pero si algo está claro es que, cuando se trata de euros, ahorro e inversión, nuestra capacidad de tomar buenas decisiones se nubla fácilmente.

El dinero despierta nuestra irracionalidad y, por eso, el primer paso para una buena gestión del mismo es no tomar decisiones estúpidas.

Que parece obvio, pero veremos que es mucho más difícil de lo que parece.

Por qué estamos condenados a ser estúpidos con el dinero

En 2002, Daniel Kahneman and Amos Tversky ganaron un Nobel por sus trabajos demostrando que, básicamente, cuando el dinero entra en escena, nuestra capacidad de toma de decisiones racionales sale por la ventana.

Quiero dejar claro que este fenómeno tiene que ver más con una psicología inevitable que con una falta de inteligencia (que también contribuye, claro).

Aunque la ignorancia es muy cara, gran parte de los mecanismos que nos hacen tomar malas decisiones económicas vienen propiciados por sesgos cognitivos que todos tenemos.

Somos humanos y estamos programados así. Y eso empeora porque dichos sesgos y mecanismos son aprovechados por el marketing y la economía del comportamiento para disparar emociones que nos hagan consumir y comprar más, o caer en inversiones rentables solamente para quien las propone.

Por eso, hoy nos protegeremos de malas decisiones económicas aprendiendo a «ser menos estúpidos».

Los 7 factores principales que nos vuelven estúpidos

Cómo ser menos tonto en temas económicos

Para ser menos tontos con el dinero, hay unos factores generales que nos empujan a tomar malas decisiones y otros factores concretos que tienen que ver con la economía en sí.

Para los elementos generales, las tesis de Adam Robinson nos van a resultar útiles. Este inversor, que además es maestro de ajedrez, educador y todo un hombre renacentista, plantea 7 factores que nos inclinan a actuar de manera estúpida en cualquier situación.

Estos son:

  1. Encontrarnos fuera de nuestro círculo de competencia. Que conecta con el consejo de inversión más famoso de Warren Buffet y Berkshire: «Invierte en lo que conozcas». Que seas un buen ingeniero no se traslada a sabiduría sobre geopolítica o redes sociales. Las probabilidades de tomar decisiones estúpidas por el orgullo de creer que sabes más, cuando estás fuera de tu especialidad, es casi del 100%.
  2. El estrés. No tomemos decisiones (que podamos posponer) en momentos de agobio.
  3. La prisa. Otro elemento que, cuando está presente, es preludio de malas decisiones. No en vano, vendedores y marketing usan la urgencia por algo.
  4. Obsesionarnos con un resultado. Que hará que nos atemos al Titanic cuando se hunde. Los ganadores eligen las batallas, cambian de dirección y abandonan constantemente. Que no nos timen las frases de autoayuda.
  5. Estar sobrecargados de información. Un clásico actual. Pasado un punto de saturación, esta información juega en nuestra contra y no a favor.
  6. Encontrarnos en un grupo donde la cohesión social resulta importante. Esa reunión de trabajo, ese grupo de inversión donde todos quieren hacer algo que no nos huele bien... Si el estatus y la conformidad social en un grupo son más importantes que los resultados objetivos, terreno abonado para decisiones estúpidas.
  7. Encontrarnos ante una autoridad o experto. Como ya vimos, cuando se trata de adivinar el futuro, muchos expertos son peores que monos tirando dardos al azar. O a ver quién le lleva la contraria al jefe que no es consciente del factor número 1 que hemos visto. La presencia de este otro factor puede ser presagio de probables decisiones estúpidas, especialmente, cuando hablamos de autoridad.

La aplicación práctica de esto es clara. Saberlos para reconocer esos factores cuando están presentes y, en ese caso, detenernos a analizar con cabeza fría y eliminarlos en la medida de lo posible. Si no, la decisión tonta ronda cerca, acechando.

Lo bueno de estos 7 factores generales que llevan a la estupidez es que son aplicables a cualquier situación. Sin embargo, cuando hablamos de economía, ahorro e inversión, no es suficiente para evitar tropiezos tontos.

Factores económicos concretos que nos llevan a decisiones estúpidas con el dinero

Factores económicos que nos hacen perder dinero

Hay demasiados como para no convertir esto en un libro, pero estos son algunos de los más importantes a tener siempre en cuenta para evitarnos tropiezos predecibles:

El descuento hiperbólico

Por el cual valoramos mucho más algo presente que algo futuro. Es decir, que tendemos a aceptar 50 euros hoy más fácilmente que 100 euros en cuatro semanas.

Este sesgo también nos lleva a pensar que más adelante lo haremos mejor de lo que lo vamos a hacer ahora. Así, el lunes seguro que empezamos a ahorrar, mañana ya nos ponemos a hacer un presupuesto... Y así fastidiamos a nuestro yo futuro constantemente con malas decisiones económicas.

La aversión a la pérdida

Nos movemos más para no perder que para ganar. Por eso, muchos productos recurren a ese sesgo para manipularnos en su marketing y que compremos más.

El FOMO (Fear Of Missing Out) o miedo a perdernos algo bueno también es otro motor enorme de decisiones equivocadas, que nos llevan a gastos innecesarios e inversiones desastrosas.

La falacia de los costes hundidos

O cómo estamos perdiendo a la ruleta, pero con una apuesta más a doble o nada, seguro que recuperamos todo. Así que seguimos tirando dinero por el desagüe de las malas decisiones.

No queremos reconocer equivocaciones. Esta falacia afecta mucho a supuestos «buenos» consejos de inversión, como mantenerse y holdear, o comprar durante el bajón de valores e inversiones que no, no van a remontar, igual que no vamos a ganar ese doble o nada en la ruleta.

Lo mismo pasa con compras que son un desastre y un agujero financiero, como ese coche de lujo en el que seguimos perdiendo dinero. Debemos tener cabeza fría y ser sistemáticos cortando pérdidas.

La creencia en balas de plata y almuerzos gratis

Están programadas muy hondo en nuestra psique, pero la realidad es que nada de eso existe.

¿De verdad pensamos que, si alguien ha encontrado un método infalible de inversión, nos lo va a vender en un curso de 49,99 euros? ¿De verdad creemos que hay inversiones sin riesgo con enormes rentabilidades que los expertos no conocen, pero un tipo en Youtube sí?

El secreto es que no hay secretos.

El «efecto avestruz»

Efecto Avestruz en economía

Las pobres avestruces no entierran la cabeza en la arena ante los peligros, pero ellas son el mito y nosotros, la realidad.

Nuestra aversión natural hace que, muchas veces, no nos pongamos firmes con el tema del dinero para no afrontar lo duro y lo incómodo.

Así, seguimos otra semana más sin:

  • Ponernos de una vez con unos objetivos y un presupuesto personal.
  • Cancelar préstamos, tarjetas y servicios cuyos intereses o cobros mensuales terminan siendo una «muerte financiera por mil pequeños cortes» que nos desangran.
  • Revisar bien los gastos y darnos cuenta de que dedicamos mucho más dinero del que creíamos a caprichos o vicios. Este es un clásico entre compañeros dedicados a finanzas personales, que se repite en las conversaciones. Cuando se ponen a revisar las verdaderas salidas de caja de sus clientes, siempre han de tener la conversación más incómoda del mundo y no los envidio.
  • No pensar en jubilaciones, planes o seguros hasta que es tarde, porque, de momento, creemos aún queda tiempo (spoiler: no).

No comprender bien la aritmética o la probabilidad

Lo cual es normal, porque no estamos hechos para ellas de manera natural. Requieren esfuerzo y educación en el que casi nadie invierte y, con suficiente emoción, el marketing sabe que puede anular la poca predisposición que tengamos.

Así, lo gratis hace que nos comportemos irracionalmente y nos salga caro, o muchas ofertas son confusas en sí mismas o contribuyen a que gastemos más de lo previsto, atraídos por la promesa inicial de ahorro.

Cuidado en presencia de todo eso, porque lo que parece demasiado bueno para ser verdad, es demasiado bueno para ser verdad.

En definitiva, con el dinero y la economía hay una tendencia irresistible a comportarnos de manera estúpida. Nos lo recuerdan cada día muchos titulares de noticias, pero, conociendo todo esto, podemos ser un poco menos tontos más a menudo. Es un comienzo.

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Perspectivas económicas

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Desde que dejamos atrás lo peor de la pandemia, la economía española ha evolucionado al compás del violento shock generado por la crisis energética y de suministros, y de su principal derivada: la inflación. El golpe plantea como primera cuestión si estamos condenados inexorablemente a una recesión. Las señales son todavía confusas.

Por una parte, las expectativas están en números rojos. Esto es porque las empresas registran una fuerte caída de los pedidos (con índices PMI por debajo del nivel 50 que marca el umbral de la contracción, tanto en la industria como en los servicios). En los sectores de manufacturas los márgenes se comprimen: los precios percibidos crecen menos que los costes de los suministros. Y es un hecho que los hogares en su conjunto están perdiendo capacidad de compra, algo que se refleja en la caída en picado de la confianza de los consumidores.

Otros indicadores, sin embargo, desafían el pesimismo de las encuestas de opinión. Destaca el buen comportamiento del mercado laboral, según el avance de afiliación de mediados de mes, cuando se anunciaba una tormenta perfecta para este otoño. El auge de las exportaciones tampoco se desmiente. Nuestras ventas en el exterior se incrementan a tasas que casi duplican las de la locomotora alemana (24% en lo que va de año, versus 14%). El turismo sigue tirando.

Con todo, el consumo es el que marcará la diferencia. Es posible que los hogares estén todavía recurriendo al ahorro para compensar la erosión de los ingresos como consecuencia de la inflación. Pero este comportamiento, que estaría sosteniendo el gasto en consumo a muy corto plazo, —de ahí la evolución del empleo— se está agotando. Por tanto, habida cuenta del peso preponderante de ese componente de demanda en el PIB, una contracción de la economía es lo más probable, si no en el cierre del presente año, en el inicio del que viene.

A partir de ahí todo depende de la presión de los precios que han generado el brote inflacionista, y esa es la segunda clave de la coyuntura. La desescalada del IPC, de afianzarse, aliviará los presupuestos familiares. Esto no es descartable habida cuenta de la relajación de la cotización del gas en los mercados a plazo y del estancamiento del precio del petróleo en esos mismos mercados, sin duda bajo la hipótesis de un statu quo en el conflicto de Ucrania.


Sin embargo, los alimentos están tomando el relevo de la energía como principal factor de inflación. El IPC de alimentos no elaborados se incrementa a un ritmo anual superior al 15% tanto en España como en la UE, y con una tendencia ascendente. No es solo que estos productos incorporen el encarecimiento de los hidrocarburos. También soportan los fenómenos de escasez provocados por la climatología y la volatilidad de los mercados internacionales. Pese a todo, el encarecimiento de los alimentos tiene menos repercusión en el aparato productivo que el shock energético. Cabe por tanto esperar una moderación del IPC en los próximos meses, que podría facilitar una recuperación a partir de la primavera. Es decir, aunque se produjera una recesión (dos trimestres en negativo), sería de corta duración.

En todo caso, el BCE da a entender que todavía seguirá ajustando sus tipos, hasta que las señales de desescalada de los precios sean patentes. Es crucial que esta política no empañe las perspectivas de recuperación, y que se acompañe de una vigilancia estrecha de la estabilidad financiera. Cabe resaltar la advertencia del propio BCE en su informe de estabilidad financiera divulgado esta semana, acerca de los riesgos de falta de liquidez de los fondos de inversión, en un contexto de subida de tipos de interés.

Con todo, y pese a las incertidumbres, el consenso de analistas de Funcas apunta a una desescalada de la inflación y, a su corolario, es decir una progresiva recuperación a partir de la próxima primavera.

FONDOS | A nivel global, el volumen total de activos de los fondos y sociedades de inversión y de los fondos de pensión alcanzó el 120% del PIB mundial en 2021. En el caso de España, el peso del sector es menor, del 62% en 2021, pero en fuerte expansión en los últimos años (44% en 2015). El patrimonio de los fondos de inversión totaliza 620.000 millones de euros y su rentabilidad alcanza el 6,3% (con datos de 2021). Para los fondos de pensión, las cifras son de 128.000 millones y 8,5%, respectivamente.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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En 2023 el precio de la vivienda bajará, subirá y dará vueltas en círculos, no hay consenso

El precio de la vivienda en España ha estado subiendo en 2021 y 2022. A pesar de la pandemia del coronavirus, a pesar de la crisis provocada por la guerra en Ucrania. La cuestión es ¿seguirá subiendo en 2023? Lo cierto es que nadie lo tiene muy claro, hay quien cree que subirá, quien cree que bajará y es muy fácil encontrar ambas interpretaciones.

La vivienda suele ser el principal activo de las familias españoles, siendo para muchas su único patrimonio. La evolución del precio de la misma se convierte por tanto en un tema fundamental para las finanzas personales, por un lado porque muchas familias se encuentran en una situación delicada si este baja, por otro porque muchas familias necesitan que baje para poder acceder a una vivienda.

El momento del que venimos

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En 2020 con los confinamientos y la recesión asociada a la pandemia parecía obvio que el precio de la vivienda bajaría, especialmente en las grandes capitales. Las empresas empezaron a apreciar el teletrabajo, haciendo innecesario vivir en un apartamento pequeño bien conectado por transporte público en la gran ciudad sino que una vivienda en una ciudad pequeña con una buena conexión a Internet era válida. ¿Por qué vivir entonces en la gran ciudad? Hubiéramos podido suponer que los menores precios de las viviendas en pequeñas y medianas ciudades atraerían a trabajadores que trabajarían desde casa, pero no es lo que ha pasado exactamente.

A pesar de eso los precios de la vivienda siguieron subiendo en 2021 y 2022 en Madrid y Barcelona. El pasado septiembre de 2022 fue el mejor desde 2007 en compraventas y hubo una subida interanual del 6,9% en España. En Madrid capital fue más acusada, con una subida del 8,9% y alcanzándose un esfuerzo del 44% para las familias para pagar la vivienda. Se achaca al incremento de la población, donde todavía hay más demanda de vivienda que oferta.

Además hubo record de compraventas, un crecimiento interanual del 10,7%. En lo que va de año cambiaron de manos más 409.000 casas usadas, y todavía queda diciembre. Se espera que 2022 supere las 566.000 de 2021. Si es cierto que otros activos urbanos como trasteros y garajes, no van en esa misma tendencia.

Pero durante 2022 hemos visto como los tipos de interés están subiendo con el objetivo de contener la inflación que estamos sufriendo debido a la combinación del gasto público para estimular la salida de la recesión de la pandemia, la salida de la pandemia que provocó shocks de oferta (hasta en cosas tan triviales como las flores de los difuntos) y el aumento del precio de la energía y los alimentos debido a la guerra en Ucrania.

El precio de la vivienda en 2023 y 2024

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Aunque no está claro si la vivienda va a subir en 2023 o 2024 si hay algo en lo que coinciden todas las predicciones. Se va a reducir el número de compraventas Tinsa habla de un descenso del 5% en las transacciones tras alcanzarse el máximo en quince años. BBVA Research afirma que se van a reducir las compraventas a pesar de que opina que la vivienda puede subir un 2% en el próximo año. Aun así en términos reales bajaría un 2.4%.

Por otra parte, Bankinter prevé una bajada del 3% en 2023 y otra del 2% en 2024. Eso contrasta con sus predicciones para los otros países donde tiene presencia (Portugal e Irlanda), donde espera subidas del precio de la vivienda.

El portal inmobiliario pisos.com ofrece una horquilla en la que la vivienda bajará un máximo del 3% o subirá como máximo un 1%., dejando la situación entre Madrid y Barcelona de modo estable. Para 2023 Solvia apunta a una subida entre un 1,5 y un 2,5% y Eduardo Molet a una subida entre el 2,5 y el 5%.

Aunque es cierto que ha subido el precio de la vivienda y que los tipos de interés más altos dificultan su adquisición, creo que en el actual contexto de inflación alta tenemos que tener en cuenta que el poder adquisitivo de los trabajadores podría no verse tan deteriorado si los sueldos se acabaran igualando a la subida de la inflación. Algo que recogen algunos convenios laborales y leyes (como es el caso de las pensiones) o prácticas de mercado. También la alta inflación puede tener impacto en los alquileres, empujando a las familias optar por comprar algo por debajo de sus expectativas.

Es decir, creo que en el contexto actual de inflación, tipos de interés crecientes, crisis energética, guerra en Ucrania, inflación y recuperación de la pandemia, es bastante difícil determinar que va a suceder en los próximos meses con el precio de la vivienda. Si creo que podemos dar por cerrado el ciclo iniciado en 2012.

Pregunta a los lectores, ¿creen que el precio de la vivienda bajará o subirá en 2023?

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El secreto de la pirámide

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La historia de FTX es la de un balance contable imposible. Una compañía con 900 millones de dólares en activos y 9.000 millones de pasivo. Un disparate numérico que solo es posible en una industria no regulada y, probablemente, salvaje. En la caída de esta bolsa de negociación de criptoactivos se han observado otros despropósitos como apropiación de fondos de clientes, o activos de dudosa procedencia o valor. Incluso algunos a todas luces inventados. Este sí que parece el secreto de la pirámide, pero no el que trataba de resolver Sherlock Holmes en la entretenida película de Barry Levinson de 1985, sino un esquema piramidal en el sentido más fraudulento. Binance, otra estrella del firmamento cripto, iba a adquirir FTX, pero un simple proceso de due diligence (auditoría muy detallada) indicó que comprar humo a precio de oro no es una opción sensata.

La cuestión es que mientras el mundo de las criptomonedas se tambalea, parece conveniente recordar que sus principios inspiradores se han esfumado. Cuando se creó bitcoin, su famoso y ya mítico documento de apoyo señalaba que la moneda nacía para acabar con un sistema monetario basado en instituciones financieras, además de para reducir el fraude y proteger a los consumidores. Y aquí estamos… Bitcoin ha perdido más del 70% de su valor respecto a hace un año. El resto de las criptomonedas ha seguido una suerte parecida, incluidas las consideradas “estables” (aquellas que tratan de mantener una paridad con una moneda fiduciaria).

Es posible que muchos sigan pensando que el caso de FTX es solamente una excepción que empaña al resto del criptomercado. Sin embargo, estafa aparte, revela la dificultad de establecer la propuesta de valor que hay detrás de gran parte de la oferta de estos productos. Las tecnologías de registro distribuido (como blockchain) dan soporte a esta industria, pero ya quedan atrás aquellos momentos de euforia inicial en los que se pensaba que podrían servir para todo, desde establecer contratos seguros de forma rápida a escala internacional (algo que es posible) hasta curar enfermedades (algo, cuando menos, exagerado). El problema es que si separamos la tecnología (registros descentralizados) del activo (monedas, tokens) el segundo se queda más a la vista que un rey desnudo, aunque algunos solo quieren seguir viendo la realeza y no la crudeza de las carnes expuestas.

Para los que mantienen la base de la pirámide, mientras los de arriba se derrumban o hunden, tengan en cuenta que el caso de FTX no es el único de sonoros fracasos e inversores dejados en la estacada estos días. Otros ya reportados incluyen Hotbit, Hodlnaut, Invictus Capital, Vauld, Voyager y un largo etcétera. Una vez que la época de tipos de interés negativos se despide, la excentricidad pone a la tecnología en su sitio y a la imaginación sin valor de respaldo en el suyo. La gran oportunidad de las empresas tecnológicas de entrar con éxito en el negocio financiero a corto y medio plazo puede estar evaporándose. Para el largo plazo, si desean entrar, harán falta propuestas de valor sin posibilidad de fraude y más allá de metaversos y criptos piramidales.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Acertar en la prórroga

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Los Presupuestos Generales del Estado para 2023 (PGE2023) son financieramente viables y creíbles. Incluso en un escenario macroeconómico peor que el previsto por el Gobierno. Y lo son porque los ingresos en 2022 van a acabar muy por encima de lo previsto, lo que proporciona un colchón y el mejor punto de partida posible.

El verdadero desafío está en lo que, en su mayor parte, no aparece en los PGE2023, pero que va a suponer un impacto fiscal significativo en 2023: la prórroga del paquete de medidas para amortiguar el golpe de la inflación y la crisis energética. En función de cómo se concrete esa prórroga, se puede poner en cuestión la solvencia presupuestaria y fiscal en 2023.

Una extensión plena y directa de las medidas aprobadas a lo largo de 2022 y las que puedan llegar nos llevaría a un efecto global neto por encima de 1,5 puntos de PIB. Eso desbordaría el colchón existente y el déficit en 2023 volvería a aumentar. Por eso hay que escoger y priorizar. Tres sugerencias para ello.

La primera es que las prórrogas de las medidas se hagan trimestralmente. Esto permitiría tener capacidad de adaptación del paquete fiscal ante lo que nos pueda deparar un futuro incierto y abierto; al tiempo que su coste anual final pueda ir modulándose para no incumplir en ningún caso con el objetivo de déficit de 3,9% de PIB que contemplan los PGE2023.

La segunda es que se dé prelación a las medidas focalizadas en los hogares más vulnerables y las ramas y empresas más impactadas; a las actuaciones que reman a favor y no en contra de la transición energética; y a las que van en línea con los cambios fiscales propuestos en el libro blanco de la reforma tributaria. Teniendo en cuenta todo lo anterior y su coste financiero, las candidatas a ser eliminadas o, al menos, muy recortadas son la bonificación general a carburantes y la rebaja del IVA sobre el gas y la electricidad. Aunque, en el primer caso, tendría sentido mantenerla para ramas productivas intensivas en combustible y con muy difícil adaptación tecnológica inmediata, como pueden ser el transporte y la pesca.

La tercera es que la revisión trimestral apuntada abre la puerta a que, en los próximos meses, el paquete fiscal aparezca también en las negociaciones sobre un pacto de rentas amplio. Los agentes sociales podrían participar en la definición y elección de medidas compensatorias; lo que, a su vez, daría una perspectiva integradora al propio paquete.

Convirtámonos en referencia europea también en esto.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Nube híbrida, ¿qué es y cuáles son sus ventajas?

La nube híbrida conjuga las capacidades de la nube pública y de las privadas ofreciendo más seguridad y ahorro de costes a la empresa.

  • A través de la nube híbrida la empresa puede amoldarse mejor a las cargas de trabajo que tenga.
  • Un 95% de las empresas ya ha optado por algún tipo de nube. ¡Descubre por qué!

Probablemente hayas oído hablar mucho de la nube híbrida, y de que es enormemente popular entre empresas de todos los tamaños y en todos los sectores. Es más, seguro que te han llegado a decir que tu empresa podría beneficiarse significativamente de ella, sobre todo si está inmersa en un proceso de transformación digital.

Lo cierto es que ya hay un 95% de empresas ha adoptado algún tipo de nube. La mayoría de ellas ha optado por la híbrida. Pero, ¿te gustaría saber qué es exactamente la nube híbrida y cuáles son sus ventajas? Te lo contamos en este artículo.

La nube híbrida combina las capacidades de la nube privada local y de la nube pública externa. Esta oferta permite sacar el máximo provecho de las inversiones tecnológicas, al tiempo que obtienes acceso a recursos adicionales cuando sea necesario.

Qué es la nube híbrida

La nube híbrida no es en realidad un tipo de nube diferente a las que ya conoces. Es una mezcla de nubes privadas y públicas.

Las ventajas son importantes. Básicamente, se obtiene lo mejor de todos los mundos de la nube. La empresa ahorrará costes y las capacidades de varias nubes públicas que permiten obtener a la compañía una capacidad adicional cuando la necesita.

Tener la capacidad de mover las cargas de trabajo entre las nubes privadas y públicas a medida que cambian los requisitos de computación, coste y rendimiento da la flexibilidad que las empresas necesitan para operar en los mercados actuales, en constante cambio.

¡COMPARTE! ¿Qué es la nube híbrida y qué beneficios puede suponer para tu negocio?

Beneficios de la nube híbrida

¿Cómo puede tu empresa utilizar realmente la nube híbrida? A continuación, mostramos algunos ejemplos.

Mantener privados los datos y aplicaciones más sensibles

La nube pública es atractiva por su rentabilidad, pero muchas empresas no confían en ella para albergar sus datos y aplicaciones financieras, de clientes o de propiedad intelectual (IP) más sensibles. Aquí es donde entra en uso la nube híbrida. Te permite mantener el control de las cargas de trabajo sensibles o críticas.

Un ejemplo de ello es cuando se utilizan registros de los clientes que contienen información sobre tarjetas de crédito y otros datos de identificación personal, que se pueden alojar en un proveedor local. Por el contrario, se puede recurrir a un proveedor de nube pública de terceros para alojar recursos menos críticos, como cargas de trabajo de prueba y desarrollo o datos de copia de seguridad. Así, tienes la opción de relegar cada tipo de datos o aplicaciones a la plataforma de nube más adecuada.

Acomodar cargas de trabajo dinámicas o muy fluctuantes

La nube híbrida elimina la necesidad de aumentar el centro de datos de la empresa para acomodar los picos de demanda en la nube privada (por ejemplo, durante la temporada de vacaciones). Simplemente puedes añadir capacidad cuando la necesites a través de un proveedor de nube pública, y luego reducirla en consecuencia.

Por ejemplo, el sistema de entrada de pedidos en el comercio minorista. Aquí podrías ejecutar la propia aplicación en la nube privada, pero aprovechar la nube pública cuando se produzcan picos de demanda.

Acelerar el despliegue de nuevos productos y servicios

Uno de los usos más comunes de la nube híbrida es mantener la IP sensible y de misión crítica en la nube privada, pero luego «salir» a la nube pública cuando se necesita capacidad para actividades de desarrollo o pruebas menos sensibles.

Digamos que estarás desarrollando una nueva aplicación móvil para dar a tu empresa una ventaja competitiva. Puedes mantener las actividades clave de investigación y desarrollo en la nube privada y utilizarla para las pruebas y el control de calidad. Incluso puedes tener varios proyectos en desarrollo al mismo tiempo, ya que la nube pública le ofrece recursos prácticamente ilimitados.

Mitigar el riesgo de desastres naturales o fallos técnicos

Una nube híbrida puede utilizarse para garantizar la protección de la empresa contra un fallo en un sitio físico. Al hacer una copia de seguridad de los datos en la nube pública, estarán disponibles en caso de desastre, ya sea natural o provocado por el hombre. Hoy en día, muchas empresas utilizan incluso varias nubes públicas para mitigar el riesgo.

Tener la capacidad de mover sin problemas las aplicaciones y datos que tiene la empresa entre estos dos entornos te permitirá optimizar la forma en que se cumplen los requisitos de coste, seguridad, rendimiento y disponibilidad de la empresa. Recuerda: si quiere mejorar la eficiencia de tu empresa, además de utilizar el software ERP de Sage, la nube híbrida es una de las mejores soluciones.

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Londres ya no es la el mercado bursátil más grande de Europa

Históricamente, Londres ha destacado como el mercado bursátil más grande del territorio europeo. Pero esta semana París le ha arrebatado la posición, alcanzando un valor de mercado de 2.823 billones de dólares frente a los 2.821 billones de Londres.

Para darse esta situación se han unido una serie de factores como son el Brexit, el desplome de la libra, las incertidumbres generadas de una eventual recesión y un repunte de las acciones de lujo de Francia como es el caso de LVMH.

Los recientes movimientos en el mercado de divisas han beneficiado a Francia, ya que el desafortunado proyecto de presupuesto con sus altos de recortes fiscales de septiembre de la ex primera ministra Liz Truss que no estaban compensados correctamente con recortes de gasto público hundió la libra esterlina a su valor más bajo frente al dólar estadounidense y provocó el caos en la economía.

Origin

El derrumbe de la confianza en el mercado británico se produjo tres semanas después de que Truss obtuviera el timón del país, y el mercado de acciones y bonos del Reino Unido perdió cerca de 500.000 millones de libras esterlinas en valor combinado.

Al mismo tiempo, economía inglesa se ha visto dañada de forma estructuralmente por el Brexit. Ha reducido la producción potencial de la economía, ha erosionado la inversión empresarial. La economía del Reino Unido es ahora la de peor desempeño de las economías del G7, con Brexit reduciendo significativamente la producción potencial de la economía, y la única que no se ha recuperado a los niveles anteriores a Covid.

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Si echamos la vista atrás, Hace apenas cinco años, cuando el Reino Unido votó a favor de abandonar la UE, las acciones del Reino Unido valían 1,5 billones de dólares más que las de Francia. Sucede que las empresas de mediana capitalización del Reino Unido (empresas valoradas entre 2.000 millones de libras y 10.000 millones de libras) también se han visto muy afectadas por las previsiones negativas del Reino Unido se vería más afectado por la inflación que en otros lugares.

Las empresas más pequeñas y centradas en el consumidor se han visto gravemente afectadas por una recesión económica que se ha visto agravada por la crisis energética, la alta inflación y la reciente volatilidad del mercado.

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Una infancia protegida, pero menguante

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El 20 de noviembre de 1989 la Organización de las Naciones Unidas aprobó la Convención de los Derechos del Niño. Escogió para ello la fecha en la que, 30 años antes, alumbró la Declaración Internacional del Niño, marcando así este día de noviembre como el de celebración de los derechos de la infancia.  

En estos casi 65 años transcurridos desde que la Asamblea General de la ONU publicara la Declaración de los Derechos del Niño, la población infantil se ha reducido significativamente en el mundo (gráfico 1). En 1960, los niños de 0 a 14 años representaban el 37% de la población mundial,  mientras que en 2020 constituían solo una cuarta parte de ella (25%). Esta proporción la superaban solo dos regiones: las formadas por los países de África subsahariana (42%) y por los de África septentrional y Oriente Medio (30%). La primera ha conseguido mantener estable el porcentaje de población infantil sobre la población total desde los años sesenta; la segunda asistió durante la última década del pasado siglo y la primera de este a un acusado descenso de la población infantil, hasta situarse, desde aproximadamente 2010, en el entorno del 30%. 


Muy por debajo de la media mundial se halla el dato correspondiente a la Unión Europea, donde desde 1960 el peso demográfico de la población menor de 15 años se ha reducido en más de 10 puntos porcentuales: de 26% a 15%. Un descenso todavía más intenso se observa en el caso de España, cuya población infantil ha pasado de 27%, en 1960, a 14% en 2021. Por tanto,  precisamente durante un periodo en el que se han conseguido avances significativos en el control de la mortalidad infantil y mejoras en la protección jurídica y social de las niñas y los niños, en España la proporción de población infantil sobre la población total se ha reducido a prácticamente la mitad.

No obstante esta tendencia general, las diferencias regionales son notables: 6 puntos porcentuales separan a las comunidades autónomas con mayor y menor proporción de niñas y niños de 0 a 14 años en 2021 (Murcia: 16,4%; Asturias: 10,4%). Todas las comunidades han registrado descensos considerables en esta variable desde que en 1990 España firmara y ratificara la Convención de los Derechos del Niño, pero en algunas, como Islas Canarias, Galicia y Asturias, la caída ha sido particularmente intensa (gráfico 2). En los tres casos, la proporción de población entre 0 y 14 años se ha reducido en más del 40% entre 1989 y 2021. 


En todas las comunidades autónomas, salvo en el País Vasco, la proporción de niñas y niños de 0 a 14 años en el ámbito urbano (municipios de más de 10.000 habitantes) es mayor que en el ámbito rural (municipios hasta 2.000 habitantes) (gráfico 3). Galicia y Asturias registran los porcentajes más bajos de población de 0 a 14 años en el ámbito rural (5,9 y 7,3%, respectivamente), si bien han aumentado ligeramente en los últimos diez años (gráfico 4), lo que indica que ambas comunidades han conseguido contener la pérdida de población infantil rural aun cuando esta última se mantenga en niveles muy bajos. Mucha mayor presencia tiene esta población, en cambio, en el ámbito rural de las Islas Baleares, del País Vasco y de Madrid. Llama la atención que en buena parte de las comunidades autónomas la proporción de menores de 15 años alcance valores más altos en el ámbito intermedio (municipios entre 2.001 y 10.000 habitantes) que en el urbano.


En definitiva, las niñas y los niños han perdido en las últimas décadas mucho peso en la composición de la población residente en España, si bien persisten diferencias territoriales ostensibles. Cabe razonablemente pensar que este patrón de desigualdad territorial tenderá a consolidarse, toda vez que —cambiando los términos de un conocido refrán— “niños llaman a niños”: allí donde hay más familias con niñas y  niños se desarrollan más los servicios para ellos (colegios, parques infantiles, centros de salud pediátrica, etc.), al tiempo que se activan y consolidan relaciones entre esas familias en torno a las actividades infantiles compartidas. Por el contrario, en los territorios con escasa presencia de niñas y niños se debilita ese tejido de servicios y relaciones sociales favorable al aumento de la población infantil. Aunque la tendencia a su descenso no es irreversible, revertirla requiere tiempo e inversiones públicas y privadas eficaces y perdurables.

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