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Ya somos 8.000 millones de habitantes en el mundo ¿Dónde quedó el techo malthusiano?

Ayer el reloj mundial de Naciones Unidas que mide la población existente en la Tierra marcó un hito histórico. Por primera vez, los seres humanos hemos superado la cifra de 8.000 millones. Con China a la cabeza con una población de 1.452 millones, seguido muy de cerca por India y sus 1.412 millones y a una elevada distancia y en tercera posición a Estados Unidos con 335 millones.

Hasta la fecha la población mundial no ha cesado su crecimiento. Si echamos la vista atrás, en los últimos 50 años la población mundial se ha doblado. Una realidad que ha roto con muchos vaticinios catastrofistas de lo que supondría este desarrollo.

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Para algunos, siguiendo las premisas de Thomas Robert Malthus, no es deseable unos altos niveles de población sobre la base de unos recursos escasos y limitados que, en última instancia, llevarían a la humanidad a morir de hambre. La premisa malthusiana llega a esa conclusión al examinar en su ensayo publicado en 1798 que el crecimiento de la población se basaba en un avance exponencial, mientras que la subsistencia aumenta, solamente, en una proporción aritmética, es decir, linealmente.

¿Por qué aseguraba Malthus un crecimiento lineal en la producción de los alimentos? Su argumento se centraba en las limitaciones de la tierra disponible para la agricultura. Dado que los cultivos no crecen al mismo ritmo que la población, se alcanzaría el hambre masiva, el denominado techo malthusiano, que sería corregida por guerras y epidemias que reducirían la población mundial

Dos siglos más tarde, los precios de los alimentos han estado cayendo rápidamente desde que Malthus hizo sus predicciones, y la proporción de la población que vive en la pobreza absoluta ha disminuido aún más rápido. Esto se debe a una palabra: productividad.

El hecho diferencial para este resultado probablemente lo encontremos a mediados del siglo XX, entre 1960 y la actualidad, la población mundial se duplicó, la producción mundial de alimentos se triplicó y el uso de la tierra aumentó en menos del 15%.

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Sucede que, después de la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de los países industrializados adoptaron políticas a favor de la agricultura intensiva, aprovechando los avances tecnológicos y científicos en las industrias mecánica, química y genética.

Para mostrar un ejemplo de sus beneficios, a principios de la década de los sesenta la ingesta diaria de calorías de la población en India era de 2.000 calorías por persona, con una población de 450 millones de personas. Hoy, que el país ha añadido 1.000 millones más a su cifra de habitantes, consumen 2.500 calorías por persona.

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Con esas políticas se fomentó la circulación de productos y precios relativamente estables y competitivos, y al mismo tiempo facilitan a los agricultores la compra de nuevos medios de producción a través de subsidios a tasas de interés bajas y sistemas de crédito, y alientan el cierre de fincas no rentables.

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Entre las dos guerras mundiales, los tractores motorizados reemplazaron gradualmente a los animales de carga. A partir de la década de 1950, las máquinas se volvieron más potentes y avanzadas, como los cargadores automáticos, los esparcidores de fertilizantes y las gradas rotativas.

De hecho, en el siglo XIX ya vio el nacimiento de los fertilizantes químicos para compensar la falta de fertilizantes orgánicos disponibles. Se hicieron más comunes a partir de la década de 1950 y ayudaron a impulsar las cosechas. De manera similar, los pesticidas (herbicidas, insecticidas y fungicidas) facilitaron el trabajo de los agricultores, eliminando malezas e insectos no deseados y protegiendo las plantas de enfermedades. Todas estas transformaciones ayudaron a mejorar el rendimiento de los suelos, las plantas y el ganado, y aumentar los rendimientos por unidad de trabajo y por hectárea.

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Black Friday y Ciber Monday, dos fechas claves para el comercio online

El 25 de noviembre comenzará oficialmente el Black Friday, la campaña de ventas navideñas con los mejores descuentos para estas fechas tan señaladas.

  • El Black Friday se celebra el día después de Acción de Gracias. Este año será el 25 de noviembre.
  • La política de descuentos es similar tanto en el Black Friday como en el Cyber Monday, el cual se celebra el lunes siguiente.

Con el paso del tiempo, hemos ido adelantando el inicio de la campaña de Navidad. Mientras hace unos años era tradicional que se iniciara aprovechando el puente de la Constitución, poco a poco se ha ido anticipando. Tal es el caso que muchos comerciantes aprovechan finales de noviembre para empezar. Las modas que nos llegan de Estados Unidos han tenido buena culpa de ello. Es por eso por lo que el Black Friday y el Cyber Monday, se han convertido en imprescindibles para el comercio online.

Aunque el Black Friday está orientado a todo tipo de comercios, no únicamente a los comercios online, sí es cierto que los usuarios de las tiendas en internet suelen estar mucho más atentos a estas tendencias. Los grandes gigantes de Internet suelen realizar buenas ofertas por estas fechas aunque para el consumidor de a pie pueden pasar un poco más desapercibidas.

Vamos a intentar detallar un poco más de dónde nacen estas dos fechas.

Black Friday, las rebajas llegan después del día de Acción de Gracias

El día de Acción de Gracias es una fiesta muy importante en Estados Unidos. Se celebra el último jueves de cada mes de noviembre. Este año será el día 24. Así que el día siguiente es el Black Friday, un día en el que comienza la campaña de Navidad con fuertes descuentos y rebajas.

Por tanto, el viernes 25 de noviembre será el día del Black Friday. No es raro ver aglomeraciones a las entradas de los centros comerciales intentando adquirir los productos de oferta. Aunque es una fecha pensada para el comercio tradicional, también en el comercio online se aprovecha para lanzar alguna oferta, aunque lo más sustancial se deja para el Cyber Monday.

Ya desde hace varios años podemos ver ofertas en España con motivo del Black Friday. Descuentos agresivos, en muchos casos, como ocurre en Estados Unidos. Muchos negocios se sumaron a la campaña y probablemente este año serán muchos más. Sobre todo, a nivel de grandes cadenas y franquicias. Por eso, la pyme debe estar preparada para afrontar este reto o se encontrará con unos cuantos días en los que bajarán sus ventas.

Cyber Monday, el día de las rebajas prenavideñas en las tiendas online

Si el Black Friday está más orientado al comercio tradicional, el comercio online aprovecha también estas fechas para montar su evento que da comienzo a la campaña navideña con el Cyber Monday, que tiene lugar el siguiente lunes. Este año, por lo tanto, será el día 28 de noviembre.

La política de grandes descuentos especiales es similar. Aquí las pymes que tengan una tienda online tienen que estar mucho más atentas y saber reaccionar. Sobre todo, por la proximidad de las fechas con las de la campaña navideña. Así, es mejor prevenir el margen de tiempo suficiente para no tener problemas a la hora de recibir los envíos a tiempo para los regalos de Navidad.

No es lo más normal que en nuestro país se realicen descuentos en Navidad, sino que se guardan para la temporada propia de rebajas después de Reyes. Sin embargo, en Internet competimos en un mercado global, y al final va a dar igual si queremos comprar en la tienda online local o de otro país, lo que importa en muchos casos es el coste final del producto más envío.

Los números del Black Friday y Cyber Monday

Pero ¿son realmente tan importantes estos eventos como la publicidad nos hace ver? Vemos algunas cifras de ventas durante el Black Friday y el Cyber Monday que te ayudarán a sacar conclusiones por ti mismo.

El año pasado fue atípico durante la campaña de Black Friday y del Cyber Monday. Y lo fue, precisamente, por ser uno de los primeros de la era postpandemia. Un informe de Adobe Analytics concluyó que en 2021 se había producido una disminución en las cifras generadas de las ventas pasando de los 9.000 millones de dólares a los 8.900 millones. Según se advertía, el público había optado por ser más previsor y aprovechar los descuentos previos a estas fechas tan señaladas para ir haciendo las compras de manera escalonada, especialmente en lo que al canal online se refiere.

¿Qué se puede esperar, por tanto, este año? Este año se espera una disminución del gasto medio durante estas fechas. En concreto, se espera que el gasto medio se ubique en los 183 euros, gastando los hombres una media de 186 euros y las mujeres, de 180 euros. Esto supone un descenso de casi 20 euros con respecto a la media que solían gastar los consumidores en 2021, que era de 200 euros. Cabe recordar que los efectos de la inflación también podrían notarse en estas fechas, por lo que es común que las previsiones de gasto sean menores.

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Por categorías, se espera que, al igual que ya sucedió en 2021, los productos de tecnología y moda sean los más demandados. En concreto, diversos estudios han analizado cómo que los usuarios masculinos se inclinarán en un 44% de los casos por adquirir tecnología, mientras que la moda se sitúa en el 42% de intención de compra, especialmente entre el público joven.

Además de eso, durante el Black Friday y el Cyber Monday los marketplaces seguirán siendo los grandes protagonistas de las ventas, destacando el de Amazon y Aliexpress, principalmente.

En definitiva, los pequeños comercios deben sumarse sin dudarlo al Black Friday y al Cyber Monday, ya que es una oportunidad de conseguir incrementar las ventas con respecto al resto del año. Además, es una buena manera de incentivar el consumo de cara a la Navidad.

Nota del editor: Este artículo fue publicado con anterioridad y actualizado a 2022 por su relevancia.

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El BCE ante el riesgo de recesión

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Tras el ajuste más abrupto de tipos de interés de la historia del euro, las tendencias de fondo deberían animar al BCE a proceder con mayor gradualidad. Pero eso es solo en principio, ya que en la práctica hay que contar con el caso especial de Alemania. 

Si bien el IPC roza el 11% para el conjunto de la eurozona, el dato esconde realidades distintas, con países centroeuropeos acuciados por el parón industrial donde el brote no parece amainar, y otros como España y Francia con resultados que se afianzan por debajo del doble dígito.       

También se aprecia una cierta pausa en los precios energéticos, clave del brote inflacionista. La cotización del gas, el arma de la guerra que mantiene en vilo a todos los gobiernos, ha emprendido una desescalada desde los máximos del verano. Los mercados de futuros apuntan a niveles muy altos en 2023, pero en retroceso respecto a los peores vaticinios. Es un hecho que los costes energéticos se han frenado, y que esa tendencia empieza a repercutirse en la cadena productiva. El índice de precios industriales no energéticos ha pasado de crecer a un ritmo anual cercano al 16% tras la invasión de Ucrania (tanto en España como en el conjunto de la eurozona) al 14% según los últimos registros. Las cotas son preocupantes pero traducen un reflujo.


Los salarios pactados en los convenios colectivos apenas se han movido del 2,5%. Es cierto que otros indicadores, que incluyen las nuevas contrataciones en sectores pujantes, se sitúan por encima de esos registros. Según el portal Job Ads con datos hasta octubre, los salarios habrían crecido un poco por encima de 5% en la eurozona, y el 3,5% en España, algo que todavía corrobora la visión de contención. Solo en Alemania, en un contexto de declive demográfico y escasez de mano de obra, las subidas parecen acelerarse. 

Por otra parte, el enfriamiento de la economía europea es patente, tal y como desea el BCE, con fuertes caídas de los índices de facturación de las empresas en octubre. En España, aupada por el buen comportamiento de los servicios, los indicadores apuntan también en la dirección contractiva (a tenor de los índices PMI). La Comisión Europea anticipa una recesión en Alemania (caída del PIB del 0,6%), y una eurozona estancada ( 0,3%), mientras que la economía española, siendo una de las menos afectadas por la crisis energética, solo crecería un 1%. Veremos qué pasa con la morosidad. Y con el riesgo de falta de liquidez de inversores financieros que se habían apalancado al calor de los tipos de interés negativos.      

En todo caso la desaceleración económica en marcha conduce a expectativas de inflación alejadas del objetivo del banco central peor que parecen estabilizarse. La encuesta de noviembre del BCE sitúa las anticipaciones de inflación de los consumidores europeos en el 5,1% para el año que viene, prácticamente igual que en las anteriores encuestas. 

Finalmente, en base al inesperado retroceso de la inflación en EE UU, varios miembros de la Reserva Federal se han expresado a favor de una pausa en la vuelta de tuerca monetaria. Esas voces hacen eco de este lado del Atlántico: el euríbor, el bono público español y la prima de riesgo, por ejemplo, se relajan. 

Todo ello aboga por ajustes más graduales de la política monetaria del BCE. La facilidad de depósitos podría todavía incrementarse en medio punto en diciembre, y a partir de ahí los ajustes serían aún más exiguos hasta alcanzar un máximo del 2,5%, umbral a partir de cual cabe temer graves turbulencias. Esa senda sería consistente con un leve repunte adicional del euríbor y de otros tipos de interés. Sin duda la inflexión no serviría para aplacar la escala de los precios en Alemania. Pero en este caso la inflación refleja una crisis industrial en ciernes que no tiene remedio monetario.

COSTE DE LA VIDA| La inflación está teniendo un impacto desproporcionado en los hogares con menores niveles de ingresos. Según estimaciones del BCE, el diferencial de inflación soportada por el quintil de renta más bajo y el más alto se elevó a 2 puntos porcentuales en septiembre, más del doble que a inicios de año. Esta brecha se debe al sobrepeso de la energía y de la alimentación en la cesta de la compra de las familias vulnerables. Éstas no podrán seguir tirando de sus ahorros, ya en mínimos según el BCE, para compensar la pérdida de poder adquisitivo. 

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Sam Bankman-Fried, de «billonario» a cero en solo unos días

En unos años veremos una película sobre Sam Bankman-Fried, aquí lo leyeron primero. Este joven de apenas 30 años ha pasado de tener una fortuna de trece mil millones de euros a tener cero en cuestión de días. Salvo que le quede algo escondido por ahí.

Se dice que esta quiebra de FTX puede ser el momento Lehman Brothers de la criptoindustria. El bitcoin por ejemplo ha visto su precio afectado. Pero ¿cómo se hizo rico este joven desconocido y cómo ha sucedido que se arruine de repente?

¿Cómo se hizo rico Sam Bankman-Fried?

Sam Bankman-Fried (conocido como SBF para abreviar o Samuel Banquero-Frito) es hijo de los profesores de derecho de la Universidad de Stanford Joseph Bankman y Barbara Fried. También sobrino de la famosa epidemióloga Linda P Fried. Su vida no destacó mucho de lo que podría ser un chico de clase media alta con altas capacidades intelectuales. Vegano, estudió en el Massachussets Institute of Technology mattemáticas y física. Se alojó en una fraternidad, que al contrario que otras fraternidades de EEUU se prohíbe el alcohol, pero era posible ver las mayores consideraciones “frikis” de cualquier momento.

Tras graduarse empezó a trabajar para la firma de inversiones Jane Street. De la universidad y de sus compañeros de esta firma vienen muchos de los directivos de FTX y de Alameda Research.

El joven billonario

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Sam Bankman-Fried se convirtió en milmillonario (billionnaire en inglés) a una edad parecida a la que lo consiguieron Mark Zuckerberg y Bill Gates, antes de los 30. Parecía otro genio como estos, un origen parecido que podría hacerles ganar mucho dinero a quienes apostaran por él. En un vídeo de youtube declaró que se había hecho rico a base de hacer arbitraje con el precio del bitcoin entre EEUU y Japón. En EEUU estaba a 10.000 dólares y en Japón a 11.000. Si hacías esta operación con diez millones de dólares, ganabas un millón en un día. Alameda Research llegó a mover 25 millones de dólares al día. ¿De dónde sacó el dinero para hacer este arbitraje? Es algo desconocido.

Who tf is sbf lol pic.twitter.com/jor0ICiRDC

— Howie (@HowieBTC) November 12, 2022

Alameda Research se fundó en 2018 en EEUU, pero a finales de año ya se había mudado a Hong-Kong. Para entonces SBF ya estaba contratando a sus amigos. La CEO de Alameda era Caroline Ellison, hija del economista del MIT Glenn Ellison. Ella y Sam se habían conocido en Jane Street. Según el medio CoinDesk salía con SBF. En una entrevista en youtube, veremos a una Caroline Ellison que afirma no usar los stop-loss porque no le parecen una buena medida de gestión del riesgo.

De hacerse rico con las criptodivisas el paso siguiente era hacerse milmillonario. En 2019 fundó el Exchange FTX. Poner la sede de un Exchange (una empresa en la que se pueden intercambiar criptomonedas por dinero y viceversa) en Bahamas era lógico. No sólo por los bajos impuestos, sino por la menor presión regulatoria.

En FTX habían invertido grandes empresas de capital riesgo como Sequoia Capital o Temasek Holdings (una empresa propiedad del gobierno de Singapur que tiene fuertes participaciones en muchas empresas) o el plan de pensiones de los maestros de Ontario. En 2021 consiguió que invirtieran en el mismo 420 millones de dólares lo que suponía una valoración de 25.000 millones de dólares.

La quiebra de FTX

Ya hemos descrito la quiebra de FTX y Alameda research aquí. Veamos el contexto. En 2021 y 2022 SBF empieza a aparecer en medios y relacionarse con la élite. En 2021 y 2022 Forbes lo incluirá en la lista de los más ricos del mundo, de hecho apareció en el top 400 de las personas más ricas del mundo (Bloomberg ya no lo considera billonario). Las dudas sobre FTX se acabaron tras invertir en este fondo y que Sequoia escribiera un perfil halagador sobre él.

Fue el segundo mayor donante a la campaña presidencia de Joe Biden tras Michael Bloomberg. También estuvo en el Congreso de Estados Unidos hablando sobre la regulación de criptomonedas y también estuvo intentando hablar con Elon Musk al respecto de la compra de Twitter.

Algo que tenemos que tener en cuenta es que los exchanges están siendo diferentes a un mercado de acciones. En la bolsa de acciones las acciones están depositadas en un depositario al que accedemos a través del bróker o de un banco, en los exchanges las criptodivisas y las divisas tradicionales están depositadas en el propio Exchange, convirtiéndose en un híbrido entre un mercado y banco.

SBF salió al rescate de varios exchanges, en concreto de Voyager y BlockFi, eso le hizo ganarse el mote de el JP Morgan del cripto (JP Morgan hizo de banco central salvando a los bancos estadounidenses en la crisis de 1929). También tenía una participación importante en el bróker RobinHood (protagonista de la subida de las acciones de Game).

En algún momento se habló de que podría ser tan grande que compraría Goldman Sachs. Esta semana hubo un momento en el que se llegó a pensar que otro Exchange de criptomonedas, binance, les salvaría, pero no les han ssacado de ese pozo de excrementos en el que se han metido, viendo el agujero que tenía FTX tras utilizar Alameda Research los fondos de los clientes para hacer su actividad. Además se descubrió que la principal posición de Alameda era el token de FTX, llamado FTT.

¿Y esta mezcla entre dos empresas que deberían de tener sus actividades exquisitamente segregadas? Bueno, como ya hemos mencionado según Coin Desk, no sólo Caroline Ellison era la pareja de SBF, sino que entre los diez directivos de estas empresas que compartían un ático en un resort de lujo en las Bahamas desde el que también les servía también como oficina, los directivos de FTX y Alameda, salían entre ellos. Muchos de ellos tenían poca experiencia en la industria. Da qué pensar sobre si los inversores en FTX hicieron bien su trabajo de “due dilligence”.

Este viernes FTX anunció que se declaraba en quiebra, SBF dejando la posición de CEO y el gobierno de Bahamas congelando los activos de FTX.

Pregunta a los lectores, ¿creen que veremos caer otros exchanges de criptomonedas? ¿Puede que este sea un momento Lehman Brothers para la criptoindustria? ¿Debería estar la criptoindustria regulada?

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Estos son los países de la OCDE que más pagan por su deuda

La subida de tipos de interés que estamos viendo este año por parte de las autoridades monetarias para combatir la inflación, supone un duro golpe para los países altamente endeudados porque en el momento de enfrentarse a los vencimientos de deuda que hay que refinanciar con nuevas emisiones, el coste de la emisión, es más alto.

Durante muchos años el control del déficit ha sido una cuestión menor para muchos países desarrollados y esa carencia de estabilidad presupuestaria ha llevado, en muchos casos, a deudas récord y que, a pesar de los bajos tipos de interés, estuvieran afrontando pagos elevados por el servicio a la deuda.

Desde la óptica del los países de la OCDE, muchos países mantienen una deuda pública superior al 60% del PIB, siendo los más altos los registrados en Grecia (194,63%), Italia (156,14%), Portugal (138,76%), Reino Unido (128,55%), España (122,43%), Bélgica (120,17%) y Francia (118,5%). Entre los 22 países miembros de la OCDE y la UE (OCDE-UE), la deuda bruta de las administraciones públicas aumentó del 97% del PIB en 2019 al 115% en 2020.

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Tener una elevada deuda puede ser un problema dependiendo del coste de ella. Y en ese punto entra el riesgo país que mide tanto los riesgos económicos como los políticos. Los riesgos económicos están asociados con la condición financiera de un país y su capacidad para pagar sus deudas. Pero también tenemos los riesgos políticos están asociados con los políticos de un país y el impacto de sus decisiones sobre las inversiones que condicionará la capacidad de pago de la deuda y también la voluntad de afrontar el pago de la misma.

Pero gracias a los prolongados bajos tipos de interés, los gobiernos de la OCDE han pagado menos por su deuda en los últimos años, a pesar de que los niveles de deuda soberana son elevados y presentan una tendencia al alza en muchos países. Incluso, teniendo en cuenta el incremento de los montos de endeudamiento provocado por la crisis de COVID-19, el gasto en intereses de la deuda pública pendiente siguió disminuyendo en la mayoría de los países en 2020.

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Según los datos de la OCDE, el país miembro que afonta una mayor carga de intereses en 2021 sería Italia porque está pagando el equivalente al 3,1% de su PIB en intereses. Seguidamente tenemos a Grecia, con el 2,6% y a Estados Unidos con el 2,5%. En el caso de Estados Unidos su coste viene condicionado por una Reserva Federal que tradicionalmente ha mantenido los tipos de interés más elevados que los del BCE.

La media del pago de intereses en relación con su PIB de la OCDE se sitúa en el 1,5%. Y quedan por encima países como Hungría (2,3%), Islandia (2,2%), Reino Unido (2,1%) y España (1,8%).

La sostenibilidad de la deuda

La sostenibilidad de la deuda soberana es un tema que ha ido ganando protagonismo por aumentos masivos de la deuda desde la crisis económica de 2008 y, más recientemente, durante la pandemia de COVID-19. En este contexto, algunos argumentan que los riesgos de sostenibilidad de la deuda se reducen significativamente siempre que el tipo de interés sea inferior a la tasa de crecimiento del PIB.

Si bien es cierto que un diferencial negativo entre los tipos de interés y el crecimiento ayuda a estabilizar la deuda a muy largo plazo, la dinámica de la deuda a corto plazo también depende del saldo presupuestario primario y de un aumento continuo de la deuda.

Con la situación presente, mantener una deuda alta aumenta la vulnerabilidad de los países a los aumentos de los tipos y las caídas del crecimiento, y aumenta los riesgos de refinanciación de la deuda. Esto es aún más importante dada la incertidumbre y la volatilidad que vemos hoy.

Si bien la respuesta fiscal a la crisis de la COVID-19 evitó daños en términos de empleo, al mismo tiempo, la deuda pública en relación con el PIB ha alcanzado los niveles más altos en varias décadas, lo que se suma a una tendencia alcista anterior a la crisis en la deuda soberana.

A pesar del aumento de la deuda y hasta ahora, los pagos de intereses del gobierno han disminuido desde la década de 1980, alcanzando un poco más del 1% del PIB en la economía mediana de la OCDE, siendo ese el principal incentivo para no detener la bola de deuda.

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Con tanta deuda, las finanzas públicas hoy son vulnerables a los cambios en las condiciones económicas en general y sobre los tipos de interés en particular. Por ejemplo, las disminuciones en el PIB pueden generar grandes aumentos en la relación deuda/PIB. El riesgo de refinanciación está presente y debería mitigarse gestionando el vencimiento de la deuda para evitar la concentración de grandes refinanciaciones de deuda en un momento de tipos de interés altos. Las compras de bonos del gobierno por parte de los bancos centrales también podrían ayudar a mitigar los riesgos de refinanciación,

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Paradoja de resiliencia

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La historia dirá si ha sido algo bueno a largo plazo, pero la crisis financiera de 2008 y sus coletazos hasta 2012 con la de deuda soberana europea cambiaron la visión de gobiernos y bancos centrales sobre la conveniencia de no dejar caer nada. Nada es nada, siempre que haya dinero en efectivo (en el Tesoro) o a crédito (deuda pública) para ello. El colapso de Lehman Brothers en septiembre de 2008 se llevó por delante muchos puntos del PIB. Trajo graves consecuencias sociales. Supuso un gasto fiscal enorme a posteriori. Fue una lección dura. Apoyar (rescatar) empresas y ciudadanos puede tener mejor resultado económico que dejarlos caer y tener que aprobar programas fiscales luego para paliar las consecuencias.

Tras unos años que ahora parecen anodinos, con cierta recuperación de la economía global, se sucedieron una pandemia mundial, el comienzo de la inflación tras lo peor del Covid-19, guerra en Ucrania y más inflación. Es entonces cuando los gobiernos y bancos centrales ponen toda la carne en el asador. Liquidez a empresas, ERTE, ayudas directas y, en el frente monetario, liquidez extraordinaria durante la pandemia. Asimismo, por primera vez la UE crea un generoso programa conjunto de apoyo, los Next Generation EU. Blanco y en botella: con esa expansión fiscal y monetaria se iba a producir el rebrote inflacionario. Insuficientes fueron las alertas. La guerra de Ucrania lo puso todo peor, sobre todo energéticamente.

Los gobiernos, nuevamente, no se quedan de brazos cruzados. Intentan disminuir el impacto del aumento de la factura energética sobre familias y empresas. Otra expansión fiscal. Por el contrario, los bancos centrales comienzan a actuar a la inversa contra la inflación, con estrategia monetaria restrictiva, subiendo tipos de interés y retirando liquidez. Y hasta aquí hemos llegado. Hace meses que analistas y mercados —con su fuerte corrección— anuncian la llegada de la recesión. Sin embargo, aún no se ha materializado a pesar de la evolución de los tipos de interés. Eso sí, con crecimientos del PIB cercanos a cero. Paradoja: se pongan las pegas metodológicas que se deseen, el mercado de trabajo muestra resiliencia, incluso en un país como el nuestro, con una reforma laboral y subidas del salario mínimo que levantaban escepticismo. Por supuesto, aún está por ver cuál será el resultado neto de la pugna de fuerzas entre acción fiscal expansiva y acción monetaria restrictiva.

Lo ideal, si se confirma que la inflación va a la baja, es que permita recuperar parte de la confianza y paulatinamente anime la economía, con daños inferiores de los esperados. Sería un “enfriamiento” sano y corto. Es una interpretación optimista, sin duda, pero en ello confían los gobiernos y autoridades monetarias y la mayoría de las previsiones que pronostican crecimiento para 2023. Lo que sí parece claro es que se está resistiendo más de lo esperado y seguro que los soportes, fundamentalmente fiscales, de gobiernos y monetarios de los bancos centrales —hasta hace unos trimestres— han contribuido significativamente, empleando un símil futbolístico, a llegar vivos a este “extra time” (prórroga), a que el resultado siga abierto, aunque el escenario central siga siendo recesión técnica en los próximos meses.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Así son los despidos de las grandes tecnológicas

Las grandes empresas tecnológicas están en crisis. Y no solo hablamos de la evolución en bolsa, pues llevan perdiendo este año 811.000 millones de dólares de capitalización, sino que el crecimiento de los ingresos se ha hundido en el último año, lo que ha llevado a sus respectivas directivas a cuestionar si la dinámica de aumento de sus plantillas es la correcta.

Sucede que el incremento de los tipos de interés tiende a perjudicar las acciones de crecimiento y, más específicamente, las acciones tecnológicas debido a su alta relación precio-beneficios y con dividendos más bien escasos.

Tipos más altos pueden ralentizar los flujos de efectivo esperados de las empresas y obstaculizar su reinversión en innovación y perspectivas de crecimiento, al mismo tiempo que los costes se incrementan. En tiempos de incertidumbre, los inversores recurren a empresas más estables, del mismo modo que, por lo general, recurren a los mercados de renta fija o empresas de flujos estables para invertir en activos más seguros.

Lo que ha sucedido este último año es que las estimaciones de beneficios para la tecnología parecen demasiado altas dada la elevada inflación en Estados Unidos, la disminución de la confianza empresarial y el endurecimiento de las condiciones financieras.

Y es en ese punto que se ha abierto la veda para los despidos o la simple paralización en el ritmo de contrataciones. Netflix, Microsoft, Meta, Tesla, Twitter, Robinhood, Snap y demás ya han comunicado sus despidos masivos este año. Probablemente, el más significativo ha sido Twitter que ha anunciado el 50% de recorte de su plantilla con la llegada de Elon Musk, lo que supone 3.700 empleados con el objetivo de ahorrar 1.000 millones de dólares anuales en gastos de personal.

En el caso de Netflix, que comentamos recientemente la deriva de su negocio, ha ido despidiendo a varios periodistas que trabajaban para Tudum, el sitio complementario oficial de Netflix, que ayuda a encontrar y alimentar los programas de televisión y las películas y que retroalimenta la plataforma. La compañía despidió a 150 empleados adicionales a mediados de mayo y luego recortó otros 300 a finales de junio.

Desde Microsoft ya hace algunos meses que tienen como objetivo un profundo recorte estructural. La empresa ha ido estableciendo rondas de despidos. Y en la última, la tercera, liquidó el 1% de su plantilla de sus 180.000 empleados en oficinas y divisiones.

Meta ostentaba una capitalización de mercado de un billón de dólares y hoy es la cuarta parte. Las subidas de tipos de interés, la caída de las ventas, los controles de seguimiento de anuncios instituidos por Apple, una reducción en el gasto en publicidad digital, el desafío de TikTok a Instagram, propiedad de Facebook, y la inversión multimillonaria de Meta en el metaverso. Todo ello, ha provocado una convulsión en la cotización y que esté planteando los primeros despidos significativos en su historia (hoy cuenta con una plantilla de 87.000 trabajadores).

Desde Amazon, Beth Galetti, vicepresidenta sénior de experiencia de personas y tecnología en Amazon, ha comunicado que se va a frenar el ritmo de contrataciones: "Nos enfrentamos a un entorno macroeconómico inusual y queremos equilibrar nuestras contrataciones e inversiones teniendo en cuenta esta economía [...] Con menos personas para contratar en este momento, esto debería brindar a cada equipo la oportunidad de priorizar aún más lo que más importa para los clientes y el negocio, y ser más productivos".

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Los estudios siempre apuntan de que más inmigrantes es bueno para la economía, pero parece que solo Canadá se lo toma en serio

Uno de los preceptos más repetidos y asumidos en el ámbito económico es que la llegada de inmigrantes a un país favorece su desarrollo y crecimiento, sobre todo cuando hay un gap que cerrar o escasez de trabajadores en un sector clave para la economía.

Si bien pocos países se ponen las pilas en este sentido en un momento en el que la mayoría sufre de falta de trabajadores (España también tiene un millón de empleos que no puede cubrir). Porque claro, el difícil equilibrio entre inmigración necesaria e ilegal complica la cosa. Pero hay un país que se está poniendo las pilas en este sentido. Y no es otro que el modélico Canadá.

En concreto, busca cerca de 1,5 millones de extranjeros de aquí a 2025 que puedan cubrir el alrededor de millón de vacantes que ha dejado la pandemia. Así, quieren sumar 465.000 inmigrantes en 2023, subiendo a medio millón hasta 2025, a los que hay que sumar los 400.000 llegados en 2021, un año "récord" para la inmigración en Canadá.

Pero, ¿es realmente la inmigración un impulso para la economía o es un incentivo para su llegada?

Todos salen ganando

Es evidente, según señalamos en este post hace un tiempo, que una de las principales razones por las que el ser humano decide dejar su país es económico, para encontrar un trabajo mejor en el que obtenga una retribución mayor que en su país de origen.

Por lo tanto, se entiende que emigrará a un país con mejores condiciones económicas, aunque eso no se da siempre. Pero los datos también han demostrado que la inmigración impulsa la economía. Por ejemplo, completa el mercado de trabajo de la población autóctona (no 'roba' el trabajo a los nacionales), es rentable recibirla porque casi en su totalidad se trata de gente en edad de trabajar y aumenta la fuerza productiva del país, entre otros aspectos.

Por lo tanto, podemos hablar de que son factores que se retroalimentan: la buena marcha económica de un país atrae a la emigración y esta, a su vez, impulsa su desarrollo económico y permite ajustar su mercado laboral.

Pero claro, aceptar eso no es fácil para los países, porque el discurso anti-inmigración es muy utilizado para hacer política por un sector ideológico que ya conocemos todos. Si bien en Canadá eso no sucede.

Su propio primer ministro, Justin Trudeau, ha admitido públicamente que la inmigración es clave para que crezca su economía en los próximos años. Y es, además, aceptada socialmente. Ya supone el 23% de la población canadiense, y debe seguir aumentando para sostener un país con baja natalidad y envejecimiento de la población (curiosamente, como el nuestro).

Eso sí, si quiere atraer inmigrantes tiene también que poner de su parte en el tema de la vivienda, pues ahora mismo no es accesible ni para los propios canadienses.

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Sostenibilidad del agujero presupuestario

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Una de las mayores vulnerabilidades de la economía española es la persistencia de un desequilibrio de las cuentas públicas, incluso en fases ascendentes del ciclo. El déficit público apenas se corrigió durante la etapa expansiva 2014-2019, manteniéndose ajeno a la promesa reiterada año tras año de una rápida vuelta al equilibrio (con el resultado de un menor margen de maniobra para afrontar los malos tiempos). Y los esfuerzos que se hicieron durante ese periodo consistieron en recortes en inversión pública, uno de los fundamentos del nivel de vida de futuras generaciones. Así pues, descontando la inversión, España es el único país de la UE que encadena un déficit público en el último decenio. 

Mucho ha llovido desde entonces: la pandemia ha exigido un esfuerzo adicional de apoyo al empleo y a la economía que ha permitido amortiguar el golpe de la crisis. A la inversa, la recuperación ha ido de la mano de ingentes entradas de ingresos para las arcas públicas. En lo que va de año, la recaudación se ha incrementado un vigoroso 14%, impulsada por el crecimiento de la economía y del empleo, la inflación y el afloramiento de parte de la economía sumergida que ahora se une al esfuerzo común de financiación de los servicios públicos. Es probable que acabemos el presente ejercicio con un déficit menor de lo anticipado por el Gobierno (4,2% del PIB vs 5%). 

Si bien hay que celebrar el esfuerzo de rigor, el agujero parece persistente. Diversas estimaciones convergen en situarlo en el entorno del 4% en términos estructurales, es decir descontando los altibajos de la economía. A eso hay que añadir la carga de la deuda pública, que supera el 113%. La buena noticia es que de momento los desequilibrios no plantean dificultades de financiación, más bien lo contrario: la prima de riesgo se mantiene en valores reducidos, cercana a 105 puntos, casi cinco veces menos que en el cénit de la crisis financiera, y los mercados muestran su buena disposición adquiriendo nuevos bonos. En las últimas subastas de títulos públicos la demanda superó ampliamente el monto adjudicado, un resultado nada desdeñable en un entorno internacional plagado de incertidumbres.    


Naturalmente, la aparente levedad de la deuda está siendo perturbada por la subida de tipos de interés. A partir de este año, los pagos por intereses no cesarán de incrementarse, presionando el déficit al alza. Esperemos que el BCE no proceda a más vueltas de tuerca de lo estrictamente necesario –algo que requerirá mucho temple y atención a cómo reacciona la economía–. Pero incluso en ese escenario bastante optimista, habrá que contar con que, más pronto que tarde, el BCE empezará a deshacerse de los bonos en cartera. Recordemos que el banco central detiene títulos de deuda pública española por un monto total de 414.000 millones (con datos hasta julio).


Por tanto, si bien los mercados no están nada preocupados de momento (ni las reglas fiscales de Bruselas, todavía en entredicho, presionan), un ejercicio de realismo presupuestario se impone. Ahora bien, la clave está en cómo hacerlo, ya que tan importante como el propio déficit es la capacidad de crecimiento de la economía. Italia solo conoció superávits primarios, es decir fuera de intereses, hasta que llegó la pandemia (salvo en 2009), y todavía hoy el desvío es proporcionalmente menor que el nuestro. Sin embargo, los inversores exigen una prima de riesgo del doble que la española, ante las débiles perspectivas de crecimiento de la economía transalpina.    

Así pues, ahora más que en la era de los tipos de interés negativos, la sostenibilidad fiscal depende de la credibilidad de la senda de corrección de los desequilibrios, y del impacto transformador de los presupuestos públicos y en especial de los fondos europeos. Una tarea colosal, por el entorno de desglobalización y de crisis energética que fuerza a un crecimiento distinto.        

INDUSTRIALa crisis energética afecta algunos sectores industriales, mientras que otros siguen creciendo. El descenso en septiembre del índice de producción industrial (-0,3%), refleja realidades dispares. Las industrias química y metalúrgica se ven muy afectadas por el encarecimiento del gas y de la electricidad. A la inversa, hay numerosos sectores que mantienen una tendencia ascendente que incluso se acentuó en septiembre. Destacan la industria de cuero y calzado, maquinaria y equipo, material y equipo eléctrico y otro material de transporte. Las perspectivas de conjunto son negativas, según el índice PMI de octubre.  

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Siete productos financieros que lo jóvenes desconocen y podrían volver con tipos de interés más altos

Los tipos de interés en la eurozona han subido. Si en julio estaban al 0%, ya lo están al 2%. Además esta subida de tipos de interés no tiene visos de que vaya a frenanrse. Después de años con tipos de interés negativos, en el mínimo histórico de los últimos dos mil años, tenemos tipos de interés más altos y además no parece que vayan a bajar con el intento de controlar la inflación. Esto está sucediendo también en EEUU, lo que nos hace pensar que estamos ante un cambio de ciclo.

Como inversores, con la subida de tipos puede suceder que comencemos a ver productos financieros que estaban de moda hace unos años, pero que eran completamente inviables en la época de tipos de interés negativos y el “whatever it takes” de Mario Draghi. Hemos estado viviendo unos años excepcionales y puede que volvamos al tema.

Depósitos con retribución en especie

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Hace unos quince años ir a una sucursal bancaria no era muy diferente de ir a una tienda de menaje del hogar. A cambio de no disponer de nuestros ahorros durante un tiempo podíamos obtener productos para el hogar. Vajillas, edredones, cuchillos, copas de cristal, televisores, planchas, relojes de nuestro equipo deportivo favorito… Todavía es fácil encontrarlos en muchos hogares españoles. Eso sí, al final de año lo veríamos en nuestra declaración de hacienda al estar sujetos al IRPF.

Depósitos a plazo remunerados

Si no queríamos un set de copas de vino alemanas o un edredón nórdico de relleno sintético, era posible obtener unas remuneraciones interesantes, muchas veces por encima de la inflación a cambio de renunciar a disponer de nuestros ahorros durante un tiempo. Normalmente estos tenían una mayor remuneración que el producto siguiente, pero menos disponibilidad. Durante la crisis financiera de 2008 se podían ver rentabilidades interesantes debido a la guerra del pasivo en la que los bancos competían por los ahorros del pequeño inversor.

Cuentas corrientes remuneradas

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Si había guerra del pasivo por los depósitos, también la había por aquellos ahorros que el ahorrador podía retirar en cualquier momento. Aunque la rentabilidad no era tan alta como de los depósitos a plazo en la guerra del pasivo. Sí podíamos disponer de nuestro dinero en cualquier momento si era un lugar interesante para guardar nuestro fondo de emergencia o si estábamos ahorrando para un gasto grande, como la reforma de la casa o comprar un coche. No era mucho, pero sí satisfactorio.

Seguros de vida con extorno de prima

Imagínate, compras un seguro de vida y pagas la prima correspondiente. Tras finalizar el periodo no lo has necesitado. La empresa aseguradora te devuelve parte o el total de lo que has pagado. ¿Impensable? No tanto. De hecho un caso muy cercano lo tuvo con un seguro de vida contratado con una aseguradora de grandes almacenes. Junto con la devolución recibió una carta (cuando se mandaban en papel), en la que explicaban que no podrían hacerlo para los próximos periodos por la bajada de los tipos de interés.

Descuentos por pronto pago

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Si vamos a comprar un coche, seguramente nos harán descuento por financiarlo. Entendemos que es lo normal, aunque no siempre ha sido así. Hace ya muchos años no era raro obtener el descuento por pronto pago en algunos productos si optábamos por no financiarlo con letras.

Hipotecas en divisa (cash and carry)

Vamos a suponer que en Europa los tipos de interés están en el 5% y en Japón están al 0,5%. ¿No sería interesante endeudarse en yenes y pagar diez veces menos? Esa fue la lógica de las hipotecas multidivisa. El problema es que al apreciarse el yen frente al euro, hubo hipotecados que se encontraron que aunque devolvían el capital que habían tomado prestado, se encontraban con que debían cada vez más en euros. En general endeudarse en una divisa diferente a la de en la que recibimos nuestros ingresos, suele ser una mala idea ya que dependemos de algo bastante incontrolable como es el mercado de divisas.

Cesión temporal de activos

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Supongamos que tenemos deuda pública y necesitamos efectivo. La solución que podríamos tener es venderla. Pero también podemos usarla para financiarnos, como garantía. Al garantizar la deuda con la venta del activo, obtenemos un mejor interés (por eso es mejor el interés al que obtenemos una hipoteca sobre un inmueble que un préstamo al consumo con nuestra garantía personal. También tenemos otra opción, vendemos el activo y nos comprometemos a comprarlo por un precio mayor un tiempo después. De ese modo pagamos intereses. Es más complejo que un préstamo normal, pero con intereses más altos merece más la pena el proceso más complejo.

Así que como ven existen muchos productos financieros que no se han olvidado, es fácil que los veamos en los próximos años disponibles en nuestra sucursal bancaria más cercana, o en la aplicación en el móvil de nuestra entidad bancaria, porque los tiempos han cambiado, aunque parece que los productos financieros no tanto.

Pregunta a los lectores, ¿qué otros productos financieros podrían volver en los próximos años si siguen subiendo los tipos de interés?

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