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Virtudes y vicisitudes de la desinflación

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El descenso de la inflación por debajo del umbral del 2% —siendo España, junto con Bélgica, el primer país de la zona euro que lo consigue en lo que va de año— es una buena noticia para el bolsillo de los consumidores y fortalece la posición competitiva en relación a nuestros principales socios comunitarios. Sin embargo, la divergencia entre países en el ritmo de desescalada de los precios también pone de manifiesto la dificultad para el BCE en su tarea de encontrar una senda monetaria adaptada a todas las situaciones: el tipo de interés podría acabar siendo demasiado alto para nuestra economía, que ya ha alcanzado el objetivo de inflación, y laxo para otras, todavía sometidas a fuertes presiones.   

De momento, el balance es positivo. La demanda interna está estancada, pero la economía española sigue expandiéndose, fruto del plus de competitividad y del impulso de las exportaciones, especialmente aquellas dirigidas a los mercados europeos. Así se explica el fuerte incremento del superávit externo: según los datos del INE dados a conocer esta semana, el excedente superó el 6% del PIB en el primer trimestre, máximo absoluto de la serie histórica.

Conviene ponderar estos
resultados, porque el diferencial de inflación con la zona euro no es tan
pronunciado cuando se excluyen los componentes más volátiles del índice. Sin
energía ni alimentos, nuestra tasa de inflación se sitúa en torno a un punto y
medio por debajo de la media europea, cuando la brecha es de cuatro puntos en
concepto de IPC total. Por otra parte, el tirón internacional obedece en parte
a factores puntuales, como la normalización del turismo.

Pero la pregunta clave es si el tirón externo es sostenible en el actual contexto de endurecimiento de la política monetaria. En España el coste del dinero se sitúa por encima de la inflación desde el mes de abril. Es decir, los tipos de interés han pasado a ser positivos en términos reales, algo que tiende a lastrar el consumo de los hogares endeudados y la demanda de crédito por parte de las empresas, apuntando en sentido restrictivo. Alemania, sin embargo, se mantiene en la zona de tipos de interés reales netamente negativos, dando alas a los halcones que dentro y fuera del BCE preconizan nuevas vueltas de tuerca monetaria.


Mucho depende del impacto relativo del alza de los tipos de interés —cada vez más restrictivos con respecto a la demanda interna— frente al estímulo exportador que procede de la mejora de la competitividad. Para atenuar esta contradicción, y que la balanza siga inclinándose del lado positivo, es crucial que el dinamismo exterior se acompañe de más inversión y de un aumento de la productividad y de las remuneraciones. Esta sería la mejor manera de neutralizar el efecto depresivo de los tipos de interés. Conviene por tanto vigilar la puesta en marcha del pacto salarial y el despliegue de las reformas que más inciden en la inversión y en la productividad.

Por otra parte, la política económica debería integrar las asimetrías de inflación entre países miembros. Si bien la tarea de la política monetaria no es fácil en un contexto de heterogeneidad, conviene que todas las perspectivas, y no solo las más ortodoxas, se consideren por igual en la toma de decisión del gurú monetario, algo que, en el caso de España, aboga por una cierta contención en relación a futuras subidas de tipos. La política fiscal es la única susceptible de responder a la situación de inflación específica a cada país. En nuestro caso, puede jugar un papel clave de propulsor de inversión y reformas, en un contexto de reducción de los desequilibrios. Entre tanto, nos asomamos a un IPC en el entorno del 4% para el conjunto del año, y un crecimiento económico superior al 2%, mejorando en ambos casos la media europea.

IPC | La moderación de los precios energéticos y de otros suministros se ha trasladado al IPC en todas las economías europeas. La inflación ha dejado atrás el doble dígito (salvo en Eslovaquia). Sin embargo, descontando los componentes más volátiles, los precios siguen incrementándose significativamente por encima del objetivo del 2% en la mayoría de países. Además, persisten importantes contrastes entre la moderación relativa de los precios en el sur de Europa (en especial España, Chipre, Grecia y Portugal), y la persistencia de fuertes presiones en Europa central (Alemania, Austria, Italia, Países Bajos y repúblicas bálticas).

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Empresas y empresarios: responsabilidad fiscal y deseabilidad profesional

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Apenas hace un par de meses que el asunto de la presión
fiscal sobre las empresas acaparaba los principales titulares de los medios de
comunicación españoles y dividía la opinión publicada entre quienes consideran
que los impuestos que gravan en España a las empresas son altos y lastran su
competitividad internacional, y quienes lo ponen en duda, incluso lo niegan. Ahora
bien, en la opinión pública esas posiciones aparecen menos polarizadas. Así se
desprende de las respuestas a la pregunta que Funcas ha planteado en junio de
2023 a una muestra representativa de la población española mayor de edad (1.373
entrevistados): “En su opinión, ¿los impuestos que pagan en España las empresas
son muy altos, altos, adecuados, bajos o muy bajos?”.

Cerca de la mitad de los entrevistados opinan que los impuestos que pagan las empresas son “altos” (22%) o “muy altos” (23%), mientras que uno de cada cinco (20%) considera que son “adecuados”. Esta última proporción es similar a la de quienes tildan tales impuestos de “bajos” (15%) o “muy bajos” (5%) (Gráfico 1). Podría pensarse que esta distribución de opiniones está influida por una cobertura mediática que mayoritariamente ha resaltado el elevado nivel de impuestos que pagan las empresas en España. Sin embargo, la encuesta más cercana en el tiempo que hemos hallado con una pregunta comparable, realizada en 1996, arroja datos sorprendentemente similares a los obtenidos en junio de 2023. En aquel año (Gráfico 2A) —como el actual (Gráfico 2B), un año electoral— un 43% de los entrevistados de una muestra representativa encuestada por CIRES opinó que las empresas pagaban “mucho” o “demasiado” en impuestos, mientras que un 19% mantuvo que pagaban “poco” o “demasiado poco”. Obviamente estos datos, separados en el tiempo por casi 30 años, no permiten afirmar la estabilidad durante las últimas décadas de la opinión pública española respecto a la presión fiscal sobre las empresas, pero sí dudar de que los porcentajes que ha arrojado la encuesta Funcas de junio de 2023 resulten de un cambio reciente en el “clima de opinión” provocado por los medios de comunicación. Asimismo, permiten sostener que, según la mayoría de la población adulta española, las empresas cumplen con su responsabilidad fiscal, pagando impuestos calificados como “adecuados”, “altos” o “muy altos”.  


Volviendo a los datos recogidos en junio de 2023, no se observan diferencias sustanciales entre las opiniones de mujeres y hombres acerca de los impuestos que pagan las empresas, si bien ellas se abstienen mucho más que ellos de opinar sobre esta cuestión. La edad, en cambio, sí marca algunas diferencias de interés: entre la población de menos de 45 años abundan más quienes piensan que las empresas pagan impuestos “altos” o “muy altos”. Este parecer también encuentra más respaldo entre quienes tienden a asociar mentalmente la palabra “empresarios” con las PYMES o con los trabajadores autónomos, más que con las grandes empresas (Gráfico 1).

Qué representación social de los empresarios emerge cuando se oye hablar de ellos es una cuestión a la que hasta ahora se ha prestado escasa atención, a pesar de que, en este punto, se observan diferencias individuales considerables: casi cuatro de cada diez entrevistados piensan en “grandes empresas” cuando escuchan la palabra “empresarios”, pero un 24% imagina “pequeñas y medianas empresas”, y un 12% los asocia fundamentalmente con los “autónomos” (Gráfico 3). Probablemente, estas diferentes visiones (o percepciones) de los empresarios influyen en las opiniones que los individuos albergan sobre cuestiones relacionadas con el mundo de las empresas. Así, por ejemplo, quienes identifican a los “empresarios” como los responsables de “grandes empresas” (39% de los entrevistados) se muestran, en general, menos favorables hacia esta profesión. Solo un 11% de ellos recomendaría a una persona joven que se hiciera “empresario/a”; en cambio, un 54% de esas mismas personas le aconsejaría ser funcionario. Parece, por tanto, que la identificación de los empresarios con las grandes empresas está relacionada con juicios más críticos sobre este colectivo.


En todo caso, la función pública destaca ostensiblemente como destino profesional que se recomendaría a una persona joven que buscara orientación al respecto. En efecto, independientemente del sexo de los entrevistados, de su edad, de su nivel educativo o de la idea de “empresario” que albergue en su imaginario, la mayoría de los entrevistados en junio de 2023 aconsejarían a una persona joven que optara por la función pública (Gráfico 4). Llama la atención que la proporción de entrevistados que revelan una preferencia profesional por la función pública supera a la resultante de sumar todas las respuestas que hacen referencia a la ocupación en el sector privado (bien sea como empresario, como autónomo o como asalariado).


Esta extendida recomendación de incorporarse a la función pública podría interpretarse contra el trasfondo de un mundo que, sobre todo desde el inicio de esta década, se percibe como crecientemente incierto en casi todos los ámbitos de la vida. En ese entorno de incertidumbre la función pública brinda estabilidad en un ámbito tan importante como el laboral; y también ofrece, en general, jornadas de trabajo más cortas, lo que las hace más compatibles con otros quehaceres y con un valor en alza, la disposición de más tiempo libre (como se desprende de la comparación del número medio de horas semanales trabajadas por los asalariados del sector público y el resto de ocupados: Gráfico 5).


Con todo, esta interpretación que relaciona la predilección por la función pública con la agudización de sentimientos de inseguridad pasa por alto que, en momentos del pasado reciente en los que la incertidumbre provocaba menos “presión ambiental”, la preferencia por la función pública como destino profesional también se hallaba, en España, más extendida que la preferencia por la ocupación en el sector privado, como ponen de manifiesto diversas encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas (Gráficos 6A y 6B).


Estos datos ofrecen materia para la reflexión. Por una parte, inducen a anticipar una elevada demanda social de empleo público, lo que convierte su oferta en un expediente tentador para cualquier gobierno que desee ganar apoyo electoral.  Por otra parte, obligan a plantearse una cuestión preocupante: una sociedad que traslada a sus jóvenes de manera tan masiva la preferencia por trabajar en las Administraciones Públicas puede estar olvidando que los ingresos para pagar a esos funcionarios dependen decisivamente de que empresas y trabajadores en el sector privado generen suficiente riqueza.

Ficha técnica de la Encuesta Funcas (junio 2023)

• Entrevista telefónica asistida por ordenador a una muestra de 1.373 entrevistados representativa de la población de 18 años o más residente en España.

• Trabajo de campo:

– Fecha: 12- 25 de junio de 2023.

– Empresa: IMOP Insights.

• Margen de error: en el supuesto de un muestreo aleatorio simple, el margen de error es de ±2,7 puntos porcentuales para p=q=50 % y un nivel de significación del 95 %.

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La historia y los miedos

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La gran científica Marie Curie solía decir que “la historia es el eco de los miedos pasados y el testimonio de cómo han sido superados”. La política monetaria actual enfrenta desafíos de enorme calado y no debe ignorar la historia, pero también debe comprender qué es diferente hoy. En este contexto, la conferencia anual de banqueros centrales —organizada por el BCE esta semana— en la ciudad portuguesa de Sintra ha ganado reconocimiento y relevancia en los últimos años. Abre la discusión financiera y monetaria del verano que, de algún modo, se cierra al final de agosto, con otra cita archiconocida de bancos centrales que organiza la Fed, la de Jackson Hole en Wyoming (Estados Unidos).

En la lucha contra la inflación alta, los bancos centrales han enfrentado históricamente un desafío difícil. Ha requerido tiempo y esfuerzo para ser combatido de manera efectiva. La incertidumbre y los “efectos de segunda ronda” (por aumento de salarios) ya preocuparon en el pasado, como acontece hoy con el caso de Alemania, que afecta a toda la eurozona. Sin embargo, los temores de entrar en una recesión generalizada al subir los tipos de interés y abordar la inflación también están presentes. En los últimos días, hemos sido testigos de decisiones de los bancos centrales de economías avanzadas que están en su mayoría de acuerdo en continuar endureciendo sus políticas monetarias, aunque se encuentran cerca del final de sus ciclos de ajuste. Esta semana, las autoridades monetarias del Reino Unido, Noruega, Turquía y Suiza han anunciado incrementos de tipos de interés, mientras que algunos de sus pares también han adoptado un tono más halcón en sus comunicaciones. China, Japón y algunas economías de mercados emergentes son las principales excepciones a esta tendencia global de endurecimiento de la política monetaria.

Esta disparidad en las políticas monetarias también ha generado efectos divergentes en las distintas divisas. Algunas monedas aún se benefician de mayores diferenciales de rendimiento, mientras que otras se ven afectadas por temores de desaceleración o por no cumplir con las expectativas de tasas de mercado. Los operadores del mercado estarán siguiendo de cerca esta reunión, buscando evaluar cuánto más pueden subir las tasas de interés y con qué rapidez podrían alcanzar su nivel óptimo.

Llama la atención la perspectiva con la que Gita Gopinath se dirigió a los asistentes el lunes hablando de “verdades incómodas” de la política monetaria. La subdirectora gerente del FMI ya ha tratado este tema sin cortapisas en intervenciones anteriores, destacando que es muy difícil desanclar las expectativas de inflación cuando aún está tan alta en muchos países. Más en el contexto actual donde las depreciaciones de la moneda y los shocks de oferta pueden tener efectos inflacionarios más persistentes. Por otro lado, los gobernantes deben ser conscientes de que, si deciden elevar barreras comerciales como medida de precaución contra interrupciones en las cadenas de suministro, podrían encontrar una mayor volatilidad en esos eventos imprevistos. Esto, a su vez, presentaría obstáculos más difíciles para la política monetaria y dificultaría la estabilización económica.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Small business, great opportunities: Cómo las pymes españolas están confiando en su éxito

Descubre cómo encaran el futuro las pymes españolas de la mano del estudio de Sage “Small business, great opportunities”. 

  • Las pymes españolas son las que más confían en el futuro, un 39 % frente al 34 % de la media internacional. 
  • Además, un 13 % de las pymes españolas esperan incrementos de costes de entre un 25 y un 49 %. 

Las pequeñas y medianas empresas españolas tienen una agenda marcada por el cambio tecnológico y un entorno de incremento de costes. En cierto modo, esta realidad no es tan diferente de la de otros países, pero en ejercicios anteriores se venía observando algún rezago frente a pymes de diferentes países.  

¡TUITÉALO! Las pymes españolas están ante un giro optimista. Toma nota de las razones que apunta el estudio “Small business, great opportunities”.

Sin embargo, 2022 parece que ha sido un año especialmente bueno para las empresas en España. Así se desprende del último informe “Small business, great opportunities”, que ha señalado, además, alguno de los retos que deberán afrontar.  

Cambio sustancial en la confianza 

Un aspecto importante para las pymes es su visión de sí mismas. Los propios gestores tienen una información muy completa sobre sus perspectivas. Por supuesto, hay factores tanto internos como del entorno externo que pueden pasar inadvertidos desde dentro, pero la opinión de quien está al frente del negocio es de las más cualificadas. Además, la confianza de los gestores tiene muchos efectos importantes: 

  • Ayuda a consolidar relaciones y contratos que han de fructificar en el largo plazo. 
  • Facilita la llegada de la financiación propia necesaria para desarrollar proyectos. 
  • Estimula el esfuerzo emprendedor. 
  • Mitiga el exceso de estrés que pueda producirse en los gestores, lo que puede ser un ‘bálsamo’ para el clima laboral
  • Incita a propietarios y gestores a mejorar la comunicación externa, de forma que otros puedan percibir la credibilidad de los fundamentos del negocio. 

En este aspecto, llega una de las grandes buenas noticias del informe. En un año, las pymes españolas han pasado de ser las más rezagadas en confianza a situarse en posición de liderazgo. Ahora, el porcentaje que confía en el futuro es de un 39 %, frente a una media del 34 % en el conjunto de países. 

Unas pymes españolas muy ambiciosas 

La confianza propia está muy relacionada con la ambición de los proyectos empresariales. Cuando se observan perspectivas favorables, se trabaja para llegar más lejos. Al mismo tiempo, ese esfuerzo redoblado, si se dirige adecuadamente, puede reforzar la confianza. Puede, por tanto, alimentarse un círculo virtuoso. 

En ese sentido, el informe da fe de que las pymes españolas se encuentran entre las más ambiciosas. Así, el 59 % aspira a aumentar los ingresos de su empresa entre un 10 y un 40 % en los próximos 10 años, frente al 48 % a escala mundial. 

La progresiva incorporación de tecnología está generando confianza en las pymes españolas, que afrontan el futuro con mayor ambición. 

Productividad satisfactoria 

La productividad está muy relacionada con el consumo de recursos. A partir de cierto punto, incrementos sucesivos del consumo de un factor de producción se derivan en aumentos cada vez menores de las cantidades producidas.  

Por ello, lo que preocupa a un emprendedor es comparar los resultados o las perspectivas con lo que hubiese sucedido en períodos previos. Se trata de analizar si, con el mismo consumo de recursos, ahora se alcanza mucha mayor producción de la que se hubiese obtenido en el pasado.  

Además, siempre se deben ponderar los factores del entorno que hayan podido facilitar o dificultar los procesos. Se construye así una percepción sobre si la productividad alcanzada es satisfactoria o no

En el caso de las pymes españolas, el informe también da noticias positivas en este aspecto. De hecho, son las más satisfechas con su productividad. El 39 % se describen como muy satisfechas con su productividad, frente a un 28 % de la media de los países del estudio. 

La fluidez de pagos y cobros comerciales 

La capacidad de pago es necesaria en una buena gestión de tesorería. La satisfacción con los cobros comerciales también exige esfuerzos especiales. Hay que analizar bien los perfiles de los clientes, la documentación y avales que vas a exigir, los procesos de cobro… 

Por tanto, la satisfacción en este campo da muestras de buena gestión tanto comercial como financiera. Y aquí volvemos a tener buenas nuevas sobre las pymes españolas. Un 36 % declara un alto grado de satisfacción frente a un 30 % de la media internacional. 

La tecnología promueve el rendimiento de las pymes españolas 

Introducir tecnologías ayuda a rendir más por varias razones: 

  • Mejora el equipamiento de los trabajadores, lo que permite que realicen labores más complejas y especializadas. 
  • Facilita que un mismo empleado pueda encargarse simultáneamente de varias tareas. 
  • Se incorporan novedades organizativas que permiten modernizar los procesos. 
  • Las tecnologías digitales contribuyen a un flujo de datos que mejora la planificación y el control
  • Con las últimas generaciones tecnológicas, puedes producir bienes y servicios actualizados a las necesidades del mercado. 

En este campo, las pymes españolas muestran un interés acelerado. De hecho, un 31 % prevé incrementar su inversión en tecnología el año que viene, frente a una media internacional del 16 %. 

Los desafíos de las pymes españolas 

Aunque hay muy buenas noticias, el informe señala varios puntos de mejora

  • Solo el 28 % de pymes españolas dicen que han ganado confianza gracias a la tecnología, frente a una media global del 32 %. 
  • Aunque prevean incorporar nuevas tecnologías en el futuro, lo cierto es que solo el 17 % lo ha hecho en este período, frente a un 23 % de la media internacional. 
  • Son un poco menos propensas a citar el aumento de la productividad como beneficio de la inversión en tecnología (un 31 % frente a una media del 33 %). 
  • Los costes representan un problema más importante. El 13 % de las pymes españolas espera incrementos de entre un 25 y un 49 %. En otros países, solo un 8 % espera un aumento de tales dimensiones. Además, en el pasado, las materias primas han experimentado incrementos de costes más pronunciados (un 39 % frente al 30 % internacional). 
  • Son algo más propensas a problemas de liquidez (26 % frente a un 23 % de la media internacional). Además, solo el 18 % señala el incremento de liquidez como un factor de confianza, frente a un 22 % a nivel mundial. 

En conclusión, el informe » Small business, great opportunities» revela un panorama prometedor para las pymes españolas, en buena medida, gracias a que están en una fase importante de incorporación de tecnología

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La tasa de inflación del Índice de Precios Industriales continúa en negativo

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IPRI | Mayo 2023


El Índice de Precios Industriales (IPRI) registró en mayo una tasa negativa —por tercer mes consecutivo— del -6,9% en términos interanuales, que se debe a la caída de los precios energéticos (-24,9%). El índice que excluye la energía continúa moderándose, hasta el 2,9%, tasa interanual no observada desde principios de 2021. A pesar de ello, este índice aún no presenta una tendencia de descenso, sino tan solo de estabilización (gráfico izquierdo).

Un análisis desglosado muestra que el abaratamiento de la energía y de otras materias primas se traslada ya a los primeros eslabones de la cadena de producción, como lo evidencia el descenso de los precios de los bienes intermedios (gráfico central). Sin embargo, el impacto en el resto de bienes es todavía limitado, a tenor de la tendencia, todavía alcista, del índice de los bienes de consumo no alimenticio.

En cuando a la industria alimentaria, su tasa de inflación encadena tres meses de importante contención hasta el 10,6% en mayo. El índice parece estar tocando techo tras dos años de intensos crecimientos mensuales (gráfico derecho). Esto apunta a que la moderación de las presiones alcistas sobre los precios finales al consumo de los productos alimenticios, que se vienen observando en los últimos meses, seguirán esa tendencia si no se materializan las nuevas incertidumbres derivadas del impacto de la sequía.

En síntesis, hay
señales claras de moderación de las tensiones inflacionistas en las fases
iniciales de la cadena productiva de los bienes industriales, pero aún no
alcanza las fases finales de la producción de bienes de consumo no
alimenticios. En cambio, los precios de fabricación de la industria alimentaria
parecen estar tocando techo.

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El modelo exportador español

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El sector exterior está aportando un saludable balón de oxígeno, propulsando la economía española por encima de los niveles de actividad previos a la pandemia. Ahora la incógnita es si ese pulmón se mantendrá pese a la desaceleración que se percibe en nuestros principales mercados de exportación.

Sin el impulso exterior, el PIB se situaría todavía un 2,5% por debajo del umbral fetiche de la era precovid, como consecuencia principalmente de la anemia del consumo privado, lastrado por la erosión de poder adquisitivo sufrida por los hogares. Entre los factores de demanda nacional, solo se salva el consumo público y, en menor medida, la inversión en equipo.

El panorama interno contrasta con el dinamismo de las exportaciones de bienes y servicios: hoy por hoy los clientes extranjeros compran más de 4 de cada 10 euros que se generan en España, en fuerte alza frente a 2019 y casi el doble que antes de la crisis financiera. Estamos por tanto asistiendo a la aceleración del proceso de internacionalización de nuestra economía. Como, por otra parte, las importaciones crecen a un menor ritmo, el resultado es una aportación positiva al crecimiento del PIB, más que compensando la debilidad de la demanda que emana de los sectores residentes.


La normalización del turismo es de gran ayuda, pero el tirón no procede solo del “sol y playa”. También cabe señalar el auge de los servicios no turísticos (30% desde finales de 2019 en términos reales, es decir descontando la inflación), y en menor medida de las exportaciones de mercancías (5,5%). Detrás de estas referencias está el mercado europeo, como lo evidencia el creciente superávit de los intercambios con la UE, más que triplicado desde 2019. Gracias a estos excedentes, hemos podido afrontar cómodamente el encarecimiento de la factura de las importaciones energéticas.

Otro potente factor es la inversión internacional en nuestro tejido productivo (la llamada inversión directa extranjera). Según datos armonizados de la OCDE, España es el país de la eurozona que más inversión directa recibe, después de Francia. Además, la entrada de capital productivo se ha casi duplicado en relación a 2019 (84%), un logro en un contexto de inversión en decline a nivel global (-27%). La inversión procede sobre todo de otros países europeos, de manera similar a lo que ocurre con las exportaciones. Todo ello configura la profundización del mercado único y una relocalización en nuestro país de las cadenas de producción de algunos sectores. Es prematuro determinar si se trata de un cambio estructural como consecuencia de la desglobalización, o bien de un fenómeno pasajero.

Pero no habrá que esperar mucho tiempo para saberlo: la economía europea está dando señales inquietantes de desaceleración, poniendo a prueba el pulmón exterior. Los indicadores de gestores de compra de la eurozona han dado un vuelco inesperado, lo que sería consistente con una cierta contracción de la actividad en este inicio de verano, especialmente en la industria. En España, los datos más recientes de ventas de grandes empresas y de afiliación a la Seguridad Social, con una primera quincena de junio sorprendentemente en negativo en términos desestacionalizados, también apuntan a un menor dinamismo. Las subidas de tipos de interés están provocando una reducción de la demanda a través de toda la eurozona, como lo muestra el inquietante descenso de los préstamos bancarios de nueva concesión. Nos asomamos por tanto a una segunda parte del año menos boyante.

Con todo, los hechos evidencian el buen posicionamiento competitivo de nuestro aparato productivo, algo que habrá que cuidar ya que necesitamos un excedente externo tanto para mantener la senda de crecimiento a corto plazo, como para aprovechar el proceso de reducción de riesgos, que redunda en un acercamiento de la producción a los lugares de consumo. El tiempo dirá si este fenómeno de reducción de riesgos, o de-risking, resulta beneficioso para la economía española. De momento, las sensaciones son positivas.

PIB | El crecimiento del PIB del primer trimestre ha sido revisado al alza, desde un 0,5% inicialmente publicado hasta un 0,6%. También se ha revisado al alza una décima la tasa de crecimiento del cuarto trimestre de 2022, hasta el 0,5%. Estas dos revisiones implican que en el primer trimestre de este año se alcanzó el nivel real de PIB del cuarto trimestre de 2019 (lo supera en apenas un 0,07%). Entre los países de la UE, solo Alemania y República Checa se sitúan por debajo de ese umbral (-0,5% y -1%, respectivamente).

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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La otra cara de la IA: Cómo ChatGPT se ha convertido en una amenaza para la ciberseguridad

Te contamos cómo los ciberdelincuentes utilizan ChatGPT para promover estafas y amenazar a la ciberseguridad.

  • ChatGPT permite escribir una tarea y dar una respuesta que solucione dicho problema.
  • Se han identificado casos en los que ChatGPT se ha empleado para escribir código malicioso.

Cuando OpenAI lanzó su revolucionario modelo lingüístico ChatGPT en noviembre, millones de usuarios quedaron impresionados por sus capacidades. Para muchos, sin embargo, la curiosidad pronto dio paso a una seria preocupación por el potencial de la herramienta que podía ser usada por los ciberdelincuentes. En concreto, ChatGPT abre nuevas vías para que los piratas informáticos puedan vulnerar el software avanzado de ciberseguridad.

¡TUITÉALO! ¿La IA es una amenaza para la ciberseguridad? ChatGPT puede ser utilizado por ciberdelincuentes para promover estafas y amenazar la seguridad. Lee más aquí.

El impacto de la inteligencia artificial en la ciberseguridad

El programa de inteligencia artificial, creado por OpenAI, permite a los usuarios escribir una pregunta o una tarea, y el software dará una respuesta diseñada para imitar a un humano. Se ha entrenado con una enorme cantidad de datos, lo que se conoce como un gran modelo lingüístico, que le ayuda a dar respuestas sofisticadas a las preguntas y peticiones de los usuarios.

También puede programar código, lo que convierte a la IA en un ahorro de tiempo potencial para desarrolladores de software, programadores y otros profesionales de la informática. Incluidos los ciberdelincuentes, que podrían utilizar las habilidades del robot con fines malévolos.

Para un sector que ya se tambalea por un aumento global del 38% en las violaciones de datos en 2022, es fundamental que los líderes reconozcan el creciente impacto de la IA y actúen en consecuencia.

La empresa de ciberseguridad Check Point Software Technologies afirma haber identificado casos en los que ChatGPT fue utilizado con éxito para escribir código malicioso. Este código podría robar archivos informáticos, ejecutar malware, suplantar credenciales o cifrar todo un sistema en un esquema de ransomware.

Según los expertos, los ciberdelincuentes, que parecían tener conocimientos técnicos limitados, habían compartido sus experiencias utilizando ChatGPT, y el código resultante, en foros clandestinos de piratería informática.

Cómo funciona ChatGPT y por qué es atractivo para los ciberdelincuentes

ChatGPT fue desarrollado por el laboratorio de investigación de inteligencia artificial OpenAI, y lanzado en noviembre de 2022. Se trata de un gran modelo de lenguaje que utiliza una combinación de técnicas de aprendizaje automático supervisado y de refuerzo.

Se ajusta y entrena constantemente gracias a los usuarios, que pueden votar sus respuestas al alza o a la baja. Esto lo hace aún más preciso y potente, ya que recopila datos por sí solo.

Esto es lo que diferencia a ChatGPT de otros chatbots. A diferencia de otros productos similares, es capaz de participar activamente en una conversación y completar tareas complejas con una precisión asombrosa. A la vez que ofrece respuestas coherentes y similares a las humanas.

Pero el poder de ChatGPT no reside en su capacidad para conversar. Más bien reside en su capacidad casi ilimitada para completar tareas en masa, de forma más eficiente y mucho más rápida de lo que lo haría un ser humano. Con las entradas y comandos adecuados y algunos trucos creativos, ChatGPT puede convertirse en una herramienta de automatización increíblemente potente.

Teniendo esto en cuenta, no es difícil imaginar cómo un ciberdelincuente podría convertir ChatGPT en un arma. Se trata de encontrar el método adecuado, escalarlo y hacer que la IA complete tantas tareas como sea posible a la vez, con múltiples cuentas y en varios dispositivos si es necesario.

Cómo ChatGPT amenaza la ciberseguridad

La ciberseguridad se ha convertido en una preocupación cada vez mayor para individuos y empresas por igual en la era de la tecnología y la información, debido al aumento de los ciberataques como el phishing y otros tipos de amenazas en línea.

Phishing

  • A pesar de lo potentes que se han vuelto los filtros de spam, los peligrosos correos electrónicos de phishing siguen colándose por las rendijas. Y no hay mucho que el ciudadano de a pie pueda hacer, salvo denunciar al remitente a su proveedor. Pero hay mucho que un actor de amenazas capaz podría hacer con una lista de correo y acceso a ChatGPT.
  • Con los comandos y sugerencias adecuados, ChatGPT puede generar correos electrónicos de phishing convincentes, automatizando potencialmente el proceso para el actor de la amenaza y permitiéndole escalar sus operaciones.

Webs fraudulentas  

  • Si buscas en Google el término «crear un sitio web con ChatGPT», encontrarás un montón de tutoriales que explican con todo detalle cómo hacerlo. Aunque esto es una buena noticia para cualquiera que quiera crear un sitio web desde cero, también lo es para los ciberdelincuentes. ¿Qué les impide usar ChatGPT para construir un montón de sitios de estafa, o páginas de aterrizaje de phishing?
  • Las posibilidades son casi infinitas. Un ciberdelincuente podría clonar un sitio web existente con ChatGPT y luego modificarlo, construir sitios web de comercio electrónico falsos, ejecutar un sitio con estafas de scareware, y así sucesivamente.

Crear spam y engaños

  • Para crear un sitio web falso, gestionar una página fraudulenta en las redes sociales o crear un sitio que imite a otro, se necesita mucho contenido. Y tiene que parecer lo más legítimo posible para que la estafa funcione. ¿Por qué contrataría un ciberdelincuente a redactores de contenidos o escribiría entradas de blog por su cuenta cuando puede hacer que ChatGPT lo haga por él?
  • Es cierto que un sitio web con contenido generado por IA probablemente sería penalizado por Google con bastante rapidez y no aparecería en los resultados de búsqueda. Pero hay muchas maneras diferentes en las que un hacker podría promover un sitio web, enviar tráfico y estafar a la gente con su dinero o robar su información personal.

Como toda tecnología, ChatGPT no es ni intrínsecamente útil ni perjudicial. A pesar de algunas deficiencias, es con diferencia el chatbot más capaz jamás lanzado al público. Sin embargo, también debe tenerse en cuenta que sus ventajas se pueden convertir en un arma de doble filo.

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Estos son los motivos por los que tu empresa necesita un software ERP

En este artículo conocerás cuáles son las principales ventajas de contar con un software ERP en tu empresa.

  • Un software ERP puede ser un beneficio decisivo para las operaciones de tu negocio.
  • Descubre cuáles son las señales claras que te indican que debes invertir en un ERP.

Contenido del post


  1. Destruyendo mitos: ¿Software ERP para pequeñas empresas?
  2. Cómo estudiar el retorno de la inversión en un ERP
  3. Señales de que necesitas un ERP
  4. Motivos por los que necesitamos instalar un ERP

Imaginemos un software que responda tanto a las necesidades del departamento financiero como al de recursos humanos, inventario del almacén, etcétera. Puede parecer imposible. Quizá pienses que lo normal sea que cada departamento tenga su propio sistema informático adecuado a sus necesidades. No obstante, con ayuda de un software ERP, es posible esta combinación.

Dicho en otros términos, el ERP es una inversión en coherencia con la que se mejora el control sobre los procesos y procedimientos de la empresa.

El esfuerzo de adaptación se supera rápidamente y los desembolsos son compensados por los retornos que ofrece la mejora en la gestión.

¡TUITÉALO! ¿Tu empresa necesita un ERP? Estas cinco señales están diciendo a gritos que sí. ¡Toma nota!

1) Destruyendo mitos: ¿Software ERP para pequeñas empresas?

Como en todos los campos, existen creencias o prejuicios dentro del software de gestión que no son reales. Por ejemplo, muchos tienen la creencia equivocada de que el software ERP es una herramienta para organizaciones de mayor tamaño.

Puede que, al principio, la implantación genere preocupaciones. Hay que desembolsar un dinero y dedicar un tiempo a comprender la herramienta. Por si fuera poco, la posibilidad de elegir una inversión fallida sobrevuela en el proceso de decisión.

Pero la buena noticia es que todo esto tiene una fácil respuesta: elegir el software correcto y gestionar el proyecto de forma adecuada. Es decir, el ERP es como un calcetín y la empresa nuestro pie: ambos se adaptan al 100% el uno al otro, siempre que escojamos el tamaño adecuado.

Además, hay un ERP para cada tamaño. Por ejemplo, Sage 200 es la solución ERP de gestión de negocio completa si tienes una pyme, mientras que Sage X3 ofrece una nueva generación de ERP más compleja.

2) Cómo estudiar el retorno de la inversión en un ERP

Ya lo sabes: el ERP es un software para empresas de cualquier tamaño. Para superar los miedos, debes estudiar el retorno de la inversión con la siguiente comparación

  • Por un lado, tienes los mayores pagos o menores cobros. Aquí considerarás las cuotas del ERP, las horas de formación a tu personal, problemas de comprensión al comenzar… Son, en definitiva, lo que pondrás en la balanza en el platillo de los costes.
  • Por otro, tienes todos los beneficios. Puedes obtener mayores cobros por vender más y mejor valorado (y pagado) por tus clientes, por alcanzar un tamaño, etcétera. También pondrás todo lo que reducirá tus pagos: gestión eficiente e inteligente de los recursos, aprovechamiento de oportunidades de aprovisionamiento. Incluso, podrás mejorar cobros y pagos a la vez. Por ejemplo, unos procesos mejor conjuntados dan mayor valor a los productos y evitan desperdicio de recursos. Todo esto es lo que pondrás en el platillo de las ventajas.

No olvides, además, considerar la dimensión temporal. Los beneficios y costes de hoy tienen más valor actual que los de dentro de un tiempo. No obstante, en épocas de estabilidad y en negocios de riesgo bajo, esa diferencia será menor.

En ese sentido, también es clave plantear la inversión en el momento oportuno… Por muy buenas perspectivas que tenga el software, debes dedicar un tiempo a la implantación. En épocas de exceso de trabajo, quizá corras el riesgo de que la adaptación a la herramienta quede postergada.

3) Señales de que necesitas un ERP

Nuestra empresa pide a gritos un ERP, pero no lo escuchamos… Es algo común en muchos negocios. Las señales más frecuentes son:

  1. La empresa tiene capacidad de expandirse, pero no se tiene claro cómo ni hacia dónde.
  2. No se mantiene un estricto control de efectivo y liquidez.
  3. Hay carencias en el control de la información y tanto la seguridad como la gestión de esta no es óptima.
  4. La tecnología no se adapta al crecimiento. Está obsoleta.
  5. No se consigue cumplir plazos de entrega, se tiene inventario sobredimensionado o no se predice la demanda correctamente.

La mayoría de las empresas que no disponen de un ERP aún están desoyendo claras señales de que su implantación sería beneficiosa para ellas.

Si nos encontramos con una o varias de estas señales, es posible que el dinero se nos esté escapando de las manos. En el peor de los casos, sin saberlo; y en el mejor, sin controlarlo. Es momento de instalar un ERP.

4) Motivos por los que necesitamos instalar un ERP

Los beneficios que puede aportar un ERP a nuestra empresa son muy amplios. Por ejemplo, tradicionalmente, las organizaciones tenían sus datos repartidos en varios sistemas o varios documentos de Excel dispersados por los diferentes departamentos. Esto se debe a que lo habitual era que cada departamento estuviera utilizando su propia solución para gestionar sus operaciones.

Estas plataformas diferentes dificultaban recabar los datos de los distintos departamentos para la toma de decisiones. Sin embargo, con una solución ERP, se consigue una cohesión de los datos. Además, su actualización en tiempo real reduce de manera significativa los gastos operativos y administrativos.

Por otro lado, sin control alguno, seguro que nuestro proceso de venta y el feedback que llega de los clientes es sustancialmente mejorable. A través de esta herramienta, el acceso a los datos será mucho más rápido y preciso. Por ejemplo, el departamento financiero reducirá el tiempo dedicado a recabar información de las distintas áreas y podrá dedicar más horas a blindarse ante los morosos.

Es más, con un ERP, el personal de ventas logra una mejor interacción con los clientes y construye mejores relaciones con ellos.  Es así, en parte, gracias a la información sobre sus preferencias y compromiso. El software facilita que se recopile y documente con diligencia la ficha con toda la información de la que se dispone.

En resumen, implantar un ERP es una buena decisión para empresas de cualquier tamaño. Aporta mejoras en la organización del negocio y en la gestión de los datos y la información necesaria para la toma de decisiones. Descubre las soluciones de Sage y escoge el que mejor se adapta a las necesidades de tu negocio.

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La Fed se repliega, el BCE sigue saltando

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La Fed y el BCE han tomado esta semana caminos divergentes en medio de un panorama económico incierto. Mientras que la Reserva Federal de Estados Unidos optó por mantener los tipos de interés en pausa, el Banco Central Europeo ha realizado un más audaz aunque arriesgado aumento en medio de una recesión en el conjunto de la eurozona. La decisión de la Fed de no subir los tipos de interés refleja una combinación de prudencia y cautela frente a la evolución de la economía y mercados. Con datos que indican una desaceleración de la inflación y los efectos aún en desarrollo de las medidas previas, la Fed está optando por una pausa para evaluar los resultados y determinar si se requieren acciones adicionales. La Fed ha pulsado el pause, pero puede hacer un cambio de ritmo. Por otro lado, el BCE ha decidido aumentar los tipos de interés a pesar de que la eurozona está técnicamente en recesión. El objetivo del BCE es controlar la inflación. Sin embargo, esta decisión arriesgada plantea interrogantes sobre si es el momento adecuado para aplicar medidas restrictivas en una economía ya debilitada.

Estas decisiones algo divergentes tendrán implicaciones significativas en los mercados financieros y la economía global. Los mercados de bonos están que arden en Estados Unidos. La pausa de la Fed puede generar alivio en los inversores, ya que se pospone un nuevo endurecimiento monetario. Sin embargo, también puede plantear dudas sobre la capacidad de la economía estadounidense para hacer frente a futuras presiones inflacionarias. En contraste, el movimiento del BCE hacia mayores tipos de interés puede generar volatilidad y desafíos adicionales para una eurozona que ya enfrenta dificultades económicas. La decisión del BCE plantea interrogantes en una economía que aún se está recuperando de unos años bastante complicados desde la pandemia.

A medida que avanzamos, la atención se centra en las señales que tanto la Fed como el BCE brinden sobre su estrategia futura. Las palabras de Jerome Powell han sugerido un posible aumento futuro de tipos, incluso en julio. Por su parte, el BCE intenta demostrar que su decisión de aumentar los tipos de interés está respaldada por un análisis cuidadoso de la situación económica y una evaluación rigurosa de los riesgos.

 Estas decisiones divergentes se antojan un “duelo” monetario entre la Fed y el BCE que plantea preguntas provocadoras sobre las estrategias adoptadas en un momento de incertidumbre económica global. La escalada de tensiones en la guerra en Ucrania ha generado incertidumbre en los mercados y en la economía global. Los bancos centrales, conscientes de la influencia de los acontecimientos geopolíticos en la estabilidad financiera, se encuentran en una posición desafiante. La falta de claridad sobre el desenlace de este conflicto ha llevado a la Fed y al BCE a adoptar estrategias distintas pero cautelosas para protegerse de posibles repercusiones negativas en los mercados y la economía. Lo que sí está claro es que, por vez primera en meses, la orientación de la política monetaria a futuro es incierta y más contingente que nunca.

Este artículo se publicó originalmente en el diario La Vanguardia.

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El tirón económico frente a su percepción

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La trayectoria de la economía sigue siendo positiva, a tenor de los principales indicadores macroeconómicos de actividad y de creación de empleo, y todo apunta a que el PIB superará durante este trimestre su nivel prepandemia. En el cuadro, sin embargo, persiste una zona gris, que no es menor: la debilidad de la demanda de los hogares, como lo avalan las rondas sucesivas de previsiones del BCE. El banco central acaba de recortar su pronóstico de crecimiento del consumo en la eurozona hasta un paupérrimo 0,2%, frente al 0,7% anunciado en diciembre. Y a la inversa, revisa al alza la previsión de PIB hasta el 0,9%, en doble que en diciembre.

La visión de la economía española es incluso más contrastada, con un pesimismo creciente en relación al gasto de las familias (la OCDE lo ha recortado hasta el 0,5%, casi tres veces menos que en la ronda de otoño) sin desmentir el optimismo acerca de la evolución de la actividad (el PIB se ha revisado hasta el 2,1%, prácticamente el doble que en el otoño y uno de los mejores resultados en Europa). Esta dicotomía se refleja también en las encuestas cualitativas de confianza, y contribuye a dilucidar la contradicción entre la realidad de una economía que va mejor de lo que se vaticinaba y la percepción social.


La explicación de esta desconexión hay que encontrarla en cómo la desescalada de los precios energéticos y de otros suministros se ha trasladado al tejido productivo. Según el BCE, los costes de producción se han abaratado al compás del vuelco de los mercados internacionales de las principales materias primas. Pero los precios internos han reaccionado con retraso, ensanchando los márgenes empresariales y a la vez manteniendo la presión sobre el IPC. Por otra parte, las remuneraciones han mantenido una senda de moderación: los salarios pactados en el conjunto de la eurozona subieron un 4,3% en el primer trimestre, casi cuatro puntos menos que el IPC, agravando la pérdida de poder adquisitivo acumulada desde el inicio del brote inflacionario. La tendencia ha sido similar en España, si bien la erosión de capacidad de compra ha sido algo menos acusada que la media europea (-2% en el primer trimestre descontando la inflación).

Afortunadamente, la resiliencia del mercado laboral ha atenuado el impacto del shock de precios en el bolsillo de los hogares, gracias a la aportación a los presupuestos familiares de nuevas fuentes de ingresos. Todo lo contrario de lo que sucedió en la crisis financiera, cuando la sangría de puestos de trabajo generó un desplome de la renta disponible y una caída sin precedentes del consumo (un escalofriante -9,6% entre 2010 y 2013), de modo que el nivel de vida de las familias se sitúa todavía en retroceso con respecto a las cotas precrisis financiera.

Con todo, el BCE anticipa una mejora del consumo en los próximos años, en base a dos premisas. Una, que las remuneraciones recuperen poder adquisitivo, algo que parece posible a medida que la desinflación se afianza y que los acuerdos salariales integran medidas de compensación. La otra premisa es que el empleo siga aguantando, y esto dependerá de la resistencia de la economía a la subida de los tipos de interés. Y ahí es donde radica la principal incógnita: el banco central se muestra optimista, pero también reconoce que el encarecimiento del dinero está afectando a los sectores más endeudados, a la vez que enfría la financiación de la inversión —uno de los motores más potentes del crecimiento actualmente—. Lagarde da a entender que el ciclo de ajuste de tipos de interés no ha concluido, de modo que podrían producirse al menos dos vueltas de tuerca adicionales. Con el riesgo elevado de invalidar sus propias previsiones de expansión sostenida. Y de frustrar las expectativas de mejora del nivel de vida.

PRÉSTAMOS | El crédito bancario para la compra de vivienda por parte de familias desciende a un ritmo acelerado. En el periodo de diciembre a abril, último dato disponible, el volumen de nuevos préstamos se redujo un 16% en comparación con un año antes. Excluyendo las renegociaciones de préstamos existentes, la caída es aún más aguda, rozando el 21%. No se apreciaba una tendencia similar desde 2013.  Por otra parte, el crédito a empresas también se contrae, pero a menor ritmo (-9% en concepto de nuevos préstamos concedidos en el mismo periodo, sin renegociaciones). 

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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