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Cómo medir el éxito de una estrategia de transformación digital en una empresa

Conoce en este artículo qué indicadores son clave para medir la transformación digital de tu negocio.

  • La transformación digital debe tener escala a toda la organización.
  • El Plan de Ayuda de Sage proporciona la guía necesaria para iniciar la transformación digital en tu empresa.

Ejecutar una iniciativa de transformación digital en una empresa, sea esta del tamaño que sea, es una labor desafiante, incluso para el CIO más experimentado. Pero el trabajo no termina ahí. No solo hay que implementar la estrategia, sino que también hay que medir la implantación de esta.

Medir el progreso de la transformación digital es un reto tan grande que muchas empresas evitan supervisarlo por completo. Se ven tan atrapadas por la emoción de lanzar una iniciativa de transformación digital innovadora, que cuestiones más secas como los KPI quedan relegadas a un segundo plano.

¡COMPÁRTELO! Descubre los mejores indicadores clave de rendimiento para medir el éxito de la transformación digital en tu empresa.

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Qué analizar tras una estrategia de transformación digital

Cuando la transformación digital tiene un aspecto diferente para todas las organizaciones, no existen métricas universales que se apliquen a todas las empresas.

Mientras que algunas empresas están introduciendo sistemas digitales por primera vez, otras están migrando de sistemas heredados a plataformas más sofisticadas basadas en la nube. Y otras están añadiendo nuevas aplicaciones y herramientas de forma fragmentada para complementar sus actividades digitales existentes.

Además, las transformaciones digitales pueden tener lugar a escala de toda la empresa o dentro de un departamento concreto. La falta de coherencia en las iniciativas de transformación digital dificulta la creación de indicadores clave de rendimiento.

Los mejores KPIs para medir la transformación digital 

En el entorno empresarial actual, la adopción de tecnología se ha vuelto cada vez más crucial para el éxito y la eficiencia de las organizaciones. Sin embargo, es fundamental evaluar de manera precisa y constante el impacto de estas soluciones para garantizar su efectividad. En este sentido, existen diversos indicadores que permiten medir y analizar el progreso y los resultados obtenidos a través de la transformación digital.

1. Número de usuarios en relación con el número de licencias adquiridas

Una forma de medir la eficacia de sus iniciativas digitales es comparar el número de licencias adquiridas con el número de empleados que utilizan realmente el software. Esta medida da una idea básica de la tasa de adopción de la inversión en software.

Por ejemplo, si el 90% de las licencias se utilizan, se puede asumir que la herramienta ha sido adoptada. Si sólo se utiliza el 30% de las licencias, la falta de adopción digital es un obstáculo evidente.

2. Analizar la amplitud y las limitaciones de la usabilidad

Medir exactamente cómo se utilizan las herramientas digitales proporcionará una imagen más clara de hasta qué punto los trabajadores han adoptado las herramientas y obtienen realmente beneficios significativos. Así, es una manera de conocer:

  • dónde tiene dificultades cada usuario individual en los procesos,
  • qué funciones se están infrautilizando
  • y cómo mejorar la usabilidad.

3. Indicadores de productividad

La transformación digital no es una iniciativa aislada. Cada inversión digital que se realice debe apoyar los objetivos más amplios de la estrategia empresarial.

Hay muchas formas de medir el impacto de la transformación digital en la estrategia global. Una de ellas es la productividad, que generalmente se entiende como el volumen o valor de los resultados en relación con el tiempo y los recursos invertidos.

Por ejemplo, si se ha invertido en una herramienta digital de asistencia al cliente, se puede medir cuántas solicitudes de asistencia más ha podido gestionar el equipo desde la implantación del nuevo sistema.

4. Porcentaje de nuevos ingresos atribuido a las inversiones digitales

De forma similar a la medición de la productividad, se puede medir en qué medida las inversiones digitales influyen en los ingresos.

Por ejemplo, si se introduce la automatización en el recorrido del cliente, se puede hacer un seguimiento de cuántos clientes potenciales interactuaron con las herramientas y comparar cuántos de ellos se convirtieron en clientes de pago.

Internamente, se puede ver cómo las diversas herramientas digitales apoyan los esfuerzos para atraer más negocio o mejorar la eficiencia operativa.

Factores que determinan el éxito de la transformación digital

Las métricas anteriores se encuentran entre las más fundamentales para implementar durante cualquier esfuerzo de transformación digital, pero no tienen la última palabra sobre los KPI. Hay otros factores que pueden afectar a las métricas que se elijan, entre ellos:

  • Los objetivos del programa de transformación digital. Los objetivos declarados de un esfuerzo de transformación serán las principales áreas en las que centrarse al desarrollar métricas. Estos objetivos deben ser cuantificables, medibles y deben estar directamente vinculados a la mejora de los resultados empresariales específicos.
  • Circunstancias externas. El entorno empresarial actual cambia continuamente, y esos cambios a menudo dictan la dirección de los esfuerzos de transformación digital. Dado que el mundo empresarial moderno avanza a un ritmo tan rápido, los programas de transformación empresarial deben mantenerse adaptables y ágiles en la medida de lo posible. Esto también significa que las propias medidas deben estar preparadas para adaptarse a las circunstancias externas si es necesario.
  • Qué tecnología se está adoptando. En la mayoría de los casos, la transformación digital implica la adopción digital, por lo que debe darse prioridad a las métricas de adopción digital. Medir la adopción digital ayuda a las organizaciones a mejorar la productividad de los empleados, la utilización del software y el ROI de sus esfuerzos tecnológicos.

En definitiva, a la hora de enfrentarse a la transformación digital de la empresa hay que tener en cuenta factores como las ayudas con las que se cuenta, el equipo que se va a encargar de implementarlo y los indicadores de rendimiento que se van a adoptar para medir su utilidad.

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España ante la reconfiguración de los intercambios globales

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La metamorfosis del proceso de globalización es cada vez más palpable, a tenor del distanciamiento que se está produciendo entre los grandes bloques comerciales, exacerbado por la doble crisis pandémica y energética. En la presentación de su último informe de perspectivas económicas, la OCDE constata que los obstáculos a los intercambios internacionales se han multiplicado por 10 en el último lustro (en términos del porcentaje de productos de importación sometidos a algún tipo de restricción entre 2010 y 2022). Una de las barreras comerciales más simbólicas de los nuevos tiempos es el plan Biden de apoyo masivo a la industria americana, algo inimaginable en la época, de facto extinguida, del llamado “consenso de Washington”.

El cambio de rumbo está siendo especialmente perjudicial para Europa, como lo evidencia el fuerte deterioro del saldo de sus intercambios frente a China y EE UU. El déficit con el gigante asiático se ha multiplicado casi por 3 en relación a la media prepandemia (en concepto de balanza por cuenta corriente de la Unión Europea). Y el superávit frente a EE UU está en vías de volatilizarse, dividiéndose por 4 durante el mismo periodo.

En España la tendencia es similar al resto de la UE. Y, más preocupante, el desequilibrio revela una dependencia creciente con respecto a los productos clave para la transición digital y ecológica. Es obvio que el objetivo europeo de autonomía estratégica no se está materializando de momento en avances económicos concretos.


Sin embargo, la “desglobalización” también conlleva una reconfiguración de las cadenas productivas, que en este caso podría estar siendo positiva para la economía española. Las empresas han tomado conciencia de la vulnerabilidad de procesos de externalización excesivamente fragmentados o dependientes de países alejados de los grandes centros de consumo. Esta vulnerabilidad se ha plasmado en la aparición de cuellos de botella y de situación de escasez de suministros esenciales, generando una relocalización de la actividad productiva hacia lugares más próximos y seguros, como lo constata también el informe de la OCDE.

Es probable que España se esté beneficiando de este acortamiento de las cadenas de suministro, hasta el punto de anular el impacto negativo del shock comercial con EEUU y China: los intercambios entre España y el resto de la UE arrojan un superávit creciente, casi compensando por completo el deterioro registrado con las grandes potencias. De modo que el saldo total sigue siendo excedentario, cuando dos de cada tres países europeos, entre ellos Francia, Italia y modelos exportadores como Bélgica y Finlandia están en números rojos. Asimismo, las locomotoras industriales que son Alemania, Austria y Países Bajos han reducido su superávit drásticamente.

Aunque no es fácil cuantificarlo, es probable que la mejora de nuestros intercambios con la UE refleje en cierta medida el proceso de relocalización. Sus efectos son palpables en sectores como la industria farmacéutica y los servicios profesionales, por ejemplo. El tirón del turismo es sin duda otro factor del buen comportamiento del sector exterior, pero esto solo explica parcialmente el resultado de conjunto: entre los países mediterráneos, España destaca por ser el único que presenta un excedente con el exterior.

Todo ello apunta a un plus de competitividad de la economía española en términos de costes de producción, sobre todo laborales y energéticos, y de relativa paz social apuntalada por el recién concluido acuerdo salarial. Se trata de un viento de cola potente hoy por hoy, pero que irá amainando si no se corrigen las causas inherentes al creciente desequilibrio de los intercambios con los países que lideran el cambio tecnológico. Desde ese punto de vista la adenda a los fondos europeos, con unas transferencias adicionales (no reembolsables) de 10.300 millones de euros y préstamos por hasta 84.000 millones a ejecutar hasta 2031, toca las teclas acertadas. Pero para aprovechar el impulso, habrá que solventar los persistentes problemas de ejecución que han lastrado el potencial transformador del programa.

SALARIOS | Las remuneraciones se van acercando paulatinamente a la inflación. Los salarios pactados en los convenios colectivos se incrementaron hasta mayo a un ritmo anual del 3,3%, un punto menos que el IPC (en 2022 la brecha fue de 6,5 puntos en media anual). Otras fuentes de datos apuntan a un incremento ligeramente superior: el coste laboral por hora trabajada registró en el primer trimestre un aumento interanual del 4,1%. En el caso de las grandes empresas, el ajuste alcanzó el 5% durante el mismo periodo, en términos de rendimiento por asalariado.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Se busca hoja de ruta desde la estabilización económica al crecimiento sostenido

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El Gobierno que salga de las elecciones del 23 de julio se encontrará una economía estabilizada tras los avatares de la pandemia, persistente inflación y las repercusiones económicas de la guerra en Ucrania. La economía española ha mostrado mayor resiliencia desde 2020 —con numerosos shocks externos— que la que exhibió en 2008-2012 con la crisis financiera global y la de deuda soberana europea. Aunque las circunstancias eran muy distintas, sobre todo en relación con la burbuja inmobiliaria, endeudamiento del sector privado y los fuertes desequilibrios exteriores —determinantes en los problemas de nuestro país hace 15 años—, parece claro que se aprendió de errores, se actuó con rapidez en general, y se contó con un apoyo de la UE sin precedentes. Ahí están los fondos Next Generation EU.

El gran desafío es ahora pasar de ese periodo de estabilización a uno de crecimiento sostenido y sostenible, que permita mejorar el bienestar económico y social de los españoles. Es el principal reto de largo plazo de nuestra economía, que engloba muchos otros. El eje para lograrlo es aumentar la productividad. Merece un lugar prioritario en la agenda política y buscar amplios consensos para las reformas que lo faciliten. Sin mejoras significativas de productividad, los cambios a largo plazo no tendrán la fortaleza necesaria para que la economía española recupere el vigor de las últimas décadas del siglo XX.

Dos factores a tener en cuenta, uno a favor y otro no tanto. Primero, a pesar de los persistentes déficits y el elevado endeudamiento del Estado, la deuda soberana no sufre tensiones, aunque lógicamente su coste se haya encarecido —como al resto— en paralelo a la política monetaria restrictiva. Aunque el BCE esté reduciendo su balance, no se observan tensiones en los bonos españoles. De hecho, la prima de riesgo ha disminuido recientemente. Sigue el apetito inversor. No se pueden lanzar las campanas al vuelo, pero es un buen punto de partida para acometer cambios y reformas sensatas sin preocuparse por la reacción de los mercados. El segundo elemento no es tan positivo. Los próximos años, tras los fuertes déficits acumulados en los últimos años, van a venir marcados por la consolidación fiscal. La UE la requerirá. El marco fiscal expansivo de los últimos años —necesario en algunos momentos críticos, pero también inflacionario— debe dar paso a un equilibro fiscal más realista y sostenible. Una economía que crece —o lo anhela— debe aspirar a un equilibrio presupuestario, que se puede lograr por los mayores ingresos y por la vía de reducción del gasto fiscal coyuntural que se introdujo con la pandemia y la guerra de Ucrania.

En todo caso, volverá a estar sobre la mesa una reforma fiscal —de consenso— que garantice el mantenimiento de los pilares del estado de bienestar e ingresos suficientes para financiarlos. Y que genere suficientes incentivos para el emprendimiento y el crecimiento. El debate sobre las pensiones —en el contexto del conjunto de rentas— seguirá ante las tres décadas de dificultades que se avecinan para su sostenibilidad.

Los ejes transversales de la digitalización y la sostenibilidad acentuarán su protagonismo. Sería interesante que se visibilizaran claramente en la hoja de ruta del próximo Gobierno, incluido en el reparto de competencias y tareas de los ministerios. No pueden ser dos departamentos únicamente. Deben ser ejes transversales. Ello permitiría, en un corto plazo, sacar el mejor aprovechamiento de los fondos Next Generation EU, pero en el medio y largo plazo se asentarían las bases de una verdadera economía del siglo XXI. En los últimos años se han dado pasos en esa dirección, pero tanto España como la UE deben redoblar sus esfuerzos y apostar por iniciativas que hagan de la digitalización y sostenibilidad dos ventajas competitivas de la economía europea.

El modelo de transición energética europeo tendrá que experimentar cambios debido a los enormes costes —incluida inflación— que impone. Una cierta dosis de realismo —incluyendo el uso de combustibles fósiles— parece imponerse en esa transición para que genere las ventajas que traerá. Sin una transición energética más realista, estará en juego la competitividad de la economía europea y española. Nuestro país debe continuar teniendo mucho que decir por el relativo éxito de nuestro estatus energético desde que se inició la guerra de Ucrania. Mucho más cuando las renovables y el hidrógeno van a aumentar su relevancia.

La agenda deberá contener decisiones de las que solamente se percibirán los logros a más de cinco años vista. Sin embargo, es muy necesario que se comiencen a acometer si se desea tener éxito a largo plazo. Un aumento de la productividad precisa de cambios en la política laboral —no implica derogar nada—, en los incentivos y la apuesta por la innovación. Esa productividad ayudará a crecer y a hacer sostenibles las cuentas públicas. Por otro lado, la educación también será determinante. La conformación de talento y capacidades es más necesaria que nunca. Debemos aspirar no solamente a retenerlo, también a atraerlo, en la pugna global por captar recursos humanos con grandes capacidades para la transformación digital. Para retener o atraer talento, los salarios deben aumentar, de ahí que sea tan importante la productividad. Y tener un modelo social en el que la vivienda sea mucho más accesible. La única medida realista para ello es aumentar el parque de casas en alquiler. Lleva años, pero debe iniciarse desde ya y sin interrupciones. En suma, mucho que hacer, pero también mucho que lograr.

Este artículo se publicó originalmente en el diario Cinco Días

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El papel clave del Supply Chain Manager en la gestión logística

En la gestión logística de una empresa de distribución es clave la figura del Supply Chain Manager.  

  • Te contamos las principales funciones del Supply Chain Manager. 
  • Conoce qué puede hacer el Supply Chain Manager para modernizar y mejorar la eficiencia de la logística de la empresa. 

En el sector de la logística destaca la importancia del Supply Chain Manager, ya que en él se centraliza la toma de decisiones relativas a la logística interna y externa de la empresa.  

Para poder optimizar sus decisiones y poder garantizar el correcto suministro de la forma más eficiente posible, el Supply Chain Manager necesita apoyarse en un software de gestión que integre y gestione todas las operaciones de producción y distribución. Además, también debe facilitar la gestión de los pedidos online que han experimentado un crecimiento vertiginoso en los últimos años.  

¡COMPARTE! El Supply Chain Manager es crucial en la logística de una empresa de distribución. Descubre su trabajo y cómo puede mejorar en términos de eficiencia.

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Retos a los que se enfrenta el Supply Chain Manager 

La automatización de procesos, las nuevas posibilidades que ha traído consigo la revolución digital y el surgimiento de nuevos modelos de organización con necesidades de optimización de tiempos y de espacios, hacen patente la necesidad de profesionalización en todas las fases de la cadena de suministro. 

En este nuevo ecosistema, empresas que tienen la logística como foco principal de su modelo de negocio, como Amazon, Alibaba o Inditex, han convertido la distribución en su mayor ventaja competitiva. 

Entre los principales retos a los que se enfrenta en la actualidad el Supply Chain Manager, podemos destacar: 

  • El auge del e-commerce. 
  • Los problemas en la gestión logística global. 
  • El encarecimiento de los costes del transporte. 
  • La automatización de procesos y almacenes. 
  • Las exigencias de unos consumidores que demandan cada vez más rapidez e inmediatez. 
  • La gestión de la última milla en la distribución de paquetes a los consumidores finales.  
  • Problemas de suministro de determinados bienes, cómo los microchips que están retrasando pedidos de artículos que llevan estos componentes. 
  • Problemas en la distribución por falta de medios para realizarla o por huelgas en el sector. 
  • Controlar los volúmenes de información diarios de una empresa de distribución, incluyendo sus hojas de ruta comerciales y de entrega 

Estos y otros retos obligan a las empresas a diseñar estrategias para mejorar y optimizar su logística y conseguir así una ventaja competitiva, o por lo menos, mantenerse a flote en un sector muy dinámico, que está experimentando grandes cambios gracias a la digitalización de sus procesos.  

Para afrontar estos retos, es imprescindible contar con el apoyo de un software de gestión ERP 360 que optimice todos los procesos por los que pasa un producto. Además de facilitar su distribución y el posterior servicio posventa al cliente. 

Principales funciones del Supply Chain Manager 

 Las principales funciones del Supply Chain Manager son las siguientes: 

  • Se encarga de integrar todas las operaciones a nivel de flujos de material y flujos de información.  
  • Conocer la demanda y garantizar que los productos que mejor la satisfagan pueden ser puestos a deposición de los clientes.  
  • Administrar el transporte y la distribución para asegurar las entregas de mercancías en el menor tiempo posible y en perfectas condiciones. 
  • Elaborar el presupuesto de su área de actuación, velar por su cumplimiento y actuar sobre las desviaciones que se puedan producir.  
  • Garantizar la selección, contratación y formación de los profesionales necesarios para que funcione óptimamente la cadena de suministro.    
  • Gestiones con los proveedores. 
  • Gestiona el centro de distribución. 
  • Gestiones con los operadores logísticos. 
  • Definición de hojas de ruta comerciales y de transporte. 
  • Gestiones con los puntos de venta y el cliente final. 
  • Gestión de la logística interna o intralogística.  
  • En una empresa de producción, sería el proceso interno de los materiales, desde su entrada como materia prima, hasta su salida como producto terminado.  
  • En una empresa comercializadora, abarcaría el proceso desde el que entran las mercaderías en la empresa, hasta que salen para su venta. 

Para llevar a cabo todas estas funciones, necesita contar con un software inteligente, que le facilite la integración y gestión de todas las operaciones de producción y distribución, conectando todas las áreas del negocio. 

¿Qué puede hacer el Supply Chain Manager para modernizar y mejorar la eficiencia de la logística de la empresa 

Entre las estrategias a seguir podemos destacar las siguientes: 

  • Digitalizar, automatizar y robotizar todos los procesos de la logística para agilizar el trabajo. 
  • Mejorar los procesos internos para optimizar los tiempos y la eficiencia de cada engranaje de la cadena de la logística.  
  • Dedicar los recursos necesarios (tiempo, esfuerzo y personal) a la planificación de la logística.  
  • Estudio, análisis y valoración de los riesgos que pueden afectar a la logística de la empresa.  
  • Contar con la ayuda de un software ERP 360 que le ayude a gestionar todo el proceso de la logística y le facilite datos para la toma de decisiones. 
  • Garantizar el buen funcionamiento y mantenimientos necesarios de los equipos utilizados para la logística, ya que determinadas averías pueden ser críticas para la producción o distribución de la empresa.   
  • Desarrollar modelos de gestión logística más inteligentes, estandarizados, conectados y autónomos. 
  • Dar respuesta a los retos del auge del e-commerce, ya que los hábitos de consumo y el mercado han cambiado. 
  • Dedicar esfuerzos a la formación y profesionalización de los trabajadores para que se conviertan en elementos clave para mejorar la competitividad. 
  • Utilizar la inteligencia artificial (IA) para prevenir posibles errores y mejorar la eficiencia interna. 

En los tiempos actuales, para mantener el abastecimiento al máximo nivel y sin incidencias, es imprescindible contar con un software ERP 360 que sea capaz de ofrecer un control total sobre toda la cadena de distribución. Sobre todo, en aquellos negocios con un gran volumen de actividad.  

El crecimiento experimentado por las distribuidoras deja patente que estas empresas deben de tener alto nivel de digitalización, una gran capacidad de adaptación al entorno y mucha flexibilidad.  

El ciclo completo de todo el proceso de distribución, desde su origen hasta su final, necesita de una tecnología inteligente que ofrecen ERPs 360 cómo Sage 200 y Sage X3

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Tareas pendientes… otra vez

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El adelanto de las elecciones generales al 23 de julio altera –y de qué manera– la hoja de ruta política y económica de los próximos seis meses. Por un lado, se trunca la aprobación de leyes y normas que se habían anunciado, algunas muy esperadas. En el limbo más de sesenta proyectos que estaban en tramitación, así como ocho que ya estaban aprobadas por el Gobierno. La ley de familia, la de Equidad Sanitaria, la de Salud Mental o la del Cine son algunos ejemplos. Asimismo, es probable que tenga alguna incidencia sobre las principales iniciativas del segundo semestre, con la presidencia española de la UE. El país que la preside marca la agenda, y ahora se llena de incertidumbres.

La convocatoria electoral pilló a todos por sorpresa. Europa no fue excepción. Aunque no es la primera vez que se convocan unas votaciones en medio de la presidencia de un país, existen riesgos notables de que la potencia de las iniciativas quede desdibujada, con la incertidumbre y vicisitudes del proceso electoral y de transición al nuevo gobierno, sea del signo que sea. Algunas de las iniciativas son de gran relevancia en materia financiera, como los avances en la incompleta unión bancaria, algo por lo que nuestro país lleva tiempo pugnando. O el futuro despliegue de los fondos Next Generation EU. Sería conveniente que la presidencia española pudiera tener éxito. El país se juega su prestigio.

En cuanto a los desafíos de medio y largo plazo, se suele hablar poco de ellos, pero tienen que ser prioritarios para el gobierno que salga de las elecciones del 23-J. La baja productividad –problema que viene de largo– es uno de ellos, con numerosos temas sin resolver: bajos salarios, pérdida de renta real per cápita, capacidad de mejorar la sostenibilidad de las cuentas públicas. Pesaditos somos los economistas con ello, pero está pendiente. Todo gobierno debe tener una agenda social ambiciosa, pero también económica, que mejore las bases de competitividad del país. Llevamos casi dos décadas con serias disfuncionalidades de algunas de nuestras instituciones económicas, como el mercado de trabajo, los incentivos y la innovación. No es tarde. Con la productividad se puede, poco a poco, mejorar la renta de los españoles y el Estado del bienestar. Los retos se acrecientan con el envejecimiento de la población. Si se pone la palabra productividad en la agenda política, se habrá logrado mucho. La dialéctica facilita llegar a los hechos. Permitiría un crecimiento sólido e ir suavizando las tensiones de la deuda pública o la sostenibilidad de las pensiones. Quedarán pendientes problemas como la vivienda para el que hará falta tiempo para ampliar el parque existente, sobre todo de alquiler, para que aumente la oferta y no se encarezca más. Cuesta al principio, pero mejora el bienestar de todos.

Esta entrada se publicó inicialmente en el diario La Vanguardia

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Cómo las empresas españolas están liderando el camino hacia la sostenibilidad

Descubre en este artículo qué empresas españolas son consideradas sostenibles y por qué.

  • En este artículo te contamos qué se considera una empresa sostenible y qué acciones debe llevar a cabo para obtener este reconocimiento.
  • Conoce los ODS y su importancia a nivel mundial como representación de valores sostenibles en la empresa.

El próximo 5 de junio se celebra el Día mundial del medio ambiente. Con el cambio climático tan latente, cada vez es más importante cuidar de nuestro entorno y luchar por la sostenibilidad en el ámbito profesional y personal.

Centrándonos en el empresarial, el futuro de las compañías debe centrarse en conseguir un equilibrio entre el rédito económico y el bajo impacto negativo en el medio ambiente.

En este sentido, según Ecoembes, se considera una empresa sostenible a aquella que tiene en cuenta los aspectos medioambientales y sociales con el fin de crear un valor a corto y largo plazo. Los económicos, ya se entiende que se plantean desde el inicio.

¡TUITÉALO! Cómo las empresas españolas lideran el camino hacia la sostenibilidad. ¿Cuáles son las razones que las hacen destacar?

Por qué empresas sostenibles

Con empresas sostenibles se favorece y ayuda a que las generaciones presentes y futuras tengan progreso y bienestar. Para que se conozcan y se diferencien del resto, las empresas sostenibles en España cuentan con un certificado que las acredita como tal. El ranking que se encarga de realizar este análisis es Dow Jones Sustainability Index (DJSI).

Esto es cada vez más importante porque los consumidores actuales exigen un compromiso con el planeta y buscan compañías que contribuyan con el desarrollo sostenible. Al fin y al cabo, los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) nos afectan y nos conciernen a todos. Por lo que consumir los productos y los servicios de estas empresas que se preocupan por el medio ambiente es una iniciativa al alza.

Para considerarse una empresa sostenible, se tienen en cuenta diversos factores. Los que exponemos a continuación son algunos de los más importantes:

  • Control y optimización del consumo energético.
  • Ahorro de recursos.
  • Reciclaje.
  • Minimizar los transportes y priorizar los sostenibles.
  • Fomentar la formación medioambiental.
  • Colaborar con acciones sociales.
  • Colaborar con proveedores que promuevan la sostenibilidad.
  • Practicar la economía circular.
  • Reducir la huella medioambiental.

Empresas sostenibles en España

En nuestro país, cada vez son más las empresas que se suman al reto de la sostenibilidad. Vamos a ver cuáles son las empresas más sostenibles de España.

Santander

El Banco Santander lleva años considerándose el banco más sostenible de España, pero también del mundo.  De hecho, lleva más de 20 años en el ranking mundial del Dow Jones Sustainability Index (DJSI), la principal referencia internacional sobre la sostenibilidad de las empresas en sus políticas medioambientales, económicas, sociales y de gobierno corporativo.

Al ser uno de los bancos más grandes del mundo, allá por el año 2014, fue cuando comenzaron con la estrategia de aumentar la vinculación de los 140 millones de clientes, así como su transformación con el fin de ser una empresa responsable y sostenible.

Actualmente, el Banco Santander es el líder a nivel mundial en financiación de proyectos sostenibles. Además de esto, según la fundación Varkey, es la empresa que más invierte en educación del mundo.

Siemens Gamesa

Siemens Gamesa es otra de las empresas más sostenibles de España con un ambicioso proyecto por delante. Quieren convertirse en empresa descarbonizada (o de carbón neutral) en el año 2025. Además, destaca por ser una corporación que persigue el bienestar de los trabajadores y la atención al impacto de la actividad de su empresa en la sociedad.

Naturgy

Naturgy, según el índice Dow Jones Sustainability, es una de las empresas más sostenibles a nivel mundial.  Dentro del sector energético de nuestro país, es la más sostenible de todas. Tal y como subrayan, por pequeña que sea una empresa, siempre genera cierta incidencia en el medio ambiente, porque este impacto medioambiental se produce en función de cómo sea el consumo eléctrico, el tipo de transporte, los trabajadores, los residuos que se generen, e, incluso a las actividades económicas de cada día.

Acciona

Acciona es una empresa líder en energías renovables y construcción sostenible. Su compromiso con la sostenibilidad se refleja en su estrategia empresarial y en su modelo de negocio. Fruto de esta actividad, está presente en los rankings e índices más prestigiosos e importantes del mundo. Y es que todos los proyectos en los que trabaja tienen como objetivo principal el de preservar el medio ambiente y reducir y mitigar el impacto negativo del cambio climático.

Entre los datos más destacados sobre sus hitos conseguidos, podemos destacar que en 2022 evitaron la emisión de 13,2 millones de toneladas de CO2. Además, contribuyeron con 253 proyectos de gestión del impacto social, así como que el 98 % del capex está alineado con la taxonomía en carbono.

Iberdrola

Iberdrola es una empresa líder en energías renovables. También es una de las reconocidas como de las más sostenibles del mundo por el índice Dow Jones. Son empresa líder en persecución de los ODS y contra el cambio climático. Entre sus objetivos destaca el de alcanzar cero emisiones netas antes del año 2040.

La lucha contra los efectos adversos del cambio climático es responsabilidad de todos. Las empresas españolas (y todas las del mundo) han de priorizar sus objetivos hacia un futuro sostenible para un futuro viable.

En fechas como este Día mundial del medio ambiente, se pone en valor toda esta actividad, con el objetivo de concienciar de estas acciones y de su enorme y positivo impacto en la sociedad.

Esto genera un efecto espejo, en el que otras empresas se miran si quieren ser competitivas en el ámbito de la sostenibilidad. Teniendo en cuenta, además, que es un requerimiento para muchos clientes, que toman sus decisiones de compra en función de la huella de carbono de una actividad, los materiales que utiliza en su producción o la eficiencia de sus procesos desde el punto de vista medioambiental.

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Perspectivas de inflación

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La inflación retrocede tanto en España como en el resto de Europa, para alivio del bolsillo de los consumidores. Los precios, medidos por el IPC, cayeron dos décimas durante el mes pasado y se estabilizaron en la eurozona, reduciendo la tasa interanual hasta el 3,2% y el 6,1%, respectivamente. Ahora la principal incógnita es si la tendencia justifica una pausa en la subida de tipos. La respuesta es que la desescalada debería afianzarse en los próximos meses, aun con altibajos, sin necesidad de fuertes vueltas de tuerca monetaria, adicionalmente a las ya instrumentadas por el BCE. Esto en base a hipótesis que conviene explicitar.

En primer lugar, se confirma que el shock de precios energéticos y de suministros que está en el origen del proceso inflacionario, en particular de alimentos, se ha revertido parcialmente. La tendencia sufrirá vaivenes, por la volatilidad que caracteriza estos mercados y su vulnerabilidad ante las tensiones geopolíticas, cuyo desenlace es todavía en impredecible. No obstante, bajo el supuesto de un entorno externo sin grandes sobresaltos, se anticipa una menor aportación al IPC de los componentes exógenos.

Por tanto, la inflación ya no depende de los factores que causaron el brote inicial, sino de la dinámica interna de los precios, es decir de la evolución de las rentas salariales y de los márgenes empresariales. Este es el dominio inescrutable de las expectativas y de la capacidad de cada agente de recuperar el poder adquisitivo perdido. Cabe recordar que el año pasado la remuneración media por asalariado registró el mayor descenso en términos reales desde que arranca la serie a mediados de los 90.

Si bien el devenir de tales dinámicas es difícil de pronosticar, el recién firmado acuerdo salarial aporta un importante elemento de previsibilidad: el acuerdo estipula que los salarios del sector privado se incrementarán al menos un 4% este año, y un 3% tanto en 2024 como en 2025. En términos efectivos, las remuneraciones podrían crecer ligeramente por encima de la referencia fijada para este ejercicio, ya que el empuje del SMI más que compensa el menor incremento del sector público. Todo ello, junto con el leve avance previsto de la productividad laboral, redundaría en una aportación de 1,9 puntos del factor trabajo al deflactor del PIB (el mejor barómetro de los precios internos), y de 1,7 y 1,3 puntos los dos siguientes.


Los márgenes, por su parte, ya han recuperado los niveles prepandemia, a tenor de los resultados del primer trimestre, de modo que una estabilización es factible de cara al futuro. Desde luego, la actual debilidad del consumo no deja espacio para una subida adicional de los márgenes. En base a esa hipótesis de estabilización, el excedente empresarial todavía aportaría 2,8 puntos al deflactor del PIB de este año (por el efecto arrastre que proviene del nivel elevado alcanzado en el primer trimestre). Posteriormente, su evolución estaría en línea con lo anticipado para las remuneraciones, en consonancia con la hipótesis de “paz social”.

Sumando las aportaciones de las remuneraciones y de los excedentes se obtiene una senda de crecimiento del deflactor del PIB del 4,7%, 3,5% y 2,6% para los próximos tres años (ver gráfico). La previsión, si bien todavía superaría el objetivo del 2%, es prudente ya que implica que los salarios no recuperarán todo el poder adquisitivo perdido, y que los márgenes quebrarán la tendencia alcista de los últimos tiempos. Por las mismas razones, la desinflación está también en marcha en el resto de la eurozona, si bien la tendencia será menos pronunciada que en España por la situación de cuasi pleno empleo en algunos países miembros.

Con todo, la desescalada del IPC, aún gradual y en dientes de sierra, parece haberse instalado, justificando una próxima pausa de las subidas de los tipos de interés. Pero un retorno a la era de expansión monetaria es inverosímil en un horizonte cercano.

IPC | El reflujo de la inflación se extiende a través de la eurozona, particularmente en las economías más afectadas por el alza de precios como Alemania y países nórdicos. La tendencia es también favorable en Países Bajos, único socio europeo con un IPC al alza, pero por efectos base. Después de Bélgica y Luxemburgo, España es el país con el mejor resultado: el IPC se incrementó un 2,9% en términos interanuales, menos de la mitad de la media de la eurozona. El precio de los alimentos empieza a moderarse en la eurozona, si bien a partir de niveles elevados.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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¿Qué son los e-wallets o monederos electrónicos?

Descubre cómo los e-wallets pueden transformar la forma en que las empresas gestionan los pagos y ofrecen una experiencia mejorada a sus clientes.

  • Se trata de un servicio que permite a los usuarios almacenar, gestionar y utilizar su dinero de forma digital.
  • Los monederos electrónicos permiten a los usuarios realizar pagos online.

En la era digital en la que vivimos, los avances tecnológicos han revolucionado la forma en que realizamos transacciones financieras. Una de las innovaciones más destacadas en este campo son los e-wallets o monederos electrónicos. Estas herramientas han ganado popularidad y se han convertido en una opción conveniente y segura para realizar pagos y almacenar dinero de forma digital. En este artículo, exploraremos en detalle qué son los e-wallets, cómo funcionan y cómo pueden beneficiar a los negocios al ofrecer este método de pago a sus clientes.

¡TUITÉALO! Descubre cómo los e-wallets pueden impulsar tu negocio al ofrecer a tus clientes una forma rápida y segura de realizar pagos digitales.

¿Qué son los e-wallets y por qué las empresas deberían ofrecer este método de pago?

Un e-wallet o monedero electrónico es una aplicación o servicio en línea que permite a los usuarios almacenar, gestionar y utilizar su dinero de forma digital. Estos monederos electrónicos actúan como una especie de billetera virtual, donde los consumidores pueden almacenar su información financiera, como tarjetas de crédito, débito o información bancaria, de manera segura.

El estudio Customer Behavior and Loyalty in Banking 2023, de la consultoría estratégica Bain & Company, revela que el uso de los e-wallets podría superar al de las tarjetas de crédito. De hecho, en países como en China e India, ya se sitúan como el principal método de pago. Esto presenta una gran oportunidad para los empresarios de diversos sectores para implementar esta forma de pago y ofrecer una experiencia más conveniente a sus clientes.

Además, este estudio también destaca que el uso de e-wallets es especialmente popular entre los usuarios más jóvenes, con un 30% de los encuestados de entre 18 y 24 años utilizando estos monederos electrónicos, una cifra similar a la de aquellos que se encuentran en el rango de edad entre 25 y 34 años.  Esto significa que al adoptar e-wallets como opción de pago, los empresarios pueden atraer a una base de clientes más amplia y satisfacer las preferencias de la generación actual.

Los e-wallets ofrecen una forma conveniente de realizar pagos en línea, ya que eliminan la necesidad de introducir manualmente los detalles de pago en cada transacción. Además, también facilitan las transacciones en tiendas físicas mediante el uso de tecnologías de comunicación inalámbrica, como NFC (Near Field Communication), que permite la transferencia de datos entre dispositivos cercanos.  

Tipos de e-wallets y cómo elegir el adecuado para tu negocio

Existen varios tipos de e-wallets disponibles en el mercado, cada uno con características y funciones específicas. Algunos de los tipos más comunes son los siguientes:

  • De proveedores de servicios financieros: ofrecidos por instituciones financieras como bancos o compañías de tarjetas de crédito, estos e-wallets se integran con las cuentas bancarias o tarjetas de crédito del usuario, lo que les permite realizar pagos directamente desde sus cuentas existentes.
  • Independientes: son servicios independientes de proveedores de servicios financieros. Los usuarios pueden cargar dinero en sus monederos electrónicos a través de diferentes métodos, como transferencias bancarias o tarjetas prepagas, y utilizar esos fondos para realizar pagos en línea.
  • Móviles: están diseñados específicamente para su uso en dispositivos móviles, como teléfonos inteligentes o tabletas. Estos e-wallets permiten a los usuarios realizar pagos en tiendas físicas escaneando códigos QR o utilizando tecnología NFC para transferir fondos.
  • Criptográficos: están diseñados para almacenar criptomonedas, como Bitcoin o Ethereum. Los usuarios pueden gestionar y realizar transacciones con sus criptomonedas utilizando estas aplicaciones.

Cómo funcionan los monederos electrónicos

El funcionamiento de los e-wallets varía según el tipo de monedero electrónico utilizado, pero en general, siguen un proceso similar. Los pasos básicos que deben seguir los usuarios al utilizarlo son:

  • Registro y configuración: Los usuarios deben descargar la aplicación de e-wallet o acceder al servicio en línea y registrarse proporcionando la información necesaria, como datos personales y financieros. Algunos e-wallets también requieren la verificación de identidad para garantizar la seguridad.
  • Agregación de fondos: Una vez que el usuario ha creado una cuenta de e-wallet, puede agregar fondos a su monedero electrónico. Esto se puede hacer mediante la vinculación de una cuenta bancaria, una tarjeta de crédito o débito, o mediante la carga de dinero en efectivo a través de métodos aceptados por el servicio.
  • Realización de transacciones: Con fondos en el e-wallet, los usuarios pueden realizar transacciones en línea o en tiendas físicas. Para las transacciones en línea, el e-wallet puede proporcionar un botón o una opción de pago durante el proceso de compra en un sitio web. En las tiendas físicas, los usuarios pueden usar su e-wallet a través de tecnologías como NFC o códigos QR.
  • Gestión de fondos: Los usuarios también pueden utilizar su e-wallet para gestionar sus fondos, realizar transferencias de dinero a otros usuarios del mismo servicio, verificar el historial de transacciones y realizar otras operaciones financieras, según las características específicas del e-wallet utilizado.

Competencia global de e-wallets

Por el momento, ningún monedero electrónico ha logrado establecerse como líder mundial indiscutible. No obstante, según el estudio de Bain & Company, PayPal tiene una presencia más fuerte en transacciones en línea, mientras que Apple Pay destaca en tiendas físicas en mercados desarrollados.

Por lo que respecta a España, cerca del 50% de los encuestados utiliza Apple Pay como su método de pago más frecuente en compras en tiendas, seguido por Google Pay y PayPal. Aunque PayPal es la opción preferida en comercio electrónico en mercados desarrollados, también domina en España, donde aproximadamente el 80% de los encuestados la eligen, seguida de Apple Pay.

Los e-wallets o monederos electrónicos han simplificado y agilizado la forma en que realizamos transacciones financieras. Al implementar e-wallets en tu negocio, puedes ofrecer una experiencia de pago más satisfactoria para tus clientes, ya que estas proporcionan comodidad, seguridad y facilidad de uso, tanto en línea como en tiendas físicas.

A medida que la tecnología continúa avanzando, es probable que los e-wallets desempeñen un papel aún más importante en el mundo empresarial, brindando soluciones innovadoras para las necesidades financieras diarias.

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Ahora, corregir el desequilibrio fiscal

Cuando estalló la crisis de 2008 las cuentas públicas se encontraban en una situación saneada: habían registrado superávit durante tres años consecutivos y su deuda se hallaba bajo control en un 35,8% del PIB. La larga crisis financiera arrasó con esas cifras, pero después disfrutamos de seis años de recuperación, entre 2014 y 2019, que se podrían haber aprovechado para poner orden. Sin embargo, no fue así: el déficit público estructural se mantuvo en el 3% del PIB, mientras que la ratio de deuda sobre PIB al final de dicho periodo era del 98,2%, apenas 2,3 puntos inferior a la de 2013, el último año de la crisis, cuando la economía tocó fondo. 

Durante los años de recuperación se advirtió repetidamente desde diferentes instancias de la importancia de sanear las cuentas públicas para que, cuando llegara una nueva crisis, la política fiscal tuviera suficiente margen de maniobra para hacer frente a la misma. Pero dichas recomendaciones tuvieron poco éxito, y cuando llegó la pandemia, su situación seguía siendo desequilibrada. Hay que recordar que al inicio de la misma, la prima de riesgo ya dio un pequeño susto, pero la rápida actuación del BCE, anunciando un programa de compra masiva de deuda pública —adicional al programa ya en vigor desde 2015— puso fin a las incipientes tensiones, y fue gracias a ello que pudimos aplicar las medidas presupuestarias que salvaron a la economía de la catástrofe, aunque a costa de disparar aún más el déficit y la deuda.

En 2022 se pudo dar por finalizada la crisis sanitaria, pero ello no supuso una reducción del gasto nominal, porque entonces llegó la crisis energética e inflacionaria, y los recursos que antes se destinaban a la pandemia ahora se debían dirigir a medidas para paliar el impacto de la nueva emergencia, alimentando más la deuda. Una parte de dichas medidas se mantienen en 2023, pero una vez finalice esta nueva emergencia, el gasto tampoco se reducirá, puesto que habrá sido sustituido por un mayor gasto en pensiones, en remuneraciones salariales —por el incremento en el número de empleados públicos y en sus salarios— y en pago de intereses. El propio Gobierno estima en su Programa de Estabilidad un gasto del 46,3% del PIB en 2024, ya sin medidas excepcionales de ningún tipo —y sin contar con los pagos relacionados con el Plan de Recuperación—, cuatro puntos porcentuales por encima de las ratios de los años previos a la pandemia. Es decir, los gastos extraordinarios de 2020 a 2023 desaparecerán completamente en 2024, pero habrán sido sustituidos, e incrementados, por otros de carácter estructural.

Pese a ello, el déficit se ha reducido desde el máximo alcanzado en 2020, gracias a un significativo e inesperado crecimiento de los ingresos públicos, que también han aumentado su peso sobre el PIB. Una parte de este crecimiento se explica por la inflación y la adopción de medidas impositivas; pero hay otra parte para la cual no se encuentra una explicación clara, y se sospecha que procede del afloramiento de economía sumergida. Tanto la Airef como el Banco de España han advertido de que este crecimiento inesperado de los recursos públicos podría no ser permanente, pero el Gobierno da por hecho que sí lo es, y estima que en 2024 los ingresos supondrán un 43,3% del PIB, también cuatro puntos porcentuales por encima de los años previos a 2020. 

Todo ello implicaría que en 2024 el déficit aún sería del 3%, muy semejante al de 2019. Asimismo, el Gobierno estima que el déficit estructural —es decir, eliminando los ingresos y gastos derivados del ciclo económico— descendería progresivamente hasta el 2,5% del PIB en 2026. Sin embargo, las proyecciones de instituciones privadas y organismos internacionales apuntan a cifras más elevadas, con un déficit estructural, en ausencia de medidas de ajuste, que podría situarse de forma persistente entre el 3,5% y el 4% del PIB. 

Con un déficit estructural del 3,5%, no hay ninguna garantía de que la ratio de deuda sobre PIB vaya a situarse en una senda de sostenibilidad, es decir, de descenso continuado. El nivel de esta ratio se ha reducido notablemente desde el máximo alcanzado en 2020 (120% del PIB), debido a la “normalización” del denominador tras la fuerte caída que sufrió en 2020. Pero esa trayectoria descendente podría finalizar en 2024 o 2025, y solo bajo unos optimistas supuestos en cuanto al crecimiento potencial del PIB, tipos de interés y otros factores relacionados con las pensiones, dicha senda se prolongaría en los años posteriores. Bajo supuestos más prudentes, la deuda tomaría una senda ascendente, es decir, de insostenibilidad. Esta perspectiva nos expone a que, ante cualquier “tropiezo” en los mercados financieros nuestra prima de riesgo vuelva a dispararse.

Además, aunque los analistas no lo contemplen en sus escenarios centrales de previsiones, la posibilidad de un aterrizaje brusco tras el cambio de rumbo de la política monetaria es muy elevada si atendemos a los precedentes históricos. De hecho, el consumo ya ha caído durante dos trimestres consecutivos, y el impacto de la subida de tipos de interés aún no se ha transmitido en su totalidad a la economía. La llegada de una recesión, en una situación de desequilibrio de las cuentas públicas como la actual, de elevada incertidumbre, y en medio de un proceso de adaptación de los mercados financieros a un nuevo marco de política monetaria, podría ser un cóctel desastroso. 

El respaldo de la autoridad monetaria es lo que nos ha permitido transitar esta etapa de crisis sucesivas, pandémica primero y energética después, con relativa comodidad, pero el apoyo del BCE tiene los días contados. El año pasado anunció un programa especial destinado a controlar las primas de riesgo pero sus características no están claras, y en cualquier caso el recurso al mismo conllevaría un estigma y un daño reputacional. El desequilibrio fiscal, en suma, coloca a nuestra economía en una situación de vulnerabilidad. 

Durante la pandemia y la crisis energética no era el momento de aplicar un plan de consolidación fiscal, pero sí que hubiera sido deseable la presentación de un programa para ser aplicado cuando las condiciones lo hicieran posible, como reclamaba, entre otros, el Banco de España. En cualquier caso, el momento ya ha llegado tras la finalización de la situación de emergencia, y con el restablecimiento de las reglas fiscales el año próximo no será posible postergarlo por más tiempo.

Esta entrada se publicó inicialmente en el diario ABC.

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Fortaleza de las ventas minoristas

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Ventas minoristas | abril 2023


Las ventas minoristas en términos deflactados crecieron en abril un 0,9%, encadenando nueve meses consecutivos de ascensos prácticamente ininterrumpidos. En el primer trimestre de este año crecieron un 1,5% en comparación con el trimestre anterior, recuperando los niveles prepandemia, tras haberse mantenido estable —con algunos altibajos— durante todo el periodo anterior en un nivel en torno a un 4% inferior al de 2019 (gráfico 1). Si excluimos las ventas en estaciones de servicio, la trayectoria es aún más favorable, con un crecimiento del 4,1% en abril, y del 4,3% en el primer trimestre sobre el trimestre anterior. Asimismo, su evolución contrasta con la tendencia ligeramente descendente que presenta el indicador en el conjunto de la eurozona desde el verano pasado.

La positiva trayectoria de este índice desde el otoño contrasta con las caídas registradas por el consumo privado, según las cifras de la contabilidad nacional, en los trimestres cuarto de 2022 y primero de 2023. No obstante, hay que tener en cuenta que el índice de ventas minoristas refleja no solo las ventas a residentes en España, sino también a turistas, y estas experimentaron un fuerte ascenso en el primer trimestre de este año. Al mismo tiempo, este indicador solo recoge el consumo en bienes, no en servicios.

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