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El conflicto en el mar Rojo y la inflación

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La geopolítica irrumpe otra vez en la dinámica de la economía, y lo hace por su vertiente más sensible, es decir la inflación. Se esperaba un 2024 sin grandes turbulencias en materia de precios, facilitando la convergencia hacia niveles cercanos al objetivo del BCE a finales del ejercicio, siendo éste un terreno propicio a la tan ansiada relajación de la política monetaria.

Los datos más recientes eran coherentes con este escenario benévolo: diciembre cerró con un IPC plano, frente a las subidas que suelen prevalecer en el periodo navideño. También se afianzó la moderación de la cesta de la compra, gracias al ligero abaratamiento de los alimentos (una décima porcentual menos en el mes, recortando la tasa interanual hasta el 6,7%, lejos del doble dígito soportado por las familias hasta el otoño). Por otra parte, la desinflación se ha extendido: uno de cada tres componentes del IPC, el doble que en enero pasado, tiene ya una tasa de inflación inferior al 2%. A la inversa, la inflación excede el 6% para uno de cada cuatro componentes, la mitad que a inicios de 2023.   

Más allá de los altibajos
mensuales, la evolución tendencial estaba siendo favorable, a tenor del
incremento inferior al 2% observado en el conjunto del cuarto trimestre (en
concepto de tasa trimestral anualizada). Como la trayectoria ha sido la misma en
la eurozona, se acariciaba la posibilidad de una reducción de los tipos de
interés durante los próximos meses.  

Sin embargo, el riesgo de desbordamiento del conflicto entre Israel y Palestina arroja un jarro de agua fría a este panorama alentador. Ante la intensificación de los ataques hutíes a los buques mercantes que circulan por el mar Rojo, la reacción militar de una coalición de países liderada por EE. UU. no se ha hecho esperar y amenaza con provocar represalias de Irán y otros aliados de las milicias chiitas. El resultado es una parálisis de la navegación en una zona estratégica para la economía mundial por la cual transita entre el 10 y e 20% del comercio mundial de mercancías.


Se estima que, en su intento de sortear esta región el transporte entre Asia y Europa sufre entre dos y tres semanas de retraso, lo que redunda en un fuerte encarecimiento de los costes. Según el índice de precios Freightos, los fletes para esa ruta se han disparado en un 242% en los dos últimos meses. Esta es una magnitud que, de prolongarse en el tiempo, es susceptible de interrumpir el proceso de desinflación: según estimaciones del FMI fundamentadas en la experiencia pasada, la duplicación del coste del transporte genera una subida del IPC de 6 décimas.

Afortunadamente, la
sobreoferta de contenedores es un factor atenuante. Habida cuenta de la
debilidad de los intercambios mundiales, la demanda es aproximadamente un 20%
inferior a la oferta de contenedores, un desequilibrio susceptible de mitigar el
impacto del incremento de los tiempos de transporte, pero no de anularlo.

Las hostilidades también
amenazan con desestabilizar los mercados energéticos. Como algunos de los
países involucrados son grandes exportadores de hidrocarburos, los precios han
empezado a resentirse y la cotización del barril de Brent repunta ya por encima
de los 80 dólares. El impacto es todavía manejable, pero mucho dependerá de la evolución
de la conflagración y su extensión.  

Con todo, partiendo de la
hipótesis de un conflicto concentrado en el tiempo, la desescalada del IPC debería
proseguir. La reversión parcial de los recortes de IVA y de otros impuestos
instrumentados tras la guerra en Ucrania tendrá efectos puntuales, pero sin
quebrar la senda de desinflación. No obstante, en un escenario de tensiones
geopolíticas incrementadas los precios acabarán por reaccionar, con el doble inconveniente
de erosionar el maltrecho poder adquisitivo de los hogares y de constreñir el
margen de maniobra del BCE para reducir los tipos de interés. La economía otra
vez en el alambre.            

IPC | Las energías fósiles siguen siendo uno de los principales talones de Aquiles de la desinflación. Partiendo de la hipótesis de un precio del petróleo estable en torno a sus niveles actuales, se prevé un incremento del IPC del 3,2% para el conjunto del 2024, tres décimas menos que en el pasado ejercicio. Por su parte, el IPC subyacente (descontando la energía y los alimentos frescos), descendería hasta el 2,9%, menos de la mitad que en 2023. En un escenario en el que el precio del petróleo asciende hasta 100 dólares, la tasa de inflación media anual sería del 3,7%, y la subyacente del 3,3%.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Cómo los CIO liderarán empresas inteligentes con estrategias de IA generativa

El 75% de las compañías ya explora la IA generativa, según Gartner. En este artículo hacemos un repaso a la figura del CIO como líder en empresas inteligentes que utilicen estrategias de IA generativa.

  • Los CIO que quieran liderar el cambio en sus empresas deberán abandonar su zona de confort y asumir nuevos roles en los próximos años. 
  • Desde la irrupción de la IA generativa en 2022, la innovación ha cambiado de rumbo. Casi no recordamos otros avances como el metaverso, y los CIO también tendrán que modificar su foco. Descubre cómo. 

Miguel de Unamuno decía que el progreso consiste en renovarse. Frase que, con el paso del tiempo, se convirtió en: renovarse o morir. En ese punto están los CIO actuales, que afrontan diversos retos de cara a los próximos años relativos a la IA generativa, y que tendrá que transformar su manera de trabajar. 

¿Cómo es el CIO del futuro?

La transformación digital de las empresas está encabezada por el CIO, pero, su papel se ampliará en los próximos años para convertirse en parte de la estrategia de negocio. ¿Qué características tiene el Chief Information Officer del futuro? Son las siguientes: 

Tiene carácter holístico

Según el informe Agenda del CIO 2024, elaborado por Softtek para el año 2026, el 60% de los directores de tecnología de la información, a nivel global, podrían ver su rol amenazado por otros miembros de la organización. 

Para superar este obstáculo deberán aportar valor y tener presencia a nivel de todos los departamentos de la empresa. 

Comprende que el éxito de la innovación tecnológica se basa en las personas

El CIO del futuro debe:

  • empoderar a su equipo y darles voz y voto en las decisiones importantes,
  • fortalecer las alianzas entre los departamentos de la empresa, 
  • atraer y retener talento 
  • e incorporar colaboradores externos.

Garantiza la sostenibilidad 

Se habla mucho de sostenibilidad en las empresas. Algo que afecta también al CIO, que será responsable de la implantación de soluciones de eficiencia energética, medición de resultados y optimización de los procesos, entre otros elementos. 

Utiliza la IA generativa como base de la transformación

El foco del CIO ya no está en si utilizar o no la IA generativa, sino en cómo aplicarla en la empresa. Un estudio de KPMG sostiene que el 77% de los líderes empresariales considera que la IA generativa es la tecnología emergente que tendrá mayor impacto en el negocio en los próximos 3 a 5 años. 

Se complementará con otra nueva figura: el CAIO

Durante los próximos años, es posible que surja un puesto en las compañías complementario al CIO que será el CAIO. Se trata del Chief AI Officer, que se enfocará en el desarrollo e implementación de la IA. 

El 90% de los CIO plantean aumentar el presupuesto tecnológico de cara al próximo año. El área con mayor incremento será la automatización, según el informe de Softtek. 

Pasos para implantar soluciones de IA generativa

Las compañías y sus directores de tecnología de la información se están preparando para el futuro de la inteligencia artificial y están aplicando programas piloto. Aunque cada organización es diferente y la aplicación de la IA se debe adaptar a las circunstancias de cada caso, con carácter general, se pueden seguir una serie de pasos para la implantación de la IA generativa: 

  • Identificar los posibles usos. El primer paso consiste en ver los usos que puede tener la IA en la empresa y analizar los resultados que se pueden conseguir. 
  • Seleccionar las soluciones de IA adecuadas. Esta es una fase muy importante en la que el CIO deberá colaborar con otros responsables de departamento de la empresa y analizar casos de éxito de organizaciones similares.
  • Fijar objetivos. El establecimiento de las metas concretas que se quieren alcanzar con la IA en el negocio facilitará la medición de los resultados. Deben de ser objetivos cuantificables y tener un plazo para completarse. 
  • Implantación de la nueva tecnología. Para que no exista una resistencia al cambio, es fundamental la formación e información de los empleados y la integración de las soluciones de IA generativa con los sistemas que ya existan en la compañía. 
  • Control de la seguridad y ética en el uso. El CIO deberá establecer normas de seguridad y valores éticos en los que se basará el uso de la IA generativa en la empresa. 
  • Evaluación permanente. El departamento de TI debe liderar el cambio y también realizar una evaluación continua para determinar en todo momento si es necesario realizar modificaciones o cambiar elementos. 

El primero paso para implantar la IA generativa en las compañías consistirá en identificar los usos que se le puedan dar en las diversas áreas. 

En definitiva, estamos en el momento de la IA generativa y será una prioridad durante los próximos años. Sin embargo, los CIO deben estar atentos no solo a la evolución de la tecnología, sino también al desarrollo de la normativa sobre la IA que afecte al ámbito empresarial. 

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Análisis interno de una empresa: qué es y cómo se debe realizar


Análisis interno de una empresa

Cuando se tiene una empresa lo más importante es conocerla a fondo. Es por eso que, cada cierto tiempo, es importante realizar un análisis interno de una empresa. Pero, ¿qué es este tipo de análisis? ¿Hay distintos tipos? ¿Cómo se realiza?

De todo eso, y de algunas cosas más, es de lo que vamos a comentarte a continuación. Echa un vistazo a cómo saber si tu empresa va bien, es productiva y se adapta a los tiempos presentes y futuros del mercado.

Qué es el análisis interno de una empresa


Revisión a fondo de la empresa

Para empezar, debes tener muy en cuenta el concepto de análisis interno de una empresa. Se trata de un estudio que valora los recursos, competencias y habilidades que tiene un negocio. El objetivo que tiene este análisis es, sin duda, aplicar una serie de herramientas para mejorar los resultados.

Dicho de otra forma, se trata de realizar una auditoría con la que se pueda conocer a fondo la situación de la empresa, pero también los puntos fuertes, los débiles, las oportunidades y las carencias que se tienen. Es decir, sí, estamos hablando de algo parecido a un análisis DAFO (o FODA), también conocido como matriz SWOT.

Qué herramientas se utilizan para llevar a cabo un análisis interno de una empresa

A la hora de que una empresa realice un análisis interno, hay una serie de herramientas importantes para llevar a cabo esta auditoría. Las principales son las siguientes:

  • Cadena de valor. Se trata de una herramienta que analiza las distintas actividades del negocio, es decir, la producción, logística (no solo a nivel interno, sino también externo), desarrollo tecnológico, gestión de recursos humanos, inventario (o sistema de abastecimiento), infraestructuras y venta (aquí podríamos incluir también la postventa).


    Esto dará una visión global del estado de la empresa, pero no es la única herramienta que se puede (o debe) utilizar.
  • Análisis de los recursos. Quiere decir saber qué tiene la empresa o de qué carece. Y por recursos no solo son los materiales, sino también a nivel de personal, finanzas, etc.

Tipos de análisis internos


Verificación de data

Dependiendo del marco en que se lleve a cabo el análisis interno, una empresa puede elegir varios tipos. Cada uno de ellos satisfará una serie de objetivos. Te lo comentamos a continuación.

Análisis GAP

Este tipo de análisis nos ayuda a saber la situación actual de la empresa y la situación futura o la que se ha planteado como objetivo. Así, se establecen cuáles son los puntos fuertes pero también los débiles para trabajar sobre ellos.

Análisis DAFO

Como te decíamos antes, también es conocida como análisis FODA o matriz SWOT. El ánalisis saca una matriz en la que podemos encontrarnos con los puntos fuertes y las debilidades de la empresa. Pero también las oportunidades y las amenazas del entorno o sector en el que se mueve el negocio.

OCAT

El análisis OCAT se utiliza principalmente para revisar cuál es el rendimiento de la organización, en busca de fallos o problemas importantes para mejorarlo. Se la conoce también como herramienta de evaluación de capacidad organizacional.

7S de McKinsey

Este es uno de los tipos de análisis más completos porque, como su nombre indica, investiga siete aspectos de la empresa, que son los siguientes: estrategia, estructura, estilo, sistema, valores, habilidad y personal.

De esta forma se puede saber cuál es la situación del negocio a nivel completo.

Cómo se realiza un análisis interno de una empresa

Si tienes un negocio o una empresa, y quieres realizarle un análisis interno, debes saber cuáles son los pasos que se deben dar. Aunque parezca difícil, en realidad una vez tienes el guión es más sencillo de aplicar. Estos son:

Objetivos

Establecer cuáles son los objetivos por los que se lleva a cabo un análisis interno de una empresa. Por ejemplo, puede ser para valorar el estado actual de la empresa, para revisar la situación en caso de fusión, identificar oportunidades en el sector…

Seleccionar el marco

En este caso, tienes varias opciones que van a depender el resultado de ese análisis. Por ejemplo, el marco puede ser localizar cuáles son las peores áreas de las empresas, o al contrario, las mejores para potenciar en el desarrollo.

Realizar el análisis

Para ello, es importante llevar a cabo una investigación para recabar la información que se necesita. Esto implica localizar las fuentes internas.

Una vez se ha investigado, se deben plasmar los resultados que sería propiamente el análisis interno de una empresa. Aquí es donde deberás elegir el tipo de análisis que se llevará a cabo (en base a los que hemos visto antes).

Por supuesto, una vez se realiza el análisis, hay que llevar a cabo una serie de estrategias con las que cumplir los objetivos o mejoras para el negocio.

Ventajas de un análisis interno de una empresa


Revisión de estadísticas de rendimiento

Ahora que tienes una mejor idea de lo que es el análisis interno de una empresa, quizá te quede aún la duda de por qué dedicar recursos y esfuerzos en realizar uno. Pero en realidad es bastante interesante llevarlo a cabo por varios motivos:

  • Puedes conocer los puntos fuertes de la empresa. Y no solo eso, sino también las debilidad. Con las primeras puedes potenciar y diferenciarte de tu competencia; además, si las usas bien, pueden ser beneficios de cara a ofrecer servicios o productos a los clientes. Con las segundas puedes mejorarlos o incluso convertirlos en fortalezas.
  • Conocer la viabilidad del mercado. Esto es muy importante porque te ayudará a saber si es un buen momento para lanzar un producto, servicio o empresa en ese momento. Por ejemplo, imagina que tienes una empresa de abogacía especializada en divorcios, y tras el análisis hay un nuevo servicio que puedes ofrecer en base a los resultados de ese análisis.
  • Descubrir oportunidades y amenazas. A nivel externo, sí, pero que influyen en lo interno. Por ejemplo, las oportunidades son aquellos puntos clave que pueden fomentarse para sacar algo nuevo o novedoso al mercado. Por su parte, las amenazas son problemas que se ven (cambio en las tendencias, en la competencia…).

Como ves, el análisis interno de una empresa es una herramienta muy importante con la que se puede valorar el estado de un negocio y actuar para mejorarlo o para evitar situaciones que están mermando el crecimiento de la empresa. ¿Alguna vez lo has hecho?


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El tirón del consumo

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La economía empieza el año en mejor posición de lo anticipado, a tenor de los indicadores más recientes que apuntan al mantenimiento de un diferencial favorable de crecimiento en relación a las otras grandes economías europeas. Una explicación reside en la recuperación del consumo, consecuencia del aumento de la renta disponible de los hogares, con un crecimiento estimado superior al 6% en 2023 en términos reales (es decir, descontando la inflación), sin parangón desde que existen datos comparables. La cara oscura sigue siendo la inversión productiva, que no parece querer despegar pese al maná de los fondos europeos. Esta es una tendencia que, de no corregirse, acabará por constreñir la expansión a medio plazo.   

En lo inmediato, sin embargo, el plus de consumo sigue alentando la actividad gracias a un factor clave y poco comentado: las empresas españolas aprovechan el tirón de la demanda en mayor medida que las extranjeras. Así pues, solo el 24% de la demanda total se satisface con importaciones, y el resto con producción que procede de empresas establecidas en nuestro país (con datos de los dos últimos años, hasta el tercer trimestre del 2023). La filtración hacia las importaciones es muy superior en todas las otras grandes economías europeas, de modo que la media para la Unión Europea alcanza el 55%. 


La débil elasticidad de las importaciones con respecto a la demanda es algo nuevo en perspectiva histórica española. La oferta extranjera ha tenido un comportamiento mucho menos dinámico que en todas las anteriores fases expansivas (y viceversa, la reactividad de la oferta interna está siendo proporcionalmente mayor, por fortuna). Por ejemplo, durante el periodo de crecimiento anterior a la pandemia, las importaciones se incrementaron a un ritmo 50% superior al de la demanda final, cuando en los dos últimos años la brecha ha desaparecido o casi. Antes de la crisis financiera, la penetración de las importaciones era aún más pronunciada, contribuyendo a generar un déficit externo colosal, siendo éste uno de los detonantes de la crisis.

Es pronto para determinar si estamos asistiendo a un cambio estructural, reflejando una mejora tendencial de la competitividad de nuestro tejido productivo en un entorno de precios energéticos altos que han afectado sobremanera a las empresas ubicadas en el resto de Europa. Una explicación alternativa y menos amable podría radicar en la atonía de la inversión en bienes de equipo y en tecnología, tradicionalmente intensiva en insumos provenientes del exterior. En la medida en que esta inversión se irá recuperando —algo por otra parte altamente deseable— las importaciones deberían repuntar.

En todo caso, nos
asomamos a una moderación de la demanda interna en los próximos meses, al menos
por el lado del consumo. La recuperación de la renta disponible de los hogares
registrada en el pasado ejercicio es un fenómeno irrepetible: los salarios se
van frenando, dejando poco margen para una mejora adicional de la capacidad de
compra, al tiempo que la creación de empleo también se normaliza. Por otra
parte, el retorno de las normas fiscales europeas, junto con el propio objetivo
presupuestario del Gobierno, no es compatible con incrementos del consumo
público superiores al 2%, como se estima para el pasado ejercicio. La política presupuestaria
se acerca a la neutralidad, y la monetaria se mantendrá en terreno contractivo.

En contraposición, la
buena noticia es que las empresas españolas parecen gozar de buenas condiciones
tanto en el mercado interno, ganando peso frente a las importaciones, como en
el internacional, particularmente en los sectores exportadores de servicios.
Todo ello permite vislumbrar otro año de crecimiento positivo, y con un sólido
excedente externo. Pero queda mucho por hacer, tanto desde el punto de vista
del manejo de la política fiscal como del aprovechamiento de los fondos
europeos, para convertir el actual impulso en un ciclo sostenible de prosperidad.               

IPC | El IPC armonizado se mantuvo en diciembre en el 3,3% en términos interanuales, y repuntó hasta el 2,9% en la eurozona, sembrando dudas acerca de la intensidad del proceso de desinflación. Sin embargo, la resiliencia de los precios se explica sobre todo por factores técnicos (efecto base) o transitorios, como la reversión de las medidas antiinflación. A medida que estos factores se diluyen, la desescalada debería proseguir. El principal foco de atención está en los servicios, cuyos precios suelen resistirse a bajar, y en la persistencia de la moderación salarial.     

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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¿nos-deparara-el-ano-economico-2024-tantas-sorpresas-como-el-precedente?

¿Nos deparará el año económico 2024 tantas sorpresas como el precedente?

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Estos días facilitan la reflexión de lo acontecido en materia económica el pasado año y cuáles son las perspectivas para el recién iniciado. 2023 estuvo caracterizado por algunas sorpresas, en general positivas. Algunas fueron de naturaleza macroeconómica –sin recesión generalizada y con moderación de la inflación– y otras de mercados, donde se vivió un entorno alcista algo inesperado para una coyuntura monetaria de elevados tipos de interés. No es fácil apostar por si se mantendrán esas condiciones, en plena ralentización económica. Sin embargo, el probable horizonte de próximas bajadas de tipos ofrece una luz de esperanza a un ejercicio, que, de otro modo, podría ser más bien gris. En cuanto a otras sorpresas y su magnitud, cabría esperar que fuesen más reducidas de producirse. Ya han acontecido buena parte de las correcciones inesperadas en 2023 y, además, el mercado comenzó a descontar hace algunos meses –como muestra la evolución a la baja del euríbor–, las probables reducciones del precio de dinero antes del verano.

Ha llamado la atención y se ha escrito mucho en el último mes sobre la falta de cumplimiento de los pronósticos de hace ahora un año de la mayoría de los analistas y organismos oficiales. Se quedaron cortos en la estimación del crecimiento de PIB. El dato previsto hoy de crecimiento del 2,4% para 2024 duplica el estimado hace un año. Conforme avanzaba 2023 y entraban en juego nuevos factores, las previsiones fueron desplazándose hacia niveles más optimistas. Explican lo ocurrido factores como el mejor comportamiento moderado de los precios de la energía, la entrada de extranjeros o la mejora del poder adquisitivo. Los pronósticos sobre la inflación de hace doce meses –moderándose más de lo esperado– tampoco dieron en el clavo.

Realizar previsiones macroeconómicas no es fácil. Siempre se puede lógicamente aspirar a mejorar su calidad, pero es más fácil en teoría que en la práctica. Se elaboran profesionalmente, con toda la información disponible. Tienen una gran utilidad para ayudar a tomar decisiones de gasto e inversión a empresas, consumidores y Gobiernos. Cuanto mayor es el plazo, más difícil realizar el ajuste fino del pronóstico. Un año entero comienza a ser un espacio de tiempo considerable como para no tener que introducir retoques según se avanza en el mismo. Asimismo, algo parece haber cambiado en la macroeconomía y cómo predecirla desde la crisis financiera global de 2008 y años posteriores, y las medidas monetarias, fiscales y financieras extraordinarias aprobadas en todo el mundo, muchas de ellas en vigor hasta 2022, por la pandemia y la guerra de Ucrania. Esas acciones públicas, como mínimo, parecen estar generando cierta capacidad de amortiguar los efectos de periodos de debilitamiento económico, bien directamente o a través de una mayor resiliencia del mercado de trabajo, también destacable.

Asimismo, hay elementos metodológicos como la estimación de las actividades tecnológicas y otras intangibles, que hacen más complicado el ajuste fino en los pronósticos. Suponen una porción creciente del PIB, que además en 2024 y años venideros con la aplicación de la nueva inteligencia artificial (IA) puede ser un revulsivo –difícilmente estimable con exactitud– para la productividad y el crecimiento.

En todo caso, 2024 se inicia con una clara desaceleración económica. Eso sí, algo alejada de aquel previsto crecimiento negativo de hace un año. Los casos recientes de recesión y los que puedan venir próximamente parece que serán leves y meramente técnicos. El margen para una sorpresa positiva en lo macro es menor, ya que se parte de escenarios menos pesimistas que los de 2023, aunque no sea para tirar cohetes. Habrá que ver si se termina sintiendo negativamente esa ralentización en el empleo, algo que empeoraría las expectativas.

La palanca de bajar tipos de interés está preparada si se mantiene la moderación en la inflación y la economía continúa mostrando debilidad. Si finalmente se bajan los tipos habrá que recalibrar nuevamente los efectos esperados –en este caso positivos–, que podrían dar lugar a una cierta sorpresa agradable sobre la actividad económica avanzado el año. Eso sí, con un ojo puesto en la inflación. Aunque la guerra en Gaza no haya impactado en los mercados energéticos por ahora, las crisis geopolíticas –cuidado con la escalada de la tensión en el Mar Rojo– pueden volver a dar un susto al precio de los combustibles y materias primas. Se habla también del temor a efectos de segunda ronda vía salarios –que están creciendo–, pero está por ver si finalmente generarán alguna retroalimentación inflacionaria.

Por último, 2023 fue un ejercicio de ganancias en los mercados. Con sus incertidumbres y volatilidad, pero con sorpresas positivas generalizadas, que llegaron hasta el bitcoin a partir del verano. La renta variable tuvo un año destacable. El mejor para el Ibex 35 desde 2009, con una revalorización de cerca del 22,8%. Es muy pronto para ver qué sucederá en 2024. La probable disminución de tipos puede ayudar, pero la magnitud del impacto dependerá mucho de cómo evoluciona la macroeconomía y la actividad empresarial. Sin olvidar que parte de los efectos positivos pueden haberse descontado en el último trimestre. Aun así, también hay recorrido para la inversión con elevado potencial, como es la nueva IA, por ejemplo, que puede ser un puntal para el mercado. En resumidas cuentas, a pesar de la actual desaceleración, el escenario más probable para la economía y mercados en 2024 es que se prolonguen algunas sorpresas (positivas) pero menos que en 2023.

Este artículo se publicó originalmente en el diario Cinco Días

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Un poco menos de ilusión y un poco más de precaución: tengamos la fiesta en paz… o sin política

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II Encuesta Funcas de Navidad (2023)

Las fiestas navideñas operan como una fuerza centrípeta
sobre las familias. Ahora bien, la intensidad de esa fuerza depende de
variables tales como el tamaño de los hogares y la estructura de las relaciones
familiares. Es en los hogares en los que conviven al menos tres personas donde
más arraiga el “espíritu navideño”, si entendemos que lo encarnan en mayor
medida quienes manifiestan una actitud más positiva e ilusionada ante estas
fiestas y las convierten en una ocasión para expresar sus sentimientos de
afecto y proximidad, entre otros medios, a través de los regalos.

Las diferencias en el sentimiento y la vivencia de la Navidad se ponen de manifiesto en la II Encuesta Funcas de Navidad (2023), realizada online entre el 11 y el 18 de diciembre a una muestra de 1.011 ciudadanos españoles entre 25 y 65 años (un colectivo que representa aproximadamente a 23,3 millones de personas).

Las mujeres y los hombres encuestados que conviven en hogares de tres o más personas afirman en una proporción cercana al 70% que les gusta celebrar la Navidad, superando en 10 puntos porcentuales (pp) a quienes residen en hogares de dos personas (60%), y en 23, a quienes viven solos (47%) (Gráfico 1a). Son también ellas y ellos los que en mayor proporción declaran que esta Navidad, la de 2023, les ilusiona “mucho” o “bastante” (57%, frente al 51% de quienes viven en hogares de dos personas, y al 39% de quienes viven solos) (gráfico 1b).

Atendiendo a la edad, en la celebración de las fiestas navideñas se implican más las personas que se encuentran en una fase intermedia del ciclo vital, en la que habitualmente mantienen relaciones estrechas con familiares en primer grado de consanguinidad pertenecientes a distintas generaciones: a la generación “de abajo”, formada por hijas/hijos (principalmente dedicados al estudio), y a la “de arriba”, que integran madres/padres (generalmente, todavía con buena salud). Esa fase puede entenderse, por tanto, como una etapa biográfica de “adultez joven”, caracterizada por la asunción de diversas responsabilidades familiares y una actividad intensa dedicada, además de al trabajo y al desarrollo profesional, a conseguir el buen funcionamiento de la familia más próxima. Alrededor de dos terceras partes de esos adultos jóvenes (35-44 años) viven en hogares de tres o más personas (68%), pero son todavía más (75%) los que declaran que les gusta la Navidad, una proporción que desciende significativamente a partir de esa edad (61% en el grupo de 45 a 54 años, y 52% en el de 55 a 65 años) (gráfico 1a). Llamativamente, en estos dos últimos grupos de edad se observan porcentajes más elevados de mujeres y hombres que confiesan que “ya no” les gusta celebrar la Navidad (33%). Esa respuesta “nostálgica” abunda menos en el grupo de personas de 35 a 44 años (19%), que también manifiesta en mayor proporción (mucha o bastante) ilusión ante las “próximas Navidades” (63%) (gráfico 1b).


No sorprende, por otra parte, que dos elementos tan centrales de las fiestas navideñas como su celebración en compañía y la entrega de regalos también estén relacionados con el tamaño del hogar en el que habitan las personas encuestadas y con la  edad de estas últimas. En torno a dos de cada diez personas en hogares unipersonales declaran bien que cenarán solas en Nochebuena (8%), bien que todavía desconocen con quién cenarán (10%), cifras similares a las que arrojan sus respuestas a la pregunta sobre con quién comerán el día de Navidad (11% en ambas respuestas) (gráficos 2a y 2b). En cambio, los porcentajes (sumados) correspondientes apenas superan el 3% entre las personas encuestadas que viven en hogares de dos o más personas. Por otra parte, quienes viven en hogares de al menos tres personas destacan por la frecuencia con la que van a hacer regalos en estas fechas (91%) y por el número más elevado de personas a las que piensan obsequiar con sus regalos (5,2 personas de media) (gráficos 3a y 3b). El grupo de edad con un porcentaje más alto de encuestadas y encuestados que van a hacer regalos y con una media más elevada de personas a las que van a regalar es el de 35 a 44 años. Especialmente las mujeres en este grupo de edad sobresalen en ambas variables: el 95% afirma que va a hacer regalos, con una media de 6,8 destinatarios (gráfico 4).


La II Encuesta Funcas Navidad (2023) muestra que la proporción de personas a las que les ilusionan (mucho o bastante) las próximas Navidades (54%) es claramente menor que la de quienes reconocen que, en general, les gusta celebrar las fiestas de Navidad (72%). Este es un hallazgo que también puso de manifiesto la I Encuesta Funcas de Navidad (2022), si bien en esta última sendos porcentajes (el de encuestadas y encuestados que mantuvieron que les gusta celebrar la Navidad y el de aquellos a los que les ilusionaban las inmediatas fiestas navideñas) fueron algo más elevados (gráfico 5).


Que haya gente a la que le gusta la Navidad, pero le ilusionan “poco” o “nada” las próximas fiestas puede deberse a varios factores. Cabe pensar que esta ilusión amortiguada obedezca a la inquietud ante la posibilidad de unas fiestas navideñas complicadas. Sobre uno de los potenciales motivos de esa inquietud da cuenta una pregunta incluida, con el mismo enunciado, en las Encuestas Funcas de Navidad de 2022 y 2023: “¿Considera conveniente evitar algún tema de conversación en esas comidas o cenas navideñas?” En 2023, el 51% de los encuestados contestan afirmativamente esta pregunta (superando en 6 puntos porcentuales la respuesta de quienes así contestaron en 2022), con una diferencia considerable entre hombres (47%) y mujeres (56%) (gráfico 6a). Los datos sugieren, por tanto, que entre 2022 y 2023 ha aumentado la conciencia de que en las reuniones familiares conviene eludir determinadas cuestiones para “tener la fiesta en paz”. Cuando se pide a los encuestados que especifiquen esas cuestiones, el 84% (de los que han respondido afirmativamente a la pregunta previa) señalan “la política” (porcentaje también superior al obtenido en 2022). Esa respuesta predomina, con mucha diferencia, sobre cualquier otra (gráfico 6b).


En resumen, los datos de la II Encuesta Funcas de Navidad (2023) indican que la población española entre 25 y 65 años que está ilusionada ante esta Navidad sigue superando a la que manifiesta su escasa o nula ilusión por estas fiestas, pero la distancia entre ambos grupos se ha acortado en el último año. Los que más ilusión han “perdido” son los dos grupos de edad en los extremos (25-34 años y 55-65 años), mientras que quienes cuentan entre 35 y 44 se mantienen como los adalides del “espíritu navideño”; una emoción por la Navidad que en la encuesta de este año aparece algo desvaída respecto a la Navidad de 2022. En todo caso, habrá que esperar a las Navidades de los próximos años para saber si estos indicios de un ligero amortiguamiento del “espíritu navideño” se convierten en una tendencia.

Ficha técnica de la II Encuesta Funcas de Navidad (2023)
• UNIVERSO: residentes en territorio nacional peninsular e insular con nacionalidad española (25-65 años)
• TAMAÑO MUESTRAL: 1.011 entrevistas.
• TÉCNICA DE ENTREVISTA: entrevista online a través de Emop (panel online de Imop).
• SELECCIÓN DE LA MUESTRA: selección aleatoria entre los panelistas de Emop que cumplan las características definidas para la investigación.
• TRABAJO DE CAMPO: del 11 al 18 de diciembre 2023.
• MARGEN DE ERROR DE MUESTREO: ±3,2 para p=q=50 % y un nivel de significación del 95 % para el conjunto de la muestra.
• MÉTODO DE PONDERACIÓN: los datos se ponderaron por las variables “sexo x edad” (2 x 4 grupos) y comunidad autónoma (7 grupos)
• INSTITUTO RESPONSABLE DEL TRABAJO DE CAMPO: IMOP Insights, S.A.

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Así me salvó la nube de perder mis datos y los de mis clientes

La nube es una herramienta poderosa que puede ayudar a las empresas a proteger sus datos. Sin embargo, es importante elegir un proveedor de servicios en la nube de confianza y seguir las mejores prácticas de seguridad para aprovechar sus ventajas.

  • Descubre en este artículo como una copia de seguridad te prepara frente a eventos muy adversos.
  • Si tus datos quedan comprometidos, es probable que también lo estén los de tus clientes.

Contenido del post


  1. La copia de seguridad en la nube
  2. ¿Dónde guardar los datos?
  3. ¿Cómo guardar datos en la nube de manera segura?
  4. La protección del acceso
  5. La utilidad de un backup en la nube
  6. ¿Cómo evitar perder datos en la empresa o de los clientes?

Cuando un negocio se plantea dar el salto a la nube se tienen en cuenta muchos aspectos. Algunos de los más populares son poder acceder a la información desde cualquier dispositivo con acceso a internet, despreocuparse de actualizaciones y mantenimiento o no necesitar un potente hardware

Sin embargo, no se pone tanto el acento en la seguridad de los datos. Y lo cierto es que en más de una ocasión la nube puede ser la pieza clave que permita salvar todos tus datos y los de tus clientes.

¡TUITÉALO! Incendio, derrumbe, inundación, robo, ransomware. ¿Están seguros los datos de tu negocio? ¡Toma nota de cómo ponerlos a salvo gracias a la nube! 

1) La copia de seguridad en la nube

Hoy en día no se entiende la seguridad informática sin tener un backup. Esta es una práctica habitual en la mayoría de las empresas. El sistema de copias se estructura pensando en un fallo de hardware o software. Se hacen las copias, pero no todas las empresas saben si su sistema funciona o no.

Por ejemplo, puede que no hayas contemplado escenarios de desastre total

en los que todo lo que está en la empresa, falla. A menudo se pensaba en un incendio en las instalaciones, para lo cual debía existir una copia fuera de las mismas. 

Ya hace unos años, con la llegada del ransomware, ese escenario de desastre ha sido mucho más real para las empresas. Han empezado a palpar que un día pueden amanecer con todos sus datos cifrados.

Ante esas situaciones, la nube es una buena opción para tener ese plus de confianza. Incluso los dispositivos de copia de seguridad que estaban conectados en ese momento pueden verse atacados. La información quedará inutilizada, por lo que hay que acudir a la copia externa. Y es aquí cuando la nube te ayuda a tener tus datos a mano y volver a funcionar de forma rápida.

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2) ¿Dónde guardar los datos?

A la hora de guardar los datos en la nube, puedes utilizar la infraestructura cloud como un almacenamiento externo o tener tus aplicaciones online. En ambos casos es fundamental que el almacenamiento elegido cumpla con:

En ese sentido, puede ser recomendable que el centro de datos donde estos alojan esté dentro de la Unión Europea. Al fin y al cabo, el RGPD armoniza muchos de los requerimientos legales en todos los países.

Si utilizas aplicaciones cloud, tu proveedor es el que debe garantizar que cumples con todas las normas. Por ejemplo, los usuarios de Sage Active están tranquilos, ya que saben que la solución está y estará al día. Eso implica la normativa de protección de datos, pero también otros aspectos como los requisitos del software antifraude.

3) ¿Cómo guardar datos en la nube de manera segura?

Los datos se pueden guardar de diferentes maneras:

  • Sincronización. Existe una aplicación en un ordenador o en el servidor. A medida que detecta cambios en los documentos o nuevos archivos, los va subiendo a la nube. Dos ejemplos serían aplicaciones tipo Dropbox y OneDrive.
  • Aplicaciones online. En las que la información que el usuario introduce se guarda directamente en la nube. Este sería el caso de una aplicación de facturación online, por ejemplo. Una vez introducidos los datos y guardados los cambios, puedes acceder a ellos desde otro ordenador, móvil o tablet en cualquier lugar.
  • Copia de seguridad en la nube. Que se ejecuta normalmente por la noche guardando una serie de carpetas y archivos que hemos definido.

4) La protección del acceso

El acceso a los datos que tienes en la nube siempre va a estar protegido por unas credenciales de acceso. Lo ideal es que dicho usuario y contraseña no se utilicen en ningún otro servicio. Si lo haces, es probable que un incidente de seguridad haga vulnerable el acceso. Tampoco es recomendable almacenar las credenciales en el navegador del ordenador para que sea más cómodo el acceso.

Otro consejo útil es utilizar, en la medida de lo posible, una verificación en dos pasos. Con ello, para acceder necesitarías disponer de las credenciales y de algún sistema adicional, como:

  • Un elemento que posean los usuarios acreditados. Por ejemplo, puedes emplear su móvil para que reciban un mensaje con un código de un solo uso. Una vez introducido, podrá acceder a los datos.
  • Sistemas de identificación biométrica (iris, reconocimiento facial, huella dactilar, etcétera).

Que estos sistemas apuntalan la confianza y seguridad en el cloud computing lo ejemplifica que hayan sido empleados en algo tan sensible como los pagos con tarjeta. Todos los días se hacen millones de operaciones y se han minimizado los incidentes. Es una muestra de que este tipo de sistemas de autenticación pueden funcionar guardando un equilibrio razonable entre seguridad y comodidad

5) La utilidad de un backup en la nube

En todos los casos, la información está en la nube. Tienes en un servidor remoto tus datos que puedes recuperar cuando desees. En el caso de las aplicaciones online es necesario aclarar con el proveedor si se hace o no una copia de seguridad adicional. Siempre hay que tener previsto un escenario de recuperación. Además, sería interesante poder tener una copia local de los datos en cloud.

Lo que buscas es cubrir ese escenario de desastre total comentado antes. Llegado el caso, si confías tu información a una plataforma cloud simplemente tenemos que descargar los datos. Así podrás trabajar con las aplicaciones de tu equipo o dispositivo.

En el caso de tener aplicaciones cloud, la gran ventaja es que ante un problema de este tipo sigues trabajando sin interrupción. Al fin y al cabo, aunque haya sucedido algún incidente grave en tus instalaciones, los datos en la nube no se ven comprometidos. Basta con buscar un nuevo ordenador, tablet, smartphone, etcétera y sigues trabajando sin ningún contratiempo. 

Por ejemplo, un usuario de Sage Active puede acceder a los datos de su negocio desde cualquier lugar. Si por el motivo que sea no puede entrar en su oficina, podrá hacerlo desde la de un compañero, desde su casa, con un dispositivo móvil, etc.

6) ¿Cómo evitar perder datos en la empresa o de los clientes?

No solo se trata de evitar el perjuicio ocasionado a la empresa, sino también a sus clientes. Hablamos de problemas como los siguientes:

  • No poder atender a sus peticiones
  • Pérdidas de datos de los clientes.
  • Necesidad de nuevos requerimientos de datos que hacen perder el tiempo.

Para evitar la pérdida de datos es siempre necesario plantear diferentes escenarios y las respuestas que se dan ante ellos.

No es lo mismo perder datos debido a que se ha borrado un archivo, a que este se haya sobrescrito o corrompido.

Además, es habitual tener copias de seguridad en muchos dispositivos, varios discos duros, diferentes servidores o en la nube. Aquí la redundancia de hardware busca que llegado el momento tengas varias opciones para recuperar los datos. En ese sentido, también es necesario tener al menos una copia fuera de la empresa.

Por último, es necesario hacer pruebas de esfuerzo al menos una vez al año. Se trata de comprobar que todo funciona tal y como está programado para recuperar un archivo concreto, una carpeta o toda la copia de seguridad. Además, así verás cuánto tardas en copiar esos datos o descargarlos desde cloud para que vuelvan a estar disponibles.

En definitiva, la nube es una fuente de seguridad tanto si solo buscas almacenamiento como si empleas aplicaciones en versión cloud. Proporciona respaldo de datos, accesibilidad remota y actualizaciones automáticas, fortaleciendo la protección de la información y facilitando la gestión tecnológica.

Nota del editor: Este artículo fue publicado con anterioridad y actualizado a 2023 por su relevancia.

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¿hacia-una-economia-distinta?

¿Hacia una economía distinta?

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2023 podría cerrar el ciclo de algunas de las políticas y estrategias económicas de los últimos tiempos. En primer lugar, de las reuniones de los bancos centrales de referencia de la pasada semana —Reserva Federal y Banco Central Europeo— se puede concluir que las subidas de tipos de interés han terminado por ahora, salvo que acontezca algo imprevisible que altere esa ruta monetaria. El escenario central apunta a que la inflación se ha moderado y la actividad económica se ha debilitado, pero sin grave impacto sobre el empleo ni dando lugar a una grave recesión. El marco financiero, tan endurecido en los dos últimos años, puede comenzar a aflojar el próximo, algo que puede venir bien ante las perspectivas más restrictivas de la política fiscal. El efecto neto debería ser positivo para la economía y confiemos que no retroalimente la inflación.

Por
otro lado, algunas de las estrategias económicas transversales más importantes
de los últimos años —transición energética y digitalización— pueden haber
cerrado un cierto ciclo y abierto otro, o dar paso a una cierta refundación del
alcance y objetivos. Respecto a la transición energética, hemos podido observar
esta semana, tras mucha sangre, sudor y lágrimas —venciendo enormes
resistencias— que se llegaba a un acuerdo en la reciente COP28 (Conferencia
sobre el Cambio Climático de este año) celebrada en Dubai. Se pacta la
transición “para abandonar los combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas) en
los sistemas energéticos, de manera justa, ordenada y equitativa, acelerando la
acción en esta década crítica, a fin de lograr el cero neto para 2050″. Un
acuerdo decisivo, sin duda y con un potencial enorme para cambiar el paso a un
proceso de transformación de la economía global. Sin embargo, el proceso de
llevarlo a la práctica puede sufrir diferentes avatares. Por ejemplo, en junio
de 2024, se celebran elecciones europeas, donde uno de los temas centrales
puede ser el modelo de economía y de transición energética del Viejo Continente
a futuro. Hasta ahora, la UE —y su Parlamento— ha sido firme creyente de esa
transición, con un modelo de elevados costes y sin atajos —a diferencia de
otros países—, pero, dependiendo de los resultados electorales, se podría
cambiar —entiéndase demorar u obstaculizar— esa hoja de ruta energética, con
consecuencias económicas de gran calado.

Por último, en el ámbito de la digitalización, también la UE aprobó hace una semana el borrador de la primera regulación de Inteligencia Artificial (IA) del mundo, que aspira a impulsar la innovación y, al mismo tiempo, a garantizar que los sistemas de IA utilizados sean seguros y respeten los derechos fundamentales y valores europeos. Tiene que ser ratificado, pero si sale adelante, es clave alcanzar ese difícil equilibrio entre innovación y control de riesgos. Ojalá sea referencia en otras latitudes. Europa no puede quedarse atrás en el desarrollo de la IA como principal eje de crecimiento y competitividad del futuro, pero simultáneamente debe ser compatible con los derechos fundamentales y con riesgos adecuados. Vienen cambios de calado a corto y medio plazo.

Este artículo se publicó originalmente en el diario La Vanguardia.

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vientos-de-cola-transitorios

Vientos de cola transitorios

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La economía se despide del año en mejor forma de lo que se había anticipado. Las turbulencias globales, exacerbadas por el conflicto en Oriente Medio, y el ciclo de subidas de tipos de interés, han frenado el crecimiento, pero sin provocar la tan temida recesión, al menos en España. La economía parece seguir resistiendo, según se desprende del puñado de indicadores que toman el pulso de la coyuntura en tiempo cuasi real (encuestas PMI de gestores de compra, ventas de grandes empresas, afiliación). Y a ello se añade la desescalada del IPC. Conviene, sin embargo, contextualizar estas dinámicas antes de extraer conclusiones de cara al próximo año.

Uno de los principales factores atenuantes del endurecimiento monetario y del estancamiento del comercio mundial estriba en el descenso de los costes importados. Los bienes y servicios que compramos en el exterior se han abaratado casi un 9%, en términos agregados (con datos de contabilidad nacional del tercer trimestre), borrando prácticamente todo el shock que se desató tras el estallido de la guerra en Ucrania.

La desescalada ha tendido dos consecuencias providenciales. La más obvia es que ha facilitado la desinflación, como lo evidencia la rápida desaceleración del IPC total, que incluye los precios importados, en contraposición con la relativa persistencia del IPC subyacente, un indicador que aproxima las trayectorias internas. Así es como, poco a poco, las remuneraciones han ido recuperando algo de capacidad de compra: desde el segundo trimestre, los salarios pactados se incrementan a un ritmo superior a la inflación, sosteniendo el consumo de los hogares.  


En segundo lugar, el descenso de los costes de los suministros importados supone una inyección de poder adquisitivo de una magnitud inesperada. Esto es así porque, al tiempo que los costes de importación se han desplomado, el precio de nuestras exportaciones se ha mantenido, de modo que generamos más ingresos por cada unidad de producto intercambiada con el exterior. Es decir, la llamada “relación de intercambio” ha mejorado drásticamente, compensando por completo el deterioro consecutivo a la contienda en Europa del este.     

Ahora bien, el beneficio es transitorio, ya que los precios internacionales se van estabilizando, de modo que el viento de cola aportado por la mejora de la relación de intercambio irá amainando. Por fortuna, el impacto del abaratamiento de los costes importados está llegando con un cierto desfase en otros países europeos (razón por la cual su tasa de inflación se sitúa desde hace poco por debajo de la nuestra), algo que podría ayudar a despertar de su letargo la economía del núcleo central de la zona euro. Pero también hay que contar con que otros de los factores que han sostenido la demanda, como el excedente de ahorro, tenderán a desaparecer.

El resultado es que, a
partir de ahora dispondremos de pocos colchones para amortiguar el impacto de
la política monetaria. Y esa es precisamente la clave: la lectura que haga el BCE
de una coyuntura vacilante, con una inflación en trayectoria descendente, pero
todavía sujeta a altibajos por los efectos de la reversión de los recortes de
IVA y subvenciones a los carburantes, y con unos salarios que se recuperan
levemente del golpe del shock energético.

El propio banco central
reconoce que, ante la extrema debilidad de la economía europea, los beneficios
empresariales están absorbiendo la revalorización de las remuneraciones (unos
procesos puntuales en la mayoría de casos, y por tanto no consolidados). Todo
ello apunta a un escenario de desinflación que irá afianzándose en el
transcurso del año, de modo que se podría vislumbrar un terreno propicio al recorte
de tipos de interés a partir de la primavera. Preocupa que el BCE, a diferencia
de su homólogo norteamericano, no abra la puerta de momento a un posible ajuste
de sus instrumentos monetarios. Deseemos para el nuevo año que el esfuerzo de
lucidez llegue a tiempo.

SALARIOS | Los costes salariales por hora trabajada se incrementaron un 4,6% en el tercer trimestre, en relación a un año antes. Esto es 1,2 puntos por encima de los salarios pactados en convenios colectivos del trabajo. El diferencial podría explicarse por los acuerdos de compensación de la inflación, que no están necesariamente consolidados en los convenios (una señal de moderación). La tendencia es similar en el conjunto de la eurozona, con una subida del 5,3% de los costes salariales por hora trabajada durante el mismo periodo, seis décimas más que los salarios pactados.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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De un año de transición a uno de moderación de la inflación

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Este miércoles la Reserva Federal ha confirmado algo que se percibía desde hace bastantes semanas. No ha tocado los tipos de interés. Muy probablemente tendrá continuidad hoy, con la reunión del Consejo del Banco Central Europeo, donde no se esperan cambios en el precio del dinero. Parece que se ha cerrado de modo casi definitivo el ciclo alcista de tipos de los dos últimos ejercicios. Mejor añadir la palabra casi ante la montaña rusa de shocks desde 2020 y, en un plazo más largo, desde 2008. El escenario central es que se da carpetazo al periodo de política monetaria restrictiva y el sentimiento de mercado es que 2024 será testigo de las primeras reducciones del precio del dinero, para muchos, tan pronto como en primavera.

¿Qué ha pasado en 2023 para este vuelco en las expectativas? El 9 de enero escribía en estas mismas líneas que este año tenía toda la pinta de ser de transición y que realmente cabía esperar que las buenas noticias sobre la inflación se visibilizarían en 2024 y 2025. En parte, ha podido ser de transición porque a pesar de la gran intensidad y aceleración de la medicina aplicada —subidas de tipos— hasta verano, no todos los efectos se han percibido este año. Sin embargo, los últimos meses han estado marcados por una mayor moderación inflacionaria en Europa y EE UU de la esperada, sin haberse producido, hasta ahora, un descarrilamiento grave de la actividad económica y empleo. El dato de inflación de Estados Unidos publicado el martes continúa apuntando a la moderación. Estamos dentro de las coordenadas de aterrizaje suave de la actividad económica tras las fuertes subidas de tipos de interés.

La economía se ha desacelerado y continúa en ello —por ejemplo, como muestran los últimos datos del indicador adelantado PMI, Purchasing Managing Index, para la UE—, pero parece estar más cerca de la atonía que de caída significativa o derrumbe de la actividad. El mercado de trabajo está resistiendo razonablemente bien, algo que también repercute en la fortaleza del consumo. Nada hace prever que la campaña de Navidad no esté en línea de la del año pasado, el primero de normalidad tras la pandemia. El menor impacto efectivo de la subida del precio del dinero sobre la actividad económica y empleo puede demorar que los bancos centrales se planteen reducciones en tipos. Las declaraciones de las autoridades monetarias de esta semana confirman esa escasa urgencia. Los mercados, sin embargo, ya descuentan reducciones en primavera de 2024. Quizás con algo de premura. Demasiado pronto para saber qué pasará los próximos seis meses.

La cautela debería reinar en los próximos meses. Así lo han recordado en sus últimas declaraciones públicas los presidentes de los principales bancos centrales. Sigue la estrategia de ir reunión a reunión y viendo lo que dan de sí los datos. Es cierto que los temidos efectos de segunda ronda, que amenazaban hace medio año sobre todo a Estados Unidos y los países centrales del euro (que han presentado incrementos salariales mayores), no parecen haberse materializado. No obstante, esto no es garantía cara al futuro. Eso sí, los mercados energéticos, sobre todo el del petróleo, se han comportado de una forma casi sorprendente, especialmente tras el inicio del conflicto entre Israel y Gaza. Todo el mundo aguantó la respiración en las primeras semanas de la guerra por miedo a una escalada que habría multiplicado la virulencia del conflicto —de por sí ya devastador en pérdidas humanas—, también por el lado de la economía. Cualquier conflicto en Oriente Medio suele derivar en incremento del precio del petróleo, pero en este caso y hasta la fecha, no ha sido el caso. No obstante, los bancos centrales harán bien en seguir monitorizando la situación de los precios de la energía en los próximos meses, para poder ratificar la actual tendencia a la moderación de la inflación y sentirse ampliamente cómodos con una posible reducción de tipos que, si las cosas siguen igual, se produciría, no para ayudar a la economía, que no parece necesitarlo con urgencia, sino como consecuencia de que los precios remiten con claridad. No se puede olvidar que a los bancos centrales les importa más la inflación subyacente, la que no tiene en cuenta energía ni productos frescos en su cómputo, que el IPC, y aunque la primera se ha moderado también, está significativamente por encima de la segunda. Asimismo, algunos precios (como los de determinados servicios) suelen tener un mayor peso en las decisiones de las autoridades monetarias. En la actualidad, esos precios se han moderado menos, por lo que pueden demorar un cambio en la coyuntura monetaria.

En suma, nos quedan meses de espera hasta saber si los bancos centrales comienzan a bajar tipos. La cautela parece exigirlo, porque no se quiere dar volantazos innecesarios, como sería comenzar a reducir, para luego tener que subir el precio del dinero de nuevo. La moderación de la inflación no es necesariamente lineal ni proporcional a lo largo del tiempo y de la experiencia del pasado, no se pueden descartar sustos significativos. Eso sí, si se confirmara que la moderación de la inflación continúa, el proceso de crecimiento de precios, cuya duración se infravaloró al principio, habría resultado ser menos persistente de lo que hace unos meses se esperaba. Solamente en este escenario, se podría vislumbrar una reducción de tipos en 2024. Eso sí, probablemente sin las urgencias del mercado.

Este artículo se publicó originalmente en el diario Cinco Días

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