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Construcción de vivienda y precios altos: amistades peligrosas

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El mercado inmobiliario da señales de vida. La construcción residencial empieza a reaccionar con una cierta firmeza a la situación de escasez: nada que celebrar, ya que estamos aún lejos de poder paliar la crisis de vivienda. Conviene, por tanto, esforzarse por leer correctamente los indicadores para discernir las condiciones de una recuperación sostenible y por supuesto evitar falsas pistas.    

De momento parece que los diferentes eslabones de la cadena productiva que sustentan el sector se están alineando. Resurge la oferta de suelo construible, que sigue siendo uno de los principales cuellos de botella tras años de estancamiento. El número de visados de obra nueva ha crecido un 7,6% en lo que va de año, algo que tras el 17% del pasado ejercicio aporta un impulso notable. Y el número de viviendas iniciadas, el condicionante más visible de la remontada, se ha incrementado un 11%, sumándose al 23,4% del año pasado. No es descartable que la oferta se acerque al número de hogares nuevamente constituidos.   


Además, el mercado se sostiene sin necesidad de relajar los criterios de concesión de los préstamos hipotecarios. De ahí que la morosidad se mantenga en cotas reducidas. Por otra parte, ante la escasez de oferta, cualquier incentivo a la demanda, como un hipotético recorte de la fiscalidad inmobiliaria, o incluso un descenso adicional del euríbor, se trasladará en buena medida a los precios, sin que se resuelva el déficit de conjunto. 

Para afianzar el incipiente ciclo de inversión residencial, es importante, además de seguir liberando suelo construible y aportar seguridad jurídica (factores limitativos ya bastante bien diagnosticados), priorizar la vivienda asequible. No se trata solo de una cuestión con enorme repercusión social, ya que la inversión en este segmento del mercado también puede ayudar a contener la burbuja de expectativas de precios que se ha desatado en el mercado libre. Cada vez más compras se realizan en base a la plusvalía anticipada, y no al valor intrínseco del bien. Esto explica que, hoy por hoy, el 80% de la rentabilidad de la inversión en vivienda tenga por origen el incremento del precio, frente al 60% hace tan solo tres años. 

En este sentido, destaca la línea de avales del ICO para la promoción de la vivienda social. El despliegue de esta política, junto con la puesta en el mercado por parte de las administraciones de suelo destinado a la construcción de vivienda asequible, son susceptibles de paliar la falta de oferta, sin alimentar la burbuja de expectativas. Conviene también evaluar el impacto en los precios de las restricciones que imponen algunos países vecinos al alquiler vacacional y a la compra por parte de extranjeros no residentes.                 

La financiación de las promociones es otro factor crucial, ya que las empresas del sector rara vez pueden autofinanciar sus inversiones, y por tanto necesitan recursos externos para construir. Las ventas sobre plano aportan liquidez y por otra parte los constructores están encontrando financiación no bancaria (el saldo vivo de crédito bancario promotor se mantiene en niveles reducidos). Pero precisamente el nivel elevado de los precios puede ser un factor disuasorio para seguir atrayendo financiación, y por tanto sostener la recuperación. 

La cuestión reviste una importancia macroeconómica de primer orden. La inversión en construcción de vivienda está siendo relevante para asentar las bases de la expansión (en el segundo trimestre aportó tres décimas al crecimiento del PIB, casi lo mismo que el turismo, justo cuando éste toca techo). Además, se necesita nueva vivienda para facilitar la movilidad laboral y atraer talento a las zonas más dinámicas, que son también las que más padecen la crisis habitacional. En suma, los indicadores recientes son alentadores, pero persisten obstáculos estructurales y trabas administrativas, generando dudas acerca de la sostenibilidad del actual ciclo de construcción.        

PRECIOS | La vivienda sigue encareciéndose a doble dígito (el índice del INE se incrementó un 12,7% en el segundo trimestre), pero es poco probable que el ritmo de crecimiento se mantenga. Los precios inmobiliarios pueden alejarse de su valor de equilibrio cuando los inversores basan sus decisiones principalmente en la revalorización futura del bien (ello sin necesidad de apoyo del crédito), como ocurrió en Alemania y Francia hace unos años. En ambos países la burbuja de expectativas pinchó en 2023-2024, entrañando una caída de los precios en términos reales del 10% y 4,1%, respectivamente. 

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Primeros efectos de la era Trump

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La ofensiva comercial de la Administración Trump ha generado un seísmo en el sistema multilateral y mucha preocupación en las capitales europeas que otean el horizonte para adivinar por dónde vendrán los nubarrones. Las tendencias recientes muestran que será necesario ejercitar el músculo de la observación, ya que los movimientos tectónicos, de momento leves, podrían ir in crescendo

Sorprende en este contexto el repunte de la industria española: según diferentes fuentes de información (afiliación, PMI de gestores de compra), el sector manufacturero toma aire, desmarcándose de la sensación de estancamiento que predomina en buena parte del continente. El sector se beneficia del tirón ininterrumpido del consumo de los hogares y del fuerte rebote de la inversión residencial, variable esta última que, como es habitual, produce un fuerte efecto de arrastre en el resto de la economía, y por supuesto en la industria. El número de viviendas iniciadas crece ya a un ritmo anual de doble dígito, de modo que el ciclo de construcción que se ha generado (aún insuficiente para cerrar el déficit habitacional), apoyado en la incorporación de mano de obra extranjera, es uno de los factores diferenciales que impulsan la economía española frente al resto de Europa. 


Donde sí se vislumbran las turbulencias globales es en el comercio exterior. Las exportaciones de bienes son las más afectadas por la ola proteccionista y la competencia de productos importados, particularmente de Asia. Nuestras empresas han perdido algo de terreno en el mercado único: las exportaciones españolas hacia la UE se redujeron un 1% en el primer semestre en comparación con un año antes, cuando se hubiera esperado un mejor resultado, ya que el mercado único avanzó un 1,5% durante el mismo periodo. 

El retroceso es incipiente, pudiendo obedecer a factores puntuales como el desvío de la actividad exportadora de nuestras empresas hacia el boyante mercado español. No obstante, los intercambios con países terceros apuntan a una tendencia similar: las exportaciones españolas fuera de la UE suben apenas un 1,6% (siempre a tenor de los datos del primer semestre), frente al 4,4% del conjunto de la UE. Este diferencial se explica en parte por el desplome de nuestros envíos hacia EE. UU., con una caída del 6,7%, en contraste con los buenos resultados de otros socios europeos: a nivel agregado la UE ha incrementado un 16,5% sus exportaciones a EE. UU., gracias al adelanto de ventas en los meses previos a los anuncios arancelarios, circunstancia que no parece haberse producido en el caso de España, o no con la misma intensidad. Factor agravante, nuestro comercio exterior se resiente del intenso crecimiento de las importaciones de productos procedentes de China, que escalan un 16%, frente al 13,3% en el caso de la UE.

Por su parte, las exportaciones de servicios capean mejor el temporal, si bien el empuje del turismo da señales de agotamiento. La inversión directa extranjera –otro valedor de la buena racha de nuestro sector exterior–también flojea: en el primer semestre, la entrada de inversión ascendió a 15.000 millones de euros, frente a 25.000 millones un año antes. Se trata todavía de resultados sólidos pero que van arañando el excedente de la balanza de pagos y rubrican la percepción de debilitamiento del motor internacional de nuestro crecimiento. Conviene por tanto sostener el excedente y así recortar la deuda externa, lo que pasa por facilitar que nuestra inflación se acerque a la media europea. Encadenamos varios meses con desvíos que erosionan el margen de competitividad.  

El dinamismo de la demanda interna debería prevalecer en lo inmediato, pero esto no es óbice para descuidar la huella que la compleja situación internacional está imprimiendo en el sector exterior. En todo caso, la debilidad, cuando no la parálisis, de la política europea, evidencia la dependencia de nuestra política económica para afrontar los retos globales que se avecinan. 

INVERSIÓN | Europa sigue exportando ahorro para invertirse en el tejido productivo fuera del continente, perpetuando el déficit de inversión de nuestras empresas. En el primer semestre de este año, la salida neta de inversión directa desde la zona euro hacia países terceros (diferencia entre la variación de activos, es decir de inversiones fuera de Europa, y la variación de pasivos, es decir de inversiones extranjeras en Europa) ascendió a 84.000 millones de euros. La balanza de pagos de España también arroja una salida de capital productivo, que se elevó a 4.000 millones durante el mismo periodo. 

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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La vivienda en lo que va de año: entre la expansión del mercado y la crisis de acceso

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El mercado inmobiliario español continúa en una encrucijada crítica. Con algún matiz con respecto a años anteriores. Por un lado, se observa una expansión en la compraventa de viviendas –incluidas minoristas con hipoteca– y una creciente actividad en reformas de las casas existentes. El que algunas personas estén decidiendo comprar ahora mismo, con estos precios tan elevados y un gran esfuerzo económico, puede estar revelando que algunos están asumiendo que el coste de adquirir una vivienda no va a aflojar y, por tanto, no cabe seguir esperando a un mercado bajista, con lo que comprar hoy caro puede incluso ser rentable, ya que se piensa que el activo inmobiliario se revalorizará. Esto último está por ver, ya muchos hablan de posibilidad de burbuja, aunque bien distinta de la de 2008, cuando había mucha deuda acumulada. Asimismo, por otro lado, la vida sigue igual y persiste una crisis de accesibilidad que afecta principalmente a los jóvenes y a los hogares con menores ingresos, aunque cada vez va afectando a personas y familias de rentas medias. La recomendación de dedicar menos del 30 por cien de los ingresos al pago de la vivienda (hipoteca o alquiler) parece una quimera inalcanzable hoy 

Durante el primer semestre de 2025, se registraron 357.533 transacciones inmobiliarias, la cifra más alta en los últimos 18 años. Sin embargo, este auge se ve empañado por un incremento sostenido de los precios. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el precio medio de la vivienda alcanzó los 3.151 euros por metro cuadrado en junio, marcando un récord histórico. Este aumento se traduce en una subida interanual del 12,2% en el primer trimestre del año. A pesar de la mejora en las condiciones financieras, con una ligera reducción de los tipos de interés y un aumento moderado de los ingresos familiares, la accesibilidad a la vivienda sigue siendo limitada. El Banco de España señala que, en el primer trimestre de 2025, la accesibilidad mejoró solo un 0,3%, debido al encarecimiento de la vivienda que contrarresta la mayor parte de los beneficios financieros. Y que impacta en las nuevas generaciones, como muestra la tasa de emancipación juvenil que ha caído al mínimo histórico del 15,2%, según el Observatorio del Consejo de la Juventud. Por otro lado, ante la escasez de oferta de vivienda nueva, muchos compradores optan por adquirir inmuebles de segunda mano que requieren reformas. En 2024, las reformas crecieron un 47%, superando las 55.400, y se estima que en 2025 se realizarán reformas en 1,9 millones de viviendas, un 1,6% más que el año anterior. 

El debate sobre qué hacer continua. Las medidas que proponen los estudiosos son, en general, las conocidas de hace tiempo. La mayoría de los expertos coinciden en que es absolutamente necesario aumentar la oferta de vivienda en los próximos años. Algo que solamente hasta la fecha está ocurriendo lentamente. Aunque la situación no puede cambiar de la noche a la mañana, parece urgente que se acelere el proceso y se acometan todos los esfuerzos para incrementar el stock de vivienda, sobre todo en las zonas tensionadas de mayor demanda. En este sentido, la aprobación de la Ley del Suelo ayudaría a aumentar la seguridad jurídica y eliminaría trabas burocráticas, que estimularían la construcción de vivienda nueva, sobre todo en ciudades de alta demanda. Otras ideas plantean incentivos fiscales para fomentar el alquiler asequible y la colaboración público-privada en la construcción de viviendas. Como medidas que solamente pueden ser complementarias están promover nuevos modelos como el build-to-rent (construcción para alquiler) y el coliving (vivienda compartida con servicios comunes), que potencialmente podrían adaptarse mejor a las nuevas realidades sociales y demográficas. 

Por su lado, está la rehabilitación de viviendas vacías, de las que España cuenta con aproximadamente 3,8 que podrían destinarse al alquiler asequible. El Gobierno ha lanzado programas de rehabilitación con ayudas de los fondos europeos Next Generation EU, con exenciones fiscales para propietarios que reformen inmuebles y los alquilen a precios regulados durante cinco años. 

Las propuestas de regulación del mercado de la vivienda que introdujo la Ley de Vivienda de 2023, como el control de precios en zonas tensionadas y la limitación (y aumento de impuestos) en la compra de viviendas por parte de extranjeros extracomunitarios no residentes. no parecen haber funcionado. Aunque han podido atemperar algunos aumentos de coste del alquiler en alguna ciudad puntualmente, en general lo que han logrado es reducir la oferta de vivienda disponible. Parece imperativo alinear los intereses de propietarios con viviendas vacías (y temerosos de los impagos) con los inquilinos (que necesitan un coste razonable y estabilidad del contrato). Para algunos, puede ser útil la creación de agencias públicas de alquiler asequible a nivel municipal para movilizar viviendas vacías y destinarlas al alquiler social, que permitiría aprovechar el stock de viviendas desocupadas y mejorar el acceso a la vivienda en zonas con alta demanda. 

En suma, el mercado inmobiliario español en 2025 presenta una dicotomía: mientras se experimenta un crecimiento en la compraventa y en la actividad de reformas, la crisis de accesibilidad persiste, afectando principalmente a los jóvenes y a los hogares con menores ingresos. Es imperativo que, de una vez por todas, se implementen políticas públicas efectivas que fomenten la construcción de vivienda asequible y la rehabilitación de inmuebles vacíos, para garantizar que el derecho a la vivienda sea accesible para todos los ciudadanos. 

Una versión de este artículo se publicó originalmente en el diario Cinco Días

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Cómo contener la deuda: experiencias recientes

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La manera de abordar los desequilibrios presupuestarios es una cuestión tan compleja como controvertida políticamente, pero la diversidad de experiencias del último lustro —alejadas algunas de ellas de la doxa de la crisis financiera— aporta lecciones relevantes para países como España que, contrariamente a otros, disponen todavía de un margen de maniobra.

Los aprietos de Francia muestran que no hay que fiarse de los mercados. El país está otra vez al borde de la crisis política surgida precisamente por el impasse presupuestario, con una prima de riesgo netamente por encima de la española y acercándose a la que soporta Grecia. Pero hace tan solo dos años, cuando la deuda sobre PIB se situaba ya en niveles próximos a los que conocía nuestra hacienda pública, las agencias de rating reiteraban su confianza. Los déficits han ido acumulándose paulatinamente, pero el deterioro de las expectativas ha sido súbito, incluso en el seno del Gobierno galo cuyo ministro de Hacienda alertó esta semana acerca de un posible rescate del FMI.


Frente a la molicie, tampoco sirven ajustes draconianos cuando lo que necesita la economía es recuperar competitividad: desde hace dos años Finlandia aplica un programa de recortes de gasto público que parecen estar ejerciendo un impacto recesivo a corto plazo, necesitando nuevos ajustes. La inversión se ha desplomado (con una caída acumulada del 7,4% desde la entrada en funciones del nuevo Gobierno en 2023), y la ratio de deuda pública sobre PIB sigue imparable. En comparación, Dinamarca y Suecia se caracterizan por la frugalidad de sus Estados, aligerando la deuda, pero sin apretar demasiado el cinturón y manteniendo el tirón de la demanda privada y de las exportaciones.

En la práctica, el mix de políticas es diverso, ya que depende del punto de partida de cada país. El desendeudamiento de Portugal registrado en los últimos cinco años procede del incremento de la recaudación y del mantenimiento del gasto en relación al PIB. Dinamarca y Suecia, por su parte, han realizado ajustes tanto de ingresos como de gasto. En todos los casos, la fórmula solo puede sostenerse en el tiempo si se genera un contexto favorable al crecimiento. Prueba de ello, la estrategia de Alemania ha pasado por contener sus desequilibrios a expensas de la inversión en infraestructuras, cuyas carencias contribuyen a explicar el debilitamiento de la potencia industrial.

España ocupa una posición intermedia. La deuda oscila en torno a un año de PIB, pero el déficit de las administraciones converge hacia el umbral del 3%, alejando el riesgo de aplicación del procedimiento por déficit excesivo. Además, la corrección se está realizando sin que descarrile el ciclo expansivo: los mercados lo premian con primas de riesgo a la baja. Ahora bien, no cabe la autocomplacencia. La mejora procede sobre todo del empuje cíclico de los ingresos. Apenas se han abordado las raíces estructurales de los desvíos, particularmente en materia de pensiones: la inmigración aporta un plus transitorio de ingresos al sistema, sin corregir el déficit subyacente.

Además, las sucesivas prórrogas presupuestarias entorpecen, cuando no impiden, la adaptación de la política fiscal a las necesidades de la economía, por ejemplo, en materia de vivienda o de natalidad, algo que podría afectar el crecimiento a medio plazo. Persisten ineficiencias y trabas en la utilización de los fondos europeos, que explican la brecha entre el elevado grado de ejecución de los recursos (según los datos oficiales) y la realidad de la inversión empresarial, mucho más prosaica. Y el trágico episodio de incendios forestales evidencia la necesidad de reforzar la coordinación entre administraciones en materias de interés común.

En suma, el buen momento económico no es óbice para descuidar los deberes de política fiscal que se acumulan año tras año. La experiencia internacional tanto como las amarguras de nuestra propia historia muestran que no se trata de proceder a ajustes drásticos, sino de acompañar las transformaciones en ciernes.

DEUDA | En contra de lo que se temía, la política de reducción de activos iniciada por el BCE en 2022 no ha dificultado la colocación en el mercado de títulos de deuda pública española. Desde 2022, la deuda en circulación ha aumentado en cerca de 200.000 millones de euros, al tiempo que el banco central ha reducido su cartera en 56.000 millones, de modo que los mercados, liderados por los inversores no residentes, han incrementado su exposición en 256.000 millones. Pese al fuerte aumento de la oferta de bonos, la prima de riesgo ha tendido a reducirse.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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El acuerdo comercial con EE. UU.: asimetría y contrapesos

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La respuesta de la diplomacia económica europea a la ofensiva arancelaria de Trump ha generado decepción, pero un análisis pormenorizado de los hechos permite vislumbrar nuevas oportunidades que deberíamos aprovechar para que no cunda el pesimismo. 

Si bien el arancel general es del 15%, y no del 25%, la divulgación en fechas recientes de los detalles del acuerdo sellado en el campo de golf del magnate republicano deja una imagen de debilidad del ejecutivo comunitario. El acuerdo es perfectamente asimétrico: nuestros envíos a EE. UU. se enfrentan a un incremento abrupto de tarifas, cuando en sentido inverso nos comprometemos a suprimir los gravámenes sobre las importaciones de productos industriales y a suavizar todo tipo de normativas que, sin embargo, seguirán aplicándose a la producción europea. Las exigencias también pasan por multiplicar las compras de gas y de armamento norteamericano. 

Persisten, además, numerosas zonas grises, de modo que el acuerdo no despeja la incertidumbre que pesa como una losa sobre sectores clave como el automóvil, la industria farmacéutica (salvo los medicamentos genéricos) o la agroindustria. La caída de los envíos transatlánticos, perceptible en los meses previos al acuerdo, podría agravarse.

La buena noticia es que la economía europea, y particularmente la española, está capeando la ola proteccionista mejor de lo que se había vaticinado. El consumo de las familias resiste, y se afianza el ciclo de inversión en vivienda, contrarrestando los vaivenes globales. Sobre todo, surgen nuevas tendencias en el plano del comercio internacional que conviene entender para no sucumbir a la percepción de vasallaje total a EE. UU. 

En primer lugar, el comercio en el seno del bloque comunitario parece estar saliendo de su letargo: los intercambios en entre miembros de la eurozona se incrementaron un 4% en el segundo trimestre, impulsando la cuota de mercado de los exportadores españolas. Es pronto para determinar si el repunte es transitorio o traduce una mayor integración europea en reacción a las inclemencias del contexto internacional. En todo caso, quedan muchas reformas por acometer para revertir la fragmentación y reforzar la capacidad de negociación frente a las grandes potencias. 


Sorprende, por otra parte, el dinamismo de los intercambios con un conjunto heterogéneo de países o regiones, entre los que destacan Reino Unido, África, Oriente Medio, India, Vietnam y algunas economías de América Latina. El deterioro de las relaciones transatlánticas centra toda la atención, pero hay vida debajo del radar mediático: nuestras exportaciones hacia el “resto del mundo” (que engloba el total no comunitario, a excepción de EE. UU. y China) aumentaron un 7,2% en el segundo trimestre, y el rebote alcanza el 14% desde inicios del año pasado. Exportamos hacia ese grupo de países casi diez veces más que a EE. UU., evidenciando los beneficios que aportaría un estrechamiento de las relaciones con estados o bloques comerciales que comparten la aspiración a una relación basada en la regla de derecho. 

Preocupa, eso sí, el desequilibrio desbocado de los intercambios con China: las exportaciones europeas hacia el gigante asiático se desplomaron un 11,3% en el primer semestre, mientras que las compras de productos chinos se elevaron un 13,7%, agravando el déficit. Todo apunta a que los exportadores asiáticos, con el apoyo de su Gobierno, intentan compensar en el mercado europeo el endurecimiento de la política comercial de Trump o el estancamiento de su mercado interno. 

En suma, la lógica geopolítica, inspirada en relaciones asimétricas de poder, está sustituyendo a la regla de derecho como fundamento del sistema multilateral, con impactos de momento limitados, pero que se harán más evidentes con el tiempo, en consonancia con las premoniciones de Albert Hirschman. Conviene, sin embargo, reforzar los contrapesos que se desprenden de las tendencias más recientes, tanto en términos de integración europea como de acercamiento a otros bloques comerciales en base a principios de reciprocidad, ayudando a mitigar la inquietante vulnerabilidad de Europa.   

BALANZA COMERCIAL |  En el primer semestre el déficit comercial ascendió a 25.100 millones de euros, según datos de aduanas, frente a 15.800 millones en el mismo periodo del año pasado. El deterioro procede del débil avance de las exportaciones, apenas un 1%, frente al intenso crecimiento de las importaciones, con una expansión del 5,4% durante el mismo periodo. Destaca el déficit creciente de la balanza de los intercambios de bienes con EE. UU., consecuencia de la caída de los envíos hacia ese país (-5,1%) y del auge de las importaciones ( 10,1%). 

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Sorpresa positiva en las cifras de PIB del II trimestre de 2025

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CNTR IIT 2025

El PIB creció un 0,7% intertrimestral en el segundo trimestre de 2025, según cifras provisionales, una décima más que en el trimestre anterior, e igual tasa a las registradas en los últimos trimestres de 2024. El resultado ha superado las previsiones, que se situaban en torno al 0,5% (gráfico 1).


La aceleración con respecto al primer trimestre procedió del consumo privado, de la inversión en construcción de viviendas y de la inversión en bienes de equipo. El consumo público registró una leve contracción –por segundo trimestre consecutivo, siempre en tasas intertrimestrales– mientras que la aportación del sector exterior fue negativa, como consecuencia de un crecimiento de las importaciones mayor que las exportaciones. Dentro de estas últimas, la aportación al crecimiento procedente del turismo ha sido mucho más moderada que a lo largo del pasado año.

Puede decirse, por tanto, que el patrón de crecimiento en los dos primeros trimestres de 2025 ha sido diferente al predominante en los años anteriores, con una menor aportación del consumo público –que había ejercido un papel excesivamente protagonista–, y una mayor aportación de la inversión, tanto en vivienda como en bienes de equipo –tras el preocupante estancamiento exhibido durante todo el periodo pospandemia–. 

El mantenimiento de la fortaleza del consumo privado, la revitalización de la inversión en vivienda, la ralentización del turismo y la aportación negativa del sector exterior, son todos ellos rasgos esperados, que evolucionan en línea con lo previsto. El freno del consumo público y la reactivación de la inversión en equipo, sin embargo, son elementos más inesperados, o, al menos, sobre los que había una mayor incertidumbre en cuanto a su posible evolución. La recuperación de la inversión en equipo, por otra parte, pone de manifiesto que la incertidumbre internacional derivada de la subida de aranceles y de las negociaciones comerciales no ha tenido gran impacto sobre la economía nacional.

Como elemento negativo, cabe señalar la profundización en la caída de las horas trabajadas por ocupado. Así, el número de personas ocupadas creció un 0,7% en el segundo trimestre, pero el número de horas trabajadas solo lo hizo en un 0,3%. El promedio de horas trabajadas por persona se sitúa ya, de este modo, un 4,1% por debajo del promedio de 2019, lo que mantiene estancada la productividad por ocupado. Este fenómeno, unido al elevado ritmo de crecimiento del salario medio –en la primera mitad de este año creció un 4,3% con respecto al mismo periodo del año pasado–, supone una continuación de la trayectoria alcista de los costes laborales unitarios, que se sitúan un 27% por encima del nivel de 2019 (gráfico 2).

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El modelo productivo español: mejoras y rémoras

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Los datos de empleo divulgados esta semana confirman que la economía española está dejando atrás el paro de masas, uno de los lastres que habían contribuido al declive de la renta per cápita en relación al resto de Europa. Pero no vale conformarse con estabilizar la brecha: falta afrontar las trabas a la productividad, condición sine qua non para aproximarnos a las cotas de bienestar de las economías más prósperas. A este respecto cabe señalar el papel decepcionante de los fondos europeos. 

Desde 2015, la renta o PIB per cápita, indicador habitualmente empleado para medir el progreso material o monetario, se ha incrementado un 0,6% anual, apenas una décima más que en el ciclo anterior, marcado por una expansión fulgurante seguida de la crisis financiera. El resultado puede parecer algo frustrante, pero esconde una ruptura a nivel macroeconómico: en esta ocasión la economía y el mercado laboral evolucionan de manera acompasada. Hecho destacable: el empleo crece a más velocidad que la población, reduciendo la tasa de dependencia (o porcentaje de inactivos sobre la fuerza laboral) y explicando la casi totalidad del avance de la renta per cápita. 


La expansión de la fuerza laboral procede de la mayor participación en general y de la entrada de inmigrantes. Los extranjeros ocupan ya uno de cada cinco empleos conforme a los datos de afiliación, y solo el 2% perciben una pensión de la Seguridad Social. 

Se aprecia una diversificación de la economía, y por tanto una mayor capacidad de resistencia ante las calamidades que se han ido sucediendo, algo que también ha contribuido a reducir la volatilidad del empleo en comparación con épocas anteriores. La subida en escala de los servicios no turísticos y el despliegue de las energías renovables han aportado solidez al superávit exterior, al tiempo que atraen capital extranjero. Otro factor que ha permitido capear los shocks es el saneamiento de los balances de hogares, empresas y entidades financieras. No se vislumbra ninguna burbuja de crédito (sí burbujea el precio de activos como la vivienda). 

La consecuencia es que nuestro PIB per cápita ha pasado de crecer durante el periodo 2000-2015 por debajo de la media europea, a avanzar al mismo ritmo que esa media en el último decenio. Hoy por hoy, una Francia en aprietos se enfrenta a una renta per cápita renqueante, mientras que Alemania encadena varios años de retroceso del nivel de vida. Si Italia, por su parte, conoce una mejora de su PIB per cápita, la causa se encuentra en una preocupante pérdida de población y no en una mejora de eficiencia. 

Nuestro modelo productivo, en suma, se ha diversificado y es más inclusivo desde el punto de vista del empleo, de modo que el crecimiento está siendo más equilibrado. Ahora bien, el modelo parece haberse transformado, ya que falta el ingrediente crucial de la productividad, cuyo repunte es muy reciente (y débil) para prefigurar una inflexión estructural. En un informe reciente, la OCDE apunta a la debilidad de la inversión empresarial como uno de los frenos de la productividad:  el programa Next Generation, que ya se encuentra en su tramo final, no parece haber servido de palanca para impulsar la revolución transformadora que se prometía. Los recursos han consolidado algunos avances previos al plan, como la electrificación o el cambio de modelo energético. También se han financiado proyectos de infraestructuras públicas. Pero el despliegue de nuevas tecnologías no parece estar a la altura de las expectativas, mientras que la eclosión de un potente tejido de medianas empresas –otra de las premisas para elevar la productividad– sigue siendo una carencia. Urge un enfoque renovado para desatascar la inversión y elevar la productividad, ya que la escasez de vivienda amenaza con constreñir la movilidad y limitar la incorporación de nueva fuera laboral, fundamento del modelo productivo vigente. 

PIB PER CÁPITA| Uno de los indicadores económicos más relevantes es el crecimiento del PIB per cápita, o ratio entre lo que produce anualmente un país y su población. Esta variable aporta una información valiosa, si bien solo representa una media, y por tanto no refleja las disparidades sociales. En el periodo 2015-2024, el PIB per cápita español se incrementó un 0,6% anual, lo mismo que la media de la eurozona. Las aportaciones de la productividad y de la ratio de empleo sobre población, del 0,1% y 0,5%, respectivamente, son también similares a las registradas en el conjunto de la eurozona.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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La inversión empresarial en España: cuestión de incentivos económicos

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Está constatado que la recuperación económica pospandemia en España ha sido desigual, buena en en actividad y empleo, menos en inversión y acumulación de capital. Con datos de las cuentas de los sectores institucionales de la economía española hasta el primer trimestre de 2025, esta nota actualiza aportaciones anteriores sobre el comportamiento de la inversión empresarial, con dos mensajes principales: primero, el retraso en la recuperación de la inversión en capital fijo afecta al sector de las sociedades no financieras (SNF); en los sectores de hogares y administración pública la recuperación ha sido notable y en el de las sociedades financieras (SF) sobresaliente. Segundo, el retraso en la recuperación de la inversión en capital fijo del sector de las SNF y la fuerte recuperación de la inversión de las SF responden a incentivos económicos en los que interviene la evolución reciente de los tipos de interés. 

Comportamiento desigual de la inversión por sectores institucionales

El gráfico 1 presenta la evolución de la formación bruta de capital fijo (FBCF) de los cuatro sectores institucionales contemplados en la contabilidad nacional. El gráfico 1a, el flujo anualizado de FBCF de hogares e ISFLSH y AA. PP. muestra una tendencia creciente en el periodo pospandemia; en ambos casos, en el IT de 2025 es alrededor de un 30% mayor que en 2019. Sin embargo, en el sector de las SNF permanece un 15% por debajo de los valores prepandemia en casi todo el periodo, con una leve recuperación a partir de 2024. Por su parte, en el sector de las SF (gráfico 1b), muestra una tendencia fuertemente creciente en los últimos años, y en 2025 es seis veces el valor de 2019. 


Los incentivos económicos explican la FBCF en los sectores empresariales

El gráfico 2 ofrece una explicación del comportamiento inversor de las SNF, (2a), y de las SF, (2b). El primero muestra la relación entre la tasa de inversión de las SNF y una medida de rentabilidad relativa al coste financiero, empleada para medir el incentivo a invertir (ver nota en el gráfico). Este indicador muestra un alto poder explicativo del comportamiento inversor de las SNF en España en el periodo de estudio: para un coste financiero dado, la tasa de inversión aumenta con la rentabilidad del capital de explotación y, para una rentabilidad dada, disminuye con el coste financiero (las correlaciones positiva y negativa de la tasa de inversión con la rentabilidad y el coste financiero se confirman con estimaciones separadas para cada variable). 


Por su parte, en el gráfico 2b se observa la evolución de la ratio entre la FBCF y el excedente bruto de explotación del sector de las SF, que exhibe una relativa estabilidad alrededor del 10% a lo largo del tiempo. Ello implica que el incremento en la inversión en capital de las SF coincide con el crecimiento de su beneficio (que, previsiblemente, actúa como incentivo a invertir). Ese excedente aumentó en paralelo a la subida de tipos efectuada por el BCE en respuesta al episodio inflacionario de 2022-2023, por lo que, en este sector, la subida actuó como motor de la inversión. Al contrario, afectó negativamente a los incentivos a invertir de las SNF, un efecto que se suma a otro desincentivo: el hecho de que la rentabilidad del capital de las SNF en 2025 se mantiene más de dos puntos por debajo del nivel prepandemia

Conclusión

Los datos muestran que la inversión empresarial privada en España responde a factores de racionalidad económica: aumenta con la rentabilidad del capital y disminuye con el coste del recurso. Ocurre también que el efecto negativo de la subida de tipos de interés sobre la FBCF de las SF, coincide con el efecto positivo de dicha subida sobre la FBCF de las SF a través del aumento en los beneficios del sector. Lo observado en otros sectores, como las AAPP obedecerá a otros factores, probablemente el impulso de los fondos NGEU. Otras explicaciones del retraso en la recuperación de la inversión empresarial en España –las incertidumbres políticas, las amenazas de los aranceles, la geopolítica…–, pueden ser igualmente ciertas, pero en la medida en que repercutan sobre la rentabilidad y el coste del capital. 

En todo caso, sea cual sea el entorno general en el que se mueva la economía y las empresas en España, la predicción que se desprende del análisis expuesto es que el sector de las SNF se acercará a los niveles de inversión previos a 2020 en la medida en que lo hagan los incentivos económicos que mueven las decisiones de invertir.

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El crecimiento de las importaciones eleva el déficit comercial

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Según las cifras de Aduanas hasta mayo, el déficit comercial acumulado de mercancías se situó en 21,5 miles de millones de euros, frente a 15,1 miles en el mismo periodo del año anterior, debido fundamentalmente al empeoramiento del componente no energético. Este resultado es el peor de la serie histórica desde 2011, con la excepción del año 2022, año en el que el déficit de bienes se disparó como consecuencia de la guerra de Ucrania. 

El aumento del déficit obedece a un incremento del 4,3% en las importaciones, frente a un crecimiento de las exportaciones del 0,8%. En términos reales, las importaciones registraron un avance del 9,5%, mientras que las exportaciones sufrieron una contracción del 0,2%. 

Es destacable la divergencia en el comportamiento de exportaciones e importaciones desde la primavera de 2024. Las primeras se mantienen prácticamente estancadas en niveles ligeramente por debajo de los registros prepandemia, mientras que las importaciones mantienen una tendencia fuertemente ascendente y se encuentran en torno a un 12% por encima de los niveles de finales de 2019 (gráfico 1).


El crecimiento de las importaciones en lo que llevamos de año con respecto al mismo periodo de 2024 procede del empuje de las de bienes intermedios no energéticos y las de bienes de equipo –que crecen ambas en torno al 13%–, y, en menor medida, a las de bienes de consumo, que registran un avance del 6%. 

También llama la atención el comportamiento de los precios de importaciones y exportaciones, medidos a través de los índices de valor unitario (IVU). Así, los precios de las importaciones registraron una caída interanual hasta mayo del 4,7% –con un descenso tanto en el componente energético como en el no energético–, en tanto que los precios de las exportaciones avanzaron un 1%, con crecimiento en el componente no energético y caída en el energético. Con ello, se prolonga el fenómeno del incremento de nuestra relación real de intercambio (precios de las exportaciones en relación a los precios de las importaciones), que se viene produciendo desde el año 2023, situándose en el nivel más elevado en lo que llevamos de siglo (gráfico 2).

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Las políticas del presidente Trump: de la incredulidad a la negación

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Tras el estupor inicial provocado por la ofensiva comercial de EE. UU., la economía global ha entrado en un periodo extraño de desacoplamiento entre la percepción de incertidumbre, y unos datos que revelan una cierta capacidad de resistencia. En España también el momento económico dulce que pervive contrasta con la sucesión de perturbaciones externas o las vicisitudes de la política nacional. Esta sensación de inmunidad, sin embargo, no puede durar indefinidamente.                 

De momento, los mercados son optimistas, a tenor de unas bolsas que han borrado totalmente las pérdidas posteriores al día de la “liberación”. El Nasdaq ha subido casi un 7% en lo que va de año, el índice europeo un 12% y el IBEX un sorprendente 22%. Es decir, los ahorradores no dan crédito a las declaraciones incendiarias (y reversibles) del presidente Trump, considerando que la economía norteamericana puede soportar tanto un arancel del 10% como un incremento de la deuda pública del 25%, que es lo que se anticipa tras la aprobación de la “bella” reforma fiscal de la administración republicana. Los mercados también apuestan por bajadas de tipos de interés, sobre todo cuando se produzca un relevo a la cabeza de la Reserva Federal. Y por un impacto asumible de la guerra comercial de este lado del Atlántico. 


Esta percepción se apoya también en los datos macroeconómicos más recientes, que son consistentes con un avance del PIB en EE. UU. del 0,6% en el segundo trimestre, conforme al GDPnow, y en la eurozona, a tenor del indicador PMI, así como en España ( 0,5% según la previsión de Funcas). 

Ante estas señales alentadoras, conviene señalar dos factores de vulnerabilidad. Uno, el impacto de los aranceles en el comercio internacional está por venir: la acumulación de existencias por parte de las empresas, o el adelanto de los envíos a EE. UU., han atenuado el efecto de las restricciones comerciales. Pero estas prácticas solo aportan remedios transitorios: con el tiempo, los intercambios se resentirán necesariamente de la guerra comercial, incluso en el escenario favorable de un sobrecargo general no superior al 10% sobre los productos europeos, y algo mayor en el caso de los automóviles, el acero, el aluminio y algunos productos agroalimentarios. 

En segundo lugar, los mercados no parecen haber integrado la incoherencia inherente a la política económica norteamericana. Por una parte, los aranceles generan desconfianza entre los inversores, ya que el proteccionismo encarece los costes de producción, desorganiza las cadenas de suministro y en definitiva erosiona el potencial productivo. Por otra parte, EE. UU. necesita a esos mismos inversores para financiar un déficit público que ya es desbocado y que se agravará con los recortes de impuestos. Es decir, la política económica de Trump genera más desequilibrios, al tiempo que socava los incentivos para que los inversores sigan financiándolos. 

La apreciación del euro, divisa que ha empezado a actuar como valor refugio, puede ser una víctima colateral de esta contradicción. Si bien la moneda única ya se ha revalorizado, el ajuste podría ser mayor conforme se vayan materializando las amenazas proteccionistas. Como muchas otras monedas, y el propio yuan, tienden a evolucionar al compás del dólar, la apreciación del euro tendrá un alcance global, pudiendo constituir un factor mucho más costoso para los exportadores que los propios aranceles. 

Por fortuna, la economía española está poco expuesta tanto a la escalada de aranceles como a las consecuencias de la apreciación del euro frente al resto de monedas. Esto es porque nuestros intercambios se dirigen principalmente a la zona euro, frente a la cual se mantiene un sólido superávit. Ante una situación en principio favorable, sin embargo, el escollo procede del débil margen de maniobra de nuestra política económica, con unos presupuestos prorrogados sine die y una escasa capacidad de consensuar reformas de calado o medidas que compensen las adversidades de la coyuntura internacional. 

EURO | En el momento de escribir, la moneda única cotizaba en el entorno de 1,17 dólares, un 13% por encima de los valores observados a inicios de año. El euro también ha tendido a apreciarse frente a otras divisas, como el yuan chino ( 10,5%), restando competitividad a las exportaciones. La apreciación del euro es por tanto cuasi generalizada, y refleja un ajuste de los movimientos de capital, particularmente en relación a la inversión en cartera, que se ha acelerado tras la imposición de restricciones comerciales por parte de la Administración Trump a principios de abril. 

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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