Los datos de la Encuesta de Población Activa correspondientes al segundo trimestre de 2026 confirman la tendencia al alza en la ocupación. En esta anotación buscamos indagar en las variaciones recientes de la tasa de ocupación de la población de 16 a 64 años en general y también por sexo, edad y lugar de nacimiento.
Vista la ocupación en conjunto y por tramos de edad, en su recorrido desde 2021 (gráfico 1, vista por defecto), se observa un crecimiento casi sin interrupciones en cada tramo de edad, que es especialmente acusado en el de 60 a 64 años y que probablemente tiene que ver con las reformas en la legislación sobre las pensiones de jubilación. También es notorio en edades superiores a los 50 años. En el total de la población de 16 a 64 años, la tasa de ocupación ha crecido desde el 63,3% de 2021 al 69% de 2026, marcando un máximo histórico, que no se debe a la evolución de la tasa de ocupación masculina (aún inferior a las cifras de mediados de los setenta, que superaban el 85%) sino a la de la femenina (decididamente en máximos históricos). La evolución conjunta resume cambios por sexo y lugar de nacimiento que no se acomodan del todo a la línea general, pero que permiten entenderla.
Al seleccionar en el gráfico la evolución de la tasa de ocupación de los varones autóctonos, se observa a simple vista que tiende a ser más alta que para el total de la población, pero con patrones de cambio parecidos y un ritmo de crecimiento inferior, como se aprecia, especialmente, en el tramo de 60 a 64 años. En conjunto, la tasa de ocupación de los varones nacidos en España ha crecido desde el 68,8% de 2021 al 72,5% de 2026.
La tercera vista del gráfico recoge la tasa de ocupación de las autóctonas, que tiende a ser más baja que las de los varones; al mismo tiempo, su crecimiento es más acusado, especialmente en el segmento de edad de 60 a 64 años, con un salto desde el 40,2% de 2021 al 50,2% de 2026. En conjunto, la tasa de ocupación de las nacidas en España crece desde el 59% de 2021 hasta el 65,7% de 2026.
Las cifras trimestrales de ocupación de la población nacida en el extranjero recogidas son más volátiles que los de la nacida en España, pues las muestras, sobre todo al segmentarse, son bastante pequeñas. Con todo, la información que transmiten es sugerente. En el caso de los varones inmigrantes, se observa que sus tasas de ocupación tienden a ser algo mayores que las de los varones autóctonos en las edades juveniles, pero algo inferiores a partir de los 30 años. Sin embargo, su tasa total (16-64 años) ha sido superior todos los años con la excepción de 2021, seguramente por sufrir más intensamente los efectos recesivos de las medidas contra la pandemia. En todo caso, esa tasa global no ha dejado de crecer desde 2021 (66,3%) hasta 2026 (75,9%).
El dibujo es muy distinto si consideramos las tasas de ocupación de las inmigrantes, claramente inferiores a las de las autóctonas, aunque su tasa global (16-64 años) también ha crecido en los últimos seis años, desde el 55,2% de 2021 al 61,9% de 2026.
Una última segmentación nos ayuda a entender mejor la evolución de la ocupación de la población inmigrante, la que tiene que ver con su origen, teniendo en cuenta el continente de nacimiento1.
Entre los inmigrantes varones, la tendencia al alza en el último sexenio es relativamente clara en los nacidos en un país europeo distinto de España, y también lo es, en el último trienio, en los nacidos en América. Ambos orígenes presentan tasas de ocupación superiores a la de los autóctonos. La excepción es la de los inmigrantes con origen africano, que creció casi diez puntos en 2022 pero permanece estable desde entonces, en niveles inferiores a los del resto de orígenes. La ocupación crece nítidamente entre las inmigrantes de procedencia americana, algo más que entre las de origen europeo y las autóctonas. Lo más llamativo del gráfico es, en cualquier caso, la bajísima tasa de ocupación de las inmigrantes africanas, más o menos estancada en niveles del 30% desde 2021.
En definitiva, la última EPA confirma que el aumento de la ocupación sigue teniendo un cierto recorrido, y no queda restringido a un grupo concreto, sino que alcanza a varones y mujeres, a autóctonos e inmigrantes, y a casi todos los tramos de edad. Las diferencias por sexo siguen siendo relevantes, pero la brecha de género en la tasa de ocupación se va reduciendo. Eso sí, en la población inmigrante, el origen sigue marcando diferencias nítidas: los americanos muestran una inserción laboral especialmente dinámica, similar a la de los europeos, mientras que las tasas de los africanos siguen siendo más bajas, y estáticas, sobre todo, en las mujeres.
1Se presentan los datos de “Asia (y Oceanía)” por mor de incorporar todos los orígenes, pero no se comentan, pues la muestra es relativamente pequeña.
