CaixaBank ha dado un nuevo paso en su estrategia de digitalización con el lanzamiento de su primer agente de inteligencia artificial integrado en la aplicación móvil, pensado para acompañar al cliente en la contratación de productos financieros sin salir del canal digital. La entidad refuerza así el papel de su app, que ya se ha convertido en uno de sus principales puntos de contacto con los usuarios.
Este primer despliegue se centra en los créditos al consumo preconcedidos, pero forma parte de un proyecto más amplio de agentes de IA que la entidad presentará en el Mobile World Congress de Barcelona. La iniciativa combina tecnología de última generación con la intervención de profesionales humanos para mantener un equilibrio entre eficiencia digital y asesoramiento especializado.
Cómo funciona el primer agente de IA de CaixaBank
El nuevo sistema se apoya en agentes de IA que operan exclusivamente dentro del chat de la app de CaixaBank. El cliente puede iniciar una conversación en cualquier momento del proceso de contratación digital y el asistente le ayuda a aclarar sus necesidades, pedir información adicional y resolver dudas que puedan frenar el avance.
Este primer agente se dirige a usuarios que ya han empezado el proceso de solicitud de un préstamo preconcedido en la aplicación móvil y se encuentran con obstáculos, ya sea por cuestiones técnicas o por no tener claros los términos del producto. En ese contexto, la IA facilita simulaciones, permite ajustar importes, plazos y cuotas, y orienta sobre la configuración que mejor encaja con el perfil del cliente.
Una de las claves del modelo es que, cuando llega el momento de formalizar la contratación, el sistema deriva la conversación a un especialista de la entidad manteniendo toda la información intercambiada en el chat. De este modo se evita que el usuario tenga que repetir datos y se garantiza una transición fluida entre el canal automatizado y la atención humana.
La entidad subraya que, en cualquier momento, el cliente puede solicitar ser atendido directamente por un profesional, y la herramienta le conectará de inmediato con un experto en el producto correspondiente. La IA no sustituye al personal, sino que actúa como primer filtro y acompañante durante el recorrido digital.
Integración progresiva en todos los procesos de contratación digital
El proyecto de agentes de IA de CaixaBank se apoya en la tecnología Agentforce de Salesforce, una plataforma diseñada para construir asistentes inteligentes capaces de interactuar con el usuario en lenguaje natural. La hoja de ruta de la entidad prevé que, en las próximas semanas, estos agentes se vayan integrando en todos los chats de contratación disponibles en la aplicación.
La idea es que los clientes puedan obtener información rápida y estructurada sobre cualquier producto que estén contratando desde el móvil, ya se trate de préstamos al consumo, hipotecas o soluciones de ahorro. En cada caso, el sistema se complementará con especialistas humanos específicos para ese tipo de producto, de forma que la derivación sea más precisa.
Con esta integración progresiva, CaixaBank busca reducir la fricción en los procesos digitales y aumentar la tasa de finalización de las operaciones iniciadas a través de la app. El banco insiste en que la combinación de chat conversacional, simulaciones personalizadas y apoyo experto permite ahorrar tiempo y disminuir la sensación de complejidad asociada a algunos servicios financieros.
La apuesta por incorporar los agentes de IA a la contratación se enmarca en un contexto en el que la aplicación de CaixaBank suma ya más de 12 millones de clientes digitales en España, la mayor base del sector en el país. Con este volumen de usuarios, la mejora de la experiencia móvil tiene un impacto directo tanto en la satisfacción de los clientes como en las ventas digitales.
Agente de IA para tarjetas y soporte a empleados
El lanzamiento del primer agente enfocado a la contratación no parte de cero. La entidad ya había puesto en marcha el pasado verano un agente basado en IA generativa para consultas sobre tarjetas, también integrado en la app. En este caso, el asistente está orientado exclusivamente a proporcionar información, no a formalizar productos.
Este agente para tarjetas, desarrollado con la tecnología de inteligencia artificial de Google Cloud, permite al usuario preguntar por las características de las tarjetas disponibles, comparar distintas alternativas del catálogo y obtener recomendaciones en función de lo que busca. El cliente puede mantener una conversación natural con el sistema, plantear dudas concretas y recibir respuestas contextualizadas.
Meses antes, CaixaBank ya había activado otro agente de IA, dirigido esta vez de forma interna a más de 300 empleados que dan soporte a la contratación remota. Este asistente, creado igualmente con herramientas de la plataforma Salesforce, ayuda a los profesionales que atienden a los clientes por canales digitales a localizar productos, resolver preguntas frecuentes y agilizar los procesos.
Además de estos casos de uso, la entidad trabaja en el desarrollo de agentes de IA orientados a la mejora de procesos internos, con el objetivo de optimizar tareas operativas, reducir tiempos de gestión y liberar recursos para actividades de mayor valor añadido. La filosofía es aprovechar la IA tanto de cara al cliente como en la trastienda de la organización.
La IA generativa, eje del Plan Estratégico 2025-2027
La implantación de estos agentes se encuadra dentro de la apuesta de CaixaBank por la inteligencia artificial generativa, recogida en su Plan Estratégico 2025-2027. La entidad pretende estructurar su evolución tecnológica en torno a cuatro grandes objetivos relacionados con esta tecnología.
En primer lugar, busca incrementar la agilidad y la capacidad comercial de las áreas de negocio, poniendo a disposición de las redes de atención herramientas que les permitan responder más rápido y con mejor información. En segundo lugar, pretende desarrollar nuevos servicios apoyados en capacidades de vanguardia y en la simplificación de los procesos que vive el cliente.
El tercer pilar pasa por potenciar la excelencia operativa y mejorar la eficiencia, aprovechando la automatización inteligente para reducir tareas repetitivas y minimizar errores. Por último, CaixaBank quiere reforzar y evolucionar su plataforma tecnológica actual con estándares de resiliencia y seguridad elevados, algo especialmente relevante en un sector tan regulado como el financiero.
Dentro de este marco, la entidad contempla la renovación de sus canales digitales y la creación de nuevas capacidades comerciales vinculadas a la IA generativa, desde el diseño de asistentes conversacionales avanzados hasta sistemas de recomendación personalizados. No se trata solo de introducir nuevas herramientas, sino de revisar de fondo cómo se relaciona el banco con sus clientes en el entorno digital.
Una trayectoria prolongada en innovación y banca digital
CaixaBank acumula experiencia en el uso de inteligencia artificial aplicada a los servicios financieros desde 2014, con proyectos que han ido desde la analítica avanzada hasta la automatización de determinados procesos. Esta trayectoria previa ha facilitado el salto actual hacia soluciones basadas en IA generativa y agentes conversacionales.
La entidad, primer banco en España y con una presencia relevante en Portugal, se ha posicionado como referente en innovación dentro del sector financiero europeo, en buena medida gracias a su amplia base de clientes digitales. Ese volumen de usuarios convierte cada mejora tecnológica en un cambio de escala significativa.
Para impulsar esta transformación, el grupo cuenta con CaixaBank Tech, su filial tecnológica, y con equipos multidisciplinares que trabajan para desplegar la innovación en todas las áreas de la organización. El objetivo declarado es poner la tecnología al servicio de las personas, con soluciones que faciliten un asesoramiento más personalizado y una oferta comercial mejor adaptada.
En paralelo, la entidad continúa desarrollando un modelo de toma de decisiones más ágil, apoyado en datos y herramientas avanzadas. La incorporación de agentes de IA al día a día de clientes y empleados encaja con este enfoque, en el que se busca que la tecnología no sea un fin en sí mismo, sino un medio para ofrecer un servicio más útil y cercano.
La puesta en marcha del primer agente de IA de CaixaBank dentro de su app marca un hito en la banca digital en España: una contratación más guiada, conversacional y respaldada por especialistas, en la que la inteligencia artificial se integra de forma natural en la relación entre cliente y entidad. Este movimiento se suma a otras iniciativas con tarjetas, soporte a empleados y procesos internos, y dibuja un escenario en el que la IA generativa será una pieza central de la forma de hacer banca en los próximos años.
La Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional ha dado un paso decisivo en la denominada pieza BBVA del caso Villarejo al confirmar el procesamiento de la entidad financiera como persona jurídica, de su expresidente Francisco González y de la cúpula del BBVA imputada. El tribunal ha rechazado los once recursos de apelación planteados contra el auto del juez instructor Manuel García Castellón, que puso fin a la investigación y propuso que todos ellos se sienten en el banquillo.
El caso gira en torno a la contratación por parte del BBVA de empresas vinculadas al excomisario José Manuel Villarejo entre 2004 y 2016 para llevar a cabo supuestos encargos ilícitos. Según la instrucción, esos contratos habrían servido para obtener información reservada mediante el acceso indebido a bases de datos policiales, seguimientos personales e intervención de comunicaciones, con el objetivo de proteger intereses corporativos del banco frente a empresarios, abogados, periodistas y otros actores económicos.
Qué ha decidido exactamente la Audiencia Nacional
La Sección Tercera de la Sala de lo Penal ha dictado una batería de autos en los que desestima íntegramente los recursos presentados por el BBVA, por Francisco González y por el resto de investigados contra el auto de procesamiento de junio de 2024. Con ello, avala la decisión del instructor de proponer juzgar a la entidad y a su antigua cúpula por delitos de cohecho continuado y de descubrimiento y revelación de secretos presuntamente cometidos en beneficio del banco.
Los magistrados destacan que, a la vista de los indicios acumulados, “no resulta creíble el desconocimiento alegado” por el propio BBVA sobre la naturaleza de los servicios prestados por el entramado empresarial de Villarejo, el Grupo Cenyt. Para la Sala, la tesis de que la alta dirección ignoraba estos encargos no se sostiene frente al volumen de contratos, a su duración en el tiempo y al tipo de información generada.
En sus resoluciones, el tribunal respalda la valoración de la Fiscalía Anticorrupción y del instructor, subrayando que existen indicios suficientes de delitos continuados de cohecho y de revelación de secretos. No se entra todavía a fijar responsabilidades definitivas, pero sí se concluye que la prueba recabada es bastante para descartar el archivo y avanzar hacia la fase de enjuiciamiento público.
La Audiencia recuerda que la función de la Sala en este momento procesal no es detallar cómo debieron organizarse los controles internos, sino comprobar si hay base indiciaria para un juicio oral. Y su respuesta es afirmativa: será en esa vista donde se analice de forma conjunta toda la documentación, los contratos con Cenyt, los flujos de pagos y las comunicaciones internas del banco.
Quiénes se sientan en el banquillo y qué se les imputa
El auto confirmado por la Audiencia Nacional señala como procesados al BBVA como persona jurídica, a su expresidente Francisco González y a una nómina de exdirectivos y mandos policiales. Entre ellos figuran el exconsejero delegado del banco Ángel Cano, el exresponsable de Seguridad y excomisario de Policía Julio Corrochano, el exdirector de Riesgos Antonio Béjar, el exjefe de Control Interno y de los servicios jurídicos Eduardo Arbizu y el que fuera director del gabinete de presidencia Joaquín Gortari, entre otros antiguos cargos de la entidad.
Junto a la cúpula del banco, también están procesados policías y colaboradores de Villarejo, como el propio excomisario, su socio y abogado Rafael Redondo y otros mandos vinculados al Grupo Cenyt. Según la instrucción, este entramado empresarial se habría aprovechado de la posición de Villarejo en la Policía Nacional para acceder a registros policiales, bases de datos reservadas y comunicaciones, poniendo esa información al servicio de clientes privados como el BBVA.
La Sala comparte el criterio de que los hechos presentan los rasgos de delitos continuados de cohecho y revelación de secretos. El cohecho se vincula a los pagos que el banco habría realizado al grupo de Villarejo —cifras que la investigación sitúa en más de diez millones de euros en el conjunto de encargos—, mientras que la revelación de secretos se relaciona con el uso de datos personales y de información sensible obtenida mediante recursos públicos para fines ajenos a la función policial.
Los encargos atribuidos a Cenyt incluyen desde seguimientos físicos de personas hasta la intervención del tráfico de llamadas, pasando por la consulta sistemática de bases de datos policiales y la elaboración de informes de inteligencia sobre patrimonio, relaciones empresariales y contactos de los objetivos. Entre esos objetivos se mencionan, en distintos momentos de la causa, a empresarios como el expresidente de Sacyr Luis del Rivero, a representantes de asociaciones como Ausbanc y a otros actores del mundo económico y mediático.
La Audiencia aclara que todos estos indicios deberán ser ponderados de forma conjunta en el juicio, pero considera que la interpretación realizada por el juez y por las acusaciones no es irrazonable, lo que impide acordar el sobreseimiento de las actuaciones en este punto y obliga a mantener a todos los investigados como procesados.
Un sistema de control interno en el punto de mira
Uno de los ejes de la resolución es la crítica al modelo de prevención y control de delitos implantado por el BBVA durante los años investigados. Para la Sala, ese sistema “no era eficaz”, porque dejaba fuera de cualquier supervisión real a la Presidencia Ejecutiva y a la alta dirección del banco, precisamente el núcleo desde el que, con carácter indiciario, se habrían tomado las decisiones ahora cuestionadas.
Los magistrados subrayan que existía un grupo reducido de responsables que podía actuar al margen de los protocolos internos y sin controles efectivos, cuyas órdenes eran obedecidas por los niveles inferiores sin apenas cuestionamiento. Esa estructura habría permitido que los contratos con Cenyt y los encargos sensibles se gestionaran de forma reservada, conocidos solo por un círculo muy limitado de directivos.
Según la Audiencia, esta configuración organizativa es clave para valorar la posible responsabilidad penal de la persona jurídica, figura incorporada al ordenamiento español para evitar que las grandes corporaciones se escuden tras la complejidad de su organigrama. Si se acredita en el juicio que el modelo de cumplimiento era meramente formal y no impedía prácticas delictivas desde la cúpula, el banco podría ser condenado como tal.
La Sala insiste en que no le corresponde diseñar cómo debería haberse articulado el programa de cumplimiento normativo del BBVA, pero sí constatar, con la información disponible, que los mecanismos que existían no lograron impedir ni detectar durante años una relación contractual anómala con un comisario en activo que explotaba su acceso a recursos policiales.
Ese análisis de la eficacia real de los sistemas de control será uno de los aspectos más relevantes del juicio, no solo para este caso concreto, sino como referencia para otras grandes empresas españolas y europeas sujetas a obligaciones similares en materia de prevención de delitos y de cumplimiento penal corporativo.
El papel de Francisco González y los contratos con Cenyt
En lo que respecta a Francisco González, los autos de la Audiencia Nacional ponen el foco en su participación directa en algunos de los contratos suscritos con Cenyt. La Sala, en línea con el juez instructor, resalta que determinados encargos habrían sido expresamente ordenados por el entonces presidente del banco, que ya conocía quién era Villarejo, la naturaleza del Grupo Cenyt y sus métodos de trabajo por acuerdos previos.
Para los magistrados, “no es irrazonable” concluir que González optó por recurrir a esa empresa precisamente porque otros métodos de obtención de información no habían dado los resultados esperados, mientras que Cenyt sí lo hizo. Eso refuerza, a ojos del tribunal, la hipótesis de que el expresidente era consciente de que estaba accediendo a un recurso anómalo, al margen de los canales habituales.
La Sala considera que hay base suficiente para sostener, de forma provisional, que González pudo participar en los delitos de cohecho y revelación de secretos ahora investigados. En particular, se subraya que, según los indicios, sabía que la información generada por Cenyt se obtenía sin respetar la legalidad, sirviéndose de funcionarios policiales para entrar en bases de datos y registros protegidos, recabando datos personales e íntimos sin autorización judicial.
A pesar de ello, y siempre según la versión que maneja la instrucción, desde la cúpula del banco se habría ordenado seguir contratando los servicios de Villarejo durante años. Esa persistencia en la relación contractual, unida a la naturaleza de los informes elaborados, es uno de los elementos que la Audiencia destaca como relevante a la hora de valorar la responsabilidad del expresidente.
Fuentes cercanas a Francisco González han trasladado que el exbanquero asume la decisión de la Sala con tranquilidad y confía en que el juicio oral le permita aclarar todas las dudas y demostrar su inocencia. De momento, la confirmación del procesamiento implica que seguirá figurando como acusado en una de las causas más sensibles para el sistema financiero español de las últimas décadas.
Origen del caso y siguiente paso: hacia el juicio oral
El capítulo ahora confirmado por la Audiencia Nacional se enmarca en la pieza separada número 9 del caso Villarejo, abierta específicamente sobre la relación entre el BBVA y el excomisario. Fue en junio de 2024 cuando el juez Manuel García Castellón, tras una extensa instrucción plasmada en un auto de más de 250 páginas, decidió dar por concluida la fase de investigación y propuso juzgar al banco, a González, a Villarejo y a otros implicados.
El origen de los hechos, según relató el instructor, se sitúa en la incorporación de Julio Corrochano al BBVA en septiembre de 2002 como responsable de Seguridad. Ese fichaje, que contó con la aquiescencia expresa de Francisco González, facilitó un enlace directo entre la entidad y antiguos compañeros de Corrochano en la Policía, entre ellos los comisarios en activo José Manuel Villarejo y Enrique García Castaño.
A partir de ese momento, Villarejo habría aprovechado de manera fraudulenta su posición dentro del organigrama policial para articular, a través del Grupo Cenyt, una estructura empresarial con la que lucrarse mediante el uso de recursos públicos. Esa red le permitía un acceso indirecto a numerosos registros policiales, así como a bases reservadas de datos a disposición de las fuerzas de seguridad, que habría utilizado en beneficio de distintos clientes privados.
El juez instructor detalló que, conociendo esa doble actividad de Villarejo, Corrochano puso este “recurso anómalo e ilegal” a disposición del banco, garantizando a la cúpula del BBVA discreción y opacidad si se recurría a él. Dada la ausencia de un programa efectivo de supervisión sobre las decisiones ejecutivas de la Presidencia, un núcleo muy reducido de altos directivos habría quedado al tanto de este mecanismo.
Fruto de esa dinámica, se firmaron una serie de contratos para desplegar lo que se denominaron “proyectos de inteligencia”: seguimientos personales, monitorización de comunicaciones, consultas a bases de datos de personas y averiguaciones patrimoniales de empresarios, abogados, periodistas y otros perfiles considerados sensibles para los intereses del banco. Es sobre ese conjunto de actuaciones sobre el que ahora se proyecta la apertura de juicio.
Reacción del banco y relevancia para el sector financiero
Tras conocer la decisión de la Audiencia Nacional, el BBVA ha emitido un comunicado en el que sostiene que la resolución no altera su situación procesal, que sigue siendo la de parte investigada hasta que el juez dicte, en su caso, auto de apertura de juicio oral. La entidad recalca que su prioridad continúa siendo la plena colaboración con la justicia en el esclarecimiento de los hechos.
El banco vuelve a defender que, a su juicio, de lo investigado no se deriva responsabilidad penal para la entidad. Añade que seguirá actuando con determinación y diligencia bajo el liderazgo del actual consejo de administración, cuyos miembros, subraya, no tienen ninguna conexión con los hechos analizados en esta pieza del caso Villarejo y pertenecen a una etapa posterior de la entidad.
La confirmación del procesamiento sitúa al BBVA en una posición inédita dentro del Ibex 35, al convertirse en una de las grandes empresas cotizadas que encara un juicio penal por su presunta relación con la red de Villarejo. Más allá del impacto reputacional, el caso es seguido con atención en el ámbito financiero y regulatorio europeo, donde se observan con lupa las prácticas de gobierno corporativo y de cumplimiento en los grandes grupos bancarios.
Para el conjunto del sistema, el procedimiento plantea interrogantes sobre hasta dónde puede llegar la competencia empresarial cuando se cruzan determinadas líneas rojas, y qué nivel de control efectivo debe exigirse a los órganos de administración para prevenir la utilización de recursos estatales con fines privados. También pone a prueba la eficacia real de la figura de la responsabilidad penal de las personas jurídicas en España.
Con los recursos ya resueltos por la Sala de lo Penal, el camino queda despejado para que el Juzgado Central de Instrucción dicte, cuando se cumplan los trámites pendientes, el auto de apertura de juicio oral. Será entonces cuando se fije fecha para una vista que pondrá frente al tribunal a una de las mayores entidades financieras del país y a parte de quienes dirigieron su estrategia durante más de una década.
La confirmación del procesamiento del BBVA, de Francisco González y de varios exdirectivos por sus presuntos encargos al comisario Villarejo marca un punto de inflexión en un procedimiento que combina sospechas de cohecho, revelación de secretos y fallos graves en los controles internos de una gran entidad del Ibex 35; a partir de ahora, el foco se desplaza al juicio oral, donde se dirimirá si los indicios reunidos bastan para transformar esta larga investigación en condenas penales o en la exoneración de los acusados, y donde también se jugará buena parte de la credibilidad del marco de responsabilidad corporativa en España y en Europa.
El euríbor a 12 meses, principal referencia para las hipotecas variables en España, continúa dando señales de cierta estabilidad en pleno mes de febrero. Tras varios ejercicios de fuertes subidas, el índice se mueve ahora en una franja mucho más moderada que la vivida en los peores momentos de la escalada de tipos.
En la jornada de hoy, miércoles 19 de febrero de 2026, el indicador se sitúa en torno al 2,198% en su valor diario, un nivel que consolida la tendencia de los últimos meses y que se traduce en cuotas algo más llevaderas para muchos titulares de hipotecas variables, aunque sin grandes rebajas espectaculares.
Euríbor hoy, 19 de febrero de 2026: dato del día y media de febrero
El dato del euríbor hoy, 19 de febrero, se fija en torno al 2,198% para el plazo de doce meses, lo que supone repetir prácticamente el mismo nivel que en las sesiones inmediatamente anteriores. En la práctica, esta estabilidad implica que, al menos a corto plazo, no se esperan cambios bruscos en las cuotas para quienes tengan revisión muy próxima.
Con los registros acumulados hasta la fecha, la media mensual provisional de febrero se mueve alrededor del 2,22%-2,23%. Esto la coloca ligeramente por debajo del promedio de enero de 2026, que se situó en torno al 2,245%, y por debajo también de los niveles de finales de 2025. Aunque la diferencia en puntos pueda parecer pequeña, en hipotecas a 25 o 30 años esa variación tiene impacto en la cuota de muchas familias.
Si se compara con el mismo periodo del año anterior, el contraste es aún más claro: la media de febrero de 2025 se movió en torno al 2,40%, de modo que en doce meses el euríbor ha recortado alrededor de dos décimas largas. Esta reducción acompaña a la bajada progresiva que ya se venía observando desde la segunda mitad de 2025, tras dejar atrás picos que, en algunos momentos, llegaron a rozar el 4%.
Además, la media anual de 2025 se cerró aproximadamente en el 2,22%, más de un punto por debajo de la media de 2024, que rondó el 3,27%. Esa caída acumulada, aunque se ha ido produciendo de forma gradual, ha supuesto un cierto respiro para los hipotecados después de varios años en los que cada revisión traía consigo un nuevo encarecimiento.
Para la jornada inmediatamente posterior, los datos adelantan un ligero repunte: el 20 de febrero de 2026 el euríbor se situará alrededor del 2,205%, apenas 0,007 puntos por encima del dato de hoy. Movimientos tan pequeños son habituales y se encuadran en la normalidad de la cotización diaria del índice.
Evolución reciente del euríbor en febrero: del 2,21% al 2,20%
La evolución del euríbor en febrero de 2026 muestra pequeñas oscilaciones diarias, pero dentro de una banda muy estrecha. A lo largo del mes se observan jornadas con ligeras subidas y bajadas, lo que refleja un contexto de relativa calma tras las fuertes tensiones de años anteriores.
En los días previos al 19 de febrero, el indicador se ha movido en un rango próximo al 2,20%. Valores como el 2,218%, el 2,225% o el 2,234% han sido habituales en las últimas sesiones, siempre en esa zona ligeramente superior al 2,2%. En el entorno inmediato, jornadas como el 18 de febrero han marcado un 2,198%, muy alineado con el valor de hoy.
Si se amplía el foco a las últimas semanas, se aprecia que el euríbor se ha desplazado entre el 2,21% y el 2,25% en la mayor parte de las sesiones. Ha habido días con cotas algo más altas, en torno al 2,24%-2,25%, y otros con niveles ligeramente inferiores, pero sin sobresaltos bruscos, lo que refuerza la percepción de un periodo de transición en el que el mercado asimila el nuevo entorno de tipos del Banco Central Europeo (BCE).
Esta dinámica encaja con la idea de que, por ahora, el euríbor se mantiene anclado en un entorno de estabilidad moderada. Para los analistas, esta senda es coherente con unos tipos oficiales estabilizados en torno al 2%, lo que reduce la probabilidad de giros extremos en el corto plazo.
En términos prácticos, para un titular de hipoteca variable que revise su préstamo con los datos de febrero de 2026, el impacto dependerá de la comparativa con la referencia anterior (seis o doce meses antes). En muchos casos, esa referencia de 2025 será más alta, de modo que el resultado puede traducirse en cuotas algo más bajas o, al menos, en la desaparición de las fuertes subidas que se veían hace no tanto.
Medias mensuales: del pico de 2025 al respiro en 2026
Para entender mejor el contexto del euríbor hoy, 19 de febrero, conviene echar un vistazo a la serie de medias mensuales de los últimos meses. En enero de 2026, el índice se situó en torno al 2,245%, por debajo de los 2,267% de diciembre de 2025 y de los niveles de meses anteriores como marzo o febrero de 2025, que se movieron alrededor del 2,39%-2,40%.
Durante 2025, la trayectoria fue claramente descendente. Tras arrancar el año con un enero cercano al 2,525%, el euríbor fue moderándose hasta acabar diciembre en torno al 2,267%. La diferencia total, de unas dos o tres décimas a lo largo del ejercicio, supuso un cambio de tendencia frente a años anteriores, cuando las subidas eran la tónica dominante.
En meses como octubre de 2025, el índice ya se movía alrededor del 2,19%, y en noviembre se mantenía próximo al 2,22%. Esa franja de entorno al 2,1%-2,2% se ha consolidado desde entonces y explica por qué hoy, con el euríbor en el 2,198%, muchos hipotecados perciben que, aunque el índice siga lejos de los valores negativos de hace una década, la situación es notablemente más llevadera que cuando se acercaba al 4%.
La lectura agregada es que, tras la fuerte subida vinculada a la respuesta del BCE ante la inflación, el euríbor ha entrado en una nueva fase en la que se corrigen los excesos al alza y se abre la puerta a un periodo de mayor tranquilidad financiera. Aun así, los expertos advierten de que nos seguimos moviendo en niveles superiores a los que se consideraban normales antes de la crisis inflacionaria, por lo que el esfuerzo hipotecario de los hogares continúa siendo considerable.
En este contexto, para quienes tengan revisiones anuales con referencia a los tipos de hace justo un año, la reducción de unas décimas respecto a febrero de 2025 puede traducirse en pequeños ajustes a la baja en la cuota. No se trata de una rebaja drástica, pero sí de un alivio progresivo que muchos hogares agradecen tras varios ejercicios de tensión.
Qué es el euríbor y por qué afecta tanto a las hipotecas
El euríbor (siglas de Euro Interbank Offered Rate) es el tipo de interés de referencia que refleja el coste al que una selección de grandes bancos de la zona euro está dispuesta a prestarse dinero entre sí en el mercado interbancario. A partir de esas operaciones, se calcula un valor diario para distintos plazos, siendo el de 12 meses el más relevante para las hipotecas en España.
Este índice funciona como piedra angular de buena parte del sistema financiero europeo. Se utiliza como referencia no solo para hipotecas variables, sino también para otros préstamos a empresas, créditos al consumo y determinados productos de inversión. En el caso español, su influencia es especialmente visible porque la mayoría de hipotecas firmadas en las últimas décadas han estado indexadas al euríbor, con revisiones periódicas.
En una hipoteca variable típica, la entidad aplica un diferencial fijo (por ejemplo, euríbor 0,80%) sobre el valor de este índice. De este modo, cuando el euríbor sube, el tipo resultante se incrementa y la cuota mensual aumenta. Si el euríbor baja, el interés total disminuye y las mensualidades se abaratan. Por eso, movimientos aparentemente modestos de 0,20 o 0,30 puntos pueden traducirse en cambios de varios euros al mes, especialmente en préstamos con importes elevados y plazos largos.
Desde el 1 de enero del año 2000, el euríbor a 12 meses se ha consolidado como principal índice de referencia para las hipotecas en España. Se calcula que más de cuatro millones de hogares tienen préstamos vinculados a este indicador y que en torno al 75% de las hipotecas vigentes se referencian a él. Por eso, cualquier variación del dato diario o de la media mensual tiene un impacto directo en la economía doméstica de buena parte de la población.
En los años en los que el euríbor se mantuvo en niveles cercanos a cero o incluso negativos, muchas familias pudieron financiar la compra de vivienda a costes históricamente bajos. La posterior subida, que llevó al índice a superar en algunos momentos el 4%, supuso un duro golpe para los presupuestos familiares. Ahora, con el euríbor alrededor del 2,20%, el escenario se sitúa en un punto intermedio: ni tan barato como en la década pasada, ni tan exigente como en los picos más recientes.
Cómo y cuándo se calcula el euríbor diario
El euríbor diario se determina en los días laborables (de lunes a viernes) alrededor de las 11:00 de la mañana, tomando como referencia las operaciones y tipos de interés comunicados por un panel de entidades financieras de primer nivel de la zona euro. A partir de esos datos, se calcula el valor del índice para distintos plazos, siendo el de 12 meses el más seguido por los medios y los mercados.
En España, el dato oficial del euríbor se publica en el Boletín Oficial del Estado (BOE), lo que le otorga carácter de referencia legal a efectos de contratos financieros y revisiones hipotecarias. Además, puede consultarse a diario en múltiples portales financieros y medios de comunicación, que recogen tanto el valor del día como la evolución de la media del mes en curso.
El índice se actualiza a varios plazos: una semana, uno, tres, seis y doce meses, entre otros. Sin embargo, es este último el que marca el pulso del mercado hipotecario en España. Las entidades toman como referencia el valor de cierre del euríbor correspondiente al periodo fijado en el contrato (seis o doce meses) para recalcular el tipo de interés que se aplicará hasta la siguiente revisión.
En la práctica, el funcionamiento es sencillo: cuando llega la fecha de revisión, el banco consulta el euríbor publicado para el plazo acordado y lo suma al diferencial establecido en la escritura. Con este nuevo tipo, se recalcula la cuota que el cliente pagará durante los siguientes meses. Por eso, muchas familias están muy atentas a la evolución diaria y mensual del euríbor, sobre todo cuando se acercan sus revisiones.
Este sistema hace que cada cambio de ciclo de tipos de interés marcado por el Banco Central Europeo termine filtrándose, con cierto retraso, a las cuotas hipotecarias. Cuando el BCE sube los tipos oficiales, el euríbor suele reaccionar al alza, y cuando se estabilizan o bajan, el índice tiende a moderarse, como está ocurriendo en estos momentos.
Impacto del euríbor de hoy en hipotecas y mercado inmobiliario
El hecho de que el euríbor hoy, 19 de febrero de 2026, se mantenga en torno al 2,198% y que la media de febrero ronde el 2,22%-2,23% tiene implicaciones concretas para quienes tienen o planean contratar una hipoteca. Para los titulares de préstamos variables que se revisen con datos de este mes, el resultado serán ajustes suaves en la cuota, en muchos casos a la baja si la referencia previa fue de los meses más altos de 2025 o finales de 2024.
Este entorno de tipos algo más contenidos ha contribuido a que, durante 2025, se mantuviera un intenso dinamismo en el mercado hipotecario. El número de hipotecas constituidas sobre viviendas superó las 500.000 operaciones, la cifra más alta desde 2010, apoyada en unos tipos de interés medios en torno al 2,8%-3% y en una fuerte competencia entre entidades por captar clientes.
La bajada progresiva del euríbor desde los máximos ha supuesto un alivio para muchas familias, que han visto cómo se frenaban las subidas continuas de los años anteriores. En algunos casos, las revisiones ya han empezado a reflejar reducciones en la cuota, lo que libera algo de margen en el presupuesto mensual. Este respiro llega en un contexto de precios de la vivienda al alza, lo que complica la accesibilidad para quienes buscan comprar por primera vez.
Al hilo de esta situación, también ha crecido el número de operaciones realizadas sin necesidad de hipoteca. En los últimos años, el porcentaje de compradores que adquieren su vivienda pagando al contado ha aumentado, hasta situarse en torno a un 35%, según encuestas recientes del sector. Este fenómeno refleja tanto la existencia de ahorro acumulado en determinados perfiles como las dificultades de acceso al crédito o a las condiciones deseadas para otros.
Las previsiones de los expertos apuntan a que, de cara a los próximos meses, el mercado hipotecario seguirá mostrando actividad elevada, pero con un crecimiento más moderado. El escenario más probable es el de un euríbor que se mueve en una banda relativamente contenida, sin volver a los extremos de años anteriores, mientras los bancos ajustan al alza, de forma gradual, los tipos de las hipotecas fijas y mantienen ofertas competitivas en las variables.
Qué puede pasar con el euríbor en los próximos meses
Las perspectivas sobre el futuro del euríbor están muy ligadas a lo que haga el BCE con los tipos oficiales y a la evolución de los principales datos macroeconómicos, como la inflación y el crecimiento económico en la eurozona. Tras un periodo de fuertes subidas para combatir el encarecimiento generalizado de los precios, la autoridad monetaria ha optado por una postura de mayor prudencia, manteniendo los tipos en niveles cercanos al 2%.
En este contexto, muchos inversores consideran poco probable que se produzcan movimientos bruscos a corto plazo en el euríbor. El escenario central que manejan distintos analistas es el de ligeros ajustes al alza o a la baja, pero siempre dentro de una horquilla relativamente acotada. Es decir, un entorno en el que el índice se mantenga más o menos en los niveles actuales, con oscilaciones moderadas en función de los datos que se vayan conociendo.
No obstante, existe cierta divergencia de opiniones respecto al número y la intensidad de posibles recortes de tipos que podría llevar a cabo el BCE a lo largo de 2026. Si la inflación se modera más de lo previsto y la economía se enfría, se abriría la puerta a bajadas adicionales, lo que podría empujar el euríbor algo más abajo. Si, por el contrario, reaparecen presiones inflacionistas, la institución podría optar por mantener o incluso endurecer su política, limitando el recorrido a la baja del índice.
Para las familias y los compradores potenciales de vivienda, esta situación dibuja un escenario en el que, salvo sorpresas, no se esperan vuelcos drásticos en las cuotas hipotecarias a corto plazo. Sí es probable, en cambio, que el mercado siga muy segmentado: hogares con hipotecas ya firmadas que se benefician poco a poco de la moderación del euríbor, y nuevos compradores que se enfrentan a precios de vivienda elevados y a condiciones de financiación algo más exigentes que las de hace años.
Con todo, el dato del euríbor hoy, 19 de febrero de 2026, encajado en torno al 2,198%, refuerza la idea de que se ha entrado en una etapa de cierto equilibrio. No es un nivel tan bajo como para hablar de crédito barato, pero sí lo bastante contenido como para evitar nuevas tensiones severas en los presupuestos de los hogares endeudados.
El índice se mueve, por tanto, en un punto de compromiso entre el esfuerzo hipotecario de las familias y la rentabilidad que buscan las entidades, a la espera de que la evolución económica global y las decisiones del BCE marquen el siguiente gran movimiento. Mientras tanto, quienes tienen revisiones cercanas pueden seguir de cerca la media del mes, porque pequeñas variaciones en torno a este 2,20% seguirán determinando, euro a euro, el coste real de su vivienda.
La Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) ha dado un paso importante en la modernización de sus sistemas de control al publicar en el Boletín Oficial la Resolución General 5824/2026, que retoca en profundidad el régimen de emisión de comprobantes previsto en la Resolución General 1.415. La norma se encuadra en un proceso más amplio de digitalización y simplificación de las declaraciones del Impuesto a las Ganancias y del IVA.
Con esta reforma, el organismo pretende aligerar la carga administrativa de empresas y contribuyentes, pero al mismo tiempo reforzar la trazabilidad de las operaciones y la calidad de la información que llega a sus bases de datos. La clave está en que una serie de sectores que venían utilizando documentos meramente operativos deberán pasar a emitir comprobantes electrónicos con validez fiscal plena.
Nace el comprobante de liquidación electrónica mensual
Una de las novedades más relevantes es la creación de los “comprobantes de liquidación electrónica mensual”, que se incorporan formalmente al régimen general de facturación como una herramienta pensada para actividades con gran volumen de operaciones. Este instrumento está diseñado para simplificar la gestión sin perder detalle ante la Administración.
Los sujetos alcanzados tendrán la posibilidad de elegir entre facturar cada operación por separado o agrupar todas las transacciones de un mismo mes en un único comprobante electrónico por cliente, prestatario o locatario. Se trata de un cambio especialmente útil para entidades que manejan miles de movimientos mensuales y para las que la facturación unidad por unidad resulta poco práctica.
La resolución establece que estos comprobantes mensuales deberán emitirse como fecha tope el último día de cada mes calendario. Una vez generados, el emisor tendrá un plazo máximo de diez días corridos para ponerlos a disposición de sus destinatarios, normalmente por medios electrónicos.
Hasta ahora, buena parte de las operaciones de estos sectores se documentaban con resúmenes, liquidaciones, pólizas, extractos u otros instrumentos que no cumplían con todos los requisitos formales de un comprobante fiscal autorizado por ARCA. Las operaciones se declaraban igualmente en Ganancias e IVA, pero quedaban fuera del circuito estándar de facturación electrónica.
Con la nueva figura de la liquidación electrónica mensual, esas transacciones pasan a integrarse plenamente en el sistema de comprobantes fiscales, ampliando la información disponible para el organismo recaudador y homogeneizando el tratamiento de actividades que hasta ahora tenían un régimen más laxo.
Quiénes están obligados a utilizar el nuevo esquema
La Resolución General 5824/2026 identifica de forma expresa los sectores que podrán —y, en la práctica, deberán— adaptarse a este mecanismo. Se trata de un grupo de actividades clave en la economía, caracterizadas por un alto volumen transaccional y una fuerte presencia en servicios al público.
Entre los sujetos alcanzados se encuentran, en primer lugar, las entidades financieras comprendidas en la Ley 21.526. Es decir, bancos y otras entidades reguladas, que hasta ahora emitían resúmenes por cargos bancarios, intereses, servicios de cajas de seguridad y otros conceptos que no siempre se reflejaban mediante comprobantes fiscales formales.
También se incluyen las compañías de seguros reguladas por la Ley 20.091, con determinadas excepciones puntuales ya previstas en normas anteriores. En este ámbito, las primas que se cobraban mediante pólizas o liquidaciones internas deberán ahora estar amparadas por comprobantes electrónicos autorizados por ARCA.
Otro bloque relevante está formado por las emisoras y administradoras de tarjetas de crédito, compra, prepagas y otros medios de pago, así como las operaciones de pago por transferencias reguladas por la Comunicación “A” 7.153 del Banco Central. Las comisiones y otros cargos que antes se reflejaban solo en extractos deberán integrarse al sistema formal de facturación.
La lista se completa con instituciones educativas de gestión privada encuadradas en la Ley 26.206 y con entidades de medicina prepaga alcanzadas por la Ley 26.682, siempre que estén constituidas como asociaciones, fundaciones o entidades civiles según el artículo 26 de la Ley de Impuesto a las Ganancias. Colegios, centros educativos privados y empresas de salud prepaga que emitían documentación interna o recibos simples tendrán que adaptarse al nuevo estándar.
Reducción de excepciones y mayor exigencia en la identificación
Además de crear el nuevo tipo de comprobante, la norma recorta el elenco de sujetos exceptuados de la obligación de emitir facturas. Para ello, modifica el Anexo I de la Resolución General 1.415, eliminando varios incisos que contemplaban dispensas para determinados tipos de operaciones o entidades.
Uno de los ejes de la reforma pasa por endurecer los requisitos de identificación en los comprobantes dirigidos a consumidores finales. A partir de ahora, será obligatorio consignar la leyenda “A CONSUMIDOR FINAL” en todas las facturas o documentos equivalentes emitidos en este tipo de operaciones, reforzando la claridad sobre el rol del adquirente.
Cuando el importe de la operación sea igual o superior a 10.000.000 de pesos, el emisor deberá consignar, además, el dato identificatorio del comprador: DNI, CUIL o CDI en el caso de residentes, o documento de identidad o pasaporte para extranjeros. La intención es evitar grandes operaciones anónimas sin respaldo identificatorio preciso.
Incluso por debajo de ese umbral de importe, ARCA habilita al emisor a exigir el CUIT del adquirente si este necesita computar la erogación como deducción en su declaración jurada del Impuesto a las Ganancias. En esos casos, la identificación del contribuyente pasa a ser obligatoria para dar sustento fiscal al gasto.
De este modo, la resolución refuerza el vínculo entre la documentación respaldatoria y las deducciones impositivas, buscando cerrar huecos en los que podían colarse compras relevantes sin un correlato claro en la información fiscal disponible para el organismo.
Puntos de venta, domicilios y relación con las actividades declaradas
Otro bloque importante de cambios se concentra en los puntos de emisión de comprobantes y su registro ante ARCA. La resolución sustituye el artículo 47 de la Resolución General 1.415 y actualiza las obligaciones de información relacionadas con cada lugar o sistema habilitado para facturar.
Los contribuyentes deberán comunicar a ARCA el código identificatorio de cada punto de venta al iniciar actividades, al habilitar nuevos locales, sucursales, terminales o sistemas de facturación, y también cuando se produzcan cierres o bajas. En caso de cese de un punto de emisión, la baja tendrá que informarse dentro de los cinco días hábiles.
Una vez registrado el cierre de un punto de venta, la numeración asociada no podrá reutilizarse. Esta medida persigue un mayor orden en la secuencia de comprobantes y dificulta la aparición de huecos numéricos o reutilizaciones que puedan generar dudas en una eventual fiscalización.
A partir del 1 de julio de 2026, ARCA habilitará la vinculación de cada punto de venta con las actividades económicas declaradas en el “Sistema Registral”. Esta asociación permitirá conocer con mayor precisión qué tipo de actividad se realiza en cada local u oficina y qué comprobantes se emiten desde allí.
El trámite de alta, modificación o baja de puntos de venta y su vinculación con actividades se realizará mediante el servicio “Administración de Puntos de Venta y Domicilios”, accesible con Clave Fiscal de nivel de seguridad 3 o superior, conforme a la Resolución General 5.048. Se trata de un entorno ya conocido por los contribuyentes, pero al que ahora se le suma esta funcionalidad de enlace con la facturación.
Vigencia, plazos y período de adaptación
La resolución de ARCA entró formalmente en vigor el mismo día de su publicación en el Boletín Oficial, lo que marca el inicio de un período de adaptación normativa y técnica para los sectores involucrados. Sin embargo, la aplicación plena de algunas de las nuevas obligaciones se ha escalonado en el tiempo.
En particular, la obligación de emitir comprobantes electrónicos —ya sea individuales o bajo la modalidad de liquidación mensual— para las operaciones incluidas en la norma será exigible para las transacciones concertadas a partir del 1 de julio de 2026. Hasta entonces, las entidades disponen de un margen para ajustar sus sistemas internos.
Algo similar ocurre con la posibilidad de vincular los puntos de venta con las actividades económicas en el “Sistema Registral”, que también se habilitará desde esa misma fecha. ARCA busca así coordinar la actualización del mapa de actividades con la entrada en juego de los nuevos requisitos de facturación.
Expertos tributarios señalan que 2026 funcionará como un año de transición tecnológica para las empresas alcanzadas, obligadas a revisar procesos internos, software de facturación, integración con bancos y proveedores de medios de pago, así como la comunicación con sus clientes.
De cara a ejercicios posteriores, el organismo recaudador contará con información transaccional mucho más detallada y estandarizada, lo que facilitará el cruce de datos, el diseño de regímenes simplificados de declaración y el control de inconsistencias entre lo facturado y lo declarado en impuestos como Ganancias e IVA.
En conjunto, los cambios introducidos por la Resolución General 5824 de ARCA reconfiguran el régimen de emisión de comprobantes para sectores clave como bancos, aseguradoras, emisoras de tarjetas, colegios privados y empresas de medicina prepaga, que pasan de esquemas documentales internos a comprobantes electrónicos plenamente reconocidos por la Administración. Aunque la adaptación exigirá inversiones y ajustes operativos, el nuevo marco apunta a una mayor formalidad, a una mejor trazabilidad de las operaciones y a un control fiscal más afinado, en línea con la tendencia hacia la digitalización de los sistemas tributarios en la región.
El consejo de administración de BBVA ha dado luz verde al pago de un dividendo complementario de 0,60 euros brutos por acción, que se abonará a los accionistas el próximo 10 de abril. Con esta decisión, la entidad culmina la política de remuneración correspondiente a los resultados del ejercicio 2025, reforzando su compromiso de reparto de beneficios con los propietarios del banco.
Este dividendo ya se había adelantado durante la presentación de resultados anuales, pero faltaba la aprobación formal del órgano de gobierno y la concreción del calendario de dividendos. La comunicación remitida a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) despeja esas dudas y fija de manera definitiva las fechas clave para quienes quieran beneficiarse de esta retribución en efectivo.
Importe del dividendo y retención fiscal aplicable
El dividendo complementario acordado asciende a 0,60 euros brutos por cada acción de BBVA, a cargo de las ganancias generadas en 2025. Sobre esa cifra bruta se aplicará la retención fiscal vigente en España, actualmente del 19% (ver cómo funcionan los dividendos), lo que se traducirá en un importe neto de 0,486 euros por título para los accionistas residentes sujetos a dicha retención.
En términos agregados, este pago supone un desembolso aproximado de 3.405 millones de euros por parte de la entidad, de acuerdo con el número de acciones en circulación. Se trata de una de las mayores retribuciones en efectivo realizadas por el banco, que consolida así una política de dividendo más generosa en un contexto de resultados al alza y de recompra de acciones.
Si se suma este dividendo complementario a la remuneración ya repartida previamente, el banco alcanzará un total de 0,92 euros por acción en el conjunto del año. Esta cifra representa un incremento de aproximadamente el 31% respecto al ejercicio anterior, situando el retorno al accionista en niveles máximos históricos dentro de la entidad.
Desde el punto de vista del inversor minorista, este aumento del dividendo ordinario se enmarca en una etapa en la que la rentabilidad por dividendo del sector bancario ha ganado relevancia como atractivo frente a otras alternativas de inversión, especialmente en España y el resto de Europa.
Fechas clave: last trading date, ex-dividend y record date
Para poder cobrar este dividendo, es fundamental prestar atención al calendario fijado por la entidad y comunicado a la CNMV y a los mercados. El último día en el que las acciones de BBVA cotizarán con derecho a percibir el dividendo será el 7 de abril, conocido como last trading date.
A partir del 8 de abril, los títulos comenzarán a negociarse en bolsa como acciones ‘ex dividendo’, lo que significa que quienes los adquieran desde esa fecha en adelante ya no tendrán derecho a recibir el pago de 0,60 euros por acción correspondiente a este reparto. Este punto suele ser relevante para los inversores que realizan operaciones a corto plazo alrededor de las fechas de dividendo.
El día 9 de abril se establece como record date o fecha de registro. En esa jornada, se determinará oficialmente qué accionistas figuran en los registros de la entidad depositaria y, por tanto, quiénes tienen derecho a recibir la retribución. Es una fecha meramente administrativa, pero clave a efectos de identificación de los beneficiarios.
Finalmente, el 10 de abril será la fecha efectiva de pago. Ese día, siguiendo las disposiciones aplicables a las entidades depositarias en España y utilizando los sistemas que Iberclear pone a su disposición, se abonará el importe correspondiente en las cuentas de los accionistas con las entidades financieras donde tengan depositados sus títulos.
Mecanismo de pago y papel de Iberclear
La distribución del dividendo se llevará a cabo a través de Iberclear, la entidad encargada de la compensación y liquidación de valores en el mercado español. Este organismo pone a disposición de los bancos y sociedades depositarias las infraestructuras necesarias para que el pago se ejecute de forma automática y coordinada.
En la práctica, el accionista no tiene que realizar ninguna gestión adicional: el abono del dividendo se realiza de manera directa en la cuenta de valores o cuenta corriente asociada a sus acciones, una vez aplicadas las retenciones fiscales que correspondan en cada caso. El proceso suele completarse en la misma jornada fijada como fecha de pago.
Desde el punto de vista regulatorio, todo el calendario —last trading date, ex-dividend date, record date y fecha de pago— se ajusta a los estándares habituales en los mercados europeos, facilitando la coordinación entre BBVA, la CNMV, Iberclear y las entidades financieras que actúan como intermediarias.
Este esquema reduce posibles incidencias operativas y ofrece mayor seguridad jurídica y operativa tanto para el banco como para sus accionistas, especialmente para los inversores institucionales y para los fondos de inversión que necesitan certidumbre sobre el momento exacto de cobro para su propia gestión de tesorería.
Política de remuneración al accionista y perspectivas
El dividendo que se pagará en abril se enmarca dentro de una estrategia global de retribución al accionista. La entidad comunicó en su día al mercado que prevé obtener en el periodo 2025-2028 un beneficio acumulado cercano a los 48.000 millones de euros, del que aproximadamente 36.000 millones se destinarían a remunerar a los propietarios del banco.
De ese importe total previsto para remuneración, alrededor de 6.000 millones de euros se vinculan al dividendo ordinario con cargo a los resultados de esos ejercicios, mientras que cerca de 7.000 millones se repartirían como remuneración extraordinaria ligada al exceso de capital acumulado. Este enfoque combina una retribución recurrente vía dividendo con mecanismos adicionales como recompras de acciones para optimizar la estructura de capital.
En el ejercicio anterior ya se ejecutó un dividendo a cuenta de 0,32 euros por acción —considerado un pago adelantado de carácter récord—, abonado el 7 de noviembre, por un total aproximado de 1.844 millones de euros. A ello se sumó una recompra de acciones cercana a los 993 millones de euros con cargo a los resultados de 2024, completada en diciembre, que también supuso una mejora de la retribución total al accionista.
Con la incorporación del dividendo complementario que ahora se concreta, el montante total repartido en el año por la vía ordinaria asciende a los mencionados 0,92 euros por acción, consolidando una senda de crecimiento en la remuneración que refleja el buen tono de los resultados y la solvencia de la entidad en el contexto financiero europeo.
Para los inversores, esta combinación de pagos en efectivo y operaciones de recompra sitúa a BBVA como uno de los bancos con política de retorno más activa dentro del mercado español, si bien la decisión de entrar o mantener la inversión dependerá siempre del perfil de riesgo de cada ahorrador y de su estrategia a largo plazo.
Impacto para el accionista y contexto de mercado
Más allá de las cifras concretas, el anuncio del dividendo de 0,60 euros por acción y su pago en abril tiene un impacto relevante en la forma en que el mercado valora el título de BBVA. En los días previos a la fecha ex-dividendo, es habitual que el volumen de negociación se vea afectado por la actuación de inversores que buscan capturar el dividendo o ajustar sus posiciones.
Una vez llega el 8 de abril y la acción pasa a cotizar ex-dividendo, lo más frecuente es que el precio del título refleje la salida del importe del dividendo del valor de mercado, aunque la reacción concreta dependerá también de otros factores, como la evolución general de las bolsas europeas, la situación de los tipos de interés y las perspectivas económicas.
Desde un punto de vista financiero, la rentabilidad por dividendo que ofrece esta remuneración —considerando el total de 0,92 euros por acción en el año— puede resultar atractiva si se compara con otras alternativas conservadoras de ahorro. No obstante, la inversión en renta variable conlleva siempre riesgos asociados a la volatilidad, por lo que conviene analizar la posición global del banco, sus resultados y las perspectivas del sector bancario.
En el contexto europeo, el anuncio de BBVA se alinea con una tendencia general de refuerzo de la retribución al accionista en la gran banca, una vez superadas las restricciones al pago de dividendos que se aplicaron años atrás por motivos regulatorios y de estabilidad financiera. Este entorno ha devuelto atractivo al sector para determinados perfiles de inversor que buscan ingresos periódicos.
Con la fecha de cobro fijada y el calendario perfectamente definido, los accionistas disponen de toda la información necesaria para decidir si mantener, incrementar o reducir su exposición al valor, sabiendo que el 10 de abril se materializará el abono en efectivo del dividendo complementario de 0,60 euros brutos por acción y que este forma parte de una estrategia de remuneración amplia y continuista por parte de BBVA.
El consejo de administración de BBVA ha decidido proponer a Jordi Montalbo Todolí como nuevo consejero independiente en la próxima Junta General Ordinaria de Accionistas, un movimiento que encaja en el proceso de renovación periódica del máximo órgano de gobierno del banco. La entidad ha comunicado esta decisión a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), detallando que el nombramiento se someterá a votación junto a otros puntos clave de gobierno corporativo.
La propuesta se produce tras la salida de la consejera independiente Lourdes Máiz, que abandona su puesto después de haber alcanzado el periodo máximo de doce años previsto para mantener dicha condición. Con este relevo, el banco busca reforzar el perfil técnico del consejo en ámbitos como la auditoría, la gestión de riesgos y el negocio asegurador, áreas en las que Montalbo acumula más de tres décadas de experiencia.
Convocatoria de la Junta General de Accionistas
Según la documentación remitida a los supervisores, BBVA celebrará su Junta General Ordinaria de Accionistas previsiblemente el 20 de marzo en segunda convocatoria, tras fijar una primera convocatoria para el día 19. La entidad prevé que sea en esa segunda fecha cuando se reúnan los accionistas para decidir sobre el nombramiento de Montalbo y el resto de asuntos incluidos en el orden del día.
El encuentro tendrá lugar en Bilbao, en el Palacio Euskalduna, a partir de las 12 horas, manteniendo así la tradición de celebrar la cita anual con los accionistas en la capital vizcaína. En esa sesión se someterá a aprobación el nombramiento de Jordi Montalbo como consejero independiente en sustitución de Lourdes Máiz, quien sale del órgano tras agotar el plazo máximo de permanencia como independiente establecido por las recomendaciones de buen gobierno.
La entidad presidida por Carlos Torres Vila ha subrayado que la incorporación de Montalbo pretende aportar un mayor peso técnico al consejo en materias especialmente sensibles para un gran banco europeo: supervisión de riesgos, control interno y evaluación de la calidad de los estados financieros. Esta propuesta se acompaña de varios puntos adicionales vinculados al capital, la política de remuneraciones y la estructura del propio consejo.
Desde el punto de vista del gobierno corporativo, la junta servirá también para revisar la composición del órgano y la continuidad de otros consejeros, asegurando que se cumplen los criterios de diversidad, independencia y experiencia fijados por la normativa bancaria europea y por las recomendaciones de los códigos de buen gobierno.
Quién es Jordi Montalbo: perfil y trayectoria profesional
Jordi Montalbo Todolí (España, 1965) está licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Barcelona y cuenta, además, con una especialización técnica como actuario de seguros en la misma institución. Esta combinación de formación económica y conocimiento actuarial le proporciona una base especialmente útil para la supervisión del negocio financiero y asegurador.
A lo largo de su carrera, ha desarrollado la mayor parte de su trayectoria profesional en Deloitte, entre 1990 y 2022, una de las grandes firmas internacionales de servicios profesionales. Dentro de esta compañía se especializó en la auditoría de entidades financieras y aseguradoras, lo que le permitió conocer de cerca la estructura de riesgos, la regulación y las buenas prácticas de control interno del sector.
Durante su etapa en Deloitte, Montalbo ocupó puestos de máxima responsabilidad vinculados al negocio asegurador y financiero. Entre otros cargos, fue socio responsable del área de seguros en España, socio de auditoría y seguros para servicios financieros y co-líder de la auditoría del sector seguros en la región de Europa, Oriente Medio y África (EMEA). Estas funciones le situaron al frente de equipos internacionales y de proyectos complejos, obligándole a coordinarse con supervisores y grandes grupos financieros.
Además de su experiencia en la firma de servicios profesionales, ha participado en diferentes programas de formación y desarrollo tanto en España como en el extranjero, reforzando su conocimiento de los estándares internacionales de información financiera y de las exigencias regulatorias aplicables a los bancos europeos. Este perfil, a mitad de camino entre lo técnico y lo estratégico, es el que BBVA quiere incorporar a su consejo.
La entidad destaca que el profundo conocimiento de Montalbo sobre la gestión de riesgos, la auditoría y la regulación financiera encaja con las necesidades actuales del consejo, en un momento en el que los grandes bancos afrontan un entorno de supervisión más exigente, mayores requerimientos de capital y una creciente atención al control de riesgos operacionales y tecnológicos.
Nombramiento condicionado a la supervisión del BCE
Como sucede con todos los consejeros de entidades consideradas de importancia sistémica, el nombramiento de Jordi Montalbo está sujeto a la verificación del Banco Central Europeo (BCE). El supervisor deberá confirmar que el candidato cumple los requisitos de idoneidad exigidos para el desempeño del cargo, tanto en términos de experiencia como de honorabilidad y ausencia de conflictos de interés.
Este proceso de evaluación, conocido en el sector como “fit and proper”, es una condición indispensable para que la designación pueda hacerse efectiva tras la votación de la junta. Solo una vez obtenida la autorización del BCE, el acuerdo adoptado por los accionistas tendrá plena validez y Montalbo podrá incorporarse al consejo con plenas funciones.
La exigencia de esta validación responde a la normativa bancaria europea, que refuerza el papel de los supervisores en el control de quién se sienta en los órganos de gobierno de las grandes entidades. El objetivo es garantizar que los consejeros cuentan con la experiencia, dedicación y conocimientos necesarios para vigilar adecuadamente la estrategia y los riesgos asumidos por el banco.
En este contexto, BBVA considera que el bagaje técnico y la trayectoria internacional de Montalbo aportan un plus de solidez al órgano de gobierno, especialmente en lo relativo a auditoría interna, interpretación de estados financieros complejos y revisión de marcos de control.
La propuesta se enmarca, además, en la renovación gradual de los consejeros independientes, mecanismo habitual en los grandes bancos europeos para evitar una excesiva permanencia en los cargos y fomentar la entrada periódica de nuevos perfiles.
Salida de Lourdes Máiz y renovaciones en el consejo
La incorporación de Jordi Montalbo se produce en sustitución de Lourdes Máiz, que abandona el órgano tras alcanzar doce años como consejera independiente, el límite máximo habitual para este tipo de posiciones según las recomendaciones de buen gobierno. La entidad ha expresado su reconocimiento por la “valiosa contribución” de Máiz durante su etapa en el consejo.
Junto a este relevo, BBVA propondrá la reelección de varios consejeros que actualmente forman parte del órgano. En concreto, la entidad someterá a la junta la continuidad de Sonia Dulá, Raúl Galamba y Ana Revenga como consejeros independientes, así como la reelección de Carlos Salazar como consejero externo. Con ello, el banco busca mantener un equilibrio entre estabilidad y renovación.
Estas propuestas permiten conservar la experiencia acumulada en el consejo en ámbitos como los mercados internacionales, las políticas de desarrollo, la regulación y la gestión empresarial, a la vez que se incorpora un perfil fuertemente especializado en riesgos y auditoría. De esta manera, la composición del órgano intenta cubrir un abanico amplio de competencias.
El enfoque de la entidad responde a los criterios establecidos por la normativa europea de gobierno corporativo, que pone el acento en la diversidad de conocimientos, la independencia y la evaluación periódica de la idoneidad de los consejeros. Mantener un número relevante de consejeros independientes se considera clave para asegurar una supervisión efectiva de la alta dirección.
En conjunto, la entrada de Montalbo y la renovación de varios consejeros apuntan a reforzar la capacidad del órgano para supervisar los riesgos, validar la estrategia y representar los intereses de todos los accionistas, en un momento en el que el sector financiero europeo encara retos de rentabilidad, transformación digital y regulación.
Emisión de CoCos y otras operaciones sobre capital
Más allá de los cambios en el consejo, BBVA aprovechará la junta para solicitar la autorización de una emisión de bonos contingentemente convertibles (CoCos). El banco plantea obtener el visto bueno de los accionistas para poder emitir, durante un periodo de hasta cinco años, valores eventualmente convertibles en acciones por un importe máximo agregado de 8.000 millones de euros.
Este tipo de instrumentos, habituales en grandes entidades europeas, se utilizan como una herramienta flexible de gestión de capital. Suelen computar como recursos propios de nivel adicional y están diseñados para absorber pérdidas en escenarios de tensión, contribuyendo a reforzar la solvencia del banco en línea con los requerimientos regulatorios.
Además, la entidad solicitará a la junta autorizar la adquisición derivativa de acciones propias, ya sea de forma directa o a través de sociedades del grupo. Esta autorización suele concederse con límites y condiciones concretas en cuanto a precios, plazos y volumen máximo de títulos que pueden recomprarse en el mercado.
Ligado a esa capacidad de recompra, el banco también someterá a votación una posible reducción del capital social por un importe máximo equivalente al 10% del capital vigente en la fecha del acuerdo, mediante la amortización de las acciones propias adquiridas con esa finalidad. El consejo de administración quedará facultado para ejecutar la reducción total o parcialmente, en una o varias operaciones, o para no llevarla a cabo si las condiciones no son favorables.
Este conjunto de medidas, recompra de acciones y reducción de capital, suele interpretarse como una forma de gestionar la estructura de capital y de mejorar la rentabilidad por acción para los accionistas, siempre que se mantengan los niveles de solvencia exigidos por los supervisores. No obstante, su eventual ejecución estará condicionada al entorno de mercado, a las necesidades de capital del grupo y a la evolución del negocio.
Remuneración variable y documentos anuales
Otro de los puntos relevantes del orden del día será la autorización de un nivel máximo de remuneración variable de hasta el 200% del componente fijo de la retribución total para un colectivo concreto de empleados cuyas funciones tienen un impacto significativo en el perfil de riesgo de BBVA y de su grupo. Esta propuesta se sitúa dentro del marco regulatorio europeo sobre bonus en el sector financiero, que exige la aprobación explícita de los accionistas para determinados niveles de variable.
En paralelo, la junta deberá pronunciarse sobre el informe anual sobre remuneraciones de los consejeros correspondiente al ejercicio 2025, documento en el que se detallan las políticas, importes y criterios de retribución aplicados al órgano de administración. Este informe, de carácter consultivo en muchos casos, sirve para que los accionistas evalúen la política salarial del banco y su alineación con los resultados y la asunción de riesgos.
También está previsto que se sometan a aprobación las cuentas anuales individuales y consolidadas de BBVA del ejercicio 2025, junto con los correspondientes informes de gestión de la entidad y de su grupo. Junto a ellos, la junta examinará el estado de información no financiera consolidado, que recoge datos sobre cuestiones ambientales, sociales y de buen gobierno, en línea con las exigencias normativas europeas.
La entidad llevará igualmente a votación la reelección de EY como auditor de cuentas de BBVA y de su grupo consolidado para el ejercicio 2026, con el objetivo de dar continuidad al trabajo de revisión externa de los estados financieros. La permanencia de la misma firma auditora, dentro de los límites temporales marcados por la regulación, se interpreta como una apuesta por la estabilidad y el conocimiento acumulado de la entidad.
Todos estos puntos, desde las cuestiones de retribución hasta la aprobación de informes financieros y no financieros, forman parte del paquete habitual de acuerdos que los grandes bancos europeos presentan en sus juntas anuales y que resultan esenciales para garantizar la transparencia ante los mercados y los reguladores.
Con la propuesta de nombrar a Jordi Montalbo como consejero independiente, la renovación parcial de su órgano de administración y el amplio conjunto de decisiones financieras y de gobierno corporativo que se someterán a voto, BBVA afronta su próxima junta general como una cita clave para ajustar su estructura de poder, reforzar sus capacidades técnicas en el consejo y dotarse de margen de maniobra en materia de capital, retribuciones y supervisión, en línea con las exigencias regulatorias y las expectativas de los inversores en el mercado europeo.
El Banco Central Europeo ha consolidado el tipo de interés en el 2% y encadena ya cinco reuniones seguidas sin cambios en el precio oficial del dinero. La institución que preside Christine Lagarde mantiene así su apuesta por la prudencia, en un momento en el que la inflación se ha situado por debajo del objetivo pero el contexto global sigue plagado de incertidumbres.
Lejos de precipitarse hacia nuevos recortes, el Consejo de Gobierno ha optado por prolongar la pausa monetaria y esperar a que los datos confirmen que la desinflación es sostenible y compatible con la estabilidad de precios a medio plazo. La consigna que sale de Fráncfort es clara: decisiones «reunión a reunión» y sin comprometerse con una senda de tipos predeterminada.
Los tres tipos oficiales del BCE se mantienen sin cambios
En la primera cita del año, el Consejo de Gobierno ha decidido dejar sin variación los tres tipos de referencia de la política monetaria de la zona euro. La facilidad de depósito, que se ha convertido en el principal ancla de la estrategia del BCE, permanece en el 2%, mientras que el tipo de las operaciones principales de financiación se sitúa en el 2,15% y la facilidad marginal de crédito en el 2,40%.
Estos niveles se mantienen desde la última bajada de tipos, aplicada en junio del año pasado, cuando el BCE dio por concluido un ciclo de ocho recortes consecutivos que redujo el coste oficial del dinero en 200 puntos básicos. Desde entonces, el banco central ha preferido comprobar con calma cómo se transmite esa relajación monetaria a la economía real antes de volver a mover ficha.
En su comunicado, la institución señala que la actual configuración de los tipos es consistente con una política monetaria todavía restrictiva, suficiente para mantener la inflación bajo control pero sin estrangular el crecimiento. Varios analistas consideran que un tipo de depósito en el entorno del 2% constituye un nivel «neutral», que ni impulsa ni frena de forma agresiva la actividad económica.
El mensaje oficial insiste en que cualquier ajuste futuro se basará en una lectura exhaustiva de los datos, incluyendo la evolución de la inflación general y subyacente, la dinámica de salarios, las condiciones de crédito y la intensidad con la que las anteriores decisiones de tipos se están filtrando a la economía.
El BCE, además, recuerda que no se siente atado a ningún calendario y que no hay un compromiso previo con nuevas bajadas o subidas. Esta flexibilidad, recalca el Consejo de Gobierno, es clave para reaccionar con rapidez si el panorama inflacionista o de crecimiento diera un giro inesperado.
Inflación por debajo del 2% y menor presión en los servicios
Uno de los datos que más peso ha tenido sobre la mesa es la caída de la inflación de la eurozona hasta el 1,7% interanual en enero, según las estimaciones preliminares de Eurostat. Se trata de la lectura más baja desde 2024 y se sitúa ya por debajo del objetivo simétrico del 2% que guía el mandato del BCE.
Buena parte de esta moderación responde a la corrección de los precios de la energía, que registraron un descenso en torno al 4% en términos interanuales, favorecidos por el efecto base tras el repunte del año anterior y por un contexto de materias primas energéticas más calmado. También contribuyen factores como el abaratamiento de algunas materias primas agrícolas y la normalización de las cadenas de suministro.
Más relevante a ojos del banco central es el comportamiento de la inflación subyacente, que excluye los componentes más volátiles como energía y alimentos. Este indicador se ha moderado hasta cotas algo superiores al 2%, con una desaceleración visible en los servicios, tradicional refugio de presiones inflacionistas tras la pandemia y muy vinculado a la evolución de los salarios.
Distintas casas de análisis, como Oxford Economics y otros centros de estudios europeos, interpretan las cifras de enero como señales de un entorno inflacionista mucho más benigno. Prevén que el crecimiento de los salarios nominales se siga enfriando, en un mercado laboral que comienza a mostrar algo más de holgura de la que sugerían las tasas de paro agregadas.
Las últimas proyecciones internas del BCE apuntan a que la inflación general podría situarse ligeramente por debajo del 2% en los próximos ejercicios. Para 2025 y 2026 se barajan medias anuales próximas al 2% o incluso algo inferiores, mientras que la inflación subyacente se mantendría algo por encima de ese umbral, todavía condicionada por el ajuste gradual de los salarios y de los precios en el sector servicios.
Euro fuerte, comercio global y riesgos geopolíticos
Más allá de los precios, el BCE reconoce que la apreciación del euro se ha convertido en un elemento central del debate monetario. La moneda única ha ganado terreno frente al dólar hasta niveles no vistos desde 2021, lo que abarata las importaciones de bienes y materias primas para la zona euro, reforzando las presiones desinflacionistas.
Este movimiento del tipo de cambio tiene una doble cara: por un lado, contiene el encarecimiento de las importaciones y contribuye a moderar la inflación; por otro, puede actuar como freno para los exportadores europeos al encarecer sus productos en el exterior, precisamente cuando el crecimiento global se enfrenta a vientos en contra por las tensiones comerciales.
Christine Lagarde ha reiterado que el BCE no tiene un objetivo explícito para el nivel del euro, pero admite que la divisa es un factor relevante en el análisis de la inflación y la actividad. Varios miembros del Consejo de Gobierno, así como gobernadores nacionales, han reconocido en las últimas semanas que la evolución del tipo de cambio será uno de los elementos a vigilar de cara a las próximas decisiones.
Al mismo tiempo, el banco central subraya que las perspectivas están marcadas por una elevada incertidumbre en el ámbito de la política comercial y las tensiones geopolíticas. La posible intensificación de conflictos, la introducción de nuevos aranceles o cambios bruscos en las cadenas de suministro podrían presionar de nuevo al alza los precios de la energía o de determinados bienes intermedios.
Lagarde ha dejado claro que, aunque el escenario central apunta a una inflación contenida o incluso algo por debajo del objetivo, existen riesgos en ambas direcciones: sorpresas a la baja derivadas de la apreciación del euro o de un frenazo de la demanda, y posibles repuntes ligados a la energía, a las materias primas o a nuevos cuellos de botella en la oferta.
Una economía que resiste con bajo paro y gasto público al alza
Pese a la desaceleración del ciclo, el BCE insiste en que la economía de la eurozona sigue mostrando capacidad de resistencia. El crecimiento es modesto, pero positivo: los últimos datos de Eurostat sitúan el avance del PIB en torno al 0,3% trimestral a finales de 2025, y los pronósticos para los próximos años hablan de tasas anuales cercanas al 1%.
Entre los factores que sostienen la actividad destaca el bajo nivel de desempleo en muchas economías del área del euro, así como la solidez de los balances del sector privado tras los años de política monetaria y fiscal expansiva. Este colchón financiero, especialmente en empresas y hogares con menor carga de deuda a tipos elevados, reduce la vulnerabilidad ante las condiciones financieras más tensionadas.
También tiene un papel relevante la ejecución gradual del gasto público en defensa e infraestructuras, que se ha incrementado en varios Estados miembros en respuesta a las nuevas prioridades de seguridad y a las necesidades de modernización de la economía europea. Estas inversiones, aunque no compensan por completo la debilidad de otros componentes de la demanda, proporcionan cierto apoyo al PIB.
Los últimos datos de crecimiento han sido algo mejores de lo esperado, con países como España registrando tasas de avance superiores a la media de la zona euro, mientras que otras grandes economías, como Alemania o Italia, muestran ritmos más contenidos pero alejados de una recesión profunda. Este cuadro mixto refuerza la percepción de una recuperación cíclica lenta, pero sin grandes sobresaltos por ahora.
Varios analistas apuntan a que, en este contexto, la mayoría de los miembros del Consejo de Gobierno consideran que la combinación actual de tipos estables y crecimiento moderado valida la estrategia de cautela. El banco central entiende que ya ha hecho buena parte del trabajo restrictivo y que ahora se trata más de calibrar cuánto tiempo debe mantenerse ese nivel de tensión monetaria.
Estrategia de «esperar y ver» y horizonte de tipos para 2026
El consenso entre economistas e inversores es que el BCE se siente cómodo con una estrategia de «esperar y ver». La institución repite que sus decisiones serán dependientes de los datos y se tomarán en cada reunión, sin dar una orientación explícita sobre el momento o la magnitud de las futuras bajadas.
Casas de análisis como Vanguard, Pimco o distintas firmas europeas de inversión consideran probable que el tipo de depósito permanezca en el 2% durante buena parte de 2026, salvo que se produzca un giro claro en las previsiones de inflación o un shock severo sobre el crecimiento. El listón para un cambio de rumbo se percibe alto y requeriría señales contundentes de que la inflación se instala de forma persistente por debajo de la meta.
Otros expertos matizan que, si se materializa un escenario de inflación general estabilizada en torno al 1,5%-1,7% y una subyacente en áreas cercanas al 2%, podrían abrirse las puertas a recortes adicionales de pequeña magnitud. En cualquier caso, subrayan que, si hay un próximo movimiento, lo más plausible sería una bajada y no una subida, al menos en el corto plazo.
El calendario de reuniones para 2026 ya está fijado, con citas clave en marzo, abril, junio, julio, septiembre, octubre y diciembre. No obstante, el BCE evita asociar de antemano estas fechas a decisiones concretas sobre los tipos y recuerda que sus previsiones macroeconómicas actualizadas, especialmente las de inflación, serán las que marquen el tono de las discusiones.
En paralelo a la gestión de los tipos, el banco central continúa con la reducción gradual de su balance mediante la no reinversión de los bonos que vencen en los programas de compras (APP y PEPP). Este proceso, aunque ordenado y predecible, añade cierto endurecimiento adicional a las condiciones financieras, al retirarse parte del apoyo extraordinario que se desplegó durante la crisis sanitaria y los episodios de tensión en los mercados.
Efectos sobre crédito, inversión y ahorradores
La combinación de tipos en el 2% y un balance en reducción se ha trasladado al encarecimiento del crédito a empresas y hogares respecto a los mínimos de años anteriores. Los bancos han endurecido sus criterios de concesión y la demanda de financiación se ha enfriado, especialmente en segmentos como las hipotecas y los préstamos a largo plazo para inversión empresarial.
Desde la óptica de los mercados financieros, las expectativas de tipos relativamente bajos y estables tienden a favorecer los activos de riesgo, como la renta variable, mientras que en los mercados de bonos se observa una cierta estabilización de las rentabilidades tras el ajuste previo. Bonos emitidos en fases de tipos más altos siguen resultando atractivos para los inversores que buscan rentas periódicas.
Para los ahorradores, el entorno actual implica que las remuneraciones de los depósitos bancarios y cuentas de ahorro no volverán, de momento, a los niveles más elevados vistos cuando el BCE inició el ciclo de recortes. No obstante, el tipo de referencia en el 2% sigue ofreciendo más margen que en los años de tipos negativos, permitiendo cierto retorno, aunque modesto, en productos de bajo riesgo.
Los prestatarios, por su parte, se benefician de un coste del dinero claramente inferior al vigente antes del giro a la baja en los tipos. Hipotecas a tipo variable y préstamos de consumo referenciados a índices ligados a la política monetaria del BCE han visto aliviada su carga financiera en los últimos trimestres, lo que reduce el riesgo de morosidad y libera parte de la renta disponible de los hogares.
El BCE, aun así, se muestra atento al equilibrio entre control de la inflación y apoyo a la actividad. Un endurecimiento excesivo podría terminar lastrando de forma innecesaria el crecimiento y el empleo, mientras que una relajación prematura pondría en riesgo la credibilidad del objetivo de estabilidad de precios. La línea que separa ambos riesgos es estrecha, y de ahí la insistencia en avanzar con cautela.
Tras varias reuniones sin cambios y con una inflación que se ha colocado incluso por debajo del objetivo, el BCE se mantiene en una posición de vigilancia activa, confiado en la resistencia de la economía europea pero consciente de que la apreciación del euro, las tensiones geopolíticas y la evolución del comercio mundial pueden alterar el panorama con rapidez; por ahora, el 2% se consolida como el punto de equilibrio elegido para navegar este tramo del ciclo, a la espera de que los próximos datos confirmen si la fase actual de pausa se prolonga o da paso a una nueva etapa de bajadas graduales.
Banco Sabadell ha cerrado el ejercicio 2025 con un beneficio neto atribuido de 1.775 millones de euros, una cifra que supone ganar algo menos que un año antes pero que mantiene al grupo entre las entidades más rentables del sistema financiero español. El resultado llega, además, en pleno cambio de ciclo interno y tras superar la opa lanzada por BBVA, que marcó buena parte de la narrativa del sector el año pasado.
A pesar de esta ligera caída, la entidad insiste en que, si se dejan fuera los extraordinarios contabilizados en 2024, el beneficio habría avanzado un 3,4% interanual. El banco vincula esta evolución a la mejora de la calidad del riesgo, al recorte de provisiones y al empuje del negocio en España, donde el crédito y los recursos de clientes han seguido aumentando a buen ritmo.
Beneficio, rentabilidad y política de retribución
El ejercicio se salda con un beneficio de 1.775 millones, un 2,8% menos interanual, afectado por los 109 millones de impactos extraordinarios registrados en 2024 que ya no se repiten. Sin ese efecto de base, el resultado neto muestra un avance moderado, apoyado en el crecimiento de los volúmenes y en la reducción de las dotaciones por riesgo de crédito.
En términos de rentabilidad, el banco ha llevado su RoTE (rentabilidad sobre el capital tangible) hasta el 14,3%, avanzando hacia la meta del 16% fijada para el final del Plan Estratégico 2025-2027. Esta mejora llega pese al descenso del margen de intereses derivado del entorno de tipos más bajos, compensado en parte por mayores comisiones y un control estricto de los costes.
En el capítulo de solvencia, la entidad sitúa su ratio CET1 fully loaded en el 13,65%, que queda en el 13,11% una vez se descuenta el reparto del exceso de capital entre los accionistas. Esta posición implica una generación orgánica de capital de 196 puntos básicos a lo largo de 2025 y se traduce en un colchón holgado sobre los requisitos regulatorios, con una ratio de capital total cercana al 18,23% y un MDA buffer de casi 400 puntos básicos.
El gran titular para el inversor está en la retribución: el Consejo ha dado luz verde a un programa de recompra de acciones de hasta 800 millones de euros, ya autorizado por el Banco Central Europeo. Este paquete se compone de 365 millones con cargo a las ganancias de 2025 y otros 435 millones procedentes del capital acumulado por encima del 13% CET1, y está previsto que arranque el 9 de febrero.
Si se suma esta recompra a los 700 millones ya repartidos en dividendos en efectivo a cuenta de 2025 y al pago de 0,50 euros por título como dividendo extraordinario ligado a la venta de TSB, el banco calcula que distribuirá alrededor de 4.000 millones de euros a sus accionistas en un intervalo de 12 meses. En términos de mercado, esta cifra equivale aproximadamente a una rentabilidad cercana al 9% sobre la capitalización bursátil actual.
Plan estratégico y relevo en la cúpula
La elevada remuneración al accionista se enmarca en el Plan Estratégico 2025-2027, con el que Sabadell se ha comprometido a devolver a sus dueños unos 6.450 millones de euros en ese trienio, cerca del 40% de su valor bursátil. La dirección ha reiterado que, a partir de 2026, el dividendo ordinario en efectivo por acción será superior a los 0,20 euros abonados en 2024, sin contar pagos especiales.
El consejero delegado saliente, César González-Bueno, ha subrayado que el banco vuelve a cumplir los compromisos asumidos con el mercado, lo que permite mantener intactas las guías del plan. En sus palabras, el proyecto se apoya en fundamentos de negocio sólidos y un equipo centrado en la ejecución, con el foco puesto en la rentabilidad y en una remuneración recurrente y atractiva para el accionista.
En paralelo a la presentación de resultados, el Consejo ha oficializado un cambio de calado en la primera línea directiva. Tras acordar su salida de mutuo acuerdo, González-Bueno cederá el testigo a Marc Armengol, hasta ahora responsable ejecutivo de TSB. El relevo está previsto para mayo, una vez se celebre la junta de accionistas y se reciba el visto bueno del BCE.
El banco destaca del nuevo máximo ejecutivo su perfil tecnológico y experiencia en transformación digital, rasgos que encajan con la siguiente fase del plan estratégico, en la que el uso de datos, la automatización y la inteligencia artificial ganarán peso. La salida de González-Bueno se produce tras un ciclo que la propia entidad califica de “apasionante y exitoso”, marcado por la reestructuración del grupo, la limpieza del balance y la defensa frente a la opa de BBVA.
En bolsa, la reacción inmediata del mercado ha sido de recogida de beneficios: el título llegó a caer alrededor de un 4%-5% en la sesión de resultados, en un contexto de correcciones generalizadas en la banca española tras varios meses de fuerte revalorización. Algunas casas de análisis atribuyen el ajuste al menor ritmo de actividad comercial al cierre del ejercicio y a unas previsiones para 2026 que califican de conservadoras, y al nuevo mapa del precio objetivo de la banca española.
Margen de intereses, comisiones y eficiencia
En la parte alta de la cuenta de resultados, Sabadell registró en 2025 ingresos del negocio bancario (margen de intereses más comisiones netas) de 6.221 millones de euros, lo que supone un descenso del 2,5% respecto al ejercicio anterior. El banco encadena así un año de ajuste tras el pico de beneficios derivado del fuerte repunte de tipos en 2023 y 2024.
El margen de intereses se situó en 4.837 millones de euros, con una caída del 3,7% interanual en el grupo y de algo más del 6% si se excluye TSB. Esta contracción responde, según la entidad, al impacto de los menores tipos de interés en la zona euro y a la normalización de la contribución de la cartera hipotecaria y del crédito a tipo variable, parcialmente compensada por el mayor volumen de préstamos y la gestión del coste de los depósitos.
Frente a esta presión sobre el margen puro, la palanca de las comisiones ha jugado a favor. Las comisiones netas alcanzaron 1.384 millones de euros, con un incremento del 2% a nivel grupo y del 3,6% sin contar la filial británica. El aumento se explica sobre todo por los ingresos vinculados a la gestión de activos, los fondos de inversión y los seguros, con un último trimestre especialmente fuerte por la estacionalidad de las comisiones de éxito.
La gestión de costes ha mantenido el tono de disciplina de los últimos años. Los gastos totales se situaron en 3.100 millones de euros, apenas un 0,5% por encima de 2024, lo que permite contener la ratio de eficiencia del grupo en el entorno del 49,3% incluyendo amortizaciones. Este dato indica que la mitad aproximada de los ingresos se destina a costes operativos, nivel que se considera razonable en comparación con otros bancos europeos de tamaño similar.
Si se amplía el foco a todos los ingresos, el margen bruto se redujo alrededor de un 0,8%, hasta algo más de 6.280 millones de euros, mientras que el beneficio antes de impuestos, favorecido por la caída de las provisiones, avanzó en torno a un 3,5%, hasta situarse cerca de los 2.600 millones.
Impulso comercial y crecimiento del crédito
Más allá de la cuenta de resultados, el banco subraya el dinamismo de la actividad comercial, sobre todo en España. El conjunto del grupo cerró 2025 con un crédito vivo de 160.708 millones de euros, un 2,4% más interanual. Si se excluye TSB, la inversión crediticia se eleva a 119.615 millones, con un avance del 5,4% frente a un año antes.
En el mercado doméstico, la cartera hipotecaria aumentó un 5,2%, hasta 39.800 millones de euros, en un entorno todavía marcado por tipos relativamente altos para las familias. El negocio de crédito al consumo mostró un comportamiento aún más dinámico, con un saldo de 5.400 millones y un crecimiento del 17,8% interanual, reflejando un mayor apetito de los hogares por financiar compras y proyectos personales.
El segmento de préstamos y créditos a empresas también mantuvo la senda de crecimiento, aunque a un ritmo más moderado: la cartera se situó en torno a 44.800 millones de euros, un 2,4% más que en 2024. Este avance se apoya tanto en pymes como en compañías de mayor tamaño, con un enfoque selectivo para preservar la calidad del riesgo.
En medios de pago, el banco registró un avance de la facturación de tarjetas del 6%, hasta superar los 26.600 millones de euros, mientras que el volumen gestionado a través de datáfonos y TPVs creció un 2% en el año, hasta casi 58.000 millones. Estas cifras apuntan a un uso cada vez más intensivo de los pagos electrónicos por parte de particulares y comercios.
Los recursos de clientes exTSB alcanzaron los 184.692 millones de euros a cierre de diciembre, con un incremento del 6,4%. En el conjunto del grupo, los recursos se situaron alrededor de 224.921 millones, un 4,3% más, repartidos entre depósitos en balance y productos de ahorro e inversión fuera de balance.
Depósitos, productos de inversión y recursos de clientes
En el pasivo, los recursos de clientes en balance del grupo sumaron 172.265 millones de euros, con un crecimiento del 1,6% interanual. El principal motor han sido las cuentas a la vista, que ascienden a unos 143.400 millones y aumentan un 3,7%, impulsadas por la captación de nuevos clientes y por el mantenimiento de saldos operativos de particulares y empresas.
En sentido contrario, los depósitos a plazo se redujeron hasta 28.476 millones de euros, un 8,3% menos interanual. Este descenso no responde tanto a salidas de dinero del banco como al trasvase hacia productos fuera de balance, fundamentalmente fondos de inversión, seguros de ahorro y soluciones de gestión de patrimonios, que ofrecen un potencial de rentabilidad superior en el actual contexto de tipos.
El total de recursos de clientes fuera de balance alcanzó los 52.656 millones de euros al cierre del año, lo que supone un incremento del 14% respecto a 2024. La entidad destaca la buena evolución de los fondos de inversión, con suscripciones netas positivas, junto con el crecimiento de los seguros comercializados y el desarrollo del negocio de banca privada y asesoramiento.
Esta reconfiguración de la estructura de pasivo, con más peso de los productos de inversión, encaja con la estrategia de impulsar las comisiones recurrentes y diversificar las fuentes de ingresos, al tiempo que permite optimizar el coste de la financiación y sostener la rentabilidad en un entorno de tipos menos favorables.
De cara al presente ejercicio, la entidad confía en que el impulso de los volúmenes de crédito y de los productos de ahorro e inversión se traduzca en un mayor crecimiento de ingresos una vez se diluya el efecto negativo de la caída de tipos sobre el margen de intereses, algo que, según el banco, debería apreciarse sobre todo a partir de la segunda mitad de 2026.
Provisiones, riesgo y calidad del balance
Uno de los puntos que más subraya la dirección es la mejora de la calidad del activo y la reducción del coste del riesgo. En 2025, las dotaciones a provisiones disminuyeron un 23,5% interanual, apoyadas en una caída significativa de los activos problemáticos y en la menor entrada de nueva morosidad.
El coste del riesgo de crédito se situó en 21 puntos básicos a nivel grupo y en 24 puntos básicos si se excluye TSB, cifras que reflejan un entorno de impagos contenido. El coste de riesgo total, que además de crédito incluye otros conceptos como provisiones por litigios o deterioros de activos no financieros, se redujo hasta los 31 puntos básicos en el grupo y 37 puntos exTSB.
La ratio de morosidad del grupo descendió hasta el 2,37%, desde niveles cercanos al 2,8% un año antes, y la cobertura de los activos dudosos (stage 3) con el total de provisiones aumentó hasta el 63,8%. Si se deja fuera a TSB, la ratio de mora queda en torno al 2,65% y la cobertura sube hasta cerca del 69,5%, reforzando el colchón ante posibles deterioros futuros.
En términos absolutos, el saldo de activos problemáticos (NPAs) se redujo en 877 millones de euros en la comparativa interanual, de los que 725 millones corresponden a posiciones catalogadas como stage 3 y unos 150 millones a activos inmobiliarios problemáticos. A cierre de diciembre, los NPAs se situaban en torno a 4.803 millones, con 4.119 millones en activos dudosos y unos 684 millones en adjudicados inmobiliarios.
La entidad sostiene que esta evolución ha cambiado el perfil de riesgo del banco, que hace unos años era mucho más sensible a las turbulencias macroeconómicas y ahora muestra una exposición más diversificada y con mayor nivel de coberturas. De hecho, el propio equipo gestor considera que la mejora de los activos ha sido uno de los elementos de transformación clave del grupo en los últimos ejercicios.
Capital, solvencia y generación orgánica
En el ámbito del capital, Sabadell remarca que continúa generando recursos propios de forma orgánica a ritmos elevados, lo que le permite al mismo tiempo financiar el crecimiento del crédito y sostener una política de retribución al accionista muy exigente.
La ratio CET1 fully loaded, tras considerar el reparto del exceso de capital, se mantiene en el 13,11% a final de 2025. Si se mide antes de distribuciones, alcanza el 13,65%. Durante el año, el banco ha generado 196 puntos básicos de capital de manera orgánica, con un incremento de 20 puntos básicos en el último trimestre.
El conjunto de ratios regulatorias sitúa a la entidad con un nivel de solvencia holgado frente a los mínimos requeridos. La ratio de capital total ronda el 18,23%, lo que deja un margen de seguridad (MDA buffer) de unos 391 puntos básicos, suficiente para absorber potenciales shocks sin poner en riesgo la capacidad de pagar cupones y dividendos.
Este colchón de capital es, precisamente, el que posibilita lanzar una recompra de acciones de 800 millones de euros y anunciar una distribución global de 6.450 millones en el trienio, sin comprometer los objetivos internos de solvencia ni las exigencias del supervisor europeo.
El director financiero, Sergio Palavecino, ha destacado que las dinámicas de negocio y de balance permiten autofinanciar el crecimiento del libro de crédito y, a la vez, mantener una remuneración competitiva al accionista. A su juicio, la combinación de mayor rentabilidad futura, generación de capital y disciplina en costes coloca al banco en buena posición para alcanzar sus metas de RoTE y solvencia dentro del marco temporal previsto.
TSB, resultados y venta al Santander
El ejercicio 2025 ha sido también el último año completo con TSB dentro del perímetro del grupo. La filial británica cerró el ejercicio con un beneficio neto individual de 259 millones de libras, lo que representa un incremento del 24,7% frente a 2024. En términos de contribución al grupo, aportó 318 millones de euros, un 25,6% más que en el ejercicio anterior.
En la cuenta de resultados de TSB, el margen de intereses creció un 7,2%, hasta 1.056 millones de libras, impulsado por el negocio hipotecario y la gestión del pasivo, mientras que las comisiones se redujeron un 15,5%, hasta cerca de 77 millones de libras, en parte por cambios en la estructura de tarifas y por un entorno competitivo intenso en el mercado minorista británico.
Los costes totales de la filial descendieron alrededor de un 2,6%, hasta situarse por debajo de los 750 millones de libras, reflejando el impacto de los planes de eficiencia y la digitalización de procesos. Este ajuste, junto con el crecimiento del margen de intereses, explica el fuerte repunte de su beneficio.
En el plano corporativo, Sabadell cerró con Banco Santander la venta de TSB por 2.650 millones de libras a fecha 31 de marzo de 2025. A esa cantidad se le suma el incremento del valor neto contable tangible (TNAV) generado desde entonces, que ya alcanza los 154 millones de libras y que se añadirá al precio final en el momento en que se formalice la operación, previsiblemente en el segundo trimestre de 2026, una vez obtenidas las autorizaciones regulatorias pendientes.
El banco ha vinculado a esta transacción un dividendo extraordinario de 0,50 euros por acción, que, como se ha mencionado, se integrará en el paquete total de 4.000 millones de euros a abonar a los accionistas en un plazo de un año. Será, además, el cierre de una etapa en la que el negocio británico ha pasado de ser uno de los focos de riesgo de la entidad a convertirse en un activo rentable por el que otro gran banco europeo paga una prima relevante.
Con la salida de TSB, Sabadell orientará su perímetro hacia un modelo más centrado en España y con una presencia internacional limitada, fundamentalmente en mercados como México, donde la entidad mantiene una actividad más reducida, y en ciertos negocios especializados que no requieren una red física amplia.
Objetivos y previsiones para 2026
Mirando al futuro inmediato, el banco mantiene las grandes líneas de su Plan Estratégico 2025-2027. Para 2026, anticipa un RoTE recurrente del 14,5% en el perímetro sin TSB y un crecimiento del margen de intereses superior al 1%, una vez se estabilice el impacto de los tipos y el empuje de los volúmenes se traslade de forma más directa a la cuenta de resultados.
La entidad espera también un avance de las comisiones de un dígito medio, apoyado en la mayor penetración de productos de inversión y seguros entre su base de clientes, y un aumento de los costes de alrededor del 3%, ligado en buena parte a inversiones en tecnología, talento especializado y proyectos de transformación digital.
En materia de riesgo, el banco proyecta para 2026 un coste de riesgo total en el entorno de los 40 puntos básicos, lo que implicaría un nivel aún manejable, aunque ligeramente por encima de los mínimos de 2025. La dirección considera que este punto de partida es compatible con el mantenimiento de una ratio de morosidad contenida y con coberturas elevadas.
Entre los objetivos operativos, Sabadell aspira a aumentar la actividad comercial en España por encima del ritmo del mercado en la mayoría de los segmentos, consolidar su posición en financiación de empresas y consumo, elevar la cartera de crédito de forma selectiva y seguir afinando la estructura de costes para preservar la eficiencia.
La entidad confía en que la combinación de crecimiento orgánico del negocio, disciplina en el riesgo, eficiencia operativa y generación de capital permita cumplir con la meta de un RoTE del 16% al final del plan, manteniendo al mismo tiempo una retribución elevada y sostenible para los accionistas.
Con un beneficio de 1.775 millones, una rentabilidad del 14,3% sobre el capital tangible, un programa de recompra de 800 millones y el compromiso de repartir 6.450 millones hasta 2027, Banco Sabadell afronta la nueva etapa post-opa y post-TSB apoyado en un balance más saneado, una base de negocio en España que gana tracción y una agenda clara en materia de digitalización y eficiencia, mientras el mercado evalúa si las guías ofrecidas encajan con las elevadas expectativas generadas por el ciclo alcista de la banca.
BBVA ha cerrado el ejercicio 2025 con el mayor beneficio de su historia, impulsado por el tirón del crédito, el aumento de los ingresos recurrentes y una rentabilidad situada en la parte alta del sector europeo. La entidad deja atrás el episodio de la opa fallida sobre Sabadell apoyándose en unas cuentas que baten todas sus marcas previas.
El grupo consiguió un resultado atribuido de 10.511 millones de euros, lo que supone un avance del 4,5% en euros corrientes frente a 2024 y del 19,2% a tipos de cambio constantes. Estos datos consolidan una senda de varios años de crecimiento sostenido del beneficio, respaldada por una base de clientes en expansión, mejora de márgenes y disciplina de costes.
Evolución del negocio y récord en los márgenes
El motor de estas cifras ha sido el fuerte dinamismo de la actividad. El crédito a la clientela avanzó un 16,2% en términos constantes, con ganancias de cuota en la mayoría de los mercados en los que opera el banco. Este mayor volumen, especialmente en segmentos de mayor rentabilidad, ha permitido elevar la capacidad de BBVA para sacar partido a su balance.
En la parte alta de la cuenta de resultados, el margen de intereses alcanzó 26.280 millones de euros, con un incremento cercano al 14% a tipos de cambio constantes, apoyado en los principales mercados del grupo. El margen de intereses sobre activos totales medios subió hasta el 3,27% en el cuarto trimestre, frente al 3,17% de un año antes, reflejando una mejora en la rentabilidad de los activos.
Las comisiones netas sumaron 8.215 millones de euros, con un crecimiento de doble dígito en términos constantes gracias, sobre todo, a los medios de pago y a la gestión de activos. La combinación de margen de intereses y comisiones llevó los ingresos recurrentes hasta 34.496 millones, un 14,1% más que en 2024.
El margen bruto se situó en 36.931 millones de euros, con un avance del 16,3% a tipos de cambio constantes. Este repunte permitió absorber sin problemas el aumento de los gastos, mantener lo que en la jerga del sector se conoce como mandíbulas positivas y mejorar la eficiencia del grupo.
Los gastos de explotación ascendieron a 14.332 millones de euros, tras crecer en torno a un 10% en términos constantes, impulsados por mayores costes de personal, tecnología y actividades comerciales. La fortaleza del margen bruto compensó este incremento y se tradujo en una ratio de eficiencia del 38,8%, mejorando más de dos puntos porcentuales frente al año anterior.
Como resultado de todo lo anterior, el margen neto alcanzó los 22.599 millones de euros, un 20,4% por encima del registrado en 2024 y el nivel más alto alcanzado por la entidad. Esta evolución, junto con la contención del riesgo, ha sido clave para el nuevo récord de beneficios.
Riesgo, solvencia y calidad del balance
El crecimiento del negocio vino acompañado de un aumento de las dotaciones por deterioro de activos financieros, que sumaron 6.073 millones de euros, un 15,5% más que el año anterior. El incremento se concentra principalmente en las carteras minoristas, coherente con el fuerte avance del crédito.
A pesar de ese mayor esfuerzo en provisiones, los indicadores de calidad del activo muestran una foto sólida. El coste de riesgo acumulado cerró en el 1,39%, mientras que la tasa de mora se situó en el 2,7% y la cobertura alcanzó el 85%. En España, el coste de riesgo se redujo hasta el 0,34% y la morosidad bajó al 3,1%, con una cobertura del 67%.
En términos de capital, el banco mantuvo un ratio CET1 fully loaded del 12,7% al final del ejercicio, por encima del rango objetivo de la entidad, situado entre el 11,5% y el 12%, y claramente por encima de los mínimos regulatorios. Esta posición permite a BBVA combinar crecimiento orgánico, retribución al accionista y programas de recompra.
La entidad resalta también la evolución del valor contable tangible por acción más dividendos, que aumentó a doble dígito, reflejando la creación de valor para los accionistas más allá del beneficio contable. Todo ello en un ejercicio condicionado por la política monetaria del Banco Central Europeo y por la corrección del precio del dinero tras las subidas previas de tipos.
Dividendo histórico y programa de recompra
Con cargo al resultado de 2025, BBVA propondrá el mayor dividendo en efectivo de su historia. En total, la entidad prevé distribuir 0,92 euros brutos por acción, íntegramente en metálico, lo que supone un desembolso de unos 5.249 millones de euros, un 31% más que la remuneración en caja correspondiente a 2024.
De esa cantidad, el banco ya abonó 0,32 euros por acción en noviembre como dividendo a cuenta. El pago complementario previsto es de 0,60 euros por acción, pendiente de la aprobación de los órganos sociales y programado para abril de 2026. La política de distribución se sitúa en torno al 50% del beneficio atribuido.
Además del dividendo, el grupo ha puesto en marcha un plan extraordinario de recompra de acciones por 3.960 millones de euros. El primer tramo, de 1.500 millones, ya estaba ejecutado en torno al 43% a finales de enero, según la información remitida al mercado. La entidad mantiene su compromiso de regresar al accionista el exceso de capital que supere la parte alta de su rango objetivo.
La combinación de dividendos y recompras supera los 9.200 millones de euros, una cifra que sitúa a BBVA entre los bancos europeos con una política de retribución más intensa. Pese a ello, el ratio CET1 se mantiene confortablemente dentro del rango definido por la entidad.
España y México, pilares del beneficio del grupo
Por áreas geográficas, España y México concentran la mayor parte del beneficio. En el mercado doméstico, BBVA España registró un resultado atribuido histórico de 4.175 millones de euros, con un crecimiento del 11,3% frente al año anterior gracias al aumento de los ingresos recurrentes, la estabilidad de los costes y menores saneamientos.
En España, la nueva producción de crédito creció alrededor del 8%, con especial intensidad en las empresas de mayor tamaño, el sector público y las compañías medianas. El margen de intereses avanzó en torno a un 3%, las comisiones crecieron en una proporción similar y los gastos se redujeron ligeramente, lo que se tradujo en una mejora de la eficiencia local.
México se mantuvo como el principal motor de resultados del grupo, con un beneficio atribuido en el entorno de los 5.264 millones de euros. El crédito en este país aumentó a ritmos de un dígito alto, con avance en el negocio minorista y en el segmento de consumo, mientras los ingresos recurrentes siguieron creciendo gracias al margen de intereses y a las comisiones.
El área de banca mayorista y resto de negocios, que incluye la actividad de Corporate & Investment Banking y otras operaciones internacionales, contribuyó con alrededor de 627 millones de euros, beneficiándose de la financiación de proyectos y de la actividad corporativa en Europa, Estados Unidos y Asia.
Clientes, digitalización y apuesta por la inteligencia artificial
Más allá de las cifras puras, BBVA subraya que su estrategia pasa por una visión radicalmente centrada en el cliente. Esta orientación ha permitido al banco mantener posiciones de liderazgo en la valoración de sus usuarios, medida a través del índice Net Promoter Score (NPS), en la mayoría de los mercados donde opera.
Durante 2025, la entidad incorporó 11,5 millones de nuevos clientes, de los cuales aproximadamente dos tercios llegaron a través de canales digitales. La base de clientes activos supera ya los 80 millones a nivel global, con una penetración creciente de la banca móvil y de los servicios en línea.
La innovación y la inteligencia artificial ocupan un lugar central en el plan estratégico. El banco ha desplegado ocho iniciativas principales basadas en IA, entre las que destaca su asesor digital Blue, herramientas de apoyo para gestores, soluciones de automatización de procesos y aplicaciones específicas para riesgos y desarrollo de software.
En este terreno, BBVA ha sellado una alianza estratégica con OpenAI con el objetivo de acelerar la adopción de estas tecnologías, mejorar la personalización de la oferta y reforzar la eficiencia interna. La entidad considera que estas capacidades serán clave para competir en los próximos años y para seguir ampliando la base de clientes digitales.
Paralelamente, el grupo ha mantenido un fuerte impulso en sostenibilidad. En 2025 canalizó 134.000 millones de euros en negocio sostenible, un 44% más que en 2024, y el negocio transfronterizo de empresas creció un 20% en euros constantes, consolidando el papel del banco en la financiación de proyectos alineados con la transición energética y el desarrollo sostenible.
Rentabilidad, mercado y perspectivas
En términos de rentabilidad, BBVA se situó de nuevo entre las entidades más rentables de Europa. La rentabilidad sobre el capital tangible (ROTE) fue del 19,3%, mientras que la rentabilidad sobre fondos propios (ROE) se aproximó al 18,5%. El banco aspira a mantener estos niveles, o incluso superarlos ligeramente, en el ejercicio 2026.
La entidad reconoce, no obstante, que el comportamiento de la acción en Bolsa tras la publicación de resultados ha sido exigente. Parte del mercado ha acusado el impacto de mayores provisiones, de una evolución algo más contenida de algunas filiales y del nuevo contexto de tipos de interés en la zona euro.
Desde la dirección se insiste en que el banco está “en su mejor momento” y bien posicionado para cumplir sus objetivos a medio plazo. Entre las metas anunciadas figuran mantener una rentabilidad en torno al 20%, preservar o mejorar la eficiencia, sostener un crecimiento de ingresos de un dígito alto y seguir distribuyendo el exceso de capital mediante dividendos y recompras.
De cara a 2026, las previsiones internas apuntan a un crecimiento adicional del crédito en los principales mercados, con avances de alrededor del 5% en España y de un dígito alto en México. El banco también anticipa que la inversión en tecnología y datos seguirá aumentando, si bien espera que la mejora de los ingresos compense estas partidas.
En este contexto, BBVA prevé que la eficiencia del grupo se mantenga por debajo del 40% y que los indicadores de riesgo continúen en niveles sólidos, apoyados en una gestión prudente y en herramientas de análisis cada vez más sofisticadas.
El cierre de 2025 deja a BBVA con un beneficio récord, una rentabilidad sobresaliente y una retribución al accionista sin precedentes, apoyado en el crecimiento del crédito, la solidez de los márgenes y una estrategia que combina digitalización, inteligencia artificial y sostenibilidad. Con una posición de capital sólida y una base de clientes en expansión, la entidad encara 2026 con el reto de volver a superar sus propias marcas en un entorno competitivo y de tipos de interés en plena transición.
El banco francés BNP Paribas ha cerrado 2025 con un incremento notable de sus beneficios y una revisión al alza de sus metas de rentabilidad para los próximos años. En un contexto de tipos de interés todavía favorable en la eurozona, la entidad consolida su posición entre los grandes grupos financieros europeos y ajusta su plan estratégico con una mirada puesta en 2028.
Lejos de limitarse a presentar unas cuentas positivas, el grupo aprovecha la inercia del ejercicio 2025 para endurecer sus propias exigencias internas, especialmente en términos de rentabilidad sobre el capital tangible (RoTE) y de eficiencia de costes. El nuevo marco de objetivos llega acompañado de un ambicioso programa de ahorro y transformación de sus funciones de soporte.
Beneficio neto al alza y crecimiento de los ingresos en 2025
Durante el ejercicio 2025, BNP Paribas obtuvo un beneficio neto atribuido de 12.225 millones de euros, lo que se traduce en una subida del 4,6% frente al año anterior. Este avance se apoya en un comportamiento sólido de sus principales líneas de negocio, tanto en banca minorista como en actividades de mercados y servicios financieros especializados.
La cifra de negocio del grupo, equivalente a sus ingresos totales, alcanzó los 51.223 millones de euros, con un incremento interanual del 4,9%. Este repunte de la facturación refleja, en buena medida, el entorno de tipos de interés estructuralmente más elevados en Europa, que continúa favoreciendo los márgenes de intermediación de la banca tradicional.
En paralelo, las dotaciones destinadas a cubrir el riesgo de crédito se situaron en 3.350 millones de euros, un 11,7% más que en 2024. Este aumento de las provisiones responde a una gestión prudente del balance en un escenario todavía marcado por la incertidumbre económica, aunque con señales de estabilización en la calidad de los activos en varias geografías europeas.
Dentro de ese total, 795 millones de euros correspondieron al cuarto trimestre de 2025, lo que supone, en cambio, una reducción del 9,5% frente al mismo periodo del año anterior. Este descenso en la recta final del ejercicio sugiere cierta normalización del coste del riesgo tras los ajustes más intensos de años previos.
Un cuarto trimestre récord impulsa la revisión de objetivos
El tramo final del año resultó especialmente favorable. Entre octubre y diciembre de 2025, BNP Paribas registró un beneficio neto atribuido de 2.972 millones de euros, cifra que representa un salto del 28% respecto al cuarto trimestre de 2024. Esta aceleración en el último trimestre ha sido clave para reforzar la confianza del banco en su hoja de ruta a medio plazo.
En cuanto a los ingresos trimestrales, la entidad alcanzó los 13.113 millones de euros, un 8% más que en el mismo periodo del ejercicio precedente. La combinación de mayor volumen de actividad, una estructura de tipos favorable y el efecto de las medidas de eficiencia ha permitido mejorar de forma notable la rentabilidad de las operaciones.
El consejero delegado, Jean-Laurent Bonnafé, subrayó que el grupo firmó un cuarto trimestre “récord” con unos resultados operativos muy sólidos. Sobre la base de estas cifras y del entorno de tipos, el máximo responsable de la entidad confirmó que el banco mantiene sus metas para 2026 y, además, eleva el listón de rentabilidad fijado para 2028.
Esta combinación de crecimiento de ingresos, control de costes y prudencia en provisiones ha permitido a BNP Paribas reforzar su narrativa ante inversores y reguladores europeos, presentando un perfil de riesgo contenido y una capacidad elevada para generar capital de forma orgánica de cara a los próximos ejercicios.
Metas financieras para 2026: rentabilidad y crecimiento sostenido
En el marco de su plan estratégico vigente, BNP Paribas mantiene su objetivo de alcanzar un RoTE del 12% en 2026. Esta referencia de rentabilidad sobre el capital tangible se considera un umbral competitivo dentro del sector bancario europeo, donde la presión regulatoria y las exigencias de capital suelen limitar los retornos.
Además, el banco sigue apuntando a un crecimiento anual compuesto del beneficio neto superior al 7% en el periodo 2024-2026. Este ritmo, que se apoya tanto en el impulso de los ingresos como en los planes de ahorro, sitúa a la entidad en una posición de crecimiento moderado pero sostenido en el conjunto del sector europeo.
En paralelo, la entidad prevé que su cifra de negocio crezca a una tasa media superior al 5% anual en ese mismo tramo 2024-2026. Esta proyección contempla un escenario en el que la actividad económica en Europa se mantiene en expansión modesta, sin descartar episodios de volatilidad derivados de factores geopolíticos o de cambios en la política monetaria.
La combinación de estos objetivos de ingresos y beneficios persigue consolidar un modelo de banca diversificada, con presencia relevante en varias geografías europeas, y reforzar el peso de actividades con mayor valor añadido, como la gestión de activos, los servicios de banca corporativa y de inversión o las soluciones de financiación avanzada.
Revisión al alza de la rentabilidad y la eficiencia para 2028
Mirando más allá de 2026, BNP Paribas ha decidido endurecer sus propias metas para el horizonte de 2028. La entidad eleva su objetivo de RoTE a un nivel “superior al 13%”, por encima de la referencia anterior, que se situaba exactamente en el 13%. Este matiz refleja la confianza del grupo en su capacidad para seguir mejorando la rentabilidad apoyándose en la eficiencia y en el crecimiento orgánico.
Junto a ese aumento en la meta de rentabilidad, el banco prevé ahora una ratio de eficiencia de costes inferior al 56%, frente al 58% que manejaba en su plan previo. La ratio de eficiencia mide la relación entre los gastos operativos y los ingresos, de modo que una cifra más baja implica una mayor capacidad para transformar ingresos en beneficios.
Esta revisión al alza de las metas de rentabilidad y al recorte de la ratio de costes sitúa a BNP Paribas entre las entidades que aspiran a liderar la banca europea en términos de eficiencia, un terreno donde la presión tecnológica y la competencia de nuevos actores digitales es cada vez más intensa.
El banco confía en que, a medida que avance el plan de transformación iniciado en 2022, la mejora de procesos y la digitalización permitan seguir rebajando el peso relativo de los gastos de estructura, especialmente en las funciones de soporte y en aquellas actividades más intensivas en recursos administrativos.
Plan de transformación y ahorro de costes: el otro pilar de la estrategia
Uno de los ejes centrales de la hoja de ruta del grupo es el programa de transformación estructural de sus funciones de soporte, destinado a reforzar el impacto de las iniciativas de eficiencia operativa que se vienen aplicando desde 2022. Este plan incluye, entre otros aspectos, la simplificación de procesos internos, la automatización de tareas y una mayor integración de herramientas digitales.
Según ha explicado la entidad, las medidas implementadas hasta 2025 generaron 800 millones de euros en ahorros de costes recurrentes, superando las previsiones iniciales, que apuntaban a 600 millones. Este diferencial positivo confirma que el despliegue de las iniciativas de eficiencia está evolucionando mejor de lo esperado.
De cara a los próximos años, BNP Paribas espera que las acciones adicionales previstas para 2026 aporten otros 600 millones de euros en ahorros. Si se cumplen estas estimaciones, el volumen total de recortes de costes recurrentes entre 2022 y 2026 alcanzaría los 3.500 millones de euros, claramente por encima de los 2.900 millones inicialmente proyectados.
Este esfuerzo de racionalización de gastos no solo pretende mejorar la cuenta de resultados, sino también reforzar la capacidad del banco para seguir invirtiendo en áreas clave como la tecnología, la ciberseguridad, la sostenibilidad y el desarrollo de nuevos productos financieros adaptados a las necesidades de empresas y particulares en Europa.
Todo este proceso de transformación se está llevando a cabo, según el grupo, buscando un equilibrio entre eficiencia y mantenimiento de la calidad del servicio, con especial atención a la red de clientes en mercados como Francia, Bélgica, Italia y otros países del entorno europeo donde BNP Paribas mantiene una fuerte presencia.
Perspectivas de crecimiento del beneficio entre 2025 y 2028
Apoyado en el avance de los ingresos y en la mejora de la relación coste-beneficio, BNP Paribas ha revisado también al alza sus expectativas de crecimiento del beneficio neto para los próximos años. La entidad se marca ahora como objetivo un crecimiento medio anual del beneficio neto atribuido superior al 10% en el periodo 2025-2028.
Este ritmo de avance supone un salto significativo respecto al 7% previsto para el intervalo 2024-2026, lo que refleja el impacto esperado de las medidas de eficiencia adicionales, la consolidación de los negocios más rentables y el mantenimiento de un entorno de tipos de interés todavía favorable, aunque con cierta normalización progresiva.
Con este nuevo listón, el banco aspira a reforzar el atractivo de su perfil de inversión frente a otros grandes actores financieros europeos, en un momento en el que el mercado sigue premiando a las entidades capaces de generar rentabilidades sostenidas sobre el capital con una volatilidad contenida.
Desde la perspectiva de los reguladores y supervisores europeos, la combinación de mayores beneficios, provisiones prudentes y ahorro de costes contribuye a consolidar una posición de solvencia robusta para el grupo, algo especialmente relevante en un contexto marcado por exigencias de capital más estrictas y por la aplicación plena de los estándares de Basilea.
En definitiva, la entidad francesa encara los próximos años con un plan financiero más exigente pero respaldado por los resultados de 2025 y por un proceso de transformación interna que ya está dejando huella en la cuenta de resultados. Si se cumplen las previsiones, BNP Paribas avanzará hacia un nivel de rentabilidad y eficiencia que la situaría en la parte alta del ranking de la gran banca europea.
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