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La excepcionalidad del consumidor español

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Uno de los tópicos más arraigados que se atribuyen a nuestra economía es su querencia por el consumismo, cuando no el dispendio. Y sin embargo los datos desmienten esta percepción, al menos en el periodo reciente. El consumo de los hogares se sitúa apenas un 0,2% por encima del nivel alcanzado hace cinco años en términos reales per cápita, es decir descontando la inflación y el crecimiento poblacional. Por comparación, los europeos han incrementado su gasto real per cápita un 1,4% (siempre comparando el primer trimestre de 2025 con el último de 2019). 


Semejante contención no puede explicarse por la evolución de los ingresos a nivel agregado: en el último lustro, la renta disponible de los hogares aumentó un 5,2%, también en términos reales y per cápita, frente al 4,6% de la media europea. Por tanto, la mejora del poder adquisitivo no se ha trasladado al consumo, sino al ahorro, mientras que en el resto de Europa la conexión entre capacidad de compra y gasto en consumo ha sido más estrecha. 

El resultado es que, en proporción sobre su renta, los hogares españoles ahorran más del doble que antes de la pandemia, cuando en Europa la tasa de ahorro se está acercando a los valores previos a la crisis sanitaria, a tenor de los datos divulgados esta semana por Eurostat. ¿Cómo explicarlo?    

La sombra de la crisis financiera es alargada y sus efectos siguen estando presentes, pudiendo incitar a una actitud de prudencia por parte de las familias españolas. Es un hecho que los hogares han utilizado el plus de ahorro para aligerar sus pasivos: en los últimos cinco años, la ratio de deuda sobre renta disponible ha descendido en 22 puntos porcentuales, un ajuste apabullante que borra por completo los excesos de la burbuja de crédito. En comparación, los hogares europeos han recortado su endeudamiento solo en 6 puntos porcentuales. 

Otra causa posible se encuentra en los cambios experimentados en la distribución de los ingresos. La recién publicada encuesta de presupuestos familiares evidencia un débil incremento del consumo para los quintiles medios y superiores de gasto, que son los que más pesan a nivel agregado. Los sectores de rentas inferiores a la media habrían incrementado su consumo a tasas algo más elevadas, pero con un impacto limitado en términos macroeconómicos.  

En todo caso, el fuerte incremento del ahorro no prefigura un consumo diferido, ya que ha servido casi exclusivamente a desendeudarse y no a atesorar liquidez. El total de efectivo y depósitos acumulado por los hogares estos últimos años ha tendido a disminuir ligeramente en porcentaje de su renta disponible, situándose por otra parte en valores próximos a la media europea.  

En suma, de cara al futuro, el consumo dependerá fundamentalmente de la evolución de los ingresos y de las decisiones de gasto (o propensión a consumir de los hogares): el sobreahorro ha servido para desenladrillarse a medida que los préstamos contraídos durante la época de la burbuja han ido venciendo sin ser sustituidos por un monto equivalente de nuevos préstamos, de tal manera que no existe una bolsa de liquidez susceptible de sostener el gasto de manera relevante en los próximos años. 

Con todo, cabe anticipar que el consumo privado se mantendrá como un factor de crecimiento, impulsado por la creación de empleo. Otro propulsor podría proceder de un eventual descenso de la tasa de ahorro, a medida que la deuda se acerca a mínimos históricos y que las familias retoman el camino del crédito. Pero la intensidad de este último factor será limitada a corto plazo. Y sobre todo hará falta un cambio más sustancial tanto de expectativas como del modelo productivo, es decir de la capacidad de generar productividad y remuneraciones más altas, para borrar el desacople entre los buenos resultados macroeconómicos y la percepción social.   

INVERSIÓN | La inversión empresarial intensifica su recuperación, pero se sitúa todavía en niveles relativamente reducidos en comparación con épocas anteriores. En el primer trimestre, la formación bruta de capital fijo de las sociedades no financieras se incrementó un 9,5% en relación a un año antes, y alcanzó el 23,3% del valor añadido del sector, es decir 4,3 puntos menos que en 2019. La tendencia es ligeramente más pronunciada que en el conjunto de la eurozona donde el descenso de la ratio de formación bruta de capital fijo sobre valor añadido alcanza 3,5 puntos.     

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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El dilema del BCE

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La debilidad de la inversión y su inadecuación a los desafíos económicos y sociales de nuestros tiempos es uno de los principales lastres de la economía europea. También en España los esfuerzos de equipamiento del tejido productivo o de construcción residencial siguen siendo insuficientes: la inversión repuntó en el primer trimestre, pero se sitúa todavía por debajo de lo cabría esperar habida cuenta del ciclo expansivo.   

La senda de relajación monetaria emprendida por el BCE, con ocho recortes consecutivos de tipos de interés desde el otoño pasado, era una condición necesaria para desatacar la inversión. Pero no bastará. Y en todo caso el apoyo de Frankfurt podría está tocando a su fin: lo más probable es que proceda a un último recorte de tipos de interés a la vuelta del verano. 


No faltan los argumentos en pro de una política monetaria más expansiva. La inflación ha vuelto al redil, con un núcleo duro en los servicios cada vez menos virulento. El mar de fondo sería consistente con una estabilización de la inflación en torno al objetivo del 2%, o incluso un poco por debajo: la economía europea apenas crece al tiempo que los salarios se moderan y que el euro se aprecia frente al dólar, moneda en que cotizan las principales materias primas, abaratando los costes importados. Se aleja la amenaza de un cierre del estrecho de Ormuz, de modo que los mercados de hidrocarburos vuelven a su posición de exceso de oferta. 

El contrapeso podría venir del incremento del gasto en defensa a tenor de lo que pide la OTAN. Habida cuenta de la atomización del sector, el estímulo para la economía será limitado al menos en el corto plazo. Por la misma razón, el aumento de la demanda pública tensionará los precios, al tiempo que obligará a importar armamento (probablemente desde EE UU) para suplir las limitaciones de la oferta nacional. 

El estrecho margen de maniobra de la política fiscal es otro factor que incita a la prudencia del banco central, y que diferencia el actual momento coyuntural de la época de los tipos de interés negativos. La mayoría de los Estados miembro están ya muy endeudados o presentan déficits abultados que solo pueden agravarse tras los compromisos contraídos en materia de defensa (pocos gobiernos se atreverán a subir impuestos o recortar gasto para compensar el esfuerzo armamentístico). Es decir: en muchos países la política fiscal apenas dispone de espacio para reaccionar ante cualquier adversidad, de modo que la acción monetaria será la que liderará el manejo de la coyuntura. 

El unilateralismo y la incertidumbre que definen la acción de la administración Trump, junto con la reglobalización, obligan a considerar escenarios muy diversos, ante los cuales el banco central debe mantener un arsenal de medidas para actuar como dique de contención. Su política ha encontrado un aliado insospechado: el mercado laboral, cuya resiliencia durante las diferentes crisis que se han sucedido estos últimos años ha sido crucial. También en España el empleo y los salarios están jugando un papel de estabilizador automático inédito. 

En suma, la relativa estabilidad financiera que conoce Europa en comparación con EE. UU. ha permitido recortar la facilidad de depósito sin temor a afectar la moneda única. Un ajuste adicional es posible, pero será limitado: la facilidad de depósito podría descender hasta el 1,75% y mantener esa referencia por si se producen nuevos shocks. El recorte, unido a los ya acontecidos, podría ayudar a reactivar la inversión. Pero no será suficiente: las decisiones de inversión dependen de mejoras cualitativas de los presupuestos públicos, de la puesta en común de recursos para invertir en bienes públicos europeos, y de otras reformas como la unión financiera. Es por no haber hecho los deberes que la inversión no despegó durante el periodo de tipos de interés negativos. El cambio de era monetaria ofrece una nueva oportunidad.  

DEMANDA | Según los datos revisados, el consumo público se redujo un 0,4% en términos deflactados en el primer trimestre, quebrando la senda de fuerte crecimiento registrado en el presente ciclo expansivo. La prórroga presupuestaria podría estar incidiendo en la ejecución, algo que no ocurrió en los últimos ejercicios. La desinflación limita las compensaciones relativas a las entregas a cuenta de las comunidades autónomas, pudiendo también restringir el gasto. Con todo el consumo público se sitúa un 18,6% por encima del nivel prepandemia, frente a un avance del PIB del 8% durante el mismo periodo. 

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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La trama se complica para la economía global

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Por si fuera poco, un conflicto bélico potencialmente de amplio alcance se ha unido a las erráticas políticas –de consecuencias imprevisibles– de la Administración Trump en materia arancelaria, fiscal, migratoria y social. Estados Unidos y el mundo entero están en el diván viendo qué puede pasar en la actual legislatura americana. La incertidumbre y la angustia están a la orden del día y los inversores, sumidos en la perplejidad. Las disputas de Israel y Estados Unidos con Irán han dado siempre quebraderos de cabeza. El alto el fuego anunciado por Trump es una buena noticia y los mercados y el precio del petróleo así lo han reconocido. Pero no parece firme y sería muy prematuro asumir que pueda ser definitiva y no vaya a haber más tensiones con Irán, que encarecerían el petróleo, el gas y otras materias primas.

Tras los primeros ataques israelíes del 12 de junio, los mercados energéticos reaccionaron con cierta brusquedad: el barril de Brent llegó a subir más del 10%, alcanzando su punto más alto en meses. El temor a que Irán bloquee el estrecho de Ormuz –vía estratégica para casi el 20% del petróleo mundial– generó un nuevo repunte. Algunos analistas alertaron de que un cierre prolongado enviaría el Brent por encima de los 100 dólares por barril, con consecuencias negativas para la inflación y el crecimiento económico global. Aunque hoy se asumen mejor los shocks de oferta del petróleo, sigue habiendo repercusiones importantes. Suelen transmitirse rápidamente: cada 10% de aumento en precios del petróleo se traslada en un 0,4% de inflación. En un escenario de escalada, el precio podría superar significativamente los 120 dólares por barril, lo que dispararía los costes energéticos, del transporte y materias primas. Otros activos también han respondido, como cabría esperar con movimientos típicos de aversión al riesgo: bonos soberanos, oro y otras divisas refugio subieron, mientras que las Bolsas globales mostraron signos de corrección. EE UU y Europa experimentaron caídas moderadas, reflejo de la incertidumbre. En paralelo, se dispararon los spreads de crédito en economías emergentes, especialmente aquellas más dependientes de fuentes energéticas.

Hay varios escenarios. Comenzando por el más benigno, o sea, que haya desescalada y contención, como parecía apuntar el alto el fuego. Si el conflicto finalmente no se agrava, facilitaría una estabilización de precios en 80‑85 dólares del barril de Brent y aunque habría algunos efectos de la incertidumbre sobre la macroeconomía se evitaría una crisis sistémica. 

El segundo escenario es de una escalada limitada. Un conflicto que se prolongue mediante ataques asimétricos iraníes puede causar variaciones temporales del 10%‑20% en el petróleo, subidas manejables en fletes marítimos, y perturbaciones regionales en inversión y turismo. Este escenario suele reflejarse en un Brent fluctuante entre 90‑110 dólares, con periodos de estrés bursátil y cierto endurecimiento monetario global. 

Por último, el escenario más dramático, el bloqueo total y fuerte escalada, que conllevaría el cierre del estrecho de Ormuz, ataques a instalaciones en otros países o implicación de las guerrillas cercanas a Irán. Las consecuencias, aunque más improbables a día de hoy, serían severas: petróleo por encima de 120 dólares, la inflación global vuelve a repuntar sustancialmente y hay riesgos de recesión y de crisis financiera, especialmente en economías emergentes. EE UU y sus aliados podrían responder militarmente, escalando el conflicto a una guerra regional.

Dentro de las repercusiones macroeconómicas globales, los mayores impactos los tendrían los países importadores de petróleo. También afectaría a EE UU que, aunque puede autoabastecerse de petróleo, el coste del mismo producido domésticamente es comparativamente más caro (el obtenido vía fracking). Un alza sostenida del crudo rebajaría el crecimiento global además de repuntar la inflación por la subida por energía, los costes de transporte y alimentos. No serían buenas noticias ya que podría presionar a los bancos centrales como el BCE y sobre todo la Reserva Federal a cambiar su hoja de ruta e incluso, en este último, a subir tipos, lo que encarecería deuda pública y privada. 

Los efectos netos sobre el dólar y los activos denominados en esa divisa no están claros. En estas circunstancias esta moneda siempre ha sido refugio, pero la creciente incertidumbre y el posible efecto negativo de una guerra en el déficit se añadiría a la incertidumbre política que lleva generando la Administración Trump desde enero, lo que podría seguir desestabilizando el dólar. Tampoco es seguro si se mantendrían los flujos de capitales hacia la UE como lo que llevamos de año. 

El Viejo Continente se ha estado beneficiando del volantazo de los inversores hasta ahora en 2025. Sin embargo, tanta incertidumbre en las políticas económicas estadounidenses y los efectos negativos del encarecimiento de la energía sobre la UE, con grandes países importadores, puede hacer mella en la confianza de los inversores, ya que el crecimiento europeo (y probablemente la inflación) se resentirían. Los sectores más expuestos son el energético, pero también el turismo y aviación (rutas interrumpidas como las de esta semana vía Doha generarán muchas disrupciones), defensa y ciberseguridad (aumentarán inversiones) y agroindustria y transporte de mercancías también por la fragilidad de las cadenas globales. 

En todo caso, Europa parece encontrarse en una posición intermedia de vulnerabilidad. Sin participación directa en el conflicto aparentemente, parece más preparada que en la guerra de Ucrania de 2022, pero todavía muy dependiente de las importaciones energéticas. El nuevo conflicto en Irán podría suponer un stress test a su arquitectura energética, económica, fiscal e incluso de gobernanza.

Este artículo se publicó originalmente en el diario Cinco Días

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Malestar en tiempos de crecimiento: la opinión pública sobre la economía en España

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A pesar del crecimiento del PIB, el debate sobre la salud de la economía española está lejos de estar cerrado. Es verdad que el PIB y el empleo crecen a buen ritmo, pero la valoración es menos positiva cuando se trata de la evolución del PIB per cápita, la de la productividad y la de la renta real de los hogares.  En este contexto, aunque es central la discusión de los indicadores oficiales habituales, también lo es conocer cómo percibe la sociedad la situación económica para aterrizar el debate y acercarlo a la experiencia de la gente. Con este propósito se ha llevado a cabo, en mayo de 2025, la Encuesta Funcas sobre Economía y Finanzas del Hogar. Sus datos aportan una radiografía muy valiosa de cómo percibe la ciudadanía la situación económica de España y de sus propios hogares, así como de los factores que moldean esa percepción. Realizada de forma online y telefónica a una muestra de 1.200 individuos representativa de la población adulta residente en España, la encuesta recoge opiniones sobre la evolución la situación económica del país y de los hogares, los salarios, los impuestos y el impacto de las políticas públicas, entre otras cuestiones clave (informe completo aquí).

El análisis de la encuesta evidencia que la mejora del PIB no ha calado en la opinión pública. El 55 % de los encuestados considera que la economía nacional está peor que antes de la pandemia, y solo el 20 % cree que ha mejorado (gráfico 1). Por su parte, aunque casi la mitad percibe la situación económica de su hogar como similar a la previa a la pandemia (44 %), quienes ven un empeoramiento (34 %) superan claramente a quienes creen que ha mejorado (22 %) (gráfico 2). Son menos, en todo caso, los que opinan que la economía de su hogar ha empeorado que los que opinan así de la del país. Por otra parte, cuatro de cada diez entrevistados (40 %) reconocen dificultades para llegar a fin de mes y casi un 75 % afirma ahorrar menos de lo que desearía o, directamente, no poder ahorrar. En definitiva, el crecimiento económico no se traduce en una percepción de mejora en la vida cotidiana de amplios sectores sociales, al menos tal como lo expresan en la encuesta.


La inflación se presenta como la principal causa de malestar a través de sus efectos en el poder adquisitivo. Al juicio negativo sobre el crecimiento de los salarios —un abrumador 90% cree que está por debajo del aumento de los precios—, se suma la percepción de una mayor presión fiscal que la de antes de la pandemia, opinión compartida por un 70%. 

La encuesta revela que la autoubicación ideológica de los encuestados es un factor principal en la interpretación de la situación económica. Las valoraciones más positivas se concentran en las posiciones más a la izquierda, mientras que en el centro y la derecha predominan las negativas. Esta polarización se traslada a la atribución de responsabilidades a las políticas públicas, bien como causa de la mejora de la economía, para unos, como de su deterioro, para otros. 

En todo caso, la influencia de la autoubicación ideológica en la interpretación de la situación económica no excluye la relevancia, bastante sistemática, de otros factores, como la edad, el nivel de ingresos o la composición del hogar. Esto sugiere que las condiciones, digamos, objetivas de la vida también modelan los juicios subjetivos. En cualquier caso, la preocupación por la pérdida o por la ausencia de mejora del bienestar es transversal y se refleja en un amplio consenso sobre el deterioro del poder adquisitivo, el encarecimiento del coste de la vida y el incierto futuro de las generaciones más jóvenes. Destacan por unos juicios medios especialmente negativos los jóvenes y la población cuyas edades están asociadas a la crianza de hijos, sobre todo quienes viven con niños pequeños.

Más allá del diagnóstico inmediato, los resultados invitan a reflexionar, una vez más, sobre la relación entre los indicadores económicos y la percepción social. La aparente desconexión entre los positivos datos macroeconómicos y la experiencia cotidiana de muchos hogares nos advierte de la necesidad de usar múltiples indicadores, además del crecimiento del PIB, para evaluar los resultados de la vida económica. Los datos aquí presentados apuntan a que la opinión pública evalúa la marcha de la economía desde el bolsillo, pero también desde sus marcos ideológicos, sus expectativas personales y su grado de confianza en las instituciones. 

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Los vaivenes del precio de la energía

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Un nuevo conflicto bélico, una nueva tensión en los precios de las materias primas y energía. En este caso, el cruento enfrentamiento entre Israel e Irán, no por esperado desde hace tiempo, ha devuelto, al menos temporalmente, la tensión al mercado del petróleo. La república persa es uno de los principales productores y como ya ha ocurrido en anteriores conflictos bélicos –como fue la guerra con Irak de la década de 1980–, los mercados se ven inmediatamente afectados ante cualquier contienda. Tras los primeros ataques israelís el precio del Brent subió más de 10 dólares, superando los 77 dólares el barril. Posteriormente se han vuelto a moderar los precios, aunque aún reflejan lógicamente cierta tensión mientras la escalada bélica continue.

Una de las características de los últimos años en los precios de la energía es la mayor resistencia de las economías importadoras cuando hay una crisis o tensión que en otras épocas del pasado. Si bien es cierto que los inicios de la guerra de Ucrania fueron un punto y aparte ya que los precios del gas, petróleo y materias primas causaron una inflación persistente que hacía décadas que no se veían y otros efectos económicos negativos –que se lo digan a Alemania–, otros conflictos en el Oriente Próximo más recientes no han causado las distorsiones que se esperaban. Muchas razones pueden explicar esa menor sensibilidad de la economía mundial a posibles impactos de la geopolítica en los mercados energéticos. Desde la crisis financiera global de 2008, los países parecen haber sabido gestionar mejor las crisis y recesiones. La pandemia fue un momento crítico en el que los países introdujeron una batería de medidas de política económica (como los ERTEs, avales públicos para el crédito y liquidez, política monetaria acomodaticia) que crearon una especie de red de seguridad, luego empleada también en la guerra de Ucrania, que ayuda a aminorar los perjuicios económicos. Asimismo, la mayor diversificación de los países importadores de petróleo –como España– en materia de fuentes de energía, sobre todo con la instalación de numerosas plantas de renovables (solar, eólica) han reducido significativamente la dependencia del petróleo y del gas. 

Un último factor es la debilidad del funcionamiento del cártel de la OPEP (Organización de los Países Exportadores de Petróleo). Muy alejado de los “éxitos” de la década de 1970, cuando las restricciones de la oferta sí que eran efectivas, ahora los acuerdos no producen los efectos deseados del cártel sobre los precios, ya que, por diferentes razones (alianzas geopolíticas, financieras), hay miembros que aumentan la oferta, como ha sido Arabia Saudí en esta ocasión, por una aparente petición de Estados Unidos. La energía seguirá dando quebraderos de cabeza –por ejemplo, por los elevados consumos que tiene en los desarrollos de la inteligencia artificial– pero sus crisis parecen gestionarse mejor.

Este artículo se publicó originalmente en el diario La Vanguardia.

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El turismo ralentiza su crecimiento en los primeros meses de 2025

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En los cinco primeros meses del año las pernoctaciones en hoteles se redujeron un 0,1% con respecto al mismo periodo del año anterior. Este descenso procede de los residentes nacionales, que registraron una caída del 0,5%, mientras que las pernoctaciones de extranjeros están prácticamente estables con un ligero avance del 0,2%. Este resultado supone una pérdida de impulso en ambos grupos, desde un crecimiento del 1,4% y del 12%, respectivamente, en el mismo periodo de 2024. 

Las cifras de entrada de turistas (Frontur) también apuntan a una desaceleración, aunque menos acusada, con un avance interanual aún significativo, del 7,1% en los cuatro primeros meses del año, frente al 14,3% registrado en el mismo periodo de 2024 (gráfico 1). También el gasto medio por turista se ha ralentizado desde un crecimiento del 7,1% en los primeros cuatro meses del año pasado hasta un 2% este año.


Las pernoctaciones de residentes nacionales alcanzaron el nivel prepandemia antes que las de extranjeros, pero a partir de ese momento se estancaron y se mantienen apenas un 3% por encima del nivel de 2019. Por su parte, las de extranjeros tardaron más tiempo en recuperar dicho nivel, y continuaron creciendo hasta mediados de 2024, situándose un 8% por encima del nivel promedio de 2019, para frenar su avance a partir de dicho momento. La entrada de turistas, sin embargo, ha mantenido un mayor dinamismo, y en los primeros meses de 2025 era un 17% superior a las cifras de 2019 (gráfico 2). 

En suma, a pesar de la ralentización, el crecimiento, al menos en la llegada de turistas, ha seguido siendo relativamente intenso en los primeros meses de 2025. De mantener el mismo ritmo de crecimiento en lo que queda de año, se alcanzaría la cota de 100 millones de turistas extranjeros anuales. No obstante, la tendencia de desaceleración probablemente se intensificará a lo largo de los próximos meses ante la incertidumbre global, de modo que es poco probable que se alcance dicha cifra.

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Cómo optimizar tu planta de producción con fabricación inteligente

6 minutos de lectura

Las plantas de producción que quieran seguir siendo competitivas necesitan abrazar la fabricación digital. ¿Cómo implementarla en tu fábrica?

  • En un contexto de rápida evolución tecnológica, la digitalización de los procesos de producción ha dejado de ser una opción para convertirse en una necesidad estratégica.
  • De la auditoría inicial del estado de la planta a la evaluación de los resultados, analizamos los pasos imprescindibles para optimizar la producción.

En un mercado cada vez más competitivo, globalizado y en constante evolución, las fábricas tradicionales se enfrentan a una presión creciente por mejorar su eficiencia, reducir costes, adaptarse rápidamente a los cambios tecnológicos y cumplir con los criterios de sostenibilidad. 

La fabricación inteligente o smart manufacturing se posiciona como una solución clave para garantizar la viabilidad de esos negocios a medio y largo plazo.

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CONTENIDO DEL POST

¿Qué es la fabricación inteligente?

La fabricación inteligente es un modelo de producción que utiliza datos en tiempo real para adaptarse automáticamente a los cambios en las demandas de los clientes, las condiciones de la fábrica y la red de suministro. 

Tecnologías como la automatización industrial, IA, Big Data, IIoT y el aprendizaje automático aprovechan la información que generan las máquinas y la cadena de suministro para optimizar los procesos en planta.

Las principales ventajas de digitalizar los procesos de fabricación

  1. Mayor eficiencia operativa, ya que permite detectar cuellos de botella, tiempos muertos o procesos redundantes, además de reducir los errores humanos. 
  2. Trazabilidad total a través de un registro digital, tanto del producto como de sus componentes, a lo largo de toda la cadena de producción.
  3. Disminución de paros e incidencias, gracias a un control de planta que monitorea continuamente los equipos para programar su mantenimiento preventivo. 
  4. Toma de decisiones basada en datos para eliminar la improvisación y facilitar una planificación más precisa de la producción.
  5. Reducción de costes al automatizar tareas repetitivas, optimizar los procesos de fabricación y asignar los recursos de manera más inteligente para evitar el desperdicio. 

Además, con un Sistema MES (Manufacturing Execution System) para documentar y gestionar la planta también se elimina el personal de control ya que los operarios registran su actividad directamente en el software indicando cuándo comienzan y terminan, así como las unidades fabricadas. Todo eso se traduce en una producción más eficiente y dinámica que mejora la satisfacción del cliente.

La fabricación inteligente está revolucionando los procesos de producción. Su implementación ha permitido a Siemens reducir hasta un 50 % el tiempo de comercialización y un 25 % los costes de desarrollo, logrando una calidad de producto casi perfecta.

Siete pasos para optimizar tu planta con la fabricación inteligente

La fabricación inteligente combina automatización, conectividad y análisis de datos para ayudarte a producir más, mejor y con menos desperdicio. Pero para integrarla con éxito en tu planta industrial no basta con incluir más tecnología, debes tener una estrategia clara y una cultura de mejora continua.

1. Evaluación inicial del estado de la planta

Antes de implementar cualquier tecnología de fabricación digital, debes realizar una auditoría completa del estado actual de tu planta. Analiza los flujos de trabajo, tiempos de producción, consumo energético, fallos técnicos frecuentes, cuellos de botella, gestión de inventarios… 

Lo ideal es que involucres a los responsables de cada línea para tener una visión realista de lo que ocurre a diario. Puedes utilizar herramientas de mapeo de procesos como el Value Stream Mapping para detectar las áreas a reforzar y las oportunidades de mejora. 

2. Definición de objetivos claros y medibles

¿Qué quieres lograr con la digitalización de los procesos de fabricación? Aplicar cambios sin una meta clara es como navegar sin brújula. Por tanto, define indicadores clave de rendimiento (KPIs) alineados con los objetivos generales de la empresa.

Por ejemplo, si quieres mejorar la eficiencia energética, puedes medir el consumo por unidad producida y si te planteas reducir los tiempos improductivos, monitoriza la eficiencia general de los equipos (OEE). Cada objetivo debe tener un propósito medible y verificable a lo largo del tiempo.

3. Adaptación de la maquinaria

La fabricación inteligente necesita captar datos en tiempo real del proceso de producción y el estado de las máquinas, por lo que quizá tengas que adaptar parte de la maquinaria o actualizar ciertos equipos

También podrías instalar sensores IoT para medir variables como la temperatura, las vibraciones y el consumo energético, o incorporar sistemas de control más modernos e interfaces que faciliten la conectividad. No tienes que revolucionarlo todo, comienza por las máquinas esenciales y los datos más útiles para tu proceso productivo.

4. Implantación de un sistema MES

Estos sistemas son el “cerebro” de la producción, ya que conectan las máquinas con el software de gestión, monitorizan los procesos en tiempo real, se encargan de la trazabilidad y facilitan el control de calidad y la productividad. 

Elige un sistema personalizable que se adapte a tus procesos y crezca con tu negocio. El tándem T-Plant y Sage 200, por ejemplo, centraliza toda la información y mejora la coordinación entre departamentos, reduciendo los errores por falta de comunicación para que tengas todo bajo control.

5. Estandarización de procesos

La fabricación digital se sustenta en procesos claros, coherentes y repetibles. Si cada operario hace las cosas de forma distinta o los procedimientos cambian constantemente, aumentan los errores y se multiplica la ineficiencia. 

Por tanto, identifica los procesos relevantes de tu fábrica y comprueba que sean medibles y replicables. Documenta las buenas prácticas, define parámetros operativos, unifica formatos de entrada y salida de datos, y establece criterios de calidad comunes. Empieza por los procedimientos clave y asegúrate que cada miembro del equipo los entienda. 

6. Formación del equipo humano

La digitalización de los procesos de fabricación puede generar cierta resistencia, sobre todo si no va acompañada de un buen plan de formación. Para evitarlo, diseña programas de capacitación específicos para cada rol con un enfoque eminentemente práctico. 

Cerciórate además de que tu plantilla comprenda cómo usar las nuevas herramientas y, sobre todo, para qué sirven. Así no las percibirán como una amenaza sino como una oportunidad para trabajar mejor.

7. Medición, evaluación y modificación de procesos

Una vez implementadas las soluciones de fabricación digital, debes medir su impacto real dando seguimiento a los KPI. Recuerda que una fábrica es un sistema vivo que cambia continuamente, por lo que necesita actualizaciones.

Se trata de asumir una mentalidad de mejora continua en la que elimines las actividades que no aportan valor y fomentes mejoras basadas en los datos que vas recopilando. Y no olvides dejar espacio para que los trabajadores puedan proponer los ajustes que consideren necesarios.

Cuando se implementa adecuadamente, la fabricación digital ataca los puntos débiles del sistema y aumenta la eficiencia operativa. El secreto reside en integrar armónicamente esta tecnología con el equipo humano y los procesos de producción, con una visión estratégica a largo plazo. De esta forma, tu planta trabajará a tu favor, y no al revés.

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La desigual geografía de las mujeres refugiadas en Europa

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Las mujeres que huyen de sus países en busca de protección internacional enfrentan una doble vulnerabilidad: además de sufrir las consecuencias de los conflictos —violencia, persecución, pérdida de medios de vida—, están expuestas a riesgos añadidos durante el trayecto migratorio, como la violencia sexual, la trata o la explotación. Aunque hombres y mujeres comparten muchas de las razones que los llevan a solicitar asilo, los costes físicos, emocionales y sociales del proceso suelen ser distintos. También influyen de manera desigual factores como la aversión al riesgo o las normas sociales: en muchas sociedades, a las mujeres se les asigna el rol principal de cuidadoras, lo que puede limitar su capacidad o disposición para migrar. Por ello, su menor presencia en el asilo europeo refleja no solo desigualdades en la experiencia migratoria, sino también en las condiciones que determinan la decisión misma de migrar.

En 2024, las mujeres representaron apenas un tercio de las solicitudes de asilo en la Unión Europea, aunque su presencia varía notablemente entre países. En Austria (44 %), Francia (44 %) o España (42 %) se acerca a la mitad, mientras que en Eslovenia (4 %), Bulgaria (13 %), Eslovaquia (19 %) o Italia (19 %) es claramente minoritaria (gráfico 1). Estas diferencias no son solo coyunturales, sino que responden a patrones consolidados. Como muestra el gráfico 2, Francia y España han mantenido durante la última década una proporción de mujeres solicitantes sistemáticamente superior a la media europea, fuertemente condicionada por la evolución de Alemania, el país que con diferencia recibe el mayor número de solicitudes. En contraste, Italia y Grecia presentan una presencia femenina mucho menor: desde 2021, menos del 30 % en Grecia y por debajo del 20 % en Italia.


La composición femenina de las solicitudes de asilo varía según el país de destino, reflejando tanto las rutas migratorias como el origen nacional de los solicitantes. Los países con mayor proporción de mujeres suelen recibir más peticiones de personas latinoamericanas, mientras que aquellos con flujos procedentes de Asia, África u Oriente Próximo presentan una composición más masculinizada. En España, donde las mujeres representan el 42 % de las solicitudes en 2024, esta presencia se vincula al peso de solicitantes latinoamericanos, entre quienes la participación femenina es alta: 54 % entre los venezolanos, 48 % en los colombianos y 51 % en los peruanos (gráfico 3). En todo caso, el creciente flujo de solicitudes en España de malienses y senegaleses puede cambiar este patrón. De sus solicitudes, solo el 2 % y el 8 %, respectivamente, se corresponden con mujeres.


Francia, por su parte, destaca por acoger una proporción elevada de mujeres solicitantes (44%). Llama la atención que esta elevada presencia femenina no se debe únicamente al origen nacional de quienes solicitan asilo, sino también a que, para una misma nacionalidad, Francia acoge un porcentaje de mujeres mayor que otros países europeos (gráfico 3). En 2024, el 57 % de los solicitantes de asilo ucranianos en Francia fueron mujeres, mientras que ese porcentaje fue notablemente menor en Alemania (35 %), Grecia (40 %), Italia (41 %) y España (44 %). Esta diferencia también se reproduce para otras nacionalidades: Francia presenta mayores porcentajes de mujeres entre los solicitantes de países africanos como Guinea o Costa de Marfil. Es decir, más allá del país de origen, existen factores específicos del contexto francés —como la existencia de redes migratorias previas, trayectos migratorios más seguros o la mayor frecuencia de viajes por vía aérea— que favorecen una mayor recepción de solicitudes de asilo de mujeres.

Italia representa el caso opuesto: recibe un alto número de solicitantes de Asia y el norte de África, donde la proporción de mujeres es muy baja —como Bangladesh (1 %), Pakistán (2 %) o Egipto (2 %)—, y además esa proporción es inferior a la observada en otros países europeos. Un patrón similar se da en Grecia, con principales orígenes como Siria (26 % de mujeres), Afganistán (42 %) y Egipto (1 %). Estas cifras sugieren que las rutas hacia Italia y Grecia siguen estando fuertemente masculinizadas. Alemania, aunque con mayor volumen total, presenta un perfil similar: entre los solicitantes de Siria (28 %), Afganistán (30 %) o Turquía (33 %), la participación femenina también es baja (gráfico 3).

La estructura por edad de las personas solicitantes también ofrece claves importantes para entender las diferencias de género en los sistemas de asilo europeos. En todos los países analizados, las mujeres tienden a concentrarse en edades más diversas que los hombres, mientras que estos últimos presentan un claro predominio del grupo entre 18 y 34 años (gráfico 4). Este patrón es especialmente acusado en países como Italia o Grecia, donde más del 60 % de los solicitantes varones se sitúan en ese rango de edad (69 % y 59 % respectivamente). De hecho, en estos dos países el 56 % y el 44 % del total de solicitantes de asilo se corresponde con varones de 18 a 34 años, mientras que en España esta cifra se reduce al 33 % y en Francia al 28 %. En contraste, la distribución femenina está más equilibrada. De hecho, en Francia y Alemania las solicitudes de mujeres menores de edad tienen un peso relativamente importante.


Estas diferencias apuntan a trayectorias migratorias distintas según el país de destino: mientras que los hombres jóvenes suelen llegar solos por rutas terrestres o marítimas, muchas mujeres migran acompañadas de hijos o en el marco de proyectos familiares más amplios. En países como Francia y España, su mayor presencia puede vincularse a redes sociales previas y a formas de llegada menos peligrosas, como los vuelos comerciales. El Día Mundial del Refugiado constituye una ocasión para recordar que, más allá de los conflictos armados, las solicitudes de asilo responden también a contextos de inseguridad generalizada, violencia estructural o inestabilidad política, en los que las motivaciones humanitarias, familiares y económicas suelen entrelazarse.

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¿Qué opinan los jóvenes sobre la orientación recibida en los institutos?

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Ahora que está reciente la publicación de las notas de la PAU 2025, un momento clave para miles de estudiantes que afrontan su acceso a la universidad, resulta interesante examinar qué dicen los datos y los propios jóvenes sobre la orientación y el desarrollo profesional que reciben en los Institutos. 

El informe de la OCDE Career readiness in Madrid (Spain): a user perspective[1] presenta los resultados de una encuesta a 1.015 jóvenes adultos de entre 19 y 26 años, formados en la Comunidad de Madrid y realizada en verano de 2024. El estudio complementa las evidencias obtenidas a través de estudios longitudinales y ensayos controlados, ofreciendo una perspectiva directa de los usuarios sobre la utilidad y limitaciones de los sistemas de orientación recibidos durante la educación secundaria, ya con cierta experiencia en el mercado laboral o la educación superior.

Actividades de orientación: útiles pero insuficientes, y no llegan a todos

El valor percibido de las actividades de orientación es muy elevado. En los 17 tipos de actividad recogidos, más del 80% de los jóvenes que participaron en ellas afirma que les resultaron útiles (en distinto grado) para la transición postsecundaria; para muchas actividades, la proporción que las califica como “muy útiles” supera el 50%. Las más valoradas fueron los talleres prácticos sobre cómo hacer un buen CV, cómo superar una entrevista de trabajo, y las experiencias directas en entornos laborales (prácticas, voluntariado, empleo a tiempo parcial), aunque la participación en estas últimas sigue siendo limitada.

Sin embargo, el acceso no es homogéneo: sólo la mitad recuerda haber hecho actividades como talleres de CV o entrevistas, y menos de la mitad participó en ferias de empleo, job shadowing o prácticas laborales. Las interacciones con empleadores, elemento crítico en el desarrollo profesional según la literatura internacional, fueron limitadas: el 35% nunca tuvo contacto con empleadores a través de los centros educativos.

La retrospectiva revela una demanda insatisfecha de orientación: ocho de cada diez jóvenes habrían querido recibir “más” o “mucho más” apoyo en prácticamente todos los aspectos evaluados, pero especialmente en los ligados a la búsqueda de empleo, la preparación de solicitudes, la comprensión del sistema fiscal y de seguridad social, y la adquisición de habilidades para afrontar transiciones estresantes. La demanda es especialmente alta entre mujeres (45% en aspectos vinculados a empleos atípicos para su género/origen) y jóvenes de entornos desfavorecidos (47%).


Orientación, empleo y satisfacción con la propia carrera

En términos globales, la valoración sobre si la escuela preparó adecuadamente para la vida laboral está dividida: sólo la mitad responde afirmativamente. El porcentaje es superior en egresados de centros privados y en jóvenes nacidos fuera de España, pero claramente inferior entre los de menor estatus socioeconómico. No obstante, la valoración retrospectiva de la propia trayectoria profesional es positiva: dos tercios puntúan su carrera hasta la fecha con un 7 o más sobre 10, y más del 80% considera que su actividad actual es útil para el empleo futuro que desean alcanzar.

El análisis multivariante identifica relaciones robustas entre la intensidad y diversidad de la participación en actividades de desarrollo profesional durante la adolescencia y mejores resultados en la transición. Participar en actividades como hablar con profesores sobre empleos de interés, realizar visitas a empresas, voluntariado, escuchar a ponentes invitados o participar en job shadowing se asocia a una menor probabilidad de no tener ni trabajo ni continuar formándose en la edad adulta temprana. Además, quienes participaron activamente en orientación tienen el triple de probabilidades de considerar que el Instituto preparó bien para la vida laboral.

La intensidad de la exposición a actividades con empleadores marca una diferencia clara: solo el 39% de quienes no tuvieron experiencias con empleadores consideran que el instituto le preparó bien, frente al 68% entre quienes participaron en cuatro o más.

Conclusión

La encuesta de la OCDE aporta evidencia empírica de que la orientación profesional recibida en la secundaria madrileña tiene un impacto positivo y significativo sobre las transiciones educativas y laborales posteriores, si bien persisten notables carencias en el acceso efectivo y la adecuación práctica de las actividades. La experiencia internacional sugiere que reforzar la interacción con empleadores y la orientación práctica puede contribuir a mejorar la empleabilidad y la equidad en el acceso a oportunidades laborales.


[1] La encuesta de la OCDE recoge información retrospectiva de jóvenes madrileños sobre su participación en actividades de desarrollo profesional durante la etapa secundaria, la utilidad percibida de dichas actividades y su impacto en las transiciones educativas y laborales posteriores. El cuestionario indaga sobre la tipología y frecuencia de actividades de desarrollo profesional recordadas, la utilidad atribuida a cada actividad para la planificación y preparación para la vida laboral, la percepción retrospectiva sobre la preparación recibida en el centro escolar y presenta indicadores de satisfacción con la trayectoria profesional, nivel de ingresos y abandono universitario. El análisis incorpora variables de control sociodemográfico (sexo, estatus socioeconómico, origen, tipo de centro) y aplica regresiones multivariantes para identificar relaciones estadísticamente significativas entre participación en actividades de desarrollo profesional y los distintos resultados de transición. Dos tercios de los encuestados declararon que les resultaba fácil o muy fácil recordar las actividades de orientación realizadas en la secundaria, sin diferencias sustanciales por sexo, estatus social, nivel educativo alcanzado o situación laboral. En cuanto a actividades específicas, alrededor del 95% de los encuestados recuerda claramente si participó o no en cada una de las 17 actividades propuestas (entre ellas, hablar con profesores o familiares sobre profesiones, recibir charlas de profesionales, realizar job shadowing, asistir a ferias de empleo, hacer voluntariado, entrevistas con orientadores, talleres de CV y entrevistas de trabajo, prácticas laborales o empleo a tiempo parcial, visitas a centros de educación superior, búsqueda online de información, etc.).

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De la automatización a la hiperautomatización impulsada por IA: ¿está tu empresa preparada?

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La hiperautomatización no es solo un paso más allá en la automatización tradicional, es el futuro de los negocios impulsados por IA. La hiperautomatización está revolucionando la manera en que las empresas funcionan, integrando inteligencia artificial para transformar procesos complejos y aumentar la productividad.

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  • ¿Sabías que la consultora McKinsey estima un importante aumento de la productividad global gracias a la automatización impulsada por IA?

Durante el 2025 y los próximos años la IA seguirá con su desarrollo imparable cobrando cada vez más protagonismo. Según una investigación de McKinsey, la mitad de las actividades laborales podrían automatizarse entre 2030 y 2060 gracias a la hiperautomatización impulsada por la IA

Sin la IA, la automatización se limitaría a seguir reglas preestablecidas. Sin embargo, ahora con la IA, los sistemas pueden analizar datos, identificar patrones, predecir resultados y, lo más importante, aprender y mejorar continuamente. Esto significa que tus procesos no solo se ejecutan, sino que se optimizan constantemente.

La hiperautomatización va más allá de la simple automatización de tareas, integrando tecnologías avanzadas para crear flujos de trabajo inteligentes y autónomos. 

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CONTENIDO DEL POST

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¿Qué es la hiperautomatización?

La hiperautomatización va mucho más allá de automatizar tareas simples. Se trata de combinar herramientas de automatización con inteligencia artificial, machine learning y analítica avanzada para automatizar procesos complejos.

No se trata solo de robots o software haciendo tareas repetitivas. Hablamos de una sinergia entre inteligencia artificial (IA), aprendizaje automático (Machine Learning), automatización robótica de procesos (RPA) y otras herramientas que trabajan juntas. Esto permite a las empresas automatizar casi cualquier proceso repetitivo y volumétrico.

Este enfoque no solo reduce costes, sino que también permite a las empresas adaptarse rápidamente a cambios del mercado y a las nuevas exigencias de sus clientes.

Imagina que tus sistemas no solo ejecutan órdenes, sino que también aprenden, se adaptan y toman decisiones. Esta capacidad de autoaprendizaje es lo que diferencia la hiperautomatización de la automatización tradicional. 

La hiperautomatización permite que tu empresa pueda alcanzar niveles de eficiencia y precisión nunca antes vistos. No se trata de una opción, sino de una obligación para mantener la competitividad en un mundo cada vez más automatizado y global. 

¿Cómo prepararte para la hiperautomatización?

Determinar si tu empresa está lista para la hiperautomatización implica fijar objetivos y evaluar tus procesos actuales. Es decir, no se trata de un cambio de la noche a la mañana, prepararte para la hiperautomatización requiere evaluar procesos internos y detectar áreas donde la IA y la automatización puedan tener impacto.

  • Define tus objetivos: ¿qué quieres lograr con la automatización? ¿Reducir costes, mejorar la eficiencia o aumentar la satisfacción del cliente?
  • Empieza identificando tareas repetitivas y manuales: estas podrán ser reemplazadas por la automatización inteligente.
  • Motiva, forma y convence a tu equipo: la adopción de nuevas tecnologías requiere de una mentalidad abierta y el apoyo de todos. Si no motivas y convences, la resistencia al cambio puede minar todo intento de mejora en tu empresa. 
  • Revisa y documenta tus procesos internos: la hiperautomatización funciona mejor cuando los procesos son claros, están bien definidos y documentados.
  • Verifica la calidad de tus datos: la IA se alimenta de datos, por lo que su calidad es fundamental. Si los datos con los que se alimenta la IA contienen errores los resultados no serán los esperados. 
  • Incorpora herramientas que integren IA: integra herramientas que puedan aprender (machine learning) y adaptarse con el tiempo.
  • Apóyate en soluciones escalables: plataformas como Sage 200 te ofrecen soluciones modulares y escalables para avanzar hacia la hiperautomatización, sin comprometer la seguridad y el control de tus procesos.

Beneficios de la hiperautomatización

Implementar la hiperautomatización no solo mejora la eficiencia operativa, sino que aumenta la productividad, reduce errores humanos y optimiza el uso de recursos.

  • Mejora la toma de decisiones: contarás con datos precisos en tiempo real.
  • Aumenta la satisfacción del cliente: se pueden ofrecer respuestas más rápidas y personalizadas. 
  • Mejora la eficiencia: se reducen errores y se acelera la ejecución de los procesos de la empresa. 
  • Reduce costes operativos: se eliminan procesos manuales y repetitivos, pudiendo liberar tiempo para tareas con mayor valor añadido. 
  • Facilita la innovación: para poder competir es necesario poder desarrollar nuevos productos, servicios y modelos de negocio de manera rápida y eficiente.
  • Mejora la satisfacción de los empleados: se eliminan tareas repetitivas permitiendo que los trabajadores realicen tareas con mayor valor añadido y más creativas, lo que se traduce en una mayor satisfacción y compromiso.

¿Qué retos debes superar para adoptarla?

Aunque la hiperautomatización ofrece importantes ventajas, no está exenta de desafíos. Para implantar con éxito la hiperautomatización deberás:

  • Adaptar la cultura corporativa: todos los niveles de la organización deben aceptar y adoptar las nuevas tecnologías. Debes vencer la resistencia al cambio. 
  • Formar a los empleados: debes encargarte de que tus empleados comprendan y manejen las nuevas herramientas de forma eficiente. La formación continua será tu aliada para tener a tus empleados actualizados y que puedan sacar el máximo provecho a la hiperautomatización. 
  • Garantizar la seguridad de los datos: un aspecto crítico en la automatización inteligente es la seguridad de tus datos. Sage 200 es un ERP que crece con tu empresa garantizando siempre la seguridad de tus datos. 

Por lo tanto, la hiperautomatización no es solo el futuro, ya es una realidad en muchas empresas y las que se queden mirando al pasado, no tendrán hueco en un futuro hiperautomatizado. Prepararte para esta transformación es la clave para mantenerte competitivo.

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