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Ontruck cierra una ronda de financiación de 17 millones de euros

Lla plataforma digital de transporte de mercancías Ontruck ha cerrado una ronda de inversión de 17 millones de euros liderada por el fondo OGCI Climate Investments (que forma parte de la Oil & Gas Climate Initiative).

También han invertido Cathay Innovation, Atomico, Idinvest Partners y Total Carbon Neutrality Ventures, actuales inversores de Ontruck, y se ha sumado a esta ronda como nuevo inversor Endeavor Catalyst.

Con esta inversión son más de 50 millones de euros de inversión lo que ha captado Ontruck.

Desde 2016, Ontruck ha transformado el sector logístico, al permitir una gestión del transporte de mercancías por carretera más eficiente y socialmente responsable, a través de su plataforma tecnológica. Ha logrado reducir el porcentaje de kilómetros en vacío de los transportistas a un 19% cuando la media del sector es del 44%.

En cuatro años, la compañía ha reforzado su presencia europea con operaciones en España, Reino Unido, Francia y Países Bajos, y con planes de expansión.

La importancia del nuevo inversor OGCI en el mercado de 600.000 millones de euros de transporte de mercancías por carretera, es notoria ya que está formada por los consejeros delegados de empresas como BP, Chevron, CNPC, Eni, Equinor, ExxonMobil, Occidental, Petrobras, Repsol, Saudi Aramco, Shell y Total.


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¿espejismo-financiero?

¿Espejismo financiero?

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Es importante que exista ilusión frente al miedo, pero también son precisas referencias sólidas para que todo no quede en un espejismo. La última semana, siguiendo la tendencia de las anteriores, destacó por dos acontecimientos financieros. El primero, la favorable evolución de los mercados de renta variable de todo el mundo, del que el Ibex 35 no fue excepción. Parecen haberse superado los peores niveles alcanzados en marzo, en pleno tsunami de la covid-19. Sorprende, en cierto modo, porque la economía real aún está comenzando a reactivarse y tiene pronósticos preocupantes e inciertos. Los mercados siguen yendo por libre en relación con la economía real. El pesimismo no ayuda. Tampoco esperar la recuperación por la pura inercia que generó la caída.

Las acciones del BCE siguen sirviendo para anestesiar las primas de riesgo, pero pocos confían ya en su poder vigorizante para recuperar crecimiento e inflación. Que la autoridad monetaria haya decidido aumentar notablemente volúmenes y alcance de la adquisición de títulos durante la pandemia era necesario e importante pero también indicativo de las negativas previsiones macroeconómicas para la eurozona que debe estar manejando el banco central. No se conoce aún el verdadero fuelle de la recuperación de los sectores productivos.

Precisamente la segunda referencia financiera que ha llamado la atención recientemente ha sido la notable reducción de las primas de riesgo de los países de la zona euro más afectados por la pandemia, incluido España. Están a niveles pre-covid. El programa pandémico de compras del BCE parece estar funcionando. En cuanto al tan comentado fondo de recuperación europeo, podría existir la tentación, como sucedió en la anterior crisis —en la que se propuso frecuentemente el rescate completo para España— de que nuestro país haga como hipótesis de partida la necesidad de emplear al máximo las transferencias y créditos “blandos” de esa facilidad europea.

«Hay que diseñar y entender todos los posibles escenarios financieros del futuro, pero creo equivocado posicionarse ya en uno de los escenarios extremos (solicitar toda la ayuda posible)».

Santiago Carbó

Están aún en proceso de negociación y los primeros desembolsos aún tardarían en llegar. Creo que es importante liberarse de cualquier espejismo y entender el papel que España debe señalizar ante la UE ahora. Si Europa está más abierta a ayudar y flexibilizar criterios, hay que situarse como candidato para los supuestos positivos, no los negativos o derrotistas. Todo ello reconociendo que tenemos serias restricciones financieras que impiden mayor contundencia en las acciones públicas para paliar los efectos económicos y sociales de la pandemia.

Contar con más recursos facilitaría a España una mayor artillería (desde ya) para ser contundente y eficaz en materia de gasto sanitario y de apoyo a empresas y familias. Eso puedo entenderlo. Sin embargo, en la negociación parece necesario mantener la cabeza fría y no revelar una ansiedad que podría llevarnos con más velocidad de la deseada a tomar decisiones que dentro de unos meses podrían ser contraproducentes. También nos alejaría de nuestra propia responsabilidad y planes de acción. En suma, hay que diseñar y entender todos los posibles escenarios financieros del futuro —sobre todo en un contexto de restricciones fiscales y potenciales tensiones en la deuda soberana— pero creo equivocado posicionarse ya en uno de los escenarios extremos (solicitar toda la ayuda posible).

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Rescate al sector del automóvil: las matriculaciones de coches caen un 72% en mayo

El sector del automóvil es clave para la economía española pues representa el 10% del PIB, aporta el 9% del empleo (la industria genera 300.000 empleos directos y alrededor de dos millones de puestos de trabajo en total vinculados al sector) y ha sido el mayor contribuyente en una balanza comercial positiva con 14.000 millones de euros.

Y precisamente este sector que es uno de los grandes motores para España se ha visto obligado a cerrar en prácticamente toda la cadena de valor durante más de mes y medio, lo que supone un duro impacto como nunca antes se había visto.

El escenario para este año se plantea enrevesado. Las actuales previsiones señalan que se han dejado de fabricar 700.000 vehículos durante este 2020, lo que supone una producción total alrededor de dos millones, una cifra que no se había registrado desde la crisis.

Durante el mes de mayo, hemos visto una caída de las matriculaciones del 72,7%, según afirma ANFAC la patronal el sector automovilístico. Si el año pasado asistimos a un volumen de 125.623 matriculaciones en el mes, este año únicamente se han matriculado 34.337 vehículos.

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Si el mes de mayo ha sido terrible para el sector ¿cómo fue el mes de abril en pleno confinamiento? De las 5 semanas de abril solo algunas de las 17 fábricas lograron poner en marcha sociedad a partir del día 20, logrando una producción ínfima de 4.844 unidades. En términos comparativos, representaría una reducción del 97,8% frente al mismo mes del año anterior.

Otro factor a tener en cuenta es que el 25% de la producción española se queda dentro de nuestras fronteras y el resto se exporta. Pero la parálisis global llevó a que las exportaciones el mes de abril se hundieran en la misma medida que la producción, enviando únicamente 3.753 vehículos, un 98% menos frente al mismo mes del año anterior.

Intervenir el sector para favorecer la venta de vehículos

El sector está deseando que el Estado lo ponga fácil. La propuesta de la patronal queda plasmada en el Plan auto 2020-40, una propuesta a largo plazo que plantea las bases de una estrategia país que permita mantener la alta competitividad de la industria mientras se enfrenta a los retos futuros de movilidad.

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El plan desea que se desarrolle un marco regulatorio estable que permita la planificación de forma homogénea y centralizada en lo que se refiere a la regulación de la movilidad y la calidad del aire.

Hasta aquí, ningún problema, pero hay algo más: se solicita una fiscalidad favorable.

Se pretende que la Administración Pública fomente la renovación del parque con los vehículos nuevos de bajas y cero emisiones, con especial hincapié en los eléctricos, mediante una fiscalidad favorable, ayudas a la compra, ayudas a la infraestructura de recarga, una mejora de la legislación para el fomento de la infraestructura eléctrica, entre otras decisiones.

En otras palabras, desean que el vehículo eléctrico se extienda apoyado por el Estado, en vez de por ser un producto de consumo duradero competitivo frente al vehículo de combustión que sea un verdadero sustitutivo.

Para dar respuesta a estas peticiones, se impulsó el Plan MOVES, acrónimo de Movilidad Eficiente y Sostenible que el año pasado movilizó 45 millones de euros. Para este año, y según lo que ha manifestado la ministra de Empleo Teresa Ribera, la segunda edición del Plan MOVES repartiría 65 millones de euros, un incremento del 40% con respecto a la anterior.

Pero lo cierto es que el plan aún no se ha aprobado este año. El sector pide más al Estado. Se está solicitando ayudas adicionales más allá del plan MOVES, los fabricantes reclamarían al gobierno un ambicioso plan cuantificado en 400 millones de euros. Como contrapunto, el Gobierno estaría valorando ayudas para vehículos que incluyeron todas las tecnologías, es decir el motor de combustión, movilizando 300 millones.

Recordemos que España se beneficiaría del Plan de Ayudas europeo, por el que recibiría 140.000 millones de euros y tendría como sectores objetivos a la automoción y el turismo, entre otros, por ser los más afectados en esta crisis.

Nissan se despide de Barcelona

Una de las peores noticias que hemos conocido recientemente es que, finalmente, la factoría de Nissan ubicada en Barcelona cierra.

El problema existente para su fábrica es que en el último año y medio se había visto una notoria pérdida continuada de modelos hasta que la capacidad productiva llegó a situarse en un 20%. Es decir, existía un problema de sobrecapacidad o de inversión ociosa, no productiva, que ha obligado a la marca a desinvertir y reajustarse.

Los Trabajadores De Nissan Cortan La Ronda Litoral En Barcelona

El programa de reducción de costos se produjo cuando la pandemia de coronavirus empujó a Nissan a su primera pérdida anual en 11 años. Los ingresos cayeron un 14% interanual en los 12 meses hasta el 31 de marzo.

La estocada final fue una decisión de Mercedes Daimler que decidió interrumpir la producción de su pick up a partir de mayo de 2020 y, justamente Daimler representaba cerca del 50% de la producción del pick up. lo que ha llevado a precipitar las decisiones.

El cierre de la planta de Barcelona dejará al fabricante de automóviles japonés sin fábricas de automóviles de la UE. La otra cara de la moneda la vemos en el Reino Unido que elimina una amenaza a corto plazo para la mayoría de los 6.700 puestos de trabajo en la fábrica de automóviles más grande de Nissan en SunderlandBritain.

Tras la decisión, aparecieron ideas que podríamos calificar de estrambóticas como la del líder de ERC en el Congreso de los Diputados, Gabriel Rufián, que apuntaba a la nacionalización de la fábrica para poder preservar los puestos de trabajo.

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La pregunta sería ¿qué nacionalizamos? ¿Una fábrica con piezas de metal para producir un coche sobre el cual no se tiene la patente de producción? Si Nissan, que tiene una experiencia específica en el sector, no ha sido capaz de rentabilizar esa fábrica ¿podría el Estado, sin experiencia alguna, meterse en la creación de una marca de coches de la nada?

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Riesgos de un mundo postpandémico

Inicio la presente entrada justo en el momento en que España entra en su sexta y presumiblemente última prórroga del estado de alarma. El coronavirus sigue su curso asimétrico de desarrollo global, expandiéndose en algunos países mientras retrocede o desaparece en otros. En el camino, 7 millones de casos confirmados y más de 400.000 fallecidos, superando los 27.000 en España según cifras oficiales, aunque cualquier analista sensato entiende que son muchos más.

Este nuevo artículo de mi "serie pandémica" pretende ser una continuación de la entrega anterior, dedicada a las tendencias globales que trae consigo la mal llamada nueva normalidad. Como apuntaba entonces, tales tendencias van acompañadas también de riesgos de todo tipo. Algunos son emergentes e inherentes a la nueva coyuntura, otros, viejos conocidos con perfil renovado. Hoy nos centraremos en los más relevantes e inmedatos. Ser conscientes de ellos puede ayudarnos a navegar por la mar gruesa e incierta de nuestra realidad actual. Como apuntó en su día la Almirante Grace Murray Hopper, un barco en el puerto es seguro, pero no es para eso para lo que se construyen las naves. Hay que navegar en el mar y hacer cosas nuevas. Y nos va a tocar hacer muchas en los tiempos que vienen.

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Riesgos económicos

Sobre esta cuestión, ya apuntamos algunas ideas en el segundo artículo de la serie, expresadas siempre bajo un gran interrogante. Sabemos que las consecuencias económicas negativas están siendo de gran envergadura, porque lo vamos observando a tiempo real. Sabemos también que la dimensión del daño dependerá de lo que tardemos en contener el virus a medio y largo plazo. A corto plazo, en aquellos países donde el coronoavirus retrocede y la actividad se va recuperando, podremos observar una reactivación económica relativamente rápida, aunque todavía incierta. Rápida, porque pasar de la parálisis al mero movimiento tiene efectos inmediatos y evidentes en la economía. Incierta, porque tanto a nivel doméstico de muchos países como a escala global, partimos con unos cimientos estructurales e institucionales todavía frágiles como consecuencia de la crisis de 2008. En este sentido, merece destacar un excelente análisis de Fitch sobre los grandes riesgos económicos de los meses venideros. Podemos destacar tres grandes apartados:

  • Sostenibilidad financiera a largo plazo: muchos países ya fuertemente endeudados y con déficit han lanzado paquetes de estímulo/rescate/ayuda cuyo importe global estimado por el FMI a finales de mayo alcanzó la mareante cifra de nueve billones de dólares, desglosados en 4,4 billones de dólares de transferencias fiscales directas y otros 4,6 billones en medidas de otro tipo. 9 billones; quédense con ese número.

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    Sin ajustes estructurales que acompañen este brutal esfuerzo de corto recorrido, veremos déficits y deudas muy elevados en un contexto de crecimiento incierto, lo que arroja nuevas dudas sobre la sostenibilidad de todo el entramado, especialmente en los países estructuralmente más frágiles, y ya no digamos las naciones en desarrollo. Recordermos que la relación deuda / PIB global alcanzó un máximo histórico de más del 322% en el tercer trimestre de 2019, con un montante total cercano a 253.000 millones de dólares: más de 72.000 millones en las economías emergentes (223% del PIB) y más de 180.000 millones en las economías desarrolladas (383 % del PIB). No descartemos el riesgo de crisis soberanas.

  • Estancamiento: ya hemos señalado que deuda y déficit irán acompañados de un crecimiento lento por debajo de lo que resulta necesario para procurar una recuperación robusta en el tiempo. La respuesta al parón empresarial, al desempleo y a las enormes necesidades de atención social generados por la pandemia auguran la proliferación y preferencia por medidas de apoyo al crecimiento a corto plazo, que impactarán sin duda en los retos del medio y largo plazo, comprometiendo así las acciones futuras. La política monetaria tampoco puede ser ya ese gran revulsivo que algunos todavía esperan.

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    Las repetidas intervenciones monetarias habidas desde 2014 ya parecían haber alcanzado su límite en cuanto a capacidad de estímulo antes de la irrupción del virus, al ser cada vez menos efectivas, incluso con tipos negativos, compra masiva de deuda y condiciones financieras extraordinariamente relajadas. Además de suponer un riesgo financiero de naturaleza sistémica, esto podría dar lugar a una trampa de estancamiento: si los agentes económicos deducen que las autoridades monetarias no serán capaces de contrarrestar una demanda decreciente,el consumo y la inversión se verán afectados, lo que incidirá en el crecimiento. Las expectativas pesimistas se vuelven de esta forma autocumplidas. Este ciclo de ?retroalimentación autocumplida? sólo puede tener lugar si los fundamentos de la economía son lo suficientemente débiles, que es precisamente lo que está ocurriendo en el contexto actual.

  • Desglobalización: se trata de un riesgo cierto que, a su vez, impacta negativamente en los dos elementos anteriores. Un magnífico Op-Ed de The Economist del pasado mes de mayo describía las líneas maestras de este proceso desglobalizador que afecta a la libre circulación de personas, bienes y capitales: regresamos a tentanciones proteccionistas y se abandonan las líneas maestras que han sustentado el libre comercio en estas últimas décadas; rompemos las cadenas de valor global en nombre de la resiliencia;repatriamos industrias; recortamos inversiones fuera de nuestras fronteras... Nos hallamos, en suma, ante una vieja y conocida receta para el fracaso. Siguiendo a The Economist:

"No nos dejemos engañar con que una sistema de comercio con una red inestable de controles nacionales vaya a ser más humana o segura. Los países más pobres encontrarán todavía más difícil estar a la altura y, en el mundo desarrollado, la vida será más cara y menos libre".

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Riesgos sociopolíticos

  • Mayor inestabilidad social y auge de los populismos: los riesgos económicos descritos en el apartado anterior (altos niveles de deuda, elevado desempleo, desprotección y desigualdad social, insuficiente crecimiento, aumento del proteccionismo) determinan, por su parte, un riesgo creciente de malestar social, tanto en los países en desarrollo como en el primer mundo. Para los países emergentes, el reto de satisfacer las necesidades de atención inmediata de una población que sigue en expansión puede superar con creces sus ya limitadas capacidades, lo que a incrementaría la fragilidad en las regiones más desfavorecidas e inestables del planeta, avivando a su vez los flujos migratorios hacia las naciones más ricas. Éstas, por su parte, con sus estados de bienestar sometidos a una presión sin precedentes por la pandemia, en especial sus sistemas de salud y pensiones, deberán hacer frente tanto a esta presión migratoria como a las propias tensiones sociales derivadas de la crisis, generando una mayor polarización e incertidumbre, caldo de cultivo para los extremismos populistas y una política más sucia y degradada. Todo ello tendrá consecuencias de todo tipo. Se trata de otro proceso que ya estaba en marcha antes de la irrupción del coronavirus y que la pandemia desgraciadamente ha acelerado.
  • Crisis institucional: la crisis socieconómica puede venir acompañada con una crisis de las instituciones, tanto a nivel de nación como a escala global. La deriva populista puede conducir a un menoscabo de las democracias liberales y su evolución a sistemas más autoritarios, no sometidos a los imprescindibles balances y contrapesos. A su vez, el debilitamiento de la gobernanza político-económica global y la ausencia de un verdadero liderazgo mundial realimentan los riesgos ya mencionados. La competencia hostil por el poder global frente a la colaboración amistosa han regresado con fuerza, augurando tensiones, conflictos y menores crecimientos. En este sentido, y al igual que ocurre en el aspecto económico, la pandemia ha agravado problemas preexistentes y evidenciado las debilidades inherentes de unas instituciones internacionales, nacidas en el siglo XX, que ya no reflejan adecuadamente los retos y equilibrios de un mundo completamente distinto. La cooperación global se halla en entredicho precisamente cuando es más necesaria, ya que las amenazas de este siglo han sido, son y serán globales.

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Apuntes finales

No quisiera cerrar esta entrada sin insistir en el último elemento señalado en el apartado anterior: nos hallamos en un mundo nuevo, heredero de una globalización imperfecta y en medio de una revolución tecnológica. El fenómeno globalizador ha configurado una realidad compleja y volátil, donde cualquier evento puede afectar a elementos muy dispares y geográficamente distantes. Lo hace, además, en tiempo prácticamente real y con nuevos actores, más allá de las naciones-estado: medios de comunicación globales, redes sociales, empresas transnacionales, grupos de interés, organizaciones no gubernamentales, organizaciones terroristas y mafias internacionales. Sus acciones (sean atentados terroristas, decisiones relativas a la ubicación de la actividad económica y el bienestar social, o la difusión de información contraria a un gobierno) desbordan ampliamente el territorio y la jurisdicción de cada estado, operando en espacios comunes globales como el cibernético, por naturaleza interconectado, deslocalizado y descentralizado. Esta realidad no tiene vuelta atrás, salvo cataclismo en contrario.

En este contexto, los riesgos propios de este nueva realidad y, desde luego, los que hemos descrito en la presente entrada, serán muy difíciles de gestionar por unas burocracias tradicionales que ya se hallaban cuestionadas al comenzar este siglo y que ahora se ven todavía más debilitadas por la pandemia. Por consiguiente, no nos queda otra que avanzar hacia unos nuevos cimientos institucionales y de gobernanza local, regional y global, capaces de responder a los enormes retos económicos, sociales, políticos, tecnológicos y de seguridad que tenemos por delante. Pero esto ya será tema para futuras reflexiones.

Hasta entonces, queridos lectores: never surrender.

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Atisbos de recuperación

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El pulso de la economía vuelve a latir, tras la relajación de las restricciones a la producción y a la movilidad de las personas. La actividad, que en abril se había reducido hasta su mínima expresión, muestra señales de vida –los gestores de compra de las empresas reportan una leve mejora para mayo, mientras que la afiliación a la Seguridad Social recupera una pequeña parte del terreno perdido durante las semanas de hibernación.

«Llega un repunte incompleto y desigual. Para evitar una recaída, la salida del plan de emergencia debería ser a la vez gradual y más selectiva».

Raymond Torres

Además, la puesta en marcha por el BCE de un programa masivo de compra de deuda pública, ampliado esta semana hasta un total de 1,35 billones, permite una cómoda financiación de la acción de los Estados. La prima de riesgo española se relaja, acercándose a los niveles precrisis y los mercados incrementan sus compras de bonos en condiciones favorables para el Tesoro Público.

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Todo ello, unido a la tendencia netamente alcista de los mercados bursátiles, ha dado alas a un cierto optimismo. Una percepción que, sin embargo, choca con la realidad de sectores como el turismo, la automoción o el acero, que encaran un futuro incierto. En la industria varias empresas importantes amenazan con desplazarse a destinos que ofrecen un entorno más favorable, en términos de precio de la electricidad, estrategia industrial, o estabilidad regulatoria.

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El repunte, además de incompleto y desigual, descansa sobre medidas de carácter principalmente transitorio. Los dispositivos de excepción, puestos en marcha al calor del estado de alarma, como los ERTE, los créditos ICO, las moratorias y prestaciones a colectivos más castigados por la pandemia, están concebidos para aportar un balón de oxígeno. Su utilidad ha quedado patente: de no haberlos desplegado, la tasa de paro ya se situaría por encima del 20% y apenas se percibirían atisbos de recuperación. No obstante, por definición se trata de medidas efectivas para empresas viables que se enfrentan a un desfase puntual de tesorería. Pero no son aptas ante situaciones de insolvencia, que requieren de una reconversión.

Por tanto, para evitar una recaída, la salida del plan de emergencia debería ser a la vez gradual y más selectiva. Esto significa prolongar los ERTE y los créditos ICO todo el tiempo necesario, pero a la vez normalizar los criterios de acceso, es decir, aplicar las condicionalidades antes de conceder las ayudas (ahora se aplican controles a posteriori). De forma que el esfuerzo se concentre en los sectores más necesitados y una parte de los recursos liberados se destinen, en primer lugar, a acciones estratégicas como en apoyo al turismo y al vehículo eléctrico. Otros países de nuestro entorno han emprendido este camino, poniendo en marcha todo tipo de ayudas directas o la entrada en el capital de algunas empresas. En una situación de escasez de recursos, no nos queda más remedio que establecer prioridades y vigilar el buen diseño de las iniciativas de apoyo al tejido productivo.

En segundo lugar, se trata de propiciar la incorporación en el mercado laboral de parados de larga duración, de los futuros beneficiarios del Ingreso Mínimo Vital, así como de jóvenes. Se puede estimar que más de 300.000 jóvenes de entre 15 y 24 años entrarán en el mercado laboral de aquí a finales de 2020. Para ser exitosa, la política de empleo deberá disponer de recursos humanos suficientes de modo a personalizar sus dispositivos y adaptarlos a un entorno cambiante. La experiencia internacional muestra que esta puede ser una inversión rentable, a condición de diseñar las medidas correctamente y evaluarlas, como es el caso de las políticas activas de empleo en el País Vasco.

Ante una desescalada económica tan compleja, nuestro principal aliado es el expansionismo monetario del BCE (recordemos que las ayudas europeas, todavía al estado de propuestas, no llegarían hasta dentro de un año). Todo dependerá de cómo aprovechemos esa oportunidad, resolviendo el dilema de tener que transitar de un plan de medidas de emergencia hacia un modelo de crecimiento que queda por definir.


Fuentes de los gráficos: Markits Economics, Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones y Funcas.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Trabajadores inmunes al coronavirus, una demanda en la sombra

El mercado laboral se encuentra en plena convulsión. El desempleo no para de crecer desde el mes de marzo y hoy sumamos 3.857.776 parados. Se trata de un dato abrumador porque **el paro registró en mayo la mayor subida de su historia y, además, contamos con tres millones de personas en ERTE.

Por lo tanto, nos encontramos ante una gran oferta laboral que, hoy por hoy, el mercado es incapaz de dar una respuesta con los salarios existentes.

Que exista una mayor oferta, implica también que existirá una mayor competencia para cada una de las ofertas laborales publicadas. La competencia lleva a elegir los mejores candidatos para los mejores puestos y en este proceso de elección, un pequeño factor puede ser el decisivo para la selección.

Y es aquí donde empieza a ganar peso la figura del trabajador inmune. En otras palabras, un trabajador que ha sufrido el COVID-19, por lo que ha generado anticuerpos que le conceden una inmunidad.

En este contexto específico de desescalada y de una gran incertidumbre sobre si habrá que dar pasos atrás, en la que no se ha desarrollado la vacuna aún, y que las empresas invierten fuertemente en medidas de prevención, incluir las características de inmunidad en el currículum concede una ventaja competitiva ante la oferta laboral.

De hecho, ya hemos visto anuncios en que los ofertantes de un puesto laboral y citaban, como requisito deseable, que el trabajador tenga inmunidad o demandantes que trataban de diferenciarse incorporando esta característica.

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El dilema

Hasta la fecha, los sindicatos españoles no han sido partidarios de la creación de un DNI inmunológico en el que se pueda favorecer el acceso a determinados puestos mientras no exista cura ni vacuna contra coronavirus.

El argumento que utilizan es que la existencia de seroprevalencia constituye un principio discriminatorio y la solicitud de obligatoria de este documento por la parte del empleador, sería invasiva salvo en determinadas categorías laborales como pudieran ser profesionales sanitarios que han experimentado un elevado grado de contagios hasta un total de 51.000.

No obstante, es imposible ignorar que la característica de seroprevalencia sea una cualidad que aporte un valor añadido en la estructura empresarial porque transmite seguridad tanto a la empresa como a los clientes, especialmente si se trata de un negocio de venta al público.

Imaginemos que somos una empresa que solicita para un puesto de trabajo un determinado perfil de cara el pública. Tras un proceso selección, constatamos que tenemos dos currículums equivalentes y ambos son perfectamente óptimos para desarrollar las funciones que se requiere para el puesto.

No obstante, en el currículum de uno de los candidatos consta que recientemente ha pasado el coronavirus y ha generado anticuerpos. Con este nuevo dato, debemos valorar si este sería un factor determinante para tomar una decisión final o debería ser ignorado para evitar el perjuicio del otro candidato.

Es en este punto el que se pone de manifiesto que verdaderamente aporta valor. Y por ello, no es descartable que en los próximos meses veamos un auge en este tipo de demandas laborales incluyan la inmunidad como uno más de los requisitos para acceder al puesto de trabajo.

En un momento en el que el mercado laboral está tan tensionado con un elevado stock de personas que están demandando empleo, es lógico tratar de diferenciarse lo máximo posible para conseguir el acceso a un trabajo. Y, especialmente, en el contexto que nos encontramos, la figura del DNI inmunológico o simplemente la incorporación del factor inmunidad en el currículum es de especial importancia porque genera valor para la empresa.

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No, el País Vasco no tiene mejores servicios porque pagan más impuestos, aunque lo diga el PNV

Desde los representantes vascos se tiende a asegurar que su ciudadanía ostenta de mayores servicios debido a unos impuestos sensiblemente más elevados. Este es un mantra reiterado en numerosas ocasiones cada vez que se intenta tratar de cuestionar su modelo particular.

El presidente del PNV, Andoni Ortuzar, lo recordaba ayer: "no se suele recordar que también pagamos más impuestos que otros y es uno de los pequeños secretos por los que tenemos mejores cosas, porque tenemos una presión fiscal mayor".

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Esta afirmación hace referencia cuando se revisa específicamente los tipos del IRPF en las diferentes provincias vascas (Bizkaia, Gipuzkoa y Álava) que son las encargadas del diseño tributario. Y, es cierto, tanto los tramos inferiores del IRPF como los tramos superiores se encuentran más altos que la media nacional.

Pero hay que tener en cuenta que en el IRPF existe complejidad con numerosas deducciones, bonificaciones y reducciones que pueden hacer que unos tipos sensiblemente elevados en primera instancia, lleguen a ser altamente competitivos aplicando una serie de correcciones.

, las comunidades implicadas en el régimen común pueden deducirse 2.000 euros en concepto de gastos deducibles. Con ello, para salarios de 18.000 euros, la base imponible es igual al rendimiento neto menos esos 2.000 euros.

Si esto lo comparamos con las tres diputaciones vascas tenemos una bonificación del rendimiento en el trabajo de 4.650 euros en los rendimientos netos de hasta 7.500 uros que desciende a 3.827,64 euros para un salario bruto de 12.000 euros y hasta alcanzar 3.000 euros para todos los rendimientos por encima de 15.000 euros.

Ahí reside la competitividad fiscal que es especialmente atractiva en Guipúzcoa, Vizcaya para las rentas medias y en las tres haciendas forales para las rentas medias-altas, llevándolas a las regiones con una mayor competitividad fiscal.

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Pero no solo existe el IRPF en materia de impuestos, sino que para completar el análisis entran en juego las diferentes figuras impositivas como el Impuesto sobre Patrimonio, el Impuesto sobre sucesiones, el Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados y el Impuesto sobre Hidrocarburos. Las provincias de Euskadi no destacan por ser especialmente gravosas, sino que presentan una alta competitividad fiscal.

Además, las comunidades autónomas tienden a incorporar impuestos propios, Cataluña destaca como la comunidad con mayores impuestos creados por la autonomía, y este es un hecho diferencial con las tres diputaciones del País Vasco ya que no han establecido más impuestos propios.

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¿Por qué el País Vasco destaca en competitividad fiscal?

El País Vasco goza de un régimen de financiación diferente al resto de comunidades autónomas ya que se rige por el Régimen Foral, al igual que Navarra, mientras que el resto de comunidades se rigen por el Régimen Común.

Gracias a este régimen de financiación se le permite gozar de un alto nivel de autogobierno en temas tan relevantes como son la sanidad, la educación, la seguridad, la vivienda y, en materia de impuestos, una autonomía que se deriva del Estatuto de Gernika que es su pilar fundamental.

Este sistema fiscal es enormemente positivo para las administraciones intermedias porque permite ser consecuente en términos de estabilidad presupuestaria, sin que se echen balones fuera culpando a la administración superior por una problemática de gestión.

En este caso, no sería el País Vasco la administración intermedia sino las tres provincias vascas que compiten fiscalmente para la creación de sus respectivos sistemas tributarios. Debido a la gran autonomía que tienen, la competencia termina beneficiando a los contribuyentes al igual que sucede en los modelos ampliamente descentralizados como Suiza y sus cantones.

Asimismo, el País Vasco aporta al Estado unos dineros a través del cupo en concepto de la contribución a todas aquellas cargas del Estado que no han sido asumidas por la Comunidad Autónoma Vasca. En ese cupo entran todas aquellas competencias que no está asumiendo la comunidad autónoma como por ejemplo el sostenimiento de la casa real, las instituciones centrales del Estado español, el Congreso de los Diputados y el Senado, Defensa, Relaciones Exteriores o bien la contribución a la Unión Europea.

En contraste, con el régimen común, el ciudadano paga la gran parte de sus impuestos a la Hacienda del Estado central y, seguidamente, se establecen transferencias a las comunidades autónomas, cuyo objetivo final es que las regiones más ricas de España apoyen al sostenimiento de las regiones más desfavorecidas o pobres.

Este hecho es muy importante ya que únicamente el País Vasco paga por esos servicios sin entrar en la retribución de la renta con el resto de autonomías. De ahí, que asume una ventaja competitiva frente a otras regiones ricas de España como son Baleares, Cataluña o Madrid. No obstante, no es ajeno a las transferencias del Estado a las comunidades autónomas y ahí que se genere cierta problemática en el esquema global de financiación.

Esto se entiende perfectamente al hablar de su balanza fiscal...

En primer lugar, Euskadi se encuentra entre las regiones más ricas de España que logra, incluso, superar la media de la Unión Europea. Es la segunda autonomía con mayor renta per cápita con un total, estimado por el INE, de 33.223 euros, la segunda más alta en España solo superada por la Comunidad de Madrid.

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Pero, a pesar de ser una de las regiones más ricas del país, se encuentra, con una balanza fiscal favorable, es decir positiva, recibe más de lo que aporta. Este hecho impacta con otras regiones ricas del Estado español como son la Comunidad de Madrid, Cataluña y Baleares que son contribuidores netos al resto de autonomías.

Según el informe Estudios sobre la Economía Española - 2019/08 elaborado por Angel de la Fuente, en términos per cápita, el País Vasco estaría recibiendo más de 2.000 euros por habitante del resto de autonomías. Y curiosamente Cataluña, con una renta per cápita inferior a la vasca, sería aportador neto con poco más de 200 euros por habitante al resto de autonomías. Otra curiosidad es que Valencia, con una renta per cápita inferior a la media nacional, estaría aportando al resto de autonomías 700 euros.

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Y este es verdaderamente el punto del conflicto. El sistema de financiación autonómico está llevando a que el País Vasco (al igual que Navarra), disfruten de superávit fiscal pese a situarse entre los territorios más ricos del país.

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¿Suficiente crédito?

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En la anterior gran crisis, la financiera, el epicentro eran las entidades bancarias, y la falta de crédito fue una limitación esencial para la recuperación. La covid-19 ha pillado a trasmano a la economía, pero ahora existe la posibilidad de dotar crédito, de actuar rápido. Al menos, mucho más que hace 12 años. Tanto los bancos como los Gobiernos, en muchos países europeos, han entendido que había que hacer frente común para prestar dinero, compartiendo el riesgo de las operaciones. El problema es precisar cuánto crédito es suficiente, lo que obliga a responder con carácter previo a otra pregunta: ¿para qué se necesita la financiación?

Lope de Vega diría aquello de “por andar la bolsa estrecha, no está la deuda pagada, porque es mejor no dar nada, que dar lo que no aprovecha”. La financiación que ahora se concede, fundamentalmente con avales del ICO, aprovecha realmente. Su destino no es la inversión sino la supervivencia. En los últimos años, el flujo de financiación hacia empresas ha sido moderado y los 100.000 millones de euros que se quieren prestar con ese programa de avales bancarios suponen prácticamente un tercio de todas las operaciones que se concedieron en 2019, que alcanzaron los 348.380 millones de euros. La situación es excepcional. Llegan facturas y nóminas pero no ingresos ¿Cuánto dinero es suficiente para financiar una economía que ha estado un tiempo parada y ahora a ralentí? Demasiado.

«La acción conjunta de entidades financieras e ICO está dando, por sí sola, un flujo de financiación muy por encima de lo normal. Cuestión distinta es que sea suficiente».

Santiago Carbó

Este lunes el Banco de España informaba de que el flujo de financiación a empresas creció un 3,1% en abril en tasa interanual. El triple de meses anteriores. Si se excluye la financiación con deuda, el crédito de entidades financieras a empresas aumentó un 5,8% en abril. Los datos que han trascendido del programa de créditos bancarios con avales públicos son que se han concedido 35.832 millones a pymes y autónomos y 53.610 millones a otras empresas. 89.442 millones solo en este programa.

En abril y mayo de 2019, en una situación más normalizada, se habían concedido 57.184 millones de euros, lo que sugiere que la acción conjunta de entidades financieras e ICO está dando, por sí sola, un flujo de financiación muy por encima de lo normal. Cuestión distinta es que sea suficiente. Baste con pensar que, según han señalado anecdóticamente algunas entidades financieras, la demanda de crédito es bastante superior a esas cifras. Esto invita a pensar que sería conveniente extender la financiación con avales durante más meses, incluso entrados en 2021. Claro está, con una monitorización de la calidad de los créditos y su posible impacto en la morosidad.

Algo que va a depender de si se producen rebrotes de la covid-19 y en qué medida volverán a exigir detener la actividad o reducirán la confianza. La idea es simple pero articularla con suficiente control del riesgo es más complicado: hay que prestar a las empresas viables que puedan aguantar este trance y relanzarse después hacia la inversión. En la anterior crisis cayeron muchas que estaban en esa disposición pero cuyo crédito se secó de la noche a la mañana. No debe volver a ocurrir.

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digitalizacion-a-la-fuerza:-consecuencias-positivas-del-covid-19

Digitalización a la fuerza: consecuencias positivas del COVID-19

En los tiempos que corren, puede que haya una pregunta que esté rondando la cabeza a más de uno: quién ha hecho más por la digitalización de tu negocio, ¿el CEO, el CIO o el COVID-19?

La respuesta no solo la intuimos, sino que un reciente estudio de IDC realizado entre empresas españolas lo constata.

José Antonio Cano, Director de Análisis y Consultoría de IDC Research España, asegura que el COVID-19 ha servido para acelerar esta transformación dentro de las organizaciones, pero avisa de que este proceso se está realizando de manera desigual.

Esta mayor digitalización es evidente en las políticas de smart working, pero también ha servido para testear los planes de contingencia y resiliencia de los negocios. En otros casos, el impacto de la pandemia ha servido para apalancar, desarrollar o analizar el impacto de estas políticas y estrategias en la organización.

Con Sage nunca estás solo. Las pymes y autónomos son los héroes de nuestra economía. Por eso, hemos creado un espacio con información, novedades legales y consejos útiles sobre COVID-19 para que puedan seguir gestionando sus negocios. Echa un vistazo a nuestro contenido.

Objetivo: garantizar el teletrabajo

Los analistas de IDC constatan que, con la llegada del Estado de Alarma, la recomendación de teletrabajar y el confinamiento de las personas en sus lugares de residencia, las empresas han reaccionado reorganizándose internamente.

Durante las primeras dos semanas, los profesionales tecnológicos de las empresas estaban enfocados en que el empleado pudiera conectarse.

IDC asegura que en aquellos momentos la compra de portátiles y tablets para equipar a los empleados fue bastante complicada, por lo que hubo un repunte de productos reacondicionados.

Aunque al principio el departamento de TI no podía garantizar que todos los dispositivos tuvieran la configuración adecuada, las empresas se enfrentaron a que se produjo una rotura de rutinas y de procesos a la hora de trabajar y conectarse a los recursos corporativos. La respuesta del departamento de tecnología tuvo que dejar a un lado estas políticas internas dado que su gran objetivo fue garantizar que la gente estuviera conectada.

A ello se tuvo que añadir la complejidad de que no todos los trabajadores tenían la experiencia ni la cultura de trabajo en remoto.

«El ancho de banda al principio no era suficiente para determinadas actividades», asegura José Antonio Cano.

«Algunas operativas o cargas de trabajo no se podían hacer en remoto, como las fábricas o determinadas industrias. Otras no tenían un mapa de proceso desarrollado y no se habían planteado este tipo de políticas de trabajo remoto«, explica el analista de IDC.

Algo que ha conllevado que el 10,2% de las empresas españolas consultadas por IDC reconozcan que hay relación de baja productividad y trabajo en casa.

Además, el problema de los silos, de la poca comunicación entre los diferentes departamentos del negocio, ha sido un impedimento añadido a la hora de poder aplicar el trabajo en casa durante la época de confinamiento. Incluso en aquellas empresas que tiene un grado de madurez tecnológica se siguen trabajando en silos interdepartamentales. Algo que en estos momentos de confinamiento ha podido ser un escollo aún mayor a la hora de poder garantizar la continuidad de negocio.

Según IDC, la respuesta que los departamentos de tecnología han dado ha sido garantizar el smart working, aunque cada grupo de trabajo o departamento lo hiciera de manera independiente y no hubiera un denominador común en estas políticas.

Cambios en la inversión tecnológica

El COVID-19 ha tenido un impacto en las ventas calificado de espectacular por IDC, a tenor de los resultados de esta encuesta realizada a 130 directores generales y decisores de TI.

  • El 73% de ellos reconocen que han tenido un impacto importante en disminución de ventas tras la llegada de la pandemia.
  • La bajada es de alrededor de un 20% y hay tres motivos principales: la cancelación en órdenes de pedido, posponer esos pedidos o reducir la cantidad a la que asciende la orden de compra.

Esto, evidentemente, también va a tener su reflejo en las inversiones tecnológicas que van a realizar las empresas. Más de la mitad de las empresas van a tener decrecimientos en gasto en TI durante este año, pero no todas coinciden sobre en qué áreas se van a priorizar la inversión y en cuáles se va a reducir el presupuesto.

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Servicios y hardware son las áreas tecnológicas de más impacto, según aventura IDC.

Mientras, las herramientas de colaboración están suponiendo en estos momentos el 70% de inversión, aunque antes se ha tenido que garantizar que todos los empleados tenían dispositivos que permitieran esta colaboración.

Las aplicaciones en la nube, por ejemplo, son otras áreas en las que las empresas están volcando sus inversiones.

Beneficios de la digitalización

Sin embargo, parece que algunas de las enseñanzas que esta digitalización a la fuerza que ha traído el COVID-19 han calado hondo y se mantendrán en el futuro.

  • Así, el 47% de las empresas encuestas aseguran que, una vez que se haya superado este confinamiento y esta pandemia, seguirá ofreciendo en mayor o menor medida smart working.
  • Una de cada cuatro sube su apuesta y asegura que ofrecerá políticas de trabajo en casa con total seguridad. El 18% dice que no han cambiado sus políticas en este sentido.

Tal y como recuerda IDC, lo que se conoce como smart working también tiene una serie de beneficios. Así, y aunque la conciliación es uno de los tópicos más recurrentes, para la consultora es aún mayor el de la eficiencia.

«Hay menos desplazamientos y más aprovechamiento de la infraestructura y la automatización», señala Cano, quien también apunta al impacto que hay en trabajo por objetivos y su priorización. «Para reaccionar de manera más ágil y flexible, las empresas se están transformando no solo en operativa sino en la cultura de los trabajadores», explica.

Este analista concluye que el COVID-19 ha traído consigo el aumento de la cultura digital, aunque haya sido a la fuerza. Pero, al lograr ser más ágiles, «las empresas serán capaces de reaccionar mejor en próximas crisis. Toda relación con clientes, proveedores y trabajadores a través de los canales digitales es un impacto positivo, así como la venta por canales sociales. Se van a aprovechar estas tecnologías para reaccionar y estar preparados para la próxima crisis», avanza.

Así pues, tal y como concluye, «ahora hay que normalizar lo que ha sido anormal durante estas primeras fases de confinamiento».

COVID-19. Medidas económicas plan de choque

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El desastre económico del Coronavirus no se queda en el desempleo o en el déficit rampante: las inversiones se despeñarían

Conforme la crisis del Coronavirus se va desarrollando en toda su siniestra plenitud, se abren ante nuestros ojos nuevos escenarios a cada cuál más complejo y aparentemente insuperable. El aspecto socioeconómico, y más concretamente el económico, es uno de los que más negro pintan, casi de un negro tan profundo como los lazos negros que recuerdan a todos los que se fueron para no volver ya jamás.

Y no es negro abisal sólo por lo más evidente, como puede ser una deuda desbocada, un déficit rampante, y una interminable fila de nuevos parados y de empresas que cierran sin otra salida posible más que echar la persiana para siempre. Lo más negro de todo es cómo esa recuperación que los titulares nos pintan de llamativo verde esperanza, amenaza con no ser tal, puesto que esas inversiones que realmente son las que en estas situaciones acaban tirando del carro y sacándolo del profundo agujero en la calzada, parece que se van a despeñar, y que el dinero huiría despavorido. Lo que nos faltaba.

Sin inversiones no hay crecimiento, pero… ¿Quién querría invertir y arriesgar su dinero con semejante panorama ante nuestras atónitas miradas?

El Desastre Economico Del Coronavirus No Se Queda En El Desempleo O En La Deuda Rampante Las Inversiones Se Despenaran Poniendo El Ultimo Clavo En El Ataud 2

Desde ciertas instancias, a menudo se trata de responsabilizar de la falta de inversiones exclusivamente a aquellos que “no quieren” invertir, como si no estuviesen deseando tener motivos para conseguir un retorno de inversión. Sin negar que a veces las inversiones se vean afectadas por pánicos (y euforias) más propias de la naturaleza humana que de un Excel frio y calculador de rentabilidades potenciales y de factores de riesgo para conseguirlas, lo cierto es que el dinero es el primero que huye despavorido cuando las condiciones no son favorables para los negocios, y no hay seguridad jurídica ni económica en un país: la pregunta no es “¿Quién? (con dedo socorridamente acusador)” sino “¿Por qué?”. Desde algunos sectores se acaba culpando exclusivamente al “capital” y a esos “capitalistas despiadados” absolutamente de todos los males económicos (y no digo que no sean responsables de una parte de ellos), cuando lo cierto es que también habría que plantearse por qué no quieren invertir todo lo que la economía necesita, cuando es la función más connatural a su propia naturaleza en el sistema económico.

Pero claro, el manipulado juego socioeconómico de hoy en día no es tanto conseguir esa vuelta a los resultados positivos que todos necesitamos como el respirar, sino que muchos sectores se han instalado en una total falta de crítica (y de auto-crítica) que siempre demostraron tener en cierta medida, y por la que hoy el juego mediático y político de “colores” algo variados se basa tan sólo en una improductiva estrategia “maestra” de supervivencia (también política). La “visionaria” estrategia se limita a tratar de conseguir que la culpa de todo lo que esté saliendo mal cuelgue del cuello de otro, aunque al final ya no queden cuellos ajenos sin ahogar de los que colgar esas culpas que, en buena parte, son propias. Aquí realmente parece que a algunos no les importa tanto si se hacen las cosas bien o mal, y que en realidad por lo que verdaderamente se esfuerzan es por redistribuir entre otros sus propias culpas, cosa que vemos hacer en cada tema sospechosamente sólo una vez que la cosa se pone fea, y no desde el primer momento en el que el pueblo se merece una explicación. Y no es que esto no sea constructivo, es que es directa y totalmente destructivo socioeconómicamente. Así no vamos a ningún sitio, y donde estamos además se va a quedar peor que un solar: para entonces ya poco importará quién se llevó las calabazas de “la Ruperta” en las airadas trifulcas mediáticas, sino que lo que será realmente sangrante será la ruina socioeconómica a la que podemos estar ya abocados desde este convulso presente.

Como una demostración más de cómo ese capital ya está planeando huir de la pobreza, en la que esta crisis amenaza con sumirnos a buena parte de Occidente (a no ser que nos enderecen el rumbo si es que es posible), está la noticia del Wall Street Journal con las perpectivas de inversión en suelo estadounidense (no crean que en Europa vamos a correr mucha mejor suerte), y que augura como (casi) única profesión de futuro en Wall Street la de experto en re-estructuración de deudas. El WSJ relata cómo ni siquiera las compañías tradicionalmente consideradas como estables y como sector refugio pueden seguir teniendo esa digna consideración: no hay nadie a salvo de esta quema socioeconómica que ni siquiera sabemos (todavía) si ha sido un incendio espontáneo o si alguien ha prendido la mecha, bien sea a propósito o accidentalmente. Lamentablemente, las inversiones se prevé que literalmente se despeñen: una deplorable y pésima noticia, que es la estocada que le faltaba a nuestra economía para que no sólo no tenga presente, sino para que tampoco tenga futuro a corto y medio plazo, con todo lo que eso puede suponer al sembrar tempestades que catalicen el surgimiento de una nueva realidad socio-política todavía más convulsa que la actual.

Y eso por no hablar ya de cómo las empresas estadounidenses realmente están recurriendo masivamente a la deuda como estrategia de desesperada y mera supervivencia en los tiempos del Coronavirus, paradójica y significativamente incluso aquellas que se suponía que presentaban balances empresariales más sanos (por ejemplo cita la CNN a la sobre-demandada Netflix en tiempos de confinamiento). Aunque lo cierto es que, en términos generales, el siniestro punto de partida de la deuda corporativa ya la situaba en insostenibles máximos históricos antes del Armageddon vírico, pero el hecho es que ahora encima crece a un ritmo sin precedentes, y en el cual ha habido no pocos momentos en los que esas empresas tan demandantes de efectivo han secado literalmente los mercados de financiación. Este redoblar del endeudamiento corporativo no debe ser visto sino como un mecanismo de último recurso que supone todo un claro grito de socorro de las empresas, y que corre el riesgo de acabar siendo ahogado momentáneamente tan sólo con montañas de más deuda, susceptible de tornarse insostenible literalmente en cualquier momento: tomar prestado hoy siempre ha significado una merma de la capacidad de inversión en el mañana.

Y eso no es nada nuevo y siempre ha sido así, pero lo que preocupa de la situación actual son las asfixiantes tasas de crecimiento ante un mañana ya de por sí suficientemente incierto económicamente, y en el que dudosamente se va a poder simplemente re-pagar todo lo que se está prestando ahora; así que lo de invertir entonces ya mejor ni nos lo planteamos hoy. Y estas tasas son asfixiantes ya en los casos de numerosas empresas que siempre en algún momento tendrán que responder de sus deudas (aunque éstas les arrastren al fondo de las Fosas Marianas), lo cual redundará en una sensiblemente y todavía inferior o incluso inexistente capacidad de inversión futura. Este panorama no es ya ni siquiera un pan para hoy y hambre para mañana: es más bien hambre para hoy y desnutrición severa para mañana (edemas de hambre mediante).

La falta absoluta de perspectivas de inversión no anticipa un futuro incierto, sino que indica que hay no pocos agentes del mercado que no ven ese futuro por ningún lado

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Porque es que, frente a no invertir en un futuro, o no tener ya ningún presente, obviamente las empresas deciden sobrevivir hoy, y ya verán como se las apañan el día de mañana: llegado el día ya verán en su momento si pueden permitirse invertir para entonces. Y en este caso concreto esto no es parte de ese cortoplacismo ni de esa cortedad de miras que muchas veces hemos criticado agriamente como uno de nuestros principales males socioeconómicos: a pesar de que desde estas líneas siempre les animamos a mirar más allá del horizonte, en este caso en concreto centrarse en el presente es un necesario y mero instinto de supervivencia corporativa, dada la convulsa e inquietante coyuntura que amenaza seriamente con que el único horizonte sea un acantilado. Hay veces que no es que no sepamos alzar la vista y mirar al horizonte cara a cara, sino que simplemente es mejor ni mirarlo.

Y son cuatro los jinetes del Apocalipsis socioeconómico que cabalgan desatados arrasando con todo lo que encuentran a su paso en nuestras Socioeconomías. Desde el inicio de toda esta terrible crisis pandémica, ya les analizamos que aquí iba a haber una conjunción de diferentes crisis, y que las consecuencias iban a ser varias y a cual más grave. La primera fue la iniciática crisis sanitaria, con todas sus dolorosas (y dolosas) decenas de miles de muertos sólo en España. Le siguió la segunda, que ha sido la crisis económica, con centenares de miles de desempleados vía ERTE o ERE por doquier, una deuda que se amontona “a paladas”, y unas inversiones que ya amenazan con huir despavoridas, lo cual haría que el país se quede como un solar y encima luego no haya ya fondos para tirar del carro y recuperar la economía. Pero ahora estamos ya inmersos de lleno en la tercera y más grave crisis social, con esas dos Españas más vivas, agresivas y polarizadas que nunca antes desde la mortífera guerra civil, y que (por) ahora están gritándose a la cara en los patios de vecinos con los ojos encendidos de ira incandescente…

Así que dejo a su propia elección quién quieren que sea ese cuarto jinete del Apocalipsis que nos falta por nombrar para completar la macabra cuadrilla, porque en realidad es de ustedes de quien depende. No sólo la hierba no volverá a crecer durante una buena temporada allá por donde pisan los cascos de sus cuatro apocalípticos caballos, sino que puede que lo que suframos sea una política de tierra quemada, por la que estos siniestros y macabros jinetes tan sólo estén consiguiendo que no haya ningún brote verde (más allá de los titulares esperanzadores) sobre el que luego reconstruir el país.

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Y que conste que hablamos aquí de una reconstrucción del país pero de las de verdad, no de las que consisten en re-pintarlo todo de nuevo con llamativos y cegadores colores, que lo único que tapan es el óxido que hay por debajo de la valla de espino que ya se interpone de nuevo entre esas dos Españas que finalmente, y tras años de persistentes intentonas, nos han acabado por resucitar. O de los dos Estados Unidos, o de las dos Gran Bretañas… Lamentablemente, en este mundo de políticos indescriptibles y además azuzado por la propaganda y por la confrontación más visceral, no faltan candidatos para dirigirnos a varios países occidentales hacia la auto-destrucción más desoladora. Desde luego que esto debe ser una auténtica pesadilla continuada de la que no pueden escapar aquellos octogenarios supervivientes del 39 que todavía viven con nosotros, en lo que amenaza con ser un insufriblemente recurrente día de la marmota, y en el que asisten horrorizados a ver cómo, una vez más, la Historia se repite… Pero lo único que importará con los muertos fríos sobre la mesa es poder argumentar que no se tiene la culpa de nada, y que absolutamente todo es culpa de “los otros”… Auto-crítica, constructividad, ética, y sobre todo… responsabilidad, que luego a los muertos sólo los quieren sus allegados, y además las lápidas las pone siempre ese pueblo que aparece en mucho eslógan, pero por el que realmente luego (casi) nadie se preocupa.

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