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La preocupante brecha de inflación con Europa

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Una de las principales preocupaciones que surgen a raíz del episodio de inflación en nuestra economía es su virulencia en relación con los principales países vecinos. El crecimiento del IPC, un alarmante 9,8%, supera en más de dos décimas la media europea, y se compara desfavorablemente con Alemania (7,6%), Francia (5,1%), Italia (7%) o Portugal (5,5%). Solo los países bálticos y Holanda tienen peores cifras. 


La escalada de los precios puede echar al traste el rebote esperado del consumo, porque erosiona el poder adquisitivo de las familias y desinfla la bolsa de sobreahorro generado por la pandemia —algo que garantizaba la expansión—. Otro riesgo: nos jugamos la viabilidad de parte del tejido empresarial, que no puede seguir indefinidamente comprimiendo márgenes para amortiguar el encarecimiento de los costes de producción. Y si los traslada a los precios finales, se arriesga a una pérdida de competitividad internacional. En 2021, los beneficios se situaban todavía un 8,6% por debajo del nivel prepandemia, y en el caso de las empresas no energéticas la brecha es mucho mayor. Finalmente, la pugna que se está desatando por la recuperación del poder adquisitivo provoca malestar social —evidenciado por la fuerte contracción del índice de confianza del consumidor de marzo— y exacerba la vulnerabilidad de los colectivos desfavorecidos.   

Urge, por tanto, atajar los factores que explican el diferencial de inflación, entre los que destaca como ya es sabido nuestra factura de la luz. El IPC de la electricidad está desbocado, incluso con respecto a Portugal que sin embargo comparte el mismo mercado mayorista —sin duda, la predominancia de contratos a largo plazo en el país vecino garantiza una relativa estabilidad ante los altibajos del mercado—.  

El elevado peso de la energía en nuestro aparato productivo es otro factor importante (y menos comentado), ya que amplifica el incremento de los precios. Los hogares españoles gastan proporcionalmente más en productos energéticos que la mayoría de sus homólogos europeos (solo Alemania nos supera, pero en ese país los precios crecen la mitad que en España). Y las empresas españolas son también relativamente intensivas en suministros energéticos. Todo ello explica por ejemplo que en Italia el alza de precios energéticos, pese a superar los registros de nuestro país, tenga una menor repercusión en el IPC total. 

El tercer determinante del diferencial de precios atañe a la inflación subyacente. Las presiones de costes en las cadenas productivas se van trasladando poco a poco a los precios finales. Excluyendo la energía y los alimentos frescos, el IPC subió en marzo hasta el 3,4%, superando la media de la eurozona por segundo mes. La brecha se amplía, y de perdurar esa tendencia, es una amenaza seria para la posición competitiva de las empresas y el empleo.  

El plan de choque aprobado en fechas recientes incorpora medidas fiscales susceptibles de rebajar la presión, y ayudas tanto a colectivos vulnerables como a sectores electrointensivos. La más efectiva, entre las que se han anunciado, podría ser sin embargo otra: la imposición de un tope al precio del gas que entra en la generación de electricidad, todavía en proceso de negociación con Bruselas. 

Conviene además tener en cuenta los daños colaterales de algunas de las medidas, como la rebaja de los carburantes: una iniciativa que, si bien sigue la senda de otros países, no atiende las necesidades de la adaptación a la crisis energética. Ésta exige a la vez focalización y un esfuerzo inversor para reducir la elevada intensidad energética de nuestra economía. El plan reconoce la necesidad de tales medidas de eficiencia, pero no aporta cuantificación ni calendario. 

Sin embargo, es crucial emprender rápidamente una desescalada del IPC, por muy gradual que sea, para evitar un desanclaje de las expectativas y abrir el paso a un pacto del conjunto de rentas. Esa es sin duda la mejor manera de contener la pugna inflacionista y afrontar una geopolítica cargada de incertidumbres. 

PRECIOS | Las tensiones en los mercados internacionales de materias primas se han agudizado desde la invasión de Ucrania, con un encarecimiento del 5% del barril de Brent, del 48% del precio del gas (mercado Mibgas) y del 29% de la cotización del trigo. Las subidas se han trasladado a los precios finales al consumo de los productos energéticos y ciertos productos alimenticios, en el conjunto de la eurozona y en especial en España. Los mercados anticipan una subida de tipos de interés del BCE, como lo evidencia el alza del Euribor a un año.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Fin de la magia de la deuda

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Desde las mágicas palabras “whatever it takes” (lo que sea necesario) en verano de 2012 de Mario Draghi, por aquel entonces presidente del BCE, la deuda soberana de los países de la Eurozona ha tenido un periodo de calma y costes financieros bajos, incluso negativos. Esas palabras fueron inicialmente más eficaces que cualquier hechizo de Harry Potter o sus correligionarios de Hogwarts, y luego vinieron acompañadas de hechos. En forma de instrumentos de compra de bonos, que han facilitado un periodo de 10 años de estabilidad en el mercado de deuda soberana. Algunos episodios de incertidumbre y sobre todo la crisis derivada de la pandemia alargaron hasta 2022 la enorme liquidez que los bancos centrales (principalmente, la Fed estadounidense y el BCE) han aportado a los bancos y a los mercados de capitales. Había dinero para todo, hasta para financiar private equity u operaciones corporativas de integración.

La inflación que se inició hace meses —y que comienza a alcanzar niveles no vistos desde hacía más de 30 años— ha obligado a reaccionar a los bancos centrales de ambos lados del Atlántico. El brutal encarecimiento de la energía —agravado por la guerra de Ucrania— y la multiplicación de los problemas de suministro han agudizado el proceso inflacionario. Se están retirando estímulos monetarios paulatinamente. En el próximo año pueden desaparecer entre uno y dos billones de liquidez de los mercados financieros, lo que tensionará la situación del crédito y la deuda globalmente, algo a lo que ya no estábamos acostumbrados. La subida de los tipos oficiales ya es un hecho en EE UU y el Reino Unido. Se esperan más subidas de la Fed este año. En los mercados de deuda ya se nota en el aumento de las rentabilidades y costes financieros de los deudores. Y queda bastante recorrido al alza. Aunque el BCE aún no ha subido sus tipos, en Europa se nota ya la subida en los tipos de mercado.

La dureza de lo que se puede avecinar se aprecia en parte de la curva de tipos de EE. UU. —algunos rendimientos que se encuentran entre los 5 y 30 años— que se ha invertido. Señal de alarma de posibilidad de recesión en ese país. Si se confirmaran esos malos augurios, no se podría descartar ese escenario de “estanflación” (inflación y recesión) del que se ha hablado con excesiva alegría, últimamente, con sus repercusiones para la economía global.

En cuanto a los bonos soberanos, la financiación de futuros déficits públicos, sobre todo en países con mayor vulnerabilidad de sus cuentas públicas y de su economía, puede empezar a sufrir un estrés significativo en los mercados, conforme se retiran los estímulos del BCE. España —con la deuda pública en el 118,4% del PIB— no quedaría al margen de ese estrés. Parece urgente diseñar una senda creíble de ajuste fiscal. También otras acciones que refuercen la resiliencia de nuestra economía —con tantos desafíos por delante— que permitiera minimizar el impacto negativo de la fuerte disminución de la liquidez del mercado sobre nuestra deuda pública y privada.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Declaración de la Renta 2021: recordamos los principales consejos para optimizar el pago de impuestos dentro de la ley

Como cada año por estas fechas, toca lo que toca: hacer la Declaración de la Renta. Sí, esa obligación que a los ciudadanos nos provoca cierto malestar, pues nunca se sabe si te va a tocar pagar o vas a tener la suerte de ser bendecido con una devolución.

A partir del 6 de abril y hasta el 30 de junio, los españoles tenemos plazo para presentar este trámite, por lo que hay tiempo de sobra para hacerlo y prepararlo bien. Pero que haya plazo suficiente no debe relajarnos y dejarlo todo para última hora, porque luego pasa lo que pasa, que se hace con prisas y con errores.

Por ello, teniendo en cuenta que es el trámite tributario más importante del año, vamos a dar unas claves para optimizarlo y, si es posible, lograr una devolución que entre en regla con la ley fiscal.

Lo que tienes que hacer y lo que no

En primer lugar, dejemos claro que no todos los españoles están obligados a presentar la declaración de la renta. Además esto es novedad, porque Hacienda ha subido el umbral exento de tener que hacerla a 22.000 euros. Es decir, quienes hayan tenido unos ingresos en 2021 inferiores a 22.000 euros, no tendrán que presentarla si no quieren.

Si bien es bueno que hagan el borrador porque si les sale a devolver, les conviene hacerla.

Quienes tengan unas rentas superiores a esa cantidad, pues ya saben lo que hay, toca declarar. Y lo mejor que podemos hacer para no cometer errores que conlleven sanciones es ir con calma.

Muchas veces nos pueden las prisas y queremos enviar el borrador cuanto antes, sin mirarlo bien ni repasarlo todo, lo que puede hacer que 'caigamos en la trampa', lo enviemos incompleto y nos caiga una sanción.

Porque Hacienda no te da el borrador ya super completo y bien hecho para que tu solo lo confirmes. No. La Agencia Tributaria te pone lo básico y de ti depende que incluyas todas tus rentas y demás. Por lo tanto, no tengas prisa, tienes casi tres meses para hacerla, repasa todo bien y no olvides incluir nada.

Porque hay cosas que tienes que meter tu a mano, como son alquileres, ayudas públicas y las deducciones y reducciones fiscales a las que te puedas acoger. Por eso conviene dedicarle el tiempo suficiente. Porque quizá de eso dependa que nos salga a pagar o a devolver. De hecho, muchas deducciones son autonómicas, por lo que te conviene enterarte de cuáles hay en tu comunidad y si puedes beneficiarte.

La familia tributa

Otro punto importante: tu estructura familiar. Porque si eres padre o madre y recibes ayudas tienes que saber que estos ingresos están exentos. Además, este año ha aumentado la cuantía de deducción por maternidad 1.000 euros, hasta un máximo de 2.200 euros si se sufragan gastos de guardería o de educación infantil para menores de hasta 3 años.

Igualmente, hay deducciones para familias numerosas, por hijos que presenten algún tipo de discapacidad o para familias monoparentales con dos hijos. Y lo bueno es que este año han aumentado también.

Otra cuestión espinosa para los casados:** ¿hacemos la declaración conjunta o individual?** Pues hay que intentar que sea lo mejor para ambos. Es decir, probad ambas fórmulas antes de enviar el borrador y lo que mejor salga a cada cónyuge será lo que hay que hacer. Además, si uno vive en otro país de la UE, que le impida presentarla de forma conjunta, tiene deducción.

También está el tema de los planes de pensiones, cuya tributación cambió el año pasado, pues el límite bajó a 2.000 euros de aportaciones para planes individuales y subió a 8.000 euros adicionales por contribuciones empresariales. Por lo que para este año el limite anual de desgravación queda fijado en la menor de la siguientes cantidades:2.000 euros o el 30% de los rendimientos netos del trabajo y actividades económicas.

Y si eres autónomo...

Para finalizar, si eres autónomo que sepas que tienes cambios importantes. En primer lugar tendrás que hacer un mayor desglose de tus gastos y podrás deducirte los gastos en energía (importantísimo esto) si trabajas en casa. También las dietas pero con ciertos límites y con facturas.

Si empezaste tu actividad por cuenta propia en 2021, pueden deducirse un 20% de hasta 100.000 euros pero deben determinar su rendimiento neto con el método de estimación directa.

Por lo tanto, en estos casos, es mejor contar con un gestor porque se trata de un trámite más complejo que para los trabajadores por cuenta ajena.

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Cómo el Business Intelligence ayuda a lograr una distribución más eficiente (guía)

¿Sabes cómo lograr una distribución más eficiente en tu empresa? En este artículo encontrarás algunas claves.

  • No olvides que la inteligencia empresarial (o Business Intelligence) es fundamental para lograr esta eficiencia.
  • Además, será importante que tu negocio cuente con una solución ERP que facilite su digitalización.

El día a día de los empleados del sector logístico o de la distribución todavía no está del todo digitalizado, pues solo el 19 % trabaja de manera totalmente digital. Un porcentaje que choca frente al 81 % de empleados cuyo entorno laboral está poco o nada digitalizado.

Tanto las pequeñas como las medianas empresas tienen dificultades para aprovecharse de las ventajas que ofrece la inteligencia empresarial (o Business Intelligence) y el acceso a la información mediante herramientas informáticas, así como su análisis y preparación para gestionar los almacenes.

Las empresas deben encontrar el equilibrio perfecto

A la hora de gestionar un almacén, es importante alcanzar el equilibrio óptimo entre invertir lo menos posible en inventario y ofrecer el mejor servicio a los clientes. La clave del éxito es una gestión bien equilibrada de las existencias. De lo contrario, sin ese equilibrio, la rentabilidad y el crecimiento se ven seriamente afectados.

Cuando se gestiona el inventario en varios departamentos, empresas y establecimientos al mismo tiempo, los sistemas tradicionales de gestión de recursos empresariales (ERP, por sus siglas en inglés) se ven sobrepasados si no cuentan con una solución de inteligencia empresarial o Business Intelligence (BI) apropiada. Esto se traduce en exceso de existencias, cuellos de botella, producción ineficiente, costes de transporte muy elevados y una experiencia negativa del cliente.

Por otro lado, la inteligencia empresarial o Business Intelligence para gestionar almacenes ofrece las siguientes ventajas:

  • Proporciona información mejorada en tiempo real a lo largo de toda la cadena de suministro.
  • Reduce el tiempo de espera desde el pedido hasta la entrega.
  • Mejora la precisión a la hora de gestionar el inventario.


    Aumenta la satisfacción del cliente.
  • Ofrece al equipo de ventas acceso a toda la información necesaria a través de dispositivos móviles.

Las fluctuaciones estacionales y las temporadas altas de compra pueden planificarse de manera más inteligente con la ayuda de las herramientas de BI. En este caso, las entradas y salidas se gestionan a partir de facturas de compra y venta, las existencias se controlan con indicadores y avisos, y los procesos de venta se vinculan a la contabilidad.

Las soluciones en la nube son requisito fundamental para un negocio eficiente

Las herramientas informáticas solo tienen sentido si toda la parte administrativa está interconectada. Los sistemas de gestión de almacenes (WMS, por sus siglas en inglés), los sistemas de gestión de transporte (TMS, por sus siglas en inglés), los sistemas de gestión de inventarios y otras aplicaciones. Esto se puede conseguir mediante soluciones en la nube.

Las soluciones basadas en la nube permiten interconectar los servicios de diferentes proveedores de manera modular, se amplían rápidamente en función de la demanda y permiten crear sistemas integrados para la gestión del almacén. Todos los datos de las empresas que participan en la cadena de suministro hasta llegar al cliente final pueden almacenarse en la nube.

«Hoy en día, sigue siendo habitual que no se compartan todos los datos necesarios para la cadena de suministro (por ejemplo, el 61 % de las empresas se enfrentan a problemas en el flujo de materiales), aunque en muchos casos se ha observado una mayor disposición a compartirlos». Fuente: Chancen der digitalen Transformation

Algunos ejemplos

Con una cadena de suministro digitalizada y basada en la nube, los inventarios pueden reducirse. Según algunos estudios, este ejemplo ilustra a la perfección cómo podría funcionar en el futuro la compra de calzado deportivo:

Un proveedor de servicios de paquetería toma las medidas del pie del cliente. Estas se almacenan en la nube. Cuando el cliente hace el pedido, se informa inmediatamente al fabricante de que su perfil con las medidas está disponible en la nube. Esta descarga los datos y comunica de inmediato a sus proveedores el material que necesita y la fecha de entrega a la empresa de paquetería. Se fabrica el calzado y, a continuación, se entrega al servicio de paquetería. El mensajero acuerda con el cliente el punto de entrega que más convenga a ambos; en este ejemplo, sería el aparcamiento que se encuentra enfrente de la oficina donde trabaja el cliente final.

Además, las soluciones en la nube permiten un alto grado de movilidad para los empleados, ya que pueden acceder a toda la información a través de dispositivos móviles desde cualquier parte del mundo.

La inteligencia artificial y el aprendizaje automático son el camino que seguir

Pero esto no es más que el principio. El aprendizaje automático, también conocido como machine learning (ML), y la inteligencia artificial (IA) son las tendencias actuales que han empezado a incorporarse en el desarrollo de soluciones de BI, de acuerdo con el estudio «Gartner Prognosen für die Zukunft des Supply Chain Operations im Jahr 2018» (Predicciones de Gartner en 2018 para el futuro de las operaciones en la cadena de suministro). La tecnología se encuentra en un proceso de evolución constante. Esto quiere decir que dichas soluciones muy pronto también serán capaces de llevar a cabo análisis en profundidad y predicciones precisas en el ámbito de la gestión de almacenes.

Cuatro tendencias clave para acabar con los aspectos más problemáticos de la logística

Lo que impulsa las principales innovaciones para la gestión de almacenes son los complejos desafíos a los que se enfrenta el sector. La creciente individualidad de la demanda, unida al precio tan elevado que presentan los alquileres en el centro de las ciudades, obliga a las empresas, comercios y talleres a buscar soluciones inteligentes para gestionar sus almacenes y utilizar el espacio de manera más eficiente o prescindir de él por completo.

Esto significa que necesitan un software intuitivo para poder formar en poco tiempo a los nuevos empleados o bien aumentar el nivel de automatización, por ejemplo, mediante robots:

1. Robótica:

Elementos inteligentes como los robots móviles y vehículos autónomos ya se están abriendo paso en la gestión de almacenes. Los sistemas conversacionales, como los asistentes personales virtuales (APV) y los chatbots, están llevando a otro nivel la interacción con el usuario y también pueden simplificar todavía más el trabajo dentro del almacén. Por ejemplo, un empleado que tiene las manos ocupadas o está conduciendo un vehículo dentro del almacén ahora puede consultar las existencias o una ubicación exacta dentro del recinto con tan solo usar su voz.

2. IoT:

El internet de las cosas (IoT, por sus siglas en inglés) también tiene un gran potencial. Por ejemplo, la alineación de datos empíricos de la demanda con los meteorológicos para determinar cuándo aumenta la demanda de determinados productos y, de este modo, activar el pedido automático de más productos dependiendo de la previsión meteorológica.

3. Movilidad:

Los encargados de almacén pueden acceder en tiempo real al estado de los pedidos. Además de los datos sobre las existencias, el inventario, la disponibilidad de las máquinas, etcétera, y llevar a cabo más tareas y resolver problemas de manera más ágil. Con la ayuda de dispositivos móviles adecuados, la retirada y la transferencia de existencias y nuevos artículos pueden registrarse de manera rápida y sin errores.

4. Sistemas de gestión empresarial (BMS, por sus siglas en inglés):

Las soluciones modernas de gestión de recursos empresariales combinadas con herramientas de BI, capaces de proporcionar todos los datos de todas las fuentes de manera rápida y sencilla, son el futuro.

De acuerdo con una previsión de mercado llevada a cabo por Tractica, el mercado de la inteligencia artificial experimentará un fuerte incremento en los próximos años: de 7300 millones de dólares (6400 millones de euros aproximadamente) en 2018 a 89.900 millones de dólares (78.500 millones de euros) en 2025.

Por todo ello, conviene empezar ya con la digitalización. Así, el día de mañana, tu empresa no se quedará atrás y podrá beneficiarse de una mayor eficacia gracias a las herramientas de inteligencia empresarial o Business Intelligence.

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Un 3% de inflación en un mes hace 20 años que no lo veíamos, ahora sí que todas las alarmas para España están encendidas

Ayer se publicó el dato adelantado de inflación para el mes de marzo. Y fue un dato muy muy malo que deja una sensación de descontrol muy peligrosa. La tasa interanual de inflación fue del 9,8%, el mayor nivel desde 1985, hace 37 años.

De hecho la tasa interanual ha aumentado 2,2 puntos en un solo mes, cosa que no se veía desde 1977, hace 45 años. Estamos hablando de épocas de descontrol económico y esto puede ser a lo que nos estemos abocando.

La tasa mensual es espectacular

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Además de todo esto, la tasa mensual ha sido del 3%. Es decir, los precios subieron en un solo mes lo que deberían subir en año y medio si la inflación estuviera bajo control. Esto no se daba desde 2002, hace 20 años, pero la metodología de medición era otra.

Esta tasa mensual indica que no estamos ante un simple efecto base. Cuando la inflación del año anterior ha sido muy baja o negativa, un pequeño rebote de los precios puede dejar tasas de inflación interanuales muy altas. Pero lo cierto es que estamos viendo la inflación mes a mes y por tanto no hay excusas: las alarmas para España están encendidas.

Energía y alimentos no elaborados

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La culpa de esta tasa la tienen principalmente los aumentos de los precios energéticos y lo alimentos no elaborados. Pero no podemos descuidar la tasa de inflación subyacente que ya toca el 3,4%.

2/

¿Qué se puede decir de los datos de avance?:

➡️ similar a lo previesto dentro de las dificultades.

➡️ el IPC general puede que haya tocado máximos en marzo.

➡️Sin embargo, la inflación subyacente aún tiene recorrido al alza. pic.twitter.com/YRXtczhXR7

— Combarro (@_combarro_) March 30, 2022

Urge un plan de choque para contener los precios, pues el mayor problema de la inflación es que si los agentes económicos asumen de que hay inflación deciden elevar los precios y tomar decisiones con este escenario en mente, provocando una espiral de subida de precios de la que es difícil salir.

La inflación en otros países de Europa

Lo cierto es que el fenómeno de inflación que estamos viendo no es exclusivo de España. Pero también es verdad que estamos en el grupo de los peores países que lo están haciendo. España es uno de los países en publicar primero el indicador adelantado, pero ya los datos de febrero nos situaban en el grupo de cola (con un 7,6% de inflación interanual), junto con países de Europa del este, Luxemburgo y Bélgica pero lejos de Francia (4,2%), Alemania (5,5%), Italia (6,2%) o incluso nuestro vecino Portugal (4,4%).

Son todos valores muy altos y esperemos que, aparte de las medidas que se van a tomar en España para contener estos precios, tengamos alguna medida en ámbito europeo para contener esta inflación que no implique únicamente una subida de tipos que podría lastrar la recuperación.

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Intervención del mercado eléctrico y defensa de la competencia

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La defensa de la competencia es una de las políticas públicas más eficaces para aumentar el bienestar de los ciudadanos y la equidad, pero ha de ser laica. Los mercados no son objetos de culto, sino un mecanismo que genera una asignación eficiente de los recursos —cuando se dan las condiciones adecuadas— y permite a los consumidores apropiarse de una parte importante de este bienestar. Si existen fallos de mercado se hace necesaria la intervención pública, a veces para corregir asignaciones ineficientes (por ejemplo, mediante impuestos que incentiven una menor contaminación) o directamente para proteger a los consumidores del aumento de poder de mercado de las empresas (luchando contra los cárteles o prohibiendo fusiones anticompetitivas). 

En definitiva, el bienestar de los consumidores es uno de los objetivos de la política de competencia. En el mercado eléctrico asistimos a un fallo de mercado no frecuentemente citado en los libros —una guerra— que ha distorsionado, y mucho, los precios. Por ello, tal como defendimos en una entrada anterior en este blog, está justificado y es necesario intervenir el mercado, pero es imprescindible hacerlo generando el mínimo posible de distorsiones. El Consejo Europeo ha sido sensible a esta necesidad, abriendo la posibilidad de que España y Portugal intervengan el mercado mayorista eléctrico. Parece que la vía elegida para reducir el precio es una de las que discutíamos en la citada entrada: la fijación de un precio de referencia para el gas empleado en la producción de electricidad. Con esta medida se reduce el coste de las centrales de ciclo combinado y, con ello, el precio de la electricidad en su conjunto. Se interviene en menos del 10% del mercado, consiguiendo una rebaja del precio para toda la electricidad producida. Esta vez el —así denominado por los medios— “efecto marginalista” se torna positivo. 

¿Qué problemas de competencia puede generar esta intervención? El principal es una posible distorsión del mercado europeo en su conjunto. El mercado ibérico está conectado con el francés y este a su vez está muy interconectado con otros países europeos. Es posible que el nuevo precio de la electricidad, artificialmente rebajado, atraiga a los consumidores franceses, lo que a su vez podría desplazar producción de electricidad más eficiente y barata. Por ello, aunque la interconexión con Francia es escasa (del entorno del 3%) sería necesario establecer un precio no distorsionado (construyendo el precio con el gas a precios internacionales) para este mercado. No es trivial la forma de hacerlo y dependerá de cómo se implemente también la manera en que se bonifique el gas. Pero en otras dimensiones, este sistema de intervención es muy neutro. Por ejemplo, no distorsiona la asignación eficiente de los recursos. Si en lugar del gas se eligiera bonificar una energía inframarginal, sí se alteraría la asignación eficiente, porque esta energía podría entrar a producir en lugar de otras de menor coste. Al reducir el precio de la energía más cara, pero sin alterar el orden de precios, la electricidad generada con gas no desplazará a ninguna energía más eficiente y solo entrará a producir cuando la demanda no se pueda cubrir con las fuentes de energía inframarginales (nuclear, fotovoltaica, eólica, etc…). Por otra parte, si el ranking de precios no cambia, los incentivos de las empresas inframarginales en la subasta no se verán afectados por la bonificación.

El único interrogante se situaría en la producción de energía hidroeléctrica, que tiene un coste variable bajo, pero cuyos incentivos a pujar dependen de su coste de oportunidad. Por ello, si al llevarse a cabo la intervención y definirse su duración se generasen expectativas de que el precio de la electricidad producida por gas pudiera subir pasada la misma, cabría esperar que la produccion hidroeléctrica se redujese. No habría impacto sobre los precios, pero se quemaría más gas del deseable. Dejando las conjeturas sobre el futuro, el mercado mayorista seguirá utilizando las fuentes de energía más baratas en cada momento.

No es esperable que esta medida reduzca los incentivos a invertir en energías verdes. Se trata de una disposición temporal y los planes de negocio de las empresas son a largo plazo, trazados además sin contar con los extraordinarios beneficios actuales. No olvidemos tampoco que, aún con la intervención, es probable que el precio se sitúe por encima de los precios medios de los últimos años. Por todo ello, es más importante un marco regulatorio estable que garantice a las empresas el retorno de sus inversiones que mantener ahora estos precios artificialmente elevados. Dentro de unos años, con el aumento de la inversión en energías renovables, cada vez será más frecuente que sean estas —con costes variables bajos— las que fijen el precio marginal, lo que previsiblemente acarreará un descenso drástico del precio de la energía. Desde la perspectiva actual la reducción es un maná, pero si ponemos las luces largas hay que garantizar una transición que mantenga los incentivos a invertir, de modo que la meta no se difumine antes de hacerse realidad. Por ello, cuando las urgencias de hoy hayan pasado, sería deseable abrir un debate sobre el mercado eléctrico mayorista del futuro, apostando por subastas de renovables que garanticen retornos estables y subastas de capacidad que nos ayuden a soportar mejor crisis de suministro. Otros objetivos han de ser la mejora de nuestra interconexión con el mercado europeo y la recuperación de buenas ideas del pasado, como excluir del pool energías como la nuclear con costes fijos amortizados, cuya remuneración no debería depender de las coyunturas energéticas actuales. 

Por último, una breve reflexión sobre el papel de las empresas eléctricas en esta crisis. Es justo decir que no son parte del problema, pero tendrían que ser parte de la solución. La escalada de precios que hemos vivido se explica simplemente por el aumento de los costes de las centrales de gas, que son las que frecuentemente fijan el precio en nuestro mercado: no necesitamos recurrir a teorías de comportamiento estratégico por parte de las empresas. Dicho esto, hoy en día las compañías compiten en algo más que en precios y beneficios. También lo hacen en reputación con respecto a su responsabilidad social corporativa. En esta dimensión, no es lo mismo obtener beneficios como efecto de una fase económica expansiva que hacerlo artificialmente por el entorno bélico, con una sociedad en crisis. Por ello, las empresas deberían ser cómplices del esfuerzo del Gobierno en racionalizar los precios de la energía. No se entendería que el sector iniciase una ofensiva legal para retener unos beneficios obtenidos por serendipia y a cambio del sacrificio de otros.

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Las bolsas ya están por encima de cuándo empezó la Guerra en Ucrania: predecir el mercado es imposible

Las bolsas han recuperado las pérdidas sufridas desde que el presidente Vladimir Putin envió tropas rusas a Ucrania el pasado 24 de febrero.

El índice de referencia europeo, el Stoxx Europe 600, ha logrado revertir las pérdidas sufridas desde la invasión rusa de Ucrania el 24 de febrero y hoy ya se sitúa en los 460 puntos, mientras que el S&P 500 ahora cotiza más alto que donde cerró la víspera del ataque hasta los 4.530 puntos.

Recordemos que el Stoxx 600 cayó un 10,6% desde antes de la invasión, el 24 de febrero, hasta el punto más bajo del 7 de marzo. A pesar de esta recuperación, el selectivo europeo sigue perdiendo un 5,57% en lo que va de año.

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Los inversores están cada vez más convencidos de que la crisis en Ucrania no derivará en un conflicto militar directo entre Rusia y Occidente porque los líderes de ambos lados han estado hablando y tratando de llegar a un acuerdo, lo que significa que no existe una ruptura de puentes a pesar de todo.

Como dijimos al inicio de las acciones bélicas, los países intervinientes suponen el 2% del PIB global, un peso muy reducido para sobreseimiento daños en términos de recesión.

El verdadero problema económico se encuentra en su papel como proveedores principales en una serie de mercados de productos básicos. Rusia y Ucrania en conjunto representan alrededor del 30% de las exportaciones mundiales de trigo, el 20% de maíz, fertilizantes minerales y gas natural, y el 11% de petróleo. Una resolución del conflicto revierte la presión en las cotizaciones de estos productos.

Los escenarios bélicos tienden a repetir el mismo patrón

Que con la aparición de un escenario bélico caiga el mercado e inmediatamente se recupere, es más habitual de lo que podamos pensar.

La Guerra de Vietnam y las dos Guerras del Golfo son ejemplos de conflictos que conducen a descensos extremadamente breves seguidos de largas trayectorias ascendentes. Cuando la Unión Soviética invadió Afganistán en 1979, el índice cayó un 3,8% durante 12 días consecutivos.

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En promedio, el S&P 500 ha estado 6,5% en territorio negativo 3 meses después de un conflicto armado (ya sea global o más pequeño), y alrededor de 13% positivo 12 meses después de dicho conflicto. Esta vez no ha pasado ni un mes.

Desde una base histórica, la implicación aquí es que la forma en que se desarrolla Ucrania como conflicto armado no tendrá mucho impacto a largo plazo en el desarrollo general de las bolsas.

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modelo-720:-todo-sobre-si-hay-que-presentarlo-y-que-informacion-debe-contener

Modelo 720: todo sobre si hay que presentarlo y qué información debe contener

A pesar de que el Tribunal de Justicia de la UE tumbó el pasado mes de enero el polémico modelo 720 de declaración de bienes en el extranjero que en 2012 introdujo el exministro de Hacienda Montoro, los españoles que tengan más de 50.000 euros en cuentas en entidades financieras, en títulos, activos, bienes inmuebles, valores virtuales o seguros de vida fuera de España deben notificárselo a la Agencia Tributaria antes del próximo 31 de marzo.

Europa dio un varapalo a una medida introducida en plena crisis económica (anterior) para perseguir a quienes pudieran evadir impuestos en el exterior, la cual incluía duras sanciones. Desde el principio estuvo en el ojo del huracán, pues su forma y fondo contravenían al derecho europeo, que establece la libre circulación de personas y capitales en la UE, de ahí que hace unos meses fuera tumbado. Tanto su contenido como las sanciones.

Así, Hacienda ha empezado a devolver parte de ellas a aquellas personas que en su día tuvieron que pagar grandes cantidades por, lo que entendían ellos, "ocultar" patrimonio fuera o presentar el 720 fuera de plazo. La Agencia Tributaria estima que tendrá que pagar unos 230 millones de euros en indemnizaciones.

El Gobierno ha suavizado mucho el modelo original, pero los contribuyentes tendrán que seguir haciendo esta declaración informativa, y vence el 31 de marzo.

¿Qué tengo que hacer?

El modelo 720 lo deben presentar tanto personas físicas como jurídicas, es decir, que si tienes una empresa y tiene bienes fuera, debes presentar la declaración.

Como hemos señalado antes, hay que informar de dinero depositado en cuentas bancarias, títulos financieros, activos en bolsa, patrimonio inmobiliario, derechos, etc. Eso sí, de momento las criptomonedas no entran. Aunque se barajó que podrían tener que incluirse, el Ministerio de Hacienda ha dicho que de momento no.

Para hacerlo debes ir a la Sede Electrónica de la Agencia Tributaria, donde podrás descargar el formulario a completar.

En cuanto a las multas que se podrían derivar de no informar de estos bienes en el extranjero, repetimos, superiores a 50.000 euros, con el varapalo europeo el Gobierno eliminó las sanciones fijas pecuniarias por informar fuera de plazo, con datos falsos e incompletos. Además, quitó a los bienes no declarados en plazo la definición de bienes no justificados y también eliminó la multa pecuniaria proporcional del 150% sobre la cuota tributaria derivada de la ganancia de patrimonio no justificada o la renta no declarada.

Eso sí, seguirá habiendo sanciones, pero ajustadas al régimen general de Hacienda (las que rigen, por ejemplo, la Declaración del IRPF), por lo que si tienes bienes fuera superiores a 50.000 euros, el 31 de marzo es el último día de declararlos.

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Economía de resistencia

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La espiral de costes de producción y de precios al consumo, junto con las disrupciones en las cadenas de suministros generadas por la multiplicación de paros en el transporte y otros sectores clave, han acrecentado los riesgos de manera alarmante. Sin embargo, diversos indicadores evidencian una importante capacidad de resistencia da la economía española, de modo que la estanflación no es el escenario más probable —a condición de que se maneje la situación con audacia—. 

La capacidad de compra está muy mermada por la inflación, algo que en tiempos normales hubiera conducido inexorablemente a un desplome del consumo, de los mercados de exportación y del turismo (los consumidores de otros países también se enfrentan a una reducción de sus ingresos en términos reales). Sin embargo, la economía dispone de un importante amortiguador: el sobreahorro acumulado durante la pandemia. Esta bolsa de gasto latente se desinfla por causa del alza de los precios (se estima que el valor real de los depósitos bancarios de los españoles se ha reducido en cerca de 20.000 millones de euros como consecuencia de la inflación). Pero su volumen sigue siendo elevado permitiendo a los hogares sufragar una parte de sus compras de bienes y servicios. Prueba de ello, el ascenso del gasto con tarjetas, inalterable incluso después de la invasión de Ucrania –si bien los retrasos en el aprovisionamiento son ahora un escollo. El turismo extranjero da buenas sensaciones, con un incremento de las pernoctaciones desde el inicio de año, mientras que las reservas hoteleras para la temporada de verano alcanzan cotas que se aproximan a la era pre-covid.    

La contención de los salarios y de los precios no energéticos es otro amortiguador de la crisis en ciernes, ya que distribuye el shock energético y evita una espiral inflacionista que abocaría a un fuerte deterioro de la competitividad. Gracias a ello, el dinamismo de las exportaciones se mantiene como uno de los principales activos de nuestro tejido empresarial. Los resultados registrados en el pasado ejercicio parecen prolongarse en el presente, con un alza de los salarios pactados hasta febrero del 2,3%, y un núcleo central de precios en el 3%. En paralelo, las ventas en el exterior siguen cosechando nuevos records, aunque bajo la amenaza de los cuellos de botella. 

Por otra parte, parece que la ejecución de los fondos europeos está mejorando. Las convocatorias en el cierre del año totalizan cerca de 9.000 millones —el doble que en el otoño—. Y los PERTE empiezan a configurarse: los del vehículo eléctrico, energías renovales e industria agroalimentaria son relevantes de cara a la necesidad de transformar el modelo productivo. 

Todo ello debería garantizar un crecimiento positivo para el resto de 2022, aunque menor que el 5,6% anticipado antes del conflicto en Ucrania. Pero esto solo ocurrirá bajo dos supuestos. En primer lugar, que se mantengan los precios energéticos en sus niveles actuales, algo que supone que las exportaciones de gas ruso no se interrumpan por completo. Si este fuera el caso, la economía centroeuropea podría entrar en recesión, y nuestra inflación se desbocaría aún más, debilitando los puntos de resistencia. 

En segundo lugar, la política económica se enfrenta a la difícil tarea de evitar el cierre de negocios a raíz del encarecimiento de la electricidad y de los hidrocarburos, y a la vez preparar el cambio de modelo energético. Urge aligerar el impacto inmediato del shock, como en Francia, Italia y, con retraso, en España: se trata de evitar un desgarro del tejido productivo y no echar a perder el potencial de recuperación. Pero también son imperiosas reformas con miradas largas, para corregir ineficiencias en los mercados energéticos y no quedarse atrás en un ajuste del modelo energético que es ineludible. Unas reformas que además tendrían la virtud de limitar el coste presupuestario del plan de urgencia.  

PIB | La economía creció un 5,1% en 2021, una décima más de lo avanzado en enero por el INE. Destaca el tirón del consumo privado y de la inversión en el cuarto trimestre, compensando la caída del consumo público (un retroceso que no se había registrado en los últimos seis años). La demanda externa también tuvo un buen comportamiento, impulsada por las exportaciones tanto de bienes como de servicios turísticos y no turísticos. Todos los sectores avanzaron en el cierre del año, sin alcanzar todavía los niveles anteriores a la pandemia, especialmente en la construcción.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Revisión al alza del PIB del cuarto trimestre

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Contabilidad Nacional Trimestral | 4T 2021


La economía española creció un 5,1% en 2021, lo que supone una décima más que lo avanzado en enero por el Instituto Nacional de Estadística. Este mayor crecimiento anual es debido a una revisión de los datos del primer y cuarto trimestre al alza que más que compensan la revisión a la baja del segundo.

La recuperación de la economía continuó en el último cuarto del año. No obstante, a pesar de la revisión al alza del crecimiento del PIB en este trimestre hasta el 2,2%, la economía creció con menor intensidad que en el trimestre previo. El crecimiento procedió del consumo —revisado al alza con respecto a la caída indicada en la primera estimación—, de la inversión —con una aportación revisada intensamente a la baja— y del sector exterior.

En la demanda privada, la inversión, a pesar de la revisión a la baja de su crecimiento, registró en todos sus componentes avances intertrimestrales positivos, con la única excepción de la de construcción de viviendas con un recorte del 1,5% —frente a un crecimiento del 0,4% que había adelantado el avance de enero—. El consumo privado ha sufrido una fuerte revisión al alza, desde un crecimiento negativo hasta un avance intertrimestral del 1,4%. En sentido contrario, se revisa a la baja el de las AA.PP. hasta un retroceso del 1,6%, siendo el primer trimestre con crecimiento negativo tras crecer ininterrumpidamente desde 2014 (con la excepción del cuarto trimestre de 2016). Respecto al sector exterior, se eleva el crecimiento de exportaciones e importaciones, manteniéndose la aportación conjunta al crecimiento del PIB. Las exportaciones se ven impulsadas por las de servicios, tanto las de no turismo como las de turismo. Destaca especialmente la revisión a la baja en el crecimiento de estas últimas, que pasan de situarse en el 98% respecto al nivel del último trimestre de 2019, según el avance de enero, al 86% en los datos publicados hoy.

En el cuarto trimestre de 2021, el consumo de las administraciones públicas, la inversión en bienes de equipo, las importaciones de bienes y las exportaciones de bienes y de servicios de no turismo eran los únicos componentes de la demanda que superaban el nivel prepandemia. En la oferta creció la actividad en todos los sectores, pero sin alcanzar los niveles prepandemia, salvo en el sector de AA.PP. sanidad y educación. Sorprende en este caso la construcción, que se sitúa un 13% por debajo del nivel del último cuarto de 2019.

En cuanto a la evolución en 2022 estará fuertemente condicionada por las tensiones geopolíticas derivadas de la guerra en Ucrania, la intensa elevación de precios y problemas en el suministro de materias primas.

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