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Condiciones para una desescalada de la inflación

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Según las previsiones de algunos de los más prestigiosos think tanks, la economía española tiene la capacidad de absorber la crisis energética y de suministros: su crecimiento sufrirá un recorte severo, especialmente en los próximos meses, pero sin caer en la tan temida estanflación y retomando impulso en el próximo ejercicio. El rebote del turismo, el colchón de ahorro generado por la pandemia, y el plus de inversión aportado por los fondos europeos figuran entre los principales focos de resistencia.

Todas estas previsiones, sin embargo, están sujetas a una conjetura: que la inflación emprenda una rápida desescalada, de modo que la virulencia de los precios energéticos tenga efectos transitorios y no perjudique el grueso del tejido productivo. Según el Banco de España, el IPC pasaría del 7,5% este año al 2% el que viene, mimetizando el objetivo del BCE. 

Ojalá se cumpla este vaticinio, porque sin duda es el mejor de los escenarios ante un shock energético de gran magnitud, que entraña múltiples riesgos. El más conocido, como lo señalan los expertos monetarios, es la amenaza de una espiral de precios y de salarios que se cierne sobre nuestra economía. Cada uno de los sectores intenta recuperar la erosión de capacidad de compra generada por la inflación. La remuneración media por asalariado, que ya se redujo un 3,6% en términos reales en 2021, podría sufrir un recorte adicional superior al 4% este año. Y los sectores industriales no energéticos han tenido que comprimir sus márgenes, lo que les aboca a incrementar sus precios. Es un hecho que el IPC descontando la energía y los alimentos frescos se incrementa ya a tasas próximas al 3,5%.   


La mecánica de las expectativas de inflación es un riesgo aún más potente: según el Banco de Pagos Internacionales (que agrupa a la mayoría de bancos centrales del mundo), el alza de los precios está superando el umbral a partir del cual los consumidores y las empresas perciben un riesgo elevado de pérdida de poder adquisitivo. Estaríamos por tanto dejando atrás la era de la gran moderación, caracterizada por una relativa despreocupación social en relación a la inflación. Ahora cualquier incremento parcial de precios se percibe como una señal de espiral generalizada, y por tanto nutre las expectativas alcistas. El organismo internacional detecta esta mecánica en EE UU. 

Sin duda es prematuro concluir que las expectativas se han desanclado también en Europa. Pero el riesgo es que andemos ese mismo camino, algo que tendría consecuencias para las personas en situación de vulnerabilidad como para las empresas más afectadas por la crisis energética y que se exponen a riesgos financieros y de morosidad.  

En este contexto, es comprensible que la política monetaria intente anclar las expectativas, abriéndose a incrementos de tipos de interés. Es crucial sin embargo que ese ajuste sea gradual y que tenga en cuenta el riesgo de deterioro coyuntural que provocaría una intensificación del conflicto bélico, o un parón en los flujos de financiación de economías endeudadas como la nuestra. El rendimiento del bono público a 10 años ya supera el 1,7%. 

Pero el arma monetaria no basta. También es importante una política fiscal que actúe de manera quirúrgica, aunque potente, para contener la amenaza de desgarro del aparato productivo y compensar los hogares con bajos niveles de renta (a la inversa, la subvención al consumo de hidrocarburos, además de entrañar un alto coste presupuestario, no es susceptible de calmar las expectativas de inflación, ni de contener las desigualdades económicas y sociales). El anuncio de un tope al precio al gas que entra en el mercado eléctrico es otra medida que, a falta de más detalles, permitiría iniciar una desescalada de la inflación. Todo ello condiciona la eventualidad de un acuerdo de rentas, haciendo más verosímil el pronóstico de una recuperación sin inflación. 

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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La paradoja de la inflación: para que no se convierta en una espiral los trabajadores tenemos que perder poder adquisitivo

El principal problema de la inflación es la pérdida de poder adquisitivo a la que se ve sometida la sociedad, los trabajadores. Y por tanto, ante una situación como en la que nos encontramos, con tasas de inflación cercanas al 10%, la demanda de los trabajadores es que haya subidas de sueldo para compensar esta pérdida de poder adquisitivo.

Sin embargo, una subida generalizada de los sueldos debido a la alta inflación podría llevarnos a una espiral inflacionaria sin fin: suben los precios, luego suben los salarios y debido a estas subidas, vuelven a subir los precios. ¿Cuál es la salida? Asumir que hay que perder, al menos de forma temporal, poder adquisitivo.

De momento las rentas no están subiendo

Lo cierto es que de momento no estamos viviendo esta espiral inflacionaria. Los sueldos no está aumentando, a pesar de los elevados niveles de inflación. A pesar de las demandas, parece haber un consenso en que las fuentes inflacionarias son exógenas, es decir, vienen motivadas principalmente por los elevados precios de las energías y por la escasez de ciertos materiales derivados por una mayor demanda, no por mayores salarios

Esto no es así en todos los sectores, es cierto, pero por lo menos se puede decir que no hay una subida generalizada de los salarios que nos arroje en una espiral inflacionaria. Cosa que es buena, pero por otro lado son los trabajadores quienes estamos sufriendo los efectos de la inflación con una pérdida de poder adquisitivo.

La productividad tiene que aumentar

Para que los salarios puedan aumentar, por tanto, no podemos fijarnos únicamente en la inflación. Lo que tiene que pasar es que la productividad aumente, y así puedan subir los salarios sin que los precios suban. Y sí, la productividad puede subir, de hecho lo hace de forma constante en la economía mundial. Aunque normalmente en España cae en épocas como la actual, cuando hay una expansión del empleo.

La única forma de que los trabajadores recuperemos el terreno perdido en esta época inflacionaria es que seamos más productivos. De lo contrario acabaremos cayendo en una espiral inflacionaria que, en último término, también acabaremos pagando los trabajadores.

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La industria mantenía la tendencia ascendente antes del inicio de la guerra de Ucrania

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Indice de producción industrial | FEBRERO 2022


El Índice de Producción Industrial se recuperó en febrero del moderado descenso sufrido el mes anterior, con un crecimiento del 0,9%. El índice relativo a solo manufacturas registró un ascenso del 1,4%. Por tanto, hasta el estallido de la guerra en Ucrania el sector industrial mantenía la suave tendencia ascendente iniciada el verano pasado. Si se excluye el sector del automóvil, que es el que arrastra una peor evolución, con una caída del 11% con respecto a hace un año –y que en febrero volvió a retroceder– la tendencia ascendente es más clara. Así, el índice de manufacturas excluyendo automóviles se encontraba en febrero un 6,7% por encima del nivel de hace un año, y un 3% por encima del nivel previo a la pandemia, frente a un 3,2% y un -0,2% respectivamente en el caso de las manufacturas totales.

Los sectores que han presentado un mayor dinamismo en el último año son los de confección, madera, refino de petróleo, productos informáticos e industria textil. Solo los sectores de metalurgia y automóviles presentaban tasas negativas (de las 23 divisiones sectoriales de que consta el índice de manufacturas).

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¿Es posible una web 3.0 o Internet de pago?

En este post te hablamos sobre la web 3.0, sus características y por qué es posible que el usuario deba sufragar su coste.

  • La web 3.0 es abierta porque está hecha con software de código abierto y se esfuerza por reducir la dependencia de empresas grandes.
  • Se trata de una web que está disponible para todos desde cualquier lugar y dispositivo.

¡TUITÉALO! ¿Se acerca el Internet de pago? Descubre la web 3.0.

Una Internet abierta en la que cada usuario sea dueño de sus datos. Esto es, en esencia, la web 3.0. Una web que evoluciona y es más plural, accesible y participativa. Y en la que planea la sombra de si será posible una Internet de pago. Al parecer, aunque el ciudadano no lo quiera, en esta nueva realidad de Internet cada uno tendrá que asumir los gastos de mantenimiento de herramientas de ciberseguridad o el costo de mantener los servidores.

¿Qué es la web 3.0?

La web 3, o web 3.0, es un término que se ha vuelto muy común en los últimos años. Se refiere a la próxima generación de Internet, que fomenta los protocolos descentralizados y se esfuerza por reducir la dependencia de empresas digitales gigantes como Youtube, Netflix y Amazon.

Pero, ¿qué es exactamente y cómo está cambiando la forma de interactuar el usuario con Internet y nuestras aplicaciones?

La llamada tercera generación de Internet está más cerca de lo que se cree.

La web 3.0 promete:

  • Descentralizar la regulación de los contenidos.
  • Permitir nuevos procesos de IA.
  • Dar la bienvenida al metaverso.
  • Aceptar las monedas digitales como principal método de pago.

La web 3.0 es una de las tecnologías más recientes de Internet, que combina el aprendizaje automático, la inteligencia artificial y el blockchain para permitir la comunicación humana en tiempo real. La web 3.0 permitirá a los usuarios no sólo poseer y controlar sus datos. Sino también obtener un reembolso por su tiempo online.

Características de la web 3.0

  • Es «abierta» en el sentido de que está hecha con software de código abierto desarrollado por una comunidad abierta y disponible de desarrolladores y realizada a la vista del público.
  • La red ofrece libertad a los usuarios para interactuar en público y en privado, sin que un intermediario les exponga a riesgos.
  • Sin permisos. Cualquiera, incluidos los usuarios y los proveedores, puede participar sin necesidad de permiso de una organización de control.
  • Ubicua. La Web 3.0 hará que Internet esté disponible para todos, en cualquier momento y desde cualquier lugar. En algún momento, los dispositivos conectados a Internet dejarán de estar limitados a los ordenadores y los teléfonos inteligentes. Como ocurre en la web 2.0.

Innovación tecnológica al servicio de Internet

Mientras que la web 2.0 fue impulsada principalmente por la introducción de las tecnologías móviles, sociales y de la nube, la web 3.0 está impulsada por novedades tecnológicas.

La web 3.0 ha dado una mayor importancia a los centros de datos. Estos se complementan con un conjunto de recursos informáticos avanzados distribuidos entre teléfonos, portátiles, electrodomésticos, sensores y coches, que producirán y consumirán 160 veces más datos en 2025 que los que consumían en 2010.

A esto hay que añadirle que las redes de datos descentralizadas permiten a los distintos generadores de datos vender o intercambiar sus datos sin perder la propiedad, arriesgar la privacidad o depender de intermediarios. Como resultado, las redes de datos descentralizadas tendrán una larga lista de proveedores de datos en la creciente «economía de los datos».

La idea detrás de la web 3.0 es hacer que las búsquedas en Internet sean mucho más rápidas, fáciles y eficientes para procesar incluso frases de búsqueda complejas en poco tiempo.

Gracias al IoT (Internet de las cosas), la tecnología permitirá el desarrollo de multitud de nuevos tipos de aparatos inteligentes.

Bases de datos centralizadas

En una aplicación web 2.0, un usuario tiene que interactuar con su frontend, que se comunica con su backend, que a su vez se comunica con su base de datos. Todo el código se aloja en servidores centralizados, que se envían a los usuarios a través de un navegador de Internet.

La web 3.0 no tiene bases de datos centralizadas que almacenen el estado de la aplicación ni un servidor web centralizado donde resida la lógica del backend. En su lugar, existe una cadena de bloques para construir aplicaciones en una máquina de estado descentralizada y mantenida por nodos anónimos en la web.

En la web 3.0 existe una cadena de bloques donde se construyen aplicaciones descentralizadas.

En definitiva, la arquitectura de la web 3.0 será mucho más compleja, donde el usuario tendrá el control. La sociedad se dirige hacia una Internet en la que las personas tendrán un control total sobre sus datos y su privacidad, y permitirán a las empresas utilizar sus datos (o no). Todo esto será impulsado por blockchain.

Por tanto, la web 3.0 acelerará el uso honesto y transparente de los datos de los usuarios. Desde los resultados de búsqueda personalizados hasta las herramientas de desarrollo multiplataforma y el uso de gráficos en 3D. La web se volverá más inmersiva e interactiva. Y el usuario, como tal, deberá sufragar los costes de esta infraestructura. Algo, que algunos expertos ya advierten se hará con criptomonedas. El futuro de Internet ha venido para quedarse.

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Los españoles más ricos de 2022

Como cada año por estas fechas se publica la famosa lista Forbes con las mayores fortunas del año. Y este 2022 no iba a ser menos. 2.668 son los elegidos esta vez para formar parte del club más elitista del mundo, liderados por Elon Musk, que acumula la friolera de 199.660 millones de euros. Y entre ellos hay españoles.

Muchos de nuestros compatriotas tienen grandes fortunas, aunque estamos lejos de ser uno de los países con más multimillonarios. Por ejemplo, Estados Unidos es el que más aporta al ranking con más de 700 super ricos.

Nosotros tenemos a 28 personas en la lista Forbes de este año, una cifra que no está nada mal pero que queda lejos de los 134 de Alemania, por ejemplo. Veámoste cuáles son.

Sagas, matrimonios... los más ricos de España

¿Adivinan cuál es el español más rico? Obvio que sí. Se trata, como es habitual, de Amancio Ortega, el fundador de Inditex, el primer español que encontramos en la lista que este año ha bajado posiciones, desde la 11 a la 23 con sus 70.162,8 millones de euros.

Su hija Sandra Ortega también está en el ranking, de hecho es la segunda española, en el puesto 431, con 6.700 millones de euros. En su caso sí ha sumado más de 1.000 millones más en un año, frente a su padre que ha perdido. Pero sigue a años luz de acuñar la fortuna que tiene él.

Juan Roig, presidente de Mercadona, es el tercero, con 3.800 millones, ha sumado 200 millones respecto a 2021. Empata con Rafael del Pino con la misma cantidad y cierra el top 5 Juan Abelló con 26.500 millones.

¿A quién más nos encontramos? En el ámbito femenino tenemos a Alicia Koplowitz, con 2.570 millones, Hortensia Herrero, la mujer de Roig, con 2.300 millones, María del Pino, hermana de Rafael, con 2.110 millones, Sol Daurella, la presidenta de Coca-Cola Europa (1.800 millones), su hermana Carmen (918 millones) y Helena Revoredo, presidenta de Prosegur (1.300 millones).

Personaje muy famoso en nuestro país que también figura en Forbes es Florentino Pérez, presidente del Real Madrid y de ACS, que suma casi 2.000 millones. También están los Albertos -Cortina y Alcocer-, con unos 1.3000 millones cada uno, o la familia Andik (fundadora de la marca Mango), con 1.800 millones.

¿Quiénes más? También está Fernando Roig, hermano de Juan y presidente del Villarreal, otros hermanos como Fernando y Jon Riberas Mera, los máximos accionistas de la corporación Gestamp, o Antonio y Jorge Gallardo Ballart, de Almirall.

Y un estreno, el de José María Aistraín, el magnate del acero muy conocido por la Agencia Tributaria Española, con sus 1.100 millones.

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Europa y el gasto en defensa: el despertar de los ‘free-riders’

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La guerra en Ucrania ha situado en un primer plano el análisis económico del gasto en defensa de los países de la Unión Europea. Presentamos dos visiones de la problemática relacionada con este tema: esta, en el contexto internacional de las relaciones entre países miembros de una misma Alianza; y otra —firmada por Santiago Lago Peñasen el marco presupuestario español y en los problemas para afrontar el déficit público.

Desde hace algunas semanas asistimos a una serie de acontecimientos para algunos tan increíbles como poco probables. Aunque la guerra desatada por Putin en Ucrania es sólo uno más de los conflictos que azotan el mundo, este conflicto va a provocar un cambio en el modelo relaciones internacionales por el que se regían los países, los gobiernos y los ciudadanos.

Hacía décadas que Europa no respiraba el miedo que provoca la guerra, tan cerca del corazón del continente y con la amenaza latente de una posible extensión a territorios de países de la Alianza Atlántica. Los responsables políticos de la Unión Europea y de varios de los países que la integran ya han manifestado que Europa debe estar preparada para afrontar cualquier posible escenario en relación con el actual conflicto, y ello hace referencia de manera muy especial a nuestra capacidad en materia de defensa. Pero, ¿estamos preparados? Repasemos algunos datos.

España es el país de la Alianza Atlántica que menos gasta en defensa, a excepción de Luxemburgo. En el año 2021, el gasto en defensa español en términos de la definición OTAN alcanzó el 1,02% de su PIB. Quiero recordar que en las sucesivas cumbres de la OTAN desde el año 2002, se ha reclamado de forma reiterada la necesidad de que el gasto de cada país aliado alcance el 2% del PIB. En este sentido, países miembros que gastan por encima del 2% del PIB son EE. UU. (3,52%), Grecia (3,82%), Croacia (2,79%), Estonia (2,28%) y Reino Unido (2,29%). La lista de los que sitúan su gasto en defensa en torno al 2% de su PIB se amplía a países como Polonia, Lituania, Rumanía, Francia y Noruega. Por debajo del nivel deseado por la OTAN se colocaba a su vez Alemania, pero su decisión de duplicar el gasto en defensa hasta alcanzar 100.000 millones de euros la posicionará en los niveles requeridos por la Alianza. También el presidente del Gobierno ha anunciado que España deberá elevar su gasto en defensa hasta un 2% del PIB en un horizonte de varios años. Finalmente, todavía encontramos países por debajo del nivel de referencia, como Portugal (1,54%) e Italia (1,39%). 


Al pertenecer a una alianza militar, la relación de los gastos individuales de cada uno de los países debe completarse con una perspectiva global, pues en términos de la Alianza Atlántica aproximadamente el 70% del gasto en defensa procede de los Estados Unidos. Así que Europa, que es la que tiene al potencial enemigo a las puertas, ha decidido tradicionalmente asignar muchos menos recursos a la defensa ¿Y por qué los países miembros de la Alianza llevan décadas actuando de esta forma? Entre las razones explicativas, que son muchas y variadas, me gustaría resaltar las que desde mi punto de vista son más relevantes.

La primera de las razones la encontramos en el análisis económico. La defensa nacional es un bien público puro y por tanto se cumple el principio de no rivalidad y no exclusión en el consumo. En presencia de este tipo de bienes, los comportamientos free-rider son del todo habituales: ¿para qué gastar en defensa? Si se materializa una amenaza, el paraguas de la OTAN nos protegerá sin tener que aportar más recursos al conjunto: es el comportamiento típico del free-rider con respecto al resto de países aliados. La naturaleza de la defensa como un bien público puro no solo tiene lugar a nivel interno (dentro de cada país), sino que es precisamente en el seno de la Alianza donde de forma más intensa tienen lugar este tipo de comportamientos. Adviértase que desde los años cincuenta del siglo pasado EE. UU. viene reclamando a sus socios europeos que asignen más recursos a la defensa. 

Aunque a Europa le pese, los mapamundis ya no se dibujan tomando el océano Atlántico como eje central que divide el mundo en dos partes. La geopolítica actual requiere de una toma de conciencia de nuestro papel en el mundo como europeos, también en materia de seguridad y defensa.

Claudia Pérez Forniés

Retomando la visión interna del bien defensa, resulta relevante cómo se decide en un país democrático cuánto se gasta en la defensa nacional. Así que la segunda de las razones reside en que nos enfrentamos también a un problema de decisión política. Serán el Gobierno y el Parlamento quienes decidirán acerca de los presupuestos de defensa, de las inversiones que en ellos se recojan, y del período temporal de los programas de gasto, tomando como referencia las capacidades que se necesiten para responder a los riesgos y amenazas recogidos en nuestra estrategia de seguridad nacional y en las de nuestros aliados.

Sin embargo, ningún Gobierno podrá establecer una política de defensa frente a un determinado nivel de amenaza si la ciudadanía no se siente amenazada. Los europeos occidentales no somos diferentes al resto del mundo, porque percibir amenazas intangibles en el presente, que ocurren lejos de nuestros hogares y que puede que no sucedan nunca, nos llevan de forma racional a que nuestras preocupaciones sean otras: el trabajo, la salud, la educación de nuestros hijos o el cuidado de nuestros mayores. Pero cuando la amenaza se convierte en realidad, y nos sacude una guerra que sentimos cerca, nos damos cuenta de que no estamos preparados y que en el mejor de los casos dependemos de otros. 

Estamos, por tanto, ante un problema de decisión política, ante un bien que por su propia naturaleza económica no es reconocido ni demandado por la ciudadanía. Y toda esta casuística se produce en un contexto internacional, tercera de las razones que explican el reducido nivel de gasto en defensa de nuestro país y de Europa. España es socio de pleno derecho de la Alianza Atlántica; sin embargo, las relaciones entre los países que integran esta alianza han sido siempre complicadas. Europa decidió desde los años sesenta desarrollar sus Estados del bienestar dejando en un segundo plano los asuntos de la seguridad y subcontratándola con el país líder de la OTAN. Esta limitada predisposición al gasto público en defensa se acentuó con la caída del muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética, y se ha mantenido durante cuatro décadas. Desaparecido el enemigo, ¿para qué gastar en defensa? Mirando hacia el Atlántico, Europa siempre pensó que Estados Unidos le protegería, tal y como ocurrió en la última contienda mundial.

Desde hace dos décadas, el cambio en el complejo mundo de las relaciones internacionales es evidente, pero su carácter disruptivo se ha puesto de manifiesto con la guerra en Ucrania. EE. UU. ha dejado de mirar solo hacia el Atlántico y mira desde hace tiempo con intensidad hacia el Pacífico. La irrupción en un mundo globalizado de otros actores principales como China esboza un nuevo mapa de la arquitectura internacional. Aunque a Europa le pese, los mapamundis ya no se dibujan tomando el océano Atlántico como eje central que divide el mundo en dos partes. La geopolítica actual requiere de una toma de conciencia de nuestro papel en el mundo como europeos, también en materia de seguridad y defensa.

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El gasto en defensa y el déficit público

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La guerra en Ucrania ha situado en un primer plano el análisis económico del gasto en defensa de los países de la Unión Europea. Presentamos dos visiones de la problemática relacionada con este tema: una —firmada por Claudia Pérez Forniésen el contexto internacional de las relaciones entre países miembros de una misma Alianza; y esta, en el marco presupuestario español y en los problemas para afrontar el déficit público.

Tanto en el ámbito privado como en el público, existen gastos con poco atractivo. Las primas de seguro para cubrir riesgos contingentes son un buen ejemplo. Reservar una parte de los ingresos familiares o cargar la cuenta de explotación de las empresas para prepararse ante sucesos que pueden no ocurrir, exige racionalidad y cálculo; u obligatoriedad por parte de un regulador. En el ámbito público, la partida que responde mejor a esta definición es la de defensa nacional. Con el agravante de que las guerras, en general, se ven lejanas y provocan rechazo y disgusto en el ciudadano mediano europeo del siglo XXI.

Los datos lo demuestran. Basta citar dos estudios. El primero, de la Fundación COTEC, sobre preferencias de gasto público en la ciudadanía, presentado en enero de 2021 (disponible en #LEC_COTEC: Preferencias de gasto público en la ciudadanía – Fundación COTEC para la Innovación). El gráfico adjunto, extraído del informe, muestra la ordenación de preferencias de ocho políticas públicas principales. Defensa y seguridad aparecen en el último lugar, con una intensidad de prelación que supera ligeramente 0,5 sobre un máximo de 5.

Representación gráfica de las preferencias de la población española sobre las ocho políticas de gasto consideradas [tomado de Cotec].

El segundo informe es la edición de marzo de 2022 del Focus on Spanish Society de Funcas, elaborado a partir de datos del CIS y de Eurostat. Las autoras muestran que, estando España en el cuartil de países de la UE-27 que gasta en defensa un menor porcentaje del PIB, el 30% de los españoles considera que se gasta demasiado. La segunda política menos apoyada sería seguridad pública, pero no llega al 10% quienes consideran que el desembolso es excesivo.

Nuestra pertenencia a la OTAN nos ha permitido un cierto comportamiento de free-rider, dejando que sea Estados Unidos el líder que asume la parte del león en gasto e intervenciones ante conflictos que, desde hacía mucho tiempo, se producían lejos de nuestro espacio de seguridad y confort. La invasión de Ucrania por Rusia ha alterado el mapa por completo. La percepción del riesgo ha cambiado y, con ello, la disposición a incrementar el gasto militar, tanto entre las elites políticas como entre los ciudadanos. 

La encuesta de 40db para El País y la Cadena SER correspondiente a abril de 2022 muestra que el 57,5% de los encuestados está muy o bastante de acuerdo con incrementar el gasto en defensa en detrimento de otras partidas.

No obstante, este giro de prioridades tiene importantes implicaciones para las cuentas públicas. El Gobierno ha anunciado que el objetivo para 2024 es llegar al 2% de PIB, cifra que los países de la OTAN se fijaron en 2014 como objetivo a diez años vista. Pero hoy España apenas alcanza el 1%. Eso quiere decir que debemos incrementar más de un punto porcentual de PIB el gasto en defensa en dos ejercicios, lo que complica aún más una consolidación fiscal tan urgente y necesaria como aplazada y orillada. 

Con un déficit estructural próximo al 5% de PIB en 2022, cargar adicionalmente los compromisos de gasto conlleva la necesidad de ajustes sustanciales en otras partidas o un fuerte incremento de la recaudación tributaria. Sin duda, la lucha contra el fraude fiscal y los análisis de rentabilidad social del gasto para detectar gasto superfluo o prescindible ayudarían. Pero me temo que van a ser claramente insuficientes dada la magnitud del reto.

El Gobierno debe afrontar pronto la tarea de fijar una senda de gastos e ingresos públicos coherente y racional, que nos permita equilibrar las cuentas públicas en un plazo razonable. Y en ese ejercicio debe aparecer de forma expresa el compromiso en defensa. A lo mejor no es posible alcanzar el 2% comprometido en dos años y hay que pedir una prórroga, atendiendo a las posibilidades económicas de un país todavía en recuperación de la pandemia y golpeado por la guerra de Ucrania. O quizá sí lo es. Pero solo cuando esta partida se integre con el resto será posible determinar la coherencia del escenario presupuestario, generando certidumbre y previsibilidad. Y ambos ingredientes son particularmente necesarios en el momento actual.

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Tendencias del Business Intelligence en las empresas para 2022

El Business Intelligence ha alcanzado su madurez en grandes empresas. En las de menor tamaño, sin embargo, la evolución tiene todavía un recorrido muy interesante por delante en los próximos años.

  • La democratización del BI, la aparición de nuevos players en el sector y los avances y facilidades que nos ofrece la implementación de software de analítica, están creando una oportunidad enorme en estas empresas.
  • En este artículo analizamos las tendencias que tendrán más impacto en 2022.

Contenido del post


  1. Alfabetización de datos
  2. Business Intelligence de autoservicio
  3. Gestión de la calidad de los datos
  4. Democratización de la nube y la analítica integrada
  5. IA y Análisis predictivo
  6. Automatización de datos y flujos en real time

¡COMPÁRTELO! El especialista en Business Intelligence, Guillermo Yuste, hace un análisis de las principales tendencias en BI este 2022.

1) Alfabetización de datos

La primera tendencia que crece desde hace varios años es la alfabetización de Datos, o Data Literacy. Que hace referencia a la capacidad de una empresa de comprender su información y tomar decisiones a partir del análisis.

A medida que la información gana poder como recurso empresarial, también lo hace como motor de toma de decisiones. En detrimento de la simple experiencia o instinto personal. Y aportando una nueva dimensión a las compañías.

La alfabetización avanza paulatinamente debido a algunas resistencias clásicas por parte de los miembros de las empresas. Ya que conlleva cambios de cultura procesos sustanciales.

Muchos empleados todavía encuentran resistencia y falta de confianza, mientras muchas empresas no tienen una gobernanza o política clara en cuanto a los datos.

Un estudio de Censuswide en el que participaron más de 7.000 directivos concluyó que sólo el 24% poseía un buen nivel de alfabetización de datos. A pesar de que el 92% afirmaron que es vital llegar a un buen nivel por parte de todos los empleados.

2) Business Intelligence de autoservicio

Tradicionalmente, la analítica y Business Intelligence de las empresas dependían, en gran medida, del modelado de los datos por parte de personal técnico. Siendo necesarios varios equipos para completar correctamente estructuras de análisis.

Actualmente ya no es necesario el trabajo multidisciplinar. Gracias a los últimos avances en el procesamiento de datos es posible para un mismo usuario crear, ingerir, modelar y tratar los análisis con mínimo conocimiento técnico. Esto se denomina autoservicio de Business Intelligence.

Los softwares que proporcionaban herramientas de analítica para profesionales del dato ahora se están expandiendo para alcanzar a audiencias cada vez más grandes y menos cualificadas. Ejemplos de ello son los avances de Google Data Studio o Microsoft Power BI, como proveedores con más alcance masivo, junto a herramientas con crecimiento como Tableau, Qlik (detalle).

El autoservicio de BI tiene como consecuencia respuestas más ágiles y con menos información. Usando un volumen de datos cada vez mayor.

3) Gestión de la calidad de los datos

A medida que los volúmenes de datos se escalan de manera exponencial, también lo hace la necesidad de homogeneizarlos.

Actualmente, las empresas se pueden encontrar con la situación de tener grandes volúmenes de datos, distribuidos en varias plataformas, pero sin ningún tipo de unificación. Lo cual hace imposible su análisis cruzado.

Por ejemplo, un comercio de alquiler de material deportivo. Puede tener datos de sus clientes desde su tienda física o su CRM, analítica de su web e información de pedidos online. Varias fuentes de datos con gran potencial de análisis cruzado. Pero sin ningún tipo de relación entre ellas.

La creciente regulación acerca de la información, como las regulaciones LOPD y RGPD, o las restricciones de cookies de terceros, también exigen mantener una adaptación constante de la estructura de la información a las empresas.

La gestión de la calidad de los datos (DQM) asegura también la no duplicidad de los registros. Lo cual conlleva un ahorro presupuestario mediante la optimización de inversiones de marketing y trámites legales.

4) Democratización de la nube y la analítica integrada

El desarrollo de la tecnología impacta en casi todos los aspectos de cualquier negocio. Pero el impacto que ha tenido en los servicios cloud puede ser el más decisivo para cualquier negocio, con o sin presencia online.

Progresivamente el almacenamiento de información ha ido reduciendo su espacio en los negocios. Hasta prácticamente desaparecer en la actualidad, gracias a los servicios de la nube. Las pequeñas empresas pueden ahora almacenar petabytes de información con absolutamente ningún espacio físico y un coste muy asequible.

Los costes de almacenamiento físico a medio y largo plazo como consecuencia se ven reducidos, bajo el agravante del auge del trabajo en remoto.

La escalabilidad del negocio también se ve aumentada exponencialmente, al poder destruir la dependencia de una ubicación física. Cada día es más común el nacimiento de empresas con un ámbito 100% digital.

La nube, no obstante, no se quedaría con el único ámbito de almacenamiento.

La analítica y los procesamientos integrados en la nube están creciendo enormemente, siendo con seguridad una tendencia a largo plazo, aunque no han alcanzado su madurez.

5) IA y Análisis predictivo

Las herramientas de Machine Learning cada vez están más optimizadas para predecir comportamientos a partir de grandes volúmenes de datos.

Empresas grandes dentro del sector digital dependen económicamente ya en gran medida de estos algoritmos (Cálculo del Lifetime Value para clientes de bancos, reservas de hoteles o billetes de avión, o recomendaciones de entretenimiento musical o en streaming)

No obstante, cada vez hay más proveedores que ofrecen soluciones de predicciones a menor escala para mejorar la tasa de conversión. Así como para reducir la tasa de abandono en diferentes modelos empresariales.

Herramientas dentro del Scope de Google como el nuevo Google Analytics 4, o Google Ads usan ya como pilar fundamental modelos de análisis predictivo.

6) Automatización de datos y flujos en real time

La automatización de datos es un avance tecnológico clave para este 2022.

Más allá de la carga manual de archivos a herramientas de Business Intelligence, existen grandes avances en procesos de automatización en los que delegar esta tarea.  Avances que permiten ahorrar tiempo y analizar información en tiempo real, ventaja clave para negocios con gran necesidad de maniobra.

El análisis en tiempo real se basa en el procesamiento de flujo. Este se utiliza para consultar flujos continuos de datos y procesarlos en un corto período de tiempo.

Como beneficios, las empresas encontrarán un ahorro de tiempo y costes, así como escalabilidad de los recursos disponibles.

2022 nos traerá grandes avances en un campo ya productivo desde hace años. Especialmente en aquellas empresas que busquen en este recurso un poderoso aliado para escalar su negocio.

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Los depósitos me hacen perder dinero pero tengo aversión al riesgo: consejos de inversión para los más conservadores

La inflación es una consideración importante cuando se trata de valorar nuestros ahorros o los frutos de nuestras inversiones. El miedo a la inflación no es inmerecido, ya que puede ser un desafío tanto para los inversores como para los consumidores.

Y esta es la situación presente. Los niveles de precios no han parado de escalar. Hoy, según los datos del IPC, la inflación anual estimada del IPC en marzo de 2022 es del 9,8%, de acuerdo con el indicador adelantado elaborado por el INE. Esta tasa sería la más alta desde mayo de 1985.

Ine

Los depositantes vienen de una época de una remuneración nula y un auge de comisiones por parte del sector bancario y, para más inri, se ven altamente afectados por la inflación, pues alberga un impacto directo e indirecto. El impacto directo es cuando los ahorros se devalúan debido a que el coste de la vida ha aumentado. El impacto indirecto es cuando el ahorro se ve afectado debido a que el poder adquisitivo ha disminuido.

Para los perfiles conservadores, los depósitos han sido una opción a tener en cuenta pues, a pesar de la nula remuneración, la aversión a la volatilidad y la tranquilidad de la liquidez compensaba en un escenario de baja inflación.

Pero cuando la escalada de precios se acerca un 10%, muchos concluyen que su mejor opción es poner parte de los ahorros a trabajar, con tres objetivos en mente:

  • Aumentar la rentabilidad: los inversores conservadores deben buscar alternativas de inversión que les permitan mejorar su rentabilidad.

  • Reducir el riesgo: es importante reducir el riesgo de los ahorros para evitar pérdidas en caso de que la inflación siga subiendo.

  • Diversificar los ahorros: la diversificación es la mejor manera de proteger los ahorros de la inflación. Los inversores conservadores deben invertir en diferentes activos y productos financieros para reducir el riesgo.

Bonos y acciones para el inversor conservador

Los inversores conversadores buscarán diversificarse quitando peso al efectivo y exponerse a los bonos y las acciones para hacer frente a la inflación. Pero no todos los bonos ni todas las acciones funcionan correctamente en las etapas inflacionistas.

Los bonos son tradicionalmente estables, de bajo riesgo y buenas coberturas de la volatilidad potencial de las acciones. Desafortunadamente, al mercado de bonos no le va bien la inflación.

Cuando aumenta la inflación, los bancos centrales tienden a incrementar tipos de interés para disminuir los préstamos debido a su encarecimiento. Esto hace que aumenten las rentabilidades de los bonos (interés), ya que los inversores exigen una compensación por el riesgo de inflación. En última instancia, el precio de los bonos bajará a medida que los inversores pierdan interés en ellos, lo que reducirá el valor de su inversión.

En esta categoría de inversión, son interesantes los bonos indexados a la inflación que protegen los bonos protegidos contra la inflación o TIPS por sus siglas en inglés, son un tipo de activos de renta fija útiles. El objetivo de los bonos de TIPS es reducir la volatilidad de los ingresos y el coste de la deuda. Los bonos de TIPS permiten a los inversores estar protegidos contra la inflación y mantener el valor de su inversión. Los bonos de TIPS también reducen el riesgo de tasa de interés, ya que los bonos de TIPS tienen una rentabilidad real fija.

Los bonos no son la única categoría de activos de inversión que se ve afectada por la inflación. Las acciones son igualmente sensibles a la inflación. Sin embargo, la respuesta de las acciones a la inflación depende de diversos factores, como el sector de la economía en el que se invierte.

Si nos movemos en el terreno de las acciones, el perfil del inversor conservador que busque protegerse de la inflación debe posicionarse en sectores y empresas cuyo balance encuentre un gran peso por parte de los activos fijos, debido a que aguantan bien sus respectivas valoraciones en entornos inflacionistas.

Estos sectores son el energético (petróleo y gas), el sector inmobiliario representado por las Socimis que cuentan con una gran cartera de ladrillo y el sector de productos básicos.

Review Of Oil And Gas Power And Renewable Energy Sector Of Pakistan

¿En estos sectores qué tipo de empresas pueden interesar a los inversores conservadores? Tras seleccionar los sectores mencionados, el inversor conservador debe priorizar las empresas con flujos de efectivo estables o empresas con bajo coste de producción con capacidad de fijación de precios para que el entorno infñacionista no suponga un impacto notorio en la Cuenta de Resultados.

Las empresas con flujos de efectivo estables tienen una menor probabilidad de verse afectadas por la inflación, mientras que las empresas con bajos costes de producción pueden compensar el impacto negativo de la inflación aumentando los precios de sus productos.

Los inversores conservadores, tienden a guiarse por una política de remuneración comprometida con los accionistas, por lo que esos flujos de efectivo estables deberán acompañarse de un histórico de dividendos constantes pero crecientes, que les permita generar para compensar la caída de valor de los ahorros por la escalada de precios mediante entradas de efectivo.

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La inflación está disparada: las soluciones de los expertos para que el descontrol no sea aún mayor

La inflación está oficialmente desatada. En marzo alcanzó la cota del 9,8%, que no se veía en España desde 1985. Esta subida echa más leña al fuego que los españoles estamos soportando desde hace más de un año. El incremento del precio de la energía y los carburantes ya se nota en toda la cadena de consumo, un problema al que se ha añadido la huelga indefinida de transporte.

El Gobierno ha conseguido en Europa un acuerdo histórico para España que le permitirá intervenir el mercado eléctrico para contener los precios del gas (que empujan los de la electricidad hacia arriba), pero desde luego eso no será suficiente para frenar la escalada de los precios.

Cada día que pasa somos un poco más pobres. Es un hecho. Y aunque el Gobierno culpe de más del 70% de este aumento a la guerra en Ucrania, es evidente que tenemos un problema de fondo muy grave.

De momento, ha aprobado una bonificación de 20 céntimos por litro de combustible al repostar y ha congelado las subidas del precio de los alquileres al 2%, pero son medidas transitorias que no van a aliviar demasiado a los hogares españoles.

En este contexto urgen medidas contundentes, sobre todo porque nos acercamos a la temida recesión. ¿Qué puede hacer más el Gobierno? Si es que puede hacer algo... Algunos expertos nos lo cuentan.

La inflación es un fenómeno monetario que el Gobierno no puede arreglar

Es más que posible que en la revisión del dato de inflación que se hará en abril la inflación quede definitivamente en el 10%, una cifra que los expertos califican de "muy mala".

Manuel Hidalgo, profesor de Economía Aplicada de la Universidad Pablo de Olavide, prevé que las medidas aprobadas por el Gobierno "como mucho van a bajar la inflación un punto". Para él lo importante será la intervención del precio de la luz, "eliminar esa distorsión, se podría ganar muchísimo". "Si realmente se controla de tal forma que baje 50€ el megavatio, que es lo que dicen que quieren logra, se podría notar mucho, pues podría restar hasta 4 puntos a la cifra de inflación.

Y además, propone una "política de rentas que incluya pensiones". A largo plazo, ya que el problema de la energía no es coyuntural de la guerra (lleva así más de un año), Hidalgo cree que "se deben mantener las inversiones para tener autonomía energética mientras nos convertimos en un hub de suministro para el resto de Europa".

Rafael Salgueiro, profesor de Administración de Empresas de la Universidad de Sevilla, aclara que las medidas del Gobierno "no van destinadas a reducir la inflación, sino su impacto en la renta de los ciudadanos, en el poder adquisitivo".

Como señala, "la inflación es un fenómeno monetario, por eso la Fed ya ha empezado a subir los tipos de interés y el BCE se lo está planteando". Así, avisa que reducir la inflación es "enormemente complicado y lleva su tiempo". En cualquier caso, el paquete de medidas gubernamentales se notará en los bolsillos de los consumidores y "se reflejará en el IPC al solucionarse el tema del transporte, que tensaba la cadena alimentaria, y al intervenir los precios de la energía".

Pero, a largo plazo, sigue habiendo problemas, recalca. "A nivel mundial no se ha solucionado la crisis de los microchips, que se producen en China, un país que sigue semicerrado por el COVID. La cadena de suministro, por tanto, sigue tensada".

Por ello, como algo adicional que se podría hacer en una situación tan compleja, indica que "el Gobierno podría bajar los impuestos para que tuviéramos mayor capacidad de compra, el problema es que tiene poco margen, porque ya vamos a tener déficit este año. Está muy atado de manos en este sentido, no como otros países europeos, pero puede reducir gastos sin tener que tocar necesariamente la educación o la sanidad como siempre se dice".

Por lo tanto, la situación va para largo, señores. Lo que ha hecho el Gobierno aliviará la situación a corto plazo pero vamos a seguir sufriendo esta etapa inflacionista bastante tiempo, al menos todo este 2022, lo que pone muy en riesgo la economía.

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