¿Más deuda para qué?

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El Banco de España pronosticó este lunes que el PIB caerá este año entre el 6,6% y el 13,6% y colocó al turismo como sector particularmente afectado. El Estado parece la única tabla de salvación. Hay que sacar la artillería fiscal sí o sí. La resolución es compleja, pero la pregunta es simple: ¿qué uso de la deuda pública queremos? En la crisis de 2008, la financiera, los que salieron antes (Estados Unidos y Reino Unido) fueron los que optaron por ayudas rápidas y contundentes. Eso sí, orientadas al centro de los problemas tanto de los bancos como de la economía real.

En España, gastar genera dudas. Una inquietud que
transpira en la coalición de gobierno. Dilemas varios entre incentivos,
financiación o ayudas. Entre temporalidad o permanencia. La regla en momentos
de urgencia es que lo que se gaste sirva para eso, para lo urgente. Y reducir
su incidencia temporal.

En la crisis financiera había un sector
especialmente afectado, la construcción, intensiva en mano de obra, lo que
disparó el desempleo. En la crisis actual hay
temores por sectores estratégicos, como el turismo, primera
industria del país. Podría verse negativamente afectada hasta bien entrado
2021. También ocurrirá en otros países con una menor incidencia de la covid-19,
pero con las mismas dependencias, como Grecia.

«El gasto más urgente es el que apuntala la base sanitaria, el que permitiría prevenir o lidiar adecuadamente con nuevas oleadas. Junto a él, el “puente” de financiación y subsidios temporales para los colectivos desfavorecidos, así como autónomos y empresas paralizadas».

Santiago Carbó

El dinero no abunda. La semana pasada se vieron
las primeras tensiones apreciables en la subasta de Letras del Tesoro a 12
meses. El mercado ya parece descontar la falta de suficiente apoyo europeo, las
desviaciones fiscales acumuladas y las vulnerabilidades del modelo productivo
ante esta pandemia. Vienen tensiones de riesgo soberano nuevamente. Sin apoyo
europeo, habrá que acometer gasto con toda la fuerza que induzca a apoyar el
turismo, mejorar el sistema productivo y propiciar mejoras de productividad.

Las transferencias a las familias son urgentes
ahora, pero deben ser temporales y centradas en quien realmente lo necesita. Me
preocupa el actual enfoque del ingreso mínimo vital. Por ejemplo, deberían
permanecer los incentivos para incorporarse al mercado de trabajo y dinamizarlo
cuando pase el efecto de la covid-19. Que, además, es como una pescadilla que
se muerde la cola, porque si no aplicamos bien el gasto ahora, su efecto será
más duradero y traerá más deuda poco productiva. Este virus puede ser de ida y
vuelta, pero la economía no puede permitirse vivir en la intermitencia.

El gasto más urgente es el que apuntala la base
sanitaria, el que permitiría prevenir o lidiar adecuadamente con nuevas
oleadas. Junto a él, el “puente” de financiación y subsidios temporales para
los colectivos desfavorecidos, así como autónomos y empresas paralizadas. En
cuanto al turismo, son meses en los que vamos a
vivir en una economía cuasi cerrada de facto.

Necesitaremos ideas y apoyo del sector privado
también. Por ejemplo, como los bonos vacacionales que se manejan en Italia,
para gasto con descuento o crédito con ventajas fiscales en el sector hostelero
patrio. Tampoco puede olvidarse el transporte aéreo y otros sectores
estratégicos sensiblemente afectados. Asistirlos para que vuelvan a transitar
solos después. ¿Más deuda pública, entonces? Sí, pero bien usada.

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