
Digi ha decidido que ya es hora de dar el salto definitivo a las bolsas españolas tras un amago previo que se quedó en el tintero por la incertidumbre internacional. La operadora de origen rumano, que se ha convertido en un auténtico torbellino en el mercado de las telecomunicaciones en nuestro país, busca ahora consolidar su crecimiento a través de una salida a bolsa que promete agitar el sector y reforzar su posición frente a los grandes transatlánticos de la telefonía.
No es un movimiento cualquiera, ya que la compañía pretende captar una cantidad importante de capital fresco para seguir desplegando su propia infraestructura de red. Con el visto bueno de la matriz y un plan estratégico bien trazado, la filial española se prepara para debutar en un escenario que, aunque suele ser volátil, parece ofrecer ahora la ventana de oportunidad que estaban esperando para fortalecer sus vínculos con el mercado nacional.
Una estructura financiera diseñada para el crecimiento
La operadora ha comunicado oficialmente su ‘Intention to Float’, lo que supone el pistoletazo de salida para cotizar en los parqués de Madrid, Barcelona, Bilbao y Valencia de forma inminente. La operación se ha estructurado de forma dual, combinando una oferta pública de suscripción (OPS) con una de venta (OPV), lo que permitirá tanto la entrada de capital nuevo como la rotación de títulos ya existentes en manos de su accionista único.
Para no perder el rumbo del negocio, la matriz Digi Communications mantendrá bajo su mando al menos el 75% del capital social, asegurando así que el control estratégico de la filial española no cambie de manos. El objetivo es colocar en el mercado un máximo del 25% de la compañía, una cifra que permite atraer a grandes fondos de inversión sin renunciar a la independencia operativa que les ha permitido crecer a un ritmo vertiginoso en los últimos ejercicios.

Inversión en red y metas para el futuro
El dinero que se recaude, estimado en unos 136 millones de euros netos tras descontar gastos, tiene un destino muy claro: el asfalto y los cables. La compañía quiere meter el turbo a la ampliación de su red de fibra hasta el hogar y, sobre todo, al despliegue de su red móvil propia. Con esto pretenden dejar de depender tanto de los alquileres de redes ajenas, lo que a la larga se traduce en un ahorro de costes considerable y en un control total sobre la calidad del servicio que ofrecen a sus abonados.
A día de hoy, la firma ya cuenta con una base sólida de 11,4 millones de clientes en España, liderando con solvencia las estadísticas de portabilidad mes tras mes. Sus previsiones para el cierre de 2026 son optimistas, apuntando a unos ingresos que podrían superar los 1.080 millones de euros. Si los planes salen según lo previsto, esperan que su rentabilidad se dispare por encima del 30% a medio plazo, consolidándose como el tercer gran operador de banda ancha fija en el país.
Este movimiento estratégico en los mercados financieros representa la culminación de una etapa de expansión agresiva basada en precios competitivos y una gestión operativa muy ajustada. Al abrir su capital a inversores institucionales y contar con el respaldo de fortunas locales, la operadora no solo blinda su estructura financiera para futuras inversiones, sino que también gana una reputación corporativa que le permitirá competir de tú a tú con los operadores tradicionales en un mercado español cada vez más concentrado.