La morosidad de la banca española ha vuelto a dar un respiro en febrero y se ha colocado en niveles que no se veían desde antes de la crisis financiera. Según los últimos datos del Banco de España, el sistema financiero cierra el mes con una ratio de impagos del 2,69 %, ligeramente por debajo del 2,71 % registrado en enero.
Este descenso, aunque pequeño en términos porcentuales, supone un nuevo hito para el sector, ya que se trata de la tasa de morosidad más baja desde septiembre de 2008. Todo ello se produce en un contexto en el que pesan factores como los conflictos geopolíticos, la presión de la inflación sobre las rentas y los temores a una desaceleración económica, que de momento no se han traducido en un aumento significativo de los impagos.
Un descenso apoyado en más crédito y menos impagos

Este bloque agrupa la mayor parte del negocio bancario tradicional en España, por lo que su buen comportamiento en términos de morosidad es clave para la estabilidad del sistema financiero. El hecho de que la relación entre créditos concedidos y créditos impagados continúe mejorando ofrece cierto colchón ante eventuales tensiones futuras.
Además, el descenso de la mora, unido a un ligero crecimiento del crédito, contribuye a aliviar las necesidades de provisiones y a reforzar la capacidad de las entidades para asumir shocks económicos. Todo ello se traduce en un entorno algo más cómodo para la gestión del riesgo de crédito en bancos, cajas y cooperativas.
Comportamiento de las financieras de consumo
El otro gran bloque que vigila el Banco de España es el de las entidades especializadas en financiación al consumo. En este segmento se aprecia una dinámica algo distinta: la ratio de morosidad ha repuntado ligeramente en el último mes, aunque la tendencia a doce meses sigue siendo positiva.
En febrero, la morosidad de las financieras de consumo pasó del 5,06 % marcado en enero al 5,10 %. El ligero aumento se produce pese a que el volumen de préstamos impagados se redujo un 0,4 %, hasta los 2.146 millones de euros. Esta aparente paradoja se explica porque el comportamiento del denominador (el total de crédito concedido) y del numerador (los créditos morosos) no siempre se mueve al mismo ritmo.
Aun así, si se echa la vista atrás, el resultado es claramente mejor que hace un año. En febrero de 2025, estas mismas entidades presentaban una morosidad del 5,86 %, de modo que en doce meses la ratio se ha reducido en más de siete décimas. La cartera, por tanto, sigue mostrando una mejora gradual, aunque parte de niveles sensiblemente más altos que los de la banca tradicional.
Este tipo de financiación, muy ligada a compras de bienes duraderos, gastos personales y crédito rápido, suele ser más sensible a los cambios en el ciclo económico y a la capacidad de pago de los hogares. Por eso, el hecho de que la morosidad se mantenga contenida pese al encarecimiento del coste de la vida es un dato que el mercado observa con atención.
Contexto económico y posibles implicaciones
El movimiento de la morosidad se produce en un entorno marcado por incertidumbres a nivel global: conflictos geopolíticos abiertos, previsiones de menor crecimiento en algunas economías europeas y el efecto acumulado de la inflación sobre la renta disponible de familias y empresas.
Pese a estos factores de riesgo, los datos de febrero sugieren que, de momento, no se está produciendo un deterioro significativo de la calidad del crédito en España. El volumen de préstamos en vigor sigue aumentando de forma moderada y los impagos continúan a la baja, lo que apunta a un comportamiento relativamente sólido de la capacidad de pago de los deudores.
Para las entidades, esta evolución supone un alivio en términos de provisiones y consumo de capital, y facilita que sigan compitiendo en un entorno de tipos de interés más elevados. Para los reguladores y supervisores, el dato refuerza la idea de que el sistema financiero encara con una posición de partida más sólida los retos derivados de la situación económica.
De cara a los próximos meses, la atención seguirá centrada en cómo impactan sobre la morosidad factores como la evolución del empleo, las decisiones de política monetaria y la posible moderación de la inflación. La experiencia de crisis anteriores recuerda que los cambios en la calidad del crédito suelen llegar con cierto retraso respecto al ciclo económico, por lo que el seguimiento de estas cifras seguirá siendo clave tanto para el sector bancario como para los analistas.
Con todo, el último registro del Banco de España deja una fotografía en la que la morosidad bancaria se mantiene contenida, los niveles de impagos encadenan descensos relevantes frente al año anterior y las diferencias entre segmentos (banca tradicional y financieras de consumo) continúan presentes pero con una tónica de mejora generalizada, en un escenario que el mercado observa con cautela pero también con cierto margen de tranquilidad.