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Los mercados financieros con Trump 2.0

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La preocupación de muchos analistas políticos europeos y americanos contrasta con el comportamiento optimista de los mercados financieros tras la victoria de Donald Trump en las presidenciales de EEUU. Un rally que muchos creen que, al menos, llegará hasta fin de año. Llueve sobre mojado. Se revaloriza lo que ya estaba en máximos históricos en renta variable de ese país. Las rebajas fiscales prometidas por Trump y las expectativas liberalizadoras de la economía —en particular en el ámbito tecnológico, en un país líder mundial con sus BigTech— explican en gran parte ese optimismo desbordado. Las ganancias también han alcanzado plazas financieras europeas, aunque menos intensamente. Los menores tipos de interés están ayudando, pero hay nubarrones ante un Estados Unidos más proteccionista.

Dos elementos de los mercados merecen la atención con la nueva administración republicana. El primero es el actual (y elevado) valor del NASDAQ y otros mercados de renta variable. Máximos históricos continuamente. Se entiende que una promesa de menores impuestos impulse la renta variable. Sin embargo, estas ganancias persistentes —especialmente de las tecnológicas— tienen también mucho que ver con las grandes expectativas que se tienen sobre los nuevos avances en el ámbito de la Inteligencia Artificial (IA), donde se está invirtiendo cientos de millardos de dólares. La IA es la gran palanca de crecimiento económico. La nueva administración republicana probablemente la potenciará aún más con una regulación más laxa que en otras latitudes (la UE, por ejemplo), favoreciendo a sus BigTech. La tremenda valoración de la empresa de microprocesadores NVIDIA es el ejemplo más ilustrativo. Los inversores siguen estando cómodos así, pero el riesgo es que esta aparente burbuja de activos se corrija bruscamente. Se echa de menos más contundencia reclamando prudencia por parte de las autoridades americanas. En cuanto a la UE, se encuentra en una encrucijada histórica —señalada en los dos informes de Enrico Letta y Mario Draghi— para no perder el tren tecnológico global de la IA pero también en otros sectores, como el energético o financiero. Es su momento de la verdad en estas industrias, más aún con el nuevo panorama en EEUU.

El segundo caso, aún de mayor riesgo, es el impulso a los criptoactivos, promesa electoral de los republicanos. Y ya se han producido notables ganancias para Bitcoin, entre otros. Es un terreno ya de por sí muy peligroso, con los enormes vaivenes de su valoración, que no siempre es fácil explicar.  Con especulación y manipulación de precios. Si con una regulación más favorable se amplía el uso de las cripto a mayores capas de la población, muchos de ellos desconocedores de sus riesgos, aumenta notablemente la amenaza para el futuro de la estabilidad financiera. En suma, mayores ganancias a corto plazo y muchos mayores riesgos e incertidumbre a medio plazo.

Este artículo se publicó originalmente en el diario La Vanguardia.

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La llegada de la IA a la gestión de tesorería: Retos y oportunidades

5 minutos de lectura

La llegada de las tecnologías emergentes ha cambiado el panorama en la gestión de tesorerías y la proyección profesional de los directores financieros. El próximo 28 de noviembre, Sage estará presente en DIRFCON y comentará las principales tendencias en la gestión de tesorería.

  • La integración de datos o el uso de tecnologías como la IA y el blockchain agiliza los procesos en el área de tesorería.
  • Los equipos financieros requieren de personal cualificado para implementar los avances tecnológicos y diferenciarse a nivel competitivo en el mercado.

La automatización de tareas, la integración de datos y el uso de tecnologías emergentes tiene dos grandes derivadas relacionadas con la gestión de departamentos financieros, concretamente áreas de tesorería.

Por un lado, dota de agilidad la toma de decisiones. Esto, permite a los equipos no tener que esperar semanas o meses a que una conciliación bancaria o un macheo contable alerte de un problema. 

Por otro lado, tecnologías como la inteligencia artificial permite que los equipos dejen de lado tareas administrativas, repetitivas y sin valor. Esto, les permite centrarse en lo que realmente aporta valor: apoyar las necesidades de otros departamentos y, sobre todo, aportar ideas nuevas al negocio

Con esto, se logra que todo el equipo tenga más tiempo de análisis, y no solo algunos perfiles, como ocurría hace años. 

Todo esto influye en la configuración de los equipos financieros. Los equipos ya no son varios que piensan y deciden, y varios que ejecutan. Se requiere de un personal cualificado, no solo para manejar sistemas e interactuar con ellos, sino capaces de detectar e implementar mejoras en los distintos procesos automatizados. 

CONTENIDO DEL POST

Sage

El efecto de las nuevas tecnologías en la gestión de tesorería

Una de las mejoras que ha supuesto la llegada de la automatización o el blockchain es la agilidad y, por tanto, la minimización de errores. Tareas que dependen de la concentración de una persona, pasan a ser una automatización que sigue una regla determinada de comportamiento. Además, permite alertas para, en caso necesario, sea la acción de una persona la que desbloquee una determinada situación surgida.

En todo ese tiempo no dedicado a tareas administrativas, hemos de ser capaces de convertirlo en trabajo de valor añadido a la organización, al resto de departamento. Aunque siempre existirá el riesgo de que todas esas tareas automatizadas sean suficientes para unos mínimos, y no haya nunca un departamento financiero potente.

Sin embargo, es crucial pensar que la entrada en este mundo cada vez más digital, lleno de oportunidades para todos y, concretamente, para el departamento financiero, nos requiere acertar bien con el partner digital

Por ello, dado que es un mundo lleno de riesgos que hemos de tener en mente siempre, debemos estar tan al día en temas como: tener datos en la nube o que un usuario pueda conectarse en remoto. Esto, abre muchas puertas a que los sistemas de la compañía pueden ser hackeados o robados, lo cual puede parar una compañía completa.

Por lo tanto, estamos viendo que, en cada caso habrá que evaluar bien y que desarrollar e implementar, involucrando al equipo completo y dedicando el tiempo necesario. Es más, se requerirán unos procedimientos adecuados de prevención, mucho mayor de lo que se requería con las metodologías tradicionales.

¿Qué esperar de los directores financieros?

El panorama actual también afecta al rol del director financiero. En la actualidad, no se le pide que lleve la contabilidad al día, las conciliaciones bancarias al día, los pagos y cobros al día… Esto se da por hecho que se hace, y bien, y rápido. 

«Se nos pide a los directores financieros que nos empapemos de los riesgos y nos involucremos en los planes de crecimiento a todos los niveles.»

Rafael Merino, CFO y Director de Compras Grupo Malvón

Cada vez vale menos el “yo no llevo eso”, porque los CEOs y dueños de empresas, esperan un financiero con tentáculos largos, en cada proyecto abierto y por abrir.

Si antes se esperaba que controlara: una refinanciación, una negociación de un préstamo sindicado, un ERE y un lanzamiento internacional. Ahora, lo que está por venir, no será igual a nada de lo que haya ocurrido en los últimos años. Por lo que se prefiere alguien multidisciplinar:

  • Que se lleve bien con los sistemas.
  • Que tenga mucha mano con otros departamentos.
  • Que sea capaz no solo de traducir los hechos en asientos contables, sino de prever y de ayudar a tomar decisiones, siempre con varios escenarios en mente, y cada vez más en corto plazo. 

Los planes a 5 años han dejado de ser útiles y creíbles

Es importantísimo manejar distintos escenarios y tener propuestas de acción para cada uno de ellos, porque tendrán riesgos diferentes y requerirán KPIs, seguimientos y acciones diferentes.

Es decir, no quiero al analista perfecto de un KPI, sino a la persona capaz de pensar en el nuevo KPI que me ayudará a manejar mejor el negocio, y por lo tanto, dote a la compañía de mayor rentabilidad, mayor liquidez, menos errores…

Un departamento con una labor, en el pasado, mucho más normativa y de cumplimiento, de repente, se convierte en una opción de marcar la diferencia con otras empresas, y tener una ventaja competitiva. ¿Cómo? Mezclando sistemas adecuados, ágiles, que minimicen errores, y un equipo que los maneje y los configure. 

Sobre todo, un equipo valiente, cuyos sistemas le permiten, por un lado, tomar mejores decisiones y un entorno que casi el 100% de las veces, no ayuda al cumplimiento en el largo plazo y nos hace conscientes de que se requerirán correcciones por el camino.

Si quieres saber más, Sage participará en DIRFCON el próximo 28 de noviembre en una charla sobre las principales tendencias en la gestión de tesorería. ¡Descubre cómo aprovechar estas innovaciones tecnológicas y liderar el cambio en tu organización!

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Las nuevas reglas de la tesorería: IA, big data y cloud computing para la gestión financiera

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Tecnologías como la inteligencia artificial, el big data y el cloud computing están transformando la gestión de la tesorería y redefiniendo el papel estratégico de los directores financieros. 

  • El 28 de noviembre, en el Congreso Nacional de Dirección Financiera (DIRFCON), participaremos en la charla titulada “Principales tendencias en la Gestión de Tesorería”. 
  • En este artículo, avanzamos algunas ideas sobre el nuevo escenario en el que se mueve la gestión financiera. 

La llegada de la inteligencia artificial y otros procesos de automatización están revolucionando la forma en que las empresas gestionan su tesorería. Procesos antes manuales y tediosos, como la conciliación bancaria o la previsión de flujos de efectivo, ahora pueden realizarse de manera más eficiente y precisa. 

Este cambio no solo afecta a las operaciones internas, sino que también tiene un impacto directo en la agilidad y competitividad de las empresas. Identificar y adoptar estas tendencias con suficiente antelación puede marcar la diferencia en un mercado tan dinámico. 

CONTENIDO DEL POST

Sage participará en el Congreso Nacional de la Dirección Financiera (DIRFCON) que se celebrará en IFEMA el próximo 28 de noviembre, en una interesante charla sobre las Principales tendencias en la gestión de Tesorería. 

Los nuevos retos a los que se enfrenta el CFO 

La figura del director financiero ha cambiado. Su labor ya no se limita a revisar datos contables o fiscales, realizar previsiones de cobros y pagos o comprobar desviaciones en los presupuestos. 

Hoy en día es un apoyo esencial para que el CEO pueda ejercer una buena labor, y resulta necesario para poder aterrizar los planes de crecimiento o expansión de la empresa. Para asegurar el flujo de recursos necesario y, en definitiva, aportar su visión estratégica en la toma de decisiones

Todo eso pasa por una premisa fundamental: conseguir la mayor eficiencia en el desempeño de sus funciones. Tecnologías como la inteligencia artificial, el big data y el cloud computing están redefiniendo cómo las empresas gestionan su tesorería

Hacia dónde va la gestión de la tesorería  

La implementación de herramientas como la inteligencia artificial permite en la tesorería: 

  • El ahorro de gran cantidad de tiempo y, por tanto, de dinero al dejar de lado numerosas tareas manuales repetitivas y que aportan poco valor. 
  • La minimización en la comisión de errores en todo lo relativo a cobros y pagos. 
  • El disponer de información actualizada al momento, lo que dará lugar a informes más veraces. 
  • Mayor control de los fondos y de la liquidez inmediata de la empresa. 
Sage

La IA, el big data y el cloud computing marcan las nuevas reglas en la gestión de la tesorería 

En DIRFCON, junto a diferentes compañeros del sector, hablaremos sobre las principales tendencias en la gestión de tesorería. Trataremos de explicar cómo la inteligencia artificial o el blockchain verifican transacciones financieras de forma segura, aumentan la eficiencia operativa y aseguran una mayor transparencia. 

Inteligencia artificial y tesorería 

La IA generativa puede producir contenido o soluciones nuevas basándose en el aprendizaje que realiza a partir de los datos que se le proporcionan. 

Esto aplicado al mundo de las finanzas y, más en concreto, al de tesorería, se traduce en: 

  • Poder llevar a cabo automatizaciones que van más allá de las labores simples y rutinarias, por lo que los softwares podrán realizar acciones complejas con solo pulsar un botón.  
  • La conciliación bancaria que tanto tiempo viene requiriendo hasta ahora (y que es tan necesaria) podrá hacerse de manera mucho más precisa y eficiente. 
  • Procesar y categorizar transacciones de forma automática. No solo disminuye el tiempo y esfuerzo necesarios para tareas manuales, sino que también contribuye a una gestión del flujo de caja más eficiente y a la reducción de errores humanos. 
  • Análisis de patrones históricos y detectar tendencias. Los equipos financieros podrán optimizar los saldos de efectivo y asegurar los recursos disponibles en el momento correspondiente. De esta manera, no se inmovilizará capital innecesariamente. 

Big data y la gestión de fondos 

El big data es lo que permite almacenar, gestionar y analizar grandes volúmenes de datos y hacerlo a una altísima velocidad. 

Esta tecnología es aplicable a cualquier aspecto del negocio en el que se maneje información. Las finanzas, en este caso, son un campo perfecto en el que desplegar sus beneficios:  

  • Análisis de un gran volumen de datos. 
  • Detección de patrones. 
  • Anticipar posibles fraudes. 
  • Elaboración de informes. 

El cloud computing 

El poder gestionar los cobros o los pagos desde cualquier lugar del mundo con conexión a internet y elaborar informes financieros desde una aplicación instalada en el teléfono móvil. Así como comprobar el montante del dinero disponible en un momento dado sin necesidad de estar en la oficina ni en horario de trabajo. Todo ello es posible gracias al cloud computing

Los softwares en la nube dotan a la gestión de la tesorería de una agilidad, flexibilidad e inmediatez que no consiguen los programas de instalación local. 

En definitiva, como veremos en la ponencia, la gestión de tesorería de las empresas de cualquier tamaño está evolucionando constantemente hacia una mayor eficiencia mediante la implementación de tecnologías más innovadoras, permitiendo al CFO adoptar una posición mucho más estratégica. 

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Tras las elecciones de EE UU: hacia un mundo más transaccional

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Los últimos cuatro años bajo la presidencia de Joe Biden en Estados Unidos han resultado ser un paréntesis entre las dos Administraciones de Donald Trump, tras su holgada victoria del pasado día 5. Se está especulando mucho sobre cómo será esa segunda presidencia de Trump y las repercusiones económicas, políticas y sociales que tendrá en su propio país y a escala global. Muchos Gobiernos y analistas esperan con preocupación esta segunda etapa del futuro presidente republicano. Su campaña fue agresiva y hasta cierto punto amenazante en muchos asuntos. Su afán por impulsar sin contemplaciones la producción y las empresas norteamericanas, sobre todo las tecnológicas, fue uno de los principales mantras. No cabe duda de que, si cumpliera todo lo que se comprometió, su país y el mundo sufrirían una gran disrupción económica y social. Habrá que esperar.

De entrada, a escala nacional, es más que probable una reducción de impuestos y, aunque Trump se ha comprometido a reducir el gasto público, está por ver si finalmente disminuirá este. Por ello, si la bajada de impuestos es mayor que la caída del gasto público, el déficit público persistirá, con lo que la inflación podría rebotar, con las consecuencias bien conocidas. La Reserva Federal pasará a tener más cautelas a la hora de continuar bajando los tipos. Esto podría tener efectos sobre lo que otros bancos centrales decidan –como el BCE, por ejemplo– en materia de precio oficial del dinero. En todo caso, sus mayores tipos de interés favorecen y lo continuarán haciendo la apreciación del dólar, y pueden generar algunas tensiones en los mercados financieros, sobre todo en las economías emergentes más dependientes de esa divisa. Por tanto, alguna turbulencia financiera a la vista.

La inmigración ha sido uno de los temas de mayor controversia en la campaña electoral. A escala doméstica será una de las varas de medir de los logros de la nueva presidencia en el corto plazo. Por ello cabe esperar algunas medidas antimigratorias llamativas en las primeras semanas del mandato, que pueden generar tensiones con sus países vecinos y minar las relaciones económicas. Parecen ignorarse los efectos positivos de la entrada de nuevas personas en un país, y sorprende lo poco que se comenta el gran potencial que ha supuesto para Estados Unidos la entrada de trabajadores y de talento foráneo en estos años. Los beneficios superan ampliamente a las posibles desventajas.

Además del comentado dinamismo de su mercado de trabajo, Estados Unidos cuenta con una economía con mayores grados de flexibilidad que la mayor parte del mundo occidental. Asimismo, ha demostrado –excepto, quizás, respecto a China y algún emergente– sus comparativamente elevados dinamismo e innovación, que le ha llevado a mejorar su productividad, gozar de mayor crecimiento macroeconómico y situarse en la frontera tecnológica del mundo.

Una mayor liberalización –es muy probable que ocurra– de los sectores productivos y tecnológicos reforzará esa ya elevada ventaja competitiva que Estados Unidos lleva a la Unión Europea y otros países. En todo caso, la excesiva liberalización, sobre todo en el ámbito tecnológico, no está exenta de riesgos. Sobre todo en todo lo relacionado con las criptos, que Donald Trump ha afirmado que impulsará. Por su parte, se pueden exacerbar riesgos en el ámbito de la ciberseguridad y de control de la inteligencia artificial. La IA es, sin duda, la principal fuerza motriz de las inversiones en el mundo hoy en día, pero con riesgos crecientes que una excesiva desregulación puede llevar demasiado lejos.

El proteccionismo es otra de las grandes directrices de su segundo mandato, tal y como lo fue en el primero. Hay que reconocer que Joe Biden también practicó una estrategia proteccionista, aunque su talante fue más negociador y multilateral. En los próximos años, cabe esperar un recrudecimiento de la guerra comercial con China, combinada con la pugna tecnológica y los conflictos geopolíticos, un cóctel de alto voltaje. La UE y otros países también sufrirán probablemente el nuevo proteccionismo, con una subida de los aranceles, aunque estén lejos de los niveles de estas tarifas para los productos chinos. En todo caso, todo ello no ayudará a que la economía mundial esté cómoda, y el crecimiento económico se puede resentir.

Para la UE, los próximos años son cruciales. Los informes de Letta (sobre mercado único) y Draghi (sobre competitividad) apuntan a hojas de ruta que Europa no puede obviar. Hay que tomar medidas drásticas para reforzar la innovación, la productividad y la integración de mercados estratégicos. Tener mayores aranceles para exportar a Estados Unidos no ayudará. Tampoco favorecerá una posición de enfrentamiento con la Administración Trump. Ya no sirvió a los europeos en nada en el primer mandato del republicano.

Sabiendo que el presidente electo tiene un carácter transaccional, Europa hará bien en llegar a acuerdos en las materias que sean razonables y sean una vieja demanda de Estados Unidos. Por ejemplo, Trump valoraría positivamente un aumento significativo en gasto en defensa por parte de los europeos –algo que, en todo caso, se necesita sí o sí ante los crecientes conflictos geopolíticos–, y, si se acomete, su espíritu transaccional posiblemente permitiría un mejor tratamiento en comercio o en cualquier otra área hacia la UE.

Esta vez, los europeos haríamos bien en adoptar una visión más transaccional, para llegar a acuerdos de mínimos con Estados Unidos y evitar lo peor de un enfrentamiento o enfriamiento de las relaciones, que perjudicaría a todos. Menos temor a lo que se viene –reconociendo que es mucho– y más capacidad de transaccionar.

Este artículo se publicó originalmente en el diario Cinco Días

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Una tragedia humana pero también económica

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La DANA que ha asolado muchas poblaciones de la provincia de Valencia, así como de otras zonas, ha sido un desastre natural con numerosas pérdidas humanas y económicas. Todavía nos encontramos en estado de shock por la tragedia acontecida, de la que muchas familias nunca se recuperarán, pero es importante también hacer una primera valoración de los descomunales daños económicos. Afectan a amplias capas de la población y de las empresas de las zonas afectadas. Con dos ideas de entrada. La primera es que las pérdidas por el momento son prácticamente incalculables, lo que obligará a adoptar una visión dinámica de las actuaciones y apoyos públicos. La segunda es que hay que ir realizando numerosas actuaciones de urgencia con diligencia desde ya, si no se desea que esos daños ya existentes se multipliquen por la demora. El tejido empresarial —y las infraestructuras— tardarán mucho tiempo en recuperarse, pero no se puede permitir que desaparezca una parte significativa del mismo —que sostiene la economía y bienestar de esta área— por falta de ayudas suficientes. En definitiva, una situación dramática que requiere acciones públicas y privadas (por ejemplo, compañías de seguros) muy contundente, casi sin precedente histórico. 

Por proximidad a lo acontecido y la mayor magnitud de los daños, este artículo se centra en Valencia. Los municipios afectados son unos 65 (850.000 habitantes), en una de las zonas más intensivas en actividad industrial y de servicios de todo el país. Ha afectado a muchos pequeños y grandes negocios, cultivos y al turismo. La gran magnitud la ilustra un primer paquete de 10.600 millones de euros aprobado en el Consejo de Ministros del pasado martes en ayudas directas a familias, empresas y ayuntamientos, que incluyen los ERTEs que tanto amortiguaron los problemas laborales en la pandemia. El tiempo dirá si hace falta más y a cuanto podrían elevarse esos recursos adicionales que se puedan necesitar. No se puede tener aún una visión completa de los perjuicios totales. Lo que está claro, es que las pérdidas humanas nunca se podrán compensar. La actividad económica se resentirá significativamente en los próximos meses, que también puede impactar en el PIB español unas décimas. No obstante, más adelante el PIB paradójicamente puede reactivarse cuando empiecen las obras de reposición y mejora de infraestructuras y otras inversiones. Sin embargo, habrá un impacto financiero negativo inevitable sobre el déficit y deuda pública.

Por último, una lección fundamental es la necesidad de desarrollar mejores indicadores y protocolos de alerta para estos eventos de muy baja probabilidad, pero descomunales pérdidas humanas y económicas. La sociedad del siglo XXI tiene suficientes resortes científicos y tecnológicos —incluida la inteligencia artificial— para modernizar esos procedimientos y aminorar los terribles daños de las catástrofes naturales.

Este artículo se publicó originalmente en el diario La Vanguardia.

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Cuando la economía crece, pero es difícil percibirlo

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Hace unos días, impartiendo una conferencia, surgió una pregunta sobre cómo se podían reconciliar las comparativamente elevadas –y revisadas al alza recientemente– tasas de crecimiento de la economía española con la percepción de que las cosas no van tan bien a pie de calle. Algunos indicadores apoyan esa sensación, como son la pérdida de poder adquisitivo con la inflación, los relativamente bajos salarios y las enormes dificultades de una parte considerable de la población para acceder a una vivienda asequible. 

A escala macroeconómica, las sorpresas están siendo positivas. Ya son dos años en que las previsiones de crecimiento van mejorando conforme avanza el ejercicio y el dato efectivo final confirma ese pronóstico más optimista. En 2024, a pesar de los titubeos globales y de la Unión Europea, con un cierto debilitamiento de la coyuntura, la previsión del FMI de la semana pasada sitúa el crecimiento para España en el 2,9%, de los valores más elevados a escala global y por encima de los del propio Gobierno (2,7%). Medio punto por encima de lo que dijo en abril, que a su vez ya había mejorado la anterior estimación. Funcas estima algo más (3,0%).

Estas correcciones –al alza– muestran lo complejo que es realizar estimaciones macroeconómicas muy precisas, y el PIB es uno de los casos más claros. Tal vez, si los agentes económicos e inversores hubieran tenido de referencia el 3% como crecimiento a primeros de año, habrían apostado más por nuestra economía. De ahí la gran importancia de revisar las previsiones si hay elementos que obligan a ello. Sin olvidar que algunos abogan por mejorar metodológicamente la estimación del PIB para que refleje otros aspectos más cualitativos del bienestar.

El crecimiento español está teniendo varios vientos de cola. Uno de ellos es el crecimiento de la población, fundamentalmente con la inmigración. En 2022, el saldo neto migratorio fue de 727.000 personas. 2023 y 2024 han ido incluso a más. Esto siempre lleva aparejado un aumento de la actividad económica, más aún cuando el paro sigue bajando (gradualmente) y el número de afiliados a la Seguridad Social está en máximos. No obstante, ese aumento de la población explica que el PIB per cápita o la productividad no hayan evolucionado tan favorablemente.

También parece estar jugando a favor del fuerte crecimiento de España nuestro mix energético, más diversificado y con mayor y creciente peso de las renovables, lo que parece un elemento diferencial con respecto a episodios inflacionarios pasados. Comparando con otros países, la situación energética, por ejemplo, de Alemania con una gran dependencia del gas –y hasta 2022 del proveniente de Rusia– genera muchos más problemas.

Asimismo, la especialización productiva en servicios –muchos muy competitivos–, con alta demanda en estos momentos, y no solo los turísticos, ayuda a que la economía española esté teniendo un buen desempeño comparado con otros socios europeos con un mayor peso industrial, con un cierto declive en demanda y en un proceso de reestructuración, como es el caso del automóvil.

Otro factor que ha ayudado a una mayor tasa de crecimiento económico de España es la contribución de los fondos Next Generation EU, que ha representado unas décimas de crecimiento en los últimos años. Está por ver el aprovechamiento de esos fondos a largo plazo para proyectos de modernización, digitalización y sostenibilidad y si generan efectos arrastre permanentes para la economía, de cara a los necesarios incrementos de productividad, que vendrían acompañados de mejores salarios y de un mayor bienestar.

El fuerte crecimiento del PIB, al venir acompañado de un intenso aumento de la población, ha dado lugar a que la renta per cápita no haya evolucionado tan favorablemente. Hace poco se recuperaron los niveles de renta per cápita de 2019. El proceso inflacionario –intenso durante dos años– ha hecho perder poder adquisitivo a buena parte de la población, lo que redunda en la sensación de muchos de que las cosas no van tan bien económicamente. Solamente las personas mayores de 65 años están con mejores niveles de renta per cápita que en 2019, al ser las que más pueden ahorrar.

El que el ahorro no llegue a generaciones más jóvenes, con una mayor capacidad de movilizarlo en demanda y gasto, es un cierto lastre. Si a esto se le añade el fuerte encarecimiento de un activo como la vivienda –la inversión más importante a lo largo de nuestra vida–, con graves problemas de acceso a ella de modo asequible en zonas tensionadas, la percepción es que la situación económica para muchos no va tan bien como parece mostrar el indicador agregado de crecimiento del PIB.

Una de las claves para que se alineen más los indicadores macro de actividad económica con los micro (per cápita) en un contexto de aumento de la población pasa por un aumento de la productividad. Por ejemplo, crear un entorno más amigable a las empresas, que incentive la inversión doméstica, que se ha debilitado en los últimos trimestres. Contrasta con el mejor comportamiento de la inversión extranjera. 

Asimismo, una mayor inversión tecnológica (inteligencia artificial) ayudaría a sentar mejores bases para el aumento de la productividad, con lo que podría consolidar el fuerte crecimiento actual a largo plazo, y además las remuneraciones salariales podrían mejorar. Si además se aceleran otras actuaciones públicas, como son las relacionadas con mejorar el acceso a una vivienda asequible, las sensaciones individuales se acercarían al frío (y positivo, sin duda) dato de crecimiento agregado.

Este artículo se publicó originalmente en el diario Cinco Días

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Tribulaciones globales

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Este 2024 electoral se cierra con las presidenciales estadounidenses del 5 de noviembre. De lo que allí se decida probablemente se abra un nuevo ciclo político internacional con ramificaciones económicas. Si gana Donald Trump, se puede volver a las tensiones comerciales proteccionistas y geoestratégicas de cuatro años atrás. Sin embargo, no hay garantías de que desaparezca esta tensión internacional si ganara Kamala Harris, como se ha demostrado en la presidencia de Joe Biden, de la que la formaba parte, con políticas proteccionistas como la Inflation Reduction Act, que incentiva y promueve con ayudas de Estado las inversiones mediante la fabricación nacional. Aun así, una victoria de Trump apunta más claramente a subida de aranceles y más proteccionismo. Harris probablemente adoptaría una visión más multilateral, pero, en el fondo, esa política no desaparecería. Como esta semana el FMI ha alertado, esas estrategias dañan el comercio y deteriorará el crecimiento global.

Ese proteccionismo se dirigirá sobre todo a China, el otro gran gigante comercial, y con el que Estados Unidos lleva un “contencioso” comercial y geoestratégico desde hace años. El país asiático es la mayor amenaza competitiva productiva y tecnológicamente. Los coches eléctricos son el elemento principal del conflicto, en el que la UE también está subiendo aranceles. Dos ángulos deben considerarse. Por un lado, las tensiones existentes para lograr la supremacía tecnológica. Con dos modelos muy distintos, y cada una con grandes empresas tecnológicas que dividen el mundo en dos. Por otro, la competencia china en muchos bienes se considera desleal, especialmente en los coches eléctricos. Europa se ha quedado en claro fuera de juego, a pesar de su mayor énfasis en políticas industriales sostenibles, en la competencia de los coches eléctricos. En cualquier caso, Europa debe, sí o sí, aumentar su competitividad global. China ha amenazado con responder a los aranceles de la UE. No ayuda al gigante asiático el que su economía despierte crecientes dudas y algunas de sus fortalezas pasadas —alta natalidad y mano de obra barata— estén desapareciendo. Otras incertidumbres políticas internacionales de China —sus vínculos con Rusia, Irán y Corea del Norte, por ejemplo—, y las crecientes tensiones con Taiwán dificultan aún más el acercamiento entre bloques. 

Este entorno comercial y económico turbulento viene acompañado de conflictos geopolíticos, como las guerras de Ucrania y de Oriente Medio. Ninguna parece mejorar, aunque el resultado de las elecciones en EEUU puede suponer un punto de inflexión. Salvo el tremendo efecto inflacionario inicial de la guerra de Ucrania, el impacto negativo sobre la macroeconomía global ha sido menor del esperado, lo que demuestra que ahora parecen gestionarse mejor estas crisis. Incluso Rusia ha notado mucho menos los efectos del embargo, gracias al desarrollo de un sistema de pagos alejado de dólar en el que el oro —con valoración disparada— y las criptodivisas, entre otros, juegan un papel importante. Este modelo de pagos alternativo también puede tener consecuencias impredecibles en este entorno mundial atribulado.

Este artículo se publicó originalmente en el diario La Vanguardia.

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Otra reducción de tipos de interés y los mismos mensajes a futuro

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Este jueves 17 de octubre se celebra reu­nión del Consejo del Banco Central Europeo (BCE), con decisiones de política monetaria. Se espera una nueva reducción de los tipos de interés de 25 puntos básicos. Sería una sorpresa –casi morrocotuda– que no se produjera, o que esta bajada fuera mayor, entre otras razones, porque en los últimos años la percepción del mercado de los días antes a las reuniones sobre lo que iba a determinar el BCE ha dado en el clavo. Casi nos hemos olvidado de los sobresaltos monetarios. La política monetaria se ha hecho más previsible. Aún es pronto para saber si los efectos de esa mayor predictibilidad son positivos o no para la efectividad de la política monetaria. Hasta ahora, parece que no ha funcionado del todo mal, porque las subidas acontecidas desde julio de 2022 a septiembre de 2023, cuando se produjeron, no causaron sorpresa y parece que la inflación ha ido remitiendo en paralelo al encarecimiento del precio oficial del dinero.

Se pronostica la disminución de tipos de este jueves basándose en el buen dato de inflación de septiembre y en una coyuntura económica cada vez más débil a escala de la zona euro. Por ejemplo, la confianza de los consumidores repunta, pero muy lentamente, y se encuentra en niveles históricamente bajos. Asimismo, hay algunos datos del mercado de trabajo –aun reconociendo que ha resistido bien desde la pandemia– que se encaminan a un cierto debilitamiento.

Todo ello limitará la fortaleza del consumo privado y, por tanto, de la demanda, a la vez que la tasa de ahorro se mantiene elevada ante la creciente incertidumbre. Esa demanda menos potente se ha comenzado a notar en los beneficios empresariales de la zona euro y también es el principal factor que restringe la producción de bienes y servicios. Especialmente en el caso de las mercancías, aunque se espera que los servicios también se contagien de esa menor actividad.

De este modo, no puede sorprender que los indicadores de confianza empresarial se estén resintiendo también. Las proyecciones macroeconómicas del BCE a comienzos de año eran más optimistas que las actuales, y esto le obliga a actuar con un nuevo alivio financiero vía tipos de interés. Más probable aún por el alcance de la desinflación a día de hoy. Eso sí, en los próximos meses es probable un suave repunte de la inflación ante la retirada de algunas medidas en algunos países (por ejemplo, recuperación del IVA normal) y un cierto encarecimiento energético por las tensiones geopolíticas de Oriente Próximo. En todo caso, los pronósticos del BCE y de los analistas son que en 2025 se estabilizará la inflación general y subyacente en torno a su referencia (2%).

La transmisión de la política monetaria a través de menos crédito y más caro se ha continuado manteniendo hasta la fecha, lo que explica en gran parte la desinflación, pero también la debilidad macroeconómica de los últimos meses. A pesar de las reducciones de los tipos, se espera que la política de concesión de crédito siga siendo restrictiva, por un entorno de baja tolerancia al riesgo ante una economía que se debilita y la menor liquidez global actual. Harán falta nuevas rebajas en el precio oficial del dinero para que las condiciones financieras se modifiquen significativamente, la concesión de préstamos se reactive y se perciba más la disminución de los costes financieros para familias y empresas. La transmisión monetaria actúa con cierto retardo a través del mecanismo financiero, pero en unos meses se deberían de notar unas condiciones de crédito algo más laxas.

¿Y qué se espera de las próximas reuniones del BCE? Muy probablemente, más de lo mismo, con una nueva disminución de los tipos –nuevamente de 25 puntos básicos– en la reunión de diciembre. Sin embargo, no es probable que la presidenta Lagarde se comprometa en la rueda de prensa de este jueves completa y claramente con esa reducción o con las que probablemente continuarán en 2025. Amagará con que sí, que llegarán nuevas bajadas, sobre todo si los datos macroeconómicos en los que se basen sus declaraciones muestren deterioro y justifiquen más caídas del precio oficial del dinero, pero sin llegar a comprometerse totalmente.

Por tanto, se mantendrá la estrategia de ir reunión a reunión en función de lo que los datos vayan exhibiendo. Hasta ahora, en un contexto poco convulso de mercados como el actual, no comprometerse con una estrategia de modo definitivo no parece haber funcionado mal. El BCE parece haber estado cómodo con lo que el mercado iba percibiendo entre reuniones de su Consejo, y no ha facilitado ningún sobresalto monetario, que sí habría acontecido de darse una decisión inesperada.

Esta situación de cierto confort sobre las expectativas de tipos de interés para todos los participantes del mercado (bancos centrales, entidades financieras, inversores, ahorradores) puede durar algo más. Sin embargo, nada garantiza que la estabilidad de los mercados financieros se mantenga a medio plazo. Ni en los mercados globales, donde el resultado de las elecciones presidenciales estadounidenses, la aparente sobrevaloración del Nasdaq, los conflictos geopolíticos o las tribulaciones económicas de China, entre otros posibles factores, pueden cambiar esa percepción de cierto confort. En la zona euro, las dudas sobre la competitividad productiva futura a medio plazo y, de modo más cercano en el tiempo, los interrogantes fiscales de la UE, que generan creciente preocupación, con un gigante como Francia a la cabeza, y que habrá que seguir muy de cerca. En suma, ambiente monetario predecible… por ahora.

Este artículo se publicó originalmente en el diario Cinco Días

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La vivienda necesita mucha más política

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El grave problema de vivienda se traslada a otras partes de la economía y la sociedad, que parecen entrar en crisis también desde hace unos meses. La falta de oferta, sobre todo en alquiler, se ha trasladado a otros mercados. Por ejemplo, con el comienzo del curso académico hace unas semanas se puso de manifiesto la falta de vivienda asequible para estudiantes, que metió presión a las plazas de las residencias universitarias. Por tanto, el problema inicial de falta de vivienda en alquiler, que antes completaba bien la oferta de alojamientos universitarios, se ha expandido a otro segmento de mercado cercano. No es el único. La vivienda vacacional ha estado en el ojo del huracán, porque su fuerte crecimiento ha restringido aún más la oferta habitual de alquileres de largo plazo. Aunque es evidente que hay muchas mejoras que hacer en el uso del tipo de contrato vacacional, una excesiva regulación —como era la que se intentó aprobar sin éxito—, podría contribuir a retraer aún más la oferta. También se ha hablado de la proliferación de concesión de licencias hoteleras en muchas ciudades con gran crecimiento turístico, como Valencia, que ha aprobado más de 20 nuevos establecimientos este año. Así, el modelo turístico también se ve afectado, pero, a la vez, ese mismo modelo también impacta en la disponibilidad de alquiler a largo plazo. También la atracción de talento se ve dificultada por la escasez de vivienda.

Es una tormenta perfecta. Como en un modelo de equilibrio general en economía, unos mercados afectando a otros, pero el inmobiliario es el que está generando la mayor parte de los cuellos de botella. Se precisan muchas actuaciones, no hay una varita mágica. Se necesitan más de 150.000 viviendas nuevas anualmente, más de un millón en total en el próximo decenio. Y será necesario poner toda la carne en el asador en la política para que se comiencen a levantar parte de los obstáculos. Que el gobierno central sea de un signo político y la mayor parte de las comunidades autónomas de otro, no ayuda. Tampoco la falta de Presupuestos. Sorprende que sea tan difícil un consenso en algo tan crítico. Aunque ya se ha tomado cierta conciencia de la gravedad de la crisis de la vivienda, no parece que haya sido suficiente para iniciar acercamientos significativos. Es urgente comenzar a andar. Un buen comienzo sería la aprobación de la Ley del Suelo, que eliminaría mucha inseguridad jurídica. Es necesaria la participación intensa del sector privado, con el sistema bancario a la cabeza, por lo que el diseño de incentivos adecuados es otro elemento fundamental. Y un tercer elemento posible es el diseño en las zonas con mayor escasez de una política de vivienda proactiva para aumentar la oferta de vivienda en alquiler con urgencia. Solamente con avances en unas cuentas líneas empezaría a moverse la ampliación de la oferta, que en todo caso necesitaría años. Tan cerca para comenzar a arrancar, pero a la vez tan difícil.

Este artículo se publicó originalmente en el diario La Vanguardia.

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Delimitando las necesidades de educación financiera de las startups

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¿Cuáles son las competencias financieras que debe tener un emprendedor tecnológico? ¿Son similares a las que necesitan las empresas convencionales? El diseño de los programas de educación financiera se lleva a cabo actualmente de acuerdo con una base conceptual recogida en el denominado marco UE-OCDE/INFE (Red Internacional de Educación Financiera de la OCDE), a través del cual se establecen las competencias financieras necesarias para distintos colectivos poblacionales. En este sentido, el marco propuesto por la OCDE/INFE (2018) incluye, entre otros, las competencias financieras necesarias para los gestores de pymes, en función de la fase del ciclo de vida en la que se encuentra la empresa (prelanzamiento, comercialización, crecimiento y estabilidad/cierre). Este es un marco global y genérico de competencias financieras para emprendedores y gestores de pequeñas empresas. Sin embargo, además del ciclo de vida, las competencias necesarias están condicionadas por las características del sector y del entorno en el que compite la empresa. En concreto, las startups tienen unas particularidades que las diferencian de otros proyectos emprendedores “convencionales”. Por este motivo, es necesario una adaptación del marco mencionado para este tipo de empresas. 

Este es el objetivo del proyecto llevado a término por un equipo de investigación formado por profesores de las universidades de Vigo y Santiago, coordinados por Ernesto López-Valeiras, que han plasmado en un documento próximamente editado por Funcas. Los investigadores, con la colaboración de más de 100 expertos agrupados en tres perfiles (formadores/consultores asesores, emprendedores/gestores y financiadores/inversores), han obtenido una lista de consenso de ocho competencias financieras “esenciales” y otras cuatro “relevantes”, que a su vez se encuadran en tres dimensiones (conocimientos, habilidades y actitudes) y tres áreas de aplicación (elección y uso de servicios financieros, gestión y planificación financiera empresarial y riesgo y seguros).


Como se indica en el informe, la naturaleza de las competencias identificadas se ajusta al panorama de la alfabetización financiera en España y, como se ha señalado previamente, difiere de las sugeridas para empresas convencionales. Con la identificación de estas competencias, los autores del informe creen que se hará posible el desarrollo de programas educativos más específicos y prácticos, que ayuden a los emprendedores a adquirir tanto conocimientos teóricos como habilidades y actitudes financieras fundamentales para el éxito de su proyecto. Al mismo tiempo, señalan que la posibilidad de ofrecer estos programas en formatos accesibles, como cursos en línea o presenciales modulares, respondería a las limitaciones de tiempo de los emprendedores, optimizando su preparación financiera en las etapas más críticas. De este modo, se contribuiría a aumentar las probabilidades de éxito de las startups.

Próximamente esta entrada se actualizará con el enlace de descarga a la publicación.

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