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Cómo reducir el agujero presupuestario

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Desde el inicio de la fase expansiva, los sucesivos Gobiernos se han marcado como objetivo una contención gradual de los desequilibrios presupuestarios. Fruto de este gradualismo, el déficit público se ha ido reduciendo sin descarrilar el crecimiento ni la creación de empleo.

Sin duda, el margen que permitía la marcha de la economía no se ha aprovechado tanto como hubiera sido deseable. Las rebajas de impuestos de hace unos años restaron ingentes ingresos a las arcas públicas, a la vez que fueron innecesarios para sostener una economía en pleno auge. Por otra parte, las asignaciones de recursos se han alejado de las prioridades del país, por el encadenamiento de prórrogas presupuestarias, unido a la falta de evaluación del gasto público, con algunas meritorias excepciones como las spending reviews de la Airef.

La etapa de desaceleración plantea dudas acerca de la estrategia fiscal. La principal incertidumbre radica en el entorno internacional, agravado por la crisis sanitaria surgida en China y que parece extenderse de manera preocupante a otros países. Sin embargo, bajo la hipótesis de una contención del virus en las próximas semanas, la economía global podría rebotar levemente durante la segunda parte del año, de modo que la española mantendría su posición favorable de crecimiento.

En este contexto, en un escenario inercial o sin cambios significativos en la política presupuestaria y en la monetaria, caracterizada por tipos de interés de referencia negativos, la economía todavía crecería un 1,5% este año y un 1,7% en 2021. Con estas tasas, los ingresos de las administraciones se incrementarían ligeramente por encima de los gastos, facilitando un descenso del déficit público, desde en torno al 2,5% del PIB en 2019 hasta el 2,2 en 2022 (por el juego de los estabilizadores automáticos). El resultado es que la deuda pública se estancaría en niveles elevados, manteniéndose como uno de las principales vulnerabilidades de la economía española y dejando poco margen de reacción ante hipotéticos accidentes de mercado o un repunte inesperado, pero nunca descartable, de tipos de interés.

Esto se alejaría de la senda de déficit recién aprobada por el Gobierno, y que supone llevar el déficit hasta el 1,2% en 2022. Por tanto, el esfuerzo fiscal, o diferencia entre el escenario inercial y el objetivo, equivaldría a un punto porcentual, cerca de 13.000 millones de euros. Habida cuenta de los compromisos ya adquiridos, y bajo el supuesto de una estabilidad del gasto público en relación al PIB, los esfuerzos de contención descansarían principalmente en los ingresos.

De ello se puede deducir que las medidas anunciadas, por un monto cercano a 5.400 millones (mínimo de impuesto de sociedades, etcétera), no bastan, aparte de depender de la adopción de nuevos Presupuestos Generales de Estado. Además, algunas como la tasa digital, y casi con seguridad la de transacciones financieras, por tratarse de fórmulas nuevas que requieren tiempo para su puesta en marcha, no generarán recursos antes del próximo ejercicio.

Gráfico 1

Gráfico 2

Fuentes de los gráficos: INE y Funcas (previsiones).

Todavía serían necesarios 7.600 millones en recursos adicionales. Para no elevar los tramos impositivos, una opción es reconsiderar algunas bonificaciones que erosionan la recaudación, drenando más de 37.000 millones anuales, con dudosa utilidad. Estas incluyen, por ejemplo, las dirigidas a la contratación, las deducciones por inversión en fondos de pensión o reducciones de IVA. Todo ello, junto la fiscalidad medioambiental, nos acercaría al objetivo. Las mejoras de gestión, como resultado de las evaluaciones de las políticas públicas que se pongan en marcha, también tendrán un impacto favorable, tanto en la calidad del gasto público como en la asignación de los recursos.

Si bien estos ajustes podrían generar algún malestar, la buena noticia es que apenas restarían una décima de crecimiento en 2021. Además, la mejora presupuestaria tendría un impacto favorable sobre la prima de riesgo, como se ha visto en Portugal, y sobre la inversión productiva. En suma, todavía hay margen para reducir los desequilibrios sin afectar la expansión.

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¿que-podemos-hacer-si-tenemos-todavia-windows-7-en-nuestra-empresa?

¿Qué podemos hacer si tenemos todavía Windows 7 en nuestra empresa?

Analizamos cómo afrontar la situación a la que se enfrentan las empresas con equipos con el sistema operativo Windows 7, después de que el 14 de enero de 2020 haya terminado el soporte de Microsoft.

  • Un sistema operativo sin actualizar es un riesgo para el negocio
  • Puede que las empresas afectadas se encuentren ante una gran ocasión para mejorar o renovar sus equipos

El pasado 14 de enero, Microsoft dio por finalizado el soporte de Windows 7, el sistema operativo más utilizado en las empresas. Ya no recibirán más actualizaciones de seguridad ni se corregirán problemas graves que puedan ser detectados. Aun así, todavía quedan muchos puestos que utilizan este sistema y que presentan un riesgo para su seguridad. 

¡Comparte! ¿Todavía con Windows 7? Te contamos cómo afrontar la pérdida de soporte que se ha producido desde el 14 de enero.

La realidad es que Windows 7 ha sido mucho más longevo que otros sistemas operativos. Ha sido muy estable y podríamos decir que es el último sistema de Microsoft plenamente pensado para trabajar desde el escritorio. De ahí que muchas empresas evitaran instalar Windows 8 o Windows 10, para mantenerse fieles a un sistema que conocían y funcionaba bien. Esto ha provocado que, llegado el fin del soporte, haya todavía muchos equipos operativos funcionando con Windows 7.

Los riesgos de mantener ordenadores con Windows 7

El primer problema que generan estos ordenadores es de seguridad. Febrero será el primer mes donde el segundo martes de cada mes no se lancen las actualizaciones que corrigen problemas detectados. Esto puede provocar que, ante una incidencia grave, una vulnerabilidad de la que haya constancia que está siendo utilizada para controlar los equipos por terceros, en estos ordenadores con Windows 7 no se corrija.

Windows 7 ha sido el sistema favorito de la empresa durante años, pero ahora se ha convertido en un problema

Los equipos de la empresa pueden ser utilizados o controlados con diferentes propósitos, desde ser la fuente de spam, minar criptomonedas o introducir un ransomware que secuestre, a través de un cifrado, los datos de nuestro negocio. Esta última variante sería la más peligrosa.

Ahora bien, no todas las empresas están expuestas al mismo riesgo. Depende de la seguridad que se mantenga dentro de la red. No es lo mismo trabajar con equipos dentro de un dominio que implanta una serie de restricciones para los usuarios, con una empresa que tiene un cortafuegos que controla y limita el tráfico de su red que una pyme donde los usuarios trabajan en grupo de trabajo y todos tienen privilegios de administrador. Este segundo caso, es el más abundante y peligroso.

Cómo minimizar los riesgos

Lo cierto es que, hoy por hoy, todavía es posible actualizar los ordenadores que utilizan Windows 7 a Windows 10. Microsoft todavía permite realizarlo a través de su herramienta. Para ello, realiza un análisis del ordenador, y revisa si existe alguna incompatibilidad entre los programas instalados y el nuevo sistema. Mantiene datos y configuraciones, por lo que más allá del tiempo que tardemos, no debería dar ningún problema.

Actualizar de Windows 7 a Windows 10 es posible en la mayoría de los equipos de la empresa a un coste casi nulo

Mejora de los equipos

Una cuestión diferente es si nuestro ordenador, que ya tendrá unos cuantos años, soportará bien este nuevo sistema operativo en cuanto a rendimiento. En este caso, es recomendable verificar nuestros componentes y, si es posible, mejorarlos. Sustituir el disco duro mecánico por uno más moderno, un disco SSD, y aumentar la memoria supondrá una vida nueva para nuestro ordenador. Su coste supondrá menos de 100 euros más las horas dedicadas por el servicio técnico.

Sustitución de equipos

Si nuestro ordenador es muy antiguo, más de 7 años, y tiene procesadores Intel Core de primera o segunda generación, quizás lo mejor sea sustituirlo por uno nuevo. Es la mejor opción, ya que se renuevan todos los componentes, que con el tiempo van evolucionando y mejorando la velocidad.

En cuanto a productividad, es la mejor alternativa, aunque el retorno de la inversión será más lento al ser esta más elevada. También nos garantizamos un puesto de trabajo en perfecto estado para 5 o 6 años sin problemas.

¿Y si no queremos o podemos migrar a Windows 10?

Si no queremos migrar o existe alguna incompatibilidad en aplicaciones claves con Windows 10, para las empresas de mayor tamaño, que utilizan el programa de licencias por volumen de Microsoft, se ofrecía la posibilidad de contratar una ampliación de soporte de actualizaciones de seguridad de Windows 7 por uno, dos o tres años.

Su coste es anual y varía entre los 25 y los 50 dólares al año dependiendo de si se trata de una versión Enterprise o Pro de Windows 7.

En caso de que exista alguna incompatibilidad con un programa que sea clave para nuestra organización (cosa poco frecuente, por otro lado) una alternativa es la virtualización. Se mantendría Windows 7 en una máquina virtual que se ejecuta únicamente cuando se necesita dicho programa.

Es una opción un poco más compleja y que, además, requiere de un equipo anfitrión, el que aloja la máquina virtual, moderno y potente para poder trabajar con ambos de forma simultánea. El anfitrión con Windows 10 se emplearía para el resto de las tareas, mientras que esa aplicación incompatible se ejecutaría en máquina virtual.

Cómo afecta mantener equipos con Windows 7 al cumplimiento del RGPD

Desde la puesta en marcha del nuevo RGPD, hay un cambio de concepto en la custodia de los datos personales que implica una seguridad de datos desde el diseño. Por tanto, no debemos mantener sistemas operativos vulnerables dentro de nuestra red, ya que, en caso de tener un problema de seguridad, habremos cometido una clara negligencia y seremos sancionados por la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD).

Un equipo con Windows 7 puede estar en la raíz de futuras sanciones por mala protección de datos

Hay que tener en cuenta que en caso de incidente hay que comunicar la brecha de seguridad en menos de 48 horas a la AEPD, abrir una investigación para determinar las causas, ver cómo ha afectado a los datos y, luego, solucionar dicho problema. Si ha sido un equipo con Windows 7 el causante, tendremos una sanción casi de forma segura.

El fin de soporte de Windows 7 muestra a muchos pequeños negocios un reto: el de mantener la seguridad de sus equipos, datos, comunicaciones, procesos e, incluso, del servicio a sus clientes.

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Japón se encamina a la cuarta recesión en una década

La economía japonesa vuelve a recibir malos datos. Y es que con el aumento del impuesto al consumo en el último trimestre, hemos visto una elevada contracción no vista en 5 años y, a ello, se alimentan las preocupaciones a medida que el creciente brote de coronavirus ha impactado en la actividad del país.

En concreto, el PIB se ha reducido a un ritmo anualizado del 6,3% desde el trimestre anterior hasta el último trimestre del año, según la estimación preliminar que se ha publicado. Un impacto que ha sorprendido debido a que las estimaciones iniciales pronosticaban una caída del 3,8%, fruto de diversos factores como el aumento del impuesto al consumo, la débil demanda mundial y la interrupción del tifón en el mes de octubre.

El impuesto al consumo machaca la economía

El problema base ha sido el impacto de la subida de impuestos al consumo porque el Gobierno de Shinzo Abe aumentó el impuesto del 8% al 10% el pasado 1 de octubre.

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Este caso tanto la administración Abe como el Banco de Japón esperaban un impacto inferior a 2014 cuando la economía se contrajo más del 7%. En esta ocasión el aumento de impuestos fue menor que hace seis años, debido a que los alimentos quedaron exentos.

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El consumo se ha resentido duramente. Los últimos datos mostraron que el consumo privado se desplomó un 11% anualizado en el trimestre, debido a que los hogares redujeron sus compras de automóviles, cosméticos y electrodomésticos. En términos comparativos, en 2014 fue del 18%.

Las empresas también redujeron la inversión en un 14%, prefirieron esperar señales de una recuperación del shock fiscal antes de mover pieza.

Hacia la cuarta recesión desde 2010

Se define como recesión la caída del PIB durante dos trimestres consecutivos. Bajo esta definición, Japón ha experimentado tres recesiones desde 2010 y, con los datos aportados y las maltrechas expectativas influenciadas por el coronavirus, el menor turismo y una caída de la demanda global, llevarían a un dato negativo en el primer trimestre del año, formalizando la cuarta recesión de la década.

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Estamos viendo que la economía japonesa ha sufrido un golpe duro en consumidores y empresas, pero esto no acaba aquí debido a los crecientes riesgos vinculados al coronavirus.

El problema existente es que el aumento de las consecuencias de la epidemia ya está dañando a la economía japonesa y muy especialmente al turismo -alimentado especialmente por turistas chinos-. El impacto inmediato de la epidemia ha sido detener a cientos de miles de visitantes chinos a Japón, la mayor fuente de ingresos turísticos.

Además, por si el incremento en el impuesto sobre el consumo no había sido suficiente, también podría reducir aún más el pésimo gasto de los consumidores japoneses, ya que evitan lugares abarrotados después de informes de algunas infecciones en las ciudades más grandes de Japón.

Los exportadores de Japón, que ya sufren después de un largo período de débil demanda global, podrían verse afectados aún más, ya que el brote altera la producción y la demanda interna en China, el mayor socio comercial de Japón. Mientras más dure el brote, es más probable que algunos suministros de piezas de China para fabricantes japoneses también se agoten.

El intervencionismo monetario extremo no cede

El Banco de Japón (BoJ) tiene fijado el objetivo de estabilidad de los precios en el 2% (variación anual del IPC) y supolítica monetaria está orientada también en el marco del "Alivio Monetario con Control de la Curva de Rendimiento".

Japón tiene los tipos de interés en negativo, en el -0,1%. Esto influye directamente en los bonos de menor plazo. Y además acusa un política monetaria, de pura manipulación de la curva de rendimientos cuyo objetivo es que el bono a diez años cotice con una rentabilidad alrededor del 0%.

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En Europa nos inspiramos mucho en la política monetaria del BoJ y cada vez tenemos más elementos en común como el bajo crecimiento, la elevada deuda publica y sin capacidad de conseguir el objetivo de precios del 2%. Desde el banco central nipón se ha tratado de apoyar la actividad económica de las empresas y los hogares manteniendo condiciones financieras especialmente laxas, pero sin que ello tenga traducción a la economía real.

En lo que respecta a la ejecución de la política monetaria, la autoridad monetaria ha demostrado su postura de decidir la política monetaria que se considera más apropiada, teniendo en cuenta de manera integral la evolución de la actividad económica y los precios, así como las condiciones financieras del momento... Su principal objetivo, el IPC del 2% ha sido imposible de alcanzar sostenidamente.

Debido a las compras realizadas, el Banco de Japón ha aumentado su balance general por encima del 105% del PIB, a medida que Japón se dirige, de nuevo, a la recesión. En algún momento, descubriremos si existen límites para la expansión del balance general o si los bancos centrales pueden expandir sus activos totales indefinidamente.

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A pesar que no ha conseguido su objetivo inflacionista fijado, la declaración pública emitida en julio de 2019 planteó que la autoridad monetaria no dudaría en tomar medidas adicionales de flexibilización si hubiera una mayor posibilidad de que se perdiera el impulso inflacionario. Para el BoJ el problema es que las medidas monetarias no han sido suficientes, mientras trata de no ahogarse en su propio estancamiento.

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El enorme valor de la información para la banca

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Si tuviéramos el mismo celo por nuestra información del que tenemos por el dinero, entenderíamos mejor las oportunidades y amenazas de nuestro tiempo. 4.000 millones de personas en todo el mundo acceden a servicios online y los financieros y bancarios se encuentran entre los más destacados. La capacidad de procesar datos crece pero lo hace más lentamente que la acumulación de los mismos. Un tuit de un político influyente arrastra a las bolsas en cuestión de minutos. Un cliente puede pagar con una sonrisa. Todo avanza demasiado rápido. El resultado es que quien sea capaz de filtrar la información relevante y usarla para su conveniencia será quien domine la economía y las finanzas. Probablemente también el orden mundial. Al fin y al cabo, si Estados Unidos y China andan a la gresca no es por comercio, ni medioambiente ni derechos humanos sino por superioridad tecnológica, la guerra mundial silenciosa de nuestro tiempo que altera procesos electorales, afecta a los equilibrios en muchos mercados y maneja nuestras opiniones y preferencias sin que muchas veces lo sepamos. Llamémoslo manipulación o verdad instantánea pero es demasiado veloz para aprehenderlo adecuadamente.

En el mundo bancario, la gestión de la información no es sólo una cuestión de demanda y de análisis de las preferencias reveladas. Estas decisiones están también significativamente influenciadas (si no orientadas) por variables de oferta: los medios y canales tecnológicos que las entidades financieras ponen a disposición de los clientes y el modo en que estos responden a sus necesidades. Cómo compartir información y con quién es la variable competitiva fundamental estos días. En una apasionante jornada de presentación de un monográfico de Papeles de Economía Española de nuestra fundación sobre estos temas hace unos días, quedó patente que compartir información va a ser la clave estratégica de la industria financiera en los próximos años. Sin embargo, esto sólo puede lograrse con una comprensión multidisciplinar del tratamiento de los datos. Reconocer las propias limitaciones y buscar nuevas fronteras en los demás.

Es curioso que en muchos servicios, y en banca también, se sigue estando abocado a tomar decisiones muy aceleradas sin poseer todavía los datos y, lo que es más importante, sin procesarlos para darles una verdadera utilidad. Como expresaría el Sherlock Holmes de Un escándalo en Bohemia: “No poseo todavía datos. Constituye un craso error el teorizar sin poseer datos. Uno empieza de manera insensible a retorcer los hechos para acomodarlos a sus hipótesis, en vez de acomodar las hipótesis a los hechos.”

«No puede pensarse sólo en la oferta –quién controla la información y que servicios ofrece– sino si la demanda puede seguirle los pasos a los proveedores a la misma velocidad. Sobre todo cuando empezamos a entender que se observa una racionalidad limitada de muchas decisiones económicas».

Los reguladores tienen mucho que decir sobre cómo articular estos flujos de información. Sabemos que la segunda directiva de pagos europea (PSD2) obliga a las entidades financieras a traspasar la información de los clientes que así lo deseen a terceros proveedores. Esto puede dar una gran utilidad a los consumidores en forma de servicios más amplios y eficientes. También impone desafíos para la privacidad. La gran pregunta es, en todo caso, si otros proveedores no financieros no tienen también información que podría compartirse (las grandes tecnológicas por ejemplo) y que también podría expandir la utilidad y conveniencia de los servicios ofrecidos a los clientes. El campo de juego no es aún equitativo entre banca y nuevos y potenciales proveedores.

Tal vez un problema aún más importante es que no puede pensarse sólo en la oferta –quién controla la información y que servicios ofrece– sino si la demanda puede seguirle los pasos a los proveedores a la misma velocidad. Sobre todo cuando empezamos a entender (aunque estamos lejos de internalizar completamente) que se observa una racionalidad limitada de muchas decisiones económicas, de lo que pueden derivarse lecciones importantes de cultura financiera con implicaciones para la riqueza y la igualdad.

Han sido varios los estudios que han señalado que pueden existir restricciones cognitivas que, combinadas con un nivel reducido de cultura financiera, pueden llevar a la toma de decisiones sobre ahorro o inversión que violan algunos principios financieros básicos. En el bombardeo de información y de canales que dan un acceso ultra-rápido a servicios financieros, existe la idea extendida (como en otros servicios) de que se tiene más confianza en un proveedor cuanto más uso se hace de sus servicios. En un estudio de neuroeconomía que hemos conducido recientemente con científicos de otros campos, lo que los resultados sugieren es que más uso no implica necesariamente más confianza sino más inseguridad.

Seguramente, muchos de lo que usan pocos servicios digitales tendrán otras razones para ello, pero la paradoja es que su actividad cerebral muestra niveles de confianza y seguridad mayores.

En este sentido, sería un error pensar que si los ciudadanos se inclinan más hacia usar más los medios digitales es necesariamente porque confían en ellos. Puede ser exactamente porque necesitan revisar continuamente lo que hacen porque son sus finanzas y les causa inseguridad. Se está seguramente a medio camino entre digitalizar a los españoles financieramente y manejar adecuadamente su confianza. Desde la computación hasta el análisis de actividad neuronal, pasando por un amplio espectro de estudios experimentales, los estudios interdisciplinares están abriendo nuevas vías de comprensión de la generación y gestión de la información y el sector bancario –bancos y clientes– puede beneficiarse enormemente de ello para orientar el cambio.


Esta entrada apareció originalmente en el diario Cinco Días.

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Louis Vuitton aprovecha la locura del BCE para comprar Tiffanys

La manipulación del Banco Central Europeo (BCE) sobre la renta fija, está ofreciendo una serie de oportunidades para captar dinero, de forma especialmente barata, para financiar las inversiones de las grandes empresas cotizadas.

La enajenación es tal, que algunas empresas europeas están viendo que pueden emitir deuda con tipos nominales negativos. Es decir pedir prestado y devolver una cantidad inferior.

Y es que entre la vía tradicional de emitir acciones mediante una ampliación de capital que al final diluye el beneficio por acción de sus accionistas frente a la alternativa de asumir un mayor apalancamiento a un coste ultra bajo, muchas empresas lo tienen claro ¡hay que aprovechar la oportunidad en las emisiones de renta fija!

Este es el caso de Louis Vuitton que vio una situación idílica para comprar Tiffanys & Co. Si nos remontamos al pasado mes de noviembre, el grupo de Louis Vuitton anunció la adquisición de la joyería Tiffany por 135 dólares por acción (122 euros) en una transacción que valoró a Tiffany en unos 16.200 millones de dólares (14.700 millones de euros).

No es una mala operación teniendo en cuenta que ello implica duplicar el el tamaño de su división de Bvlgari, su división de relojes y joyas. Y, en términos de valoración el precio representa 16 veces el EV/EBITDA del joyero (enero a finales de 2020), es decir una relación del 6,25% del EBITDA frente al valor de la empresa a ese precio.

No obstante, la ejecución de esta operación se llevará a cabo a mediados de este año y, por parte de Louis Vuitton, quedaba pendiente financiar esta operación corporativa que supone la mayor del grupo en su historia.

Diseñando la financiación

Cuando se presentó la operación de compra se tenía bien claro que había que acudir a la deuda y evitar cualquier ampliación de capital.

El grupo francés se dispuso a vender 7.500 millones de euros de bonos denominados en euros con diferentes vencimientos y 1.550 millones de libras (1.800 millones de euros) de bonos denominados en libras esterlinas.

Este diseño era muy superior al objetivo mínimo de 6.000 millones de euros que se anunció al mercado en primera instancia. Pero claro, había una gran demanda por parte de los inversores. En concreto, los inversores presentaron más de 20.000 millones de euros de órdenes para los tramos en euros y 3.650 millones de libras para los tramos en libras esterlinas.

Es por ello, que algunas de estas emisiones se pudieron colocar en negativo. Por ejemplo, tenemos el bono denominado en euros con vencimiento en febrero de 2022 que captó 1.750 millones de euros, consiguió intereses por debajo de cero y hoy está cotizando con una TIR del -0,0750%.

Deuda Negativa

No obstante, la emisión de un bono en libras con un vencimiento de tres años (solo un año más que el ejemplo anterior) y que consiguió captar 700 millones de libras, vemos que su TIR salta hasta alrededor del 1%. Esto evidencia el escenario tan atípico en la renta fija europea (denominada en euros).

Bono 3 Anos

Es especialmente curioso el volumen de demanda existente y los intereses negativos, cuando el emisor adquiere un rating de una sola A y además, debemos tener en cuenta que ha estado de actualidad durante las últimas dos semanas por lacuestión del coronavirus y el impacto sobre su negocio.

La influencia del BCE en los intereses negativos

Los intereses negativos de los bonos, en los que los inversores están pagando efectivamente a los gobiernos o a las empresas para que sean dueños de su deuda, se dispararon a niveles récord el año pasado, ya que una amarga guerra comercial y los temores de recesión impulsaron la demanda de activos seguros.

A medida que esas preocupaciones fueron disminuyendo en los últimos meses, apoyadas por los indicios de que lo peor podría haber pasado para la economía, la reserva de bonos de rendimiento negativo también ha empezado a reducirse.

Estos vaivenes se deben a factores a factores meramente coyunturales. Pero hay un factor estructural de fondo... El BCE.

Por un lado, tenemos la reactivación del programa de compras del BCE y, por otro lado, el recorte de los tipos de interés, en concreto la tasa de depósitos que se encuentra en el -0,50%, todo ello termina empujando a la baja los costes de los préstamos del gobierno y las empresas por debajo de cero, con el objetivo de impulsar la inflación y el crecimiento económico.

Deposito

A nivel mundial, el total de bonos de rendimiento negativo alcanzó un máximo de alrededor de 17 billones de dólares el año pasado y ahora se estima en alrededor de 12 billones de dólares.

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La economía española frente al cambio climático y la transición energética

La evolución reciente de las emisiones de gases de efecto invernadero (que tras estabilizarse entre 2014 y 2016 no han dejado de repuntar, principalmente en las economías emergentes) y la evidencia de los primeros efectos del cambio climático han aumentado el interés en el análisis de su impacto macroeconómico.

Uno de los
estudios pioneros y más interesantes sobre este tema es la evaluación de
impacto que acompaña al Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030
(PNIEC), que incluye algunas estimaciones macroeconómicas. El PNIEC prevé una
reducción de la intensidad energética primaria de un 37% en 2015-2030 y un
aumento de la penetración de las renovables en la demanda final del 42%, frente
al 17% actual para conseguir atajar el cambio climático.

El estudio se plantea dos escenarios: uno tendencial en el que las emisiones de gases de efecto invernadero aumentarían un 8% respecto a 1990; y otro objetivo, en el que para 2030 las emisiones se habrían reducido un 20%. El plan estima que, para alcanzar este último, sería necesario un aumento de la inversión de 195.000 millones respecto al escenario tendencial, de los cuales un 80% correspondería al sector privado. Además, el necesario cambio del sector energético supondría, en términos macroeconómicos, un choque positivo adicional, al sustituir combustibles fósiles importados por energías renovables. Este descenso en las importaciones sería permanente e impulsaría el valor añadido generado en el país.

Ambos shocks nos dejarían un PIB un 1,8% mayor
en 2030, además de un incremento del empleo del 1,7% y una reducción de la tasa
de paro de entre 1,1 y 1,6 puntos. Estos efectos compensarían algunos costes,
como los derivados de las desinversiones en las centrales nucleares y de carbón
a partir de 2025. Por último, a pesar de que el sector público tendría que
invertir 37.000 millones de euros en los próximos diez años, el efecto
presupuestario sería contenido, ya que esta inversión sustituirá otros gastos
(aparte de que el efecto sobre la actividad permitiría generar ingresos
adicionales).

La reducción de la dependencia energética es un asunto capital para España, ya que esta ha supuesto una carga considerable sobre nuestra balanza comercial. Estimamos que la ganancia que han permitido los avances recientes en reducción de intensidad energética y aumento de generación renovable es de 15.000 millones de euros desde 2015. Si el déficit energético en volumen se hubiese mantenido en el entorno del 3% del PIB desde 2015, el saldo en la actualidad sería superior a los 32.000 millones de euros. Aunque es un impacto moderado, es recurrente, de manera que debe tomarse en cuenta como un efecto positivo asociado a la transición energética.

No obstante,
queda mucho trabajo por hacer en este frente. En los últimos diez años, tanto la
transición energética como la reducción de emisiones de gases de efecto
invernadero en España han estado muy determinados por la crisis y el reajuste
estructural y sectorial que esta indujo.
 El cambio
en la estructura sectorial explica una parte relativamente superior de la menor
intensidad energética con respecto al área euro (un 50% frente a un 25%).

«Son necesarios esfuerzos adicionales en eficiencia energética. Aunque el cambio climático se trata de un choque de naturaleza estructural y de efectos a medio y largo plazo, las acciones para prevenirlo van a tener cada vez una mayor influencia en la evolución macroeconómica».

En cualquier caso, la buena noticia es que la demanda de energía en España ha cambiado de composición tanto en lo referente al consumo eléctrico como al global de consumo energético (petróleo, gas, carbón). Gracias a esto, durante la recuperación económica la demanda energética ha crecido menos que el PIB. La elasticidad energía-PIB, es decir, el cambio respectivo entre las dos variables ha pasado de 1,3 a 0,3; lo que significa que con un crecimiento de un punto de PIB, la demanda de energía crece solo 0,3 puntos, frente a los 1,3 puntos del periodo anterior. Esto se ha conseguido modernizando los procesos productivos, por un lado, pero también gracias al menor peso específico del sector de la construcción en nuestra economía que mencionábamos. La consecuencia es que el consumo de energía en toneladas equivalentes de petróleo por cada euro de PIB se ha reducido (algo que ha pasado en todas las grandes economías del euro).

El mínimo
de emisiones se alcanzó en España en 2013 y posteriormente, con la recuperación
económica, se han registrado oscilaciones, pero con una tendencia alcista hasta
2017. En 2018, las estimaciones que realizó el gobierno en julio apuntaban a
una reducción del 2,2% respecto al año anterior, gracias a una reducción de las
emisiones del sector eléctrico, compensada en parte por mayores emisiones en el
sector del transporte.

Atendiendo a las emisiones por sectores, es destacable que pese al escaso peso relativo de la manufactura en España (apenas un 12,1% del valor añadido bruto de la economía, comparado con el 23,1% de Alemania o el 14,8% de Suecia) esta es responsable del 23,7% del total de emisiones, un porcentaje superior a la media de la UE. También destaca negativamente la alta contribución, absoluta y por tanto relativa, del transporte privado. Las altas temperaturas del país hacen, por el lado contrario, que la contaminación producida por la climatización de los hogares no sea particularmente elevada.

La conclusión es que son necesarios esfuerzos adicionales
en eficiencia energética. Aunque el cambio climático se trata de un choque de
naturaleza estructural y de efectos a medio y largo plazo, las acciones para
prevenirlo van a tener cada vez una mayor influencia en la evolución
macroeconómica. Lo ocurrido con la industria del automóvil europea desde la
entrada en vigor de la nueva normativa de pruebas de emisiones en septiembre de
2018 es un buen ejemplo.

España tiene varias características que la colocan entre las economías de mayor exposición al impacto del cambio climático en Europa. Dadas nuestra dependencia energética y abundancia de recursos renovables, acelerar la transición hacia una economía baja en carbono es una oportunidad y una forma de asegurarse frente al impacto futuro.


Más información en el artículo “La economía española frente al cambio climático y la transición energética“, publicado en Cuadernos de Economía Española número 274

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Cuenta profesional: sin comisiones y con más servicios

Una cuenta profesional es un producto que está presente en la oferta de todas las entidades de crédito y que se caracteriza principalmente porque sirve para gestionar el dinero procedente de la actividad profesional de los usuarios. Está destinada a emprendedores, profesiones liberales y trabajadores por cuenta propia y es una forma muy práctica para gestionar los ingresos y gastos de estos perfiles de clientes en un solo producto bancario.

Para comercializar la cuenta profesional los bancos la ofrecen exenta de comisiones y otros gastos en su gestión o mantenimiento. Pero en cualquier caso, es necesario cumplir con una serie de requisitos para su formalización. Una de estas exigencias pasa por aportar unos ingresos profesionales a recibir que sean iguales o superiores a 1.000 euros netos mensuales.

En algunos casos, estas condiciones en la contratación se endurecen con la demanda de domiciliar al menos  tres recibos en el trimestre. Se consideran ingresos válidos en la Cuenta Profesional los que se realicen mediante cheque o transferencia, remesas y TPVs. En ninguno de los casos se permite compatibilizarla con los movimientos personales de cada uno de sus titulares.

Cuenta profesional: ¿como son?

Otra de las particularidades en esta clase de cuentas bancarias es que permiten que cada titular pueda tener suscrita dos cuentas de estas características. Siempre y cuando cumplan con los requisitos de las mismas y avisar a la entidad financiera de este hecho. Mientras que por otra parte, son cuentas que por lo general no cuentan con una remuneración reseñable ya el tipo de interés que reporta apenas rebasa el 0,10 % en el mejor de los casos. Aunque a cambio de contener los gastos desde el momento de su emisión.

Un aspecto que hace inconfundible a este producto financiero es que se puede demandar un talonario de forma gratuita desde donde puedan realizar sus titulares los gastos profesionales. al contratarla, lleva aparejada una tarjeta de crédito o débito totalmente exenta de gastos en su emisión y mantenimiento. Desde donde se podrá retirar dinero en efectivo en los cajeros automáticos. Al igual que, en ciertos casos, de una línea de crédito permanente de hasta 10.000 euros. Con una devolución fija o en porcentaje sobre el total de la deuda, con un mínimo del 3 %.

Mostrar actividad cada trimestre

De todas formas, la cuenta profesional deberá estar activa durante buena parte del año. Es decir, realizar al menos tres movimientos de pago al trimestre. Ya que de no cumplirse este requerimiento impuesto por los bancos será cancelada automáticamente por los mismos. Por otro lado, se trata de un producto que permite evitar descubiertos (hasta 500 euros) en la cuenta. Para que de esta forma, este movimiento no sea penalizado, como por otra parte sucede en otra clase de cuentas bancarias dirigidas a otros colectivos sociales.

También hay que incidir que este formato de cuenta genera otras prestaciones que serán muy beneficiosas para sus titulares. Entre ellas que se pueda acceder a herramientas especialmente habilitadas para los profesionales o emprendedores, como por ejemplo fuentes de financiación especialmente diseñada para satisfacer sus necesidades de liquidez para el mantenimiento de sus negocios. Al igual que un asesoramiento especializado para atender todas las necesidades de tu negocio. Otro de los incentivos que utilizan las entidades bancarias para su comercialización es la aportación de los denominados seguros empresariales. Con primas superiores a 1.000 euros por año y que contempla aquellas coberturas más necesarias para las pequeñas y medianas empresas. Mientras que por último, eliminan los gastos en cheques y pagarés, transferencias y otra clase de productos financieros. En cualquier caso, cada entidad aporta alguna que otra seña de identidad para diferenciarse de la oferta de la competencia.

Beneficios de este producto

En cualquier caso, las cuentas profesionales no es un producto dirigido a todos los perfiles de clientes. Si no que por el contrario van destinado a uno muy bien definido y que se trata de profesionales o trabajadores por cuenta propia que desean tener una herramienta bancaria para desarrollar sus movimientos bancarios. A través de un producto que satisface sus necesidades al aportarles los servicios y prestaciones más idóneos para su actividad profesional. En algunos casos, incluso con la opción de ahorrarse dinero todos los años a través de las comisiones y otros gastos en su gestión o mantenimiento. Que es lo que buscan al fin y al cabo.

Dentro de este contexto general, las cuentas profesionales bancarias es un arma muy eficaz desde donde puedes gestionar su dinero, pagara a sus trabajadores o saldar las cuotas mensuales de sus líneas de crédito. Con una mayor optimización que desde las cuentas corrientes o de ahorro con unos formatos más tradicionales o convencionales. En donde las entidades bancarias ofrecen unos servicios y prestaciones mucho más específicas y destinadas a esta parte del tejido productico de la economía española.

Al igual que otro producto de reciente creación y que muy innovador en su concepción como son las transferencias instantáneas y que son requeridas en buen número de casos por parte de los profesionales o trabajadores autónomos. Y que vamos a explicar con más detalle como son y cuál es un funcionamiento y mecánica. Para que puedas utilizarlos a partir de estos momentos y en función de tus necesidades reales en tu negocio o actividad profesional. Porque están en el mercado bancario desde hace muy poco tiempo y necesitas conocer mejor este modelo de pago.

Transferencias instantáneas

Las transferencias instantáneas se constituyen en una de las soluciones más eficaces cuando se requiere el envío de dinero a terceras personas. No puede olvidarse que las transferencias bancarias es un movimiento muy habitual para realizar pagos, saldar deudas o pagar la cuota de alquiler de la vivienda. Pero un grave inconveniente que tiene esta transacción monetaria es que normalmente suele tardar entre 1 y 2 días hasta que es recibida por el destinatario. Un hecho que crea en algunas ocasiones incidencias muy poco deseadas por parte de los usuarios bancarios.

Para subsanar esta incidencia en las transferencias más convencionales se han diseñado los envíos instantáneos que suelen abreviar la operación en muy pocos minutos. El efecto más inmediato es que el traspaso del dinero se realizará casi en tiempo real. Este es el objetivo principal de las denominadas transferencias instantáneas que son formalizadas a través del sistema TIPS (target instant payment settlement) o lo que es lo mismo, pago instantáneo. De esta forma, el dinero que manden los clientes llegará antes a su destino.

¿Cómo funcionan?

A pesar de lo que pueda parecer desde un principio, este sistema no está desarrollado exclusivamente para operaciones realizadas desde los dispositivos tecnológicos (móviles, tabletas, etc.). Sino que por el contrario, mantiene los canales tradicionales de otros sistemas de envío. Es decir, desde la propia sucursal bancaria o el ordenador personal. Si se escoge esta última opción se tendrá la gran ventaja de que la operación podrá hacerse a cualquier hora del día, incluso en los fines de semana. Ante la necesidad de los clientes de afrontar un pago de cierta urgencia en este periodo de la semana.

Por otra parte, no hay ningún requisito para acceder a este servicio bancario, tan solo acreditarse como cliente de la entidad financiera en donde se tengan depositados los ahorros a través de una cuenta corriente u otros productos de similares características. Este servicio conlleva un coste para las entidades de 0,20 céntimos por euro en cada operación, aunque dependerá de su decisión para que el importe pueda o no recaer en el cliente.

Además presenta una sutil diferencia, respecto a las transferencias consideradas como  tradicionales, y es que no habrá ningún intermediario en este proceso monetario. Para beneficio de ambas partes que estarán en disposición de cumplir con sus objetivos.

Importes de las operaciones

Otro de los aspectos que deben valorarse en las transferencias instantáneas es que existen unas limitaciones en relación a la cuantía de los importes enviados. Este medio de pago permite movimientos a cuenta que pueden llegar a un importe máximo de 15.000 euros. Con el beneficio adicional de que no habrá esperar ninguna notificación en el sentido de que el envío se haya realizado correctamente y ha llegado a su destinatario. Porque en el mismo momento de dar la orden se tendrá constancia de que la operación se ha llevada a cabo con toda normalidad.

Esta es una operación que inicialmente está habilitada para los países miembros de la Unión Europea y por tanto se formalizará en euros. No obstante, no es muy complicado llegar a un acuerdo con los bancos para que pueda producirse en otras divisas internacionales: libras esterlinas, dólares norteamericano o francos suizos. En este caso, exigirá de un aviso al banco para expresar estas necesidades de los clientes y en cuyo caso contará con la aplicación de una comisión por el cambio de moneda que oscila entre el 0,20 % y 1% sobre el importe total de la transferencia, en función de cada entidad financiera. Es decir, es un movimiento que estará penalizado si desea mandar dinero a otros países que no estén situados en la zona euro, como por ejemplo Estados Unidos, Gran Bretaña o México.


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Guerra tecnológica y orden mundial

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La primera gran guerra del siglo XXI se libra por la información. Como en toda contienda, hay eventos que representan la escenificación de las hostilidades. La Conferencia de Seguridad celebrada en Múnich el fin de semana fue uno de ellos. Cuando se creó la Alianza Transatlántica, que acaba de cumplir 70 años, pocos podían vaticinar que el principal problema que hoy amenazaría su estabilidad es el control de los datos. Se discuten tres aspectos con particular beligerancia: qué modelo tecnológico debe imponerse, qué impacto puede tener ese modelo en el orden mundial y qué papel debe jugar Europa.

La disputa es entre EEUU y China. En Múnich hubo un desfile de mandatarios y gurús tecnológicos estadounidenses de caracterización ideológica muy diversa pero unidos en torno a una petición de apoyo a las grandes tecnológicas americanas. Consideran que solo ellas —y no las asiáticas— pueden someterse a reglas democráticas como las que los aliados han compartido (no sin problemas) en las últimas décadas.

«Es necesario que ese orden se rija con consenso y control multilateral respeto a los datos. Se echa mucho de menos una agencia mundial de datos que fije los parámetros básicos y coordinación internacional para que sean efectivos».

Santiago Carbó

Europa es el campo de batalla porque, a pesar de no tener ningún gran jugador en el mundo bigtech, es el terreno que tanto EEUU como China quieren dominar por su fuerte demanda. Ha habido invitaciones desde Washington a que se abandone cualquier intento de alianza con China en temas clave como el 5G porque será un sistema de comunicación ubicuo que no debe estar controlado por quien no entiende la privacidad o la competencia igual que los países occidentales y democráticos.

El orden económico global resultante tampoco será necesariamente óptimo si está dominado únicamente por tecnológicas norteamericanas, sin contrapesos ni regulación. La concentración de poder sobre la información seguiría siendo inquietante. Es necesario que ese orden se rija con consenso y control multilateral respeto a los datos. Se echa mucho de menos una agencia mundial de datos que fije los parámetros básicos y coordinación internacional para que sean efectivos.

Lo sucedido es que unas pocas empresas privadas han acumulado tanto poder que, probablemente, a ellas mismas les asusta que les pueda fagocitar. Una de las que más avatares y restregones regulatorios está sufriendo es Facebook, que fue presentado en Múnich como el “país” más poblado de la tierra. Su presidente, Mark Zuckerberg, reconoció en la ciudad bávara que ni los valores sociales ni la privacidad deberían acabar siendo gestionados por unas pocas manos privadas. Y señaló cuatro áreas sensibles que tal vez debieran dar una primera forma a una institución multilateral de control de datos: las elecciones, la privacidad, los contenidos denigrantes y la economía (el valor) de los datos.

Mientras que Europa busca sus propios gigantes tecnológicos —podría perderse en el intento— tiene al menos la necesidad y la obligación de marcar el rumbo de la regulación de datos del futuro. En comparación histórica, se da la vuelta la tortilla y es ahora EEUU el que pide a Europa que se una a su bando en la gran disputa global. Convendría poner no pocas condiciones.

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Llega el Sandbox financiero, todos los detalles

El anteproyecto de ley para la transformación digital del Sector Financiero se ha aprobado hoy en el Consejo de Ministros. Es decir, que el anteproyecto de ley irá a las Cortes para su tramitación y así convertirse en proyecto ley.

Este proyecto ley incluye la creación de un Sandbox español donde se trabajarán proyectos financieros, aseguradores y mercado de capitales.

Es decir, las empresas españolas del sector Fintech van a tener un espacio regulado donde se puedan probar innovaciones de forma controlada. Pero como siempre existen dudas que después de su creación se doten los recursos presupuestarios necesarios para que funcione de forma adecuada.

Nos podemos preguntar:¿En qué va ayudar al sector Fintech que evolucione el antreproyecto de transformación digital del Sector Financiero?

El entorno Sandbox sirve para dar licencias a los proyectos fintech

Cómo he comentado anteriormente, al Sandbox se harán pruebas con productos y servicios que ya se consideren viables que se consideren lanzarlos al mercado. Esto no se hace por las dudas legales que se pueden generar, sino se debe a las carencias de garantías jurídicas del marco legal que tienen muchos de estos proyectos.

Muchos de estos proyectos no reciben inversiones de capital por la falta de seguridad de las que se ofrecen en un proyecto tradicional. Los proyectos que surjan de este entorno de Sandbox podrán llegar estar regulados por exención o por no sujeción.

Por tanto, el objetivo de que los proyectos entre en el entorno del Sandbox es que se puedan operar en el mercado, esto quiere decir que hayan obtenido una autorización o licencia por parte del gobierno español. Para esto se han configurado unos regímenes de salida del entorno del Sandbox para que sean regulados.

Las empresas Fintech y empresas de tecnología blockchain están esperando probar sus diferentes innovaciones en este entorno Sandbox para poder hacer sus pruebas y así tener un espacio legal para que puedan comercializar sus productos.

La previsión del Sandbox era que se pusiera en marcha en 2019

El anteproyecto para la creación del Sandbox data del año 2017. Su aprobación se ha ido dilatando en el tiempo con los diferentes cambios de gobierno y otros problemas que han surgido por el camino.

El anteproyecto de ley estuvo disponible para consultas a los ciudadanos y asociaciones interesadas, principalmente para las empresas del sector Fintech y banca digital, para la realización aportaciones hasta el 7 de septiembre del año pasado.

El Ministerio de Economía solicitó a las empresas interesadas en participar en el campo de pruebas que lo solicitaran antes de la finalización del 2019, aunque el Sandbox no hubiera sido puesto en marcha.

Por fin España se une a los países más avanzados a nivel regulatorio para las empresas más tecnológicas que tienen un sistema parecido al acompañamiento de la transformación digital del sistema financiero.

El Ministerio de Economía avanzó que el proyecto se llevaría a cabo bajo la vigilancia de las autoridades, en particular de los supervisores financieros, lo que involucra al Banco de España como a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV).

¿Qué es un sandbox regulatorio?

Como comentamos en el artículo ‘"Sandbox" para Fintech: así pretende el Ministerio de Economía impulsar la innovación del sector financiero’ de ‘El Blog Salmon’ el día 19 julio de 2018 un Sandbox es uno de los términos más escuchados dentro del sector de las Fintech.

Se definió como el mecanismo de finanzas para responder a la necesidad de impulsar la regulación al ritmo que necesita el sector Fintech y, por tanto, que realizan las innovaciones.

Por tanto, el Sandbox en inglés, es una caja de arena, y hace referencia a un arenero. Es aquel espacio pequeño donde los niños pueden jugar y experimentar en un entorno controlado por los padres.

Como se comentó, el concepto se había trasladado a la economía digital en forma de Sandbox regulatorio. Es decir, un campo de pruebas para nuevos modelos de negocio que aún no están protegidos por una regulación vigente, supervisados por instituciones regulatorias.

En España existe una gran necesidad para desarrollar este marco regulatorio para los modelos emergentes que surgen del sector Fintech.

El objetivo del Sandbox financiero es acompañar el cumplimiento de las regulaciones financieras al crecimiento y a las innovaciones, de manera que no presiona con normas al sector financiero, pero tampoco se descuide la protección de los derechos de los consumidores.

Reacciones del sector Fintech en España

Asociación Española de Fintech e Insurtech (AEFI) desde hace muchos meses está presionando y reclamando para el 2020 que se apruebe de forma definitiva y puesta en marcha del Sandbox de pruebas regulatorias.

La Asociación Española de Fintech e Insurtech (AEFI) agrupa casi 140 empresas tecnológicas que venden productos financieros (Fintech) y del sector asegurador (Insurtech).

Ha presionado para que el Consejo de Ministros apruebe durante el mes de febrero de 2020 el anteproyecto de ley para la transformación digital del sector financiero y asegurador.

Otra de las reclamaciones es conseguir avanzar en un entorno regulatorio que sea adecuado, para poder fomentar el desarrollo y la creación de Startups Fintech e Insurtech y acelerar la transformación digital en el sector financiero y de seguros en nuestro país.

Por otra parte, siempre han solicitado una mejor relación entre el sector de las Fintech y el sector de las entidades financieras, consideras tradicionales, para conseguir y potenciar sinergias entre los diferentes proyectos que surgen. Es decir, conseguir acuerdos de colaboración y potenciar las inversiones.

En El Blog Salmón | "Sandbox" para Fintech: así pretende el Ministerio de Economía impulsar la innovación del sector financiero

Imagen | Flickr

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Catevering cierra una ronda de 500.000 euros

La startup Catevering con sede en Barcelona ha cerrado su segunda ronda de inversión por valor de 500.000 euros. La primera ronda la anunciaron en diciembre de 2018 por valor de 100.000 euros.

Con esta inversión esperan convertirse en el marketplace de referencia para los servicios de catering B2B. Catevering opera en cinco diez ciudades españolas y ha alcanzado una facturación de un millón de euros en 2019.

En esta operación entra como socio industrial Catery.ru, una empresa que opera en Rusia con el mismo modelo de negocio. Catery nació en 2016 y en 2019 facturó más de 18 millones de euros.

Con el objetivo de continuar creciendo, la nueva inyección de capital permitirá a Catevering captar nuevo talento senior en la empresa. La entrada de dos nuevas Directoras de Operaciones y Ventas, ambas con amplia experiencia en el ecosistema, permitirá a la empresa automatizar procesos y escalar el modelo para consolidar su posicionamiento como jugador de referencia en España y proceder a su expansión internacional.


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