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El gran reto de la centralización de los datos

Analizamos la importancia de la centralización de datos como uno de los retos de la empresa actual.

  • La nube ha supuesto una palanca tecnológica para centralización de datos
  • Los datos dispersos pueden convertirse en un arma de doble filo

Una de las consecuencias más importantes de la digitalización es que unos mismos datos pueden ser empleados por diferentes departamentos sin necesidad de protocolos especiales ni comparticiones físicas. Todo es mucho más natural, en buena medida gracias a la centralización de datos.

¡Comparte! Tener los datos de tu negocio dispersos puede suponer riesgos para tu empresa. Te contamos cómo evitarlo.

El tiempo en el que la colaboración entre equipos distintos implicaba un trasiego de documentos y soportes físicos de la información es, a estas alturas, una época en proceso de extinción. Hoy la tendencia es que todos compartan unos mismos datos, aun con diferentes permisos para acceder a ellos.

El problema de los datos dispersos

Resulta muy tentador aplicar los datos (y las técnicas más novedosas relacionadas con ellos) a problemas concretos en una empresa. Podríamos mejorar sensiblemente áreas determinadas y hacerlo basándonos en la evidencia objetiva.

Centrarse mucho en problemas concretos puede ser muy tentador, pero tener los datos dispersos no está exento de problemas

Sin embargo, cuando cada departamento, proceso o función dentro de la empresa tiene sus propias prácticas descoordinadas en materia de datos nos enfrentamos a varios problemas:

  • Un área puede incrementar mucho su potencial de crecimiento, pero que las demás áreas no sigan el ritmo. Por ejemplo, de poco sirve saber cómo vender si no tenemos la capacidad para producirlo, para financiar las inversiones necesarias o para formar a los empleados.
  • Mayor vulnerabilidad ante ciberataques y ante problemas de protección de datos. Sin una estrategia conjunta de todos los departamentos, un fallo en cualquiera de ellos puede poner en riesgo a toda la empresa.
  • Problemas de incentivos. Los distintos departamentos pueden tener prácticas con los datos que solamente se entiendan en su propio seno. Ello puede hacer que se reserven información necesaria para otros departamentos, pero que pueda hacer aflorar los errores cometidos por el equipo humano que la gestiona.
  • Ineficiencias. Sin coordinación, nada garantiza que los procesos no sean redundantes.
  • Pérdida de perspectiva. Centrarse mucho en áreas concretas puede hacer que no tengamos suficientemente en cuenta el efecto de nuestras decisiones sobre el conjunto de la organización.

En este post podrás descubrir cuáles son las ventajas de la centralización de los datos.

Qué supone la centralización de datos

Con la centralización de datos, lo que se pretende es que todos los usuarios de la información de la empresa tengan un mismo punto de referencia a donde acudir. Normalmente, ello se puede instrumentar a través de computación en la nube, por ejemplo, a través de soluciones integrales que permitan gestionar la información de los distintos departamentos y que, además, sean modulables para poder añadir las nuevas funcionalidades que se vayan necesitando.

La centralización de datos aporta una mayor coordinación entre los departamentos de una misma empresa

La gestión de la información, por tanto, se realiza de forma integrada a lo largo de toda la empresa y, en todas sus fases, desde el análisis de las necesidades al control de los sistemas pasando por su diseño, la implantación o el mantenimiento.

Además, podemos optar por un cierto grado de personalización en cada una de las fases, variable dependiendo de nuestras necesidades y el coste que podamos asumir para las soluciones disponibles.

Por qué optar por la centralización de datos

La centralización de los datos aporta muchas ventajas:

  • Robustece la organización. Los datos iluminan cómo pueden afectar a todos los departamentos los cambios en el entorno.
  • Mayor transparencia. La información es más accesible a lo largo de la empresa.
  • Menor dependencia de lugares físicos. La información no viaja de un sitio a otro, está disponible para todas las localizaciones. Si, además, se centraliza en la nube, se puede acceder desde cualquier lugar con conexión.
  • Más colaboración. Los formatos en los que se maneja la información tienden a ser más inclusivos, de forma que sean más fácilmente entendibles por profesionales ajenos al departamento que habitualmente trabaja con unos datos concretos.

Centralizar datos no es algo sencillo, pero conseguirlo hace que una empresa sea mucho más sólida.

Cómo se centralizan los datos

Suele ser un viaje con diferentes paradas:

  • Digitalización de datos. Es, por ejemplo, muy complicado centralizar todos los datos y seguir soportándolos en papel. Cada persona o departamento que los necesitase tendría que solicitar una fotocopia, habría unos tiempos de respuesta, habría que garantizar que se actualizan los soportes de los datos…
  • Análisis. Hay que valorar los objetivos que perseguimos, las herramientas que utilizaremos, los protocolos de acceso a los datos, las medidas de seguridad, los riesgos jurídicos en materia de protección de datos, etcétera.
  • Diseño. Todo ese análisis hay que trasladarlo a un proyecto real para gestionar los datos de forma centralizada. Es muy importante que cada persona pueda acceder a los datos centralizados conforme a procedimientos establecidos que faciliten la cooperación y salvaguarden la confidencialidad.
  • Implantación. Es la etapa de puesta en marcha de los procesos. Lo deseable es que, a partir de entonces, se note una conexión más armoniosa entre todos los profesionales y departamentos.
  • Mantenimiento. Labores orientadas a que los equipos, los protocolos y los propios datos estén en las condiciones adecuadas.
  • Control. Hay que estudiar en qué medida se cumple lo previsto y, en caso de existir desviaciones, proponer medidas de corrección.

Centralizar datos puede no ser siempre sencillo, pero es un reto que robustece a la empresa y la pone en disposición de gestionarse de una forma mucho más coordinada y eficiente.

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Todo esto ha hecho China para salir adelante después del coronavirus

China, casi superada la pandemia del coronavirus, ha iniciado el proceso para volver a la normalidad, eso sí poco a poco, con la apertura de Wuhan y un incremento en sus procesos manufactureros.

Han pasado más de 2 meses y medio desde que China se encerró para contener los efectos del coronavirus e implantó un cierre total. Todas estas medidas dieron sus frutos a mediados del mes pasado.

El reto de China es evitar la quiebra masiva de sus empresas

El gran reto del gigante asiático es poner en marcha medidas para reactivar su economía y evitar los efectos devastadores que ha tenido el coronavirus. No sólo por los meses que han sufrido dentro de su país el coronavirus, si no también por los meses que les queda por los efectos que tendrán el coronavirus en sus principales clientes externos.

Los objetivos que se ha planteado China para limitar los efectos económicos, a corto plazo, son:

  • Apoyar a las empresas chinas para evitar quiebras e impagos y así conseguir que no haya una mayor inestabilidad financiera.
  • Compensar las pérdidas que se han producido por el coronavirus en las empresas y en las familias chinas.
  • Estimular la actividad económica para conseguir una recuperación más rápida.

China inunda de liquidez a su economía

Lo bueno que las bolsas en china están respondiendo y los inversores están dando su apoyo, aunque el CSI 300 ha caído lo ha hecho en menor medida que las bolsas de Europa y de Estados Unidos.

El Gobierno de China ha puesto en marcha un paquete de medidas económicas y fiscales de más de 322 mil millones de euros, para fomentar la inversión pública, aumentar el gasto en el sector sanitario y eliminar o reducir la carga fiscal para aumentar la inversión y el consumo.

Por otra parte, el Gobierno de China ha pensado en reducir el peso de los pagos a su Seguridad Social que los empresarios deben pagar por empleados que tienen contratados.

En materia de política montería, el Gobierno de China ha inyectado liquidez a corto plazo, ha reducido los ratios que obliga a tener a las entidades financieras en sus bancos, ha puesto en marcha paquetes para refinanciar y dar créditos a las empresas por valor de 137 mil millones de euros.

El Gobierno de China ha dado ordenes explícitas a las entidades financieras para que den soporte económico, han dado flexibilidad a la gestión de los riesgos crediticios, a la emisión de bonos y venta de acciones a nivel local, todo esto dirigido a las empresas chinas.

China se reserva sus armas más potentes por lo que va a venir

China prefiere esperar y dejar sus mejores armas para hacer frente a los efectos negativos en la economía china, ya que de momento ha inyectado sin prisa miles de millones de euros para sostener una actividad bastante afectado por el coronavirus.

Como se puede ver China ha sacado la arma de la liquidez para evitar un descenso en el consumo, una parálisis industrial y las deudas públicas del país, junto a las deudas de las entidades bancarias, provoquen efectos todavía peores para China.

El coronavirus ha mantenido inactiva la economía China durante meses, cuando millones de sus ciudadanos se encerraron en sus hogares antes la medidas de control y aislamiento impuesto por el Gobierno.

El gran problema que estas medidas afectan de una manera muy negativa la producción de sus fabricas y el funcionamiento de las empresas, lo que ha llegado a conseguir que el Producto Interior Bruto (PIB) se redujera en más del 1 por ciento.

El coronavirus ha conseguido lo que no ha conseguido Estados Unidos, que China viva un proceso de regresión industrial, lo cual ha reducido sus exportaciones y la demanda de las importaciones, afectando al comercio mundial.

En estos momentos, China está comenzando a iniciar el proceso de activación de sus actividades de forma escalada pero las consecuencias sobre la economía China, con en muchos otros países, van a ser a largo plazo. Esto provoca que el Gobierno de China se vea obligado a inundar su economía de liquidez para sostenerla a la largo plazo.

El Gobierno chino ha desestimado realizar un plan de reactivación y lo que ha planteado medidas puntuales, ya que piensan que la política de estímulos debe reservarse para cuando la economía mejore.

No obstante, esta política de estímulos se va a centrar en paquetes de liquidez, créditos flexibles, recortes de la tasas de interés, rescates a las empresas más afectadas y subsidios a nivel temporal para reactivar el mercado laboral en China.

El foco del Gobierno es evitar la quiebra de las empresas chinas para que no aumente de forma exponencial el paro, ya que durante el mes de marzo el paro alcanzó niveles nunca vistos en China, es decir, el 6,2 por ciento por culpa del coronavirus.

En El Blog Salmón | Hasta cuándo los consumidores tendrán que hacer frente la desaceleración y la guerra comercial de EEUU y China

Imagen | Flickr

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El próximo año toca subida de impuestos

La crisis del coronavirus está siendo profunda. Los datos de empleo del mes de marzo así lo constatan, y el problema no es solo ese sino que la recuperación en V es imposible. Habrá empleos que no se recuperen en el corto plazo.

Y todo esto en mitad de una crisis sanitaria sin precedentes. No es el momento de mirar por las cuentas públicas. Seguramente el Gobierno se endeude fuertemente para poder hacer frente a las prestaciones por desempleo, compensar la caída de ingresos y pagar gastos sanitarios. Independientemente de que este endeudamiento sea en forma de bonos, coronabonos o préstamos de la UE, la deuda habrá que pagarla en algún momento.

Los impuestos van a subir

No queda otra. El próximo año veremos fuertes incrementos de impuestos. El IRPF casi seguro. El IVA no me extrañaría. Y seguramente el de sociedades como algo simbólico para que no parezca que todo recae en la población (aunque la capacidad recaudatoria de este impuesto en una crisis es muy baja).

¿Os acordáis del momento "Montoro" en diciembre de 2011, cuando se anunció la mayor subida de impuestos de la historia? Pues vamos a ver algo parecido en unos meses. Seguramente, como en aquella ocasión, se dirá que es temporalmente, mientras se pagan las deudas extraordinarias contraídas. Pero con el hundimiento de la economía esta medida "temporal" estará más tiempo del que anuncien al principio (como pasó en 2011).

Volverán los recortes

Pero para compensar ingresos y gastos hay otra estrategia, no solo se trata de subir impuestos. Y es recortar en gastos. Los recortes que tanto criticó este Gobierno van a ser inevitables. Nos lo venderán como causa de fuerza mayor (y lo es) y no reconocerán que en la década pasada también lo fueron.

¿Dónde puede pegar un tijeretazo rápido el Gobierno? Sueldos públicos y pensiones. No sé si se atreverán, pero al principio del Estado de Alarma hubo algunas filtraciones sobre bajadas de sueldos a funcionarios.

Para que nos hagamos una idea, el Estado gasta en pensiones unos 135.000 millones de euros al año y unos 127.000 millones en sueldos públicos. Por cierto, entre los sueldos públicos están los médicos, enfermeros, policías y ejército que tanto están haciendo estos días, que a veces parece que solo hay gente haciendo papeleo burocrático en oficinas y ese no es, ni mucho menos, el grueso de los sueldos públicos.

¿Cuánto será la factura a pagar por la crisis del coronavirus? Todavía no se sabe. Pero seguramente varias decenas de miles de millones de euros. Y habrá que ver qué medidas extraordinarias se toman, pero desde luego una subida importante de impuestos seguro que la vamos a ver.

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Nuevo portal de talento para startups gracias a los VC

El ecosistema de inversión en startups español se ha unido en una iniciativa, sin precedentes, que pretende unir en una gran base de datos, por un lado, talento que ha visto ajustado su puesto en la startup donde trabajaba debido al parón económico del COVID19, y por otro lado, a startups que están buscando perfiles con experiencia en el sector, ya que tienen un repunte de su actividad en estos momentos.

Draper B1, Samaipata VC, Faraday VP, Dyrecto, Encomenda VC, JME VC, K Fund, Athos Capital, Inveready, Bankinter, Marina de Empresas, Sabadell VC, BStartup10, Lanzame Capital, Archipelago Next, Nekko Capital, son algunos de los agentes que encabezan este grupo, que en apenas unas horas ya ha recopilado decenas de perfiles y puestos de trabajo a cubrir.

Esta base de datos es pública y está abierta a todos los empleados de startups afectados por ajustes debidos al COVID19. Incluye también un listado de empresas que necesitan incorporar talento con experiencia, acostumbrado a la cultura startup, para reforzar sus plantillas.

Con esta herramienta y la difusión de este formulario, el sector da un paso adelante para acelerar la recuperación posterior. La iniciativa está inspirada en listados similares impulsados por firmas de capital riesgo en Estados Unidos o Sudeste Asiático.

“Como ecosistema tenemos la responsabilidad de apoyar y mantener el talento; para acelerar el ajuste del sector a la nueva realidad” apuntan desde el fondo Draper B1, poniendo en valor que el capital humano sigue siendo el recurso más importante y la unión de todos los grandes agentes que componen las redes de inversión es el mejor camino para ser más fuertes.

Los formularios de registro a esta base de datos, a continuación


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Los que nos cuidan en la crisis del coronavirus (II): el sector agrario

Hace apenas un mes, los agricultores ocupaban los titulares de los periódicos, con sus grandes movilizaciones en muchas ciudades de España. El sector se declaraba en crisis como consecuencia de una “tormenta perfecta”,[1] motivada por la conjunción de al menos cinco factores: (1) los bajos precios en origen (a veces, incluso por debajo de su coste); (2) el aumento de los costes de producción (en particular, de la energía y de las retribuciones tras el incremento en 2019 (22,3%) y 2020 (5,6%) del Salario Mínimo Interprofesional); (3) la competencia desleal ejercida por terceros países, no sujetos a reglamentaciones tan estrictas como la europea; (4) los aranceles a los productos agrícolas impuestos por la Administración Trump en octubre de 2019, y (5) los recortes, anunciados en febrero de 2020, de los fondos procedentes de la Política Agraria Común (PAC).

No obstante el éxito en impacto público de estas protestas, el 12 de marzo –dos días antes de la declaración del estado de alarma por la crisis del coronavirus– las organizaciones agrarias decidieron conjuntamente suspenderlas. Conscientes de su carácter estratégico como primer eslabón de la cadena agroalimentaria, los agricultores afirmaron su compromiso con la sociedad española proclamando su voluntad de garantizar en todo momento el abastecimiento de productos agrícolas.

En estas semanas de confinamiento, los productores agrarios han cumplido, sin duda alguna, ese compromiso. Pero el confinamiento les ha generado un problema imprevisto: aunque el trabajo en el campo constituye una de esas actividades declaradas “esenciales” por el Gobierno, las medidas de aislamiento han provocado la falta de aproximadamente 150.000 trabajadores[2] para recoger la producción agrícola durante las próximas semanas. No es solo que el cierre de las fronteras impida a las explotaciones agrícolas contar con los habituales temporeros extranjeros, sino también que las restricciones a los desplazamientos interiores y las medidas de distancia social dificultan la organización del empleo agrario temporal, hasta hacerla casi imposible.[3] Aunque el Gobierno ha decretado medidas urgentes para hacer frente a este problema (RD-ley 13/2020, de 7 de abril), su efectividad es todavía una incógnita.

La falta de mano de obra en el campo es una de las características de un sector cuya ocupación ha experimentado cambios radicales en los últimos 40 años. De acuerdo con la Encuesta de Población Activa (EPA), en 2019, el número de ocupados en el sector de la agricultura, ganadería y pesca (a partir de aquí: “sector agrario” o “sector AGP”) se acercaba a 800.000, que representaban el 4,0% del total de la ocupación en España. El grueso de ellos se hallaban en el subsector de la agricultura (64,9%); el resto se repartía entre los subsectores de la ganadería (17,3%), el agropecuario y sus servicios[4] (9,2%), la pesca (4,9%), la silvicultura (3,5%) y la caza (0,1%)[5]. La mayor parte de los ocupados en el sector eran asalariados privados (60,6%), seguidos por los autónomos (29,2%),[6] los empleadores (7,2%), las ayudas familiares (1,7%) y los asalariados públicos (1,4%).

Las diferencias de ocupación agraria entre comunidades autónomas son llamativas (Gráfico 1). Así, por ejemplo, en 2019, Extremadura y Murcia lideraban el ranking, con 12,4% y 12,2% de empleados, respectivamente, mientras que Andalucía destacaba como la comunidad con un mayor número de empleados (255.000; 8,2% del total de ocupados). En el extremo opuesto figuraban Cataluña (1,5% del total de los ocupados), el País Vasco (1,1%), Baleares (1,0%) y Madrid (0,2%).

Gráfico 1

Fuente: EPA (I-IV, 2019).

Hasta aquí hemos ofrecido algunos trazos de la realidad de la ocupación agraria en 2019. Pero esa realidad es resultado de una evolución que puede rastrearse, con datos de la misma fuente (EPA), desde 1976. Los Gráficos 2-6 permiten observar lo que ha ocurrido en este sector desde el inicio de la democracia.

En primer lugar, se observa el fuerte descenso del porcentaje de ocupación agraria sobre la ocupación total (Gráfico 2). Si en 1976 representaba el 21% (2,73 millones de ocupados), en 1992 no llegaba al 10% (1,25 millones), y en 2006 había caído por debajo del 5% (958.000). Desde 2008, la ocupación del sector se ha mantenido bastante estable en torno al 4%. A pesar de la tendencia general descendente en relación al total de la ocupación, del Gráfico 2 se desprende que el sector agrario mantuvo estable esta relación durante las fases álgidas de las tres crisis económicas (1981-1985, 1992-1993 y 2008-2013). En el caso de la primera, la reconversión industrial cerró el destino más frecuente de la emigración rural. También se aprecia el incremento de dedicación a la ganadería (1986-1988) como consecuencia de nuestro ingreso en la UE. Tal como muestra el Gráfico 3, de los diferentes subsectores que componen el sector AGP, la agricultura es, debido a su tamaño, el determinante de la evolución. Pero también la ganadería ha quedado reducida al 29% del volumen de empleo que tenía en 1976 (coincidiendo con la proporción del total del sector AGP). La pesca actual mantiene un 40% del empleo inicial, mientras que la silvicultura ha conservado un 76%.

Gráfico 2

Fuente: EPA (1976-2019).

Gráfico 3

Fuente: EPA (1976-2019).

Una evidencia que llama poderosamente la atención es la de la opción de las mujeres por actividades fuera del ámbito rural y, por tanto, no relacionadas con el sector agrario (Gráfico 4). El campo se ha quedado al margen del proceso de intensa feminización del mercado de trabajo español: diríase que muchas mujeres se marcharon a estudiar a las ciudades y no regresaron. En 1976, el porcentaje de mujeres que trabajaban en el sector AGP era prácticamente idéntico al de las empleadas en el resto de sectores de la economía (40 por cada 100 hombres). Actualmente, por cada 100 ocupados varones en el campo, hay 30 ocupadas. Muy diferente es la proporción femenina en el resto de sectores: por cada 100 ocupados varones, hay 87 ocupadas.

Gráfico 4

Fuente: EPA (1976-2019).

La evolución singular de la ocupación agraria no se evidencia solo en esta cuestión de género, sino también en los niveles educativos (Gráfico 5). En 1976, los ocupados en el sector AGP eran muy mayoritariamente (97%) personas analfabetas, sin estudios completos o, como máximo, con la educación primaria; hoy estos niveles todavía representan un 30% del total de la ocupación agraria, lo que supone un gran contraste con el resto de los sectores, en los que solo representan el 7%. Y mientras los que cuentan con formación profesional y universitaria son mayoría en el resto de los sectores (55%), en el sector agrario apenas llegan al 20%.

Gráfico 5

Fuente: EPA (1976-2019).

Finalmente, desde el punto de vista de su posición respecto a la producción, también se observa la recomposición de la ocupación en el sector AGP (Gráfico 6). Los autónomos, la categoría más frecuente a mediados de los años setenta, ha caído intensamente. El número de ocupados autónomos en 1976 (1.120.000) quintuplica al de 2019 (232.000). Actualmente, la categoría más voluminosa es la de los asalariados privados. Los clasificados como ayudas familiares prácticamente han desaparecido de la ocupación agraria (del 27,4% en 1976 al 1,7% en 2019), lo que indica que la “familia agraria” (aquella en la que la mayoría de sus miembros se hallaban ocupados en el campo) ha perdido presencia en la sociedad.

Gráfico 6

Fuente: EPA (1976-2019).

Sobre el telón de fondo de los datos expuestos en este artículo, el empeño diario de los agricultores por abastecer cumplidamente el mercado de productos alimentarios resulta, si cabe, más valioso. Es un sector que ha perdido casi dos millones de ocupados en los últimos 45 años, periodo durante el cual ha seguido una evolución que le distancia del resto de sectores de ocupación al haber quedado al margen de dos “vuelcos” que han transformado el mercado de trabajo español: el vuelco femenino y el vuelco educativo. Esos dos procesos son clave para entender las razones profundas de la desruralización de España y de ese fenómeno demográfico que hoy tanto preocupa y que quizá merece simplemente la denominación de la “España durante mucho tiempo olvidada”.


[1] Así definió la situación Pedro Barato, Presidente de la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (ASAJA), en el programa Onda Agraria (Onda Cero) el 14 de marzo de 2020.

[2] Cantidad que representa cerca del 20% del empleo agrario actual.

[3] No es un problema que afecte solo a España. Por ejemplo, las explotaciones agrícolas francesas y alemanas también se encuentran ante similares dificultades, de acuerdo con las declaraciones de los representantes de sus respectivas organizaciones agrarias. En Francia, 145.000 voluntarios respondieron a la “llamada nacional” del Ministerio de Agricultura y del sindicato agrícola FNSEA para desempeñar estas tareas de recolección de la producción, una respuesta masiva que da cuenta de la importancia que la sociedad y las instituciones políticas francesas conceden al campo. Véase, por ejemplo, “Coronavirus: près de 150.000 volontaires pour aider les agriculteurs”, Le Monde, 31 de marzo de 2020.

[4] Estos servicios suponen un 4,2% del empleo del sector y dan cobertura a los tres subsectores aludidos previamente.

[5] Cuando nos referimos aquí al “sector agrario” (o sector AGP [agricultura, ganadería y pesca], incluimos a todos estos subsectores.

[6] En la EPA, los autónomos son los que trabajan por cuenta propia sin contratar asalariados. En este caso, los hemos unido con el 0,7% de los cooperativistas.

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Trabajar en remoto no es teletrabajar, ¿estamos preparados?

Artículo realizado por Juan Carlos Fernández. Abogado. CEO & Founder de Tecnogados.

La respuesta es, sí, estamos preparados por tecnología, pero no por organización y planificación de metodologías. Debido al aislamiento que estamos sufriendo por el COVID-19, las empresas y profesionales han visto modificadas sus pautas de trabajo, donde ha primado la improvisación de medios y metodologías para poder llevar a cabo el teletrabajo.

Pero ¿es lo mismo el teletrabajo que el trabajo en remoto?

Claramente no, este modelo de trabajo muy utilizado por organizaciones descentralizadas tipo Startups o empresas tecnológicas, donde sus trabajadores están dispersos por el mundo y donde su única herramienta de trabajo es su portátil y una conexión a internet, les permite movilidad y facilidad de adaptación. Los remotos tienen claramente definidas sus metodologías de trabajo, la planificación de sus canales de comunicación, tanto los síncronos como los asíncronos, la seguridad de su información, la disponibilidad, …; por lo que, en la actualidad de esta situación, ellos siguen desarrollando su actividad diaria con una rutina aparente. Siendo ahora un buen espejo donde mirarse, para perfilar cómo trabajan.

La dificultad viene de la mano de empresas donde prima la presencialidad de sus trabajadores y que se han visto obligadas a teletrabajar, teniendo un sinfín de problemas de adaptación al nuevo entorno de trabajo, donde la falta de planificación ha dado lugar a la improvisación y quien sabe, si esto derivará en futuros problemas de seguridad de la información y brechas de seguridad.

Claramente es imposible mantener las mismas medidas de seguridad en los equipos personales de sus empleados, unido a la conexión de la red particular, donde prima el desconocimiento de reglas de comunicación de las organizaciones y clientes. Pero dejando al margen de la seguridad de la información, las organizaciones tienen que definir unas metodologías y herramientas de comunicación, donde no puede ser el correo electrónico el principal medio, ya que este ladrón de tiempo puede dejar sin productividad de las empresas, a la vez que se enfrentan a posibles suplantaciones, phishing, ataques del CEO, …; ya que, no olvidemos, el correo electrónico es el principal medio utilizado por los ciberdelincuentes para llevar a cabo sus ataques y estafas.

“Desde Tecnogados estamos ofreciendo sin coste, consultoría sobre ciberseguridad, legalidad y privacidad de teletrabajo”

Es ahora el momento donde los Directores Ejecutivos deben tomar la dirección de las organizaciones definiendo relaciones contractuales con sus trabajadores, regulando las políticas de uso de los dispositivos, tanto los de empresa como los particulares, incorporando en este documento medidas y metodologías del teletrabajo, basadas en el consentimiento entre ambas partes, cuando los equipos son personales, pero aun así, fijando el empresario el uso de estos equipos cuando se esté desarrollando sobre ellos la jornada laboral, con el fin de proteger la información profesional, las comunicaciones con sus clientes y los datos personales de su organización. Definiendo dos entornos de escritorio, uno profesional, donde se despliegan las herramientas corporativas de la empresa, y cuando una vez finalizada la jornada laboral, el trabajador ejerce su derecho de desconexión digital, priorizando siempre las medidas de ciberseguridad, con el fin de evitar fugas de información empresarial.

Y por último, como dijo Einstein, la especie que sobrevive es la que mejor se adapta al cambio y ahora, éste es el teletrabajo, aprovechemos esta situación para sacar lecciones aprendidas y ver que el teletrabajo con una buena planificación es una realidad.  


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La economía poscoronavirus

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Cómo y cuándo acabará esta pesadilla. La gran cuestión para la salud y la economía. La respuesta vive a medias entre el atrevimiento y la necesidad de referencias. Sin una capacidad tecnológica de primer nivel, no hay estimación. Es necesario intentar estimar pero, en países como España o Italia, es también grande el margen de error, a pesar de la capacidad o astucia de cada cual. En Corea del Sur, donde los medios y la capacidad institucional son técnicamente evolucionados, la contención que ha permitido la tecnología capacita para hacer previsiones suficientemente fiables. Sin freno de corto plazo a la Covid-19 y sin datos públicos fiables no hay previsiones a medio plazo creíbles. Y, con esos parámetros, tecnología y fiabilidad, sólo se me ocurre el caso coreano.

Las previsiones que los economistas lanzamos sobre PIB, desempleo y recuperación en países con medios limitados y donde los recursos sanitarios y la investigación han sido secularmente despreciados no pueden ser más que provisionales y sometidas a considerables márgenes de error. Independientemente de la confesión y la religiosidad, juntamos las manos para rezar al realizarlas. Como esperanza, queda la idea de Victor Hugo de que la conciencia es muestra de la presencia de Dios en el hombre. Conviene ser conscientes, por tanto, de que se puede evitar lo peor pero hay dos referencias innegables que mueven los plazos. La primera, los especialistas médicos más reputados reconocen que la Covid-19 es, todavía hoy, una enfermedad bastante desconocida, lo que hace que su tratamiento sea variado y no concluyente y la vacuna una incógnita en eficacia y plazos. La segunda, se intenta que la economía reaccione para una recuperación rápida pero la necesaria progresividad de las medidas y la incertidumbre sobre cómo podría ser la esperada segunda ola de propagación en otoño-invierno hacen que se conserve mucha inquietud.

El mundo será distinto. Aunque no necesariamente en los parámetros experimentales que hoy se manejan. Seguiremos yendo a bares y restaurantes. Seguiremos pagando con la misma disponibilidad y referencias que antes de esta crisis porque nuestras formas de pago (en efectivo u otros medios) dependen estructuralmente de estructuras tecnológicas, derechos individuales y de demanda que esta crisis puede interrumpir pero difícilmente cambiar de forma radical. Sí que variará la disponibilidad de medios higiénicos a la entrada y salida de establecimientos (como los ubicuos geles hidroalcohólicos) y se reducirá el gusto por la aglomeración. Lo que más nos inquieta, en todo caso, es cuándo se recuperará la actividad. La mayor parte de los modelos asumen que lo malo del primer trimestre se trasladará en buena medida al segundo. Lo que pase en el tercero dependerá que hasta qué punto habremos entendido en verano la lección. Si el verano se medio normaliza, no invertir en respiradores y test y en aumentar los medios sanitarios seguirá implicando tener un sistema de salud de primer nivel en medios humanos y mediocre en dotaciones. Una segunda ola sin suficiente preparación podría ser demoledora moral, económica e institucionalmente. La investigación y la capacitación tecnológica tienen que ponerse al frente. Esa es la única referencia que aporta certeza.


Este artículo apareció originalmente en el diario El País.

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La pandemia y la investigación clínica

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Como las legiones del emperador Marco Aurelio frente a los bárbaros, hemos de librar nuestra guerra contra el SARS-CoV-2 en varios frentes simultáneos. La investigación de vacunas es el frente en el que se juega la victoria final. La investigación clínica para descubrir medicamentos eficaces y seguros que curen o alivien la enfermedad es otro frente de combate decisivo. Un artículo del dr. A. C. Kalil publicado el pasado 24 de marzo 1 se ha difundido rápidamente entre los investigadores, porque reafirma la estrategia a seguir para ganar el combate, que no es otra que serenidad y método científico.

No se puede repetir, dice Kalil, la tragedia de 2014, cuando en la lucha contra el ébola, después de probarse varios medicamentos, no se llegó a descubrir ninguno seguro y eficaz. La razón es que no se realizaron ensayos clínicos controlados bien diseñados que permitieran establecer relaciones de causalidad claras. Los ensayos clínicos son investigaciones en seres humanos para determinar la seguridad y eficacia de un medicamento. Para que sean convincentes, deben comparar grupos de pacientes de tamaño muestral suficiente, seleccionados aleatoriamente, uno sometido al tratamiento que se estudia y el otro, que sirve de control, al que se administra un placebo (en este caso en el que no hay tratamientos establecidos), en condiciones doble ciego (ni los sujetos ni los investigadores saben su asignación a un grupo u otro). Así, la inferencia estadística es rigurosa y se puede establecer relación de causalidad.

En España los ensayos clínicos están bien regulados y supervisados por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) y son muy numerosos los que se desarrollan debido a la potencia de nuestro Sistema Nacional de Salud y también a que sus costes son relativamente ventajosos.

«La forma de encontrar tratamientos seguros y eficaces para el COVID-19 y cualquier otra pandemia, es la combinación rápida y simultánea de cuidados de apoyo y ensayos clínicos controlados».

Félix Lobo

Actualmente, en el inmenso esfuerzo por salvar pacientes, se están empleando en diversos países varios medicamentos en condiciones fuera de indicación (ya autorizados, pero para otra finalidad terapéutica) y uso compasivo (uso individual de medicamentos en fase de investigación, todavía no autorizados porque no han terminado de probar una relación beneficio/riesgo positiva). Kalil lamenta que, en muchos casos, esto se esté realizando sin grupos de control. No existen pruebas científicas actualmente de que ningún medicamento sea seguro y eficaz contra ningún coronavirus. Administrar medicamentos como tratamiento de rescate implícitamente supone que se va a hacer más bien que daño. Sin embargo, puede tener efectos adversos, sobre todo en personas frágiles y en situaciones clínicas muy complicadas, de los que el artículo proporciona ejemplos convincentes. Y en condiciones de uso compasivo los efectos adversos de los medicamentos son imprevisibles por el limitado número de personas que se han expuesto a ellos.

Surge también la pregunta de si es ético un ensayo clínico en el que al grupo de control se le administra un placebo. Kalil argumenta que sí, porque la enfermedad no es letal al cien por cien y no se sabe si el medicamento beneficia o perjudica al paciente. Los pacientes que reciben el placebo siempre estarán más seguros en términos de reacciones adversas y sin el grupo de control es imposible determinar cuáles son los resultados del experimento.

Afortunadamente ya se han lanzado diversos ensayos clínicos controlados nacionales e internacionales. Además de los que informa Kalil en China y en los Estados Unidos, la OMS patrocina otro internacional, de gran envergadura, denominado “Solidaridad”, en el que participan hospitales españoles. Compara la eficacia de cuatro fármacos contra el coronavirus: el remdesivir, un antiviral que se diseñó para combatir el ébola; la cloroquina y la hidroxicloroquina; la combinación de lopinavir y ritonavir, que se emplea contra el VIH; y la combinación de estos fármacos junto al interferón beta.

En España, la AEMPS el 28 de marzo ya había autorizado otros ocho ensayos clínicos y estaba estudiando 84 propuestas más.

Este es el camino. Como dice Kalil, la forma de encontrar tratamientos seguros y eficaces para el COVID-19 y cualquier otra pandemia, es la combinación rápida y simultánea de cuidados de apoyo y ensayos clínicos controlados.


1 Kalil, A. C. (2020). Treating COVID-19—Off-label drug use, compassionate use, and randomized clinical trials during pandemics. JAMA. March 24

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Metricson presenta un nuevo modelo de financiación para startups

Modelo Metricson es un nuevo modelo de financiación de financiación para empresas que necesitan liquidez en momentos difíciles, pero no quieren comprometer su viabilidad futura. El modelo ha sido diseñador por algunos de los abogados, emprendedores e inversores españoles más reconocidos, como son SeedRocket, StartupXplore y Wayra.

Así lo presenta Luis Gosálbez CEO de Metricson y principal impulsor de esta iniciativa:

El modelo tiene un doble objetivo: que las empresas puedan obtener liquidez a través de financiación privada sin perjudicar su viabilidad futura; y por otro, que los inversores puedan dirigir su liquidez hacia las empresas que la necesitan con garantías y una rentabilidad acorde con el momento económico actual. Las principales ventajas para las empresas son que no se requiere un aumento de capital, ni se perjudica la capacidad de endeudamiento, ya que está ligado a los ingresos de la empresa y no es necesario un proceso notarial o registral. Y la ventaja para los inversores es que supone un ingreso recurrente, para no tener que apalancar su liquidez a largo plazo y con la garantía del activo adquirido. 

El modelo Metricson se articula en tres fases:

  1. El inversor compra a la empresa un derecho consistente en un


    pequeño porcentaje de su capacidad de venta. De forma simultánea,


    el inversor otorga a la empresa una licencia exclusiva de explotación


    sobre el derecho adquirido.
  2. Tras una fase inicial de carencia, la empresa paga periódicamente al


    inversor un porcentaje de los ingresos generados por su negocio,


    proporcional al derecho adquirido por el inversor.
  3. Una vez alcanzado el objetivo establecido por las partes, la empresa


    recupera el derecho transmitido al inversor comprándolo de vuelta en


    las condiciones pactadas en el punto 1.

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El empleo en EEUU se despeña por el Coronavirus más que en ningún otro país del mundo desarrollado, augurando otra Gran Depresión

España está indiscutiblemente presente en el podio más siniestro de la mala gestión de una pandemia que las cifras muestran que está afectando a nuestro país de forma mucho más grave que a otros países de nuestro entorno.

Pero eso no quita que no haya otros países del mundo desarrollado que no estén sufriendo lo indecible, y donde incluso lo peor aún está por venir. Uno de esos países es Estados Unidos, y allí el impacto ya es severo no sólo en términos socio-sanitarios, sino también en el plano económico: el empleo de EEUU se ha despeñado más que en ningún otro país del mundo desarrollado.

España lleva el tema del Coronavirus injustificadamente mal, pero hay otros países que también están padeciendo insufriblemente

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No sólo son España e Italia los países más perjudicados por la terrible pandemia del Coronavirus, sino que, conforme la plaga vírica se extiende por el mundo, la gravedad del impacto sanitario y socioeconómico se revela mayúsculo también para otros países. Y ello sin negar la obviedad que arrojan las cifras de que España e Italia son ahora mismo los países que peor parados salen de todo este siniestro asunto, padeciendo una gestión que evidentemente no ha sido nada buena a la vista de las cifras: incluso contando con la disparidad de criterios, los órdenes de magnitud son muy distintos en términos relativos.

Lo más sangrante se evidencia tras el necesario análisis comparativo con otros países que sí que están gestionando con éxito esta crisis socioeconómica, y a los cuales además ya teníamos como ejemplo que deberíamos haber seguido cuando aún estábamos a tiempo de minimizar esta terrible catástrofe. Y todo esto meramente con las cifras oficiales en la mano, puesto que hay estudios de investigación como el del Imperial College de Londres (que fue la institución que propició con otro de sus informes el brusco giro en la gestión de Johnson) que apuntan a que en España las cifras reales superan (y por mucho) a las oficiales, y que tendríamos en realidad entre 6 y 7 millones de contagiados.

Sin embargo, entre esos otros países que despuntan ya también como grandes afectados por el COVID-19, destacan por (des)méritos propios unos Estados Unidos y un Reino Unido donde Johnson sorprendió a propios y extraños con una inconcebible gestión de la pandemia que tuvo que rectificar y desdecirse a marchas forzadas, y que le ha llevado incluso a él mismo al hospital afectado por la enfermedad; y su evolución no es lo que se dice buena, puesto que ayer mismo Johnson ya pasó a la UCI.

La gestión de Trump de la pandemia en su territorio tampoco ha sido precisamente buena, y en un inicio menospreció categóricamente el riesgo potencial del virus y no tomó apenas medidas, habiendo tenido Trump también que rectificar y re-rectificar en sucesivas ocasiones. Pero, al contrario de lo que nos ha ocurrido en otros países con una cierta dosis de discurso único e inapelable sobre la gestión de la pandemia (algo inaceptable que tras demasiadas semanas por fin el gobierno se ha visto forzado a enmendar, y donde la versión oficialista no encaja con la sucesión de los acontecimientos ni con los datos disponibles públicamente, sin embargo en EEUU se ha levantado una agria polémica nacional en torno al tema, con artículos periodísticos que atacan de forma directa y meridianamente clara al propio presidente, dictando una sentencia condenatoria sobre su gestión de la pandemia, y haciendo una vez más todo un alarde del gran nivel de periodístico y de capacidad de auto-crítica de los que (todavía) pueden enorgullecerse al otro lado del Atlántico.

El caso de Estados Unidos sitúa su impacto económico actual entre los más graves del mundo desarrollado

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El caso es que la polémica en EEUU va mucho más allá del mero plano sanitario, lo cual no es ni mucho menos poco en aquel país, especialmente tratándose de una socioeconomía en la que la sanidad tiene sus (muy) grandes deficiencias. Simplemente decir en este sentido que el Coronavirus no ha hecho sino poner en primer plano esas asimetrías y desigualdades socioeconómicas de EEUU que desde aquí siempre les hemos analizado (y por las cuales abogábamos por una necesaria refundación del capitalismo). Así por ejemplo, millones de estadounidenses sin una adecuada cobertura sanitaria se van a ver abocados a una situación extrema frente al Coronavirus: los servicios sanitarios por el funesto virus les van a costar en torno a la friolera de 75.000 dólares por paciente (al que los tenga, claro está, que no olvidemos que estamos hablando de las personas sin una adecuada cobertura sanitaria, lo cual es así principalmente por motivos económicos). Ni qué decir tiene que carecer de recursos económicos para sufragarse el ingreso hospitalario por Coronavirus puede tener sus graves implicaciones incluso sobre la mera contención de la pandemia a nivel nacional.

Pero abrazando un aspecto mixto de esa Socioeconomía que acuñamos desde aquí como nuevo concepto híbrido, también se han levantado polvaredas en la cuna del capitalismo acerca de cómo el Coronavirus está afectando gravemente a la economía, y peor que parece que va a ser en el futuro. De hecho, según el New York Times, EEUU está arrojando las peores cifras del mundo desarrollado en cuanto a “reajustes” laborales se refiere, augurando unas cifras macroeconómicas que bien podrían acabar siendo equiparables a aquellas de la funesta Gran Depresión de la primera mitad del siglo XX.

Así, sólo en la semana que fue del 15 al 21 de Marzo, en Estados Unidos nada más y nada menos que 3,3 millones de trabajadores solicitaron la prestación por desempleo. La proyección a futuro que arrojan estos datos iniciales es que la virulencia económica del Coronavirus haría alcanzar una tasa de desempleo del 30% en el segundo trimestre de 2020. Como ven, las cifras son absolutamente noqueantes, y especialmente dolorosas en un mercado laboral como el de EEUU, donde los trabajadores están mucho más desprotegidos legalmente y en prestaciones frente a este tipo de calamidades económicas tan destructoras de empleo, y donde además las redes de contención socio-familiares no son ni mucho menos tan fuertes como por ejemplo en los países latinos. Y por cierto, que ahora se demuestra la capacidad de anticipación que determinados países como Rusia tuvieron hace ya meses, cuando se pusieron a vender dólares y comprar oro como si no hubiese un mañana; un país en el que, además, esta crisis coge a las empresas rusas con sus reservas financieras al máximo.

Pero no se puede vivir sólo en el hoy, y hay que contar también con el impacto en el mañana

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Los datos publicados son muy claros (“crystal-clear” que dirían los propios americanos), pero hay también que ser objetivos, y tratar de saber ver que, también en lo económico, las cifras que deja tras de sí la destructora estela del COVID-19 hay que matizarlas. Porque el hecho es que en EEUU las cifras del mercado laboral están mostrando la virulencia de la crisis en toda su crudeza,ya que allí las medidas económicas tomadas por la administración Trump no han sido tan contundentes ni intervencionistas como en otros países, en los que directamente se ha prohibido el despido por decreto mientras dure esta situación coyuntural.

Lo que esto puede implicar es que EEUU pueda estar mostrando un desolador panorama económico que aquí tan sólo vayamos a ver en diferido, porque lo que está claro es que la dentellada económica del monstruo de la pandemia la vamos a sentir de una manera u otra, y si en España se han prohibido ahora los despidos por decreto, o bien esos despidos llegarán más adelante (esperemos que sean menos al haber remitido ya la pandemia sanitaria), o bien lo que veremos será una clara tendencia de defunción empresarial porque las empresas no puedan hacer frente a unas nóminas para cuyo abono no están contando con apenas ventas de sus productos y servicios. Al final, el resultado puede acabar siendo el mismo, y la mortalidad empresarial acabaría trayendo igualmente más desempleo, solo que a posteriori mientras se liquidan esas empresas que pasan a mejor (o más bien a peor) vida, y que difícilmente volverán en el corto y medio plazo.

Realmente, no sabría decirles qué es peor, si que se pierdan directamente los empleos y se conserven las empresas que luego pueden volver a generarlos, o que se conserven los empleos y se pierdan muchas empresas que ya no van a generar empleo nunca jamás. No es una disyuntiva fácil ni con resolución no traumática, y una vez más parece que la opción más equilibrada y que puede acabar maximizando las ventajas (y minimizando las desventajas) de una y otra opción es esa economía de “Start/Stop” que defendimos desde estas líneas desde el principio de esta crisis, y cuya implementación final en el caso de la economía española no acaba de ser precisamente la más oportuna, y presenta también sus muchos riesgos a futuro. Personal y profesionalmente a un servidor le gusta infinitamente más la aproximación a este concepto que hemos visto en otros países como Dinamarca, y con la que prometen vadear esta crisis mucho mejor que nosotros.

Pero si hay algo de cierto en toda esta crisis pandémica es que para ver sus resultados en todos y cada uno de los países como resultado de sus diferentes aproximaciones, tan cólo tenemos (y podemos) esperar y ver. Sin duda que esas asimetrías socioeconómicas de nuestros sistemas se van a abrir en algunos casos hasta convertirse en simas insalvables, tensionando nuestras socioeconomías fuertemente, e incluso pudiendo perfectamente superar las severas tensiones socio-políticas que sufrimos durante la Gran Recesión, y cuyo precio aún estamos pagando a día de hoy. Y es que, como ya les dijimos hace unos cuántos meses cuando analizamos la crisis que ya se empezaba a cernir sobre nuestras cabezas, y de la cual el Coronavirus sólo ha sido un potente multiplicador, la próxima gran crisis ensancharía fuertemente todas esas asimetrías y brechas, que ya requerían en su momento de esa urgente e ineludible refundación del capitalismo de la que tantas veces les hemos hablado en los últimos años.

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Entendiendo por lado oscuro el que pretende siempre destruir en vez de construir, ahí estará ese lado oscuro barrenando con dinamita cada fisura que se vaya abriendo en nuestro sistema. Mucho me temo, a la vista de la situación, que esa refundación no ha llegado a tiempo (ni siquiera parece que haya acabado de llegar -Coronavirus mediante-): el riesgo no es otro que ahora todo el sistema pueda saltar por los aires. Y en esas podríamos estar ya. Buena suerte a todos con las sacudidas: puede que esta vez su intensidad se nos salga incluso de la escala sísmica.

Imágenes | Photopin Mike Licht modified by DBM under Creative Commons Pixabay geralt | Pixabay Graehawk | Pixabay geralt | Pixabay Clubfungus

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