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Ver para creer… ¡el petróleo se hunde y cotiza en negativo!

Ayer se produjo un hecho histórico en la cotización del petróleo. Habíamos visto muchos hundimientos en su precio en las últimas semanas, pero lo que no podíamos imaginar era que la cotización del barril de petróleo pudieran caer por debajo de cero dólares.

Lo que está sucediendo es que fruto de la pandemia del COVID-19, ha disminuido la demanda global de combustible y, paralelamente, no existe suficiente almacenamiento para el exceso de petróleo presente en territorio estadounidense. Por ello, ayer vimos como los inversores vendieron contratos de futuros de petróleo estadounidense del mes de mayo en medio de una oleada de pánico.

Incluso, en un momento dado el contrato alcanzó los 40 dólares negativo. Cuando el mercado se detuvo, el petróleo había caído hasta los -37,63 dólares por barril, un descenso del 305% o 55,90 dólares por barril.

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La sesión de ayer fue muy interesante de analizar. Durante las primeras horas de negociación del lunes, los futuros de petróleo de mayo fueron bajando constantemente, ampliando la brecha entre ese contrato y el de junio, que, aunque débil, terminó el día a más de 20 dólares por barril. Pero con la expiración en camino el martes, la venta se aceleró en las últimas dos horas, con el petróleo finalmente alcanzando un territorio negativo aproximadamente 20 minutos antes del cierre de la negociación.

Una vez que se superó ese nivel, los vendedores se amontonaron, enviando el contrato a un punto por debajo de los 40 dólares negativos por barril antes de que un ligero rebote terminara lo que será el peor día desde que se introdujo el contrato West Texas Intermediate en 1983.

¿Qué está pasando?

La razón de estos precios en negativo la encontramos en una pandemia que ha reducido la demanda del combustible todo el mundo aproximadamente en un 30% a partir de principios del mes de marzo. Pero, durante varias semanas, el suministro de petróleo de todo el mundo ha seguido creciendo.

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Incluso teniendo en cuenta el reciente acuerdo que hemos visto entre la OPEP y los otros grandes productores de petróleo para reducir el suministro global de crudo, no serán lo suficientemente intensos y rápidos para compensar la fuerte caída de la demanda y el exceso de suministro existente que no tiene salida.

Los recortes que estamos viendo en estos días habrá que ver su consecuencia final en los próximos meses. Incluso, teniendo en cuenta que la economía pudiera recuperarse poco a poco en los próximos meses, los almacenes seguirán llenos y las petroleras han quedado dañadas.

Estados Unidos se encuentra con un problema. Vemos un petróleo no deseado porque detrás no hay una demanda, se almacena, pero de tal manera que los almacenes se están llenando mucho más rápido de lo previsto. Como ejemplo, en Cushing, Oklahoma, la pequeña ciudad de menos de 10.000 habitantes que sirve como el principal centro de almacenamiento de Estados Unidos, estaba llena al 70% la semana pasada, y las previsiones actuales es que en dos semanas se alcanza el 100%, lo que ha motivado el hundimiento en los contratos de mayo.

Este tipo de cotizaciones en negativo quizá no se trate de un simple hecho de ayer sino que podría repetirse en los próximos meses, debido a que la oferta de combustible supera ampliamente a la demanda de combustible tanto presente como futura. El confinamiento forzado de la población ha llevado a que la industria haya parado repercutiendo en una fuerte caída en la demanda energética.

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el-hundimiento-de-la-economia-espanola.-esta-es-la-recesion-que-se-espera-en-2020

El hundimiento de la economía española. Esta es la recesión que se espera en 2020

La recesión de 2009 puede parecer una simple anécdota si lo comparamos con la caída del PIB que se avecina para el año en curso. Las consecuencias económicas derivadas de las medidas aplicadas contra el COVID-19, están teniendo una fuerte repercusión en la economía mundial y, específicamente, en la española.

Hay que tener en cuenta que muchos países han recurrido a los aislamientos, confinamientos y cierres generalizados para la protección de sus ciudadanos, evitar la propagación del virus y que los sistemas sanitarios puedan hacer frente al desafío.

Las estimaciones que teníamos hasta la fecha ya han quedado absolutamente desdibujadas y, si 2020 se presuponía como un año mejor de 2019 por el alivio en las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China y por una resolución consensuada del Brexit, hoy ya podemos hablar de recesión.

Las últimas estimaciones realizadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) así lo avalan y se proyecta que para este año la economía mundial sufrirá una recesión del 3% del PIB. Para poner en contraste datos sería una recesión incluso más intensa que la registrada en la crisis financiera de 2008-2009 que tensionó el sistema financiero global.

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No obstante, se estaría valorando que para el año 2021 el crecimiento económico del mundo sería del 5,8%. El FMI apunta que está previsión se basa en el supuesto en el que se es capaz de combatir al COVID-19 y que la pandemia se va disipando durante el segundo trimestre de 2020 y que todas las medidas de contención se van replegando favoreciendo la actividad económica.

El impacto del shock para España

En los últimos años no sabíamos habituado a ver como España era uno de los países líderes en el crecimiento dentro de las las grandes economías del euro y el resto de economías. Con las actuales previsiones realizadas, España vuelve a liderar, pero por el lado contrario, siendo uno de los países con una recesión más profunda, con una caída estimada del 8% de su PIB.

Si ponemos en contraste está cifra, en el año 2009 la actividad económica española se contrajo un 3,76%. Recordemos que esa caída del PIB vino de la mano del estallido de la burbuja inmobiliaria española que arrasó a las cajas de ahorro del sistema bancario, generó la pérdida de ingresos extraordinarios y provocó grandes déficits para la administración pública española que nos llevó seguidamente a una crisis de deuda soberana.

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Si nos comparamos con el resto de países de la eurozona y el resto de economías desarrolladas, solo Italia se estaría enfrentando a un shock económico superior, con una caída del PIB del 9,1% en este año.

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Por lo tanto, con una caída del 8% estaríamos hablando de una recesión del doble de intensidad que la vivida en 2009. Estas cifras tienen toda la lógica del mundo si tenemos en cuenta que España ha predicado uno de los confinamientos de mayor intensidad -originados por la escasez de medidas preventivas que han llevado a una de las mayores por vacaciones a nivel global-, y que en España tenemos un peso del 15% del PIB en el sector turístico que actualmente se encuentra en una parálisis absoluta.

Hay otras consecuencias que derivan del análisis realizado por el FMI. Según detallan, veríamos una caída de los precios al consumo (IPC en el -0,3%), lo que puede ser de especial importancia en el momento de la revalorización de las rentas vinculadas a este indicador como, por ejemplo, las pensiones.

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Y el otro dato revelador sería la subida dramática del desempleo hasta una tasa del 20,80%. Un hecho que se puede empezar a palpar con el descenso de más de 830.000 afiliados en la Seguridad Social que vimos en el mes de marzo.

España dispará su déficit público

Desde la recesión de 2009, hemos visto como todos los gobiernos españoles, independientemente de su signo político, han mostrado una gakta de compromiso con la estabilidad presupuestaria.

Con Zapatero vimos déficit del 10%, con Rajoy vimos España lideraba entre los países con mayor déficit público, y Sánchez, antes de que todo esto ocurriera, se saltó la senda de reducción de déficit público del año anterior y subió dos décimas hasta alcanzar el 2,7% del PIB por la falta de Presupuestos.

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La situación de la deuda pública es de gran debilidad. En estos años, la relación deuda pública sobre PIB se ha reducido paulatinamente desde que se superó la cuota del 100%. Esta reducción ha sido causada principalmente por efecto del crecimiento nominal del PIB y no por los recortes. La deuda de las Administraciones Públicas ascendía a 1,189 billones de euros a finales de diciembre de 2019, una relación deuda/PIB del 95,5%.

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Para este año, el déficit público se disparará. El FMI vaticina que alcanzaría el 9,5% del PIB, la medida más alta de la Eurozona y la tercera más elevada entre los países desarrollados solo superada por Canadá (-11,8%) y Estados Unidos (-15,5%).

La razón que justifica este déficit público tan elevado es que España, por un lado, verá una merma intensa en el deterioro de los ingresos públicos y, por otro lado, debe hacer frente a gastos sanitatios para combatir la pandemia, y otras partidas como son el aumento de las prestaciones de desempleo para los trabajadores despedidos y demás ayudas. En total, se prevé una escalada de la ratio deuda pública hasta el 113,4 % del PIB.

¿Podrá el Gobierno financiarse?

España se enfrenta ante un shock externo con una posición debilitada en las finanzas públicas y, por ello, uno de los factores de riesgo más relevantes es su capacidad de financiar, tanto las necesidades presupuestarias del año en curso, como refinanciar los vencimientos de deuda que vayan surgiendo durante el periodo.

Por esa razón, el Banco Central Europeo se ha postulado para un programa de compras más ambicioso que incremente más velozmente su intervencionismo monetario a través de la compra de títulos de deuda en el mercado secundario para suavizar los intereses.

Pero quizá estas medidas no son suficientes y por ello, se ha hablado tanto de los eurobonos como el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) para conseguir financiación a intereses bajos.

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España estaría muy interesado en estas opciones debido a que su perfil de riesgo está seriamente deteriorado aunque el bono español a 10 años esté cotizando a una rentabilidad del 0,81%, fruto de la intervención recurrente del BCE.

En un momento en el que exista una incertidumbre en los inversores sobre la capacidad de pago del Gobierno de España y se disparase los intereses como ya ocurrió en Grecia, cualquier opción que enmascare su perfil de riesgo sería atractiva para España.En el supuesto de última instancia iríamos al MEDE para demandar asistencia financiera que vendría acompañada de duros ajustes si se siguen los pasos de los anteriores rescates.

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economia-digital-en-tiempos-de-pandemia-(v).-realidad-invertida

Economía digital en tiempos de pandemia (V). Realidad invertida

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El confinamiento ha provocado la hiperactividad de algunos
de nuestros grupos de WhatsApp. Los
teléfonos están llenos de manifiestos domésticos, interpretaciones de concursos
de talentos, raramente de información útil y artículos interesantes, y
frecuentemente de bromas, memes y chistes gráficos de calidad diversa. Mi
favorito representaba una jaula de pájaros, habitada por una familia, mientras
los pájaros vuelan fuera a su alrededor. ¿Qué pensarán las manadas de jabalíes
que se adentran en pueblos y ciudades de nuestra desaparición de los espacios
abiertos? Son casos de realidad invertida, que son un buen resumen de lo paradójico
y surrealista de estos tiempos. En todo caso, esto es una pequeña digresión,
porque el asunto de este artículo es una realidad invertida muy específica: la
de las aulas.

Otro de mis memes favoritos de estos días lo recibí de un
colega profesor de universidad: “he leído muchas novelas de ciencia ficción, y he
visto muchas películas apocalípticas, ¡y en ninguna había clases online!”. No se fíen de la literatura
fantástica, porque la educación en línea está revolucionando las escuelas y la
universidad y mi tesis es que, cuando acabe la pandemia, el mundo educativo habrá
cambiado para siempre. Y para mejor. Durante este tiempo los profesores estamos
aprendiendo a usar los sistemas de teleconferencia para dar clases online de la forma más interactiva
posible, aprendiendo a grabar y editar videos y a diseñar sistemas de
evaluación de forma objetiva y poco manipulable (hasta donde se puede). Los
alumnos, por su parte, se están habituando a manejar muchas fuentes de
información tanto escritas como audiovisuales y desarrollando capacidades para
interactuar y trabajar a distancia y sobre todo para el autoestudio. No se cómo acabará esta aventura, pero permítanme, al
menos en este pequeño ámbito, ser optimista.

«Cuando volvamos a las aulas, ¿por qué no sustituir parte de nuestras clases magistrales por las mejores clases en línea disponibles? Nuestros alumnos aprenderían los conceptos con este material audiovisual, de manera que en las clases presenciales podríamos trabajar las aplicaciones y dejar más espacio para la experimentación y la investigación».

Juan José Ganuza

El mundo digital se caracteriza –además de por las
externalidades de red– por costes fijos altos y costes marginales casi nulos,
lo que muy a menudo implica que una sola empresa domine el mercado (“the winner takes all”). Algo parecido se
puede producir en la educación. A la fuerza ahorcan: ahora todas las
universidades del mundo están incurriendo en los costes fijos y están produciendo
una cantidad ingente de material docente audiovisual sobre todas las materias. Cuando
volvamos a las aulas, ¿por qué no sustituir parte de nuestras clases
magistrales por las mejores clases en línea disponibles? Nuestros alumnos
aprenderían los conceptos con este material audiovisual, de manera que en las
clases presenciales podríamos trabajar las aplicaciones y dejar más espacio
para la experimentación y la investigación. Si están interesados en la
asignatura que yo imparto, Teoria de Juegos, les recomiendo un curso
abierto de la Universidad de Yale
. El
profesor, Ben Polak, es
sinceramente insuperable: dicción propia de My Fair Lady (o de Peppa Pig, que
es el inglés de la reina), sentido del humor, conceptos explicados con claridad
con tiza blanca sobre pizarra negra –caligrafía de cuadernos rubio, empezando
en la esquina noroeste, y acabando en el sureste, ¡un espectáculo bello!–… El
curso es completamente estándar y su temario está presente en casi todos los
programas de grado de economía que se imparten en el mundo. Por tanto, ¿por qué
no dejar al profesor Polak enseñar el equilibrio de Nash, ocupándonos nosotros en
clase de reflexionar sobre el concepto y explorar sus aplicaciones y límites?

Cada campo del conocimiento tiene su estrella. Gregory Mankiw es un gran macroeconomista de Harvard, pero ante todo es un excelente divulgador y docente. Hace años le pagaron un millón de dólares para que se encerrara a escribir un libro de Introducción a la Economía (los libros de texto más rentables son los más básicos). El resultado fue un salto cuántico sobre los materiales existentes, un manual que se leía como una novela y se entendía como si hubieran puesto gafas a nuestras neuronas. ¿No utilizarían sus clases si estuvieran disponibles?

Es verdad que ya existían cursos en línea de grandes
profesores (de Coursera, por ejemplo) antes de la crisis. Pero después de la
pandemia la oferta de contenidos será inmensa y, lo más importante, la demanda
estará más preparada. Por lo que este modelo mixto virtual-presencial que se
denomina “aula invertida
(en inglés, flipped classroom) puede tener
su momentum. La idea de introducir
los conceptos virtualmente antes de una clase presencial práctica no es solo
aplicable a la enseñanza no universitaria, sino que proviene de allí. Un instituto
americano (Clintondale High School) que tenía unos resultados académicos
pésimos y figuraba muy abajo en los rankings
la puso en práctica por primera vez. Gracias a la experimentación, a la
transformación radical del aula invertida, redujo el fracaso escolar y mejoró
espectacularmente sus resultados.

Un proceso similar se está registrando en los seminarios de investigación. Forzados por la necesidad, no solamente nos hemos dado cuenta de que podemos seguir con nuestros seminarios (ahora webinar) internos de investigación a través de internet, sino que se pueden organizar top webinars a coste cero con los mejores investigadores. Por ponerles un ejemplo, el pasado 9 de abril, la Royal Economic Society organizó uno de estos seminarios en líneasobre las consecuencias económicas de la pandemia causada por el Covid-19, impartido por dos de los mejores economistas del mundo, el profesor del MIT Daron Acemoglu y el premio nobel Jean Tirole. El seminario fue seguido por más de 3.500 personas (que difícilmente hubieran cabido en una sala y se hubieran encontrado en el mismo lugar). Todas las áreas de conocimiento están instaurando sus propios webinars. El CEPR Virtual IO Seminar Series, organizado entre otros economistas por un colaborador ocasional de este blog, Gerard Llobet, tiene la intención de convertirse en el seminario de referencia global de Economía Industrial. Específicamente relacionados con la Economia Digital pueden seguir desde el sofá de su casa el Virtual Digital Economy Seminar o el seminario de la TSE “Economics of Platforms Seminar”. Cuando volvamos a las aulas, estos seminarios globales no desaparecerán, porque los economistas habremos aprendido a que es un sistema muy eficiente de transmitir el conocimiento.

Termino con un moraleja macro. Los macroeconomistas están
discutiendo sobre la forma de la recesión y la recuperación, en uve, raíz cuadrada
o en la temible u. Aunque me encantaría apuntarme a la hipótesis optimista de
la uve, tendría que matizar que será la de una montaña rusa: bajaremos con
vértigo, y subiremos despacito. Cuando salgamos no lo haremos a toda velocidad;
los aviones, restaurantes y teatros empezarán reduciendo sus capacidades y
aforos, tendremos que invertir en seguridad laboral, en recuperar las
relaciones comerciales perdidas, en abrir nuevos mercados… en definitiva,
nuestros costes serán más altos y, si la demanda baja y la curva de oferta
(costes marginales) sube, no necesitamos a Mankiw para concluir que creceremos pausadamente.
En esta entrada hemos explorado una fuerza opuesta, un rayo de luz en un
horizonte oscuro. El teletrabajo puede conllevar ganancias de productividad
permanentes. Creo que será así en el sector educativo y en la investigación, no
porque se hayan producido nuevas herramientas, sino porque la necesidad nos obliga
a aprender a usar las que ya existían.

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covid-19-y-la-reforma-del-orden-economico-internacional

Covid-19 y la reforma del orden económico internacional

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La covid-19 ha sacudido la economía global en unos momentos en los que se estaban generalizando las tensiones comerciales. En los últimos tres años los gobiernos nacionales han aprobado 2.723 medidas restrictivas del comercio internacional. Las más graves son las aplicadas en la guerra comercial de Estados Unidos y China. Estos dos países sólo son responsables del 23% de dichas medidas, aunque son las de mayor calado y las que están poniendo en peligro el sistema multilateral de comercio creado por Estados Unidos y del que China ha sido, seguramente, el país más beneficiado.

El conflicto Estados Unidos-China se remonta prácticamente
al momento en el que China fue aceptada en 2001 como miembro de la Organización
Mundial del Comercio (OMC). Desde ese momento China utilizó el comercio como un
arma al servicio de su estrategia geopolítica. Por su particular sistema económico, que podemos
caracterizar como de capitalismo de estado, su gobierno ha interferido
sistemáticamente, mediante ayudas
públicas de todo tipo, en la asignación de recursos y en la formación de
precios. El resultado es que en algunos sectores sus producciones son
extraordinariamente baratas, no porque sea el país más eficiente y competitivo
sino porque, debido a su sistema opaco de subvenciones públicas, invaden los
mercados internacionales obligando
a cerrar empresas en las economías avanzadas. El caso más extremo y
conocido ha sido el referente a la
producción de acero que, como consecuencia de este comportamiento anticompetitivo, ha ocasionado el cierre
de numerosas empresas en países desarrollados. Estados Unidos es seguramente el
país que en mayor medida se ha visto afectado, tanto en su producción de acero (sector
en el que también se han cerrado plantas industriales en Europa y en España) como
en otras actividades productivas.

Frente a este comportamiento, la OMC, que es la
organización encargada de vigilar y supervisar el cumplimiento de los acuerdos
que garantizan un comercio libre, no ha sido capaz de resolver los
conflictos y se ha mostrado incapaz de encauzar el comercio según el espíritu que impregnan
las normas que deben regir las relaciones comerciales internacionales y que
dieron origen a la propia organización.

«Es de esperar que la tremenda perturbación ocasionada por lacovid-19 haga ver con claridad a los líderes mundiales la necesidad de fortalecer el orden comercial internacional. Y que, mediante la cooperación y el consenso, se restaure una OMC más eficiente».

Esta falta de un buen gobierno multilateral ha contribuido al desarrollo de movimientos antiglobalización que reaccionan contra lo que consideran los efectos negativos de un mundo globalizado. Para estos movimientos, la covid-19 evidenciaría de forma clara lo que ellos consideran efectos negativos de la globalización. Por ello, hoy es frecuente escuchar que el reto al que nos enfrentamos no es la reconstrucción y mejora de las relaciones económicas que se estaban resquebrajando, sino el restablecimiento de unas sólidas economías que prioricen las industrias nacionales. Parece que hay unas fuerzas sociales y políticas que apuntan a la intensificación de los conflictos en las relaciones económicas internacionales. Por eso, Dani Rodrik cree que los autócratas populistas se volverán más autoritarios, que China y Estados Unidos mantendrán su enfrentamiento y que, en general, se intensificará la batalla en el seno de los países entre populistas autoritarios e internacionalistas liberales.

Ese camino sería desastroso y ojalá no se intente recorrer. Por el contrario, el impacto que está teniendo la covid-19 debería servir para reconducir las tensiones chino-norteamericanas. Es necesario comenzar superando el sentimiento anti-chino propio de algunas esferas de la sociedad norteamericana, pero también la hostilidad anti-norteamericana que se está extendiendo en la sociedad china. Como señala Keyu Jin, la crisis provocada por la covid-19 debería abrir el camino a la reconciliación. China, como potencia en ascenso, debe dejar de usar los instrumentos económicos como arma para hacer valer sus intereses geopolíticos y, en su lugar, ganarse la confianza del resto del mundo con comportamientos transparentes y actuaciones honestas. En la lucha que mantienen ambos países por el liderazgo mundial, Martin Wolf ha señalado, muy acertadamente, que vencerá aquel que sea capaz de mostrarse ante el mundo como competente y decente. Y cree que China no es decente, pero el coronavirus puede cambiar esta situación en unos momentos en que Estados Unidos tiene un presidente al que muchos consideran incompetente y perverso con el resto del mundo.

Es de esperar que la tremenda perturbación ocasionada por la covid-19 haga ver con claridad a los líderes mundiales la necesidad de fortalecer el orden comercial internacional. Y que, mediante la cooperación y el consenso, se restaure una OMC más eficiente para que vuelva a convertirse en un instrumento esencial para el logro, gracias a la división internacional del trabajo y la creciente integración de las economías nacionales, de la prosperidad, la estabilidad económica y la paz mundial.


Referencias

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los-efectos-del-coronavirus-sobre-la-economia-espanola-van-a-ser-peores-que-la-crisis-de-2008

Los efectos del coronavirus sobre la economía española van a ser peores que la crisis de 2008

La pandemia del coronavirus está teniendo graves efectos en las economías más importantes alrededor de todo el mundo y está afectando a casi todos los sectores económicos.

En España estos efectos se han notado en los principales sectores que son los motores económicos de nuestro país, como son el sector turístico y el sector de la automoción. Por tanto, se puede afirmar que el coronavirus ha creado una crisis económica que cuando más alarga puede ser peor que la crisis del 2008.

España le va a costar más salir de la recesión provocada por el coronavirus

El impacto de los efectos negativos en la economía mundial por causa del coronavirus es abrumador, ya que se está dando un estancamiento a nivel globalizado de la economía.

Las previsiones de salida de la crisis de las economías desarrolladas están alrededor de 2 años en volver a los niveles actuales de Producto Interior Bruto (PIB) previos a la pandemia de coronavirus, que es lo tardaron Alemania y Francia en recuperarse de la anterior crisis.

España, Italia o Reino Unido, durante la anterior crisis económico tuvieron más problemas para recuperarse, debido a cada uno de estos países partían de diferentes condiciones para poder remontar el vuelo de nuevo.

Se espera y se desea que España pueda conseguir remontar el vuelo en 2 años, como el resto de los países miembros de la Unión Europea, aunque Italia se va a encontrar con muchas piedras por su camino de la recuperación.

España y Reino Unido no van a tener problemas para recuperarse en plazo de 2 años, y volver así a los niveles de crecimiento que tenían antes que pasara el coronavirus por sus países.

La crisis financiera en España de hace más de una década es diferente a la crisis que se va a vivir por el coronavirus. España e Italia van a ser los 2 países dentro de los miembros de la Unión Europea más afectados económicamente por el coronavirus, ya que están siendo más afectados a nivel sanitario.

¿Cómo va a ser el despertar de la economía en España?

La economía en España ha salido del letargo, obligado por el Gobierno, para intentar evitar la propagación del coronavirus a través de la disminución de su actividad. Un tercio de la población mundial está con algún tipo de restricción de movimiento por los estados de alerta sanitaria.

En el caso de la economía en España, existen grandes dudas de cómo va a ser después de este letargo. Primero, porque nunca se ha vivido una situación parecida y nadie sabe cómo le va afectar al tejido empresarial español.

Segundo, porque no ha habido una preparación previa, todo lo contrario, el tejido empresarial español intentaba salir de los efectos que se vivieron por la dura recesión del 2012.

Tercero, porque esta situación de disfunción económica no sólo afecta a España sino que se están viviendo en casi todas las economías a nivel mundial. Es decir, a quien vendemos y a quien compramos están viviendo la misma o parecida, y sus letargos económicos nos van afectar de forma directa.

Las microempresas y los autónomos son los grandes perjudicados

España está formado por un tejido empresarial de más de 3 millones de microempresas, con 3 empleados de media con una de estas microempresas. Por tanto, la red empresarial española juega en contra de su supervivencia, ya que la mayoría de estas empresas no tienen mucha tesorería para sobrevivir.

Muchas de estas empresas van a tener muchas dificultades para poder sobrevivir a partir de ahora, es decir, tiendas de barrio, restaurantes, librerías, talleres, electricistas, fontaneros… y miles de autónomos y pequeños empresarios van a sufrir los efectos de estos meses de inactividad.

Va a sufrir todo este colectivo, ya que tiene muy poco margen de maniobra para ajustar sus gastos y pocas reservas de liquidez para poder afrontar varios meses sin tener entrada de ingresos.

El Gobierno podría mirar que está haciendo países como Estados Unidos y Dinamarca que están ayudando de forma directa con préstamos condonables, es decir, préstamos de los cuales entrega para el financiamiento y al final del proceso, el paga la deuda según el cumplimiento de las condiciones establecidas por la entidad promotora.

La clave del éxito del letargo económica está en las ayudas. Los 100 mil millones en avales del Gobierno español suponen el 20 por ciento del crédito a empresa, mientras que en Alemania se ha llegado hasta el 30 por ciento, además que las entidades bancarias tienen que interiorizar que deben canalizar y agilizar los recursos públicos.

Por último, es el impacto del letargo de las otras economías dentro de la economía española. Claramente para el sector turístico y el sector hostelero español van a vivir tiempos muy difíciles durante los próximos meses e incluso años por culpa del coronavirus.

En El Blog Salmón | Todo esto ha hecho China para salir adelante después del coronavirus

Imagen | Flickr

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Voluntariado Virtual: tan lejos, tan cerca

En estos tiempos sin precedentes en los que estamos cambiando nuestra forma de vida a un entorno virtual, el voluntariado corporativo también se ha adaptado para seguir apoyando a las entidades sociales que ahora, más que nunca, tienen que dar respuesta inmediata a sus beneficiarios, la mayoría colectivos vulnerables.

Aunque el voluntariado virtual no es nuevo, en las últimas semanas la oferta de actividades se ha incrementado considerablemente y estamos viendo que, tanto las entidades sociales como las empresas, están reinventando su forma de colaboración para no quedarse parados ante esta crisis.

Hay muchas actividades solidarias que los voluntarios pueden realizar en remoto y que realmente son de gran ayuda para las organizaciones sin fines lucrativos: creación y mantenimiento de páginas web, redacción de contenidos digitales, servicio de traducciones, telemarketing para recaudación de fondos, mentoring, refuerzo educativo, teleasistencia a personas mayores, etc.

La tecnología facilita la solidaridad

Esta oferta de voluntariado a distancia demuestra que la tecnología está siendo en un gran aliado al servicio de la solidaridad, que en estos momentos está emergiendo en todos los ámbitos de nuestra sociedad, motivada, si cabe más aún, por la necesidad de apoyar de la manera que se pueda a los colectivos que están en primera línea de la emergencia. Los aplausos de las ocho de la tarde son una muestra colectiva de ese deseo de expresar empatía y apoyo moral a los que más lo necesitan y un reconocimiento a todos los que están atendiendo la emergencia. En definitiva, una expresión de solidaridad nunca vista.

Y este sentimiento de querer ser útil ha encontrado un buen aliado en ese voluntariado ‘sin salir de casa’. Desde Sage Foundation, la fundación de la compañía a través de la que gestionamos todas las acciones filantrópicas, estamos ofreciendo voluntariado virtual a los empleados y lo estamos haciendo con las organizaciones sin ánimo de lucro con las que habitualmente colaboramos.

Voluntariado campaña Cordones Dorados a favor de la investigación del cáncer infantil para la ONG Unoentrecienmil

Voluntariado virtual

Los empleados de Sage disponen de 5 días laborales al año para realizar voluntariado. Y no hemos parado en estas semanas gracias a que en Sage en España ya teníamos una gran cultura de teletrabajo y una previsión tecnológica desde hace 8 años que nos ha permitido adaptarnos con rapidez a la nueva situación y nos ha posibilitado de igual manera el ‘televoluntariado’.

El voluntariado virtual nos está aportando algunos aprendizajes interesantes que quiero destacar:

  • Puesta en valor del voluntariado profesional: es decir la transferencia de las competencias profesionales de los voluntarios al servicio de las ONGs. Ahora que no podemos realizar voluntariado presencial, podemos apoyar a las entidades sociales con nuestros conocimientos de Comunicación, Marketing, Tecnología, Consultoría en cualquier área de gestión de las entidades, etc. Es un tipo de voluntariado muy valorado por las organizaciones sin fines lucrativos de mediano y pequeño tamaño con plantillas de colaboradores reducidas.
  • Mejora de la accesibilidad al voluntariado para personas que hasta el momento no podían realizarlo fácilmente por falta de tiempo, disponibilidad fuera de horarios convencionales, razones geográficas o incluso algún tipo de discapacidad. El voluntariado virtual está ayudando a salvar todas estas barreras temporales o espaciales y limitaciones físicas. Relacionado con esto, también se está posibilitando el ‘voluntariado en familia’, ya que, en algunas actividades, los padres pueden apoyar a las entidades sociales con la colaboración de sus hijos.
  • Reinvención de las formas convencionales de realizar voluntariado que abre la puerta a una nueva manera de relacionarlos entre entidades sociales y empresas, al igual que está ocurriendo en otros ámbitos empresariales, educativos, sociales, etc. Las nuevas tecnologías nos acercan a las personas.

Formación a jóvenes en inteligencia artificial a través del proyecto impulsado por Sage ‘FutureMakers’ con la Asociación La Rueca.

Entidades con las que colabora virtualmente Sage Foundation

Algunos ejemplos de cómo estamos realizando voluntariado virtual en Sage son los siguientes: apoyo a la Fundación Madrina con la iniciativa #TúEscribeYoDibujo en la que los voluntarios de Sage están enviando cuentos a las 3.000 madres en situación de abandono para que ellas junto con sus hijos ilustren esas historias con dibujos y con todo este material editar un libro.

También estamos colaborando en el programa e-FP a través la Fundación Créate y en colaboración con la Cámara de Comercio de España a en la que los voluntarios de Sage son mentores virtuales de estudiantes de FP que participan en un proyecto de emprendimiento. En esta misma línea, los voluntarios de Sage están participando de forma online en el proyecto #CoachExit con la Fundación Exit, apoyando a jóvenes en riesgo de exclusión social, al igual que hacemos con el programa #FutureMakers sobre Inteligencia Artificial.

En colaboración con la Fundación Psicología Sin Fronteras, estamos realizando unas sesiones virtuales con los voluntarios para entender a afrontar los retos emocionales que esta crisis está suponiendo en todos los ámbitos y cómo poder apoyar a nuestro entorno.

En Sage vamos a seguir explorando nuevas iniciativas de colaboración con las entidades sociales. Si algo estamos aprendiendo estos días es que se pueden seguir tendiendo puentes entre el tercer sector y las empresas, apelando a la innovación y apoyándonos en las infinitas posibilidades que nos ofrece la tecnología.  Nunca hemos estado tan lejos, pero tan cerca.

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covid-19:-globalizacion-contra-la-pandemia

Covid-19: globalización contra la pandemia

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La pandemia ocasionada por el COVID-19 ha golpeado a una
economía mundial estrechamente integrada. En las últimas tres décadas el
sistema productivo mundial se ha transformado radicalmente y hoy es difícil
encontrar un producto fabricado exclusivamente en un país. Lo normal es que
cualquier bien final o intermedio sea el resultado de un proceso productivo que
ha atravesado las fronteras nacionales varias veces. Por eso, la Organización
Mundial del Comercio (OMC) no ha dudado en afirmar que la mayoría de los bienes
deberían llevar la etiqueta “made in the
world
”. Este es el modo que el sistema capitalista ha encontrado para
fabricar la mayor variedad de productos, de la manera más accesible para el
mayor número de personas.

La lucha contra el COVID-19 ha obligado al confinamiento de la población, en mayor o menor grado, en todos los países industriales, de modo que se han interrumpido los procesos productivos y se ha contraído sustancialmente el comercio mundial. La OMC estima que el comercio mundial de mercancías se reduzca en 2020 entre el 13 y el 32%. El impacto inmediato en algunas actividades del sector servicios, como turismo, viajes, ocio y moda será enorme. Por ello, las primeras estimaciones disponibles sobre el impacto de la pandemia en el bienestar mundial apuntan a una pérdida de renta real en la mayoría de los países del orden del 13-14%.

Desde las posiciones ideológicas más diversas se está insistiendo en que el grado de integración comercial se ha llevado demasiado lejos y se le responsabiliza no sólo de la rápida extensión de la pandemia, sino también del elevado coste que van a pagar todas las economías avanzadas para salir de ella por haber deslocalizado demasiadas actividades. Peter Navarro, asesor de Donald Trump en comercio internacional, afirmaba el 3 de abril que si algo aprendemos de esta crisis es que nunca más debemos depender del resto del mundo en medicinas esenciales y otros productos. Esta opinión es bastante generalizada y hoy se contempla con simpatía el inicio de una cierta relocalización de las actividades productivas para enfrentarnos mejor en el futuro a acontecimientos imprevistos.

«Hay una estrecha y compleja interrelación a escala global en la fabricación de los productos necesarios para protegerse y enfrentarnos a la pandemia»

Sin embargo, esto es justo lo contrario de lo que necesitamos. Veámoslo con el ejemplo de los productos necesarios para combatir el COVID-19. La OMC ha publicado un trabajo sobre el comercio mundial de los productos médicos relevantes para tratar el COVID-19, que van desde mascarillas y guantes a ventiladores, termómetros, equipo de rayos X, etc. Estos productos representan el 1,7 % del comercio mundial. Los principales importadores son Estados Unidos, Alemania y China. Estados Unidos importa de Irlanda, Alemania, Suiza, China y México. Alemania lo hace de otros países europeos y de Estados Unidos. China importa de Alemania, Estados Unidos y Japón. Es decir, hay una estrecha y compleja interrelación a escala global en la fabricación de los productos necesarios para protegerse y enfrentarnos a la pandemia.

Podemos ser más precisos todavía analizando el caso de Estados Unidos donde, como hemos señalado, se levantan voces contra la globalización. Las importaciones de Estados Unidos de los equipos médicos necesarios para combatir la pandemia representan el 30% de sus necesidades. En concreto, en 2018 importaron por valor de 29.000 millones de dólares. De esta cantidad, el 28% procedía de China, el 18% de la Unión Europea y el resto de múltiples países. En algunos ámbitos se interpretan estos datos como signo de una notable dependencia (¡tan sólo el 30%!) y debilidad de la economía estadounidense, pero también de todas las economías avanzadas, por las dificultades actuales para responder a las necesidades.

«Ninguna sociedad, aisladamente, hubiese estado mejor preparada para combatir la pandemia. Todo lo contrario. Gracias a la globalización de los procesos productivos ha mejorado la capacidad de respuesta y con un retraso menor del que hubiese necesitado cada país individualmente».

En cambio, lo que estos
datos desmienten es la idea de una exclusiva dependencia de China, y lo que
muestran es el carácter global de la producción y las fuertes interrelaciones
existentes entre las principales economías del mundo. Lo cual, en lugar de ser
un obstáculo para luchar contra la pandemia es una gran ventaja. No creo que ninguna sociedad, aisladamente, hubiese
estado mejor preparada para combatir la pandemia. Todo lo contrario. Gracias a
la globalización de los procesos productivos ha mejorado la capacidad de
respuesta y con un retraso menor del que hubiese necesitado cada país
individualmente.

Hasta ahora el comercio internacional había permitido grandes avances en la integración de los procesos productivos a escala global. La lucha contra la COVID-19 va a facilitar la globalización de las ideas como nunca se había hecho hasta ahora. Por ello, no tardaremos en ver resultados farmacológicos en tiempo récord y jamás vistos históricamente. La globalización no es el problema a ningún reto, sino la solución a los problemas actuales a los que nos enfrentamos.


Referencias

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la-‘v’-esta-en-la-solvencia

La ‘V’ está en la solvencia

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La economía es un conjunto de plantas que hay que regar. Los regantes desaparecieron con la Covid-19 y el confinamiento. Las plantas más vulnerables ya dan señales de debilidad extrema. Hay que evitar dos escenarios para que el jardín no muera en este shock. La primera, que no llegue agua. La segunda, que las raíces se pudran. En la economía, el agua es la financiación y las raíces son la solvencia. Lograr una recuperación económica en V no va a ser nada sencillo. Más aún en un contexto imposible para hacer predicciones sobre la forma de la recuperación. Aparte del necesario control sanitario, es necesario mantener la salud del sistema productivo, en particular de los sectores más afectados.

Esa salud empresarial implica recuperar la oferta productiva, el empleo, el consumo y la inversión, con la necesaria concurrencia de los Gobiernos. Ganan sentido —extraordinario ahora mismo— financiaciones mixtas, que implican agua de riego en forma de crédito avalado y participación en el capital para salvar raíces. Sin olvidarse que el acceso a algunos programas de financiación públicos extraordinarios es solo posible superados unos umbrales mínimos de solvencia, que cubran riesgos y eviten quiebras.

«La Comisión Europea está aprobando entre marzo y abril un nuevo Marco Temporal para las ayudas estatales, que incluye la recapitalización de empresas. Aumenta el montante financiable, reduce la burocracia y permite compartir riesgos con más flexibilidad. Muchos de esos cambios europeos están partiendo de Alemania, que demuestra anticipación y visión estratégica».

Santiago Carbó

En materia de liquidez, el Gobierno ha actuado hasta con un programa de financiación privada mediante avales públicos del ICO, aunque paulatinamente en tramos de 20.000 millones. Gradualismo que no genera la suficiente estabilidad y confianza, por lo que hace falta sacar ya toda la artillería. Asimismo, se ha pedido una respuesta europea y así el Eurogrupo aprobó la semana pasada un programa que, entre otros elementos, implica financiación para empresas desde el Banco Europeo de Inversiones. Incluso el BCE, especialista destacado en riego por inundación, tiene aún la posibilidad de activar mecanismos de financiación para pymes y autónomos, como abogué desde esta tribuna. Todo ayuda, pero tampoco parece suficiente para conectar raíces y ramas.

Dicho esto, una buena noticia para el reforzamiento de la solvencia es que ya existen los mecanismos legales para activar la financiación participativa del sector público, entrando en el capital de empresas si fuera necesario. Todo ello por tiempo limitado porque no se trata de intervenir empresas sino de hacer puente y, lógicamente, con condicionalidad sobre bonuses y reparto de beneficios. La Comisión Europea está aprobando entre marzo y abril un nuevo Marco Temporal para las ayudas estatales, que incluye la recapitalización de empresas. Aumenta el montante financiable, reduce la burocracia y permite compartir riesgos con más flexibilidad. Muchos de esos cambios europeos están partiendo de Alemania, que demuestra anticipación y visión estratégica y que ya ha creado un fondo de estabilización nacional que permite la entrada en el capital empresarial. Echo de menos en este asunto, como en otros desde hace muchos años, una visión española propia para dar forma a lo que se cocina en Bruselas. En todo caso, esta normativa europea daría oportunidad para actuar rápido en España y abriría aún más las posibilidades ya existentes para que Gobierno central y agencias autonómicas dinamicen los préstamos participativos a empresas. Ojalá se aproveche con eficacia.

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estos-son-los-efectos-laborales-a-nivel-global-del-coronavirus

Estos son los efectos laborales a nivel global del coronavirus

La pandemia del coronavirus está afectando a multitud de sectores de forma muy negativa y, por tanto, a las empresas que lo componen y, a última instancia, a los trabajadores que trabajan para estas empresas.

En España, hemos visto que el Gobierno de coalición ha propuesto a las empresas que realicen expedientes de regulación temporal de empleo (ERTEs). Muchas empresas se han acogido a los ERTEs a la espera que la situación mejore y puedan iniciar su actividad sin riesgo para nadie.

El Fondo Monetario Internacional (FMI), por su parte, estima que las consecuencias económicas de la pandemia del coronavirus van a ser peores que las consecuencias de la última crisis financiera.

LA OIT estima la destrucción de millones de empleos

La crisis económica creado por el coronavirus tendrá efectos devastadores en el mercado laboral, ya que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que se destruirán entre 5,3 y 24,7 millones de empleos.

En la última crisis financiera la destrucción de empleo alcanzó los 22 millones de puestos de trabajo. Y, como siempre pasa, si se reduce el empleo habrá una perdida de condiciones laborales para los trabajadores.

Una perdida de ingresos para los trabajadores que se estima que entre 8,6 mil millones y 3,4 billones de euros hasta finales de año. Esto se traduce en una reducción del consumo de bienes y servicios, lo que afecta a su vez a la evolución de las empresas. Es decir, un pez que se muerde la cola.

A nivel global, 2 mil millones de trabajadores están trabajando en sectores informales (economías emergentes y en desarrollo) y están corriendo el riesgo de que desaparezcan sus empleos.

Por tanto, es necesario establecer medidas políticas a nivel laboral a gran escala. Estas medidas se deben centrar:

  • Apoyo a las empresas afectadas por los efectos negativos del coronavirus.
  • Estimular a la economía de cada uno de los países y a los empleos que depende de las empresas.
  • Proteger los puestos de trabajo de los trabajadores a través de medidas como el expediente de regulación temporal de empleo (ERTEs).
  • Utilizar el diálogo social entre los diferentes gobiernos, trabajadores, sindicatos y empresarios para encontrar las mejores sociales para todos.

En España ya se han perdido 900.000 empleos por el coronavirus

En España, según datos del mes de marzo indican que alrededor de 900 mil trabajadores ya han perdido su trabajo desde el inicio de las medidas de la alarma sanitaria por el coronavirus.

A estos datos se le puede añadir a los trabajadores afectados por un expediente de regulación temporal de empleo (ERTE) que están alrededor de los 2,6 millones de trabajadores.

A parte, hay más de 500 mil autónomos que han solicitado la ayuda por reducción de ingresos y otros 250 mil trabajadores están en situación de baja por haberse contagiado por el coronavirus o tienen que estar en cuarentena.

Es decir, en total los efectos del coronavirus en el mercado laboral en España está afectando a unos 4,3 millones de trabajadores y los efectos que tiene estos en el número de afiliados a la seguridad social.

Los efectos negativos en el mercado laboral del coronavirus se deben solucionar con diálogo social

Esta alarma sanitaria a nivel mundial se ha traducido en una nueva crisis económica y afecta directamente al mercado laboral. En tiempos de crisis se tiene varias herramientas para hacer frente a los efectos negativos provocados por el coronavirus y para subir la confianza a los consumidores.

En primer lugar, los diferentes estados pueden utilizar el diálogo social de una forma activa entre los trabajadores y los empresarios, y entre medio los representantes sindicales, para conseguir la confianza y el apoyo a las medidas para superar la crisis económica provocado por el coronavirus.

En segundo lugar, utilizar las normas laborales como base para dar respuesta sostenible y equitativa entre todas las partes que se compone el mercado laboral. Es imprescindible disminuir los efectos negativos para los trabajadores y esto se consigue con diálogo.

Si no se utilizan este tipo de herramientas aumentará el subempleo como consecuencia de la crisis económica generada por el coronavirus en todo el mercado laboral, que a su vez provocará que haya menores salarios y más horas de trabajo.

Por parte de los autónomos, los efectos negativos del coronavirus provocaran una reducción del consumo y esto les afectará de forma negativa a sus ingresos y, por tanto, a la viabilidad de sus negocios.

¿Qué medidas laborales pueden tomar las empresas españolas afectadas por el coronavirus?

La opción que pueden tomar las empresas españolas afectadas por el coronavirus es la suspensión. La suspensión permite que los contratos de los trabajadores o las reducciones de jornada se suspendan, recogido en el artículo 47 del Estado de los Trabajadores.

Por lo tanto, una empresa cuya producción depende de materiales de producción del exterior podrá reducir la jornada de los trabajadores que considere o, si fuera el caso, de todos sus trabajadores, hasta que se restablezca la cadena de distribución.

Por el contrario, si el impacto que tiene el coronavirus sobre la empresa es mucho mayor y afecta a su viabilidad, la empresa puede despedir a los trabajadores, pero esta opción se debe negociar con los sindicatos, si la empresa tiene enlace sindical.

Pero si los efectos van a ser temporales y sólo los efectos se sufren durante el período de alarma sanitaria, y cuando se acabe vuelve a la normalidad de funcionamiento, las medidas de suspensión se anulan.

En El Blog Salmón | Los bancos españoles no hacen ERTEs, te contamos por qué

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La otra cara del Coronavirus: ¿Van a propiciar el parón económico y la reducción de emisiones un descenso del efecto invernadero?

Siendo como es la crisis del Coronavirus toda una dolorosa catástrofe socioeconómica en la que estamos perdiendo lo más preciado que tenemos, nuestras vidas, sin embargo hay otros aspectos de esta pandemia que pueden arrojar datos muy relevantes que, de no haber sobrevenido la tamaña desgracia, no habría habido forma humana de conseguirlos en un mundo que era imposible que dejase de quemar petróleo a mansalva cada día.

Pero deseando por encima de todo que no pudiésemos contar con estos datos, y prefiriendo de todas todas que lo que tuviésemos todavía con nosotros fuese a esos allegados que se nos han ido, lo cierto es que, en el tema del cambio climático, la pandemia ha supuesto todo un masivo experimento de campo que nos permite saber a ciencia cierta si el impacto del desarrollo humano y la combustión de combustibles fósiles sobre el medio ambiente era ése tan grave que algunos medios apuntábamos.

Y es que, desde ciertos sectores, se nos criticaba agriamente nuestra vocacional labor de divulgación sobre el tema, eso sí, siempre tras la consabida mutación del “no hay cambio climático, todo es una mentira” al “el cambio climático no se debe a las emisiones de carbono”. Y es ahora, tras haber parado más de medio mundo y sus emisiones de carbono, cuando estaríamos en mejor disposición de saber hasta qué punto era la quema de petróleo lo que de verdad estaba echando a perder nuestro clima, elevando los termómetros, y poniendo en serio riesgo nuestro nivel de progreso.

Del negacionismo del cambio climático al negacionismo del impacto de las emisiones de carbono

La Otra Cara Del Coronavirus Ha Propiciado El Paron Economico Y La Reduccion De Emisiones Un Descenso Del Efecto Invernadero 2

Tan sólo a modo meramente introductorio para aquellos que nos leen por primera vez sobre estos temas, desde estas líneas, a pesar de nuestro intenso color salmón, hace ya bastantes años que venimos alertando y divulgando sobre el impacto severo que el cambio climático estaba trayendo a nuestro mundo, pudiendo llegar incluso a poner en riesgo nuestro bienestar, nuestras socioeconomías, e incluso nuestra civilización. Obviamente, el planeta como superficie rocoso-marítima iba a sobrevivir, igual que lo haría la especie humana y la vida animal en términos puramente biológicos, pero la cuestión aquí era más bien si los futuros supervivientes iban a disfrutar de unas condiciones de vida mejores que las presentes, o si podían incluso acabar viviendo en una suerte de distópica “Mad Max” a la climática que fuese más un ocaso que un renacer, y en la cual antiguas metrópolis máximas exponentes del capitalismo como Nueva York yaciesen inertes bajo la quietud de las aguas.

Así, desde aquí les hemos analizado cuestiones claves sobre el ya evidente cambio climático, y que nadie hasta ahora se había preguntado. También les hemos puesto sobre la mesa que la lucha contra el cambio climático era una lucha por la supervivencia de nuestro sistema tal y como lo conocemos, pero que no estaría exenta de también colosales problemas económicos como el temible pinchazo de la burbuja de carbono. Pero igualmente también les trajimos prometedoras soluciones para salir de la encrucijada “cambio climático-burbuja de carbono”, y que pasaban por nuevas innovaciones prometedoras que nos pudiesen llegar a permitir seguir quemando petróleo a la vez que luchábamos contra el cambio climático.

Tampoco les han faltado desde estas líneas análisis sobre los obvios intereses creados que existen tras todo el sector petrolífero (como los hay absolutamente en todos los negocios), y cómo desde ciertas esferas políticas la determinación no era no “mojarse” uno mismo con políticas pro-clima, sino impedir que cualquiera pudiese demostrar con sus propias políticas que la lucha contra el cambio climático podía estar justificada y era viable económico-empresarialmente, y que era posible aunar fuerzas e intereses a un tiempo tanto por parte de sectores económicos como de los propios ciudadanos. De la misma manera, les anticipamos los primeros grandes movimientos geoestratégicos que estaba trayendo todo este asunto del cambio climático, y que estaban cambiando radicalmente el tablero y el actual equilibrio de poderes mundial, introduciéndoles incluso a una posible guerra del petróleo que finalmente ha acabado por llegar de una u otra manera hasta los surtidores de las gasolineras de su barrio (aunque no en la proporción que a muchos les gustaría). Y por cierto, ya que sale el tema, tal y como les anticipamos en los enlaces anteriores que podía ocurrir, al final EEUU ha anunciado un increíble acuerdo histórico con recortes alineados con lo que ahora se denomina OPEP , y que incluye a Estados Unidos como productor de crudo mundial.

Y por último en esta breve puesta en antecedentes, tampoco hemos dejado de entrar en sonoros fracasos en la lucha contra el cambio, como ha sido el cosechado en Europa con la malograda y mal diseñada tasa del carbono. Igualmente hemos analizado cómo desde Bruselas por fin se puso fin a una dañina incertidumbre que lastraba tanto al sector petrolífero, como al emergente eléctrico, como al conjunto de la socioeconomía, y los dirigentes europeos aclararon sus intenciones respecto al coche eléctrico. Finalmente, por mucho que el coche eléctrico pueda tener sus detractores, lo cierto es que también les analizamos cómo ese coche eléctrico es una apuesta de gran futuro por muchos más motivos (y casi hasta más importantes y estratégicos) que su propulsión eléctrica como mera alternativa a la combustión.

Pero sí. A pesar de las actuales evidencias científicas y datos objetivos que miden la elevación de las temperaturas terráqueas tanto en superficie terrestre como en nuestros mares y océanos. A pesar de que casualmente esta evolución era precisamente un escenario acerca del cual los modelos predictivos y nuestros científicos más reputados nos alertaron reiteradamente hace ya décadas. A pesar de que sigue sobre la mesa, ya no que tengamos que acostumbrarnos a pasar un poco más de calor, sino que nos enfrentemos al riesgo de un mundo de cambios climáticos drásticos con sequías severas y migraciones masivas. A pesar de que aquellos científicos que algunos denostaban tachando de simples “calentólogos” nos trazaron un claro “punto de no retorno”, a partir del cual los modelos revelaban que las temperaturas ya seguirían subiendo por sí solas por el propio efecto invernadero que se realimenta, y lo harían incluso aunque las emisiones se moderasen cuando ya fuese demasiado tarde. Incluso a pesar de todo lo anterior, a día de hoy sigue habiendo muchos ciudadanos que en su posición sobre este tema se han limitado a dar tan sólo un salto oportunista de aquel “el cambio climático es sólo una gran mentira” al “el cambio climático sí que existe, pero no tiene nada que ver con la quema de combustibles fósiles”.

Pero llegó el funesto e indeseable Coronavirus para segar valiosas vidas humanas, pero también para dañar la economía al parar de golpe buena parte de las cadenas de producción industriales y del parque móvil de vehículos, pero permitiendo con ello como efecto colateral arrojar algo de luz en la oscuridad, y ayudar a demostrar si les pone mínimamente a resguardo dialéctico ese último refugio de los negacionistas que es negar por la mayor que quemar petróleo a mansalva sea lo que esté elevando la temperatura del planeta.

Y con el Coronavirus en el ambiente, el parón de la actividad económica trae datos sobre el medioambiente…

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La cuestión no es para nada baladí, y el desastre del Coronavirus ha traído bajo su funesta estela la ocasión para parar buena parte de la capacidad de quemar petróleo de China, la segunda potencia económica del planeta, y el tercer mayor consumidor de petróleo en 2019 con casi 14 millones de barriles diarios, que suponen un 14% del consumo mundial, todo según la “US Energy Information Administration” (al igual que los datos que siguen). Pero por si contar con una interrupción abrupta de buena parte de las emisiones de todo un 14% mundial, ahora va y se ha unido al desastre socioeconómico el también forzado parón de una Unión Europea que supone un consumo superior al chino, con 15 millones de barriles diarios y un 15% del total mundial, más unos EEUU que son el líder absoluto con casi 20 millones de barriles diarios y un 20% del consumo global.

Y además las cifras de los sucesivos parones de quema mundial de petróleo son del orden de los (pocos) meses, suponiendo un plazo dramáticamente relevante al ser trasladado a los cómputos anuales de emisiones de todo 2020. Aunque no vaya a coincidir mayormente la disrupción del consumo chino con las del europeo y estadounidense, sí que las de estas dos últimas superpotencias van a coincidir mayormente de forma simultánea durante varias semanas, sumando entre ambas un nada desdeñable 35% del consumo mundial. Ni un hipotético experimento planificado del malogrado Tratado de París pro-clima podría siquiera haber soñado jamás con llegar a tener unos datos tan significativos. Y además vaya por delante que, a pesar de que China no coincida apenas con Europa y EEUU a un tiempo, lo cual habría sumando un masivo 49% del consumo mundial, lo cierto es que en términos anuales y acumulativos, que son lo que importa verdaderamente de cara al medioambiente, los datos siguen siendo muy relevantes y… valiosos para tratar de salvar el medioambiente, una vez que hayamos logrado salvarnos del letal Coronavirus a los que quedemos de entre nosotros mismos.

Por lo pronto, con los efectos más a corto plazo y perfectamente visibles ya para cualquier ciudadano y administración, están los niveles de polución ambiental de las grandes ciudades occidentales. Los mapas y las infografías sobre los niveles de polución en las ciudades que se han visto afectadas por el parón económico pandémico no dejan lugar a dudas, y si ya fueron relevantes en el caso de un Seúl que ha aplanado la curva de infección de la pandemia minimizando sus efectos socioeconómicos, en el norte de Italia han supuesto una abrupta caída del 40% en los niveles de NO2. En París y la populosa Ille-de-France (el Gran París y toda su área de influencia económica circundante) los niveles de este contaminante NO2 han caído de forma todavía más drástica, alcanzando la cota récord de una reducción del 60%. En Nueva York la caída ha sido del 50%. Y resultan muy ilustrativos los mapas interactivos de cómo el parón de la actividad está afectando a la calidad del aire de las grandes ciudades europeas, incluido el Gran Madrid y los cinturones de otras capitales del Viejo Continente.

A nivel de cómputos de emisiones globales, medios especializados del sector revelan que el parón económico del Coronavirus ha reducido las emisiones de China en un 25% sobre el total. Las mismas fuentes especializadas han publicado unas estimaciones de reducción de emisiones anuales a nivel planetario para el conjunto de 2020 de más del 4%, y el resultado de la comparativa histórica es contundente: la crisis del Coronavirus se estima que va a traer una caída porcentual en las emisiones que más que duplica a la traída por la macabra y destructiva Segunda Guerra Mundial, y que casi supera en 2,5 veces a la de la crisis de 1991-1992. ¿Echan de menos los datos de la funesta crisis de 2008-2009? Es más que lógico, pero es que no entra en la comparativa por la sencilla razón de qu, en aquella funesta crisis subprime, y como fruto de las políticas de estímulos económicos masivos para paliarla, no sólo no se redujeron las emisiones, sino que se incrementó el consumo de combustibles fósiles en un contundente 5%. Unos estímulos que, en esta ocasión de la crisis del Coronavirus y a la fuerza, no se pueden traducir en mantener las fábricas y los vehículos quemando petróleo por el esencial confinamiento.

El Coronavirus y el potencial fracaso en la lucha climática sólo muestran ambos las vergüenzas de nuestras socioeconomías (y de algunas naturalezas humanas)

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No se engañen, aparte de la calamidad que este sombrío panorama arroja sobre la economía mundial, en términos de lucha contra el cambio climático, las cifras realmente no son relevantes. Por que se hagan una idea, el panel intergubernamental sobre el cambio climático (IPCC por sus siglas en inglés) llegó a la conclusión de que las emisiones en 2030 debían situarse un 45% por debajo de los niveles de 2010 para conseguir limitar el calentamiento global a 1,5 grados centígrados. Lo realmente importante de la reducción de emisiones de la crisis del Coronavirus son las conclusiones a las que nos va a permitir llegar, y a que tal vez la evidencia de los datos logre hacer ponerse de acuerdo a más países, con el objetivo común de conseguir que nuestros sistemas socioeconómicos sean sostenibles medioambiental y económicamente, y no acaben auto-destruyéndose (al menos en los niveles de bienestar y progreso de los que disfrutamos actualmente). No somos los únicos que albergan esta esperanza, y la propia ONU ha llamado a los países a lograr “la misma unidad y determinación” alcanzada contra el COVID-19 también en la urgente lucha contra la emergencia climática.

Y lo cierto es que no hay tampoco excesivos motivos para el optimismo, puesto que, tal y como analizaban en este interesante artículo de la emblemática revista Foreign Policy, también la lucha contra la pandemia ha evidenciado algunos graves problemas de nuestra sociedad, a veces cortoplacista y egoísta al extremo, hasta el inconcebible punto de que a ciertos individuos no parece importarles ni lo más mínimo que, al saltarse el confinamiento, estén poniendo en riesgo las vidas de otros e incluso la propia: ¡¿Qué no harían pues por saltarse simplemente los límites de emisiones quemando más gasolina con un beneficio mucho más a largo plazo, que les afecta menos personalmente, y que es mucho menos tangible?! Ahí es donde ese concepto de Socioeconomía que acuñamos desde aquí emerge con inusitada fuerza, puesto que educación, consciencia, sostenibilidad, economía, política, y ética convergen en este tema (como en tantos otros).

El nexo común entre cambio climático y pandemia es que ambos son retos que exigen un perjuicio individual para obtener un beneficio colectivo, y es en la búsqueda del bien común precisamente donde nuestros sistemas más cojean, y no sólo por la parte obvia de algunos de esos individuos deplorables que hay entre nuestros políticos: nuestros políticos sólo son reflejo de los también cortoplacistas y egoístas individuos que al final componen nuestra sociedad. Y esto no pasa sólo a nivel individual, sino también entre países, puesto que el cambio climático supone igualmente un beneficio para el conjunto del planeta, pero con un impacto a nivel nacional.

Así, vemos a los republicanos estadounidenses escudándose para esquivar las políticas pro-clima en que China no va a hacer nada (que lo cierto es que China precisamente ha hecho algunos encomiables progresos al respecto), y que entonces no tiene porqué hacerlo EEUU, sin querer darse cuenta de que a veces lo más efectivo es predicar con la zanahoria del ejemplo (y el palo de las sanciones) en la mano. Otro factor que Foreign Policy pone sobre la mesa, a la hora de comparar el cambio climático y la pandemia, es que el confinamiento ha dejado patente la fuerte relación entre crecimiento económico y cambio climático, y así podríamos encontrarnos con más personas que no estén dispuestas a renunciar cortoplacistamente a algo de su bienestar económico del hoy, sin darse cuenta de que lo que se juegan en realidad es una muy buena parte del bienestar económico del mañana.

Y es en este último punto donde un servidor discrepa totalmente con el artículo anterior, puesto que la evidencia de este nexo no sólo no tiene porqué ser necesariamente un impedimento, sino que, en manos de los dirigentes adecuados, debería ser todo un revulsivo que hiciese reaccionar a los países más avanzados, con más medios, y con sociedades más concienciadas, y que se utilizase la diplomacia económica para extender esta ”concienciación” por todo el planeta. Herramientas no faltan, al igual que tampoco faltan conceptos de futuro y en alza que les hemos analizado desde aquí, como son la economía circular, que mucho más allá de una entelequia teórica de difícil aplicación, es una realidad que no sólo no tiene un coste económico, sino que puede llegar a aportar nuevos ingresos a las empresas que al menos se dignan a plantearse otra filosofía empresarial y socioeconómica. Y no es sólo la economía circular, es la cultura del “se puede arreglar”, el acabar con la consumista y desperdiciadora “Fast Fashion” y volver a una moda duradera y sostenible, o tantos otros conceptos de futuro que muchos no se han dignado ni siquiera a plantearse.

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Aquí hay muchos terrenos por explorar y por explotar antes de tirar una toalla que ni siquiera hemos llegado a coger. Porque mucho me temo que, en el tema del cambio climático, la cosa no va de toallas que unos países tiran a otros a la cara, sino que esto va de guantes de diplomacia económica que se dejan caer. Hay veces que se puede hacer que recoger un guante acabe siendo la mejor (y única) opción, especialmente cuando los países más avanzados van abriendo camino y abaratando tecnologías alternativas. Porque lo cierto es que, en la lucha contra el cambio climático, las superpotencias más avanzadas (o más bien alguna muy en concreto) ni siquiera hemos llegado a acabar de tirar el guante al resto del mundo.

Imágenes | Pixabay Elchinator | Pixabay paulbr75 | Pixabay Peggy_Marco | Pixabay geralt | Pixabay Ri_Ya

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