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7 cosas para hacer crecer tus ahorros durante la pandemia

Estas tareas toman 30 minutos o menos, y si puede hacer una al día, en una semana podría sentirse un poco mejor sobre el estado de sus ahorros y mejorar sus finanzas.

No hay nada agradable en una pandemia mundial que obliga a millones de personas a realizar distanciamiento social y mantenerse alejados de otras personas. Sin embargo, si está buscando un lado positivo -porque lo tiene-, podría ser el tiempo extra que tenemos ahora para hacer las cosas en casa.

A medida que los mercados continúan siendo muy volátiles, muchas personas tienen dinero en mente. No hay mucho que podamos hacer sobre el estado de la economía en general, pero hay algunas cosas a pequeña escala que puede hacer ahora, desde la comodidad de su hogar, para ayudarlo a sentirse más en control de sus finanzas.

No hay que decir que si todo lo que puede hacer ahora para mantenerse al día con sus facturas, nadie espera que guarde dinero para el futuro. Pero si está en la afortunada posición de tener un ingreso o algo de dinero extra, las siguientes tareas toman 30 minutos o menos.

Si puede hacer uno al día, en una semana podría sentirse un poco mejor sobre el estado de sus finanzas. Y en este momento, cada pequeña victoria vale la pena celebrar.

Revisa tu presupuesto

Cada plan financiero sólido comienza con un buen presupuesto, y ahora es un buen momento para repasar el suyo.

«Esto no significa que deba crear una obra maestra de Excel», dijo Jamie Ebersole, planificador financiero certificado y analista financiero colegiado de Ebersole Financial, LLC. «Más bien, debe revisar sus hábitos de gasto y tratar de determinar qué áreas de su gasto son relativamente fijas, como el alquiler mensual y la cobertura de seguro, y aquellas que son discrecionales, como sus lattes, suscripciones y comer fuera».

Como probablemente pasará mucho tiempo en casa este mes, la mayoría de sus compras convenientes probablemente se irán.

«Al comparar los gastos del mes pasado con los de este mes, verá dónde gasta su dinero y estará mejor posicionado para realizar cambios en sus hábitos de gasto a fin de priorizar los ahorros y los servicios que valora altamente», agregó Ebersole.

Sea específico sobre su futuro

Con un poco de tiempo extra en sus manos, Jeff Klauenberg, Planificador Financiero Certificado y fundador de Klauenberg Retirement Solutions, sugiere pensar un poco en sus objetivos.

«Escriba todas las cosas que quiere hacer en su futuro, no sea restrictivo», dijo. «Este puede ser un juego con usted mismo o con una persona importante. Divídalo en segmentos de cinco años. ¿Qué quiere hacer, a dónde quiere ir y qué quiere lograr durante cada segmento de cinco años?»

Si tiene objetivos profesionales que incluyen comenzar un negocio, ganar más dinero o cambiar su trabajo, es posible que deba aprender algunas habilidades nuevas para comenzar por ese camino.

«Si bien estamos confinados en nuestras oficinas dentro del hogar, tenemos una gran oportunidad para concentrarnos en aprender algo nuevo y desarrollar planes para los próximos pasos en la vida», dijo Ebersole. Si ha tenido la intención de inscribirse en una clase en línea, ahora podría ser un buen momento para hacerlo.

Establezca un plan de ahorros universitarios para su hijo

Si ha estado considerando un plan de ahorro para la universidad para su hijo, establecer uno en línea es rápido y fácil.

Jarrod Winkcompleck, planificador financiero certificado y asesor principal de Gap Financial, sugiere revisar las opciones, ya que a menudo brindan beneficios fiscales mientras ahorra para la educación universitaria de su hijo. Solo recuerde tener en mente sus propias metas financieras futuras.

«Ahorrar para la educación de sus hijos es muy importante para la mayoría de las familias», dijo Winkcompleck. «Sin embargo, debería ser una prioridad secundaria para su propia jubilación. Hay varias alternativas para pagar la universidad, como préstamos estudiantiles, becas, programas de trabajo y estudio. No existen tales alternativas para la jubilación».

Revise su información de beneficiario

Winkcompleck sugiere hacer una lista de sus cuentas financieras que incluya designaciones de beneficiarios, como su seguro de vida, y hacer los ajustes necesarios de información del beneficiario.

«Las designaciones de beneficiarios determinan quién recibirá su cuenta al momento de su fallecimiento», dijo Winkcompleck. «Si las designaciones de beneficiarios se dejan en blanco o no se actualizan, sus deseos podrían ser ignorados y los activos podrían ir a un ex cónyuge, o la ley estatal podría ser aplicable y decidir cómo dividir sus cuentas».

Configure una nueva cuenta de ahorros

Si fue difícil cubrir los gastos de vacaciones el año pasado, o si ha estado soñando con unas vacaciones pero no estaba seguro de cómo hacerlo, ahora es el momento perfecto para configurar una cuenta de ahorros de alto rendimiento en línea separada para su objetivo específico.

Si desea ir un paso más allá, también puede configurar un depósito directo para que pueda apartarse un poco de cada cheque de pago hacia ese objetivo.

» Tener entre tres y seis meses de gastos reservados en un mercado monetario o en una cuenta de ahorro de alto rendimiento puede proporcionar tranquilidad y puede ser un salvavidas en tiempos de pérdida temporal de trabajo o costos médicos», dijo Winkcompleck.

Hacer algo de contabilidad

Cécile Hult, socio y asesor de patrimonio privado de Argent Bridget Advisors, sugiere utilizar este tiempo para hacer una contabilidad financiera general.

Eso podría incluir revisar sus pólizas de seguro para ver si aún tiene cobertura suficiente para sus necesidades o trabajar en su plan patrimonial (¿están actualizadas sus directivas médicas?).

Si sus hijos son lo suficientemente mayores, esta podría incluso ser una buena oportunidad para enseñarles cómo equilibrar una chequera mostrándoles cómo hace la suya.

Evalúe sus carteras de inversión

Si tiene dinero en el mercado destinado a la jubilación, es posible que le preocupe un poco cómo los eventos actuales afectarán sus objetivos.

Ahora es un buen momento para comunicarse con su planificador financiero para determinar si su cartera aún cumple con sus objetivos a largo plazo, o si necesita actualizarse en función de los eventos actuales.

Klauenberg sugiere preguntar cómo se mantiene su cartera en la crisis actual y discutir si es necesario hacer algún ajuste o si es mejor mantener el rumbo.

Business Insider

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teletrabajo-(i):-de-la-necesidad,-virtud

Teletrabajo (I): de la necesidad, virtud

La pandemia nos ha obligado a asumir restricciones drásticas en muchos de los comportamientos que constituyen la trama de nuestras vidas diarias. Aunque, por lo general, estas imposiciones externas las hayamos sobrellevado como limitaciones necesarias de nuestra libertad y autonomía, cabe suponer que individualmente las hemos percibido todos como costes e inconvenientes que debíamos aceptar para controlar una catástrofe sanitaria.

Quizá una de las pocas restricciones que no ha suscitado de manera generalizada esa sensación de
pérdida o empeoramiento de bienestar individual sea la que ha supuesto adoptar el trabajo a distancia
con “carácter preferente”.[1]
Como es sabido, la declaración del estado de alarma y las medidas de
confinamiento han precipitado una transición masiva al teletrabajo. A multitud
de empleados se les requirió, de un día para otro, que desempeñaran su
actividad laboral desde su casa. En cierto modo, ellos han podido evitar la
pérdida del puesto de trabajo o la suspensión temporal del empleo, a cambio de
trasladar su lugar de trabajo al domicilio. Para muchos, esta “laboralización
del hogar” ha supuesto una experiencia radicalmente nueva. En España, el
teletrabajo se hallaba poco extendido antes de la pandemia, bastante limitado a
determinadas ocupaciones y, en particular, a los trabajadores por cuenta propia
(como se puede leer aquí). La crisis del coronavirus ha expandido de
repente el colectivo de teletrabajadores, en particular, de los empleados por
cuenta ajena (asalariados privados y públicos).

Si bien diferentes encuestas representativas realizadas en las últimas semanas ofrecen información cuantitativa sobre el rápido aumento del volumen de este colectivo, no permiten conocer cómo han vivido los teletrabajadores esta nueva situación; es decir, cómo han afrontado y manejado ese cambio en las condiciones del desempeño de su ocupación, qué ha significado para ellos y hasta qué punto las primeras semanas de teletrabajo han cambiado su actitud hacia esta modalidad de empleo. Con el objetivo de conocer mejor estas experiencias y opiniones, Funcas encargó la organización de tres conversaciones entre teletrabajadores, utilizando la técnica cualitativa del “grupo triangular”.[2] Cada grupo ha recogido un perfil específico de teletrabajadores por cuenta ajena: el primer grupo (“habituados”) ha reunido a tres empleados que acostumbran a trabajar ocasional o regularmente desde casa, y para los cuales el confinamiento solo ha supuesto la transición de un teletrabajo parcial y combinado (con actividad presencial) a un teletrabajo total; el segundo grupo (“predispuestos”) se ha formado con tres empleados a los que, aunque no teletrabajaban antes de la declaración del estado de alarma, cabía suponerles –por su ocupación intensiva en el uso de recursos telemáticos y por su edad– una actitud positiva hacia el teletrabajo; y el tercer grupo (“escépticos”) lo han compuesto tres empleados que, bien por el tipo de ocupaciones que llevan a cabo, bien por la tradición de la empresa para la que trabajan, habían permanecido hasta la crisis del coronavirus al margen del teletrabajo, y en esta nueva situación encuentran diversos obstáculos al buen desempeño de su labor. De los nueve participantes en estas charlas, ocho trabajan en empresas del sector privado, la mayor parte de ellas de tamaño grande y mediano e internacionalizadas.

El análisis de esta información cualitativa se presenta en dos entradas del blog. Esta primera orienta el foco hacia la experiencia de adaptación al cambio que ha supuesto convertir el hogar en centro de trabajo, resaltando los aspectos del teletrabajo que se valoran más positivamente. La segunda entrada prestará más atención a las cuestiones que se consideran más problemáticas y ponen límites al desarrollo del teletrabajo en España cuando recuperemos la (antigua) normalidad. La información sobre las características de los grupos triangulares y la transcripción de sus conversaciones pueden encontrarse aquí. La prudencia que exigen la naturaleza y el alcance de la evidencia disponible no menoscaban la convicción de que esta resulta útil para entender mejor los razonamientos y las posturas individuales subyacentes a un fenómeno que, como el teletrabajo, supone un cambio sustancial en las condiciones laborales. En este sentido, las dos entradas ofrecen un análisis que trata de ser lo más fiel posible a los contenidos de estas conversaciones, recurriendo con frecuencia a citas literales de las palabras de los participantes en los grupos triangulares para ilustrar los argumentos (estas citas aparecen entrecomilladas o en cursiva, y acompañadas de una referencia al grupo y a la persona de la que proceden).[3]

Dos son los principales hallazgos
que merecen ser destacados en esta primera entrada. Por una parte, a pesar del
apresuramiento con que se produjo la transición al teletrabajo, la adaptación a
la nueva situación puede considerarse –descontando los primeros días de pruebas
y tanteo– un éxito. A este resultado ha contribuido de manera decisiva la dosis
añadida de dedicación y flexibilidad horaria que los teletrabajadores han aplicado
a sus jornadas laborales. Por otra parte, las primeras semanas de experiencia
con el teletrabajo han resultado más o menos satisfactorias en función de la
ocupación y la trayectoria profesional de los empleados, pero incluso los que
han sufrido una mayor perturbación en sus prácticas de trabajo reconocen que la
experiencia les ha permitido descubrir aspectos positivos del teletrabajo.

La adaptación al teletrabajo bajo el confinamiento: “de cero a cien”

Bueno, había empresas ya
bastantes preparadas, pero incluso las tecnológicas no estaban del todo
preparadas hasta hace un año; porque yo me acuerdo de que, hace un año, los
viernes, que teletrabajaba todo el mundo, se colapsaba la red por el número de
usuarios. Entonces, las tecnológicas ya se han ido preparando estos últimos
años. ¿Qué ha pasado ahora con el resto que se han metido estas dos semanas?
Pues, que les ha pasado lo mismo, han estado dos o tres días actualizando
software,
comprando licencias…. Había gente que no tenía incluso portátiles corporativos
y se está conectando con portátiles personales, no había herramientas
colaborativas para todo el mundo
[GT1, H1].

La crisis del coronavirus ha sorprendido a muchas empresas sin un plan contrastado para el ejercicio masivo de teletrabajo. Es cierto que algunas permitían el teletrabajo ocasional, en condiciones extraordinarias, por ejemplo ante picos de trabajo o ante eventuales problemas familiares de los empleados. Pero aun disponiendo para estas contingencias de programas de “easy working” [GT1, H1], la presencia en el centro de trabajo era la norma aplicable a la gran mayoría de empleados y la que regía en la organización del trabajo. Algunos empleadores llevaban ya un tiempo diseñando programas para teletrabajar, pero sin mucha premura ni, aparentemente, excesivo interés [1 y 2]. Sin embargo, en pocos días, la gravedad de la crisis sanitaria ha forzado a reaccionar aceleradamente a las empresas e incluso a entidades con tantas inercias como las pertenecientes a las Administraciones Públicas, tratando de evitar un desplome de su nivel de producción de bienes y servicios.

Si las empresas han intensificado los esfuerzos para conseguir este objetivo, los empleados tampoco los han escatimado. A pesar de tener que afrontar la situación “de sopetón”, sin estar “preparados … a nivel… cultural o educativo” [GT2, H1], pasando “de cero a cien” [GT2, M] en apenas unos días, consideran que esta adaptación “a marchas forzadas” [G3, M1] ha ido “bastante bien” [GT3, H]. A veces les ha costado encontrar un lugar apropiado dentro del hogar para trabajar y organizar su jornada de trabajo [3]. No obstante estas y otras dificultades –como la de disponer de mobiliario apropiado para trabajar muchas horas seguidas o de grandes dispositivos electrónicos habituales en la oficina [4 y 5]–, reconocen que buena parte del trabajo ha salido adelante, incluso en aquellos hogares en los que el teletrabajo ha tenido que compatibilizarse con la atención a menores [6]. A este logro ha contribuido, además de la amplia cobertura de redes de banda ancha en los hogares, el funcionamiento de las infraestructuras informáticas de las empresas, que, en general y tras los ajustes necesarios en los primeros días, han respondido bien al fuerte aumento de la demanda. Pero no menos crucial ha sido que muchos trabajadores hayan prescindido de medir de manera estricta las horas de trabajo, alargando a menudo las jornadas por el prurito de completar las tareas habituales o las sobrevenidas por la situación de crisis [7 y 8]. Han asumido, en cierto modo, que, en estas circunstancias excepcionales, el cumplimiento del horario pierde importancia respecto al cumplimiento de objetivos. No se trata de “calentar la silla” [GT1, H1 y H2; GT2, M] durante una parte del día, sino de completar proyectos y alcanzar determinados resultados.

Que la adaptación a la nueva situación de teletrabajo haya sido rápida y efectiva no significa que no haya sido costosa, especialmente para el desempeño de algunas ocupaciones. Y es que así como aquellas que consisten en el ‘tratamiento de información’ se prestan a trasladar su centro de producción sin alterar prácticamente el modo en el que se desarrolla la actividad laboral, las consistentes en el ‘tratamiento de personas’ presentan mayores dificultades de deslocalización.[4] En estos casos, el teletrabajo supone “un cambio gigante”, “una locura” [GT3, M1], como lo define una profesora de educación primaria [9]. Aunque reconoce que “cada día [es]un poquito mejor” y que “los padres están muy contentos, y los niños, también”, el coste personal de “trasladar los colegios a nuestras casas” está resultando muy elevado.

[1] Y ya te digo, [en nuestra empresa]  llevábamos cuatro años intentando [teletrabajar]  o haciéndonos cuestiones de qué manera lo podíamos hacer o no, pero en estos cuatro años nunca nos han preparado para ello (por lo menos, al personal fijo que tiene que estar en la oficina). Los que nos movemos sí estamos preparados, pero el que está fijo, tipo administrativo, no… [GT3, H].

[2] Porque, claro, en la Administración, lo del teletrabajo sabíamos que en algún sitio muy chiquitito sí que habían hecho ya inicios, pero, bueno, por lo que nos han contado, teníamos como una plataforma preparada desde hace, igual, diez años, pero que nunca se había probado. Entonces, ha sido todo a correr y, bueno, pues no está yendo mal, la verdad… [GT2, M].

[3] Al principio, como con el sitio de trabajo sin hábitos, no sabía a qué hora paraba; a lo mejor, eran las cuatro de la tarde y no había comido y no me había dado ni cuenta porque estaba completamente “enchufado”. Fueron los primeros días, hasta que ya puse un poco de orden y dije: “vale, este es mi sitio, este es el horario, estas son mis rutinas: intentar levantarme a buena hora, hacer un poco de ejercicio, siempre lo mismo, a las horas de las comidas, hacerlas, aunque no tenga mucha hambre o aunque tenga mucha carga de trabajo en ese momento preciso.” Ya tengo normalizados los horarios [GT2, H2].

[4] Sí, estoy trabajando a medio gas, porque el no tener un espacio en casa dedicado y bien acondicionado, pues te limita bastante, ¿vale? (…) Yo lo considero importante: espacio, desde la silla hasta el monitor, hasta la luz, hasta la… y un sitio donde no te molesten [GT1, H1].

[5] Pero sí que es cierto que la silla no es tan cómoda. Y con estas sillas, pues, estás sentado dos horas como mucho o así. Cuando pasas a estar sentado entre 8 y 10 horas, dices: “¡pues sí que agradezco la silla del trabajo!” O sea, la mesa tampoco está tan bien organizada como en el trabajo. Entonces, es cierto que el tema de lo ergonómico y demás se nota bastante en el trabajo, y que aquí no estamos tan preparados. Tengo lo que tengo en casa, y aun así, buen hueco que tengo [GT2, H1].

[6] … los niños empiezan a levantarse, hacen sus deberes, avanzan temarios y: “¿papá, esto cómo se hace?, ¿mamá, esto cómo se hace?” Al final, son muchísimas interrupciones en las que tú no avanzas [GT3, H].

[7] Pero es verdad que si estás con algo, no ves el momento [de dejarlo]y dices: “¡un poquito, un poquito más…!” Y al final hay veces que sí, que a lo mejor estás más horas de las que estarías si estuvieras en la oficina [GT3, M2].

[8] En mi día a día yo no tengo la dificultad que tengo ahora de gestionar [personal], de que si permisos retribuidos no compensables, que si vacaciones, por no llegar a ERTE, y por no llegar a eso… ¿Qué pasa? Que hay muchos correos, mucho email, muchas llamadas con relaciones laborales y son particulares en cada caso. Entonces, todo eso es una guerra diaria, que tú no tienes en tu día a día, con el tema de COVID-19. ¿Adaptarse? Sí, te adaptas a ello, pero es un incremento de trabajo la situación que estamos viviendo [GT3, H].

[9] …al final, las 24 horas del día no me llegan. (…). Yo estoy sobrecargada, sobrecargada porque estamos metidos en un ritmo que es tremendo, tremendo; la sensación de no haber llegado a todo y que me falten cosas siempre por hacer (…). Entonces, al final, si sumas las horas, estás todo el día aquí metido, “empantallado”, como digo yo [GT3, M1].

¿Una nueva experiencia, una buena experiencia?

Lo bueno de hacer teletrabajo es que, efectivamente, como tú dices, me puedo organizar yo a mi manera y con mi gestión de tiempos como a mí me vengan mejor para ser más productiva y para gestionar los proyectos que tenga que hacer. Tienes muchas menos interrupciones, voy más tranquila (…). Y ya te digo, básicamente para mí es facilidad y libertad a la hora de la gestión [GT1, M].

Aunque el teletrabajo bajo un régimen de restricciones a la libertad de movimiento pierda buena parte de las ventajas que trae consigo para configurar la agenda diaria, su práctica obligada ha permitido dos aprendizajes: el de que el teletrabajo es posible incluso en puestos que tradicionalmente se han desempeñado solo de manera presencial, y el de que, en circunstancias normales, tendría ventajas organizativas claras.

En efecto, como admite una nueva teletrabajadora (mayor de 50 años), “nos estamos dando cuenta de que se puede hacer más teletrabajo del que se hace” [GT3, M2]. También comparte ese parecer otra, más joven, que desde su posición de funcionaria del Estado no considera razonable lo que ella entiende como una tenaz resistencia de la Administración Pública al teletrabajo [10]. Pero no solo “se puede” hacer más teletrabajo, sino que, en opinión de la mayor parte de los participantes en los grupos triangulares, también “se debe”, siempre que se plantee como una “herramienta” de libre opción [11]. Quienes la utilizan regularmente en su vida laboral están convencidos de que “facilita la vida, en general” [GT1, M]; es decir, permite satisfacer mejor las preferencias en la gestión del tiempo, un recurso “mucho más valioso que el dinero” (GT1, M); por ejemplo, evitando ineficiencias en desplazamientos no estrictamente necesarios o en esperas por aglomeraciones en el acceso a bienes o servicios a determinadas horas [12].

Pero, además, al teletrabajo se le atribuyen al menos dos ventajas potenciales más que ‘desbordan’ estos beneficios particulares: por una parte, puede redundar en “una relación con la compañía más sana”, creando un vínculo de “confianza mutua” [13]; por otra, puede contribuir a la consecución de bienes públicos, en particular, los que se podrían derivar de la reducción de la demanda de transporte privado y público [14] y de la posibilidad de establecer el domicilio en localidades con menor densidad de población y mayor riesgo de “vaciamiento” [15].

En definitiva, los empleados que antes de la crisis del coronavirus ya teletrabajaban (los “habituados”) defienden con entusiasmo el teletrabajo por sus beneficios personales, laborales y sociales (“todo son ventajas” [GT1, H1]). A los “nuevos teletrabajadores” que se encuentran en una fase temprana de su biografía laboral y ocupan puestos que requieren un uso continuo de los medios electrónicos (los “predispuestos”), no les cuesta ver “muchísimas ventajas” (GT2, M) en el teletrabajo, incluso en circunstancias tan poco favorables para disfrutar tales ventajas como las que implica confinamiento [16]. Son aquellos empleados cuya actividad laboral no se puede cambiar de lugar sin perder algunos de los elementos que la constituyen los que viven la experiencia del teletrabajo más como un problema que como una oportunidad. Con todo, incluso ellos (los “escépticos”) son capaces de apreciar que el teletrabajo “ya no está siendo tan forzoso como los primeros días” y, en algunos aspectos, “es positivo” (GT3, H).

[10] Fíjate, por ejemplo, cuando se estaba poniendo en todo Madrid muy feo lo del coronavirus (…) ni por esas nos querían mandar a casa, salvo que tuviéramos una baja médica o algo. (…). O sea, es como que era algo súper tabú, y luego, claro, como ha sido el estado de alarma, era una de dos: “nos vamos a quedar sin hacer nada o nos lo dais”. Y se comprueba que funciona, que la Administración no se ha caído, que el trabajo sale, que ahora estamos un poco más tranquilos [GT2, M].

[11] …yo creo que problemas de la tecnología no vamos a tener, pero que el teletrabajo simplemente tenemos que tenerlo como una herramienta y algo normalizado para usar; el que quiera lo usará y el que no quiera, no lo usará. Como siempre, habrá quien lo use mal y habrá quien lo use bien. (…). Si se usa como una herramienta, no le veo contrapuntos; es solo, como cualquier herramienta, saber usarla. [GT1, H1].

[12] … te puedes organizar el día de otra forma totalmente distinta a como haces normalmente; puedes a lo mejor parar, pero en lugar de parar para el café, paras y sales a correr y estás media hora en la calle corriendo, y vuelves, te pegas una ducha y vuelves a trabajar. O sea, corres a la once de la mañana, que es un momento perfecto, en lugar de correr a las ocho de la tarde o a las ocho de la mañana, que es lo que harías en un día normal, ¿no? (…) Ir a la compra a las doce de la mañana, que es cuando no hay nadie, en lugar de pegarte por el pan a la ocho de la tarde cuando sales del trabajo. Cosas de ese estilo que parecen muy tontas, pero que te podrían venir genial, ¿no? [GT2, H1].

[13] Sí, es un vínculo de confianza, porque si tu responsable, o la empresa, te da esa confianza, al final es un valor que está dándote y que tú estás dando a la empresa. Es confianza mutua, independencia y un valor añadido para ambas partes [GT1, H1].

[14] Un coche menos en la carretera es dinero para todo el mundo: para el que no está atascado detrás de él, para la Administración, que no tiene que pavimentar cada dos años, puede pavimentar cada cinco…, todo, todo. O sea, no moverse es mucho más barato que mover a alguien, por mucho que tengas que mejorar la conexión de internet diez veces [GT2, H1].

[15] … es que el teletrabajo arreglaría tantos problemas… Primero, la situación personal particular de cada uno, gente que tuviera que desplazarse; quizá yo, bueno, yo lo tengo fácil con el AVE, pero otras personas, no. Mismamente en Madrid se reduciría la movilidad bestia que hay si en ciertos días de la semana te permitieran teletrabajar. Mucha gente podría vivir en zonas más allá de Guadalajara, Toledo, con otras situaciones de no ir tantos días allí. Y luego, en otras partes de España, en las zonas rurales, podría haber mucha gente trabajando desde allí. Es que yo veo muchísimas ventajas [GT2, M].

[16] Vamos a pensar que si hemos sido capaces de hacerlo en las peores condiciones del mundo, pues que se pueda mejorar y que nos lo dejen de alguna de forma [GT2, M].


[1] El Real Decreto-ley 8/2020, de 17 de marzo, de medidas urgentes extraordinarias para hacer frente al impacto económico y social del COVID-19 (BOE, 18-03-2020), reconoció en su artículo 5 el “carácter preferente” del trabajo a distancia. Posteriormente, el artículo 15 del Real Decreto-ley 15/2020, de 21 de abril, de medidas urgentes complementarias para apoyar la economía y el empleo (BOE, 22-04-2020) prorrogó la vigencia de esta disposición sobre el carácter preferente del trabajo a distancia durante “los dos meses posteriores al cumplimiento de la vigencia” de la declaración del estado de alarma.

[2] El grupo triangular es una técnica cualitativa a través de la cual un(a) moderador(a) crea y anima una conversación entre tres personas que comparten un perfil determinado respecto al tema de investigación. Véase Ruiz Ruiz, J. (2012), “El grupo triangular: reflexiones metodológicas en torno a dos experiencias de investigación”, Empiria, 24, 141-162.

[3] La referencia a los grupos se hace con las abreviaturas GT1, GT2 o GT3; las referencias a los participantes, con las letras H o M (hombre o mujer), junto con el número de orden en el que comenzaron a hablar. Sobre la composición de los grupos, léase el apartado 1 (Introducción) del documento “Teletrabajo bajo confinamiento: experiencias compartidas (Transcripción de las conversaciones en tres grupos triangulares)”.

[4] Sobre la distinción entre ocupaciones en función de que supongan “tratar a personas”, “tratar información” o “tratar materiales”, véase Garrido, L. (1991), Prospectiva de las ocupaciones y la formación en la España de los noventa, Madrid, Instituto de Estudios y Análisis Económicos, págs. 94, 170-179.

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Se abre la puerta a la nacionalización de las aerolíneas

A partir de la gran crisis que vivimos en 2008, muchos gobiernos de todo el mundo se lanzaron a la nacionalización de las entidades financieras para garantizar su supervivencia. Los contribuyentes hicieron frente a una dura factura de la crisis agravada por la compra obligatoria de las entidades financieras que no supieron gestionar adecuadamente sus riesgos.

Ya en 2020, la crisis del COVID-19 está afectando a un sector en particular, las aerolíneas y se están empezando a valorar nacionalizaciones. El sector vive con el agua al cuello. Si tomamos los datos del mes de abril, la capacidad de pasajeros internacionales se redujo hasta ahora en un 85% frente al 33% del mes de marzo, y que en el caso específico de España se eleva hasta el 90%.

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En el caso específico de Europa, la pérdida potencial de ingresos de las compañías europeas en 2020 ha aumentado a 89.000 millones de dólares y se prevé que la demanda de pasajeros (medida en kilómetros de ingresos por pasajero) será un 55% inferior a los niveles de 2019. Esto supone un aumento con respecto a las estimaciones anteriores (publicadas el 24 de marzo) de 76.000 millones de dólares y el 46% respectivamente.

En términos de impacto económico, el actual colapso del 90% en el tráfico aéreo pone en riesgo alrededor de 6,7 millones de puestos de trabajo y podría llevar a un impacto negativo del PIB de 452.000 millones de dólares en toda Europa. En bolsa son quiénes han sufrido el mayor varapalo por las fuertes pérdidas presenciadas.

España es el país que más sufriría en términos de pérdida de pasajeros en Europa y de ingresos. Serían 114 millones de pasajeros menos, lo que supone una pérdida de ingresos de 15.500 millones de dólares, con el riesgo de 901.300 empleos y 59.400 millones de dólares de contribución a la economía española.

La empresa his­pa­no-­bri­tá­nico IAG, propietaria de Iberia, ha anunciado que su capacidad de vuelo se reducirá en un 75% y Virgin Atlantic reducirá el 80% de sus vuelos, y se le pidió al personal que tome ocho semanas de vacaciones sin sueldo. Ryanair, EasyJet y Norwegian también están recortando la mayoría de sus vuelos y sus trabajadores se enfrentan a despidos, recortes salariales y, posiblemente, incluso la pérdida de empleos.

El sector de la aerolíneas pide ayudas a los gobiernos

La situación es verdaderamente complicada para el sector y las dos grandes asociaciones internacionales, el Consejo Internacional de Aeropuertos (ACI) y la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) están solicitando los gobiernos que ofrezcan inmediatamente ayuda financiera para respaldar tanto a los operadores de aeropuertos como las aerolíneas durante la crisis del COVID-19 y así apoyar la conectividad.

La decisión del confinamiento sumada las restricciones del tráfico aéreo a repercutido en un impacto económico sobre la industria mundial del transporte aéreo coma provocando una caída en la demanda de mensajeros a niveles nunca antes vistos. Sus ingresos están cayendo más allá de la capacidad de adoptar las medidas de reducción de costes más extremas, lo que les lleva a enfrentar un periodo de falta de liquidez.

Estas asociaciones recalcan que el riesgo reno ayudar al transporte aéreo se traduce en la pérdida de millones de empleos. En términos globales, la industria de la aviación respalda a 65,5 millones de empleos en todo el mundo, incluidos 10,5 millones de personas empleadas en aeropuertos y aerolíneas, y aporta 2,7 billones de dólares en la actividad económica global.

Pero ¿qué tipo de ayudas están solicitando? El sector está pidiendo desgravaciones fiscales, que incluyan el alivio de los impuestos sobre la renta, impuesto sobre sociedades, préstamos en condiciones ventajosas con garantías por parte de los estados y, en última instancia el apoyo directo para mantener a flote las empresas a través de liquidez financiera o hasta el punto de proceder al rescate, pura nacionalización.

Afirman que desde los gobiernos se ha reconocido la urgencia de actuar, pero se está acabando el tiempo para que otros gobiernos brinden la ayuda financiera necesaria para mantener a toda la industria viable y lista para apoyar una recuperación equilibrada, incluidos los operadores de tierra y otros proveedores de servicios en los aeropuertos.

Intervencionismo y distorsiones del mercado

Italia es el principal país que está sufriendo en su economía la crisis vinculada al COVID-19. El último trimestre la economía italiana se hundió un 4,7%, su mayor caída primer trimestre desde los registros recientes que parten de 1995.

Fruto de las dificultades, en el mes de marzo, se decidió nacionalizar a Alitalia, su principal aerolínea. La aerolínea se está nacionalizando, y el gobierno tomará el control total en junio. Ya ha tenido más de 2.100 millones de euros desde que tomó participación en 2017.

Si bien es cierto que está crisis ha pasado una gran factura para su aerolínea, lo cierto es que sus cuentas ya han estado en una situación difícil durante los últimos años. Con la fuerte crisis, prácticamente se ha quedado sin efectivo para afrontar sus necesidades financieras.

Alitalia

Por su parte, la aerolínea nacional alemana Lufthansa está buscando un rescate de 10.000 millones de euros que le daría al gobierno alemán una participación del 25,1% en la compañía.

Air France-KLM, una de las aerolíneas más grandes de Europa, recibirá un préstamo bancario de 4.000 millones de euros respaldado por el estado francés y un préstamo gubernamental directo de 3.000 millones de euros. Paralelamente, el gobierno holandés dijo que proporcionaría entre 2.000 y 4.000 millones de euros adicionales en ayuda pública.

En Estados Unidos también se está aguantando a la aerolínea de referencia. En este caso, Amerinan Airlines, el mayor operador estadounidense, se ha asegurado 5.800 millones de dólares dedicados al apoyo para el pago se las nóminas y se está negociando los términos para un préstamo federal separado de 4.750 millones.

Por supuesto, el debate está servido. Que algunas aerolíneas estén siendo rescatadas o reciban asistencia financiera en condiciones ventajosas, mientras que otras como por ejemplo Ryanair que se ven abocadas a afrontar reformas estructurales en sus cuentas (la compañía despediría al 15% de su fuerza laboral) nos lleva a un mercado con claras distorsiones.

Las aerolíneas rivales, ya sean estatales o antiguas compañías de bandera, reciben ayudas públicas, que les permiten competir en condiciones especialmente favorables. En contraste, sus rivales más pequeños dependen de sus propios recursos para aguantar el golpe.

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Nace la gestora The Valley Venture Capital

Nace la gestora The Valley Venture Capital, con un primer fondo de 15 millones para invertir en capital semilla.

El objetivo de este fondo es impulsar el crecimiento y el desarrollo de compañías en fase semilla pre-comercial que ofrezcan servicios de software B2B.

La nueva gestora está regulada por la CNMV y cuenta con todo el soporte y experiencia de The Valley.

The Valley, fundado hace 8 años, es un ecosistema de conocimiento digital, colaborativo y abierto, compuesto por la escuela de negocios The Valley Digital Business School; el headhunter especializado en perfiles digitales, The Valley Talent; un espacio colaborativo para startups digitales; un espacio de innovación, The Place, y una consultora de acompañamiento para empresas y profesionales que quieran dar un nuevo rumbo a sus negocios en busca de la disrupción. Con hubs en Madrid, Barcelona, Chile y Colombia, busca el fomentar las sinergias y generar comunidad.

El objetivo de este primer fondo, además de buscar una rentabilidad de alrededor de 3 veces el capital invertido. El equipo gestor lo forman Iñaki Sasiambarrena y Mike Cobián como partners fundadores y líderes de este fondo, junto con un comité de expertos de reconocido prestigio que cubren las áreas de innovación, ciberseguridad, ecommerce, IoT y marketing online. El equipo gestor suma más de 20 años de experiencia tanto en capital riesgo (Baring Private Equity Partners y Ahorro Corporación Desarrollo) como en emprendimiento y venture capital (Bonsai Venture Capital).

La estrategia de inversión del fondo es invertir en los próximos 4 años en 16-18 startups tecnológicas en etapa semilla, con tickets iniciales de entre 200.000-400.000 euros.

El target de inversión es:

●      Tipología: compañías fuertemente tecnológicas con alta eficiencia por empleado

●      Sector: Prioridad tecnológica valorando otras opciones

●      Mercado: B2B y global desde su nacimiento

●      Etapa: Semilla pre-comercial

●      Sin ventas, pero muy cerca de acceder a etapa comercial

●      Equipo: excelente, con experiencia, ya constituido y comprometido. Idealmente con inversión personal en el proyecto

●      Modelos de negocio: SaaS, productos digitales y herramientas, Apps

●      Geografía: Fundada en España con carácter internacional, especialmente en Latam.

El fondo de inversión The Valley Venture Capital Fund I cerró el pasado 3 de abril su primera operación de inversión, siendo lead investor en la ampliación de capital de Cloudware SL con un importe de 250.000€. Cloudware SL es una start-up tecnológica española que ofrece, a través de su plataforma Nware, un servicio que permite jugar a videojuegos en la nube mediante streaming desde cualquier dispositivo. Actualmente, la plataforma cuenta con más de 10.000 usuarios que diariamente utilizan el servicio desde sus hogares. Con el cierre de esta peración, Cloudware podrá iniciar una nueva etapa centrada en el crecimiento de la plataforma y la mejora de sus tecnologías, entre las que destaca un nuevo algoritmo de codificación de vídeo en tiempo real diseñado específicamente para cloud gaming, que mejorará la latencia, el gran reto tecnológico existente en este sector.


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ayudas-asimetricas

Ayudas asimétricas

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Hay paralelismos entre la crisis financiera y la sanitaria que sacan algunas vergüenzas de Europa. Una cosa es clara, es mejor estar dentro que fuera. Hace mucho frío fuera del euro. Eso sí, la insolidaridad —salvo la acción del BCE— parece abrumadora. No solamente por el gradualismo, falta de empatía y tardanza en la entrega de los fondos comunitarios comprometidos para la pandemia. Tampoco porque el debate sobre los fondos de reconstrucción se posponga y se advierta sobre su condicionalidad. Debería también preocuparnos que los países del núcleo del euro —con Alemania a la cabeza— nos están “comiendo la tostada” en materia de ayudas públicas a empresas.

No porque presten un apoyo fiscal dentro de las normas a su tejido productivo. Eso sería comprensible. Más aún con su mayor margen para gasto público. Sin embargo, gran parte de esas ayudas públicas contravendría, en cualquier otro escenario, los principios competitivos de la UE. Pero con el marco transitorio aprobado con la covid-19, se puede solicitar una aprobación especial de la Comisión Europea.

Con la excepcionalidad actual, parece comprensible que las reglas de competencia puedan relajarse. Pero esa misma situación extraordinaria recomendaría que, en un entorno de mercado único, los países más afectados por la pandemia recibieran más ayuda y que la que presten o inviertan en capital de empresas no computara —o lo hiciera atenuadamente— a los efectos de protocolo del déficit. Ninguna de esas dos cosas está ocurriendo. Entre tanto, algunos países parecen “saltarse” otras reglas. Por ejemplo, Alemania, concentrando hasta la fecha la mitad de las cantidades aprobadas por Bruselas como ayuda excepcional a empresas. Suecia, Dinamarca, Holanda o Austria también tienen cuantiosos “permisos excepcionales”. Buena parte de ellos para, al igual que España e Italia, dar garantías públicas a préstamos privados. Otros cuantiosos, no obstante, para inyectar capital directamente en sus empresas.

«Va a resultar que las diferencias de competitividad pueden tener que ver, al menos parcialmente, con el apoyo de papá Estado. No es el único ejemplo. La unión bancaria sigue incompleta y los bancos (y otras empresas) de esos mismos países cuentan con la denominada “garantía implícita” que se refleja en sus ratings y les permite financiarse más barato».

Santiago Carbó

Desde la crisis financiera de 2008, algunos países se beneficiaron comparativamente de esa asimetría. El “marcador” (scoreboard) de ayudas públicas a empresas de la Comisión Europea muestra que Alemania, Austria o Dinamarca concedieron a sus empresas el triple de ayuda pública (con aprobación especial de la UE) que España o Italia. Va a resultar que las diferencias de competitividad pueden tener que ver, al menos parcialmente, con el apoyo de papá Estado. No es el único ejemplo. La unión bancaria sigue incompleta y los bancos (y otras empresas) de esos mismos países cuentan con la denominada “garantía implícita” (respaldo en caso necesario de sus más solventes Tesoros nacionales) que se refleja en sus ratings y les permite financiarse más barato.

España debería actuar doblemente. Primero, reforzar con intensidad los mecanismos de liquidez a empresas y autónomos y acometer, donde sea necesario, esquemas temporales (ojo, no nacionalizaciones) de recapitalización participativa. Segundo, una negociación más dura con la carta de un mayor escrutinio y, en su caso, incluso denuncia en instancias europeas (como ha hecho Ryanair) de las ayudas claramente asimétricas que otros países están otorgando a sus empresas y que distorsionan permanentemente la competencia y el mercado único.


Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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¿quien-paga-realmente-las-subidas-del-impuesto-de-sociedades?

¿Quién paga realmente las subidas del Impuesto de Sociedades?

El Impuesto de Sociedades probablemente sea uno de los impuestos más nocivos que puedan existir para una jurisdicción fiscal porque tiene una especial incidencia sobre la capacidad de atraer inversión extranjera, fomentar la creación de empresas y, consecuentemente, promover la creación de empleo.

No obstante, muchos gobiernos ven este impuesto como parte de su recaudación en su diseño tributario. Con la intención de imputar una mayor fiscalidad a las rentas del capital y asumir mayores necesidades de gasto público, les parece interesante no solo subir el tipo general sino, eliminar diferentes exenciones que afectan finalmente al tipo efectivo.

Pero, ¿cómo afectan realmente las subidas en el Impuesto de Sociedades? ¿quiénes sufren su incremento?

Para responder a esta pregunta, haremos referencia al estudio "Impuestos corporativos y precios minoristas", elaborado por los profesores Scott R. Baker, Stephen Teng Sun y Constantine Yannelis.

Inicialmente, en los primeros trabajos teóricos veíamos que se exponía que los impuestos de sociedades deberían incidir plenamente en el capital. Sin embargo, este trabajo aporta una visión mucho más amplia recalcando especialmente que se produce un traslado en los precios de los productos de venta al por menor y que, por lo tanto, una parte importante de la incidencia de los impuestos de las empresas recae en los consumidores.

El estudio muestra que la incidencia por el incremento del impuesto de sociedades se reparte entre los consumidores, trabajadores y accionistas en 41%, 24% y 35%, respectivamente.

Este impacto en los consumidores viene dado por la subida de precios a los consumidores porque se repercuten en los precios de los productos de venta al por menor y que una parte importante de la incidencia de los impuestos de las empresas recae en los consumidores. Tan solo el aumento de un punto porcentual en la tasa del impuesto de sociedades, lleva a un aumento en los precios de los productos al por menor de aproximadamente el 0,27%.

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El hecho de que los impuestos de las empresas afecten a los precios de los productos, así como los pagos a los accionistas y los salarios, tiene importantes repercusiones en la política fiscal. Si los impuestos de sociedades inciden en los precios al consumidor, en lugar de recaer principalmente en los accionistas, estos impuestos pueden ser menos progresivos de lo que se afirma comúnmente.

Por supuesto, accionistas y trabajadores también se ven afectados en sus respectivas rentas negativamente por el incremento del impuesto de sociedades. Los primeros ven reducido el beneficio neto y por lo tanto el reparto de dividendos se ve reducido. Los segundos, ven como las subidas de este impuesto impactan en una menor inversión que reduce el tamaño del stock de capital, y por lo tanto, la productividad y los salarios se ven reducidos.

La tendencia a la baja global del Impuesto sobre Sociedades

Por suerte, nos encontramos en un entorno globalizado en el que los países compiten para atraer empresas, lo que ha llevado a una reducción a largo plazo del Impuesto sobre Sociedades y se disminuye, tanto como proporción del PIB como en la recaudación fiscal mundial.

Se destaca una tendencia hacia recortes en los tipos de impuesto sobre los beneficios, que ha sido impulsado en gran medida por reformas significativas en varios países grandes con tipos tradicionalmente altos. El tipo promedio en toda la OCDE ha caído del 32,5% en 2000 al 23,9% en 2018. No obstante, es una tendencia que no viene de este siglo sino desde la década de los ochenta.

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Principalmente son las economías pequeñas las que se sienten obligadas a reducir los impuestos sobre las empresas para atraer inversiones extranjeras -a menudo se pone como ejemplo a Irlanda y a un puñado de los miembros más recientes de la Unión Europea-. El último gan golpe lo asestó Estados Unidos que entró de lleno en esta competencia fiscal. Con el mandato de Trump, vimos que el tipo general del Impuesto sobre Sociedades pasó del 35% al 21%. Esta medida invitó a la repatriación de los beneficios de las filiales de muchas empresas estadounidenses.

Anteriormente, el tipo del impuesto "combinado" de Estados Unidos, que incorporaba los impuestos estatales y federales a los beneficios empresariales, era del 38,9%. Esta tasa fue el más alto entre todos los países de la OCDE y durante mucho tiempo estuvo muy por encima del promedio hasta hoy.

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Gestión empresarial en tiempos de coronavirus y después

La economía española comienza tímidamente a recuperar pulso, transita frágil buscando un rumbo que la dirija y aproxime a un puerto seguro. Es como una pequeña barca que se desplaza en las turbulentas aguas de una tormenta terrible buscando un faro que la guíe. Pero hay todavía demasiado oleaje en el entorno como para reconocer con claridad la ruta que se debe seguir, la dirección que hay que perseguir. Sólo al final veremos cómo y cuándo llegamos a territorio firme.

Las consecuencias tangibles (pérdida de producción, riqueza y empleo) e intangibles (incertidumbre, ansiedad, desconfianza) de la pandemia que ha obligado a detener la actividad económica por razones de salud pública son bien conocidas. También empiezan a vislumbrarse las señales que van a guiar el escalamiento de la actividad económica que debe ir en paralelo al desescalamiento de las medidas de protección sanitaria y la magnitud de sus efectos sobre las principales variables agregadas de la economía. Menos visible es, en cambio, la que podríamos denominar “microeconomía” de la pandemia. Es decir, la respuesta de las empresas a la adversidad, las lecciones aprendidas y los previsibles cambios en modelos de negocio y sistemas de gestión que pueden derivarse de la experiencia. En este texto hemos elegido tres ámbitos relevantes de la gestión empresarial: el capital organizacional, la responsabilidad social y la organización de la cadena de valor que creemos ilustrativos de las lecciones microeconómicas del coronavirus y sus implicaciones para el después de la pandemia.

Capital organizacional

El capital organizacional es un concepto que resume las
capacidades de una empresa o cualquier organización para cumplir su misión,
adaptarse al entorno con rapidez y eficacia consiguiendo buenos resultados
económicos. Pone el énfasis más en el “hacer” y “hacerlo bien” que en cómo
competir y en qué mercados estar, aunque todo se complementa como parte de un
modelo de negocio. El capital organizacional se identifica con un diseño, una
forma de establecer la arquitectura interna de la empresa que fomenta la
participación de los empleados en la toma de decisiones, la flexibilidad y
velocidad de respuesta de la organización y el compromiso de las personas con
el proyecto empresarial, frente al dirigismo, el dogmatismo y el control
jerárquico de los modelos de organización empresarial convencionales.

Diversos estudios han puesto de manifiesto el déficit de capital organizacional de las empresas españolas en comparación con la dotación de este recurso productivo de las empresas en el centro y norte de Europa. Sin embargo, desde distintos ámbitos se ha señalado la proliferación de ERTEs en los tiempos del coronavirus como ejemplo de flexibilidad interna de las empresas en España, lo que podría llevar a la conclusión de que la empresa española está mejor dotada de capital organizacional de lo que podría pensarse. Sin embargo, creemos que esta es una conclusión precipitada.

En efecto, en el ámbito industrial y de servicios, numerosas empresas han recurrido a los ERTE, para hacer frente a los efectos más directos del cierre de la economía. Mas de 520.000 empresas y cerca de 4,2 millones de trabajadores se han acogido a esta fórmula para defenderse de la brutal paralización de la economía. Los trabajadores siguen vinculados a las empresas, no han perdido el empleo, y cobran el equivalente a la prestación por desempleo manteniendo el vínculo contractual con su organización. Algunos responsables públicos y agentes sociales han manifestado que los ERTE son un buen instrumento de flexibilidad interna. El ejemplo nos parece inapropiado. Un ERTE, sin duda, ante una dramática caída de la demanda y consiguiente pérdida de ingresos, ofrece liquidez a las empresas que se acogen a él. Las empresas se evitan pagar los salarios y sueldos de sus trabajadores que actúan como un coste fijo, un peso muerto, cuando desaparecen los ingresos por el cierre del mercado. Significa trasladar una parte sustancial de los costes operativos de la empresa al sector público, eso sí, de forma temporal y limitada para así evitar despidos y mantener la plantilla. Pero esto que es, en estas excepcionales condiciones económicas, muy valioso, no es flexibilidad interna. Significa, ante un shock de oferta drástico, ofrecer liquidez transitoria a las empresas para mejorar su solvencia, trasladar costes privados al espacio público.

«Los ERTE no significan avances en la flexibilidad interna de las empresas, sino transferencias de costes privados al dominio público de forma temporal para resolver un problema de caída de la demanda y superar las dificultades de liquidez y solvencia empresarial que se generan en un periodo limitado de tiempo».

Los modelos de flexibilidad interna desarrollados en empresas
innovadoras fundamentalmente en países nórdicos y Alemania responden a un
patrón distinto. La flexibilidad interna para las empresas es un instrumento
útil para actuar, cuando éstas compiten de forma diferenciada soportando su
ventaja y posicionamiento competitivo en el saber hacer y experiencia de sus empleados.
El capital humano es, entonces, un activo estratégico fundamental para que la
empresa siga creando valor diferencial a sus clientes en sus procesos y
productos. En estas condiciones, cuando se produce una reducción temporal de la
demanda, si las empresas despidieran a sus empleados, se produciría una pérdida
irreversible de su activo estratégico esencial, su capital humano, que ha ido
cultivando, acumulando y desplegando a largo plazo. El despido de trabajadores
amenazaría las claves del éxito de la empresa que ha invertido intensamente en
experiencia, formación, conocimiento y capacidades distintivas de su plantilla.
Por eso, las ayudas que ofrece el Gobierno alemán en su modelo Kurzarbeit
sirven para mantener su plantilla, pero además, para mejorar su formación y
reforzar sus capacidades y habilidades para que cuando se recupera la demanda,
la empresa mantenga su activo estratégico sobre el que fundamenta su estrategia
competitiva.

Po tanto, los ERTE no significan avances en la flexibilidad interna
de las empresas, sino transferencias de costes privados al dominio público de
forma temporal para resolver un problema de caída de la demanda y superar las
dificultades de liquidez y solvencia empresarial que se generan en un periodo
limitado de tiempo, mientras se evitan despidos masivos. Aquí la pregunta de
interés para la gestión en el futuro es, si los ERTE van a continuar, como
parece: ¿Se pueden reorientar para que incorporen elementos de flexibilidad
interna? ¿Qué se debe hacer para que esa inyección de dinero público, además de
mejorar la liquidez de la empresa y mantener el empleo, ayude a mejorar la
gestión de las personas de la empresa como instrumento de mejora de la ventaja
competitiva?

Responsabilidad social empresarial

La actuación socialmente responsable de las empresas es un viejo
tema de debate social, académico e incluso político que ha reaparecido con
fuerza en los últimos veinte años. Se refiere al alcance, propósito y
orientación de la gestión empresarial en relación a preguntas como: ¿Deben
tener o no las empresas un objetivo de mayor alcance que la maximización del
beneficio? ¿Deben las empresas contribuir a la mejora de la sociedad ampliando
el cuadro de objetivos que persiguen? ¿Es el beneficio económico un buen
indicador del impacto de la empresa en la sociedad?

En este debate se reconocen en la literatura de gestión dos
posiciones distintas. De un lado, la visión tradicional de la empresa que
indica que los gerentes deben priorizar el interés de los accionistas y sus
actuaciones y orientación de dirección deben preocuparse por garantizar la
supervivencia y rentabilidad de la organización. La otra postura, asociada a la
idea de una empresa comprometida con las preocupaciones de la sociedad donde
está incardinada, señala que la dirección debe actuar con un enfoque amplio e
integrador en el proceso de toma de decisiones 
y tiene que incorporar las expectativas y preferencias de todos los
grupos de interés a la hora de diseñar su estrategia empresarial y decidir
sobre lo que conviene hacer o no. Así, una gestión socialmente responsable debe
alcanzar un buen encaje y equilibrio entre los intereses de la sociedad, los
empleados, proveedores, clientes y el interés de los accionistas.

En el comportamiento del tejido empresarial español en las
actuales circunstancias lo interesante es que observamos actitudes y
comportamientos que se mueven entre estas dos referencias conceptuales. Las
grandes empresas multinacionales que actúan en sectores motores de la actividad
económica han priorizado en sus estrategias implementadas la supervivencia de
la empresa y el empleo y salud de sus empleados, y están acudiendo sistemáticamente
a los ERTE ofrecidos por el Gobierno para reforzar su liquidez y solvencia.

Otras empresas como Inditex, han seguido conductas distintas. El presidente de Inditex, Pablo Isla, ha señalado recientemente que su empresa va a sostener con recursos propios el pago de la retribución de todos los empleados del grupo durante estos dos difíciles meses de marzo y abril. El grupo tiene 1.500 tiendas en España, emplea a 48. 000 trabajadores, de ellos, 25.000 en las tiendas y el resto en fábricas, logística y oficinas centrales. Por tanto, Inditex no recurre al ERTE sino que gestiona el derrumbe de la demanda con sus propios medios. Es verdad que Inditex, una empresa líder en su sector y muy bien gestionada atendiendo a sus resultados financieros, ha obtenido un beneficio de 3.690 millones en 2019 y tiene 8.000 millones de caja, es decir disfruta de un excelente colchón de liquidez. La empresa se ha abstenido de recurrir en estos tiempos difíciles a la regulación temporal de empleo de sus trabajadores y el pago de los salarios de sus empleados se ha hecho contra los beneficios futuros de los accionistas en este ejercicio.

Por otro lado, el principal accionista del grupo, Amancio Ortega, con su patrimonio personal, ha continuado ejerciendo de forma muy generosa su filantropía, donando material sanitario, mascarillas, respiradores y test por valor de 63 millones de euros  a los centros hospitalarios que los necesitaban.

Otro ejemplo de comportamiento singular y de interés es Mercadona,
empresa que opera en el sector agroalimentario y es líder en la distribución
comercial en nuestro país. En esta actividad esencial no ha caído la demanda,
sino que las ventas han aumentado por el confinamiento de las familias y el
acopio de bienes realizado. Mercadona, a pesar de que ha aumentado en estos
días su actividad más de un 10%, no ha aprovechado estas circunstancias para
incrementar su beneficio sino que ha aumentado significativamente sus costes al
invertir para mejorar la seguridad en el trabajo de sus empleados y reducir los
riesgos de contagio a sus clientes. Nuevamente observamos aquí un ejemplo
interesante de comportamiento sensible a un interés más general que el exclusivo
del propio accionista y el beneficio.

«¿Representan estas conductas una forma nueva de gestionar las compañías o responde mas a la situación y urgencia del momento? Es pronto para reconocer si se van a consolidar o no estas nuevas formas de hacer».

La Corporación Mondragon ofrece también  una experiencia distinta, a través de la actuación de la cooperativa Bexen Medical, de comportamiento sensible a las necesidades y urgencias sociales. Esta compañía con sede en Hernani ha recibido tres máquinas de China con las que prevé fabricar 10 millones de mascarillas mensuales; toda la producción que sea capaz de fabricar la compra íntegramente el gobierno central. Las máquinas para la fabricación de estos productos han sido producidas en China por otra empresa perteneciente al grupo, Mondragon Assembly. Este caso encaja en lo que M. Porter y M. Kramer  (Harvard Business Review, 2006) definen como estrategias de las empresas que generan valor compartido. Esto sucede cuando una empresa desarrolla iniciativas que atienden las necesidades y expectativas de la sociedad y están alineadas con el saber hacer y competencias que la empresa conoce y la estrategia competitiva que desarrolla. Así, la Corporación Mondragon utiliza el conocimiento y capacidades de sus empresas, rentabiliza la inversión realizada en las máquinas, tiene toda la producción vendida y a la vez, atiende la urgencia social que se deriva de las necesidades sociales que se derivan de la escasez existente en España de mascarillas para los trabajadores sanitarios, empleados y familias.

Seguro que hay muchos otros casos de empresas que ponen de
manifiesto conductas diferentes que apuntan, quizás, a formas distintas de
entender el capitalismo y concretar el ejercicio de responsabilidad social por
parte de las empresas. En este caso la cuestión de interés es: ¿Representan
estas conductas una forma nueva de gestionar las compañías o responde mas a la
situación y urgencia del momento? Es pronto para reconocer si se van a
consolidar o no estas nuevas formas de hacer pero lo interesante es observar ya
en las empresas diferentes maneras de entender la responsabilidad empresarial
en relación con la sociedad en donde se insertan.

Cadena de valor

El tercer ejemplo de interés tiene que ver con la configuración de
las cadenas de valor en muchos sectores industriales y las vulnerabilidades y
riesgos que se han derivado de estas arquitecturas de aprovisionamiento. Hasta
mediados de los ochenta del siglo pasado, la gestión empresarial del riesgo se
realizó mediante la acumulación de recursos de holgura para hacer frente a
contingencias imprevistas o poco probables: inventarios para evitar problemas
de suministro o aumentos imprevistos de la demanda, trabajadores disponibles
para suplir bajas, ausencias por enfermedad o absentismo, y exceso de capacidad
productiva para hacer frente a los picos de la demanda.

Esta estrategia tenía un coste importante, pero asumible, en
términos de coste de oportunidad de los recursos en exceso, probablemente
porque todas las empresas seguían unas pautas de gestión similares. Por razones
que ahora no es el momento de analizar, las empresas japonesas “descubrieron” e
iniciaron sistemas innovadores para gestionar la incertidumbre. La desintegración
vertical de la cadena de valor favorecía la reducción y el reparto de los
costes fijos entre las distintas empresas de la cadena; el desarrollo de los
sistemas justo a tiempo servía para
coordinar la información y los flujos de materiales y productos entre
suministradores y clientes; se favoreció la minimización de los recursos de
holgura para introducir presión en los procesos y así trabajar con defectos
cero y se incorporaron tecnologías que permitían pasar de un producto a otro
con unos costes de cambio y ajuste muy bajos.

El impulso de la globalización y la reducción de los costes de
transporte ha facilitado la estrategia de reducir los recursos de holgura
juntamente con deslocalizar y aprovisionar a las empresas en las mejores
condiciones de precio. Todo ello ha permitido la fragmentación de las cadenas y
la ubicación de las distintas actividades en el país que presentaba las mejores
ventajas competitivas, normalmente sobre la base del precio. Así distintos países
se han especializado en aquellas producciones en las que tenían una buena
posición de costes. Ahora hemos observado las limitaciones de ese modelo, los
riesgos que las empresas y los países asumen cuando nos enfrentamos a una
crisis sistémica como la que estamos padeciendo. Hemos dependido de China para
proveernos de mascarillas y test rápidos para reconocer la extensión de la
pandemia en España. Por tanto toca repensar, incorporando y valorando mejor la
magnitud de los riesgos que se asumen, esa arquitectura de las cadenas de valor
y reordenar la intensidad y características de la fragmentación y
deslocalización que hemos vivido todos estos años.

En suma, todavía es pronto para saber la magnitud y alcance que la pandemia del coronavirus va a generar en el conjunto de la economía española y europea; hay demasiadas incertidumbres que se van desvelando día a día. Sin duda hay muchas lecciones macro que aprenderemos en la crisis, pero también de la micro, de la forma en cómo se gestionan las empresas, hay mucho para aprender y reflexionar. De los ejemplos expuestos aquí destacamos las siguientes ideas: primero, el capital organizacional, un recurso estratégico para las empresas del siglo XXI, es mucho más que repartir costes en momentos de crisis; no se improvisa, se construye día a día desde la participación, el compromiso y la formación de las personas. Segundo, el mercado deberá implicarse en reconocer y valorar las conductas de las empresas que sin dejar de gestionar bien el núcleo de su negocio son sensibles a las externalidades que resultan de esa gestión, potencian las positivas y reducen las negativas. Tercero, la seguridad de los suministros, la resiliencia a un shock sistémico tiene un coste; volver a los recursos de holgura gestionados por cada empresa de forma independiente es inviable porque individualmente la empresa tendrá incentivos en aprovecharse de las holguras de las demás y al final no habrá holguras. Frente a lo inesperado y sistémico como la pandemia del coronavirus, la holgura y la resistencia debe gestionarse desde la globalidad y la supranacionalidad. La integración económica y el proceso de mundialización debe ser compatible con la seguridad o volveremos a los nacionalismos de nefasto recuerdo.

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Financiamiento para emprendedores que desarrollen soluciones relacionadas al COVID-19

El Ministerio de Desarrollo Productivo lanzó una nueva convocatoria para otorgar Asistencia Económica para proyectos productivos de PyMEs o Emprendedores que den soluciones a las problemáticas que se presentan por la pandemia ocasionada por el Covid-19 y que sean relevantes, escalables y de fácil implementación en el actual contexto de emergencia.

Los proyectos seleccionados accederán a aportes no reembolsables por un monto máximo de $1.800.000, y de hasta $6.000.000 para proyectos de gran impacto o asociativos, que podrá abarcar hasta el 100% del proyecto.

La convocatoria está dirigida a PyMEs y/o Emprendedores cuyos proyectos tengan como objetivo:

  • Aumento de la producción y oferta de equipamiento, bienes específicos o desarrollos tecnológicos para la prevención, diagnóstico, tratamiento, monitoreo y/o control del Coronavirus,
  • Desarrollo de servicios tecnológicos y actividades tendientes a generar cambios innovadores para las MiPyMEs, como plataformas de teletrabajo, e-commerce y pagos electrónicos, automatización de procesos, que respondan a cambios como consecuencia de la pandemia en Argentina;
  • Mejora de procesos para la obtención de certificaciones de normas, homologaciones y validaciones de productos o servicios asociados al control del virus COVID-19.

Requisitos y condiciones para los proyectos

Los Proyectos deberán ser presentados vía Plataforma “Trámites a Distancia” (TAD) y tendrán un tiempo máximo para la ejecución de tres o seis meses, según la modalidad de asistencia.

La asistencia económica podrá destinarse al financiamiento de servicios de consultoría, tecnológicos, servicios y certificaciones de viabilidad técnica, gastos e inversiones asociados a la puesta en marcha o aumento de la capacidad productiva, entre otros.

El desembolso podrá realizarse, a elección del beneficiario, mediante las modalidades de anticipo y/o reintegro de gastos. En el caso de anticipo, el beneficiario deberá constituir un seguro de caución una vez aprobado el proyecto.

Aquellos emprendedores que deseen obtener el beneficio deberán asesorarse con profesionales de las ciencias económicas respecto del plan de inversiones, los requisitos de la solicitud del Ministerio y durante el proceso de evaluación y de rendición de cuentas y auditoria.

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decada-de-2010:-los-capitalistas-de-riesgo-revelan-las-startups-que-cambiaron-todo

Década de 2010: Los capitalistas de riesgo revelan las startups que cambiaron todo

La década de 2010 fue un viaje salvaje para las startups y los inversores que inyectaron dinero en ellas. Esta nota de Business Insider revela cuales son.

Cuando comenzó la década, los teléfonos inteligentes se estaban volviendo ubicuos, conectando a miles de millones de personas a Internet, muchos por primera vez, y allanando el camino para una ola de modelos comerciales innovadores.

Los mercados en línea y las plataformas de economía compartida (Amazon, Facebook, Uber, Airbnb y muchos más) demostraron el poder de los efectos de red y, al hacerlo, cambiaron completamente la forma en que las personas y las empresas interactúan entre sí.

Las empresas aprovecharon el flujo de datos constantes, en tiempo real, basados ​​en la ubicación y personalizados que los consumidores ofrecieron voluntariamente a través de una lista creciente de dispositivos inteligentes para proporcionarles servicios más rápidos y convenientes.

Los emprendedores tenían el viento a sus espaldas, gracias a una avalancha de dinero de riesgo y acceso a infraestructura técnica, Amazon Web Services, lo que significa que podrían aumentar y ampliar sus nuevas empresas como nunca antes. Los unicornios parecían aparecer en todas partes, y las OPI de tecnología entusiasmaron a los inversores.

Pero las mareas comenzaron a cambiar en la segunda mitad de la década a medida que una avalancha de escándalos destruyó la idea de que las compañías tecnológicas y los fundadores tecnológicos son inherentemente buenos. Los inversionistas públicos se mostraron escépticos sobre el precio premium que se le atribuye a algunas empresas de tecnología, y el lote que se hizo público en 2019 tuvo una situación difícil.

Cuatro meses después de 2020, la pandemia de coronavirus sin precedentes ha sacudido la economía global y el mundo de las startups, lo que ha provocado al menos 30,000 despidos en empresas respaldadas por empresas e incluso ha impactado a los amantes de la tecnología de unicornios como Uber, Lyft, Airbnb y Peloton a medida que los fondos y las ventas se han secado. arriba

Después de hablar con cinco capitalistas de riesgo sobre cómo han evolucionado las cosas desde 2010, surgieron algunas lecciones claras, así como algunos ejemplos claros de esas lecciones. Si bien sería imposible incluir todas las startups importantes, a continuación se detallan las compañías que, según los inversores, han tenido el mayor impacto en su industria en los últimos 10 años.

Uber, Theranos y WeWork demuestran las trampas de la «adoración de los fundadores» y la búsqueda del crecimiento a toda costa.

Travis Kalanick de Uber, Elizabeth Holmes de Theranos y Adam Neumann de WeWork: Todos fueron considerados fundadores carismáticos y visionarios que intentaron cambiar el mundo, pero cada uno finalmente se vio obligado a abandonar sus respectivas compañías en medio del escándalo.

Cuando Holmes renunció en 2018 ante caricaturas criminales e informes de fraude en Theranos, «todos en la empresa realmente cuestionaron su propia diligencia», dijo a Business Insider Kristin Gunther, directora de Revolution. Gunther agregó que la hizo reflexionar sobre cómo se involucra como miembro de la junta.

«En un contexto en el que, durante un par de años aquí, las ofertas especiales se movieron muy rápido y las personas pudieron obtener fondos en base a dos diapositivas de PowerPoint, se hizo aún más importante decir: ‘Hola, bien, esta es una oferta especial, pero yo’ Lo voy a extrañar porque no vale la pena cortar las esquinas ‘», dijo Gunther.

Kalanick también fue expulsado por cortar esquinas. En 2017, los inversores organizaron su renuncia en un momento en que la imagen pública de Uber se había desplomado. Una vez que una empresa en la que todos los inversores querían participar, los críticos comenzaron a alegar que Uber permitió el acoso en el lugar de trabajo, eludió las regulaciones locales y que el propio comportamiento de Kalanick había llevado a la empresa a un curso acelerado.

Neumann, el excéntrico fundador de WeWork, renunció a principios de este año después de que el intento fallido de la compañía de salir a bolsa condujo a informes de sus extensos conflictos de intereses, mala administración y comportamiento extraño.

Las tres compañías personificaron el obsesivo enfoque de Silicon Valley en el crecimiento y la celebración de fundadores ambiciosos, que a menudo ignoraban el comportamiento problemático y las prácticas comerciales.

«Creo que abandonamos los valores en términos, no solo de cómo invertimos, sino de cómo administramos las compañías», dijo a Business Insider Elliott Robinson, socio de Bessemer Venture Partners.

Jet.com, Dollar Shave Club, Glossier, Warby Parker y Casper se destacan como algunas de las muchas compañías que han logrado establecer relaciones directas con los consumidores.

La omnipresencia de las redes sociales y los anuncios digitales ha brindado a las compañías nuevas y poderosas formas de conectarse con su público objetivo y ha ayudado a que surjan marcas directas al consumidor.

Anu Duggal, socio fundador de Female Founders Fund, dijo a Business Insider que las redes sociales «han permitido a las marcas tener una conversación directa con esos consumidores y tener un impacto en el diseño actual de sus productos».

Duggal destacó a marcas como Warby Parker y Glossier como compañías que efectivamente han aprovechado las conversaciones con esos consumidores para informar el desarrollo de productos.

Jenny Lefcourt, socia general de Freestyle y miembro fundador de All Raise, dijo que otra razón por la que estas marcas han tenido tanto éxito es porque han creado una «comunidad auténtica» entre sus consumidores.

«Tal vez vas a Glossier porque te encanta el maquillaje y comienzas a conectarte con la comunidad sobre eso y antes de que te des cuenta, comienzas a hacerte amigo y estás compartiendo consejos de viaje», dijo Lefcourt a Business Insider.

Sin embargo, estas empresas inicialmente no parecían apuestas seguras. Gunther señaló al minorista en línea Jet.com y su adquisición por parte de Walmart como una prueba de concepto importante, y dijo que «mostró el camino de salida para algunas de estas compañías directas al consumidor donde realmente era una pregunta».

Stitch Fix, Rent The Runway y Away están mostrando a los inversores la promesa de emprendimientos dirigidos por mujeres en una industria que carece de diversidad.

No es ningún secreto que las empresas de capital de riesgo (y, como resultado, los empresarios que financian) sufren de una falta de diversidad. Una encuesta reciente realizada por RateMyInvestor descubrió que el equipo fundador típico era un «equipo formado por dos personas,» todos hombres «, todos blancos», con educación universitaria estadounidense que reside en Silicon Valley «.

Sin embargo, durante la última década, con varias empresas lideradas por mujeres que alcanzaron valoraciones multimillonarias y la fundadora de Stitch Fix, Katrina Lake, convirtiéndose en la fundadora más joven en hacer pública una empresa, los inversores finalmente se están dando cuenta.

«Los capitalistas de riesgo son patrones de referencia», dijo Lefcourt. «Ver a estas mujeres llevar a estas empresas desde el inicio a la salida a bolsa y ser increíblemente exitosas permite que otros capitalistas de riesgo, ya sean hombres o mujeres, cambien su opinión sobre cómo se ve el éxito».

Las empresas de capital de riesgo aún tienen un largo camino por recorrer tanto en términos de en quién invierten y quién está invirtiendo, especialmente cuando se trata de diversidad racial y educativa. Pero, al menos cuando se trata de emprendimientos dirigidos por mujeres, Duggal dijo que los inversionistas están «reconociendo el hecho de que hay ganancias reales por hacer».

Shopify, Atlassian y Waze demostraron que los mercados fuera de Silicon Valley están despegando.

La encuesta de RateMyInvestor también encontró que los fondos de riesgo tienen un fuerte sesgo geográfico, con casi la mitad de todas las inversiones en los últimos cinco años dirigidas a nuevas empresas con sede en Silicon Valley. Pero en los últimos años, varias compañías han revelado el potencial sin explotar de otros mercados, particularmente fuera de los Estados Unidos.

«Siempre hubo grandes empresas y una gran innovación fuera de los Estados Unidos», dijo a Business Insider Victoria Treyger, socia general y directora gerente de Felicis Ventures. Pero antes de Shopify, dijo, «había una creencia de que las compañías respaldadas por capital de riesgo fuera de los Estados Unidos salieron antes».

Shopify, con sede en Ottawa, Canadá, destaca por su papel descomunal en el empoderamiento de las pequeñas y medianas empresas. Robinson, quien invirtió en Shopify, dijo que al construir herramientas de comercio electrónico y «múltiples fuentes de ingresos a partir de una base de usuarios realmente grande, eso realmente cambió la forma en que la gente pensaba sobre [el software como servicio]».

Atlassian, una empresa de software empresarial de Sydney, también puso a Australia en el mapa. «Acabo de ver la cantidad de alumnos [Atlassian] que se encuentran en ese ecosistema», dijo Treyger, y señaló cómo los empleados de empresas pioneras como Shopify y Atlassian a menudo comienzan sus propias empresas.

Israel también se ha convertido en un semillero de actividad empresarial. Ha producido nombres familiares como Waze (que fue adquirido por Google) y, en 2018, 61 empresas salieron con un tamaño promedio de $ 81 millones.

Dentro de los EE. UU., Ciudades como Chicago, Seattle, Denver, Portland, Atlanta y Washington, D.C., también han experimentado un aumento masivo tanto en la inversión como en las nuevas empresas.

Stripe, Square, Lending Club, SoFi y Robinhood son solo algunas de las nuevas empresas clave que están volcando la industria de los servicios financieros.

Fintech fue otro sector en esta década que vio grandes interrupciones y una oleada de nuevas empresas que lograron valoraciones masivas. Las startups aprovecharon el auge de los teléfonos inteligentes, la banca digital y el aprendizaje automático para atraer a más consumidores al sistema financiero y cambiar la forma en que las personas gastan, ganan, piden préstamos e intercambian dinero.

«Cuando miras por debajo, hay una verdadera innovación tecnológica», dijo Treyger. «Es realmente emocionante ver que los dólares se destinaron a compañías que realmente han transformado el sector de servicios financieros».

Como solo algunos ejemplos, Stripe and Square ayudó a cambiar la forma en que se les paga a las empresas, Lending Club y SoFi asumieron los cargos establecidos en el espacio de préstamos personales, y Robinhood reinventó cómo invierten los consumidores cotidianos.

Axel Springer, la empresa matriz de Insider Inc., es un inversor en Uber.

Tyler Sonnemaker – Business Insider

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Anatomía de una crisis

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La economía se adentra en terreno desconocido, no solo por su desplome en el primer trimestre, el mayor de la historia moderna en un periodo tan corto, sino también por las incertidumbres que se derivan de los datos acerca de un rebote posterior. Las cifras del INE son rotundas. El PIB cayó un 5,2% hasta marzo, lo que habida cuenta de la tendencia alcista registrada hasta el inicio del estado de alarma significa que la actividad se hundió al menos un 29% durante la segunda quincena del mes pasado. Otros países europeos muestran registros similares, aunque sujetos a un importante margen de error, por la dificultad para realizar un seguimiento preciso en tiempos de la covid-19.

Gráfico 1

Estos resultados también revelan información
altamente relevante para la política económica.
Uno, porque muestran que las familias están adaptándose a la crisis
comprimiendo su gasto para así generar, en aquellas casos que pueden
permitírselo, un ahorro de precaución. Aunque el fenómeno es típico en periodos
de recesión, su magnitud es inusual.

Porque es llamativo que la contracción del consumo de las familias, el componente de la demanda con más peso en el PIB, alcance tanta intensidad —un 7,5%— cuando las remuneraciones han seguido avanzando levemente, según el INE. Esto se explica sin duda por las circunstancias del confinamiento, pero también por el miedo a perder el puesto de trabajo, que suele generar un ahorro de precaución. Como las perspectivas del mercado laboral no son halagüeñas, es poco probable que el ahorro precautorio desaparezca, algo que pesará sobre la recuperación.

Gráfico 2

Por tanto, para no agravar la situación, conviene
prorrogar las medidas de apoyo al empleo,
en particular su exponente más emblemático que son los ERTE. Si bien ya hay
cuatro millones personas que se han acogido a un ERTE (y hasta 10 en Alemania),
este es un dispositivo que ha mostrado su utilidad para amortiguar el impacto
de la crisis.

En segundo lugar, los excedentes empresariales se
han reducido por el desplome de las ventas y por el mantenimiento de la
plantilla. La Seguridad Social ha asumido una parte de esos costes laborales,
la otra las propias empresas (aquellas que no han recurrido a los ERTE, o solo
parcialmente). Sin embargo, esta tendencia refleja dos realidades distintas, la
de pymes y autónomos, con negocios a menudo solventes, pero sin liquidez para
aguantar el shock. Y la de empresas con una base financiera sólida, pero sin
perspectivas para reanudar la inversión en un periodo previsible.

Todo confluye por tanto en una espiral de
compresión de la demanda privada, menor actividad y problemas de liquidez para
las empresas, incluso después del estado de alarma. Una mayor focalización de
las ayudas a la liquidez y avales públicos, centrándolos en las pequeñas
empresas y los negocios solventes pero con problemas de tesorería, ayudaría a
contener el bucle recesivo.

Sin embargo, a corto plazo la recuperación solo podrá descansar sobre el impulso fiscal. Así lo ha reconocido Christine Lagarde en sus declaraciones de esta semana. El problema es que ese es nuestro punto débil, por el nivel arrastrado del déficit y con una prima de riesgo presionada. El consumo público fue el único componente de la demanda que se expandió en el primer trimestre, pero no es realista pensar que puede mantenerse ese esfuerzo sin reacción de los mercados.

La promesa de Bruselas de un fondo europeo de recuperación no se activará hasta 2021 —si es que no se pierde antes en los meandros de las negociaciones—. El BCE acaba de lanzar inyecciones de liquidez, que alejarían el riesgo de crisis financiera, pero sin atajar la espiral recesiva, que requiere de apoyo directo a la economía. La salida pasa por un aumento del programa de compra de deuda pública con el compromiso explícito de no permitir que las primas de riesgo superen un cierto umbral. De lo contrario quedaría recurrir al fondo de rescate.


Fuentes de los gráficos: INE, Eurostat y Comisión Europea.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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