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El verano del carpe diem: playas llenas a pesar de los tambores de recesión y la inflación

'Carpe Diem'. Solo se vive una vez. Esa parece ser la mentalidad imperante en la sociedad española este verano 2022 en el que por fin estamos libres de protocolos y normativas anti Covid y podemos campar a nuestras anchas por donde queramos.

Un sentir que ha hecho que nos evadamos de la realidad que tenemos encima: una inflación superior al 10% en pleno verano y una recesión (no se sabe sí tímida o extrovertida) a la vuelta de la esquina que amenaza con amargarnos el otoño-invierno.

A pesar de que los precios de todo han subido, de lo que cuesta el litro de gasolina, o llenar la nevera, los españoles nos hemos lanzado a vivir este verano como si fuera el último, y a pesar de que algunos han admitido tener que recortar sus días de asueto por ello o directamente, cancelarlos, lo cierto es que las playas están llenas.

Por ejemplo, La Asociación de Empresarios Hoteleros de la Costa del Sol (Aehcos) prevé que julio cierre con una ocupación superior al 85%, más que antes de la pandemia, mientras que en Cantabria es del 90%, o en la Comunidad Valenciana ya está en niveles de 2019.

¿Estamos anestesiados? ¿No queremos ver la realidad? ¿O sencillamente nos da igual?

Viviendo el presente

Hay un riesgo alto de recesión en todo el mundo, y aquí pasa lo mismo. No nos vamos a escapar de crecer menos que en 2021, queramos o no, porque la inflación y demás vicisitudes del 2022 han complicado todo mucho. Pero parece que vivimos de espaldas a ello.

Decimos parece, porque en realidad no. Porque según el barómetro del CIS de mayo (el último) la economía es la mayor preocupación de los españoles actualmente, pero eso no ha bastado para que se queden en casa este verano.

Y eso que todavía no ha llegado agosto, mes por excelencia de vacaciones en España. Por lo que nos encaminamos, todo apunta, a un verano de récord en cuanto a gasto vacacional. Primero, por las ganas de la gente; segundo, porque los precios están por las nubes.

¿Están locos los españoles y no piensan en el futuro a corto plazo? ¿Les da igual todo? Hay matices. Bien es cierto que nuestra cultura es muy de vivir el presente, sobre todo tras la pandemia, pues ahora ya nada asegura que las cosas sean así dentro de un año. Por ello, la gente, hastiada de confinamientos y restricciones, quiere volver a un verano como los de antes.

Pero hay otro punto importante: hay más ahorro acumulado que nunca. La pandemia sirvió para ello, llegando el ahorro de las familias a su máximo histórico en 2020, casi el 15% de la renta disponible. Por lo tanto, muchas personas también quieren aprovechar ese remanente para pasar un verano inolvidable.

El problema es que el futuro inmediato es muy incierto, y no se sabe qué pasará después de las vacaciones, porque puede que las cosas vayan a peor. Sobre todo en lo que respecta a destrucción de empleo. La inflación está aumentando los costes de todas las empresas y aunque ahora todo son burbujas de alegría, es posible que se pinchen en un par de meses.

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Fin al dinero barato 4.026 días después

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Todas esas jornadas han pasado desde el 13 de julio de 2011 para que el BCE haya vuelto a subir los tipos de interés. Ha acontecido de todo desde entonces, desde la agudización de la crisis de la deuda soberana aquellos años, hasta una severa pandemia y una guerra cruenta en Ucrania —de futuro incierto—, pasando por el whatever it takes del siempre presente (ahora no menos) Mario Draghi. Este jueves el BCE finalmente ha aumentado su tipo de interés de referencia, nada menos que un 0,5%, con más subidas próximamente, como primera acción contundente para combatir una inflación que parece desbocada.

Como un complemento de manga ancha, finalmente se aprobó el llamado Instrumento para la Protección de la Transmisión (TPI, por sus siglas en inglés). Hace pocos meses parecía muy improbable —véase la hemeroteca con declaraciones oficiales—, pero ha acontecido tras asentarse una realidad cruda y cabezona: la inflación se ha puesto cómoda en nuestras vidas. O se combate con toda la fuerza o se nos queda en el salón de casa por mucho tiempo. Y, por las turbulencias que puedan venir —desde Italia las primeras— desde Fráncfort se comprará lo que sea preciso.

El miedo a la deflación —y, de reojo, a una posible crisis de deuda soberana— explica por qué los tipos de interés no subieron en este largo periodo. Solamente bajaron o se mantuvieron. Se acometían también masivas compras de bonos. El tiempo juzgará el acierto de estas decisiones. Los posibles errores tendrían atenuantes, por decidir en territorios inexplorados, como es la realidad económica y geoestratégica cambiante y virulenta. También el complejo entramado institucional de la UE, con claras carencias en el camino hacia la completitud de una mayor unión política.

Tras meses en los que el mercado parecía penalizar todo lo que olía a euro y a Viejo Continente, los últimos días han dado respiro. Hay menos pesimismo. Los mensajes del BCE, ratificados este jueves con fuerza, parecen haber ganado credibilidad. La gran espada de Damocles —un eventual corte del gas ruso y sus terribles consecuencias económicas— sigue pendiendo, pero si se compara con las debilidades de la crisis financiera de 2008, está ganando terreno una visión menos apocalíptica de la economía, el empleo y los precios. Lo sabremos en los próximos meses, pero la recesión parece que será menos generalizada de lo que se pensaba hace semanas. Donde acontezca, apunta a menos prologada.

El BCE ha compartido una visión similar. No puede evitarse una notable desaceleración, pero los preparativos de reservas de gas —con mayor resiliencia y capacidad de cooperación en la UE para compartir recursos— y la reciente evolución de los precios de la energía parecen apuntar a un escenario menos catastrofista. Los deberes pendientes con la inflación continúan siendo de gran magnitud. El BCE ha comenzado el tratamiento para la dolencia inflacionaria: subir tipos de interés y prometer nuevas dosis. Y, además, para evitar efectos secundarios de esa medicación sobre los mercados de deuda soberana, aprobó el TPI que aplicará seguramente con la contundencia que transpiraba en el discurso de Lagarde. Aun así, la inestabilidad política ha hecho subir la prima de riesgo italiana. La presidenta de la institución monetaria lo ha dejado claro: “Las compras no van a estar restringidas ex-ante”. De alguna manera, ya tiene su whatever it takes. Esperemos que los mensajes y decisiones conduzcan al éxito.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Las empresas manufactureras alcanzan los niveles de facturación de prepandemia

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Ya han pasado más de dos años desde que empezó la pandemia y se ha aprendido a vivir con ella. Además, han surgido nuevos riesgos en el horizonte. Por ello, conocer si ya se ha superado el colapso por la pandemia es decisivo para saber cómo se podrán abordar estos nuevos desafíos. A continuación, se comentan los resultados de Moral (2022) que analiza las empresas manufactureras españolas (pymes y grandes) a partir de sus declaraciones de IVA en la Agencia Tributaria (AEAT). El primer punto que debe resaltarse es el uso de la facturación real cuya validez es magnífica, puesto que las empresas analizadas representan el 98,4% de las ventas totales y el 99,7% de las exportaciones. 

El principal resultado del trabajo es que, en media, las empresas manufactureras españolas han alcanzado los niveles de facturación de prepandemia. En el Gráfico 1 se observa que el índice (con base 100 en el primer trimestre de 2019)[1] vale 102 en el cuarto trimestre de 2021, es decir, se superaron las ventas prepandemia en un 2,0%. 


El proceso comenzó con el desplome brutal, en el segundo trimestre de 2020, que se salvó muy rápidamente (tal y como muestra la forma de “V” tan acusada). De hecho, a finales de ese año, las empresas manufactureras españolas tan solo vendieron un 1,81% menos que en 2019. Sin embargo, el 2021 comenzó con una fuerte ola de contagios y con una vacunación muy incipiente truncó, de nuevo, el crecimiento. Hubo que esperar a la segunda mitad del 2021 para observar una senda positiva en las ventas que, esta vez sí, permitió rebasar los niveles de prepandemia a final de año. 

No obstante, la evolución del valor añadido bruto en manufacturas registrada la Contabilidad Nacional Trimestral (INE) es la contraria, ya que se recoge una caída del 5,3% en el cuarto trimestre de 2021 respecto al del mismo trimestre de 2019. Por ello, los resultados obtenidos a partir de los datos reales de facturación disponibles en la AEAT son especialmente interesantes y se deben utilizar con más asiduidad. 

En el primer trimestre de 2022 se observa un parón de la tendencia alcista previa como consecuencia de la falta de componentes y el inicio de la Guerra de Ucrania (20 de febrero). En este sentido, los datos coyunturales revelan un mantenimiento de la situación, a pesar de que a los riesgos anteriores se están uniendo los elevados precios energéticos y la inflación general.

El Gráfico 1 también muestra la evolución de los ingresos distinguiendo su procedencia: del exterior frente al mercado interior. Desde 2021, las exportaciones presentan una senda más volátil que las ventas en el mercado nacional. Aun con todo, el valor declarado de los ingresos por exportaciones de las empresas manufacturas en el primer trimestre de 2022 es un 1,7% superior al registrado en 2019. Por su parte, las ventas en el mercado español registraron en 2021 un avance más moderado que, con el ajuste de 2022, las sitúan ligeramente por debajo del nivel prepandemia. 

Pero esta tendencia general observada en las manufacturas aglutina comportamientos sectoriales muy dispares que conviene identificar. El Cuadro 1 expone las variaciones del primer trimestre de 2022 respecto de 2019 en las ventas totales, el mercado interior y las exportaciones, y constata esta idea.


Es patente que las dificultades en el sector de material de transporte lastran al conjunto de las manufacturas, siendo el único sector que retrocede en estos tres años. En concreto, el primer trimestre de 2022 factura un 10% menos: las ventas en el mercado nacional han disminuido un 19,7% y las exportaciones un 3,3% (este sector exporta más del 80% de su producción). La falta de suministros y componentes es un problema para el sector, pero la cuestión de fondo es el proceso de cambio que debe realizar para adaptarse al nuevo paradigma de movilidad sostenible. En 2020, solo el 7,3% de los vehículos producidos en España fueron “alternativos”, es decir, eléctricos de batería, híbridos enchufables, híbridos convencionales o de gas (ANFAC, 2020).

Por su parte, los sectores que mejor se comportaron en 2020 (el químico y farmacéutico junto con el de alimentación, bebidas y tabaco) mantienen una buena trayectoria, especialmente en las exportaciones. Las ventas en el exterior también han sido cruciales para la obtención de buenos resultados en el sector de textil y confección y el de madera, corcho y muebles. 

En conclusión, este análisis muestra recorridos muy diferentes en los sectores manufactureros que deben seguirse con atención en el momento actual de incertidumbre.


[1] Los efectos de la pandemia comenzaron en marzo de 2020, por lo que los datos del primer trimestre ya mostraron una caída. Por ello se realiza la comparación con el primer trimestre de 2019.

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Escrivá pacta las cuotas de autónomos dependiendo de los ingresos: las pensiones por delante de todo y los más necesitados no tienen quien los defienda

Tras meses y meses de negociaciones, parece que el tema de las nuevas cuotas de los autónomos ya se va fijando. Y la verdad es que no va a gustar nada a los trabajadores por cuenta propia.

El ministro Escrivá ha alcanzado un principio de acuerdo con las asociaciones de autónomos para fijar unas nuevas tablas de rendimientos netos y...la cuota mínima que se está barajando con toda probabilidad es de 230 euros para ingresos de hasta 670 euros netos en 2023.

Es decir, que un tercio de esos ingresos será para pagar solamente la cuota. Súmenle ahora los impuestos y demás... Por contra, los que tengan unos ingresos de más de 6000 euros, la cuota será de 500 euros. ¿Ven desigualdad en esto? Desde luego que sí.

Y si tenemos en cuenta que más de un millón de autónomos obtiene menos de 1.000 euros de ingresos al mes, está claro porqué Escrivá quiere dar el hachazo a este colectivo, ya que es el más numeroso y del que más puede sacar.

¿Para qué? Pues está también bastante claro.

Garantizar las pensiones, cueste lo que cueste

Lo que se deduce de esta decisión que va a afectar a tantos autónomos es que el Gobierno necesita recaudar para lo que parece ser su gran objetivo de la legislatura: garantizar las pensiones públicas.

Una partida de gasto que cada vez aumenta más y que, encima, se tendrá que actualizar en función del IPC en 2023 y ya sabemos todos cómo anda esto... Si las pensiones suben el año que viene en torno a un 10%, se va a tener que recaudar mucho para poder pagarlas.

Y así consecutivamente. Por lo tanto, el Gobierno va a coger dinero de donde pueda, y los autónomos no se van a librar. El problema es que deja un mensaje muy descorazonador a la sociedad: "haremos lo que sea por las pensiones; si eres un pequeño empresario o trabajador por cuenta propia, arréglatelas".

Este colectivo ya lleva años quejándose de su abandono e indefensión ante los vaivenes económicos (les afectan de lleno y apenas tienen ayudas) y demás cambios legislativos. Y ahora se les vuelve a dar otro revés en un momento muy complicado con una subida de costes brutal.

Por su parte, las asociaciones de autónomos quedan bastante retratadas con este acuerdo, pues si aceptan esa cuota para los más indefensos de la cadena, es que muy bien no están haciendo su labor.

Lo que queda de esto es que los pequeños autónomos y pymes lo van a tener muy complicado de aquí en adelante tanto por la coyuntura económica como por parte de las instituciones públicas. Que viven por y para los pensionistas. Los únicos que ganan poder adquisitivo cuando todos lo pierden.

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Nuevos impuestos

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Comencemos por dos aclaraciones. La primera es que los impuestos anunciados la semana pasada no forman parte de la reforma fiscal pendiente que debería resolver múltiples problemas y afrontar nuevos retos. Su lógica y justificación es diferente. La segunda es que, por muy buena voluntad que se tenga, ningún Gobierno es capaz de garantizar que el coste de los impuestos no se vaya a trasladar vía precios a otros agentes económicos; en particular a los clientes de empresas energéticas y bancos. Porque una cosa es la incidencia legal de un tributo, que sí controla el gobierno a través de la normativa fiscal, y otra la incidencia efectiva.

Dependiendo de las condiciones de los mercados, las empresas pueden acabar trasladando una parte no menor del coste a sus clientes, proveedores o incluso trabajadores. Es una realidad que las empresas energéticas están siendo favorecidas por la coyuntura actual. En el caso de las eléctricas, por un sistema marginalista no pensado para situaciones extraordinarias como la que estamos viviendo. Los beneficios caídos del cielo están siendo enormes. La llamada “excepción ibérica” ha sido una solución buena, pero parcial. Aun con ella, los precios a los que se está cobrando la luz excede con mucho lo razonable, dado el peso menor del gas en las fuentes generadoras de electricidad en España. En el caso de los carburantes, el mecanismo es diferente. Pero existe evidencia empírica de esos beneficios extraordinarios. Por tanto, un impuesto transitorio sobre las energéticas es un complemento justificable a los cambios en el sistema marginalista, y va a permitir que una parte de esos sobreprecios a los consumidores pasen a financiar actuaciones compensatorias. Es muy probable que este tipo de tributos extraordinarios vayan a ser la norma en Europa.

En contraste, tengo serias dudas sobre la oportunidad del impuesto a la banca. El argumento de que las entidades financieras se van a beneficiar de la subida de tipos que se avecina no tiene nada que ver con la idea de los beneficios caídos del cielo. Como es bien sabido, el sistema financiero español ha pasado años difíciles en un contexto de tipos de interés negativos, nunca visto antes. Los ajustes en plantilla y las cotizaciones bursátiles dan fe de ello. Y no hay que olvidar que una subida de tipos no es sinónimo de mayores beneficios en un contexto de crisis económica con previsibles aumentos en la morosidad. Tampoco es totalmente sólido el argumento de que el impuesto es una compensación por el rescate a la banca que financiaron todos los españoles. Porque una parte sustancial de los bancos que soportarán el gravamen no recibieron esas ayudas. Me cuesta creer que este vaya a ser un camino que se transite de manera generalizada en los países de la UE.

Quizá tendría sentido volver al libro blanco de la reforma tributaria y encontrar otras posibilidades para obtener más ingresos, al tiempo que se mejora el sistema.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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El impuesto extraordinario a las eléctricas tiene un reto: que no lo repercutan a los clientes

La semana pasada el Gobierno de Pedro Sánchez anunció una batería de medidas para hacer frente al escenario de elevada inflación. Entre ellas, quiere atacar a los beneficios extraordinarios de las empresas energéticas mediante un impuesto específico a las energéticas con una duración de dos años.

Específicamente, de las ganancias extraordinarias de las grandes empresas de energía, petróleo y gas se pretende recaudar 2.000 millones de euros al año en 2023 y 2024. El Gobierno quiere enfocarse especialmente en las empresas con facturación de más de 1.000 millones de euros y en un impuesto nuevo que no suponga una modificación del Impuesto sobre Sociedades.

Se estaría apuntando principalmente a las tres grandes eléctricas del país, Endesa, Iberdrola y Naturgy que cerraron el año anterior con unos beneficios de 6.551 millones de euros netos en total, un 40% más que en 2020. El el caso de Repsol también recibe atención a pesar de que su cuota de mercado eléctrico es totalmente irrisoria (3,1%) y sus beneficios de 2.499 millones de euros proceden de negocio de exploración y producción de petróleo y gas.

Es una línea que no es exclusiva del Gobierno español sino que en el ámbito europeo se está apostando por la intervención mediante un impuesto a los beneficios inesperados para financiar medidas que terminen protegiendo a los hogares que están sufriendo los altos precios se la electricidad y así limitar la acción de los Presupuestos. También se adoptan medidas como mecanismos de control o topes a los precios de la energía.

Esta medida fiscal parte de la siguiente premisa: si las eléctricas consiguen más beneficios, deben pagar marginalmente algo más. Una visión que excluye el problema real, el mercado del gas.

Es más si, de verdad, quieren atacar los beneficios extraordinarios por el auge de los precios, el gobierno debería deflactar el IRPF y los impuestos indirectos que están recibiendo un "plus de recaudación".

Lo podemos ver en las cuentas del estado. Hasta mayo, el Estado ha registrado un déficit equivalente al 1,36% del PIB, frente al 2,87% existente en mayo de 2021. De esta forma, el déficit se sitúa en 17.837 millones, lo que supone un descenso del 48,5% respecto a los 34.629 millones del mismo periodo del ejercicio anterior.

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Este resultado se debe a un incremento de los ingresos no financieros del 19,2%, frente al comportamiento de los gastos, que se moderan a un ritmo del 3,3%.

Con esta medida fiscal a las grandes energétias, se pretende atacar a la consecuencia y no la causa. Las soluciones aportadas deberian enfocarse en su causa y reducir el elevado impacto del gas que condiciona la fijación de precios en el sector energético.

¿Quién lo paga?

Y viene la pregunta del millón ¿quién pagará realmente este impuesto? ¿Irá contra el margen neto de la cuenta de resultados, impactando finalmente a la remuneración de los accionistas? ¿O bien se repercutirá a los consumidores finales?

Según la Ministra de Hacienda, Maria Jesús Montero, en la norma se está contemplando prever la repercusión de este gravamen la precio final que soporten los clientes y dotará a la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) de todas las funciones para observar y aplicar las sanciones correspondientes en los supuestos en los que alguna empresa trate de repercutirlo.

Lo cierto es que este impuesto tendrá un impacto mucho menor de lo que inicialmente se pudiera creer. La razón de ello es que sus beneficios están cubiertos a niveles de precios o cerca de ellos que los gobiernos aún consideran justos, lo que hace que la mayoría de sus beneficios por generación estén exentos de los nuevos impuestos, al menos para este año.

Esta medida sigue una senda marcada con anterioridad. En mayo de este año el gobierno español fijó un tope temporal en el precio del gas para contener el aumento de los precios de la electricidad. 

Además, el año pasado el Gobierno introdujo un mecanismo para limitar los beneficios extraordinarios de los proyectos de plantas de energías renovables con una capacidad superior a 10MW que venden energía en el mercado comercial.

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El fin de los pioneros de Internet: las empresas copan los nichos de mercado y cada vez es más dificil ser autosuficiente

Hace no tanto tiempo Internet era un campo dorado para hacer negocios. Quienes supieron verlo lograron encontrar múltiples nichos disponibles para lograr unos ingresos sin depender de trabajar para terceros o tener que montar una empresa que requiriera dedicar todo el tiempo disponible a trabajar.

Sin embargo cada vez hay menos nichos por explotar y los pioneros de los negocios en Internet y la concentración ha llevado a muchos de ellos verse sin hueco. El caso del veterano Ángel Alegre es la punta del iceberg.

Los negocios en Internet en los 2010

Internet lleva con nosotros mucho tiempo, desde mediados de los años 90 era posible conectarse sin ser una empresa. Pero realmente la madurez para hacer negocios empezó a llegar a finales de la década de 2000 o principios de 2010. Antes era posible hacer negocio, claro está, pero el pinchazo de las punto com en 2000 hizo que hubiera reticencias por parte de muchas empresas y consumidores.

A finales de dicha década empezó a verse que Internet podía ser un medio para hacer negocios. La proliferación de empresas rentables como Google o Amazon dejaban claro que era posible tener una empresa exclusivamente en Internet y ganar dinero. La expansión internacional de Amazon entorno a 2010 también disparó las ventas online y los consumidores estaban más dispuestos a meter su tarjeta de crédito en una página web.

Algunos supieron verlo y fueron pioneros. Montaron micro-negocios rentables que aprovechaban nichos del mercado donde las empresas no iban. Recordaban un poco a los pioneros del oeste americano, cuando una persona podía emigrar, conquistar y labrarse un futuro únicamente con el esfuerzo personal.

Una de estas personas era Ángel Alegre, cuyo blog ha sido fuente de inspiración desde 2013 para la gente que no quería llevar una vida pautada por lo estándar de la sociedad: trabajo por cuenta ajena, horarios fijos y demás.

Él dejó su trabajo en Microsoft para poder vivir viajando y logró crear proyectos en los que generaba dinero. Primero lo hizo con páginas de recomendaciones de compras con enlaces afiliados, luego se centró en su blog y sus contenidos (también con afiliados) y últimamente creando cursos sobre cómo descubrir tu camino.

Los nichos se van cerrando

Lo cierto es que muchos de los que han intentado vivir de Internet sin un trabajo fijo han tenido un camino similar. Primero se popularizaron las páginas de recomendaciones con enlaces de afiliados. Básicamente era crear webs bien posicionadas en SEO para que la gente que quiere comprar algo al buscar en Google acabe haciéndolo dando una comisión al que busca.

Este tipo de webs se hizo excesivamente masivo, de hecho por un lado los consumidores están saturados (algunas son muy malas en contenido) y por otro surgieron empresas especializadas en proveer contenido de verdadera calidad. En la actualidad es muy complicado tener una de estas páginas rentable sin tener un equipo de marketing, SEO, contenidos, negociar con vendedores, etc. Este nicho ya es un negocio para empresas.

Luego algunos se decantaron por hacer dropshipping: montar tiendas online pero sin gestionar el stock ni el transporte. Al hacer la venta los márgenes son mayores que con un simple enlace de afiliados pero sin tener que gestionar la parte más tediosa de una tienda online. Sin embargo el dropshipping también se cayó: al haber mucha competencia hay que seguir subiendo en la cadena de valor para tener márgenes suficientes y gestionar una tienda online con stock y envíos ya es un trabajo a tiempo completo y con varios empleados como mínimo.

Últimamente la moda era lanzar infoproductos como cursos. Esto permite dar un valor añadido sin necesidad de stock y envíos, pero por lo que cuenta Ángel en su despedida últimamente no se venden bien: seguramente la competencia ha aumentado, aparte de que hay empresas que ofrecen contenidos de mucha calidad con los que es muy difícil competir (Plazti, Domestika y un largo etcétara).

Después del salto a los cursos online no hay más lianas

Y aquí hemos llegado al meollo del asunto. Después de la venta de infoproductos parece que no hay más lianas a las que saltar. Los que han estado pasando del SEO al dropshipping y luego a la venta de cursos online no tienen a dónde saltar. Los huecos se han cerrado.

El siguiente paso es convertir estos micro-negocios en verdaderas empresas para seguir siendo autoempleados (pero ojo, no siempre es posible seguir siendo rentable, si no que se lo digan a Ángel que ya tenía una estructura con varios empleados) o convertirse en freelance que te da menos flexibilidad aunque todavía algo más que trabajar en una empresa fija.

Es decir, los nómadas de Internet que vivían viajando y de negocios pasivos o semi-pasivos se han acabado. Sí, seguirá habiendo nómadas, ya que hay empresas que se pueden gestionar a distancia o trabajos que se pueden hacer viajando. Pero necesitará más dedicación y compromiso. Es decir, el negocio sencillo y pasivo ya no existe. El semi-pasivo tampoco. Generar dinero en Internet necesita dedicación y estructura.

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Anticipando el corte del gas ruso

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La clave de nuestro futuro económico radica en el gas ruso: en esencia, ese es el vaticinio de la Comisión Europea en sus últimas perspectivas económicas. Todos los países se enfrentan a una fuerte desaceleración tras el verano, cuando no a caídas del PIB que podrían durar uno o dos trimestres. Los más dependientes del gigante euroasiático serán los más afectados, pero en una economía interconectada como la europea ninguno está a salvo. Alemania e Italia, por ejemplo, apenas crecerían en torno al 1%, mientras que España, menos expuesta al riesgo de un corte total del suministro de gas ruso, crecería ligeramente por encima del 2,1%, frente al 3,4% de la anterior previsión. Actividad por tanto a la baja, y precios al alza por la misma causa: unos precios energéticos disparados cuya onda expansiva atraviesa el conjunto del aparato productivo, provocando más inflación.   

El pronóstico, si bien lúgubre a corto plazo, mantiene casi intactas las perspectivas económicas a medio plazo esbozadas antes de la guerra. Y es que Bruselas augura que todo mejorará cuando el precio de la materia prima se estabilice, gracias a la aparición de nuevas alternativas a los hidrocarburos rusos, o a una tregua en las hostilidades en Ucrania. En ese preciso instante, bajará la inflación (la Comisión anticipa un IPC interanual cercano al objetivo del BCE 2% a finales de 2023 para la media de la eurozona) y la economía reanudará una senda de sólida recuperación.

El horizonte voluntarista de la Comisión, sin embargo, elude el papel vital de la política económica para afrontar el shock energético. De su gestión depende la supervivencia de muchas empresas que, pese a ser viables, necesitan un apoyo fiscal para ajustarse y transitar hacia un modelo menos intensivo en carburantes fósiles. Las sociedades europeas también amenazan con desgarrarse por el carácter desigual de la crisis: el informe confirma que los deciles de rentas más bajos son los más expuestos a la crisis, y los hogares manifiestan un malestar creciente ante la pérdida de poder adquisitivo de los salarios. 

Bruselas no dice cómo afrontar estos retos y a la vez cumplir los objetivos de corrección de los desequilibrios de unas cuentas públicas lastradas por el coste de la pandemia. Sin duda la respuesta pasa por la gradualidad de los ajustes, pero también por una combinación de repriorización del gasto, flexibilidad en la utilización de los fondos europeos y medidas de reequilibrio fiscal. 

Otro frente de vital importancia es la política monetaria. Las previsiones de Bruselas incorporan la hipótesis de un ajuste paulatino de tipos de interés. Algo deseable ya que una sobrerreacción agudizaría las tendencias recesivas. Sin embargo, la gradualidad, aparte de no estar garantizada, parece poco compatible con la previsión de una bajada abrupta de la inflación. Mejor prepararse a la eventualidad de un episodio inflacionista más duradero, y a la vez fortalecer los cortafuegos sociales con pactos de rentas. Y los financieros, gracias un instrumento eficaz antifragmentación: el próximo día 21 deberíamos conocer la propuesta del BCE. Esperemos que esté a la altura de las circunstancias porque de lo contrario los mercados no tardarán en presionar las primas de riesgo; la de una Italia debilitada tras la dimisión de Draghi, pero también la nuestra.


Las familias y las empresas españolas, tras un arduo periodo de desendeudamiento, están mejor posicionadas que en la crisis financiera para soportar el giro de política monetaria. Su posición financiera es también comparable a la media europea, incluso mejora la de algunos de los países llamados frugales como Holanda. Pero para el Estado una elevación progresiva de los tipos de interés tendrá un impacto mucho más pronunciado.

El Comisario Gentiloni resume el desafío apelando a una estrategia de “solidaridad, sostenibilidad y seguridad”. Ha llegado la hora de conciliar estos principios en los próximos PGE.  

Primas de riesgo | El diferencial de tipos de interés entre el bono público español a 10 años y la referencia alemana, o prima de riesgo, se ha duplicado desde el inicio del año en paralelo al cese del programa de compra de deuda del BCE. Sin embargo, su nivel actual, en el entorno de 117 puntos básicos, es casi idéntico a la media del periodo expansivo pre-pandemia 2015-2019 de 120 puntos. En comparación, la prima de riesgo italiana alcanza 224 puntos, frente a una media de durante la expansión de 177 puntos.

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zuckerberg-cree-que-la-recesion-que-viene-es-la-peor-de-la-historia-reciente-pero-lo-que-le-pasa-es-que-tiene-anteojeras

Zuckerberg cree que la recesión que viene es la peor de la historia reciente pero lo que le pasa es que tiene anteojeras

¿Se acuerdan de un refrán que dice "no vemos la paja en ojo ajeno, solo en el propio"? Pues eso le está pasando al todopoderoso dueño de Facebook, Marck Zuckerberg, una de las personas más ricas del mundo (unos 128.000 millones) y al que se le considera gurú tecnológico y empresarial. Pero vayamos por partes.

¿Por qué decimos esto sobre él? Pues porque ha hecho públicas unas declaraciones muy agoreras que, como siempre que habla, han hecho subir el pan. O, al menos, alertar a mercados y sector económico.

Según Zuckerberg, la recesión que se viene (ya hemos hablado aquí de cuánto de cierto hay en la idea de una recesión a las puertas) "puede ser de las peores de la historia reciente". Todo ello porque Meta, su empresa tecnológica que aglutina Facebook, WhatsApp, Instagram y demás, tenía planeado contratar 10.000 personas en los próximos años y parece que ya no va a poder ser.

Por ejemplo, recortará la contratación de ingenieros un 30%. Pero lo peor es que también podría recortar plantilla actual, es decir, despedir gente. Por ello, de ahí sus temores y su mood tan pesimista.

Pero, de nuevo decimos, ¿hay base para estar tan asustado? ¿O solo se trata de un golpe de realidad que ahora le ha tocado a un hombre que siempre lo ha tenido todo a favor?

Zuckerberg tiene anteojeras

Zuckerberg tiene parte de razón en lo que dice, no vamos a engañarnos. La crisis actual inflacionista derivada de los altos precios del gas y la energía no es cualquier cosa, y ha hecho que haya riesgo real de una recesión mundial. Es un hecho.

Pero, ¿una crisis peor que la de 2008? Eso desde luego que no. La crisis financiera fue una debacle mundial que hundió la economía como hacía mucho que no se veía y tardó mucho tiempo en recuperarse (todavía quedan ecos, no nos engañemos). Pero, ¿qué pasa? Que él ni lo notó, porque precisamente Facebook estaba en plena expansión y poniendo los cimientos del imperio que tiene actualmente.

Después tenemos la crisis reciente provocada por el COVID, que tampoco pudo notar apenas porque fue muy temporal y a las empresas tecnológicas ni las rozó. De hecho, las impulsó, pues universalizó el comercio online y las comunicaciones por esa vía al no tener más alternativa.

Por lo tanto, ¿qué nos queda? La actualidad, que sí le está dando de lleno, peor no tanto por el contexto actual, sino por su propia realidad. Meta está en fase de agotamiento. El mercado está saturado, sus redes sociales ya no tienen apenas margen de crecimiento, y los fenómenos de TikTok y Twitch le están comiendo terreno.

Además, todo el escándalo del espionaje en Facebook y la venta de datos privados le han salpicado mucho, y ya mucha gente recela de esta red social, que ha quedado como reducto de boomers y poco más. Así, Zuckerberg sí tiene ahora razones para preocuparse y temer que esta crisis le afecte, por lo que sus declaraciones tienen un sesgo muy claro, pues habla desde su propia posición.

Vaya, que lleva puestas unas anteojeras que no le dejan ver la realidad con objetividad y claridad. Porque es un hecho que la economía no va bien, pero no es comparable la situación actual con 2008 o 2009. Para nada.

Lo sentimos Marck, pero no puedes culpar al mundo de lo que está pasando en tu negocio.

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Teletrabajo: el inesperado aliado en la lucha contra la inflación

La inflación está disparada en todo el mundo. En España concretamente el último dato publicado por el INE nos da una inflación anual en junio de 2022 del 10,2%, siendo la tasa subyacente un 5,5%. Y no parece que vaya a bajar.

Los Bancos Centrales de todo el mundo están subiendo los tipos para contener este dato, el último en hacerlo ha sido el Banco Central de Canadá con una espectacular subida de 100 puntos básicos. Sin embargo estas subidas de tipos todavía no están frenando la inflación. Y curiosamente el teletrabajo podría ayudar a hacerlo.

Efectos de segundo orden

El principal problema de la crisis energética en la que nos encontrarnos es que empiece a propagarse a todos los sectores. Es decir, tenemos alta inflación por unos precios energéticos desmadrados y también por problemas en la cadena de suministros global. Pero una vez que tenemos alta inflación (sea por el motivo que sea) empieza a haber efectos de segundo orden.

El mayor efecto es que los trabajadores empiezan a demandar mayores sueldos, para contener la sangría en las finanzas personales, ya sea en la misma empresa o cambiando de empleo. Y las empresas acaban cediendo porque de lo contrario la gente se va. Y sus costes aumentan y repercuten esta subida de costes en los precios de venta de los productos.

Es una espiral difícil de parar y por eso es importante atajar la inflación lo antes posible, para evitar estos efectos de segundo orden. Y curiosamente en EEUU se ha visto ya que el teletrabajo puede ayudar a parar esta espiral inflacionaria.

El teletrabajo como perk

Las empresas de EEUU están viendo que conceder teletrabajo a sus trabajadores hace que no sean tan exigentes con el sueldo. Es decir, el teletrabajo es como un beneficio al trabajador, un perk, que hace que no busque otras cosas como un sueldo mayor.

Además tener a muchos empleados teletrabajando hace que las empresas reduzcan sus costes, ya que trasladan parte de los costes a los propios trabajadores. Por ejemplo una empresa con muchos teletrabajadores puede necesitar menos espacio de oficina.

Ambos efectos están ayudando a las empresas a contener sus costes fijos. Es cierto que los costes energéticos están ahí, pero si la masa salarial se contiene una vez que pase la crisis puede que la alta inflación no sea permanente.

¿Es trasladable esta situación a un país como España? Lo primero que hay que tener en cuenta es que en España se teletrabaja mucho menos que en EEUU. Allí un 60% de los trabajadores lo hacen desde casa al menos un día a la semana, mientras que en España, en el año del lock-down (2020) solo el 37% de los trabajadores lo hizo desde casa, y ahora ese porcentaje ha bajado.

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