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Pigou y competencia, en lugar de peajes

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La decisión de reemplazar la implantación generalizada de los peajes en las vías de alta capacidad en España por medidas para impulsar el transporte sostenible va en la buena dirección, pero sería necesario que el gobierno y Bruselas expliquen este acertado golpe de timón y, de paso, resuelvan algunas de las dudas que esta solución puede generar.

La economía no es maniquea, existen razones a favor y en contra de los peajes. Empecemos con los argumentos espurios a favor y sus inconvenientes. Las empresas constructoras defienden los peajes como un ingreso finalista para la construcción y mantenimiento de la red de carreteras. España es uno de los países europeos con más kilómetros de carretera por millón de habitantes, lo que es una ventaja competitiva pero conlleva, igualmente, unos enormes gastos de mantenimiento. Diversas asociaciones de usuarios y las constructoras denuncian que existe un déficit importante en la conservación de nuestra red viaria, generado entre otras razones por los recortes que vinieron con las crisis económicas o el COVID. Sin embargo, los ingresos finalistas no son una buena idea económica. La razón es obvia. Cuando uno elabora un presupuesto para satisfacer dela mejor manera posible las necesidades de la población, introducir una restricción hace que la solución sea peor. El mantenimiento de las carreteras es importante, pero no lo es menos la educación o una emergencia sanitaria.

La solución de los peajes conlleva, además, otros inconvenientes como la necesidad que imponen de invertir en un sistema de control de tráfico que, según cómo se implemente, puede conllevar un importante coste e incluso tener un riesgo de obsolescencia tecnológica. Pero probablemente el mayor problema potencial es que los peajes incentiven un trasvase del tráfico de autovías a carreteras de un solo carril por sentido, con la consiguiente reducción de la eficiencia y aumento en la siniestralidad.

Sin embargo, existen dos argumentos en favor de los peajes que sí tienen fundamento económico. Primero: el pago por uso es un buen principio, por equidad y por eficiencia, para financiar la construcción de nuevas infraestructuras y el mantenimiento de las existentes. Solo si los usuarios de las carreteras, (y de todos los medios de transporte), pagan por los costes de uso de la infraestructura (y también por los costes medioambientales), tomarán las decisiones correctas en lo que respecta a qué modo de transporte emplear e impulsar. 

Segundo —siguiendo el argumento anterior—: el uso de peajes pondría al transporte por carretera en igualdad de condiciones con otros medios de transporte que ahora pagan por el uso de la infraestructura. En la situación actual, el transporte por carretera está parcialmente “subvencionado”, lo que puede ser uno de los motivos por los cuales el ferrocarril de mercancías tiene un papel casi testimonial en España en comparación con otros países europeos. Este es un punto importante para Bruselas y para la estrategia de lucha contra el cambio climático y, por ello, la nueva hoja de ruta plantea impulsar el transporte sostenible. 

La forma de hacerlo
es recuperar a Pigou, y aplicar de forma más intensa el lema de “quien contamina,
paga”: tratar el transporte por carretera como otros sectores industriales,
imponiendo a los vehículos comerciales (y a la vivienda) un pago por emisiones
de CO₂ a partir del 2027, que
se estima que será unos 45 euros por tonelada
. El argumento del gobierno
español es que este nuevo impuesto, que se va a implantar en toda la UE, cumple
parcialmente con los objetivos que se perseguían con los peajes. Aún no se sabe
cómo se va implementar; una posibilidad sería utilizar el impuesto de los carburantes. 

Utilizar los
impuestos pigouvianos (medioambientales) —como el de carburantes— tiene
múltiples ventajas sobre los peajes. El primero y más obvio es que estos
impuestos ya existen, y no hay que realizar inversiones para su puesta en
funcionamiento. Además, se aplica a todas las carreteras y su importe es mayor para
vehículos más grandes, que son, a su vez, los que generan un mayor desgaste de las
infraestructuras. Y, no menos importante, precisamente porque su importe depende
del uso de combustible, proporciona incentivos al ahorro energético a través de
la moderación de la velocidad y de la adquisición de vehículos más ecológicos. Es
decir, puede ser una forma de incentivar los vehículos eléctricos —que en
nuestro país tienen una cuota de mercado muy baja— más eficaz que los actuales planes
Moves, cuyas subvenciones directas a la
compra se trasladan en gran medida a los precios.

Una buena pregunta sería
si es mejor esperar a 2027 o, por el contrario, es preferible hacer una
transición más gradual, subiendo progresivamente los impuestos de los
carburantes con el doble objetivo (el famoso doble dividendo de los impuestos mediambientales) de reducir las
emisiones y de que los usuarios de la red viaria contribuyan en mayor medida a
su mantenimiento (¡eso si, sin convertir estos impuestos en finalistas!). No se
pueden ignorar los costes políticos de una medida de este tipo. A nadie le gusta
subir impuestos y, aunque nunca es un buen momento para hacerlo, siempre es
útil una comparación con el entorno para comprobar si existe margen para una
medida como esta. Y lo que se comprueba sistemáticamente es que el precio de la
gasolina, antes de impuestos, es más elevado en España que en nuestros
principales vecinos, pero el PVP, que incluye impuestos, es significativamente más
bajo. Algo similar sucede con el gasóleo (ver gráficos). Dado que el precio del
petróleo es un precio internacional, se puede deducir que el hecho de que el
precio de los carburantes antes de impuestos en España se sitúe entre los más
altos de Europa es consecuencia de la falta de competencia en el mercado de
refino y distribución. Estos sectores están muy concentrados, y aunque la CNMC
ha hecho una gran labor en los últimos años (favoreciendo las gasolineras
automáticas e introduciendo medidas para reducir la cuota de mercado de las
empresas dominantes), todavía queda mucho camino por recorrer.


Converger con nuestros socios europeos en la presión impositiva sobre los combustibles fósiles, además de potenciar el uso de medios de transporte más sostenibles, generaría un incremento sustancial de los recursos. La presión sobre conductores y transportistas podría aliviarse con reducciones en el precio de la gasolina antes de impuestos, lo que solo puede venir de un aumento de la competencia en el sector. Además, la complementariedad entre el fomento de la competencia y la política fiscal también aplica al transporte de mercancías por ferrocarril: la reducción de algunas de las barreras a la entrada a la que se enfrentan los operadores entrantes en este mercado, en particular en lo referente a maquinistas y acceso a material rodante, y especialmente locomotoras, podría ser una alternativa —al menos, parcial— a los subsidios que ahora se plantean a este medio de transporte.

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“Es un tema muy complicado”: la primera barrera cognitiva de acceso a la educación financiera

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Cuesta reconocer la carencia de conocimientos sobre cuestiones que afectan centralmente a nuestras vidas. Por eso, es destacable que más de un tercio de la población española entre 18 y 64 años admita no saber “lo necesario para tomar las decisiones financieras más adecuadas”. Este dato procede de la Encuesta Funcas 2023 sobre cultura financiera, realizada online entre el 6 y el 19 de septiembre de 2023 a una muestra de 1.500 personas, representativa de la población internauta residente en España.

Los encuestados que declaran esa falta de conocimientos financieros (36%) coinciden ampliamente en señalar como principal motivo la complejidad que entrañan las finanzas. En efecto, ante la pregunta sobre la razón por la cual no han adquirido más conocimientos, casi dos de cada tres afirman que “es un tema muy complicado”, mientras que las menciones a la falta de tiempo o de interés son mucho menos frecuentes (gráficos 1 y 2).


Estos datos ofrecen una pista para entender por qué la masiva oferta de educación financiera que se ha desplegado en los últimos años no ha traído consigo –hasta donde la evidencia disponible permite discernir– una mejora ostensible de la cultura financiera de la sociedad española. Tal vez la limitada eficacia de esta oferta se deba, en primera instancia, a la concurrencia de dos fenómenos: (1) la mayoría de la población cree disponer de suficientes conocimientos para tomar buenas decisiones financieras (así lo declara el 64% de los encuestados); y (2) a la minoría significativa que reconoce carecer de tales conocimientos (36%) le desanima la intuida dificultad de la materia. Seguramente, una parte de aquella mayoría sobreestima sus conocimientos (sesgo optimista), y una parte de esta minoría subestima su capacidad de enfrentarse a los contenidos de la educación financiera, prejuzgando su complejidad (sesgo pesimista). En cualquiera de los dos casos, se estaría renunciando a mejorar la propia cultura financiera a través de la búsqueda de información pertinente o de la participación en iniciativas de educación financiera.

Las respuestas de
quienes han contestado la Encuesta Funcas 2023 sobre cultura financiera
permiten sostener que el prejuicio de complejidad, o sesgo pesimista, erige una
potente barrera cognitiva que opera incluso entre los ciudadanos más formados.
Lo cierto es que el reconocimiento de insuficientes competencias financieras se
halla tan extendido entre quienes han completado estudios universitarios como
entre quienes han alcanzado como máximo la educación obligatoria; y los más
formados también identifican la dificultad intrínseca a los temas financieros
como la principal causa de su desconocimiento (si bien en menor proporción que
los menos formados). Si el nivel de formación no marca diferencias
significativas entre los encuestados, el sexo y la edad sí lo hacen: en
general, las mujeres y los jóvenes manifiestan en mayor medida esa insuficiencia
de conocimientos financieros. La admite una de cada dos mujeres menores de 40
años (49%), proporción que supera claramente a la de los hombres del mismo
grupo de edad (36%). Ellas no solo reconocen en mayor medida que ellos la falta
de conocimientos necesarios para adoptar buenas decisiones económicas, sino que
las que así lo hacen, justifican ese déficit más frecuentemente por la dificultad
que presentan estas cuestiones (71%).

Las respuestas que dan los
encuestados a otras preguntas de la encuesta sugieren que la carencia
reconocida de competencias financieras no obedece a la ausencia de una disposición
favorable hacia el aprendizaje ni a la dejadez o indolencia en temas bancarios.
 

Por una parte, cuando se solicita a los encuestados que manifiesten su grado de acuerdo con la frase: “Todos deberíamos aprender a ahorrar desde pequeños”, dos tercios la suscriben “totalmente”; sumados a los que se declaran “bastante de acuerdo”, representan a casi el 95% de todos los encuestados (gráfico 3). El dato deja pocas dudas sobre el elevado valor que se concede al ahorro como objetivo financiero, y la importancia que se atribuye a su enseñanza desde la infancia.


Por otra parte, el hecho de que dos tercios de los encuestados (65%) consulten sus cuentas más de una vez por semana (la mitad de ellos, “todos o casi todos los días”) denota un hábito de acceso a servicios bancarios y un interés claro en el seguimiento de las propias finanzas. Cuando esta misma pregunta se formuló en la Encuesta Funcas 2018 sobre cultura financiera, la proporción de quienes declaraban consultar sus cuentas varias veces por semana no llegaba a la mitad (47%), y la de quienes lo hacían a diario o casi todos días rondaba una quinta parte (21%) (gráfico 4). Por tanto, en estos últimos cinco años ha aumentado la frecuencia de estas consultas, a lo que muy probablemente han contribuido los avances en la digitalización de la banca y la facilitación del acceso a sus servicios. También es probable que el cambio en el entorno económico haya impulsado esta rutinización de las consultas bancarias: en 2018, la economía española se hallaba en una fase expansiva, con una inflación inferior al 2%, mientras que, en 2023 –tras las sucesivas crisis globales provocadas por la pandemia, la escasez de suministros y la guerra en Ucrania, y con una inflación que ha alcanzado niveles inéditos desde principios de los años ochenta del pasado siglo–, la situación económica que afrontan los hogares es más problemática e inestable. De hecho, a la pregunta sobre si “desde que han aumentado los precios con la inflación” consultan más los movimientos bancarios, un tercio de los encuestados (33%) contesta afirmativamente (gráfico 5).


El Día de la Educación Financiera, que se celebra hoy, 2 de octubre, brinda una buena oportunidad para analizar datos como estos y reflexionar sobre las preguntas que suscitan. En el debate sobre la educación financiera se ha reivindicado, con buen criterio, la necesidad de evaluar el impacto de los programas que se han implementado, con el fin de cribar las iniciativas más eficaces y optimizar la eficiencia de las que se lancen en el futuro. Pero, ¿y si el problema de la eficacia de la educación financiera no reside tanto en los contenidos de la oferta educativa que tantas instituciones están poniendo a disposición de los ciudadanos, cuanto en las mentes de estos, en unos casos (más frecuentes entre hombres y personas mayores), por exceso de confianza en su disposición de conocimientos, y en otros (más frecuentes entre mujeres y jóvenes), por falta de confianza en la propia capacidad de entenderlos?  

El reto de la educación financiera también consiste en contrarrestar estos sesgos cognitivos, con el fin de atraer hacia ella a segmentos de la población a los que hasta ahora no ha conseguido llegar. Quizá cabría empezar trasladando a la sociedad —y, en particular, a los jóvenes y las mujeres— el mensaje de que los conocimientos necesarios para incrementar la calidad de nuestras decisiones financieras no constituyen un arcano solo accesible a expertos versados en cálculos y operaciones matemáticas; y que comprender y sacar provecho de tales conocimientos aplicados, tan importantes para el bienestar personal y familiar, se encuentra al alcance de quien esté dispuesto a dedicar atención y algo de tiempo a conseguirlos.  


Otros resultados de la Encuesta Funcas sobre cultura financiera

  • Solo un 6% de los encuestados afirma no controlar sus gastos mensuales, lo que representa una décima parte de quienes contestan que los controlan “de forma aproximada” (64%), y una quinta parte de quienes declaran controlarlos “de manera bastante estricta” (30%). A medida que aumenta el nivel formativo y el nivel de ingresos del hogar, decrecen los porcentajes de encuestados que efectúan un control estricto de sus gastos (38% de los encuestados con ingresos del hogar de hasta 1.800 euros; 29%, con ingresos entre 1.800 y 3.300 euros; y 20%, con ingresos por encima de 3.300 euros). Entre los encuestados parados, el porcentaje de quienes controlan sus gastos estrictamente se aproxima al 40%.
  • A algo más de la mitad de los encuestados que afirman no controlar de manera estricta sus gastos (53%) les gustaría llevar un mayor control de su gestión, opinión que expresan con mayor frecuencia las mujeres (58%), sobre todo, las menores de 40 años (65%). Un tercio de estas últimas (32%) reconoce no controlar más estrictamente sus gastos “porque no sabe cómo hacerlo”, si bien proporciones similares aluden a la “pereza” (31%) y a la “falta de tiempo” (26%).
  • Cuatro de cada cinco encuestados (39%) comprueban con “mucha” o “bastante” frecuencia que, al final de mes, han gastado más de lo que disponían (en 2018 esa misma respuesta la daba el 24% de los encuestados). Esta situación de “no llegar a fin de mes” la afrontan con más frecuencia las mujeres (41%) que los hombres (36%), y también quienes cuentan entre 35 y 54 años (41-42%) y presumiblemente soportan más cargas familiares.
  • Un 56% de los encuestados declara que no suele encontrarse en la situación de terminar el mes habiendo gastado más de lo que tenía disponible (porcentaje que entre los encuestados con ingresos del hogar por debajo de 1.000 euros cae hasta el 29%). Quienes sí se encuentran eventualmente en esa situación, afirman recurrir antes a ahorros propios (59%) que a la tarjeta de crédito (28%) o a la solicitud de préstamos a personas cercanas (13%).
  • Dos de cada tres encuestados (67%) piensan que “solo se puede ahorrar cuando se dispone de unos ingresos altos”. Un 22% suscribe este parecer “totalmente”, y un 45% expresa estar “bastante de acuerdo” con él.

Ficha técnica de la Encuesta Funcas 2023 de cultura financiera


• ÁMBITO: territorio nacional peninsular e insular.


• UNIVERSO: personas de entre 18 y 64 años.


• TAMAÑO MUESTRAL: 1.503 entrevistas.


• TÉCNICA DE ENTREVISTA: entrevista online a través de Emop (panel online de Imop).


• SELECCIÓN DE LA MUESTRA: selección aleatoria entre los panelistas de Emop que cumplan las características definidas para la investigación.


• TRABAJO DE CAMPO: del 6 al 19 de septiembre 2023.


• MARGEN DE ERROR DE MUESTREO: ±2,6 para p=q=50% y un nivel de significación del 95% para el conjunto de la muestra.


• MÉTODO DE PONDERACIÓN: Los datos se ponderaron por las variables: sexo x edad (2 x 10 grupos); comunidad autónoma (7 grupos); tamaño de municipio (4 grupos); nivel de estudios (3 grupos).


• INSTITUTO RESPONSABLE DEL TRABAJO DE CAMPO: IMOP INSIGHTS, S.A.

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el-futuro-(nuevamente)-revisado-de-la-intermediacion-bancaria-en-la-era-tecnologica

El futuro (nuevamente) revisado de la intermediación bancaria en la era tecnológica

En la era de los criptoactivos, pagos contactless y la inteligencia artificial generativa, donde cada vez hay más ciudadanos que empiezan a creer que habrá monedas digitales públicas y las plataformas digitales lo dominan todo, ¿qué papel puede jugar la intermediación bancaria? Muchas entidades financieras pueden sentirse como ese tío que intenta seguirle el paso a sus sobrinos más jóvenes en la pista de baile. Sin embargo, ¿y si en vez de seguirles el paso, marcara el ritmo? Hace unos años parecía inevitable que buena parte del negocio de los bancos estaba seriamente amenazada —con sus consiguientes temores— por las grandes tecnológicas. Posteriormente, entre las amenazas de presión regulatoria a las bigtech y esa secular resistencia de las entidades financieras a lo largo de la historia, esos miedos han desaparecido y la cooperación entre bancos y tecnológicas se ha abierto como la vía más factible. Ahora, la inteligencia artificial y el dinero digital (incluidas las monedas digitales de bancos centrales) parecen definir un nuevo horizonte. Esto sucede en un mundo financiero que ha sido testigo de cambios radicales en las últimas décadas. La tecnología ha dejado una huella imborrable en el paisaje bancario, desafiando y remodelando prácticas antiguas. La banca, que nunca fue resistente a la disrupción y que se siente más cómoda como pionera en el cambio, ahora está en una carrera sin precedentes por la innovación.

Nos guste o no, Estados Unidos lleva el liderazgo en este punto. Los esfuerzos recientes de grandes bancos como JPMorgan Chase, Bank of America y Wells Fargo para lanzar Paze, una cartera móvil, reflejan la urgencia de las entidades bancarias para retener a sus clientes en un entorno digital en rápida evolución. Las carteras digitales no son una novedad, pero con gigantes tecnológicos como Apple y Google adentrándose en el ámbito financiero, los bancos se ven obligados a innovar. Así pasó también en España con Bizum —historia de éxito del sector financiero español— y las iniciativas cooperativas tanto intrasectoriales como intersectoriales se prodigan. Los bancos compiten, pero también buscan alianzas con fintech. Estas alianzas parecen ser una estrategia clave para enfrentar a las grandes tecnológicas y presentarse en la mesa de negociación para la cooperación con unas cartas mejor repartidas. Sin embargo, estos acuerdos están siendo observados con lupa por los reguladores, preocupados por los riesgos potenciales que podrían representar para el sistema bancario en general.

A pesar de estas preocupaciones, la tendencia hacia la asociación es evidente. Las fintech ofrecen soluciones ágiles y centradas en el cliente, algo que, para muchos bancos tradicionales con estructuras más rígidas, a menudo es desafiante. La combinación de la confianza y la estabilidad de los bancos tradicionales con la innovación y flexibilidad de las fintech tiene el potencial de ofrecer lo mejor de ambos mundos. En este punto surge, además, un nuevo papel para la inteligencia artificial (IA). Está siendo crucial en la transformación del sector bancario. A pesar de las predicciones iniciales, que sugerían que la IA podría reemplazar una proporción significativa de trabajos bancarios, la cabezona realidad tiene muchos más matices. La IA se está utilizando más para mejorar la eficiencia y la experiencia del cliente que para reemplazar empleos. Los bancos están aprovechando la IA para analizar enormes cantidades de datos, predecir tendencias, optimizar operaciones y mejorar la experiencia del cliente. Además, la IA tiene el potencial de ayudar en áreas como el cumplimiento normativo y la detección de fraudes.

La convergencia de tecnologías disruptivas —como carteras digitales, inteligencia artificial— está configurando un nuevo paradigma para el sector bancario. En lugar de ver a la tecnología como una amenaza, los bancos la están abrazando (ahora más que nunca) como una oportunidad. Avanzan hacia un modelo basado en plataformas, pero, eso sí, hay que establecer matices y fijar el alcance de ese campo de expansión. Hace un año todavía estaba muy en boga esa concepción nueva de la banca como un one-stop shopping, refiriéndose al modelo de negocio en el cual un banco ofrece una amplia gama de servicios financieros, funcionando como un supermercado bancario para sus clientes, principalmente con oferta digital. Sin embargo, con los retos actuales del sector, particularmente el aumento de los tipos de interés y sus implicaciones, este modelo está siendo reconsiderado. Algunos bancos en Estados Unidos están replanteando o, al menos, matizando, ese modelo para no desnaturalizarse demasiado. De alguna manera, como si se tratara de un equipo de fútbol moderno, los bancos no deben solo ser capaces de jugar bien con un sistema, sino ser capaces de cambiarlo en función del rival y, lo que es más importante, de las condiciones externas.

Relacionado con lo anterior está la idea de que hay que alegrarse por las posibilidades de la tecnología, pero también recordar para qué está la banca y otros papeles importantes sociales que desempeña. Ahora, por ejemplo, en Estados Unidos, las entidades financieras enfrentan una creciente presión para abordar la diversidad, equidad e inclusión (DEI) tanto en su fuerza laboral como en las comunidades que sirven. La Asociación Americana de Banca (ABA) está ayudando a los bancos a mejorar sus iniciativas DEI, ya que equipos diversos conducen a mejores resultados. Han implementado, entre otras, formación contra sesgos inconscientes (que puede ser derivados del uso de la IA) y promoción de liderazgo inclusivo. Por todo ello, la tecnología será clave en el futuro del sector financiero, pero no será, ni mucho menos, todo.

Este artículo se publicó originalmente en el diario Cinco Días

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Una herramienta SaaS para revolucionar la gestión de tesorería

Te mostramos las prioridades de gestión de tesorería de empresas medianas y grandes y cómo ayudan en esa tarea las herramientas SaaS.

  • Las herramientas SaaS facilitan la puesta al día de la gestión de tesorería.
  • Equilibrio y modernidad son requisitos para la gestión actual.

Las herramientas SaaS (siglas en inglés de software como un servicio) gozan de gran aceptación en muchos campos. Uno de ellos es el de la gestión de tesorería, en el que hacen la vida más fácil a todo tipo de negocios.

La razón es sencilla: facilitan que todo cuadre mientras la tesorería está en orden. Para tener una empresa que evolucione en la línea correcta, las soluciones tecnológicas deben estar a la altura y las herramientas SaaS cumplen las expectativas.

¡TUITÉALO! ¿Quieres mejorar la gestión de tu tesorería? ¡Toma nota de un gran aliado: las herramientas SaaS!

Inversión necesaria y modernización

Una gestión moderna de la tesorería reclama cumplir varios objetivos:

  • Responder a los retos controlando al mismo tiempo los costes.
  • Proteger la imagen pero sin caer en la tentación de un determinado conservadurismo financiero que podría resultar contraproducente.
  • Cuidar de los socios y cultivar la confianza adquirida ante los acreedores.
  • Seguir siendo dinámicos y, al mismo tiempo, gestionar hábilmente la tesorería.

Por tanto, hay que gestionar la tesorería reaccionando con agilidad y sin perder de vista una visión a largo plazo para perfeccionar la estrategia. Y, por supuesto, hay que ir siempre un paso por delante de la competencia.

Una buena herramienta de tesorería debe favorecer la estrategia y capacidad de anticipación de tu empresa.

Llegados a este punto, tradicionalmente has venido teniendo dos opciones:

  1. Gestionar ese flujo de tesorería (o cash flow) en un circuito cerrado. Puede que tengas unos efectivos algo excesivos debido a la complejidad de la tarea y unos costes muy elevados.
  2. Externalizarestas tareas con herramientas clásicas como hojas de cálculo o programas de contabilidad. Puedes correr el riesgo de que tu proveedor tenga problemas de disponibilidad o que la oferta de talentos no satisfaga tus necesidades.

Gestión de tesorería en la nube: rumbo a la agilidad de respuesta

A estas alturas, está claro que lo mejor para las empresas de cierto tamaño es buscar un equilibrio. Debes poder manejarte por ti mismo, pero también contar, en cuanto sea necesario, con asesoramiento y auditorías externas confiables.

Para encontrar ese término medio, las soluciones de gestión de tesorería en la nube son inteligentes. Por una parte:

  • Su funcionamiento es virtual, está todo online y en la nube.
  • Permite a los empleados internos que las usan o a los auditores de cuentas acceder a los datos cuando quieran.
  • Puedes acceder a ellas las 24 horas del día todos los días de la semana.

Las empresas que trabajan a escala internacional tienen una indiscutible ventaja. Esta solución les servirá para eludir los problemas derivados de la diferencia horaria. 

Por otra parte, estas soluciones SaaS (Software as a Service) evitan problemas de actualización de programas y de conservar un gran número de archivos Excel. Es la filosofía de flexibilidad y eficiencia que exhiben soluciones como Sage XRT. Así:

  • se centraliza la gestión de tesorería,
  • se garantiza la seguridad de los datos
  • y se encuentra la información mucho más deprisa cuando hay necesidades urgentes.

Mejora tu tesorería con Sage XRT, una herramienta flexible y eficiente que te proporcionará la funcionalidad y visibilidad que necesitas.

Intercambios financieros más protegidos

Un aspecto muy destacable en las relaciones comerciales es que las herramientas SaaS normalizan las transferencias de dinero. Son compatibles con muchos sistemas de pago, incluido el SEPA, y facilitan la gestión de los asientos contables. Con ello, los contables y auditores pueden trabajar con total tranquilidad.

Clientes, proveedores, adquisiciones realizadas para crecer. Todas esas operaciones se rastrean, memorizan y compilan para mantener una visión periférica de tu actividad. Esto puede reportarte dinero, porque al compartir esta información con tu banco, es posible que revise a la baja tus tipos y comisiones bancarias.

Internamente, esta compilación de los datos es una mina de oro para analizar con precisión las tendencias de consumo de los clientes, sobre todo extranjeros. Y eso es algo que alegrará a tu equipo de marketing y, con el tiempo, aumentará tu facturación y tus márgenes.

La actualización permanente de las herramientas SaaS

Los movimientos de efectivo están viviendo una revolución tecnológica. Los medios y procedimientos de pago van cambiando. Los datos marcan una redefinición de la experiencia de pago.

Al mismo tiempo, surgen nuevos entornos normativos en temas tan sensibles como servicios de pago, protección de datos y conocimiento de clientes bancarios.

En este contexto, la optimización de prácticas de cobro y pago debe cubrir ciertas exigencias:

  • Rapidez. Los nuevos procedimientos deben implantarse tan pronto como el entorno lo demande. Incluso conviene tener capacidad para anticiparse.
  • Sencillez. El coste del cambio debe ser mínimo para los trabajadores. Las tecnologías más intuitivas construyen pagos y cobros más adaptables.
  • Rigor. Cada cambio normativo eleva el listón del cumplimiento. No puedes permitirte errores que acarreen sanciones y pérdidas de credibilidad.
  • Innovación. Tu tesorería no debe ser un lastre que impida que clientes y proveedores disfruten de lo último en experiencias de pago.
  • Inteligencia. Las soluciones tecnológicas deben propiciar contextos de aprendizaje con una progresiva mejora de las decisiones de gestión de tesorería. 

Una herramienta SaaS ofrece la respuesta combinada a todas esas exigencias. Al fin y al cabo, los proveedores de estas soluciones vuelcan su trabajo en esta dirección. Acumulan un saber hacer que facilite una tecnología adaptable, intuitiva, avanzada tecnológicamente y que se posiciona al lado de la mejora de las decisiones.

Invertir en herramientas SaaS, como Sage XRT, es tanto como apostar por los tiempos. Tu tesorería tendrá más opciones para cumplir los requisitos del entorno que vivimos.

Nota del editor: Este artículo fue publicado con anterioridad y actualizado a 2023 por su relevancia.

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Turismo 2023: remontada recelosa

La pandemia y las medidas de contención y restricción a la movilidad que se adoptaron en todo el mundo para combatirla han favorecido la toma de conciencia pública sobre algunas realidades que, dándolas por supuestas, apenas apreciábamos. Una de esas realidades es la significativa contribución del turismo a la economía mundial y, en particular, a las economías en las que este sector representa un elevado porcentaje del PIB y del empleo.

Entre estas economías destaca la española. En 2019, un año antes de la pandemia, la aportación del turismo al PIB se cifraba en 12,6 %, y el empleo turístico se acercaba a 2,7 millones de personas. Aun cuando hasta el final de 2021 los expertos manifestaban dudas sobre la rapidez con la que se recuperaría el turismo exterior, desde 2022 este se ha convertido en motor fundamental del crecimiento económico. La media de turistas extranjeros, que entre enero y julio de 2021 supuso un 20 % de la correspondiente a 2019, en 2022 ya se situó en el 82 % de esa cifra de referencia, y en 2023 alcanzó el 99 % (gráfico 1). En cuanto al PIB turístico, en 2021 todavía representaba en torno al 8 % (téngase en cuenta que en 2020 cayó hasta el 5,8 %), pero en 2022, según estimaciones de Exceltur, ya sobrepasó el 12 %1. Esta misma asociación, formada por los presidentes de las compañías turísticas más relevantes en España, prevé en 2023 un crecimiento del PIB turístico, en términos nominales, del 9,4 % respecto a 2019 (superando los 172.000 millones de euros), si bien, en términos reales, cerraría el año manteniéndose casi dos puntos porcentuales por debajo del de 20192. Estimaciones de otras fuentes arrojan, sin embargo, un aumento real del PIB turístico en este año (respecto del registrado en el año anterior a la pandemia)3.


El sector turístico español ha sido retratado en ocasiones como un sector económico afectado por problemas tales como la insuficiente innovación, la elevada estacionalidad, una producción de escaso valor añadido y una ocupación poco productiva y carente de buenas condiciones laborales. Aunque tras el shock de la Gran Recesión muchas empresas del sector ya venían apostando por mejorar la oferta de sus servicios y priorizar la estrategia de crecer en valor más que en volumen, ha sido en esta tercera década del siglo XXI cuando el sector ha mostrado su capacidad de respuesta rápida a “la peor crisis de su historia”4, aprovechando tanto las ayudas públicas para mantener el empleo, como las líneas de avales del Instituto de Crédito Oficial (ICO) y, a la vez, diseñando y poniendo en marcha protocolos y servicios para generar seguridad y confianza entre los turistas. El sector ha probado su resistencia en circunstancias muy difíciles, primero, por las exigencias sanitarias impuestas durante el periodo de normalización tras los confinamientos, y luego, por el aumento de los precios en los suministros y la necesidad de mantener la competitividad en un contexto de elevada inflación.

A pesar de este balance positivo, entre los empresarios del sector se atisba cierta preocupación y recelo ante el futuro próximo. Esa inquietud está relacionada con las perspectivas de desaceleración de la economía europea y con la creciente competitividad del mercado turístico internacional, pero también con signos indicativos de posibles cambios en los comportamientos de los turistas que redundarían en perjuicio de la demanda de servicios que proporciona el sector.

Uno de esos cambios que ponen de manifiesto los datos disponibles se refiere a los países emisores. Comparando el origen de los turistas extranjeros entre enero y julio de 2019 y los mismos meses de 2023, se observa un descenso de los procedentes de Reino Unido, Alemania y los países nórdicos (gráfico 2), que son precisamente los que, de media, gastan más por persona (gráfico 3). Además, la demanda de servicios turísticos de ciudadanos del Reino Unido y Alemania presenta menor estacionalidad (es decir, los turistas de ambos países visitan España fuera de temporada estival en mayor medida que los de otros países y regiones), lo que resulta particularmente favorable para el sector. Aunque los datos también reflejan el aumento de los turistas procedentes de Estados Unidos, cuyo gasto medio es asimismo elevado, su número dista mucho del que consignan los principales países emisores europeos.


Otro cambio que merece atención es el referido a la duración de las estancias de los turistas internacionales (gráfico 4). Las estadísticas muestran la reducción de las estancias de dos semanas, a favor de las de 4 a 7 días. Si bien se aprecia un ligero aumento de las estancias más largas (superiores a tres semanas), su importancia numérica es reducida. Probablemente, este acortamiento de las estancias obedece a ajustes en los presupuestos domésticos en razón de la inflación. De consolidarse esta tendencia al acortamiento de las estancias, podría contrarrestar el efecto positivo de la recuperación en el número de viajes sobre los ingresos totales del sector, toda vez que las estancias más cortas suponen, en general, gastos más moderados.


En cuanto al turismo nacional, los datos evidencian que tanto el impacto de 2020 como la posterior recuperación han seguido una pauta diferente de a la del turismo internacional. Durante el año 2020, los viajes turísticos interiores de los residentes en España disminuyeron, pero mucho menos que los internacionales, ya que los turistas nacionales no se vieron afectados por las restricciones de movilidad entre países. Con todo, hasta el tercer trimestre de 2021, el número de viajes de turismo nacional no igualó las cifras de 2019 (gráfico 5). Por lo demás, aun cuando el número de viajes nacionales durante la temporada de verano prácticamente se ha recuperado, no ocurre lo mismo con los viajes fuera de la época estival, que se sitúan claramente por debajo de los de 2019 y años anteriores, lo que contribuye a agudizar la estacionalidad del sector.


Por lo que se refiere a la duración media de los viajes turísticos interiores de los residentes en España, se detecta un leve aumento de la estancia media (entre el 3 y el 6 % , según el mes en cuestión) desde el tercer trimestre de 2021 respecto a la duración media en el mismo periodo de 2019 (gráfico 6). Esta evolución, aunque contraria a la observada entre los turistas extranjeros, puede responder a similares razones: la disposición de menores recursos económicos de las familias para servicios turísticos, con la consiguiente sustitución de viajes al extranjero por viajes nacionales.


En definitiva, a la luz de los indicadores de demanda, el turismo prácticamente se ha recuperado en España. Eso no significa, sin embargo, que haya vuelto a donde se quedó a principios de 2020, cuando estalló la pandemia. Hay indicios de moderación del gasto turístico por persona, así como también de cambios en el patrón temporal de consumo que, añadidos a las poco favorables perspectivas macroeconómicas en los países de los que procede la mayor demanda, introducen incertidumbres en un sector que se sabe, además, sujeto a próximos cambios normativos importantes —y seguramente de aplicación costosa— como consecuencia de las políticas del Pacto Verde y la transición ecológica impulsadas por la Unión Europea y el gobierno español.

La incertidumbre suele desalentar tanto las inversiones de las empresas como los esfuerzos de formación de los jóvenes en los sectores afectados por ella. El Día Mundial del Turismo también debería servir para reducir esa incertidumbre mediante manifestaciones de reconocimiento y apoyo a un sector decisivo para la economía española.

[1] Comunicado de prensa de Exceltur de 17 de enero de 2023.

[2] Comunicado de prensa de Exceltur de 20 de abril de 2023.

[3] Heymann, D. C. (2023). “Fortaleza del sector turístico español”. Según esta estimación de CaixaBank Research, el PIB turístico aumentaría en 2023 un 4,1 % respecto a 2019.

[4] Ramón Vilarasau, D. (2022). “Viviendo a crédito: el sector turístico ante la peor crisis de su historia”.

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Queda trabajo para los bancos centrales

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Algo parece claro de las últimas reuniones de los bancos centrales. No se pueden descartar nuevas subidas de tipos de interés —aunque sean puntuales— este mismo año. Y se retrasan las bajadas potenciales del precio del dinero.  Todo ello a pesar de la casi radical estrategia de incremento de tipos desde hace más de un año. No está ganada la guerra contra la inflación.  Lo entendimos de las reuniones de los bancos centrales de estos días, incluido el BCE y el Banco de Inglaterra. La Reserva Federal de Estados Unidos, tras la reunión del pasado miércoles, deja claro que su pelea contra la inflación no es una serie de movimientos impulsivos. Con una estrategia medida y pausada, ha demostrado la sutileza requerida para navegar por los complejos mares inflacionarios y las previsiones inciertas. ¿Qué nos dice su decisión de mantener los tipos de interés? No se trata simplemente de cautela, sino de una evaluación consciente de la economía que avanza a un ritmo sólido. Si bien la inflación ha sido una bestia más persistente de lo que muchos preveían, la Fed ha seguido una aproximación más matizada.

Los pronósticos económicos revelan no solo la resiliencia de la economía estadounidense, sino también un optimismo cauteloso sobre el futuro. El dot plot (el famoso diagrama de puntos con el que los principales decisores del banco central plasman sus proyecciones sobre los tipos de interés) indica una posible alza adicional de un cuarto de punto este año, pero también sugiere que ahí para toda la subida y que hay margen para bajar tipos si fuera necesario. El mercado, ese barómetro efímero de la confianza, refleja la complejidad de la situación. Algunos esperan otro aumento de tipos este año, pero otros creen que el Fed no subirá más en 2023, aunque cada vez son menos estos últimos. Reveladora fue la intervención de Jay Powell —presidente de la Fed— de esta semana, quien enfatizó que mantener tipos estables no implica que la política monetaria sea lo suficientemente restrictiva para controlar la inflación., por factores como la energía e incertidumbre actual. Últimamente ha surgido otra explicación: una inflación tan alta no se había dado en más de 30-35 años, por lo que las generaciones actuales en el mercado de trabajo no vivieron un periodo similar. Las expectativas de inflación, tan importantes para derrotarla, se pueden estar comportando de modo distinto a las de la década de 1980.

Quedan dos reuniones de la Fed este año, ¿optará el Fed por otro movimiento audaz? Las próximas reuniones de dos días sobre tipos de la Fed son el 31 de octubre y 1 de noviembre y el 12 y 13 de diciembre, para los que conoceremos nuevos datos macroeconómicos de la economía americana. Buena parte del mercado espera otra pausa en noviembre y que se aparque la decisión sobre si subir más los tipos para diciembre. El mercado solo espera, como mucho, una subida más de 0,25 puntos. El BCE puede verse en una situación similar. Habrá que continuar esperando.

Este artículo se publicó originalmente en el diario La Vanguardia

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La sorprendente resiliencia de la economía española

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Tras las sucesivas revisiones del INE, la economía española emerge del doble shock de inflación y de subida de tipos de interés en mejor situación de lo inicialmente anunciado por el instituto estadístico. A pesar de una conjunción de factores desfavorables (erosión del poder adquisitivo, encarecimiento del crédito y de las cuotas hipotecarias, entorno internacional turbulento), la economía ha ido creciendo en torno a medio punto en cada uno de los cuatro últimos trimestres. Es decir, hasta la llegada del verano nuestra trayectoria era de un crecimiento anual cercano al 2%, contrastando con el escuálido 0,4% de la eurozona.

La clave parece estar en el comportamiento del consumo: en el último año y medio, los hogares españoles han incrementado su consumo un 6%, frente al 1,3% de la media europea (en términos reales, es decir descontando la inflación). Aún no disponemos de datos completos para esclarecer totalmente este fenómeno. Sin embargo, todo apunta a que nuestros hogares han ido tirando del ahorro para sostener el gasto, a diferencia de la cautela de los países vecinos. A la luz de las revisiones, resulta que ahorramos bastante menos que antes de la pandemia: se estima provisionalmente que la tasa de ahorro ha disminuido al menos en dos puntos porcentuales en relación a 2019, una tendencia inversa a la media europea.


Más recientemente, los salarios han recuperado una pequeña parte de la capacidad de compra perdida desde el inicio del brote inflacionario. Este plus se ha unido al sólido crecimiento del empleo durante la primera parte del año (frente al riesgo de no encontrar personal durante la temporada turística, las empresas anticiparon la contratación), impulsando el consumo en el primer semestre.    

Por otra parte, tanto los
hogares como las empresas han intentado inmunizarse ante los sucesivos ajustes
del precio del dinero, amortizando préstamos contraídos a tipo variable y
reduciendo su demanda de crédito. En el último año, el volumen de financiación
a empresas se ha reducido en nada menos que 30.500 millones de euros, y en el
caso de los hogares el descenso se eleva a 17.200 millones. 

Además, en esta ocasión el punto de partida ha sido más favorable que en la crisis financiera, gracias al esfuerzo de desendeudamiento realizado en el último lustro y al menor peso de los préstamos indexados en el euríbor, el segmento más sensible al vaivén de la política monetaria. Según un cálculo reciente, casi seis de cada diez préstamos a tipo variable tienen una antigüedad superior a 5 años, viéndose relativamente poco afectados por las subidas de tipos.    

La inversión, el
componente más reactivo a los cambios de expectativas, también ha capeado el
ciclo monetario mejor de lo esperado. El tirón proviene principalmente del
segmento de la construcción, donde se percibe el estímulo de los fondos
europeos, en particular los que se destinan a la mejora de la eficiencia
energética. La inversión en equipamiento y capacidad productiva, sin embargo, exhibe
más volatilidad sin que se aprecie el impacto de los fondos.

El panorama se complica de cara a los próximos meses. Se agota la capacidad de seguir sosteniendo la demanda con el ahorro y a la vez recortar los pasivos. Por tanto, las subidas de tipos de interés deberían notarse más que en la primera parte del año, sobre todo si el BCE añade más dosis de restricción monetaria como lo preconizan los halcones. La entrada en escena del petróleo, con un barril de Brent aproximándose a los 100 dólares, entorpece la desinflación y compromete la recuperación del poder adquisitivo. Y una eurozona renqueante ensombrece las perspectivas de exportación. Con todo, perduran los factores de resiliencia en el mercado laboral, la competitividad de algunos sectores clave y la mayor ejecución de los fondos europeos. Salvo nuevo shock, nos asomamos a una fuerte ralentización, no a un desplome.       

COMERCIO EXTERIOR | Las exportaciones se están debilitando en consonancia con el estancamiento de los mercados internacionales, en especial el europeo. Las ventas en el exterior apenas crecieron un 3,3% hasta julio, un resultado que quiebra las tasas a doble dígito registradas el año pasado. Además, este ligero crecimiento refleja el alza de los precios, ya que el volumen de mercancías exportadas sufre un descenso. Por otra parte, las importaciones se redujeron un 3,7% durante el mismo periodo, redundando en una contracción del déficit comercial y un saldo no energético próximo al equilibrio.     

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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¿cuales-son-las-habilidades-digitales-necesarias-para-la-transformacion-digital-de-una-empresa?

¿Cuáles son las habilidades digitales necesarias para la transformación digital de una empresa?

En este artículo podrás conocer cuáles son los perfiles tecnológicos clave para el crecimiento de las empresas y qué habilidades digitales son necesarias.

  • El 75% de las empresas trabaja por implementar el cloud computing, la inteligencia artificial y el análisis del Big Data.
  • El análisis de datos, la ciberseguridad o los conocimientos de programación son habilidades necesarias.

Cada vez son más las empresas que se preocupan por tener un plan de transformación digital. El informe Brújula “Tecnologías digitales en la empresa», presentado por el Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad, refleja que el 75% de las empresas trabaja por implementar el cloud computing, la inteligencia artificial o el análisis del Big Data en sus organizaciones.

Esto ha hecho que las empresas adviertan de la necesidad de formar a sus empleados en la implementación y manejo de estas herramientas digitales. Pero no solo eso, pues, el estudio constata que el 4,3% ha tenido alguna dificultad en el último año para cubrir vacantes de especialistas, por lo que contar con habilidades digitales precisas es un plus para conseguir completar la transformación digital de la organización.

¡TUITÉALO! Descubre las habilidades clave para la transformación digital empresarial: análisis de datos, ciberseguridad, programación y más. ¡Prepárate para el futuro!

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¿Qué habilidades digitales requiere la transformación digital?

Al contratar, la experiencia no basta. En la actualidad, es esencial que los empleados cuenten con habilidades digitales y competencias en transformación digital, especialmente en el análisis de datos, para impulsar la evolución de la empresa.

  1. Análisis de datos. La capacidad de recopilar, analizar y extraer información valiosa de grandes conjuntos de datos es crucial. Esto permite tomar decisiones informadas y basadas en datos para optimizar procesos y estrategias.
  2. Programación. Conocimientos básicos de programación son valiosos para entender cómo funcionan las aplicaciones y sistemas digitales, y permiten la personalización y creación de soluciones a medida.
  3. Ciberseguridad. La protección de datos y sistemas es esencial en un mundo digitalizado. Habilidades en ciberseguridad ayudan a prevenir ataques y garantizan la integridad de la información.
  4. Marketing digital. La promoción efectiva de productos y servicios online es fundamental para alcanzar audiencias globales. Conocimientos en estrategias de redes sociales, publicidad en línea y SEO son esenciales.
  5. Diseño gráfico y experiencia de usuario (UX). Crear interfaces atractivas y funcionales es vital para mejorar la interacción con los usuarios y brindar experiencias excepcionales.
  6. Habilidades en gestión de proyectos. La planificación y ejecución eficiente de proyectos de transformación digital requiere habilidades sólidas en gestión de proyectos, asegurando que los objetivos se cumplan a tiempo y dentro del presupuesto.
  7. Comunicación digital. La habilidad de comunicarse de manera efectiva a través de plataformas digitales es esencial para mantener relaciones sólidas con clientes y colegas.
  8. Inteligencia artificial (IA) y automatización. Conocimientos en IA y automatización permiten crear soluciones avanzadas que mejoran la eficiencia, automatizan tareas repetitivas y generan insights valiosos.
  9. Conocimientos en automatización de procesos. La habilidad de diseñar y aplicar procesos automatizados optimiza la productividad y reduce errores humanos.

Competencias clave de los empleados

Asimismo, la transformación digital va más allá de la adopción de la tecnología; también implica el desarrollo de habilidades digitales clave que permitan a las organizaciones navegar con éxito por el mundo digital.

Alfabetización digital

  • La base de cualquier transformación digital es que todos los miembros de la organización deben estar cómodos con la tecnología y comprender cómo usarla para mejorar la eficiencia y la productividad.

Pensamiento analítico

  • La recopilación y el análisis de datos son esenciales en la era digital. Las habilidades para interpretar datos y tomar decisiones informadas basadas en ellos son cruciales.

Flexibilidad y adaptabilidad

  • En un entorno de cambio constante, la capacidad de adaptarse a nuevas herramientas, procesos y formas de trabajar es esencial.

Orientación al cliente

  • La transformación digital gira en torno a satisfacer las necesidades cambiantes de los clientes. Las empresas deben centrarse en entender a fondo a sus clientes y mejorar constantemente la experiencia del cliente.

Creatividad e innovación

  • La digitalización crea oportunidades para pensar de manera innovadora y encontrar soluciones creativas para los desafíos empresariales.

La transformación digital exige competencias clave como alfabetización digital, pensamiento analítico, flexibilidad, orientación al cliente, creatividad, colaboración, conocimiento tecnológico, liderazgo y gestión del cambio, junto con una mentalidad de aprendizaje continuo.

Colaboración digital

  • La colaboración en línea y la capacidad de trabajar en equipo de manera virtual se han vuelto cruciales en un mundo cada vez más conectado.

Conocimiento tecnológico específico

  • La comprensión de tecnologías emergentes como la inteligencia artificial, la nube y la automatización es fundamental para aprovechar al máximo las oportunidades digitales.

Liderazgo digital

  • Los líderes deben estar preparados para guiar a sus equipos en la adopción de nuevas tecnologías y en la transformación de la cultura organizacional.

Gestión del cambio

  • La transformación digital a menudo implica cambios significativos en la organización. Las habilidades para gestionar y comunicar estos cambios de manera efectiva son esenciales.

Mentalidad de aprendizaje continuo

  • En un entorno digital en constante evolución, el aprendizaje constante es esencial para mantenerse al día con las últimas tendencias y tecnologías.

La transformación digital no es solo una actualización tecnológica, sino un cambio cultural y organizativo que requiere un enfoque holístico. Al invertir en el desarrollo de estas habilidades digitales, las empresas pueden empoderar a sus equipos para liderar el camino hacia la innovación, la eficiencia y la adaptabilidad en un entorno empresarial en constante cambio.

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Ni hablar de política

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Según el último Eurobarómetro
estándar (julio de 2023), más del 40% de españoles adultos reconocen que nunca
hablan con familiares o amigos sobre temas de política nacional. Este
comportamiento tan  extendido  puede deberse, bien a que a los interpelados
no les interesan esos temas,  bien a que
los eluden para evitar discusiones. En todo caso, el dato revela una debilidad del
debate público español y sugiere la existencia de una amplia desafección
política por indiferencia o por temor a discusiones.

De hecho, España es el país de la Unión Europea en el que la proporción de personas que no discuten nunca sobre temas políticos (43%) es mayor, seguido de Francia (35%), Irlanda (33%) y Portugal (32%). En el otro extremo se encuentran Alemania, Países Bajos y Suecia, donde los porcentajes de personas que hablan frecuentemente sobre política nacional con gente cercana superan a los de quienes nunca lo hacen. Por el contrario, en España las personas que nunca hablan de política con familiares y amigos casi triplican a las que lo hacen frecuentemente (gráfico 1).


En general, abstenerse de conversar sobre política es más frecuente entre las mujeres que entre los hombres. En España, aproximadamente una de cada dos mujeres adultas admite no hablar nunca con familiares o amigos sobre temas políticos, una proporción que duplica a la italiana y quintuplica a la alemana (gráfico 2). La educación formal también adquiere particular importancia en esta cuestión: cuanto menor es el nivel educativo, mayor es el porcentaje de personas que permanecen ajenas a las conversaciones sobre política. Seis de cada diez personas con menor nivel educativo reconocen no conversar acerca de asuntos políticos nacionales con personas cercanas. El patrón de desigualdad que evidencia este indicador es muy notable (gráfico 3). 


La estrecha relación entre educación y frecuencia de las conversaciones políticas haría esperar que la proporción de personas que no hablan sobre política  tendiera a disminuir a medida que aumenta el nivel educativo de la población. Sin embargo, los datos no respaldan esta expectativa. Los Eurobarómetros publicados desde  2010, además de mostrar que la proporción de personas que no hablan de política en España se ha mantenido invariablemente por encima de la media de la UE durante este periodo, indican desde 2020 una tendencia al alza (gráfico 4).

Esta entrada es un extracto del número de septiembre de 2023 de Focus on Spanish Society.

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Crece la carencia material severa: la pobreza energética, más extendida que la alimentaria

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En un contexto de sucesivas crisis (la Gran Recesión, la pandemia de Covid-19 y la guerra en Ucrania) con efectos muy acusados sobre la economía de los hogares, resulta oportuno hacer un seguimiento de la proporción de la población que se enfrenta a más privaciones. Para este ejercicio, la tasa de carencia material severa ofrece un indicador adecuado, puesto que determina el porcentaje de la población que carece de, al menos, cuatro elementos de una lista de nueve bienes, servicios y actividades cuyo acceso se considera hoy en día esencial para el bienestar individual[1].

A pesar de la recuperación económica que ha sucedido a la pandemia, el porcentaje de población que experimentaba carencia material severa en España en 2022 (último dato disponible) ascendía al 8,1%, más del doble que antes de la crisis financiera (2007: 3,5%) e incluso superaba en 1 punto porcentual (pp) la cifra de 2014 (7,1%), la más alta registrada hasta ese momento desde que comenzaron a realizarse las Encuestas de Condiciones de Vida en 2004. Todo lo que mejoró este indicador entre 2014 y 2019, quinquenio en el que la tasa de carencia material severa se redujo del 7,1% al 4,7%, se perdió en 2020 (7%). Pero, además, la tasa de carencia material severa ha seguido aumentando entre 2020 y 2022 hasta situarse muy por encima de los niveles anteriores a la pandemia (gráfico 1).


Uno de los aspectos incluidos en la estimación de la carencia material es la capacidad de mantener la vivienda a una temperatura adecuada, un objetivo que podría haberse visto amenazado por la subida de los precios de la energía desde la invasión rusa de Ucrania. En este indicador se observan diferencias notables entre los 27 países de la Unión Europea. España, con un 17,1% de población que declara no poder mantener una temperatura adecuada en casa, se sitúa por encima de la media europea (9,3%). En países como Austria, Suecia y Finlandia el porcentaje de personas afectadas por este problema cae por debajo del 3%. En cualquier caso, hay que mencionar que en casi todos los países europeos este indicador empeoró entre 2021 y 2022. Mientras que en España aumentó en 3 pp, los incrementos más significativos se observaron en Rumanía, Francia e Irlanda (gráfico 2).


La fuerte subida de los precios de los alimentos a partir de 2021, agravada por la guerra, también puede haber afectado sustancialmente a los hogares más vulnerables. Sin embargo, en esta dimensión de pobreza material, España registra datos más positivos. En 2022, el 5,4% de la población afirmaba no poder permitirse carne, pollo o pescado al menos cada dos días, una proporción algo superior a la observada en 2021 (4,7%), pero significativamente inferior a las que arrojan no sólo muchos países de Europa del Este, sino también Alemania (11,4%), Grecia (10%), Francia (9,5%) e Italia (7,5%) (gráfico 3).


Al analizar con más detalle los datos españoles, se aprecian diferencias considerables entre las comunidades autónomas. Mientras que alrededor de una quinta parte de la población de Extremadura (23%), Andalucía (21%) y Murcia (20%) declaraba en 2022 no poder mantener su vivienda a una temperatura adecuada, estas cifras caen por debajo del 10% en Castilla y León, País Vasco, Navarra, La Rioja y Aragón (gráfico 4). Estas últimas comunidades autónomas son también las que salen mejor paradas por lo que se refiere a la (in)capacidad para permitirse una comida con carne, pollo o pescado cada dos días. Las diferencias en este aspecto son aún más pronunciadas, toda vez que la proporción más alta, correspondiente a Canarias (11,9%), es seis veces mayor que la más baja, que ostenta Aragón (1,9%) (gráfico 5).

[1] Sobre la composición de este indicador, véase este enlace.

Esta entrada es un extracto del número de septiembre de 2023 de Focus on Spanish Society.

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