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La otra cara del Coronavirus: ¿Van a propiciar el parón económico y la reducción de emisiones un descenso del efecto invernadero?

Siendo como es la crisis del Coronavirus toda una dolorosa catástrofe socioeconómica en la que estamos perdiendo lo más preciado que tenemos, nuestras vidas, sin embargo hay otros aspectos de esta pandemia que pueden arrojar datos muy relevantes que, de no haber sobrevenido la tamaña desgracia, no habría habido forma humana de conseguirlos en un mundo que era imposible que dejase de quemar petróleo a mansalva cada día.

Pero deseando por encima de todo que no pudiésemos contar con estos datos, y prefiriendo de todas todas que lo que tuviésemos todavía con nosotros fuese a esos allegados que se nos han ido, lo cierto es que, en el tema del cambio climático, la pandemia ha supuesto todo un masivo experimento de campo que nos permite saber a ciencia cierta si el impacto del desarrollo humano y la combustión de combustibles fósiles sobre el medio ambiente era ése tan grave que algunos medios apuntábamos.

Y es que, desde ciertos sectores, se nos criticaba agriamente nuestra vocacional labor de divulgación sobre el tema, eso sí, siempre tras la consabida mutación del “no hay cambio climático, todo es una mentira” al “el cambio climático no se debe a las emisiones de carbono”. Y es ahora, tras haber parado más de medio mundo y sus emisiones de carbono, cuando estaríamos en mejor disposición de saber hasta qué punto era la quema de petróleo lo que de verdad estaba echando a perder nuestro clima, elevando los termómetros, y poniendo en serio riesgo nuestro nivel de progreso.

Del negacionismo del cambio climático al negacionismo del impacto de las emisiones de carbono

La Otra Cara Del Coronavirus Ha Propiciado El Paron Economico Y La Reduccion De Emisiones Un Descenso Del Efecto Invernadero 2

Tan sólo a modo meramente introductorio para aquellos que nos leen por primera vez sobre estos temas, desde estas líneas, a pesar de nuestro intenso color salmón, hace ya bastantes años que venimos alertando y divulgando sobre el impacto severo que el cambio climático estaba trayendo a nuestro mundo, pudiendo llegar incluso a poner en riesgo nuestro bienestar, nuestras socioeconomías, e incluso nuestra civilización. Obviamente, el planeta como superficie rocoso-marítima iba a sobrevivir, igual que lo haría la especie humana y la vida animal en términos puramente biológicos, pero la cuestión aquí era más bien si los futuros supervivientes iban a disfrutar de unas condiciones de vida mejores que las presentes, o si podían incluso acabar viviendo en una suerte de distópica “Mad Max” a la climática que fuese más un ocaso que un renacer, y en la cual antiguas metrópolis máximas exponentes del capitalismo como Nueva York yaciesen inertes bajo la quietud de las aguas.

Así, desde aquí les hemos analizado cuestiones claves sobre el ya evidente cambio climático, y que nadie hasta ahora se había preguntado. También les hemos puesto sobre la mesa que la lucha contra el cambio climático era una lucha por la supervivencia de nuestro sistema tal y como lo conocemos, pero que no estaría exenta de también colosales problemas económicos como el temible pinchazo de la burbuja de carbono. Pero igualmente también les trajimos prometedoras soluciones para salir de la encrucijada “cambio climático-burbuja de carbono”, y que pasaban por nuevas innovaciones prometedoras que nos pudiesen llegar a permitir seguir quemando petróleo a la vez que luchábamos contra el cambio climático.

Tampoco les han faltado desde estas líneas análisis sobre los obvios intereses creados que existen tras todo el sector petrolífero (como los hay absolutamente en todos los negocios), y cómo desde ciertas esferas políticas la determinación no era no “mojarse” uno mismo con políticas pro-clima, sino impedir que cualquiera pudiese demostrar con sus propias políticas que la lucha contra el cambio climático podía estar justificada y era viable económico-empresarialmente, y que era posible aunar fuerzas e intereses a un tiempo tanto por parte de sectores económicos como de los propios ciudadanos. De la misma manera, les anticipamos los primeros grandes movimientos geoestratégicos que estaba trayendo todo este asunto del cambio climático, y que estaban cambiando radicalmente el tablero y el actual equilibrio de poderes mundial, introduciéndoles incluso a una posible guerra del petróleo que finalmente ha acabado por llegar de una u otra manera hasta los surtidores de las gasolineras de su barrio (aunque no en la proporción que a muchos les gustaría). Y por cierto, ya que sale el tema, tal y como les anticipamos en los enlaces anteriores que podía ocurrir, al final EEUU ha anunciado un increíble acuerdo histórico con recortes alineados con lo que ahora se denomina OPEP , y que incluye a Estados Unidos como productor de crudo mundial.

Y por último en esta breve puesta en antecedentes, tampoco hemos dejado de entrar en sonoros fracasos en la lucha contra el cambio, como ha sido el cosechado en Europa con la malograda y mal diseñada tasa del carbono. Igualmente hemos analizado cómo desde Bruselas por fin se puso fin a una dañina incertidumbre que lastraba tanto al sector petrolífero, como al emergente eléctrico, como al conjunto de la socioeconomía, y los dirigentes europeos aclararon sus intenciones respecto al coche eléctrico. Finalmente, por mucho que el coche eléctrico pueda tener sus detractores, lo cierto es que también les analizamos cómo ese coche eléctrico es una apuesta de gran futuro por muchos más motivos (y casi hasta más importantes y estratégicos) que su propulsión eléctrica como mera alternativa a la combustión.

Pero sí. A pesar de las actuales evidencias científicas y datos objetivos que miden la elevación de las temperaturas terráqueas tanto en superficie terrestre como en nuestros mares y océanos. A pesar de que casualmente esta evolución era precisamente un escenario acerca del cual los modelos predictivos y nuestros científicos más reputados nos alertaron reiteradamente hace ya décadas. A pesar de que sigue sobre la mesa, ya no que tengamos que acostumbrarnos a pasar un poco más de calor, sino que nos enfrentemos al riesgo de un mundo de cambios climáticos drásticos con sequías severas y migraciones masivas. A pesar de que aquellos científicos que algunos denostaban tachando de simples “calentólogos” nos trazaron un claro “punto de no retorno”, a partir del cual los modelos revelaban que las temperaturas ya seguirían subiendo por sí solas por el propio efecto invernadero que se realimenta, y lo harían incluso aunque las emisiones se moderasen cuando ya fuese demasiado tarde. Incluso a pesar de todo lo anterior, a día de hoy sigue habiendo muchos ciudadanos que en su posición sobre este tema se han limitado a dar tan sólo un salto oportunista de aquel “el cambio climático es sólo una gran mentira” al “el cambio climático sí que existe, pero no tiene nada que ver con la quema de combustibles fósiles”.

Pero llegó el funesto e indeseable Coronavirus para segar valiosas vidas humanas, pero también para dañar la economía al parar de golpe buena parte de las cadenas de producción industriales y del parque móvil de vehículos, pero permitiendo con ello como efecto colateral arrojar algo de luz en la oscuridad, y ayudar a demostrar si les pone mínimamente a resguardo dialéctico ese último refugio de los negacionistas que es negar por la mayor que quemar petróleo a mansalva sea lo que esté elevando la temperatura del planeta.

Y con el Coronavirus en el ambiente, el parón de la actividad económica trae datos sobre el medioambiente…

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La cuestión no es para nada baladí, y el desastre del Coronavirus ha traído bajo su funesta estela la ocasión para parar buena parte de la capacidad de quemar petróleo de China, la segunda potencia económica del planeta, y el tercer mayor consumidor de petróleo en 2019 con casi 14 millones de barriles diarios, que suponen un 14% del consumo mundial, todo según la “US Energy Information Administration” (al igual que los datos que siguen). Pero por si contar con una interrupción abrupta de buena parte de las emisiones de todo un 14% mundial, ahora va y se ha unido al desastre socioeconómico el también forzado parón de una Unión Europea que supone un consumo superior al chino, con 15 millones de barriles diarios y un 15% del total mundial, más unos EEUU que son el líder absoluto con casi 20 millones de barriles diarios y un 20% del consumo global.

Y además las cifras de los sucesivos parones de quema mundial de petróleo son del orden de los (pocos) meses, suponiendo un plazo dramáticamente relevante al ser trasladado a los cómputos anuales de emisiones de todo 2020. Aunque no vaya a coincidir mayormente la disrupción del consumo chino con las del europeo y estadounidense, sí que las de estas dos últimas superpotencias van a coincidir mayormente de forma simultánea durante varias semanas, sumando entre ambas un nada desdeñable 35% del consumo mundial. Ni un hipotético experimento planificado del malogrado Tratado de París pro-clima podría siquiera haber soñado jamás con llegar a tener unos datos tan significativos. Y además vaya por delante que, a pesar de que China no coincida apenas con Europa y EEUU a un tiempo, lo cual habría sumando un masivo 49% del consumo mundial, lo cierto es que en términos anuales y acumulativos, que son lo que importa verdaderamente de cara al medioambiente, los datos siguen siendo muy relevantes y… valiosos para tratar de salvar el medioambiente, una vez que hayamos logrado salvarnos del letal Coronavirus a los que quedemos de entre nosotros mismos.

Por lo pronto, con los efectos más a corto plazo y perfectamente visibles ya para cualquier ciudadano y administración, están los niveles de polución ambiental de las grandes ciudades occidentales. Los mapas y las infografías sobre los niveles de polución en las ciudades que se han visto afectadas por el parón económico pandémico no dejan lugar a dudas, y si ya fueron relevantes en el caso de un Seúl que ha aplanado la curva de infección de la pandemia minimizando sus efectos socioeconómicos, en el norte de Italia han supuesto una abrupta caída del 40% en los niveles de NO2. En París y la populosa Ille-de-France (el Gran París y toda su área de influencia económica circundante) los niveles de este contaminante NO2 han caído de forma todavía más drástica, alcanzando la cota récord de una reducción del 60%. En Nueva York la caída ha sido del 50%. Y resultan muy ilustrativos los mapas interactivos de cómo el parón de la actividad está afectando a la calidad del aire de las grandes ciudades europeas, incluido el Gran Madrid y los cinturones de otras capitales del Viejo Continente.

A nivel de cómputos de emisiones globales, medios especializados del sector revelan que el parón económico del Coronavirus ha reducido las emisiones de China en un 25% sobre el total. Las mismas fuentes especializadas han publicado unas estimaciones de reducción de emisiones anuales a nivel planetario para el conjunto de 2020 de más del 4%, y el resultado de la comparativa histórica es contundente: la crisis del Coronavirus se estima que va a traer una caída porcentual en las emisiones que más que duplica a la traída por la macabra y destructiva Segunda Guerra Mundial, y que casi supera en 2,5 veces a la de la crisis de 1991-1992. ¿Echan de menos los datos de la funesta crisis de 2008-2009? Es más que lógico, pero es que no entra en la comparativa por la sencilla razón de qu, en aquella funesta crisis subprime, y como fruto de las políticas de estímulos económicos masivos para paliarla, no sólo no se redujeron las emisiones, sino que se incrementó el consumo de combustibles fósiles en un contundente 5%. Unos estímulos que, en esta ocasión de la crisis del Coronavirus y a la fuerza, no se pueden traducir en mantener las fábricas y los vehículos quemando petróleo por el esencial confinamiento.

El Coronavirus y el potencial fracaso en la lucha climática sólo muestran ambos las vergüenzas de nuestras socioeconomías (y de algunas naturalezas humanas)

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No se engañen, aparte de la calamidad que este sombrío panorama arroja sobre la economía mundial, en términos de lucha contra el cambio climático, las cifras realmente no son relevantes. Por que se hagan una idea, el panel intergubernamental sobre el cambio climático (IPCC por sus siglas en inglés) llegó a la conclusión de que las emisiones en 2030 debían situarse un 45% por debajo de los niveles de 2010 para conseguir limitar el calentamiento global a 1,5 grados centígrados. Lo realmente importante de la reducción de emisiones de la crisis del Coronavirus son las conclusiones a las que nos va a permitir llegar, y a que tal vez la evidencia de los datos logre hacer ponerse de acuerdo a más países, con el objetivo común de conseguir que nuestros sistemas socioeconómicos sean sostenibles medioambiental y económicamente, y no acaben auto-destruyéndose (al menos en los niveles de bienestar y progreso de los que disfrutamos actualmente). No somos los únicos que albergan esta esperanza, y la propia ONU ha llamado a los países a lograr “la misma unidad y determinación” alcanzada contra el COVID-19 también en la urgente lucha contra la emergencia climática.

Y lo cierto es que no hay tampoco excesivos motivos para el optimismo, puesto que, tal y como analizaban en este interesante artículo de la emblemática revista Foreign Policy, también la lucha contra la pandemia ha evidenciado algunos graves problemas de nuestra sociedad, a veces cortoplacista y egoísta al extremo, hasta el inconcebible punto de que a ciertos individuos no parece importarles ni lo más mínimo que, al saltarse el confinamiento, estén poniendo en riesgo las vidas de otros e incluso la propia: ¡¿Qué no harían pues por saltarse simplemente los límites de emisiones quemando más gasolina con un beneficio mucho más a largo plazo, que les afecta menos personalmente, y que es mucho menos tangible?! Ahí es donde ese concepto de Socioeconomía que acuñamos desde aquí emerge con inusitada fuerza, puesto que educación, consciencia, sostenibilidad, economía, política, y ética convergen en este tema (como en tantos otros).

El nexo común entre cambio climático y pandemia es que ambos son retos que exigen un perjuicio individual para obtener un beneficio colectivo, y es en la búsqueda del bien común precisamente donde nuestros sistemas más cojean, y no sólo por la parte obvia de algunos de esos individuos deplorables que hay entre nuestros políticos: nuestros políticos sólo son reflejo de los también cortoplacistas y egoístas individuos que al final componen nuestra sociedad. Y esto no pasa sólo a nivel individual, sino también entre países, puesto que el cambio climático supone igualmente un beneficio para el conjunto del planeta, pero con un impacto a nivel nacional.

Así, vemos a los republicanos estadounidenses escudándose para esquivar las políticas pro-clima en que China no va a hacer nada (que lo cierto es que China precisamente ha hecho algunos encomiables progresos al respecto), y que entonces no tiene porqué hacerlo EEUU, sin querer darse cuenta de que a veces lo más efectivo es predicar con la zanahoria del ejemplo (y el palo de las sanciones) en la mano. Otro factor que Foreign Policy pone sobre la mesa, a la hora de comparar el cambio climático y la pandemia, es que el confinamiento ha dejado patente la fuerte relación entre crecimiento económico y cambio climático, y así podríamos encontrarnos con más personas que no estén dispuestas a renunciar cortoplacistamente a algo de su bienestar económico del hoy, sin darse cuenta de que lo que se juegan en realidad es una muy buena parte del bienestar económico del mañana.

Y es en este último punto donde un servidor discrepa totalmente con el artículo anterior, puesto que la evidencia de este nexo no sólo no tiene porqué ser necesariamente un impedimento, sino que, en manos de los dirigentes adecuados, debería ser todo un revulsivo que hiciese reaccionar a los países más avanzados, con más medios, y con sociedades más concienciadas, y que se utilizase la diplomacia económica para extender esta ”concienciación” por todo el planeta. Herramientas no faltan, al igual que tampoco faltan conceptos de futuro y en alza que les hemos analizado desde aquí, como son la economía circular, que mucho más allá de una entelequia teórica de difícil aplicación, es una realidad que no sólo no tiene un coste económico, sino que puede llegar a aportar nuevos ingresos a las empresas que al menos se dignan a plantearse otra filosofía empresarial y socioeconómica. Y no es sólo la economía circular, es la cultura del “se puede arreglar”, el acabar con la consumista y desperdiciadora “Fast Fashion” y volver a una moda duradera y sostenible, o tantos otros conceptos de futuro que muchos no se han dignado ni siquiera a plantearse.

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Aquí hay muchos terrenos por explorar y por explotar antes de tirar una toalla que ni siquiera hemos llegado a coger. Porque mucho me temo que, en el tema del cambio climático, la cosa no va de toallas que unos países tiran a otros a la cara, sino que esto va de guantes de diplomacia económica que se dejan caer. Hay veces que se puede hacer que recoger un guante acabe siendo la mejor (y única) opción, especialmente cuando los países más avanzados van abriendo camino y abaratando tecnologías alternativas. Porque lo cierto es que, en la lucha contra el cambio climático, las superpotencias más avanzadas (o más bien alguna muy en concreto) ni siquiera hemos llegado a acabar de tirar el guante al resto del mundo.

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El gran reto de la centralización de los datos

Analizamos la importancia de la centralización de datos como uno de los retos de la empresa actual.

  • La nube ha supuesto una palanca tecnológica para centralización de datos
  • Los datos dispersos pueden convertirse en un arma de doble filo

Una de las consecuencias más importantes de la digitalización es que unos mismos datos pueden ser empleados por diferentes departamentos sin necesidad de protocolos especiales ni comparticiones físicas. Todo es mucho más natural, en buena medida gracias a la centralización de datos.

¡Comparte! Tener los datos de tu negocio dispersos puede suponer riesgos para tu empresa. Te contamos cómo evitarlo.

El tiempo en el que la colaboración entre equipos distintos implicaba un trasiego de documentos y soportes físicos de la información es, a estas alturas, una época en proceso de extinción. Hoy la tendencia es que todos compartan unos mismos datos, aun con diferentes permisos para acceder a ellos.

El problema de los datos dispersos

Resulta muy tentador aplicar los datos (y las técnicas más novedosas relacionadas con ellos) a problemas concretos en una empresa. Podríamos mejorar sensiblemente áreas determinadas y hacerlo basándonos en la evidencia objetiva.

Centrarse mucho en problemas concretos puede ser muy tentador, pero tener los datos dispersos no está exento de problemas

Sin embargo, cuando cada departamento, proceso o función dentro de la empresa tiene sus propias prácticas descoordinadas en materia de datos nos enfrentamos a varios problemas:

  • Un área puede incrementar mucho su potencial de crecimiento, pero que las demás áreas no sigan el ritmo. Por ejemplo, de poco sirve saber cómo vender si no tenemos la capacidad para producirlo, para financiar las inversiones necesarias o para formar a los empleados.
  • Mayor vulnerabilidad ante ciberataques y ante problemas de protección de datos. Sin una estrategia conjunta de todos los departamentos, un fallo en cualquiera de ellos puede poner en riesgo a toda la empresa.
  • Problemas de incentivos. Los distintos departamentos pueden tener prácticas con los datos que solamente se entiendan en su propio seno. Ello puede hacer que se reserven información necesaria para otros departamentos, pero que pueda hacer aflorar los errores cometidos por el equipo humano que la gestiona.
  • Ineficiencias. Sin coordinación, nada garantiza que los procesos no sean redundantes.
  • Pérdida de perspectiva. Centrarse mucho en áreas concretas puede hacer que no tengamos suficientemente en cuenta el efecto de nuestras decisiones sobre el conjunto de la organización.

En este post podrás descubrir cuáles son las ventajas de la centralización de los datos.

Qué supone la centralización de datos

Con la centralización de datos, lo que se pretende es que todos los usuarios de la información de la empresa tengan un mismo punto de referencia a donde acudir. Normalmente, ello se puede instrumentar a través de computación en la nube, por ejemplo, a través de soluciones integrales que permitan gestionar la información de los distintos departamentos y que, además, sean modulables para poder añadir las nuevas funcionalidades que se vayan necesitando.

La centralización de datos aporta una mayor coordinación entre los departamentos de una misma empresa

La gestión de la información, por tanto, se realiza de forma integrada a lo largo de toda la empresa y, en todas sus fases, desde el análisis de las necesidades al control de los sistemas pasando por su diseño, la implantación o el mantenimiento.

Además, podemos optar por un cierto grado de personalización en cada una de las fases, variable dependiendo de nuestras necesidades y el coste que podamos asumir para las soluciones disponibles.

Por qué optar por la centralización de datos

La centralización de los datos aporta muchas ventajas:

  • Robustece la organización. Los datos iluminan cómo pueden afectar a todos los departamentos los cambios en el entorno.
  • Mayor transparencia. La información es más accesible a lo largo de la empresa.
  • Menor dependencia de lugares físicos. La información no viaja de un sitio a otro, está disponible para todas las localizaciones. Si, además, se centraliza en la nube, se puede acceder desde cualquier lugar con conexión.
  • Más colaboración. Los formatos en los que se maneja la información tienden a ser más inclusivos, de forma que sean más fácilmente entendibles por profesionales ajenos al departamento que habitualmente trabaja con unos datos concretos.

Centralizar datos no es algo sencillo, pero conseguirlo hace que una empresa sea mucho más sólida.

Cómo se centralizan los datos

Suele ser un viaje con diferentes paradas:

  • Digitalización de datos. Es, por ejemplo, muy complicado centralizar todos los datos y seguir soportándolos en papel. Cada persona o departamento que los necesitase tendría que solicitar una fotocopia, habría unos tiempos de respuesta, habría que garantizar que se actualizan los soportes de los datos…
  • Análisis. Hay que valorar los objetivos que perseguimos, las herramientas que utilizaremos, los protocolos de acceso a los datos, las medidas de seguridad, los riesgos jurídicos en materia de protección de datos, etcétera.
  • Diseño. Todo ese análisis hay que trasladarlo a un proyecto real para gestionar los datos de forma centralizada. Es muy importante que cada persona pueda acceder a los datos centralizados conforme a procedimientos establecidos que faciliten la cooperación y salvaguarden la confidencialidad.
  • Implantación. Es la etapa de puesta en marcha de los procesos. Lo deseable es que, a partir de entonces, se note una conexión más armoniosa entre todos los profesionales y departamentos.
  • Mantenimiento. Labores orientadas a que los equipos, los protocolos y los propios datos estén en las condiciones adecuadas.
  • Control. Hay que estudiar en qué medida se cumple lo previsto y, en caso de existir desviaciones, proponer medidas de corrección.

Centralizar datos puede no ser siempre sencillo, pero es un reto que robustece a la empresa y la pone en disposición de gestionarse de una forma mucho más coordinada y eficiente.

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Todo esto ha hecho China para salir adelante después del coronavirus

China, casi superada la pandemia del coronavirus, ha iniciado el proceso para volver a la normalidad, eso sí poco a poco, con la apertura de Wuhan y un incremento en sus procesos manufactureros.

Han pasado más de 2 meses y medio desde que China se encerró para contener los efectos del coronavirus e implantó un cierre total. Todas estas medidas dieron sus frutos a mediados del mes pasado.

El reto de China es evitar la quiebra masiva de sus empresas

El gran reto del gigante asiático es poner en marcha medidas para reactivar su economía y evitar los efectos devastadores que ha tenido el coronavirus. No sólo por los meses que han sufrido dentro de su país el coronavirus, si no también por los meses que les queda por los efectos que tendrán el coronavirus en sus principales clientes externos.

Los objetivos que se ha planteado China para limitar los efectos económicos, a corto plazo, son:

  • Apoyar a las empresas chinas para evitar quiebras e impagos y así conseguir que no haya una mayor inestabilidad financiera.
  • Compensar las pérdidas que se han producido por el coronavirus en las empresas y en las familias chinas.
  • Estimular la actividad económica para conseguir una recuperación más rápida.

China inunda de liquidez a su economía

Lo bueno que las bolsas en china están respondiendo y los inversores están dando su apoyo, aunque el CSI 300 ha caído lo ha hecho en menor medida que las bolsas de Europa y de Estados Unidos.

El Gobierno de China ha puesto en marcha un paquete de medidas económicas y fiscales de más de 322 mil millones de euros, para fomentar la inversión pública, aumentar el gasto en el sector sanitario y eliminar o reducir la carga fiscal para aumentar la inversión y el consumo.

Por otra parte, el Gobierno de China ha pensado en reducir el peso de los pagos a su Seguridad Social que los empresarios deben pagar por empleados que tienen contratados.

En materia de política montería, el Gobierno de China ha inyectado liquidez a corto plazo, ha reducido los ratios que obliga a tener a las entidades financieras en sus bancos, ha puesto en marcha paquetes para refinanciar y dar créditos a las empresas por valor de 137 mil millones de euros.

El Gobierno de China ha dado ordenes explícitas a las entidades financieras para que den soporte económico, han dado flexibilidad a la gestión de los riesgos crediticios, a la emisión de bonos y venta de acciones a nivel local, todo esto dirigido a las empresas chinas.

China se reserva sus armas más potentes por lo que va a venir

China prefiere esperar y dejar sus mejores armas para hacer frente a los efectos negativos en la economía china, ya que de momento ha inyectado sin prisa miles de millones de euros para sostener una actividad bastante afectado por el coronavirus.

Como se puede ver China ha sacado la arma de la liquidez para evitar un descenso en el consumo, una parálisis industrial y las deudas públicas del país, junto a las deudas de las entidades bancarias, provoquen efectos todavía peores para China.

El coronavirus ha mantenido inactiva la economía China durante meses, cuando millones de sus ciudadanos se encerraron en sus hogares antes la medidas de control y aislamiento impuesto por el Gobierno.

El gran problema que estas medidas afectan de una manera muy negativa la producción de sus fabricas y el funcionamiento de las empresas, lo que ha llegado a conseguir que el Producto Interior Bruto (PIB) se redujera en más del 1 por ciento.

El coronavirus ha conseguido lo que no ha conseguido Estados Unidos, que China viva un proceso de regresión industrial, lo cual ha reducido sus exportaciones y la demanda de las importaciones, afectando al comercio mundial.

En estos momentos, China está comenzando a iniciar el proceso de activación de sus actividades de forma escalada pero las consecuencias sobre la economía China, con en muchos otros países, van a ser a largo plazo. Esto provoca que el Gobierno de China se vea obligado a inundar su economía de liquidez para sostenerla a la largo plazo.

El Gobierno chino ha desestimado realizar un plan de reactivación y lo que ha planteado medidas puntuales, ya que piensan que la política de estímulos debe reservarse para cuando la economía mejore.

No obstante, esta política de estímulos se va a centrar en paquetes de liquidez, créditos flexibles, recortes de la tasas de interés, rescates a las empresas más afectadas y subsidios a nivel temporal para reactivar el mercado laboral en China.

El foco del Gobierno es evitar la quiebra de las empresas chinas para que no aumente de forma exponencial el paro, ya que durante el mes de marzo el paro alcanzó niveles nunca vistos en China, es decir, el 6,2 por ciento por culpa del coronavirus.

En El Blog Salmón | Hasta cuándo los consumidores tendrán que hacer frente la desaceleración y la guerra comercial de EEUU y China

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El próximo año toca subida de impuestos

La crisis del coronavirus está siendo profunda. Los datos de empleo del mes de marzo así lo constatan, y el problema no es solo ese sino que la recuperación en V es imposible. Habrá empleos que no se recuperen en el corto plazo.

Y todo esto en mitad de una crisis sanitaria sin precedentes. No es el momento de mirar por las cuentas públicas. Seguramente el Gobierno se endeude fuertemente para poder hacer frente a las prestaciones por desempleo, compensar la caída de ingresos y pagar gastos sanitarios. Independientemente de que este endeudamiento sea en forma de bonos, coronabonos o préstamos de la UE, la deuda habrá que pagarla en algún momento.

Los impuestos van a subir

No queda otra. El próximo año veremos fuertes incrementos de impuestos. El IRPF casi seguro. El IVA no me extrañaría. Y seguramente el de sociedades como algo simbólico para que no parezca que todo recae en la población (aunque la capacidad recaudatoria de este impuesto en una crisis es muy baja).

¿Os acordáis del momento "Montoro" en diciembre de 2011, cuando se anunció la mayor subida de impuestos de la historia? Pues vamos a ver algo parecido en unos meses. Seguramente, como en aquella ocasión, se dirá que es temporalmente, mientras se pagan las deudas extraordinarias contraídas. Pero con el hundimiento de la economía esta medida "temporal" estará más tiempo del que anuncien al principio (como pasó en 2011).

Volverán los recortes

Pero para compensar ingresos y gastos hay otra estrategia, no solo se trata de subir impuestos. Y es recortar en gastos. Los recortes que tanto criticó este Gobierno van a ser inevitables. Nos lo venderán como causa de fuerza mayor (y lo es) y no reconocerán que en la década pasada también lo fueron.

¿Dónde puede pegar un tijeretazo rápido el Gobierno? Sueldos públicos y pensiones. No sé si se atreverán, pero al principio del Estado de Alarma hubo algunas filtraciones sobre bajadas de sueldos a funcionarios.

Para que nos hagamos una idea, el Estado gasta en pensiones unos 135.000 millones de euros al año y unos 127.000 millones en sueldos públicos. Por cierto, entre los sueldos públicos están los médicos, enfermeros, policías y ejército que tanto están haciendo estos días, que a veces parece que solo hay gente haciendo papeleo burocrático en oficinas y ese no es, ni mucho menos, el grueso de los sueldos públicos.

¿Cuánto será la factura a pagar por la crisis del coronavirus? Todavía no se sabe. Pero seguramente varias decenas de miles de millones de euros. Y habrá que ver qué medidas extraordinarias se toman, pero desde luego una subida importante de impuestos seguro que la vamos a ver.

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Nuevo portal de talento para startups gracias a los VC

El ecosistema de inversión en startups español se ha unido en una iniciativa, sin precedentes, que pretende unir en una gran base de datos, por un lado, talento que ha visto ajustado su puesto en la startup donde trabajaba debido al parón económico del COVID19, y por otro lado, a startups que están buscando perfiles con experiencia en el sector, ya que tienen un repunte de su actividad en estos momentos.

Draper B1, Samaipata VC, Faraday VP, Dyrecto, Encomenda VC, JME VC, K Fund, Athos Capital, Inveready, Bankinter, Marina de Empresas, Sabadell VC, BStartup10, Lanzame Capital, Archipelago Next, Nekko Capital, son algunos de los agentes que encabezan este grupo, que en apenas unas horas ya ha recopilado decenas de perfiles y puestos de trabajo a cubrir.

Esta base de datos es pública y está abierta a todos los empleados de startups afectados por ajustes debidos al COVID19. Incluye también un listado de empresas que necesitan incorporar talento con experiencia, acostumbrado a la cultura startup, para reforzar sus plantillas.

Con esta herramienta y la difusión de este formulario, el sector da un paso adelante para acelerar la recuperación posterior. La iniciativa está inspirada en listados similares impulsados por firmas de capital riesgo en Estados Unidos o Sudeste Asiático.

“Como ecosistema tenemos la responsabilidad de apoyar y mantener el talento; para acelerar el ajuste del sector a la nueva realidad” apuntan desde el fondo Draper B1, poniendo en valor que el capital humano sigue siendo el recurso más importante y la unión de todos los grandes agentes que componen las redes de inversión es el mejor camino para ser más fuertes.

Los formularios de registro a esta base de datos, a continuación


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Los que nos cuidan en la crisis del coronavirus (II): el sector agrario

Hace apenas un mes, los agricultores ocupaban los titulares de los periódicos, con sus grandes movilizaciones en muchas ciudades de España. El sector se declaraba en crisis como consecuencia de una “tormenta perfecta”,[1] motivada por la conjunción de al menos cinco factores: (1) los bajos precios en origen (a veces, incluso por debajo de su coste); (2) el aumento de los costes de producción (en particular, de la energía y de las retribuciones tras el incremento en 2019 (22,3%) y 2020 (5,6%) del Salario Mínimo Interprofesional); (3) la competencia desleal ejercida por terceros países, no sujetos a reglamentaciones tan estrictas como la europea; (4) los aranceles a los productos agrícolas impuestos por la Administración Trump en octubre de 2019, y (5) los recortes, anunciados en febrero de 2020, de los fondos procedentes de la Política Agraria Común (PAC).

No obstante el éxito en impacto público de estas protestas, el 12 de marzo –dos días antes de la declaración del estado de alarma por la crisis del coronavirus– las organizaciones agrarias decidieron conjuntamente suspenderlas. Conscientes de su carácter estratégico como primer eslabón de la cadena agroalimentaria, los agricultores afirmaron su compromiso con la sociedad española proclamando su voluntad de garantizar en todo momento el abastecimiento de productos agrícolas.

En estas semanas de confinamiento, los productores agrarios han cumplido, sin duda alguna, ese compromiso. Pero el confinamiento les ha generado un problema imprevisto: aunque el trabajo en el campo constituye una de esas actividades declaradas “esenciales” por el Gobierno, las medidas de aislamiento han provocado la falta de aproximadamente 150.000 trabajadores[2] para recoger la producción agrícola durante las próximas semanas. No es solo que el cierre de las fronteras impida a las explotaciones agrícolas contar con los habituales temporeros extranjeros, sino también que las restricciones a los desplazamientos interiores y las medidas de distancia social dificultan la organización del empleo agrario temporal, hasta hacerla casi imposible.[3] Aunque el Gobierno ha decretado medidas urgentes para hacer frente a este problema (RD-ley 13/2020, de 7 de abril), su efectividad es todavía una incógnita.

La falta de mano de obra en el campo es una de las características de un sector cuya ocupación ha experimentado cambios radicales en los últimos 40 años. De acuerdo con la Encuesta de Población Activa (EPA), en 2019, el número de ocupados en el sector de la agricultura, ganadería y pesca (a partir de aquí: “sector agrario” o “sector AGP”) se acercaba a 800.000, que representaban el 4,0% del total de la ocupación en España. El grueso de ellos se hallaban en el subsector de la agricultura (64,9%); el resto se repartía entre los subsectores de la ganadería (17,3%), el agropecuario y sus servicios[4] (9,2%), la pesca (4,9%), la silvicultura (3,5%) y la caza (0,1%)[5]. La mayor parte de los ocupados en el sector eran asalariados privados (60,6%), seguidos por los autónomos (29,2%),[6] los empleadores (7,2%), las ayudas familiares (1,7%) y los asalariados públicos (1,4%).

Las diferencias de ocupación agraria entre comunidades autónomas son llamativas (Gráfico 1). Así, por ejemplo, en 2019, Extremadura y Murcia lideraban el ranking, con 12,4% y 12,2% de empleados, respectivamente, mientras que Andalucía destacaba como la comunidad con un mayor número de empleados (255.000; 8,2% del total de ocupados). En el extremo opuesto figuraban Cataluña (1,5% del total de los ocupados), el País Vasco (1,1%), Baleares (1,0%) y Madrid (0,2%).

Gráfico 1

Fuente: EPA (I-IV, 2019).

Hasta aquí hemos ofrecido algunos trazos de la realidad de la ocupación agraria en 2019. Pero esa realidad es resultado de una evolución que puede rastrearse, con datos de la misma fuente (EPA), desde 1976. Los Gráficos 2-6 permiten observar lo que ha ocurrido en este sector desde el inicio de la democracia.

En primer lugar, se observa el fuerte descenso del porcentaje de ocupación agraria sobre la ocupación total (Gráfico 2). Si en 1976 representaba el 21% (2,73 millones de ocupados), en 1992 no llegaba al 10% (1,25 millones), y en 2006 había caído por debajo del 5% (958.000). Desde 2008, la ocupación del sector se ha mantenido bastante estable en torno al 4%. A pesar de la tendencia general descendente en relación al total de la ocupación, del Gráfico 2 se desprende que el sector agrario mantuvo estable esta relación durante las fases álgidas de las tres crisis económicas (1981-1985, 1992-1993 y 2008-2013). En el caso de la primera, la reconversión industrial cerró el destino más frecuente de la emigración rural. También se aprecia el incremento de dedicación a la ganadería (1986-1988) como consecuencia de nuestro ingreso en la UE. Tal como muestra el Gráfico 3, de los diferentes subsectores que componen el sector AGP, la agricultura es, debido a su tamaño, el determinante de la evolución. Pero también la ganadería ha quedado reducida al 29% del volumen de empleo que tenía en 1976 (coincidiendo con la proporción del total del sector AGP). La pesca actual mantiene un 40% del empleo inicial, mientras que la silvicultura ha conservado un 76%.

Gráfico 2

Fuente: EPA (1976-2019).

Gráfico 3

Fuente: EPA (1976-2019).

Una evidencia que llama poderosamente la atención es la de la opción de las mujeres por actividades fuera del ámbito rural y, por tanto, no relacionadas con el sector agrario (Gráfico 4). El campo se ha quedado al margen del proceso de intensa feminización del mercado de trabajo español: diríase que muchas mujeres se marcharon a estudiar a las ciudades y no regresaron. En 1976, el porcentaje de mujeres que trabajaban en el sector AGP era prácticamente idéntico al de las empleadas en el resto de sectores de la economía (40 por cada 100 hombres). Actualmente, por cada 100 ocupados varones en el campo, hay 30 ocupadas. Muy diferente es la proporción femenina en el resto de sectores: por cada 100 ocupados varones, hay 87 ocupadas.

Gráfico 4

Fuente: EPA (1976-2019).

La evolución singular de la ocupación agraria no se evidencia solo en esta cuestión de género, sino también en los niveles educativos (Gráfico 5). En 1976, los ocupados en el sector AGP eran muy mayoritariamente (97%) personas analfabetas, sin estudios completos o, como máximo, con la educación primaria; hoy estos niveles todavía representan un 30% del total de la ocupación agraria, lo que supone un gran contraste con el resto de los sectores, en los que solo representan el 7%. Y mientras los que cuentan con formación profesional y universitaria son mayoría en el resto de los sectores (55%), en el sector agrario apenas llegan al 20%.

Gráfico 5

Fuente: EPA (1976-2019).

Finalmente, desde el punto de vista de su posición respecto a la producción, también se observa la recomposición de la ocupación en el sector AGP (Gráfico 6). Los autónomos, la categoría más frecuente a mediados de los años setenta, ha caído intensamente. El número de ocupados autónomos en 1976 (1.120.000) quintuplica al de 2019 (232.000). Actualmente, la categoría más voluminosa es la de los asalariados privados. Los clasificados como ayudas familiares prácticamente han desaparecido de la ocupación agraria (del 27,4% en 1976 al 1,7% en 2019), lo que indica que la “familia agraria” (aquella en la que la mayoría de sus miembros se hallaban ocupados en el campo) ha perdido presencia en la sociedad.

Gráfico 6

Fuente: EPA (1976-2019).

Sobre el telón de fondo de los datos expuestos en este artículo, el empeño diario de los agricultores por abastecer cumplidamente el mercado de productos alimentarios resulta, si cabe, más valioso. Es un sector que ha perdido casi dos millones de ocupados en los últimos 45 años, periodo durante el cual ha seguido una evolución que le distancia del resto de sectores de ocupación al haber quedado al margen de dos “vuelcos” que han transformado el mercado de trabajo español: el vuelco femenino y el vuelco educativo. Esos dos procesos son clave para entender las razones profundas de la desruralización de España y de ese fenómeno demográfico que hoy tanto preocupa y que quizá merece simplemente la denominación de la “España durante mucho tiempo olvidada”.


[1] Así definió la situación Pedro Barato, Presidente de la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (ASAJA), en el programa Onda Agraria (Onda Cero) el 14 de marzo de 2020.

[2] Cantidad que representa cerca del 20% del empleo agrario actual.

[3] No es un problema que afecte solo a España. Por ejemplo, las explotaciones agrícolas francesas y alemanas también se encuentran ante similares dificultades, de acuerdo con las declaraciones de los representantes de sus respectivas organizaciones agrarias. En Francia, 145.000 voluntarios respondieron a la “llamada nacional” del Ministerio de Agricultura y del sindicato agrícola FNSEA para desempeñar estas tareas de recolección de la producción, una respuesta masiva que da cuenta de la importancia que la sociedad y las instituciones políticas francesas conceden al campo. Véase, por ejemplo, “Coronavirus: près de 150.000 volontaires pour aider les agriculteurs”, Le Monde, 31 de marzo de 2020.

[4] Estos servicios suponen un 4,2% del empleo del sector y dan cobertura a los tres subsectores aludidos previamente.

[5] Cuando nos referimos aquí al “sector agrario” (o sector AGP [agricultura, ganadería y pesca], incluimos a todos estos subsectores.

[6] En la EPA, los autónomos son los que trabajan por cuenta propia sin contratar asalariados. En este caso, los hemos unido con el 0,7% de los cooperativistas.

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Trabajar en remoto no es teletrabajar, ¿estamos preparados?

Artículo realizado por Juan Carlos Fernández. Abogado. CEO & Founder de Tecnogados.

La respuesta es, sí, estamos preparados por tecnología, pero no por organización y planificación de metodologías. Debido al aislamiento que estamos sufriendo por el COVID-19, las empresas y profesionales han visto modificadas sus pautas de trabajo, donde ha primado la improvisación de medios y metodologías para poder llevar a cabo el teletrabajo.

Pero ¿es lo mismo el teletrabajo que el trabajo en remoto?

Claramente no, este modelo de trabajo muy utilizado por organizaciones descentralizadas tipo Startups o empresas tecnológicas, donde sus trabajadores están dispersos por el mundo y donde su única herramienta de trabajo es su portátil y una conexión a internet, les permite movilidad y facilidad de adaptación. Los remotos tienen claramente definidas sus metodologías de trabajo, la planificación de sus canales de comunicación, tanto los síncronos como los asíncronos, la seguridad de su información, la disponibilidad, …; por lo que, en la actualidad de esta situación, ellos siguen desarrollando su actividad diaria con una rutina aparente. Siendo ahora un buen espejo donde mirarse, para perfilar cómo trabajan.

La dificultad viene de la mano de empresas donde prima la presencialidad de sus trabajadores y que se han visto obligadas a teletrabajar, teniendo un sinfín de problemas de adaptación al nuevo entorno de trabajo, donde la falta de planificación ha dado lugar a la improvisación y quien sabe, si esto derivará en futuros problemas de seguridad de la información y brechas de seguridad.

Claramente es imposible mantener las mismas medidas de seguridad en los equipos personales de sus empleados, unido a la conexión de la red particular, donde prima el desconocimiento de reglas de comunicación de las organizaciones y clientes. Pero dejando al margen de la seguridad de la información, las organizaciones tienen que definir unas metodologías y herramientas de comunicación, donde no puede ser el correo electrónico el principal medio, ya que este ladrón de tiempo puede dejar sin productividad de las empresas, a la vez que se enfrentan a posibles suplantaciones, phishing, ataques del CEO, …; ya que, no olvidemos, el correo electrónico es el principal medio utilizado por los ciberdelincuentes para llevar a cabo sus ataques y estafas.

“Desde Tecnogados estamos ofreciendo sin coste, consultoría sobre ciberseguridad, legalidad y privacidad de teletrabajo”

Es ahora el momento donde los Directores Ejecutivos deben tomar la dirección de las organizaciones definiendo relaciones contractuales con sus trabajadores, regulando las políticas de uso de los dispositivos, tanto los de empresa como los particulares, incorporando en este documento medidas y metodologías del teletrabajo, basadas en el consentimiento entre ambas partes, cuando los equipos son personales, pero aun así, fijando el empresario el uso de estos equipos cuando se esté desarrollando sobre ellos la jornada laboral, con el fin de proteger la información profesional, las comunicaciones con sus clientes y los datos personales de su organización. Definiendo dos entornos de escritorio, uno profesional, donde se despliegan las herramientas corporativas de la empresa, y cuando una vez finalizada la jornada laboral, el trabajador ejerce su derecho de desconexión digital, priorizando siempre las medidas de ciberseguridad, con el fin de evitar fugas de información empresarial.

Y por último, como dijo Einstein, la especie que sobrevive es la que mejor se adapta al cambio y ahora, éste es el teletrabajo, aprovechemos esta situación para sacar lecciones aprendidas y ver que el teletrabajo con una buena planificación es una realidad.  


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La economía poscoronavirus

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Cómo y cuándo acabará esta pesadilla. La gran cuestión para la salud y la economía. La respuesta vive a medias entre el atrevimiento y la necesidad de referencias. Sin una capacidad tecnológica de primer nivel, no hay estimación. Es necesario intentar estimar pero, en países como España o Italia, es también grande el margen de error, a pesar de la capacidad o astucia de cada cual. En Corea del Sur, donde los medios y la capacidad institucional son técnicamente evolucionados, la contención que ha permitido la tecnología capacita para hacer previsiones suficientemente fiables. Sin freno de corto plazo a la Covid-19 y sin datos públicos fiables no hay previsiones a medio plazo creíbles. Y, con esos parámetros, tecnología y fiabilidad, sólo se me ocurre el caso coreano.

Las previsiones que los economistas lanzamos sobre PIB, desempleo y recuperación en países con medios limitados y donde los recursos sanitarios y la investigación han sido secularmente despreciados no pueden ser más que provisionales y sometidas a considerables márgenes de error. Independientemente de la confesión y la religiosidad, juntamos las manos para rezar al realizarlas. Como esperanza, queda la idea de Victor Hugo de que la conciencia es muestra de la presencia de Dios en el hombre. Conviene ser conscientes, por tanto, de que se puede evitar lo peor pero hay dos referencias innegables que mueven los plazos. La primera, los especialistas médicos más reputados reconocen que la Covid-19 es, todavía hoy, una enfermedad bastante desconocida, lo que hace que su tratamiento sea variado y no concluyente y la vacuna una incógnita en eficacia y plazos. La segunda, se intenta que la economía reaccione para una recuperación rápida pero la necesaria progresividad de las medidas y la incertidumbre sobre cómo podría ser la esperada segunda ola de propagación en otoño-invierno hacen que se conserve mucha inquietud.

El mundo será distinto. Aunque no necesariamente en los parámetros experimentales que hoy se manejan. Seguiremos yendo a bares y restaurantes. Seguiremos pagando con la misma disponibilidad y referencias que antes de esta crisis porque nuestras formas de pago (en efectivo u otros medios) dependen estructuralmente de estructuras tecnológicas, derechos individuales y de demanda que esta crisis puede interrumpir pero difícilmente cambiar de forma radical. Sí que variará la disponibilidad de medios higiénicos a la entrada y salida de establecimientos (como los ubicuos geles hidroalcohólicos) y se reducirá el gusto por la aglomeración. Lo que más nos inquieta, en todo caso, es cuándo se recuperará la actividad. La mayor parte de los modelos asumen que lo malo del primer trimestre se trasladará en buena medida al segundo. Lo que pase en el tercero dependerá que hasta qué punto habremos entendido en verano la lección. Si el verano se medio normaliza, no invertir en respiradores y test y en aumentar los medios sanitarios seguirá implicando tener un sistema de salud de primer nivel en medios humanos y mediocre en dotaciones. Una segunda ola sin suficiente preparación podría ser demoledora moral, económica e institucionalmente. La investigación y la capacitación tecnológica tienen que ponerse al frente. Esa es la única referencia que aporta certeza.


Este artículo apareció originalmente en el diario El País.

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La pandemia y la investigación clínica

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Como las legiones del emperador Marco Aurelio frente a los bárbaros, hemos de librar nuestra guerra contra el SARS-CoV-2 en varios frentes simultáneos. La investigación de vacunas es el frente en el que se juega la victoria final. La investigación clínica para descubrir medicamentos eficaces y seguros que curen o alivien la enfermedad es otro frente de combate decisivo. Un artículo del dr. A. C. Kalil publicado el pasado 24 de marzo 1 se ha difundido rápidamente entre los investigadores, porque reafirma la estrategia a seguir para ganar el combate, que no es otra que serenidad y método científico.

No se puede repetir, dice Kalil, la tragedia de 2014, cuando en la lucha contra el ébola, después de probarse varios medicamentos, no se llegó a descubrir ninguno seguro y eficaz. La razón es que no se realizaron ensayos clínicos controlados bien diseñados que permitieran establecer relaciones de causalidad claras. Los ensayos clínicos son investigaciones en seres humanos para determinar la seguridad y eficacia de un medicamento. Para que sean convincentes, deben comparar grupos de pacientes de tamaño muestral suficiente, seleccionados aleatoriamente, uno sometido al tratamiento que se estudia y el otro, que sirve de control, al que se administra un placebo (en este caso en el que no hay tratamientos establecidos), en condiciones doble ciego (ni los sujetos ni los investigadores saben su asignación a un grupo u otro). Así, la inferencia estadística es rigurosa y se puede establecer relación de causalidad.

En España los ensayos clínicos están bien regulados y supervisados por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) y son muy numerosos los que se desarrollan debido a la potencia de nuestro Sistema Nacional de Salud y también a que sus costes son relativamente ventajosos.

«La forma de encontrar tratamientos seguros y eficaces para el COVID-19 y cualquier otra pandemia, es la combinación rápida y simultánea de cuidados de apoyo y ensayos clínicos controlados».

Félix Lobo

Actualmente, en el inmenso esfuerzo por salvar pacientes, se están empleando en diversos países varios medicamentos en condiciones fuera de indicación (ya autorizados, pero para otra finalidad terapéutica) y uso compasivo (uso individual de medicamentos en fase de investigación, todavía no autorizados porque no han terminado de probar una relación beneficio/riesgo positiva). Kalil lamenta que, en muchos casos, esto se esté realizando sin grupos de control. No existen pruebas científicas actualmente de que ningún medicamento sea seguro y eficaz contra ningún coronavirus. Administrar medicamentos como tratamiento de rescate implícitamente supone que se va a hacer más bien que daño. Sin embargo, puede tener efectos adversos, sobre todo en personas frágiles y en situaciones clínicas muy complicadas, de los que el artículo proporciona ejemplos convincentes. Y en condiciones de uso compasivo los efectos adversos de los medicamentos son imprevisibles por el limitado número de personas que se han expuesto a ellos.

Surge también la pregunta de si es ético un ensayo clínico en el que al grupo de control se le administra un placebo. Kalil argumenta que sí, porque la enfermedad no es letal al cien por cien y no se sabe si el medicamento beneficia o perjudica al paciente. Los pacientes que reciben el placebo siempre estarán más seguros en términos de reacciones adversas y sin el grupo de control es imposible determinar cuáles son los resultados del experimento.

Afortunadamente ya se han lanzado diversos ensayos clínicos controlados nacionales e internacionales. Además de los que informa Kalil en China y en los Estados Unidos, la OMS patrocina otro internacional, de gran envergadura, denominado “Solidaridad”, en el que participan hospitales españoles. Compara la eficacia de cuatro fármacos contra el coronavirus: el remdesivir, un antiviral que se diseñó para combatir el ébola; la cloroquina y la hidroxicloroquina; la combinación de lopinavir y ritonavir, que se emplea contra el VIH; y la combinación de estos fármacos junto al interferón beta.

En España, la AEMPS el 28 de marzo ya había autorizado otros ocho ensayos clínicos y estaba estudiando 84 propuestas más.

Este es el camino. Como dice Kalil, la forma de encontrar tratamientos seguros y eficaces para el COVID-19 y cualquier otra pandemia, es la combinación rápida y simultánea de cuidados de apoyo y ensayos clínicos controlados.


1 Kalil, A. C. (2020). Treating COVID-19—Off-label drug use, compassionate use, and randomized clinical trials during pandemics. JAMA. March 24

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Metricson presenta un nuevo modelo de financiación para startups

Modelo Metricson es un nuevo modelo de financiación de financiación para empresas que necesitan liquidez en momentos difíciles, pero no quieren comprometer su viabilidad futura. El modelo ha sido diseñador por algunos de los abogados, emprendedores e inversores españoles más reconocidos, como son SeedRocket, StartupXplore y Wayra.

Así lo presenta Luis Gosálbez CEO de Metricson y principal impulsor de esta iniciativa:

El modelo tiene un doble objetivo: que las empresas puedan obtener liquidez a través de financiación privada sin perjudicar su viabilidad futura; y por otro, que los inversores puedan dirigir su liquidez hacia las empresas que la necesitan con garantías y una rentabilidad acorde con el momento económico actual. Las principales ventajas para las empresas son que no se requiere un aumento de capital, ni se perjudica la capacidad de endeudamiento, ya que está ligado a los ingresos de la empresa y no es necesario un proceso notarial o registral. Y la ventaja para los inversores es que supone un ingreso recurrente, para no tener que apalancar su liquidez a largo plazo y con la garantía del activo adquirido. 

El modelo Metricson se articula en tres fases:

  1. El inversor compra a la empresa un derecho consistente en un


    pequeño porcentaje de su capacidad de venta. De forma simultánea,


    el inversor otorga a la empresa una licencia exclusiva de explotación


    sobre el derecho adquirido.
  2. Tras una fase inicial de carencia, la empresa paga periódicamente al


    inversor un porcentaje de los ingresos generados por su negocio,


    proporcional al derecho adquirido por el inversor.
  3. Una vez alcanzado el objetivo establecido por las partes, la empresa


    recupera el derecho transmitido al inversor comprándolo de vuelta en


    las condiciones pactadas en el punto 1.

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