La transformación digital se está convirtiendo en un factor clave para el éxito de los negocios. Por tanto, aquellas empresas que no quieran quedarse atrás deberán incorporar especialistas TIC para mantenerse competitivas.
En SAS, fieles a nuestro espíritu innovador, estamos en un proceso de actualización constante para identificar cuáles serán las próximas tendencias en la industria de la analítica y la IA, experiencia a partir de la cual somos capaces de determinar cuáles son los retos a los que se enfrentan las compañías a la hora de retener y atraer al talento tecnológico.
En España, el 65,9 % de las grandes empresas y el 17% de las pymes con diez o más empleados cuentan con especialistas TIC en su plantilla.
El déficit de profesionales del sector tecnológico es uno de los problemas que lastran el crecimiento y la innovación empresarial.
En el marco de la Década Digital, la Unión Europea ha planteado como objetivo lograr que en 2030 el 75% de las empresas sean más competitivas y sostenibles integrando tecnología de vanguardia como el cloud computing o la tan de moda Inteligencia Artificial. Desde la irrupción de la pandemia, se ha producido un punto de inflexión y hemos visto como el tejido empresarial español se ha puesto las pilas en este sentido, pero aún queda camino por recorrer.
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La presencia de especialistas TIC en las empresas españolas
En SAS trabajamos con empresas, organizaciones y consultoras prácticamente presentes en todos los sectores desde la banca hasta el retail, pasando por el de las telecomunicaciones, asegurador y público. En nuestro día a día vemos cómo las compañías encuentran dificultades para incorporar en su plantilla personal capacitado para desarrollar, implementar y gestionar las tecnologías emergentes que les permita consolidar su transformación digital definitiva.
Basta pensar que actualmente apenas el 17% de las pymes cuenta con especialistas TIC, lo que supone un incremento de apenas un 0,6% respecto a 2021, según el informe “Tecnologías digitales en la empresa” del Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital.
Obviamente, el tamaño de la organización y los recursos de los que dispone son decisivos:
el 65,9% de las grandes empresas (con 250 o más empleados) han contratado especialistas TIC,
pero esta cifra desciende al 1,2 % en las microempresas (menos de 10 trabajadores).
¡COMPARTE! La transformación digital requiere talento TIC. ¡Descubre estrategias para atraer y retener a estos profesionales clave en tu empresa!
¿Qué factores influyen en la falta de especialistas TIC?
Encontrar a profesionales con un nivel de especialización elevado y la cualificación necesaria no siempre es sencillo. El 4,3% de las pymes de diez o más empleados ha tenido dificultades para cubrir vacantes de especialistas en tecnologías digitales. Las razones más comunes son:
Falta de experiencia profesional, sobre todo a nivel sectorial, pues cada área tiene sus propias características y necesidades tecnológicas que demandan un conocimiento más específico y exhaustivo.
Escasez de talento, ya sea porque algunos sectores no representan un desafío lo suficientemente interesante para estos profesionales o simplemente porque existen muchas vacantes y pocos perfiles tecnológicos que puedan satisfacer las demandas del puesto.
Carencia de conocimientos/habilidades digitales, puesto que muchos puestos demandan mucho más que unas competencias digitales básicas, sobre todo en áreas novedosas y en continua evolución como la ciberseguridad, la Inteligencia Artificial y el Big Data.
Estudio SAS: IA generativa
Con el boom de la inteligencia artificial generativa, esta escasez de talento y falta de dominio de ciertas habilidades va en aumento. Eso es lo que hemos detectado en un estudio de SAS sobre la implantación y el uso de la IA generativa en España. Hemos preguntado a los ejecutivos y responsables de las principales compañías y administraciones públicas en España y hemos descubierto datos tan sorprendentes como que:
El 47% de las organizaciones tiene problemas a la hora de implantar la IA generativa por falta de conocimientos de esta tecnología por parte de sus empleados.
Además, el 40% de los encuestados afirma no tener una política que dicte cómo los empleados pueden o no pueden usar esta tecnología dentro de la organización.
Para paliar esta brecha en el mercado laboral, la Agenda Digital España 2026 prevé una línea de desarrollo de las competencias digitales con medidas de formación encaminadas a incrementar el número de profesionales tecnológicos.
Sin embargo, en SAS creemos que dotar al conjunto de la sociedad de las competencias tecnológicas que demanda este nuevo contexto no es una tarea exclusiva de las instituciones y que su éxito depende de la colaboración público-privada.
Nuestra compañía nació en 1976 en la Universidad de Carolina del Norte (EEUU), a partir de una serie de proyectos de analítica de datos centrado en la predicción de las cosechas. Fieles a nuestros orígenes, estamos firmemente comprometidos con el mundo académico. Consideramos que la competitividad de un país reside en alcanzar la excelencia a nivel formativo y por ello tenemos más de 50 acuerdos firmados con universidades, escuelas de negocio y centros de FP a lo largo y ancho del territorio español, con el objetivo de hacer de la alfabetización de datos una realidad.
¿Cómo ayudamos en SAS a nuestros clientes a atraer y retener el talento en sus compañías?
La propuesta que desde SAS presentamos a nuestros clientes para que sean capaces de innovar en el área de Recursos Humanos se centra en la aplicación de analítica avanzada e inteligencia artificial para optimizar la gestión del talento. A través de nuestras soluciones, buscamos proporcionar a las organizaciones herramientas poderosas para atraer, retener y desarrollar a los mejores profesionales. Esto incluye desde la identificación de talento más prometedor tanto fuera como dentro de la compañía hasta la mejora de la experiencia del empleado y la alineación estratégica de la fuerza laboral con los objetivos empresariales.
Creemos que el verdadero game-changer para nuestros clientes es la visión que adquieren del rendimiento y potencial de su plantilla gracias al uso de algoritmos de analítica avanzada e inteligencia artificial.
¿Y cómo hacemos esto? se preguntarán aquellos que estén leyendo este post. Utilizamos modelos predictivos y de machine learning para identificar patrones y tendencias en los datos, lo que permite a las empresas tomar decisiones más informadas y estratégicas en cuanto a la contratación, la asignación de talento y el desarrollo profesional.
Por ejemplo, pensemos en el departamento de juguetería de unos grandes almacenes. Gracias al uso de nuestros algoritmos descriptivos, diagnósticos y predictivos, son capaces de anticipar las posibles bajas de personal que van a tener en un período de máxima actividad, como Navidad. Tras predecir estas probables ausencias, nuestras herramientas recomiendan cómo cubrirlas con otros dependientes que trabajen en otras secciones en función del match que haga su experiencia con la necesidad concreta que tienen para ese departamento de juguetería.
Estrategias para atraer y retener especialistas TIC en las empresas
Muchos profesionales del ámbito tecnológico pueden darse el lujo de elegir donde trabajar, por lo que tendrán que esforzarse por desarrollar una estrategia de employer branding atractiva. Ofrecer una compensación total competitiva entendida como el conjunto de retribución económica y beneficios, así como horario flexible y medidas de conciliación, contribuirán a crear un ambiente de trabajo positivo y respetuoso con la diversidad.
También necesitan desarrollar proyectos interesantes que atraigan el talento a largo plazo. No hay que limitarse a brindar un trabajo, ahora es necesario ofrecer un proyecto de futuro con oportunidades genuinas de crecimiento. Con herramientas como la tutoría y la capacitación en el trabajo o la formación continua estos profesionales podrán afrontar retos reales y desarrollar sus capacidades mientras crecen y aportan valor a tu negocio.
Casos de éxito: es posible superar la brecha de especialistas TIC
A pesar de los obstáculos, muchas empresas están dando grandes pasos hacia la digitalización. En 2021, por ejemplo, Chupa Chups comenzó a transformarse en una compañía Data Driven para comprender mejor a su audiencia, tomar decisiones estratégicas y ganar competitividad.
Sin embargo, no solo contrató a especialistas TIC, también puso en marcha una campaña de formación en Data que extendió a todos los niveles. A través de “Digital Academy” lanza periódicamente programas formativos dirigidos a satisfacer internamente las necesidades de cada departamento.
En resumen, la digitalización abre un nuevo abanico de posibilidades: se puede usar la tecnología para optimizar los procesos y adaptarte mejor a las demandas de los consumidores, pero también necesitas contar con una plantilla capacitada, porque no se trata simplemente de abrir un e-commerce o digitalizar la facturación, sino de reestructurar la mentalidad y cultura organizacional.
En este artículo repasamos los desafíos y avances en la digitalización de pymes mediante la nube en España.
Enfrenta los retos y oportunidades de la digitalización para mejorar la competitividad y eficiencia de las pymes mediante la adopción de tecnologías de la nube.
Examina las tendencias y el crecimiento continuo en la adopción de la computación en la nube, esencial para el desarrollo empresarial futuro.
En líneas generales, el motor de la economía global está compuesto por más de 200 millones de pequeñas y medianas empresas que, según la ONU, siguen siendo “la espina dorsal” de la actividad planetaria. Somos un mundo de pymes.
En España, alrededor de tres millones de pymes y autónomos que hay registrados, también son la “espina dorsal” del país, pues generan casi dos tercios de los puestos de trabajo y del PIB nacional, según datos del Ministerio de Industria y Turismo.
Aunque el brillo y la atención mediática en muchos casos se lo llevan las grandes multinacionales, nuestro futuro y bienestar depende del desarrollo de los pequeños negocios. Esos que pueblan las calles de nuestras ciudades y pueblos, y que, en muchos casos, han sido el empeño de emprendedores valientes y sacrificados.
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La asignatura pendiente de la digitalización
La competitividad futura de las pymes tiene una asignatura pendiente: su digitalización. Si a las grandes empresas siempre les ha sido relativamente sencillo adquirir las últimas tecnologías, por su capacidad financiera, el alcance global de sus negocios y la formación de sus plantillas, a las pymes, históricamente, este punto se les hace más cuesta arriba.
En muchos casos, los pequeños empresarios no disponen del tiempo, los conocimientos o los recursos económicos para dar el salto digital que exigen tanto la nueva coyuntura global como las nuevas legislaciones que llegan desde Europa. Estas afectan no solo a la gestión interna sino también a aspectos como el cuidado del medio ambiente o la seguridad de los datos. Pese a todo no hay que desesperar ya que, en estos últimos años, las pymes cuentan con un aliado de excepción que les va a allanar el camino de su digitalización: la nube.
La migración a la nube se acelera en España
Si en un primer momento la computación y el software en la nube despertaron recelos (infundados) en las compañías que percibieron como un peligro el sacar a centros de datos de terceros herramientas como el correo electrónico, el puesto de trabajo informático o la misma gestión contable y financiera, hoy esos miedos se han disipado.
Los centros de datos de proveedores de servicios como Gigas se han mostrado más robustos, eficientes y seguros que los mismos servidores internos de las empresas, los llamados equipos on-premise. Las cifras de negocio demuestran que la migración a la nube pública de los procesos informáticos en las compañías se ha acelerado en los últimos años y va a seguir haciéndolo a medio plazo.
IDC estima que los ingresos generados en España por el cloud público crecen a un ritmo anual de alrededor del 20% y que en este 2024 superarán los 5.800 millones de euros, llegando en 2026 a casi 8.500 millones de euros. Son cifras muy altas para una economía que, en términos globales, avanza a un ritmo de un dígito bajo y donde hay partidas de gasto tecnológico, como la del hardware, que incluso caen.
Otra vez hay que decir que España no es un caso anómalo ya que está alineada con la tendencia mundial. Así, según Gartner, si la nube pública en todo el planeta movió un negocio global de 563.000 millones de dólares (algo menos de la mitad del PIB de un país como el nuestro), en 2024 crecerá un 20,4%, hasta rozar los 680.000 millones de dólares.
Las ventajas de la nube para las pymes
Estas cifras indican claramente que las empresas en España están cada vez más orientadas hacia la nube, buscando:
eficiencia operativa,
reducción de costes
y una mejor gestión de recursos.
No hay que olvidar que con la nube las compañías más modestas por fin tienen una manera asequible y fácil de contar con la última y más sofisticada tecnología, aquella de la que han disfrutado desde siempre las grandes corporaciones.
Las ventajas de la computación en la nube para los pequeños empresarios, e incluso para los autónomos, son variadas y totalmente convincentes.
El cloud “democratiza” la modernización y la digitalización en todo el tejido empresarial, desde el IBEX35 hasta el último autónomo.
Posibilidad de adaptación
En primer lugar, les permite una flexibilidad y una escalabilidad que hasta ahora no encontraban en los modelos clásicos de compra tradicional de tecnología. Las pymes pueden adaptar sus recursos informáticos a medida que cambian sus necesidades, lo que es especialmente útil para empresas que empiezan o que tienen fluctuaciones significativas de la demanda y la actividad. Algo muy habitual en un tejido productivo tan estacional como el español, tan volcado en sectores como el turismo, el comercio y los servicios.
Reducción de costes en tecnología
Además, la nube permite reducir drásticamente la factura tecnológica que supone adquirir licencias perpetuas o los servidores físicos (de computación o almacenamiento) que son habituales en un centro de datos propio.
Las pymes también pueden ahorrar dinero en el mantenimiento y la actualización de esos despliegues, que siempre dependerán de proveedores expertos como Sage o Gigas. Y, al mismo tiempo, podrán hacer frente a uno de los mayores problemas del mercado tecnológico de hoy/actual, que es la carestía de informáticos y los altos salarios que cobran.
En un esquema de nube, el conocimiento y la mano de obra corre a cargo del proveedor del servicio. Y adiós a las preocupaciones.
Mayor seguridad
Como decíamos anteriormente, la ciberseguridad también dejará de ser una preocupación para los pequeños empresarios. Al contrario de lo que se pensaba hace unos años, los centros de datos de los proveedores de nube son hoy las instalaciones más seguras que existen. Y con la contratación de servicios de backup y recuperación, una pequeña compañía podrá salir bien parada de los ataques de ransomware, los más temidos por las pymes ya que están dirigidos a paralizar su operativa, lo que más les duele/afecta/importa.
Una pequeña o mediana empresa que contrate servicios de nube también facilitará la colaboración permanente entre empleados y desde cualquier dispositivo, lo que le permitirá adoptar el teletrabajo de forma parcial o total, e incluso unir diferentes sedes de forma natural e intuitiva.
Un día de finales del 2010, en una comida de Navidad, decidí abandonar mi posición de CEO en una compañía de servicios IT para crear, junto a cuatro socios más, una empresa de servicios cloud que pudiera cubrir las necesidades que a nosotros, como clientes, no nos cubrían los proveedores cloud en aquel momento.
Y, aunque no todos le auguraban un futuro prometedor, Gigas se ha consolidado, a lo largo de estos años, como proveedor cloud. Y esto ha sido posible, en gran parte, porque las pymes de este país han necesitado y seguirán necesitando el cloud y la colaboración de buenos y cercanos proveedores de servicios para crecer y ser competitivos el día de mañana.
Las soluciones cloud o en la nube facilitan a las pymes la gestión diaria de su negocio. En este artículo te mostramos cómo optimizar tus recursos, mejorar la productividad y reducir costes con la tecnología cloud.
Las pequeñas y medianas empresas reducen costes al no tener que acometer infraestructuras ni instalaciones de software.
Rapidez, precisión y más productividad son algunas de las ventajas de las soluciones cloud o de la nube para pymes.
La irrupción desde hace unos años del cloud ha introducido importantes cambios a la hora de trabajar en el ámbito empresarial. Y no solo en las grandes compañías. Su implementación y popularización de la mano de diferentes productos, servicios o soluciones han favorecido su extensión y empleo por parte de las pequeñas y medianas empresas.
A nivel mundial, diversos estudios apuntan que el 98% de las compañías está migrando a la nube. En el caso de las pymes queda camino en algunos países como España. Aquí el porcentaje de las pequeñas y medianas empresas que emplea cloud, especialmente las de 10 o más trabajadores, se sitúa cerca del 32%. Este dato baja hasta cerca del 10% si hablamos de las pymes de menos de 10 empleados.
Son porcentajes que se espera que sigan creciendo, en gran parte, por el mayor uso y soluciones disponibles que utilizan la inteligencia artificial. Además, también están influyendo las ventajas del cloud, que dan paso en las empresas a toda una forma distinta de comunicarse, divertirse o gestionarse. No son los únicos factores a favor. Aún hay muchos más puntos beneficiosos.
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Herramientas cloud como Sage 200 ayudan a la pyme a ganar en productividad y efectividad, además de reducir posibles riesgos.
¿Por qué es bueno estar en las nubes?
Varios son los motivos por los que es positivo que una pyme apueste por la tecnología cloud. Estos son los principales:
Ahorro económico
Con la nube, las pequeñas y medianas empresas evitan tener que aprovisionar, gestionar recursos u ocuparse de configuraciones y actualizaciones. Es decir, se reduce su gasto en infraestructuras tecnológicas, especialmente servidores y sistemas de almacenamiento para los datos e información.
Sistemas de pago
En el cloud, tan solo se paga por lo que se usa porque se posibilita la disponibilidad bajo demanda de recursos. También hay otros sistemas en los que se abona una cuota mensual, cuyo precio suele rondar los 100 euros mensuales. Estos pagos tienen a su vez la ventaja de que se pueden modificar a lo largo del tiempo en función de las necesidades de tu compañía.
Euro a euro
Con independencia de la opción de pago elegida, las pymes que apuestan por la nube evitan hacer un desembolso económico importante de una sola vez y cuyo retorno suele ser incierto. Y la cifra no es baladí porque es habitual que los sistemas que no tienen base cloud supongan miles de euros por cada usuario de ERP o CRM que se contrata. Sin embargo, con el cloud, accedes a todas las funcionalidades de una plataforma con un pago mensual o según su uso, de acuerdo con las diferentes modalidades ofertadas. Sería un sistema más parecido al de una factura de la luz o del teléfono, así como de otros suministros.
Rapidez
La disponibilidad de la nube es rápida al no tener que desplegar la empresa una infraestructura tecnológica propia.
Movilidad
El cloud te facilita el acceso a los datos e información de tu pequeña y mediana empresa desde cualquier lugar en el que haya conexión a Internet. Es una accesibilidad que, igualmente, está disponible las 24 horas del día durante todo el año.
Flexibilidad
La nube igualmente tiene la ventaja de ser más flexible para poder solucionar incidencias o resolver cualquier tema de última hora sin estar físicamente en la sede u oficina de la pyme.
Automatización
Con la democratización de la nube, los procesos y usos de las soluciones cloud son cada vez más sencillos y están más automatizados. Esto te reduce y agiliza la carga de trabajo que tiene que hacer y la de cada persona dentro de la empresa. Ganas así en productividad, redundando en una mayor competitividad.
La automatización de los procesos con una solución cloud facilita que todos los datos de la pyme sean fiables y estén disponibles en tiempo real.
Herramientas cloud de gestión: El nuevo Sage 200
Una de las aplicaciones más empleadas por las pymes es Sage 200. Esta solución ERP y de gestión de negocio cloud ha introducido algunas novedades para una mayor optimización y mejor experiencia de usuario. También se han atendido los cambios que se van a producir en la factura electrónica, entre otros.
Y, ¿qué ofrece a las pequeñas y medianas empresas? ¿Qué ventajas tiene? Estas son las principales que te conviene conocer por su utilidad:
1. Espacio único
Sage 200 unifica en un solo espacio todos los procesos de la empresa. Esto te ayuda a simplificar los flujos de trabajo en todas las áreas. Además, redunda en una toma de decisiones más inteligente y fiable, puesto que se colabora en tiempo real. De este modo, es posible conocer todos los datos e información 100% actualizada de la pyme y realizar informes interactivos en tiempo real del negocio en poco tiempo.
2. Productividad y rapidez
Al trabajar todos los miembros del negocio con la misma solución, se gana en productividad. Además, todos los procesos se automatizan, redundando en una mayor eficiencia.
3. Sencillo
Esta herramienta es muy fácil de utilizar, aparte de muy intuitiva.
4. Escalable
Sage 200 está diseñado para que la empresa disponga de las funciones necesarias que precisa conforme va creciendo.
5. Legalidad
Esta solución cloud cumple con toda la normativa vigente que se aplica a las pymes.
6. Menos riesgos
Al automatizar los procesos con esta solución en la nube, dispones siempre de datos precisos y tienes la oportunidad de anticiparte a posibles riesgos potenciales. Además, para el área de data, tienes herramientas de Business Intelligence.
7. Finanzas
Sage 200 incluye funciones específicas para el área financiera de la pyme. Así, es posible que automatices transacciones, conectes las cuentas bancarias con esta solución de Sage e importes los datos financieros.
8. Flexibilidad
Con esta solución cloud, puedes colaborar con el equipo o acceder a la información sin necesidad de que estés físicamente en la oficina.
9. Clientes
Sage 200 tiene incorporadas herramientas de gestión de ventas, precios, descuentos, facturación… Esto te permite una mayor conexión con tus clientes.
10. Sin instalación
Al ser en la nube, no se necesita instalación. Está alojada en el Sage Partner Cloud. Además, se puede integrar con Microsoft 365.
Son algunas de las ventajas de Sage 200 para las pequeñas y medianas empresas. Esta solución incluye todas las funciones que necesitas para el día a día de tu negocio, además de incorporar todos los beneficios de ser cloud. ¿Te animas a probarla?
Nota del editor: Este artículo fue publicado con anterioridad y actualizado a 2024 por su relevancia.
Ha llegado finalmente en junio, aunque se esperaba como “agua de mayo”. Este jueves el Banco Central Europeo bajó los tipos de interés un 0,25%. Muchos pensaron “¡por fin!” en un contexto en el que la eurozona tiene una macroeconomía mucho menos floreciente que la de Estados Unidos. Los estímulos monetarios pueden ayudar a reanimarla, sobre todo en aquellos países más dependientes de la industria, que son los de crecimiento del PIB más débil. Afortunadamente, España, es una de las excepciones, por diversas razones entre las que destacan respecto a otros socios europeos, nuestra especialización en servicios y un mix energético con menor coste. No obstante, los mercados de trabajo europeos están resistiendo, algo a tener en cuenta ante lo “pegajosa” que está siendo la inflación. No olvidemos que algunos países europeos están cerca del pleno empleo, donde podría volver algún crecimiento de precios ante insuficiencias de la oferta.
Aunque la media está acercándose a la referencia del BCE del 2%, en algunos países —como España— queda más recorrido para converger a ese objetivo. Mayo no trajo un buen dato pero las expectativas continúan siendo que el descenso de la inflación continúe hasta fin de año. La autoridad monetaria parece convencida de ello, a pesar de los aumentos recientes en las remuneraciones salariales en países centrales (como Alemania), mientras, en paralelo, se intenta generar cierto impulso a la economía reduciendo costes financieros. Vendrá bien a empresas e hipotecados, que ya han comenzado a beneficiarse de la disminución del Euribor, que ha venido descontando la decisión del BCE.
Disminuir el coste del dinero en la zona euro —y aunque el BCE no se compromete con ninguna senda futura de tipos— se adelanta a las de otros bancos centrales, especialmente al impasse de la Reserva Federal estadounidense que ahora mismo parece que no tocará el coste del dinero oficial hasta que pasen las elecciones presidenciales de noviembre. Según los responsables de la Fed, Estados Unidos, con una inflación aún más pegajosa y con pleno empleo, correría riesgos si baja demasiado pronto tipos. El BCE tiene menor margen de espera ante la debilidad de su macroeconomía y, de algún modo, corre el riesgo de aflojar demasiado pronto el endurecimiento monetario antes de poder decir que se ha vencido la inflación.
Un segundo riesgo, también relevante, es que el problema de la atonía de la economía y sector empresarial de Europa finalmente no tuviera mucho que ver con el encarecimiento de los costes financieros desde 2022. Y que residiera más en problemas estructurales como la mayor fragmentación del mercado, el modelo de transición ecológica o carencias por el lado de la oferta (talento, energía). Por supuesto, un abaratamiento de tipos aligera la carga. Sin embargo, los problemas importantes probablemente no residan ahí, y podrían requerir notables reformas estructurales. Por ello, a medio plazo podría seguir la flojera de la economía europea. Hace falta algo más que bajar tipos, una estrategia además no exenta de riesgos hasta la victoria sobre la inflación.
Este artículo se publicó originalmente en el diario La Vanguardia.
Cada día que pasa se complica la búsqueda de una solución a la escasez de vivienda que padece nuestro país, particularmente entre los jóvenes. La buena marcha de la economía, avalada esta semana por el veredicto favorable del informe del FMI, es una realidad que podría restar sensación de urgencia: los expertos del Fondo pronostican un avance del PIB superior al 2% tanto este año como el que viene, sostenido por el dinamismo del mercado laboral y la solidez de la posición competitiva del tejido productivo en un contexto internacional complejo.
Sin embargo, como reconoce el Fondo, la escasez de vivienda, además de ser un problema social de primer orden, puede convertirse en una importante limitación, dificultando la movilidad hacia las zonas más dinámicas y constriñendo la capacidad de atracción de talento. Esto último es especialmente perjudicial para un modelo productivo como el español basado en la incorporación de fuerza laboral (y con poco avance de la productividad). El encarecimiento de la vivienda es por otra parte un factor de inflación, por su traslado a los costes de producción e, indirectamente, a las demandas de compensación salarial.
Todo apunta a que el cuello de botella radica en la falta de oferta: en los últimos años, se ha construido poco más de la mitad de lo que sería necesario para satisfacer la demanda derivada del crecimiento poblacional, redundando en un déficit creciente, incluso si todas las viviendas vacías se pusieran en el mercado o las de alquiler vacacional se paralizaran. Pero el diagnóstico deja abiertas algunas cuestiones claves.
En primer lugar, contrariamente a algunas afirmaciones, el déficit de construcción residencial no obedece a la escasez de suelo urbano: éste abunda, algo bastante lógico en un país con poca densidad poblacional. Prueba de ello, tras el desplome posterior a la crisis financiera, el precio del suelo se mantiene en cotas reducidas, aun cuando su desarrollo en forma de inversión inmobiliaria sería rentable: la brecha creciente entre el precio del suelo y el de venta de vivienda nueva muestra que el mercado, por sí solo, no aportará una solución a la escasez, y que es necesario abordar las disfunciones.
Así pues, para desatascar
la construcción aprovechando el suelo disponible, es necesario aportar seguridad
jurídica a los promotores, particularmente en lo que atañe a la lentitud de los
trámites administrativos y al periodo de impugnación (algo que pretendía el
proyecto de ley retirado recientemente).
Pero también influye el destino de la inversión, ya que la demanda procede en buena medida del segmento del alquiler, que es también el más relevante desde el punto de vista de la movilidad y de la emancipación de los jóvenes. Por tanto, la puesta en el mercado libre de vivienda en propiedad no aliviaría esa demanda insatisfecha: solo operaría a largo plazo y débilmente en comparación con iniciativas basadas en la elevación de la oferta de alquiler.
Otro imponderable, según
el sector, es la incertidumbre relativa a los costes de construcción y a la
disponibilidad de mano de obra como elementos limitativos de la inversión. El
despliegue de programas de formación de parados y la mejora de las condiciones
laborales podrían ayudar a aliviar la percepción de escasez. Pero, en todo
caso, la mera anticipación de una espiral de costes de producción unida a la
sensación de demora sine die de las iniciativas de apoyo al sector, solo
pueden retrasar el inicio del ciclo de construcción.
En suma, cuanto más se intensifica la escasez de oferta, más se complica su solución, de modo que urge un plan que aborde los diferentes frenos a la inversión. La bajada de tipos de interés y las medidas de apoyo a la demanda, generalmente poco eficaces, no detendrán la escalada de los precios y el déficit de vivienda asequible.
ALQUILER | Según Eurostat, el 24,7% de la población española residía en una vivienda en alquiler en 2023, un porcentaje que se ha incrementado desde la crisis financiera (en 2007 era inferior al 20%). La situación es similar a la de otros países mediterráneos, pero dista todavía de la que prevalece en el centro de Europa, particularmente Alemania donde más de la mitad de las personas viven de alquiler, y Francia con algo menos del 40%. Por otra parte, solo uno de cada tres inquilinos se beneficia de un alquiler reducido o subvencionado en España.
Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.
La buena marcha de la economía española en comparación
con la europea no solo evidencia el papel clave de la construcción comunitaria
en el desarrollo de nuestro país. También dibuja una reconfiguración de las
prioridades de la Unión Europea: para España, los temas presupuestarios o el
volumen de transferencias que recibimos importan ya mucho menos que cuestiones
de índole más estratégica, cuando no existencial, parafraseando el reciente
discurso del presidente Macron, refiriéndose a la UE como un proyecto no
necesariamente inmortal.
La trayectoria reciente de nuestra economía es reveladora de la importancia del mercado único, tanto como del giro político operado en Bruselas estos últimos años. Si el PIB se sitúa un 3,7% por encima del nivel prepandemia, permitiendo la creación de 1,25 millones de puestos de trabajo durante un periodo tan convulso, es en parte por el replanteamiento de la política económica europea tras el desgarro de la crisis financiera. Y también por los buenos resultados cosechados por las empresas españolas en los mercados europeos. El sector exterior, gracias al estímulo de la integración europea, explica directamente el 40% del avance del PIB español registrado desde finales de 2019. La clave está en un posicionamiento competitivo favorable: el año pasado, el saldo de los intercambios de bienes y servicios con la UE arrojó un superávit récord, hasta casi duplicar el excedente de la locomotora alemana, algo también inédito. Por el contrario, Francia e Italia registran un déficit en sus intercambios intracomunitarios.
Para afianzar estos resultados, hay que aprovechar las circunstancias que permitan sacar partido de la posición competitiva de nuestro tejido productivo. Se trata de atajar la escalada de subvenciones y de ayudas que distorsionan el mercado único, debilitando espuriamente el tirón de las exportaciones.
De manera similar, la promoción de campeones nacionales en cada Estado miembro, no solo fragmenta el mercado único; también lastra la competitividad del conjunto de la economía europea. Las experiencias exitosas muestran por el contrario la importancia de la competencia entre grandes corporaciones como instrumento primordial de política industrial y de sostén del poder adquisitivo de las familias. El informe Letta aboga por la emergencia de potentes operadores europeos que compitan entre sí, y no de gigantes con pies de barro que difícilmente resistirían la competencia con sus homólogos norteamericanos o chinos.
Para una economía competitiva como la española la movilidad del ahorro debería ser un tema más prioritario que el ensanchamiento del presupuesto europeo. Es preocupante que Europa exporte nada menos que el 13% de los recursos disponibles en el sector privado para invertirlos en el aparato productivo de países terceros, entre los que destaca EE UU. El volumen de estos recursos perdidos supera las necesidades estimadas de inversión o de ampliación de los recursos públicos comunitarios. Para España, sería más provechoso desatascar las barreras a la movilidad del ahorro que obtener un nuevo Next Generation; el actual, en todo caso, todavía tiene mucho recorrido. En suma, la unión financiera no debería dilatarse más.
La política comercial europea también debe reubicarse. La
guerra arancelaria entre EE UU y China ha debilitado el sistema multilateral,
abocando a acuerdos con otros grandes actores guiados por los intereses
europeos y las normas medioambientales y sociales. Este es también un ámbito en
el que la economía española puede aprovechar sus ventajas de costes
energéticos. Tales acuerdos también pueden incorporar un desarrollo ordenado de
los flujos migratorios, importantes para un continente que envejece y se enfrenta
a cuellos de botella.
Todo ello configura una estrategia coherente con las
necesidades de la economía española, y al tiempo arraigada en los principios europeos
fundacionales de apertura y cohesión social. Paradójicamente, su puesta en
marcha entraña un esfuerzo presupuestario limitado en comparación con las soluciones
inspiradas en la tentación de retraimiento en las fronteras nacionales.
IPC | El IPC se incrementó un 3,8% en mayo en términos interanuales y armonizados, frente al 2,6% para el conjunto de la eurozona. Por tanto, el diferencial de inflación sigue siendo desfavorable, en parte por factores puntuales como la rápida desescalada de los precios energéticos en Europa (una tendencia que en el caso de España se produjo con anterioridad). Por otra parte, descartando la inflación y los alimentos frescos, el IPC subyacente también supera la media europea, reflejando el dinamismo de la demanda, sobre todo en los sectores más ligados al turismo.
Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.
Desde su puesta en marcha mediante la liberalización acometida allá por los años 90 y hasta bien pasada la pandemia, el actual mercado eléctrico parecía funcionar razonablemente y sin grandes sobresaltos. Esa placidez fue probablemente la razón de que el debate —que lo hubo— sobre eventuales correcciones o mejoras para su perfeccionamiento pasase bastante desapercibido durante ese periodo. Todo cambió a raíz de la invasión rusa de Ucrania y la crisis de suministros. Primero la alarmante subida de precios y, más adelante, su volatilidad, motivaron algunos cambios puntuales —como la denominada excepción ibérica— e incluso concitaron propuestas que reclamaban modificar o, incluso, terminar con el sistema marginalista. Hoy, pasadas las urgencias de hace dos años y en la resaca de esa fase de crisis, se abre una oportunidad de volver a plantear una reforma del mercado eléctrico europeo que suponga un paso adelante respecto al actual sistema y subsane sus lagunas.
La publicación es un trabajo conjunto de varios profesores del Instituto de Investigación Tecnológica de la Universidad de Comillas, entre los que se cuenta Pedro Linares, editor de Papeles de Energía. Su análisis arranca a partir de los problemas más visibles registrados durante el bienio 2021-2022, como la volatilidad de los precios para los hogares y los altos costes para la industria, o los beneficios extraordinarios (“llovidos del cielo”) para tecnologías inframarginales. Pero los autores también ponen luces largas y apuntan, una vez más, a fallos de diseño y posibles complicaciones del actual sistema en el largo plazo, como el hecho de que los reducidos o nulos costes variables de las renovables, con creciente peso en el pool, pueden hacer que, en un futuro no muy lejano, durante buena parte del año los precios sean tan bajos que pongan en riesgo las inversiones; o, relacionado con ello, la necesidad de mantener una generación de electricidad de reserva (“de capacidad”) y disponible (“de flexibilidad”) para garantizar la seguridad del suministro (la suficiencia de generación) y la adaptación y ajuste a la demanda. El diagnóstico se completa con otros problemas, que tienen que ver con la deficiente internalización por las empresas de algunos impactos medioambientales, el ejercicio de poder de mercado por parte de grandes operadores o las carencias del mercado respecto a los consumidores más vulnerables.
El libro
también evalúa, entre otros planteamientos, la reforma promovida por la
Comisión Europea y acordada provisionalmente en diciembre de 2023 por el
Parlamento Europeo y el Consejo. La valoración no es demasiado complaciente,
sobre todo con la falta de desarrollo para los mercados de largo plazo y con el
papel protagonista que concede a los Estados miembros y la consiguiente
posibilidad de distorsiones en el mercado único, pero aun así los autores
consideran la proposición de la Comisión como “una primera reflexión” hacia un
verdadero mercado armonizado.
Por supuesto, la propuesta de reforma recogida en el título ocupa
el grueso del volumen. Sus aspectos clave, profusamente desarrollados en el
libro, hacen referencia al mantenimiento y mejora del mercado de corto plazo,
pero también a la promoción de mercados de largo plazo que, por un lado,
permitan la inversión en renovables, en eficiencia y en almacenamiento y que,
además, doten de estabilidad a los precios. Los autores también sugieren la
introducción de mecanismos de protección de los consumidores vulnerables. Y
todo ello a través de plataformas de escala europea que reduzcan las
interferencias de los Estados. Unos anexos finales tratan algunas cuestiones
técnicas adyacentes a la reforma, como los posibles enfoques para encararla o posibles
mecanismos ante emergencia en los precios que serán de interés para el lector
más implicado.
Se trata, en definitiva, de un nuevo intento de abrir el
debate sobre una reforma que, como tantas, espera su oportunidad de ser
abordada y para la que llega esta nueva propuesta.
Este año, el Día Mundial Sin
Tabaco tiene como protagonistas a los niños y los jóvenes. Así se advierte en la página web de la
Organización Mundial de la Salud,
donde se les anima a que den un paso al frente y defiendan políticas que les
protejan mejor ante el consumo del tabaco (#TobaccoExposed). Esta llamada
resulta muy oportuna, toda vez que, en la discusión sobre los riesgos sociales
a los que están expuestos los niños y adolescentes, ha adquirido tanta
importancia el impacto de las pantallas y las redes sociales, que otros
riesgos, como el del consumo de sustancias adictivas, parecen haber pasado a
segundo plano. La preocupación por los “riesgos de última generación” no
debería desplazar del interés público y del análisis social estos otros riesgos
más “tradicionales”, entre los que el consumo de tabaco ocupa un lugar
destacado. El tabaquismo entre los jóvenes adquiere especial relevancia dada su
particular vulnerabilidad a la adicción a la nicotina y a los efectos adversos
del tabaco[1].
A este respecto, los datos sobre el consumo juvenil de tabaco en España indican algunos éxitos reseñables. En efecto, las Encuestas sobre el Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias (ESTUDES)[2] han puesto de manifiesto la significativa reducción del consumo de tabaco entre los jóvenes de 14 a 18 años a lo largo de las últimas tres décadas. A mediados de los años noventa, un tercio de los jóvenes de esas edades había consumido tabaco “en los últimos 30 días” (32,5 %). En 2023, los que así lo declaraban apenas superaban una quinta parte (21 %). La reducción cobra mayor relieve si se compara con la evolución del consumo de otras drogas como el alcohol y el cannabis, sustancias cuyo consumo no ha mantenido esa misma tendencia constante a la baja durante este periodo (Gráfico 1).
La caída del consumo de tabaco entre la población de 14 a 18 años es todavía más intensa si se atiende al consumo diario: la proporción de quienes reconocen fumar tabaco todos los días (7,5 %) representa en 2023 casi un tercio de la observada en 1996 (23,7 %) (Gráfico 2). De nuevo, la evolución del consumo diario de tabaco resulta claramente más positiva que la del consumo de alcohol o de cannabis, sustancias cuyo uso diario, en todo caso, se halla menos extendido que el del tabaco.
Al analizar la evolución de los datos sobre consumo de tabaco, llama asimismo la atención la mayor prevalencia entre las estudiantes a lo largo de todo el periodo observado (1996-2023). Si bien ellas fuman de media menos cigarrillos que ellos, presentan, año tras año, un porcentaje más alto de consumo de tabaco (al contrario de lo que sucede en la población general)[3]. Sin embargo, la caída más rápida del consumo de tabaco entre las estudiantes de secundaria ha contribuido a acortar las diferencias de género. En 1996, el 38,1 % de ellas habían consumido tabaco “en los últimos 30 días”, en comparación con el 26,2 % de ellos, una diferencia de 12 puntos porcentuales (Gráfico 3). En 2023, esta brecha se había reducido a cuatro puntos porcentuales, con un 23,3 % de consumo entre las mujeres frente al 18,9 % entre los hombres. En cuanto al consumo diario, la reducción de las diferencias entre chicos y chicas ha sido tal que desde 2012 prácticamente han desaparecido, a pesar de que en 1996 alcanzaban los nueve puntos porcentuales (el 28,1 % de los hombres y el 19 % de las mujeres) (Gráfico 4).
Los datos expuestos hasta aquí presentan, no obstante, un contrapunto negativo: el rápido aumento del consumo de cigarrillos electrónicos entre los jóvenes. En 2014 uno de cada seis jóvenes los había probado (17 %), mientras que en 2023 lo habían hecho más de uno de cada dos (54,6 %; entre los jóvenes de 18 años entrevistados, la proporción se elevaba a dos de cada tres: 66,1 %) (Gráfico 5). Aunque ESTUDES no ofrece datos sobre el consumo diario de cigarrillos electrónicos, su consumo “en los últimos 30 días” ya superaba en 2023 al del tabaco convencional, con un 26,3 % frente al 21 %.
Las chicas están incluso más familiarizadas que los chicos con este tipo de práctica: el 56,8 % ha probado alguna vez los cigarrillos electrónicos, y el 48,1 % lo ha consumido “en los últimos doce meses”, cifras alrededor de cuatro puntos porcentuales más altas que las correspondientes a los varones de la misma edad (52,5 % y 43,8 %, respectivamente) (Gráfico 6).
En los últimos años, este rápido crecimiento del consumo de cigarrillos electrónicos ha coincidido con un aumento considerable de la percepción del riesgo de usarlos: en 2021, solo un 22,4 % de los jóvenes pensaban que el consumo esporádico de estos cigarrillos podía ser perjudicial; dos años después, esa proporción casi se había doblado (38,8 %). La evidencia científica ofrece un amplio respaldo a la opinión según la cual los cigarrillos electrónicos, en sus diferentes variantes, dañan la salud y en consecuencia, no abren una vía de resolución de los problemas que genera el consumo del tabaco.
El vapeo no es la solución a los problemas de salud
ocasionados por el tabaco. Difícilmente se le podría definir como la “bala
mágica” que puede conducir a la erradicación de los riesgos de salud que
provoca el tabaquismo[4]. Sigue siendo muy necesario estudiar en profundidad
los comportamientos y los hábitos de fumar, analizando su evolución en
contextos sociales tan cambiantes como los actuales. En este sentido, es
encomiable que España haya realizado más esfuerzos de recopilación de
información estadística que otros países europeos. Con todo, queda todavía
mucho por conocer sobre esos comportamientos y hábitos; un conocimiento
fundamental para tomar decisiones informadas y diseñar iniciativas eficazmente
orientadas a los distintos grupos de la sociedad, que reduzcan la probabilidad
de inicio en el consumo de tabaco y, cuando este ya se ha producido, la de
mantenerlo.
[1] Marcon, Alessandro, et al. (2018) Trends in smoking initiation in Europe over
40 years: a retrospective cohort study. PLoS One 13.8: e0201881.
[2] Estas encuestas, de periodicidad
bianual, se llevan a cabo por la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional
sobre Drogas (DGPNSD), con la colaboración de las comunidades autónomas. Su
objetivo consiste en recoger información que permita diseñar y evaluar
políticas destinadas a prevenir el consumo de drogas y otras adicciones, así
como los problemas asociados a estas conductas. La metodología utilizada es la
de entrevista personal en los centros educativos seleccionados, incluyendo un
cuestionario administrado por los entrevistadores y otro autoadministrado. Los
entrevistadores permanecen presentes durante todo el proceso y recogen el
cuestionario al finalizar. La muestra de la encuesta de 2023 fue de 26.344
jóvenes entre 14 y 18 años.
[3] Según datos de la Encuesta sobre Alcohol y otras Drogas en España
(EDADES) 2022, el 38 % de los hombres y el 28 % de las mujeres entre
15 y 64 años fuman a diario.
[4] Mendez,
D. y Warner, K. E. (2021). A Magic Bullet? The Potential Impact of E-Cigarettes
on the Toll of Cigarette Smoking, Nicotine & Tobacco
Research, 23
(4), 654–661,
En este artículo con contenido actualizado, hacemos una reflexión sobre la importancia de lainnovación tecnológica en las empresas. Describimos cómo y por qué las pymes deben afrontarla de forma prioritaria.
La innovación tecnológica es uno de los factores clave del crecimiento empresarial.
Tanto la demanda como los costes se vuelven más dinámicos en empresas favorables hacia la innovación tecnológica.
En un mundo globalizado, la competencia en los mercados es creciente. Y la incorporación de avances tecnológicos pasa a primer plano, tanto por motivaciones externas como por el impulso interno de mejora organizativa.
En cierto modo, la tecnología y la organización se han convertido en las grandes referencias de las agendas empresariales. Se puede saber mucho sobre cualquier negocio por su manera de abordar la innovación en estos dos campos.
CONTENIDO DEL POST
Renovarse o morir: consejos para mejorar en innovación
Aunque parezca lo contrario, innovar puede ser más fácil de lo que parece. Algunos consejos prácticos para mejorar son:
Hay que ser creativo y pensar diferente. Para ello hay que empezar por adoptar una actitud innovadora. Sin ese talante de partida es imposible avanzar en todo lo demás.
Buscar la especialización, lo que permitirá abrir espacios sin competencia. El precio no es siempre el factor determinante si lo que se vende es lo mejor.
Probar, probar y probar hasta dar con lo que se busca, aun sin saber qué es lo que quieres. La tenacidad da sus frutos, aunque el camino se llene de fracasos.
Ayudarse de los que están alrededor, porque ellos son los que saben cómo mejorar las cosas. No hace falta salir, el talento está en casa, solo hay que montar una “red de inteligencia” para recolectarlo.
Pensar en la lógica del comprador poniéndose en su lugar. La empatía hacia el cliente es saber lo que le quiere obtener y no obligarle a que compre lo que le vendemos, aunque no es lo que desea.
Crece con confianza de la mano de Sage 200, la solución que avanza contigo.
Cuáles son los retos más importantes para la pyme
Muchos responsables de negocio se preguntan por los desafíos que encontrarán en el camino hacia el éxito. No pocas respuestas pasan por la tecnología y su puesta en el contexto interno y externo.
En ese sentido, la tecnología adopta diferentes formas, que permiten ofrecer infinidad de soluciones en cualquier sector. Por ejemplo, una plataforma de gestión empresarial con enfoque integral, como Sage 200, marca la diferencia en los tiempos que corren. No olvides, entre otros aspectos, su papel en la experiencia de los usuarios de la herramienta y su capacidad de adaptación a los procesos que da soporte.
En cualquier caso, el impulso de la innovación tecnológica es clave en muchos campos. Las pymes con potencial de crecimiento son la mejor prueba de esta tendencia de gran alcance. Veamos los principales ámbitos.
Innovación tecnológica y procesos
Producir de una forma diferente a los demás no es sencillo, pero genera decisivas ventajas de costes. Sirve en bandeja oportunidades de crecimiento. Es por ello por lo que muchos negocios destinan cuantiosas inversiones a probar una y otra vez cómo innovar en sus procesos.
En ese sentido,la tecnología juega un papel aglutinante. Para poder introducir cambios en la empresa hay que contar con buenos medios intangibles, materiales y humanos. Sin embargo, eso no es suficiente. Necesitas saber combinarlos de formas factibles y la tecnología ayuda a deslindar qué caminos de cambio son viables y cuáles no.
Innovación tecnológica y productos
Actualizar los productos e introducir novedades puede ser muy necesario para poder incrementar los ingresos. La disposición a pagar de los clientes es altamente dependiente de que el bien o servicio que ofreces esté al día.
En ese sentido, la tecnología es el mejor instrumento para entender el contexto de ese cambio. Por ejemplo, disponer de herramientas con visión integral, como Sage 200, puede brindarte un marco para situar la innovación de producto. Coordinarás información comercial, contable, de procesos, de rendimiento laboral… Por tanto, comprenderás mejor cómo encajan las piezas de ese gran puzle llamado innovación de producto.
Innovación tecnológica y recursos humanos
Los salarios son una gran barrera para muchas empresas en crecimiento. Desearían poder contar con buenos profesionales, pero no les salen las cuentas para pagarlos. Es necesario abordar cómo incrementar la productividad.
La innovación ayuda a ese proceso desde el principio. Muchos profesionales se ven atraídos por las empresas con tecnologías más avanzadas por las expectativas. Están dispuestos a creer en un desarrollo de carrera con sueldos más elevados porque las nuevas herramientas aportan profesionalidad y coherencia a los proyectos.
El perfil financiero de la innovación tecnológica
La innovación tecnológica exige unos desembolsos que no siempre traen resultados. Sin embargo, a largo plazo, si se enfoca bien y se inician muchos proyectos, lo normal es que, en promedio, los retornos sean claramente favorables.
Por otro lado, la innovación tecnológica se ha convertido en un factor de resiliencia. Muchas empresas la utilizan para reforzarse ante situaciones adversas. Por tanto, este enfoque contribuye a disminuir el riesgo del negocio y a generar intangibles.
La innovación tecnológica y las cadenas de suministro
No es raro que los contratos con clientes empresariales y proveedores exijan condiciones relacionadas con la innovación tecnológica. En cierto modo, se constituyen como acuerdos de convergencia en torno al uso de herramientas y procesos.
Por tanto, la predisposición favorable a la innovación tecnológica permite optar a un mayor número de relaciones. Además, sirve para saber gobernarse y tener una posición de liderazgo frente a otras partes de la cadena. Suele ser preferible la flexibilidad a la adaptación forzada por la iniciativa de proveedores o clientes.
¿Por qué es importante modernizar tu negocio?
La pyme necesita la tecnología para lograr el éxito en el negocio. Es, de hecho, una herramienta que no puede faltar en un entorno desafiante. También es crucial para el aprovechamiento de oportunidades.
Para que esta relación entre pyme y tecnología sea rentable, las pymes deben afrontar y gestionar una serie retos, como los que a continuación se mencionan:
Gestionar el ciclo tecnológico de manera eficiente. Hay que buscar un equilibrio. Por un lado, no puedes trabajar con herramientas obsoletas. Sin embargo, cambios demasiado frecuentes pueden elevar los costes de aprendizaje y dificultar la amortización de la inversión.
Adaptación al entorno multidispositivo. La nube es la referencia hoy en día. No solo puedes almacenar datos, sino obtener servicios de procesamiento, infraestructura, plataformas, etcétera. Además, es el vehículo perfecto para la comunicación interna y externa y sus posibilidades se refuerzan con la ayuda de los dispositivos conectados.
Gestionar la formación. Es clave para vencer las resistencias al cambio, pero también para dar fluidez a las adaptaciones. Y no olvides que es una inversión en obtener el máximo aprovechamiento posible de las posibilidades de las herramientas.
Invertir en tecnología para ser más competitivo
La tecnología es necesaria y debe integrarse como una parte del negocio. Ayuda a que las pymes sean más eficientes y a que se consigan mejores resultados. Por tanto, cuando se dedican recursos a tecnología deben considerarse como una inversión que permita obtener un retorno.
Invertir en una nueva solución de gestión empresarial debe servir para poder trabajar con coordinación y racionalizar los recursos que se dedican a esas tareas. Al mismo tiempo, accedes a la información de manera ágil y eficiente y puedes tomar buenas decisiones en los plazos que requiere cada mercado.
Y lo más importante es que la tecnología atrae la innovación. Por ejemplo, implantar un ERP hará más sencillo y rentable trabajar con técnicas avanzadas de datos que son la base de muchas herramientas digitales que están marcando la vanguardia empresarial.
La innovación tecnológica ayuda a hacer las cosas mejor y posicionarse como empresa de referencia en un mercado. Además, da fluidez y naturalidad a los cambios organizativos que acompañan a las nuevas herramientas y procesos.
Nota del editor: Este artículo fue publicado con anterioridad y actualizado a 2024 por su relevancia.
La semana pasada, en una jornada de trabajo organizada en el marco del Observatorio Funcas de la Empresa y la Industria (OFEI), tuvimos la oportunidad de discutir sobre la situación de la inversión en España. Aunque el título del evento, “Debilidad de la inversión empresarial: a la búsqueda de explicaciones”, ya indicaba cierta preocupación por la situación, el objetivo —más allá del pesimismo insinuado— era realizar una diagnosis rigurosa de lo que está sucediendo con esta variable.
El objeto del análisis era la paradoja que experimenta la economía española, consistente en que, a pesar de sus buenos resultados en términos de crecimiento, la inversión no ha alcanzado todavía los niveles prepandemia (gráfico 1). La inversión es una variable con efectos a medio y largo plazo y, por tanto, se puede posponer o adelantar dependiendo de las condiciones del mercado. Evidentemente, la escalada de los tipos de interés no ha ayudado a impulsarla; sin embargo, como ya se ha explicado, los tipos de interés han crecido de la misma manera en el resto de las economías de la zona euro y no presentan un patrón tan débil como el español. Además, en la segunda mitad del año pasado, la estabilización de los tipos debería haber contribuido, al menos, a contener la caída en la inversión, cosa que solo se ha observado en el primer trimestre de 2024. En todo caso, los primeros trimestres de los últimos tres años han mostrado un buen comportamiento, por lo que es bueno tomar perspectiva con un período de análisis más extenso.
Se recordará que, a comienzos de siglo, la denominada inversión no productiva —en construcción y vivienda— estuvo creciendo de forma desmesurada, alcanzando el 20,7% del PIB en 2006, lo que impulsó el esfuerzo total en inversión al 30,0% del PIB ese mismo año. La crisis surgida de la Gran Recesión provocó un ajuste sin precedentes en esta partida hasta tocar fondo en 2013, cuando el esfuerzo total había caído al 17,4% (cuadro 1). La reestructuración fue tal que la inversión productiva superó ligeramente a la inversión en vivienda y construcción, dando lugar a una composición de la inversión más equilibrada, manteniéndose así hasta la pandemia. Hasta aquí, una historia bastante conocida. Lo que no lo es tanto es la debilidad que ha mostrado la inversión productiva desde entonces, pues no es capaz de seguir la senda de crecimiento de la economía general. De hecho, en 2023 esa debilidad ha llegado a provocar que la inversión productiva solo represente el 8,8% del PIB, el mínimo desde 2014.
Entre las razones que se argumentan para explicar la débil trayectoria de la inversión destaca el acceso a la financiación o los elevados costes energéticos, y está tomando protagonismo el riesgo regulatorio y la incertidumbre sobre el futuro. De hecho, el factor que el último informe del Banco Europeo de Inversiones señala como la mayor barrera en el largo plazo para las decisiones de inversión es precisamente la incertidumbre. El 83% de los empresarios españoles indican que la incertidumbre les está influyendo negativamente a la hora de invertir. Y mientras en España el 60% de los empresarios asegura que la incertidumbre representa un obstáculo muy fuerte para su inversión, en el conjunto de la UE no llega al 40%.
Un ejemplo muy claro que pone de manifiesto el freno que está imponiendo la incertidumbre es el comportamiento de la inversión en “material de transporte”. Esta es la componente que más ha retrocedido en la formación bruta de capital fijo. En el primer trimestre de 2024 muestra un nivel (real) un 12,5% inferior al de 2015 (gráfico 2). Uno de los problemas a los que se enfrenta este tipo de inversión es la cambiante regulación sobre la transformación necesaria para descarbonizar el sector de transporte, y a esto se debe añadir que todavía el vehículo eléctrico en el transporte de mercancías solo es una realidad en los vehículos de menor capacidad. Pero incluso en las flotas de las empresas que solo precisan de turismos, se observa que el desarrollo en España está siendo mucho más lento que en la media europea. El gráfico pone de manifiesto de manera contundente que los agentes económicos españoles están posponiendo su decisión de inversión en vehículos, a pesar de las numerosas ayudas que se han puesto en marcha a través de los planes Next Generation para la sustitución del parque automovilístico de las empresas.
No todo son malas noticias sobre la inversión productiva. La inversión en activos inmateriales, que incluye la inversión en investigación y desarrollo, sí crece, y lo hace a buen ritmo, pues en el primer trimestre de 2024 es un 7% más elevada que la registrada en el mismo período de 2020. Por tanto, parece claro que donde se está teniendo más reparos es en la inversión en activos materiales. En concreto, cuando se analiza el patrón de inversión de los sectores institucionales españoles, se comprueba que los programas Next Generation sí han contribuido al aumento de la formación bruta de capital fijo en el sector público, que había estado cayendo antes de la pandemia, pero aún no está teniendo un efecto positivo en la inversión empresarial. Lo que se debería esperar en el futuro es que este impacto positivo también llegue al sector privado empresarial y reactive la inversión en activos materiales.
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