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Competencias de los adultos españoles: buenos resultados en equidad, pero mejorables en excelencia y en la conexión con el mercado laboral

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El Programa para la Evaluación Internacional de Competencias de Adultos (PIAAC, por sus siglas en inglés) es descrito como una versión para adultos del programa PISA; evalúa competencias en comprensión lectora y matemática, así como la resolución de problemas adaptativos entre personas de 16 a 65 años. Un seminario virtual organizado en diciembre por Funcas presentó por primera vez en España los datos de su segundo ciclo y, sobre esa base, abordó diversos aspectos clave sobre las competencias de la población joven y adulta en nuestro país y en otros 30. El evento contó con la participación de expertos como Marta Encinas-MartínBrindusa Anghel y Alfonso Echazarra, quienes analizaron las implicaciones de los resultados para el sistema educativo y el mercado laboral. 

Los resultados en España

El rendimiento en la evaluación de PIAAC se expresa en una escala de 0 a 500 puntos; para lectura y matemáticas, se establecen 6 niveles de rendimiento que van desde el nivel inferior a 1 (el más bajo) hasta el nivel 5 (el más alto). Para la resolución de problemas adaptativos no se incluye el nivel 5. El informe español contiene una descripción detallada de los diferentes niveles en cada área. Un resumen de los resultados de España frente a la OCDE se muestra en el gráfico 1. En conjunto, considerando las tres áreas evaluadas (lectura, matemáticas y resolución de problemas adaptativos), el 21% de los adultos en España se encuentra en los dos niveles más bajos de estas escalas de competencia, superando ligeramente el promedio del 18% de la OCDE.


España necesita impulsar la excelencia y mejorar la formación continua

Marta Encinas-Martín, de la OCDE, inició el seminario destacando la importancia de esta evaluación para comprender lo que los adultos saben y pueden hacer en su vida diaria y laboral. Los resultados de PIAAC sitúan a España en un lugar intermedio-bajo entre los países evaluados.

Encinas-Martín subrayó que, aunque España tiene buenos registros en equidad educativa, con una de las brechas socioeconómicas más pequeñas en competencias por nivel educativo de los progenitores según PIAAC, es necesario impulsar la excelencia, y especialmente en áreas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), para mejorar el futuro de los jóvenes. En cuanto al fomento de la formación continua, Marta Encinas-Martín puso como ejemplo a los países nórdicos, donde los programas de formación a lo largo de la vida han sido clave para mantener altos niveles de competencias en todas las edades.

Vea aquí la intervención de Marta Encinas.

El contexto de España en relación con la Unión Europea (UE)

Brindusa Anghel, del Banco de España, presentó un análisis sobre las diferencias en competencias entre España y los países de la UE que participaron en PIAAC, destacando que, aunque la brecha de la media de las puntuaciones PIAAC ha disminuido en la última década, los retos persisten.

  • Competencias de los graduados superiores: los titulados universitarios y de FP Superior en España tienen menores niveles de competencias en matemáticas y lectura en comparación con sus homólogos de la UE. Esta brecha podría reflejar problemas estructurales del sistema educativo, que afectan la empleabilidad y la productividad laboral.
  • Desempeño generacional: los adultos españoles mayores (55-65 años) tienen competencias más cercanas a la media de la UE en comparación con los jóvenes (16-24 años). 
  • Éxitos en equidad: aunque los resultados generales de España no son sobresalientes, el país destaca por su reducida brecha en competencias entre los grupos con un nivel educativo de los padres bajo y medio, lo que refleja cierto éxito en la reducción de desigualdades.

Además, señaló que el mercado laboral español sigue mostrando un alto desajuste entre las competencias de los trabajadores y las necesidades reales de las empresas, afectando la competitividad y el crecimiento económico.

Vea aquí la intervención de Brindusa Anghel.

Reflexiones sobre la repetición y el abandono educativo

Alfonso Echazarra, evaluador externo de la OCDE, amplió el debate con un enfoque en las barreras estructurales que limitan el progreso educativo en España. En su intervención, subrayó que la repetición de cursos, una práctica común en el país, tiene un impacto negativo a largo plazo en las competencias de los estudiantes. La repetición perpetúa desigualdades, tiene un coste financiero elevado y no resulta efectiva para mejorar los resultados educativos. Los estudiantes repetidores tienden a abandonar el sistema antes de completar su formación.

Entre otros desafíos destacados por Echazarra, se incluyen:

  • Altas tasas de abandono escolar: España sigue registrando una de las cifras más altas de abandono educativo temprano en Europa, lo que limita el desarrollo de competencias básicas.
  • Competencias y mercado laboral: existe una desconexión significativa entre lo que se enseña en los programas educativos y las demandas del mercado laboral. Según Echazarra, es esencial revisar los currículos para incorporar competencias transversales como resolución de problemas, pensamiento crítico y habilidades digitales.

Vea aquí la intervención de Alfonso Echazarra.

Conclusiones finales

España ha logrado avances importantes en términos de equidad educativa, pero las competencias de su población adulta continúan rezagadas frente a los estándares internacionales. La necesidad de reforzar la educación inicial, buscar mayor excelencia, ajustar los programas educativos al mercado laboral e implementar estrategias de formación continua es más urgente que nunca.

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Crece la brecha entre el crecimiento y su percepción

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La economía española sigue atravesando un momento dulce que no se refleja en su percepción social. En los dos últimos años, el consumo privado ha avanzado un 4,4%: esto es más del doble que el crecimiento poblacional, de modo que la mejora parece haber permeado en la mayoría de familias. Sin embargo, los indicadores de confianza del consumidor se mantienen por debajo de la media histórica. Diversas encuestas hacen eco de este desacoplamiento, incidiendo en una valoración de la situación personal notablemente más positiva que la percepción que tenemos del conjunto de la ciudadanía.


La actitud de cautela tiene consecuencias tangibles, ya que las familias tienden a ahorrar más y a aligerar el peso de sus pasivos. Nunca en lo que va de siglo los hogares habían estado tan poco endeudados en relación a su renta disponible.

Las empresas siguen la misma estela. En los dos últimos años el PIB habrá avanzado en torno al 2,7% en media anual, prácticamente lo mismo que durante el periodo expansivo 2015-2019. Las empresas, sin embargo, consideran que el entorno no está siendo tan favorable como cabría esperar habida cuenta de las cifras macroeconómicas: el índice de sentimiento económico apenas supera la media histórica, cuando antes de la pandemia el mismo indicador anotaba valores notablemente superiores a esa media.

De ahí que la inversión privada siga atascada, incluso en un contexto de crecimiento favorable como el actual y en presencia de abundantes fondos europeos. De manera similar a las familias, las empresas no solo prefieren autofinanciar sus inversiones —no recurriendo al crédito, de modo que la deuda empresarial roza ya mínimos de siglo—. También acumulan activos financieros: según los datos del tercer trimestre del pasado ejercicio dados a conocer esta semana, la inversión financiera de las corporaciones alcanza el 5,2% del PIB.

Las expectativas que traslada el sector privado en el resto de Europa son aún más negativas. Un pesimismo que no puede explicarse únicamente por la coyuntura económica, menos boyante que en España. Los hogares europeos también tienden a tener excedentes de ahorro: la recuperación del poder adquisitivo, fruto de ajustes salariales y de la desinflación, prefiguraba un fuerte repunte del consumo que finalmente no ha tenido lugar. El BCE estima un avance del consumo privado del 0,9% en 2024, frente a la previsión del 1,4% realizada un año antes. De manera más contundente, el BCE anticipa una caída de la inversión empresarial de la eurozona del 1,7%, cuando se pronosticaba un rebote del 0,4%. El índice de sentimiento empresarial de la eurozona desciende hasta niveles inferiores a los registros de finales de 2020, todavía perjudicados por la pandemia. Y, al igual que en España, las empresas europeas optan por acumular excedentes.

La actitud de cautela se explica en parte por el impacto de la sucesión de shocks en tan poco tiempo. El fenómeno podría por tanto diluirse poco a poco, sobre todo si la desinflación se afianzara, pudiendo propulsar capacidad de compra y alentar la propensión a consumir. En teoría el entorno es también propicio a un descenso adicional de tipos de interés, incentivando la inversión. Pero esto es sin contar con una nueva piedra en el camino que complica la senda de relajación monetaria: ante los anuncios expansivos de Trump y el riesgo de persistencia de la inflación, la Reserva Federal ha enfriado las expectativas de fuertes recortes del precio del dinero, un giro que debe incorporar el BCE. Los mercados también reaccionan, exigiendo rentabilidades más elevadas para la compra de deuda pública.

En suma, existen factores objetivos para una mejora de las expectativas que pesan sobre la economía, particularmente la inversión privada. Pero los anuncios de Trump, junto con la hipersensibilidad de los mercados, ponen en entredicho un rápido descenso de tipos de interés y empañan el escenario. Y las dudas se exacerban con la parálisis política que se adentra en todo el continente.

DEUDA PÚBLICA | La previsión de un rápido descenso de los tipos de interés parece menos probable, a tenor de la evolución reciente de los mercados. En el último mes, la rentabilidad de los bonos del Tesoro con vencimiento a 10 años se ha incrementado en cerca de medio punto porcentual, hasta el 3,2%. La referencia alemana ha seguido una pendiente parecida, de modo que la prima de riesgo española se ha mantenido, afianzando su desanclaje en relación a la que soporta la deuda francesa. La rentabilidad exigida por el bono británico, presionado por los mercados, se acerca al 5%.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Criptoactivos y otras inversiones de elevado riesgo: un 2025 de alto voltaje

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El año pasado trajo abundantes ganancias para las inversiones del mundo cripto, tanto activos como divisas de diferente pelaje (stablecoins, memecoins como dogecoin, apuesta del magnate Elon Musk). Otros activos de elevado riesgo también se comportaron favorablemente. Tenía lógica con un entorno monetario con descenso de los tipos de interés, donde muchos ahorradores buscan mayores rentabilidades más allá de los bonos y títulos más convencionales.

Las favorables perspectivas de la economía americana, donde hay un ambiente más proclive y permisivo –incluido en el contexto regulatorio– con los criptoactivos, han ayudado sin duda a que su demanda continúe creciendo. El omnipresente papel de las grandes tecnológicas para los americanos y también en otras latitudes es terreno abonado para que se multiplique el interés por estos activos.

También hay menos aversión al riesgo que en otros momentos de la historia, sobre todo de los inversores jóvenes. El colateral de estas inversiones es prácticamente nulo, con lo que el riesgo asumido es elevado. Es cierto que se trata de un grupo social que interactúa con la tecnología y ve este ecosistema como un lugar para invertir. Asimismo, los jóvenes en promedio tienen peores expectativas de remuneración salarial que las que tuvieron sus padres, además de otros problemas como la dificultad para el acceso a una vivienda asequible –y no solamente me refiero a España– y ello afecta a su apetito inversor. Los activos financieros convencionales ofrecen, en general, rendimientos limitados, e invertir en bitcoin u otras criptos puede permitir –eso sí, con mucho riesgo y volatilidad– alcanzar rentabilidades impensables hace unos años y aumentar sus ingresos por esa vía.

Los augurios para 2025 para estas inversiones de alto riesgo son casi de euforia, con el precio oficial del dinero a la baja, aunque más en la zona euro que en EE UU. Se mantienen las buenas perspectivas económicas en ese país, que pueden trasladarse a otras economías, aunque hay que esperar a las primeras medidas la Administración Trump, que desembarca el día 20. El aumento de los aranceles u otro tipo de represalias por parte de Estados Unidos podría suponer, si al final se acometen, un gran obstáculo para que los pronósticos de crecimiento económico para este ejercicio se cumplan.

En todo caso, abundan los vientos de cola para los criptoactivos. Más con las grandes expectativas de ganancias de las empresas tecnológicas, que hacen que el atractivo de estos activos digitales se retroalimente. Este entorno tecnológico tan estimulante genera nuevos criptoactivos, algunos creados a partir de la inteligencia artificial, por lo que el interés por estos instrumentos continuará aumentando.

La mayoría de los analistas creen que el rally de bitcoin, otros criptoactivos e inversiones digitales y de elevado riesgo continuará en 2025, algunos piensan que incluso con fuerza. Históricamente, el bitcoin ha alcanzado nuevos máximos cada cuatro años durante sus últimos dos ciclos alcistas desde 2017. En cada ciclo registró ganancias del 2300% y el 1700% antes de retrocesos de entre el 70% y el 80%.

Desde su mínimo de 16.000 dólares hace dos años, el bitcoin ha incrementado su valor aproximadamente un 600%, lo que, si siguiera los patrones alcistas anteriores, indica que podría haber un potencial de crecimiento de su precio en los próximos (dos) años. Nada asegura que ello vuelva a ocurrir así, pero es evidente que hay vientos a favor de ese comportamiento positivo.

En primer lugar, los criptoactivos suelen apreciarse durante los ciclos monetarios de mayor laxitud de los bancos centrales, de descensos de los tipos de interés. El apetito de los inversores por los activos de elevado riesgo suele acrecentarse con políticas monetarias expansivas. Y las expectativas de que los principales bancos centrales del mundo sigan recortando el precio oficial del dinero en 2025 pueda dar lugar a nuevas ganancias para el bitcoin. A pesar de esas perspectivas de tipos a la baja, la rentabilidad de los bonos estadounidenses y británicos se ha encarecido en los últimos días, ante las dudas hacia sus estrategias fiscales y ciertos temores inflacionistas, fenómeno que hay que seguir de cerca por sus ramificaciones a otros activos o países.

En el ámbito más tecnológico, están las promesas de Trump. Una declaración suya de que convertiría Estados Unidos en la “capital criptográfica del planeta” impulsó el sentimiento de los inversores. Algunas decisiones regulatorias ya habían elevado el precio de los criptoactivos en 2024. La aprobación por parte de la Comisión de Bolsa y Valores (SEC) de un fondo cotizado (ETF) de bitcoin al contado en enero fue un impulso muy notable para la demanda de esa divisa digital durante todo el año pasado. De los anuncios alentadores sobre los criptoactivos que conocemos de la próxima Administración Trump, que muchos esperan que impulsará estos activos digitales, no conocemos la letra pequeña ni como se implementarán, particularmente en lo referente a las posibles tenencias por parte de la Reserva Federal de bitcoin y otras criptodivisas.

Esa incertidumbre sobre los incentivos que puedan finalmente tener puede explicar el retroceso del valor del bitcoin desde el máximo del 5 de diciembre, cuando superó significativamente los 100.000 dólares. En la actualidad está en torno a los 95.000, con los grandes inversores a la espera de noticias. En suma, se viene otro año de alto voltaje para los criptoactivos e inversiones de alto riesgo, pero, en todo caso, todo apunta a que, salvo algún cisne negro grave e inesperado –en la coyuntura financiera o el entorno tecnológico–, registrarán ganancias significativas nuevamente.


Este artículo se publicó originalmente en el diario Cinco Días

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Inmigración: los españoles valoran la diversidad, pero anticipan una asimilación a largo plazo

No extraña que la inmigración haya vuelto a ocupar un lugar relativamente preeminente en la discusión pública. En los últimos tres años, el número de nacidos en el extranjero residentes en España ha aumentado en casi dos millones (de 7,3 millones en octubre de 2021 a 9,2 en octubre de 2024) y su porcentaje sobre la población se ha incrementado en más de tres puntos (del 15,5% al 18,8%). En 2023 migraron a España 1,2 millones, cifra que ya desde 2021 se mantiene en niveles similares a los registrados justo antes de la crisis financiera. Estos nuevos residentes llegan a un país demográfica y socialmente distinto al de la primera década del siglo, pues ahora la sociedad ya cuenta con una amplia experiencia de convivencia con población inmigrante. ¿Qué opinan los españoles de hoy sobre la inmigración? ¿La experiencia de convivencia ha favorecido percepciones más positivas o, por el contrario, hay indicios de tensiones subyacentes? Para contestar a estas preguntas, la Encuesta Funcas sobre Percepciones de la Inmigración, realizada el pasado mes de diciembre a una muestra representativa de la población española de 18 a 75 años, ha recabado información sobre la percepción que los españoles tienen de la integración de los inmigrantes.

Una amplia mayoría de encuestados expresa una valoración positiva de la diversidad: casi cinco de cada seis (84%) están de acuerdo con la idea de que es bueno que una sociedad esté formada por gente de diferentes razas, religiones y culturas (gráfico 1). No obstante, esa evaluación positiva de la diversidad no implica que se acepte de forma ilimitada. De hecho, el porcentaje de encuestados que considera que España aún no ha alcanzado el límite de personas de otras razas, religiones o culturas que pueden ser admitidas, aunque mayoritario (63%), es inferior al de quienes juzgan positivamente la diversidad. Por otro lado, el amplio consenso respecto a la diversidad religiosa y cultural podría explicarse, en parte, por la expectativa de que, con el tiempo, la población de origen extranjero no será tan distinta de la española. De hecho, casi siete de cada diez encuestados (69%) están de acuerdo con que, en dos o tres generaciones, los miembros de los grupos minoritarios serán iguales que el resto de la sociedad. Curiosamente, este amplio convencimiento sobre una eventual asimilación a largo plazo no se traduce necesariamente en un juicio claro, ya sea favorable o contrario, sobre la obligación de las minorías de adaptarse a las costumbres españolas. Es este el punto en que la opinión pública se muestra más dividida: el 55% cree que las minorías deben adaptar sus costumbres para ser plenamente aceptadas, mientras que el 45% opina lo contrario.


La pertenencia de los encuestados a unas u otras categorías sociodemográficas se asocia de manera diversa, y con fuerza distinta, con las percepciones sobre la integración de los inmigrantes. En general, las diferencias basadas en el sexo o la edad son relativamente pequeñas, mientras que la autoubicación ideológica parece desempeñar un papel más relevante (gráficos 2 a 5). Por ejemplo, mientras que el apoyo a la diversidad es mayoritario en todos los grupos de edad, sexo y nivel educativo (aunque ligeramente más elevado entre las mujeres y los encuestados con mayor nivel educativo), la ubicación en  distintos puntos del espectro ideológico se asocia con opiniones que pueden ser sustancialmente diferentes: del 95% de acuerdo con la diversidad entre los que se sitúan más a la izquierda (posiciones 1-2) hasta el 51% entre los que están más a la derecha (posiciones 9-10) (gráfico 2). 


Por otro lado, la percepción de haber alcanzado el límite en la capacidad de absorción de gente de diferentes etnias o culturas es algo más común entre quienes disponen de menos ingresos: mientras que el 45% de la categoría con ingresos que llegan hasta 1.500 euros mensuales así lo declara, el porcentaje se queda en el 30% de quienes ganan más de 4.000. También en este aspecto sobre los límites a la diversidad sobresalen las diferencias ideológicas. Entre quienes se posicionan más a la izquierda, uno de cada diez cree que ya se ha alcanzado el límite, pero a la derecha lo creen ocho de cada diez (gráfico 3). Llaman aquí también la atención las diferencias territoriales. En Cataluña el 45% cree que se ha llegado al límite, una cifra significativamente superior al 33% de Madrid. 


La expectativa de que en dos o tres generaciones los inmigrantes se asemejarán a la población nativa también varía según la autoubicación ideológica, aumentando el optimismo acerca de la “igualación” cuanto más a la izquierda se sitúa el entrevistado, aunque, en esta ocasión, las diferencias no son tan acusadas (gráfico 4). Son mucho más evidentes las variaciones en función de la ideología respecto a la consideración de que los miembros de las minorías deben adoptar las costumbres españolas, desde el 25% en las posiciones más a la izquierda (1-2) hasta el 87% en las posiciones más a la derecha (9-10) (gráfico 5). Aquí sí parece desempeñar un papel importante la edad: el 38% de los jóvenes (18-24 años) cree que tienen que adaptarse, cifra muy inferior al 64% de los mayores (65 años o más). 


Por último, la encuesta también ofrece información sobre la valoración general que hacen los entrevistados de la integración de los inmigrantes en su entorno más próximo. Aunque, a la vista de los datos, puede afirmarse que las actitudes generales hacia la inmigración son mayoritariamente positivas, el juicio sobre cómo está funcionando la integración en la práctica resulta menos favorable y refleja ciertas tensiones. Así, aunque son mayoría (56%) quienes creen muy o bastante adecuado el nivel de integración de la mayoría de la población de origen extranjero en donde viven, no son pocos (un 43%) los que lo ven como poco o nada adecuado (gráfico 6). Nuevamente, las opiniones sobre el nivel de integración varían significativamente según la orientación ideológica: en los segmentos de la izquierda predomina la opinión de que el nivel de integración es adecuado, pero en los de la derecha prevalece la contraria (gráfico 6). 


Parte de la información disponible en la Encuesta Funcas sobre Percepciones de la Inmigración es comparable con la recogida por el Eurobarómetro 59.2, de mayo de 2003, lo que permite mostrar la evolución de las percepciones de la diversidad y la integración de la inmigración a lo largo de dos décadas. La comparación sugiere que la valoración positiva hacia la diversidad se ha mantenido, pasando del 81% en 2003 al 84% en diciembre de 2024. Pero también refleja algún cambio. Por ejemplo, llama la atención que parece haber disminuido la proporción de quienes creen que España ha alcanzado su límite en la capacidad de acogida de personas de otras razas, religiones o culturas (del 52% en 2003 al 37% en 2024), lo que es bastante coherente con que se mantenga la confianza en que las minorías acaben asemejándose mucho a los españoles a largo plazo (63% en 2024, 61% en 2003).

En definitiva, algunas actitudes básicas de los españoles referidas a la integración de población foránea de distinta etnia, cultura o religión apenas han cambiado en los últimos veinte años, a pesar de que la presencia de esa población ha aumentado considerablemente. Que predominen las actitudes de apertura es compatible con que proporciones nada desdeñables vean problemas de integración a escala local y esperen un esfuerzo de adaptación de la población foránea. También es compatible con notables diferencias de opinión según las afinidades políticas de los encuestados, lo que llama la atención sobre una de las dificultades principales que tiene la discusión pública sobre estas materias. Es necesario señalar que, aunque la mayoría valora positivamente la diversidad, existe una expectativa de que esta se reduzca en el futuro a través de a una suerte de convergencia social de las minorías. Esta aparente paradoja subraya aún más la necesidad de mantener la inmigración y su integración como un tema central en el debate público. Dada la evidente rapidez de recuperación de los flujos migratorios hacia España en cuanto la economía supera mínimamente sus dificultades, las políticas de inmigración y su integración deberían ocupar un lugar central en el debate público. Para superar los obstáculos para que así sea y garantizar que esta discusión sea constructiva, es imprescindible un diálogo basado en datos y orientado a la construcción de consensos que permita afrontar los desafíos de manera realista y efectiva.


Ficha técnica de la III Encuesta Funcas sobre Percepciones de la Inmigración (2024)

UNIVERSO: residentes en territorio nacional peninsular e insular con nacionalidad española (18-75 años) • TAMAÑO MUESTRAL: 1.500 entrevistas. • TÉCNICA DE ENTREVISTA: entrevista online a través de Emop (panel online de Imop). • SELECCIÓN DE LA MUESTRA: selección aleatoria entre los panelistas de Emop que cumplan las características definidas para la investigación. • TRABAJO DE CAMPO: del 29 de noviembre al 13 de diciembre de 2024. • MARGEN DE ERROR DE MUESTREO: ±2,6 para p=q=50 % y un nivel de significación del 95 % para el conjunto de la muestra. • MÉTODO DE PONDERACIÓN: los datos se ponderaron por las variables “sexo x edad” (2 x 6 grupos), comunidad autónoma (7 grupos), nivel de estudios (5 grupos) y número de habitantes de la localidad de residencia (4 grupos) • INSTITUTO RESPONSABLE DEL TRABAJO DE CAMPO: IMOP Insights, S.A.

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5 herramientas basadas en IA que están ayudando a los contables

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La inteligencia artificial (IA) está transformando el mundo de la contabilidad, ayudando a los contables a agilizar procesos y centrarse en tareas más estratégicas. Este artículo explora cinco herramientas basadas en IA que puedes integrar en tu práctica para maximizar el tiempo, la eficiencia y el servicio al cliente.

  • Acelera tareas repetitivas como la clasificación de transacciones o la creación de informes financieros.
  • Mejora la precisión y el análisis estratégico con tecnología que detecta errores y patrones de manera autónoma.

La inteligencia artificial (IA) está redefiniendo los límites de la capacidad humana tal como la conocemos.

En sus inicios, las herramientas de IA eran modelos de software básicos diseñados para tareas específicas, como el reconocimiento de imágenes, la identificación de objetos, la clasificación o la detección automatizada de características geofísicas. Estas tareas, que antes requerían la intervención humana, demandaban mucho tiempo y tenían un mayor margen de error.

Hoy en día, la IA se ha integrado a una velocidad vertiginosa en los programas informáticos que utilizamos a diario, desde teléfonos móviles hasta ordenadores. Su propósito se ha ampliado, abordando con eficacia las tareas más tediosas del trabajo cotidiano:

  • Optimizar procesos
  • Ahorrar tiempo
  • Reducir la administración manual
  • Cruzar datos y detectar errores con una precisión que supera las capacidades humanas

En todos los sectores, la IA está automatizando actividades rutinarias y repetitivas que antes consumían recursos valiosos. Para los contables, esto se traduce en beneficios tangibles: acelerar el cierre del mes, detectar errores en los datos de los clientes y mejorar significativamente su capacidad para brindar un servicio de alto nivel.

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¿Podrá la IA sustituir a los contables?

Ahora bien, ¿podría la IA reemplazar a los contables? La respuesta es clara: no.

La IA requiere la supervisión de un socio humano que valide, eduque y contextualice sus acciones. Como cualquier otra herramienta, su verdadero poder reside en complementar las decisiones humanas, proporcionando perspectivas rápidas, informes inteligentes y análisis exhaustivos de grandes volúmenes de datos.

Además, la IA no puede replicar el componente humano de la relación contable-cliente, un aspecto insustituible y esencial en esta profesión.

Con esto en mente, en este artículo exploraremos cinco herramientas y soluciones basadas en IA que te ayudarán a mejorar tu nivel de servicio, ahorrar tiempo valioso y convertir el toque humano en una ventaja competitiva única para tu negocio.

1. Soluciones de predicción y previsión

Estas soluciones permiten a los contables proporcionar informes más detallados y precisos, optimizando el tiempo dedicado a las tareas manuales.

¿Cómo funcionan estas herramientas?

Prever las finanzas de un negocio es uno de los servicios más valiosos que puedes ofrecer a tus clientes. Con la integración de IA en tu software financiero, puedes generar informes precisos y actualizados sin el trabajo manual tedioso que implica buscar, clasificar y analizar datos. Esto te permite dedicar más tiempo a contextualizar la información y asesorar de manera estratégica.

El aprendizaje automático (ML), una piedra angular de la IA, potencia esta transformación. Este sistema aprende de los datos, identifica patrones y puede realizar sugerencias autónomas basadas en ellos. Aunque requiere acceso a grandes volúmenes de datos para maximizar su utilidad, tecnologías como la computación en la nube están haciendo esto posible al centralizar y conectar la información de forma eficiente.

Con estas herramientas, no solo agilizas procesos, sino que también fortaleces tus relaciones con los clientes al ofrecerles un servicio más ágil y personalizado.

2. Asistentes inteligentes para la gestión contable

Los asistentes inteligentes son más que un lujo: son un cambio de juego en la atención al cliente y la productividad. Desde responder preguntas frecuentes hasta automatizar tareas repetitivas, estas herramientas están diseñadas para facilitar tu día a día.

¿Qué tipos de asistentes existen?

Los bots con guión y los de lenguaje natural son los dos principales tipos de asistentes. Los primeros siguen respuestas preprogramadas, mientras que los segundos ofrecen interacciones más personalizadas, aprendiendo y mejorando con el uso continuo.

Gracias a estas soluciones, puedes gestionar consultas básicas de clientes sin estar atado al teléfono o al correo electrónico. Esto no solo te libera tiempo, sino que también mejora la experiencia del cliente, proporcionando respuestas rápidas y precisas.

3. Etiquetado automático de transacciones

La IA está revolucionando la contabilidad al automatizar procesos que antes eran manuales, como la clasificación de transacciones. Gracias al aprendizaje automático, tu software puede aprender patrones de etiquetado previos y utilizarlos para clasificar y asignar datos de manera más rápida y precisa, ahorrándote tiempo y esfuerzo.

Esta tecnología, capaz de manejar tanto reglas simples como complejas, reduce significativamente la carga de trabajo diaria. Además, con la creciente adopción de IA en el software contable, estas mejoras seguirán expandiéndose, optimizando aún más los procesos operativos.

4. Detecta anomalías en tiempo récord

La detección de anomalías es esencial para evitar riesgos y fraudes. Las herramientas de IA analizan grandes volúmenes de datos para identificar irregularidades que podrían pasar desapercibidas en una auditoría manual.

Esta tecnología no solo mejora la precisión, sino que también permite realizar auditorías más completas en menos tiempo. Además, al destacar pagos inusuales, se facilita el cumplimiento normativo y se minimizan los riesgos financieros.

5. Reconocimiento óptico de caracteres (OCR) mejorado con IA

El reconocimiento óptico de caracteres (OCR) no es nuevo, pero la IA ha mejorado significativamente su precisión, permitiendo nuevos usos. Antes, era necesario que un humano señalara dónde se encontraban los datos relevantes en un documento, lo que limitaba su flexibilidad. Ahora, con IA, el OCR puede interpretar contextos y clasificar información clave, como fechas o importes, incluso en documentos desconocidos o de baja calidad.

Esta tecnología permite extraer automáticamente datos importantes de recibos y facturas, reduciendo la intervención manual y el tiempo necesario para clasificar información. Además, con herramientas que integran la nube, los datos se almacenan digitalmente y son accesibles desde cualquier lugar, eliminando la dependencia del papel y optimizando la gestión documental.

¿Qué depara el futuro para la IA y los contables?

La integración de la IA en el software contable apenas comienza, y muchas herramientas avanzadas ya están presentes, simplificando tareas como la conciliación bancaria sin que siquiera lo notes. Esta evolución no sucede de la noche a la mañana, sino en pequeños pasos que hacen tu trabajo más eficiente.

Sin embargo, para aprovechar al máximo estas tecnologías, es esencial adoptar la computación en la nube. Este enfoque permite centralizar datos y facilitar el aprendizaje automático, clave para que la IA funcione eficazmente. Si los datos están dispersos en hojas de cálculo o en papel, el potencial de la IA se ve limitado.

No necesitas ser un experto en IA o en la nube; basta con adoptar buenas prácticas tecnológicas y asesorar a tus clientes para que migren al entorno digital. Así, disfrutarás de los beneficios actuales y estarás preparado para los retos del futuro.

En resumen, la IA no reemplazará a los contables, pero definitivamente redefine sus funciones. Con herramientas que optimizan procesos y mejoran la precisión, puedes dedicar más tiempo a lo que realmente importa: asesorar a tus clientes y fortalecer sus negocios. Adoptar estas tecnologías te posicionará como un líder en la industria, listo para enfrentar los retos del futuro con confianza.

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El ángulo positivo. En recuerdo y agradecimiento a Julio Carabaña

Amargo golpe, la noticia del fallecimiento de Julio Carabaña nos llegó el 5 de noviembre de 2024. Una larga y penosa enfermedad, de la que prefirió no informar a colegas e, incluso, a amigos, acababa con su vida a los 76 años. En esa impenitente búsqueda de sentido de lo que ocurre en nuestro entorno que practicamos muchos de quienes compartimos profesión con Julio, el momento de su muerte se podía interpretar como el último memento que nos legaba: “no es para tanto”. Y es que esta acontecía apenas una semana después de la devastadora riada en Valencia, cuando todos andábamos sobrecogidos por el alcance de la tragedia, cuyo coste en vidas humanas ya se cifraba entonces en más de 200. 

Valencia es una tierra que Julio conocía bien porque en su universidad había estudiado Filosofía y Letras en los años sesenta. Después de ampliar estudios en Alemania, a mediados de los años setenta regresó sociólogo a su país. El título de su tesis doctoral, Educación, ocupación e ingresos en la España del siglo XX, defendida en 1983 en la Universidad Autónoma de Madrid, mostraba ya claramente su interés por los fenómenos sociales relacionados con la economía, y recogía conceptos clave de su reflexión y labor sociológicas. No abandonó ni una ni otra hasta los últimos días de su vida, aunque en 2010 se había jubilado como catedrático de Sociología, veinte años después de su nombramiento en la Universidad Complutense de Madrid.

En Funcas pudimos beneficiarnos de algunas de las últimas aportaciones de Julio. En septiembre de 2023 publicamos el libro Tres aproximaciones a la desigualdad social en España: rentas disponibles, rentas ampliadas y ocupaciones, al que Julio aportó el capítulo “Más estudios, menores ingresos, mejores profesiones: el ascensor social se ha seguido acelerando en España entre 2005 y 2019”. En él ponía en cuestión varios lugares comunes, entre ellos, el aumento de la desigualdad y la disminución de la movilidad social. Su investigación sobre la movilidad profesional demostraba, más bien, lo contrario. Que las claras mejoras profesionales de los jóvenes respecto a la generación de sus progenitores no se hubieran reflejado en un aumento de ingresos laborales no debía conducir a la conclusión de que no había mejorado su vida; más en concreto, las actividades que, empleo mediante, absorben una parte importante del tiempo vital. 

“No es para tanto”, venía a decir Julio en ese texto; un mensaje que también prevalecía en su perspectiva sobre otros temas a los que dedicó su obra. Y no porque le parecieran problemas sociales menores o fáciles de resolver, sino porque estaba convencido de que exagerar su dimensión —a menudo sobre bases epistemológicas y metodológicas cuestionables— no conducía a contribuciones positivas al debate y al diseño de políticas públicas para afrontarlos razonablemente. 

Poniendo a prueba empírica supuestas verdades establecidas, Julio buscaba el ángulo positivo, en la doble acepción de este adjetivo: cierto y beneficioso. Así, por ejemplo, al discurso sobre la creciente desigualdad social contraponía las evidencias de la movilidad profesional ascendente o de la decreciente pobreza absoluta; al discurso sobre el fracaso escolar, las evidencias de  rendimientos educativos medios (medidos, por ejemplo, en las pruebas PISA) que no distinguían tanto a España respecto de otros países, incluso de aquellos con un nivel de gasto público en educación bastante más elevado; y al discurso sobre la persistencia del desempleo en España y sus consecuencias sobre la pobreza se enfrentaba advirtiendo de la conveniencia de centrar el foco en la productividad, una variable que también en el debate sobre la crisis de las pensiones consideraba crucial (otorgándole más importancia que a las ratios demográficas). 

Revisar los diagnósticos sociológicos ampliamente aceptados y trasladados a los medios de comunicación era probablemente uno de los principales acicates intelectuales de Julio, sobre todo, cuando tales diagnósticos hegemónicos cuestionaban los avances sociales o la mejora de las condiciones de vida de la sociedad. Probablemente su confianza en el progreso social se asentaba en su propia biografía, la brillante trayectoria académica y profesional de un chico nacido en el seno de una familia humilde en un pueblo de Cuenca (Fuente de Pedro Naharro). Reconocía abiertamente que eran muchas las personas que, desde niño, le habían ayudado en esa travesía, de la que —haciendo explícitas las deudas de gratitud contraídas con ellas— nunca le escuché preciarse: “no es para tanto”, podría haber espetado. 

Un manchego que no se daba el pisto… Seguramente esta boutade le habría arrancado una sonrisa, y esa —junto con la relación de sus colaboraciones, cada una de ellas acompañada de unas frases de su propia pluma— es nuestra mejor forma de rendirle homenaje y recordarlo en Funcas. 

“Así pues, ha resultado que, contra lo que solíamos creer, no es un ‘fracaso escolar’ alto lo que distingue a España de los países más ricos y avanzados. Nuestro principal problema sería, en todo caso, tener una proporción muy baja de alumnos de nivel alto”

Carabaña, J. (2004). Ni tan grande, ni tan grave, ni tan fácil de arreglar. Datos y razones sobre el fracaso escolar, Cuadernos de Información Económica, 180: 131-139.

“…nuestra ordenación universitaria actual está ya tan adaptada al Espacio Europeo de Educación Superior como cualquier otro país (…). Podríamos incluso describir los acuerdos de Bolonia diciendo que consisten en que todos los países europeos adopten el modelo español de ordenación universitaria. Quizás sea esto un poco exagerado, pero no es mala manera de decir que podíamos habernos quedado quietos.”

Carabaña, J. (2006). Bolonia, ¿otro espejismo europeo?, Cuadernos de Información Económica, 190: 163-172.

“… en los últimos 20 años no solo ha disminuido la polarización social en torno a las escuelas públicas y privadas, sino que ello se ha debido a las preferencias de las clases medias por la escuela pública. Es una conclusión que puede resultar sorprendente. Pero no debería serlo para la parte de estas clases que, con su militancia a favor de la escuela pública, puede haber contribuido a este cambio de inclinaciones”

Carabaña, J. (2006). El progreso interclasista de la escuela pública (1985-2004) Argumentos para un debate razonado sobre la distribución del alumnado en el sistema educativo español, Panorama Social, 3: 7-26.

“Las evaluaciones empíricas de la reforma comprensiva de las enseñanzas medias españolas (…) llevan inevitablemente a la conclusión de que la reforma comprensiva en España no ha conseguido su objetivo inicial de disminuir el clasismo del sistema de enseñanza mediante la prolongación de la escuela única durante dos años más. El fracaso es quizá tanto más lamentable cuanto que era un fracaso anunciado no solamente por los sectores damnificados y por la oposición política, sino del puro razonamiento lógico y buena parte de razonamientos sociológicos, y constatado desde pronto por evaluaciones muy fiables.”

Carabaña, J. (2009). Los debates sobre la reforma de las enseñanzas medias y los efectos de ésta en el aprendizaje, Papeles de Economía Española, 119: 19-35. 

“Un remedio se deriva inmediatamente de lo anterior contra las falsas informaciones y las injusticias que la noción de fracaso escolar introduce en el sistema de enseñanza. Se trata de diversificar el sistema, sin necesidad de reordenarlo ni cambiar su estructura, creando escuelas, itinerarios o modalidades de enseñanza que puedan acoger a los actuales ‘fracasados’ escolares hasta obtener un título de Secundaria Superior.”

Carabaña, J. (2010). Fracaso escolar y abandono temprano, o por qué suspendemos tanto, Cuadernos de Información Económica, 213: 107-120.

“… quizás deberíamos reflexionar sobre las razones que llevan a gente sin duda tan bien intencionada como los autores del PNUD a preferir el trabajo a la productividad con el fin de asegurar la redistribución y la igualdad. ¿Son realmente incapaces los actuales Estados de separar producción y distribución, gobernando la primera según el principio de la eficiencia, y la segunda según el principio de la equidad?”

Carabaña, J. y Salido, O. (2011). Sobre la difusa relación entre desempleo y pobreza en España en el cambio de siglo, Panorama Social, 12: 15-28.

“En definitiva, tanto a la vista de lo que ocurre en otros países como de lo que ha ocurrido en España, es harto dudoso que el aumento de las titulaciones de Secundaria Superior hasta el 90 por 100 de la población vayan, no ya a ser cruciales para lograr una economía inteligente, sostenible e integradora, sino a bastar para aumentar un poco la productividad de los españoles. ¡Ojalá nuestra productividad dependiera un poco más de nuestro nivel de estudios!”

Carabaña, J. (2011). La clave de la economía no está en la enseñanza, Panorama Social, 13: 55-69.

“No es lo mismo, en fin, estar por debajo de un umbral de ingresos definido respecto a los demás que estar mal alimentado. Para detectar consecuencias graves de la pobreza sobre el desarrollo infantil debemos acercarnos a la pobreza absoluta”.

Carabaña, J. y Salido, O. (2014). Ciclo económico y pobreza infantil: la perspectiva de la pobreza anclada, Panorama Social, 20: 37-51. 

“’La juventud más preparada de nuestra historia vivirá peor que sus padres’: esta frase se incluyó en el manifiesto de Juventud Sin Futuro convocando sendas manifestaciones en Madrid y Barcelona el 7 de abril de 2011. (…). ¿De verdad será así? O, más bien: ¿de verdad está siendo así? Más exactamente: ¿ha sido así en el pasado reciente? (…). Las noticias sobre averías en el ascensor social, ya exageradas para el período 1991-2005, siguen siéndolo para el período 2005-2019.”

Carabaña, J. (2023). Más estudios, menores ingresos, mejores profesiones: el ascensor social se ha seguido acelerando en España entre 2005 y 2019. En: Bandrés, E., Rodríguez, J.C. y Carabaña. J.: Tres aproximaciones a la desigualdad social en España: rentas disponibles, rentas ampliadas y ocupaciones (pp. 125-169). Madrid: Funcas.

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Los bancos centrales, la clave de 2024 y muy probablemente también de 2025

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Los bancos centrales han tenido un gran protagonismo en los tres últimos años con el ciclo inflacionario y posteriormente de desinflación, que se ha intensificado en el año que termina. Y no solamente en política monetaria. También han acogido numerosas funciones en la última década, algunas incluso que nadie hubiera pensado.

Las voluminosas compras de deuda pública –y, por tanto, actuar como soporte de las finanzas públicas de los países– son un efecto colateral –y, aparentemente, más allá de su mandato oficial– de la política monetaria desde la crisis financiera y se alargaron hasta después de la pandemia. Solamente con el proceso inflacionario que se inició a finales de 2021, los bancos centrales dejaron de comprar deuda pública y privada como si no hubiera un mañana.

No obstante, son otras funciones las que han llamado más la atención. Por ejemplo, las responsabilidades en materia medioambiental y en vigilancia de los flujos crediticios hacia empresas con actividades verdes (sostenibles) y marrones (más contaminantes). Que el sector financiero sea el eje fundamental para acometer políticas de créditos verdes, con todos los costes que suponen para esas entidades, y que el banco central tenga que regular y supervisar el desempeño en esa materia e incluso esté impulsando tests de estrés climáticos, aún sigue sorprendiendo y hubiera sido impensable dos décadas atrás.

El gran tamaño de los bancos centrales –con un gran número de funcionarios– y su credibilidad y buena reputación explican, en buena parte, que se dieran esas competencias climáticas a las autoridades supervisoras. No está claro que sea el mejor modelo para que se logren los objetivos verdes de los países, pero es el adoptado y es buen ejemplo de las nuevas funciones del Leviatán de los bancos centrales.

Tras la crisis financiera global y el menor papel de las políticas fiscales y otras acciones reformistas, los bancos centrales ganaron peso en la intervención de las economías y en salvar monedas, proyectos de unión monetaria y países. El caso del BCE ha sido claro. Ha salvado el euro, aliviado los problemas financieros de un número significativo de países y evitado nuevas crisis bancarias por sus apoyos de liquidez y compra de bonos.

Ese papel de salvador lo convirtió en el receptor de nuevos encargos de los Gobiernos, ante la inacción de estos para poder llevar a cabo algunos de sus objetivos de políticas económicas. Ya hemos mencionado el quizás excesivo papel de los bancos centrales en las políticas de sostenibilidad. Sin embargo, no ha sido el único ejemplo. Otro es el rol de las decisiones de política monetaria para reactivar la economía –como ahora en la zona euro– o para reducir la inflación (hasta hace unos meses).

Con las limitaciones que las acciones de política fiscal tienen para impulsar suficientemente, por ejemplo, la economía europea o las que tuvieron para enfriarla cuando se padecía de inflación, la política monetaria ha sido la única con una función determinante. La política fiscal siguió siendo expansiva en la Unión Europea, a pesar de la inflación, en 2022-2024, y ahora está por ver si en Estados Unidos, realmente la política fiscal pasa a ser restrictiva en 2025 con la llegada de la nueva Administración Trump o si todo (o casi) se fiará a que la Reserva Federal decida pausar la bajada de tipos para seguir luchando contra la inflación.

Es verdad que, en esta ocasión, las subidas de los tipos de los bancos centrales han bajado la inflación sin causar recesión severa, pero también es cierto que sería bueno no depender solamente de la caja de herramientas monetarias y que la fiscalidad y las reformas vuelvan a jugar su papel.

Si en 2024 la política monetaria ha desempeñado un papel determinante para la reducción de la inflación, casi a niveles de la referencia objetivo (que es el 2%), en 2025 también será muy importante, pero por otras razones. Los caminos del Banco Central Europeo y la Reserva Federal se bifurcarán y habrá más bajadas en la zona euro que en Estados Unidos.

Las palabras de Powell hace unos días tras la última reunión de la Fed, anticipando un cierto frenazo en los recortes, ya se han notado en el coste de la deuda pública en todo el mundo, que se ha encarecido. Hay que seguir la evolución de este asunto. Aunque al raquítico crecimiento de la eurozona –con excepciones como España y otros países del sur de Europa– le vendrán bien los descensos de los tipos previstos en 2025, que agradecerán familias y empresas, el que la Fed no vaya a bajarlos tanto puede suponer indirectamente una limitación a los efectos positivos que se sentirán en la economía del norte y centro del Viejo Continente.

A eso se le puede añadir la incertidumbre sobre la posible subida de los aranceles y la importación de una inflación más elevada desde Estados Unidos, junto a probablemente un dólar más caro. Pueden ser nuevos obstáculos para el crecimiento europeo. Seguimos en este lado del Atlántico dependiendo del banco central –y sus políticas; fundamentalmente, la monetaria– y así parece que continuará en 2025. Sin embargo, serán efectos positivos paliativos. Los de calado, de largo plazo, requieren de mayor credibilidad fiscal y reformas estructurales –al estilo de los informes de Enrico Letta y Mario Draghi–, que exigen una gran ambición política, que por ahora no se ve en la Unión Europea y que empezarían a sacarnos en serio del embrollo y falta de dinamismo en el que se encuentra su economía.

Este artículo se publicó originalmente en el diario Cinco Días

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IA: Cómo mantener tu tesorería bajo control

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La gestión de la tesorería es uno de los mayores retos para cualquier empresa. La buena noticia es que herramientas como la inteligencia artificial (IA) y la automatización pueden marcar una gran diferencia en la optimización de los procesos financieros. En este artículo, te contamos cómo estas tecnologías pueden ayudarte a mantener un flujo de caja saludable y potenciar tu negocio.

  • La inteligencia artificial permite automatizar tareas rutinarias, como la emisión de facturas y el seguimiento de pagos pendientes, lo que no solo ahorra tiempo sino que también reduce errores y mejora el control del flujo de caja.
  • Herramientas como los chatbots impulsados por IA permiten brindar atención al cliente 24/7, respondiendo consultas simples de forma inmediata.

El efectivo es el rey en los negocios (o eso dicen). Por eso, cuanta más liquidez tenga una empresa, mayores serán sus posibilidades de sobrevivir.

Para crecer, el efectivo debe fluir libremente dentro de la empresa, lo que significa que los empleados tienen que cobrar a tiempo y los clientes pagar a tiempo. Y, en este punto, la inteligencia artificial y la automatización son las últimas grandes novedades ya que ayudan en todo (desde contratar al candidato adecuado hasta realizar tareas administrativas o contables).

¿Te gustaría descubrir cómo estas tecnologías pueden impulsar tu negocio? A continuación, los responsables financieros de diferentes empresas comparten sus opiniones sobre las últimas innovaciones en inteligencia artificial.

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CONTENIDO DEL POST

Datos al instante, relaciones duraderas

Las pequeñas y medianas empresas (PYMES) pueden beneficiarse enormemente de la inteligencia artificial (IA) y la automatización del flujo de caja. Estas son algunas de las ventajas más importantes:

  1. La IA permite obtener datos rápidamente y a bajo coste, lo que ayuda a las empresas a tomar decisiones más documentadas.
  2. En el sector minorista, se pueden usar algoritmos para predecir las próximas compras de los clientes, optimizando así las ventas y el inventario.
  3. La IA permite una mayor personalización en la atención al cliente, mejorando las relaciones sin necesidad de contar con un equipo grande.

«Las tecnologías avanzadas permiten a cualquier PYME mejorar la eficiencia de su departamento financiero. La transición de procesos manuales en papel a procesos digitales automatizados es posible gracias a la IA».

Dean McGlone, Director de Ingresos de Talos360

Automatización para nuestra contabilidad

Alex Boothman es fundador y CEO de MyLegalAdviser, un mercado legal online que ayuda a consumidores y empresas a encontrar un abogado.

Alex utiliza software de contabilidad en la nube para ayudar con el flujo de caja de su empresa.

«Utilizamos la automatización para hacer casi toda nuestra contabilidad. Nuestra plataforma está conectada directamente a un software de contabilidad en la nube, así que en realidad tenemos que hacer muy poca contabilidad [como emitir facturas, notas de crédito y liquidar pagos]».

«Muchas empresas probablemente no se dan cuenta de que podrían agilizar esta parte de su proceso contable utilizando un buen programa de contabilidad y conectándolo a sus otras aplicaciones».

Para Alex: «A menudo basta con un par de empujoncitos suaves para que se pague una factura pendiente, pero si no es así, es importante estar al tanto de las facturas vencidas para poder hablar por teléfono con el cliente».

En definitiva, integrar la IA y la automatización del flujo de caja en tu pequeña empresa parece una situación beneficiosa para todos.

El auge de los chatbots

Algunas pymes han integrado chatbots para ayudar con la atención al cliente al tener lo que parece ser «alguien» respondiendo a sus consultas en un entorno «en vivo» las 24 horas del día.

En la India es una práctica muy popular. Y es que, según un estudio realizado por Forrester Consulting, a los consumidores de este país les encanta la rapidez y comodidad de los chatbots (más del 93 % de los consumidores interactúan con ellos entre una vez al día y una vez al mes).

Sin embargo, hay un inconveniente. Algunos consumidores creen que los chatbots no ofrecen un servicio muy personalizado y no están bien adaptados para responder a solicitudes complejas.

Entonces, ¿el gran dilema para las pymes en los próximos cinco a diez años va a ser «morir o morir» en lo que respecta a la innovación de la IA en el flujo de caja?

Chirag Shah, director ejecutivo de Nucleus Commercial Finance, un prestamista alternativo para pymes, afirma: «En lo que respecta a la inteligencia artificial, tiene un papel que desempeñar en las empresas, pero aún está en fase de desarrollo.

«Donde la tecnología de IA puede destacar es en la extracción de datos o el análisis de tendencias a partir de datos históricos, y esto puede utilizarse para tomar decisiones calculadas, por ejemplo, en relación con el riesgo.

«Sin embargo, existen limitaciones, ya que la mayor parte de la IA necesita ser entrenada para actuar dentro de ciertos parámetros. A la hora de tomar ciertas decisiones financieras, las empresas harían bien en combinar las ventajas de la IA con la flexibilidad de la aportación humana».

¿Cómo puede ayudar la IA a su empresa?

La inteligencia artificial (IA) está transformando la manera en que las empresas gestionan sus operaciones diarias. Desde la contabilidad hasta la atención al cliente, la IA ofrece soluciones innovadoras que mejoran la eficiencia y la productividad.

A continuación, exploraremos cómo la IA puede beneficiar a tu empresa en diversas áreas clave.

Automatización con IA del flujo de caja
  • En la gestión del flujo de caja, la IA puede ayudar con una serie de tareas básicas de contabilidad, como la preparación de facturas para los clientes y su recepción.
  • También puede ayudar con diversas tareas administrativas y de marketing básicas, como la actualización de registros de clientes o el envío de promociones específicas a clientes actuales y potenciales.
Comunicación con los clientes
  • La incorporación de un chatbot con gran capacidad de respuesta puede mejorar o consolidar las relaciones con los clientes.
  • Un chatbot puede estar disponible las 24 horas del día para responder a consultas sencillas o proporcionar tranquilidad o información a los clientes.
Eficacia del corre electrónico
  • Al igual que un chatbot, una solución tecnológica puede escanear el contenido de tus correos electrónicos y sugerirte respuestas adecuadas, sin que tengas que pasarte horas pensando en una respuesta que te lleve mucho tiempo.

En resumen, integrar la inteligencia artificial en tu negocio puede ser el cambio que necesitas para optimizar la gestión de tu flujo de caja y mejorar las relaciones con tus clientes. Desde la automatización de tareas administrativas hasta la personalización de la experiencia del cliente, la IA abre un mundo de posibilidades.

Recuerda que adoptar estas tecnologías no solo mejora la eficiencia, sino que también te posiciona como un líder en un mercado cada vez más competitivo.

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La economía española entre sorpresas y tinieblas

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El trienio que se acaba deja buenas sensaciones para la economía española. Ni la guerra en Ucrania, la inflación o el ciclo de endurecimiento monetario iniciado en 2022 parecen haber hecho mella en el cuadro macroeconómico: desde ese año, el avance del PIB ha superado netamente las previsiones. Destaca la resistencia del consumo de las familias, con un ascenso estimado del 9,5% en total durante el periodo, pese a la pérdida de poder adquisitivo de muchos hogares. Asimismo, el comercio exterior parece inmune tanto al parón de los mercados centroeuropeos como a las tensiones geopolíticas que proliferan por doquier. Las exportaciones se han incrementado un 21,3% en los tres años, más del doble que las importaciones.

Algunos de los impulsores del crecimiento se mantienen: los costes de producción y los precios energéticos son competitivos, la inmigración suaviza los incipientes cuellos de botella y el sector privado está saneado. Todo ello alienta la previsión del Banco de España de una tasa de paro por debajo del 10% en 2027 y un crecimiento de la inversión—la variable más rezagada— del 7,4% hasta ese año. Ojalá, porque habrá que esforzarse más para cumplir las expectativas.

En primer lugar, porque nos enfrentamos a un desafío mayúsculo por uno de los flancos de vulnerabilidad: la deuda pública. Los ahorradores están siendo implacables con las economías como la francesa, que no consiguen cuadrar las cuentas al tiempo que se enfrentan a un panorama de crecimiento débil. También son escépticos acerca de las promesas de Trump de recortar los impuestos con el riesgo de generar más deuda. En este contexto de nerviosismo, el auge del consumo público español, cuyo crecimiento es uno de los más elevados de toda la Unión Europea, es insostenible: la deuda española desciende levemente, y solo lo hace por el efecto inercial del crecimiento de la economía. En todo caso sería contraproducente corregir el desvío comprimiendo la inversión pública en infraestructuras o en educación.


Aún más relevante para Europa es el vuelco discursivo operado por la Reserva Federal, ante la perspectiva de una inflación más persistente de lo anticipado. La economía americana, con señales de sobrecalentamiento que podrían agudizarse con la nueva administración, atrae la inversión tanto real como financiera. Todo ello genera presiones a la baja sobre el euro, encareciendo los costes importados y complicando la labor del BCE. El cambio de tercio se refleja ya en los costes financieros que soportan los tesoros públicos europeos. En el caso de España, el rendimiento del bono a diez años cotiza de nuevo por encima del 3% (la prima de riesgo, afortunadamente, no se ha movido).

A ello se añade la amenaza proteccionista, cada vez más palpable, y la retahíla de represalias y contrarrepresalias que entrañaría una guerra comercial. Ante estas presiones, la UE parece estar dispuesta a decidir compras conjuntas de gas y armamento de EE UU, cuando anteriormente resultó imposible consensuar un presupuesto común para relanzar la inversión y la actividad de las empresas europeas. Inimaginable hasta hace poco. Veremos si, al menos, el esfuerzo de defensa sirve de acicate a la inversión en tecnología europea.

La economía española dispone de impulso inercial, de modo que debería todavía crecer a buen ritmo en el próximo ejercicio, probablemente por encima del 2%. Pero el clima de incertidumbre es perjudicial para la inversión, base de la prosperidad futura. Y el papel tractor del sector exterior perderá fuelle, en consonancia con el contexto internacional, al tiempo que el turismo está tocando techo. Un desacoplamiento permanente con respecto al lúgubre panorama de las otras grandes economías europeas es en todo caso inverosímil. La trayectoria no puede ser corregida por las fuerzas del mercado: solo una política económica bien calibrada es susceptible de liderar la transición y generar la confianza que requiere el momento actual.

INDUSTRIA | La industria ha sido el sector más afectado por los shocks que se han sucedido desde el inicio de brote inflacionario y de la crisis energética. Sin embargo, el impacto ha sido desigual entre países. En el caso de España, el valor añadido manufacturero registra un crecimiento superior al 13% entre los tres primeros trimestres de este año y el mismo periodo de 2021. La media de la UE se sitúa en el 1,9%, con Alemania en valores nulos, Francia cerca del 1% e Italia en torno a la media europea. 

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Rankings económicos

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Ha suscitado mucha atención la clasificación que el semanario The Economist ha hecho de las principales economías occidentales. España ha quedado en cabeza, seguida de Grecia e Italia, que prosiguen con su recuperación, y luego Irlanda y Dinamarca. Se elabora esta clasificación a partir del PIB, la inflación, los rendimientos bursátiles, el desempleo y el déficit fiscal. Ha habido controversia política sobre los resultados del citado ranking, que, en todo caso, es una buena noticia para la economía española. Cuando te ponen una buena nota, y mucho más a escala internacional, se renueva el interés por tu país, con lo que puede crecer el flujo inversor exterior. Un aspecto muy positivo. 

Parece oportuno comprobar las fuentes de ese buen desempeño. Una primera razón es el saldo migratorio neto positivo desde el 2019, con la llegada de más de 1,2 millones de trabajadores extranjeros, la mayor parte de Latinoamérica. Con algún aspecto menos positivo, como es la baja cualificación de gran parte de esos inmigrantes, lo que conlleva unos salarios reducidos. La economía española es en la actualidad un 7% más grande que la del 2019, pero cuando se ajusta esa cifra por el crecimiento de la población, se queda en un 3%. La especialización productiva en servicios es otro elemento a favor. El turismo ha vuelto con una fuerza enorme, generando impactos claramente positivos, pero con efectos colaterales no deseados, como el crecimiento de precios de la vivienda, con repercusiones negativas para toda la economía. También efectos medioambientales que, a la luz de la terrible experiencia catástrofe en Valencia por la dana, deben ponderarse proactivamente. Y no solamente es el turismo lo que ha crecido entre los servicios. Los no turísticos han pasado de representar en términos del PIB un 5,5% antes de la covid a aproximadamente el 8% en el 2024. Otra buena noticia. Y aunque la actividad industrial está estancada en España, no ha empeorado como en países como Alemania. 

El semanario británico señala que las reformas del mercado de trabajo y del sistema financiero de hace una década han sido dos ejes importantes para la evolución favorable de la macroeconomía de nuestro país. Pero si no se continúa con una agenda reformista —laboral, pensiones— que aumente la productividad, la posición puede empeorar pronto. Si no se resuelven algunos cuellos de botella como la falta de vivienda asequible, probablemente se frenará la llegada de capital humano foráneo. Por otro lado, el español medio —sobre todo, la generación joven— no comparte la misma percepción optimista que ofrece la macroeconomía. Los comparativamente bajos salarios, la pérdida de poder adquisitivo con la inflación y las dificultades de acceso a la vivienda pesan. El aumento de la productividad es la clave que garantizaría seguir en la parte alta del ranking, y ahí es donde comienzan los interrogantes del futuro. 

Este artículo se publicó originalmente en el diario La Vanguardia.

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