Estas son las razones por las que siempre estaba en contra de los planes de pensiones y me acabo de abrir uno

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Que los planes de pensiones son un producto que nunca me han gustado mucho no es ningún secreto: el capítulo que le dediqué en el libro sobre inversión que escribí hace tres años no los pone muy bien. Sin embargo desde entonces las cosas han cambiado.

Antes tenía una serie de pegas sobre los planes de pensiones que, con el tiempo, se han ido disipando. Pero no solo porque haya cambiado mi situación personal o haya evolucionado mi forma de ver estos productos (que también), sino porque ha habido cambios legislativos y de productos en el mercado que los hacen ahora mucho más interesantes.

Las pegas: liquidez y productos disponibles

Las pegas que yo le ponía este producto eran principalmente dos. La primera es la baja liquidez de este producto: una vez metes dinero en él no puedes recuperarlo hasta la jubilación o excepto si hay un desempleo de larga duración (hay que haber agotado la prestación). Y esto puede ser un problema.

Si cambia la situación personal y se necesita el dinero para algo (por ejemplo, una vivienda más grande) no se puede rescatar. Sin embargo desde 2018 se le ha dotado de un extra de liquidez que antes no existía: ahora los planes de pensiones se pueden rescatar a los 10 años. Esto es un punto extra que antes no existía.

También es cierto que mi situación personal ha cambiado, no preveo cambios importantes en mi vida que vayan a necesitar del uso de todos mis ahorros y por tanto puedo dedicar una parte a la inversión en estos productos.

La otra pega de estos planes es que, normalmente, tienen una muy baja rentabilidad. Los bancos suelen ofrecer productos muy poco atractivos porque saben que el inversor los busca por sus ventajas fiscales, y por tanto suelen dar muy poca rentabilidad y tienen unas comisiones muy altas. Aquí también ha habido una rebaja de comisiones máximas permitidas, pero sobre todo han aparecido planes de pensiones indexados bastante interesantes, tanto en rentabilidad como en comisiones muy ajustadas. Como por ejemplo los de Indexa Capital.

Las ventajas: no solo fiscales

La principal ventaja de los planes de pensiones es que permiten deducir las cantidades aportadas del IRPF. Es decir, el dinero que se deposite en estos productos es como si no se hubiera cobrado a efectos de IRPF. Esto es una ventaja para salarios medios y altos, pues los tipos rápidamente suben (a partir de los 20.200 euros el tipo marginal es el 30%).

Por tanto solo por meter dinero en un plan de pensiones al año siguiente, en la declaración de la renta, el Estado devuelve una parte importante de la inversión. Se suele decir que esto es simplemente diferir el pago de impuestos, pues al rescatar estos planes los importes van directamente al IRPF, pero si se hace un estudio detallado y el dinero devuelto por Hacienda se invierte también en un producto similar, se puede ver que la ventaja fiscal se traduce en tener más dinero disponible para invertir.

Es decir, no estamos solo ante un «deferir impuestos» del que tanto se habla (y tiene sentido, pues normalmente al jubilarse los tipos del IRPF suelen ser más bajos que cuando se trabaja) sino que al haber más dinero disponible para invertir debido al no pago de impuestos a largo plazo se pueden traducir en pingües beneficios.

El problema actual: la desgravación se ha hundido

Sin embargo mi momento para decidirme a invertir en planes de pensiones, que es cuando mi situación personal era la correcta, cuando el producto tenía algo más de liquidez, cuando por fin hay planes de pensiones interesantes en el mercado y cuando he entendido todas las ventajas que ofrece su fiscalidad, quizá sea el peor momento para hacerlo.

Y es que el Gobierno en 2021 decidió bajar la máxima desgravación fiscal de 8.000 a 2.000 euros al año y ahora parece que para 2022 va a bajar de nuevo hasta los 1.500 euros. Este «diferir de impuestos» se ha convertido en un agujero fiscal para el Estado y está cerrándolo. Lo cual es un problema porque desincentiva el ahorro a largo plazo pero que también limita los beneficios que tienen los que cuentan con rentas más altas y que realmente no tienen problemas para ahorrar.