El experimento en los JJOO de invierno demuestra que las criptomonedas no están listas para el mundo físico (y puede que nunca lo estén)

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Aunque muchas personas no se hayan enterado, en estos días se están celebrando los Juegos Olímpicos de invierno en Pekín, un acontecimiento que debería ser histórico para la capital china y que está pasando sin pena ni gloria por la pandemia y la radical política de Covid cero que siguen desde hace dos años las autoridades chinas.

Por ello, algo que se esperaba que fuera el pistoletazo de salida para un cambio mundial en la forma de pago está también pasando desapercibido.

Se trata del experimento que China ha puesto en marcha con motivo de los Juegos permitiendo pagar en los comercios pekineses con su propia criptomoneda. Es decir, que por primera vez en la historia económica un país permite a los ciudadanos pagar con su propia divisa digital, la llamada e-CNY, el Yuan digital.

Pero el experimento no ha salido como se esperaba y apenas nadie está pagando con esta cripto divisa. Porque, si una novedad no aporta una ventaja a tu situación actual, ¿para que vas a adoptarla?

China muestra que las cripto no funcionan (de momento) en el plano físico

Lo que ha pasado en Pekín son dos cosas que juntas han hecho que la puesta de gala del e-CNY sea un fracaso. Por un lado, que la población china tiene tan adoptados los pagos digitales -a través del móvil con la app de We Chat, el WhatsApp chino, o con la de Alipay- que no encuentra motivo alguno (ni tampoco diferencia) para usar el Yuan digital. Además que muchos no saben ni cómo tienen que hacerlo.

Y, por otro, si todavía lo hubieran podido usar los visitantes extranjeros por los Juegos hubiera sido otra cosa, pero con el cierre total de China para que nadie les lleve de nuevo el COVID apenas hay turistas estos días en Pekín, por lo que el merchandising de los JJOO languidece en los estantes de la capital.

China ha hecho una gran apuesta por su criptodivisa, hasta el punto que ha prohibido -como siempre- cualquier operación financiera con otra de las más de 8.000 criptomonedas que existen en el mundo. El pasado año, según la Oficina de Información del Consejo de Estado de China, 261 millones de personas se abrieron billeteras digitales en el país con la nueva moneda y se realizaron transacciones con ella por valor de 87.565 millones de yuanes (cerca de 12.000 millones de euros).

Es decir, que el Yuan digital tiene futuro -tampoco les queda otra opción a los chinos-…pero en el plano web. En el día a día de la vida física no encuentra de momento acomodo porque no difiere de los medios de pago más populares del país.

En un sitio donde la tarjeta de crédito es ya un objeto de coleccionista, empezar a pagar con esta moneda no supone ningún aliciente, aunque el Partido Comunista está haciendo una gran propaganda y porque, además, tiene ventajas sobre las plataformas de pago actuales, como comisiones cero y la eliminación de entidades intermediarias.

Pero no termina de cuajar, y puede que no lo haga nunca. Otra prueba de ello es que El Salvador también permite pagar con Bitcoin a su población, pero la tremenda oscilación de la cotización de la criptomoneda por excelencia echa a la gente para atrás.

Por lo tanto, quizá estamos asistiendo a una terrible (para algunos) revelación: las criptodivisas no funcionan en la vida real. Al menos de momento. Porque si ya tenemos formas de pagar digitales fáciles y sencillas, ¿para qué vamos a adoptar otras? Deben darnos una ventaja muy grande (como algún tipo de ahorro) y de momento, no lo dan.

Es pronto aun para saber cómo será el futuro, pero el presente es claro: las criptomonedas no están listas para saltar al mundo. Pueden seguir invirtiendo.