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Demanda y balas de plata

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Llegó la covid-19 y el confinamiento obligó a cerrar la mayor parte de la oferta. Persianas abajo y a esperar. La demanda se hundió en paralelo. Con la vuelta de la actividad hemos comprendido, sin embargo, que es el virus —y no nosotros— el que marca el paso de la economía. Todos los propietarios de negocios saben que es importante permanecer abiertos ya que otro cierre sería catastrófico. Son conscientes también de que, si los rebrotes y el miedo se extienden, la demanda permanecerá muy retraída y sus ventas no les llegarán para cubrir gastos. A muchos ya les sucede. La esperanza común es que llegue la bala de plata que acabe con el virus. Hay motivos para la esperanza. También peligros que evitar y gestionar.

«Sigue habiendo dos modelos, el de controlar y el de confinar. Se quiere encontrar un balance entre economía y salud mientras llega un certero disparo del plateado proyectil. Confiar en la buena voluntad y responsabilidad individual no funciona. Ejercer diferentes grados de control en territorios que se interconectan, tampoco».

Santiago Carbó

La situación actual la marca un número reproductivo básico (número de terceros infectados que puede generar una personada afectada por el virus) que ya viene buena parte del mes de julio superando la unidad. Traducción: el virus se extiende a ritmos similares a los de finales de marzo y abril. Aparentemente con menor fuerza y menos incidencia hospitalaria. De momento. La bala de plata soñada es la vacuna. Llegan noticias alentadoras. En todo caso, la comunidad científica prefiere tentarse la ropa antes de asegurar que pueda acabarse con el coronavirus en un solo golpe. Es más realista pensar en vacunas de incidencia temporal variable y en tratamientos efectivos que permitan una convivencia social e interacción económica más normalizadas. Incluso si llega la vacuna o tratamientos más avanzados habrá una polémica importante sobre dónde, cuándo o cómo implementarlos prioritariamente. Esto puede dar a paso a situaciones sociológicamente lamentables y a desigualdades sociales de consideración.

Hoy por hoy es crucial seguir actuando de manera local. En España, hay muchas balas de plomo propias de cierta efectividad pero no infinitas (ERTE, créditos con garantía pública, moratorias de préstamos y otras) y otra importante munición que llegará —ojalá unida a reformas consensuadas y potentes— desde la UE. Hablar de reconstrucción futura no nos da licencia para dejar que la destrucción se abra paso estos meses. En este punto, cómo se cuentan las cosas es trascendental para actuar. Si cada cual tiene (o cree tener) una información distinta, actuará de forma distinta. Esto pasa hoy en día entre comunidades autónomas y dentro de las mismas. Diferente capacidad de detección, diferente procesamiento de la información, diferente celeridad en la actuación. Umberto Eco, que sabía un poco del valor de la palabra, lo resumía tajantemente: “Toda información es importante si está conectada a otra.” En España, hoy parece estar más desconectada que hace dos meses.

Para la economía, la elección del modelo de
gestión de la pandemia sigue siendo tan simple como dura. Sigue habiendo dos
modelos, el de controlar y el de confinar. Se quiere encontrar un balance entre
economía y salud mientras llega un certero disparo del plateado proyectil.
Confiar en la buena voluntad y responsabilidad individual no funciona. Ejercer
diferentes grados de control en territorios que se interconectan, tampoco.
Demasiados problemas antes del otoño.

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5 tendencias en comercio electrónico que vinieron para quedarse (tras el coronavirus)

El comercio electrónico es uno de los pocos sectores que ha salido reforzado tras el COVID-19, asentando importantes tendencias dentro del negocio online.

  • El 60% de la población seguirá demandando productos a través de herramientas digitales tras la pandemia.
  • Este nuevo hábito ya es una rutina entre los usuarios, generando nuevas tendencias y puestos de trabajo dentro del comercio online que te revelamos en este post.

En las últimas semanas, el comercio electrónico ha promediado un 40% más de compradores que en 2019. Y aunque esta tendencia al alza ya se está estabilizando, sin duda, el COVID-19 ha marcado un antes y un después en el consumo online.

¿Cómo ha afectado la pandemia en el comportamiento del consumidor tradicional? ¿Están preparadas las empresas para las nuevas tendencias del negocio online? En este post, te damos todas las respuestas.

La crisis del COVID-19 ha marcado un antes y un después en la forma de entender el consumo online.

Los nuevos hábitos en el consumo tras la crisis

Sin duda, la situación ocasionada por el coronavirus ha empujado al sector online a lo más alto, donde incluso el miedo a comprar por Internet se ha perdido.

La consultora MARCO, en una de sus últimas encuestas, revela que un 60% de los consumidores compra más por Internet. Y en ese porcentaje se encuadran los mayores de 65 años, un colectivo que ha descubierto la comodidad de comprar por Internet y que antes de que estallara la pandemia se mostraba reticente a recurrir a la red como canal de compra.

Asimismo, mientras que en la era “pre-covid” realizar compras online en el sector de la moda o la tecnología estaba normalizado, el hábito tras el confinamiento ha experimentado un crecimiento del 9% en el sector del “Gran Consumo” (comestibles, cuidado personal, etc.) según un estudio de la consultora Kantar.

Todo ello ha conducido al nacimiento de un nuevo consumidor online que, además de buscar la inmediatez, la compra personalizada o canales de pago seguros, también abarca todos los tramos de edad.

El sector del gran consumo online ha experimentado un crecimiento del 9% a raíz de la pandemia.

Las nuevas tendencias del negocio online

1. El blockchain

La cadena de bloques (blockchain), es una tecnología en auge dentro del comercio electrónico. Permite realizar transacciones directas entre usuarios, donde no intervienen intermediarios. De esta forma, se descentraliza la gestión y se facilita a todos los participantes un mismo libro de registro o base de datos.

Esta tecnología se desarrolla sobre plataformas que se comunican mediante redes de pares iguales (P2P) a través de conexiones a Internet y a gran velocidad, ofreciendo a los clientes una mejor experiencia de compra.

Un reciente informe elaborado por AMETIC destaca que la inversión en blockchain en España experimentará un crecimiento sostenido del 54% hasta 2023.

2. Big Data

¿Te suenan las frases “productos que pueden interesarte” o “tu lista de deseos”? El Big Data, un proceso de recolección y análisis de grandes cantidades de información, es el responsable de esta funcionalidad. Dado que el 45% de los consumidores del comercio electrónico prefieren comprar en una página que recomiende productos de manera personalizada, las empresas no pueden ignorar esta estrategia.

En definitiva, los macrodatos son capaces de analizar los hábitos de compra del usuario lanzando ofertas personalizadas que generan consumo compulsivo.

3. Realidad aumentada

La realidad aumentada (AR) está experimentando un brutal crecimiento en el negocio online. Y aunque no es un recurso nuevo en el mercado (Pokémon Go, por ejemplo, alcanzó los 500 millones de descargas tras dos meses en el mercado), tanto el ecommerce como el retail físico se están dando cuenta de su enorme potencial.

Esta tendencia ofrece mensajes mucho más efectivos. Además, aporta un valor añadido: disminuye la tasa de devolución porque se reduce el gap entre la expectativa del producto visionado y el real.

4. Ecommerce en redes sociales

La compra online a través del smartphone gana cada vez más adeptos, convirtiendo a las redes sociales en una plataforma más de comercio electrónico. No es sino a través del teléfono móvil como el usuario suele conectarse a este tipo de plataformas, por lo que comprar por redes como Instagram (que ya cuenta con 1.000 millones de usuarios) era cuestión de tiempo.

5. La sostenibilidad

Actualmente, son cada vez más los consumidores que reclaman que las empresas sean responsables con el entorno, e incluso se informan, antes de comprar, para comprobar si sus políticas son sostenibles. De hecho, según un reciente estudio, el 77% de los usuarios se declaran “eco-selectivos”.

Es fundamental que las empresas entiendan las tendencias online actuales para cubrir las exigencias futuras. Solo así pueden adaptar su estrategia a las necesidades del mercado y marcar la diferencia en el entorno digital.

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Lazos rotos

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Nunca una cumbre europea había generado tanta expectación en lo cuantitativo y, sin embargo, deja un amargo gusto en lo cualitativo. Una UE que menosprecia a sus clásicos parece no tener en cuenta la máxima de Horacio: la palabra dicha no vuelve atrás. En Bruselas se ha dicho mucho y muy feo. Con un nivel de descalificación entre países que deja dos cuestiones claras. La primera, no hay una idea común sobre el proyecto comunitario, ni siquiera parece que existan percepciones compatibles. La segunda, hay una fragmentación manifiesta en materia fiscal, tanto en lo que se refiere a qué es frugalidad como en cuestiones impositivas.

«El irrespirable clima de la cumbre dejaba claro que, con acuerdo o sin él, se habían causado heridas que van a supurar durante mucho tiempo. En un contexto de pandemia y dificultades para el movimiento transfronterizo en la UE, la desconfianza generada lo empeora todo».

Santiago Carbó

Con la emergencia de la covid-19 —que lejos de desaparecer sigue arreciando— parecía que existía un espacio para una nueva percepción de solidaridad. Se ha roto el buen rollo. No se debió llegar a lo sucedido estos últimos días. De un posible plan conjunto —incluso con una suerte de eurobonos— se ha pasado a los cuchillos y a que cada cual saque lo peor de sí. Que exista algo de desconfianza es comprensible. Es un argumento válido para negociar. El problema es que hasta ahora se había mantenido en un plano muy corto: austeros frente a gastosos. Y ese corto alcance ha hecho que países como Holanda fagociten la cumbre y tengan excesivo protagonismo y cerrazón. Sobre todo, porque si se abre la perspectiva, su fiscalidad también es ampliamente criticable. Junto con otros como Irlanda o Luxemburgo, se trata de Estados miembros con un tratamiento impositivo demasiado generoso a las empresas allí residentes y poco compatible con un mercado único competitivo. Muchos lo entienden como deslealtad fiscal, aunque estos países lo definen como libre mercado. La reciente sentencia del Tribunal General de la UE liberando a Apple del pago de 13.000 millones en impuestos en Irlanda terminó por destapar las vergüenzas. Tal vez haya sido también motivo de que estos países defiendan su terreno como gato panza arriba.

El irrespirable clima de la cumbre dejaba claro que, con acuerdo o sin él, se habían causado heridas que van a supurar durante mucho tiempo. En un contexto de pandemia y dificultades para el movimiento transfronterizo en la UE, la desconfianza generada lo empeora todo. Hubo posiciones demasiado enfrentadas desde el inicio de la cumbre. Todos saben que mantener niveles y estructuras fiscales tan distintas es insostenible, pero nadie estaba dispuesto a dar su brazo a torcer.

El orden causa-efecto también se ha adulterado. No se tenía que haber dado pie a que se exigiera tan bruscamente que países como España emprendieran reformas para poder contar con los fondos de recuperación. De acuerdo que es obligación española y de otros países haber planteado reformas hace tiempo. Desde la última crisis —y también obligados— no se han realizado transformaciones de calado para aumentar la competitividad y suficiencia fiscal. Sin embargo, también es necesario que el eje franco-alemán —cuya firmeza es voluble— se plantee cerrar un compromiso fiscal de sostenibilidad para unos y de reglas competitivas fiscales para otros. Y, sobre todo, mucho más respeto entre todos.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Equilibrar salud y economía

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Con diferente grado de comprensión y tolerancia,
en la mente de todos está una regla no escrita hoy: equilibrar salud y
economía. La salud es lo primero. Vivir para preguntarse luego cómo. La
estrategia de tratar de controlar brotes es probablemente la única disponible,
pero no está exenta de riesgos. Las cifras de contagios (con más de 100 brotes
declarados) indican que en muchos lugares se está peor que cuando se decretó el
fin del estado de alarma e incluso en algún caso, peor que a principios de
marzo. Ahora se hacen muchos más test PCR, por lo que es difícil comparar
cifras, pero ninguna autoridad sanitaria lo está aclarando adecuadamente.
Parece que algunos territorios hacen test y detectan de forma más rápida y
eficaz que otros lo que, paradójicamente, les puede estar acercando a mayores
restricciones a la movilidad o incluso confinamientos.

Por otro lado, parece que la covid-19 ha perdido
virulencia, al menos, en términos de ingresos hospitalarios y uso de las UCI,
pero el contagio aumenta. Parece preocupar el papel de los asintomáticos pero
se enfatiza insuficientemente, con lo que siguen los comportamientos
irresponsables de algunos. Los números reproductivos —a cuántos casos
secundarios puede llegar a infectar un sujeto ya infectado— han vuelto a
situarse por encima de 1, como en el mes de marzo. La OMS reconoce que ningún
país puede erradicar el coronavirus de momento.

«Parece necesario el uso obligatorio de mascarilla y otras medidas de distancia social y preventivas. El buen funcionamiento de la asistencia primaria y de los sistemas de rastreo, asimismo, serán de vital importancia».

Santiago Carbó

Se precisa información más contrastada y
transparente. Entre comunidades autónomas —y dentro de las mismas— hay
discrepancias con poco sentido, que generan confusión y pueden empeorar la
incertidumbre económica. Parece necesario el uso obligatorio de mascarilla y otras
medidas de distancia social y preventivas. El buen funcionamiento de la
asistencia primaria y de los sistemas de rastreo, asimismo, serán de vital
importancia. Parece que en plena campaña turística (que será mala, sin
paliativos) haya miedo a asustar, a tener que cerrar o a ahuyentar al turista
con la obligatoriedad de la mascarilla. Estamos solo al principio de la
temporada alta y, tal y como van las cosas y si no se actúa desde ya (aunque
vamos tarde), todo puede ponerse muy feo en términos de brotes a finales de
julio o en agosto. Volvemos a ir por detrás de la curva.

En breve llegarán muchos más turistas extranjeros
(por ejemplo, del Reino Unido) y todo puede complicarse aún más si no se exigen
tests en origen y tampoco se observan nuestras normas. La paradoja del verano
de la covid-19 en España es el corazón operativo —el centro de Madrid— en
cuasiparálisis y algunas playas a reventar. También destaca lo poco que se sabe
de los planes para el otoño, tanto sanitariamente (vacunación de la gripe, prevención,
profilaxis) como en otros términos con mayor impacto económico (enseñanza
presencial o virtual en la educación secundaria, universidad…). Parece que hay
miedo a ser transparente sobre esos planes.

Si se explican bien los escenarios posibles, nos podemos preparar mejor y con más confianza. Las dudas, la falta de transparencia y actuar con prisa cuando se compliquen las cosas sanitariamente, solamente traerá problemas. Y de los grandes.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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La difícil tarea de divisar brotes verdes

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Van a llover cifras y cifras económicas. Algunas
las buscaremos como asidero de esperanza. Otras llegarán como baño de realidad.
Queremos ver brotes verdes. Es natural porque es importante fijar alguna
referencia sobre cuándo mejorarán las cosas. Cuando se producen crisis de
naturaleza más o menos conocida (financieras, cambiarias) las estimaciones
varían a menudo porque son momentos de dificultad extrema para la predicción.
Las desviaciones entre previsiones y realidad en la última crisis fueron muy
considerables. Es más, incluso el procesamiento de datos estadísticos es más
complicado en momentos de perturbación económica y son frecuentes revisiones
muy considerables de los mismos en los años que siguen a los de mayor
incidencia de las crisis. Sumen a todo esto un factor de incertidumbre no
habitual —una pandemia cuyos efectos no
se sabe si remitirán o volverán— y saquen sus propias conclusiones.

«Parece que hemos salido antes de la situación más crítica. Sin embargo, a escala global, el grado de incidencia sigue muy elevado. Nuestra economía es abierta y no va a ser ajena a las dificultades para la recuperación global, con EE UU a la cabeza».

Santiago Carbó

Entre los brotes verdes de los que se habla
aparecen posibles repuntes en el consumo. También un posible tirón de la
industria manufacturera a partir de junio, aunque el
dato de mayo de la producción industrial en España publicado este lunes
fue malo (27,3% de caída ese mes). O la voluntariosa consideración de que el
año turístico, aun siendo malo, no será tan catastrófico como se esperó en su
momento. Pero la realidad parece machacona. La apertura de espacio aéreo no
parece traer el movimiento turístico esperado, al menos de momento. Y los
tirones del consumo pueden responder más a puntos de referencia muy bajos
durante el confinamiento que a una tendencia sostenida. Parece que el ahorro
por ahora se impone, prima la precaución. No podemos olvidar que en esta crisis
navegamos al revés que en la anterior. Parece que hemos salido antes de la
situación más crítica. Sin embargo, a escala global, el grado de incidencia
sigue muy elevado. Nuestra economía es abierta y no va a ser ajena a las
dificultades para la recuperación global, con EE UU a la cabeza. Parece incluso
que algunas economías avanzadas centran todas sus esperanzas en una vacuna o
tratamiento eficaz rápido, concibiendo como inevitables nuevos momentos de
intensa incidencia del virus en los próximos meses y la dificultad (si no
imposibilidad en algunos casos) de volver a cerrar la economía.

Algunas de las más reputadas instituciones que ofrecen previsiones, como los bancos centrales, son conscientes de estas dificultades estadísticas y ofrecen rangos de estimación en función de diferentes escenarios. Dos de los indicadores que utilizan y que, en cierto modo, orientan su política, son la inflación o los índices PMI, que recogen las opiniones empresariales sobre el curso que seguirá su actividad. No nos llevemos a engaño. En estos momentos recogen cifras volátiles y no completamente fiables como astrolabio estadístico. Lo reconocen los propios institutos que los publican. En los próximos meses, las referencias van a ser los tallos —las tendencias que se consoliden— aunque siempre busquemos, por nuestra condición humana, brotes verdes para encontrar algo de consuelo.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Morosidad tardía

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En las crisis hay efectos negativos imparables, pero su incidencia puede aminorarse con una preparación y acción adecuadas. Pasa con los tratamientos paliativos y las vacunas en lo sanitario. También con la gestión de la morosidad en el caso del crédito. Aumentarán los impagos entre empresas y, con ellos, de algunos créditos. En la crisis que tuvo como apellido “financiera”, la morosidad fue un detonante al alza azuzado por el colapso del mercado inmobiliario. En el caso de la pandemia, los bancos se presentan más resilientes y con mayor capacidad de absorción de pérdidas. Si se produce un aumento importante de los impagos, parece haber más defensas para combatirlo.

Como otros efectos secundarios de la covid-19 en la economía —paro, restricciones fiscales, procedimientos concursales— la morosidad no suele asomar rápidamente. Tarda unos meses en hacerse patente. De hecho, los datos que este lunes proporcionó el Banco de España indican que en abril —en pleno confinamiento— la ratio de morosidad de las entidades financieras españolas bajó hasta el 4,75% desde el 4,80% de marzo, nivel más bajo desde junio de 2009. En los próximos meses, me temo que tocará subir. Eso sí, el cómo lo haga será importante. En el verano y los meses posteriores se verán los efectos claramente. Ya antes del coronavirus había cierto recelo por cómo pudiera aumentar la morosidad del crédito al consumo. Ahora, poco a poco, toda la economía se enfrentará al trago más gordo, que será la situación financiera de empresas y familias pasados los efectos de los ERTE y otras medidas paliativas. Esta vez no será una morosidad inmobiliaria principalmente. En muchos casos estará ligada a sectores como hostelería y otros servicios turísticos, pero no será exclusiva de ellos.

«Los avales del ICO amortiguarán buena parte de las pérdidas por la morosidad del crédito nuevo concedido a empresas, lo que terminará impactando negativamente en las finanzas públicas».

Santiago Carbó

Aunque las acciones extraordinarias de financiación con avales públicos aumentarán el denominador de la ratio (volumen total de crédito), el numerador (mora) probablemente también crecerá con cierta intensidad. Los avales del ICO amortiguarán buena parte de las pérdidas por la morosidad del crédito nuevo concedido a empresas, lo que terminará impactando negativamente en las finanzas públicas. El aumento de los créditos dudosos se reflejará, con cierto retraso, a finales de 2020 y en 2021.

La covid-19 guarda, por tanto, efectos retardados que golpearán con fuerza. “Lo peor está por llegar para la economía”, dijo Christine Lagarde la semana pasada. Los bancos lo saben y tendrán que lidiar con ello. Esta morosidad que llegará será algo peculiar porque es la resultante de un impacto fuerte, pero de un acontecimiento muy acotado en el tiempo. Tal vez algunas lecciones de la anterior crisis sobre cómo tratar de recuperar préstamos dudosos o ayudar a empresas y hogares puedan servir para los próximos meses. Entre 2009 y 2013 la morosidad no paró de crecer en España hasta superar el 13%. Se ha tardado 7 años en bajarla del 5%. Ahora, la morosidad volverá con fuerza, pero probablemente se podrá revertir de forma más acelerada de lo que lo hizo tras la crisis financiera porque su persistencia y naturaleza es más transitoria. Aun así, será reflejo de los muchos retos que tenemos por delante.

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No minusvalorar el efectivo

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El pasado fin de semana conocimos una propuesta que pretende introducir un nuevo tope al pago en efectivo en 1.000 euros e incluso que el uso de billetes y monedas desaparezca progresivamente. Los límites para el pago persiguen reducir la evasión fiscal y promover el uso de medios electrónicos. Puede entenderse, incluso, como una promoción de la cultura de la digitalización, de la que soy firme y continuo defensor. Pero que el efectivo desaparezca no es una buena idea. El propio Banco Central Europeo ya ha contestado que no se puede prohibir su uso, ya que los billetes y monedas son de curso legal. En términos prácticos es, además, tremendamente costoso. La eliminación del billete de 500 euros —que ya no se emite— está llevando mucho tiempo.

El argumento se puede llevar más lejos. No es que el efectivo no vaya a desaparecer. Es que no es conveniente que lo haga, incluso en pleno siglo XXI. Ni siquiera todos los falsos rumores sobre cómo los billetes y monedas podían transmitir la covid-19 —que un gran número de instituciones, BCE incluido, se han encargado de desmentir— han frenado su circulación en la eurozona. En febrero sumaban 1,31 billones de euros, en marzo 1,34 y en abril 1,36. La última estimación paneuropea publicada en 2017 por el banco emisor señalaba que el 79% de los pagos en comercios seguía realizándose en efectivo en la eurozona. La diversidad de medios de pago en un mundo cada vez más digital es esencial y permite la elección individual y la inclusión social. Muchos ciudadanos —por edad, situación social, localización o sector de actividad— prefieren pagar con efectivo. No pueden hacerlo de otro modo y una prohibición los excluiría del sistema. En países como Estados Unidos o Suecia ha habido una contestación importante a ciertos intentos de prohibición del efectivo que se han entendido como un veto a la libertad económica y una amenaza de exclusión financiera. El efectivo es también el único medio disponible ante desgraciados eventos que siguen siendo frecuentes, como catástrofes naturales o apagones.

«El mundo es nuevo y su digitalización imparable y con múltiples efectos provechosos de conveniencia y agilidad en la esfera de los pagos. Pero esta tragedia revestida de experimento social que hemos vivido con la covid-19 nos ha enseñado algo: todos los sistemas de pago son útiles».

Santiago Carbó

Otro error típico es pensar que acabar con el efectivo pondría fin al fraude. El que se realiza con efectivo está disminuyendo a una media del 1,7% anual en todo el mundo desde 2014, mientras que el acometido con tarjeta está aumentando a una media anual del 16,2%. Para luchar contra el fraude son necesarias otras apuestas más decididas, en el ámbito de la inspección y control. Asimismo, suplantaciones de identidad o ciberataques son hoy un quebradero de cabeza. Y los problemas más graves, de terrorismo o blanqueo, se canalizan cada vez más por medios como criptomonedas. El mundo es nuevo y su digitalización imparable y con múltiples efectos provechosos de conveniencia y agilidad en la esfera de los pagos. Pero los nuevos modelos tampoco son inmunes a otros problemas. Si esta tragedia revestida de experimento social que hemos vivido con la covid-19 nos ha enseñado algo es que todos los sistemas de pago son útiles. No tiene sentido minusvalorar el efectivo.


Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Software de facturación: ¿qué es y cuáles son sus ventajas?

En este post te contamos qué es un software de facturación y cuáles son las ventajas de usar este tipo de programas para agilizar los procesos de gestión de un negocio.

  • Hacer facturas de los trabajos realizados, preparar presupuestos o elaborar facturas proforma pueden ser algunas de las tareas más pesadas del día a día.
  • Es un documento que se queda en casa de tu cliente y si tiene un formato profesional, en color, con logotipos, con datos ordenados, etc. repercutirá en beneficio de la imagen de nuestra empresa.

Contenido del post

  1. Qué es un software de facturación
  2. Cómo facilita la gestión de una empresa un programa de facturación
  3. Programa de facturación en la nube: qué beneficios tiene para un negocio
  4. Tipos de negocio que no pueden pasar sin un software de facturación

El hecho de crear la factura en un software de facturación desencadena automáticamente operativas que ahorran tiempo y permiten controlar mejor tu negocio, como son: generación de las previsiones de pago o cobro y su posterior estado del vencimiento, control de stock, asiento contable para la contabilización del IVA e IRPF y su posterior presentación en Hacienda a través del modelo correspondiente.

Otras son tener el control de las facturas y su custodia para auditorías o posibles inspecciones de Hacienda, y obtener informes de ventas y de ingresos fundamentales para tener una visión del estado de negocio

Con todo esto, está claro que organizar la contabilidad y hacer las facturas pueden ser tareas poco gratas. Pero sin factura, no hay ingresos, por lo que no pueden descuidarse. Afortunadamente, cada vez son más los programas de gestión comercial, contabilidad y facturación que permiten a una pequeña empresa llevar sus números al día.

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1) Qué es un software de facturación

Ya sea de en local o en la nube, un programa de facturación es una herramienta que permite generar una plantilla propia para elaborar las facturas de modo personalizado (por ejemplo, con el logotipo de la empresa). Y todo de modo automatizado, convirtiendo esta tediosa tarea en algo cómodo y sencillo.

Además, con un software de facturación es posible:

  • Realizar presupuestos que, si son aceptados, se pueden transformar automáticamente en factura.
  • Generar facturas proforma y convertirlas en facturas definitivas cuando sea oportuno.
  • Generar facturas físicas o facturas rectificativas, estas últimas obligatorias para trabajos con administraciones públicas
  • Conservar y replicar los datos de clientes habituales para no tener que introducirlos cada vez que se hace una factura.
  • Anular facturas y realizar un seguimiento de las que están sin cobrar, de modo automatizado.

2) Cómo facilita la gestión de una empresa un programa de facturación

Hoy en día, todavía existen muchas empresas que eligen los métodos tradicionales para generar facturas, ya sea por desconocimiento o por el rechazo que suele provocar la idea de cambiar los hábitos de “toda la vida”.

Si bien es cierto que se trata de métodos de trabajo perfectamente válidos –como el uso de Word o Excel– en la actualidad ya contamos con herramientas mejores, que han sido especialmente diseñadas para optimizar la productividad de cualquier pequeña empresa en muchos aspectos, suprimiendo y automatizando tareas que suponen un malgasto de tiempo innecesario.

Ventajas de usar un software de facturación

1. Todas las facturas estarán concentradas en un mismo lugar, por lo que es posible olvidarse de facturas perdidas u traspapeladas.

2. El programa asignará de modo automático un número correspondiente a cada factura, para tenerlas identificadas.

3. Sin posibilidad de equivocación con la numeración de las facturas

4. Sin errores de cálculo, al poder aplicar los porcentajes necesarios en función de las operaciones: impuestos, retenciones, etc.

5. Generación de acciones posteriores que se desencadenan tras la factura:

  • Vencimientos
  • Stocks
  • Asientos
  • Liquidación y presentación de IVA e IRPF
  • Control del libro de facturas

3) Programa de facturación en la nube: qué beneficios tiene para un negocio

Por suerte, cada vez son más los programas disponibles en la nube que permiten a cualquier pequeña empresa llevar sus números al día, pudiendo acceder a los datos y documentos contables desde cualquier lugar con conexión a Internet.

En este “cajón de sastre” que es la red podemos encontrar los programas de facturación en la nube: sistemas diseñados para que cualquier profesional se convierta en un experto en finanzas.

La mayoría permiten crear presupuestos y facturas personalizadas, informes, libros de contabilidad y estar al día con la Administración Pública gracias a la generación de forma automática del Modelo 303 (IVA) y del Modelo 130 (IRPF).

En líneas generales, los programas de facturación en la nube son muy sencillos de utilizar, aportando numerosos beneficios a cualquier pequeña empresa.

Reducción de la posibilidad de error

  • La gran ventaja de los programas de facturación online es que reducen drásticamente las posibilidades de error.
  • El usuario puede estar tranquilo de que sus facturas tendrán todos los datos e impuestos que establece la ley, con la numeración real y correspondiente.

Ahorro de tiempo, espacio y dinero

  • Primero, porque al estar en un entorno on-line no es necesario descargar o instalar ningún programa.
  • Y, segundo, porque eliminan la necesidad de buscar una plataforma externa para remitir las facturas, sin tener que pagar por el papel o los gastos de envío.

Consulta desde cualquier lugar

  • Por último, al tener todos los datos en la nube, el usuario puede consultar cualquier factura que haya emitido o borrador que haya generado en su cuenta.
  • Lo único que necesita es tener conexión a Internet.

Sage

Un software de facturación aporta múltiples ventajas para agilizar los procesos de gestión de un negocio.

4) Tipos de negocio que no pueden pasar sin un software de facturación

Toda pequeña empresa tiene que emitir sus facturas de forma organizada y puntual. Atrás han quedado ya las facturas artesanas hechas, por ejemplo, con hoja de cálculo.

Para una adecuada gestión del negocio, es imprescindible utilizar una herramienta especialmente diseñada y orientada a la facturación de un negocio pequeño: sencilla y ordenada.

Pero el mundo cada vez gira más deprisa, y las empresas van necesitando adaptarse a una mayor agilidad y flexibilidad en su servicio al cliente y en sus procesos de negocio. Y la gran ventaja de los negocios pequeños es su agilidad y capacidad de respuesta en ese ámbito. La evolución natural de la facturación de una pequeña empresa es utilizar herramientas on-line, aprovechando las características de acceso y sincronización propias de ésta, y que va a ser perfectamente complementaria a la actividad ágil y eficiente de la que hablamos.

Hay tres ejemplos muy claros que son candidatos de honor en la utilización de este tipo de programas:

1. Negocios sin oficinas fijas

En los últimos años, han surgido muchas pequeñas empresas que tienen a sus trabajadores teletrabajando.

En estos casos, es necesario poder consultar o gestionar facturas desde distintos dispositivos y localizaciones, por lo que es importante tener éstas en la nube, actualizadas y accesibles a través de una cuenta de usuario.

2. Asesorías y gestores personales

  • Para que un gestor pueda llevar correctamente al día la contabilidad y gestión administrativa de una pyme o de un autónomo, necesita poder acceder a las facturas que se van emitiendo, sin tener que depender de que el autónomo o administrador de la empresa le haga llegar éstas puntualmente.
  • Poder acceder a las facturas on-line a través de un usuario compartido va a dar calidad y buena salud a dicha gestión.

3. Negocios en fase inicial de desarrollo

  • Cuando se inicia la actividad empresarial aún no se tiene asimilada la rutina propia del proceso de gestión administrativa del negocio y esto conlleva, en un buen número de casos, un cierto descontrol sobre la facturación, presupuestos y pagos a proveedores.
  • Una herramienta eficaz es importante, pero si, además, es accesible de forma on-line, va a facilitar bastante que la consulta o modificación de estados y facturas esté donde esté y sea la hora que sea.

Evidentemente, además de estos tres ejemplos, cada vez hay más pequeñas empresas que encuentran mayor versatilidad y comodidad dentro del ámbito de las aplicaciones online, y que van a beneficiarse especialmente de este tipo de soluciones.

Y recuerda que no se trata sólo de hacer facturas, sino de llevar las cuentas de una manera más organizada para minimizar los errores de cálculo y en general para que seas más eficiente.

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El programa de contabilidad y gestión comercial para pymes diseñado para todos los sectores profesionales.

Más información

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¿espejismo-financiero?

¿Espejismo financiero?

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Es importante que exista ilusión frente al miedo, pero también son precisas referencias sólidas para que todo no quede en un espejismo. La última semana, siguiendo la tendencia de las anteriores, destacó por dos acontecimientos financieros. El primero, la favorable evolución de los mercados de renta variable de todo el mundo, del que el Ibex 35 no fue excepción. Parecen haberse superado los peores niveles alcanzados en marzo, en pleno tsunami de la covid-19. Sorprende, en cierto modo, porque la economía real aún está comenzando a reactivarse y tiene pronósticos preocupantes e inciertos. Los mercados siguen yendo por libre en relación con la economía real. El pesimismo no ayuda. Tampoco esperar la recuperación por la pura inercia que generó la caída.

Las acciones del BCE siguen sirviendo para anestesiar las primas de riesgo, pero pocos confían ya en su poder vigorizante para recuperar crecimiento e inflación. Que la autoridad monetaria haya decidido aumentar notablemente volúmenes y alcance de la adquisición de títulos durante la pandemia era necesario e importante pero también indicativo de las negativas previsiones macroeconómicas para la eurozona que debe estar manejando el banco central. No se conoce aún el verdadero fuelle de la recuperación de los sectores productivos.

Precisamente la segunda referencia financiera que ha llamado la atención recientemente ha sido la notable reducción de las primas de riesgo de los países de la zona euro más afectados por la pandemia, incluido España. Están a niveles pre-covid. El programa pandémico de compras del BCE parece estar funcionando. En cuanto al tan comentado fondo de recuperación europeo, podría existir la tentación, como sucedió en la anterior crisis —en la que se propuso frecuentemente el rescate completo para España— de que nuestro país haga como hipótesis de partida la necesidad de emplear al máximo las transferencias y créditos “blandos” de esa facilidad europea.

«Hay que diseñar y entender todos los posibles escenarios financieros del futuro, pero creo equivocado posicionarse ya en uno de los escenarios extremos (solicitar toda la ayuda posible)».

Santiago Carbó

Están aún en proceso de negociación y los primeros desembolsos aún tardarían en llegar. Creo que es importante liberarse de cualquier espejismo y entender el papel que España debe señalizar ante la UE ahora. Si Europa está más abierta a ayudar y flexibilizar criterios, hay que situarse como candidato para los supuestos positivos, no los negativos o derrotistas. Todo ello reconociendo que tenemos serias restricciones financieras que impiden mayor contundencia en las acciones públicas para paliar los efectos económicos y sociales de la pandemia.

Contar con más recursos facilitaría a España una mayor artillería (desde ya) para ser contundente y eficaz en materia de gasto sanitario y de apoyo a empresas y familias. Eso puedo entenderlo. Sin embargo, en la negociación parece necesario mantener la cabeza fría y no revelar una ansiedad que podría llevarnos con más velocidad de la deseada a tomar decisiones que dentro de unos meses podrían ser contraproducentes. También nos alejaría de nuestra propia responsabilidad y planes de acción. En suma, hay que diseñar y entender todos los posibles escenarios financieros del futuro —sobre todo en un contexto de restricciones fiscales y potenciales tensiones en la deuda soberana— pero creo equivocado posicionarse ya en uno de los escenarios extremos (solicitar toda la ayuda posible).

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¿suficiente-credito?

¿Suficiente crédito?

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En la anterior gran crisis, la financiera, el epicentro eran las entidades bancarias, y la falta de crédito fue una limitación esencial para la recuperación. La covid-19 ha pillado a trasmano a la economía, pero ahora existe la posibilidad de dotar crédito, de actuar rápido. Al menos, mucho más que hace 12 años. Tanto los bancos como los Gobiernos, en muchos países europeos, han entendido que había que hacer frente común para prestar dinero, compartiendo el riesgo de las operaciones. El problema es precisar cuánto crédito es suficiente, lo que obliga a responder con carácter previo a otra pregunta: ¿para qué se necesita la financiación?

Lope de Vega diría aquello de “por andar la bolsa estrecha, no está la deuda pagada, porque es mejor no dar nada, que dar lo que no aprovecha”. La financiación que ahora se concede, fundamentalmente con avales del ICO, aprovecha realmente. Su destino no es la inversión sino la supervivencia. En los últimos años, el flujo de financiación hacia empresas ha sido moderado y los 100.000 millones de euros que se quieren prestar con ese programa de avales bancarios suponen prácticamente un tercio de todas las operaciones que se concedieron en 2019, que alcanzaron los 348.380 millones de euros. La situación es excepcional. Llegan facturas y nóminas pero no ingresos ¿Cuánto dinero es suficiente para financiar una economía que ha estado un tiempo parada y ahora a ralentí? Demasiado.

«La acción conjunta de entidades financieras e ICO está dando, por sí sola, un flujo de financiación muy por encima de lo normal. Cuestión distinta es que sea suficiente».

Santiago Carbó

Este lunes el Banco de España informaba de que el flujo de financiación a empresas creció un 3,1% en abril en tasa interanual. El triple de meses anteriores. Si se excluye la financiación con deuda, el crédito de entidades financieras a empresas aumentó un 5,8% en abril. Los datos que han trascendido del programa de créditos bancarios con avales públicos son que se han concedido 35.832 millones a pymes y autónomos y 53.610 millones a otras empresas. 89.442 millones solo en este programa.

En abril y mayo de 2019, en una situación más normalizada, se habían concedido 57.184 millones de euros, lo que sugiere que la acción conjunta de entidades financieras e ICO está dando, por sí sola, un flujo de financiación muy por encima de lo normal. Cuestión distinta es que sea suficiente. Baste con pensar que, según han señalado anecdóticamente algunas entidades financieras, la demanda de crédito es bastante superior a esas cifras. Esto invita a pensar que sería conveniente extender la financiación con avales durante más meses, incluso entrados en 2021. Claro está, con una monitorización de la calidad de los créditos y su posible impacto en la morosidad.

Algo que va a depender de si se producen rebrotes de la covid-19 y en qué medida volverán a exigir detener la actividad o reducirán la confianza. La idea es simple pero articularla con suficiente control del riesgo es más complicado: hay que prestar a las empresas viables que puedan aguantar este trance y relanzarse después hacia la inversión. En la anterior crisis cayeron muchas que estaban en esa disposición pero cuyo crédito se secó de la noche a la mañana. No debe volver a ocurrir.

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