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Cuatro herramientas digitales para modernizar el departamento financiero de tu empresa

¿Te gustaría conocer cómo se están modernizando los departamentos financieros de las empresas? En este post te contamos en detalle cuáles son algunas de las herramientas digitales que muchos ya están implementando. ¡Sigue leyendo para descubrirlas!

  • Las tareas de los departamentos financieros se han incrementado con el paso del tiempo, descubre cómo les ayuda la tecnología a lidiar con ellas.
  • Te explicamos cómo el blockchain, la inteligencia artificial o el big data se utilizan en el día a día del área contable de la empresa.

La COVID-19 ha acelerado la modernización de miles de empresas. Ya fueran pequeñas o grandes compañías, la mayoría ha tenido que adaptarse al nuevo escenario. El uso de la tecnología ha sido y seguirá siendo esencial en este proceso. Uno de los departamentos que más se ha tenido que adaptar a la digitalización ha sido el departamento financiero de las empresas.

Hasta hace unos años, las tareas de los departamentos financieros se centraban en la gestión de la liquidez de la empresa, los pagos, las deudas e inversiones, el control presupuestario… Sin embargo, esas tareas se han incrementado en los últimos años debido a la entrada de la tecnología en las empresas.

La tecnología que transforma los departamentos financieros

En un entorno cada vez más globalizado, las empresas se han dado cuenta de la necesidad de adaptar sus modelos de negocio en función de las novedades tecnológicas. Lo mismo ocurre con los departamentos financieros, donde el Big Data, la Inteligencia Artificial, el cloud o el Blockchain entran de lleno para conseguir que los procesos de trabajo sean más eficientes y se incremente la productividad.

El Big Data, la IA, el cloud o el Blockchain ayudan a los departamentos financieros a ser más eficientes

1. Blockchain en el área financiera

El Blockchain es uno de los términos de moda hoy en día. Se suele asociar con el mundo de las criptomonedas, pero también ha demostrado su utilidad en los departamentos financieros.

  • El Blockchain, también conocido como cadena de bloques, evita que la información que se introduzca en el sistema pueda ser alterada.
  • Uno de sus usos más comunes en el área financiera de una empresa es para ejecutar de manera automática los pagos, tanto a proveedores como a empleados.
  • En el caso de los proveedores, el pago se ejecuta en el momento en el que se validan las condiciones estipuladas para la entrega de la mercancía o del servicio.

2. Big Data para anticipar riesgos

La digitalización de los departamentos financieros también pasa por el empleo del Big Data. Así, la empresa podrá mejorar la explotación de todos los datos y hacerlo de forma avanzada.

  • A través del uso del Big Data y de su análisis, el departamento financiero podrá mejorar la ejecución de procesos más complejos y relacionados con información predictiva como la Planificación, así como el análisis e interpretación de las variables que afectan a la gestión de los riesgos.
  • Eso sin olvidar el análisis de carteras de clientes para anticipar problemas de impago o la selección de productos en función de las necesidades de financiación o inversión.

3. La Inteligencia Artificial ordenará la información

Unido al empleo del Big Data en el departamento financiero para mejorar la información sobre los procesos que tienen que ver con la contabilidad de la empresa, se encuentra la Inteligencia Artificial (IA).

  • En este caso, la IA aportará más orden en la gestión de los datos que ya se han recopilado. La inteligencia artificial ayudará a clasificar toda la información obtenida. Y es que cuando se tiene un gran volumen de datos es imprescindible que se estructuren adecuadamente para obtener ciertos patrones de comportamientos con los que se pueda llegar a conclusiones.
  • Asimismo, el aprendizaje automático servirá para que se puedan proponer mejoras en la ejecución de los procesos, analizar escenarios y ser útiles para tomar decisiones.

4. Automatización de procesos

Por otro lado, la tecnología permite que se puedan automatizar los procesos, de manera que las personas que trabajan en los departamentos financieros pueden simplificar sus tareas. Esto es posible, por ejemplo, a través de la robótica, que facilita que se puedan integrar datos, procesarse y automatizar las tareas más manuales y que no requieren de un alto grado de capacitación.

  • Hay empresas que optar por la implementación de sistemas de gestión de tesorería. ¿Cómo funcionan? Muy simple. Se trata de herramientas digitales que permiten conectar la información de la empresa con el departamento financiero. De esa manera se pueden actualizar a tiempo real los saldos y movimientos de las cuentas.
  • A su vez, ese tipo de sistemas permite automatizar otros procesos como la posición contable de la compañía, el trámite de facturas o las operaciones de ventas que se lleven a cabo a través de la página web.

En definitiva, a medida que la tecnología vaya evolucionando, evolucionará el desarrollo del departamento financiero en la empresa, cuya labor está muy ligada al desarrollo digital de la compañía.

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Covid-19 y desigualdad

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La pandemia empieza a dejar su terrible impronta en la sociedad con un incremento de la desigualdad y de la pobreza y graves consecuencias para colectivos vulnerables, sobre todo para jóvenes y niños. Hay una emergencia social en ciernes. Ya se venía argumentando que la globalización y relativa pérdida de fuelle de las políticas fiscales frente a las monetarias estaba propiciando un aumento de las brechas sociales. Todo ello a pesar de que la evidencia empírica de los últimos setenta años había puesto de relieve una importante reducción de la desigualdad entre países. Dentro de cada país, es otra historia. Paradójicamente, dos grandes cambios orientados por la acción pública están amenazando, si no se corrigen, con revertir tendencias y aumentar las desigualdades, tanto entre países como dentro de ellos. Me refiero a la digitalización y a la prevalencia de tipos de interés muy reducidos.

«Lo peor de la pandemia en lo social puede estar por llegar, si no se actúa para corregirlo. No bastará con más medidas económicas y financieras. Son urgentes más acciones de corte social».

Santiago Carbó

Es fácil pensar en un entorno digital como una respuesta efectiva a los problemas que el confinamiento y la distancia social imponen para las relaciones laborales y educativas. Sin embargo, también expone la realidad de la brecha digital, de los que no pueden acceder a determinados medios, no cuentan con formación para ello o no pueden trabajar desde casa. La covid-19 ha acelerado la transición del trabajo analógico al digital, haciéndola menos orgánica y más traumática. Algunos empresarios y trabajadores han podido verse obligados a “espabilar” digitalmente pero otros, simplemente, no han podido adaptarse y han cerrado su actividad. La respuesta de acción pública a estos problemas oculta incentivos perversos. Por ejemplo, casi nadie puede poner en duda que un esquema como el de los ERTE es una herramienta útil para evitar un desplome mayor del mercado de trabajo, que debe mantenerse. Sin embargo, ¿se están aprovechando los ERTE para formar y reciclar digitalmente a sus destinatarios? Si no es así, la brecha digital entre trabajadores habrá aumentado al final de la crisis.

El entorno de tipos de interés reducidos —reforzado por la pandemia— también comienza a ser un caldo de cultivo preocupante para la desigualdad. Resulta demasiado sencillo pensar que muchas empresas y ciudadanos se benefician de tipos muy bajos porque reducen la carga de su deuda. La realidad, según muchos estudios, es que hay poca diferencia entre un 1% o un 0,5%. El denominado “límite inferior efectivo de la política” monetaria —a partir del cual deja de tener efectividad— pudo haberse alcanzado hace tiempo. Familias y empresas no piden más crédito porque su endeudamiento es elevado y sus expectativas de rentabilidad por invertir o ahorrar son escasas. Muchos hogares ven con frustración no poder extraer rentas de su ahorro para jubilación o, simplemente, para prosperar generacionalmente. No hay alicientes para ahorrar. Para buena parte de las nuevas generaciones este problema se une al de bajos salarios, con lo que es un grupo especialmente vulnerable. Con este panorama, lo peor de la pandemia en lo social puede estar por llegar, si no se actúa para corregirlo. No bastará con más medidas económicas y financieras. Son urgentes más acciones de corte social.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Dimensión tecnológica

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En un tiempo en el que el concepto mismo de dinero está en plena revolución es absurdo pensar en los bancos como instituciones del siglo pasado. Las fusiones son también diferentes. La de CaixaBank y Bankia ha sido la gran noticia de la vuelta del verano. Operaciones de este calibre han sido siempre señal de otros cambios en ciernes. Toque militar de “rompan filas”. La banca ya es de todo menos estática o lineal. En 1999, cuando se produjeron las fusiones entre Santander y Central Hispano y de Banco Bilbao Vizcaya y Argentaria, se cimentaron los denominados “campeones nacionales”. En España y en los países que iban a constituir la Eurozona. Los bancos actuaron proactivamente ante la moneda única.

Más de 20 años más tarde, los procesos de integración son mucho más defensivos. La crisis de la covid-19 va a tener seguramente un impacto en las cuentas bancarias, fundamentalmente un incremento de la morosidad. Si desembocará en un episodio de inestabilidad financiera –que nos recuerde la crisis del 2008– está por ver. Los reguladores imponen otro toque, el de retreta y silencio. Los bancos españoles y europeos están mejor capitalizados y más saneados que hace una década. Nadie está a verlas venir. Todos tratan de aminorar los impactos negativos de la recesión y lo que las dificultades empresariales suponen para el sistema financiero. Esta vez la crisis no ha partido de la industria bancaria, pero el sector no es inmune.

“Esto solamente ha comenzado. Veremos más integraciones en el sector financiero español y europeo los próximos meses. Ser grande aporta fortaleza para nuevos procesos de reestructuración”.

Santiago Carbó

Siempre que se respeten los principios de una competencia intensa, como parece ser el caso, el aumento de dimensión parece el mecanismo más a mano para hacer frente a una crisis de estas características. A corto plazo, aumentan los ingresos, vía cantidades, en un contexto de tipos de interés negativos y de creciente morosidad. Asimismo, cuando las fusiones son domésticas, se puede lograr una significativa disminución de costes. Parecen particularmente oportunos los procesos de concentración dentro de un mismo país en estos momentos, por mejoras de rentabilidad y solvencia. Mi pronóstico es que, tal y como ocurrió en anteriores olas de fusiones –como la de 1999 ante la llegada del euro y la de después de la crisis financiera de 2008– esto solamente ha comenzado. Veremos más integraciones en el sector financiero español y europeo los próximos meses. Ser grande aporta fortaleza para nuevos procesos de reestructuración.

La dimensión también es estrategia clave a medio plazo para competir con los nuevos operadores tecnológicos. Estas empresas están erosionando el statu quo de las entidades financieras. Los bancos cuentan aún –probablemente será así durante mucho tiempo– con la mayor parte del negocio financiero. Sin embargo, la amenaza competitiva de las grandes tecnológicas y fintech de cierto tamaño está ahí. Aumentar la dimensión parece necesario para competir tecnológicamente. Un tú a tú con los gigantes como Google o Amazon, que ganan a la banca en inteligencia artificial, pero pierden, hoy en día, en gestión financiera y conocimiento del cliente. Cuando pase esta crisis, las alianzas de cualquier tipo entre grandes bancos y gigantes tecnológicos serán la norma en la industria financiera.

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Cómo los directores financieros pueden ser más competitivos gracias a la transformación digital

A la hora de manejar las inversiones de los clientes, la gestión de activos es uno de los mayores riesgos que puede afrontar un director financiero.

  • Mitigar ese riesgo será uno de sus retos. Sin embargo, hay otros desafíos que se avecinan en las empresas de servicios financieros.
  • En este artículo hacemos un repaso a los mismos. Además, te mostramos como la transformación digital puede ayudarte a ti y a tu empresa a afrontarlos.

Como director financiero, tienes que lidiar con importantes desafíos económicos, regulatorios y relacionados con los clientes. Muchos de ellos suelen ser comunes a otras compañías de servicios financieros.

Cuatro desafíos de los directores financieros

A continuación, hacemos un repaso a los mismos:

1.    Complejidad regulatoria

  • Al estar tratando con regulaciones en constante evolución, no será fácil que los inversores y clientes reciban la transparencia y confianza en el servicio que ellos esperan.

2.    Volatilidad del mercado mundial

  • Durante los períodos de mayor volatilidad y tensión en los mercados, la incertidumbre y el riesgo económicos irán en aumento.

3.    Crecimiento del negocio

  • Cada vez es más importante diferenciar el servicio, tratando de crear una ventaja competitiva sostenible.

4.    Aumento de las expectativas de los clientes

  • En un mercado con muchos competidores, los clientes querrán vivir cada vez mejores experiencias. Además, los honorarios a pagar también serán mirados “con lupa” por el cliente.

Afortunadamente, la transformación digital será tu mayor aliado para enfrentarte a éstos y otros cambios. El software de gestión financiera de hoy en día puede proporcionar una consolidación continua de los datos, además de informes multidimensionales y en tiempo real. Así, liberarás tiempo para centrarte en el servicio al cliente y en las tareas de valor añadido.

Director financiero

Los directores financieros tienen que lidiar con importantes desafíos económicos, regulatorios y relacionados con los clientes.

La importancia de la experiencia de cliente

En una industria cada vez más competitiva, ¿qué tipo de experiencia de cliente debes proporcionar para atraer y retener a los usuarios? Y ¿cómo puede ayudar la tecnología digital a ello?

El acceso continuo, coordinado y en tiempo real a los servicios a través de cualquier dispositivo, en cualquier momento, se convertirá en la norma.

Los clientes esperarán una “sofisticación” similar a la que experimentan con otros servicios digitales que usan a diario, tanto en el trabajo como en el hogar. Desde informes precisos y visualmente atractivos, hasta acceso interactivo para sacar el máximo provecho de sus activos.

Renovando la tecnología

Para satisfacer plenamente las necesidades de los clientes es necesario tener en cuenta la tecnología digital del futuro. Una tecnología que proporcione un rendimiento superior y la capacidad de desarrollar rápidamente nuevos productos y servicios.

Para que un negocio dedicado a la gestión de activos tenga éxito en el futuro, podría requerir de una innovación tecnológica en forma de una automatización aún mayor.

Según una encuesta realizada por Sage a más de 200 directores financieros y responsables de la toma de decisiones financieras, las empresas creen que el software de gestión financiera moderno puede mejorar la productividad.

Casi tres cuartas partes (72%) de los encuestados ya utilizaban la tecnología en la nube para mejorar sus procesos, y el 64% está de acuerdo en que la transformación digital mejorará su negocio.

Los líderes empresariales ya son conscientes de los beneficios del cloud computing, como son el aumento de la eficiencia, la flexibilidad, la integración y la seguridad. Pero, ahora, es el momento de dar el paso. Es el momento de adoptar una herramienta tecnológica de gestión financiera en la nube para potenciar el negocio.

Más allá de los beneficios para el departamento financiero, también ayudará a tus clientes a acceder fácilmente y utilizar de forma más eficaz los datos críticos.

Cómo afectará la transformación digital a tu negocio

¿Cuál es el papel de lo digital y dónde crees que es más efectivo? ¿Cómo financiarás y completarás los proyectos, teniendo en cuenta las necesidades de tu equipo?

Toma de decisiones

  • Una cosa para considerar es cómo la tecnología en la nube puede encajar dentro de tu infraestructura de empresa.
  • Como responsable de la toma de decisiones financieras, la tecnología cloud computing puede permitir un entorno operativo conectado que proporcione una mayor automatización y avances a través de conocimientos en tiempo real.

Automatización

  • Además, gracias a la automatización podrías reducir la necesidad de esfuerzo manual al compilar datos. Además de tener un control total sobre los mismos.

Nuevos perfiles financieros

  • Recuerda que los profesionales del sector financiero cualificados están muy solicitados y son difíciles de encontrar. A esto, habrá que añadir la digitalización como una de las skills más demandadas en el futuro.

Director financiero

El software de gestión empresarial puede ayudar a la transformación digital de las empresas.

Tu papel como director financiero

La digitalización es una herramienta versátil. Por lo que hemos visto en la gestión de activos, puede proporcionar análisis avanzados para mejorar la toma de decisiones, automatización para mejorar los procesos y métricas para mejorar la información financiera en tiempo real.

Por todo ello, los expertos y analistas aconsejan buscar un software de gestión empresarial que proporcione una consolidación de datos continua, informes en tiempo real y cuadros de mando de los fondos de distintas entidades.

Pero ¿por qué sería útil?

En primer lugar, reduciría el riesgo en la planificación de nuevas inversiones. Sin embargo, en última instancia, puede ayudar a permitir más inversiones y mayores retornos.

Aún con estos beneficios tan obvios, el director financiero sigue siendo reacio a embarcarse en la digitalización. Sin embargo, para tener éxito, será necesario aceptar el papel de guardián y líder de la transformación digital.

Un papel de “capitán de la tecnología emergente” ya que, si no lo haces, te arriesgarás a quedarte atrás.

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Salvar el invierno

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Las últimas noticias sanitarias y económicas sobre el impacto del Covid-19 en nuestro país son crecientemente preocupantes. Pocas dudas hay de que España se encuentra entre los países con mayor incidencia de la pandemia. En contagiados, hospitalizados, UCIs y fallecidos, tanto en la primera ola en primavera como en lo que ya parece ser un segundo rebrote desde hace semanas. Es cierto que no parecen comparables ambos períodos. Se realizan muchos más PCR y esfuerzos de rastreo ahora y hay tratamientos –aunque incompletos– más exitosos, y se protege a los grupos poblacionales más vulnerables. Sin embargo, los datos van empeorando paulatinamente. Las próximas semanas alumbrarán cifras cada vez más negativas. La desazón crecerá. La esperanza de una vacuna próxima puede ayudar a cambiar percepciones hacia finales de año, pero esa fecha a día de hoy parece quedar muy lejos. La mayor incidencia de esas dos olas en España pone de manifiesto una gestión de la pandemia comparativamente más deficiente que los países de nuestro entorno. Algo habremos hecho mal. Hoy día, ni se ofrecen cifras coherentes ni hojas de ruta –ni sanitarias, ni educativas ni en relaciones sociales– con credibilidad suficiente. Y, desde luego, la idea de que nuestro país contaba con el mejor sistema de salud del mundo –algo repetido por muchos políticos durante años– se ha desvanecido rápidamente. Tenemos magníficos profesionales en la sanidad, con gran capacidad de sacrificio y resiliencia, pero nuestro sistema sanitario ha hecho agua en recursos, planificación y adecuada preparación para pandemias y emergencias.

Todo esto ha tenido terribles consecuencias sobre la actividad económica y el empleo. Nuestro país depende de sectores muy afectados por la covid-19, como todo lo relacionado con la hostelería. En junio, se quiso “salvar el verano” para el turismo y el fiasco ha sido considerable con efectos devastadores para el turismo. El descontrol de cifras de la incidencia sanitaria a escala nacional y por comunidades autónomas –y una gestión francamente mejorable en prevención– ha echado al traste el verano. La imposición de cuarentenas a los que visitaran nuestro país por parte de nuestros socios europeos ha hecho el resto.

La mayor incidencia de esas dos olas en España pone de manifiesto una gestión de la pandemia comparativamente más deficiente que los países de nuestro entorno. Algo habremos hecho mal.

Santiago Carbó

Lo peor de las cifras económicas parece que está por llegar. Es probable que veamos un número creciente de empresas que cierran, un aumento notable del desempleo –a pesar del mantenimiento de buena parte de los ERTE–, y un incremento de morosidad y otros indicadores de tensión financiera. Ojalá me equivoque. En todo caso, es prioritario “salvar el invierno”, primero mejorando notablemente en España todo lo relacionado con la incidencia, prevención e información de la pandemia para generar credibilidad y confianza en nuestro entorno. Y, en segundo lugar, convenciendo a nuestros socios europeos de que el cierre de fronteras e imposición de cuarentenas a visitantes no impide la expansión de la pandemia entre países, y lo único que logra en la práctica es el desastre económico de todos. Si logramos solamente esas dos cosas, se podrá evitar lo peor en términos económicos en los próximos meses, tanto para el turismo invernal –importante en nuestro país– como para el resto de la actividad económica.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Inspiraciones de una fusión

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La integración que están emprendiendo CaixaBank y Bankia es catalizadora en la medida en que se inspira en un proceso de cambio más amplio en el sector bancario y lo alimenta. La estructura del mercado financiero ha cambiado aceleradamente. Los elementos que podían motivar una fusión diez o veinte años atrás son muy distintos a los actuales por varios motivos. El primero es que las ganancias de eficiencia con el tamaño han vuelto a aparecer. En un entorno más digital, se puede funcionar con una dimensión operativa más elevada sin necesidad de multiplicar infraestructuras. Es más, éstas pueden reducirse. Lo que se gana es una mejor gestión del factor esencial para competir en intermediación financiera, la información. Incluso los bancos de inversión más señeros en el mundo están girando hacia la banca minorista en el entorno digital, incluyendo alianzas con grandes tecnológicas para hacerlo. Entre los dos bancos españoles pueden generar un nuevo competidor para aprovechar las ventajas informativas porque, además, hay “química” entre ellos y los equipos gestores, ya que surgen de modelos de negocio minoristas de ahorro y con culturas corporativas muy arraigadas y compatibles.

En segundo lugar, el sentido geográfico de las integraciones ha cambiado. Pasó ya el tiempo en el que la discusión era casi exclusivamente cómo crecer con adquisiciones internacionales. Estando esa opción abierta para el futuro tras la fusión que ahora se está cerniendo, la ventaja más apreciable es la posibilidad de ganar balance en euros, una divisa fuerte comparada con las emergentes, en años en los que la estabilidad cambiaria está siendo un gran desafío.

«En el sector hay sobrecapacidad, sobre todo en estructuras. Hay que ser más alto, pero no más ancho. Y hay que crecer con un mayor acceso a los mercados de capital y deuda para reforzar la solvencia y liquidez. En todo caso, sigue siendo muy difícil generar márgenes cuando la política monetaria impone tipos de interés negativos».

Santiago Carbó

El tercer elemento inspirador es la propia presión del supervisor y el mercado. Nunca se habían lanzado tantas opiniones favorables desde múltiples instancias públicas para instar a fusiones. En el sector hay sobrecapacidad, sobre todo en estructuras. Hay que ser más alto, pero no más ancho. Y hay que crecer con un mayor acceso a los mercados de capital y deuda para reforzar la solvencia y liquidez. En todo caso, sigue siendo muy difícil generar márgenes cuando la política monetaria impone tipos de interés negativos. Esto ha afectado, sin duda, también a las valoraciones bursátiles de la banca en los últimos tiempos. De forma dramática.

Por supuesto, también hay retos propios de la operación. En muchos servicios se están produciendo pérdidas de peso del factor trabajo o cambios hacia otros más innovadores o digitalizados, así como reciclaje de capacidades. Los ajustes laborales llevan años produciéndose en el contexto de la reestructuración bancaria con acuerdos amplios y es previsible que se intensifique. En el caso de esta fusión también aparece el debate de la participación accionarial del FROB en Bankia. Si este capítulo se cierra ahora o lo hace más tarde debería ser en beneficio tanto de la entidad resultante como de la participación pública porque lo que el mercado acoja positivamente se reflejará en todas las acciones.

Todo sucede rápido porque así son las cosas ahora y porque las ventanas de oportunidad del mercado para lanzar una operación de estas características son cada vez más estrechas.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Despiértame cuando todo esto termine

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Era la canción más popular del malogrado DJ sueco Avicii: Wake me up when it’s all over. Es lo que parecen decir ahora la economía y los ciudadanos. Los observatorios más reputados apuntan a que las dificultades se prolongan. El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, dijo que tolerará más inflación y que los tipos de interés ultrarreducidos continuarán, con lo que parece que la política monetaria súper expansiva se cuasieterniza, con sus efectos positivos, pero también con las distorsiones que genera. Un sueño anestésico demasiado largo y profundo.

«Debido a la situación estructural de incertidumbre económica desde hace 12 años, agravada y mucho por la pandemia, las distorsiones (que se han eternizado) que genera esta política monetaria pueden acabar suponiendo más componentes de pesadilla que de sueño».

Santiago Carbó

Powell hizo estas potentes declaraciones la semana pasada en el simposio de Jackson Hole, celebrado de forma virtual. Los mercados están aún ajustando la incidencia potencial de este redoble de tambores monetario. Por si fuera poco el somnífero que supone la pandemia, los banqueros centrales siguen anticipando la necesidad de anestesia. El anuncio de la Fed anticipa una recuperación más lenta y con más problemas de la que se preveía. La política monetaria hace todo lo posible por ayudar a evitar lo peor. Sin embargo, debido a la situación estructural de incertidumbre económica desde hace 12 años, agravada y mucho por la pandemia, las distorsiones (que se han eternizado) que genera esta política monetaria pueden acabar suponiendo más componentes de pesadilla que de sueño.

Se prefiere recalibrar el modelo a cambiarlo. No faltaron las voces críticas en el simposio, dentro de la pulcritud académica, pero con acidez. Con una doble interpretación. La primera, que la política monetaria y estos tipos de interés tan reducidos no permiten los ajustes empresariales dinámicos (creación, innovación, destrucción) que en otros tiempos favorecieron el crecimiento. La segunda, que, aunque controlemos la covid-19, es muy probable que persista en consumidores y empresas una importante retracción porque crean que fenómenos antes considerados extremos son ahora amenazas de ocurrencia frecuente.

Parte del problema está en los mercados. Sobre todo, los de bonos, muy desnaturalizados. Esta política monetaria ayuda a sobrellevar la situación y reducir el coste de la deuda y sus vaivenes, pero también revela la dificultad de revertir la situación. Se están viendo también las tensiones euro/dólar, muy relacionadas con las estrategias monetarias, pero también las incertidumbres a ambos lados del Atlántico. La debilidad del dólar —más ligada a debilidades coyunturales y temores institucionales que a un cambio en la primacía de la divisa— está siendo la comidilla del verano.

Este es el terreno por el que va a discurrir la lucha por superar la pandemia. Comienza septiembre con demasiada incertidumbre, con la esperanza de que la incidencia hospitalaria sea menor, pero con demasiadas incógnitas sanitarias y económicas. Aunque hiciéramos caso al canto de Green Day (Despiértame cuando termine septiembre), aún faltaría mucha luz.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Renovación de empresas

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Los datos de coyuntura turística publicados esta semana muestran la debacle de una perturbación vírica. También conocemos, aunque sea más anecdótico, cómo parte del sector sobrevive con nuevos canales de comercialización online, turismo de interior y otras opciones a las que las circunstancias obligan. La pandemia acelera los procesos de destrucción y creación empresarial. En un entorno proclive al gasto y la financiación, Gobierno, sector financiero y empresas se sitúan ante la encrucijada de ver dónde estaban antes de marzo y a dónde ir a partir de ahora. Antes de la covid-19 se esperaba una corrección cíclica que se habría manejado de forma más o menos controlada. Pero la epidemia ha desatado la furia de un shock de oferta y demanda de grandes proporciones en solo tres o cuatro meses.

El bofetón quizás no deja reconocer que hace tiempo que sobrevuela la necesidad de una renovación productiva guiada por la innovación, la digitalización y nuevas referencias energéticas. Está claro que hay que destinar fondos a tapar agujeros, pero muchos más —la mayoría, si es posible— a impulsar al que innova o se reinventa. Schumpeter reinterpreta la máxima shakespeariana de que “no basta levantar al débil, hay que sostenerlo después” para dirigir la mirada también al que propone una nueva fortaleza para la economía. La lección más dura a la que nos enfrentamos es dejar caer aquello con escaso o nulo futuro. Aunque no ocurrió en todos los sectores, en España, hace 10 años, se entendió a la fuerza que una parte del sector de la construcción debía salir del mercado y que los que quedaban debían reinventarse, por ejemplo, hacia la obra pública o la licitación internacional. Ese proceso pasa ahora con otros negocios (y llegará al turismo). Los recursos públicos (deuda, ayuda europea) y privados (financiación bancaria) deben emplearse para apoyar nuevas estructuras y proyectos empresariales competitivos y de alta demanda. Podemos seguir debatiendo de ello 10 años o ponernos las pilas, organizarnos y acumular recursos en los sectores pujantes. La pandemia ofrece oportunidades también.

«Es pertinente preguntarse si en España procederemos al habitual reparto administrativo del pastel o si propiciaremos verdaderos proyectos de renovación empresarial. No hay que abandonar turismo o construcción u otros servicios asociados. Pero sí renovarlos, reinventarlos».

Santiago Carbó

Hay que intentar transitar rápido el camino que va del puente a la lanzadera. Gobierno y bancos han tendido pasarelas para aquellos con dificultades transitorias por el confinamiento y la caída de la demanda. Algunos no han llegado a cruzarlas y otros lo han hecho replanteando sus formas y canales de comercialización. Es hacia ahí donde fundamentalmente deberían ir los recursos mientras se logra un mayor control sanitario. En otros países europeos también acontecen estos desafíos, pero las industrias que fueron punteras y sufrían cierto declive aprovechan un aluvión de recursos públicos para reorientarse en la nueva economía (como la automoción en Alemania).

Es pertinente preguntarse si en España procederemos al habitual reparto administrativo del pastel o si propiciaremos verdaderos proyectos de renovación empresarial. No hay que abandonar turismo o construcción u otros servicios asociados. Pero sí renovarlos, reinventarlos y complementarlos con otros, mientras se propician actividades de la nueva economía.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Fatiga en la deuda soberana

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Que la acción de los bancos centrales está anestesiando gran parte de las primas de riesgo soberano no es nuevo. El rescate de las autoridades monetarias, sin ser una solución óptima a largo plazo, es lo mejor que se ha tenido a mano. En tiempos de pandemia lo sigue siendo. No obstante, es apreciable que la miopía temporal que puede generar el apoyo monetario en la sensación de riesgo de los inversores puede convertirse en vista algo fatigada para la que no se tienen (o no se quieren usar) las gafas oportunas. Hasta tal punto que solo tomamos la parte de los proverbios y de la sabiduría histórica que más nos conviene, olvidando el resto. De aquello de “espera lo mejor, prepárate para lo peor y acepta lo que venga” queda solamente la parte de la esperanza. Así son los mercados en el 2020 pandémico.

Los bancos centrales son rápidos francotiradores ante cualquier movimiento en caliente de la deuda pública. Sin embargo, hay motivos para la preocupación y para no perder de vista las primas de riesgo. Existe escasa diferencia entre la rentabilidad de un bono americano a tres meses o a tres años. Lo mismo ocurre con los bonos europeos. El mercado tiene la misma (poca) habilidad para estimar lo que va a pasar en noviembre de este año que en agosto de 2023. Al mismo tiempo, los Gobiernos no tienen más remedio que seguir endeudándose para combatir la pandemia. Encuentran demanda en sus colocaciones. Eso sí, gran parte de los compradores son las entidades financieras nacionales de cada jurisdicción y, en mucha menor medida, los inversores internacionales, ya muy retraídos.

«Aunque medidas como el crédito oficial internacional puedan actuar como potentes paliativos en el futuro para asistir a los rezagados, no existe ningún seguro o sistema de ayuda que cubra una pandemia desigual a largo plazo».

Santiago Carbó

Aunque muchos lectores no lo puedan creer —no se les puede culpar— en los mercados hay cierto optimismo. Radica en la esperanza de que la vacuna para la covid-19 llegue pronto, la interpretación de que hay controles suficientes para estabilizar el virus en EE UU y otros países avanzados y la apreciación de ciertas mejoras en el consumo y producción industrial. Tal vez la trampa interpretativa es que venimos de tan abajo (confinamientos) que entusiasma que cualquier indicador cada mes muestre mejoras.

Incluso si esos escenarios positivos acontecen, hay importantes riesgos soberanos por efectos distributivos. El control de la pandemia en los emergentes es dispar. Afortunada paradoja que Argentina haya salido del default en un momento como el actual, pero existen expectativas mucho menos favorables para Brasil o, en general, cualquier país que haya gestionado mal la pandemia o se sitúe demasiado atrás en la carrera para acceder a una vacuna. Aunque medidas como el crédito oficial internacional puedan actuar como potentes paliativos en el futuro para asistir a los rezagados, no existe ningún seguro o sistema de ayuda que cubra una pandemia desigual a largo plazo. Muchos países afrontan ya, de hecho, problemas de movilidad de personas, de bienes y de capital. La extensión del brazo monetario tiene límites económicos, conceptuales y hasta intergeneracionales. La anestesia del riesgo soberano no es eterna.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Ola de calor para los bancos

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En las civilizaciones antiguas, la alineación de la estrella Sirio con el sol era la señal de los días más calurosos del año. Anunciaba también cambios de época, nuevos paradigmas. Estos días, la canícula ha llegado a los bancos. Al contrario que en la crisis financiera, se parecen más a un termómetro que a la fiebre. Han realizado movimientos anticipativos absorbiendo pérdidas. Aún conscientes de que la incertidumbre persiste, los bancos estiman que el otoño-invierno será duro. Los resultados de los bancos españoles, en línea con los de otras instituciones en todo el mundo, han ido significativamente a la baja.

«Al contrario que en la anterior crisis, gran parte del impacto viene ahora de fuera (el Reino Unido o Latinoamérica). No bastará solo con que las cosas mejoren (si lo hacen) por estos lares. Desde Londres a Hong Kong, los bancos han duplicado o triplicado provisiones».

Santiago Carbó

Hay una lectura más allá del sector bancario: quien no ha acumulado recursos va a tener complicado aguantar los golpes. Las entidades españolas han dotado ya 12.000 millones para deterioros, al tiempo que han conseguido que su solvencia siga reforzándose. Aunque en la casa haga mucho calor, los pilares están más firmes que hace una década. Ha habido más señales de prudencia, como dar de baja créditos fiscales que no podrán llegar a aplicarse o reducir el fondo de comercio de algunos negocios internacionales. Al contrario que en la anterior crisis, gran parte del impacto viene ahora de fuera (el Reino Unido o Latinoamérica). No bastará solo con que las cosas mejoren (si lo hacen) por estos lares. Desde Londres a Hong Kong, los bancos han duplicado o triplicado provisiones.

Las entidades financieras están siendo partícipes en muchos países de programas de financiación oficial para intentar sostener el tejido empresarial y reactivarlo. Se pretende evitar una caída de la actividad aún mayor que la causada por los confinamientos y la retracción del consumo e inversión. Y también frenar los impagos entre empresas que, al fin y a la postre, acaban llegando también a la morosidad bancaria. El golpe de la covid-19 a los resultados de los bancos puede acabar siendo mayor en Estados Unidos que en Europa porque hay mucho temor en torno al mercado de deuda corporativa norteamericano, que mueve más de 20 billones de dólares y que en marzo hizo sudar la gota gorda a la Reserva Federal para reducir el miedo a posibles colapsos

También se observan diferencias en resultados bancarios derivadas del impacto de la volatilidad en la banca de inversión. La rentabilidad de algunos bonos está en mínimos históricos y ha permitido —con la intervención de bancos centrales— que algunas entidades internacionales maquillen algo sus pérdidas aprovechando movimientos en renta fija y mejorando su posicionamiento en unas Bolsas aparentemente desconectadas de la economía real. Asimismo, anda revuelto el mercado cambiario —algo que también reflejan los resultados bancarios— con las tensiones entre China y EE UU en todo lo alto y muchos emergentes sufriendo el impacto de la covid-19 de forma creciente.

Como en otros muchos sectores, lo que el sector bancario va a precisar es la certidumbre de un control sanitario que aún no se observa. Por ahora, los movimientos estratégicos de la banca parecen de precaución y aviso.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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