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Adictos al BCE

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La acumulación de un ingente volumen de deuda pública desde el inicio de la crisis ha abierto un debate acerca de su sostenibilidad. La Comisión Europea espera medidas de consolidación, “tan pronto como las condiciones lo permitan”, sin más precisiones. Otros abogan por la cancelación de la toda la deuda emitida por la pandemia a través de su monetización por el BCE, de modo que la política fiscal se vería así exenta de ajustes. Esta tesis, aunque incompatible con los tratados, gana terreno entre algunos Gobiernos, más recientemente el italiano.

La cuestión no es acuciante a corto plazo, por el consenso acerca de la necesidad de un papel destacado del Estado para apoyar la economía y el empleo, a costa de un agravamiento de la situación de las cuentas públicas. Los Estados se enfrentan a un desplome de sus ingresos que no conviene compensar mediante alzas de impuestos, a la vez que incrementan el gasto para sostener un sector privado anémico. En España, la deuda pública se incrementará este año en cerca de 150.000 millones y la de las empresas lo hará en al menos 70.000, mediante créditos avalados, moratorias y otras facilidades que, de no devolverse, podrían convertirse en pasivos para el Estado. Pese a la aportación de ayudas europeas, la deuda todavía alcanzaría en 2021 cerca del 120% del PIB, 25 puntos más que antes de la crisis.

Gráfico 1

Gráfico 2

(*) Ratio de intereses pagados sobre deuda de las AAPP.

Fuente: Banco de España.

Además, si bien la deuda crece, su carga se aligera gracias a la acción del BCE que compra la mayor parte de los bonos públicos emitidos. Esta política ha creado un fenómeno de escasez, de manera que el mercado está dispuesto a renunciar al interés que en condiciones normales reportan los bonos. El rendimiento del título de referencia a 10 años roza el valor cero, y se ha instalado en valores negativos para los plazos inferiores.

Ante el riesgo elevado de una recaída de la economía europea, que amenaza con abrir un frente financiero en la crisis, el BCE se prepara para anunciar una nueva ronda de estímulos, que podría incluir una prolongación del programa excepcional de compra de deuda por razones de pandemia más allá de su plazo vigente de junio de 2021. También podría elevar el incentivo que aporta a los bancos para que estos concedan nuevos préstamos a las empresas.

Pero la deuda nos acompañará tras la crisis. En un escenario “optimista” de crecimiento sostenido gracias a la introducción de reformas y al plan de recuperación, la deuda apenas descendería hasta el final del periodo de ayudas europeas. En 2027 todavía se situaría en el 117%, siempre y cuando se mantengan tipos de interés cuasi nulos.

En esa tesitura, ¿se atreverá el BCE a desenchufar el grifo del dinero “gratis”? Sin duda Fráncfort procederá con cautela, incluso cuando llegue la recuperación de la mano de la vacuna. Porque la economía se ha vuelto tan dependiente de los estímulos que el BCE solo podrá retirarlos muy gradualmente. Un súbito encarecimiento del crédito provocaría la quiebra de muchas empresas que viven a crédito, y echaría al traste la recuperación. Los Estados más endeudados, como el nuestro, se verían abocados a un drástico plan de ajuste.

Esto no significa que el banco central esté dispuesto a elevar significativamente sus objetivos de inflación para así erosionar el valor de los pasivos. Ni que estará dispuesto a perdonar la deuda, algo inaceptable para los partidarios de la ortodoxia. Pero sí que podría mantenerla por un tiempo indefinido en sus balances, hasta que las economías europeas logren desintoxicarse.

Para la política fiscal española, el camino pasa primero por restablecer las condiciones de una sólida expansión, algo que se prevé para 2022 que es cuando el sector privado estará en condiciones de funcionar con cierta normalidad —las previsiones de Funcas, que incorporan la vacuna, apuntan a un crecimiento superior al 6% los dos próximos ejercicios—. Entonces llegará el momento de aplicar un plan de corrección de los desequilibrios. Comprar reseñas Google.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Gestión de riesgos sistémicos

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Los terribles efectos sanitarios, económicos y sociales de la pandemia están abriendo debates que perdurarán. En nuestro país, la respuesta sanitaria, con la descentralización de la gestión a las comunidades autónomas, ha despertado críticas por falta de contundencia e insuficientes recursos y coordinación. Es cierto que otros países —como Alemania o Suiza— funcionan, en gran medida, descentralizando por regiones administrativas y les ha ido bastante mejor. Tal vez sea porque su sistema institucional está más engrasado que el español y menos sujeto a estériles tensiones políticas. En todo caso, España no es en absoluto un Estado fallido, término empleado recientemente dentro y fuera de nuestras fronteras con demasiada frivolidad. Pero hay mucho que mejorar.

No es la primera vez en la historia reciente con algún episodio de riesgo sistémico donde buena parte de la gestión residía en las autonomías. En la crisis de 2008, las cajas de ahorros que tuvieron problemas de solvencia estaban sujetas al paraguas supervisor del Banco de España, pero también a las normas y, en algunos casos, por qué no decirlo, las interferencias de las comunidades. Parte de las competencias normativas de las cajas y las cooperativas de crédito entonces —y aún en algún aspecto anecdótico hoy— estaban en las autonomías. La lentitud con que reaccionaron algunas instituciones de ahorro, la imposibilidad de aumentar su solvencia a través de emisiones de capital debido a su carácter fundacional y las interferencias de los Gobiernos territoriales constituyeron un cóctel que empeoró la situación.

«España no es en absoluto un Estado fallido, término empleado recientemente dentro y fuera de nuestras fronteras con demasiada frivolidad. Pero hay mucho que mejorar».

Santiago Carbó

El resto de la historia se conoce: reformas legislativas para convertirlas en sociedades anónimas y, al final, procesos de recapitalización que supusieron solicitar un programa de asistencia financiera en la UE. Aquel episodio sistémico se resolvió cuando se pudieron tomar decisiones más centralizadas de modo efectivo y se emplearon recursos por elevación, en este caso europeos. Se demostró que, para las crisis sistémicas, lo mejor es una gestión más centralizada, juntando fuerzas, con mayor capacidad de coordinación y credibilidad, así como un pool de recursos disponibles mucho mayor. La posterior creación de la unión bancaria europea ha propiciado un marco institucional mucho más potente para afrontar futuras crisis financieras.

Si para riesgos sistémicos de estabilidad financiera fue necesaria la estrategia por elevación, para una crisis global de salud pública, como la de la covid-19, esta receta parece también necesaria. Los mecanismos de coordinación sanitaria deben ser reforzados dramáticamente en España —alrededor del Ministerio de Sanidad, con muchos más recursos para estas contingencias—, para alcanzar mayores cotas de efectividad y evitar la sensación de desconcierto que tantos perjuicios ha causado.

Asimismo, hace falta algo más: una verdadera estrategia de salud pública paneuropea con recursos, credibilidad y competencias que eviten la evidente y dañina descoordinación —como han sido los cierres unilaterales de fronteras— que se ha producido en la UE. Catástrofes de estas características requieren de un sistema para afrontarlo, no de partes descoordinadas.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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La industria registra una mayor actividad en mayo, pero queda mucho por recuperar

La producción industrial se recupera en mayo, lo que indica que se ha tocado fondo, pero la caída interanual es mayor a la registrada en marzo (24,5% frente al 14,1%). La reactivación de la industria está siendo lenta en España y en Europa (Alemania disminuye su producción industrial anual un 23,2% y Francia un 23,7%). Los sectores con mayor peso en la industria española todavía muestran una posición muy débil. La fabricación de vehículos, partes y componentes registra una reducción en la producción anual del 60,6%.

En mayo el índice de producción
registró un incremento mensual del 14,7% (según los datos corregidos de
estacionalidad y calendario que ofrece el INE), siendo este avance es el más
elevado desde que se tienen registros. Pero este no debe ser el titular puesto
que se está comparando con abril cuando se paralizó la economía[1]
para
minimizar la movilidad y ser más efectivos en la lucha contra el Covid-19. Por
supuesto, el cambio de tendencia es muy relevante e indica que la industria ya
ha tocado fondo. Sin embargo, queda mucho por recuperar hasta volver a los
niveles previos a la pandemia, ya que la producción industrial ha caído en mayo
un 24,5% anual.

En realidad, no es extraño que en mayo todavía se haya anotado una caída en la producción anual; lo preocupante es la magnitud de dicha caída. La comparación con lo ocurrido en el mes de marzo aporta claves significativas puesto que en estos dos meses no se prohibió ninguna actividad industrial. En cuanto al confinamiento, es cierto que en mayo fue durante más tiempo (la Comunidad de Madrid o Barcelona, por ejemplo, estuvieron en fase 0 hasta el 25 de mayo), pero fue más suave, ya que permitía algunas salidas de la población o la apertura de comercios. Aún así, el ajuste del 24,5% es muy superior al registrado en marzo que (con la última revisión realizada en el INE) se situó en un 14,1%. Un cálculo burdo, pero orientativo, sugiere que en marzo cada semana de confinamiento mermó la producción industrial anual un 7,05%; mientras que en mayo cada semana de confinamiento ha supuesto un descenso medio en la producción industrial anual del 8,2%. En definitiva, este primer elemento de análisis pone de manifiesto la dificultad que supone el retorno a los niveles de actividad previos a la pandemia.

El objetivo de
este artículo es comprobar, por una parte, si el retorno a la producción
cotidiana en otros países está siendo igual de lenta y, por otra parte, si en
la industria española todas las actividades están recuperando la rutina al
mismo ritmo.

En el análisis de la producción industrial de marzo se comprobó que el descenso en España estaba en línea con lo ocurrido en otros países de su entorno e incluso era ligeramente inferior[2]. Además, se apuntó que el fuerte descenso en la producción italiana en marzo (cercano al 30% anual) era un adelanto de lo que se vería en abril en España, Francia o Alemania, ya que las medidas de confinamiento se adoptaron más tarde. Los datos han confirmado esta previsión y como se puede observar en el Gráfico 1 las caídas en abril fueron efectivamente muy intensas. El aspecto positivo es que, en mayo, los cuatro países han frenado esa tendencia descendente. Además, Italia está reactivado rápidamente su industria, ya que registra una caída anual de “tan solo” el 20,3% frente los retrocesos de Alemania, Francia y España del 23,2%, 23,7% y 24,5%, respectivamente. Luego, si se asume que Italia muestra cierto adelanto en los efectos económicos provocados por la pandemia, se debe esperar que el ritmo de recuperación en la producción industrial de los otros países se fortalecerá a medida que pasen las semanas.

No obstante, esta comparación internacional descubre un punto de preocupación para la industria española puesto que en mayo presenta una recuperación más pausada que sus vecinos europeos, si bien este perfil puede ser solo reflejo de la desescalada más temprana en Francia y en Alemania.

Gráfico 1

Fuente: Elaboración propia a partir del IPI (Eurostat).

El segundo foco de atención es el examen de la evolución seguida en España por los distintos sectores industriales. En particular, el análisis más desagregado se centra en las manufacturas no solo porque aportan el 80% de la producción industrial sino porque en mayo el ajuste de la producción anual ha alcanzado el 26,5%. En cambio, el sector energético[3] muestra una disminución de la producción anual del 15,4% motivado, en gran medida, por la debilidad de la actividad en las manufacturas (más intensivas en energía que otras actividades de servicios).

El Gráfico 2 representa la variación porcentual en mayo y marzo en los sectores manufactureros[4]. Para interpretar el gráfico cuanto más a la izquierda y más abajo se encuentre el sector mayor es la caída en la producción en mayo y marzo, respectivamente; y cuanto mayor es el tamaño de la burbuja mayor es el peso del sector en la industria española. En el panel A se representan los sectores con descensos en mayo inferiores a la media industrial (24,5%); mientras que en el panel B se representa los sectores que han reducido su producción anual más del 25%. Comparando el comportamiento de todos los sectores y las escalas de los dos gráficos, se confirma que los sectores que más rápido están retomando la actividad son aquellos que menos sufrieron los efectos negativos en marzo.

Comenzando el análisis por el panel A, llama la atención el comportamiento de los productos farmacéuticos, que aumentaron su producción en marzo por motivos obvios; sin embargo, en mayo registran una contracción en la producción anual del 20,3%. En el caso de los productos químicos (que incluyen toda clase de geles desinfectantes) la reducción de mayo ha sido bastante más pausada (11,3%). El sector de alimentación prácticamente mantuvo su producción al inicio del confinamiento debido a un efecto rebote en las compras de los hogares que compensó la suspensión de la actividad en el canal HORECA (hostelería, restaurantes y cafeterías). No obstante, en mayo ese efecto rebote ha desaparecido y ya registra un retroceso del 10,8%. La escasa actividad en el sector de la hostelería también explica la fuerte disminución en la producción anual del sector de bebidas (el 23,4%). Por último, el grupo de los sectores que están en la parte inferior del gráfico están mostrando un retroceso en mayo similar al observado en marzo, entre el 15% y el 20%.

Gráfico 2

Nota: La dimensión de la burbuja indica el peso en el IPI, variaciones en %.


Fuente: elaboración propia a partir de IPI (INE).

En el panel B, la
situación es algo más preocupante puesto que todos los sectores ya habían
registrado caídas importantes en marzo y solo dos de ellos han disminuido estos
ajustes en mayo. Estos sectores son la fabricación de productos metálicos
y otro material de transporte lo que, en cierta medida, es lógico que
sean los que más rápido están retomando la actividad pues se utilizan como inputs
en la fabricación de otras manufacturas. En el extremo opuesto se encuentra la confección
que está reduciendo su producción anual a un ritmo del 80% (en abril lo hizo al
77,2% y en marzo al 32,1%). Este sector representa en torno al 1% del IPI, pero
si se consolida con el sector textil (en mayo ha retrocedido un 35,1% anual) surge
la alerta sobre la difícil situación que atraviesa la industria relacionada con
la moda en España. De hecho, parte de esta adversa situación se explica por la
elevada dependencia de producciones en mercados lejanos (China, pero también
otros como Bangladesh o Vietnam). Por ello, este sería un buen momento para
replantearse por parte de las empresas la estrategia de deslocalización masiva,
pero también por parte de la Administración cuya actuación sería fundamental para
contribuir no solo a la asistencia de este sector sino a mejorar el medio
ambiente y la sostenibilidad.

Pero, de nuevo,
el sector de fabricación de vehículos, partes y componentes es el que más está
acusando los efectos del parón económico inducido por la pandemia. Si en marzo
la disminución en su producción fue superior al 40%, en mayo el retroceso
respecto a mayo de 2019 ha sido del 60,6%. Aunque el 11 de mayo retomaron la
actividad las últimas factorías fabricantes de vehículos que quedaban cerradas
(a excepción de la factoría de Nissan en la zona Franca de Barcelona), lo
hicieron a un nivel de capacidad muy bajo para adaptarse a las nuevas medidas
de seguridad. Por ello, este ajuste tan intenso indica que las empresas
fabricantes están muy lejos de alcanzar su producción habitual. La aprobación
del Plan Renove 2020 y, en general, el Plan de Impulso a la Cadena de Valor de
la Industria de Automoción aprobado en el RD-ley 25/2020 de medidas urgentes
para apoyar la reactivación económica y el empleo (3 de julio) contribuirán sin
duda a mejorar esta situación.

En conclusión, las manufacturas españolas todavía están produciendo a medio gas, esperando a que se reactive la demanda. Pero teniendo en cuenta la estacionalidad de la producción de los sectores manufactureros (con una reducción de la actividad en los meses estivales) y la extensión de los ERTEs hasta finales de septiembre, todo hace pensar que las manufacturas van a seguir con un ritmo lento de retorno al nivel de producción previo a la pandemia.


[1]
Se estableció un permiso retribuido recuperable para
las personas trabajadoras por cuenta ajena que no prestasen servicios
esenciales (RD-ley 10/2020, de 29 de marzo, y RD-ley 11/2020, de 31 de marzo).
Esto supuso que la actividad industrial no esencial se paralizó dos semanas,
del 30 de marzo al 12 de abril.

[2]
“El freno industrial durante marzo es intenso, pero menor al observado en
Europa”, M.J. Moral entrada publicada en FuncasBlog el 18 de mayo de 2020.

[3] En sentido amplio se incluye el “suministro de energía eléctrica, gas, vapor y aire acondicionado” y el “suministro de agua, actividades de saneamiento, gestión de residuos y descontaminación” y representan el 19,3% del IPI.

[4] Desagregados a dos dígitos CNAE. El INE no aporta datos de la industria del tabaco (que no se representa) ni de la participación en el IPI del sector textil (pero a partir de datos de VAB se asume un peso del 2,9%).

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Lazos rotos

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Nunca una cumbre europea había generado tanta expectación en lo cuantitativo y, sin embargo, deja un amargo gusto en lo cualitativo. Una UE que menosprecia a sus clásicos parece no tener en cuenta la máxima de Horacio: la palabra dicha no vuelve atrás. En Bruselas se ha dicho mucho y muy feo. Con un nivel de descalificación entre países que deja dos cuestiones claras. La primera, no hay una idea común sobre el proyecto comunitario, ni siquiera parece que existan percepciones compatibles. La segunda, hay una fragmentación manifiesta en materia fiscal, tanto en lo que se refiere a qué es frugalidad como en cuestiones impositivas.

«El irrespirable clima de la cumbre dejaba claro que, con acuerdo o sin él, se habían causado heridas que van a supurar durante mucho tiempo. En un contexto de pandemia y dificultades para el movimiento transfronterizo en la UE, la desconfianza generada lo empeora todo».

Santiago Carbó

Con la emergencia de la covid-19 —que lejos de desaparecer sigue arreciando— parecía que existía un espacio para una nueva percepción de solidaridad. Se ha roto el buen rollo. No se debió llegar a lo sucedido estos últimos días. De un posible plan conjunto —incluso con una suerte de eurobonos— se ha pasado a los cuchillos y a que cada cual saque lo peor de sí. Que exista algo de desconfianza es comprensible. Es un argumento válido para negociar. El problema es que hasta ahora se había mantenido en un plano muy corto: austeros frente a gastosos. Y ese corto alcance ha hecho que países como Holanda fagociten la cumbre y tengan excesivo protagonismo y cerrazón. Sobre todo, porque si se abre la perspectiva, su fiscalidad también es ampliamente criticable. Junto con otros como Irlanda o Luxemburgo, se trata de Estados miembros con un tratamiento impositivo demasiado generoso a las empresas allí residentes y poco compatible con un mercado único competitivo. Muchos lo entienden como deslealtad fiscal, aunque estos países lo definen como libre mercado. La reciente sentencia del Tribunal General de la UE liberando a Apple del pago de 13.000 millones en impuestos en Irlanda terminó por destapar las vergüenzas. Tal vez haya sido también motivo de que estos países defiendan su terreno como gato panza arriba.

El irrespirable clima de la cumbre dejaba claro que, con acuerdo o sin él, se habían causado heridas que van a supurar durante mucho tiempo. En un contexto de pandemia y dificultades para el movimiento transfronterizo en la UE, la desconfianza generada lo empeora todo. Hubo posiciones demasiado enfrentadas desde el inicio de la cumbre. Todos saben que mantener niveles y estructuras fiscales tan distintas es insostenible, pero nadie estaba dispuesto a dar su brazo a torcer.

El orden causa-efecto también se ha adulterado. No se tenía que haber dado pie a que se exigiera tan bruscamente que países como España emprendieran reformas para poder contar con los fondos de recuperación. De acuerdo que es obligación española y de otros países haber planteado reformas hace tiempo. Desde la última crisis —y también obligados— no se han realizado transformaciones de calado para aumentar la competitividad y suficiencia fiscal. Sin embargo, también es necesario que el eje franco-alemán —cuya firmeza es voluble— se plantee cerrar un compromiso fiscal de sostenibilidad para unos y de reglas competitivas fiscales para otros. Y, sobre todo, mucho más respeto entre todos.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Europa lidera con fuerza la recuperación económica tras la catástrofe del Coronavirus, dejando claramente atrás a Reino Unido y EEUU

Las recuperaciones económicas, al igual que las crisis precedentes, son un codiciado objeto de concienzudo estudio por parte de economistas y académicos. Al igual que no hay dos crisis iguales, no hay dos recuperaciones iguales, y además no hay tampoco dos superpotencias con las mismas repercusiones calcadas ni aunque sean de una misma crisis. Las notables diferencias econométricas entre cómo estos eventos afectan a una u otra área económica es un apasionante campo para tratar de arrojar algo más de luz sobre la ciencia económica (con mis debidos respetos a los que no la consideran ciencia).

La crisis del Coronavirus, a pesar de lamentablemente haberse llevado tantas vidas preciadas de nuestro lado, y de estar destruyendo inclementemente tejido productivo y puestos de trabajo, también nos ha traído nuevos escenarios socioeconómicos, los cuales habrá que analizar para al menos tratar de sacar conclusiones que pueden ser muy relevantes, y que pueden ayudar a encajar mejor en un futuro estos golpes secos socioeconómicos. De hecho, hay diferencias importantes entre cómo está teniendo lugar la recuperación económica en un país u otro, y se están marcando significativas distancias entre la recuperación europea frente a la de los países de la órbita anglosajona. Y no, por esta vez la recuperación de la actividad no está siendo más dinámica allí, sino que es Europa la que está liderando esa recuperación.

De los millones de desempleados por la crisis del Coronavirus, a los empleos que se van recuperando con la re-ignición del motor económico

Europa Lidera Con Fuerza La Recuperacion Economica Tras La Catastrofe Del Coronavirus Dejando Claramente Atras A Reino Unido Y Eeuu 2

No hace falta que les analicemos de nuevo la catástrofe económica que ha supuesto la pandemia (y lo que nos queda), con decenas de millones de desempleados en apenas unas semanas en cualquiera de las superpotencias que publican cifras macroeconómicas mínimamente fiables. Y esta fiabilidad es un punto siempre realmente relevante en economía, pero lo es especialmente en el escenario del Coronavirus, donde en general la calidad de las cifras ha dejado bastante que desear, empezando por las increíbles cifras iniciáticas chinas de Enero, que trataron de ocultar la realidad de lo que allí se les había desatado, y ante las que ya les advertimos que anticipaban una auténtica pandemia mundial, como de hecho ha acabado por ocurrir.

Sin ir más lejos, tomando de referencia a esa primera potencia económica mundial que (todavía) es EEUU, éste ha sido el país del mundo “econometrizado” donde el desempleo se ha multiplicado más catastróficamente, llegando a cifras absolutamente inconcebibles que incluso han llevado a miles y miles de familias de clase media a tener que recurrir masivamente a comedores de caridad, esperando pacientemente en colas kilométricas de coches sólo para conseguir una mísera ración de subsistencia. Y ante esta evidencia es cuando ha llegado la hora de la verdad, demostrando ciertos los análisis de los que advertíamos que la clase media estadounidense (y la de otros países) llevaba años perdiendo poder adquisitivo y peso socioeconómico (a pesar de la tímida recuperación final que llegó demasiado tarde), y que como consecuencia de ello apenas disponían de recursos y ahorros para pasar el más mínimo bache o imprevisto económico. Otro dato que ya hacía entrever la magnitud de un potencial desastre socioeconómico en los Estados Unidos, y en el que a EEUU se le unía Reino unido, era cómo el pleno empleo en ambos países distaba mucho de ser real, y era un mero producto de unas cifras imprecisas que no estaban adaptadas para medir la nueva realidad económica de los trabajadores de aquellos países. El hecho es que allí el trabajo a tiempo parcial involuntario arroja desde hace años unas cifras apabullantes, pero sus sufridores ya no contaban estrictamente como desempleados, aunque sus ingresos (también parciales) no les llegaban tan apenas para llevar una típica vida con unos mínimos estándares de clase media.

En Europa, aunque el panorama hoy por hoy tampoco es nada halagüeño, e incluso es especialmente sombrío en lo que al futuro político-social se refiere, sin embargo ya les analizamos cómo las redes de contención social y la diferencias del modelo europeo podían hacer que un bache temporal, como el traído por el Coronavirus, pudiese ser absorbido menos dramáticamente que en un país como EEUU, donde despedir a parte de la plantilla es mucho más ágil (aunque sea por motivos coyunturales). Y tampoco canten victoria con esto, puesto que a veces este sistema “a la europea”, en vez de amortiguar, simplemente hace sufrir la crisis con la misma virulencia, pero en diferido. Habrá que ver qué ocurre a la vuelta del verano, cuando los ERTEs temporales se quieran “metamorfizar” en EREs definitivos. Aún tenemos mucho que aprender con todo lo que nos queda por delante en el desarrollo de esta terrible crisis, y con cómo está afectando de forma diferente a los distintos sistemas socioeconómicos capitalistas. Pero los datos son los datos, y más allá de esperanzas y conjeturas a futuro, sea por lo que sea, el hecho es que a día de hoy la Europa continental está liderando claramente la recuperación económica post-Coronavirus, y tanto Estados Unidos como Reino Unido le van claramente a la zaga (y por bastante), a pesar de que el batacazo precedente allí fue especialmente duro. Y sólo eso ya es (muy) digno de un análisis como el de hoy.

A pesar de unos EEUU y un UK con mercados laborales mucho más dinámicos, en esta ocasión ha sido la Vieja Europa la que más vitalidad económica está demostrando (dentro de lo posible)

Europa Lidera Con Fuerza La Recuperacion Economica Tras La Catastrofe Del Coronavirus Dejando Claramente Atras A Reino Unido Y Eeuu 3

Pues ahí van esos datos, y es que recientemente Bloomberg publicó las cifras del índice de actividad diaria que está arrojando la actual recuperación económica, sobrevenida tras el levantamiento generalizado del confinamiento en diversos países. Y cuando esas cifras son puestas negro sobre blanco en un revelador gráfico como el del enlace anterior, las diferencias llaman poderosamente la atención de cualquiera. Y es que el tradicional dinamismo en la recuperación económica de los países de la órbita anglosajona ahora brilla por su ausencia, y tanto Estados Unidos, como Reino Unido, y otros países cercanos a esa órbita socioeconómica como Canadá, se sitúan todos (y con diferencia) en los últimos lugares del gráfico comparativo. Japón se sitúa en un plano intermedio. Y finalmente, para (gran) sorpresa de algunos, por el contrario los países de la Europa continental como Francia (prácticamente recupera el 100% de su actividad de Enero), Italia, Alemania y España (por ese mismo orden), lideran claramente la recuperación con mucho más brío que sus compañeros capitalistas anglosajones. Debemos decir también que, entre estos cuatro países europeos, España se sitúa en la posición menos dinámica, pero sacando aún así una ostensible ventaja respecto a los más rezagados.

Y esto último no es en absoluto un respaldo a la gestión económica de la pandemia en nuestro país, que no acaba de ser (ni de lejos) lo que debería, y que puede todavía seguir demostrando (y todavía con mayor dramatismo que hasta ahora) que las cosas se podrían haber hecho mucho mucho mejor. Porque no olvidemos que la vuelta del verano puede ser especialmente dramática en España en concreto, y ante ese panorama llaman la atención las lacerantes diferencias entre cómo por ejemplo Italia y Alemania han optado por apoyar a la economía con rebajas fiscales que suman ya más de 59.000 millones de euros, lo que tiene por objetivo prioritario reanimar la languideciente actividad económica, cuando sin embargo en España se ha optado por todo lo contrario, y ya se han anunciado importantes subidas de impuestos que sólo auguran un mayor deterioro económico con su habitual efecto depresor.

En unos trimestres veremos las diferencias y los diferentes efectos de estas dos recetas económicas europeas diametralmente opuestas, pero mucho me temo que España no podrá sacar mucho pecho por haberse echado “entre pecho y espalda” una significativa escalada de impuestos, que además llega en el peor momento posible para los que van a tener que soportarlos sobre sus hombros. No es nada nuevo, esto ya lo hemos visto en otras crisis de nuestro pasado reciente, con el resultado de que España infra-desempeñó frente a las principales economías europeas, pero parece que en este país no aprendemos del pasado y somos capaces de repetir los mismos errores socioeconómicos una y otra vez, para cuando luego llega el baño de realidad pasar oportunistamente a cargar con las culpas propias a otros que pasaban por allí.

Todo lo que estas cifras de evolución en la recuperación podrían estar escondiendo… Enciendan la luz y veámonos todos las caras (y las fórmulas socioeconómicas)

Europa Lidera Con Fuerza La Recuperacion Economica Tras La Catastrofe Del Coronavirus Dejando Claramente Atras A Reino Unido Y Eeuu 4

Pues si ya es apasionante tratar de dilucidar en el plano más económico el porqué de las diferencias en el desempeño de la recuperación entre diferentes países, ya es para no dormir la pasión por hacerlo en el plano más sistémico y socioeconómico. Si no fuese por lo dramático de la situación, el experimento de campo debería al menos servirnos para aprender (y mucho) de ese concepto de socioeconomía que re-acuñamos hace ya años aquí, y que es la verdadera base de todo y fragua los cimientos de nuestro progreso más real. Ya les anticipamos hace algunos meses, cuando analizamos la gestión española del Coronavirus, cómo quedaba pandemia para rato, y les dijimos textualmente que aún estaba por ver qué nefastas gestiones podían hacer otros políticos en cualquier momento, sin descartar que se pudieran incluso superar nuestras terribles marcas de entonces, que en aquel momento nos hacían líderes del mundo en desastre socio-sanitario.

Y en el análisis enlazado antes sobre la auténtica debacle del desempleo en EEUU también les dijimos que aquel mercado laboral y en general su economía era mucho más flexibles y dinámicas que las europeas, y que era probable que, igual que en la bajada habían destruido empleo a espuertas y perdido buena parte de su actividad económica, en la subida pudiesen hacer lo propio, al menos a mayor ritmo que Europa. Si bien este escenario todavía no puede ser descartado, puesto que ahora mismo en EEUU se puede decir que la nefasta gestión ha hecho que se pueda considerar que están zambullidos en una segunda ola del Coronavirus que se ha superpuesto sobre la primera (que no ha llegado a remitir), lo cierto es que hay otro escenario que también les hemos puesto de relieve en otras ocasiones, y que podría ser la explicación a los diferentes ritmos que la recuperación económica está tomando a uno y otro lado del Atlántico (y del Canal de la Mancha).

Y es que puede ser que esas diferencias no sólo sean achacables a que Europa haya salido antes de la pandemia (al menos de la primera ola), y que por ello haya un decalaje en los tiempos de la recuperación, porque, tal y como les decía, en una igualdad de condiciones que verdaderamente no acaba de ocurrir, sí que era de esperar que (incluso a estas alturas) la recuperación en EEUU fuese más enérgica. Pero, independientemente de una segunda ola que ha tomado forma tan sólo en los últimos días, realmente por ahora el confinamiento ya se había levantado también en EEUU y UK (de momento), con lo que la comparación con Europa sí que procede. Y además, este hipotético razonamiento de estar en una fase anterior que la europea no vale para el caso del Reino Unido, país en el que los tiempos marcados por las fases de la pandemia están infinitamente más próximos a Europa que a EEUU, por lo que en teoría la recuperación económica de Reino Unido debería ser tan boyante como la europea, y no mostrar las mismas grandes diferencias que separan a EEUU de nosotros. Así, habrá pues que buscar las causas de las diferencias de su floja recuperación en otro sitio, y lo que más llama la atención es que UK y EEUU son países que sí que presentan un gran parecido socioeconómico entre sí, con mercados laborales y economías muy similares en características y en evolución, compartiendo igualmente también en esa arrealidad que citábamos antes de un pleno empleo que no es tal).

Y es que las redes de contención social de los sistemas europeos podrían haber hecho su papel en esta ocasión, y haberse convertido en una opción que esté amortiguando el impacto de un desastre económico tan masivo pero tan definido en un corto plazo de tiempo: esas redes estarían haciendo de bote de salvavidas no sólo para los más afectados, sino también para el conjunto de la economía ayudando a superar un bache temporal. Lo que está claro es que la respuesta al porqué de estas diferencias entre países en la recuperación pasa por la resiliencia de cada sistema socioeconómico y de cada mercado laboral a un gran gran gran cisne negro de características coyunturales como son las del funesto Coronavirus, y que desde estas líneas ya les anticipamos que por ejemplo podría tener unas consecuencias especialmente graves para UK con el Brexit de telón de fondo: a la vista están los tristes resultados de actividad salmón al otro lado del Canal de La Mancha (y al otro lado del Atlántico). Va a resultar que Europa no era tan mal sistema como algunos nos pintaban, en un ponderado medio camino entre el capitalismo más desatado y el centralismo más totalitario e hiper-controlador. El problema siempre ha sido que algunos nos quieren sacar del carril porque la viabilidad del sistema europeo no les viene nada bien ni a los unos ni a los otros: es el sino del centro, que le atacan siempre desde ambos extremos.

Y ya saben, llegados a este punto, de nuevo volvemos a decirles que ahora tampoco se puede descartar que los graves y reincidentes errores del ejecutivo de EEUU en la gestión de la pandemia puedan acabar por hacerles líderes absolutos en el desastre del Coronavirus, un extremo que siempre hemos contemplado como posible para ese caso y para el de cualquier otro país con dirigentes con más visceralidad que altura política. Conociendo además el "nivelazo" que se observa a nivel mundial, y las flagrantes diferencias en la gestión y en la comunicación de la pandemia que separan a algunos países (sin ir más lejos el abismo que separa a Trump de Merkel), del triste podio de los ganadores en fallecidos o desempleados por COVID-19 aquí no hay nada decidido, y no se puede descartar a ningún corredor. Y es que en concreto en EEUU aún está por ver cuándo y cómo saldrán de esta grave crisis sanitaria y socioeconómica, si esta crisis ha acabado por resquebrajar de verdad los cimientos de su sistema socioeconómico, y si son capaces de aprovechar la lamentable coyuntura al menos para llevar a cabo esa refundación del capitalismo que desde aquí tantas veces hemos reclamado como ineludible, y que tienen como asignatura (muy) pendiente, especialmenre en un escenario post-Coronavirus que sólo está expandiendo esas grietas sociales.

Europa Lidera Con Fuerza La Recuperacion Economica Tras La Catastrofe Del Coronavirus Dejando Claramente Atras A Reino Unido Y Eeuu 5

Reinventarse o morir, o tal vez simplemente la cosa sea ya tan grave como para que la decisión sea entre morir o morir con gran dolor; en todo caso “that is the question”. Por poner una nota de optimismo de barras y estrellas, al menos hay elecciones dentro de poco en las que los ciudadanos de aquel país tendrán la ocasión de corregir un rumbo que es a todas luces (muy) errado ahora mismo, y de empezar a gestionar mejor la pandemia y su crisis. Pero a buen seguro que alguno fuerza a que esa corrección deba pasar inevitablemente por un cambio de color político, frente a un simple cambio de dirigente del mismo color, porque es lo que tiene la erótica del poder: nadie quiere abandonarlo hasta que no se le cae el castillo de naipes literalmente encima. Y esto no es en absoluto una debilidad, sino que, mal que les peses a los autócratas, precisamente para eso son excepcionales las democracias, donde se caen los líderes pero se renuevan los sistemas. En los países con cultos personalistas no tienen esa fortaleza (ni opción a ella), y así les va: se hunden socioeconómicamente junto con su líder mesiánico. Benditas elecciones, pero de las de sin pucherazo ni resultados más cantados que la “Macarena” de Los del Río: elecciones de las de verdad, limpias, justas, y sin injerencias. ¡Quién nos iba a decir hace tan sólo una década que hoy en día estas tres cosas iban a ser mucho pedir!

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Ayudas asimétricas

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Hay paralelismos entre la crisis financiera y la sanitaria que sacan algunas vergüenzas de Europa. Una cosa es clara, es mejor estar dentro que fuera. Hace mucho frío fuera del euro. Eso sí, la insolidaridad —salvo la acción del BCE— parece abrumadora. No solamente por el gradualismo, falta de empatía y tardanza en la entrega de los fondos comunitarios comprometidos para la pandemia. Tampoco porque el debate sobre los fondos de reconstrucción se posponga y se advierta sobre su condicionalidad. Debería también preocuparnos que los países del núcleo del euro —con Alemania a la cabeza— nos están “comiendo la tostada” en materia de ayudas públicas a empresas.

No porque presten un apoyo fiscal dentro de las normas a su tejido productivo. Eso sería comprensible. Más aún con su mayor margen para gasto público. Sin embargo, gran parte de esas ayudas públicas contravendría, en cualquier otro escenario, los principios competitivos de la UE. Pero con el marco transitorio aprobado con la covid-19, se puede solicitar una aprobación especial de la Comisión Europea.

Con la excepcionalidad actual, parece comprensible que las reglas de competencia puedan relajarse. Pero esa misma situación extraordinaria recomendaría que, en un entorno de mercado único, los países más afectados por la pandemia recibieran más ayuda y que la que presten o inviertan en capital de empresas no computara —o lo hiciera atenuadamente— a los efectos de protocolo del déficit. Ninguna de esas dos cosas está ocurriendo. Entre tanto, algunos países parecen “saltarse” otras reglas. Por ejemplo, Alemania, concentrando hasta la fecha la mitad de las cantidades aprobadas por Bruselas como ayuda excepcional a empresas. Suecia, Dinamarca, Holanda o Austria también tienen cuantiosos “permisos excepcionales”. Buena parte de ellos para, al igual que España e Italia, dar garantías públicas a préstamos privados. Otros cuantiosos, no obstante, para inyectar capital directamente en sus empresas.

«Va a resultar que las diferencias de competitividad pueden tener que ver, al menos parcialmente, con el apoyo de papá Estado. No es el único ejemplo. La unión bancaria sigue incompleta y los bancos (y otras empresas) de esos mismos países cuentan con la denominada “garantía implícita” que se refleja en sus ratings y les permite financiarse más barato».

Santiago Carbó

Desde la crisis financiera de 2008, algunos países se beneficiaron comparativamente de esa asimetría. El “marcador” (scoreboard) de ayudas públicas a empresas de la Comisión Europea muestra que Alemania, Austria o Dinamarca concedieron a sus empresas el triple de ayuda pública (con aprobación especial de la UE) que España o Italia. Va a resultar que las diferencias de competitividad pueden tener que ver, al menos parcialmente, con el apoyo de papá Estado. No es el único ejemplo. La unión bancaria sigue incompleta y los bancos (y otras empresas) de esos mismos países cuentan con la denominada “garantía implícita” (respaldo en caso necesario de sus más solventes Tesoros nacionales) que se refleja en sus ratings y les permite financiarse más barato.

España debería actuar doblemente. Primero, reforzar con intensidad los mecanismos de liquidez a empresas y autónomos y acometer, donde sea necesario, esquemas temporales (ojo, no nacionalizaciones) de recapitalización participativa. Segundo, una negociación más dura con la carta de un mayor escrutinio y, en su caso, incluso denuncia en instancias europeas (como ha hecho Ryanair) de las ayudas claramente asimétricas que otros países están otorgando a sus empresas y que distorsionan permanentemente la competencia y el mercado único.


Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Prohibido caer en la resignación

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En fechas recientes han aparecido varias estimaciones del impacto de la pandemia sobre la economía española, y todas apuntan a una contracción sin precedentes de la actividad. Se insiste, con razón, en que la magnitud del shock depende en buena medida de la evolución de un virus del que sabemos todavía poca cosa, y de su propagación internacional. Por tanto, el margen de incertidumbre —y también el de errar en esas previsiones— es considerable. La OCDE, por ejemplo, estima que por cada mes de confinamiento, la economía pierde dos puntos de crecimiento, y más en países con fuerte presencia de sectores vulnerables como el turismo.

Sin embargo, algunas de estas estimaciones no hacen suficiente hincapié en el papel crucial de la política económica, cuya efectividad determinará tanto la magnitud del desplome en 2020 como el vigor de la recuperación. El objetivo es limitar el cierre de empresas para conservar la capacidad productiva. Solo en marzo, ya se perdieron cerca de 100.000 empresas, el 7,4% del total (en bajas a la seguridad social). El mantenimiento de puestos de trabajo en empresas sostenibles es otro estabilizador automático. Por tanto, las primeras informaciones acerca de los efectos del plan de emergencia muestran la necesidad de acelerar su aplicación, antes de ampliarlo.

Gráfico 1

También se espera una
respuesta útil desde Europa. Esta semana el Consejo anunció un plan
de reconstrucción, inspirado en la propuesta española, que se articularía en
torno al plan presupuestario 2021-2027. Se habla de un paquete de estímulos de
entre 1 y 1,5 billones de euros, no menos del 10% de la economía europea. En
apariencia parece contundente, pero en realidad no hay acuerdo acerca de su
financiación. Si se tratara, directa o indirectamente, de deuda nacional, el
beneficio sería significativamente más limitado que en caso de una puesta en
común de recursos. Tampoco está claro si ese plan se activará a partir de 2021,
o si existe alguna posibilidad de adelantar el calendario. Esta última es sin
duda la mejor opción para suavizar el descenso y
mantener en vida, aún a un ritmo reducido, las empresas y los
puestos de trabajo.

«No hay que cejar en mejorar el diseño de la política económica, y alentar la heterodoxia del BCE, para desdecir los peores augurios».

Raymond Torres

Todo indica por tanto que habrá que esperar un
largo tiempo hasta que transcienda algo concreto de las negociaciones de
Bruselas. Entre tanto cada país tendrá que seguir contando con sus propias
fuerzas para contener la recesión y emprender el desconfinamiento. Esto tiene
una doble desventaja para nuestro país, en primer lugar porque las disponibilidades
presupuestarias son relativamente limitadas, y el margen de actuación dependerá
de la evolución de la prima de riesgo, que ya se ha colocado en niveles
preocupantes. Así se explica que tanto España como Italia dediquen menos
recursos presupuestarios para resolver la crisis que los países de la eurozona
menos endeudados.

Gráfico 2

La otra desventaja es que los países con más
margen fiscal —y aquellos que no comparten el euro— han anunciado ingentes
ayudas e inversiones para fortalecer sectores estratégicos, de modo que
encararán la recuperación en mejor posición competitiva que nuestras empresas.
Normalmente este tipo de prácticas es incompatible con la pertenencia al
mercado único, pero las reglas en materia de competencia se han flexibilizado
como consecuencia de la pandemia.

La buena noticia viene, une vez más, de
Frankfurt. El BCE ha relajado sus criterios de compra de deuda corporativa.
Esta decisión, unida al lanzamiento de un programa excepcional de adquisición
de deuda pública, y la flexibilización de la contabilización de los préstamos
morosos, actúa de momento como dique de contención ante el riesgo de contagio
al sistema financiero.

En suma, la economía podría contraerse un 7% en el presente ejercicio, pero hasta cinco puntos y medio más si fallaran las medidas de emergencia o la prima de riesgo se disparara hasta niveles de crisis financiera. No hay que cejar en mejorar el diseño de la política económica, y alentar la heterodoxia del BCE, para desdecir los peores augurios.


Fuente de los gráficos: Previsiones de Funcas y fuentes oficiales.

Este artículo apareció originalmente en el diario El País.

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Covid-19: globalización contra la pandemia

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La pandemia ocasionada por el COVID-19 ha golpeado a una
economía mundial estrechamente integrada. En las últimas tres décadas el
sistema productivo mundial se ha transformado radicalmente y hoy es difícil
encontrar un producto fabricado exclusivamente en un país. Lo normal es que
cualquier bien final o intermedio sea el resultado de un proceso productivo que
ha atravesado las fronteras nacionales varias veces. Por eso, la Organización
Mundial del Comercio (OMC) no ha dudado en afirmar que la mayoría de los bienes
deberían llevar la etiqueta “made in the
world
”. Este es el modo que el sistema capitalista ha encontrado para
fabricar la mayor variedad de productos, de la manera más accesible para el
mayor número de personas.

La lucha contra el COVID-19 ha obligado al confinamiento de la población, en mayor o menor grado, en todos los países industriales, de modo que se han interrumpido los procesos productivos y se ha contraído sustancialmente el comercio mundial. La OMC estima que el comercio mundial de mercancías se reduzca en 2020 entre el 13 y el 32%. El impacto inmediato en algunas actividades del sector servicios, como turismo, viajes, ocio y moda será enorme. Por ello, las primeras estimaciones disponibles sobre el impacto de la pandemia en el bienestar mundial apuntan a una pérdida de renta real en la mayoría de los países del orden del 13-14%.

Desde las posiciones ideológicas más diversas se está insistiendo en que el grado de integración comercial se ha llevado demasiado lejos y se le responsabiliza no sólo de la rápida extensión de la pandemia, sino también del elevado coste que van a pagar todas las economías avanzadas para salir de ella por haber deslocalizado demasiadas actividades. Peter Navarro, asesor de Donald Trump en comercio internacional, afirmaba el 3 de abril que si algo aprendemos de esta crisis es que nunca más debemos depender del resto del mundo en medicinas esenciales y otros productos. Esta opinión es bastante generalizada y hoy se contempla con simpatía el inicio de una cierta relocalización de las actividades productivas para enfrentarnos mejor en el futuro a acontecimientos imprevistos.

«Hay una estrecha y compleja interrelación a escala global en la fabricación de los productos necesarios para protegerse y enfrentarnos a la pandemia»

Sin embargo, esto es justo lo contrario de lo que necesitamos. Veámoslo con el ejemplo de los productos necesarios para combatir el COVID-19. La OMC ha publicado un trabajo sobre el comercio mundial de los productos médicos relevantes para tratar el COVID-19, que van desde mascarillas y guantes a ventiladores, termómetros, equipo de rayos X, etc. Estos productos representan el 1,7 % del comercio mundial. Los principales importadores son Estados Unidos, Alemania y China. Estados Unidos importa de Irlanda, Alemania, Suiza, China y México. Alemania lo hace de otros países europeos y de Estados Unidos. China importa de Alemania, Estados Unidos y Japón. Es decir, hay una estrecha y compleja interrelación a escala global en la fabricación de los productos necesarios para protegerse y enfrentarnos a la pandemia.

Podemos ser más precisos todavía analizando el caso de Estados Unidos donde, como hemos señalado, se levantan voces contra la globalización. Las importaciones de Estados Unidos de los equipos médicos necesarios para combatir la pandemia representan el 30% de sus necesidades. En concreto, en 2018 importaron por valor de 29.000 millones de dólares. De esta cantidad, el 28% procedía de China, el 18% de la Unión Europea y el resto de múltiples países. En algunos ámbitos se interpretan estos datos como signo de una notable dependencia (¡tan sólo el 30%!) y debilidad de la economía estadounidense, pero también de todas las economías avanzadas, por las dificultades actuales para responder a las necesidades.

«Ninguna sociedad, aisladamente, hubiese estado mejor preparada para combatir la pandemia. Todo lo contrario. Gracias a la globalización de los procesos productivos ha mejorado la capacidad de respuesta y con un retraso menor del que hubiese necesitado cada país individualmente».

En cambio, lo que estos
datos desmienten es la idea de una exclusiva dependencia de China, y lo que
muestran es el carácter global de la producción y las fuertes interrelaciones
existentes entre las principales economías del mundo. Lo cual, en lugar de ser
un obstáculo para luchar contra la pandemia es una gran ventaja. No creo que ninguna sociedad, aisladamente, hubiese
estado mejor preparada para combatir la pandemia. Todo lo contrario. Gracias a
la globalización de los procesos productivos ha mejorado la capacidad de
respuesta y con un retraso menor del que hubiese necesitado cada país
individualmente.

Hasta ahora el comercio internacional había permitido grandes avances en la integración de los procesos productivos a escala global. La lucha contra la COVID-19 va a facilitar la globalización de las ideas como nunca se había hecho hasta ahora. Por ello, no tardaremos en ver resultados farmacológicos en tiempo récord y jamás vistos históricamente. La globalización no es el problema a ningún reto, sino la solución a los problemas actuales a los que nos enfrentamos.


Referencias

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Eficacia en las medidas sin esperar a la UE

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Semanas después de la expansión de la epidemia de la Covid-19 por nuestro país y todo el mundo, y de las numerosas decisiones de gobiernos y bancos centrales tanto en materia sanitaria como económica —casi siempre graduales, según van empeorando los diferentes escenarios— es hora de que se empiecen a notar.

Mucha piscina, pocos monitores, y los nadadores achicharrándose fuera, con la puerta aún cerrada. No soy quien para hablar del impacto de los protocolos sanitarios sobre la epidemia en España. Según los expertos, en unos días o semanas deberían mejorar las terribles estadísticas. En cuanto a las medidas económicas ya aprobadas —y las que puedan estar por venir en esta vorágine de nuevos reales decretos— es vital que tengan consistencia unas con otras y que las que van a ser sustento para la “hibernación” del sector productivo se pongan en práctica inmediatamente, con eficiencia, contundencia y diligencia. Deben acometerse ya sí o sí, sin esperar a Europa. A la vez que se presiona para una “solución europea”, aquí no hay ni un minuto que perder. La excepcionalidad y gravedad de la situación obliga ya a hacer y gastar todo lo necesario. Luego veremos de qué manera ayuda la UE, si finalmente lo hiciera.

Para reforzar la eficacia futura de las acciones aprobadas, las próximas decisiones deben recuperar el análisis y consenso previo con todos los agentes sociales y empresarios. Algunas de las últimas decisiones del Gobierno (como prohibir los despidos durante la crisis o el endurecimiento del confinamiento para muchas actividades económicas en la actividad no esencial) no han sido bien recibidas entre los empresarios.

«Perder tiempo o ser ineficiente en este proceso significa mayor impacto negativo en la actividad económica y futilidad de la deuda generada. Efectividad para paliar los efectos de esta terrible crisis».

Santiago Carbó

Es deseable que no vuelva a ocurrir. Introducir nuevas rigideces —aunque sean temporales— en el mercado de trabajo no ayuda ni a empresas ni a trabajadores. De esta crisis se sale con la colaboración y consenso de todos los afectados que, además, podrán aportar diferentes contrapesos e ideas para dar efectividad a las medidas. Hay que proteger a los trabajadores, pero también a las empresas y autónomos. Muchas, desbordadas preparando un ERTE, buscando la financiación “puente” avalada por el ICO, y enfrentándose a un sinfín de contingencias. Buscando las zanahorias en un campo de minas. Los palos adicionales no ayudan.

La administración pública y otras instituciones implicadas deben poner toda la carne en el asador. Aligerar procesos administrativos, emplear intensamente la digitalización en las gestiones y elaborar “hojas de ruta” claras a las empresas y sus asesores para saber lo que tienen que hacer. Hay muchísima confusión sobre los pasos a seguir. La financiación vía avales debe llegar en cantidad suficiente a todas las empresas y autónomos que lo necesiten. Se ha puesto “mucha agua en el embalse”.

Ahora hay que canalizarla hacia todos los recovecos que la precisen. Perder tiempo o ser ineficiente en este proceso significa mayor impacto negativo en la actividad económica y futilidad de la deuda generada. Efectividad para paliar los efectos de esta terrible crisis. Y para evitar lo peor, nada de esperar a los “galgos o podencos” de esa crecientemente estéril UE. Que aporte o se aparte.

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Pánico en Europa por el coronavirus: Las bolsas sufren el mayor batacazo desde el Brexit

Este fin de semana hemos visto como varias ciudades del norte de Italia han sido cerradas, cortando el tráfico aéreo y ferroviario que ha sido suspendido entre Italia y Austria. Esta reacción ha provocado un pánico en los mercados financieros, con fuertes caídas en la sesión de ayer no vistas desde el Brexit, marcando un Lunes Negro.

Un pánico que viene dado porque si tenemos el coronavirus a las puertas de Europa, es muy probable que los datos adelantados económicos empiecen a deteriorarse en los próximos meses fruto de una reacción de pánico en el corto plazo que dependerá de la evolución de la pandemia. El el caso de Japón, puede hacerla encaminar a su cuarta recesión desde 2010.

Al mismo tiempo, también hay que valorar que las pequeñas interrupciones en la producción de China que llevarían a grandes repercusiones para Europa.

Las bolsas se hunden con la entrada del coronavirus en Italia

Hace tan solo una semana, vimos como en la renta variable se alcanzaban nuevos máximos históricos en Europa y Estados Unidos. En ese momento, se habló de la complacencia de los inversores y de que este virus era solo un problema a corto plazo para la economía mundial.

Pero ayer todo ello se desvaneció. Una avalancha de casos de coronavirus fuera de China borró 438.000 millones de euros del valor de los mercados de valores europeos, cuando los inversores volvieron a evaluar el probable impacto de que el brote se convirtiera en una pandemia. En el caso de España, se desvanecieron 20.900 millones de euros.

El selectivo bursátil europeo, el Stoxx 600, cayó un 3,8% hasta 411,86 puntos, registrando su mayor caída porcentual intradía desde que el Reino Unido votó para salir de la Unión Europea en junio de 2016.

S1

La caída del 5,4% de las acciones de Milán, el FTSE MIB, marcó su peor día desde mediados de 2016, ya que Italia fue quién reportó el mayor brote del virus en Europa con al menos seis muertes y más de 200 infecciones, lo que probablemente alterará aún más la ya enferma economía del país.

Wall Street no se ha librado de las caídas. El índice de referencia S&P 500 y el Dow Jones cayeron duramente y ahora, el cómputo anual hasta la fecha se ha vuelto negativo. El Dow Jones cayó más de 1.000 puntos, un descenso que únicamente se ha visto en dos veces anteriormente en su historia. Tanto el Dow como el S&P registraron sus mayores descensos porcentuales en un día desde febrero de 2018. Por su parte, en representación del sector tecnológico, el Nasdaq, fue el que se llevó la mayor caída porcentual, un 3,71%.

¿Quiénes son los más afectados?

Las aerolíneas fueron las que peor comportamiento reflejaron en la bolsa europea, con EasyJet, Ryanair, Air France, IAG (la empresa española más afectada con una caída del 9,43%) y Lufthansa bajando entre el 7,4% y el 12,6%. El índice europeo que agrupa viajes y ocio de Europa cayó un 6% y fue el sector más débil.

Iag 1

A pesar de que las compañías aéreas todavía no han suspendido ningún vuelo hacia Italia, los nuevos brotes llevaron a descontar las eventuales caídas de los beneficios en la lucrativa temporada turística. Las aerolíneas low cost son las más expuestas a Italia, porque fruto de su bajo margen, se corre el riesgo de sufrir una caída más amplia del tráfico si el contagio irrita a los consumidores.

Los amplios descensos del índice hicieron que los fabricantes de artículos de lujo, mineros, fabricantes de automóviles, fabricantes de chips y acciones bancarias -que suelen ser muy sensibles a las expectativas de crecimiento mundial- fueran el resto de sectores perjudicados y cayeran entre un 4% y un 6%.

En el caso de España, hemos visto que el índice bursátil caía un 4,07%, con IAG liderando las pérdidas. Pero también hay que destacar el caso de la hotelera Meliá con un desplome del 7,82% y la empresa de medios de comunicación Mediaset sufrió una caída del 7,28% en el valor de sus acciones.

Negativo

Comparativa frente al SARS

Los inversores que se encuentran atemorizados por los activos de riesgo pueden referirse al brote de SARS para evaluar el impacto del coronavirus en las bolsas. Aunque hay algunas similitudes entre los dos brotes, se observan ciertas diferencias clave en el contexto macroeconómico.

El impacto de un evento de un riesgo obvio en las acciones depende en gran medida del marco temporal y los antecedentes del evento. Cuando estalló el SARS, los mercados financieros mundiales todavía no estaban completamente fuera de peligro debido a la burbuja de las punto.com, y los mercados seguían operando cerca de los mínimos del mercado bajista. El SARS simplemente fue solo otro golpe.

Msci China

Con el último brote, la economía mundial acaba de empezar a recuperarse después de una guerra comercial brutal entre los Estados Unidos y China. A pesar de que los fundamentales han mejorado recientemente, las valoraciones de las acciones han subido a niveles que la colocan en riesgo de una reversión de la tendencia por un cisne negro, como pudiera ser brote de coronavirus más reciente.

Es justo mencionar algunas de estas valoraciones de la renta variable. El PER de Shiller cotiza en 32 veces, justamente los niveles máximos de 1929, ratios como EV/ EBITDA o Precio/Ventas, las hemos visto ya a niveles solo vistos en la exuberancia irracional de las punto.com.

Shiller

El impacto económico también será probablemente mayor como resultado de las medidas más amplias que el gobierno ha adoptado para limitar la propagación del virus, que tendrán el efecto de reducir la producción manufacturera y los ingresos. En 2003, las empresas manufactureras siguieron operando y los ingresos no se vieron afectados de manera notable. En el caso del brote actual, el Gobierno ha dado instrucciones a las empresas de bloqueo, como medidas de contención.

En el mejor escenario, si los cierres pueden contenerse a unas pocas semanas, la producción perdida de las empresas debería recuperarse en gran medida en el resto de 2020. Es probable que el Gobierno también responda con un conjunto de medidas de estímulo para garantizar la contención de los daños económicos.

La experiencia del SARS nos informa de que las bolsas comienzan a estabilizarse cuando la epidemia alcanza su punto máximo (es decir, cuando se produce el mayor incremento de casos confirmados), en lugar de cuando la enfermedad se erradica por completo. Los inversores pueden obtener los mayores beneficios durante los 1-3 meses siguientes al pico epidémico. Esto hay que entenderlo cómo un hecho coyuntura, sin apartarlo de las altísimas valoraciones existentes.

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