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Moat: qué es, cómo se mide y por qué algunas acciones destacan

moat en inversión

Imagen ilustrativa del concepto competitivo.

En los mercados se habla cada vez más del “foso económico” o moat, ese conjunto de ventajas que protege a una empresa frente a sus rivales. No es un concepto teórico: cuando existe y se mantiene en el tiempo, puede traducirse en rentabilidades superiores sobre el capital y en una posición competitiva difícil de asaltar.

Los analistas de renta variable que evalúan moats observan si esas ventajas resistirán durante años. En este contexto, varias compañías han sido destacadas por su foso amplio: Goldman Sachs (GS), Interactive Brokers (IBKR) y W.W. Grainger (GWW). Aun así, sus cotizaciones superan las estimaciones de valor razonable, un detalle a tener en cuenta por los inversores más prudentes.

Qué entiende el mercado por “moat”

Un comité de analistas especializados valora cualitativamente elementos como eficiencias de coste, efectos de red, costes de cambio, activos intangibles y escala para decidir si una compañía merece una calificación de moat amplio, estrecho o nulo.

La guía temporal es clara: un moat amplio debería perdurar dos décadas o más; uno estrecho, al menos una. Si no hay ventajas duraderas, se considera que no existe foso. Y ojo: marca conocida o antigüedad no equivalen por sí solas a tener moat.

foso económico en inversión

Gráfico: ejemplo de barreras competitivas.

Tres compañías bajo la lupa por su foso amplio

Goldman Sachs (GS). Banco de inversión global con una cuota cercana al 10% por ingresos en su negocio principal. La mejora de su calificación de moat está vinculada a ventajas competitivas reforzadas, ciertos cambios regulatorios y una mayor diversificación de ingresos. Valor razonable estimado en 570 USD y precio de mercado muy por encima, en torno a 748 USD, lo que implica prima relevante.

Interactive Brokers (IBKR). Corredor con plataforma altamente automatizada y ejecución de calidad que sustentan su foso. Valor razonable de referencia en 46 USD frente a un precio aproximado de 63 USD. Aunque la sobrevaloración es menor que en otros casos, el listón de expectativas está elevado.

W.W. Grainger (GWW). Líder en distribución industrial que apoya su moat en una ventaja de costes frente a competidores más pequeños. La valoración justa se sitúa en torno a 960 USD, mientras la acción cotiza con prima. Factores macro como aranceles, ralentización manufacturera o cambios en cadenas de suministro pueden aumentar la volatilidad.

Cómo detectar y medir un foso competitivo sólido

Los marcos de análisis de calidad suelen centrarse en retornos sobre capital sostenidos, capacidad de fijación de precios, fortaleza de marca, liderazgo de mercado y escalabilidad. El objetivo es separar ventajas estructurales de los vientos de cola temporales.

En las compañías más defendidas, varias barreras actúan a la vez: por ejemplo, efectos de red combinados con altos costes de cambio y datos o propiedad intelectual exclusivos. Esta superposición fortalece el moat justo cuando la competencia recorta inversiones o se reestructura, algo habitual en fases de disrupción tecnológica.

Cuando el foso se estrecha: el aviso de Yuannian Technology

El caso de Yuannian, referente en gestión de gastos corporativos, ilustra cómo un moat puede erosionarse rápido si desaparecen los puntos de dolor del cliente. La adopción masiva de facturas electrónicas y la integración bancaria directa en ERPs dejaron obsoletas funciones que antes diferenciaban al software de gastos.

También pesó la experiencia de usuario: plataformas de OA y TMC ofrecieron procesos más cómodos, mientras que las herramientas de gastos quedaron señaladas por su rigidez y fragmentación. La enseñanza es clara: si la tecnología o la regulación eliminan fricciones, el foso se estrecha y la propuesta de valor colapsa.

Este tipo de “pista que se desvanece” exige transformación a tiempo y reinvención del producto. De lo contrario, incluso negocios con “foso” aparente acaban enfrentándose a caídas abruptas de demanda y presión competitiva.

Qué debería vigilar el inversor ahora

En términos prácticos, conviene contrastar la calidad del moat con la valoración: las tres acciones destacadas cotizan con prima respecto a sus estimaciones de valor razonable (GS ~748 USD vs 570; IBKR ~63 USD vs 46; GWW con prima sobre 960 USD de referencia).

Además de la etiqueta “wide moat”, hay que evaluar la resiliencia de las ventajas ante cambios regulatorios, nuevas tecnologías y la evolución de la competencia. La idea es buscar margen de seguridad, evitando pagar en exceso por un foso que podría debilitarse con el tiempo.

El interés del mercado por los moats es comprensible: cuando son reales y duraderos, la ventaja compuesta es notable. Pero las etiquetas no sustituyen al análisis: comparar precio y valor, y cuestionar la durabilidad del foso, sigue siendo la mejor defensa del inversor.


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Hong Kong expulsa a Evergrande de la Bolsa tras 18 meses de suspensión

Sede y logotipo de Evergrande

La Bolsa de Hong Kong ha dado por cerrada la etapa bursátil de China Evergrande Group al cancelar definitivamente su cotización, después de que los títulos llevasen suspendidos desde el 29 de enero de 2024 por la orden de liquidación dictada por un tribunal.

La decisión se produce tras expirar el límite reglamentario de 18 meses de suspensión continuada, y llega después de que la promotora comunicara el 12 de agosto que no pediría revisar la medida, al no cumplir las exigencias de reanudación marcadas por HKEX.

Qué decidió Hong Kong y por qué

El regulador hongkonés puede excluir a una compañía si no reanuda la negociación en ese plazo de 18 meses; en el caso de Evergrande, se requería, entre otras condiciones, retirar o desestimar la orden de liquidación, relevar a los administradores judiciales, publicar estados financieros pendientes y acreditar la idoneidad de su cúpula.

Al no alcanzarse esos hitos, la bolsa ejecutó la cancelación de la cotización. Cuando se congeló el valor, las acciones cotizaban en torno a 0,16 dólares hongkoneses, tras desplomarse un 99,5% desde el máximo histórico de 31,55 HKD marcado en 2017.

La empresa ha avisado a accionistas e inversores de que los títulos seguirán existiendo, pero dejarán de negociarse en Hong Kong y ya no estarán sujetos a las reglas del mercado.

Edificio corporativo de Evergrande

De la euforia a la intervención: la cronología

Evergrande salió a bolsa en 2009 y vivió su apogeo bursátil en 2017, pero en 2021 encendió todas las alarmas al advertir de posibles impagos por falta de liquidez, con un endeudamiento descomunal.

En marzo de 2023 la compañía presentó una propuesta de reestructuración para cerca de 20.000 millones de dólares de deuda offshore, sin convencer a los acreedores y con múltiples vistas judiciales aplazadas.

El 29 de enero de 2024, el Tribunal Superior de Hong Kong ordenó la liquidación de China Evergrande Group y nombró a Edward Middleton y Tiffany Wong (Alvarez & Marsal Asia) como liquidadores del conglomerado.

Al superar en julio de 2025 el tope de 18 meses de suspensión sin que se hubieran cumplido los requisitos, HKEX procedió a ejecutar la exclusión en agosto, culminando el proceso.

Logo de Evergrande en rascacielos

La raíz del problema: deuda y ‘tres líneas rojas’

El modelo de negocio se apoyó durante años en un apalancamiento agresivo y en ventas sobre plano: se estimó que la promotora llegó a tener 1,4 millones de viviendas comprometidas y sin construir cuando estalló la crisis.

El pasivo superó los 300.000 millones de dólares, lo que colocó a Evergrande como el promotor más endeudado del mundo y la dejó extremadamente expuesta a cambios de ciclo.

En 2020, Pekín impuso las ‘tres líneas rojas’, un conjunto de límites para reducir el endeudamiento del ladrillo y restringir el acceso a nueva financiación a las firmas más apalancadas.

La nueva disciplina financiera cerró el grifo con rapidez y aceleró las tensiones de caja, en un contexto donde las autoridades ven la vivienda como un bien de uso y no un activo para especulación masiva.

Sede corporativa de Evergrande en China

Un mercado enfriado y el efecto dominó

El frenazo del sector tras la política de ‘cero covid’ y la pérdida de confianza de los compradores contribuyeron a la caída de ventas: -24,3% en 2022, -8,5% en 2023 y -12,9% en 2024, según datos oficiales.

Sumando actividades relacionadas, el ladrillo llega a representar en torno al 30% del PIB; cuando el ciclo se da la vuelta, el impacto se extiende a construcción, materiales y consumo.

Los paquetes de apoyo (rebajas hipotecarias, garantías y medidas de estímulo) han tenido efecto limitado hasta ahora, con precios y confianza todavía en niveles frágiles.

El caso Evergrande se ha convertido en la cara visible de un ajuste más amplio, al evidenciar que el crecimiento basado en deuda y preventas carecía de red de seguridad suficiente.

Liquidación: qué pueden esperar acreedores y accionistas

La mayor parte de los activos está en la China continental, lo que plantea retos de coordinación entre jurisdicciones; los liquidadores han activado acciones para maximizar recuperaciones mediante ventas y reclamaciones.

Un análisis utilizado por la propia compañía llegó a estimar que los acreedores podrían recuperar en torno a un 3,4% de sus créditos en escenario de liquidación, un porcentaje sujeto a fuertes incertidumbres.

Para los accionistas, la exclusión implica que, aunque los títulos permanecen vigentes, dejan de estar listados en Hong Kong, pierden liquidez y no se benefician de la supervisión de mercado.

La prioridad oficial pasa por terminar viviendas para compradores afectados, mientras que los litigios y la ejecución de garantías marcarán el día a día del proceso concursal.

Escándalos contables y gobernanza bajo lupa

En 2023, las autoridades impusieron una multa de alrededor de 578 millones de dólares a la principal filial por inflar ingresos por más de 78.000 millones y beneficios por 12.700 millones.

La dimensión del fraude se ha calificado como muy superior a casos célebres como Enron, y derivó en sanciones y suspensión temporal para la auditora PwC por su papel en las cuentas.

El fundador, Xu Jiayin (también conocido como Hui Ka Yan), pasó a estar bajo arresto domiciliario en medio de pesquisas por posibles actividades ilegales, agravando la crisis reputacional.

Desde 2021, Evergrande acumula pérdidas cercanas a 90.000 millones de dólares y llegó a solicitar protección por bancarrota en Estados Unidos para blindar activos en el exterior.

Hitos esenciales del caso

La siguiente tabla resume los momentos clave que condujeron a la exclusión de mercado y al proceso de liquidación en Hong Kong.

Hito Fecha Dato clave
Salida a bolsa (HK) 2009 Debut en el parqué de Hong Kong
Máximo histórico 2017 31,55 HKD por acción
Alertas de impago 2021 Deuda superior a 300.000 millones USD
Orden de liquidación 29/01/2024 Nombramiento de Edward Middleton y Tiffany Wong
Límite de suspensión 07/2025 Se cumple el umbral de 18 meses sin cotizar
Exclusión de HKEX 08/2025 Cancelación definitiva de la cotización

La fotografía que deja el caso es la de un gigante que simbolizó el ascenso del ladrillo chino y que hoy refleja sus desequilibrios: financiación cortada, ventas a la baja, fraudes contables y procesos judiciales cruzados, con la Bolsa de Hong Kong cerrando la puerta mientras los liquidadores tratan de rescatar valor donde aún lo haya.


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La renta variable no parece tener freno

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Un verano más, un año más, la renta variable estadounidense y global alcanza nuevos máximos. Ya llevamos varios años así desde la pandemia. En especial, las americanas, que con grandes empresas tecnológicas sigue marcando tendencia, más aún desde la explosión de la Inteligencia Artificial (IA). Aunque del 2 al 9 de abril, entre el anuncio de Trump de los aranceles y la declaración de la tregua comercial durante 90 días, tuvo lugar una verdadera sangría en las acciones de todo el mundo, en especial el NASDAQ. Todo eso parece ya pasado, y a pesar de los grandes conflictos geopolíticos (Gaza, Ucrania) y de las idas y venidas con los aranceles, la renta variable permanece al alza. El año 2025 está siendo testigo, una vez más, de una ola alcista en los mercados de valores globales. Índices de referencia como el S&P 500 y el Nasdaq siguen alcanzando nuevos máximos históricos. Las bolsas europeas no son ajenas a esas subidas, incluido el IBEX-35, con un comportamiento inversor muy interesante.

Se habla de que la IA (y la tecnología en general) es el factor impulsor central en el actual rally. Las BigTech, especialmente las más activas con la IA, continúan aumentando con fuerza su valor de mercado. Hay división de opiniones actualmente sobre si esta subida es o no una burbuja. Solamente el tiempo lo dirá, aunque algunos indicadores financieros de estos grandes gigantes tecnológicos parecen sustentar el optimismo. Lo que sí que parece claro es que el futuro de muchas empresas pasará por tener éxito en sus modelos productivos y de negocio con la IA, un elemento decisivo en su supervivencia a largo plazo. Desde la óptica más cortoplacista, parecer ser que las recompras de acciones por muchas empresas estadounidense, con Apple y Alphabet a la cabeza, explican parte del actual rally. Estas operaciones incrementan el beneficio por acción y apuntalan las cotizaciones. Por el lado macroeconómico, las expectativas de rebajas de tipos de interés, en particular en el caso de la Reserva Federal, alimentan el apetito inversor. Un dólar más débil y la mayor confianza del consumidor también ayudan. Los mercados nuevamente descuentan con casi total certeza un recorte de tipos para septiembre y alguna más antes del fin de año. No es la primera vez que se pronostica una bajada y no ocurre. No obstante, la macroeconómia puede sostener las ganancias en renta variable por más tiempo.

Finalmente, hay riesgos significativos en este contexto de sobreprecio. El NASDAQ cotiza a casi 30 veces las ganancias futuras. Esas valoraciones tan elevadas y la gran dependencia en solamente unas empresas, las BigTech, y de sus estrategias en IA son señales de alerta. Por otro lado, el mantenimiento sostenido del actual rally también dependerá de si la economía no da sustos tras los aranceles, si se acometen las esperadas rebajas de tipos de interés, y no empeoran las incertidumbres geopolíticas.

Este artículo se publicó originalmente en el diario La Vanguardia.

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La caída actual del Nasdaq en el contexto histórico de correcciones en los mercados de capitales

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Se empiezan a notar sobremanera las consecuencias de las agresivas medidas y anuncios económicos de la nueva Administración Trump. Los aranceles y las represalias comerciales de los países afectados generan incertidumbre y causan daños colaterales. La inversión y la economía americana se están resintiendo y se irá trasladando al resto del mundo. Pronto veremos revisiones a la baja de las predicciones macroeconómicas. Como es habitual, los mercados de capitales descuentan con rapidez lo que está pasando. Llevan nerviosos desde comienzos de 2025, sobre todo los estadounidenses: Dow Jones, y especialmente Nasdaq.

Este último ha experimentado caídas y una volatilidad significativa, reflejando la creciente preocupación sobre la posibilidad de una recesión en Estados Unidos y las implicaciones de las políticas comerciales y financieras actuales. La principal incertidumbre reside en si las correcciones financieras en las Bolsas americanas y las previsiones económicas a la baja son una cuestión de corto plazo o si están para quedarse. Si las medidas del Gobierno de Trump fueran permanentes –o incluso fueran a peor– podrían llegar a implicar tensiones constitucionales dentro de EE. UU., de consecuencias imprevisibles. En este escenario más traumático, la corrección a la baja de algunos mercados –incluida la depreciación del dólar– puede ser más significativa que la inicialmente prevista.

El Nasdaq ha tenido una corrección del 8% desde el comienzo de año, con mucha volatilidad, y con un día negro, el día 10, cuando cayó un 4%, la tercera peor pérdida en puntos de su historia. Han destacado varios acontecimientos. En primer lugar, algunas declaraciones presidenciales en la que no se descartó la posibilidad de una recesión, indicando que el país podría estar en un “periodo de transición” por las políticas económicas que se están iniciando. Tampoco ayudó que el secretario del Tesoro, Scott Bessent, calificara esta corrección como “saludable”, como una respuesta natural tras un período de euforia bursátil. Asimismo, el que Estados Unidos impusiera nuevos aranceles a socios tan importantes como Canadá y México ha generado tensiones que podrían afectar a la cadena de suministros y a la economía estadounidense en su conjunto, algo que el mercado descontó rápidamente.

El golpe se ha sentido particularmente en las empresas líderes tecnológicas. El caso más claro es el de Tesla, con una disminución del 15% en su valor el fatídico 10 de marzo, y con una corrección desde comienzo de año por encima del 30%, afectada por preocupaciones sobre la demanda de sus automóviles y la percepción pública de su CEO, Elon Musk, con responsabilidades en el Gobierno de EE UU.

Aunque algunos analistas señalan similitudes con la burbuja de las puntocom, de principios de los años 2000, otros expertos consideran que las condiciones actuales son diferentes. Entonces había una mayor especulación en torno a las empresas de tecnología e internet. El Nasdaq alcanzó su pico en marzo de 2000 y el estallido de la burbuja provocó una caída de casi el 80% durante los siguientes dos años, lo cual afectó gravemente a las economías de todo el mundo.

En la actualidad, las corporaciones tecnológicas han tenido un rally considerable que finalizó, al menos por ahora, en enero. Sin embargo, la fortaleza y solvencia propia de muchas de las big tech y de buena parte de los proyectos de futuro que auspician son más sólidas que las de aquellas puntocom. En cualquier caso, habrá que seguir muy de cerca los acontecimientos políticos en Estados Unidos y también en los desarrollos en el ámbito de la inteligencia artificial (IA), donde ha aparecido una rivalidad creciente de otras empresas (DeepSeek, por ejemplo).

A lo largo de los últimos 40 años, han existido otros episodios con notables correcciones bursátiles, aunque las razones han estado más alejadas de cambios políticos, económicos o tecnológicos. En el llamado Lunes Negro, 19 de octubre de 1987, el Dow Jones cayó un 22,6% en una jornada, en línea con otros mercados globales. Las causas incluyeron problemas con la negociación automatizada en las Bolsas y preocupaciones macroeconómicas (inflación).

Otro caso bien conocido fue la crisis financiera de 2008, por la explosión de la burbuja inmobiliaria y la crisis de las hipotecas subprime en Estados Unidos. Llevó a una grave recesión global. Los principales índices bursátiles cayeron más del 50%. Le sucedió la crisis de la deuda soberana en la eurozona, que afectó a Grecia, Portugal, Irlanda y España. El Ibex 35, por ejemplo, sufrió caídas significativas. Por último, la corrección por la pandemia de Covid-19 en 2020 llevó a una de las caídas más rápidas en la historia de los mercados. El S&P 500 cayó aproximadamente un 34% en un mes. Gracias a estímulos fiscales y monetarios sin precedentes, los mercados se recuperaron rápidamente.

En definitiva, las correcciones bursátiles han venido explicadas por numerosas causas. En la actual del Nasdaq, pesará mucho si las disrupciones políticas y económicas actuales son de corto plazo o si, por el contrario, son permanentes, llevando a un nuevo normal que agravaría el impacto en las Bolsas. También habrá que observar los mercados hermanos de renta fija, como se comprobó en la crisis de la deuda soberana. Pueden estar moviditos en Estados Unidos, e incluso los europeos. El anuncio de mayor gasto público (militar e infraestructuras) de Alemania encareció sus bonos soberanos, advirtiendo de lo que puede pasar con otros países europeos cuando anuncien mayores déficits por sus incrementos de las partidas en defensa y seguridad.

Este artículo se publicó originalmente en el diario Cinco Días

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Las bolsas de valores europeas

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Son ya varios años de comportamiento muy positivo en muchas bolsas de valores de todo el mundo. Hasta finales de 2024, las estadounidenses ganaban por goleada en desempeño comparadas con el resto, en especial con las del Viejo Continente. Y salían grandes volúmenes de capital desde la UE hacia Estados Unidos. Sin embargo, en lo que va de 2025, las bolsas europeas han mostrado un aumento mayor de su valor. El índice Stoxx Europe 600 ha registrado un alza en torno al 10%, con el IBEX-35 comportándose incluso mejor (crecimiento en torno al 15%). Los índices estadounidenses NASDAQ y Dow Jones apenas suben un 0,5 y un 2% respectivamente. Todo ello a pesar de la debilidad comparativa de la economía europea y la incertidumbre política que habían traído las recientes elecciones alemanas. Influye positivamente que se anticipen recortes adicionales en los tipos de interés por parte del BCE, lo que mejora la confianza de los inversores en la región.  En contraste, la economía estadounidense puede tener mayores problemas con las políticas comerciales y arancelarias bajo la administración de Donald Trump. Aunque está percibida como promercado, sus políticas podrían generar inflación, limitando la capacidad de la Reserva Federal para reducir los tipos de interés.  

El sector bancario europeo ha sido un motor clave en el desempeño reciente de la renta variable, experimentando un notable ascenso e impulsando al índice Stoxx 600 un 18% al alza en dos meses y logrando un rendimiento total superior al 90% en los últimos tres años. Se debe a sólidos resultados financieros y mayores márgenes en los dos últimos ejercicios, además de resultar baratos comparativamente. En particular, los bancos del sur de Europa han mostrado un excelente desempeño, con las entidades italianas y españolas liderando las ganancias.  Por su lado, el mercado estadounidense ha estado dominado por grandes empresas tecnológicas, que han tenido un rendimiento extraordinario en el pasado. Sin embargo, la concentración del mercado en unas pocas empresas genera preocupación sobre la sostenibilidad de este crecimiento y la vulnerabilidad ante posibles correcciones. La percepción de que las acciones europeas están infravaloradas en comparación con sus pares globales cunde entre los gestores de fondos.

En suma, los mejores rendimientos de las bolsas europeas en 2025 se atribuyen a una combinación de políticas monetarias favorables, un sector bancario fortalecido y una percepción de mayor valor futuro. Sin embargo. los mercados estadounidenses, desde la llegada de Trump, parecen enfrentar más desafíos, ante la amenaza de una posible guerra comercial con probables repercusiones inflacionarias, además del vértigo de los inversores ante las elevadísimas cotizaciones del NASDAQ, que les ha llevado a buscar valor en otras latitudes con precios de las acciones más bajos.   

Este artículo se publicó originalmente en el diario La Vanguardia.

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Los primeros anuncios de Trump son la agenda de 2025 y más allá

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Cuando comencé a escribir este artículo hace unos días contaba con que en esta semana acontecerían dos eventos muy importantes que iban a marcar el comienzo de un año político y económico de gran interés a partes iguales. En primer lugar, la toma de posesión de Donald Trump de este lunes, un hito, sin duda, para los próximos 4 años y quizás incluso más allá. Y tras las primeras decisiones (buena parte de carácter económico) de la nueva Presidencia, muchas de ellas, anunciadas a los minutos de su llegada a la Casa Blanca, ha eclipsado, y de qué manera, al segundo evento de la semana, el foro anual de Davos, en el que participan las élites mundiales que nos informan de cómo ven el mundo y lo que creen que va a acontecer a lo largo del año recién comenzado. 

Esta segunda cita, con un número creciente de críticos en recientes años por su elevado coste y su visión alejada de la realidad de la mayoría de los mortales de este planeta, ha quedado postergada por el torbellino de noticias que llegan desde Washington. Un porrazo para Davos, en un mundo que cada vez presta menos atención a convocatorias de este tipo y se fija más en noticias que impactan directamente en su vida. En todo caso, ambos acontecimientos coinciden en que han tenido buena parte de las élites tecnológicas y empresariales de Estados Unidos, en un caso, y en el otro, una parte de la flor y nata mundial. Y también en el temor o desdén que generan en buena parte de la población.

Es pronto para saber las implicaciones de medio y largo plazo de las acciones de política económica de la nueva Administración estadounidense, en primer lugar, por el elevado número de anuncios y diferentes direcciones que están tomando. Eso en sí es una noticia. La gran cantidad de decretos y órdenes ejecutivas firmadas en las primeras 24 horas deberían quedarse ahí, sino se desea incurrir en órdenes contraproducentes unas con otras y que, como poco, generan una gran confusión entre los agentes económicos.

Los inversores, en general entusiasmados con Trump ante su nuevo mandato, suelen estar más confortables con entornos estables, con pocas tensiones y, en general, marcados por su consistencia y cabeza fría. Una vez pasen los fastos de estos días, los empresarios necesitarán una hoja de ruta con más certezas y menos espectáculo. Y que se cumplan parte de sus expectativas, fundamentalmente en materia de rebajas de impuestos y un ambiente de mayor desregulación –eso sí, con criterio– para los negocios. Por el lado de los impuestos, y aunque desde el lunes no se ha encarecido la deuda americana, las semanas anteriores se generaron dudas con la subida del coste de los bonos ante la posibilidad de mayores déficits públicos y una bajada de tipos más lenta por parte de la Reserva Federal.

Los empresarios de aquel país también deberían guardar cautelas sobre las promesas de mayores aranceles para gran parte de las importaciones del resto del mundo, ya que pueden causar a sus negocios más perjuicios que beneficios por el encarecimiento de productos y el probable impacto negativo en el comercio global, que termina afectando a todos. Solamente las industrias protegidas de Estados Unidos, las menos competitivas, se pueden beneficiar de una política de mayores aranceles, ya que se les estaría ayudando a quedarse con mayor porción de la “tarta” de la demanda en Estados Unidos. Estos privilegios difícilmente compensarán los perjuicios al resto. Y, sobre todo, hay que ver en que quedan los aranceles con la estrategia transaccional que la nueva Administración Trump probablemente aplicará.

Si los países se sientan a negociar con EE UU temas económicos, comerciales o de otro tipo (por ejemplo, gasto en defensa o compra de gas o petróleo) aparentemente podrían reducir el aumento de los aranceles. No se sabe cómo reaccionará el resto del mundo (sobre todo los países BRICS , incluida China, sus vecinos y la UE) a esta nueva estrategia netamente transaccional, pero deben prepararse para este nuevo entorno y estar a la altura de esta actitud desafiante. En todo caso, llega un entorno comercial mucho más incierto y a día de hoy, no es fácil pronosticar el impacto final sobre el comercio y crecimiento económico mundial, y sobre todo, si puede ganar alguien de este potencial conflicto. Por el elevado impacto que supone el nuevo contexto político, la UE además de hablar con su aliado debe tomar decisiones autónomas, valientes y unificadas para fortalecer notablemente su competitividad, en línea con los conocidos informes de Mario Draghi y Enrico Letta.

Por último, un botón de muestra de la necesidad de construir decisiones coherentes por parte del nuevo gobierno de EE UU. Todo lo que ha acontecido estos últimos días en los sectores tecnológicos (que se las prometen muy felices pero a todos no se les puede contentar) y mercados financieros (en máximos históricos), y en particular, donde interseccionan, el mundo cripto. El que hayan proliferado criptomonedas recientemente, como las memecoins del mandatario y su esposa, con dudoso valor en el medio plazo y posibles pérdidas para algunos de los inversores, están provocando numerosas críticas por parte de los ejecutivos tecnológicos, que estaban esperando que el sector de activos digitales sea tratado con seriedad. Pronto será la hora de decisiones consistentes para evitar una mayor confusión que la actual, que podría perjudicar el desempeño económico del mundo en 2025.

Este artículo se publicó originalmente en el diario Cinco Días

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La efectividad de las políticas monetarias, a debate en Jackson Hole

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Esta semana se celebra el Simposio de Jackson Hole, lugar idílico de Wyoming, donde se reúnen cada agosto los banqueros centrales de medio mundo, convocados por la Reserva Federal de EE UU. Es similar al que organiza el Banco Central Europeo (BCE) en la ciudad portuguesa de Sintra, a finales de junio cada año. En esta ocasión ha tenido que compartir protagonismo —y de qué manera— con la Convención Demócrata en Chicago que termina hoy. El debate económico será central en las elecciones presidenciales de noviembre, algo que se ha notado también en los debates que han llevado a proclamar a Kamala Harris como la candidata demócrata.

Esta edición en Jackson Hole tiene un título muy ilustrativo: ‘Reevaluando la efectividad y la transmisión de la política monetaria’. Llega en pleno debate en los bancos centrales sobre la posibilidad de comenzar los descensos en los tipos de interés, algo que ya han iniciado BCE, Banco de Inglaterra y el mucho menos ortodoxo Banco Popular de China. El foco está ahora en la Fed —algo lógico además al ser el anfitrión de la reunión— y si, tras tantas ideas y venidas, bajará el precio oficial del dinero en su próxima reunión. También recibirá atención el Banco de Japón, otro generador reciente de incertidumbre, tras su desconcertante subida de tipos hace unas semanas, justo antes del derrumbe de las Bolsas del lunes 5 de agosto.

Los bancos centrales continúan en el punto de mira, con muchos inversores y analistas mostrando fuertes críticas a sus decisiones desde 2022, que comenzó con una tardía reacción a la inflación, más persistente de lo inicialmente pronosticado y que continuó con un encarecimiento notable del precio del dinero (bien por encima de lo que se pensaba que era el nivel neutral de los mismos) y que ahora, una vez el consumo se ha resentido y hay señales de desaceleración, la estrategia sigue sin ser suficientemente clara.

Las miradas se centrarán en Jerome Powell, presidente de la Fed, quien se espera que apunte a esa disminución de tipos en septiembre, pero que no se comprometerá más allá. Todo permanecerá como hasta ahora, reunión a reunión, dependiendo de cómo evolucionen los datos. Lo normal es que los tipos sigan bajando tanto en Estados Unidos como en Europa, una vez la inflación está algo más controlada y la actividad económica da alguna muestra de agotamiento, aunque por ahora sin dramatismos. El BCE, por su parte, seguirá muy pendiente de los precios de los servicios en la zona euro, su mayor quebradero de cabeza. Con Alemania flirteando con la recesión (suave) de nuevo, la bajada de tipos estará sobre la mesa más de una vez en lo que resta de año. En septiembre, si los precios de los servicios se comportan, la segunda caída del precio del dinero es muy probable.

Volviendo al título del simposio, bien harán los banqueros centrales en reevaluar la efectividad de sus medidas desde 2021 y cómo se han transmitido al sistema financiero y la economía. No ha sido necesario provocar una recesión para atajar la inflación, pero la economía y los mercados financieros reflejan disfuncionalidades. Después de un periodo entre treinta y cuarenta años —dependiendo del país— sin inflación, esta llegó y a pesar de aplicar una dosis de la medicina intensa (fuertes subidas de tipos), la economía no ha tenido que entrar en recesión, ni siquiera suave, en la mayoría de los países.

Esta generación que desconocía las repercusiones de un proceso inflacionario, puede llegar a interpretar que con un incremento significativo del precio oficial del dinero durante dos o tres años es suficiente para combatir los crecimientos de precios. La economía actualmente tiene características diferentes —o mayor resiliencia, sobre todo en el mercado de trabajo— que en la década de 1980 o 1990. Sin embargo, lo que haya podido funcionar esta vez para combatir la inflación puede no ser suficiente en el futuro, sobre todo si ese rebrote de precios se produce en poco tiempo. Tampoco es definitiva la victoria sobre la inflación y los excesos de confianza se pagan caros. Aun así, mejor haber tenido una inflación elevada durante un par de años que durante casi una década, como era la norma alrededor de 1980.

La efectividad y transmisión de la estrategia monetaria de los últimos diez años ha tenido también implicaciones para los mercados financieros. Sin clara hoja de ruta sobre las decisiones que se tomarán en las próximas reuniones monetarias, pueden surgir turbulencias como las del 5 de agosto. El sector privado, sobre todo, el empresarial estadounidense, está muy endeudado. Cualquier decisión que afecte a sus costes financieros tiene gran importancia en su desempeño futuro. Las Bolsas de medio mundo ya andan sobrevaloradas desde hace tiempo —a pesar del derrumbe de 5 de agosto—, sobre todo las compañías tecnológicas, algo que vino apoyado en unos tipos bajos durante años.

Ahora el precio del dinero es más elevado y, a pesar de las correcciones bursátiles, la percepción es que sus valores continúan exagerados. Los bancos centrales no están para quebrar burbujas de activos —vivienda o valores—, aunque deben hacer un buen seguimiento de la situación —y tenerlo en su radar de decisiones— para evitar situaciones parecidas a la crisis financiera de 2008. Jackson Hole, sin duda, nos aportará una visión de los pesos que los banqueros centrales otorgan a todos estos desafíos y riesgos.

Este artículo se publicó originalmente en el diario Cinco Días

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Un cóctel que explica el derrumbe de las Bolsas

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Lo acontecido el pasado lunes en las Bolsas mundiales, con una fuerte corrección, que algunos consideran pánico —llegándose a citar los anteriores de 1987 y 1929—, se explica por una combinación de factores comentados en los últimos tiempos, y que ahora han llevado al incendio. Se habla de peores datos de empleo de los esperados en Estados Unidos como el detonante de la pólvora de desconfianza que ha sacudido los mercados. Es el miedo a una posible recesión en EE UU que está por ver que acontezca, porque que llevamos dos años en los que se ha esperado en más de una ocasión y no se ha llegado materializar. No parece suficiente razón, o al menos ser la única fuente de inestabilidad.

También afectó y mucho la incertidumbre —¿cierto desbarajuste?— sobre los tipos de interés, en particular nuevamente sobre lo que decida la Reserva Federal. He señalado en anteriores artículos de esta cabecera que la Fed ha dado demasiados volantazos desde comienzos de 2023 sobre la senda de tipos. A estas alturas, se esperaba que hubieran acontecido varias reducciones del precio oficial del dinero y sin embargo, no ha sido así. La comunicación de la Reserva Federal de los dos últimos años no ha ayudado. Se echa de menos la visión de los anteriores presidentes, Ben Bernanke y Janet Yellen, aunque también sufrieron turbulencias, algunas gravísimas como la crisis financiera global con la que tuvo que lidiar el primero.

En la zona euro, existen también dudas sobre la hoja de ruta de los tipos y, sobre todo, sobre cómo evolucionará su economía, con mucha más atonía y retos competitivos. Tampoco ayuda al momento actual del sentimiento sobre la economía, ni la economía asiática —con China y Japón a la cabeza— que no están en su mejor momento. Lo demuestra, por ejemplo, el batacazo de los mercados en Japón del lunes, con una caída que no se veía desde 1987. La subida de tipos de la semana pasada en el país nipón y su impacto sobre sus sobrevaloradas Bolsas y los tipos de cambio actuaron como otro detonante. Las tensiones geopolíticas —como la escalada entre Irán e Israel— también complican el escenario financiero. Y el que estemos en agosto, un mes con menos operaciones en los mercados, aumenta la volatilidad.

En la zona euro también se extraña la maestría de la comunicación de Mario Draghi cuando presidía el BCE. Sin embargo, los grandes interrogantes ahora han venido del lado de la Fed. El mercado entró en estado de nervios cuando algunos análisis apuntaron a que los más débiles datos de empleo probablemente provenían por los elevados costes del crédito para muchas empresas y familias. Es el riesgo que tiene mantener los tipos de interés restrictivos y elevados durante demasiado tiempo. En las recientes presentaciones de resultados corporativos, se ha repetido con frecuencia este mensaje: el consumo se está resintiendo por los altos costes del crédito.

Un tercer componente más permanente ha influido también. La opinión generalizada es que los valores en los mercados de capitales están sobrevalorados, en particular, el estadounidense y dentro de este, el sector tecnológico, que lleva años de rally no siempre justificado por los números de esas compañías. Hasta hace poco, los valores en los mercados habían seguido al alza, pero el sentimiento de los inversores ha podido cambiar en esta ocasión con algunos nubarrones macroeconómicos, eso sí, en un contexto en el que, por ejemplo, el índice S&P 500 cotizaba a 20 veces el valor de las ganancias del próximo año, un nivel ciertamente compatible con una notable sobrevaloración de las empresas.

El último rally, asimismo, en los mercados parece que ha acontecido sin que haya habido ni noticias macroeconómicas que lo apoyaran ni una clara hoja de ruta de bajada del precio oficial del dinero que apuntara al alivio del coste del crédito de empresas y familias. Parece haberse basado en elementos con menor materialidad. Sin duda, las grandes expectativas sobre la tecnología y la inteligencia artificial han participado activamente a encarecer los valores tecnológicos. No se sabe si este es el final de burbuja tecnológica 2.0 —un tema de gran interés alejado del enfoque de este artículo—, pero es probable que en el futuro haya más cautela sobre la valoración de las grandes tecnológicas y se exija más coherencia entre sus números y las expectativas para volver a revalorizarse significativamente.

Los inversores, en un contexto en el que los tipos de interés continúan altos, salieron de activos de mayor riesgo como son las acciones, y entre ellas las tecnológicas, hacia posiciones más líquidas (efectivo). Por ejemplo, Berkshire Hathaway —que preside Warren Buffet— anunció recientemente que había vendido en junio más de 75.000 millones de dólares de su renta variable y reducido su exposición al capital de Apple a la mitad. Sintomático. Otras inversiones de elevado riesgo —incluido el bitcoin que llegó a caer un porcentaje de dos dígitos— han sufrido también.

El índice de volatilidad VIX estuvo el lunes en máximos, en niveles de la crisis financiera y la pandemia. Aunque el 5 de agosto fue la peor fecha de este derrumbe, seguida de cierta calma y una recuperación parcial de los valores, están por ver las implicaciones de medio plazo de lo acontecido. Los bancos centrales, como han hecho en esta ocasión también, pueden apoyar para aliviar estas tensiones, pero no pueden rescatar siempre a las economías y los mercados de todas las contingencias.

Este artículo se publicó originalmente en el diario Cinco Días

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Todo esto han perdido en bolsa las grandes tecnológicas en el transcurso del año

A penas quedan dos meses para cerrar el año y, o cambia notablemente el panorama presente, o bien este año cerrará como uno de los más dramáticos para los grandes valores tecnológicos. Empresas como Microsoft, Amazon y Alphabet están viendo caer sus acciones más del 30% este año, en comparación con una caída de aproximadamente el 18% del S&P 500. Seguramente Apple, es el único valor de los grandes tecnológicos que aguantan con una caída del 14,50%.

Pero hay otros valores que no están corriendo la misma suerte. Los titulares son inquietantes para ortos gigantes del sector: Meta acaba de vivir su peor semana en bolsa desde que se estrenó en 2012 con una caída del 24% y ya arrastra un 70% en lo que va de año, siendo el penúltimo valor del S&P 500 por orden de rentabilidad. Por el lado de Netflix, llegó a ocupar la peor posición de rentabilidad negativa del índice, aunque ha logrado remontar hasta la posición 480 con unas pérdidas del 51%.

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Si lo analizamos desde el punto de vista de la capitalización pérdida, las cifras pueden sonar más alarmantes. El valor que más ha evaporado capitalización bursátil está siendo Microsoft, con casi 800.000 millones de dólares fulminados, y una caída del 32%. De manera similar, Amazon se está dejando un 40% y una capitalización fulminada 720.000 millones.

Los problemas a los que se enfrentan las grandes tecnológicas

El sector está viendo como se ahonda en una desaceleración del crecimiento de los ingresos y la lucha por contener los costes que está tocando sus beneficios. Las grandes tecnológicas se encuentran en una posición desconocida después de una década de crecimiento descontrolado.

Para ser específicos, en esta temporada que están saliendo los resultados financieros del cuarto trimestre del año fiscal 2022. Los resultados de las cinco grandes tecnológicas esgrimen en este trimestre unos beneficios de 59.500 millones de dólares, un 17,8% menos frente a los 72.300 millones vistos en el mismo trimestre del año anterior. Este hecho contrasta con el crecimiento de los ingresos del 9,1% hasta llegar a los 364.100 millones de dólares. Por lo tanto, se pone de manifiesto un problema de costes.

Tenemos de todos los colores. Por ejemplo, Alphabet vio crecer sus ingresos en el tercer trimestre un 6%, pero sus beneficios han caído un 26,5% frente al mismo trimestre del año anterior. Meta afronta un deterioro de los ingresos del 6% y sus beneficios caen un 49%. Apple, que se ha visto como la gran tecnológica más sólida, los ingresos anuales fueron un 8% más año tras año, y los beneficios anuales subieron un 9% en este período, es la única que consigue incrementar sus beneficios.

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Los resultados del tercer trimestre se producen en un contexto de inflación vertiginosa, tipos de interés al alza que encarece la financiación, un dólar estadounidense fuerte que hace que las compras en moneda extranjera se encarezcan y una recesión inminente.

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En ese punto, las grandes tecnológicas que tienden a cotizar a elevados múltiplos por las expectativas generadas de su evolución ven como el crecimiento de la mayor parte de sus flujos de efectivo puede valer mucho menos en dinero actual cuando aumenta la inflación.

En medio de tanta incertidumbre, parece que han desaparecido esos crecimientos de dos dígitos que tendíamos a ver en estas compañías, las expectativas de los inversores ahora han cambiado y valoran estas empresas por su capacidad de resiliencia, poniendo coto a sus gastos y mejorar la capacidad de generar flujo de caja libre.

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Julio fue un buen mes en bolsa, pero hay que ser cauto con las perspectivas

El mes de julio fue positivo para la renta variable global porque vimos una subida de más del 10% en el MSCI World Index (EUR). Y es que desde los mínimos vistos a mediados de junio, las bolsas han iniciado una continua subida. En Europa, el Stoxx 600 se marcó, el mes pasado, una subida del 7% y nuestro Ibex 35 ha quedado absolutamente rezagado con una tímida subida del 0,71%.

En términos generales, gran parte de los sectores consiguieron anotarse rentabilidades positivas y especialmente de las empresas tecnológicas y de consumo discrecional, vinculadas al crecimiento económico, las rentabilidades más importantes. Al selectivo español le ha ocurrido que está sobrerepresentado en los sectores de servicios de energía, finanzas y comunicaciones que se mantuvieron prácticamente planos.

Los bancos centrales marcaron el pulso el mes pasado. La Reserva Federal aumentó tipos en 75 puntos básicos, sin embargo, el presidente Jerome Powell comentó más tarde que el ritmo de endurecimiento de la política podría disminuir a partir de ese movimiento. Por parte del BCE, elevó el precio del dinero en 50 puntos básicos más de lo esperado, poniendo fin a la era de tipos negativos. El BCE también presentó su nueva "herramienta anti-fragmentación" que está diseñada para evitar que salten las primas de riesgo de los países periféricos, especialmente Italia.

En general, lo que los mercados están valorando positivamente es que se está atacando a la inflación, aunque ello suponga dirigirnos hacia una recesión. De hecho, como comentamos recientemente, Estados Unidos ha entrado ya en recesión técnica.

Cuidado con las perspectivas en las acciones: La importancia de los márgenes

Esta subida experimentada puede tratarse de un espejismo. Si los bancos centrales consiguen controlar la inflación, vamos de cabeza a la recesión. O se pierde poder adquisitivo por el alza de los precios o por la contracción de la economía. La cuestión es elegir cuál debería ser el mal menor. Si nos vamos a una recesión las expectativas actuales del mercado se deterioran más por el descuento de flujos esperado, lo que no llevaría a menores cotizaciones.

En un entorno de alta inflación, el crecimiento de los ingresos no es difícil de conseguir. Los precios están aumentando en todas partes, y las empresas y los consumidores esperan una sorpresa. Las empresas pueden hacer crecer sus líneas superiores simplemente subiendo sus precios, sin necesidad de vender más unidades.

Pero los costes de los insumos (materias primas, transporte, salarios, y la lista continúa) también están aumentando. Las empresas de mayor calidad son las que pueden aumentar sus precios de venta más rápido de lo que los proveedores aumentan los suyos. Esa es la definición de poder de fijación de precios.

Por ello, tenemos riesgos evidentes para los márgenes de los beneficios empresariales derivados de un empeoramiento de las perspectivas macroeconómicas y un aumento de los costes. Los bancos centrales parecen decididos a controlar la inflación suprimiendo el crecimiento, lo que aumenta el riesgo de que se descarrile un reinicio posterior al coronavirus.

Y los márgenes han partido de una situación un tanto utópica. El crecimiento de los ingresos no ha tenido precedentes desde el Covid-19. Las empresas también han informado de un poder de fijación de precios sin precedentes en los últimos dos años en medio de interrupciones en el suministro. Entonces, la combinación del estímulo del gobierno y las interrupciones de la cadena de suministro por los cierres forzosos ha alimentado este ciclo alcista en los márgenes.

El crecimiento de los beneficios se mantuvo firme el primer trimestre del año frente a una inflación más alta, tipos de interés más altos y un posible "aterrizaje forzoso", ya que los beneficios y los ingresos año tras año crecieron un 42,1% y un 22,9%, respectivamente.

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Si miramos las perspectivas para los próximos trimestres, la primera caída de los beneficios la veríamos en el primer trimestre del año siguiente (-5,3%) y en el segundo veríamos caída una caída conjunta de ingresos (-4,4%) y beneficios (-6,2%). Los riesgos de recesión están aumentando a medida que la liquidez se reduce y la confianza de los hogares se desploma.

Poner freno a la inflación

Los bancos centrales están emprendiendo una acción coordinada para matar la inflación. Esta respuesta supone atacar a la demanda y sus expectativas, lo que nos lleva a la sombra de la recesión. De ahí que los precios del petróleo se hayan contraído y el barril de Brent cotice por debajo de la barrera psicológica de los 100 dólares.

Ya hemos visto cómo los precios del petróleo han caído un 28% desde su máximo de cierre reciente de 123,70 dólares el 8 de marzo tras la invasión rusa de Ucrania.

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Las subidas del crudo se revirtieron luego de un repunte en los primeros cinco meses del año, extendiendo las pérdidas de este mes luego de las pérdidas de junio y julio. La liquidación borró las ganancias de la invasión rusa de Ucrania, lo que aliviaría las presiones inflacionarias en la economía global que han llevado a los bancos centrales, incluida la Reserva Federal, a aumentar los tipos de interés.

La jugada está saliendo bien: la demanda se enfría. Por ejemplo, en Estados Unidos, el organismo energético EIA ha apuntado que los estadounidenses están usando menos gasolina que durante el verano pasado (cuando los precios eran más bajos), pero incluso durante el verano de 2020, cuando el covid-19 todavía restringía los viajes.

Por el lado de la oferta, la Organización de Países Exportadores de Petróleo y sus aliados, incluida Rusia, acordaron un pequeño aumento en la oferta colectiva para septiembre, al tiempo que advirtieron que su capacidad disponible era extremadamente limitada. Arabia Saudita, el líder de facto del grupo, ha impulsado los precios del petróleo a niveles récord para los compradores asiáticos.

Desde la óptica europea, si bien la invasión rusa de Ucrania no eliminó de inmediato la actividad económica en Europa, la amenaza de que Rusia corte el suministro de energía a Europa sigue siendo un riesgo económico importante. Después de caer a niveles muy bajos el invierno pasado, los inventarios de gas natural en Europa han estado creciendo a un ritmo típico en esta época del año.

El almacenamiento estaba lleno en un 62% el 9 de julio y está en camino de alcanzar su objetivo del 90% en noviembre, cuando las necesidades de calefacción en invierno suelen aparecer.

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