La salida de José Vicente de los Mozos del cargo de consejero delegado de Indra se ha convertido en el último episodio de una larga cadena de movimientos en la cúpula de la tecnológica española. Aunque sobre el papel se presenta como el final natural de su mandato, distintas fuentes empresariales coinciden en que se trata de una decisión impulsada desde el Gobierno, principal accionista a través de la SEPI.
La compañía ha comunicado al mercado que abrirá un proceso para designar a un nuevo primer ejecutivo, mientras De los Mozos seguirá en funciones hasta el 30 de junio para facilitar una transición ordenada. Su marcha llega apenas mes y medio después del aterrizaje de Ángel Simón como presidente no ejecutivo, en un contexto de crisis de gobernanza que Indra arrastra desde hace años.
Un cese presentado como relevo natural, pero interpretado como salida forzada
En la comunicación remitida a la CNMV, Indra explica que, ante el inminente vencimiento del mandato de De los Mozos y la decisión de no continuar, la Comisión de Nombramientos, Retribuciones y Gobierno Corporativo ha activado la búsqueda de un nuevo consejero delegado. El tono del hecho relevante sugiere una dimisión pactada y un relevo previsto con antelación.
Sin embargo, fuentes conocedoras del proceso sostienen que De los Mozos pretendía seguir al frente de la compañía y que, de hecho, en los últimos meses se había trabajado en una renovación de su contrato. Sobre la mesa llegó a plantearse una oferta para extender su permanencia hasta 2029, con una remuneración total potencial en línea con la de otros grandes grupos europeos, cercana a los 4,9 millones de euros anuales en función de objetivos.
De acuerdo con estas versiones, la salida no responde a una voluntad personal del directivo, sino a un cambio de criterio político. El Ejecutivo, a través de la SEPI, que controla en torno al 28% del capital de Indra, habría decidido prescindir de él para recomponer por completo el organigrama de la alta dirección y cerrar una etapa marcada por la confrontación interna.
El propio De los Mozos había reiterado públicamente su compromiso con el proyecto. En una reciente conferencia con analistas, al presentar los resultados del primer trimestre, subrayó que su intención era continuar siempre que el consejo y la junta de accionistas avalaran su permanencia, insistiendo en que los rumores sobre su salida no se correspondían con su voluntad.

En ese clima, De los Mozos había conseguido cierta autonomía como máximo ejecutivo. Llegó a Indra en mayo de 2023, en la etapa de Murtra, con el encargo de diseñar el plan estratégico “Leading the Future” para el periodo 2024-2026, que contemplaba crecimiento orgánico y adquisiciones selectivas para reforzar el perímetro de defensa y tecnología. Durante su mandato, la compañía experimentó una notable revalorización en Bolsa, hasta el punto de que la acción reaccionó con subidas superiores al 2% tras conocerse su futura salida, en un giro brusco respecto a las caídas iniciales de la sesión.
La llegada de Simón, inicialmente como presidente representativo sin poderes ejecutivos, buscaba cerrar la crisis derivada del caso Escribano. Pero en pocas semanas el consejo de administración decidió otorgarle un papel mucho más influyente: fue nombrado vocal de la comisión de estrategia y de la comisión delegada ejecutiva, y ambas instancias le eligieron posteriormente como presidente, concentrando así una parte sustancial del poder de decisión.
Paralelamente, Simón empezó a rodearse de perfiles de su confianza, como el nombramiento de Ciril Rozman como jefe de Gabinete de Presidencia, con quien había trabajado estrechamente en Agbar y Criteria. Estos movimientos se interpretaron como la preparación de una nueva etapa en la que el actual presidente aspira a marcar la línea estratégica de la casa.
De aliado táctico a directivo prescindible
La relación entre De los Mozos y la nueva presidencia ha ido deteriorándose a medida que se clarificaba el reparto de poder. Fuentes del entorno de la compañía relatan que, en los primeros compases del relevo en la cúpula, el consejero delegado se veía como una pieza útil para facilitar la salida de Escribano y asegurar una transición controlada por Moncloa. Su perfil, considerado cercano al Partido Popular por su condición de presidente de Ifema -consorcio en el que participan la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid-, no impidió que fuera el elegido para pilotar la empresa durante esa fase.
Una vez consolidado el nuevo esquema, con Simón ya asentado y la SEPI reforzada como socio de referencia, ese papel habría dejado de ser necesario. Distintas fuentes apuntan a que la iniciativa de no renovar a De los Mozos parte del entorno económico de la Presidencia del Gobierno, que habría comunicado al nuevo presidente que la hoja de ruta pasaba por una renovación total de la cúpula, incluido el consejero delegado.
En paralelo, desde el ámbito político se han lanzado mensajes de aparente distancia. La ministra de Defensa, Margarita Robles, ha asegurado en sede parlamentaria que no quiere inmiscuirse en la gobernanza interna de Indra, limitándose a exigir el cumplimiento de los contratos estratégicos, como el del blindado 8×8 Dragón o la participación en Hisdesat y Tess Defence. Sin embargo, el peso de los encargos públicos y del accionariado estatal hace difícil desvincular las decisiones internas de la agenda del Ejecutivo.
Todo este proceso tiene también una traducción económica para el directivo saliente. Las condiciones de su salida contemplan una compensación global que distintas fuentes sitúan en torno a los 20 millones de euros, resultado de la combinación de salario diferido, indemnización y otros conceptos ligados a su contrato y a los planes de incentivos.
Impacto en la estrategia y el futuro modelo de gobernanza
La marcha de De los Mozos deja en el aire varias piezas clave del futuro de Indra. Por un lado, el desarrollo del plan “Leading the Future”, diseñado bajo su mando, queda ahora sujeto a revisión, justo cuando debía comenzar su despliegue efectivo para el periodo 2024-2026. La nueva cúpula tendrá que decidir hasta qué punto mantiene las líneas maestras del proyecto o reorienta prioridades, especialmente en el área de defensa, donde se pretende construir un “campeón nacional” con proyección europea.
Por otro lado, vuelve al primer plano la posible integración con Escribano Mechanical & Engineering (EM&E). Aunque el intento anterior se frenó por el conflicto de interés que suponía la doble condición de Escribano como presidente de Indra y propietario de la firma objetivo, la posterior salida de los hermanos del accionariado y la venta de su 14,3% elimina, al menos sobre el papel, ese obstáculo. La operación, valorada en unos 2.000 millones, sigue generando recelos en parte del capital privado, como la familia Aperribay (a través de SAPA), preocupada por el equilibrio de poder interno.
En cuanto a la gobernanza, el consejo de administración maneja varios escenarios para la nueva etapa. Uno de ellos pasa por mantener a Ángel Simón como presidente no ejecutivo, incorporando a un consejero delegado con plenas responsabilidades ejecutivas que asuma el día a día de la empresa. Otro plantea un modelo mixto, en el que el presidente recupere poderes ejecutivos que comparta con el futuro CEO, replicando en la práctica la fórmula que ya se dio con Ángel Escribano y el propio De los Mozos.
El precedente de Marc Murtra, que se incorporó en su momento a Indra como presidente meramente representativo y terminó asumiendo funciones ejecutivas, planea sobre el proceso. El perfil de Simón y su trayectoria en compañías como Agbar o CriteriaCaixa alimentan la expectativa de que termine acumulando un peso decisivo en la gestión, aunque oficialmente mantenga la etiqueta de presidente no ejecutivo en una primera fase.
En las próximas semanas, el consejo se reunirá para identificar candidatos al puesto de consejero delegado y definir el encaje exacto de cada rol. Lo que finalmente se acuerde deberá ser aprobado por el órgano de administración y ratificado por la junta general de accionistas, convocada en segunda convocatoria para el 30 de junio, coincidiendo con la salida efectiva de De los Mozos.
Reacción del mercado y retos en un contexto europeo de rearme
La salida del consejero delegado se produce en un momento en el que Indra está llamada a jugar un papel central en la industria de defensa europea. El refuerzo de los presupuestos militares en la UE, el impulso a programas conjuntos y la necesidad de capacidades tecnológicas avanzadas sitúan a la compañía en una posición estratégica, sobre todo para España.
Pese a la incertidumbre sobre la gobernanza, el mercado ha reaccionado con relativa calma. Tras un inicio de sesión titubeante, con caídas cercanas al 1,5%, las acciones llegaron a rebotar más de un 2% y se han mantenido en niveles elevados, reflejando que los inversores confían en la solidez del negocio subyacente y en la continuidad de los contratos públicos clave.
De los Mozos deja detrás una etapa en la que la compañía ha registrado una fuerte apreciación bursátil y un crecimiento de beneficios, acompañado de una agenda de adquisiciones y alianzas para reforzar el perímetro de defensa y sistemas críticos. También ha compatibilizado su cargo en Indra con la presidencia del comité ejecutivo de Ifema, donde uno de los hitos más comentados fue la llegada a Madrid de un Gran Premio de Fórmula 1, lo que contribuyó a reforzar su imagen de gestor eficaz.
El gran reto ahora para la nueva dirección será reconstruir la estabilidad interna y consensuar un marco de gobernanza que reduzca la percepción de injerencia política. Todo ello, sin perder el foco en la ejecución de los programas en curso y en la consolidación de Indra como actor de referencia en el mercado europeo de defensa y tecnologías de la información.
Con el calendario marcado por la junta del 30 de junio, el relevo de José Vicente de los Mozos abre una fase de cambios profundos en Indra, tanto en su cúpula directiva como en la manera de articular el poder entre el Estado y los accionistas privados. La combinación de presión política, ambiciones estratégicas y tensiones accionariales hará de los próximos meses un periodo determinante para saber si la compañía es capaz de dejar atrás su enésima crisis de gobernanza y encarar con garantías el papel de campeón nacional de defensa que se le ha asignado.