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El acceso a las carreras STEM en España: más concentrado en las familias con mayor nivel educativo y ocupacional

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El nuevo enlace de microdatos entre el Sistema Integrado de Información Universitaria (SIIU) y los registros del INE permite mirar la universidad española con unas gafas diferentes: ya no solo sabemos cuántos estudiantes se matriculan en cada rama, sino también quiénes son sus padres, qué estudios tienen y a qué se dedican. Cuando miramos estas dos dimensiones –nivel educativo y ocupación de los progenitores– el retrato es claro: el acceso a la universidad, y especialmente a las carreras STEM y de salud, está cada vez más concentrado en los hogares más aventajados.

Más padres universitarios en
todas las ramas, especialmente en STEM

Una primera forma de aproximar el origen socioeconómico del alumnado es fijarse en si ambos progenitores tienen estudios superiores. El gráfico 1a muestra la evolución de este indicador entre los cursos 2016-2017 y 2021-2022, para el conjunto del sistema y por grandes ramas de enseñanza.


Dos rasgos destacan de inmediato. Primero, la tendencia ascendente es sistemática. En el conjunto del sistema, la proporción de estudiantes con ambos progenitores con estudios superiores pasa del 31,7% al 38,9% en solo seis cursos. El incremento supera los siete puntos porcentuales, y se observa en todas las ramas. Dado que el nivel educativo de la población adulta cambia de forma lenta, esta subida difícilmente puede atribuirse solo a “maduración generacional”: lo que está cambiando es quién llega a la universidad, no solo el perfil medio de los padres en la sociedad española.

Segundo, el aumento es
especialmente intenso en Ingeniería y Arquitectura, Ciencias y Ciencias de la
Salud. En estas ramas, el porcentaje de estudiantes con padres universitarios
supera el 40%, alcanzando el 45,6% en Ingeniería y Arquitectura y el 43,2% en
Ciencias de la Salud en 2021-2022. Son precisamente las áreas con mayores
exigencias académicas y mejores perspectivas laborales. La combinación de notas
de corte altas, expectativas salariales elevadas y una fuerte presencia de
estudiantes de entornos con alto capital educativo refuerza la idea de que el
acceso a estos estudios está socialmente filtrado.

Más familias con ocupaciones
altas en STEM y Salud

El nivel educativo no es la única
dimensión relevante. La Estadística de Estudiantes Universitarios incorpora
también un indicador sobre la ocupación de los progenitores, que permite
aproximar su posición en la estructura laboral y, de manera indirecta, su nivel
de renta y de capital social. El gráfico 1b [haga clic en “padres con ocupaciones
de alto nivel”, bajo la leyenda, para visualizarlo]recoge la evolución del
porcentaje de estudiantes cuyos dos progenitores tienen ocupaciones altas
(directivos, profesionales científicos y técnicos, médicos, profesiones
liberales, etc.).

Aunque la serie comienza algo más
alta en 2016-2017, el patrón reciente es claro: tras una ligera corrección
inicial, la proporción de estudiantes procedentes de hogares donde ambos
progenitores tienen ocupaciones altas crece y supera ya el 21% en el conjunto
de la universidad. El desplazamiento es especialmente visible en Ingeniería y
Arquitectura, Ciencias y, sobre todo, Ciencias de la Salud, que se sitúa
sistemáticamente por encima del 25% en los últimos cursos.

De nuevo, Artes y Humanidades
aparece como la rama con menor concentración de este tipo de hogares, con
valores entre el 15% y el 18%. Es, por tanto, la más socialmente diversa. Las
Ciencias Sociales y Jurídicas ocupan una posición intermedia, aunque su
heterogeneidad interna implica que ámbitos como Derecho o ADE arrastren el
promedio hacia arriba, mientras que Educación o Trabajo Social lo reducen.

Un patrón de estratificación
creciente

Leídos conjuntamente, ambos gráficos describen un mismo proceso: el acceso a la universidad española, y especialmente a las carreras STEM y de salud, se está desplazando hacia los estratos socioeconómicos más altos. Cada vez hay más estudiantes con padres universitarios y con ocupaciones de alta cualificación, y esta concentración es más intensa en las ramas con mayor retorno salarial y social.

La universidad sigue ofreciendo
oportunidades de movilidad ascendente para parte del alumnado de origen
modesto, pero los datos sugieren que, al mismo tiempo, refuerza la reproducción
intergeneracional de las ventajas. Para que las carreras científicas y
tecnológicas sean verdaderamente accesibles en igualdad de condiciones, no
bastará con ampliar plazas: será necesario actuar sobre los mecanismos de
orientación, acceso y apoyo económico, de manera que el talento académico no
dependa tanto del código postal ni del currículum de los padres.

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El insuficiente atractivo internacional de las universidades españolas

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Las universidades españolas están experimentando un proceso de internacionalización, tanto de profesorado como de alumnado. La proporción de profesorado extranjero en España está aumentando claramente (2,6% en 2016-2017; 3,4% en 2021-2022), y lo mismo ocurre con los estudiantes: crece la proporción de estudiantes españoles matriculados en el extranjero. Esta tendencia no se debe a los programas de estancias cortas que no están orientadas a la obtención de un título en una universidad española (“movilidad de créditos”), sino al crecimiento de la proporción de la llamada “movilidad de grado”, que representó el 5,8% de la matrícula en las universidades presenciales en el curso 2021-2022, 2,5 puntos porcentuales más que en el 2016-2017 (gráfico 1).


A pesar de la creciente proporción de estudiantes extranjeros matriculados, España se sigue situando en este aspecto por detrás de la media de la Unión Europea. Según datos de Eurostat, los estudiantes de movilidad de grado en España representaban en 2022 el 4,8% del total de la matrícula universitaria en España (en universidades presenciales y no presenciales), casi la mitad de la media de la UE27 (9,4%) (gráfico 2) y, en cualquier caso, significativamente por debajo de los de grandes países (de elevado PIB per cápita) como Alemania (12%) y Francia (10,6%) o, fuera de la UE, el Reino Unido (20,9% en 2019). Pero la cuota española también es inferior a las registradas por países más pequeños y menos ricos como Portugal (11,8%) o Hungría (14,3%). Si se mantuviera la tendencia lineal del periodo 2017-2022 ( 0,2 puntos por año), la proporción de estudiantes móviles procedentes del extranjero tardaría más de 20 años en alcanzar la media actual de la Unión Europea, aunque la tendencia implícita en los datos del gráfico 2 apunta a un camino algo más corto.


Dado el bajo porcentaje de estudiantes móviles en España, puede afirmarse que el atractivo internacional de las universidades españolas es comparativamente bajo. Si prestamos atención al volumen de todos los estudiantes procedentes del extranjero (de un país europeo o del resto del mundo) que se matriculan en universidades europeas, España acogió al 3,9% en 2022, claramente por debajo de su peso demográfico en el conjunto de países europeos considerados (9%). La brecha es aún mayor para los 826.000 estudiantes móviles de origen europeo (3,3%) y, especialmente, para los 570.000 asiáticos (1,3%) (gráfico 3). Así pues, parece que las universidades españolas no tienen mucho éxito en la atracción de estudiantes europeos y asiáticos. Es cierto que, como podría esperarse, España es líder indiscutible, con un 30,2%, en la acogida de estudiantes latinoamericanos, aunque, en todo caso, solo suman 105.000, apenas una octava parte de los estudiantes europeos y una quinta parte de los asiáticos. Aumentar la presencia de estudiantes internacionales en las universidades españolas requiere, por tanto, mejorar su influencia institucional y académica entre los públicos europeos y asiáticos.

Esta entrada está basada en un texto publicado al respecto en el último número de Focus on the Spanish Society, que incluye, además, un análisis sobre el acceso universal al sistema sanitario en España y otro sobre la satisfacción de los usuarios de la sanidad.

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Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia

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La posición de las mujeres en la ciencia depende, en gran medida, de su participación en la educación superior (universitaria). A este respecto es importante subrayar que, salvo en Alemania, en todos los países de la Unión Europea-27 la proporción de mujeres que en 2019 (últimos datos disponibles) se graduaron en la universidad fue superior a la de los hombres (Gráfico 1). 

Esa ventaja formativa de las mujeres se reduce, sin embargo, cuando se observan los datos correspondientes a la obtención del nivel educativo más alto, el que procura el acceso a la élite académica de una disciplina: el doctorado. En muchos países (entre ellos, los nórdicos, el Benelux, Francia, Austria y también Alemania), en 2019 se doctoraron más hombres que mujeres; sin embargo, en otros (por ejemplo, Portugal, Irlanda, Italia y España), el número de nuevas doctoras superó al de nuevos doctores (Gráfico 1). 

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de Eurostat [educ_uoe_grad02].


Nota: Los “graduados” han completado “educación terciaria de ciclo corto” (short cycle tertiary education) o Grado o nivel equivalente (Bachelor’s or equivalent level).

Ahora bien, estos datos esconden diferencias significativas entre disciplinas académicas. Mientras en algunas disciplinas (sobre todo, educación y salud/bienestar) se doctoran muchas más mujeres que hombres, en otras (particularmente, tecnologías de la información y comunicación e ingenierías/producción/construcción), ellas están mucho menos representadas entre quienes alcanzan el doctorado. Esta pauta es común a diferentes países europeos (Gráfico 2), lo que indica la existencia de un patrón de género que prevalece sobre especificidades nacionales. 

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de Eurostat [educ_uoe_grad02].


(*) “Servicios” incluye las disciplinas de deportes y turismo.

En España, las mujeres superaron en número a los hombres tanto entre los graduados como entre los nuevos doctores en 2019. Del total de 312.866 graduados, 172.833 fueron mujeres (55%); y del total de 9.340 nuevos doctores, ellas (4.732) representaron también algo más de la mitad (51%) (Gráfico 3). Pero las diferencias de género en la elección de estudios son ostensibles. Por ejemplo, mientras casi dos de cada tres mujeres se graduaron en 2019 (63%) en las ramas de salud/bienestar, educación y negocios/administración/derecho, solo uno de cada tres varones graduados (32%) obtuvo el título de Grado en esas disciplinas (Gráfico 4). 

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de Eurostat [educ_uoe_grad02].


Nota: Los “graduados” han completado “educación terciaria de ciclo corto” (short cycle tertiary education) o Grado o nivel equivalente (Bachelor’s or equivalent level).


(*) “Servicios” incluye las disciplinas de deportes y turismo.

Si bien en todas las disciplinas habitualmente englobadas bajo la denominación STEM (ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas) en 2019 se graduaron más hombres que mujeres, en ciencias naturales, matemáticas y estadística el número de graduados y graduadas se aproximó a la paridad (Gráfico 4). Cabe destacar que precisamente en este ámbito de conocimiento científico el número de mujeres que se doctoraron en 2019 (1.259) superó al de los hombres (1.067). En efecto, el 55% de quienes accedieron en ese año al título de doctor en las disciplinas de ciencias naturales, matemáticas y estadística fueron mujeres (Gráfico 5). De hecho, de todas las mujeres que se doctoraron en 2019 en España (4.732), el grupo de mayor volumen (27%) se concentra en ciencias naturales, matemáticas y estadística (mientras que de todos los hombres que se doctoraron en 2019 [4.608], el 23% lo hicieron en esas disciplinas). Si se tiene en cuenta el conjunto de las disciplinas STEM, el porcentaje de nuevas doctoras asciende al 37% (48% entre los hombres).

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de Eurostat [educ_uoe_grad02].


Nota: Los “graduados” han completado “educación terciaria de ciclo corto” (short cycle tertiary education) o Grado o nivel equivalente (Bachelor’s or equivalent level).


(*) “Servicios” incluye las disciplinas de deportes y turismo.

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de Eurostat [educ_uoe_grad02].


(*) “Servicios” incluye las disciplinas de deportes y turismo.

Ampliando el foco a los Estados miembros de la UE, llama la atención que los países con tasas más altas de doctores y doctoras entre 25 y 34 años en materias STEM (por 1.000 habitantes) presentan una mayor desigualdad de género en esta variable (Gráfico 6). Efectivamente, en aquellos países en los que hay menos jóvenes doctores por cada 1.000 habitantes (por tanto, países con entornos científicos más débiles), la ratio entre hombres y mujeres es más similar, lo que, al fin y al cabo, devalúa la importancia de esa igualdad de género. En España, esta ratio se sitúa en 75 (doctoras de 25 a 34 años por cada 100 doctores varones de la misma edad), en el entorno de otros países europeos meridionales (Portugal e Italia) y significativamente por encima de los Estados miembros con mayor PIB per cápita de la UE (Gráfico 6). 

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de Eurostat [educ_uoe_grad07].

En un día como el de hoy en el que se celebra la participación de las mujeres y las niñas en la ciencia, es, sin duda, crucial reivindicar su contribución al conocimiento científico y la necesidad de reforzarla. Pero no menos importante es reclamar que la ciencia cobre más importancia en la sociedad, aumentando los recursos humanos dedicados a promover su producción y transferencia.

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24 de enero: Día Internacional de la Educación

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Desde 2018, cada 24 de enero se celebra el Día Internacional de la Educación. La UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) ha decidido enmarcar la celebración de este año bajo el lema “Cambiar el rumbo, transformar la educación”, que sugiere cierta insatisfacción con el estado de la educación actual en el mundo e indica la necesidad de un giro educativo. 

Cada país puede identificarse más o menos con este lema en función de la calidad y el rendimiento de su sistema educativo. En el caso de España, los informes de evaluación de competencias promovidos por la OCDE han situado a nuestro país en puestos comparativamente bajos de los distintos rankings que miden el rendimiento del sistema educativo entre los alumnos que cursan el último curso de educación obligatoria (PISA) y entre la población de 16 a 65 años (PIAAC). Estas evidencias comparativas avivan periódicamente el debate sobre la educación en España, muy marcado también por la inestabilidad legislativa en esta materia (ocho leyes educativas desde 1980, la última aprobada en diciembre de 2020).

Ahora bien, estos debates desdibujan a menudo la importancia que la educación ha adquirido como motor de cambio social durante las últimas cuatro décadas. Según datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), en 2021 el 36% de la población española entre 25 y 64 años ha cursado, como máximo, educación secundaria básica, el 10% educación secundaria superior generalista, el 24% educación secundaria orientada profesionalmente, y el 29% educación superior. Cuarenta años atrás, la proporción de población de la misma edad que había alcanzado, como máximo, el nivel de educación secundaria obligatoria era abrumadoramente mayoritaria (89%), mientras que la que contaba con títulos de educación secundaria superior (4%) o profesional (1%) o de educación superior (6%) era muy escasa (Gráfico 1).

Elaboración de Luis Garrido Medina a partir de datos EPA (IVT1980-IIIT1981 / IVT2020-IIIT2021).

(*) Población española nacida en España.

Ciertamente, desde la perspectiva del nivel educativo, la población de 16 o más años residente hoy día en España se distribuye en torno a dos polos. Por una parte, se concentra en los dos extremos de la distribución educativa: frente a aquellos con pocas credenciales educativas (45%) cobran creciente peso quienes cuentan con títulos de educación superior (33%). Solo un 22% de la población se sitúa en posiciones intermedias. Por otra parte, esta estructura bipolar también se plasma en perfiles educativos muy diferentes en función de la edad. Tal y como pone de relieve el Gráfico 2, mientras que abundan los universitarios entre quienes se encuentran en la primera fase de su trayectoria laboral (casi la mitad de los que tienen entre 25 y 34 años), en el colectivo de población mayor de 55 años se observa una proporción amplia de personas con un nivel educativo muy bajo.

Elaboración propia a partir de datos de EPA2021/III.

Las diferencias entre hombres y mujeres son muy llamativas. Así como entre los mayores de 59 años la proporción de hombres con estudios superiores es mayor que la de mujeres, a medida que disminuye la edad, aumenta la diferencia en el porcentaje de universitarios a favor de las mujeres (Gráfico 3). En el grupo de personas entre 25 y 34 años esta diferencia alcanza su máximo: más de la mitad de ellas (55%) han completado estudios superiores, mientras que ellos presentan una proporción de titulados superiores mucho menor (42%).

Elaboración propia a partir de datos de EPA2021/III.

A pesar de estos datos positivos sobre el nivel educativo de los adultos jóvenes, no todo son buenas noticias. La polarización ya señalada también afecta a la composición de este grupo, de modo que, a día de hoy, son muchos los jóvenes con escasos recursos educativos. En efecto, el 28% de los que cuentan entre 25 y 34 años han alcanzado, como máximo, titulación en educación secundaria obligatoria. Este porcentaje aumenta cuando solo se tiene en cuenta a los hombres de esas edades (33%). Y es que si bien en 2020 España se situaba por encima de la media comunitaria en la proporción de jóvenes con estudios terciarios, también registraba el  mayor porcentaje de personas entre 25 y 34 años con estudios básicos en la Unión Europea (27), casi duplicando la media europea (15%), como se aprecia en el Mapa 1.

Elaboración propia a partir de Eurostat [edat_lfse_03].

En definitiva, sin olvidar los grandes avances realizados por la sociedad española en cuanto a extensión de la educación, es preciso señalar en un día como hoy que en torno a tres de cada diez de quienes se encuentran en la fase inicial de participación en el mercado laboral (25-34 años) presentan niveles educativos bajos. La ausencia entre muchos jóvenes de formación post-obligatoria, específicamente orientada a la inserción en el mercado de trabajo, es un problema todavía muy presente en la sociedad española.

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