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Maestros de Primaria: alta satisfacción, no ajena a las cargas

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Con frecuencia, y con acierto, se le atribuyen a la educación formal los cimientos de cualquier proyecto de desarrollo personal y colectivo. Gran parte de la atención del análisis sociológico y de la discusión pública se centra en la educación secundaria, al tratar el abandono escolar temprano o de la evaluación de rendimiento académico mediante pruebas como PISA. Con menor frecuencia se repara en lo decisivo de una etapa anterior, la enseñanza primaria: entonces se forjan y consolidan las competencias fundamentales y las actitudes hacia el aprendizaje. Sus efectos acompañan toda la vida y condicionan notablemente la igualdad de oportunidades en una sociedad. De ahí la relevancia de entender los contenidos que se enseñan en Primaria, los modos de enseñanza, los recursos disponibles y, no en último lugar, la figura de los profesores en sí misma, incluyendo la percepción que tienen de ellos mismos y de su profesión. 

A tenor de los últimos datos disponibles sobre las opiniones de los maestros de Educación Primaria en España, de 2023, el juicio medio sobre su vida profesional es muy positivo. Estos datos proceden de una encuesta internacional a los profesores de Matemáticas de los alumnos de 4º de enseñanza primaria, en el marco del TIMSS (Estudio Internacional de Tendencias en Matemáticas y Ciencias). Casi todos (96%) sienten con frecuencia (i.e., muy a menudo o a menudo) que su trabajo tiene sentido y propósito, y disfrutan con frecuencia de los retos que plantea la enseñanza (91%) (gráfico 1), lo que sitúa a los maestros españoles en una posición intermedia en el conjunto de veintitrés países europeos elegidos para la comparación.[1] Otra inmensa mayoría siente con frecuencia  que su trabajo le resulta inspirador (97%) (gráfico 1), algo en lo que los maestros españoles destacan entre los europeos, ocupando el segundo lugar según este criterio, solo por detrás de Rumanía. No sorprende, entonces, que la mayoría se sienta con frecuencia satisfecha con su profesión (96%) y sienta con frecuencia orgullo por ella (97%) (gráfico 1), proporciones que sitúan los niveles de satisfacción y orgullo de los maestros españoles entre los más altos de Europa. El optimismo con que evalúan su vida profesional se transfiere, incluso, a cómo creen que juzgan los demás su trabajo: una amplia mayoría se siente con frecuencia apreciada en su labor docente (79%), claramente por encima del promedio europeo (61%) (gráfico 1).


Esta visión tan positiva de su vida profesional encaja relativamente bien con cómo perciben a su alumnado. Predomina entre los maestros españoles la opinión de que los estudiantes de su centro se comportan de manera ordenada (90% está muy de acuerdo o algo de acuerdo con la afirmación) y que respetan a los profesores (94%) (gráfico 2). En ambos juicios, además, destacan a escala europea. También sobresalen por su optimismo respecto al esfuerzo y capacidad del alumnado: hasta un 69% piensa que el deseo de los estudiantes de obtener buenos resultados escolares es muy alto o alto, y también una mayoría (56%) cree que es muy alta o alta la capacidad de los alumnos para alcanzar las metas académicas de su centro (gráfico 2). 


Solo se ensombrecen mínimamente sus juicios cuando los expresan acerca de las opiniones o las capacidades de los profesores del centro. Un 67% cree que las expectativas de los profesores acerca del rendimiento académico del alumnado son muy altas o altas (gráfico 3). Parecen muchos, pero, en realidad, están por debajo del promedio (76%) y en la posición 19ª de los 23 países. En una línea similar, son muchos (79%) quienes ven como muy alto o alto el éxito de los profesores en la implementación de los planes de estudio, aunque esta cifra se sitúa justo en la media europea (gráfico 3) y se corresponde con la posición 13ª de mayor a menor optimismo. 


Pese a la valoración positiva, en TIMSS también afloran quejas habituales sobre la carga laboral: un 83% señala un exceso de alumnos por clase (a pesar de la gran reducción de las ratios en los últimos lustros); un 68%, demasiadas horas lectivas; y un 87%, falta de tiempo para preparar las clases (gráfico 4). Quizá tengan que ver esas demandas de más tiempo con una sensación extendida con respecto a una excesiva carga administrativa, que comparte el 84% de los entrevistados, un porcentaje relativamente alto y claramente superior al promedio (71%) (gráfico 4). 

Resulta revelador que apenas un 47% afirme sentir demasiada presión de los padres de los alumnos, un nivel similar al promedio europeo (gráfico 4). Esta percepción contrasta con lo que suele destacarse en los medios de comunicación, y parece más frecuente en la ESO y Bachillerato, etapas en que es más evidente la relevancia de las decisiones y el rendimiento académicos para el futuro del alumnado. En Educación Primaria, en cambio, la presión es menor: los suspensos y la repetición casi han desaparecido en los últimos lustros —por ejemplo, en 6º de Primaria la tasa de repetidores ha pasado del 2,8% en el curso 2007-2008 al 1,1% en el 2022-2023— lo que reduce la frustración tanto en estudiantes como en familias. 


Todo ello ayuda a explicar el alto grado de satisfacción de los maestros de Educación Primaria. En el Día Mundial de los Docentes, que se celebra el próximo 5 de octubre, no está de más escuchar su voz de manera representativa, puesto que ayuda a comprender mejor las condiciones que hacen posible —o que dificultan— su labor cotidiana. Encuestas internacionales como PIRLS o TIMSS, aún infrautilizadas en el debate público, ofrecen un caudal de información muy valioso para enriquecer la discusión y dar visibilidad a quienes sostienen una etapa tan decisiva del aprendizaje. Situar a los maestros de Primaria como piezas clave de la conversación pública sobre el sistema educativo es, al fin y al cabo, una manera de reconocer su contribución al desarrollo personal y colectivo de las próximas generaciones.


[1] Alemania. Bélgica (Flandes), Bulgaria, Chequia, Chipre, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, Finlandia, Francia, Hungría, Inglaterra, Irlanda, Italia, Letonia, Lituania, Noruega, P. Bajos, Polonia, Portugal, Rumanía y Suecia.

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Prosigue la reducción de la tasa de abandono educativo temprano, pero aún lejos del objetivo

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El abandono educativo temprano continúa siendo uno de los principales retos del sistema educativo en España. Afecta tanto a las trayectorias de vida de los jóvenes como al desarrollo económico, social y cultural del país. Reducir esta tasa es importante porque quienes no alcanzan este nivel mínimo de estudios suelen enfrentarse a mayores riesgos de desempleo, inactividad y exclusión social. Como recuerda la Comisión Europea“Más de la mitad de los jóvenes que abandonan los estudios en la UE (53,7%) no están empleados, y uno de cada tres desearía volver a la educación o formación, aunque se topa con obstáculos como requisitos de acceso, falta de apoyos o experiencias previas negativas en el aprendizaje. Las barreras percibidas para continuar los estudios son los requisitos de acceso, coste económico, oferta educativa inadecuada, problemas de salud, falta de apoyo de servicios públicos y experiencias previas negativas de aprendizaje.

La tasa de abandono educativo temprano se calcula a partir de datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del INE y refleja el porcentaje de jóvenes de 18 a 24 años que no ha finalizado Bachillerato, FP Media o FP Básica y que no ha realizado ninguna formación en las últimas cuatro semanas. En España, en los últimos dos trimestres de 2024 y los dos primeros de 2025 se ha situado en el 12,6%, algo más baja que el 13% de 2024 y el 13,7% de 2023. En cualquier caso, el descenso no evita que España esté aún lejos del objetivo europeo del 9,0% fijado para 2030.


Las diferencias territoriales son significativas. En 2025, la brecha oscila entre el 20,6% de Murcia y el 3,8% del País Vasco. Cantabria (6,1%), Madrid (9,3%) o Navarra (9,6%) también registran tasas bajas.


El abandono está estrechamente vinculado, entre otros factores, al nivel educativo de las familias: los jóvenes cuyas madres solo tienen estudios primarios presentan una probabilidad de abandono 14 veces mayor que aquellos con madres con estudios superiores (34,0% frente al 2,3% en 2024).

Entre los jóvenes que no han completado secundaria superior, las barreras percibidas para continuar los estudios son los requisitos de acceso, coste económico, oferta educativa inadecuada, problemas de salud, falta de apoyo de servicios públicos y experiencias previas negativas de aprendizaje (Comisión Europea, 2024).

Absentismo escolar prolongado

El abandono temprano se conecta también con otra preocupación creciente: el absentismo escolar. La Comisión Europea advierte que tras la pandemia las tasas de absentismo prolongado (más de tres meses consecutivos sin asistir) aumentaron especialmente en la UE entre estudiantes desfavorecidos (10,2 % frente a 6,1 % de los más favorecidos).

El absentismo prolongado se asocia a menor rendimiento académico, mayor riesgo de abandono y peores resultados en el mercado laboral (menores ingresos y más desempleo).

Estrategias clave

Para avanzar hacia la meta europea de la tasa de abandono del 9,0%, se requieren políticas basadas en la evidencia:

  • Reducción de ratios y tutorías personalizadas.
  • Refuerzo socioemocional en etapas tempranas. Bienestar y salud mental en los centros educativos.
  • Incentivos a docentes experimentados en centros vulnerables.
  • Flexibilización de la FP y orientación educativa adaptada al mercado laboral.
  • Implicación de las familias en el aprendizaje temprano.
  • Escuelas de verano y programas de refuerzo.

Conclusión

Aunque España ha reducido su tasa de abandono temprano en las dos últimas décadas, el progreso se ha ralentizado. Además, las barreras para reenganchar a los jóvenes a la educación y el repunte del absentismo tras la pandemia añaden nuevos desafíos. Alcanzar el objetivo europeo del 9% en 2030 exige políticas integrales que combinen prevención, segundas oportunidades y apoyo específico a los estudiantes más vulnerables.

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Resultados educativos y abandono escolar en España

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Funcas organizó el pasado 26 de junio de 2025 una jornada virtual centrada en el análisis de estrategias eficaces para mejorar el rendimiento académico del alumnado y reducir las tasas de abandono escolar antes de la educación superior, objetivos no excluyentes, sino complementarios, como destacó Alberto Galiana, uno de los ponentes. Él fue uno de los responsables institucionales, investigadores y expertos de primer nivel que debatieron sobre políticas educativas, prácticas docentes, equidad, innovación y uso de la evidencia empírica en esta sesión que tuve la suerte de moderar como director del área de Economía de la Educación en Funcas.

Refuerzo de las competencias clave en La Rioja

Precisamente Alberto Galiana, consejero de Educación y Empleo de La Rioja, fue quien abrió la jornada, explicando algunas de las iniciativas que forman parte de la estrategia educativa, centrada en el refuerzo de las competencias clave, de esta comunidad. Citó primero la próxima creación de un Centro Virtual de Mejora Educativa, que funcionará como un repositorio de estrategias eficaces y artículos de docentes e investigadores y fomentará la transferencia de buenas prácticas entre centros y equipos directivos. El centro se complementará con un programa de observación entre pares que ya se aplica con éxito en varios centros piloto. Galiana también destacó los Programas de Innovación Educativa (PIE), con una participación cercana al 80% de los centros, y que a partir del próximo curso incluirán como requisito explícito la mejora de la competencia lingüística y la prevención del abandono escolar. Otras líneas de acción incluyen el refuerzo de la competencia digital, el plurilingüismo y el fortalecimiento de competencias básicas (lectura y matemáticas). En el ámbito de la inclusión, Galiana resaltó el llamado Proyecto NERES, desarrollado en colaboración con Fundación “La Caixa”, que permite detectar de forma temprana posibles trastornos del neurodesarrollo en alumnado de 5º de Primaria, combinando diagnóstico, tratamiento y seguimiento.

Innovación e inclusión educativa: dos caras de la misma moneda

José Luis Blanco, director general de Calidad y Equidad Educativa en Cantabria, abordó en su intervención la estrecha relación entre innovación e inclusión educativa: “Educación es innovación e inclusión al mismo tiempo”, resumió al final de su intervención. Blanco recordó que la innovación educativa es un proceso deliberado, planificado, basado en evidencia empírica y centrado en la mejora continua del aprendizaje. No se trata de introducir novedades por sí mismas, sino de generar transformaciones profundas y duraderas. A partir de ejemplos como el aprendizaje de la lectura, mostró cómo ciertas metodologías modernas pueden ser menos eficaces que otras más tradicionales cuando no están respaldadas por evidencia sólida. También subrayó la importancia del profesorado como motor del cambio, y citó estudios que demuestran que la calidad docente tiene más impacto en el aprendizaje que otras medidas estructurales como la reducción del tamaño del aula. En el terreno de la inclusión, se mostró partidario de un enfoque integral, que combine presencia, participación y aprendizaje. Insistió en que no basta con que el alumnado vulnerable esté en el aula, sino que debe tener las condiciones para aprender y progresar y reclamó políticas sistémicas que integren formación docente, evaluación rigurosa y acompañamiento sostenido, evitando respuestas parciales o simplistas.

Prácticas docentes y desigualdad por edad de entrada escolar

Gema Zamarro, catedrática de Política Educativa y Economía en la Universidad de Arkansas, presentó una investigación empírica sobre los efectos de la edad de entrada en la escuela y el papel que pueden desempeñar las prácticas docentes para mitigarlos. En sus palabras, “España es uno de los países donde más se acusan las diferencias entre los estudiantes que nacen a principios y a finales de año”. El estudio revela que los estudiantes más jóvenes de su cohorte obtienen peores resultados en matemáticas y lectura, son más propensos a repetir curso y tienen menores expectativas académicas. Estas diferencias, ya significativas en cuarto de primaria, persisten hasta la secundaria. Zamarro mostró el papel amortiguador de las prácticas docentes, que clasificó en dos grandes grupos: las tradicionales (más centradas en el profesor, como clases expositivas) y las modernas (más centradas en el alumno, como el trabajo en equipo).y destacó que una combinación equilibrada de ambas estrategias, adaptadas al contexto del aula, funciona mejor. Su intervención se cerró con una invitación a la reflexión sobre la posible flexibilización de las fechas de entrada escolar y a fortalecer la formación docente para abordar estas desigualdades desde una perspectiva pedagógica informada por la evidencia.

PISA, abandono escolar y equidad educativa

José Saturnino Martínez, profesor de Sociología de la Educación en la Universidad de La Laguna, propuso una mirada crítica y matizada sobre dos de los principales indicadores educativos: los resultados en PISA y el abandono educativo temprano. Respecto al primer asunto, recalcó el hecho de que PISA no evalúa contenidos curriculares, sino literacia: la capacidad de aplicar conocimientos en contextos reales. En este sentido, mostró que muchas de las variaciones en puntuaciones son pequeñas desde un punto de vista práctico y advirtió así contra el “narcisismo apocalíptico” con que a menudo se interpretan caídas mínimas en las medias de PISA.

En relación al abandono educativo temprano, Martínez hizo hincapié en que su definición oficial —jóvenes de 18 a 24 años que no han completado estudios postobligatorios ni participan en formación— mezcla dos realidades distintas:  la no obtención del título de la ESO y la discontinuación del estudio tras titularse. La confusión que –señaló– distorisiona tanto el debate público y la investigación académica. También quiso distinguir entre los efectos primarios (factores previos a la escolarización, como el origen social o el mes de nacimiento) y los secundarios (decisiones racionales sobre si continuar estudiando) del abandono. Su mensaje final fue que una mayor equidad es compatible con la mejora del rendimiento si el sistema educativo es capaz de compensar las dificultades educativas de las familias más vulnerables.

La jornada puso de relieve el ejemplar cruce entre investigación y gestión educativa, con iniciativas concretas en La Rioja y Cantabria, análisis rigurosos sobre prácticas docentes y propuestas para avanzar hacia un sistema más equitativo y eficaz. 

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Reformas educativas ante los nuevos retos: innovación, evidencia y el papel central del profesorado

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Hace unas semanas se publicó en este blog una entrada sobre posibles fórmulas para hacer llegar a las aulas las reformas diseñadas desde los organismos oficiales, un asunto abordado por Beatriz Pont en la jornada virtual titulada “Reformas educativas ante los nuevos retos”, organizada por Funcas en mayo. Hoy nos centramos en las claves expuestas por el resto de ponentes en esa jornada, David CerveraAinhoa Osés y Francisco Venzalá, tres voces expertas que aportaron visiones complementarias sobre cómo deben afrontarse los nuevos retos en materia educativa, en un contexto marcado por el cambio tecnológico, la globalización y la presión para garantizar una formación que prepare a los estudiantes para una sociedad en permanente transformación. 

David Cervera: innovación, bilingüismo y continuidad en las políticas en la Comunidad de Madrid

David Cervera, director general de Bilingüismo y Calidad de la Enseñanza en la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid, defendió la necesidad de una estrategia educativa sostenida, basada en pilares como la continuidad institucional, la innovación metodológica, la digitalización y la formación docente, ante la complejidad de gestionar un sistema educativo como el madrileño, con más de 1.230.000 alumnos y 106.000 docentes distribuidos en más de 1.700 centros. En su argumentación, repasó la evolución del sistema educativo desde los primeros pasos en digitalización (2001-2002) hasta la actual integración de la inteligencia artificial y el pensamiento computacional en etapas tempranas y destacó la importancia de acompañar la tecnología con un cambio metodológico, situando al docente como impulsor clave. Otro hito que mencionó fue el Programa Bilingüe (2004-2005), que revolucionó la enseñanza del inglés, logrando que la mayoría de los alumnos alcancen un nivel B2 o C1 al finalizar la ESO. El programa se basa en la formación docente (nivel C1), auxiliares nativos y proyectos como Global Classrooms o Theatre in English, que promueven la comunicación real.  

En innovación metodológica, el director general citó programas como la asignatura de tecnología en Secundaria y Código Escuela 4.0 Madrid, que introduce robótica desde la etapa de infantil, y otras iniciativas que fomentan el trabajo interdisciplinar y la resolución de problemas reales, destacando también algunos proyectos donde los alumnos aprenden del error como ejemplos de uso de la tecnología para desarrollar pensamiento crítico y soft skills.

Cervera resaltó el valor de las evaluaciones externas (PISA, TIMSS) como herramientas de mejora –no como mecanismo de clasificación– y abogó por una cultura de análisis y aprendizaje a partir de los resultados que permita introducir mejoras progresivas basadas en evidencia. Y, finalmente, subrayó el papel central del profesorado en todo este entramado para el fomento del intercambio de buenas prácticas y el liderazgo pedagógico, adaptándose a las necesidades de cada centro.

Ainhoa Osés: evidencia empírica sobre tecnología y aprendizaje en las aulas

La intervención de Ainhoa Osés, investigadora de ISEAK y coautora de un artículo recientemente publicado con gran repercusión mediática, aportó una visión basada en la evidencia empírica sobre el impacto de la tecnología en el aprendizaje. Osés, doctora por la Universidad del País Vasco y experta en economía de la educación y mercado laboral, expuso los resultados de un análisis de datos PISA en múltiples países para responder a la siguiente pregunta: ¿mejoran las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) los resultados de los estudiantes?

El estudio revela que, con medida, el uso de la tecnología en las aulas se relaciona con mejoras en las competencias matemáticas y, al contrario, un uso muy intensivo de las mismas tiene un impacto negativo en el rendimiento matemático, un patrón que se repite en todos los países de la OCDE analizados. En el caso de España, el uso muy intensivo tiene un impacto negativo equivalente a un curso escolar completo en comparación con un uso medio. 

Ante estos resultados, Osés planteó “no un rechazo de la tecnología, sino de preguntarse cómo y para qué se usa”, y también “si ese uso, más allá del acceso, a estas herramientas está logrando los fines deseados”. Igualmente remarcó la necesidad de políticas públicas que garanticen la equidad en el acceso y que acompañen la introducción de tecnología con inversión en formación docente. Además, enfatizó que las reformas deben ser sensibles al contexto y evaluadas sistemáticamente y defendió la importancia de involucrar al profesorado en el diseño y la implementación de las políticas tecnológicas, coincidiendo con Cervera en la necesidad de evitar un enfoque exclusivamente “de arriba a abajo”. 

Francisco Venzalá: el profesorado como agente de cambio y la necesidad de participación

Francisco Venzalá, presidente de ANPE —el sindicato mayoritario de la enseñanza pública no universitaria—, centró su intervención en el rol insustituible del profesorado en cualquier proceso de reforma educativa. A través de la historia inspiradora de una maestra finlandesa que supo revertir la desmotivación de su aula, Venzalá ejemplificó cómo el cambio real parte de la implicación personal y colectiva de los docentes. 

El presidente de ANPE compartió resultados de estudios nacionales e internacionales que coinciden en tres mensajes clave: i) sin implicación docente, ninguna reforma tendrá éxito; ii) el desarrollo profesional, la colaboración y el empoderamiento del profesorado son condiciones indispensables; y iii) existe una desconexión frecuente entre la elaboración de políticas y la realidad del aula. Venzalá señaló cómo, en España, la excesiva rotación normativa y la falta de participación efectiva del profesorado en el diseño de las reformas han generado incertidumbre, desmotivación y sensación de no estar suficientemente reconocidos ni preparados para afrontar los cambios. Como propuesta, defendió la creación de espacios reales de colaboración, la formación de calidad, el liderazgo distribuido y el reconocimiento profesional. Los docentes no son ejecutores pasivos: adaptan, median, innovan y lideran el cambio en las aulas y centros. Cuidar al profesorado es cuidar el presente y el futuro de cualquier reforma educativa.

En definitiva, la jornada puso de relieve que el éxito de las reformas educativas exige continuidad en las políticas, decisiones informadas por la evidencia y, sobre todo, la implicación activa del profesorado como auténtico motor de cambio en el sistema educativo. 

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Sigue bajando la ratio de alumnos por docente en España

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El Ministerio de Educación ha actualizado el 30 de abril de 2025 los datos sobre el profesorado en enseñanzas no universitarias. España alcanza un nuevo máximo histórico con 782.970 docentes en el curso 2023-24, lo que supone un incremento del 8% respecto al curso 2019-20 (cuando se produjo el cierre de los centros educativos por la pandemia) y un 1,8% más que en 2022-23. Este aumento se ha producido tanto en la red pública ( 9,7%) como en la privada y concertada ( 3,6%).


La combinación de este crecimiento del profesorado con el descenso continuado de la natalidad ha permitido que siga reduciéndose la ratio de alumnos por docente equivalente a tiempo completo: baja a 11,1 en el conjunto de los centros, 10,0 en los públicos y 14,2 en los concertados y privados. Se consolida así la tendencia descendente iniciada en el curso 2014-15 y acentuada tras la pandemia. España mantiene ratios más bajas que la media de la OCDE y la UE en todos los niveles educativos: 12 estudiantes por docente en Primaria frente a 14 en la OCDE, 11 frente a 13 en la ESO, y diferencias aún mayores en la FP.


La evidencia empírica en economía de la educación indica que una menor ratio alumno-profesor, especialmente en etapas tempranas o centros con más dificultades, puede traducirse en mejoras del aprendizaje, aunque su impacto es moderado y costoso. Por eso, diversas investigaciones –de las que ya hablamos en una entrada anterior– recomiendan que esta reducción se aplique de forma focalizada, allí donde genera mayor beneficio educativo.

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Factores esenciales para un entorno educativo positivo en PISA 2022

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El bienestar integral de la comunidad educativa ha pasado a ocupar un lugar central en el debate sobre la calidad del sistema educativo. Un reciente artículo –publicado en la revista Participación Educativa que publica el Consejo Escolar del Estado–, de Luis Miguel Doncel (URJC) y quien firma esta entrada, analiza el bienestar del alumnado en los centros educativos desde una perspectiva empírica, empleando datos del Programa PISA 2022 de la OCDE, con el objeto de entender mejor cómo influyen las relaciones interpersonales en la escuela y el hogar en el éxito educativo. 

Cuatro aspectos clave

PISA no solo mide competencias en lectura, matemáticas y ciencias de estudiantes de 15 años, sino que también analiza cómo aplican sus conocimientos a problemas de la vida real, un reflejo de la preparación para enfrentarse a los desafíos del mundo moderno. Este estudio ha demostrado que más allá de los recursos y tecnología disponible en los centros educativos, factores como el apoyo docente y la involucración de las familias influyen en el éxito educativo y bienestar general de los alumnos. En este contexto, el informe PISA 2022 señala varios factores (figura 1) que contribuyen a crear un ambiente educativo favorable, clave para el éxito académico y el bienestar general de los estudiantes. El entorno educativo efectivo no se limita a la calidad de la enseñanza y los recursos materiales disponibles, sino que también implica dimensiones interpersonales y socioemocionales significativas. Estos son los cuatro aspectos que resalta PISA 2022:

  • Apoyo y disciplina en clase: un clima disciplinario adecuado permite a los estudiantes concentrarse mejor y participar activamente en el proceso de aprendizaje. La interacción positiva con los docentes, que incluye reconocimiento y apoyo continuo, mejora significativamente la motivación de los alumnos y su rendimiento académico. La disciplina no solo se refiere al control del aula, sino también a cómo los docentes gestionan la interacción y fomentan un ambiente de respeto y colaboración.
  • Creación de un ambiente de aprendizaje seguro: la seguridad en el entorno escolar, tanto física como emocional, es otro pilar importante. Las escuelas que aseguran un espacio libre de violencia, acoso e intimidación permiten que los estudiantes se sientan protegidos y valorados. Este aspecto es determinante para que los alumnos puedan enfocarse en sus estudios sin miedos ni distracciones, y es un componente para fomentar un ambiente inclusivo y estimulante.
  • Asistencia y puntualidad escolar: La regularidad en la asistencia y la puntualidad reflejan el compromiso y la responsabilidad del estudiante hacia su educación. Los sistemas educativos que logran altos índices de asistencia regular y puntualidad a menudo muestran mejores resultados académicos. Esto también indica un apoyo eficaz por parte de los docentes y las familias, creando una estructura que respalda el aprendizaje continuo y sistemático.
  • Trabajo conjunto con los padres: la participación activa de los padres en la educación de sus hijos no solo mejora los resultados académicos, sino que también apoya el desarrollo emocional y social del estudiante. Desde ayudar con las tareas hasta asistir a reuniones escolares y participar en actividades educativas, el apoyo familiar fortalece la conexión entre el hogar y la escuela, y es fundamental para construir una comunidad educativa robusta.
Factores clave para un entorno educativo positivo. Gráfico extraído del Informe PISA 2022.
Fuente: PISA 2022 Results (Volume II): Learning During – and From – Disruption. Figure II 3.1. School life as covered in PISA 2022.

La comprensión de todos estos aspectos se convierte en una prioridad para los sistemas educativos que buscan no solo mantener, sino mejorar su resiliencia y eficacia, puesto que su análisis proporciona una visión clara de cómo las interacciones dentro del entorno educativo pueden ser optimizadas para apoyar mejor a los estudiantes, permitiéndoles alcanzar su máximo potencial en un mundo cada vez más complejo y exigente.

España, en buena posición 

Los datos del PISA 2022 muestran que la percepción del apoyo docente por parte de los estudiantes en las clases de matemáticas en España, área principal en esta edición del informe, es superior al promedio de la OCDE. En concreto, el gráfico 1 muestra que España tiene un índice de apoyo del profesor (0,06) que supera el promedio (-0,03) y también a países como Alemania (-0,15), Italia (-0,16) y Francia (-0,26), mientras que es similar al de Finlandia (0,00) e inferior al de Portugal (0,33). España destaca sobre todo en el porcentaje de estudiantes que perciben que el docente muestra interés en el aprendizaje de cada estudiante en todas las clases (39,5%), frente a un promedio de la OCDE del 30,9%, mientras que la proporción de alumnado en nuestro país que indica que recibe ayuda adicional cuando la necesitan (37,6%) es similar a la de la media de la organización (38,2%). 


En general, los estudiantes españoles perciben un mayor apoyo por parte de sus docentes que el alumnado promedio de la OCDE y de las grandes economías de la UE como Francia, Italia y Alemania. De hecho, la buena relación entre estudiantes y docentes en España puede ser unos de los factores que expliquen la identificación positiva del alumnado de nuestro país con sus institutos y colegios, donde hacen amigos fácilmente, se sienten integrados y son bien recibidos por otros alumnos. El apoyo docente continuo y el nivel de atención individualizada que reciben los estudiantes de España, según revelan ellos mismos, es un buen punto de partida para las políticas educativas y la mejora de la calidad de la enseñanza.

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Los nuevos datos sobre el número de alumnos por docente en España y su efecto en el aprendizaje

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El Ministerio de Educación, FP y Deportes publicó el 24 de abril los datos de “Enseñanzas no universitarias. Estadística del profesorado y otro personal. Series”. En el gráfico 1 se puede ver la evolución del profesorado en enseñanzas no universitarias por titularidad del centro en España. Enseñanzas de Régimen general no universitarias incluye educación infantil, primaria, secundaria (ESO, Bachillerato y FP Media), y FP Superior. Se puede observar que el número de docentes en España ha aumentado desde los 758.594 docentes en el curso 2021-22 a los 768.798 en 2022-23, máximo histórico. Es un aumento de 10.204 profesores y profesoras ( 1,3%). Desde el curso en el que se produjo el cierre de los centros educativos por el Covid, el de 2019-20, ha habido un incremento de 43.713 docentes en España ( 6,0%), un aumento que se ha extendido tanto a la red de centros púbicos ( 7,3%) como en los concertados y privados ( 2,8%). Se revierte así el periodo entre los cursos 2011-12 y el 2017-18, unos años en donde el número de docentes en centros públicos se mantuvo por debajo de los 495.322 alcanzados en 2010-11.


El aumento del número de docentes y el comienzo del descenso de matriculados que ha llegado ya a la educación infantil y primaria ha permitido continuar y acentuar la disminución en la ratio de los alumnos por profesor equivalente a tiempo completo. La serie histórica publicada por el Ministerio de Educación, FP y Deportes comienza en el curso académico 2011-12 con 12,1 alumnos por docente en el conjunto de los centros, con 11,1 en los públicos y 15,2 en los concertados y privados. Esta ratio aumentó en los dos primeros cursos académicos, coincidiendo con los ajustes presupuestarios. A partir del curso 2014-15 se ha producido una disminución constante de esta ratio en los centros educativos tanto públicos como concertados y privados en España. Esta tendencia se ha intensificado desde el cierre de los centros educativos durante el Covid, en 2019-20, con una reducción significativa que ha llevado la ratio alumnos por profesor en España a 11,3 en el conjunto de los centros educativos no universitarios, 10,2 en los públicos y 14,3 en los concertados y privados.


En el cuadro 1 se puede observar la ratio alumno por docente en España en comparación con la UE y la OCDE (Informe Español de OCDE: Education at a Glance 2023). Se puede comprobar que la ratio es más baja en España que en la OCDE. En educación Primaria nuestro país tiene 12 alumnos por docente, por los 15 de la OCDE y la UE-25. También en la ESO, siguiente columna, disponemos de una ratio (11) más baja que la de la OCDE (13) o UE.25 (12). En Bachillerato, España tiene 11 estudiantes por profesor, por debajo de los 14 de nuestro entorno. Las diferencias se amplían en las dos FP, FP Media (9 en comparación a 15 en la OCDE y 14 en la UE-25) y FP Superior (11 frente a 16 en la OCDE y 13 en la UE-25). Las ratios de alumnos por profesor también son más bajas en España en los estudios universitarios.


El efecto de la ratio alumnos por clase en el aprendizaje

El aumento del número de docentes y la disminución de la natalidad está conduciendo a una reducción de la ratio alumnos por profesor en España, que se traducirá en una bajada también de la ratio alumnos por clase. La investigación en economía de la educación (por ejemplo, aquí) muestra que la disminución del tamaño de la clase aumenta el aprendizaje de los estudiantes. La reducción de la ratio de alumnos por clase mejora el aprendizaje de los alumnos, incrementando su rendimiento académico y reduciendo la probabilidad de repetir curso. Un trabajo en elaboración del Profesor José Montalbán (Universidad de Estocolmo) y coautores muestra que reducir el número de estudiantes por clase disminuye las disrupciones en el aula y aumenta la satisfacción de docentes y alumnos. El efecto es significativo en primaria y centros de difícil desempeño. Estos resultados están en línea con la mayor rentabilidad de intervenciones tempranas y con los estudios que también concluyen que los efectos son más fuertes y se estiman con mayor precisión en los estudiantes más jóvenes.

Disminuir el tamaño de las clases mejora el aprendizaje, aunque el impacto es moderado considerando el alto coste presupuestario que implica. Existen otras estrategias educativas con una relación coste-beneficio más favorable que la reducción del número de alumnos por clase. Un incremento del 10% en el gasto de diversas políticas educativas puede resultar en un aumento del aprendizaje siete veces mayor que el efecto de una disminución del 10% en el tamaño de las clases. Una opción podría ser implementar esta reducción de manera selectiva y focalizada en los niveles educativos iniciales, como Infantil y Primaria, donde las intervenciones tempranas de alta calidad son particularmente beneficiosas y los buenos hábitos se forman desde temprano. La reducción en el número de alumnos por clase tiende a beneficiar más a estudiantes de familias desfavorecidas o de bajo nivel educativo, provenientes de entornos familiares poco estructurados, pertenecientes a minorías o que presentan déficit en su rendimiento académico (Green e Iversen, 2022). Por ello, resulta más efectivo focalizar las disminuciones en la ratio de alumnos por clase en centros educativos de zonas desfavorecidas o que atiendan a un mayor número de alumnos con dificultades de aprendizaje, ya que estos estudiantes se benefician más de una atención más personalizada por parte de los profesores. Esta estrategia subraya que la capacidad del docente para manejar la clase se ve comprometida cuando los estudiantes son disruptivos o requieren apoyo adicional, por lo que los beneficios de reducir el tamaño de la clase son más notorios en ambientes con un mayor número de estudiantes con dificultades para seguir las clases o con problemas de comportamiento (Cabrales y Sanz, 2024). Alternativas como las tutorías en grupos pequeños o programas de recuperación escolar ofrecen una relación coste-beneficio mucho más alta que una reducción general en el tamaño de las clases.

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La formación en habilidades socioemocionales en la escuela primaria impulsa los resultados educativos

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El 18 de febrero, Review of Economic Studies, una de las revistas del top five de investigación en Economía, publicaba el artículo titulado “El impacto causal de la formación de habilidades socioemocionales en el éxito educativo“ realizado por Giuseppe Sorrenti (Universidad de Ámsterdam), Ulf Zölitz (Universidad de Zúrich), Denis Ribeaud (Universidad de Zúrich) y Manuel Eisner (Universidad de Cambridge). Estos autores analizan los efectos a largo plazo de una intervención aleatorizada enfocada a las habilidades socioemocionales de los niños. Las habilidades socioemocionales son predictivas de resultados importantes en la vida, como los resultados educativos, el empleo, los ingresos o la salud. Sorrenti et al. (2024) analizan el efecto de una intervención aleatorizada entre alumnado de 8 años en Suiza en la selección de itinerarios educativos, la finalización de la secundaria y la matriculación universitaria. La intervención Promoting Alternative Thinking Strategies (PATHS) es un programa de aprendizaje socioemocional en el aula para estudiantes de primaria que busca reducir problemas de comportamiento (Greenberg et al. 1995). La intervención consiste en lecciones semanales y tareas escolares integradas en el currículo escolar. PATHS dura hasta dos años y está diseñado para fomentar el autocontrol, la paciencia, habilidades para resolver problemas sociales, autoestima, inteligencia emocional y compromiso académico.

PATHS enseña a los niños a pensar dos veces y a mirar hacia adelante. Por ejemplo, en un ejercicio en clase, los pequeños aprenden a tomar decisiones menos impulsivas en situaciones difíciles con el enfoque de ‘semáforo’ en tres partes. Primero, en la luz roja, los niños se detienen, hacen algunas respiraciones profundas y explican el problema al que se están enfrentando. Luego, en la luz amarilla, piensan en opciones de solución y las consecuencias de sus acciones, y plantean una solución al problema. Finalmente, en la luz verde, ejecutan su plan y evalúan si funcionó. Los maestros apoyan a los alumnos en aplicar el enfoque del semáforo en juegos de roles y situaciones reales en clase, como un conflicto con compañeros. Los alumnos también practican este enfoque en tareas escolares: describen un problema social o académico relacionado con la escuela, explican estrategias de solución a padres o compañeros de clase y recopilan comentarios sobre sus estrategias de solución. PATHS incluye elementos de terapia cognitivo-conductual y se enfoca en habilidades de resolución de problemas y regulación asociadas con un comportamiento externalizado mejorado propicio para el aprendizaje, el logro y el éxito escolar futuro. Su objetivo principal era reducir el comportamiento disruptivo y agresivo mejorando las habilidades socioemocionales de los niños. PATHS se introdujo en 28 de 56 escuelas primarias públicas seleccionadas aleatoriamente. La aleatorización se realizó a nivel de escuela y se estratificó dentro de los distritos escolares. Para evaluar los efectos a largo plazo de la intervención PATHS, Sorrenti et al. (2024) siguieron al grupo de tratamiento y control durante 17 años.

La intervención en el aula para
niños de educación primaria tiene un impacto positivo que permanece durante más
de una década. Los niños y niñas del grupo de tratamiento tienen más
probabilidades de completar la educación secundaria, en particular el
itinerario de Bachillerato, y acceder a estudios superiores. Dos mecanismos
impulsan estos resultados. Los niños tratados muestran menos síntomas de TDAH (Trastorno
por Déficit de Atención e Hiperactividad), son menos impulsivos y menos
disruptivos. También obtienen resultados académicos más elevados en sus centros
educativos, aunque no alcanzan mejores puntuaciones en las pruebas externas y estandarizadas.
Es decir, los efectos a largo plazo en el acceso a estudios de secundaria
superior y estudios superiores se producen por cambios en las habilidades
socioemocionales en lugar de habilidades cognitivas.

El grafico 1, extraído del artículo de Sorrenti et al. (2024), muestra cómo evoluciona el efecto del tratamiento de la formación en habilidades socioemocionales a lo largo del tiempo. La figura muestra los efectos del tratamiento en la inscripción en la matriculación en el itinerario más académico de secundaria obligatoria (nuestra ESO) y secundaria superior académica (Bachillerato) a las edades de 13, 15 y 17 años, así como la finalización de los estudios de Bachillerato y el acceso a universidad a los 20 años, y la matriculación o graduación en la universidad a los 24 años. Todas las estimaciones son positivas y estadísticamente significativas. El efecto del tratamiento no solo no decae, sino que aumenta ligeramente con el tiempo. El impacto del programa de formación en habilidades socioemocionales es grande. En la clase promedio de la muestra, cinco de cada 28 estudiantes asisten a la universidad a los 20 años. La magnitud del efecto del tratamiento implica que un estudiante adicional, seis en lugar de cinco, asistirá a la universidad debido a la intervención.

El gráfico 2 muestra el efecto del tratamiento PATHS sobre los síntomas de TDAH y la oposición o desafío de los alumnos. La oposición y el desafío reflejan comportamientos como decir mentiras, hacer trampas o ignorar las instrucciones de los maestros. El panel a del gráfico muestra la evolución del efecto del tratamiento PATHS sobre los síntomas de TDAH (comportamiento disruptivo e impulsividad) a lo largo del tiempo. PATHS hace que los niños sean más impulsivos y disruptivos durante el período de intervención y persistentemente menos impulsivos y disruptivos después de que se completa la intervención. Que haya más problemas de comportamiento durante la intervención puede ser sorprendente, puesto que va en contra del objetivo de la intervención. Sorrenti et al. (2024) plantean que la intervención hizo que los maestros y los padres fueran más conscientes de cómo debería ser el comportamiento apropiado de los niños. Esta posible mayor conciencia puede haberlos hecho más críticos a corto plazo. Después de la intervención, a partir de los diez años, PATHS reduce los síntomas de TDAH al hacer que los niños sean menos disruptivos e impulsivos. El efecto del tratamiento persiste hasta la finalización de la escuela primaria, cuando los niños tienen 12 años, y sigue siendo visible a los 13 y 15 años. El panel b del gráfico muestra el efecto del tratamiento PATHS sobre la oposición y el desafío. PATHS aumenta la oposición y el desafío durante la intervención y disminuye esos comportamientos después de que se completa la intervención. Los efectos del tratamiento en la oposición y desafío, al contrario de los comportamiento disruptivos e impulsivos, se desvanecen después de que los alumnos llegan a secundaria.

Reducir las conductas disruptivas puede ser muy importante, no solo para el propio estudiante, sino también para sus compañeros y los docentes. Las conductas disruptivas en el aula reducen el rendimiento académico y aumentan la insatisfacción de los profesores. Horoi & Ost (2016) muestran evidencia de que la interrupción en el aula es un obstáculo para la enseñanza efectiva. Los estudiantes con serias dificultades de comportamiento reducen sustancialmente el rendimiento académico de sus compañeros. También afectan a la igualdad de oportunidades, porque se concentran más en los centros vulnerables. En concreto, Carrell et al. (2016) estiman que la exposición a un estudiante disruptivo adicional en una clase de 25 a lo largo de la educación primaria reduce las puntuaciones en los exámenes de matemáticas y lectura en los grados 9 y 10 (nuestro 3º y 4º de la ESO) en 0,02 desviaciones estándar y disminuye la probabilidad de obtención de un título universitario en dos puntos porcentuales. La exposición a un compañero disruptivo adicional a lo largo de la escuela primaria conduce a una reducción del tres al cuatro por ciento en los ingresos a las edades de 24 a 28 años, como se muestra en el gráfico 3.

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