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Continúa el escepticismo sobre la evolución de la economía española

El debate público sobre la economía española se mueve, en este último ciclo, en un terreno de grises. El país figura entre los que más crecen en Europa, pero ese aparente dinamismo convive con un limitado crecimiento de la renta real per cápita y unos indicadores de pobreza que siguen siendo muy mejorables. La distancia entre las cifras agregadas y la experiencia cotidiana se ha convertido en un tema central del debate social, tal y como han reflejado distintas encuestas de Funcas, como la de Navidad del año pasado o la Encuesta sobre Economía y Finanzas de este mismo mes de mayo. En esta última, la inflación y el insuficiente crecimiento de los salarios para compensarla, así como la ideología, aparecían como elementos clave de la percepción pública de la evolución económica.  

Para 2025, el Panel de Funcas prevé un crecimiento del PIB del 2,9%, ligeramente por debajo del dato de 2024 (3,5%) pero que, unido al crecimiento de los años anteriores, supone que España habrá crecido desde 2019 más que el promedio de la Eurozona. Este escenario de crecimiento sostenido contrasta con una opinión pública cuya percepción de la economía española en 2025, poco optimista, empeora levemente respecto a la de 2024 (gráfico 1). Según la IV Encuesta Funcas de Navidad (2025), en diciembre de 2025 solo un 20% consideraba que había sido un buen año para España en términos económicos (misma cifra que en 2024), frente a un 34% que lo valoró como malo (30% el año anterior). Un 46% lo calificó como regular (50% en 2024) [Véase la ficha técnica de la encuesta al final de esta anotación].


La valoración mejora con la edad, especialmente a partir de los 55 años (gráfico 2b). Resulta más negativa entre quienes viven con menores de 10 años y mejora claramente con el nivel de ingresos. El factor más determinante es la autoubicación ideológica del entrevistado (gráfico 2e), como ya se comprobó en las encuestas de Funcas ya citadas. En las posiciones de izquierda abundan quienes juzgan 2025 como un buen año, mientras que en la derecha ocurre lo contrario. El 43% de quienes se sitúan en las posiciones 1–2 y el 36% de quienes se sitúan en el segmento 3–4 (en la escala de izquierda a derecha, del 1 al 10) creen que 2025 ha sido un buen año. A partir del centro (5–6), esta proporción se mantiene siempre por debajo del 9%, al tiempo que aumenta la de quienes lo juzgan como un mal año, mayoritaria desde las posiciones 7–8.


Las perspectivas para 2026 son, también, similaresa las de 2025, pero ligeramente más negativas (gráfico 1), con un 21% que cree que será un buen año, un 48% que se lo imagina regular y un 31% que piensa que será malo; y reproducen el mismo patrón por edades, tipo de hogar, ingresos y autoubicación ideológica que la valoración sobre 2025 (gráfico 3).


En todo caso, y como es habitual, el juicio sobre 2025 mejora cuando la pregunta se refiere a la situación personal y del hogar. Un 37% lo describe como un buen año, frente a un 14% que lo considera malo, mientras que el 49% lo califica como regular, cifras también próximas a las de 2024, aunque ligeramente peores (gráfico 4). Curiosamente, en este aspecto, la relación con la edad (gráfico 4b) cambia: la valoración positiva de su año económico supera ampliamente el 40% entre los menores de 35 años, pero la proporción desciende a partir de los 35 y vuelve a aumentar con cierta fuerza desde los 65. También son reseñables las diferencias según la presencia de menores (gráfico 4d), con un 31% de quienes conviven con niños menores de 10 años que cree que fue un buen año, frente al 38% de quienes no conviven con menores. Como cabía esperar, el nivel de ingresos (gráfico 4c) mantiene una asociación clara y positiva con la valoración de la economía personal y del hogar en 2025.

La autoubicación ideológica (gráfico 4e) sigue siendo relevante, aunque con menor intensidad que en la valoración de la economía nacional. Algo menos de la mitad de quienes se sitúan a la izquierda afirman que 2025 fue un buen año para ellos en lo económico, una proporción que cae por debajo del tercio en el centro y la derecha.

Por otra parte, en la encuesta planteamos directamente a los entrevistados la aparente contradicción entre el crecimiento económico español y la sensación extendida de que la economía no acaba de ir bien. Se les pide a los entrevistados ponerse en el lugar de quienes no perciben esa mejora y explicar la razón de que estos alberguen esa opinión. De los razonamientos propuestos destaca, muy por encima de los demás, el que aduce que “los precios suben más que los salarios”, que eligen más de tres cuartas partes de los entrevistados, un 76% (gráfico 5). Muy pocos ven la causa de esa paradoja en que el empleo sea de baja calidad (7%) y aún menos (3%) creen que el razonamiento principal sea el de que es verdad que la economía no ha mejorado.


Por otra parte, llaman también la atención las pocas menciones a un razonamiento habitual en la discusión pública sobre el tema, el que contrapone el crecimiento económico total con el crecimiento per cápita: solo un 2% elige el enunciado “crece la economía, pero crece casi lo mismo la población”. Sorprende, asimismo, que otro razonamiento frecuente en el debate público presente también un porcentaje muy bajo: apenas un 9% cree que quienes piensan que la situación no mejora “se dejan llevar por la opinión del partido político al que votan”.

Un consenso tan amplio sobre el papel de la evolución conjunta de salarios y precios haría pensar que el peso de esta respuesta apenas variará según las categorías de análisis. En efecto, las diferencias según distintas variables sociodemográficas son limitadas, aunque reveladoras. Por una parte, el porcentaje que cita ese razonamiento es ligeramente inferior entre los mayores de 65 años, cuyos ingresos principales no son salarios, sino pensiones, que vienen actualizándose según la inflación. Por otra, la referencia al seguidismo de las opiniones del partido más afín es mayor entre los entrevistados situados en la izquierda del espectro político que entre los situados en el centro o a la derecha, y lo contrario ocurre con la mención a que la economía, en realidad, no ha mejorado. Con todo, las diferencias son menores y en todas las categorías de ideología es muy mayoritaria la referencia al crecimiento de los precios.

En coherencia con el protagonismo que los encuestados otorgan a la inflación como determinante de la opinión pública sobre la economía, la gran mayoría, un 85%, piensa que la subida de los precios está afectando mucho (31%) o bastante (54%) a la economía de su hogar (gráfico 6a). De nuevo, no cabe imaginar mucha variación en un consenso tan amplio, aunque ese porcentaje es algo menor en los mayores (72%) (gráfico 6b) y, como también cabía esperar, cae algo a medida que crecen los ingresos del hogar (gráfico 6c), pero no mucho (del 94% en el tramo inferior al 70% en el tramo superior). Lo más interesante es que una opinión sobre los determinantes de la situación económica del hogar también varíe, aunque levemente, según la adscripción ideológica del entrevistado (gráfico 6e), de tal modo que el porcentaje que cree que le está afectando mucho o bastante la inflación es algo menor en la izquierda (alrededor del 75%) y mayor en el centro y la derecha (alrededor del 90%).


Quienes se sienten muy o bastante afectados por la inflación señalan, sobre todo, dos categorías de gasto en las que se ven más afectados. Se trata de los gastos en alimentación, que menciona un 93% (79% en primer lugar), y los gastos en los varios suministros energéticos (luz, gas, gasolina…), que cita un 74% (14% en primer lugar) (gráfico 7). Las demás categorías propuestas apenas son citadas: un 12% menciona el ocio y la cultura; un 9%, la ropa y el calzado; y un 7%, el transporte.


Estos resultados vuelven a presentar una opinión pública reticente a adoptar un discurso triunfalista sobre el crecimiento de la economía española, tal como revela un clima de opinión similar al del año pasado o, si cabe, ligeramente más pesimista. Las perspectivas para el futuro inmediato siguen siendo poco halagüeñas y la valoración de la situación económica del hogar también reproduce este patrón ligeramente más sombrío. En la base de esta percepción ciudadana está, de forma muy mayoritaria, la inflación, cuya incidencia sobre los bienes esenciales, alimentación y energía, al menos a juicio de los entrevistados, continúa erosionando la capacidad adquisitiva y alimentando la sensación de distancia entre las buenas cifras macroeconómicas y la experiencia cotidiana de los hogares.

Ficha técnica de la IV Encuesta Funcas de Navidad

UNIVERSO: residentes en territorio nacional peninsular e insular (18-75 años) • TAMAÑO MUESTRAL: 1.201 entrevistas • TÉCNICA DE ENTREVISTA: entrevista online a través de Emop (panel online de Imop) • SELECCIÓN DE LA MUESTRA: selección aleatoria entre los panelistas de Emop que cumplan las características definidas para la investigación • TRABAJO DE CAMPO: del 27 de noviembre al 10 de diciembre de 2025 • MARGEN DE ERROR DE MUESTREO: ±2,9 puntos porcentuales para p=q=50 % y un nivel de significación del 95% para el conjunto de la muestra en el supuesto de muestreo aletorio simple • MÉTODO DE PONDERACIÓN: los datos se ponderaron por las variables “sexo x edad” (2 x 6 grupos), comunidad autónoma (7 grupos), nivel de estudios (5 grupos) y religiosidad (7 opciones, barómetros del CIS) • INSTITUTO RESPONSABLE DEL TRABAJO DE CAMPO: IMOP Insights, S.A.

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Malestar en tiempos de crecimiento: la opinión pública sobre la economía en España

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A pesar del crecimiento del PIB, el debate sobre la salud de la economía española está lejos de estar cerrado. Es verdad que el PIB y el empleo crecen a buen ritmo, pero la valoración es menos positiva cuando se trata de la evolución del PIB per cápita, la de la productividad y la de la renta real de los hogares.  En este contexto, aunque es central la discusión de los indicadores oficiales habituales, también lo es conocer cómo percibe la sociedad la situación económica para aterrizar el debate y acercarlo a la experiencia de la gente. Con este propósito se ha llevado a cabo, en mayo de 2025, la Encuesta Funcas sobre Economía y Finanzas del Hogar. Sus datos aportan una radiografía muy valiosa de cómo percibe la ciudadanía la situación económica de España y de sus propios hogares, así como de los factores que moldean esa percepción. Realizada de forma online y telefónica a una muestra de 1.200 individuos representativa de la población adulta residente en España, la encuesta recoge opiniones sobre la evolución la situación económica del país y de los hogares, los salarios, los impuestos y el impacto de las políticas públicas, entre otras cuestiones clave (informe completo aquí).

El análisis de la encuesta evidencia que la mejora del PIB no ha calado en la opinión pública. El 55 % de los encuestados considera que la economía nacional está peor que antes de la pandemia, y solo el 20 % cree que ha mejorado (gráfico 1). Por su parte, aunque casi la mitad percibe la situación económica de su hogar como similar a la previa a la pandemia (44 %), quienes ven un empeoramiento (34 %) superan claramente a quienes creen que ha mejorado (22 %) (gráfico 2). Son menos, en todo caso, los que opinan que la economía de su hogar ha empeorado que los que opinan así de la del país. Por otra parte, cuatro de cada diez entrevistados (40 %) reconocen dificultades para llegar a fin de mes y casi un 75 % afirma ahorrar menos de lo que desearía o, directamente, no poder ahorrar. En definitiva, el crecimiento económico no se traduce en una percepción de mejora en la vida cotidiana de amplios sectores sociales, al menos tal como lo expresan en la encuesta.


La inflación se presenta como la principal causa de malestar a través de sus efectos en el poder adquisitivo. Al juicio negativo sobre el crecimiento de los salarios —un abrumador 90% cree que está por debajo del aumento de los precios—, se suma la percepción de una mayor presión fiscal que la de antes de la pandemia, opinión compartida por un 70%. 

La encuesta revela que la autoubicación ideológica de los encuestados es un factor principal en la interpretación de la situación económica. Las valoraciones más positivas se concentran en las posiciones más a la izquierda, mientras que en el centro y la derecha predominan las negativas. Esta polarización se traslada a la atribución de responsabilidades a las políticas públicas, bien como causa de la mejora de la economía, para unos, como de su deterioro, para otros. 

En todo caso, la influencia de la autoubicación ideológica en la interpretación de la situación económica no excluye la relevancia, bastante sistemática, de otros factores, como la edad, el nivel de ingresos o la composición del hogar. Esto sugiere que las condiciones, digamos, objetivas de la vida también modelan los juicios subjetivos. En cualquier caso, la preocupación por la pérdida o por la ausencia de mejora del bienestar es transversal y se refleja en un amplio consenso sobre el deterioro del poder adquisitivo, el encarecimiento del coste de la vida y el incierto futuro de las generaciones más jóvenes. Destacan por unos juicios medios especialmente negativos los jóvenes y la población cuyas edades están asociadas a la crianza de hijos, sobre todo quienes viven con niños pequeños.

Más allá del diagnóstico inmediato, los resultados invitan a reflexionar, una vez más, sobre la relación entre los indicadores económicos y la percepción social. La aparente desconexión entre los positivos datos macroeconómicos y la experiencia cotidiana de muchos hogares nos advierte de la necesidad de usar múltiples indicadores, además del crecimiento del PIB, para evaluar los resultados de la vida económica. Los datos aquí presentados apuntan a que la opinión pública evalúa la marcha de la economía desde el bolsillo, pero también desde sus marcos ideológicos, sus expectativas personales y su grado de confianza en las instituciones. 

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Mejora la percepción de la situación económica de los hogares

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Tras el deterioro que experimentó a principios de esta década, la percepción de los españoles sobre la situación económica de sus hogares ha ido mejorando en los últimos meses. Según los últimos datos del Índice de Confianza del Consumidor (ICC), encuesta que lleva a cabo mensualmente el Centro de Investigaciones Sociológicas, el porcentaje de entrevistados que afirman que la situación económica de su hogar había empeorado en los seis meses anteriores a la encuesta creció mucho entre enero y mayo de 2020. Aunque se redujo desde finales de ese año hasta mediados de 2021, la tendencia se invirtió en la segunda mitad del año, alcanzando niveles altísimos en el periodo inflacionista de 2022. Así, en octubre de 2022, casi seis de cada diez encuestados (59%) declararon que la situación económica de su hogar había empeorado en los últimos seis meses. Desde entonces hasta diciembre de 2024, esa cifra se ha reducido a casi a la mitad, el 32%. Al mismo tiempo, ha aumentado sustancialmente la proporción de encuestados que afirmaba que la situación económica de su hogar no había cambiado, e incluso había crecido, bastante menos, la de quienes reconocían que había mejorado, que alcanzó el 20% en diciembre de 2024, el segundo nivel más alto registrado desde 2013 (gráfico 1).


Según ese último ICC, el de diciembre de 2024, el juicio de las mujeres sobre la situación de su hogar era algo peor que el de los hombres (gráfico 2A), pero el factor más importante en esa percepción es la edad. A medida que cumplimos años, nuestra estabilidad económica aumenta, tal como lo hace en la encuesta la proporción de quienes afirman que su situación económica no ha cambiado en el último medio año. Sin embargo, esa sensación de estabilidad ni siquiera es predominante entre los encuestados de mediana edad (de 35 a 54 años), que, a su vez, creen algo más que el resto que su situación económica ha empeorado (gráfico 2B). Como era de esperar, los miembros de los hogares con ingresos más bajos reconocen en mayor medida un empeoramiento económico reciente, mientras que los que disponen de ingresos mensuales más elevados evalúan su situación más positivamente. Sin embargo, incluso entre estos, casi uno de cada cinco (19%) cree que su situación financiera ha empeorado (gráfico 3A).  La ideología política (y, por lo tanto, probablemente el grado de simpatía con el gobierno) desempeña un papel relevante en la percepción de la situación económica, no solo la nacional, sino la doméstica: quienes se sitúan más a la izquierda en la escala de ideología tienden a evaluar más positivamente la situación económica de su hogar que quienes se posicionan más a la derecha (gráfico 3B).


Entre quienes en el ICC de diciembre de 2024 declararon que la situación económica de su hogar había empeorado, el motivo más citado fue el alza de los precios (gráfico 4). El porcentaje que menciona este motivo había experimentado un fuerte aumento de abril de 2021 a julio de 2022, alcanzando entonces un máximo (80%). Desde mediados de 2022, la preocupación por la inflación ha disminuido gradualmente, pero sigue siendo la razón más citada, por un 58% de los encuestados. Este porcentaje supera con creces otras causas aducidas de deterioro económico de los hogares, como el estancamiento salarial o laboral (18%), el aumento del gasto familiar(17%), la amenaza del desempleo (9%) y la disminución del ingreso familiar (8%). 


Los datos del último ICC, por tanto, reflejan una mejora de la percepción de la economía doméstica, pero la preocupación por esta todavía es considerable. El peso de la inflación como principal factor de preocupación de quienes creen que la situación de su hogar ha ido a peor apunta a factores de pesimismo distintos de la evolución del paro o la ocupación, y, quizá, a que la marcha de la opinión pública española sobre la situación económica dependerá especialmente de la evolución de los precios en los próximos meses. 

Más información en el número de febrero de 2025 de Focus on Spanish Society.

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Crece la brecha entre el crecimiento y su percepción

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La economía española sigue atravesando un momento dulce que no se refleja en su percepción social. En los dos últimos años, el consumo privado ha avanzado un 4,4%: esto es más del doble que el crecimiento poblacional, de modo que la mejora parece haber permeado en la mayoría de familias. Sin embargo, los indicadores de confianza del consumidor se mantienen por debajo de la media histórica. Diversas encuestas hacen eco de este desacoplamiento, incidiendo en una valoración de la situación personal notablemente más positiva que la percepción que tenemos del conjunto de la ciudadanía.


La actitud de cautela tiene consecuencias tangibles, ya que las familias tienden a ahorrar más y a aligerar el peso de sus pasivos. Nunca en lo que va de siglo los hogares habían estado tan poco endeudados en relación a su renta disponible.

Las empresas siguen la misma estela. En los dos últimos años el PIB habrá avanzado en torno al 2,7% en media anual, prácticamente lo mismo que durante el periodo expansivo 2015-2019. Las empresas, sin embargo, consideran que el entorno no está siendo tan favorable como cabría esperar habida cuenta de las cifras macroeconómicas: el índice de sentimiento económico apenas supera la media histórica, cuando antes de la pandemia el mismo indicador anotaba valores notablemente superiores a esa media.

De ahí que la inversión privada siga atascada, incluso en un contexto de crecimiento favorable como el actual y en presencia de abundantes fondos europeos. De manera similar a las familias, las empresas no solo prefieren autofinanciar sus inversiones —no recurriendo al crédito, de modo que la deuda empresarial roza ya mínimos de siglo—. También acumulan activos financieros: según los datos del tercer trimestre del pasado ejercicio dados a conocer esta semana, la inversión financiera de las corporaciones alcanza el 5,2% del PIB.

Las expectativas que traslada el sector privado en el resto de Europa son aún más negativas. Un pesimismo que no puede explicarse únicamente por la coyuntura económica, menos boyante que en España. Los hogares europeos también tienden a tener excedentes de ahorro: la recuperación del poder adquisitivo, fruto de ajustes salariales y de la desinflación, prefiguraba un fuerte repunte del consumo que finalmente no ha tenido lugar. El BCE estima un avance del consumo privado del 0,9% en 2024, frente a la previsión del 1,4% realizada un año antes. De manera más contundente, el BCE anticipa una caída de la inversión empresarial de la eurozona del 1,7%, cuando se pronosticaba un rebote del 0,4%. El índice de sentimiento empresarial de la eurozona desciende hasta niveles inferiores a los registros de finales de 2020, todavía perjudicados por la pandemia. Y, al igual que en España, las empresas europeas optan por acumular excedentes.

La actitud de cautela se explica en parte por el impacto de la sucesión de shocks en tan poco tiempo. El fenómeno podría por tanto diluirse poco a poco, sobre todo si la desinflación se afianzara, pudiendo propulsar capacidad de compra y alentar la propensión a consumir. En teoría el entorno es también propicio a un descenso adicional de tipos de interés, incentivando la inversión. Pero esto es sin contar con una nueva piedra en el camino que complica la senda de relajación monetaria: ante los anuncios expansivos de Trump y el riesgo de persistencia de la inflación, la Reserva Federal ha enfriado las expectativas de fuertes recortes del precio del dinero, un giro que debe incorporar el BCE. Los mercados también reaccionan, exigiendo rentabilidades más elevadas para la compra de deuda pública.

En suma, existen factores objetivos para una mejora de las expectativas que pesan sobre la economía, particularmente la inversión privada. Pero los anuncios de Trump, junto con la hipersensibilidad de los mercados, ponen en entredicho un rápido descenso de tipos de interés y empañan el escenario. Y las dudas se exacerban con la parálisis política que se adentra en todo el continente.

DEUDA PÚBLICA | La previsión de un rápido descenso de los tipos de interés parece menos probable, a tenor de la evolución reciente de los mercados. En el último mes, la rentabilidad de los bonos del Tesoro con vencimiento a 10 años se ha incrementado en cerca de medio punto porcentual, hasta el 3,2%. La referencia alemana ha seguido una pendiente parecida, de modo que la prima de riesgo española se ha mantenido, afianzando su desanclaje en relación a la que soporta la deuda francesa. La rentabilidad exigida por el bono británico, presionado por los mercados, se acerca al 5%.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Rankings económicos

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Ha suscitado mucha atención la clasificación que el semanario The Economist ha hecho de las principales economías occidentales. España ha quedado en cabeza, seguida de Grecia e Italia, que prosiguen con su recuperación, y luego Irlanda y Dinamarca. Se elabora esta clasificación a partir del PIB, la inflación, los rendimientos bursátiles, el desempleo y el déficit fiscal. Ha habido controversia política sobre los resultados del citado ranking, que, en todo caso, es una buena noticia para la economía española. Cuando te ponen una buena nota, y mucho más a escala internacional, se renueva el interés por tu país, con lo que puede crecer el flujo inversor exterior. Un aspecto muy positivo. 

Parece oportuno comprobar las fuentes de ese buen desempeño. Una primera razón es el saldo migratorio neto positivo desde el 2019, con la llegada de más de 1,2 millones de trabajadores extranjeros, la mayor parte de Latinoamérica. Con algún aspecto menos positivo, como es la baja cualificación de gran parte de esos inmigrantes, lo que conlleva unos salarios reducidos. La economía española es en la actualidad un 7% más grande que la del 2019, pero cuando se ajusta esa cifra por el crecimiento de la población, se queda en un 3%. La especialización productiva en servicios es otro elemento a favor. El turismo ha vuelto con una fuerza enorme, generando impactos claramente positivos, pero con efectos colaterales no deseados, como el crecimiento de precios de la vivienda, con repercusiones negativas para toda la economía. También efectos medioambientales que, a la luz de la terrible experiencia catástrofe en Valencia por la dana, deben ponderarse proactivamente. Y no solamente es el turismo lo que ha crecido entre los servicios. Los no turísticos han pasado de representar en términos del PIB un 5,5% antes de la covid a aproximadamente el 8% en el 2024. Otra buena noticia. Y aunque la actividad industrial está estancada en España, no ha empeorado como en países como Alemania. 

El semanario británico señala que las reformas del mercado de trabajo y del sistema financiero de hace una década han sido dos ejes importantes para la evolución favorable de la macroeconomía de nuestro país. Pero si no se continúa con una agenda reformista —laboral, pensiones— que aumente la productividad, la posición puede empeorar pronto. Si no se resuelven algunos cuellos de botella como la falta de vivienda asequible, probablemente se frenará la llegada de capital humano foráneo. Por otro lado, el español medio —sobre todo, la generación joven— no comparte la misma percepción optimista que ofrece la macroeconomía. Los comparativamente bajos salarios, la pérdida de poder adquisitivo con la inflación y las dificultades de acceso a la vivienda pesan. El aumento de la productividad es la clave que garantizaría seguir en la parte alta del ranking, y ahí es donde comienzan los interrogantes del futuro. 

Este artículo se publicó originalmente en el diario La Vanguardia.

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La sociedad no percibe el progreso de la economía española en 2024

De cumplirse las últimas estimaciones de crecimiento económico publicadas por Funcas, España cerrará este año con un aumento anual del 3% del PIB, una cifra tres décimas superior a la de 2023 y que la sitúa a la cabeza de las economías europeas que más crecen en 2024. Sin embargo, según la III Encuesta Funcas de Navidad (2024)[1], solo el 20% de una muestra de 1.500 españoles (de 18-75 años) califica el año 2024 como un buen año en lo económico para España, mientras que un 50% lo ve como regular y hasta un 30% cree que ha sido un mal año (gráfico 1). Estos resultados confirman que la sensación de malestar económico que se arrastra desde la crisis asociada a la pandemia se ha despejado solo parcialmente en la opinión pública. A fin de cuentas, en 2023 el PIB per cápita en términos reales apenas había superado ligeramente los niveles previos a la pandemia, un comportamiento similar al del consumo individual[2].

Entre las mujeres, la proporción que ven 2024 como un año bueno en cuestiones económicas es inferior a la de los hombres (del 17% frente al 23%), aunque son los jóvenes quienes más severamente lo juzgan: solo el 7% de los encuestados de 18 a 24 años afirma que 2024 ha sido un buen año (gráfico 1). Las diferencias de opinión por edades reflejan quizá lo ocurrido en los últimos lustros, en los que los ingresos de las personas mayores han crecido significativamente más que los de los jóvenes, además, en el contexto de un debate público que presenta el futuro laboral y personal de las nuevas generaciones como especialmente incierto. De hecho, se observa un claro gradiente por edad del juicio sobre 2024, de forma que la valoración positiva crece con los años, aunque ni siquiera llega a ser mayoritaria en el grupo de 65 a 75 (33%).  


Sin embargo, la evaluación es más positiva cuando los encuestados piensan en cómo ha sido 2024 para ellos y sus hogares. La mayoría (53%) lo ve como regular, pero quienes lo consideran bueno (37%) son bastantes más que quienes lo perciben como malo (10%), al contrario que lo que sucede respecto a la situación económica del país (gráfico 2). En este caso, las diferencias por edad son mucho menos acusadas, lo que sugiere que, aunque el pesimismo de los jóvenes sobre la situación del país puede tener causas personales, refleja en gran medida un malestar colectivo. 


De cara a 2025, los sentimientos sobre la economía española son solo algo más positivos. El 25% de los encuestados cree que será un buen año para España en el terreno económico, pero casi el mismo porcentaje (27%) opina lo contrario. En todo caso, la mayoría (49%) anticipa un año “regular” (gráfico 3). También en este aspecto son las mujeres menos optimistas que los hombres, siendo inferior entre ellas el porcentaje que cree que 2025 será un buen año (21 y 28%, respectivamente). Nuevamente, los jóvenes de 18 a 24 años destacan por su escaso optimismo: apenas un 13% cree que el 2025 será un buen año en el terreno económico. 


Son reveladoras del estado de la opinión pública las diferencias que se observan teniendo en cuenta el posicionamiento de los entrevistados en la escala ideológica de izquierda a derecha. Mientras que la autoubicación ideológica apenas influye en la evaluación de la situación económica propia (gráfico 2), sí se relaciona con la valoración de la situación de la economía española en 2024 y con las perspectivas para 2025 (gráficos 1 y 3). Las diferencias entre el segmento situado más a la izquierda (posiciones 1 a 4) y el situado más a la derecha (7 a 10) son grandes: en la izquierda el juicio sobre la situación económica de 2024 y sobre el futuro tiende a ser positivo; en la derecha tiende a ser negativo. Quizá lo más interesante sea que también en las posiciones centrales (5 y 6) son más frecuentes las opiniones negativas sobre 2024 que las positivas (el 9% lo considera un año bueno y el 36%, un año malo), al igual que para 2025 (el 14% cree que será un año bueno y el 34% un año malo).

El clima de emociones que se desprende de las respuestas acerca de 2024 y 2025 en términos económicos no es precisamente de optimismo e ilusión, dos sentimientos que asociamos con las Navidades. Lo cierto es que, según la encuesta, una parte significativa de la población no muestra mucho entusiasmo ante estas Navidades: a más de la mitad (56%) les genera poca o ninguna ilusión, una cifra más alta que la registrada en la encuesta de 2023 (47%) y aún más que la de 2022 (43%) (gráfico 4). 


Sin diferencias significativas por sexo, las variaciones en el entusiasmo navideño son evidentes cuando se tiene en cuenta la edad. A pesar del pesimismo entre los jóvenes que se desprende de las opiniones sobre la situación económica, son ellos los que manifiestan un mayor grado de ilusión por las celebraciones navideñas (gráfico 5a). El porcentaje de “poco entusiastas” con la Navidad, es decir, el de quienes afirman sentir poca o ninguna ilusión por estas celebraciones, alcanza al 61% de los mayores de 64 años, pero solo al 41% de los entrevistados de 18 a 24 años y a 42% de los de 25 a 34). Tal y como ya se desprendía de los resultados de la encuesta de 2023, el papel de la familia es fundamental en la vivencia de las celebraciones navideñas, algo que se refleja, de nuevo, en 2024, por ejemplo, en la relación entre la ilusión manifestada y el tamaño del hogar: entre quienes viven solos y quienes residen en hogares de tres o más miembros, la diferencia en los porcentajes de poco o nada ilusionados es de 14 puntos (66% frente a 52%) (gráfico 5b).


La relación entre la perspectiva de pasar las Navidades en familia y la ilusión con que se afrontan estas fiestas queda también claramente reflejada en esta encuesta. Una abrumadora mayoría de quienes aún no sabían con quién pasarían la Nochebuena en el momento de la encuesta (84%) y de quienes anticipaban pasarla en soledad (90%) manifestó tener poca o ninguna ilusión por las celebraciones (gráfico 5c). Además, reunirse con personas con las que no se convive se relaciona con un mayor entusiasmo navideño. Por otro lado, la práctica religiosa también se asocia con la actitud hacia estas celebraciones. Los católicos practicantes muestran un mayor nivel de ilusión: solo uno de cada tres declara sentir poca o ninguna ilusión por las Navidades (gráfico 5d). La diferenciación política y de estilos de vida también parece influir en cómo se perciben estas fiestas. Entre quienes se identifican con las posiciones más a la izquierda (1 y 2 en la escala del 1 al 10) del espectro político, siete de cada diez manifiestan sentir poca o ninguna ilusión por las Navidades, mientras que esa proporción desciende a niveles cercanos a cinco de cada diez entre los ubicados en el centro y la derecha (gráfico 5e).

En este contexto de limitado entusiasmo y relativa preocupación económica, los deseos para 2025 (recogidos en una pregunta abierta con una única respuesta posible) tienden a centrarse en lo individual (o próximo) y lo tangible. Entre las palabras más elegidas por los encuestados destaca muy claramente la salud (mencionada por un 31%), acompañada de la tranquilidad (4%), el trabajo (3%) y el dinero (2%), quedando en un segundo plano metas colectivas o relacionadas con el entorno social, tales como la paz (18%) y la prosperidad (3%) (gráfico 6). En términos relativos, entre los jóvenes son menos frecuentes las alusiones a la salud, pero más a la paz, la felicidad y la prosperidad y, con diferencia, el amor. En definitiva, aunque los jóvenes se muestran especialmente pesimistas en lo económico, su mayor entusiasmo por las celebraciones navideñas y su mayor preferencia por deseos más emocionales y colectivos, como la paz, la felicidad y, especialmente, el amor, reflejan la energía y vitalidad propias de su edad, a pesar de tener que desenvolverse en un contexto especialmente adverso para ellos. 

[1] Véase la ficha técnica al final de este texto. 

[2] En euros de 2020, el PIB per cápita fue de 26.930 en 2019 y de 27.150 en 2023. Las cifras respectivas para el consumo individual son 18.290 y 18.300 euros. Fuente: Eurostat, Main GDP aggregates per capita [nama_10_pc]. 


Ficha técnica de la III Encuesta Funcas de Navidad (2024)

UNIVERSO: residentes en territorio nacional peninsular e insular con nacionalidad española (18-75 años) • TAMAÑO MUESTRAL: 1.500 entrevistas. • TÉCNICA DE ENTREVISTA: entrevista online a través de Emop (panel online de Imop). • SELECCIÓN DE LA MUESTRA: selección aleatoria entre los panelistas de Emop que cumplan las características definidas para la investigación. • TRABAJO DE CAMPO: del 29 de noviembre al 13 de diciembre de 2024. • MARGEN DE ERROR DE MUESTREO: ±2,6 para p=q=50 % y un nivel de significación del 95 % para el conjunto de la muestra. • MÉTODO DE PONDERACIÓN: los datos se ponderaron por las variables “sexo x edad” (2 x 6 grupos), comunidad autónoma (7 grupos), nivel de estudios (5 grupos) y número de habitantes de la localidad de residencia (4 grupos) • INSTITUTO RESPONSABLE DEL TRABAJO DE CAMPO: IMOP Insights, S.A.

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Las clases medias y el crecimiento económico español

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La economía española bate un récord de crecimiento, tras anotar en el tercer trimestre el mayor avance del PIB de la Unión Europea: un 3,4% en términos interanuales, casi cuatro veces más que la media europea. Las cifras macroeconómicas, aun empañadas por un consumo público desbocado, iluminan las perspectivas en el corto plazo, sin que aparezcan los desequilibrios que en otras épocas nos abocaron a una crisis. La deuda del sector privado se desinfla, no se perciben burbujas de crédito, la prima de riego se ha anclado por debajo de la de Francia, mientras que las cuentas externas arrojan un excedente sólido (el superávit por cuenta corriente acumulado hasta agosto es un 30% superior al registrado el año pasado). El tejido productivo se diversifica, fruto del auge de las exportaciones de servicios no turísticos, cuyo crecimiento casi cuadriplica el del PIB.  

El cuadro global es por tanto alentador, otra cosa es cómo se percibe en la ciudadanía tras la sucesión de shocks de estos últimos cinco años. En este periodo los ganadores son los colectivos que han conseguido un empleo, sobre todo los parados y los extranjeros que se han insertado en el mercado laboral, siendo este último grupo el más numeroso. Asimismo, los perceptores del salario mínimo y de prestaciones que se han revalorizado por encima de la inflación también han podido mejorar su situación. En el otro extremo, se encuentran los inversores que han logrado fructificar su capital al calor de la subida de los tipos de interés y de la bolsa. 

El grueso de las clases medias, sin embargo, ha sufrido una merma de poder adquisitivo: pese a la mejora salarial observada hasta el tercer trimestre, la remuneración media por ocupado se sitúa todavía en retroceso con respecto a hace cinco años (descontando la subida de los precios al consumo). A ello se une en el caso de los jóvenes la dificultad de acceso a la vivienda. 


La brecha entre los resultados macroeconómicos y la percepción ciudadana es sintomática de nuestro modelo productivo, caracterizado por el escaso crecimiento de la productividad y de las remuneraciones. Sigue siendo el caso que el tamaño de la economía se incrementa a base de incorporar más fuerza laboral, particularmente la extranjera en los últimos años, y no como consecuencia de mejoras de eficiencia. Desde el último trimestre de 2019 hasta el tercero del presente ejercicio el PIB se ha incrementado un 6,6%, y el empleo lo ha hecho un 9,3%, evidenciando un declive de la productividad por ocupado. La tendencia en términos de productividad por hora trabajada ha sido más favorable, incluso levemente positiva en el periodo más reciente, pero no se aprecia de momento una mejora estructural.

El modelo aditivo de crecimiento se enfrenta a la necesidad de construir vivienda para así acompasar incremento de población que sustenta el actual ciclo expansivo y facilitar la movilidad laboral. Sin embargo, la inversión residencial apenas reacciona a la situación de escasez, siendo la construcción una de las variables más rezagadas desde la pandemia. 

El déficit de inversión en equipamiento y en mejoras productivas es una limitación de más calado. El comportamiento de esta variable clave sigue marcado por la debilidad, algo sorprendente teniendo en cuenta la situación relativamente saneada de las cuentas de las empresas, la disponibilidad de abundantes fondos europeos y la entrada de capital extranjero. Se estima que el volumen de inversión empresarial se sitúa todavía en torno a un 10% por debajo del nivel anterior a la pandemia, lo que podría acabar por constreñir la expansión, además de alejar la perspectiva de una transformación del modelo productivo, como sería deseable.

Entre tanto, la renta per capita apenas ha avanzado un 1,4% en el periodo considerado, casi cinco veces menos que el PIB, evidenciando la necesidad de elevar el rendimiento social de nuestro crecimiento económico.  

DÉFICIT | Pese al crecimiento económico, el desvío de las cuentas públicas no parece estar corrigiéndose. El déficit consolidado de las administraciones públicas (a excepción de las locales) alcanza el 2,3% del PIB, con datos hasta agosto. Esto es una décima más que en el mismo periodo del año pasado. Si bien la recaudación mantiene una tónica creciente, al compás de la economía, el gasto público avanza a un ritmo mayor. Destaca el consumo de las administraciones, con un avance del 6%, superior a lo que cabía esperar en un contexto de prórroga presupuestaria.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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