la-inversion-extranjera,-desilusion-o-pausa

La inversión extranjera, desilusión o pausa

Comparte esta entrada



El ciclo expansivo de la demanda interna impulsa la economía española hasta nuevos hitos en el ranking del Fondo Monetario Internacional, al tiempo que se multiplican las alertas del lado del motor externo. Aparte del frenazo de las exportaciones, también se constata un fuerte descenso de la entrada de capital extranjero en el tejido productivo español, factor que hasta hace poco había sido, junto con el superávit de nuestros intercambios con el resto del mundo, uno de los principales baluartes de la robustez del crecimiento. 

La creación de empresas en España o la ampliación de la capacidad existente –es decir, la inversión extranjera directa– son decisiones de agradecer, siempre y cuando estas operaciones respeten las reglas de la competencia y no generen oligopolios. Por eso es relevante que España recibiera más de 51.000 millones de euros cada año en el último trienio en inversión extranjera directa, una cifra que en proporción al PIB supera a las otras grandes economías de nuestro entorno. 

Pero los datos más recientes apuntan a una tendencia menos amable: en el primer semestre, la entrada de inversión directa extranjera descendió un 36% en relación a un año antes, una caída que se explica por la menor aportación de capital procedente de la Unión Europea. Los flujos de entrada de capital no europeo, por su parte, tienen un comportamiento volátil sin que se desprenda una tendencia clara. Incluso se detecta un mayor interés de los inversores norteamericanos, desafiando de momento el discurso proteccionista de la Administración Trump.


Frente al menor apetito inversor de los europeos, las empresas españolas siguen siendo relativamente proclives a invertir fuera de nuestro país. El volumen de las exportaciones de capital productivo que realizan las empresas españolas hacia otros destinos, o salidas de inversión extranjera directa, asciende a 55.000 millones, prácticamente lo mismo que el año pasado (comparando el primer semestre de cada ejercicio, con datos anualizados). El resultado procede de un incremento de las salidas hacia la UE, que se compensa con un descenso de las salidas hacia destinos no europeos. 

La tónica general es, por tanto, de pérdida de capital productivo, lo que significa que una parte del ahorro generado por la economía española acaba invirtiéndose en las empresas de otros países. Concretamente, el volumen de capital productivo exportado ascendió a 26.000 millones de euros en el primer semestre (diferencia entre las entradas y las salidas de inversión extranjera directa, siempre con datos anualizados). En sus últimas previsiones, el FMI anticipa que esta pauta se mantendrá en los próximos dos años, con salidas netas incluso ligeramente superiores a las registradas en este ejercicio. 

Conviene evitar interpretaciones precipitadas. No estamos asistiendo a una fuga de capitales sino a una menor entrada de inversión directa, algo que podría leerse como una consolidación de su presencia en España, y no una pérdida de competitividad (la balanza por cuenta corriente sigue arrojando excedentes ingentes). Por otra parte, la mayor presencia de empresas españolas en otro país puede ser de gran ayuda para reconfigurar las cadenas de suministro, algo imprescindible en un momento complejo de transformación de la globalización. En todo caso, la economía española sigue trasladando buenas sensaciones, a tenor del descenso de la prima de riesgo, prueba de la confianza. 

Pero el problema de fondo sigue siendo la debilidad de la inversión empresarial, variable que se sitúa todavía por debajo de los niveles anteriores a la pandemia, descontando la inflación. Y es que el fenómeno de exportación de capital productivo se debe principalmente a la falta de proyectos de inversión privada en territorio español. El avance notable del gasto en infraestructuras públicas o de las ayudas europeas no han bastado para desatascar la inversión de las empresas, esa asignatura pendiente y nudo gordiano de un crecimiento sostenido. 

INVERSIÓN | España comparte con Alemania e Italia la posición de salida neta de capital productivo, que se produce cuando las salidas de inversión directa extranjera son de un volumen superior al de las entradas. El monto de las salidas netas asciende a 33.000 millones en Alemania y 8.000 millones en Italia (con datos del primer semestre de este año, en términos anualizados). Francia conoce la posición inversa, con una entrada neta de 24.000 millones, apuntando a una cierta fortaleza del sector privado frente a los aprietos que se ciernen sobre la hacienda pública gala.  

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

Comparte esta entrada



Leer más
un-ano-economico-de-gobierno-laborista

Un año económico de gobierno laborista

Comparte esta entrada



Se termina de cumplir un año de la victoria del partido laborista de Keir Starmer en el Reino Unido. Pasaban a gobernar un país dividido y que seguía en el diván por las consecuencias del Brexit. Su mayor aislacionismo les ha mandado dos avisos en los últimos años. El primero y más grave financieramente, la crisis de la deuda soberana de octubre de 2022 con el gobierno de Liz Truss, que tuvo que dimitir, al proponer un paquete fiscal inviable en la nueva realidad británica. Y, por otro, su relevancia internacional permanece desdibujada, a pesar del acuerdo comercial con EEUU que tiene escasa relevancia real.

Keir Starmer se ha movido entre promesas de renovación y desafíos estructurales, buena parte derivados del Brexit. Y la realidad a la que se enfrentan ha sido bastante compleja: una economía estancada en un contexto global convulso y una falta de unidad en su partido y en su país. Es cierto que su gobierno heredó un déficit fiscal de 22.000 millones de libras esterlinas y una economía debilitada. Su primer presupuesto, presentado en octubre de 2024, incluyó aumentos de impuestos y tijeretazos al gasto público. Sin embargo, una rebelión de diputados laboristas obligó al gobierno a suavizar los recortes sociales, generando un agujero fiscal adicional. Algo parecido ha vuelto a ocurrir esta semana con otra rebelión en su partido, al final aplacada con menores recortes y, por tanto, menores ahorros fiscales, pero con una ministra de Hacienda, Rachel Reeves, caída en desgracia y con notables tensiones de nuevo en los mercados de deuda soberana británica (Gilts). Constantes rectificaciones e incertidumbre creciente no parecen ser un buen augurio.

Ha habido intentos de luces largas bienintencionados también. Como la ambiciosa estrategia industrial centrada en sectores estratégicos clave manufacturas, energía limpia y tecnologías digitales. Sin embargo, hace falta tiempo y aún no se aprecian resultados significativos. De hecho, la inversión empresarial –la extranjera también– ha caído notablemente. En el plano internacional, Starmer ha buscado restablecer parte de relaciones con la UE, participando en algunas cumbres. Aunque se ha logrado algún avance, persisten los grandes obstáculos como las barreras burocráticas y la negativa a reingresar en la unión aduanera. Su país está en “terreno de nadie” en su relación futura con la UE. Afecta también el temor a un partido como Reform UK, liderado por Nigel Farage, que ha capitalizado nuevamente el descontento popular ante el aumento de la inmigración irregular.  

En suma, hasta ahora buenas intenciones y mucho ruido, pero pocas nueces. La economía británica continua sin revitalizarse. A menos que la actividad económica repunte pronto, el Reino Unido corre el riesgo de caer en una espiral de desequilibrios fiscales combinado con un débil crecimiento y tensiones financieras, que sería un panorama retador para lo que queda de mandato laborista.

Este artículo se publicó originalmente en el diario La Vanguardia.

Comparte esta entrada



Leer más
el-capital-financiero-y-la-inversion-productiva

El capital financiero y la inversión productiva

Comparte esta entrada



La errática política económica del ejecutivo norteamericano se está acompañando de salidas de capital financiero a favor de entornos estables como el que prevalece en la Unión Europea. En la economía real, sin embargo, no se percibe el cambio de expectativas, al menos de momento.  

En el primer trimestre, la inversión en activos financieros (o inversión en cartera) de la eurozona ascendió a 125.000 millones de euros, y las entradas de capital parecen haberse acelerado tras el llamado día de la liberación, a tenor del apetito creciente de los ahorradores internacionales por las bolsas europeas. En España, el volumen de acciones, bonos y otros valores adquiridos por los no residentes en el primer trimestre rozó los 40.000 millones. Destaca el interés suscitado por la deuda pública: en su última apelación al mercado, el Tesoro colocó obligaciones a diez años en condiciones favorables, con una demanda casi diez veces superior a la oferta de títulos, y un tipo de interés del 3,2%, frente al 4,5% del referente de EE. UU. Las primas de riesgo que soportan los Estados “periféricos” frente a la deuda alemana han tendido a reducirse. Y las condiciones de financiación del sector privado se han relajado, tanto para las empresas como para los particulares, según la última encuesta de préstamos bancarios. 


Ahora bien, una cosa es el IBEX y otra la inversión productiva. Los inversores extranjeros adquieren productos financieros, pero no parecen estar dispuestos a incrementar su presencia en el tejido productivo (es decir en términos de inversión extranjera directa, que es la que más permea en la economía real). A nivel europeo, se ha producido incluso un ligero movimiento de desinversión, por un valor cercano a 17.000 millones, en el primer tramo del año. En España, a diferencia de otros socios comunitarios, sigue entrando inversión extranjera directa, pero se observa una pérdida de vigor: la entrada de capital productivo ascendió a 4.000 millones en el primer trimestre, menos de la cuarta parte que hace un año. De manera similar, los datos de inversión en concepto de contabilidad nacional, o formación bruta de capital fijo (incluyendo tanto la inversión financiada por no residentes como la interna) siguen apuntando a una cierta debilidad, particularmente en el segmento de bienes de equipo. 

En suma, los recursos fluyen, pero no se traducen en un incremento proporcional de la inversión. Este déficit obedece en parte al entorno de incertidumbres, particularmente en el plano del comercio internacional. Pero tampoco ayuda la sensación de inercia de la política económica. Los Presupuestos Generales del Estado, principal vector de la acción pública, siguen congelados. A nivel europeo, las recomendaciones de Letta y Draghi, fundamentadas en un diagnóstico ampliamente compartido, parecen estar encalladas. El anuncio del canciller Merz de un fondo de inversión es una oportunidad, por la cuantía de la dotación presupuestaria prevista (medio billón de euros) y por la voluntad política manifestada de dinamizar las expectativas en la principal potencia industrial europea, tras tres años de cuasi recesión. 

El giro, no obstante, se está viendo ensombrecido por la intención del mismo gobierno alemán de incrementar las subvenciones a los sectores industriales más afectados por la crisis energética, perpetuando una estructura económica poco competitiva y con escasa capacidad de creación de empleos de calidad. Al tratarse de una ayuda de Estado, el plan necesita la luz verde de la Comisión Europea. De aprobarse, no solo se detraerían recursos para la inversión. También estaríamos ante un caso flagrante de fragmentación del mercado único, siendo ésta una de las principales causas de la anemia europea. 

Conviene recordar que, anteriormente al anuncio del nuevo subsidio, Alemania ya había concedido el 37% del total de ayudas de Estado aprobadas por la Unión Europea. Mucho se ha escrito, y con razón, acerca de la oportunidad de cohesionar el proyecto europeo ante el proteccionismo de la administración Trump. Falta pasar de las palabras a los actos. 

EXPORTACIONES | Las exportaciones de bienes se incrementaron en marzo a un ritmo vigoroso del 8,3% con respecto a un año antes, según datos de aduanas. Este resultado puede deberse en parte al adelanto de las compras de empresas de EE. UU., ante la inminencia de la imposición de aranceles. Una moderación de las exportaciones sería por tanto previsible a partir del segundo trimestre, tal y como se desprende del fuerte descenso de las importaciones norteamericanas en el mes de abril. Pese a ello, el dinamismo del turismo y de los servicios no turísticos debería prevalecer, sosteniendo el superávit exterior de la economía española. 

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

Comparte esta entrada



Leer más
auge-de-la-inversion-extranjera-y-atonia-nacional

Auge de la inversión extranjera y atonía nacional

Comparte esta entrada



Entre los diversos desafíos que plantea la vuelta de Donald Trump a la presidencia de EE. UU., uno de los más relevantes para la economía española atañe a los cambios que podrían producirse en la localización del capital productivo. La española ha sido una de las economías más favorecidas por los flujos de inversión directa extranjera durante el periodo reciente, jugando un papel crucial en el diferencial favorable de crecimiento en relación a los principales socios europeos. Y compensando, de momento, el comportamiento decepcionante de la inversión nacional.    

En los últimos dos años, la inyección de capital foráneo en nuestro tejido empresarial supera los 71.000 millones de euros, más del doble que Francia, un 50% más que Italia y prácticamente lo mismo de lo que ha recibido Alemania (una economía, sin embargo, de un tamaño casi tres veces superior a la nuestra). El estímulo no solo es de gran magnitud, también aporta una financiación que se caracteriza por su persistencia, con el objetivo de ensanchar el potencial del aparato productivo, mejorar su eficiencia o incorporar nuevas tecnologías. No se trata, por tanto, de una mera adquisición de activos financieros o de operaciones de naturaleza especulativa, volátiles por definición. La inversión directa representa una apuesta a largo plazo de los inversores foráneos, respondiendo a una valoración positiva de las perspectivas de la economía real


EE.UU. es el principal inversor en la economía española, representando casi el 20% de la capacidad total instalada por las corporaciones extranjeras en nuestro país (conforme a datos de stock de 2022). Su presencia es notable en sectores clave como la energía, las telecomunicaciones, la industria química o el automóvil. La entrada de capital estadounidense, sin embargo, ha tendido a disminuir estos últimos tiempos como consecuencia de algunas desinversiones: las operaciones de salida se elevan a cerca de 500 millones de euros durante los dos últimos años. 

Se desconocen las causas de esta pérdida de capital: ha podido influir la aplicación de potentes incentivos a la repatriación de empresas en el marco del Inflation Reduction Act de la Administración Biden. De cara al futuro, los recortes de impuestos a las empresas anunciados por Trump, la imposición de aranceles a las importaciones o el despliegue de nuevos incentivos a la inversión en territorio norteamericano podrían redundar en nuevas desinversiones. 

Si bien este es un riesgo a tener en cuenta, es probable que las eventuales salidas se produzcan de manera escalonada en el tiempo, ya que se trata de un capital relativamente estable que no es fácil desplazar. En todo caso, el foco de atención debería estar en paliar nuestras propias debilidades. En primer lugar, el dinamismo de la inversión directa extranjera contrasta con la debilidad a nivel nacional. Esta paradoja refleja en parte el tamaño empresarial: los inversores extranjeros tienden a focalizar sus operaciones en torno a grandes corporaciones, obedeciendo a dinámicas globales en las que España aparece en buena posición. Sin embargo, la inversión nacional procede en buena medida de pequeños negocios, muy sensibles a factores locales como la multiplicación de barreras regulatorias y administrativas que fragmentan el mercado interno, o percepciones de inseguridad jurídica. 

Por otra parte, los socios comunitarios, junto con Reino Unido, siguen apostando por las inversiones en el tejido productivo español, totalizando más del 80% de las nuevas operaciones en los últimos dos años. Es probable que una profundización de la integración europea desencadenase un impulso inversor adicional, aprovechando las ventajas competitivas de los sectores más pujantes. 

En suma, el entorno global es desfavorable, pudiendo lastrar la entrada de capital foráneo, uno de los principales artífices del buen momento económico. Pero conviene redoblar esfuerzos para superar las trabas a nuestra propia inversión y a la modernización tecnológica, sin dejarse distraer por el seísmo que empieza a sacudir el tablero económico global.

INVERSIÓN NACIONAL | En el tercer trimestre del pasado ejercicio, último dato disponible, la formación bruta de capital fijo se situó un punto porcentual por debajo del nivel alcanzado antes de la pandemia (tercer trimestre de 2019). El resultado es que la inversión es la única variable de demanda que no se ha recuperado todavía del golpe asestado por la crisis sanitaria. Destaca el déficit de inversión de construcción (-1,9 puntos), si bien un descenso es también perceptible en el segmento de maquinaria, bienes de equipo y material de transporte (una décima porcentual).   

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

Comparte esta entrada



Leer más
el-descuelgue-europeo-con-una-mirada-espanola

El descuelgue europeo con una mirada española

Con
la proliferación de barreras comerciales entre las grandes potencias y la
reorganización de las cadenas productivas propiciada por la sucesión de crisis,
se abre una nueva etapa de la globalización. Y de momento Europa no parece
encontrar la respuesta adecuada al nuevo contexto. Además del declive relativo
de su posición económica en el mundo, la reglobalización exacerba las
disparidades entre los países miembros, y conviene por tanto entender la especificidad
de España ante estos cambios.

Las
señales de un deterioro europeo son inequívocas, si bien no son irreversibles y
en el caso de España se compensan en parte por el buen desempeño de sus
intercambios en el mercado único. Además de un crecimiento anémico, la economía
europea arrastra una pérdida de dinamismo de sus exportaciones. La cuota de
mercado de las empresas europeas en el comercio mundial de bienes se ha
reducido en un punto porcentual en tan solo cuatro años, mientras que EE UU consigue
mantener su posición y China escala 1,5 puntos (con datos de la OMC para 2019 y
2023). Las exportaciones de servicios apuntan a un mejor comportamiento, pero no
compensan la fragilidad de los sectores industriales.

La sensación de desacoplamiento es aún más acusada si nos fijamos en la Inversión Extranjera Directa, con un retroceso notable de los flujos de entrada de capital productivo en las empresas europeas (la desinversión en concepto de IED roza los 100.000 millones en los dos últimos años, contrastando con una entrada media anual de 478.000 millones en el periodo 2015-2019). A la inversa, el capital productivo fluye hacia las otras dos grandes potencias, si bien en el caso del gigante asiático se aprecia un frenazo importante.

G1

No solo la Unión Europea está siendo menos atractiva para la inversión de empresas de países terceros, pero es que además las corporaciones europeas reorientan parte de sus inversiones hacia destinos extracomunitarios. Así pues, comparando los flujos de entrada y de salida de inversión directa, se deduce que Europa se ha convertido en gran máquina de exportación de ahorro para invertirlo en el tejido productivo de los otros bloques comerciales. Este desvío del ahorro europeo se eleva a 2,6% del PIB europeo, siendo esto más o menos el volumen de recursos que necesita la UE, según estimaciones de Bruselas, para adaptar su economía a los grandes desafíos de nuestros tiempos.  

La posición de España respecto de los intercambios extracomunitarios se asemeja a la del conjunto de la UE. Sin embargo, afortunadamente en nuestro caso el deterioro se ha compensado con la mejora competitiva dentro del bloque europeo: las exportaciones ganan peso en el Mercado Único, el saldo de la balanza externa con el resto de la Unión es cada vez más favorable, y la inversión directa en empresas españolas desde otros socios comunitarios se ha afianzado. Prosigue, no obstante, el déficit de inversión nacional, en parte por factores internos, pero también por las incertidumbres del entorno europeo.

Para
España, el riesgo más inmediato proviene de la erosión del Mercado Único
generada por la multiplicación de ayudas de Estado y de otras posibles
iniciativas de aquellos socios comunitarios que se han visto más afectados por
la reglobalización. Pero conviene reconocer que nadie dispone ya de la
masa crítica para salvarse por sí solo: el principal reto radica en la
construcción de una respuesta común a los desafíos globales. La unión
financiera, con una armonización fiscal del impuesto de sociedades, es una
alternativa que facilitaría la reinversión del ahorro europeo. Otra opción consistiría
en la creación un presupuesto común de inversión, siguiendo los pasos del
programa Next Generation pero gestionado desde Bruselas. Las elecciones
europeas son una oportunidad para debatir estas y otras vías de solución ante
un statu quo perjudicial para la economía europea y su modelo social
único en el mundo.

VEHÍCULO ELÉCTRICO | Según la asociación europea de fabricación de automóviles, los vehículos eléctricos o híbridos representaron el 48,1% de las matriculaciones totalizadas en 2023. Prácticamente uno de cada cinco de estos vehículos provenía de China, un porcentaje que podría seguir creciendo a tenor del diferencial de precios, en el entorno del 25%, incluso después de la aplicación a las importaciones de un arancel del 10%. La Comisión estudia la posibilidad de elevar el arancel hasta el 25%. Entre tanto, algunos constructores del país asiático han anunciado proyectos de fabricación en España y Hungría. 

INDICADORES DE COYUNTURA DE LA ECONOMÍA ESPAÑOLA

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

Gracias por leer El descuelgue europeo con una mirada española, una entrada de Funcasblog.

Leer más
el-impacto-paradojico-de-los-conflictos-belicos-en-la-economia-espanola

El impacto paradójico de los conflictos bélicos en la economía española

Comparte esta entrada



Las tensiones geopolíticas, y su exacerbación bélica en
Oriente Medio, están teniendo un impacto sorprendente en la economía española.
Por una parte, el grueso del tejido productivo se resiente al igual que en el
resto de Europa del clima de incertidumbre que lastra la confianza y dificulta
el despegue de la inversión, clave de la prolongación de nuestro ciclo
expansivo. El repunte del precio del petróleo y del transporte marítimo que
transita por las regiones próximas a la contienda complica la senda de
desinflación, al tiempo que erosiona el poder adquisitivo.

En cambio, las turbulencias globales se acompañan de ingentes flujos de entrada de inversión internacional, por el poder de atracción de los bajos costes laborales y energéticos en relación a otras economías de nuestro entorno. Los recientes anuncios de tomas de posición en los sectores de la tecnología, de la energía y del automóvil forman parte de una tendencia de fondo, a tenor del volumen de capital extranjero que se invierte en el equipamiento de empresas españolas, sobre todo en las grandes corporaciones: en los últimos dos años, la inversión extranjera directa (excluyendo el capital financiero especulativo) alcanzó una media del 2,9% del PIB, un registro muy superior al que se observa en los otros grandes socios comunitarios. Además, España es importadora neta de capital extranjero, a diferencia de Alemania, por ejemplo, que exporta buena parte de su ahorro para equipar empresas en otros países —una insensatez para su industria, en plena reconversión—.


Es decir, los inversores internacionales razonan en clave global, y en esa comparación España no sale mal parada (las incertidumbres son similares en todo el continente, pero nosotros estamos alejados de las principales zonas de conflicto y los costes de producción son favorables). A diferencia de las empresas españolas más pequeñas, que se determinan en función de las condiciones locales y de otras variables que afectan el clima de negocios en el mercado interno. Entre estos lastres, el que más afecta la inversión es la memoria traumática de la crisis financiera, una consideración alejada de las preocupaciones de los grandes inversores internacionales.       

Esta dualidad es relevante para la política económica, en primer lugar, porque muestra que el déficit de inversión se produce sobre todo en la pequeña y mediana empresa, y no tanto en las corporaciones con capacidad de atracción de capital extranjero. A este respecto, la recién anunciada iniciativa de cofinanciación de empresas, pilotado por Cofides, es un paso en la buena dirección ya que pretende acercar los recursos a los sectores estratégicos, pudiendo en principio beneficiar a las empresas de tamaño intermedio. El volumen de recursos de este fondo (2.000 millones de euros, financiados con préstamos del Next Generation), sin embargo, parece insuficiente para paliar la sequía de la inversión. Más decisiva sería la unión financiera proyectada por Bruselas con el objetivo de facilitar la movilidad del ahorro para dinamizar la economía europea, pero el proyecto se enfrenta a la visión de países reacios a la armonización normativa y fiscal. Veremos si Mario Draghi logra suavizar las asperezas con su esperado informe de diagnóstico de la posición de Europa frente a las otras grandes potencias.           

La formulación de una senda presupuestaria a medio plazo
sería otra palanca para desatascar la inversión entre las empresas más
afectadas por las incertidumbres y que, por su tamaño, no pueden acceder a la
financiación internacional. Los Presupuestos Generales de Estado conforman el
principal instrumento de política económica, y de ellos depende la percepción
del grado de coherencia de la acción pública.

Por paradójico que pueda parecer, la volatilidad del entorno global es más perjudicial para la pyme española que para los inversores internacionales que siguen apostando por nuestro tejido productivo. Una dicotomía que tiende a acrecentarse a medida que el conflicto en Oriente Medio se perpetúa, cuando no se extiende.

INVERSIÓN EXTRANJERA | El volumen de capital extranjero invertido el año pasado en empresas españolas, o inversión directa extranjera, alcanzó los 33.000 millones de euros (según datos de balanza de pagos). Los inversores precedentes de la Unión Europea, EE. UU. y Reino Unido siguen aportando el grueso de los fondos, con algo menos del 80% del total (con información de DataInvest). Las monarquías del golfo pérsico, entre las que destaca Emiratos Árabes Unidos, representan apenas el 1,3% del total, y China el 1,4%, si bien la presencia del gigante asiático se está incrementando rápidamente.

Comparte esta entrada



Leer más
la-economia-espanola-ante-el-bache-global

La economía española ante el bache global

Comparte esta entrada



Los escollos se han multiplicado a la vuelta del verano: nuevas tensiones en los mercados energéticos, estallido de la burbuja de crédito en China, inflación estancada por encima del 5% en Europa y con un repunte en España, pese a la subida de los tipos de interés, y pronunciada contracción de los nuevos préstamos a particulares y empresas. Sin embargo, también han aparecido algunas luces que deberían alejar los peores augurios.

En lo inmediato, los indicadores apuntan en una dirección contractiva, especialmente en la industria que es el sector más afectado por las turbulencias globales (el indicador PMI de agosto sigue en caída libre, adentrándose en terreno negativo). Los mercados internacionales se resienten de la sucesión de shocks, de las tensiones proteccionistas, y de la cuasi recesión de la demanda asiática, de modo que difícilmente podemos contar con el sector exterior para seguir tirando del crecimiento. En el periodo más reciente nuestras ventas de mercancías en el exterior se han debilitado, aún ganando cuotas de mercado.

Frente a estas tendencias nada halagüeñas, la demanda interna podría jugar un papel estabilizador. Pese al repunte del IPC, los hogares recuperan algo de poder adquisitivo —un pequeño alivio tras el duro golpe asestado al bolsillo de los hogares en el pasado ejercicio—. Los salarios pactados crecen a un ritmo superior al 3%, y un punto más en el caso de los convenios firmados en lo que va de año, mientras que el IPC se mantiene por debajo de ese umbral. Así se refleja en el factor confianza, a tenor de la mejora del indicador de expectativas de la Comisión Europea, con valores menos negativos para España que en el cénit del brote inflacionario.


Además, el mercado laboral acusa la desaceleración de la economía, pero resiste. Según el último recuento de la afiliación a la seguridad social, en la segunda quincena de agosto se crearon 1.269 empleos con respecto al mes anterior, en comparación con los más de 100.000 nuevos afiliados que se registraron en la primavera en base a la misma metodología (con datos desestacionalizados por el ministerio). Esta pauta obedece en parte a un fenómeno de anticipación de la contratación, ante el riesgo de no encontrar personal en plena temporada. En todo caso, el avance de las ventas minoristas apunta a una ligera recuperación del consumo privado, fruto del buen comportamiento del mercado laboral.

Por otra parte, los banqueros centrales parecen estar incorporando los riesgos inherentes al ciclo monetario. Las últimas declaraciones de Lagarde ya no prometen nuevas dosis restrictivas, prefiriendo considerar un escenario de mantenimiento de tipos de interés elevados por más tiempo de lo anticipado. La inflexión en la narrativa sugiere una pausa en los ajustes de tipos, tras la probable vuelta de tuerca de la próxima reunión del BCE. Este escenario de mayor previsibilidad es sin duda preferible para una economía que necesita innovar e invertir para transitar hacia un modelo productivo más sostenible.

Pero hay riesgos, como
una nueva perturbación energética o de otros recursos naturales. El anuncio de
un conflicto laboral en el sector gasístico de Australia, el mayor exportador
de hidrocarburo licuado del mundo, ha bastado para tensionar los mercados. El
componente energético del IPC europeo se incrementó un 3,2% el pasado mes. El
precio de los alimentos más afectados por la sequía y las carencias de las
políticas de adaptación ante el cambio climático también dificultan la
desinflación. Todo ello, junto con el aumento de los márgenes en los servicios,
está en el punto de mira del banco central.

En suma, el entorno internacional se complica, sin que de momento se vislumbre una recesión. La economía española debería entrar en una fase de crecimiento más lento, pero positivo, y de descenso gradual de la inflación subyacente, aún con dientes de sierra. Eso si la pausa monetaria se materializa. Y si no se produce un nuevo shock externo.  

SALDO EXTERNO | La balanza por cuenta corriente arrojó hasta junio un superávit de 19.000 millones de euros, frente a un ligero déficit durante el mismo periodo del año pasado (-2.000). Esta mejora obedece al fuerte incremento de las exportaciones netas de bienes y servicios no turísticos, y en menor medida a la entrada de ingresos en concepto de turismo. El excedente debería incrementarse durante el tercer trimestre, el más favorecido por el turismo. Todo ello, junto con el dinamismo de la inversión directa extranjera, debería redundar en un descenso notable de deuda externa para este año. 

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

Comparte esta entrada



Leer más

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies