continua-el-escepticismo-sobre-la-evolucion-de-la-economia-espanola

Continúa el escepticismo sobre la evolución de la economía española

El debate público sobre la economía española se mueve, en este último ciclo, en un terreno de grises. El país figura entre los que más crecen en Europa, pero ese aparente dinamismo convive con un limitado crecimiento de la renta real per cápita y unos indicadores de pobreza que siguen siendo muy mejorables. La distancia entre las cifras agregadas y la experiencia cotidiana se ha convertido en un tema central del debate social, tal y como han reflejado distintas encuestas de Funcas, como la de Navidad del año pasado o la Encuesta sobre Economía y Finanzas de este mismo mes de mayo. En esta última, la inflación y el insuficiente crecimiento de los salarios para compensarla, así como la ideología, aparecían como elementos clave de la percepción pública de la evolución económica.  

Para 2025, el Panel de Funcas prevé un crecimiento del PIB del 2,9%, ligeramente por debajo del dato de 2024 (3,5%) pero que, unido al crecimiento de los años anteriores, supone que España habrá crecido desde 2019 más que el promedio de la Eurozona. Este escenario de crecimiento sostenido contrasta con una opinión pública cuya percepción de la economía española en 2025, poco optimista, empeora levemente respecto a la de 2024 (gráfico 1). Según la IV Encuesta Funcas de Navidad (2025), en diciembre de 2025 solo un 20% consideraba que había sido un buen año para España en términos económicos (misma cifra que en 2024), frente a un 34% que lo valoró como malo (30% el año anterior). Un 46% lo calificó como regular (50% en 2024) [Véase la ficha técnica de la encuesta al final de esta anotación].


La valoración mejora con la edad, especialmente a partir de los 55 años (gráfico 2b). Resulta más negativa entre quienes viven con menores de 10 años y mejora claramente con el nivel de ingresos. El factor más determinante es la autoubicación ideológica del entrevistado (gráfico 2e), como ya se comprobó en las encuestas de Funcas ya citadas. En las posiciones de izquierda abundan quienes juzgan 2025 como un buen año, mientras que en la derecha ocurre lo contrario. El 43% de quienes se sitúan en las posiciones 1–2 y el 36% de quienes se sitúan en el segmento 3–4 (en la escala de izquierda a derecha, del 1 al 10) creen que 2025 ha sido un buen año. A partir del centro (5–6), esta proporción se mantiene siempre por debajo del 9%, al tiempo que aumenta la de quienes lo juzgan como un mal año, mayoritaria desde las posiciones 7–8.


Las perspectivas para 2026 son, también, similaresa las de 2025, pero ligeramente más negativas (gráfico 1), con un 21% que cree que será un buen año, un 48% que se lo imagina regular y un 31% que piensa que será malo; y reproducen el mismo patrón por edades, tipo de hogar, ingresos y autoubicación ideológica que la valoración sobre 2025 (gráfico 3).


En todo caso, y como es habitual, el juicio sobre 2025 mejora cuando la pregunta se refiere a la situación personal y del hogar. Un 37% lo describe como un buen año, frente a un 14% que lo considera malo, mientras que el 49% lo califica como regular, cifras también próximas a las de 2024, aunque ligeramente peores (gráfico 4). Curiosamente, en este aspecto, la relación con la edad (gráfico 4b) cambia: la valoración positiva de su año económico supera ampliamente el 40% entre los menores de 35 años, pero la proporción desciende a partir de los 35 y vuelve a aumentar con cierta fuerza desde los 65. También son reseñables las diferencias según la presencia de menores (gráfico 4d), con un 31% de quienes conviven con niños menores de 10 años que cree que fue un buen año, frente al 38% de quienes no conviven con menores. Como cabía esperar, el nivel de ingresos (gráfico 4c) mantiene una asociación clara y positiva con la valoración de la economía personal y del hogar en 2025.

La autoubicación ideológica (gráfico 4e) sigue siendo relevante, aunque con menor intensidad que en la valoración de la economía nacional. Algo menos de la mitad de quienes se sitúan a la izquierda afirman que 2025 fue un buen año para ellos en lo económico, una proporción que cae por debajo del tercio en el centro y la derecha.

Por otra parte, en la encuesta planteamos directamente a los entrevistados la aparente contradicción entre el crecimiento económico español y la sensación extendida de que la economía no acaba de ir bien. Se les pide a los entrevistados ponerse en el lugar de quienes no perciben esa mejora y explicar la razón de que estos alberguen esa opinión. De los razonamientos propuestos destaca, muy por encima de los demás, el que aduce que “los precios suben más que los salarios”, que eligen más de tres cuartas partes de los entrevistados, un 76% (gráfico 5). Muy pocos ven la causa de esa paradoja en que el empleo sea de baja calidad (7%) y aún menos (3%) creen que el razonamiento principal sea el de que es verdad que la economía no ha mejorado.


Por otra parte, llaman también la atención las pocas menciones a un razonamiento habitual en la discusión pública sobre el tema, el que contrapone el crecimiento económico total con el crecimiento per cápita: solo un 2% elige el enunciado “crece la economía, pero crece casi lo mismo la población”. Sorprende, asimismo, que otro razonamiento frecuente en el debate público presente también un porcentaje muy bajo: apenas un 9% cree que quienes piensan que la situación no mejora “se dejan llevar por la opinión del partido político al que votan”.

Un consenso tan amplio sobre el papel de la evolución conjunta de salarios y precios haría pensar que el peso de esta respuesta apenas variará según las categorías de análisis. En efecto, las diferencias según distintas variables sociodemográficas son limitadas, aunque reveladoras. Por una parte, el porcentaje que cita ese razonamiento es ligeramente inferior entre los mayores de 65 años, cuyos ingresos principales no son salarios, sino pensiones, que vienen actualizándose según la inflación. Por otra, la referencia al seguidismo de las opiniones del partido más afín es mayor entre los entrevistados situados en la izquierda del espectro político que entre los situados en el centro o a la derecha, y lo contrario ocurre con la mención a que la economía, en realidad, no ha mejorado. Con todo, las diferencias son menores y en todas las categorías de ideología es muy mayoritaria la referencia al crecimiento de los precios.

En coherencia con el protagonismo que los encuestados otorgan a la inflación como determinante de la opinión pública sobre la economía, la gran mayoría, un 85%, piensa que la subida de los precios está afectando mucho (31%) o bastante (54%) a la economía de su hogar (gráfico 6a). De nuevo, no cabe imaginar mucha variación en un consenso tan amplio, aunque ese porcentaje es algo menor en los mayores (72%) (gráfico 6b) y, como también cabía esperar, cae algo a medida que crecen los ingresos del hogar (gráfico 6c), pero no mucho (del 94% en el tramo inferior al 70% en el tramo superior). Lo más interesante es que una opinión sobre los determinantes de la situación económica del hogar también varíe, aunque levemente, según la adscripción ideológica del entrevistado (gráfico 6e), de tal modo que el porcentaje que cree que le está afectando mucho o bastante la inflación es algo menor en la izquierda (alrededor del 75%) y mayor en el centro y la derecha (alrededor del 90%).


Quienes se sienten muy o bastante afectados por la inflación señalan, sobre todo, dos categorías de gasto en las que se ven más afectados. Se trata de los gastos en alimentación, que menciona un 93% (79% en primer lugar), y los gastos en los varios suministros energéticos (luz, gas, gasolina…), que cita un 74% (14% en primer lugar) (gráfico 7). Las demás categorías propuestas apenas son citadas: un 12% menciona el ocio y la cultura; un 9%, la ropa y el calzado; y un 7%, el transporte.


Estos resultados vuelven a presentar una opinión pública reticente a adoptar un discurso triunfalista sobre el crecimiento de la economía española, tal como revela un clima de opinión similar al del año pasado o, si cabe, ligeramente más pesimista. Las perspectivas para el futuro inmediato siguen siendo poco halagüeñas y la valoración de la situación económica del hogar también reproduce este patrón ligeramente más sombrío. En la base de esta percepción ciudadana está, de forma muy mayoritaria, la inflación, cuya incidencia sobre los bienes esenciales, alimentación y energía, al menos a juicio de los entrevistados, continúa erosionando la capacidad adquisitiva y alimentando la sensación de distancia entre las buenas cifras macroeconómicas y la experiencia cotidiana de los hogares.

Ficha técnica de la IV Encuesta Funcas de Navidad

UNIVERSO: residentes en territorio nacional peninsular e insular (18-75 años) • TAMAÑO MUESTRAL: 1.201 entrevistas • TÉCNICA DE ENTREVISTA: entrevista online a través de Emop (panel online de Imop) • SELECCIÓN DE LA MUESTRA: selección aleatoria entre los panelistas de Emop que cumplan las características definidas para la investigación • TRABAJO DE CAMPO: del 27 de noviembre al 10 de diciembre de 2025 • MARGEN DE ERROR DE MUESTREO: ±2,9 puntos porcentuales para p=q=50 % y un nivel de significación del 95% para el conjunto de la muestra en el supuesto de muestreo aletorio simple • MÉTODO DE PONDERACIÓN: los datos se ponderaron por las variables “sexo x edad” (2 x 6 grupos), comunidad autónoma (7 grupos), nivel de estudios (5 grupos) y religiosidad (7 opciones, barómetros del CIS) • INSTITUTO RESPONSABLE DEL TRABAJO DE CAMPO: IMOP Insights, S.A.

Leer más
persistencia-de-las-tradiciones-navidenas

Persistencia de las tradiciones navideñas

Por cuarto año
consecutivo, Funcas ha realizado su Encuesta de Navidad, un estudio llevado a
cabo online entre el 27 de noviembre y el 10 de diciembre con una
muestra de 1.201 residentes en España de 18 a 75 años[1].
Esta edición ofrece un panorama de cómo la sociedad se aproxima hoy en día a
las celebraciones navideñas, qué sentido les atribuye y qué prácticas mantiene,
así como sobre el papel que desempeñan factores como la familia y la
religiosidad en la configuración de esa vivencia.

La palabra
ágape, en su origen griego (άγάπη), designaba el amor fraterno y desinteresado.
En el cristianismo primitivo pasó a nombrar las comidas comunitarias que
fomentaban la cohesión del grupo, de donde proviene el significado posterior de
ágape como banquete o comida festiva, con connotaciones de fraternidad o
celebración. No sorprende, por tanto, que las fiestas navideñas sigan
articulándose en torno a comidas, cenas y encuentros festivos, concebidos,
fundamentalmente, como momentos para reunirse en familia, y que sea la
situación familiar la que condicione, en gran medida, cómo se vive y se
“practica” la Navidad.

Los residentes en España pasan en familia los dos principales ágapes tradicionales navideños, la cena de Nochebuena y la comida del día de Navidad. En el caso de la Nochebuena, un 44% la pasará con familiares con los que convive normalmente y un 59%, alternativa o complementariamente, con familiares con quienes no convive habitualmente. Muy pocos mencionan a amigos (4%) u otras personas (1%). Y muy pocos, también, van a cenar solos (2%) o solos con su pareja (6%) (gráfico 1). Supone este un patrón muy consolidado, casi sin variaciones en los últimos cuatro años. En la comida de Navidad, la distribución de los entrevistados según la compañía que tendrán es casi idéntica a la correspondiente a la cena de Nochebuena, y tampoco ha cambiado apreciablemente en los últimos años (gráfico 1).


El papel fundamental de la familia en las celebraciones navideñas lo explicitan los encuestados cuando, en una muy amplia mayoría, entienden las navidades, ante todo, como unas celebraciones de carácter familiar. El 80% así lo declara en primer o en segundo lugar, con un 56% que las ve así en primer lugar. A continuación las ven como unas fiestas de carácter comercial (53%), como un periodo de vacaciones (32%) o como unas fiestas con significado religioso (30%) (gráfico 2). De la comparación de estos datos con los procedentes de una pregunta con la misma formulación de una encuesta del CIS de diciembre de 2017 se deduce una considerable estabilidad en la vivencia de la Navidad[2]. Entonces, un 83% afirmaba vivir estas celebraciones como unas fiestas de carácter familiar.


Los entrevistados que conviven con niños menores de 10 años resaltan más el carácter familiar de las navidades (92%), y lo hacen menos quienes viven solos (68%) (gráfico 3). Que la disponibilidad de redes sociales condiciona en gran medida la vivencia de las navidades se plasma también en que declaran un menor carácter familiar quienes prevén pasar la Nochebuena o la Navidad en soledad (el 38% y el 54% respectivamente). La mención al carácter familiar de las navidades es asimismo algo más frecuente entre los católicos.


Por su parte, el significado religioso destaca, sobre todo, entre quienes se identifican como católicos, especialmente en los practicantes (el 76% lo menciona como primera o segunda opción). En cambio, la referencia al carácter comercial de las navidades crece marcadamente con la edad, y acaba superando el 60% en los mayores de 55 años.

Esta imagen de unas fiestas esencialmente familiares coincide con la percepción que tienen los encuestados sobre cómo se celebra hoy la Navidad en España: el 51% cree que predomina su carácter familiar y el 39%, que son fiestas fundamentalmente comerciales (gráfico 4). Muy por detrás se sitúa la idea de que se viven como un periodo vacacional (9%). El componente religioso parece notablemente infraestimado, pues solo un 2% de los encuestados lo menciona en referencia a cómo se viven estas fiestas en España, mientras que un 12% lo menciona en primer lugar al referirse a su propia vivencia.

La influencia del entorno familiar y la religiosidad en la experiencia navideña se refleja también en la ilusión que despierta entre los encuestados. El 49% afirma que las próximas fiestas le ilusionan mucho o bastante, un porcentaje que parece interrumpir, al alza, la tendencia decreciente observada en las encuestas navideñas que Funcas ha llevado a cabo desde 2022 (gráfico 5).


La presencia de niños en el hogar parece un factor determinante de la ilusión, puesto que el 61% de quienes viven con menores de 10 años declara estar muy o bastante ilusionado con la celebración de las próximas navidades, frente al 46% en los hogares sin niños (gráfico 6). La expresión de ilusión disminuye de forma notable entre quienes viven solos y entre quienes pasarán solos la Navidad o la Nochebuena[3] y también, muy claramente, al igual que se observaba en las encuestas de los años precedentes, con la edad.


Los ingresos del hogar también guardan cierta relación con la ilusión por las navidades, aunque las diferencias se marcan solo en los extremos. Es menor en hogares con ingresos hasta 1.500 euros (37%), se estabiliza en torno al 50% en los tramos intermedios y vuelve a aumentar en los hogares con más de 4.000 euros (63%)[3]. La religiosidad, como cabía esperar, también marca diferencias. Entre los católicos practicantes, el 73% se declara muy o bastante ilusionado, frente al 40% de los agnósticos y el 37% de los ateos (gráfico 6).

La forma en que los encuestados describen sus celebraciones navideñas encuentra un claro correlato en las costumbres que mantienen en sus hogares. A la luz de los datos de la encuesta de Funcas de 2025, un 74% de los entrevistados afirma que en su hogar se mantiene la tradición de poner el árbol de Navidad (gráfico 7). Esta cifra se aproxima mucho a la procedente de la encuesta del CIS ya citada, de diciembre de 2017, en la que un 71% de los entrevistados declaraba que solía poner el árbol u otros adornos navideños, lo que apunta a la continuidad en esta tradición.


Las tradiciones más asociadas a la religiosidad son menos frecuentes que la de poner el árbol de Navidad. En 2025, un 46% afirma que en su hogar se sigue la tradición de poner el belén, pero solo un 24% cita la de cantar villancicos en familia, y aún menos las de colocar símbolos religiosos (15%), asistir a la misa del gallo o a otras misas o celebraciones religiosas (11%) o rezar en familia (4%) (gráfico 7). Son pocos, aunque no en una proporción insignificante (17%), quienes declaran no mantener ninguna de las tradiciones anteriores.

En comparación con los datos de 2017, se mantiene, ligeramente a la baja, la tradición de poner el belén, pues entonces lo hacía el 50%, pero cae con relativa claridad la de asistir a celebraciones religiosas, habitual en un 22% de los entrevistados en 2017 y solo en el 11% en 2025, en correspondencia con la tendencia generalizada a la caída en las prácticas religiosas.

En la actualidad, el seguimiento de
esas tradiciones tiene que ver, en buena medida, con que haya niños pequeños en
el hogar y con la religiosidad. Todas las tradiciones consideradas son más
frecuentes si los entrevistados conviven con niños menores de 10 años (gráfico
7). De estos, pone el belén el 60%, frente al 40% del resto. Incluso, aunque la
tradición del árbol de Navidad está tan extendida, es aún más frecuente entre
quienes conviven con niños pequeños (95%) que en el resto (70%). Lo mismo
ocurre con las costumbres de cantar villancicos, con porcentajes respectivos de
47 y 20%, y de decorar la casa con símbolos religiosos (26 y 13%,
respectivamente). Lo más llamativo es que la presencia de menores también marca
diferencias en la tradición de asistencia a celebraciones religiosas (18 y 9%)
y, de manera algo menos llamativa, en la de rezar en familia (7 y 3%).

Por otra parte, todas las tradiciones
consideradas son más frecuentes en los entrevistados católicos, especialmente
entre quienes se ven como católicos practicantes (gráfico 7). La divisoria
practicantes y no practicantes es muy notable, sobre todo, en la asistencia a
celebraciones religiosas (54% frente a 5%), rezar en familia (19% frente a 1%)
y en la decoración religiosa (54% frente a 15%).

Con todo, la frecuencia de cualquiera
de las tradiciones consideradas siempre es mayor en los católicos no
practicantes que entre quienes no se identifican con ninguna religión o se
identifican con una no católica. La única que refleja diferencias menores es la
de poner el árbol de Navidad, que es claramente mayoritaria también entre
indiferentes, agnósticos y ateos (alrededor de dos tercios de cada grupo), e
incluso entre creyentes de otras religiones (56%), entre los que también hay
cristianos (gráfico 7).

Una última tradición, en este caso claramente secular, es la de tratar que las comidas y las cenas navideñas transcurran en paz, en la medida de lo posible. Así lo sugiere el que más o menos la mitad de los entrevistados, un 48%, considere conveniente evitar algún tema de conversación en esas comidas y cenas, una cifra que apenas ha cambiado desde 2022 (gráfico 8). Casi podría calificarse también de tradicional que los temas que con más frecuencia se quieren evitar sean los mismos: política, temas familiares delicados o religión. En 2025, entre quienes creen conveniente evitar algún tema de conversación, hasta un 87% se refiere a la política, cifra muy similar a las registradas en 2023 (84%) y 2022 (80%), si bien alguien podría imaginar una tendencia al alza (gráfico 8).


Las menciones a la religión, sin embargo, aun moviéndose en niveles similares a los del pasado, parecerían a la baja: 24% en 2025, 32% en 2023, 27% en 2022. El porcentaje de referencia a temas familiares delicados, un 41%, también sería algo inferior a los registrados en 2023 (50%) y 2022 (51%). Otros temas parecen evitarse poco. Es del caso de los estudios (3% de menciones en 2025), el trabajo (7%) y el fútbol, aunque, en este caso, el porcentaje que lo menciona, un 15%, vuelve a ser, como el de 2023 (14%), superior al obtenido en 2022 (7%) (gráfico 8).

En definitiva, la IV Encuesta Funcas de Navidad retrata unas celebraciones que mantienen una notable continuidad en sus significados y prácticas. Para una parte menor, pero significativa, la religiosidad continúa marcando la manera de vivir la Navidad. Para una amplia mayoría, la familia sigue siendo el eje sobre el que se configuran las fiestas, la referencia para organizar las celebraciones, repetir tradiciones y dotar de sentido a estas fechas.

Ficha técnica de la IV Encuesta Funcas de Navidad

UNIVERSO: residentes en territorio nacional peninsular e insular (18-75 años) • TAMAÑO MUESTRAL: 1.201 entrevistas • TÉCNICA DE ENTREVISTA: entrevista online a través de Emop (panel online de Imop) • SELECCIÓN DE LA MUESTRA: selección aleatoria entre los panelistas de Emop que cumplan las características definidas para la investigación • TRABAJO DE CAMPO: del 27 de noviembre al 10 de diciembre de 2025 • MARGEN DE ERROR DE MUESTREO: ±2,9 puntos porcentuales para p=q=50 % y un nivel de significación del 95% para el conjunto de la muestra en el supuesto de muestreo aletorio simple • MÉTODO DE PONDERACIÓN: los datos se ponderaron por las variables “sexo x edad” (2 x 6 grupos), comunidad autónoma (7 grupos), nivel de estudios (5 grupos) y religiosidad (7 opciones, barómetros del CIS) • INSTITUTO RESPONSABLE DEL TRABAJO DE CAMPO: IMOP Insights, S.A.


[1] Véase la ficha
técnica de la encuesta al final de esta entrada. La información sobre las
encuestas previas puede encontrarse en los siguientes enlaces: I
Encuesta Funcas de Navidad (2022)
; II
Encuesta Funcas de Navidad (2023)
; III
Encuesta Funcas de Navidad (2024)
.

[2] Estudio 3.199 del CIS.
Elaboración propia con el fichero de microdatos, seleccionando la muestra de 18
a 75 años.

[3] Datos disponibles, aunque no
presentados.

Leer más
malestar-en-tiempos-de-crecimiento:-la-opinion-publica-sobre-la-economia-en-espana

Malestar en tiempos de crecimiento: la opinión pública sobre la economía en España

Comparte esta entrada



A pesar del crecimiento del PIB, el debate sobre la salud de la economía española está lejos de estar cerrado. Es verdad que el PIB y el empleo crecen a buen ritmo, pero la valoración es menos positiva cuando se trata de la evolución del PIB per cápita, la de la productividad y la de la renta real de los hogares.  En este contexto, aunque es central la discusión de los indicadores oficiales habituales, también lo es conocer cómo percibe la sociedad la situación económica para aterrizar el debate y acercarlo a la experiencia de la gente. Con este propósito se ha llevado a cabo, en mayo de 2025, la Encuesta Funcas sobre Economía y Finanzas del Hogar. Sus datos aportan una radiografía muy valiosa de cómo percibe la ciudadanía la situación económica de España y de sus propios hogares, así como de los factores que moldean esa percepción. Realizada de forma online y telefónica a una muestra de 1.200 individuos representativa de la población adulta residente en España, la encuesta recoge opiniones sobre la evolución la situación económica del país y de los hogares, los salarios, los impuestos y el impacto de las políticas públicas, entre otras cuestiones clave (informe completo aquí).

El análisis de la encuesta evidencia que la mejora del PIB no ha calado en la opinión pública. El 55 % de los encuestados considera que la economía nacional está peor que antes de la pandemia, y solo el 20 % cree que ha mejorado (gráfico 1). Por su parte, aunque casi la mitad percibe la situación económica de su hogar como similar a la previa a la pandemia (44 %), quienes ven un empeoramiento (34 %) superan claramente a quienes creen que ha mejorado (22 %) (gráfico 2). Son menos, en todo caso, los que opinan que la economía de su hogar ha empeorado que los que opinan así de la del país. Por otra parte, cuatro de cada diez entrevistados (40 %) reconocen dificultades para llegar a fin de mes y casi un 75 % afirma ahorrar menos de lo que desearía o, directamente, no poder ahorrar. En definitiva, el crecimiento económico no se traduce en una percepción de mejora en la vida cotidiana de amplios sectores sociales, al menos tal como lo expresan en la encuesta.


La inflación se presenta como la principal causa de malestar a través de sus efectos en el poder adquisitivo. Al juicio negativo sobre el crecimiento de los salarios —un abrumador 90% cree que está por debajo del aumento de los precios—, se suma la percepción de una mayor presión fiscal que la de antes de la pandemia, opinión compartida por un 70%. 

La encuesta revela que la autoubicación ideológica de los encuestados es un factor principal en la interpretación de la situación económica. Las valoraciones más positivas se concentran en las posiciones más a la izquierda, mientras que en el centro y la derecha predominan las negativas. Esta polarización se traslada a la atribución de responsabilidades a las políticas públicas, bien como causa de la mejora de la economía, para unos, como de su deterioro, para otros. 

En todo caso, la influencia de la autoubicación ideológica en la interpretación de la situación económica no excluye la relevancia, bastante sistemática, de otros factores, como la edad, el nivel de ingresos o la composición del hogar. Esto sugiere que las condiciones, digamos, objetivas de la vida también modelan los juicios subjetivos. En cualquier caso, la preocupación por la pérdida o por la ausencia de mejora del bienestar es transversal y se refleja en un amplio consenso sobre el deterioro del poder adquisitivo, el encarecimiento del coste de la vida y el incierto futuro de las generaciones más jóvenes. Destacan por unos juicios medios especialmente negativos los jóvenes y la población cuyas edades están asociadas a la crianza de hijos, sobre todo quienes viven con niños pequeños.

Más allá del diagnóstico inmediato, los resultados invitan a reflexionar, una vez más, sobre la relación entre los indicadores económicos y la percepción social. La aparente desconexión entre los positivos datos macroeconómicos y la experiencia cotidiana de muchos hogares nos advierte de la necesidad de usar múltiples indicadores, además del crecimiento del PIB, para evaluar los resultados de la vida económica. Los datos aquí presentados apuntan a que la opinión pública evalúa la marcha de la economía desde el bolsillo, pero también desde sus marcos ideológicos, sus expectativas personales y su grado de confianza en las instituciones. 

Comparte esta entrada



Leer más
la-sociedad-no-percibe-el-progreso-de-la-economia-espanola-en-2024

La sociedad no percibe el progreso de la economía española en 2024

De cumplirse las últimas estimaciones de crecimiento económico publicadas por Funcas, España cerrará este año con un aumento anual del 3% del PIB, una cifra tres décimas superior a la de 2023 y que la sitúa a la cabeza de las economías europeas que más crecen en 2024. Sin embargo, según la III Encuesta Funcas de Navidad (2024)[1], solo el 20% de una muestra de 1.500 españoles (de 18-75 años) califica el año 2024 como un buen año en lo económico para España, mientras que un 50% lo ve como regular y hasta un 30% cree que ha sido un mal año (gráfico 1). Estos resultados confirman que la sensación de malestar económico que se arrastra desde la crisis asociada a la pandemia se ha despejado solo parcialmente en la opinión pública. A fin de cuentas, en 2023 el PIB per cápita en términos reales apenas había superado ligeramente los niveles previos a la pandemia, un comportamiento similar al del consumo individual[2].

Entre las mujeres, la proporción que ven 2024 como un año bueno en cuestiones económicas es inferior a la de los hombres (del 17% frente al 23%), aunque son los jóvenes quienes más severamente lo juzgan: solo el 7% de los encuestados de 18 a 24 años afirma que 2024 ha sido un buen año (gráfico 1). Las diferencias de opinión por edades reflejan quizá lo ocurrido en los últimos lustros, en los que los ingresos de las personas mayores han crecido significativamente más que los de los jóvenes, además, en el contexto de un debate público que presenta el futuro laboral y personal de las nuevas generaciones como especialmente incierto. De hecho, se observa un claro gradiente por edad del juicio sobre 2024, de forma que la valoración positiva crece con los años, aunque ni siquiera llega a ser mayoritaria en el grupo de 65 a 75 (33%).  


Sin embargo, la evaluación es más positiva cuando los encuestados piensan en cómo ha sido 2024 para ellos y sus hogares. La mayoría (53%) lo ve como regular, pero quienes lo consideran bueno (37%) son bastantes más que quienes lo perciben como malo (10%), al contrario que lo que sucede respecto a la situación económica del país (gráfico 2). En este caso, las diferencias por edad son mucho menos acusadas, lo que sugiere que, aunque el pesimismo de los jóvenes sobre la situación del país puede tener causas personales, refleja en gran medida un malestar colectivo. 


De cara a 2025, los sentimientos sobre la economía española son solo algo más positivos. El 25% de los encuestados cree que será un buen año para España en el terreno económico, pero casi el mismo porcentaje (27%) opina lo contrario. En todo caso, la mayoría (49%) anticipa un año “regular” (gráfico 3). También en este aspecto son las mujeres menos optimistas que los hombres, siendo inferior entre ellas el porcentaje que cree que 2025 será un buen año (21 y 28%, respectivamente). Nuevamente, los jóvenes de 18 a 24 años destacan por su escaso optimismo: apenas un 13% cree que el 2025 será un buen año en el terreno económico. 


Son reveladoras del estado de la opinión pública las diferencias que se observan teniendo en cuenta el posicionamiento de los entrevistados en la escala ideológica de izquierda a derecha. Mientras que la autoubicación ideológica apenas influye en la evaluación de la situación económica propia (gráfico 2), sí se relaciona con la valoración de la situación de la economía española en 2024 y con las perspectivas para 2025 (gráficos 1 y 3). Las diferencias entre el segmento situado más a la izquierda (posiciones 1 a 4) y el situado más a la derecha (7 a 10) son grandes: en la izquierda el juicio sobre la situación económica de 2024 y sobre el futuro tiende a ser positivo; en la derecha tiende a ser negativo. Quizá lo más interesante sea que también en las posiciones centrales (5 y 6) son más frecuentes las opiniones negativas sobre 2024 que las positivas (el 9% lo considera un año bueno y el 36%, un año malo), al igual que para 2025 (el 14% cree que será un año bueno y el 34% un año malo).

El clima de emociones que se desprende de las respuestas acerca de 2024 y 2025 en términos económicos no es precisamente de optimismo e ilusión, dos sentimientos que asociamos con las Navidades. Lo cierto es que, según la encuesta, una parte significativa de la población no muestra mucho entusiasmo ante estas Navidades: a más de la mitad (56%) les genera poca o ninguna ilusión, una cifra más alta que la registrada en la encuesta de 2023 (47%) y aún más que la de 2022 (43%) (gráfico 4). 


Sin diferencias significativas por sexo, las variaciones en el entusiasmo navideño son evidentes cuando se tiene en cuenta la edad. A pesar del pesimismo entre los jóvenes que se desprende de las opiniones sobre la situación económica, son ellos los que manifiestan un mayor grado de ilusión por las celebraciones navideñas (gráfico 5a). El porcentaje de “poco entusiastas” con la Navidad, es decir, el de quienes afirman sentir poca o ninguna ilusión por estas celebraciones, alcanza al 61% de los mayores de 64 años, pero solo al 41% de los entrevistados de 18 a 24 años y a 42% de los de 25 a 34). Tal y como ya se desprendía de los resultados de la encuesta de 2023, el papel de la familia es fundamental en la vivencia de las celebraciones navideñas, algo que se refleja, de nuevo, en 2024, por ejemplo, en la relación entre la ilusión manifestada y el tamaño del hogar: entre quienes viven solos y quienes residen en hogares de tres o más miembros, la diferencia en los porcentajes de poco o nada ilusionados es de 14 puntos (66% frente a 52%) (gráfico 5b).


La relación entre la perspectiva de pasar las Navidades en familia y la ilusión con que se afrontan estas fiestas queda también claramente reflejada en esta encuesta. Una abrumadora mayoría de quienes aún no sabían con quién pasarían la Nochebuena en el momento de la encuesta (84%) y de quienes anticipaban pasarla en soledad (90%) manifestó tener poca o ninguna ilusión por las celebraciones (gráfico 5c). Además, reunirse con personas con las que no se convive se relaciona con un mayor entusiasmo navideño. Por otro lado, la práctica religiosa también se asocia con la actitud hacia estas celebraciones. Los católicos practicantes muestran un mayor nivel de ilusión: solo uno de cada tres declara sentir poca o ninguna ilusión por las Navidades (gráfico 5d). La diferenciación política y de estilos de vida también parece influir en cómo se perciben estas fiestas. Entre quienes se identifican con las posiciones más a la izquierda (1 y 2 en la escala del 1 al 10) del espectro político, siete de cada diez manifiestan sentir poca o ninguna ilusión por las Navidades, mientras que esa proporción desciende a niveles cercanos a cinco de cada diez entre los ubicados en el centro y la derecha (gráfico 5e).

En este contexto de limitado entusiasmo y relativa preocupación económica, los deseos para 2025 (recogidos en una pregunta abierta con una única respuesta posible) tienden a centrarse en lo individual (o próximo) y lo tangible. Entre las palabras más elegidas por los encuestados destaca muy claramente la salud (mencionada por un 31%), acompañada de la tranquilidad (4%), el trabajo (3%) y el dinero (2%), quedando en un segundo plano metas colectivas o relacionadas con el entorno social, tales como la paz (18%) y la prosperidad (3%) (gráfico 6). En términos relativos, entre los jóvenes son menos frecuentes las alusiones a la salud, pero más a la paz, la felicidad y la prosperidad y, con diferencia, el amor. En definitiva, aunque los jóvenes se muestran especialmente pesimistas en lo económico, su mayor entusiasmo por las celebraciones navideñas y su mayor preferencia por deseos más emocionales y colectivos, como la paz, la felicidad y, especialmente, el amor, reflejan la energía y vitalidad propias de su edad, a pesar de tener que desenvolverse en un contexto especialmente adverso para ellos. 

[1] Véase la ficha técnica al final de este texto. 

[2] En euros de 2020, el PIB per cápita fue de 26.930 en 2019 y de 27.150 en 2023. Las cifras respectivas para el consumo individual son 18.290 y 18.300 euros. Fuente: Eurostat, Main GDP aggregates per capita [nama_10_pc]. 


Ficha técnica de la III Encuesta Funcas de Navidad (2024)

UNIVERSO: residentes en territorio nacional peninsular e insular con nacionalidad española (18-75 años) • TAMAÑO MUESTRAL: 1.500 entrevistas. • TÉCNICA DE ENTREVISTA: entrevista online a través de Emop (panel online de Imop). • SELECCIÓN DE LA MUESTRA: selección aleatoria entre los panelistas de Emop que cumplan las características definidas para la investigación. • TRABAJO DE CAMPO: del 29 de noviembre al 13 de diciembre de 2024. • MARGEN DE ERROR DE MUESTREO: ±2,6 para p=q=50 % y un nivel de significación del 95 % para el conjunto de la muestra. • MÉTODO DE PONDERACIÓN: los datos se ponderaron por las variables “sexo x edad” (2 x 6 grupos), comunidad autónoma (7 grupos), nivel de estudios (5 grupos) y número de habitantes de la localidad de residencia (4 grupos) • INSTITUTO RESPONSABLE DEL TRABAJO DE CAMPO: IMOP Insights, S.A.

Leer más
el-acoso-escolar-desde-la-perspectiva-de-las-madres-y-los-padres:-experiencias,-reacciones-y-temores

El acoso escolar desde la perspectiva de las madres y los padres: experiencias, reacciones y temores

Las encuestas que indagan en el fenómeno del acoso escolar suelen dirigirse a los estudiantes1. Sin duda, su perspectiva sobre el fenómeno —sea como víctimas, perpetradores o testigos más o menos conscientes— es central en el estudio del acoso escolar, pero también lo es la de sus madres y padres, al fin y al cabo, los máximos responsables del bienestar de sus hijos. Son ellas y ellos quienes, en muchos casos, reciben noticia, directa o indirectamente, de los episodios de acoso que sufren sus hijos y también quienes, ante la sospecha o la evidencia de tales episodios, pueden tomar medidas decisivas, como las de solicitar al centro educativo la activación de los protocolos de acoso escolar o cambiar a sus hijos de colegio o instituto. Es, por tanto, importante obtener información sobre las percepciones, actitudes y comportamientos que genera el acoso escolar entre las madres y los padres de niños y adolescentes. Así lo ha hecho una reciente encuesta online de Funcas, realizada en septiembre de 2024 sobre una muestra de 1.200 madres y padres de estudiantes de Educación Secundaria Obligatoria (ESO). 

El primer resultado destacable es la proporción de encuestados que creen que su hijo/a ha sido objeto de acoso escolar durante el pasado curso académico (2023/24)2. Cree, claramente, que lo ha sido un 7%, aunque cuando se añade a quienes lo consideran “probable”, el porcentaje se eleva al 15% (Gráfico 1a). No se aprecian diferencias ostensibles entre las respuestas que dan los padres y las que dan las madres; tampoco el sexo del hijo influye a este respecto (Gráfico 1b). Sin embargo, sí difieren las respuestas de los encuestados que afirman tener dificultades para llegar a fin de mes (“no consiguen llegar” o “llegan justos”) y de los que ahorran: entre los primeros, el porcentaje de quienes creen (“claramente” o “probablemente”) que su hijo/a ha sido objeto de acoso asciende al 19%, 10 puntos más que entre los segundos (Gráfico 1c). En cambio, la titularidad del centro en el que estudia el hijo o la hija por la que pregunta la encuesta no influye en esta cuestión: con independencia de que el centro sea público o privado (concertado o no), los porcentajes de encuestados que creen que su hijo/a ha sido acosado/a rondan el 15% (Gráfico 1d).


Entre los encuestados que creen “claramente” que sus hijos han sufrido acoso escolar, la mayoría de ellos concreta esta mala conducta en “insultos y/o burlas” (79%), pero más de la mitad (57%) señala que su hijo/a ha sufrido “aislamiento y/o exclusión”. En comparación con estas conductas, la violencia física resulta mucho menos frecuente (la señala el 18% de los encuestados). Aún más infrecuentes son los “comentarios y/o actos de tipo sexual”, que menciona el 14% (Gráfico 2).

Hasta donde los encuestados saben, las agresiones de las que su hijo/a ha sido objeto han tenido mayoritariamente lugar en el centro educativo o sus inmediaciones. Contestan en ese sentido casi siete de cada diez de encuestados (68%), mientras que una cuarta parte (26%) indica que el acoso se desarrolló tanto en esos espacios como a través de internet o aplicaciones de mensajería (Gráfico 3). No puede excluirse, en todo caso, la posibilidad de que las madres y los padres subestimen el uso de las redes sociales como vehículo de acoso escolar.


Casi todos los encuestados que creen que su hijo/a ha sido claramente víctima de acoso escolar en el curso 2023/24 (94%) contestan afirmativamente a la pregunta sobre si han comunicado la situación al centro escolar. En más de un tercio de estos casos (36%) declaran haber obtenido una respuesta rotunda del centro, que consideró que la información aportada era suficientemente grave como para activar el correspondiente protocolo de acoso. La dificultad de resolución de algunos casos se pone de relieve cuando se considera que, finalmente, hasta una cuarta parte (24%) de los padres tomó una decisión radical: cambiar de colegio al hijo o la hija que, según pensaban, había sido objeto de acoso.

Con todo, más de cuatro de cada diez encuestados (44%) que en el curso 2023/24 han albergado el convencimiento de que su hijo/a había sido acosado en la escuela declaran temer “mucho” o “bastante” que vuelva a serlo en el curso 2024/25. Este temor está mucho menos extendido entre quienes no creen que su hijo/a haya sufrido (“claramente”) acoso el pasado curso: solo el 12% expresa “mucho” o “bastante” temor a que sea acosado en el curso actual. 

En una sociedad con cada vez menos niños, el esfuerzo y la dedicación de las familias por asegurar el cuidado y bienestar de sus hijos se intensifica, consolidándose como norma social la expectativa de la infancia como un periodo de máxima  seguridad y protección. Para las madres y los padres adquiere especial importancia todo lo que sucede a sus hijos en cualquier espacio, y especialmente en aquellos sobre los que carecen de control o este es solo limitado. Es el caso de la escuela, en la que delegan a docentes y gestores educativos el cuidado de sus hijos a lo largo de muchos años, muchos meses al año y no pocas horas al día. Estudios recientes han puesto de relieve los efectos traumáticos y duraderos del acoso escolar en el bienestar emocional y psicológico3. Otros han recopilado evidencias que indican un aumento de la prevalencia de este fenómeno en los últimos años4. Desde luego, los temores que expresan muchas madres y muchos padres a través de diversos cauces, como el ofrecido por la encuesta Funcas aquí expuesta, pueden considerarse “reales”, aun cuando, por su volumen,  no ofrecen respaldo al argumento, sugerido en ocasiones por contenidos publicados en medios de comunicación y redes sociales, de que el acoso social es un problema social ampliamente extendido en nuestro sistema educativo.

Ficha técnica de la encuesta

• Trabajo de campo: del 6 al 24 de septiembre de 2024.

• Ámbito: territorio nacional peninsular e insular.

• Universo: padres y madres que convivan regularmente (durante al menos la mitad del mes) con algún hijo que estuviese matriculado en ESO o FP Básica en el curso 2023-2024.

• Selección de la muestra: panel de Imop y de Netquest. En ambos casos se realizó una selección aleatoria entre los panelistas que cumplían las características definidas para la investigación. El control del estudio depende de IMOP Insights.

• Tamaño muestral: 1.201 entrevistas (planificadas 1.200).

• Técnica: entrevista online a través de Emop (panel online de Imop).Margen de error de muestreo: ±2,9 para p=q=50% y un nivel de significación del 95% para el conjunto de la muestra.

• Método de ponderación: los datos se ponderaron por las variables:

— Sexo x edad (2 x 2 grupos)

— Comunidad Autónoma (7 grupos)

— Tamaño de municipio (4 grupos)

— Nivel de estudios (3 grupos)

• Instituto responsable del trabajo de campo: IMOP Insights, S.A.

 1 Véase, por ejemplo, Díaz Aguado, M.J., Martínez-Arias, R., Díaz Falcón, L., Alvariño, M. (2023). Acoso escolar y ciberacoso en España en la infancia y en la adolescencia (Informe del estudio realizado por la Unidad de Psicología Preventiva de la Universidad Complutense de Madrid, por impulso de la Fundación ColaCao, en colaboración con las Consejerías de Educación de 15 Comunidades Autónomas). Madrid: Fundación ColaCao.

 2 A los encuestados que afirmaron tener más de un hijo/a en la ESO, se les pidió que refirieran las preguntas del cuestionario a uno/a de ellos, seleccionado/a aleatoriamente por la aplicación del cuestionario.

 3 Véase el recientemente publicado estudio: Connaughton, M., Mitchell, O., Cullen, E. et al. (2024) Bullying and early brain development: A longitudinal structural magnetic resonance imaging study from adolescence to early adulthood, bioRxiv 2024.09.11.611600.

 4 Véase García-Martínez, S. y García-Zabaleta, E. (2024). El acoso escolar en España: revisión y análisis de los protocolos de actuación por comunidades autónomas, Contextos educativos, 33: 193-217. 

Leer más
apagar-un-cigarrillo-para-encender-otro:-los-jovenes-fuman-menos-tabaco,-pero-vapean-mas

Apagar un cigarrillo para encender otro: los jóvenes fuman menos tabaco, pero vapean más

Este año, el Día Mundial Sin
Tabaco tiene como protagonistas a los niños y los jóvenes. Así se advierte en la página web de la
Organización Mundial de la Salud
,
donde se les anima a que den un paso al frente y defiendan políticas que les
protejan mejor ante el consumo del tabaco (#TobaccoExposed). Esta llamada
resulta muy oportuna, toda vez que, en la discusión sobre los riesgos sociales
a los que están expuestos los niños y adolescentes, ha adquirido tanta
importancia el impacto de las pantallas y las redes sociales, que otros
riesgos, como el del consumo de sustancias adictivas, parecen haber pasado a
segundo plano. La preocupación por los “riesgos de última generación” no
debería desplazar del interés público y del análisis social estos otros riesgos
más “tradicionales”, entre los que el consumo de tabaco ocupa un lugar
destacado. El tabaquismo entre los jóvenes adquiere especial relevancia dada su
particular vulnerabilidad a la adicción a la nicotina y a los efectos adversos
del tabaco[1].

A este respecto, los datos sobre el consumo juvenil de tabaco en España indican algunos éxitos reseñables. En efecto, las Encuestas sobre el Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias (ESTUDES)[2] han puesto de manifiesto la significativa reducción del consumo de tabaco entre los jóvenes de 14 a 18 años a lo largo de las últimas tres décadas. A mediados de los años noventa, un tercio de los jóvenes de esas edades había consumido tabaco “en los últimos 30 días” (32,5 %). En 2023, los que así lo declaraban apenas superaban una quinta parte (21 %).  La reducción cobra mayor relieve si se compara con la evolución del consumo de otras drogas como el alcohol y el cannabis, sustancias cuyo consumo no ha mantenido esa misma tendencia constante a la baja durante este periodo (Gráfico 1).


La caída del consumo de tabaco entre la población de 14 a 18 años es todavía más intensa si se atiende al consumo diario: la proporción de quienes reconocen fumar tabaco todos los días (7,5 %) representa en 2023 casi un tercio de la observada en 1996 (23,7 %) (Gráfico 2). De nuevo, la evolución del consumo diario de tabaco resulta claramente más positiva que la del consumo de alcohol o de cannabis, sustancias cuyo uso diario, en todo caso, se halla menos extendido que el del tabaco.


Al analizar la evolución de los datos sobre consumo de tabaco, llama asimismo la atención la mayor prevalencia entre las estudiantes a lo largo de todo el periodo observado (1996-2023). Si bien ellas fuman de media menos cigarrillos que ellos, presentan, año tras año, un porcentaje más alto de consumo de tabaco (al contrario de lo que sucede en la población general)[3]. Sin embargo, la caída más rápida del consumo de tabaco entre las estudiantes de secundaria ha contribuido a acortar las diferencias de género. En 1996, el 38,1 % de ellas habían consumido tabaco “en los últimos 30 días”, en comparación con el 26,2 % de ellos, una diferencia de 12 puntos porcentuales (Gráfico 3). En 2023, esta brecha se había reducido a cuatro puntos porcentuales, con un 23,3 % de consumo entre las mujeres frente al 18,9 % entre los hombres. En cuanto al consumo diario, la reducción de las diferencias entre chicos y chicas ha sido tal que desde 2012 prácticamente han desaparecido, a pesar de que en 1996 alcanzaban los nueve puntos porcentuales (el 28,1 % de los hombres y el 19 % de las mujeres) (Gráfico 4).


Los datos expuestos hasta aquí presentan, no obstante, un contrapunto negativo: el rápido aumento del consumo de cigarrillos electrónicos entre los jóvenes. En 2014 uno de cada seis jóvenes los había probado (17 %), mientras que en 2023 lo habían hecho más de uno de cada dos (54,6 %; entre los jóvenes de 18 años entrevistados, la proporción se elevaba a dos de cada tres: 66,1 %) (Gráfico 5). Aunque ESTUDES no ofrece datos sobre el consumo diario de cigarrillos electrónicos, su consumo “en los últimos 30 días” ya superaba en 2023 al del tabaco convencional, con un 26,3 % frente al 21 %.


Las chicas están incluso más familiarizadas que los chicos con este tipo de práctica: el 56,8 % ha probado alguna vez los cigarrillos electrónicos, y el 48,1 % lo ha consumido “en los últimos doce meses”, cifras alrededor de cuatro puntos porcentuales más altas que las correspondientes a los varones de la misma edad (52,5 % y 43,8 %, respectivamente) (Gráfico 6).


En los últimos años, este rápido crecimiento del consumo de cigarrillos electrónicos ha coincidido con un aumento considerable de la percepción del riesgo de usarlos: en 2021, solo un 22,4 % de los jóvenes pensaban que el consumo esporádico de estos cigarrillos podía ser perjudicial; dos años después, esa proporción casi se había doblado (38,8 %). La evidencia científica ofrece un amplio respaldo a la opinión según la cual los cigarrillos electrónicos, en sus diferentes variantes, dañan la salud y en consecuencia, no abren una vía de resolución de los problemas que genera el consumo del tabaco.

El vapeo no es la solución a los problemas de salud
ocasionados por el tabaco. Difícilmente se le podría definir como la “bala
mágica” que puede conducir a la erradicación de los riesgos de salud que
provoca el tabaquismo[4]. Sigue siendo muy necesario estudiar en profundidad
los comportamientos y los hábitos de fumar, analizando su evolución en
contextos sociales tan cambiantes como los actuales. En este sentido, es
encomiable que España haya realizado más esfuerzos de recopilación de
información estadística que otros países europeos. Con todo, queda todavía
mucho por conocer sobre esos comportamientos y hábitos; un conocimiento
fundamental para tomar decisiones informadas y diseñar iniciativas eficazmente
orientadas a los distintos grupos de la sociedad, que reduzcan la probabilidad
de inicio en el consumo de tabaco y, cuando este ya se ha producido, la de
mantenerlo.


[1] Marcon, Alessandro, et al. (2018) Trends in smoking initiation in Europe over
40 years: a retrospective cohort study. PLoS One 13.8: e0201881.

[2] Estas encuestas, de periodicidad
bianual, se llevan a cabo por la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional
sobre Drogas (DGPNSD), con la colaboración de las comunidades autónomas. Su
objetivo consiste en recoger información que permita diseñar y evaluar
políticas destinadas a prevenir el consumo de drogas y otras adicciones, así
como los problemas asociados a estas conductas. La metodología utilizada es la
de entrevista personal en los centros educativos seleccionados, incluyendo un
cuestionario administrado por los entrevistadores y otro autoadministrado. Los
entrevistadores permanecen presentes durante todo el proceso y recogen el
cuestionario al finalizar. La muestra de la encuesta de 2023 fue de 26.344
jóvenes entre 14 y 18 años.

[3] Según datos de la Encuesta sobre Alcohol y otras Drogas en España
(EDADES) 2022, el 38 % de los hombres y el 28 % de las mujeres entre
15 y 64 años fuman a diario.

[4] Mendez,
D. y Warner, K. E. (2021). A Magic Bullet? The Potential Impact of E-Cigarettes
on the Toll of Cigarette Smoking, Nicotine & Tobacco
Research, 23
(4), 654–661,

Leer más

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies