retraso-del-horario-en-los-institutos:-una-mejora-educativa-efectiva-y-de-bajo-coste

Retraso del horario en los institutos: una mejora educativa efectiva y de bajo coste

Comparte esta entrada



La combinación de los cambios en los patrones de sueño durante la adolescencia y los horarios tempranos de entrada hace que muchos estudiantes de secundaria lleguen a clase privados de sueño, lo que afecta a su rendimiento y bienestar. Diversos estudios muestran que permitir que comiencen más tarde es una intervención con costes relativamente reducidos, sencilla de implementar y con efectos apreciables sobre el aprendizaje.

Retrasar el reloj mejora los resultados, más entre los alumnos con más dificultades…

La evidencia más directa proviene de investigaciones cuasi-experimentales en institutos estadounidenses. Así, los trabajos de Edwards (2012) y Shapiro (2015) encuentran que retrasar una hora la entrada en los centros se asocia con una mejora notable en los resultados de las pruebas estandarizadas. Los gráficos que acompañan estos estudios ilustran dos patrones clave: primero, que el retraso horario se correlaciona con mejores calificaciones medias; segundo, que los estudiantes con peor rendimiento inicial son quienes más se benefician, ganando varios puntos percentiles adicionales. El efecto es general —todos mejoran— pero especialmente intenso entre quienes parten de posiciones más retrasadas, lo que sugiere un potencial para reducir desigualdades.

Otro estudio, este más reciente, de Jagnani (2024) muestra, con datos de India y aprovechando variaciones naturales en la hora de la puesta de sol, que incluso pequeñas reducciones en la duración del sueño afectan al rendimiento académico. Cuando los niños se acuestan más tarde, pero se levantan a la misma hora, duermen menos y rinden peor: retrasos mínimos en la puesta de sol reducen los resultados de matemáticas y, acumulados a lo largo del tiempo, se traducen en menos años de escolarización y menor probabilidad de completar etapas educativas básicas. El mensaje es claro: el déficit crónico de sueño deja huellas duraderas en el capital humano.

…con distintos efectos por sexo

La literatura también matiza que los efectos no son idénticos para todos los grupos. Groen y Pabilonia (2019) encuentran que las alumnas que asisten a institutos con horarios más tardíos duermen más y mejoran sus resultados de lectura, mientras que los chicos no modifican sustancialmente sus patrones de sueño y apenas muestran cambios en su rendimiento, lo que apuntaría a diferencias en la respuesta al cambio horario que conviene considerar al evaluar y diseñar políticas.

En conjunto, estos y otros estudios cuasi-experimentales sobre la hora de inicio coinciden en que retrasar una hora la entrada produce ganancias medias en las calificaciones en torno a 0,1 desviaciones estándar, un efecto comparable al de reducir significativamente el tamaño del grupo o al de pasar de un docente medio a uno muy eficaz.

La importancia del horario no se limita al inicio de la jornada. También influye cuándo se llevan a cabo las tareas cognitivas más exigentes. Gaggero y Tommasi (2023) analizan exámenes universitarios programados casi aleatoriamente en distintas horas del día y encuentran un patrón claro: el rendimiento es máximo alrededor del mediodía. Realizar un examen a media mañana o mediodía mejora las calificaciones respecto a hacerlo a primera hora, especialmente en materias STEM. Este patrón no se explica por fatiga ni por variaciones en el estudio, sino por fluctuaciones naturales en la capacidad cognitiva a lo largo del día.

Impactos de largo recorrido

La evidencia más reciente muestra que los efectos negativos de los horarios tempranos también se extienden al ámbito universitario. Yim (2024), estudiando un experimento natural en una gran universidad pública estadounidense, revela que asignar a los estudiantes a clases a las 7:30 de la mañana afecta de manera persistente a su desempeño y sus decisiones académicas posteriores. Quienes toman asignaturas introductorias a esa hora obtienen peores calificaciones, se matriculan menos en cursos STEM, casi no declaran carreras en esos campos y acaban graduándose en titulaciones con menores retornos salariales. Además, una encuesta complementaria indica menor asistencia, participación y motivación en los cursos tempranos, lo que sugiere una pérdida tanto en aprendizaje efectivo como en la calidad de la experiencia educativa.

Tras presentar las evidencias, adquiere sentido explicar el mecanismo subyacente: los ritmos circadianos. Durante la adolescencia, el reloj biológico se desplaza hacia fases más tardías, de modo que una entrada a las 7:30 equivale fisiológicamente a una hora mucho más temprana para un adulto. Este desajuste explica por qué tantos estudiantes llegan con somnolencia acumulada y rinden por debajo de su potencial.

Implicaciones para la política educativa

Todos los trabajos citados llegan a un mensaje común: aunque los horarios actuales suelen responder a restricciones logísticas (autobuses, extraescolares, conciliación…), la evidencia sugiere que retrasar la entrada en secundaria y bachillerato, programar las materias más exigentes en las horas centrales del día y evitar déficits de sueño persistentes puede mejorar el rendimiento y el bienestar estudiantil, especialmente entre quienes parten con peores resultados. Naturalmente, estas medidas tienen costes organizativos —transporte, actividades extraescolares, conciliación—, pero los beneficios estimados superan ampliamente dichos costes en promedio. Una estrategia razonable para los responsables educativos es introducir pilotos evaluables, ajustar progresivamente los horarios y medir de forma sistemática sus efectos en sueño, rendimiento y asistencia, avanzando así hacia una organización escolar coherente con la evidencia científica sobre ritmos circadianos y productividad cognitiva.

Comparte esta entrada



Leer más
el-descenso-de-la-natalidad-en-espana-se-puede-hacer-notar-en-la-eso

El descenso de la natalidad en España se puede hacer notar en la ESO

Comparte esta entrada



España se enfrenta a un desafío demográfico que se manifiesta en la disminución constante de la natalidad en las últimas décadas. El fenómeno ha comenzado a tener un impacto significativo en las distintas etapas educativas, reflejándose inicialmente en la reducción del número de estudiantes en el segundo ciclo de Infantil, después en Primaria, y ahora, en el curso actual 2024-25, podría llegar a la Educación Secundaria Obligatoria (ESO). La publicación Datos y Cifras. Curso escolar 2024-25 del Ministerio de Educación, FP y Deportes muestra que la ESO podría experimentar una caída de alumnado de 10.811 estudiantes (-0,5%), la primera en este nivel educativo desde 2010-11.


El análisis del impacto de la evolución demográfica en los centros educativos en España fue, precisamente, uno de los asuntos tratados en la jornada virtual organizada por Funcas sobre el panorama de la Educación, con la intervención de varios expertos (Jaime Vaquero del Ministerio de Educación, FP y Deportes, Gara Rojas de la OCDE y Antonio Cabrales, Catedrático de la Universidad Carlos III). En esa jornada se expusieron datos que muestran los efectos de la disminución de la natalidad en el sistema educativo español. Así, el informe Education at a Glance 2024 de la OCDE muestra cómo, entre los distintos países de la OCDE, España se sitúa en una posición intermedia en cuanto al tamaño de las escuelas de primaria, con un promedio de 27 estudiantes por centro educativo de esta etapa educativa, con un 5% de centros que tienen 76 o más estudiantes por nivel. El informe de la OCDE también muestra que las provincias con un mayor porcentaje de escuelas pequeñas se localizan en las áreas rurales y menos pobladas, como Zamora, Cáceres, Lugo y Teruel, donde la proporción de estos centros supera el 65%. 

Por otro lado, el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEE) del Ministerio de Educación, FP y  Deportes muestra que en el segundo ciclo de infantil (3-6 años) y en primaria, hay menos estudiantes por docente en España con respecto a la OCDE (13 y 12 en España, por los 15 y 14 en la OCDE). España tiene también una menor ratio de estudiantes por docente en la ESO (11) que el promedio de países desarrollados (13), una diferencia que se amplia aún más en la educación universitaria (13 frente a 17).

En definitiva, la disminución de la natalidad en España está provocando que algunos colegios de primaria, sobre todo de las zonas rurales, tengan un alumnado muy reducido y que la ratio de estudiantes por docente sea más baja que en la OCDE. En la ESO, esta ratio es también más limitada en España que en los países desarrollados, incluso antes de que hayan llegado los efectos de la limitada natalidad de nuestro país. En los próximos años la diferencia entre nuestro país y la OCDE podría incluso aumentar. 

¿Debilidad u oportunidad?

La disminucion de la natalidad en educación, aunque en otros ámbitos es un fenomeno negativo, brinda nuevas oportunidades en educación. Antonio Cabrales subrayó en la jornada la necesidad de que la educación en España evolucione hacia un modelo más adaptativo, capaz de preparar a los estudiantes para los retos que impone la automatización y el cambio constante del mercado laboral. Su argumento se basa en la idea de que la formación basada en la mera adquisición de conocimientos ya no es suficiente. En su lugar, propone un enfoque centrado en el aprendizaje activo y la resolución de problemas. Este tipo de educación permitiría a los futuros trabajadores ser más flexibles y adaptarse mejor a un entorno laboral que demanda nuevas habilidades y competencias con rapidez. 

El aprendizaje activo no solo reduce las tasas de abandono educativo, sino que también fomenta un entorno en el que los estudiantes pueden aplicar los conocimientos de manera práctica, preparándolos para un mercado laboral en constante evolución. Menos estudiantes por profesor no solo significa más atención individualizada, sino también una oportunidad para implementar métodos pedagógicos más dinámicos y efectivos, como el aprendizaje basado en proyectos.

Comparte esta entrada



Leer más
24-de-enero:-dia-internacional-de-la-educacion

24 de enero: Día Internacional de la Educación

Comparte esta entrada



Desde 2018, cada 24 de enero se celebra el Día Internacional de la Educación. La UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) ha decidido enmarcar la celebración de este año bajo el lema “Cambiar el rumbo, transformar la educación”, que sugiere cierta insatisfacción con el estado de la educación actual en el mundo e indica la necesidad de un giro educativo. 

Cada país puede identificarse más o menos con este lema en función de la calidad y el rendimiento de su sistema educativo. En el caso de España, los informes de evaluación de competencias promovidos por la OCDE han situado a nuestro país en puestos comparativamente bajos de los distintos rankings que miden el rendimiento del sistema educativo entre los alumnos que cursan el último curso de educación obligatoria (PISA) y entre la población de 16 a 65 años (PIAAC). Estas evidencias comparativas avivan periódicamente el debate sobre la educación en España, muy marcado también por la inestabilidad legislativa en esta materia (ocho leyes educativas desde 1980, la última aprobada en diciembre de 2020).

Ahora bien, estos debates desdibujan a menudo la importancia que la educación ha adquirido como motor de cambio social durante las últimas cuatro décadas. Según datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), en 2021 el 36% de la población española entre 25 y 64 años ha cursado, como máximo, educación secundaria básica, el 10% educación secundaria superior generalista, el 24% educación secundaria orientada profesionalmente, y el 29% educación superior. Cuarenta años atrás, la proporción de población de la misma edad que había alcanzado, como máximo, el nivel de educación secundaria obligatoria era abrumadoramente mayoritaria (89%), mientras que la que contaba con títulos de educación secundaria superior (4%) o profesional (1%) o de educación superior (6%) era muy escasa (Gráfico 1).

Elaboración de Luis Garrido Medina a partir de datos EPA (IVT1980-IIIT1981 / IVT2020-IIIT2021).

(*) Población española nacida en España.

Ciertamente, desde la perspectiva del nivel educativo, la población de 16 o más años residente hoy día en España se distribuye en torno a dos polos. Por una parte, se concentra en los dos extremos de la distribución educativa: frente a aquellos con pocas credenciales educativas (45%) cobran creciente peso quienes cuentan con títulos de educación superior (33%). Solo un 22% de la población se sitúa en posiciones intermedias. Por otra parte, esta estructura bipolar también se plasma en perfiles educativos muy diferentes en función de la edad. Tal y como pone de relieve el Gráfico 2, mientras que abundan los universitarios entre quienes se encuentran en la primera fase de su trayectoria laboral (casi la mitad de los que tienen entre 25 y 34 años), en el colectivo de población mayor de 55 años se observa una proporción amplia de personas con un nivel educativo muy bajo.

Elaboración propia a partir de datos de EPA2021/III.

Las diferencias entre hombres y mujeres son muy llamativas. Así como entre los mayores de 59 años la proporción de hombres con estudios superiores es mayor que la de mujeres, a medida que disminuye la edad, aumenta la diferencia en el porcentaje de universitarios a favor de las mujeres (Gráfico 3). En el grupo de personas entre 25 y 34 años esta diferencia alcanza su máximo: más de la mitad de ellas (55%) han completado estudios superiores, mientras que ellos presentan una proporción de titulados superiores mucho menor (42%).

Elaboración propia a partir de datos de EPA2021/III.

A pesar de estos datos positivos sobre el nivel educativo de los adultos jóvenes, no todo son buenas noticias. La polarización ya señalada también afecta a la composición de este grupo, de modo que, a día de hoy, son muchos los jóvenes con escasos recursos educativos. En efecto, el 28% de los que cuentan entre 25 y 34 años han alcanzado, como máximo, titulación en educación secundaria obligatoria. Este porcentaje aumenta cuando solo se tiene en cuenta a los hombres de esas edades (33%). Y es que si bien en 2020 España se situaba por encima de la media comunitaria en la proporción de jóvenes con estudios terciarios, también registraba el  mayor porcentaje de personas entre 25 y 34 años con estudios básicos en la Unión Europea (27), casi duplicando la media europea (15%), como se aprecia en el Mapa 1.

Elaboración propia a partir de Eurostat [edat_lfse_03].

En definitiva, sin olvidar los grandes avances realizados por la sociedad española en cuanto a extensión de la educación, es preciso señalar en un día como hoy que en torno a tres de cada diez de quienes se encuentran en la fase inicial de participación en el mercado laboral (25-34 años) presentan niveles educativos bajos. La ausencia entre muchos jóvenes de formación post-obligatoria, específicamente orientada a la inserción en el mercado de trabajo, es un problema todavía muy presente en la sociedad española.

Comparte esta entrada



Leer más

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies