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La importancia de las finanzas personales

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El 12 de noviembre de 2025, The Economist publicó el artículo “In defence of personal finance”, donde defendía la relevancia de la educación financiera a través de ejemplos cotidianos. El artículo comienza con una escena tan ilustrativa como poco común: un ciudadano que espera con entusiasmo el sábado posterior al día de cobro para actualizar sus hojas de cálculo sobre cuentas, pensiones, hipoteca y rentabilidad de la cartera. The Economist subraya que esta dedicación no es habitual y que, para la mayoría, ocuparse de sus finanzas es una tarea pesada, cargada de incertidumbre y en ocasiones explotada por entidades financieras.

Cuando
escuchamos hablar de finanzas personales, solemos pensar en personas ricas,
inversiones sofisticadas o grandes patrimonios. Sin embargo, no comprendemos
que la verdadera importancia de las finanzas personales está en algo mucho más
cercano como saber elegir una hipoteca, usar la tarjeta de crédito
correctamente, ahorrar para la jubilación o financiar un gasto imprevisto. Cada
una de estas decisiones tiene un impacto directo en nuestra economía y en el
bienestar de nuestro hogar y desafortunadamente, cuando millones de personas
carecen de estos conocimientos, el resultado es una mayor desigualdad social.

Las
finanzas personales combinan tres elementos poco atractivos para la mayoría de
las personas: matemáticas, gestión del riesgo y planificación del futuro. En
una sociedad acostumbrada a la rapidez, rara vez nos detenemos a pensar en la
importancia de gestionarlas adecuadamente. Para miles de hogares, estas
decisiones se viven más como una fuente de molestia y pesadez que como una
oportunidad de mejora. En ese contexto, la complejidad del sistema financiero y
la asimetría de información tienden a favorecer a quienes cuentan con más
formación y un mejor asesoramiento.

John Campbell y Tarun Ramadorai, profesores de Economía en la Universidad de Harvard y en el Imperial College de Londres, respectivamente, sostienen en su libro Fixed que el sistema de finanzas personales necesita una profunda revisión, debido a que genera malos resultados para muchos y, en especial, para las personas con menos recursos. Su trabajo demuestra cómo el sistema amplifica la desigualdad patrimonial, es decir, los hogares más ricos obtienen rentabilidades superiores sobre sus activos y pagan unos tipos de interés más bajos por sus deudas, mientras que los hogares más pobres logran unos retornos cercanos al tipo libre de riesgo y soportan unos diferenciales mucho más elevados.

En esta misma línea, un estudio reciente de Funcas (2025) sobre los modelos de bancarización de la población con menos ingresos confirma que el 94% de estos hogares está bancarizado, pero solo accede a productos básicos y presenta niveles muy bajos de competencia financiera. El informe muestra que un 37% de estas personas se sitúa en los niveles más bajos de conocimientos financieros, lo que a menudo conduce a la autoexclusión y a un mayor riesgo de tomar decisiones poco favorables. Además, muchos afrontan costes más elevados y barreras de acceso que refuerzan su vulnerabilidad económica.

En España, la realidad confirma que existe un amplio margen de mejora en los conocimientos financieros. El Banco de España señala que solo el 19% de la población entre 18 y 79 años responde correctamente a tres preguntas sencillas sobre economía financiera, relacionadas con la inflación, los tipos de interés y la diversificación del riesgo. Para una economía avanzada como la española, es un dato preocupante, ya que, sin entender estos conceptos básicos, resulta muy difícil valorar correctamente ofertas financieras, entender el impacto de la inflación o comparar alternativas de inversión cuando tu banco te las propone.

La situación entre los jóvenes tampoco es mucho mejor. En un artículo para Cuadernos de Información Económica, Ismael Sanz analiza los datos de PISA 2022, y muestra que España obtiene 486 puntos en competencia financiera, por debajo de la media de la OCDE (498). Además, un 17,1% de los estudiantes de 15 años no alcanza el nivel básico y solo un 5% se sitúa entre los que presentan conocimientos más elevados. La brecha entre los estudiantes de entornos favorecidos y desfavorecidos ronda los 73 puntos, lo que evidencia que el origen familiar sigue influyendo de forma decisiva en la capacidad de entender y gestionar cuestiones financieras.

El análisis de Sanz destaca también el papel de las familias, los estudiantes que hablan con sus padres sobre aspectos cotidianos cómo gestionar el dinero para compras, decidir cuánto ahorrar o realizar compras online obtienen mejores resultados en la competencia financiera. En cambio, conversaciones sobre temas que los jóvenes perciben como lejanos, ya sea sobre el presupuesto familiar, las noticias económicas o las decisiones de ahorro, no se asocian con mejoras en los resultados.

Siguiendo las recomendaciones de la OCDE, el Banco de España y la CNMV han elaborado la estrategia nacional de educación financiera, materializada en el Plan de Educación Financiera bajo la marca “Finanzas para Todos”, al que se ha sumado el Ministerio de Asuntos Económicos. Este plan tiene como objetivo mejorar la cultura financiera de la ciudadanía, dotándola de conocimientos básicos y de herramientas para manejar sus finanzas de forma responsable e informada.

Un
componente clave en este plan es la atención a los colectivos vulnerables:
personas con rentas bajas, bajo nivel educativo, migrantes, residentes en zonas
rurales con escaso acceso a servicios financieros presenciales o con
competencias digitales limitadas. Para estos grupos, la educación financiera es
una herramienta de inclusión que puede ayudar a reducir la exposición a
productos inadecuados, evitar el sobreendeudamiento y aprovechar con más
seguridad las oportunidades de la digitalización.

La
meta a alcanzar con un mayor conocimiento financiero no es convertir a toda la
población en experta inversora, sino evitar que alguien quede rezagado por no
comprender las reglas básicas. Iniciar esta formación en edades tempranas,
reforzarla en la adolescencia y actualizarla en la vida adulta es una de las
vías más eficaces para reducir la brecha de oportunidades y, en última
instancia, la desigualdad de la riqueza.

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El acceso a las carreras STEM en España: más concentrado en las familias con mayor nivel educativo y ocupacional

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El nuevo enlace de microdatos entre el Sistema Integrado de Información Universitaria (SIIU) y los registros del INE permite mirar la universidad española con unas gafas diferentes: ya no solo sabemos cuántos estudiantes se matriculan en cada rama, sino también quiénes son sus padres, qué estudios tienen y a qué se dedican. Cuando miramos estas dos dimensiones –nivel educativo y ocupación de los progenitores– el retrato es claro: el acceso a la universidad, y especialmente a las carreras STEM y de salud, está cada vez más concentrado en los hogares más aventajados.

Más padres universitarios en
todas las ramas, especialmente en STEM

Una primera forma de aproximar el origen socioeconómico del alumnado es fijarse en si ambos progenitores tienen estudios superiores. El gráfico 1a muestra la evolución de este indicador entre los cursos 2016-2017 y 2021-2022, para el conjunto del sistema y por grandes ramas de enseñanza.


Dos rasgos destacan de inmediato. Primero, la tendencia ascendente es sistemática. En el conjunto del sistema, la proporción de estudiantes con ambos progenitores con estudios superiores pasa del 31,7% al 38,9% en solo seis cursos. El incremento supera los siete puntos porcentuales, y se observa en todas las ramas. Dado que el nivel educativo de la población adulta cambia de forma lenta, esta subida difícilmente puede atribuirse solo a “maduración generacional”: lo que está cambiando es quién llega a la universidad, no solo el perfil medio de los padres en la sociedad española.

Segundo, el aumento es
especialmente intenso en Ingeniería y Arquitectura, Ciencias y Ciencias de la
Salud. En estas ramas, el porcentaje de estudiantes con padres universitarios
supera el 40%, alcanzando el 45,6% en Ingeniería y Arquitectura y el 43,2% en
Ciencias de la Salud en 2021-2022. Son precisamente las áreas con mayores
exigencias académicas y mejores perspectivas laborales. La combinación de notas
de corte altas, expectativas salariales elevadas y una fuerte presencia de
estudiantes de entornos con alto capital educativo refuerza la idea de que el
acceso a estos estudios está socialmente filtrado.

Más familias con ocupaciones
altas en STEM y Salud

El nivel educativo no es la única
dimensión relevante. La Estadística de Estudiantes Universitarios incorpora
también un indicador sobre la ocupación de los progenitores, que permite
aproximar su posición en la estructura laboral y, de manera indirecta, su nivel
de renta y de capital social. El gráfico 1b [haga clic en “padres con ocupaciones
de alto nivel”, bajo la leyenda, para visualizarlo]recoge la evolución del
porcentaje de estudiantes cuyos dos progenitores tienen ocupaciones altas
(directivos, profesionales científicos y técnicos, médicos, profesiones
liberales, etc.).

Aunque la serie comienza algo más
alta en 2016-2017, el patrón reciente es claro: tras una ligera corrección
inicial, la proporción de estudiantes procedentes de hogares donde ambos
progenitores tienen ocupaciones altas crece y supera ya el 21% en el conjunto
de la universidad. El desplazamiento es especialmente visible en Ingeniería y
Arquitectura, Ciencias y, sobre todo, Ciencias de la Salud, que se sitúa
sistemáticamente por encima del 25% en los últimos cursos.

De nuevo, Artes y Humanidades
aparece como la rama con menor concentración de este tipo de hogares, con
valores entre el 15% y el 18%. Es, por tanto, la más socialmente diversa. Las
Ciencias Sociales y Jurídicas ocupan una posición intermedia, aunque su
heterogeneidad interna implica que ámbitos como Derecho o ADE arrastren el
promedio hacia arriba, mientras que Educación o Trabajo Social lo reducen.

Un patrón de estratificación
creciente

Leídos conjuntamente, ambos gráficos describen un mismo proceso: el acceso a la universidad española, y especialmente a las carreras STEM y de salud, se está desplazando hacia los estratos socioeconómicos más altos. Cada vez hay más estudiantes con padres universitarios y con ocupaciones de alta cualificación, y esta concentración es más intensa en las ramas con mayor retorno salarial y social.

La universidad sigue ofreciendo
oportunidades de movilidad ascendente para parte del alumnado de origen
modesto, pero los datos sugieren que, al mismo tiempo, refuerza la reproducción
intergeneracional de las ventajas. Para que las carreras científicas y
tecnológicas sean verdaderamente accesibles en igualdad de condiciones, no
bastará con ampliar plazas: será necesario actuar sobre los mecanismos de
orientación, acceso y apoyo económico, de manera que el talento académico no
dependa tanto del código postal ni del currículum de los padres.

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Prosigue la reducción de la tasa de abandono educativo temprano, pero aún lejos del objetivo

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El abandono educativo temprano continúa siendo uno de los principales retos del sistema educativo en España. Afecta tanto a las trayectorias de vida de los jóvenes como al desarrollo económico, social y cultural del país. Reducir esta tasa es importante porque quienes no alcanzan este nivel mínimo de estudios suelen enfrentarse a mayores riesgos de desempleo, inactividad y exclusión social. Como recuerda la Comisión Europea“Más de la mitad de los jóvenes que abandonan los estudios en la UE (53,7%) no están empleados, y uno de cada tres desearía volver a la educación o formación, aunque se topa con obstáculos como requisitos de acceso, falta de apoyos o experiencias previas negativas en el aprendizaje. Las barreras percibidas para continuar los estudios son los requisitos de acceso, coste económico, oferta educativa inadecuada, problemas de salud, falta de apoyo de servicios públicos y experiencias previas negativas de aprendizaje.

La tasa de abandono educativo temprano se calcula a partir de datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del INE y refleja el porcentaje de jóvenes de 18 a 24 años que no ha finalizado Bachillerato, FP Media o FP Básica y que no ha realizado ninguna formación en las últimas cuatro semanas. En España, en los últimos dos trimestres de 2024 y los dos primeros de 2025 se ha situado en el 12,6%, algo más baja que el 13% de 2024 y el 13,7% de 2023. En cualquier caso, el descenso no evita que España esté aún lejos del objetivo europeo del 9,0% fijado para 2030.


Las diferencias territoriales son significativas. En 2025, la brecha oscila entre el 20,6% de Murcia y el 3,8% del País Vasco. Cantabria (6,1%), Madrid (9,3%) o Navarra (9,6%) también registran tasas bajas.


El abandono está estrechamente vinculado, entre otros factores, al nivel educativo de las familias: los jóvenes cuyas madres solo tienen estudios primarios presentan una probabilidad de abandono 14 veces mayor que aquellos con madres con estudios superiores (34,0% frente al 2,3% en 2024).

Entre los jóvenes que no han completado secundaria superior, las barreras percibidas para continuar los estudios son los requisitos de acceso, coste económico, oferta educativa inadecuada, problemas de salud, falta de apoyo de servicios públicos y experiencias previas negativas de aprendizaje (Comisión Europea, 2024).

Absentismo escolar prolongado

El abandono temprano se conecta también con otra preocupación creciente: el absentismo escolar. La Comisión Europea advierte que tras la pandemia las tasas de absentismo prolongado (más de tres meses consecutivos sin asistir) aumentaron especialmente en la UE entre estudiantes desfavorecidos (10,2 % frente a 6,1 % de los más favorecidos).

El absentismo prolongado se asocia a menor rendimiento académico, mayor riesgo de abandono y peores resultados en el mercado laboral (menores ingresos y más desempleo).

Estrategias clave

Para avanzar hacia la meta europea de la tasa de abandono del 9,0%, se requieren políticas basadas en la evidencia:

  • Reducción de ratios y tutorías personalizadas.
  • Refuerzo socioemocional en etapas tempranas. Bienestar y salud mental en los centros educativos.
  • Incentivos a docentes experimentados en centros vulnerables.
  • Flexibilización de la FP y orientación educativa adaptada al mercado laboral.
  • Implicación de las familias en el aprendizaje temprano.
  • Escuelas de verano y programas de refuerzo.

Conclusión

Aunque España ha reducido su tasa de abandono temprano en las dos últimas décadas, el progreso se ha ralentizado. Además, las barreras para reenganchar a los jóvenes a la educación y el repunte del absentismo tras la pandemia añaden nuevos desafíos. Alcanzar el objetivo europeo del 9% en 2030 exige políticas integrales que combinen prevención, segundas oportunidades y apoyo específico a los estudiantes más vulnerables.

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España sigue entre los países con más privación material y social severa de la UE

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En febrero de este año se publicó la información actualizada sobre la evolución de la privación material y social severa en España, elaborada a partir de la Encuesta de Condiciones de Vida. Este indicador refleja el porcentaje de individuos que no pueden permitirse al menos siete de trece ítems considerados esenciales, como mantener la vivienda adecuadamente climatizada, afrontar gastos imprevistos o participar en actividades sociales básicas. En 2024, estaba en situación de privación material y social severa el 8,3% de la población española (casi 4 millones de personas), lo que supone una ligera mejora respecto al 9% registrado en 2023, la cifra más alta desde que contamos con este indicador (gráfico 1). 


La mejora de 2024 resulta modesta si se observa en perspectiva temporal y comparada. En primer lugar, y pese al crecimiento económico de los últimos años, la tasa todavía no ha recuperado el nivel previo a la pandemia (7,7% en 2019) y su relativa estabilidad contrasta con el descenso registrado en la Unión Europea entre 2015 y 2021 (gráfico 1). En segundo lugar, gracias a que Eurostat ha publicado este verano la compilación de los datos sobre privación material y social severa del conjunto de países europeos, se puede constatar que la posición relativa de España no ha cambiado: en 2023 ocupaba el quinto lugar de los 27 países de la Unión Europea ordenados de mayor a menor porcentaje de privación material y social severa, lugar que no se ha visto alterado por la mejoría de 2024 (gráfico 2). La tasa española solo se sitúa por detrás de las de Rumanía, Bulgaria, Grecia y Hungría y supera en casi dos puntos porcentuales la media comunitaria del 6,4%, así como en casi cuatro puntos las tasas de nuestros vecinos Italia (4,6%) y Portugal (4,3%). Conviene subrayar que, en un contexto en el que 20 de los 27 países lograron reducciones modestas en la tasa, la persistencia de las elevadas cifras españolas confirma dificultades para reducir este indicador de pobreza que van más allá de una coyuntura pasajera.


La comparación que permiten los datos de Eurostat pone de relieve algunas particularidades del caso español. En primer lugar, se observa que las mayores dificultades se dan en los hogares con niños o jóvenes dependientes[1], cuya tasa es superior a la correspondiente en la mayoría de los países europeos (gráfico 3). La cifra es particularmente alta entre los individuos residentes en hogares monoparentales (16,4%, casi duplicando la media comunitaria de 8,3%). Además, el hecho de que el porcentaje de población en privación material y social severa sea casi el doble en los hogares de dos adultos con niños o jóvenes dependientes que entre los individuos de 65 años o más que viven solos (5,2%) es bastante anómalo en el contexto europeo, pues solo ocurría en 7 de los 27 países comunitarios en 2024, y en ninguno la diferencia alcanza la magnitud española. Por el contrario, los mayores de 64 años presentan una situación más favorable: entre los individuos que viven en hogares formados por dos adultos (al menos uno con 65 años o más) la tasa española es similar a la europea (4,1% frente a 4%), y entre los que viven solos es incluso inferior (5,2% frente a 7,2%).


En segundo lugar, la privación material y social severa afecta de manera muy desigual a la población autóctona y a la nacida en el extranjero, un patrón común en casi todos los países europeos, pero especialmente marcado en España (gráfico 4). Entre los inmigrantes (población de 16 años o más) la tasa casi triplica a la de los auctóctonos (16,6% vs. 5,6%), y mientras que esta última es muy similar a la media europea (5,2%), la de los primeros supera claramente la del conjunto de la UE (11,4%). Esta brecha probablemente no se explique únicamente por la estructura demográfica de la población de origen foráneo —menos población mayor y mayor presencia de menores a cargo—, sino también por una inserción laboral precaria, presumiblemente en mayor medida que en otros países europeos.


En conjunto, los resultados sugieren que, pese a la mejoría observada entre 2023 y 2024, la privación material y social severa sigue afectando a una parte nada desdeñable de la población española y mantiene a España en una posición comparativamente desfavorable en la Unión Europea. Las dificultades se concentran sobre todo en los hogares con menores y en la población inmigrante, lo que refleja al mismo tiempo los retos económicos de las familias en la fase de crianza, los límites de la integración laboral de la inmigración y la robusta protección a las personas mayores a través del sistema de pensiones. Estas conclusiones apuntan a que el verdadero desafío de España no es solo reducir la tasa total de privación material y social severa, sino hacerlo de manera más equitativa, reforzando las políticas familiares y de conciliación, pero también, probablemente, a través de un crecimiento económico orientado a conseguir aumentos sostenidos de la productividad, mejorando la calidad del empleo y el poder adquisitivo de los salarios y avanzando en políticas migratorias que favorezcan una migración con mejores resultados laborales. 


[1] Se consideran niños y jóvenes dependientes a los individuos de 0 a 17 años y a los de 18 a 24 si están inactivos.

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Entorno socioeconómico, formación y abandono educativo

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Poco después de la celebración en Funcas de una jornada virtual que analizaba los últimos datos de abandono escolar, el Ministerio de Educación publicaba un análisis adicional que profundiza en los distintos factores que inciden en la salida prematura de los estudiantes del sistema educativo. 

Uno de ellos es el nivel educativo de los progenitores; los datos muestran una clara relación entre el nivel de estudios de las madres y la probabilidad de que sus hijos abandonen los estudios. Como destaca el Ministerio, “la tasa de abandono educativo temprano  disminuye a medida que aumenta el nivel educativo alcanzado por las madres” En 2024, la tasa de abandono entre los jóvenes cuyas madres solo alcanzaron la educación primaria o inferior es del 34,0%, mientras que entre aquellos cuyas madres tienen educación superior, la tasa desciende hasta el 2,3%, lo que implica que la primera es 14,7 veces más alta que la segunda (gráfico 1). Estos datos refuerzan las conclusiones sobre la relación entre el entorno socioeconómico y la desigualdad educativa. La evidencia indica que reducir el abandono educativo pasa no solo por mejoras en la enseñanza, sino también por políticas de apoyo a las familias y al contexto social de los estudiantes más vulnerables.


Nivel de formación y abandono educativo

En la última década, el nivel de formación de los jóvenes en España ha experimentado un avance significativo, contribuyendo a la reducción del abandono educativo temprano. Esta evolución se refleja en el aumento del porcentaje de población de 20 a 24 años que ha completado al menos la segunda etapa de secundaria (gráfico 2). En 2024, este porcentaje ha alcanzado el 79,9%, lo que supone un incremento de 14,1 puntos porcentuales en comparación con 2014 (65,8%) y una ligera mejora respecto a 2023 ( 0,9 p.p., desde el 79,0%).


Desde una perspectiva europea, España ha logrado acercarse a la media de la UE. Aunque no se ha establecido un objetivo europeo para este indicador de cara a 2030, su evolución permite evaluar el progreso de España en la mejora del nivel educativo de su juventud y complementar el análisis del abandono escolar temprano. Las diferencias de género siguen siendo notables. En 2024, el 84,3% de las mujeres de entre 20 y 24 años han completado al menos la segunda etapa de secundaria, una cifra 8,5 puntos porcentuales superior a la de los hombres (75,8%). 

Este avance en los niveles educativos está estrechamente relacionado con la disminución del abandono escolar temprano. Las comunidades autónomas con mayor porcentaje de jóvenes que han completado la educación secundaria superior coinciden con aquellas donde el abandono es menor (gráfico 3). En 2024, las tasas más elevadas se registran en el País Vasco y Cantabria (ambas con un 89,6%), junto con otras seis regiones que superan el 80%.

En el otro extremo, las tasas más bajas corresponden a Ceuta y Melilla, Baleares y Murcia que también presentan cifras más altas de abandono escolar. A pesar de ello, todas las comunidades han experimentado una evolución positiva en la última década. Los mayores incrementos desde 2014 se han observado en Andalucía ( 19,4 puntos), Canarias ( 17,4), Illes Balears ( 15,9), Extremadura ( 15,0) y la Comunidad de Madrid ( 14,5). Estos avances reflejan el impacto de las políticas educativas y los esfuerzos de cada territorio por mejorar la continuidad educativa.


En definitiva, los datos muestran una mejora notable en la formación de la juventud española, lo que ha contribuido a la reducción del abandono educativo temprano. Sin embargo, siguen existiendo desafíos importantes, especialmente en la reducción de la brecha de género y en la convergencia con los niveles educativos europeos. Garantizar que más jóvenes completen su educación secundaria no solo es un imperativo educativo, sino también una inversión en el desarrollo económico y social del país.

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La evolución del abandono educativo en España y sus implicaciones en el mercado laboral

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La tasa de abandono educativo temprano ha disminuido del 13,7% en 2023 al 13,0% de 2024, marcando un mínimo histórico. No obstante, sigue siendo la segunda más alta de la Unión Europea, solo superada por Rumanía, y aún lejos del objetivo del 9% fijado por la UE para 2030. El 3 de febrero, Funcas celebró una jornada virtual sobre “Análisis de los últimos datos del abandono educativo en España”. El acto contó con la participación de cuatro expertos para abordar el fenómeno del abandono desde diferentes perspectivas. 

El abandono educativo en perspectiva: evolución y situación actual

Jesús Ibáñez, subdirector general de Estadística y Estudios del Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes, fue el primero en intervenir, explicando la evolución del abandono educativo en España y su comparación con Europa. Recordó que este indicador surge en el marco de la Estrategia de Lisboa como parte de los objetivos europeos en educación y formación. En los últimos 15 años, la tasa de abandono en España se ha reducido drásticamente, pasando del 31,7% en 2008 al 13% en 2024. La diferencia con la media de la UE se ha reducido a 3,5 puntos, ya que en 2023 se situaba en el 9,5%, debiendo seguir con un último esfuerzo para alcanzarla.

Ibáñez destacó que el abandono educativo temprano no solo depende de la participación escolar, sino también de las estructuras del sistema educativo y las oportunidades de formación. En este sentido, subrayó la importancia de los programas de Formación Profesional Básica y Grado Medio, así como la necesidad de facilitar las vías de acceso a la educación secundaria superior. También apuntó a la persistente brecha de género: la tasa de abandono sigue siendo más alta en hombres que en mujeres, una tendencia que se ha mantenido estable a lo largo del tiempo.

El abandono y la desigualdad educativa

Marisa Hidalgo, profesora titular de Fundamentos del Análisis Económico en la Universidad Pablo de Olavide, abordó el abandono desde una perspectiva de equidad. Hidalgo explicó que el fenómeno no afecta por igual a toda la población, sino que está fuertemente condicionado por el entorno socioeconómico y familiar. En España, los jóvenes de familias con menor nivel educativo o situación financiera desfavorecida tienen una probabilidad mucho mayor de abandonar los estudios antes de finalizar la educación secundaria superior. Marisa Hidalgo; también mostró que, por ejemplo, que la tasa de abandono educativo en nuestro país es 5 veces más elevada si ninguno de tus padres tiene estudios superiores. La Profesora Hidalgo también presentó datos que muestran cómo las tasas de abandono son considerablemente más altas en las comunidades autónomas del Sur y señaló que el abandono educativo temprano perpetúa situaciones de desventaja y pobreza por la baja movilidad social española.

En términos de políticas, destacó la importancia de programas de refuerzo educativo como el PROA, que han demostrado tener efectos positivos en el rendimiento académico y la persistencia en el sistema escolar. También subrayó la relevancia de las intervenciones en edades tempranas, dado que cuanto antes se detecte el riesgo de abandono, mayor será el impacto de las medidas correctivas.

Políticas para reducir el abandono educativo

Jorge Sainz, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Rey Juan Carlos, habló en su intervención en el análisis de medidas efectivas para reducir el abandono. Basándose en la literatura económica reciente, destacó la importancia de tres estrategias clave: incentivos y mentoría; la reducción del tamaño de las clases y el uso de modelos de inteligencia artificial para identificar el riesgo de abandono.

Sainz hizo referencia a estudios internacionales que demuestran que las campañas informativas sobre los beneficios de la educación pueden tener un impacto positivo en la permanencia escolar. Asimismo, subrayó que los programas de mentoría han mostrado efectos significativos en la mejora de la motivación y el rendimiento, especialmente entre los estudiantes con más dificultades. Respecto a la reducción del tamaño de las clases, explicó que la evidencia empírica muestra que su impacto es mayor en etapas tempranas de la educación y que los efectos son más positivos en contextos de mayor vulnerabilidad social. Disminuir la ratio alumnos por clase en un estudiante mejora el aprendizaje en un 1% de la desviación estándar, el equivalente a lo que el alumnado aprende en una semana. Además, un menor tamaño de la clase también mejora el funcionamiento del centro y el bienestar de la comunidad educativa en las aulas en donde hay más estudiantes disruptivos, en centros situados en zonas desfavorecidas y con alumnado rezagados.

Finalmente, presentó un estudio en el que ha trabajado junto con Ismael Sanz y Maite Ballestar, en el que se demuestra que los modelos de inteligencia artificial pueden ser herramientas útiles para predecir el abandono educativo y mejorar la asignación de recursos en programas de refuerzo.

El abandono educativo y el mercado laboral

Por último, Marta Martínez-Matute, profesora del Departamento de Análisis Económico de la Universidad Autónoma de Madrid, analizó el impacto del abandono en la empleabilidad y la calidad del empleo. Explicó que los jóvenes sin educación secundaria superior enfrentan mayores dificultades para acceder a trabajos estables y bien remunerados, lo que contribuye a la precariedad laboral y a una mayor incidencia del desempleo juvenil en España.

Martínez-Matute subrayó que el mercado laboral español es especialmente sensible al ciclo económico, lo que significa que en épocas de crisis el desempleo juvenil aumenta de manera desproporcionada. Además, destacó la existencia de una fuerte polarización en el empleo, donde las personas con baja cualificación se concentran en sectores con tareas rutinarias, lo que las hace más vulnerables a los efectos de la automatización y la digitalización.

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El ángulo positivo. En recuerdo y agradecimiento a Julio Carabaña

Amargo golpe, la noticia del fallecimiento de Julio Carabaña nos llegó el 5 de noviembre de 2024. Una larga y penosa enfermedad, de la que prefirió no informar a colegas e, incluso, a amigos, acababa con su vida a los 76 años. En esa impenitente búsqueda de sentido de lo que ocurre en nuestro entorno que practicamos muchos de quienes compartimos profesión con Julio, el momento de su muerte se podía interpretar como el último memento que nos legaba: “no es para tanto”. Y es que esta acontecía apenas una semana después de la devastadora riada en Valencia, cuando todos andábamos sobrecogidos por el alcance de la tragedia, cuyo coste en vidas humanas ya se cifraba entonces en más de 200. 

Valencia es una tierra que Julio conocía bien porque en su universidad había estudiado Filosofía y Letras en los años sesenta. Después de ampliar estudios en Alemania, a mediados de los años setenta regresó sociólogo a su país. El título de su tesis doctoral, Educación, ocupación e ingresos en la España del siglo XX, defendida en 1983 en la Universidad Autónoma de Madrid, mostraba ya claramente su interés por los fenómenos sociales relacionados con la economía, y recogía conceptos clave de su reflexión y labor sociológicas. No abandonó ni una ni otra hasta los últimos días de su vida, aunque en 2010 se había jubilado como catedrático de Sociología, veinte años después de su nombramiento en la Universidad Complutense de Madrid.

En Funcas pudimos beneficiarnos de algunas de las últimas aportaciones de Julio. En septiembre de 2023 publicamos el libro Tres aproximaciones a la desigualdad social en España: rentas disponibles, rentas ampliadas y ocupaciones, al que Julio aportó el capítulo “Más estudios, menores ingresos, mejores profesiones: el ascensor social se ha seguido acelerando en España entre 2005 y 2019”. En él ponía en cuestión varios lugares comunes, entre ellos, el aumento de la desigualdad y la disminución de la movilidad social. Su investigación sobre la movilidad profesional demostraba, más bien, lo contrario. Que las claras mejoras profesionales de los jóvenes respecto a la generación de sus progenitores no se hubieran reflejado en un aumento de ingresos laborales no debía conducir a la conclusión de que no había mejorado su vida; más en concreto, las actividades que, empleo mediante, absorben una parte importante del tiempo vital. 

“No es para tanto”, venía a decir Julio en ese texto; un mensaje que también prevalecía en su perspectiva sobre otros temas a los que dedicó su obra. Y no porque le parecieran problemas sociales menores o fáciles de resolver, sino porque estaba convencido de que exagerar su dimensión —a menudo sobre bases epistemológicas y metodológicas cuestionables— no conducía a contribuciones positivas al debate y al diseño de políticas públicas para afrontarlos razonablemente. 

Poniendo a prueba empírica supuestas verdades establecidas, Julio buscaba el ángulo positivo, en la doble acepción de este adjetivo: cierto y beneficioso. Así, por ejemplo, al discurso sobre la creciente desigualdad social contraponía las evidencias de la movilidad profesional ascendente o de la decreciente pobreza absoluta; al discurso sobre el fracaso escolar, las evidencias de  rendimientos educativos medios (medidos, por ejemplo, en las pruebas PISA) que no distinguían tanto a España respecto de otros países, incluso de aquellos con un nivel de gasto público en educación bastante más elevado; y al discurso sobre la persistencia del desempleo en España y sus consecuencias sobre la pobreza se enfrentaba advirtiendo de la conveniencia de centrar el foco en la productividad, una variable que también en el debate sobre la crisis de las pensiones consideraba crucial (otorgándole más importancia que a las ratios demográficas). 

Revisar los diagnósticos sociológicos ampliamente aceptados y trasladados a los medios de comunicación era probablemente uno de los principales acicates intelectuales de Julio, sobre todo, cuando tales diagnósticos hegemónicos cuestionaban los avances sociales o la mejora de las condiciones de vida de la sociedad. Probablemente su confianza en el progreso social se asentaba en su propia biografía, la brillante trayectoria académica y profesional de un chico nacido en el seno de una familia humilde en un pueblo de Cuenca (Fuente de Pedro Naharro). Reconocía abiertamente que eran muchas las personas que, desde niño, le habían ayudado en esa travesía, de la que —haciendo explícitas las deudas de gratitud contraídas con ellas— nunca le escuché preciarse: “no es para tanto”, podría haber espetado. 

Un manchego que no se daba el pisto… Seguramente esta boutade le habría arrancado una sonrisa, y esa —junto con la relación de sus colaboraciones, cada una de ellas acompañada de unas frases de su propia pluma— es nuestra mejor forma de rendirle homenaje y recordarlo en Funcas. 

“Así pues, ha resultado que, contra lo que solíamos creer, no es un ‘fracaso escolar’ alto lo que distingue a España de los países más ricos y avanzados. Nuestro principal problema sería, en todo caso, tener una proporción muy baja de alumnos de nivel alto”

Carabaña, J. (2004). Ni tan grande, ni tan grave, ni tan fácil de arreglar. Datos y razones sobre el fracaso escolar, Cuadernos de Información Económica, 180: 131-139.

“…nuestra ordenación universitaria actual está ya tan adaptada al Espacio Europeo de Educación Superior como cualquier otro país (…). Podríamos incluso describir los acuerdos de Bolonia diciendo que consisten en que todos los países europeos adopten el modelo español de ordenación universitaria. Quizás sea esto un poco exagerado, pero no es mala manera de decir que podíamos habernos quedado quietos.”

Carabaña, J. (2006). Bolonia, ¿otro espejismo europeo?, Cuadernos de Información Económica, 190: 163-172.

“… en los últimos 20 años no solo ha disminuido la polarización social en torno a las escuelas públicas y privadas, sino que ello se ha debido a las preferencias de las clases medias por la escuela pública. Es una conclusión que puede resultar sorprendente. Pero no debería serlo para la parte de estas clases que, con su militancia a favor de la escuela pública, puede haber contribuido a este cambio de inclinaciones”

Carabaña, J. (2006). El progreso interclasista de la escuela pública (1985-2004) Argumentos para un debate razonado sobre la distribución del alumnado en el sistema educativo español, Panorama Social, 3: 7-26.

“Las evaluaciones empíricas de la reforma comprensiva de las enseñanzas medias españolas (…) llevan inevitablemente a la conclusión de que la reforma comprensiva en España no ha conseguido su objetivo inicial de disminuir el clasismo del sistema de enseñanza mediante la prolongación de la escuela única durante dos años más. El fracaso es quizá tanto más lamentable cuanto que era un fracaso anunciado no solamente por los sectores damnificados y por la oposición política, sino del puro razonamiento lógico y buena parte de razonamientos sociológicos, y constatado desde pronto por evaluaciones muy fiables.”

Carabaña, J. (2009). Los debates sobre la reforma de las enseñanzas medias y los efectos de ésta en el aprendizaje, Papeles de Economía Española, 119: 19-35. 

“Un remedio se deriva inmediatamente de lo anterior contra las falsas informaciones y las injusticias que la noción de fracaso escolar introduce en el sistema de enseñanza. Se trata de diversificar el sistema, sin necesidad de reordenarlo ni cambiar su estructura, creando escuelas, itinerarios o modalidades de enseñanza que puedan acoger a los actuales ‘fracasados’ escolares hasta obtener un título de Secundaria Superior.”

Carabaña, J. (2010). Fracaso escolar y abandono temprano, o por qué suspendemos tanto, Cuadernos de Información Económica, 213: 107-120.

“… quizás deberíamos reflexionar sobre las razones que llevan a gente sin duda tan bien intencionada como los autores del PNUD a preferir el trabajo a la productividad con el fin de asegurar la redistribución y la igualdad. ¿Son realmente incapaces los actuales Estados de separar producción y distribución, gobernando la primera según el principio de la eficiencia, y la segunda según el principio de la equidad?”

Carabaña, J. y Salido, O. (2011). Sobre la difusa relación entre desempleo y pobreza en España en el cambio de siglo, Panorama Social, 12: 15-28.

“En definitiva, tanto a la vista de lo que ocurre en otros países como de lo que ha ocurrido en España, es harto dudoso que el aumento de las titulaciones de Secundaria Superior hasta el 90 por 100 de la población vayan, no ya a ser cruciales para lograr una economía inteligente, sostenible e integradora, sino a bastar para aumentar un poco la productividad de los españoles. ¡Ojalá nuestra productividad dependiera un poco más de nuestro nivel de estudios!”

Carabaña, J. (2011). La clave de la economía no está en la enseñanza, Panorama Social, 13: 55-69.

“No es lo mismo, en fin, estar por debajo de un umbral de ingresos definido respecto a los demás que estar mal alimentado. Para detectar consecuencias graves de la pobreza sobre el desarrollo infantil debemos acercarnos a la pobreza absoluta”.

Carabaña, J. y Salido, O. (2014). Ciclo económico y pobreza infantil: la perspectiva de la pobreza anclada, Panorama Social, 20: 37-51. 

“’La juventud más preparada de nuestra historia vivirá peor que sus padres’: esta frase se incluyó en el manifiesto de Juventud Sin Futuro convocando sendas manifestaciones en Madrid y Barcelona el 7 de abril de 2011. (…). ¿De verdad será así? O, más bien: ¿de verdad está siendo así? Más exactamente: ¿ha sido así en el pasado reciente? (…). Las noticias sobre averías en el ascensor social, ya exageradas para el período 1991-2005, siguen siéndolo para el período 2005-2019.”

Carabaña, J. (2023). Más estudios, menores ingresos, mejores profesiones: el ascensor social se ha seguido acelerando en España entre 2005 y 2019. En: Bandrés, E., Rodríguez, J.C. y Carabaña. J.: Tres aproximaciones a la desigualdad social en España: rentas disponibles, rentas ampliadas y ocupaciones (pp. 125-169). Madrid: Funcas.

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El poder transformador de las instituciones

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El premio Nobel de Economía 2024, otorgado a Daron Acemoglu, Simon Johnson y James A. Robinson, llega en un momento crítico para la evolución de la sociedad y economía mundial. En un momento de fuerte desapego social. El reconocimiento a su trabajo sobre el papel fundamental de las instituciones en la prosperidad de las naciones no podría ser más relevante en un contexto global donde el escepticismo hacia las estructuras tradicionales de poder e influencia crece. Si algo nos enseñan estos tres economistas es que, lejos de ser meros mecanismos burocráticos, las instituciones son los cimientos sobre los que se construyen sociedades prósperas y equitativas, o bien, se perpetúan estructuras de pobreza y desigualdad.

Sus trabajos destacan que la riqueza o la pobreza de un país dependen tanto de la geografía, los recursos naturales o la cultura, como del tipo de instituciones que se desarrollan y, con frecuencia, se imponen. Sus investigaciones nos recuerdan que los momentos clave de la historia —particularmente el colonialismo— introdujeron sistemas que determinarían el destino de naciones enteras. Países que recibieron instituciones inclusivas, que fomentaron la participación política y el acceso a oportunidades, hoy son más prósperos. Mientras que otros, cuyas instituciones fueron extractivas y explotadoras, aún luchan por romper el ciclo de pobreza.

Este mensaje resuena de manera poderosa hoy, cuando el vínculo entre ciudadanos e instituciones es cada vez más frágil. Muchas personas observan las instituciones -que van de gobiernos a organismos internacionales- como entes lejanos y ajenos, ineficaces o, incluso, corruptos. Sin embargo, los laureados con este Nobel nos recuerdan que son estas mismas instituciones —cuando funcionan de manera inclusiva y justa— las que pueden cambiar el rumbo de las sociedades. El reto actual no es rechazar las instituciones, sino transformarlas para que sirvan mejor a los intereses colectivos.

En su libro Por qué fracasan los países, Acemoglu y Robinson profundizan en esta idea. Las sociedades que logran construir instituciones que protegen los derechos individuales, garantizan la competencia económica y promueven la innovación, tienden a prosperar. Esto cobra especial importancia en un momento en el que la tecnología, el cambio climático y las tensiones geopolíticas requieren respuestas institucionales sólidas y flexibles y adaptativas que guíen a las naciones hacia un futuro más justo y sostenible. El conocido término de “élites extractivas” surge de la citada obra, que son aquellas que se apartan de la obtención del bien común y dedican sus esfuerzos a su propio bienestar y al del grupo al que pertenecen.

La labor de estos tres economistas es tanto académica como eminentemente práctica. Ofrece un espejo en el que mirar para comprender por qué algunas naciones han logrado prosperar y otras no. En sus investigaciones, queda claro que la clave no está en buscar atajos, sino en redoblar los esfuerzos por fortalecer las instituciones. En tiempos en que parece prevalecer la desconfianza, su trabajo nos recuerdan que el verdadero cambio no se logra desde la destrucción, sino desde la mejora y el refuerzo de las estructuras que sostienen a las sociedades.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Algunas claves del Informe Pisa 2022 sobre competencias financieras: deberes pendientes

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La desigualdad tiene en el dinero un importante referente y la educación financiera es un baluarte para tratar de reducirla. Recientemente se ha publicado el Informe Pisa 2022 de la OCDE con título en forma de pregunta: How financially Smart are students? (¿Cómo son de inteligentes financieramente los estudiantes?). Permite conocer las capacidades, mejoras producidas y tareas pendientes en materia de educación y cultura financiera para los estudiantes de un número significativo de países. También comparar la situación de cada país a escala internacional en este contexto. Es de gran importancia para el bienestar de estos jóvenes, que en el futuro tendrán que tomar decisiones económicas que deberían ser sólidas e informadas. Como referencia de la muestra, la mayor parte del alumnado participante en la evaluación se encontraba cursando 4º de ESO o equivalente.

La puntuación media de los estudiantes españoles (486 puntos) queda por debajo del promedio de la OCDE (498 puntos). Alrededor del 17 por cien de los estudiantes españoles no alcanza el nivel básico de rendimiento (Nivel 2, según el informe) en competencia financiera, un porcentaje similar al 18% de media de la OCDE. España se encuentra en un nivel intermedio entre los países evaluados. Por detrás de países como Bélgica, Dinamarca y Países Bajos, pero con datos equiparables a los de Portugal o Italia. Sin embargo, el 25% de los estudiantes españoles se encuentra en los niveles más altos de rendimiento en competencia financiera. Es decir, los estudiantes españoles con elevadas competencias destacan significativamente en la muestra.

Un primer apunte de dos brechas de relevancia. La de los resultados entre estudiantes desfavorecidos y favorecidos en España es menos acentuada que en otros países de la OCDE. Tampoco se observan diferencias significativas en el rendimiento en términos de género en nuestro país, lo que sugiere que, en principio, la equidad entre diferentes sexos en la adquisición de competencias financieras. Es destacable que el 94% de los estudiantes españoles afirmó haber ahorrado dinero al menos una vez al año en los doce meses anteriores al estudio, un porcentaje similar al 93% de media de la OCDE. Por su lado, el 85% de los alumnos de nuestro país realizó alguna compra online en los 12 meses anteriores a la evaluación (similar a la media de la OCDE, del 86%). El 47% de los estudiantes en la muestra declara tener una cuenta en una entidad bancaria, frente al 63% en que se sitúa el promedio de la OCDE. En España solamente el 24% tiene una tarjeta de pago o de débito, frente al promedio de la OCDE, que es del 62%.

Un análisis crítico y más detallado del informe permite identificar las implicaciones y áreas de mejora necesarias en el contexto educativo español. España se sitúa ligeramente por debajo del promedio en términos de alfabetización financiera, lo que indica que, a pesar de los esfuerzos realizados, aún existen brechas significativas que deben abordarse. El rendimiento promedio de los estudiantes españoles en comparación con otros países europeos avanzados sugiere que hay margen para mejorar las estrategias educativas y los recursos dedicados a este ámbito.

Asimismo, el informe destaca una fuerte correlación generalizada entre el rendimiento financiero y el estatus socioeconómico de los estudiantes en toda la muestra internacional. En España, esta disparidad es notable, con estudiantes de entornos más favorecidos superando significativamente a aquellos de entornos menos privilegiados. Esta brecha sugiere que las políticas educativas deben reforzar la inclusión y el apoyo a los estudiantes desfavorecidos, proporcionando recursos adicionales y programas específicos para equilibrar las oportunidades de aprendizaje.

A diferencia de algunos países, como ya se ha indicado, en España no se observa una diferencia significativa en el rendimiento entre chicos y chicas. Sin embargo, es crucial seguir monitorizando esta tendencia para asegurar que ambos géneros reciban las mismas oportunidades y apoyo en el aprendizaje financiero. Asimismo, fomentar la inclusión y participación de las chicas en áreas tradicionalmente dominadas por chicos, como las matemáticas y las ciencias, podría tener un impacto positivo en su alfabetización financiera.

También destaca la importancia del entorno familiar en la educación financiera de los jóvenes. En España, los estudiantes que discuten regularmente temas financieros con sus padres tienden a tener un mejor rendimiento en esta área. Este hallazgo resalta la necesidad de programas que involucren a las familias en el proceso educativo, promoviendo una cultura de educación financiera desde el hogar.

Por su parte, la exposición a la educación financiera en las escuelas varía considerablemente entre regiones de España. La efectividad y la calidad de los programas educativos parecen ser dispares. Puede deberse a la falta de un currículo estandarizado y a la capacitación insuficiente de los docentes. Es crucial que el Ministerio de Educación implemente un enfoque coherente y bien estructurado que asegure que todos los estudiantes reciban una educación financiera adecuada y de alta calidad.

Por último, algún deber adicional: Aunque muchos estudiantes españoles tienen conocimientos básicos sobre economía, carecen de habilidades prácticas y actitudes necesarias para tomar decisiones financieras informadas. Por ejemplo, una proporción significativa de estudiantes no compara precios antes de realizar compras o no ahorra de manera regular. Este comportamiento sugiere que los programas educativos deben enfocarse más en la aplicación práctica de los conocimientos financieros y en el desarrollo de actitudes financieras saludables.

Este artículo se publicó originalmente en el diario Cinco Días

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Últimas noticias de la IA: simbiosis y escalabilidad

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La inteligencia artificial (IA) lleva años en muchos foros y conversaciones, pero de forma casi ubicua desde que se popularizaron los chats conversacionales basados en esta tecnología. A pesar de su impacto, es solo una fase temprana de su potencial de desarrollo, en el que el siguiente paso es trascender su papel de mera herramienta para convertirse en una extensión de la mente humana, dando lugar a una era de simbiosis entre humanos y tecnología que promete transformar radicalmente la economía global. No se trata de crear replicantes al estilo Blade Runner, ni de perder la creatividad e iniciativa humana. El concepto de IA simbiótica busca amplificar nuestras capacidades cognitivas y creativas y generar un impacto económico considerable en todas las industrias, donde la escala, como comentaremos más adelante, parece determinante. Es un nuevo salto para una productividad marchita, tan de largo esperado.

En el ámbito económico, la IA simbiótica está revolucionando la forma en que trabajamos y producimos. Imagine un entorno laboral donde los trabajadores están equipados con dispositivos de IA que no solo les ayudan a realizar tareas específicas, sino que también mejoran su capacidad para tomar decisiones informadas y resolver problemas complejos. Incrementa la productividad y abre nuevas oportunidades para la innovación y la colaboración laboral. También asistentes virtuales, como por ejemplo los que trabajarán en estrecha colaboración con profesionales de la salud para mejorar el diagnóstico y el tratamiento de enfermedades, o los que ayudarán a los inversores a tomar decisiones financieras más inteligentes. La IA es la parte de la actividad productiva que más crece y, por ello, para no quedarse atrás en las futuras fuentes de crecimiento económico y bienestar, hay que embarcarse en su desarrollo.

Si bien ofrece oportunidades emocionantes para mejorar la productividad, la creatividad y la eficiencia en el lugar de trabajo, la IA simbiótica también plantea una serie de riesgos y desafíos que deben abordarse de manera proactiva para garantizar un desarrollo equitativo y sostenible. Es fundamental repensar la educación y la formación laboral para garantizar que los trabajadores estén preparados para los empleos del futuro. También abordar las preocupaciones sobre la concentración de poder económico en manos de unas pocas empresas tecnológicas dominantes, asegurando que la IA simbiótica beneficie a toda la sociedad de manera equitativa. Lo que pasa es que la escala es determinante para este desarrollo y, cuanto más grandes, más potencial hay: una suerte de monopolio natural.

Otro de los riesgos más significativos asociados con la IA simbiótica es el aumento de la automatización del empleo, que podría conducir a la pérdida de puestos de trabajo en sectores tradicionales y a la polarización del mercado laboral. Esto podría exacerbar la desigualdad económica y social, dejando atrás a aquellos que carecen de las habilidades necesarias. Es fundamental implementar políticas de reconversión laboral y protección social para garantizar que todos los trabajadores puedan beneficiarse de las oportunidades que ofrece la IA simbiótica.

Además, existe el riesgo de que la IA simbiótica amplifique las disparidades existentes en términos de acceso y uso de la tecnología. Las comunidades marginadas y los países en desarrollo podrían quedarse rezagados si no tienen acceso a la infraestructura y la formación necesarias para aprovechar plenamente el potencial de la IA simbiótica. Para evitar un desarrollo desigual, es crucial invertir en infraestructura digital y programas de alfabetización tecnológica que promuevan la inclusión y la equidad en el acceso a la IA simbiótica. Además de abordar los riesgos, es fundamental trabajar hacia un desarrollo de la IA que sea ético y centrado en el ser humano. Esto significa garantizar la transparencia y la rendición de cuentas en el diseño y el uso de los sistemas de IA, así como salvaguardar la privacidad y la autonomía de los individuos. También implica evitar la discriminación y el sesgo algorítmico, asegurando que la IA simbiótica promueva la igualdad de oportunidades y el respeto por la diversidad.

Es conveniente insistir en que un desarrollo verdaderamente significativo y simbiótico depende del modo en que se alcanza la escalabilidad y la concentración. Va a ser uno de los ejes fundamentales de los próximos años. Se ha podido comprobar en nuestro país, en estos días, ante la opa primero “amigable”, ahora hostil, del BBVA al Sabadell, por la preocupación por la excesiva concentración.

Sin embargo, se viene abogando desde hace tiempo por el aumento del tamaño de la empresa española, que parece uno de los lastres para una mayor productividad, algo que será inevitable si nuestras empresas tecnológicas quieren competir a escala europea o global. Todos los sectores donde la información y la IA juegan un papel central se van a mover en ese debate entre productividad y aumento del tamaño, o sea concentración.

No será un equilibrio fácil, pero hay que prepararse, ya que es lo que viene: más y más escala. Europa, tan rezagada en comparación con las grandes tecnológicas estadounidenses y chinas, ha lanzado su Airbus de la IA, un consorcio entre países europeos para desarrollar un gigante tecnológico capaz de competir globalmente, tal y como ocurrió en la década de los ochenta con el constructor de aviones. Se llama Gaia-X, de la que se va a hablar en los próximos tiempos, y con la que se debe ganar escala en este contexto de la IA. Que no quede solo en eso, y en unos años pase a ser un competidor global más.

Este artículo se publicó originalmente en el diario Cinco Días

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