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Banca March eleva al 2,50% TAE su Depósito Flexible Avantio digital

Depósito digital Banca March

Banca March ha movido ficha en la carrera por el ahorro conservador y ha decidido mejorar la remuneración de su Depósito Flexible Avantio a 12 meses, que pasa a ofrecer un 2,50% TAE para nuevos clientes que operen a través de sus canales digitales. Esta revisión al alza se enmarca en un entorno en el que las entidades siguen utilizando los depósitos como herramienta para captar pasivo en España.

La entidad balear refuerza así su propuesta para el cliente online, combinando un depósito a plazo con cierta flexibilidad y una cuenta remunerada asociada. El movimiento llega después de que, el pasado mes de febrero, el mismo producto ya incrementara su interés hasta el 2,30% TAE, lo que muestra una estrategia continuada de mejora de condiciones para perfiles prudentes que buscan rentabilidad sin complicaciones.

Nuevo interés del 2,50% TAE y plazo de contratación

Oferta de depósito a 12 meses

El Depósito Flexible Avantio de Banca March ofrece ahora una rentabilidad del 2,50% TAE a un año, siempre que se mantenga el dinero durante los 12 meses de plazo establecidos. Se trata de un producto enfocado de forma exclusiva a nuevos clientes digitales, que deberán formalizar la contratación a través de los canales online de la entidad.

Según ha comunicado el banco, el depósito se podrá contratar hasta el 30 de abril (o hasta final de mes, según las distintas comunicaciones internas), lo que otorga una ventana temporal limitada para quienes estén valorando mover sus ahorros. Esta fecha de fin de campaña sitúa la oferta dentro de las habituales estrategias de captación con plazo definido, muy frecuentes en el mercado español.

El incremento al 2,50% TAE llega después de una subida previa hasta el 2,30% TAE en febrero, de modo que el producto ha ido ganando atractivo en los últimos meses. Con esta nueva mejora, Banca March pretende posicionarse de forma competitiva frente a otras entidades que también están reforzando sus depósitos tradicionales en un contexto de tipos de interés todavía relevantes.

Importes mínimos y máximos: de 30.000 a 300.000 euros

El Depósito Flexible Avantio está diseñado para ahorradores con cierto volumen de patrimonio, ya que exige una inversión mínima de 30.000 euros por cliente. Esta barrera de entrada deja fuera a pequeños importes, pero permite concentrar la oferta en clientes con capacidad de ahorro medio y alto.

Por la parte alta, el límite máximo se sitúa en 300.000 euros por titular. Esto implica que, en el escenario de mantener el importe máximo durante los 12 meses, el rendimiento bruto alcanzaría aproximadamente los 7.500 euros al vencimiento, siempre antes de la correspondiente tributación en el IRPF.

Esta horquilla de entre 30.000 y 300.000 euros encaja con el objetivo de la entidad de dirigirse a perfiles conservadores con cierto volumen de ahorro, que buscan una remuneración clara, sin tener que asumir riesgo de mercado ni productos complejos. Al tratarse de un depósito bancario, el capital está cubierto hasta los límites del Fondo de Garantía de Depósitos español, como en el resto de entidades supervisadas.

El hecho de que el producto esté orientado a clientes digitales no cambia su esencia: se trata de un depósito a plazo fijo clásico, pero con la ventaja de poder realizar toda la operativa de forma online, sin necesidad de acudir físicamente a una oficina.

Cancelación anticipada y rentabilidad del 1,51% TAE

Uno de los elementos más diferenciadores de este producto es su flexibilidad. Aunque el interés anunciado del 2,50% TAE está ligado al mantenimiento del dinero durante los 12 meses, Banca March permite la cancelación anticipada en cualquier momento, con devolución íntegra del capital.

En caso de realizar esa cancelación anticipada, el depósito pasa a remunerarse al 1,51% TAE sobre el periodo en que haya estado activo. De este modo, el cliente no pierde los intereses generados, aunque estos serán menores que si mantiene la inversión hasta el vencimiento. Esta característica ofrece un colchón de liquidez para imprevistos, sin penalizaciones sobre el principal.

La posibilidad de recuperar el 100% del dinero en cualquier momento, junto con una remuneración predefinida incluso en cancelación, convierte al Depósito Flexible Avantio en una opción pensada para quienes no quieren atar completamente sus ahorros, pero sí buscan un tipo atractivo mientras no necesitan el capital.

Este enfoque encaja con el perfil de muchos ahorradores españoles, que prefieren productos sencillos, con reglas claras y sin sobresaltos, frente a alternativas más volátiles o difíciles de entender. Al mismo tiempo, Banca March se asegura de que la oferta sigue siendo sostenible para la entidad, ajustando el tipo en caso de cancelación prematura.

Cuenta Online Avantio: requisito y complemento al depósito

Para acceder al Depósito Flexible Avantio es imprescindible abrir la Cuenta Online Avantio, el producto digital de Banca March dirigido a nuevos clientes. Esta cuenta funciona como puerta de entrada al ecosistema online de la entidad y es un requisito para formalizar el depósito.

La Cuenta Avantio se presenta como una cuenta corriente sin comisiones de mantenimiento ni de operación, lo que significa que no se aplican cargos periódicos por tenerla abierta ni por la operativa habitual. Además, la entidad incluye una tarjeta de débito gratuita y el apoyo de un gestor personal remoto, orientado a resolver dudas y acompañar al cliente en su relación con el banco.

Uno de los puntos más relevantes de esta cuenta es su remuneración. Si el cliente domicilia la nómina o la pensión, la cuenta remunera los saldos con un 2,02% TAE, hasta un máximo de 60.000 euros. Este tipo convierte a la cuenta en un complemento interesante al depósito, ya que permite mantener liquidez remunerada al mismo tiempo que se aprovecha el 2,50% TAE del plazo fijo.

En aquellos casos en los que no exista domiciliación de ingresos periódicos, la Cuenta Avantio ofrece igualmente una retribución del 1% TAE sobre el saldo, lo que mejora notablemente frente a las cuentas corrientes tradicionales que no pagan intereses o lo hacen de forma testimonial. De esta manera, el producto se adapta tanto a quienes desean centralizar su operativa con la entidad como a quienes solo buscan una cuenta de apoyo para el depósito.

Oferta enfocada al cliente digital y conservador

La combinación de la Cuenta Avantio con el Depósito Flexible a 12 meses refleja la apuesta de Banca March por el cliente digital con perfil conservador. Todo el proceso de alta y contratación se lleva a cabo a través de canales online, sin necesidad de acudir a sucursal, lo que responde al cambio de hábitos de muchos usuarios que prefieren gestionar sus finanzas a distancia.

El perfil al que se dirige la entidad es el de un ahorrador que prima la estabilidad y la previsibilidad, más que la búsqueda de rentabilidades muy elevadas a costa de asumir mayor riesgo. La claridad de las condiciones, el respaldo de una entidad bancaria tradicional y la protección del Fondo de Garantía de Depósitos encajan con este segmento.

En el contexto actual del sector financiero español, en el que varias entidades compiten por captar pasivo con depósitos a plazo, la oferta de Banca March se posiciona como una opción más dentro de ese abanico, pero con el matiz de la flexibilidad en la cancelación y la remuneración de la cuenta asociada. No se trata del producto más agresivo del mercado en todos los casos, pero sí de una propuesta equilibrada para quien prioriza seguridad.

Además, el hecho de que la oferta tenga una fecha límite para su contratación añade cierto sentido de oportunidad para los interesados, aunque conviene que cada cliente valore con calma sus necesidades de liquidez y compare con otras alternativas disponibles antes de tomar una decisión.

March Bróker: acceso a inversión desde el mismo entorno

Más allá del depósito y la cuenta remunerada, los clientes que se incorporan al ecosistema Avantio tienen también acceso a March Bróker, la plataforma de inversión de Banca March. Esta herramienta permite operar con más de 30.000 instrumentos financieros, incluyendo acciones, fondos de inversión y ETF de diferentes mercados internacionales.

La plataforma ofrece cotizaciones en tiempo real para los mercados español y estadounidense, además de herramientas de seguimiento y análisis para quienes deseen complementar el depósito con otras estrategias de inversión. El objetivo es que el usuario pueda gestionar ahorro e inversión dentro de un mismo entorno digital.

Junto con la operativa, los clientes cuentan con el apoyo del equipo de analistas de Banca March, que elabora informes de mercado y proporciona información para facilitar la toma de decisiones. De este modo, la entidad busca incrementar la vinculación del cliente digital, ofreciéndole una oferta integral que combina liquidez, ahorro remunerado e inversión.

Esta aproximación encaja con la tendencia del sector hacia modelos híbridos, en los que los bancos no solo compiten por el depósito tradicional, sino que tratan de retener al cliente a través de servicios adicionales de valor añadido, especialmente en el canal online.

Con la mejora del Depósito Flexible Avantio al 2,50% TAE, Banca March refuerza su presencia en el segmento del ahorro conservador digital, articulando una propuesta que une un plazo fijo flexible, una cuenta sin comisiones y remunerada, y acceso a una plataforma de inversión completa. Para el ahorrador español que prioriza seguridad pero no quiere renunciar a cierta rentabilidad en el contexto actual, este conjunto de productos se configura como una alternativa a considerar dentro del panorama de ofertas disponibles.


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Barclays explora una plataforma blockchain para pagos y depósitos tokenizados


Banco explora plataforma blockchain para pagos y depósitos

El grupo financiero británico Barclays está analizando seriamente el lanzamiento de una plataforma basada en blockchain para gestionar pagos y depósitos tokenizados, en una jugada que lo situaría en la misma liga que otros grandes bancos globales que ya han dado pasos en ese terreno. La entidad con sede en Londres quiere explorar a fondo cómo incorporar esta tecnología a sus servicios centrales de banca.

Según fuentes conocedoras de las conversaciones, el banco ha empezado a sondear a distintos proveedores tecnológicos para evaluar soluciones que permitan operar con stablecoins y depósitos representados como tokens en un registro distribuido. El objetivo es modernizar su infraestructura de pagos y no quedarse atrás frente a competidores como JPMorgan o HSBC, que ya están probando o utilizando sistemas similares.

Barclays tantea una plataforma blockchain para pagos y depósitos

Personas familiarizadas con el proceso explican que Barclays ha enviado solicitudes de información (RFI) a un conjunto de empresas especializadas en tecnología blockchain y activos digitales. A través de estas RFI, el banco busca conocer de primera mano qué capacidades ofrecen los potenciales socios, qué volumen de transacciones pueden asumir y cómo se integrarían sus soluciones con la infraestructura bancaria existente.

La entidad estaría interesada en una plataforma que permita procesar pagos, depósitos y posibles servicios de liquidación utilizando redes blockchain, con la idea de habilitar operaciones casi instantáneas y con menos intermediarios. Aunque el proyecto se encuentra en una fase exploratoria, el banco se habría marcado como referencia la selección de un grupo reducido de candidatos tecnológicos en los próximos meses, con vistas a definir un diseño más concreto de la plataforma.

Dentro de este marco, las stablecoins ocupan un lugar central en las conversaciones internas. Estos criptoactivos, que suelen estar vinculados a monedas fiat como el dólar o el euro, permiten enviar y recibir valor a cualquier hora del día y con liquidación rápida. Para un banco de la dimensión de Barclays, la clave estaría en combinar esa agilidad con los requisitos regulatorios y de gestión de riesgo propios de la banca tradicional.

La entidad también analiza el uso de depósitos tokenizados, es decir, saldos bancarios tradicionales representados como tokens digitales en una red blockchain. Estos tokens seguirían respaldados por depósitos custodiados por el propio banco, pero podrían moverse de forma más eficiente entre clientes e instituciones financieras, facilitando pagos mayoristas, tesorería corporativa y liquidación de operaciones.

En paralelo, se estudia que la futura plataforma pueda ampliarse a servicios de transferencias transfronterizas y liquidaciones entre entidades, áreas donde la tecnología de libro mayor distribuido promete reducir tiempos y costes frente a los sistemas de mensajería y compensación actuales.


Plataforma blockchain para banca y pagos digitales

Stablecoins y depósitos tokenizados: respuesta de la banca europea y global

El movimiento de Barclays se produce en un contexto en el que el uso de stablecoins y la tokenización de depósitos están ganando peso como alternativa a los sistemas bancarios tradicionales. Grandes grupos financieros ven cómo empresas tecnológicas y fintech comienzan a ofrecer soluciones de pago basadas en estos activos digitales, con servicio 24/7 y liquidación casi inmediata.

Distintos análisis de mercado estiman que los pagos con stablecoins podrían superar los 50 billones de dólares anuales hacia 2030, una cifra que ilustra la dimensión potencial del cambio para el sistema financiero. La capitalización de las principales stablecoins se ha disparado en los últimos años y ha consolidado a estos instrumentos como una pieza relevante en el ecosistema de pagos digitales.

Frente a esa evolución, la banca regulada quiere aprovechar las ventajas de la tecnología sin perder el control sobre los depósitos de los clientes. Los depósitos tokenizados surgen precisamente como una vía intermedia: los fondos siguen estando en cuentas bancarias sujetas a supervisión, pero se representan como tokens que pueden moverse por una red blockchain privada o permisionada, diseñada para cumplir con las exigencias regulatorias.

En Europa y otras regiones, reguladores y supervisores observan con atención estas iniciativas de tokenización bancaria, tratando de encajar los nuevos modelos en marcos normativos ya existentes o en desarrollo. Para entidades como Barclays, el reto consiste en avanzar en la experimentación tecnológica sin chocar con los requisitos de solvencia, protección del cliente y prevención de blanqueo de capitales.

Al mismo tiempo, la adopción masiva de estos modelos no es inmediata. Los proyectos de blockchain en banca llevan años en fase piloto y, aunque se han logrado avances, los volúmenes siguen lejos de los de los sistemas tradicionales. Muchas entidades operan aún en una lógica de «prueba y error», buscando casos de uso donde la tecnología aporte mejoras claras frente a las infraestructuras existentes.

Competencia directa con gigantes como JPMorgan y HSBC

La iniciativa de Barclays también tiene una lectura competitiva. JPMorgan fue uno de los primeros grandes bancos en lanzar depósitos tokenizados a través de su JPM Coin, un instrumento que permite a clientes institucionales mover fondos dentro del grupo utilizando un token interno respaldado por depósitos en dólares. Este sistema se usa para pagos corporativos, gestión de tesorería y ciertas operaciones de mercado.

Otro gran actor, HSBC, ha comenzado a desplegar servicios de depósitos tokenizados para clientes corporativos en diferentes jurisdicciones. Sus planes incluyen ampliar gradualmente la oferta a nuevos mercados, utilizando redes blockchain diseñadas para pagos y liquidaciones empresariales. Estas soluciones permiten a las compañías mover efectivo entre cuentas y filiales con mayor rapidez.

En este escenario, Barclays busca posicionarse como uno de los referentes europeos en el uso de blockchain para servicios bancarios de base, no solo como un experimento marginal. La entidad ya había mostrado interés en esta área con inversiones en empresas especializadas en soluciones de liquidación y pagos con stablecoins reguladas, un movimiento que se interpreta como parte de una estrategia más amplia hacia las «nuevas formas de dinero digital».

Aunque el banco británico no ha hecho declaraciones públicas detalladas sobre el nuevo proyecto, el mero hecho de lanzar un proceso formal de evaluación de proveedores indica que la entidad está dando un paso adicional respecto a iniciativas pasadas, centradas sobre todo en pruebas piloto o participaciones minoritarias en fintech del sector.

Para el mercado europeo, la entrada decidida de un banco sistémico como Barclays en la tokenización de depósitos y pagos en blockchain podría acelerar la adopción de estas soluciones, al animar a otros grupos bancarios a escalar sus experimentos y a explorar proyectos interoperables entre entidades.

Un sector financiero que se adapta a la presión tecnológica

El auge de los pagos digitales no está impulsado solo por la banca. Grandes tecnológicas y fintech llevan años ganando terreno con soluciones rápidas, baratas y fáciles de integrar en aplicaciones de consumo y plataformas online. En este contexto, los bancos tradicionales se han visto obligados a revisar sus sistemas heredados y a invertir en modernización tecnológica.

Las redes blockchain y los activos tokenizados se plantean como una vía para ofrecer pagos casi instantáneos, reducir costes operativos y facilitar la conciliación y el seguimiento de las transacciones. Aunque no son la única alternativa en el mercado, sí concentran gran parte del interés cuando se habla de rediseñar la infraestructura financiera para las próximas décadas.

La estrategia de entidades como Barclays pasa por combinar su experiencia en gestión del riesgo, cumplimiento normativo y relación con el cliente con nuevas capas tecnológicas que les permitan seguir siendo relevantes frente a competidores más ágiles. La clave estará en que estas soluciones no se queden en pruebas aisladas, sino que se integren de forma real en los productos de uso diario para empresas y particulares.

En el corto plazo, no se espera que la banca europea abandone los sistemas de pago tradicionales, que seguirán siendo el eje central de la operativa financiera. Sin embargo, el impulso de proyectos de depósitos tokenizados y pagos en blockchain abre la puerta a una convivencia entre ambos modelos, donde los clientes puedan elegir canales en función de sus necesidades de rapidez, coste y horario.

La posible plataforma blockchain de Barclays se enmarca precisamente en esa transición. Si el banco logra articular un sistema robusto y compatible con las exigencias regulatorias, podría ofrecer a sus clientes corporativos y, a futuro, minoristas, nuevas formas de mover y gestionar su dinero sobre infraestructuras más flexibles y adaptadas a la economía digital.

Con todo ello, el interés de Barclays en una plataforma blockchain para pagos y depósitos tokenizados refleja cómo la banca europea empieza a mover ficha para no perder protagonismo en la próxima fase de evolución del sistema financiero, en la que estabilidad regulada y tecnología descentralizada tendrán que aprender a convivir bajo el mismo techo.


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Intenso esfuerzo de reducción de la deuda por parte de familias y empresas en 2023

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Deuda de empresas y hogares | 2023


Las familias españolas se comportaron en 2023 como es de esperar en un contexto de subida de tipos de interés: amortizando deuda y cambiando la composición de sus activos para incrementar el peso dentro de sus carteras de aquellos que generan intereses.

Los hogares generaron un voluminoso excedente financiero el pasado año, como consecuencia del incremento de su ahorro (su renta disponible creció más que su consumo), siendo este muy superior a la inversión realizada en activos reales (fundamentalmente vivienda).

Dicho excedente fue destinado, en parte, a adquirir activos
financieros por valor de 39.000 millones de euros, y, en parte, a amortizar
deuda, por una cuantía de 15.000 millones. La deuda de los hogares al final de
2023 equivalía al 74,2% de su renta disponible bruta, frente al 84,6% al final
de 2022. En cuanto a los activos financieros, se llevó a cabo una
recomposición, ya que se redujo el volumen de recursos en efectivo y depositados
en cuentas a la vista, que no generan intereses, y se incrementaron los
destinados a cuentas a plazo, títulos de deuda (básicamente deuda pública) así
como acciones y fondos de inversión.

El incremento del valor de los activos financieros en manos
de las familias fue de 159.000 millones, ya que a la adquisición de nuevos
activos con el exceso de ahorro generado en el ejercicio se sumó la
revalorización de los activos que los hogares ya tenían previamente en sus
carteras. Como consecuencia del incremento de los activos financieros y de la
reducción de la deuda, los activos financieros netos de los hogares se
incrementaron un 9,3%, hasta 2.087 miles de millones de euros.

El esfuerzo de desendeudamiento en un contexto de subida de tipos de interés ha sido incluso más intenso en el caso de las empresas. Estas también generaron una importante capacidad de financiación —su ahorro fue superior a la inversión realizada—, que fue destinada a reducir deuda. Pero no solo dedicaron a amortizar deuda la totalidad del excedente financiero generado en 2023, sino que además vendieron activos financieros por valor de 16.000 millones de euros para destinar también dichos recursos al pago de su deuda.

De este modo el volumen de deuda consolidada de las empresas
al final de 2023 era inferior en 46.200 millones a la de un año antes. En
relación al PIB, la ratio descendió desde un 71,2% a un 64,7%. La deuda total
de los hogares y de las sociedades no financieras se situó en el 111,6% del
PIB, la ratio más baja desde 2002. El máximo se alcanzó en 2009, un 204,2%.

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Mensajes del ahorro

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El ahorro es un concepto económico que se suele analizar con menos frecuencia. No suele figurar en las grandes propuestas políticas. A nuestros estudiantes universitarios les enseñamos que es un factor crucial para la inversión y el crecimiento económico. Y da muchas señales sobre la situación de la economía, más aún si se divide entre ahorro privado y público. El de los hogares da muchas pistas sobre sus expectativas y previsiones. Se puede considerar incluso un indicador adelantado de lo que está por venir. El público —más bien desahorro desde hace tiempo— informa sobre la sostenibilidad (o carencia de ella) de las cuentas públicas. La pandemia y la guerra de Ucrania han impactado, además, en las vertientes real y financiera del ahorro.


Por el lado real, el comportamiento del ahorro en España ha sido una “montaña rusa” desde 2020. Antes de la pandemia estaba “deprimido” y llegó a bajar hasta el 6 por cien en 2019. Sin embargo, cuando irrumpió la Covid en 2020, llegó hasta el 25 por cien. El confinamiento, la contención del gasto y la precaución, fueron un experimento natural sobre los efectos de tal acumulación de recursos. El Banco de España recientemente ha mostrado evidencia de qué ha pasado con esos recursos guardados durante la pandemia. Hasta finales de 2022 las familias apenas habían recurrido a ese ahorro extraordinario acumulado para adquirir bienes y servicios de consumo. La mayor parte de esa bolsa de ahorro se ha destinado a la inversión financiera. Una parte más pequeña, pero creciente desde 2021, se ha destinado a comprar vivienda y pagar préstamos. Por último, las familias con mayores ingresos son los que más ahorro extraordinario acumularon y los de menores rentas apenas pudieron ahorrar nada. La pandemia también generó más desigualdad.

Desde 2022 el ahorro real sobre el PIB se venía reduciendo, despertando cierta alarma sobre hasta qué punto podría acabar siendo una huida hacia adelante entre tanta incertidumbre. Sin embargo, en el primer trimestre de 2023 se volvía a elevar hasta el 11,8 por cien de la renta disponible bruta. Ese cambio de tendencia puede deberse al crecimiento de las remuneraciones salariales, las prestaciones sociales —fundamentalmente pensiones— y, en menor medida, las rentas de la propiedad. Todo ello a pesar del incremento en un 52 % de los pagos por intereses.

En la vertiente financiera, los depósitos de ahorro no acaban de despegar y, de hecho, el 92 % sigue estando en cuentas corrientes. Observamos, con datos del Banco de España, que hubo salidas netas de efectivo y depósitos de hogares en el primer trimestre de 22.218 millones de euros. En gran medida fueron para comprar deuda  pública (9.534 millones de euros) y acciones (9.518 millones de euros). Estas últimas, además, se revalorizaron en 27.091 millones de euros en el último trimestre.

En definitiva, quien pudo ahorrar vive mejor y, además, ahora encuentra réditos. Eso sí, los que tienen más deuda que ahorro van a seguir aguantando la carga. Y se ha vuelto pesada en sólo un año.

Este artículo se publicó incialmente en el diario “La Vanguardia”

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A propósito de la remuneración de los depósitos bancarios

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Desde hace semanas se viene debatiendo sobre la menor remuneración de los depósitos en la banca española comparada con la de otros socios europeos. Esta cuestión ha llegado a suscitar el interés de autoridades económicas y de la competencia. Parece oportuno reflexionar sobre la estructura y funcionamiento del mercado de depósitos —y de productos de ahorro, en general— en España y explorar las causas de ese aparente retraso en la traslación del aumento de los tipos de interés oficiales al pasivo bancario.

Hay varias premisas iniciales. La banca española ha reforzado sustancialmente sus colchones de liquidez tras la crisis financiera y de la deuda soberana. Lejos quedan los episodios en la que los mercados mayoristas habían cerrado la financiación vía bonos a nuestros bancos. El contexto actual es muy diferente. Hoy nuestras entidades financieras se financian por todas las vías disponibles (BCE, mercados mayoristas y segmento minorista). Además, emiten con normalidad no solo títulos de deuda, sino también de capital e híbridos (como los cocos). Por otro lado, como ha señalado Standard & Poor’s Ratings hace unos días, tras el intenso saneamiento y venta de activos deteriorados de la crisis financiera, las entidades españolas han tenido menor necesidad de financiación, ante un crecimiento mucho más moderado de su crédito y balance. Por otro lado, en los últimos años los ahorradores españoles que buscaban una remuneración mayor —por los tipos negativos en vigor hasta hace un año— han apostado por otros productos como fondos de inversión, en buena parte, ofrecidos por la propia banca.

En este entorno parece oportuno valorar la evolución reciente de la remuneración de los depósitos. La política monetaria debe transmitirse de modo muy similar a la deuda como al ahorro, para que sea efectiva. En ese proceso se está, aunque haya resultado menos rápida la traslación hasta ahora a los depósitos por las circunstancias comentadas, muchas de ellas efectos colaterales de la reacción de los bancos centrales a la crisis financiera y al Covid-19, en el que la liquidez oficial se multiplicó. La inflación que trajo la guerra de Ucrania y las tensiones pospandémicas en las cadenas de suministro han obligado a los bancos centrales —aceleradamente— a cambiar su política de tipos de interés y a ir retirando los instrumentos extraordinarios de liquidez. Se está empezando a notar y trasladando a las rentabilidades de los productos de ahorro, incluidos depósitos. Y viendo la retirada de estímulos y liquidez del BCE, el marco financiero actual de mayores tipos —que favorece el ahorro, otra fuerza a tener en cuenta— y la evidencia histórica (con anteriores guerras de pasivo), esa traslación a los depósitos bancarios se va a completar y probablemente más pronto que tarde.

Las estadísticas existentes —del Banco de España— muestran claramente que esa transición ya se está produciendo. Por ejemplo, los depósitos a la vista, que usamos para las transacciones cotidianas, han ido ganando peso durante todos estos años de tipos de interés negativos (o muy bajos) y hoy son el 92% (882.000 millones de euros) del total de depósitos de los hogares. Las cuentas a plazo estuvieron en franca decadencia, pero han aumentado con las subidas de tipos, sobre todo en lo que va de año, desde 64.900 millones de euros de enero hasta los 78.400 millones de mayo. Tiene lógica que se abra —si no se ha abierto efectivamente ya— una mayor pugna por la liquidez de esas cuentas cada vez más intensa, pues el BCE está reduciendo las facilidades extraordinarias de años anteriores. Por otro lado, los tipos sí que están subiendo. Según datos del Banco de España, en los depósitos a un año el tipo era 0,37% el pasado enero y ya era 1,33% en abril (último dato disponible). En el mismo periodo, para depósitos entre uno y dos años ha subido del 1,24% al 1,70%. Para empresas, el incremento es incluso mayor. Hace un año el tipo era negativo y ahora el tipo medio (abril de nuevo) es 2,6%.

Aun cuando hay menos entidades en el sector bancario hoy, la competencia no es solamente cuestión de número, sino mucho más importante, de la intensidad de la rivalidad. Ahora, además, con los medios online, el dinero se mueve más rápido y hay menos costes de transacción y cambio. La gente mueve el dinero donde quiere. Incluso, a veces, adonde no debería, como los criptoactivos, sobre todo, si no tienen suficiente educación y cultura financieras. En la banca hay una referencia sobre información y regulación de protección del consumidor y, al ser un servicio de carácter universal, el cliente puede comparar distintas opciones para su perfil de rentabilidad-riesgo.

El diferente efecto de la inflación entre países puede estar afectando también. Tiene cierta lógica que en algunos países donde es bastante más elevada, como Alemania y otros países de centro y norte de Europa, la remuneración nominal de los depósitos sea mayor. Aun así, la rentabilidad de las cuentas es mayor en términos reales (una vez descontada la inflación) en países con menor crecimiento de precios actualmente —como España—, y puede explicar, en parte, los actuales menores tipos nominales de las cuentas bancarias. Este impacto terminará desapareciendo cuando se acerquen las tasas de inflación en la zona euro. Todo conduce a pensar que la transición a los pasivos bancarios ha comenzado y culminará antes de lo que pensamos.

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Los avances en digitalización deben alinearse con la estabilidad financiera

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El verdadero potencial de la digitalización en todas las esferas de la economía y la sociedad probablemente aún está por descubrirse. Será un proceso dinámico que llevará tiempo —y de hecho evolucionará con los años— aunque habrá momentos de fuerte aceleración y vértigo, como podría ser el actual con la aparición de la nueva inteligencia artificial, la generativa, en el que el pionero ante la opinión pública ha sido ChatGPT, pero otros están siguiendo, como Bard (Google) o AutoGPT. En todo caso, las implicaciones de la intensa digitalización para la industria de servicios financieros han sido ya abundantes, pero todavía quedan infinidad más por venir, al tratarse de una de las actividades donde la información juega un papel central. Esto afecta a personas, empresas y gobiernos y es una cuestión geopolítica de primer nivel.

Lo digital también tiene notables riesgos, que inadecuadamente vigilados, podrían generar considerables perjuicios de todo tipo y truncar un proceso —que parece imparable-— que puede facilitar grandes beneficios en materia de productividad y bienestar. La supervisión de esos riesgos es crítica, particularmente en el sector financiero, donde se halla depositado gran parte del ahorro de la sociedad y donde su estabilidad es determinante para el buen funcionamiento del mercado de crédito. Todos reconocemos como objetivo primordial de estabilidad financiera evitar crisis bancarias. Sin embargo, tiene más propósitos, trascendentales también para el buen funcionamiento de la actividad económica, como es ofrecer crédito suficiente y solvente. Y, en este sentido, la digitalización debe hacer más eficiente ese proceso a la vez que no acrecienta riesgos de estabilidad financiera.

La crisis que ha sacudido a un determinado grupo de bancos medianos estadounidenses —y que no puede considerarse cerrada aún—, como Silicon Valley Bank o First Republic Bank, entre otros, no es ajena a los riesgos de la digitalización, cuando se cometen determinados errores en la gestión interna o en la supervisión externa de las entidades. En primer lugar, estos bancos han estado expuestos a un segmento de negocio que adolecía de sobrevaloración y la corrección les ha pillado sin otros sectores en los que apoyarse. No obstante, es tanto o más importante que el modelo de negocio y la gestión de liquidez y riesgos de activo de esos bancos dejaba mucho que desear. El impacto de la existencia de abundantes depósitos digitales —con gran facilidad de movilidad— y los rumores (no siempre fundamentados) de redes sociales jugó un papel significativo en los problemas que sucedieron. Tampoco ayudó ciertamente la reacción inicial del supervisor, la Reserva Federal. Sin embargo, en el entorno digital, las exigencias de buena gestión, buena gobernanza y comunicación exterior y solvencia suficiente se hacen aún mucho mayores, por la facilidad que potencialmente existe en muchas jurisdicciones de esos trasvases rápidos de depósitos de unos bancos a otros. No significa ello que lo acontecido en Estados Unidos vaya a ocurrir necesariamente en todos los países, algo improbable a día de hoy. Sin embargo, se haría mal en considerar que este es un problema exclusivamente de ese país y no tomar las medidas oportunas por un lado en la gestión de las entidades y por otro, en la supervisión de las mismas, para evitar situaciones de inestabilidad futuras, conforme la digitalización progrese y haga más eficiente y rápido el proceso financiero, pero también desafiado por nuevos riesgos. Un trabajo reciente de los economistas Naz Koont, Tano Santos y Luigi Zingales titulado “Destabilizing Digital ‘Bank Walks’” muestra con datos del segundo trimestre de 2022 que las retiradas de depósitos fueron significativamente superiores en bancos digitales que en bancos tradicionales en estados Unidos. También ponen de relieve que la retirada de depósitos fue más voluminosa en territorios donde el uso de Internet (y de lo digital) es mayor. Esto nos lleva a reflexionar sobre el valor de la tangibilidad para el cliente y de qué nivel de confianza se deposita en un banco puramente virtual frente a otro con servicios online pero con relaciones presenciales.

Es en ese contexto, donde el futuro digital requiere nuevos modelos de gestión de la liquidez y riesgos y nuevas perspectivas de la supervisión. Es un debate importante para los próximos años, donde la digitalización progresará, pero será necesario que produzca seguridad y estabilidad financiera. En este contexto, aparece oportuno plantear que cualquier iniciativa importante como las monedas digitales de los bancos centrales considere esos riesgos de estabilidad financiera, no solo para evitar problemas en entidades concretas sino también para garantizar que el mercado del crédito funcione correctamente. Un contexto en el que la moneda digital (sea el euro o dólar o cualquier otra) permita capacidades de depósitos privados en el banco central es un entorno que puede generar graves disfunciones en el sector bancario tradicional si no garantiza un adecuado funcionamiento del mercado de crédito, donde, hoy por hoy y en el futuro previsible, los bancos van a seguir jugando un papel central. Y estos precisan de una base sólida de depósitos, remunerada adecuadamente, para financiar ese crédito necesario. La existencia de una cuenta “libre de riesgos” que permitiera depósitos significativos en el banco central, una idea en algún momento planteada como hipótesis, podría generar disfuncionales notables en el funcionamiento del mercado de crédito y en la estabilidad financiera. El efectivo sigue teniendo un papel y tener una diversidad de opciones de pago es importante, útil y más seguro. Las monedas digitales son un gran avance, sin duda, pero hay que considerar las implicaciones en un sentido amplio para los mercados financieros y la economía, en la letra pequeña —y no tan pequeña— de esos proyectos.

Este artículo se publicó originalmente en el diario Cinco Días

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Lo que podemos esperar del nuevo horizonte financiero

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Desde hace más de un año las condiciones monetarias y financieras han cambiado. La Reserva Federal de Estados Unidos y el Banco de Inglaterra, como casi siempre, se adelantaron. Hacia finales de primavera, el mercado ya descontó que el Banco Central Europeo (BCE) endurecería pronto sus acciones monetarias retirando liquidez y, sobre todo, subiendo tipos de interés. En julio de 2022, el BCE comenzó a incrementar el precio del dinero. Desde entonces, ha realizado cinco subidas de tipos (dos de 0,75% y tres de 0,5%). Han situado el precio del dinero en el 3%. Ya se sabe que en la próxima reunión del Consejo de Gobierno —según anunció su presidenta, Christine Lagarde— la intención es una nueva subida del 0,50%. Es más, algunos miembros apuntan ya a nuevas subidas hasta junio, por lo que el umbral del 4% se superará relativamente pronto. Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, también apuntó una nueva subida del 0,50%, lo que los llevaría al 5% en breve al otro lado del Atlántico. La inflación, aunque ha bajado, no termina de remitir. Preocupa la evolución de la subyacente. El coste de la energía se ha reducido, pero otros no. Cada vez hay más peso en los componentes de demanda que en los de oferta. Sobre los de demanda, los bancos centrales deben seguir actuando. Por ello, vendrán más subidas de tipos en los próximos meses.

Esta intensa subida en menos de un año se ha trasladado de manera efectiva al sistema financiero, como transmisor de la política monetaria al resto de la economía. La transmisión —en la eurozona— está siendo más intensa en los tipos de referencia (euríbor), en el stock existente de los préstamos a tipo variable —gran parte de ellos, hipotecas— y en las nuevas operaciones de crédito tanto a tipo fijo como variable. Y más lentamente a los depósitos bancarios, con diferencias entre países.

España es uno de los países donde menor incidencia ha habido hasta la fecha en los depósitos. Se apunta a numerosas razones. Casi todas giran en torno a la gran cantidad de liquidez existente en los balances bancarios, que aún no ha obligado a un aumento de la pugna competitiva por los depósitos minoristas y que de algún modo ralentiza esa transmisión al ahorro bancario. La anunciada reducción de la cartera de bonos del BCE de 15.000 millones de euros al mes, junto a las condiciones monetarias más duras, acelerarán el proceso de retirada de liquidez y ello debería facilitar una creciente competencia por los depósitos y el consiguiente incremento de las remuneraciones. No podría ser de otro modo. Sería inadecuado que la subida de tipos no terminara afectando a todos los instrumentos del sistema financiero. El ahorro debe estar remunerado adecuadamente en este nuevo entorno, si se desea que la transmisión de la política monetaria cumpla su cometido.

Familias, empresas, intermediarios financieros y Administraciones Públicas tienen que acomodarse al nuevo horizonte financiero, de años por delante, alejado de la excepcionalidad monetaria (que duró más diez años), con tipos ultrarreducidos y negativos. El nuevo entorno es mucho más normalizado. En línea con la experiencia histórica antes de 2008. Es un mundo con tipos nominales positivos y alejados de cero —aun así los reales, descontada la inflación, son aún a día de hoy negativos—, donde endeudarse tiene un coste y el ahorro hay que remunerarlo. Acabada la excepcionalidad derivada de la crisis de 2008, y la de la deuda soberana y de la pandemia, están volviendo los incentivos de los mercados financieros para asignar correctamente los recursos en la economía. Por supuesto, esa normalización de tipos, en la práctica supone un incremento de los costes financieros y podría suponer un aumento de la morosidad. Tendrá incidencia en la evolución del gasto y la inversión. Hará más difícil la vida a todos los endeudados. Para facilitar una transición más acomodaticia al nuevo entorno, en especial a sectores vulnerables, se están poniendo en práctica acuerdos como el de las hipotecas.

La contra natura de la estrategia monetaria anterior permitió la supervivencia de empresas zombi, que resistían con elevado apalancamiento gracias al bajísimo o nulo coste financiero. No era sostenible. Quizás no hubo la suficiente pedagogía pública para alertar de la excepcionalidad de aquel entorno y de que las cosas, más pronto que tarde (aunque hayan tardado bastante) volverían a tipos de interés nominales positivos y alejados de cero.

También hay elementos para el optimismo. En este ámbito normalizado, los mejores proyectos rentables recibirán la financiación que necesitan, lo que debe mejorar el desempeño de la economía. Un mercado crediticio que asigna más correctamente los recursos —y eso me temo solamente ocurre con tipos positivos— ayuda a crecer más y mejor. Facilita el desarrollo de las empresas más pujantes. Con fondos o liquidez en abundancia sin los incentivos correctos, como estamos viendo, por ejemplo, en algunos casos con los Next Generation EU, no hay siempre garantía de un impacto óptimo en actividad y empleo. Con fondos prestables suficientes e incentivos en materia de coste/rentabilidad se puede ayudar mejor a la renovación del parque empresarial. Por lo que apuntan los bancos centrales, parece que liquidez suficiente —que no excesiva— va a existir, pero con un coste. Esto mejora la eficiencia de mercados crediticios y economía. Ese nuevo entorno puede ser muy favorable para el crecimiento en años venideros.

Este artículo se publicó originalmente en el diario Cinco Días

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La importancia de las madres en la socialización financiera

Los jóvenes españoles se consideran mayoritariamente ahorradores. Así se desprende de la Encuesta de Educación Financiera Funcas 2022 (a partir de ahora: EEF-Funcas2022), realizada online entre el 12 y el 26 de septiembre de este año sobre una muestra de 1.200 personas residentes en España de edades comprendidas entre 18 y 29 años[1]. Cuando a estos jóvenes se les pide que, utilizando una escala de 0 (nada) a 10 (mucho), valoren en qué medida el adjetivo “ahorrador/a” define su carácter, la media de sus respuestas se sitúa en 7,1. Esta cifra es más alta que las que arrojan las respuestas a las preguntas referidas a los siguientes adjetivos: “ordenado/a” (6,8), “estudioso/a” (6,7), “extrovertido/a” (5,7) y “caprichoso/a” (4,8). La influencia de la variable “sexo de los entrevistados” se observa, en mayor o menor medida, en la autovaloración respecto a todos los calificativos, salvo el de “ahorrador/a”. Ellas se consideran bastante más estudiosas que ellos, y también algo más ordenadas y caprichosas, pero en cuestión de proclividad al ahorro sus autopercepciones coinciden (Gráfico 1). 


¿Pero realmente son ahorradores los jóvenes españoles? La EEF-Funcas2022 ofrece algunos indicios para responder esta pregunta. Por lo pronto, un 49% de los entrevistados afirma tener hucha física, porcentaje que entre los de 18 a 24 años sube hasta el 57% (entre los de 25 a 29 cae al 38%). Los jóvenes que estudian (exclusivamente o compatibilizando estudio y trabajo), así como también los que viven con ambos progenitores, son los que en mayor proporción cuentan con una hucha (Gráfico 2). 


Nueve de cada diez jóvenes encuestados (89%) poseen al menos una cuenta bancaria y alguna tarjeta física. En un entorno en el que prevalece la preferencia por evitar el efectivo como medio de pago, aproximadamente tres de cada diez jóvenes de 18 a 24 (29%) con tarjeta bancaria propia afirman preferir pagar las compras con dinero, coincidiendo con el porcentaje de quienes prefieren pagar con el móvil, pero la mayoría de ellos (42%) se inclina por el uso de la tarjeta (sobre todo, de débito, mucho más extendida que la tarjeta de crédito en este grupo de población). La “huida del efectivo” aún es más evidente entre los jóvenes de 24 a 29 años, y especialmente entre las mujeres en ese grupo de edad (Gráfico 3). 


Puesto que casi todos los entrevistados (94%) tienen cuentas corrientes de titularidad propia o compartida, parece lógico pensar que ellas constituyan, también entre los jóvenes, el principal dispositivo de recepción de ingresos y de acceso al dinero (Gráfico 4). Y a juzgar por sus respuestas, no son cuentas “aparcadas” cuyos movimientos se ignoran: nueve de cada diez jóvenes titulares de una cuenta dicen conocer cuánto dinero tienen en ella, y entre los entrevistados que estudian, también nueve de cada diez declaran encargarse personalmente de la gestión habitual de sus cuentas (a los entrevistados que trabajan se les supone esta práctica, por lo que la EEF-Funcas2022 no pregunta por ella). Constituyen también una amplia mayoría los entrevistados que niegan tener un fin concreto para el dinero acumulado en sus cuentas. Antes bien, prevén utilizarlo según las contingencias, es decir, “para pagar gastos o necesidades que vayan surgiendo”, si bien las mujeres y los entrevistados que trabajan (exclusivamente o compatibilizándolo con los estudios) afirman con mayor frecuencia perseguir objetivos concretos con el dinero de que disponen en sus cuentas (Gráfico 5). 


El dinero con el que cuentan los jóvenes que estudian y no obtienen ingresos del trabajo proviene de diferentes fuentes. Es poco habitual que perciban dinero por llevar a cabo determinadas tareas domésticas o familiares, o por obtener buenos resultados en los estudios; llama, no obstante, la atención que los entrevistados varones extraigan, en mayor medida que las entrevistadas, ingresos por ambos conceptos (Gráfico 6). Más frecuente, pero también minoritaria, es la percepción de una paga periódica. Menos de la mitad de los jóvenes que se dedican exclusivamente a estudiar reciben una paga, bien semanal  (15%), bien mensual (27%). (Gráfico 7). Cabe destacar que a casi la mitad de los entrevistados que estudian (como actividad exclusiva o compartida con algún empleo) y no reciben una paga (46%) les gustaría recibirla. Mientras las “pagas por méritos” (tareas domésticas/familiares o buenas calificaciones) y las “pagas periódicas” no se hallan muy extendidas, sí lo están las “pagas extraordinarias”, que los jóvenes perciben por sus aniversarios o en fechas señaladas. El 50% de las entrevistadas y el 39% de los entrevistados afirman recoger dinero en tales ocasiones “siempre/casi siempre”, y más de un tercio de ellas y de ellos reconoce recibirlo “algunas veces” (Gráfico 8).


La mejor aproximación a la intensidad de ahorro de los jóvenes la ofrece una pregunta en la que se solicita a los entrevistados que trabajan y a los que reciben una paga periódica que indiquen la proporción aproximada de su salario/asignación que ahorran. El 48% de los que trabajan contesta que ahorra la mitad o más. Algo más bajo (42%) es el porcentaje de los entrevistados no perceptores de salario que dicen ahorrar al menos la mitad de su paga. En cambio, los que confiesan no ahorrar nada de su salario o de su paga se sitúan alrededor del 6-7%.  La composición del hogar marca diferencias importantes a este respecto. El 60% de los jóvenes que viven con sus progenitores afirma ahorrar la mitad o más de su salario/paga, proporción que dobla holgadamente a la de quienes viven en un hogar sin ninguno de sus progenitores (28%). La encuesta confirma que vivir en el hogar familiar facilita el ahorro de los hijos (Gráfico 9). 


Pero la convivencia con los progenitores no solo posibilita más el ahorro, sino también procura un espacio de aprendizaje de experiencias, actitudes y hábitos en relación con el uso y la administración del dinero. De hecho, el 78% de las encuestadas y el 70% de los encuestados se refieren a la familia como la institución que más les ha enseñado “en cuestiones relacionadas con el manejo del dinero” (Gráfico 10). A la escuela le conceden los entrevistados mucha menos importancia como fuente de aprendizajes financieros. De hecho, el 77% niega haber tratado “alguna vez, en clase”, con los profesores, cuestiones concernientes a la gestión del dinero propio. Y entre los que afirman haberlo hecho (23%), más de la mitad (61%) considera que el tiempo dedicado en clase a esos temas ha sido escaso. 

En esta apreciación de la familia como agente principal de socialización financiera destacan, además de las entrevistadas, quienes viven con ambos progenitores (78%), así como también quienes se consideran muy estudiosos (81%) o perciben su futuro con optimismo (80%). Es significativo que la segunda respuesta más frecuente a la pregunta sobre quién les ha proporcionado más saberes de carácter financiero sea “nadie”: una sexta parte de los entrevistados (17%) opina que nadie le ha proporcionado enseñanzas sobre cómo gastar y ahorrar, opinión más frecuente entre los varones (20%) que entre las mujeres (14%).


Dentro de las familias, las madres cobran especial protagonismo en materia de educación financiera. Así se infiere de los resultados a una pregunta en la que se requiere de los entrevistados que identifiquen a la persona que, en asuntos relacionados con la gestión de dinero, representa para ellos “un ejemplo a seguir”. La respuesta más frecuente es “mi madre” (38%), con un porcentaje notablemente por encima de la referida al padre (25%) o a los abuelos (7%). La referencia a la madre es la más frecuente tanto entre las entrevistadas como entre los entrevistados, si bien alcanza un porcentaje más alto en el primer caso (42%) (Gráfico 11). 


La madre aparece también como la respuesta más citada cuando los entrevistados han de señalar a quién pedirían consejo sobre lo que hacer si recibieran “de manera imprevista una cantidad relevante de dinero, más de 3.000 euros”. La respuesta más frecuente es “a mi madre” (40%), si bien la ventaja respecto a la respuesta “a mi padre” es muy pequeña. Entre las entrevistadas (sobre todo, las que cuentan entre 18 y 24 años) la referencia a la madre es más destacable que entre los entrevistados, cuya respuesta más frecuente es “nadie”  (Gráfico 12). 

En síntesis, de acuerdo con los resultados de la EEF-Funcas 2022, los jóvenes  españoles se consideran más ahorradores que estudiosos y ordenados, incluso que extrovertidos. Casi todos tienen cuentas bancarias propias, de cuyos movimientos están al tanto. Pero pocos guardan en ellas dinero para fines específicos; la mayoría lo hace para lo que cabría denominar “consumos contingentes”. Parece, por tanto, que aunque no planifican sus finanzas, sí les gusta ahorrar. Asimismo piensan que lo que saben sobre el manejo del dinero lo han aprendido de su familia, en particular, de sus madres y padres, a quienes tienen mayoritariamente como referencia en asuntos relacionados con la economía y las finanzas, y a quienes muchos pedirían consejo en circunstancias tales como las de recibir inesperadamente una suma importante de dinero. Y es a las madres, en particular, a quienes destacan como figuras clave en estas cuestiones. 

Sirva como conclusión de este breve análisis de la EEF-Funcas2022 el último párrafo de uno de los artículos publicados en el número 35 de Panorama Social, monográfico recientemente publicado bajo el título “La educación financiera en España: balance y perspectivas”: 

Los programas de educación financiera que no tienen suficientemente en cuenta la importancia y el valor específico de la familia como espacio de aprendizaje corren el riesgo de desperdiciar esfuerzos formativos. Las madres y los padres deberían ser destinatarios preferentes de tales programas, reconociéndoles, en primer lugar, su protagonismo en la socialización financiera, tratando de mejorar sus competencias en esta materia y enseñándoles a ponerlas en práctica. Los centros educativos podrían convertirse en instituciones intermediarias fundamentales en este proceso (por ejemplo, a través de las Escuelas de Padres y Madres, con las que muchos de ellos ya cuentan para diversos fines) y contribuir así más eficazmente que en la actualidad a la educación financiera de la sociedad.[1]



[1] La comprobación de discrepancias sustanciales en las pautas de respuesta entre los entrevistados de nacionalidad (única) española y el resto de entrevistados ha aconsejado limitar el análisis aquí presentado a los primeros. La muestra sobre la que se hacen afirmaciones se refiere, por tanto, a los 1.108 entrevistados de nacionalidad (única) española. 

[2] Chuliá, E., Garrido, L. y Miyar, M. (2022). Familia y socialización financiera: una aproximación empírica al caso español, Panorama Social 35, 137-154.

Más resultados de la Encuesta de Educación Financiera Funcas

(EEF-Funcas 2022)

Percepción del futuro: más optimistas que pesimistas

  • El 55% de los entrevistados (18-29 años) ven su “futuro en el corto y medio plazo (5-10 años)” con optimismo, triplicando la proporción de quienes lo ven con pesimismo (un 28% opta por la respuesta “ni con optimismo ni con pesimismo”).
  • Un 50% de los entrevistados de 18 a 24 años y un 54% de los entrevistados de 25 a 29 años afirman que “en un futuro más o menos próximo” se imaginan “formando una familia propia, con hijos”. A la gran mayoría de los que cuentan entre 18 y 24 años (85%) le gustaría formar esa familia antes de los 31 años; y a casi todos (96%) de los que tienen entre 25 y 29 años, antes de los 35 años. Creen, sin embargo, que, “siendo realistas”, podrán formarla más tarde de lo que desean.

Criptomonedas: más fama que inversión 

  • Un 91% de los entrevistados (18-29 años) ha oído hablar de las criptomonedas. De ellos, un 12% afirma haber invertido algún dinero en este medio digital de intercambio. 
  • Entre quienes han invertido en criptomonedas, siete de cada diez (71%) han dedicado a ello menos de 501 euros. Aproximadamente una quinta parte (22%) afirma haber invertido entre 501 y 1.000 euros, y el resto (7%) ha invertido más de 1.000, pero menos de 3.000 euros. 
  • El 61% de quienes no han invertido en criptomonedas conoce “personalmente” a alguien que sí lo ha hecho, pero solo el 14% de ellos afirma que si tuviera la posibilidad de “invertir algún dinero en criptomonedas”, lo haría.

Uso de medios de pago: el éxito de las aplicaciones móviles

  • El uso de medios de pago electrónicos se ha impuesto entre la juventud española: además de la preferencia por la tarjeta y el abono de compras mediante el móvil  (véase arriba), el 90% de los entrevistados que dispone de cuenta bancaria afirma utilizar Bizum o alguna aplicación similar proveedora de servicios de pago.
  • Cuatro de cada diez entrevistados (40%) utilizan Bizum más de cinco veces al mes y casi dos de cada cinco (18%) lo hace más de diez veces.

Anexo: Encuesta de Educación Financiera Funcas 2022 (EEF-Funcas2022): datos descriptivos de la muestra.

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Se mueve lo financiero

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La creciente normalización de la economía tras dos años de pandemia se empieza a reflejar en lo financiero con muchos frentes. Estos últimos días hemos conocido datos de actividad financiera. Es destacable que en tasa interanual, la financiación a hogares subió un 0,8% en diciembre de 2021 y la de empresas un 3,1%. Un año antes, a finales de 2020, la financiación a empresas estaba empujada por los programas de crédito con aval del ICO, con subidas de crédito a empresas superiores al 6% en tasa interanual. Sin embargo, tal vez la mejor noticia es que el ritmo de financiación se ha mantenido luego entre el 2% y el 3% el resto del año. Primero, impulsado por la emisión con valores de deuda, pero ya desde diciembre, de nuevo, por préstamos bancarios (que subieron un 0,5% interanual). Comprar reseñas Google El pulmón sigue latiendo conforme se retira, poco a poco, el respirador. A esto hay que unir la financiación a hogares, que, tras mucho tiempo con variaciones negativas, lleva desde mayo del año pasado creciendo, moderadamente pero de forma constante, ligeramente por debajo del 1%. Y no solo por el empuje del crédito al consumo (tasa del 4,9% en diciembre) sino también por el destinado a vivienda (que viene aumentando entre el 0,6% y 0,7% en los últimos meses), un mercado que se anima poco a poco con la incorporación de algún nuevo actor —apoyado por inversores internacionales—, que podría dinamizar la competencia en el mercado de hipotecas. Habrá que ver si esa mayor competencia no implica mayor riesgo, ya que, aunque sea con información preliminar, parece que se están concediendo algunas hipotecas por encima del 80% de valor de tasación.

Es previsible que la actividad financiera se anime aún más porque, como también conocimos esta semana, los depósitos (en su inmensa mayoría cuentas corrientes) de los hogares han alcanzado la cifra récord en España de 958.900 millones de euros. Liquidez que se va a ir moviendo —entre otros propósitos, a vivienda— conforme la incertidumbre del coronavirus se despeje y la inflación se vaya internalizando entre los ahorradores y obligue a buscar mayores rentabilidades nominales.

Esta creciente actividad e inquietud por lo financiero están relacionados con el intenso debate sobre como la apuesta por la digitalización bancaria podía estar afectando al servicio que las entidades financieras ofrecen a los mayores o a aquellos con dificultades de acceso a las nuevas tecnologías. La vuelta a una cierta normalidad y a la mayor intensidad de uso de los servicios financieros obliga a reorganizar nuevamente los canales con los que la banca se relaciona con sus clientes, algo que ya se está produciendo. La covid-19 obligó a adaptarse a un entorno en el que los contactos en persona hubo que disminuirlos por razones sanitarias sustituyéndose en gran medida por vías telemáticas. Independientemente de la necesidad de reajustar determinados servicios, el problema es de mucho mayor alcance que el financiero, y requerirá soluciones más amplias para grupos vulnerables, ya que el país está acelerando su proceso de digitalización en todos los ámbitos de la actividad económica y social.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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